¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Por fin hoy contestaremos la incógnita de quien estaba buscando a Akane. Las apuestas están muy repartidas a ver si quien acertó. En este capítulo Akane comienza a plantearse la relación con su señora de otra forma, y vuelven abrirse varios frentes para desgracia de nuestra protagonista. Además Ranma está comenzando a madurar poco a poco ¿en que derivara eso?
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.
Sin mas os dejo leer.
- Akane, al fin te encuentro – alcé mi vista como un rayo para corroborar que mis oídos no me habían engañado. Ahí frente a mí, con un dolido semblante se encontraba uno de mis dolores de cabeza, mi joven señor. Ranma.
Me levanté del banco estirándome cuan larga era y le miré a los ojos, esos ojos azules que ahora estaban apagados. Su cuerpo estaba laxo, como si estuviera cansado, agotado, física y mentalmente, como yo.
- ¿Necesita algo señor? – pregunté con voz temblorosa.
En su rosto se dibujó una mueca de tristeza y con paso cauto, como si temiera que escapara como un cervatillo asustado, avanzó hacia mí. No me contestó y yo no me moví, sentía su tristeza y estaba segura que él podía notar la mía. Nuestros ojos no se despegaron el uno del otro y cuando estuvo lo suficientemente cerca alzó la mano de forma delicada.
Cerré los ojos y me encogí sobre mi misma, no sabía que esperar, estaba segura que no me golpearía pero, no podía tenerlas todas conmigo, el joven heredero era una caja de sorpresas. Pude escuchar un suspiro ahogado y juraría que su mano frenó en seco pero al segundo noté su cálida y algo callosa mano posarse delicadamente en mi cara.
Abrí los ojos de par en par y una vez más busqué su mirada que me observaba con horror y ternura a la vez. Supongo que le dio pavor el darse cuenta que en cierta forma le temía, pero una parte de mi sabía que Ranma Saotome jamás me pondría una mano encima para dañarme.
Abrió la boca como si fuera a decir algo, pero de ella solo salió un suspiro ahogado. Ahueco mi mejilla en su mano y la acarició con el pulgar. Sorprendida, noté mi corazón saltar y quedarse trabado en mi garganta.
- Mi señor… ¿Qué…?
- Akane, por favor, no sigas… por favor – me cortó. La suplica y el dolor en su voz me desestabilizó, quise llorar al ver el sufrimiento en su mirada.
- No le entiendo – su otra mano se alzó lentamente y tomó mi otra mejilla a la par que su rostro se acercaba a mi rostro y juntaba nuestras frentes. Le observe patidifusa, su rostro dolido, sus ojos cerrados, su respiración pausada formada por suspiros profundos, el tacto de sus manos… que me tocaban como si estuviera hecha de porcelana… todo aquello me estaba dejando en un estado de confusión y ternura.
- Por favor, no lo hagas, no me dejes, no te pierdas – me susurraba sin soltarme – No puedes convertirte en esto, no eres tú, esta no es mi Akane.
Abrió los ojos y me miró fijamente, mis mejillas ardieron al igual que las suyas que estaban de un tono rojizo intenso.
- Es mi deber señor.
- No, no lo es – alejó su frente de la mía pero no me soltó la cara. Fijó sus ojos en los míos de manera profunda, tan profunda que sentí que podía leer cada uno de mis pensamientos – Tú eres una guerrera, eres fuerte y valiente, no una copia barata de una princesa de cuentos.
- Mi señora me ha entrenado para ser una buena mujer y yo debo recompensar sus esfuerzos joven Ranma.
Su rostro se crispó y me soltó las mejillas con rabia – ¿y qué? ¿Vas a convertirte en todo eso que detestas? ¿Vas a convertirte en algo mundano solo por la aprobación de los demás? – sus palabras me dañaban en el alma, pero tenía razón. Mis lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos pero eso no pareció ablandarle, el Ranma que tenía frente a mí no era ese niñito caprichoso y bocazas, era un hombre, un hombre que quería hacerme ver las cosas tal y como eran.
- Mi señor…
- ¡No! – me frenó. Alzó la mano y arrancó los adornos de mi pelo haciéndolo caer en cascada por mis hombros y mi espalda – eso no eres tú, mi Akane… mi Akane es una guerrera que no se rinde ante nadie, que prefiere morir de pie, que vivir de rodillas.
Mis lágrimas ya caían libres por mis mejillas, solté un sollozo ahogado y el joven Saotome se acercó a mí de nuevo, volviendo a tomar mis mejillas con sus manos y limpiando los regueros de lágrimas con sus pulgares – Mi Akane, mi Akane lleva el pelo desarreglado y recogido en una coleta porque así es más fácil pelear, mi Akane lleva yukatas ligeros o hakamas porque a la hora de pelearse conmigo le da más libertad de movimiento.
No podía dejar de llorar, agarre sus muñecas e intente alejarle de mí, no quería escucharle, no quería que tirara por el barro todo lo que había construido esas semanas, no quería escucharle porque sabía que tenía razón – Por favor, suélteme…
- ¡No! ¡Me vas a escuchar! – Dijo apretando más mis mejillas sin llegar a hacerme daño – Mi Akane, no complace a un hombre, ni se arrodilla ante ellos, es mejor que eso, no necesita la aprobación de nadie, y menos la de un hombre para ser feliz – con cada palabra soltaba un sollozo más fuerte.
- Mi Akane es una arquera sensacional que siempre da en la diana, es una chica que adora leer y aprender historia, no servir el té a un montón de hombres que se creen mejores que ella – poco a poco dejaba de luchar contra él, me estaba derrotando – Mi Akane defiende a los débiles y no tiene miedo a mancharse la ropa, sobre todo si es por ayudar a sus amigos y compañeros, mi Akane… ¡mi Akane no permitiría que nadie la tratara como un objeto de deseo! ¡A mi Akane ni siquiera le gusta el Sukiyaki! – gritó con rabia.
Ante sus palabras mis brazos cayeron laxos a ambos lados de mi cuerpo. Tenía razón, tenía razón en todo, el joven Ranma me había dado una paliza verbal que me había dejado sin fuerzas. Me estaba perdiendo, me había perdido a mí misma por contentar a los demás, por mi maldito honor de guerrera. Y era doloroso.
Sentí mis piernas temblar y si no fuera por los brazos del joven Ranma habría caído de bruces contra el suelo. Al notar que me venía abajo me rodeó con sus brazos en un apretado abrazo. Lloré como una niña pequeña, apegando mi cara contra su pecho, mis brazos le rodearon como si fuera un salvavidas en un mar embravecido.
Me dejó llorar a gusto, soltando todo aquel dolor que tenía dentro. Me acariciaba con ternura la cabeza mientras me susurraba al oído que todo estaría bien ¿Cuándo mi señor había madurado tanto? ¿Cuándo se convirtió el en un hombre y yo en una niña estúpida? Me aferré a su camisa de entrenamiento, esa roja que llevaba siempre y que tanto me gustaba.
- Lo siento – me susurró al oído – siento todo lo que te he hecho… yo también tengo la culpa.
Dejé de respirar cuando dijo aquellas palabras y despegue mi rostro de mi pecho para mirarle a la cara, intentando vislumbrar si aquella disculpa era sincera. Sus ojos, sus preciosos ojos azules me miraban con una seriedad y arrepentimiento que no dejo rastro para la duda – ¿Lo jura? ¿Jura que lo siente?
- Lo juro – me volvió a abrazar enterrando de nuevo mi rostro en su pecho – No todo esto es culpa tuya, también es culpa mía, por mis insultos, mis desprecios, mis… mis malas formas… no era mi intención, nunca fue mi intención herirte.
- Tus insultos, tus apodos son los que más me duelen, Ranma – escuché como soltaba una débil risa y fruncí el ceño intentando alejarme del ¿se estaba burlando? Me apretó más en ese férreo abrazo, negando toda vía de escape – Ranma, ¿de nuevo? ¿Te ríes de nuevo de mí?
Negó repetidamente – No me rio de ti, simplemente me alegra que vuelvas a llamarme por mi nombre, lo echaba muchísimo de menos.
