¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Traigo una rápida actualización para compensar las veces que os hice esperar semanas por un nuevo capítulo. Este capítulo me gustó escribirlo, disfruté cada oración que plasmaba en el papel y espero que ese disfrute quede plasmado en la historia. Espero que os guste de corazón.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.
Sin mas os dejo leer.
Un años después, 1856
Tenía quince años el día que mi mejor amiga fue condenada a un infierno en vida. Recuerdo perfectamente los meses posteriores a la boda de Momo-chan con Taro, fueron meses oscuros y tristes llenos de llantos y esperanzas de que en cualquier momento, Taro decidiera dejar su capricho por Momoha a un lado o simplemente que encontrara una prostituta y se fugara con ella.
Pero eso nunca pasó.
Los dos meses anteriores a la boda, el futuro marido de mi amiga rondaba la casa como las moscas a la miel. Genma había convencido a mi señora de que permitiera de nuevo la entrada de Taro en la casa. Según él era lo mejor pues así el futuro matrimonio podría convivir y conocerse. Mi señora no se pudo negar y recuerdo que una tarde nubosa y gris ese desgraciado volvió a pisar el hogar de los Saotome.
- ¿Estas contenta de verme, mi dulce flor? – había dicho nada más poner un pie en la casa. Recuerdo como me miraba y como miraba a Momo-chan, sus ojos daban miedo y ganas de vomitar, tenía una maldad en los ojos comparable a la de un diablo rabioso y torturador, aunque lo peor de su vuelta fue el temor de Sayuri. Nunca la había visto tan pálida como cuando volvió a cruzarse con Taro.
Recuerdo que empezó a temblar como un cordero asustado y salió corriendo ante la burlona mirada de ese malvado hombre – Creo que alguien no se alegra de verme – dijo con burla.
- Nadie está contento de verte – reclamé.
Me tensé al ver como Taro se acercaba a paso lento hacia nosotras. Momo-chan agarró mi mano y le dio un apretón no sé si producto del miedo o para hacerme saber que ella estaba conmigo, solo sé que ese apretón dolió muchísimo. Cuando estaba a solo dos pasos de mi me tomó del mentón e intenté zafarme pero ejercía tanta fuerza que me resultó imposible – pues yo me alegro de verte a ti, princesa guerrera – me miró de arriba abajo, inspeccionándome y sentí arcadas al ver sus ojos brillar – estas hermosa, has crecido – miró descaradamente mi pecho – mucho.
- Y tú me das asco – dije dándole un manotazo en el agarre una vez me recuperé de la impresión.
No dijo nada, movió levemente la mano que había sido golpeada y sonrió. En sus ojos asomaba una amenaza velada que no estaba dispuesta a aguantar. Le miré fieramente dejándole claro que no me iba a acobardar ante él. Abrió la boca pero de ella no salió palabra alguna porque mi señora había llegado oportunamente.
- Taro, ¿estas molestando a Akane?
El hombre alzó la mirada y su rostro se tornó serio, puede que de todas las personas que vivíamos en esa casa, la única que tenía el respeto y podría decirse que miedo de Taro, era mi señora Nodoka.
Carraspeó un momento y se alejó de mi – No, solo estaba saludando – mintió descaradamente – He venido a invitar a mi futura esposa a dar un paseo por el jardín – miró a mi amiga que parecía realmente seria, sus puños estaban apretados y su mandíbula tensa, su prometido alzó la mano hacia ella y con tono cortés dijo – ¿mi dulce prometida quiere hacer el honor de pasear conmigo? Prometo que no te haré nada que no quieras – temblé de rabia ante sus palabras y algo me decía que mi señora también deseó rebanarle las entrañas, pero poco podíamos hacer. Momoha asintió levemente y tomó la mano que Taro le ofrecía. A paso lento se dirigieron al enorme jardín de los Saotome.
Antes de desaparecer de nuestra vista, Momo-chan se giró para mirarnos y darnos una sonrisa que no llegó a sus ojos. Sentí impotencia por no poder hacer nada por ella.
- Tomoe – alzó la voz mi señora. El hombrecillo salió de un cuarto donde se guardaban varias herramientas. Estaba sucio y sudado, se limpió la frente con las mangas del kimono y se inclinó ante mi señora.
- Dígame Nodoka-sama.
- Vigílalos, si Taro le hace algo avísame cuanto antes.
- Sí mi señora – dio otra inclinación y tras tomar un cuchillo con el que podaba algunas plantas salió al jardín.
Nos quedamos mi señora y yo a los pies de la escalera mirando fijamente la dirección que habían tomado Momo-chan y su prometido, sentía tanta rabia, tanta desesperanza. Momo-chan era buena y no se merecía aquello.
- Sabes que no hay otra opción, Akane – habló de repente mi señora sorprendiéndome.
- Señora…
- Se lo que estás pensando, estas dándole vueltas a esa inteligente cabeza tuya, buscando alguna opción para el destino de Momoha, pero solo hay una opción posible.
