¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Escribir este capítulo me ha llevado al borde de la desesperación, escribía, borraba, volvía a escribir y volvía a borrar pues no acababa de convencerme. Al final quedé satisfecha con este desenlace. Hoy nos despedimos de un personaje que gusta mucho, pero no por es un adiós, es un hasta luego. Este capítulo ha sido difícil de escribir pero espero que os guste.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.

Sin mas os dejo leer.


A la mañana siguiente me desperté con el canto de los pájaros. Arrugue el entrecejo y me acurruqué entre las mantas de mi futón. No quería salir de la cama, estaba agotada pero sabía que debía hacerlo.

Abrí levemente los ojos pero la luz del día me cegó obligándome a cerrarlos nuevamente. Bostecé estirándome como un gato desperezándose para luego suspirar y abrir los ojos. Miré a mi alrededor, mis compañeras ya estaban despiertas ya que no se encontraban en la habitación, ni ellas, ni sus futones.

Me senté perezosamente volviendo a estirarme de nuevo. Ese día no tenía nada de especial, era otro día aburrido más, o eso pensaba hasta que recordé la situación en la que me encontraba. Mi señora me había puesto en el punto de mira del hombre panda y de Shampoo proponiéndome como una posible esposa para su hijo.

Debía aclarar aquello y rápido antes de que aquella bola se hiciera más grande y ya no hubiera marcha atrás. Me vestí rápida con lo primero que encontré a mano, recogí mi pelo en mi coleta baja de siempre y salí a buscar a mi señora. No la encontré en su cuarto, tampoco en la sala y tampoco en el jardín.

Era extraño, mi señora solía estar a esas horas en casa, haciendo sus quehaceres o preparando las clases que nos daría ¿tal vez se había ido a Edo? Creía recordar que me había dicho que tenía varios contratos con el viejo de Ryugenzawa, a lo mejor tenía una reunión de señoras allí. Salí corriendo hacia la cocina a buscar a Momo-chan, ella seguro que sabría dónde estaba mi señora.

Al entrar en la casa me choqué con un cuerpo menudo y ambos caímos para atrás. Abrí los ojos sobándome el trasero y vi frente a mí a Shampoo mirándome como si quisiera morderme.

- ¿Es que chica violenta estar ciega?

- Perdona, iba con prisa – recibí un bufido como respuesta mientras se ponía en pie – ¿A dónde vas tan arreglada? – pregunté curiosa. Llevaba un Kimono rosa y verde con toques dorados bastante bonito, resaltaba con su larga melena y su pálida piel. Aunque lo odiara debía admitirlo, Shampoo era hermosa.

- No te importar – dijo empujándome para colocarse sus geta – pero si tanto interesarte, ir a Edo a ver a señora Ryugenzawa, ella darle buenos consejos a Shampoo, ser buenas amigas – me dijo con tono venenoso – estar planeando que la boda de Shampoo y prometido será allí.

Rodé los ojos con aburrimiento – pues que te lo pases bien – me sonrió ladeadamente y atusándose el largo pelo salió de la casa erguida y contoneando las caderas como si fuera una gata en celo.

Me giré para buscar a Momo-chan, ahora sí que estaba confundida. Si Shampoo había quedado con la madrastra de Shinnosuke en la casa del té, dudaba mucho que mi señora estuviera allí.

Entré en la cocina y vi a Momoha ayudando a Yuri a pelar unas zanahorias – Momo-chan, te estaba buscando.

- Dime ¿ocurre algo? – preguntó frenando un momento su tarea.

- Estoy buscando a Nodoka-sama, no está en la casa ¿Sabes dónde está?

Momo-chan enarcó una ceja y negó con la cabeza – Que yo sepa está en la casa, el único carro que se ha pedido es para Shampoo… que extraño…

- Está en el dojo – dijo la voz de la no tan pequeña Nara. La niña había crecido un poco pero seguía siendo tan adorable como siempre – lleva ahí toda la mañana.

- ¿En el dojo? – mi amiga y yo nos miramos con curiosidad.

- Hai, el señor Saotome se ha llevado a los chicos a entrenar al bosque, por lo que mi señora ha ido al dojo.

Me quedé un momento pensativa para luego girarme a la pequeña y agradecerle su ayuda. Nara sonrió ampliamente mostrándome una fila de dientes caídos que me hizo bastante gracia y salí de la cocina en dirección al dojo.

Una vez llegué a la puerta me quedé en el umbral un segundo con los ojos abiertos de par en par. Allí, en frente de mí, sentada en el suelo de madera, Nodoka-sama limpiaba una enorme katana con un cuidado que rozaba lo exagerado. Me impactó verla tan concentrada limpiando la filosa arma con tanto cariño, era como una intrusa viendo un ritual religioso, casi una profanación.

Decidí dar la vuelta por donde había venido y dejar la conversación para más tarde pero la voz de mi señora me hizo frenar en seco – Akane, ¿vas a quedarte todo el día ahí o vas a entrar?

Me sonrojé de pies a cabeza y avancé tímidamente – perdóneme, señora.

- ¿Pasa algo? – preguntó sin parar de pasar el trapo con delicadeza por la zona no cortante de la espada.

- Solo quería hablarle de algo importante, pero si está ocupada…

- Si es algo importante, entonces no puede esperar – me hizo un gesto con la cabeza para que me arrodillara frente a ella y así lo hice. Durante los siguientes segundos observó meticulosamente cada parte de la katana, desde el mango, hasta la punta final, era fascinante verla sopesándola en sus manos, como si fuera una balanza. Estaba hipnotizada con todo aquello, verla trabajar con tanto amor aquel objeto, la forma en la que lo examinaba, la forma en la que la guardo en su funda y la colocó en el suelo… todo aquello para mí era una obra de arte.

- Bien – dijo una vez finalizó su tarea – ¿Qué es eso que quieres hablar?

Retorcí mis manos de manera nerviosa notando mi valor escaparse de mi cuerpo y largarse muy lejos de allí. Quizás si le pedía explicaciones mi señora se enfadaba, tal vez no le sentara bien que una simple criada le lleve la contraria… pero ya me había demostrado muchas veces que me apreciaba… no sabía muy bien que hacer, si seguir con mi planes y pedir una explicación o inventarme una excusa y salir corriendo.

- Akane, habla de una vez – dijo en tono serio.

Suspiré para darme valor y la miré fijamente a los ojos – Señora, creo que ayer me comprometió en algo que no estoy preparada para…

- ¿Hablas del ultimátum a Genma? – me cortó.

Asiento con la cabeza intentando no temblar por el tono de su voz – señora, entiendo que quiera liberar a su hijo de un matrimonio sin amor, pero no puede sacarle de un matrimonio forzoso para meterle en otro conmigo.

- No es lo mismo – me contestó – él te aprecia.