Se separó de mí y me dio una cálida sonrisa, una sonrisa que me calentó el corazón y el alma y que sin darme cuenta devolví. Tomó mi mano y me llevó hacia el banquito de piedra donde me invitó a sentarme a su lado.
Miré de reojo como su mano no soltó la mía – Akane, por favor disculpa todas las veces que me dejé llevar por mi ira y te insulté, no creo nada de lo que te digo – su rostro entonces se tornó juguetón y con una sonrisa torcida dijo – bueno, sí creo que eres un poco marimacho pero eso te hace especial – dijo jugando con mi nariz.
- ¡Ranma! ¡Eres un tonto! – le di un golpe juguetón en el brazo. Soltó una carcajada mientras se sobaba el brazo – Te perdono, pero júrame que nunca más me insultaras de la forma que lo hiciste en la cena.
- Lo juro – me dijo mirándome fijamente en los ojos – créeme que después, cuando lo pensé en frío quise buscarte y pedirte perdón, porque no soportaba la idea de que n me hablaras, pero luego… te veía, con Mousse, con Sasuke… incluso con Ryoga y volvía la ira y…
- No tengo nada con ellos, son mis amigos y…
- Lo sé – me cortó, ya se le estaba haciendo una costumbre – pero no podía evitarlo, no me gusta compartir – susurró bajando la vista.
Nos mantuvimos en silencio mirando cada uno un punto del infinito, sin saber muy bien que decir. Yo era un manojo de nervios, esa noche había sido demasiado para mi estabilidad mental y emocional, estaba agotada, pero a la vez muy contenta. Ranma había ido a pedirme disculpas y sobretodo me había abierto los ojos. Yo no era una boba, no era una mujer florero, yo era Akane Tendo, yo era el río, padre siempre lo decía, yo no estaba destinada a ser "la mujer de", yo era una guerrera y lo sentía mucho por mi señora, pero no iba a renunciar a ser yo misma.
Si después de toda mi lealtad y mis años de servicio decidía echarme por ser fiel a mí misma, por mucho que me doliera me iría de allí.
- Akane – la voz de Ranma me sacó de mis pensamientos, lancé un gruñido para hacerle ver que le escuchaba – ¿De verdad vas a salir con ese idiota?
Me giré para mirarle, su rostro estaba fruncido y miraba al suelo como si deseara asesinarlo. Sonreí levemente al notar que el problema principal de mi joven señor eran los celos, estaba celoso y eso me alegró, decidí jugar un poco con el – Bueno… no tiene nada de malo.
Su rostro se giró con tanta rapidez que me recordó a un búho, sus ojos estaban incendiados de rabia – ¡¿No lo dirás enserio?!
Me encogí de hombros – ¿Por qué no? No digo de formalizar la relación ahora mismo, pero Shinnosuke-kun es un hombre apuesto y educado, tal vez con el tiempo me enamore.
- ¡Siempre dices que no quieres casarte! ¡Y ahora llega ese idiota y de repente aceptas que te corteje! ¡No te entiendo! ¡A mí me rechazaste cuando te propuse casarte conmigo!
- Bueno, tu solo querías casarte conmigo porque puedo darte hijos y Shampoo no – dije algo molesta al recordar esa conversación – Shinnosuke al menos será un esposo amoroso y me querrá por mí misma no solo por mi útero.
Ranma enarcó una ceja – ¿por tu qué?
- Mi útero – contesté con simpleza – es el sitio donde las mujeres guardan los bebes cuando están embarazadas.
- ¡Yo no me quiero casar contigo solo por tu tutero!
- Útero – le corregí.
- ¡Me importa un carajo como se llame! – dijo enfadado cruzándose de brazos – Si me quiero casar contigo y no con Shampoo es porque tú eres una guerrera además de mi amiga, prefiero casarme contigo que al menos nos llevamos bien y si tenemos hijos podríamos entrenarles ambos, yo no quiero una esclava, sino una compañera.
- Pero no me amas – dije seria.
- Yo… bueno… este… - Sonreí levemente al ver como el rostro de mi amigo se encendía hasta parecer un farol. Jugaba con sus dedos mientras farfullaba palabras sin sentido. Solté una risita al verle tan nervioso.
- Déjalo Ranma – apoyé mi cabeza en su hombro y eso pareció relajarle – Sé que no me amas, somos muy jóvenes para saber que es el amor – me acomodé y alcé la vista hacia el cielo – solo quiero que sepas que, si tuviera que elegir entre casarme contigo o con Shinnosuke, te elegiría a ti mil veces.
Mis mejillas se tiñeron de rojo ante lo que acababa de decir, no sabía cómo se lo tomaría mi joven señor, esperaba cualquier reacción, desde una burla a un enfado monumental pero lo que ocurrió me hizo brincar de alegría.
Ranma, simplemente suspiró y apoyó su cabeza en la mía y tomando mi mano, entrelazó nuestros dedos y dijo – Y yo quiero que sepas que prefiero mil veces pasar mi vida discutiendo contigo, que riendo con cualquier otra.
Noté miles de mariposas volar por mi estómago. Solo pude reír como una idiota y apretar más fuerte la mano de mi señor. Mi corazón retumbaba en mi pecho feliz y sabía que mi joven señor estaba igual que yo pues miré de reojo su rostro y pude ver una bonita sonrisa pintada en su cara.
Esa noche, ninguno de los dos fuimos a dormir, nos la pasamos juntos, sentados en aquel banquito de piedra mirando las estrellas en silencio, haciéndonos compañía y perdonándonos mutuamente sin mediar palabra.
Esa noche estrellada la recuerdo como una de las más bonitas de mi vida. No solo me había recuperado a mí misma, también había recuperado la amistad de mi joven señor y eso superaba cualquier venganza que tuviera en mente.
Por la mañana, antes de que saliera el sol y todos se dieran cuenta de que habíamos pasado la noche juntos a la intemperie, nos dirigimos en silencio hacia la el interior de la casa. A la altura de las escaleras nos despedimos, el subiría a la planta superior y yo como siempre me dirigiría a mi cuarto con Momo-chan, Sayuri y Yuka pero antes de que me diera la vuelta y me alejara de él, tomo mi rostro entre sus manos y me besó la frente para luego subir corriendo hacia su cuarto.
La sonrisa que se me dibujó en la cara me duró el resto del día y posiblemente de la semana.
Al día siguiente me encontraba en mi cuarto arreglándome. Me puse un Yukata gris perla y un obi blanco, nada demasiado vistoso y me coloqué mi coleta de siempre en el pelo. Había decidido hablar con mi señora para comunicarle mi decisión de no volver a llevar a cabo sus enseñanzas, al menos no las que se referían a convertirme en una mujer florero.
Estaba algo nerviosa porque no sabía si mi señora se iba a enfadar y a echarme de la casa, pero debía correr el riesgo, no podía convertirme en aquello que no quería ser, debía seguir mi propio camino, debía fluir como el río, pero siendo yo misma, siendo Akane Tendo, la bruta marimacho, no Akane Tendo la princesita.
- Vaya Akane-chan, hacía tiempo que no te veía así de sencilla – me dijo Momo-chan con una sonrisa.
- Sí, lo echaba de menos – dije estirándome – aunque estuviera guapa con los otros atuendos me siento más cómoda así.
- Sinceramente, te queda mejor – le di una sonrisa de agradecimiento. Momo-chan era una de las personas a las que más aprecio tenía dentro de esa casa, era uno de mis pilares junto con mi señora, Sasuke, Mousse y el mismísimo Ranma.
- Momo-chan, quiero pedirte perdón una vez más por alejarme esta temporada y…
Alzó una mano para hacerme callar – Akane, ya lo hemos hablado, no pasa nada, tenías tus motivos y yo los comprendo, yo también tengo que acatar decisiones de otros que no me gustan, pero a diferencia de ti que les plantas cara yo solamente callo y obedezco.
Baje la vista con tristeza – ¿Lo dices por tu compromiso? – hacía tiempo que no sabía nada de Taro ni del desagradable de su padre. Aunque mi señora les había prohibido la entrada en la casa para desgracia de Momoha, el compromiso seguía en pie.