- No es justo – bufé frustrada.
- No, no lo es – dijo mi señora en un susurro – pero es su única opción. La gente empieza a hablar y a señalarla, además Taro ha sido firme, si no se casaba con Momo-chan contaría su secreto y podrían incluso matarla, Akane.
- Lo sé – apreté los puños con ira – ¿Por qué no pudo conocer a alguna mujer y escaparse con ella?
- Porque la mujer que quiere es Momoha – comentó tranquila mientras avanzaba hacia la sala donde nos daba clases – Ya te lo he dicho, los hombres son tan ególatras que creen que las mujeres caemos rendidas a sus pies y sabiendo los gustos de Momoha, Taro no se dará por vencido.
- Es asqueroso.
- Lo es, pero no podemos hacer nada, solo ayudarla con la boda y… estar ahí en los momentos malos, porque habrá muchos y Momoha nos va a necesitar.
- Siempre estaré ahí para ella.
- No lo dudo querida – se sentó frente a la pequeña mesa de madera y comenzó a desenrollar unos pergaminos que había a un lado – Vamos, prepárate, las clases empezaran pronto y las chicas no deben tardar.
Asentí y me senté como siempre a su derecha. Ese día tocaba clases de ceremonia del té y bufé frustrada porque una vez más tendríamos que aguantar los comentarios burlescos de Shampoo. La señora Ryugenzawa y ella se habían hecho inseparables y le enseñaba todos los trucos para ser una buena anfitriona y esposa, según el parecer de la señora Ryugenzawa.
Ukyo y yo éramos en cada clase diana de las burlas de la china, pero poco me importaba lo bien que ella supiera servir una taza de té matcha a un invitado, quizás a Ukyo si le molestaba, pero a mí no me quitaba el sueño.
Las chicas entraron y se sentaron en sus respectivos sitios y como no, Shampoo, tenía ese aura de victoria y superioridad que tan poco me gustaba. Desde que era amiga de la señora Ryugenzawa se comportaba de forma más coqueta y se vestía de forma muy colorida, intentando llamar la atención, además su forma de comportarse con Ranma rozaba lo empalagoso.
- Chicas, hoy quiero que hagáis un ejercicio, ¿Cómo serviríais el té a un emisario del emperador? – Shampoo dio un gritito de alegría y comenzó a tomar sus artilugios colocándolos en la mesa.
Ukyo con manos temblorosas la imitó y yo solo pude bufar, ¿Qué más daba la forma de servirle una taza de té a un emisario del emperador? ¿Cómo se lo iba a servir? Pues con las manos como a cualquier otra persona.
Solté un suspiro y comencé a preparar mi material. No era una completa inútil, las clases de mi señora, las que me habían dado para ser toda una mujer, habían dado sus frutos pero todavía no lograba aprenderme todos esos protocolos necesarios a la hora de llevar a cabo un ritual tan importante.
Miré de reojo a la china y no pude negar que sus movimientos eran fluidos, pero esa cara de superioridad rompía toda la armonía. No podía ir por la vida creyéndose mejor que cualquiera o al menos eso pensaba yo.
Tras unos minutos todas terminamos y esperamos las palabras de mi señora con impaciencia. Nodoka miraba sin parpadear todas las tazas frente a ella y con solemnidad comenzó a beber de ellas. Ukyo se estremeció sobre si misma al ver una mueca desagradable en la cara de mi señora cuando le tocó beber de su taza.
- Demasiado amargo – Ukyo susurró una leve disculpa y bajó la mirada. Sentí lastima por ella, la castaña se esforzaba al máximo por agradar a mi señora pero aún tenía mucho que mejorar.
- Akane, la tuya está bien, pero hiciste un par de cosas al revés – asentí y presté atención a sus explicaciones para no volver a equivocarme más.
- Shampoo – la china la miró expectante con una ladeada sonrisa. Nodoka-sama arrugó el entrecejo pero soltó un simple – está perfecto.
La china soltó un grito de satisfacción y se aplaudió así misma. Nodoka-sama no dijo nada, no podía decir nada. Shampoo me miró fieramente, retándome con la mirada – ¿Qué sentir chica violenta ahora que Shampoo haberla superado?
Me encogí de hombros para restarle importancia al asunto. Sabía perfectamente que Shampoo quería ofenderme, hacerme enfadar, pero no le daría el gusto – Me da igual. Felicidades.
Le di una sonrisa terriblemente falsa pero que pareció ofenderla porque apretó la mandíbula y su rostro se tornó rojo. Le dio rabia ver mi indiferencia supongo. Nodoka-sama y Ukyo sonrieron disimuladamente pero no dijeron nada.
Mi señora carraspeó un momento – Bueno, continuemos con la lección – miró a la china que seguía tensa y dijo – Shampoo, a pesar de que ya sepas las lecciones, te pediría que prestaras atención, siempre está bien refrescar la memoria.