- Sí, pero no me ama – dije seria mirándola a los ojos. Noté como trastabillaba un momento y apartaba los ojos de mí. Me quedé un poco sorprendida al darme cuenta de que acababa de ganar en una batalla visual a Nodoka Saotome.

- Eso se consigue con el tiempo querida.

- Señora, yo no me opondré a lo que usted decida pero dese cuenta de que no ha liberado a su hijo de nada, solamente le ha dado una nueva opción. O casarse con Shampoo sin amor o casarse conmigo en iguales condiciones.

Mi señora se quedó callada un momento, desde mi sitio podía escuchar a su cerebro pensar y repensar algún argumento con el que rebatirme y arrinconarme, pero cuando frunció el entrecejo sonreí levemente. Acababa de ganar otra batalla.

- Akane, ¿esto lo haces por el o por ti? – me preguntó de malas formas.

Fruncí el ceño y noté como me empezaba a enfadar ¿Qué insinuaba? ¿Qué era una egoísta? ¿Qué estaba pensando solo en mí? Yo, que le había mostrado mi fidelidad, respeto y obediencia siempre. Me llamaba egoísta a mí, que cumplía todos y cada uno de sus deseos sin pensar si yo estaría de acuerdo o no, ¡me llamaba egoísta a mí! ¡Que casi me pierdo a mí misma por ayudarla a ella! Porque por mucho que Nodoka-sama se empeñara en decir que prepararme y entrenarme fue una misión para poder vengarme yo, en el fondo de mi corazón sabía que su principal propósito era engatusar al heredero Ryugenzawa para ponerle a nuestro favor. ¿Es que eso no contaba? ¿Mis años de fiel servicio, no valían para nada?

- No se atreva a insinuar que lo hago por mí misma señora, que bien sabe que daría mi vida por usted.

- Pero no quieres ayudar a mi hijo – me contestó seria, también enfadándose.

Apreté los puños y me mordí la lengua, conteniendo las ganas de decirle cuatro cosas bien dichas, pero mi honor me lo prohibió, además no debes morder la mano que te da de comer. Pero aun así no iba a permitir que me tachara de egoísta.

- No señora, a este precio no.

- ¡Yo lo he dado todo por ti!

- ¡Y yo por usted! – le grité asombrándola, tanto a ella como a mí misma – He hecho cada uno de sus deseos sin protestar, me convertí en una princesa de cuento solo porque usted obtuviera el favor de los Ryugenzawa, aprendí tonterías que son inútiles como arreglos florales solo porque usted me lo dijo, me alejé de mis compañeros porque ese era su deseo y no se lo estoy reprochando, se lo agradezco de corazón porque si no llega a ser por usted y su bondad ahora mismo estaría en la calle siendo una prostituta o peor aún, muerta.

Nodoka-sama me miraba seria pero en sus ojos se asomaba el brillo de la sorpresa, jamás le había alzado la voz, prefería primero arrancarme la lengua, pero ese día, sus palabras me dolieron de verdad y no pude callarme todo lo que pensaba. Como decía madre, era una bocazas impulsiva.

- No le hecho en cara nada señora, pero le pido que recapacite, ninguno ganará nada, ni yo, ni usted ni mucho menos su hijo. Le librará de Shampoo, si, perfecto, pero le obligará a casarse conmigo, sin que él tampoco pueda elegir ¿y si en el futuro se enamora? ¿O si decide que no quiere casarse? ¿Le va a obligar? ¿Le llevara a rastras al altar obligándole a unirse a mí de por vida? ¿Para qué? ¿Para librarse de Shampoo y vencer ante su marido? No señora, no es la solución, usted no está liberando a Ranma de una boda que no desea usted lo está haciendo por usted misma y por orgullo.

- ¡Cállate! – me gritó. Pegué un bote en el sitio asustado recordando que mi señora tenía a mano una filosa y recién afilada katana con la que podría rebanarme el cuello si así lo deseaba – Calla…

Esto último lo dijo en un susurro apenas audible. Me estremecí al ver sus hombros temblar ligeramente, no podía ser verdad aquello que mis ojos estaban viendo, era simplemente imposible que Nodoka Saotome estuviera…

Un sollozo entró por mis oídos y me martilleo el cerebro, ante mí la siempre fiera Nodoka Saotome se desmorono en mil pedazos. Comenzó a llorar como nunca antes había visto llorar a nadie. Me quedé congelada sin saber qué hacer, temía que si me acercaba le molestara pero tampoco podía irme como si nada y dejarla sola con su dolor, ella nunca había hecho eso conmigo.

Por eso tras meditarlo unos segundos y dejando a un lado mi nerviosismo me acerqué a ella sigilosamente, poco a poco intentando no asustarla. Cuando estuve a su lado con manos temblorosas la toqué levemente esperando algún tipo de rechazo que jamás llego, solo recibí un sollozo más alto y entonces supe que debía abrazarla. Dejarla llorar en mi regazo como todas las veces que ella me dejo llorar en el suyo. Y lo hizo, lloro y lloro como nunca antes la había visto llorar y como nunca más volví a verla.

Poco rato después su llanto fue calmándose poco a poco para ir convirtiéndose en débiles suspiros. Alzó los ojos y noté su incomodidad, se alejó de mi limpiándose los restos de lágrimas de las mejillas – Disculpa querida.

- No tiene por qué disculparse.

- Yo no soy así – dijo con tono serio.

- Hasta las personas más fuertes necesitan llorar de vez en cuando.

Soltó una débil risa y con una horrible amargura dijo – El problema es que hace años me juré a mí misma no volver a llorar por culpa de Genma Saotome.

- No lloró por él, lo hizo por su hijo.

El mencionar a Ranma la hizo estremecer y temí que volviera a llorar, si es que madre tenía razón soy una bocazas – mi niño… mi pequeño.

- Señora, él está bien.

- No, tienes razón, no soy mejor que Genma, por su culpa me he convertido en un monstruo.

- ¡Usted no es un monstruo! – Dije furiosa – es una buena mujer que vela por la felicidad de su hijo.

- Sí, pero… como bien dices le he vuelto a atar a algo que no desea, ni tu ni el… te he involucrado en algo que no tenía que ver contigo.

Me encogí de hombros restándole importancia, en realidad a mis ojos la situación no era tan difícil de solucionar – Señora, es simple, dígale al joven señor que no tiene que preocuparse por elegir.

- Pero…

- Es muy sencillo – la corté – Shampoo solo se casará con el sí sangra, algo que no creemos que suceda nunca, si no sangra el tendrá que elegir entre ella y yo, no hay problema entonces, cuando eso ocurra y él pueda elegir, el compromiso con Shampoo quedará roto y luego más adelante el podrá hacer lo que quiera con su vida porque nuestro compromiso será una farsa.

- ¿Qué intensas decirme? – preguntó curiosa.