- Así es – dijo en un suspiro – Tú has decidido negarte a seguir con ese entrenamiento de mujer perfecta que te ha puesto Nodoka-sama, pero yo… a pesar de detestar a ese hombre no soy capaz a negarme, simplemente callo y obedezco.
- Tu situación es diferente Momo-chan, tú no tienes opción.
- Lo sé – su rostro se convirtió en una mueca de tristeza y resignación pero solo duró apenas unos segundos cambiando su perfil me miró sonriente y dijo – Pero bueno, no pasa nada, ya lo he aceptado y quien sabe, a lo mejor con un poco de suerte soy feliz
Le sonreí falsamente asintiendo pero tanto ella como yo sabíamos que eso no pasaría jamás. Cada día llegaban chismes de Edo sobre Taro, la mayoría de ellos hablaban de lo mujeriego que era Taro, de que le era infiel a su prometida e incluso una temporada se rumoreó que había dejado embarazada a una muchacha hija de un artesano y que la familia la había repudiado.
- Bueno – dijo Momo-chan tomando un montón de futones – tengo que ir a lavar esto, y tu deberías hablar con Nodoka-sama ahora.
Asentí y salí de la habitación justo detrás de mi amiga pero cuando ella se dirigió a la parte de atrás de la casa donde estaba la zona de lavar la ropa, yo me dirigí escaleras arriba. Estaba muy nerviosa, no sabía cómo se lo iba a tomar pero una cosa estaba clara, debía parar aquella farsa.
Me acerqué con pasos temblorosos a la puerta de mi señora, en mi interior me daba fuerzas y repetía una y otra vez un monologo perfectamente preparado. Una vez frente a la puerta suspiré llenando mis pulmones de aire y alcé la mano. Antes de que pudiera tocar el marco de madera, la puerta corrediza se abrió de par en par mostrando ante mí a una llorosa Shampoo que me miraba como si fuera un enemigo a matar.
- ¡Apartarte de mi camino! – me empujó a un lado y salió corriendo entre sollozos. Me quedé quieta mirándola desaparecer de mi vista, alce una ceja y me giré para ver dentro de la habitación de mi señora.
- Akane, querida, pasa – Nodoka-sama estaba en medio de la sala leyendo tranquilamente unos pergaminos. Avancé lentamente y cerré la puerta tras de mí.
Me coloqué ante mi señora de rodillas y espere quieta y en silencio a que me diera paso. Alzó levemente su mirada de su lectura, mirándome de arriba abajo y volvió a desviar su mirada a los kanjis frente a ella – ¿y bien?
- Mi señora yo… - el monologo que había ensayado desapareció de mi mente, quedándome totalmente en blanco. Me congele en el sitio, blanca como la leche y con los ojos abiertos. Mis manos se crisparon alrededor de mis rodillas y comencé a temblar.
Mi señora alzó la vista de los papeles y soltó una risa mientras los dejaba a un lado y centraba su atención en mi – Vamos querida, no hay porque ponerse nerviosa.
- Yo… mi señora yo quería… solo decirle… ¡que maravilloso día hace hoy! ¿Cierto?
Quise golpearme por mi torpeza, Nodoka-sama soltó una ahogada risa y me tomó de los hombros – Akane, lo que quieras decírme, dímelo sin miedo alguno.
Asentí levemente – Vera señora, yo… - no me salían las palabras, no podía hablar, no siempre y cuando su mirada marrón estuviera clavada sobre mi como una estaca, por eso hice una profunda reverencia escondiendo mi rostro del suyo – ¡Señora! ¡Sumimasen! ¡Agradezco todo lo que ha hecho por mí, sus esfuerzos y todo su tiempo invertido en entrenarme! ¡Pero no me creo capaz de seguir con esto!
- ¿Por qué? – me preguntó tranquila.
- Porque… porque… ¡esta no soy yo! ¡No puedo perderme a mí misma señora! ¡Mi esencia, mi alma de guerrera es lo único que me queda de mi padre, de la verdadera AKane Tendo! Si lo pierdo… será como perderle a él para siempre.
Me quedé en silencio esperando su respuesta, no os voy a mentir, esperaba que pusiera el grito en el cielo, que me golpeara y que me echara a la calle. Mi señora se había gastado mucho dinero en la institutriz de las chicas además de perder el tiempo conmigo, seguro me echaba, o me mataba y me tiraba a los cerdos, esa también era una opción.
- ¿Y tú venganza? – me preguntó.
- ¡Eso ya no importa señora! – dije temblorosa – el dolor lleva al dolor y la venganza a mas venganza… yo… a mí no me importa lo que piensen otros, solo me importa lo que pienso yo misma, y usted – quería que lo entendiera, que me apoyara y me dijera que todo estaba bien, que me entendía pero no estaba segura de que lo hiciera.
- ¿Es lo que quieres? ¿Volver a ser la chica ruda que practica artes marciales, la que se rebela a la sociedad? Mírame a la cara, a los ojos, y dime que eso es lo que quieres.
Alcé mi cuerpo lentamente y clave mis ojos en los suyos, me miraban con dureza, como si fueran témpanos de hielo. Sentí mi cuerpo estremecer pero no me podía acobardar, debía hacerlo, ya no era una niña sino una mujer.
- Es lo que quiero señora – dije seria alejando todo temblor de mi voz – sé que ha perdido mucho dinero, pero prometo devolvérselo, todo, trabajaré mañana, tarde y noche, aquí en la casa o repartiendo arroz en Edo, no importa, prometo devolvérselo todo, pero permítame dejar su entrenamiento y volver al dojo, volver a ser yo misma. Se lo suplico señora.
Nodoka-sama permaneció impasible, sin dar una muestra de sentimientos en su cara, ya me veía con la cabeza separada del cuerpo pero en vez de eso Nodoka-sama puso una sonrisa ladeada en su rostro – No podía esperar otra cosa de ti, Akane-chan.
Con ese apodo cariñoso expulsé todo el aire que había retenido en mis pulmones – eso quiere decir… ¿Qué puedo volver al dojo?
- Sí Akane, puedes – sonreí de oreja a oreja – Y respecto a Shinnosuke, no te preocupes, puedes decirle que no, por suerte su abuelo y yo hemos firmado ya varios contratos con la casa de té, y la arpía de la nueva señora Ryugenzawa no podrá hacer nada por evitarlo.
- Señora, creo que lo mejor es que finja que acepto a Shinnosuke-kun por un tiempo y luego…
- No, nada de eso ¿a ti te interesa ese chico?
Negué lentamente – No señora, me parece un muchacho apuesto y encantador pero no me gusta de esa forma.
- Pues no le des esperanzas entonces – dijo seria – No hay nada peor que te llenen el corazón de esperanza y falsas promesas y al final te quedes con las manos vacías, no le hagas sufrir.
- No era mi intención señora.
- Tranquila, sé que no lo era – dijo con una sonrisa – ¿sabes? Me alegra que hayas decidido dejar el entrenamiento.
La mire sin entender – ¿Por qué señora? Creía que eso era lo que usted esperaba de mí.
- Pues te equivocaste – contestó serena – si te entrene fue para demostrarte que tú también podías ser hermosa, seductora y callar las bocas de todos aquellos que se metían contigo. Te entrené para abrirte los ojos sobre tu propia belleza, pero casi pagas un precio muy alto, casi te pierdes a ti misma.
- Señora…
- Por eso me alegro que decidieras dejarlo, no hay nada más importante que el amor propio Akane. Lo que yo más valoro en una persona es que sea fiel a sí misma y a sus principios, y que sea leal.
- Siempre seré leal a su persona, mi señora.
- Lo sé, por eso eres mi mano derecha Akane.
Sonreí agradecida y Nodoka-sama me pasó unos documentos – son unos escritos muy antiguos, sobre el periodo Heian.
- Fascinante…
- Puedes quedártelos, sé que te encanta aprender historia, y para las clases te vendrán bien.
Miré los papeles fascinada, y los apreté con delicadeza sobre mi pecho – Arigatou, Nodoka-sama.