La china asintió y tomamos todas un pergamino para empezar la nueva lección. Aunque estaba de cuerpo presente, mi cabeza estaba en otro lado, en el jardín. Me preocupaba el hecho de que en aquel momento Momoha y Taro estuvieran a solas ¿y si él le hacía algo? ¿Y si se aprovechaba de ella? Apreté el pincel con rabia, si ese bastardo se atrevía a dañarla… me relajé cuando sentí la mano de mi señora en mi espalda dándome unos toquecitos.
Me giré a mirarla y vi como me miraba de reojo, me sonrojé al verme atrapada sin prestar atención y volví veloz al pergamino. A veces, mi señora me daba miedo, incluso creía que podía leerme la mente, aun hoy en día, sigo creyendo que podía hacerlo.
Una vez finalizadas las clases Shampoo recogió todo rápidamente y salió corriendo sin decir adiós a nadie. Fruncí el ceño por sus malos modales. Ukyo por el contrario dio una leve inclinación.
- Señora, ¿me da permiso para viajar a Edo? He quedado con una amiga y…
- Llévate a Sayuri y a Yuka si no tienen nada que hacer – dijo simplemente – si ellas no pueden busca a cualquiera que te acompañe, pero no vayas sola.
- Sí señora – Ukyo dio una profunda reverencia y salió de la sala dejándonos a solas. Nodoka-sama recogía lentamente sus utensilios, igual que yo. En mi cabeza no podía parar de darle vueltas al tema de Taro y Momo-chan.
- Tomoe les está vigilando – habló mi señora haciéndome pegar un bote. Me giré para mirarla y vi que en su cara había una triste sonrisa – sé que estás preocupada Akane-chan, yo también pero… es lo mejor para ella.
¡Mentira! No era lo mejor para ella, era la opción más fácil pero, ¿Cómo iba yo a contradecir las ordenes de mi señora si ni la mismísima Momoha se había negado? Era frustrante y triste, pero era una realidad. Mi mejor amiga se casaría con aquel monstruo y no podría hacer nada.
- Sí señora – susurré bajando la vista.
Nodoka-sama colocó una mano sobre mi hombro – anda, ve a buscarles, no estarás tranquila hasta que les tengas bajo tu punto de mira ¿verdad?
Sonreí agradecida a mi señora. Me lancé a sus brazos y noté como me rodeaba levemente con los suyos dando unas leves palmaditas – anda ve, no pierdas tiempo, releva al pobre Tomoe.
- ¡Hai! – salí corriendo hacia el jardín sin terminar de recoger mis utensilios. Caminé por el caminito de piedra y pasé el puente que cruzaba el lago de las carpas. Me escondía tras los árboles y arbustos y agudicé el oído para ver si escuchaba algo.
A lo lejos la voz de Taro hablaba sin parar. Fruncí el ceño y me acerqué de forma sigilosa. Pude ver a Tomoe fingiendo podar un arbusto y cuando se dio cuenta de mi presencia se giró asustado. Puse un dedo en la boca para que no gritara para luego decirle con un movimiento de cabeza que podía irse. Se limpió el sudor y se acercó a mí para darme una palmadita en el hombro y desaparecer.
- Momoha, Momoha, estoy anhelando nuestro matrimonio – escuché decir a Taro con voz melosa.
- Me lo has dicho ya seis veces – contestó mi amiga sin sentimiento en la voz.
Me agaché para esconderme tras un arbusto enorme y vi como Taro tomaba el mentón de mi amiga con rudeza – No me canso de decírtelo preciosa – sentí ganas de vomitar al verle lamer su mejilla. Momoha soltó un grito de desagrado e intentó apartarse – Cuando seas mía, no volverás a pensar en las mujeres.
- Nunca en lo que me quede de vida desearé a un hombre y menos a ti – le respondió con rabia mi amiga. Sonreí orgullosa ante sus palabras pero tuve que ponerme alerta al verle tensar su agarré. Momo-chan soltó un grito de dolor.
- Cualquier mujer estaría dispuesta a pasar una noche conmigo – sus palabras estaban cargadas de rabia – y tú no vas a ser la excepción.
Vi como intentaba besarla a la fuerza. Mi amiga gritaba y se revolvía intentando escaparse. No aguanté más, apreté los puños y me levanté para encararle. Caminé firme y me planté delante de ellos que no parecían haberse dado cuenta de mi presencia.
- ¡Taro! – grité haciéndoles mirarme asombrados.
- Akane-chan – murmuró Momoha entre sorprendida y agradecida.
- Princesa ¿Qué haces aquí? – Dijo mientras se separaba levemente de ella pero sin soltarla – ¿No ves que has interrumpido un momento romántico entre prometidos?
- Más bien parecía una escena de un abusador pervertido acosando a una jovencita – mis palabras le molestaron, lo supe cuando sus ojos me miraron de aquella forma tan oscura, como si quisieran despedazarme.
- Tengo todo el derecho de besarla.
- No a la fuerza – contesté. Miré a mi amiga que temblaba como una hoja – Momo-chan, Nodoka-sama te llama, tienes que hacer la cena.