- ¿No lo ve? Todo es muy sencillo, cuando tenga que elegir, que me elija, yo no me opondré, pero cuando llegue el momento y el conozca a la verdadera mujer con la que desea casarse puede romper el compromiso y elegir a cualquier otra, porque ya será un hombre libre.

Era muy simple, matemática pura a mi parecer. Es cierto que no todo es tan simple y que saldrían miles de problemas en el camino pero en mi cabeza adolescente, todo tenía sentido. Incluso me veía preparada para soportar el mazazo emocional que sería el rechazo de Ranma cuando se enamorara de alguien más.

- ¿Y si él se enamora de ti? Le partirás el corazón.

- No creo que eso ocurra nunca, señora. Recuérdelo, yo para el soy una marimacho y yo sé muy bien cuál es mi lugar.

- ¿Y si cuando rompa el compromiso la gente te señala? ¿Podrás aguantar los rumores y cuchicheos?

Volví a encogerme de hombros – Nunca me ha importado mucho el que dirán, señora.

La vi sonreír levemente mientras negaba con la cabeza – Eres de lo que no hay, vales tu peso en oro…

- No es para tanto, señora – me estaba metiendo en un lio enorme, lo intuía pero el haber visto a mi señora llorar me había descolocado terriblemente – Simplemente debemos planear bien las cosas, sin que Shampoo o el señor se enteren.

- Un secreto de tres – dijo con una sonrisa.

- Así es – contesté – Puede hablar con el joven señor y explicarle la situación, que no está obligado realmente a elegirme, que solo será un teatro en el que debemos participar hasta deshacernos de Shampoo y quitarnos de encima al señor panda.

Mi señora meditó un momento mis palabras – No me lo puedo creer, vencida por una muchacha de catorce años – sonreía de oreja a oreja notando mi pecho inflarse de orgullo – ¿Cuándo dejaste de ser una niña y te convertiste en toda una mujer?

- Aprendí de la mejor, mi señora – Nodoka-sama bajó la mirada con una sonrisa similar a la mía. Giró su rostro hacia la katana que descansaba en el suelo y la acarició con cariño.

- Akane, lo que has visto antes de entrar… te lo explicaré otro día.

Me frustró un poco pues si mi señora había sacado el tema de la espada, es que tras de ella había algo gordo, una historia apasionante de guerreros, eso seguro, pero por lo visto me tocaría esperar para conocer esa historia un poco mejor – Cuando usted así lo desee, señora.

Y allí quedó el tema zanjado.


Pasaron los días y las semanas y el hogar Saotome volvió a la normalidad. Era como si una enorme tormenta hubiera caído sobre nosotros llevándose con ella todo lo malo y dejando tras de sí una calma que todos los que allí vivíamos agradecimos.

Nuestras vidas se volvieron monótonas, Ranma me había comentado que su madre le había contado el plan para su futuro y estaba conforme, después de eso mi relación con el joven señor mejoró, parecía que ese pequeño secreto nos había unido mas, las clases con mi señora eran tranquilas, nadie se metía con nadie, ni siquiera Shampoo que ahora pasaba mucho tiempo junto a la señora Ryugenzawa.

Las clases del dojo nunca fueron tranquilas pero no me importaba, ningún insulto me iba a hacer renunciar a las artes marciales. Mis amigos y yo éramos inseparables, tanto los criados como los señores, con Momo-chan y con Sasuke pasaba tardes enteras ayudándoles con el trabajo y divirtiéndonos a nuestra manera.

Con los señores era diferente, con ellos entrenaba y charlaba e incluso una vez habíamos ido todos juntos a Edo, con Sayuri como carabina claro, mi señora no iba a permitir que se me viera sola en compañía de tres jovencitos. Ese día me encontraba en el jardín con Ryoga-kun, Mousse y Ranma. Hablábamos sobre las clases del hombre panda, para ellos todo era muy aburrido, porque cada lección que daba estaba más que aprendida, a mí en cambio me frustraba que apenas me pusiera atención por lo que sentía que no avanzaba nada.

- El viejo se está haciendo lento – protestaba Ranma jugando con un palo como si fuera una katana.

- Y repetitivo – secundó Ryoga que estaba sentado a los pies del banco.

Solté una risita – Bueno, al menos a vosotros os presta atención, para el soy menos importante que una piedra de jardín.

- Bueno, al menos eres buena – me dijo Mousse sentado a mi lado – los chicos son unos lentos.

- Y se atreven a llamarte torpe a ti – Mousse soltó un bufido, era cierto que de los tres señores Mousse era un poco más torpe que los demás pero nada grave, de vez en cuando se tropezaba pero no quitaba el hecho de que fuera un gran artista marcial.

- Son unos envidiosas – dijo Ryoga que comenzó a arrancar un poco de pasto – Pero bueno, es lo que debemos aguantar, al menos hasta que nos vayamos al servicio del emperador.

- Aun os quedan un par de años – dije yo preocupada. No me gustaba que los chicos tuvieran que partir en un par de años al servicio del emperador, no era algo obligatorio pero para ellos tres si ya que tanto el padre de Ryoga-kun como el señor panda eran fieles a él.

- Yo me muero de ganas – dijo Ranma con emoción en su voz – Sentirme un guerrero de verdad.

- Simplemente iremos a la corte a entrenar allí – hablo Mousse – no es como si fuéramos a entrar a pelear a batallas reales.

- Bueno, pero padre dice que si seguimos con este malestar social en menos de cuatro años acabaremos en una guerra civil y ojala sea así.

Me levanté del banco furiosa y apreté los puños haciendo a Ranma mirarme asustado – ¿¡es que eres idiota!? No digas eso ni en broma.

- Akane…

- Las guerras no son buenas – le corté furiosa – solo traen desgracia y pobreza y sobretodo muerte…

Ranma bajó la vista avergonzado dándose cuenta de que tenía razón – lo siento, no lo volveré a decir más.

- Akane tiene razón – dijo Ryoga con tono preocupado – es cierto que sería emocionante entrar en batalla pero, una guerra no es buena, podríamos incluso morir.

- Dejaos de guerras y tonterías – repliqué furiosa – con un poco de suerte los ánimos acabaran templándose y esta inestabilidad quedará en una tontería, ¡pero por nada del mundo deseéis una guerra en la que deberéis participar, idiotas!

- ¿Por qué me insultas? – Preguntó Mousse ofendido – yo no he dicho nada.

- Para cuando lo digas – me senté de nuevo en el banco pensativa. Desde hacía un tiempo en diferentes ciudades del país los partidarios del shogun y los fieles al emperador tenían varios enfrentamientos, pero nada de enjundia, peleas callejeras sin importancia. Aun así, mucha gente decía que tarde o temprano esa bola de inconformidad se haría mayor y acabaría en una guerra civil. Kami quisiera que todos aquellos que decían eso se equivocaran. Lastimosamente, no lo hicieron.