Tras unos breves segundos en silencio, caía en la cuenta de una cosa importante y que me estaba carcomiendo por dentro – Señora, ¿Qué le pasaba a Shampoo?
- Pronto lo sabrás, tranquila.
No dije nada, si mi señora no quería hablar no sería yo quien le sacaría las palabras. Alzó su rostro y dijo – Si quieres volver a entrenar deberías darte prisa e ir corriendo a cambiarte, las clases de Genma empezaran pronto.
Me quedé quieta un momento y caí en la cuenta de que ya debía ser la hora de las clases del hombre panda. Recogí con rapidez los papeles que me había regalado mi señora y maldiciendo salí por la puerta. Lo último que escuché fue la risa de mi señora.
Una vez me cambié corrí rápida como una centella al dojo, hacía mucho que no pisaba aquella enorme sala por lo que me encantó volver a entrar. Olía a madera e incienso pero también a sudor masculino. Entré decidida y en cuanto puse un pie dentro los ojos de todos los estudiantes se posaron sobre mí.
- Vaya, mirad quien ha vuelto, la princesita – dijo con burla Mikado – ¿Qué pasa? ¿Echabas de menos estar rodeada de hombres?
Las risas de varios chicos no se hicieron esperar, rodé los ojos e ignoré completamente al idiota mientras me acercaba a Mousse que ayudaba a Sasuke a estirar. En cuanto me vio, Mousse me sonrió ampliamente, enseñando todos los dientes.
Me quedé un poco sorprendida pues Mousse no era un chico muy expresivo por lo que verle regalarme esa sonrisa ame dejo un poco perpleja.
- Akane, ¡has vuelto! – sonreí al verle tan feliz por mi vuelta. Mousse era uno de mis mejores amigos y siempre me defendía cuando alguno de los alumnos del hombre panda me decían que aquel no era mi lugar.
- Si, ya era hora de retomar mi entrenamiento.
- ¡Onee-chan! – Sasuke me abrazó con fuerza – al fin.
- Vaya princesa – de nuevo, Mikado se había acercado para molestarme – que hermoso reencuentro con tu novio.
- Déjala en paz Mikado – gruñó Mousse.
El chico soltó una risita burlona – Vaya Mousse, ¿Qué pasa? ¿Defendiendo el honor de tu novia?
- Eres patético – dije con voz cansada. Mikado era un chico que no solo era torpe en las artes marciales, también era algo torpe mentalmente. Sus discusiones estaban llenas de argumentos repetitivos y aburridos.
- Tranquila princesa, no es malo tener varios novios, conozco varias chicas como tú en el barrio rojo – varios de los alumnos empezaron a jalearle y yo solo pude rodar los ojos.
- ¿Insinúas algo Mikado? – dijo Mousse tenso.
- Tranquilo Mousse, no te rebajes a su nivel – dije tomando levemente el brazo de mi amigo – ignórale.
Keita soltó una risa que retumbó por toda la sala. Hacía tiempo que el gordinflón no se metía conmigo, supongo que no ver a Ranma por el dojo le infundía valor – Que triste, una chica defendiéndote patoso.
- ¿¡A quien llamas patoso!? – gritó furioso Mousse.
- ¡Ya está bien! – Grité poniéndome en medio de ambos – Mousse ignórales no merece la pena – me giré para encarar al grupito de Mikado y compañía – y vosotros, dejadnos en paz, si no queréis problemas – levanté mi puño derecho en señal de que estaba dispuesta a todo si no nos dejaban en paz.
Los chicos comenzaron a reírse y Mikado intentó tomarme del brazo pero me zafé rápidamente dejándole con la mano en el aire, algo sorprendido – Princesa, creí que habías entendido cual era tu sitio.
- Pues ya ves que no, soy bastante persistente.
- Eso es lo que más me gusta de ti – dijo relamiéndose los labios en un gesto que me provocó nauseas. Me miró de arriba abajo y tuve ganas de darle un puñetazo en toda la cara pero antes de que pudiera hacer o decir algo una persona se adelantó.
- ¿Y que más te gusta de ella Mikado? – todos los presentes nos volteamos para mirar a Ranma que se apoyaba en el marco de la puerta con los brazos cruzados.
Keita tragó en seco y dio dos pasos hacia atrás el muy cobarde, Mikado por el contrario se mantuvo en su sitio aunque su postura se tensó un poco demostrando su nerviosismo.
- Saotome, ¿has visto quien ha vuelto?
Ranma me lanzó una mirada preguntándome con los ojos si estaba bien. Asentí levemente y entones el heredero Saotome avanzó lentamente – Sí, ya era hora, estas clases eran muy aburridas sin ella.
- ¿Por qué lo dices? ¿Por las buenas vistas? – dijo un muchacho mirando descaradamente a mi pecho. Fruncí el ceño ligeramente tapándome con los brazos de manera involuntaria.
- No, lo digo porque si no fuera por la pelea que me da Akane, las clases serían un aburrimiento, sois muy fáciles de ganar.
Un murmullo de desacuerdo reinó en la sala, varios muchachos pusieron el grito en el cielo y yo solo pude sonreír a mi compañero, amigo y señor quien me guiño el ojo de forma juguetón haciéndome reír aún más.
- ¿Insinúas que es mejor peleadora que nosotras? – preguntó un chico alto y desgarbado.
- No lo insinúa, lo afirma – dijo Mousse serio – A su lado no sois más que principiantes, ya os lo ha demostrado más de una vez pero sois unos ciegos que no quieren ver la realidad que se presenta en vuestras narices.
Una carcajada general inundó la sala – Es solo una mujer.
- Sois muy pesados – bufé – ¿es que no tenéis más argumentos que esos? Siempre con lo mismo: "es una mujer", "vete a hacer cosas de mujer", "¿Cómo nos va a superar una mujer?"… rozáis la pesadez. Pues sí, soy una mujer, practico artes marciales y a la mitad de los aquí presentes podría daros una paliza con los ojos cerrados.
Ranma soltó una carcajada y un chico mayor, quizás el alumno más mayor que tenía el hombre panda se acercó a mí de manera peligrosa y me tomó por la pechera de mi traje de entrenamiento – No permitiré que una niñata con ínfulas de guerrero se burle de mi – Mis amigos iban a abalanzarse sobre el pero les frene con la mano.
Tomé la muñeca del chico y con ojos retadores le dije – No me burlaría de ti si no me dieras motivos.
- ¡Yo sí que soy un guerrero! – Me gritó zarandeándome – ¡No tú! ¡Maldita puta siempre molestando!
Mi ira se encendió, ese cretino no solo me había insultado sino que me había gritado en toda la cara. No iba a tolerarlo. La ira que llevaba acumulada en todo el tiempo que tuve que fingir ser una muchacha dulce y educada rebasó mi paciencia y antes de que ese pobre diablo se diera cuenta de mis intenciones le di una patada en esa parte que nos diferencia a los hombres de las mujeres. Debido al dolor soltó mi agarre y se dobló por lo que aproveché para darle un puñetazo en la cara que le tumbo. Mikado se lanzó entonces a golpearme pero antes de que pudiera rozarme Ranma se lanzó hacia él.
- ¡A Akane ni tocarla!
Como pude esquivé un puñetazo que iba directo a mi nariz, al ver a mi agresor me di cuenta de que había sido Keita, el muy cobarde me había atacado cuando estaba despistada. Aprovechando un traspiés del chico le di un codazo en la nariz pero tuve que esquivar a otro chico que intento placarme.
Mousse se lanzó a golpear al chico que me había atacado y ambos se enzarzaron en una pelea. Otro chico se había lanzado contra Sasuke que se defendía como podía. Corrí entonces para auxiliarle liándome a los golpes yo también.
Ranma peleaba con Mikado y otros dos chicos sin dificultad, era fascinante verle dar piruetas y golpes perfectamente sincronizados, Mousse por el contrario se encontraba en una pelea con aquel muchacho que me había intentado golpear y que ahora tenía todo le rostro morado. Sasuke peleaba con un chico debilucho y bajo y parecía arreglárselas bien, yo golpeaba a todo aquel que se acercaba a mí, recibía algún que otro golpe también, pero tenía la situación controlada.