- Estábamos en medio de algo importante – se quejó Taro – dile a tu señora que espere.
- No – contesté firme – ya habéis estado un buen rato juntos, ahora Momoha tiene responsabilidades – Taro me lanzó otra férrea mirada que yo devolví, no me iba a dejar intimidar por ese hombre, toda la vida había vivido así, intimidando a la gente. Siempre se salía con la suya aterrorizando a los demás, pero conmigo lo tenía complicado, Taro no me daba miedo – Además es tarde, es hora de que te vayas a tu casa.
El hombre sonrió de manera ladina y soltó a mi amiga – al menos me acompañarás a la puerta ¿verdad querida? – Momoha asintió levemente. Taro comenzó a caminar mirándome sibilinamente, pero yo no me alteré ni me moví, si intentaba hacerme retroceder o incomodarme no le salió bien. Cuando pasó a mi lado se acercó a mi oído y susurró con una voz cargada de amenazas veladas – Esta me la pagarás, princesa.
Me giré para mirarle fieramente – No me das miedo – abrió los ojos de par en par, parecía sorprendido pero recompuso el gesto rápidamente y comenzó a caminar en dirección a la casa. Cuando Momoha pasó a mi lado murmuró un débil – gracias – le di una sonrisa conciliadora y les vi desaparecer por el jardín. Más le valía que no intentara nada raro o sino le daría una paliza.
Una vez me quedé sola suspiré y me sobé las sienes. Me dolía la cabeza. Caminé lentamente en dirección a mi rincón del jardín, esperaba que no hubiera nadie pues quería unos momentos a solas. Pero para mí desgracia lo que vi allí solo incrementó mi jaqueca.
- Shampoo amar mucho, mucho a prometido.
La voz de la china me hizo frenar en seco y esconderme tras el tronco del enorme árbol de sakura que había cerca del banco. Lo que me quedaba esa tarde, aguantar a Shampoo.
- Pero Shampoo, ya te lo he dicho miles de veces… - me asomé levemente al escuchar la voz de mi joven señor. No lo iba a negar, me enfadé un poco al ver que estaban allí, solos.
- ¡No importar! – Le cortó la china – Shampoo pelear por amor de airen. Señora Ryugenzawa estar enseñando a Shampoo valiosísimas lecciones sobre cómo ser buena esposa.
- De verdad, agradezco tu interés pero no puedo aceptarte, lo siento.
Shampoo se tensó, lo pude ver por como arqueó la espalda. Sonreí levemente llena de satisfacción pero entonces la vi arrojarse a los brazos del joven heredero – ¿Es que a Ranma no gustarle Shampoo?
Me llené de rabia al ver como Ranma no hacía nada por quitársela de encima. Es más su rostro estaba rojo y parecía muy a gusto con la china pegada a él.
- No… no deberías hacer eso, no está bien.
Pegué un gritito de asombro que por suerte para mi quedó opacado por el que dio Ranma al ver como Shampoo cogía una mano de Ranma y la colocaba en su pecho – Shampoo ser una mujer, una mujer que poder satisfacer a prometido ¿no gustarte acaso mis pechos?
- Sí, claro… por supuesto que me gustan – sentí que mi estómago pegó un salto ante las palabras de mi joven señor.
- ¿Gustarte caderas de Shampoo? – dijo tomando la otra mano de mi señor y poniéndola en esa parte de su cuerpo. Apreté la corteza del cerezo entre mis dedos al verle asentir con cara de idiota.
Comencé a hiperventilar, no sabía muy bien por qué, pero me costaba respirar. Mis ojos se aguaron a medida que veía como Shampoo se acercaba a Ranma y el no hacía nada. Mi respiración se aceleró y noté un nudo en la garganta.
- ¿Acaso no gustarte… Shampoo? – la voz de la china sonaba lenta, como una serpiente enredando a su presa. Deseaba que Ranma se soltara y se fuera, que huyera de ella, pero eso no paso. A medida que Shampoo acercaba su cara a la de Ranma, yo intentaba contener las lágrimas en mis ojos, pero entonces, la china posó sus labios en los del heredero Saotome y al ver que él no se apartaba sentí mi corazón partirse en mil pedazos. Solté un leve sollozo y salí corriendo de allí. No quería seguir viendo aquello, no podía, me dolía el corazón, me dolía el alma.
Al salir huyendo me delaté sin poder evitarlo, por eso cuando estaba alejándome de allí escuche como la voz de Ranma me llamaba – ¡Akane! ¡Akane espera!
Pero no le hice caso, seguí corriendo, corrí por el jardín escuchando los pasos y los gritos de Ranma tras de mi pero no paré de correr. Salí de la casa y seguí corriendo, corrí y corrí sin mirar atrás. Ya no escuchaba a Ranma, solo escuchaba el sonido del aire en los árboles y mis propios sollozos.
Dejé de correr una vez estuve delante de aquel altar al que siempre acudía cuando estaba más que triste, al que acudía cuando estaba destrozada. Caminé lentamente entre sollozos hasta sentarme en el borde de aquel altar. Aun sollozando me quité los geta y los tiré lejos.