- Akane, Akane – gritaba Sasuke mientras corría hacia mí con un papel en la mano y un ramo en otra – Carta… carta para Akane – decía mi pobre amigo intentando recuperar el aliento una vez llegó a nuestro lado.

- ¿Para qué corres? – pregunté preocupada cediéndole mi sitio para que descansara.

- Era urgente – dijo mi amigo entre largas inspiraciones de aire – es para ti – dijo extendiendo un bonito ramo de orquídeas rosas.

Me sonrojé de arriba abajo, no sabía de quien eran pero eran unas flores preciosas que sin duda cuidaría con cariño. La orquídea era una flor majestuosa, preciosa y tremendamente delicada, le debería pedir ayuda a mi señora para cuidarla.

- ¿Y quién te envía semejante regalo? – la voz de mi joven señor tenía un tonito áspero que me sorprendió.

- Parece que este celoso – dijo Ryoga con una sonrisa. Ranma frunció el ceño y le dio un golpe en la cabeza con el puño – ¡¿Qué te pasa?!

- No digas estupideces…

Rodé los ojos al verlos pelear, de verdad que esos dos eran como niños pequeños, ni el hecho de que les empezara a salir barba les hacía dejar de comportarse como niños.

- ¿Y bien Akane? ¿No quieres saber quién te declara su amor tan abierta y fervientemente?

Miré a Mousse con los ojos abiertos de par en par, no por el hecho de que me dijera que alguien se me declaraba con el obsequio, sino porque en su voz noté el mismo toque de enfado que en Ranma, ¿Qué les pasaba a esos dos? Ni lo sabía ni me iba a dar dolores de cabeza intentando descubrirlo. Me encogí de hombros y abrí la carta. Comencé a leer las líneas y mis mejillas se colorearon de un intenso rojo. Notaba un calorcito recorrerme el cuerpo y por lo visto eso solo intensifico la curiosidad de mis amigos.

En un visto y no visto Ranma me arrebató la carta de las manos – Veamos quien te envía esta tontería de regalo.

- ¡Devuélvemela Ranma! – protesté intentando quitarle la carta.

- Ni lo sueñes – contestó con burla poniendo su gran mano en mi cabeza para frenarme – veamos que dice.

- No te atrevas a leerla.

- Querida Akane – comenzó a leer con tono burlón.

-¡Ranma!

El joven heredero comenzó a correr alrededor del banco leyendo la carta en voz alta. Le perseguí intentando golpearle, pero el solo me esquivaba y se alejaba – Te escribo para recordarte que mi amor por ti sigue intacto, espero que no te olvidaras de la promesa que me hiciste y aceptes mi presente que tan humildemente te envió.

- Ranma cállate.

Pero no se calló, siguió leyendo la carta con un tono burlón que me dio ganas de romperle cada uno de los huesos de su cuerpo – Cuando recuerdo tu cara, tu cuerpo, mi alma se calienta y mi corazón se acelera – con esa frase frene en seco y volví a sonrojarme hasta el alma, pero no solo yo frene en seco, Ranma también. Su tono burlón desapareció para convertirse en uno serio.

- Akane, espero que me recuerdes y que tú también sonrías, de la misma forma que yo lo hago cuando te imagino en mi mente ¡que es muy a menudo! – gritó Ranma apretando más la carta entre sus manos, a estas alturas, los bordes estaban totalmente arrugados por la presión ejercida – Te amo, te amo como jamás he amado ni amare a otra mujer, eres mi sol Akane, mi mundo entero, es increíble como mi corazón te eligió en apenas unas horas como la mujer de mi vida, con la que me quiero casar… - vi a Ranma fruncir el ceño – espero que las flores te gusten, no se comparan con tu hermosura, pero con ellas intento expresarte lo que siente mi corazón. Querida Akane, espero con ansia tu respuesta y anhelo verte de nuevo, ver tu sonrisa ilumina mi vida y quiero dejar claro que esperare lo que haga falta. Siempre tuyo, Shinnosuke.

Ranma escupió con asco el nombre del muchacho de la casa de té. Me miró con ojos férreos, los mismos que ponía su madre cuando algo no le agradaba y sentí la estúpida necesidad de correr, pero, ¿correr de qué? Yo no había hecho nada malo, y Shinnosuke tampoco.

- Hermosas palabras – dijo Mousse sin demostrar ningún sentimiento.

- Basura – dijo Ranma arrugando la carta entre sus manos.

- ¿Pero qué haces? ¿Estás loco? – Dije intentando quitarle de nuevo la carta – No puedes hacer eso con mi carta.

- ¿Es que vas a guardarla? ¿No me digas que te gustaron sus estupideces?

Baje la vista avergonzada. No es que me hubiera agradado, no podía negar que algo dentro de mí se sentía bien al saber que un hombre inteligente y apuesto como Shinnosuke estaba interesado en mí, pero Ranma no tenía ningún derecho de romper mis cosas.

- No tengo interés en Shinnosuke-kun, pero es mi carta ¡yo no rompo tus cosas!

- A mí no me regalan estas tonterías.

- No, a ti te declaran amor eterno a la luz de la luna – dije con burla.

Ranma frunció el ceño un segundo para después cruzarse de brazos – ¿estas celosa?

- ¡Mas quisieras! – grité arrancándole la carta de las manos. Estaba muy enfadada por esa burla ¿Quién se creía que era? ¿Yo? ¿Celosa del? En sus sueños. Mousse y Sasuke me miraron con miedo y se alejaron levemente cuando me acerque a recoger las flores.

Con gesto digno pasé al lado del joven señor y dije – Me alegro de que en el mundo aun queden caballeros que en vez de molestar a las jovencitas, regalen hermosas flores.

Le vi abrir la boca pero nada salió de ella, dando un último bufido los dejé plantados. Caminé con paso furioso por la casa asustando a la pequeña Nara que pasaba cargada con una enorme bolsa de verduras. Anduve por el largo pasillo dando golpes secos con mis pies y entré en mi cuarto dejando los regalos en una esquina.

Miré las flores un momento, eran bonitas y por lo que todos decían era una declaración abierta de amor. Suspiré cansada, debía aclarar las cosas con Shinnosuke, no quería que su corazón siguiera albergando esperanzas por algo que no iba a ocurrir jamás. Era un gran chico y cualquiera estaría encantada de recibir su atención y su amor, pero yo no. Debía ir a Edo y aclarar las cosas cuanto antes, lo que menos quería era hacerle sufrir.