Entonces una nueva persona se unió corriendo a la pelea, gracias a Kami, en nuestro bando – ¡Una pelea sin Ryoga Hibiki es una mierda! – mi amigo lanzó una patada a la cara de un pobre chico que no estaba si quiera metido en la batalla campal pero eso no le importaba.
Entre golpe y golpe observaba a mis amigos, controlando que estuvieran bien y no necesitaran mi ayuda y pude ver en el rostro de Ranma y le resto de mis amigos la alegría y la satisfacción, se lo estaban pasando de lo lindo.
Sasuke el pobre, no parecía disfrutarlo tanto, un chico le tenía acorralado por lo que fui corriendo a rescatarle. Tomé del cinturón a su atacante y le empuje lejos, para luego esquivar un puñetazo y devolver una patada.
EL dojo se convirtió en un campo de batalla, ya no había bandos, ahora todos golpeaban a todos, incluso los que se habían mantenido al margen no pudieron evitar verse involucrados. Los gritos de guerra y los golpes contra la carne sonaban por el dojo. Yo había recibido un puñetazo por parte de un chico que me había abierto el labio. Me levanté tambaleante, escupí la sangre y me lancé a golpearle.
No me di cuenta de que me acechaban hasta que fue demasiado tarde. Keita me había tomado por la espalda haciéndome una llave para que no me pudiera mover, entonces el chico al que había golpeado primero y por el que se formó tal revuelo se colocó frente a mí y me dio dos potentes puñetazos en el estómago que me doblaron.
Cuando esperé el tercero, jamás llego pues Ranma había mandado a volar a mi agresor de una patada y Ryoga estaba golpeando a Keita. Me dejé caer en el suelo pues el dolor en mi estómago aún era profundo y Ranma me tendió la mano.
- ¿Estas bien? – me preguntó con una gran sonrisa. Tenía el rostro algo rojo por algún que otro golpe recibido pero nada grave.
- Mejor que nunca – dije también animada. A pesar de recibir varios golpes, algunos bastante fuertes me sentía viva, era un momento maravilloso, una pelea real con golpes reales. Tomé la mano que me ofrecía mi amigo y me levantó del suelo colocando su espalda contra la mía.
- Tú me cubres, yo te cubro.
Sonreí poniéndome en posición de defensa – siempre, engreído.
- Más te vale, marimacho.
Un muchacho pegó un grito de guerra y se abalanzó sobre mí, antes de que me diera cuenta Ranma rodeó sus brazos con los míos y encorvó la espalda haciéndome girar justo en el momento en el que la cara de mi agresor estaba colocada perfecta para recibir una patada de mi parte. Una vez noqueado y uno frente al otro nos sonreímos y volvimos a pelear contra el primero que encontrábamos.
Fue un momento divertido y caótico, era como estar en una batalla. No sabía a ciencia cierta cuanto tiempo llevaba peleando pero un grito, como el de un animal furioso nos hizo frenar a todos en seco.
- ¿¡Qué diablos estáis haciendo!? – nos giramos para mirar al hombre panda que boqueaba por la ira de ver a sus discípulos peleando todos contra todos.
- Señor Saotome – dijo Mikado con dificultad, estaba terriblemente golpeado, su mejilla estaba hinchada y tenía un ojo morado – todo es culpa de ella.
Me señalo con su largo dedo y el resto de los chicos, todos golpeados le dieron la razón. Fruncí el ceño – No fui yo quien empezó.
- Si lo hiciste, es tu culpa que esto pasara – reclamó un chico con la nariz sangrando – No deberías haber vuelto aquí, este no es tu sitio.
- Eso no es cierto padre – Dijo Ranma saliendo en mi defensa.
- Akane no empezó nada señor – corroboró Mousse – ellos la atacaron primero.
-¡Me da igual quien haya empezado! – Gritó furioso acercándose a nosotros golpeando el suelo con brusquedad a cada paso que daba, varios chicos se encogieron del miedo – ¡Sois guerreros no simples borrachos en una taberna! ¡No tolero peleas de esta índole en mi dojo! – Las aletas de su nariz se movían de una forma graciosa y tuve que ocultar mi sonrisa – ¡Aquí se pelea con honor, no como animales!
En cierta forma e hombre panda tenía razón y todos los allí presentes lo sabíamos, nos habíamos dejado llevar por el momento, por la adrenalina de una pelea verdadera y habíamos olvidado el código de honor de una batalla. Nos inclinamos todos ante el para disculparnos pero eso no pareció suficiente.
- Quiero que hagáis trescientas flexiones cada uno – el rostro se nos deformó ante el castigo, pero antes de que pudiera agacharme para comenzar mi castigo el señor panda se colocó frente a mí y dijo – tu harás quinientas.
- ¿¡Como ha dicho!? – pregunté escandalizada.
- Quinientas he dicho – sus ojos se clavaban en los míos como cuchillos, sabía de sobra que Genma Saotome no estaba feliz con mi vuelta al dojo – Trescientas por la pelea, cien más por empezarla y otras cien por no aprender la lección de que un dojo no es tu sitio y por haber vuelto.
- ¡Eso es injusto! – protesté.
El hombre panda puso una sonrisa torcida y se encogió de hombros – La vida no es justa, y si no quieres que tu amiguito el idiota haga otras quinientas, más te vale que cierres esa bocaza que tienes y empieces.
Solté un gruñido de protesta mientras me agachaba y comenzaba con las flexiones. Aunque deseaba cantarle las cuarenta a mi señor no iba a permitir que Sasuke fuera castigado por mi culpa, así que comencé a hacer las quinientas flexiones. Una, dos, tres, veinte, cincuenta… a cada flexión los músculos de los brazos me dolían, notaba un calor en el bíceps y mis brazos comenzaban a temblar.
Al llegar a la flexión cuatrocientas sentí que no podía más, no sentía los músculos y cada vez que me alzaba y levantaba mi peso mi cuerpo temblaba como si un terremoto sacudiera la tierra. Sentía ganas de gritar por el dolor, pero no iba a permitir que Genma Saotome ganara la partida.
Mientras todos entrenaban, yo seguía haciendo flexiones bajo la atenta mirada del hombre panda y de mis compañeros. Muchos de ellos me miraban con burla, otros sorprendidos cuando llegué a la flexión quinientas. Me tiré al suelo derrotada y me sobé los brazos como podía, el doblarlos mínimamente me hacía retorcerme de dolor, pero lo que importaba es que lo había logrado.
Miré de reojo a mis amigos que me sonrieron, incluso Ryoga me hizo una señal de victoria con sus dedos. Estaba agotada, sudada y dolorida pero ver la cara del hombre panda cuando hice las quinientas flexiones fue más que suficiente para mí.
Una vez terminada la clase, estaba recogiendo el material utilizado cuando unos largos brazos me rodearon los hombros – Vaya Akane-chan, eres un monstruo.
Me giré para ver a Ryoga-kun quien me observaba con ojos brillantes, con orgullo. Me sonrojé y sonreí levemente – No es nada del otro mundo.
- ¿Cómo qué no? ¡Quinientas flexiones! ¡Y del tirón! – Decía con tono de dolor – si fuera yo a la doscientos ya estaría muerto.
- Eso es porque eres un flojo – dijo Mousse que se unió a la conversación – ha sido alucinante Akane.
Me sonrojé aún más pero no dije nada, solo sonreí y seguí recogiendo. A cada movimiento de brazos, notaba mis músculos protestar, unos horribles pinchazos me mataban los bíceps y mi rostro se contraía.
- Deja eso – Mousse me quitó los palos de madera que llevaba en la mano – hoy recogeremos nosotros tu parte.
- No hace falta.
- Sí que hace falta – me cortó Ryoga tomando una pesada talla de madera que usábamos como peso – tus brazos están débiles.
- No soy débil – protesté cruzándome de brazos. Un escalofrió recorrió mi cuerpo al notar otro terrible pinchazo en mis brazos, parecía que la única forma en la que no me dolían era totalmente estirados.
- Eres muy cabezota – dijo el joven heredero Saotome que se acercó a nosotros secándose el sudor con el antebrazo – cualquier persona normal estaría dolorida Akane, no eres una máquina, es normal que sientas dolor.