No podía parar de llorar. En mi cabeza se repetía una y otra vez la imagen de Shampoo besando a Ranma. Llevé mis manos a la cabeza apretándola, enredando los dedos entre mi pelo intentando borrar aquella escena de mi mente mientras gritos desgarradores de dolor salían de mi garganta.
Me abracé a mis rodillas y enterré la cara entre ellas. Solté todo el dolor que llevaba dentro hasta que escuché que alguien me llamaba.
- Akane…
Alcé la mirada llena de lágrimas asustada. Allí, frente a mí con el mismo semblante que el mío estaba Mousse.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?
- Te seguí – contestó simplemente acercándose lentamente a mí. Una vez estuvo a mi altura, se puso de rodillas.
- Mousse, yo… yo les vi.
- Lo sé, yo también lo vi – enarqué una ceja y me acarició la cabeza con ternura – estaba en la rama del árbol.
En mi boca se formó un puchero mientras mis ojos volvían a aguarse. Solté un sollozo lastimero y me lancé a sus brazos llorando como un bebé. Mousse me recogió en su pecho y me acunó.
- Lo sé, sé que duele – me susurraba al oído mientras me acariciaba el pelo – sé que duele.
Allí pasamos largas horas, abrazados simplemente consolándonos mutuamente. Acabábamos de ser heridos de gravedad en el corazón y aunque Mousse no expresara de forma abierta su dolor, dentro de mi sabía que estaba tan roto como yo. Esa noche no solo lloré por la imagen que presencie, también llore porque me di cuenta de que por mucho que quisiera negarlo, por mucho que intentara ignorarlo, amaba a Ranma. Amaba a mi joven señor y no podía hacer nada por evitarlo.
A la mañana siguiente estaba de un humor horrible, la tristeza dio paso a la ira y la negación. Mousse estaba tan irascible como yo y la gente lo notó nada más vernos.
- Estáis todos de un humor de perros – se quejó Ryoga cuando recibió una mala contestación por mi parte.
- Gomen ne, no era mi intención ofenderte – dije mientras colocaba la cuerda a mi arco.
- ¿Qué demonios os pasa a todos hoy? – Le vi cruzarse de brazos – Mousse y tu mordéis cada vez que os dicen algo, Ranma anda como un alma en pena ¡Por Kami!
Bufé molesta ante lo dicho por mi amigo ¿Ranma como un alma en pena? ¡Sí seguro! ¡Quizás estaba dolido porque interrumpí su momento con su preciosa Shampoo!
- No me pasa nada Ryoga-kun – digo colocando la flecha lista para lanzar – simplemente tengo un mal día, queda poco para la boda de Momoha y ya sabes lo que opino sobre Taro.
- ¿Seguro que es por eso? – lancé la flecha con una potencia bestial y mi amigo pegó un bote asustado. Me giré para darle una mirada glacial.
- ¿Por qué mas iba a ser? ¿Sabes algo que yo no sé?
El pobre Ryoga negó repetidas veces y tomó también su arco para dar un par de disparos. En mi cabeza no podía quitarme esa asquerosa imagen de la noche anterior y en vez de darme ganas de llorar me llenaba de ira ¿Cómo pude caer tan bajo? ¿Cómo pude enamorarme del joven Ranma? ¡Él era mi señor! ¡Y yo una simple criada! ¡No podía amarle!
- Akane – dijo Ryoga-kun tras mi quinta flecha lanzada.
- ¿Nani?
- Esto… ¿no deberías intentar dar en la diana? – me preguntó con voz temblorosa señalando hacia delante. Mis ojos buscaron la diana que había en la pared y abrí los ojos sorprendida al darme cuenta que no había acertado ni un solo disparo.
-¡Kuso! – murmuré.
- ¿Desde cuándo maldices? – escuché una voz a mis espaldas que me hizo tensarme. Apreté el arco entre mis manos y caminé furiosa hacia la diana para quitar las flechas.
- Desde siempre, que tu no me escucharas nunca no quiere decir que no lo haga – escuché el bufido molesto de Ranma y me giré para encararle – ¿necesitas algo?
El heredero Saotome negó levemente con la cabeza. Me di cuenta de que desde que había entrado al dojo no me había mirado a la cara. Fruncí el celo, seguro que venía a decirme que quería casarse con su preciosa chinita ¡pues que le aprovechara!
Ryoga que había presenciado la tensa escena no sabía dónde meterse. Miraba hacia todos los lados buscando una vía de escape que no encontró. Se rascó la cabeza y entonces dijo – ¡Vaya! ¡Ukyo me llama!
- ¡No es cierto! – le grité haciéndole palidecer. Sabía que intentaba, quería dejarnos solos.
- Sí que lo es – dijo Ranma – yo también lo he escuchado – Ryoga le dio una mirada de agradecimiento y salió del dojo como si algún diablo malvado le persiguiera.