El día paso lento y agotador pues Ranma intentaba inútilmente captar mi atención, pero decidí ignorarle completamente, no estaba de humor. Por muy señor que fuera, no tenía derecho a tomar mis cosas y burlarse de mí. Me fui a la cama sin dirigirle la palabra y eso pareció molestarle porque antes de ir a su habitación bufó y me sacó la lengua en señal de burla, como un niño de seis años haciendo un berrinche. Rodé los ojos y me dirigí a mi habitación.

A la mañana siguiente, mientras me desperezaba miré hacia la derecha y abrí los ojos de par en par al ver un enorme ramo de camelias en el suelo, como si alguien hubiera entrado, las hubiera dejado rápidamente y se hubiera ido.

Me sonrojé para luego levantarme y tomar el ramo, eran preciosas y estaban frescas. Olían de maravilla, no pude evitar quedarme embelesada ante tanta belleza. Me fijé que entre las flores había un papel arrugado, con curiosidad lo tomé y leí la nota – Las orquídeas son flores muy feas, si quieres que te regalen flores, solo tenías que decirlo. R.S

Sonreí como una boba y observé las delicadas flores. Cuando quería el heredero Saotome podía ser verdaderamente tierno.


Caminaba por Edo a paso apresurado, a mi espalda Momoha y Sasuke me seguían como podían. Tenía prisa en llegar a la casa del té, tenía que dejarle las cosas claras a Shinnosuke antes de que fuera tarde y le hiciera daño. Caminaba por las abarrotadas calles esquivando a la gente, las callejuelas estaban repletas de comerciantes y grupos de mujeres que salían a pasear y a observar que les ofrecían en las tiendas.

Un grupo de mujeres se abarrotaba a la entrada de un templo donde pude diferenciar a un monje budista dando bendiciones. Escuchaba las quejas de mis amigos a mi espalda pero no me detuve, caminé por una estrecha calle donde los edificios eran casitas particulares de madera, intentando alejarme del ajetreo de la calle principal.

Giré a mi izquierda y de nuevo más casitas particulares. En algunas había ancianos fumando tabaco en la puerta, en otras mujeres limpiaban la madera de la entrada o tejían cestas en la entrada. Una casa en particular llamo mi atención, una chica estaba rodeada de niños y se le veía agotada, tal vez fuera su hermana mayor. Sonreí recordando a Kasumi, ¿Qué estaría haciendo? ¿Tendría ya muchos hijos? ¿O solo uno? ¿Habría cambiado?

- Akane… - la voz de Momoha me sacó de mis pensamientos. Me había frenado enfrente de aquella casa y algunos niños me miraban con curiosidad, supongo que preguntándose porque una desconocida los observaba con tanto interés.

Moví mi cabeza intentando alejar los pensamientos y recuerdos y miré a mis amigos. Momoha estaba sonrojada y sudada, mientras que el pobre Sasuke estaba agachado con las manos en las rodillas dando grandes bocanadas de aire ¿tanto había acelerado el paso?

- ¿Qué pasa?

- ¿Qué pasa? – Preguntó Momoha – ¿Qué te pasa a ti? Corres como alma que lleva un diablo, dejándonos atrás, haciéndonos correr como animales y luego de repente frenas en seco y te comportas como una loca mirando hacia el interior de una casa.

- Lo siento, no me daba cuenta de que iba tan rápido.

- Parecían una… fle…flecha – dijo Sasuke con dificultad.

- Lo siento, pero es que tengo prisa.

Volví a caminar de nuevo, esta vez un poco más despacio. Escuché a mi amiga bufar – ¿Sabes que la casa de té seguirá ahí y que no se va a mover no?

- Lo sé, pero debo darme prisa, no quiero que el joven Shinnosuke se siga ilusionando.

- Por Kami-sama, Akane, porque tardes cinco minutos mas no va a cambiar nada.

Me giré para mirar a Momo-chan, caminaba con los puños apretados y el entrecejo arrugado, Sasuke en cambio me miraba con preocupación, como si temiera que se me hubiera ido la cabeza.

- Lo siento, tenéis razón – dije aflojando el paso cuando entramos en una calle un poco más ancha y bastante desierta – Pero es que estoy nerviosa.

- Es normal, vas a darle calabazas a un chico – me giré para mirarla de mala manera, no necesitaba que me recordara que iba camino a romperle el corazón a un pobre chico – pero es mejor así Akane.

Sasuke que estaba medio escondido detrás de la espalda de Momo-chan asintió. Suspiré y me giré para retomar el camino, estaba a una calle de la casa del té y no sabía que decirle a Shinnosuke. Estaba nerviosa porque no sabía cómo empezar, no sabía que decirle y lo peor es que no sabía cómo iba a reaccionar el, ¿le daría igual? ¿Se enfadaría? ¿Se pondría triste?

En mi cabeza ensayaba una y otra vez que decirle, cada ciertas frases cambiaba algo, dulcificaba una parte o simplemente obviaba las palabras más duras, pero ningún texto de mi cabeza me convencía, por eso cuando llegué frente a la puerta de la casa de té, alejé todos mis pensamientos y decidí dejar que las palabras fluyeran solas.

Levanté el puño dispuesta a golpear la puerta de madera pero antes de que mi mano impactara en la puerta, esta se abrió para dar paso a un par de ojos azules que me miraban con asombro.

- Querida Akane – frente a mi apareció Shinnosuke. Iba bien vestido por lo que seguramente salía a algún lado.

- Shinnosuke, yo…

- Iba a verte a tu casa – me cortó con una triste sonrisa. Tristeza que se reflejó en sus ojos – tengo noticias.

Alcé una ceja - ¿noticias? ¿Sobre qué?

Shinnosuke bajó su mirada y apretó los puños. Supe que pasaba algo malo, a pesar de no conocerle mucho, Shinnosuke se veía un chico positivo y alegre y en aquel momento se podía observar una nube de tristeza sobre él.

- Te invito a comer unos dangos – me dijo con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

No pude replicarle, asentí lentamente para luego seguirle. Momo-chan y Sasuke me miraron pero no dijeron nada, solo nos siguieron en silencio. Shinnosuke me lanzó una pregunta con la mirada al percatarse de la presencia de mis amigos.

- Nodoka-sama les pidió que me acompañaran.

Asintió sin más. Caminamos entre las calles y me pude dar cuenta de lo popular que era Shinnosuke en Edo. Todos le trataban con cortesía y amabilidad, las chicas lanzaban sonrisitas tontas mientras que las ancianas le trataban como a un nieto y él siempre les devolvía el gesto de manera dulce y educada.

Mientras le seguía y le veía interactuar con la gente pude apreciar un poco mejor al heredero de la casa de té. Era un chico apuesto y muy dulce, era el sueño de cualquier mujer sin duda y no me podía creer que hubiera puesto su mirada sobre mí. Pero no podía, no debía darle esperanzas de algo que no va a pasar jamás, Shinnosuke era un gran chico y merecía ser amado de verdad y conmigo eso nunca iba a ocurrir.