- Por primera vez estoy de acuerdo con Ranma – secundó Ryoga palmeando la espalda de Ranma de forma tosca por lo que recibió una mirada asesina de mi amigo de trenza – hoy recogemos tu parte nosotros y no hay más que decir.
Fruncí el ceño levemente pero no pude evitar asentir derrotada, por mucho que los odiara por hacerme parecer débil, tenían razón, me dolían demasiado los músculos y si seguía cogiendo peso el dolor empeoraría y mañana no podría ni moverme.
Noté una mano en mi hombro y me gire para mirar a Sasuke que me tendía una cantimplora con agua, le sonreí y bebí el contenido. Mi garganta seca agradeció enormemente el agua que mi amigo me había ofrecido – Gracias Sasuke, lo necesitaba.
- No hay de que – me contestó con dificultad agachándose a recoger el también su material.
Me senté en el suelo del dojo, estirando mis brazos notando mis músculos relajarse. Junte las manos entrelazando los dedos y tomando aire estiré los brazos hacia arriba encorvando mi espalda haciendo crujir mis huesos notando la relajación recorrerme el cuerpo.
Cuando devolví la vista a mis compañeros estaban mirándome fijamente con la boca abierta. Alcé una ceja – ¿Qué pasa?
Se pusieron tensos y volvieron al trabajo con un ligero sonrojo asomando por su cara. No entendía nada por lo que miré a Sasuke que estaba agachado tocándose la nariz, me asusté al ver el potente chorro de sangre – ¡Por Kami! ¡Sasuke-kun! ¿Estás bien?
Me acerqué a él pero cuanto más me aproximaba mi amigo más se alejaba negando con la cabeza. Antes de que pudiera preguntarle qué demonios le pasaba se levantó y salió corriendo gritando cosas que no llegue a entender.
Escuché las risas de mis amigos y me giré para mirarles, fruncí el ceño y me levanté furiosa. Tomé la camisa de entrenamiento de Ryoga con fuerza, no por nada, simplemente era el que más cerca tenía y exigí una explicación.
- ¿De verdad no lo entiendes Akane-chan?
- ¿Entender? ¿Qué demonios debo entender? – pregunté perdiendo la poca paciencia que me quedaba.
- Es simple, Akane – me dijo Mousse bastante serio – Antes, cuando te estiraste, cierta parte de tu… cuerpo… se notaba bastante.
Les miré sin comprender, giré mi rostro buscando los ojos de Ryoga pero en vez de encontrarle mirándome a la cara, sus ojos marrones estaban desviados a otra zona más al sur. Bajé la vista hacia donde miraba y encontré mi camisa de entrenamiento algo más abierta dejando entre ver el inicio de mis pechos.
Entendí entonces todo, al haberme estirado mi camisa se había descolocado y se me había marcado el pecho. Me puse del color de las amapolas y el calor comenzó a subir por mi cuerpo, la vergüenza se apoderó de mí y soltando a Ryoga para luego darle un potente puñetazo en la cara grité para luego taparme con las manos como pude.
- ¡Pervertidos! ¡Cerdos! – gritaba mientras me tapaba.
Ryoga en el suelo se sobaba la nariz mientras Ranma se moría de risa. Mousse se acercó a mí un poco pero yo me alejé dando dos pasos hacia atrás – Lo siento, Akane. Pero no lo podemos evitar.
- ¿Cómo que no lo podéis evitar? ¡Nunca antes me habíais mirado los pechos! ¡Descarados!
- Nunca antes nos habíamos fijado que tenías – contestó Ranma con simpleza.
Me giré para mirarle furiosa – ¿Qué insinúas? ¿Qué estoy plana?
- Bueno, para tener catorce años no tienes mucho volumen, U-chan y Shampoo te superan con creces – una vena se hinchó en mi frente y alcé el puño derecho amenazando al heredero Saotome – Lo siento, lo siento, pero deberías sentirte halagada.
- ¿Y por qué?
Ranma se encogió de hombros y poniendo sus manos tras la cabeza dijo – Bueno, una persona con tan poco pecho debería sentirse halagada de que tres chicos apuestos la miren ¿no?
Otra vena se infló en mi frente y sentí ganas de matar a mi joven señor. Temblé de pies a cabeza mientras apretaba con fuerza mis puños. No sé qué me ponía más furiosa, su comentario o su risita burlona.
Comencé a acercarme a él con una mirada asesina, iba a golpearle hasta que me pidiera perdón o hasta que se me cayeran las manos, ambas opciones eran validas. Mousse y Ryoga se apartaron levemente y se sentaron en el suelo haciendo apuestas entre ellos. Mousse apostó porque le mandaría volando de una patada hasta Edo, Ryoga pensaba que él me suplicaría perdón al quinto puñetazo, y no sé qué cosas más hablaron, sinceramente no presté atención, en ese momento lo que me importaba era borrarle la sonrisa de un puñetazo a ese imbécil.
Ranma que seguía sonriendo, cuando vio la tensión en mi mandíbula y mi mirada amenazante, puso gesto de pánico y se alejó un par de pasos de mi – Akane, no era lo que quería decir, o sea, tu, eres bonita… no pasa nada que seas plana – me tensé aún más y le fulminé con la mirada haciendo que un escalofrío le recorriera – ¡No digo que seas plana! Yo… ¡Akane perdona! ¡No me mates! A mí me gustan tus pechos pequeños, cada vez que los miro me gustan más…
No sabía si intentaba arreglar la situación con ese comentario o simplemente el heredero Saotome era un idiota, pero lo único que consiguió fue que mi ira explotara como un volcán en erupción y me lanzara contra el para darle la paliza de su vida – ¡Ranma Satome!
- Akane, no, ¡recuerda que soy tu señor! – me dijo antes de recibir un potente puñetazo que le tumbó.
Le miré ahí, tirado, vencido sobre el suelo del dojo y bufé girándome dignamente para salir del dojo. Mi buen humor debido a la pelea se había esfumado pro culpa de la boca de Ranma.
Esa noche durante la cena la tensión se podía cortar con un cuchillo y no precisamente por la anterior discusión con el joven Ranma, sino por el extraño gesto que cruzaba los rostros de Shampoo y de mi señora.
Momoha me lanzó una mirada durante la cena mientras me servía mis platos, preguntándome que pasaba pues hasta ella se había dado cuenta de la incómoda situación pero yo solo pude negar disimuladamente.
Miré de reojo a Mousse quien tenía la vista clavada en la china, bufé molesta al ver el gesto de amor y preocupación en las facciones de mi amigo. Aunque nunca más había vuelto a tocar el tema de su amor por Shampoo, yo no era tonta y sabía perfectamente a quien pertenecía el corazón del chino.
Era doloroso para mí ver como cada día, esa mujer se deshacía en desprecios con Mousse y el solo sabía beber los vientos por ella, me parecía terriblemente injusto y asqueroso. No entendía porque un chico como Mousse, apuesto, amable y serio en el trabajo se había enamorado de una mujer tan superficial como ella. Supongo que como dicen por ahí, el amor es ciego, y en ese aspecto no había nadie más carente de visión que Mousse.
La cena transcurrió en silencio, solo roto por algunos comentarios del hombre panda que no entendía tampoco qué diablos pasaba. Se removía incomodo en su asiento y se notaba a leguas que intentaba sacarle una explicación a su esposa, pero Nodoka-sama no soltaba prenda.
Antes de que Momo-chan sirviera los dangos de postre Nodoka-sama soltó un carraspeo llamando la atención de todos. Algo gordo se avecinaba y dentro del ojo del huracán se encontraba Shampoo porque en cuanto mi señora tomó la palabra se removió inquieta en el sitio.
- Genma, creo que hay algo muy importante que debemos hablar.
- Te escucho – dijo con falsa seriedad el hombre panda. Una gota de sudor recorrió su gorda cara desapareciendo en los pliegues de su cuello.
- Como sabrás, los chicos ya tienen catorce años – el hombre panda asintió – bien, ya son todos hombres y mujeres hechos y derechos, algunos más que otros pero ya están entrando en la edad adulta por lo que creo conveniente poner algunos puntos claros.