Rodé los ojos y me giré de nuevo colocándome en posición. Coloqué la flecha y lancé, diana. Sonreí satisfecha.
- Akane, debemos hablar – volví a tensarme de nuevo. No quería hablar con él, no quería escucharle porque sabía que acabaría creyéndole y esta vez no iba a caer en sus engaños. No era ciega, sabía perfectamente lo que había visto así que nada de lo que me dijera me podía interesar.
- No tengo nada que hablar contigo – le respondí seria.
Escuché un débil suspiro y un par de pasos acercarse a mí. Comencé a temblar y lancé otra flecha que dio a parar un par de centímetros a la derecha de la diana. Solté una leve maldición.
- Por favor, Akane, me tienes que escuchar.
- No me interesa escuchar lo que me tengas que decir – me giré para mirarle con todo el odio que le tenía en esos momentos – a no ser que me digas que te vas a tirar por un puente abajo, en ese caso avísame para ir a animarte.
Mis palabras le dolieron, he de admitir que fui un poco cruel pero había que entenderme, tenía el corazón roto y como decía mi señora, no hay nada más peligroso que una mujer con el corazón roto.
Lancé un par de flechas mientras él me hablaba, pero yo hice oídos sordos, no quería saber nada. Eso debió enfadarle mucho porque justo en el momento que iba a lanzar otra flecha me tomó del brazo con brusquedad para hacerme girar y quedar cara a cara.
- ¡¿Quieres escucharme?!
- ¡No! ¡No quiero! – Grité harta – ¡No me interesan tus explicaciones! ¡Se lo que vi! ¿¡Que quieres, contarme lo bonita que es Shampoo y lo mucho que te gusta su cuerpo!?
Ranma apretó más el agarre llegando a hacerme un poco de daño – ¡Maldita terca! ¡Fue un mal entendido!
- ¡No es cierto! ¡Os besasteis! ¡Yo os vi!
- ¡No quería besarla! – Me gritó con rabia – ¡Ella me besó a mí!
Sentí ganas de darle la paliza de su vida ¿se estaba escudando en esa estupidez? ¿En serio intentaba parecer inocente dejando recaer la culpa en Shampoo? ¡Era inaudito!
- ¡¿Qué diablos importa quién hubiera besado a quién?! ¡Pudiste haberte alejado y no lo hiciste!
- ¡No podía! ¡Estaba sorprendido! ¡Akane te juro que no quería tocarla y mucho menos besarla!
-¡Eres un maldito mentiroso! – me zafé con furia y pegue un grito mientras lanzaba la flecha que aún tenía en la mano con tal rabia que no solo dio en la diana, sino que la traspasado y quedó clavada en la madera.
- Akane – dijo en un susurro asustado Ranma – por favor, créeme.
Bajé la mirada y tiré con rabia el arco al suelo – No puedo creerte, no puedes usar esa estúpida excusa, lo vi todo, vi como decías que te gustaban sus pechos y su cadera – apreté los puños al recordar de nuevo esa maldita escena.
- Estaba asustado y sorprendido, no me esperaba que apareciera en el jardín, yo estaba allí penando en... – cayó de repente sonrojándose hasta la raíz del pelo – en otras cosas y apareció de repente.
Solté un suspiro cansado y me sobé el puente de la nariz, estaba harta de la situación y debía cortarla de raíz antes de que me hiciera más daño. Le miré a los ojos con tranquilidad, intentando calmar el ambiente y lo que me encontré me dejó perpleja. Sus ojos azules, me miraban con tristeza y arrepentimiento. Por un momento sentí el impulso de abrazarle pero no podía, no debía…
- Ranma – dije con voz pausada – Lo siento no debí ponerme así – me miró con confusión, supongo que se esperaba cualquier cosa menos eso – pero me da rabia que ella ahora tenga motivos para burlarse de todos, de tu madre de mi… pero si es lo que quieres, lo que has elegido, no puedo decirte nada.
Ranma me miró casi sin parpadear – Akane, ¿Qué intentas decirme?
- Que está bien si te gusta Shampoo, aunque la odie es una chica guapa, no muy inteligente, pero guapa y tiene un cuerpo envidiable, es normal que te hayas enamorado de ella.
Apretó los puños y los dientes asustándome un momento ¿Qué había dicho o hecho que le pusiera en ese estado? Sus hombros temblaron y su mirada se oscureció – ¿Me estás dando tu bendición o algo? – dijo con voz dura.
- Yo no soy nadie para aprobar o no tus relaciones. Ya no somos unos niños, tenemos quince años, es hora de madurar – me encogí de hombros levemente – aunque me parezca una chica horrible, si te gusta y te hace feliz, adelante. Yo te apoyaré ante Nodoka-sama.
- ¿Qué me apoyas? – me preguntó sin dejar atrás la tensión.