Nos guió a un pequeño puesto de dulces y nos invitó a todos a pesar de la negativa de Momoha.

- Señor por favor, de verdad no podemos aceptarlo.

- Claro que podéis, es más me sentiría muy mal si no lo hicierais – dijo Shinnosuke tendiéndoles de nuevo la bolsa con los dulces.

Momoha y Sasuke se miraron entre ellos, sonreí levemente al ver en los ojillos de Sasuke las ganas de coger el regalo, pero sabía que no haría nada sin que Momo-chan le diera su aprobación. Para alegría de Sasuke, Momo-chan acabó aceptando.

- Se lo agradecemos de corazón seños – mis amigos hicieron una profunda reverencia en agradecimiento – no sabemos cómo pagarle.

- No hace falta, de verdad - Shinnosuke sonrió con dulzura – solo os pido un favor, que me dejéis hablar un momento con Akane a solas.

Mis amigos me miraron, asentí con la cabeza para hacerles entender que todo estaría bien por lo que tras dar otra leve inclinación se alejaron un poco dándonos intimidad pero sin perdernos de vista.

- Tienes muy buenos amigos.

- Lo sé – dije en un susurro observando a Momoha y Sasuke comer felices el dulce a la sombra de un árbol.

Escuché un débil suspiro por lo que me giré para mirarle. Sus ojos estaban tristes, vacíos y se rascaba el cuello nervioso, como si algo rondara en su cabeza y no supiera como expresarlo. No pude evitar preocuparme.

- Shinnosuke, ¿está bien?

Negó lentamente mientras bajaba la mirada – Akane, tengo algo que decirte.

- ¿Qué pasa? – Pregunté asustada – ¿estás bien? ¿Es sobre tu enfermedad? – aunque no quisiera tener una relación con Shinnosuke, no podía evitar sentir un gran cariño por el a pesar de haberle visto una vez en la vida. Shinnosuke era una de esas personas que no tienen maldad, que ven el mundo de una forma positiva y que te alegran si ven que estás mal.

- No, es sobre la casa del té.

- ¡¿No me digas que la mujer de tu padre os ha echado?!

Soltó una risita que me tranquilizó un poco – No, que va, por mucho que quiera hacer eso no puede, el dueño es mi abuelo y aunque sea mi padre y esa mujer quien la regente quien mueve los hilos es mi abuelo, y ha decidido nombrarme a mí su heredero.

- ¿Eso qué significa?

- Que en cuanto cumpla los dieciocho yo seré el dueño legal de la casa de té.

- ¡Eso es fantástico! – Exclamé contenta – ¿era esa la noticia que debías darme? Eso no es motivo de pena.

- No, no era eso – dijo de nuevo con pesar en su voz – Akane, me voy.

- ¿Te vas? ¿Cómo que te vas? ¿A dónde?

- A Kioto, con el emperador.

Abrí mis ojos de par en par – ¿A Kioto? ¿Por qué?

- El otro día, el emperador envió una carta a mi abuelo. Había oído lo importante que era la Casa de té Ryugenzawa en Edo y quería que su maestro del té fuera alguien perteneciente a la familia Ryugenzawa.

- ¿Y te eligió a ti?

- En principio iba a ser mi padre. Si ves la cara de esa mujer cuando llegó la carta, pensó que iba a codearse con la élite de Kioto, lo mejor de lo mejor pero mi abuelo cortó de raíz esas ilusiones. Mi padre y su mujer pusieron el grito en el cielo cuando el abuelo escribió al emperador comunicándoles que yo sería quien fuera a servirle.

- Pero ¿por qué tú? – Pregunté curiosa – sería perfecto para perder de vista a esa mujer para siempre.

- Mi abuelo no lo ve así, él no quiere ni por asomo que esa mujer sea considerada alguien de la familia Ryugenzawa. Para él es una forma de venganza o castigo o como lo quieras llamar – alcé una ceja sin entender su punto – Es muy simple querida Akane. Para ella lo que importa es el poder, era una don nadie que se casó con un hombre rico y ahora vive rodeada de lujos. Si nuestra casa de té aquí en Edo le da para vivir como una noble, imagínate como podría vivir si mi padre fuera el maestro de té del mismísimo emperador ¡se creería la dueña del mundo! A pesar de no ser nadie, se creería mejor que el resto, y por eso mi abuelo no permitió que mi padre fuera a Kioto y me puso a mí en su lugar.

Medité por un momento y entendí el punto del abuelo de Shinnosuke pero había algo que no me quedaba claro – Pero si te vas… ¿Qué pasará con la casa de té? ¡Tú eres el heredero, el dueño!

- El abuelo ha dejado claro que yo seré su heredero, por lo que mientras el viva, mi padre vivirá bajo sus órdenes y cuando el falte bajo las mías. Según el, puedo manejar perfectamente el negocio desde allí y cuando tenga algo de tiempo puedo volver para corroborar que todo esté en orden, me ha prometido que él me ayudará cuanto pueda pero que cuando muera soy libre de hacer lo que quiera con la casa de té – soltó una risa profunda que me hizo sonreír – Si le vieras querida Akane, me dice : Shinnosuke, mientras yo viva te ayudaré pero cuando muera tu estarás al mando, decidirás el futuro de la casa, consérvala o quémala hasta los cimientos, tú decides pues será tuya.

Comenzamos a reírnos ante la mala imitación de Shinnosuke, reímos y reímos hasta que nos dolió la barriga. La gente que pasaba por allí nos miraba como si estuviéramos locos e incluso llamamos la atención de Momo-chan y Shinnosuke que nos miraron en la distancia con curiosidad, pero poco nos importaba, nosotros solo reíamos y reíamos, no se a día de hoy por qué, supongo que era un método de autodefensa, para olvidarnos de la pena.

Cuando se nos pasó la risa tomamos grandes bocanadas de aire y nos limpiamos las lagrimitas que se salieron de nuestros ojos. Después nos quedamos en silencio un momento hasta que hablé nuevamente.

- Bueno, aunque me dé pena que te vaya, supongo que es una oportunidad buenísima para prosperar – dije con ánimo – Te rodearás del emperador y la élite de Kioto, muchos maestros de té se matarían por esa oportunidad Shinnosuke, eres muy afortunado.

Se quedó en silencio mirándome muy serio. Maldije en mi interior temiendo haber dicho algo que le molestara ¿Qué estaría pasando por su cabeza? Esos ojos no demostraban ningún sentimiento más allá de la determinación, la misma determinación con la que me tomó las manos y dijo – si tú me pides que me quede, me quedo.

- ¿Cómo? – Pregunté atónita – ¿de qué hablas Shinnosuke?