- No entiendo – contestó Genma Saotome.
Nodoka-sama miró a Ryoga quien se tensó en su sitio – Ryoga, querido, ¿tu estas a gusto con tu compromiso con la joven Ukyo?
La castaña que estaba bebiendo un poco de té soltó una tos pues ante la pregunta de Nodoka-sama se había atragantado con el té. Momoha, que estaba a su lado sirviéndole los dangos le dio unos golpecitos en la espalda.
- Señora ¿a qué viene eso? – preguntó Ukyo una vez recuperada. Ryoga se había clavado en el sitio sin saber que contestar, estaba pálido y llegué a sentir un poquito de pena por él.
- Bueno, solo quiero saber – contrastó con simpleza mi señora para volver a centrar su atención en mi amigo – dime Ryoga, ¿estas conforme?
El pobre chico puso un rictus de incomodidad en la cara y se giró para mirar a su prometida quien le miraba con un gesto feroz, advirtiéndole con la mirada que por su bien la respuesta fuera positiva. Ryoga-kun tragó saliva nerviosa y asintió.
- Sí señora, estoy muy contento con mi prometida – chasqué la lengua ante la respuesta de mi amigo. No es que me molestara, para nada, solo que no veía sincera su respuesta. Ryoga había contestado en base a lo que Ukyo quería que contestara, como si la temiera.
- ¿Seguro? Piensa que es un paso muy importante.
Ryoga meditó unos minutos, me miró de reojo y bajó la mirada un momento para luego decir – Sí señora, estoy conforme, desde que tengo uso de razón, Ukyo es mi prometida, nos llevamos bien y es una unión importante para las familias Hibiki y Saotome, es nuestro deber.
Ukyo sonrió ampliamente y Nodoka-sama se mantuvo impasible. Asintió levemente y dijo – me alegro de que ambos estéis conformes. Será una unión muy buena para ambas familias, como tú dices.
Genma se removió de nuevo incómodo y le dio un sorbo a su sake – ¿A dónde quieres llegar, Nodoka?
Una vez más, mi señora le ignoró completamente y se giró para encarar ahora a su hijo que se notaba igual de incomodo que su padre.
- ¿Y tu hijo? ¿Estas conforme?
Ranma miró a su madre con los ojos abiertos de par en par y comenzó a buscar con la mirada alguna vía de escape, algo que le ayudara a evadir aquella pregunta pero no encontró nada, solo encontró las miradas expectantes de todos.
Sus ojos azules se encontraron con los míos y pude ver como su nervosismo aumentaba. Sonrojado hasta las orejas bajó la mirada al suelo y negó – No, no madre, no estoy conforme.
- Ya hemos hablado de esto, Nodoka – dijo con gesto enfadado Genma – el deber de Ranma es casarse con Shampoo y traer un heredero.
- Pero Shampoo no puede darle herederos, al menos no por ahora.
- ¡Eso no ser importante! – Dijo Shampoo enfadada – ¡Shampoo visitar medico en Edo, decirle que cuerpo de Shampoo ser normal!
- ¿Entonces porque aún no has sangrado? – Peguntó de manera hiriente mi señora fulminando a la china con la mirada – Tienes catorce años, a tu edad las chicas ya son capaces de traer hijos al mundo, pero tú no ¿es eso normal?
- Medico decirle a Shampoo que todo estar normal, que simplemente cada mujer tener sus tiempos, el recetarme un té para acelerar el desarrollo de Shampoo.
- Pero no es seguro – contestó mi señora con seriedad – Pueden pasar años, o no suceder nunca ¿verdad?
- Shampoo casarse con Ranma y cuando ella pueda, darle hijos fuertes, dignos herederos de la dinastía Saotome. Ese ser destino de Shampoo desde que nació.
Nodoka-sama me miró entonces y no pude evitar ponerme nerviosa, fuera lo que fuera lo que estuviera planeando mi señora, en medio me encontraba yo, como siempre – Akane, dime, ¿te gustaría ser la futura señora de esta casa?
- ¿¡Que estás diciendo Nodoka!? – gritó el señor Saotome poniéndose en pie.
- No estoy hablando contigo – dijo furiosa Nodoka-sama.
- No voy a permitir que una andrajosa de pueblo sea la heredera de esta casa, Ranma esta prometido con Shampoo desde que es pequeño y así es como debe ser.
- Según tú, este compromiso es beneficioso porque lo que necesitamos es un heredero ¿no? – la mirada desafiante de mi señora descolocó a Genma Saotome haciéndole trastabillar. Sabía que mi señora estaba ganando esta batalla, Nodoka-sama y yo sabíamos la verdad detrás de la historia de Shampoo, de Mousse y de Ukyo. Era una historia que a Genma Saotome no le convenía que se supiera, ni siquiera sus propios hijos por lo que bufó y se mantuvo callado.
Nodoka-sama me miró de reojo y yo bajé la vista de nuevo. Tanto ella como yo sabíamos que el compromiso de Ranma y Shampoo no era un compromiso de honor, sino que el trato hecho con los padres de la china beneficiaba al hombre panda y solo al hombre panda, pero mi señora había planeado muy bien como romper con aquella farsa. El hecho de que Shampoo no sangrara le había abierto las puertas de la libertad de su hijo de par en par. Para sus conocidos, Shampoo era una pobre huérfana adoptada por la familia y comprometida con el heredero Saotome para darle una dinastía digna de los Saotome. Lo que no se sabía en realidad es que Genma era un cerdo embustero que vivía al margen de la legalidad con sus viajes secretos a china y que Shampoo y su hijo eran una moneda de cambio para poder tener suministros ilimitados venidos de china que poder vender en el mercado negro y hacerse de oro.
Si la verdad salía a la luz podría ser la ruina de Genma Saotome por lo que mi señora le tenía agarrado muy bien por donde más le dolía. Genma Saotome bebió directamente de la botella de sake y se encaró con su hijo.
- ¿Quieres casarte con Shampoo?
Ranma no le miró – Te he dicho mil veces que no, padre.
Shampoo soltó un sollozo lastimero y no pude evitar sentir compasión por ella, a pesar de su maldad, no era más que una niña pequeña asustada y enredada en una telaraña de mentiras. Dudaba seriamente que supiera sus orígenes y que en realidad Genma no tenía interés que se casara con su hijo para darle herederos porque la considerara parte de su familia, sino por su propio interés.
Sentí lástima porque a pesar de su altanería y soberbia, Shampoo era una chiquilla asustada que estaba muy sola igual que yo.
Genma inhaló aire de manera escandalosa y me miró como si fuera peor que una cucaracha – tú, ¿estas conforme con casarte con mi hijo?
- Señor Saotome, no poder hacerle esto a Shampoo – sollozaba la china – ella no merecerse ser heredera de los Saotome, ser una pueblerina sin decencia ni modales. Shampoo lleva preparándose para esto toda su vida y ella…
- ¡Ella puede darle hijos! – Gritó Nodoka haciendo que Shampoo pegara un bote – Esta mal que lo diga, pero tu misión toda tu vida ha sido prepararte para casarte y parir a los herederos de mi hijo, y lastimosamente para ti, por ahora no puedes. No voy a permitir que mi hijo se case contigo y la estirpe Saotome acabe en él.
- Pero…. Shampoo…
Nodoka alzó la mano para callarla – Este es mi ofrecimiento Genma. Tú apuestas por un matrimonio entre Ranma y Shampoo, yo por uno entre mi hijo y Akane, aun no es seguro que Shampoo no pueda tener hijos pero todo apunta a que algo no anda bien con ella.
- Eso es cruel señora – dijo Mousse saliendo en defensa de la china.
- Lo es, lo admito, pero créeme Mousse que haré todo lo posible por librar a mi hijo de un matrimonio que no desea.
- Entonces, que propones Nodoka – los ojos de Genma no mostraban un ápice de sentimientos más allá del odio.
- Este es el trato. Si Shampoo no sangra antes de los dieciséis, el compromiso con Ranma será anulado.