- Claro que sí, soy tu amiga – reiteré segura, me dolía el corazón pero era lo mejor, dejar atrás esos sentimientos estúpidos que solo molestaban – Lo que me sorprendió es el hecho de que siempre te negaras a aceptarla como tu prometida y ahora de repente…
Mis palabras quedaron en el aire pues Ranma me había tomado por los brazos con brusquedad y me había colocado contra la pared. Ahogué un grito de sorpresa y cerré los ojos cuando mi espalda impactó contra la madera.
- ¿Qué me gusta Shampoo? ¿¡Crees que me gusta Shampoo!?
Abrí los ojos para mirarle con ira recién recuperada ¿Quién se creía que era para tratarme así? – ¿Qué te pasa? ¿Estás loco? – intenté soltarme pero era inútil, me apretaba con fuerza impidiéndome huir.
- ¿De verdad crees que me gusta Shampoo?
- ¡Ayer lo parecía! – expresé con asco en la voz para luego transfórmala en burla – con ese tierno besito que os disteis.
Solté un quejido de dolor al notar como apretaba aún más si era posible su agarré – ¡Ella me beso a mí!
- ¿¡Y eso que tiene que ver!? ¡Es lo mismo! ¡Sigue siendo un beso! ¡Cuando no te gusta alguien no te dejas besar!
- ¡Si por mi fuera jamás la hubiera besado! ¡Me pillo por sorpresa! Ni siquiera le contesté al beso.
Rodé los ojos y puse una burlona sonrisa en su cara – Pues bien que le cogiste el pecho y dijiste que si te gustaban.
- ¡Por Kami! ¡Soy un hombre! ¡Me asusté!
- ¡Seguro que si yo hubiera hecho eso te habrías burlado de mí! – Grité frustrada – según tú mis pechos son de juguete.
- ¡Si tú te hubieras comportado así te hubiera llevado al doctor!
- ¿Ves lo que te digo? – Pregunté con dolor ante su velado rechazo – ella te gusta, no hace falta que lo niegues.
- ¡Maldita sea! ¡No pongas palabras en mi boca! – apartó sus ojos de mi pero los devolvió de nuevo dándome una mirada segura que me hizo temblar – ¿Quieres saber quién me gusta a mí?
- Está claro quién te gusta a ti – escupí burlona – ¿no crees que tu chinita se enfadará si nos ve así?
- No me importa, porque Shampoo no me gusta – dijo perdiendo la paciencia. Notaba que estaba a punto de explotar, yo también lo estaba y nada me iba a parar.
- Pues para no gustarte bien que os besabais ayer.
- ¡Ella me besó a mí!
- ¡Que no uses esa excusa! ¡Yo jamás me dejaría besar por alguien que no me gusta!
- ¿Seguro? – me preguntó con firmeza mirándome fijamente. Me sentí estremecer pero no pensaba acobardarme.
- Segurísima – sus azules ojos bajaron hasta mis labios y el corazón empezó a martillear en mi pecho – ¿Qué, quieres besarme? – pregunté burlona.
- Tal vez lo haga – susurró débilmente sin apartar su vista de mis labios. Yo también desvié mis ojos a los suyos, estaban agrietados y secos y recuerdo que se me cruzó por la mente la idea de curárselos.
- No tienes valor – le reté.
- Luego no me des una paliza – dijo acercándose a mí – tú lo has pedido – bajó su cabeza hacia la mía y yo solo pude cerrar los ojos. Una parte de mi me decía que me revolviera y me fuera, pero la otra me decía que aprovechara la situación, que me dejara besar, quizás ese sería el único beso que recibiera de Ranma Saotome.
Esperé unos segundos con el corazón en la boca esperando sentir sus labios contra los míos, pero nunca llegaron. Abrí los ojos entre decepcionada y rechazada. Cuando enfoqué mi vista vi sus ojos fuertemente cerrados y su cara roja, estaba gracioso.
Suspiré levemente y apoyé mi frente en la suya haciéndole botar y abrir los ojos – ¿Me puedes soltar los brazos? Me haces daño.
Me soltó como si quemara y no pude evitar sobarme la zona afectada. En mi pálida piel se diferenciaban marcas rojas que habían dejado sus dedos.
- Perdona Akane… yo… yo no quería, Kami, soy un desgraciado.
- Tranquilo, casi no duele – dije estirando mis brazos.
Nos quedamos en silencio, sin mirarnos. En mi cabeza no dejaba de pensar en nuestro casi beso y en como él no había sido capaz de besarme, en cambio a Shampoo… sonreí con tristeza – Ne, Ranma.
- Akane – nos miramos al darnos cuenta de que habíamos hablado a la vez – tu primero.
- No tú.
- Lo mío puede esperar – dijo rápidamente.
- Lo mío no es importante – dije yo.
- Enserio tu primero – fruncí el ceño ante su cabezonería pero no quería discutir mas así que opté por hacerle caso y empezar yo.
- Ranma, quiero que sepas que, lo que vi ayer quedará para mí hasta que tú decidas anunciar tu compromiso con Shampoo.
Ranma parpadeó perplejo un par de veces – ¿Cómo dices?