- Akane, te lo he dicho varias veces, eres una mujer maravillosa, quizás la mujer más admirable y bella que he visto nunca – comencé a ponerme nerviosa, tanto que mis manos empezaron a temblar y el pareció notarlo por lo que reafirmo un poco su agarre – por eso, si tú me pides que me quede, no me temblara el pulso a la hora de escribirle al emperador y rechazar su oferta, no hay nada más importante para mí que tú, querida Akane.

La boca se me resecó y mis nervios aumentaron. No podía creer lo que escuchaba ¿tan grandes eran los sentimientos de Shinnosuke por mí? Recuerdo que una bola de mal estar se acomodó en la boca de mi estómago y sentí ganas de llorar. Me sentí la peor persona del mundo por estar jugando así con las ilusiones y el corazón de Shinnosuke. Debía acabar con todo aquello rápido, antes de que fuera a peor.

- Shinnosuke yo… lo siento mucho pero no puedo pedirte eso – aprovecharía la noticia para rechazarle de una forma correcta y poco dolorosa. Puede que fuera una solución cobarde pero era lo as efectivo que pude encontrar en el momento.

- Akane, ¿es que acaso quieres que me vaya?

Sentí que intentaba chantajearme emocionalmente, sus ojos me miraban con pena, supongo que no esperaba esa contestación, pero no debía flaquear, era lo mejor para él y su futuro – No es eso, pero Shinnosuke, esta oportunidad es única, no puedes renunciar a ella por mí.

- Por ti renunciaría a todo Akane, si tú quisieras…

- No, Shinnosuke – le corté firme apartando levemente sus manos – No quiero hacerte daño, peor mi deber es decirte que debes aceptar el trabajo, irte a Kioto y ser el mejor maestro de té de Kioto y Japón.

Los ojos de Shinnosuke se aguaron y sentí un pinchazo en el corazón, le había hecho daño, mucho daño y yo me sentía un monstruo. Suspiré y le puse la mano en el hombro – Entiéndelo Shinnosuke, por favor, yo no soy… no soy como crees, acabaría haciéndote daño.

- Me da igual como seas Akane, yo te amo.

- Escúchame por favor, es una gran oportunidad y además es el deseo de tu abuelo – tuve que recurrir al viejo Eiji para hacerle entrar en razón. De lo poco que sabía de él, pude apreciar que el abuelo era la debilidad de Shinnosuke – piensa que para él tiene que ser duro separarse de ti pero…

- ¡Mi abuelo lo hace para castigar a mi padre y a su mujer!

- Puede ser, pero ¿piensas que si no pensara que es una oportunidad de oro para ti te habría mandado tan lejos? ¡Por Kami, sabes que eres lo que más ama en el mundo! Por mucho que odie a esos dos jamás haría nada que te dañara o perjudicial para ti. Y lo sabes – dije con la voz más seria que pude encontrar.

De nuevo, Shinnosuke bajó la mirada y apretó los puños para luego decir – tienes razón, pero… pensar que no podré verte más…

- No te vas a la otra punta del mundo – dije sonriendo para intentar alejar un poco la tensión y la tristeza – tu abuelo te lo dijo, podrás venir de vez en cuando y nos veremos.

- ¿Entonces me esperaras? – preguntó con alegría renovada. Suspiré cansada por ese comentario, debía hacerle entender de una vez que no habría nada entre nosotros y solo podía ser directamente, sino siempre guardaría esperanzas.

- No, Shinnosuke, no lo haré – puso una mueca de dolor en sus bellas facciones y con ternura acaricie su mejilla – y no quiero que tú me esperes. Porque no podemos alimentar el corazón de ilusiones y suposiciones. No puedes obligarme a esperarte y yo no puedo obligarte a estar atado a mí. Puede que en Kioto conozcas a una bella mujer y os enamoréis.

- ¡Eso nunca pasará! – Me cortó – mi corazón siempre será tuyo.

- Y yo te agradezco con todo mi corazón esos sentimientos, pero no puedo recogerlos Shinnosuke, no es justo para ninguno – sus ojos se opacaron y quise llorar al ver el dolor que me mostraban, prefería mil veces arrancarme la lengua de cuajo que hacerle daño – Shinnosuke, no pienses que no te aprecio, te aprecio muchísimo, eres el chico más bueno, educado y perfecto del mundo.

- Pero no para ti – dijo con pena.

- No, cualquier mujer estaría encantada de recibir tu amor, incluida yo, créeme que saber tus sentimientos me ha emocionado mucho, pero el problema soy yo… no podría devolvértelos con la intensidad que mereces, pero lo que si te pido es que por favor me recuerdes y me sientas una buena amiga.

- Yo te quiero de otra forma Akane – cerré los ojos con pesar, no sabía cómo hacerle entrar en razón – pero lo acepto.

Le miré a los ojos y pude ver que volvían a brillar. Me miraba con una bonita sonrisa en su cara aunque dicha sonrisa no llegaba a sus azules ojos – Tranquila, entiendo lo que quieres decir – se cayó un momento para luego levantarse – es tarde, debo volver a casa y vosotros también, el camino es peligroso para dos chicas y un muchacho que no es muy… normal.

- Tranquilo, nos sabemos defender – contesté poniéndome también en pie – Shinnosuke por favor, cuídate mucho y no me odies.

- Nunca te odiaría querida Akane – me sonrió con ternura – eres la mujer más maravillosa del mundo y una cosa que me gusta de ti, es que piensas en los demás antes que en ti misma y aunque me duela sé que todo lo que me has dicho, lo dices por m bien.

- Te tengo un gran aprecio – di una amplia inclinación en señal de despedida y de disculpa, quería pedirle perdón de manera muda de todo el dolor que le pude producir con mi rechazo – espero que seas muy feliz en Kioto y recuerda, aquí siempre tendrás una amiga.

Noté su mano rodear mi muñeca y luego un empujón. Me rodeó con los brazos y me quedé quieta y roja. Me apretó en un abrazo que me puso un poco nerviosa pero no hice nada para apartarme, con delicadeza le devolví el abrazo – Siempre estarás en mi corazón, querida Akane – al separarse me miró a los ojos con un sentimiento que no pude descifrar pero que me produjo un calorcillo agradable – ¿puedo… es decir escribirte? Prometo que no será nada romántico, simplemente será un amigo escribiendo a una amiga.

Me dio tanta ternura verle tan nervioso al hacerme esa pregunta que no pude evitar soltar una risita infantil – Por supuesto que sí, yo también te escribiré.

Eso pareció alegrarle, luego se giró para mirar a mis amigos que estaban de piedra ante lo que habían visto. Ambos soltamos otra carcajada y Shinnosuke se despidió de ellos con la mano, luego antes de partir me tomó las manos para darles un suave beso que hizo que me sonrojara – cuídate querida Akane – y tras darles un leve apretón me soltó y desapareció por las calles de Edo.