- ¿Y si Shampoo sangrar? – preguntó entre sollozos.
- Si como dice el médico, es porque tu cuerpo va más lento de lo normal, tu compromiso seguirá en pie y yo no haré nada por cambiarlo, pero será mi hijo quien decida con quien se casa.
La sala se quedó en silencio, las miradas iban cruzándose unas con otras hasta que Genma habló – A ver si me ha quedado claro, si Shampoo no sangra antes de los dieciséis el compromiso queda disuelto – Nodoka-sama asintió – pero en caso de que sangre será Ranma quien decida si se casa con ella o no ¿es así?
- No pido más – contestó serena mi señora.
- ¡Eso no es justo! ¡Ranma ha dejado claro en más de una ocasión su deseo de casarse con esa! – dijo con asco apuntándome el señor panda – pase lo que pase acabaras ganando tú la partida y no estoy dispuesto.
- Como tú siempre dices Genma, la vida no es justa.
El hombre panda gruñó y se levantó echo una fiera mientras gritaba – ¡Sera como quieras! ¡Si es lo que quieres que así sea!
- Pero señor Saotome…
- ¡Cállate! – le gritó Genma a Shampoo antes de desaparecer por la puerta. La china comenzó a sollozar y para sorpresa de todos tomó su plato de dangos y lo tiró en mi dirección. Gracias a Kami, estaba atenta y pude esquivarlo.
- ¡Shampoo! – gritó regañándola mi señora.
- ¿Es que estás loca? – pregunté aun asombrada por el movimiento de la china.
- ¡Callarte! ¡Solo traer desgracias a Shampoo! ¡Haberme arruinado la vida!
- ¡Yo no he hecho nada, no pedí nada de esto!
- ¡Mentirosa!
- ¡Ya basta Shampoo! – Gritó mi señora poniéndose en pie – Lo siento por ti, sé que esto debe ser duro, pero primero que tu felicidad va la de mi hijo y si tengo que dar un golpe tan bajo como este para que sea feliz créeme que lo haré.
- Shampoo solo quiere a Ranma, llevar toda la vida intentando contentarla, pero Nodoka-sama nunca darle una oportunidad a Shampoo.
Ese comentario que intentó ser hiriente a la par que chantajeante no movió ni un ápice la conciencia de mi señora que volvió a construir a su alrededor ese muro de frialdad e indiferencia – Creo que deberías ir a tu cuarto y relajarte Shampoo.
La china se levantó furiosa y secando sus lágrimas con fuerza dijo – esto no quedarse así, Shampoo sangrar algún día y casarse con Ranma, y no por obligación, Shampoo poder enamorar a Ranma antes que Akane, porque yo ser mujer de verdad, ella solo ser pordiosera sin gracia ni belleza – me miró de una manera que me heló la sangre, por primera vez me sentí incomoda con la mirada de la china, estoy segura de que si hubiera tenido un cuchillo a mano me lo habría clavado en la garganta – Akane no ganar a Shampoo, ella siempre estar bajo mi zapato, y ahí se va a quedar.
Y con paso digno salió de la sala dejándonos a los presentes helados por la velada amenaza. No voy a negar que me incomodo de sobremanera, miedo no tenía pero si temía las posibles represalias de Shampoo pues sabía que la mejor manera de dañarme era a través de las personas que más quería. No temía por lo que me hiciera a mí, sino por lo que le pudiera hacer a mis amigos.
La sala se quedó en silencio hasta que Ryoga carraspeo levemente y dijo – Bueno, se ha quedado buena noche ¿verdad? – mi señora lanzó una mirada férrea a mi amigo que le hizo encogerse – tal vez no…
Después de esa extraña cena me encerré a mi cuarto a pensar en todo lo que acababa de pasar. En como mi señora me había utilizado una vez más en sus propósitos. Empezaba a plantearme si me amaba como a un miembro de su familia o para ella solo era un arma que poder usar cuando le interesaba.
Me tapé hasta arriba en el futón y me hice un ovillo, no sabía que pensar. Siempre acababa enredada en problemas, problemas que no buscaba y en los que me metían los demás. No tenía nada claro que había pasado hoy ¿estoy comprometida con el señor de la casa? ¿Soy un billete de cambio? ¿Mi señora me había encomendado la misión de ser la esposa de su hijo sin consultarme?
Mi cabeza dolía y estaba terriblemente agotada. Me preguntaba qué pensaría Ranma de todo lo que acababa de pasar pero sobretodo esa noche pensé en Mousse. Seguro que estaba sufriendo por el dolor de la china y temía que me culpara de ellos.
Solté un bostezo y cerré los ojos. Mañana lo descubriría.
Aclaraciones:
Dango: Dulce tradicional japonés elaborado con mochiko (harina de arroz), y derivado por lo tanto del mochi (pastel de arroz glutinoso). Se sirve a menudo con té verde.
Sukiyaki: es un plato japonés dentro del estilo nabemono (cocina al vapor japonesa). Este consiste en carne (normalmente trozos muy finos de ternera) o en la versión vegetariana hecha de tofu, cocido a fuego lento o hervido en la mesa, junto con vegetales y otros ingredientes, en una olla poco profunda en una mezcla de salsa de soja, azúcar y mirin. Antes de comerlo, los ingredientes se meten en un cuenco pequeño con huevo crudo batido.
Hakama: es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) cuya función principal era proteger las piernas, por lo que originalmente se confeccionaba con telas gruesas y con algún diseño patrón. Posteriormente se convirtió en un símbolo de estatus o posición, algo que permitía distinguir rápidamente a un samurái, y evolucionó hacia una confección de tela más fina y de color liso oscuro (negro, azul índigo, gris). Era tradicionalmente llevado por los nobles japoneses de épocas anteriores, especialmente los samuráis y tomó su forma actual durante el periodo Edo en donde tanto hombres como mujeres podían llevar la hakama. También existía otra que era falda tubular (sin piernas); y una tercera que era una versión más larga de la segunda usada por los sirvientes o las visitas del shogun (o algún otro personaje importante). El exceso de tela era doblado y se colocaba entre las piernas para evitar que pudiera esconder un arma, y en caso de atacar entorpecer su huida.
Actualmente sólo se usa un tipo de hakama llamado joba hakama, mayormente usada como parte del kimono para ocasiones especiales. También por los practicantes de iaidō, kendō, aikidō, aunque lo reservan para aquellos de mayor graduación (Yudansha), y la visten diferente: en el iaidō y el kendō el nudo queda en la espalda, mientras que en el aikidō se deja al frente (por cuestiones de practicidad, para realizar las caídas hacia atrás).
Kanji: Son los sinogramas utilizados en la escritura del idioma japonés. Debido a la proximidad de Japón con China, cuando los japoneses quisieron empezar a escribir, la influencia china era tan fuerte en la cultura japonesa que simplemente importó muchos conocimientos, entre ellos la escritura. Los kanji son uno de los tres sistemas de escritura japoneses junto con los silabarios hiragana y katakana, para los que existen reglas generales a la hora de combinarlos, pues cada uno tiene una función diferente. Los kanji se usan en su mayoría para expresar conceptos, a diferencia del chino, donde pueden emplearse también en su carácter fonético. Asimismo existen combinaciones de kanjis que no obedecen a su significado original y que solo se toman por su valor fonético. A estas combinaciones se les denomina «ateji».
A cada kanji le corresponde un significado y se usa como determinante de la raíz de la palabra; las derivaciones, conjugaciones y accidentes se expresan mediante el kana (sobre todo hiragana), que en dicho caso se denomina okurigana. De esta forma, conviven tanto el sistema de escritura autóctono (pero sacado de la misma escritura Han) y el sistema importado (es decir, los Kanji).
Periodo Heian: es el último periodo de la época clásica de la historia japonesa, entre los años 794 a 1185, en el que la capital era Kioto. Es el periodo de la historia japonesa en que el Confucianismo y otras influencias alcanzaron su punto máximo. El periodo Heian se considera también la cumbre de la corte imperial japonesa y es destacado por su arte, en especial la poesía y la literatura. Heian significa "paz y tranquilidad" en japonés.
Arigatou: Gracias