- Cuídate, Shinnosuke – le susurré a nadie en particular. Le vi alejarse entre la multitud un poco decaído pero sabía que había hecho lo correcto. Pegué un bote del susto cuando sentí una mano en mi hombro.

- ¡¿Qué ha sido todo eso?! – Me gritó Momoha – ¿No se supone que ibas a decirle que entre vosotros no podía existir nada?

- Y lo he hecho – contesté simplemente.

- Pues no lo parecía – me dijo Momo-chan entrecerrando los ojos y llevando sus manos a las caderas – parecíais una pareja dándose arrumacos.

Alcé la ceja confusa y miré a Sasuke quien sonrojado asentía varias veces – Lo parecía Onee-chan, era como una… pa… pareja discutiendo y luego esto… perdonándose.

- ¿En serio dio esa impresión? – pregunté un poco preocupada. Mis amigos movieron la cabeza de forma afirmativa – Pues para nada, le he dejado claro que entre nosotros no puede existir nada, además él se va a Kioto – dije dándome la vuelta para empezar a caminar rumbo a casa – el abrazo que visteis era una despedida.

- ¿Se va? – Escuché la chillona voz a mi espalda – ¿Cómo que se va?

- Se va a trabajar para el emperador.

- Vaya – escuché a Sasuke decir con admiración – a mí también me… me… gustaría mucho – me giré por encima del hombro para sonreírle.

- Quizás algún día Sasuke-kun – ese comentario le puso muy contento y comenzó a caminar dando saltitos de alegría.

- Pero vamos a ver… que me ubique – dijo Momoha sin salir del asombro – ¿entonces se va? – Solté un gruñido afirmativo – ¿entonces habéis roto?

- No había nada que romper – dije caminando hacia la salida de la ciudad – ¿deberíamos coger un carro o ir andando? La casa no queda muy lejos.

Sasuke abrió los ojos con pavor y comenzó a sacudir la mano de Momo-chan mientras decía no con la cabeza. Solté un suspiro al ver la reacción de mi amigo – No pasará nada Sasuke-kun, aun no anochece.

- No es seguro Akane – dijo Momo-chan mientras se acercaba a un hombre que tenía un carro – además la casa queda lejos, tardaremos mucho y cuando lleguemos será noche cerrada, no pienso arriesgarme y mucho menos destrozarme los pies.

Me encogí de hombros mientras mi amiga se acercaba a regatear con el hombre que nos llevaría a casa. La vi discutir un rato con el hasta que llegaron un acuerdo y Momo-chan nos llamó para que subiéramos. Una vez dentro el hombre se puso en marcha. Me quedé en silencio gran parte del trayecto mirando al cielo, viendo los colores cambiar del naranja al rosáceo y luego al violeta, estaba anocheciendo y yo solo podía pensar en Shinnosuke, ¿estaría bien en Kioto? ¿Estaría sufriendo por mi culpa? ¿Hice bien permitiéndole escribirme? Miles de incógnita sin respuesta. Noté un peso en mi hombro derecho y vi que Momoha se había quedado dormida. Le pegué un leve codazo a Sasuke para que viera la situación y ambos reímos, era algo matemático, cada vez que Momo-chan se subía a un carro, con el traqueteo se quedaba dormida.

Volvimos a quedarnos en silencio, yo pensando en Shinnosuke y Sasuke mirando hacia fuera cuando la voz de mi amigo me preguntó – ¿tú estás bien?

- Sí – contesté simplemente.

- Eso es lo que importa.

- Shinnosuke es mi amigo, no quería hacerle daño.

- Alguna vez… en la vida… acabamos dañando a la gente – se giró para mirarme con esos ojillos de huevo de forma muy seria, nunca había visto a Sasuke así, tan maduro.

No dije nada, asentí levemente y le di una sonrisa que él me devolvió para volver a mirar hacia fuera. A lo lejos divisábamos la casa de los Saotome, miré el cielo y me percaté de que casi era noche cerrada. Bostecé con cansancio y me recosté en mi amigo quien me dio una palmadita en la mano en señal de apoyo.

Una vez llegamos a la casa lo primero que hice fue hablar con mi señora y contarle la noticia de que Shinnosuke se iría. Pareció sorprenderse al principio pero se alegró por él.

- Es una gran oportunidad para el – dijo mi señora seria y no se volvió a pronunciar sobre el tema.

Esa noche no cené, no tenía hambre, estaba totalmente agotada, mental y físicamente. Solo quería ponerme mi yukata, tirarme en mi futón y dormir toda la noche. Una vez dentro de mi cama solté un débil suspiro y de nuevo pensé en Shinnosuke. Me sentía un poco mal, pero algo dentro de mí me decía que había hecho lo correcto. Sasuke tenía razón, a veces hacemos daño a las personas sin quererlo, es ley de vida.

Antes de quedarme dormida imaginé el rostro sonriente de Shinnosuke y dejé caer una lágrima. No lloraba porque me doliera que se fuera, lloraba porque Shinnosuke era un gran chico que al igual que yo no era dueño de su destino, otros habían elegido su camino y su vida por él. Lloré porque me di cuenta de cuál era el sentimiento que no supe descifrar en su mirada, era impotencia, impotencia de no tener las riendas de su vida, impotencia de no poder elegir, de no poder quedarse.

Esa noche soñé con Shinnosuke en la casa de té. Esperaba volver a verle pronto. Era un gran amigo… Lo que no sabía es que tardaría mucho tiempo en ver otra vez a Shinnosuke y lastimosamente no sería en una situación agradable.


Aclaraciones:

Hai: Sí.

Significado de la orquídea: Actualmente, regalar una orquídea significa regalar belleza e incluso lujuria según algunos, y una demostración de un alto grado de aprecio y admiración. La orquídea rosa es una declaración de amor, abierta e inequívoca. Si quieres declararte, hazlo con orquídeas rosas. Son el símbolo del amor entre dos personas. Lo más normal es que estas flores en este color se regalen a una pareja por su significado. No obstante, en muchas ocasiones son seleccionadas para regalar a un familiar muy cercano como podría ser una madre.

Kioto: en español «ciudad capital»; es una importante ciudad de Japón, localizada en la parte central de la isla de Honshu. Es la capital de la Prefectura homónima y tradicionalmente también ha sido considerada capital de la Región de Kansai, aunque ésta sea solo una referencia geográfica más que un territorio administrativo concreto. Así mismo, está integrada dentro de la Región metropolitana de Keihanshin, compuesta por las áreas circundantes de las ciudades de Osaka, Kobe y la misma Kioto. Su importancia histórica se debe al hecho de que entre los años 794 y 1868 constituyó la capital de Japón, acogiendo la sede de la Corte imperial y otras instituciones. En el año 1868 el emperador Meiji decidió trasladar la sede de la corte a Tokio, quedando la ciudad definitivamente en un segundo plano.