- Lo que oyes, supongo que temes la reacción de Nodoka-sama, es entendible yo también lo haría – solté una leve risa nerviosa – te prometo que no le diré nada, hasta que tu estés preparado.
- Creo que no entiendo – dijo rascándose la cabeza – ¿piensas que voy a hacer mi compromiso oficial?
Me encogí de hombros – sería lo lógico.
- Esta loca – dijo haciéndome fruncir el ceño. Sonrió levemente al ver mi cara de enfado y se acercó a mí, me sacaba una cabeza y se había vuelto más guapo de lo que era. Subió una mano y la colocó sobe mi cabeza – como puedo hacerte entender, que Shampoo no me gusta.
- Ranma, no de nuevo.
Me tomó del brazo de nuevo pero esta vez me abrazó contra su pecho – te juro por mi madre que no me gusta Shampoo, no quiero casarme con ella, no puedo negar que es hermosa – solté un bufido molesto – pero no es la mujer con la que quiero estar. No me gustan las mujeres florero, prefiero una mujer que me de guerra.
Me sonrojé ante sus palabras y alcé la mirada encontrándome sus preciosos ojos azules. Dentro de mí libraba una guerra campal, creerle o no creerle, esa era la cuestión. Por una parte quería creerle, mi corazón me lo pedía, además esos ojos tan serios le avalaban, pero por otra parte, mi parte lógica y racional me alertaba de que no podía creerle, había visto perfectamente la noche anterior como se besaban y conmigo ni siquiera pudo.
- Ranma, de verdad que quiero creerte pero, se lo que vi.
- Un beso no significa nada.
- ¿Y si no significa nada porque a mí no me has podido besar? – pregunté con dolor. Sus ojos se abrieron de par en par, creo que le sorprendí, pero luego me apretó más en su abrazo y escondió su cara en mi cuello.
- Porque no puedo permitir que me odies por besarte sin que tu quisieras.
- ¿Cómo? – pregunté sorprendida
- No quiero besarte por una apuesta, quiero besarte porque tú así lo desees. Y no es lo que quieres, Akane.
- ¿Y si… sí quisiera? – pregunté débilmente pegando mi cara en su pecho. Le noté tensarse y temí haber metido la pata pero entonces su mano tomó débilmente mi cara y la alzó. Poco a poco nos acercamos, ya no había tensión o temor en su cara, solo determinación y seguridad. Notaba su aliento sobre mis labios y apreté mi agarre en sus brazos. Justo cuando estaba a punto de besarle alguien nos interrumpió.
- ¡Akane! ¡Ups! – Gritó Daisuke haciéndonos separarnos de un bote – ¿interrumpo algo?
- No, solo le estaba quitando una mota de polvo del ojo ¿verdad Akane? – la voz de Ranma se notaba nerviosa, como si se hubiera dado cuenta de lo que estaba a punto de hacer. No puedo negar que al principio sentí un poco de decepción al verle negando que estaba a punto de besarme, pero luego caí en la cuenta de que estaba hablando de Ranma Saotome, por muy maduro que quisiera aparentar ser, seguía siendo un niño.
- Cierto – contesté tranquila para luego darle una sonrisa, dándole a entender que no había pasado nada, que estábamos bien, que seguíamos siendo amigos – ¿me necesitabas?
- Sí, Momoha quiere que la ayudes a escoger las flores de la boda – fruncí el ceño al recordar que en poco tiempo mi mejor amiga se casaría. Daisuke se dio cuenta de mi estado de ánimo y sonrió – Sé que no te hace gracia, a mí tampoco y a Momoha menos, pero debemos estar alegres y evitar que su boda sea un funeral. Hagámoslo por ella.
Asentí levemente, Daisuke tenía razón, ya era bastante horrible para Momoha tener que casarse con ese hombre, no podía ser yo la responsable de echar más sal a la herida. Busqué la cara de Ranma quien miraba el techo como si fuera lo más interesante del mundo, sonreí levemente al ver el sonrojo en sus mejillas.
- Daisuke, dile a Momo-chan que voy enseguida, recojo esto en un segundo y me reúno con vosotros – mi compañero me miró con unos ojos pícaros lo que me hizo bufar. Siempre pensaba en lo mismo.
Cuando desapareció y me quedé de nuevo a solas con Ranma noté como se tensaba. Quizás temía que le volviera a pedir un beso, quizás no estaba cómodo en mi presencia. Eso me apenaba, yo no quería estropear mi amistad con él, por mucho que mi corazón me pidiera que le besara.
- Ranma – le llamé – siento haberte puesto en esta situación.
Negó repetidamente con la cabeza – Ie, ie… también fue mi culpa.
Le di una suave sonrisa que pareció relajarle – Espero que podamos seguir siendo amigos. No quiero perder tu amistad.
- ¡Claro que seguimos siendo amigos! No seas idiota.
- ¡El único idiota eres tú! – le saqué la lengua en un gesto infantil. Le escuché soltar una carcajada y no pude evitar contagiarme de ella.
- Vete a ayudar a tu amiga anda, yo recojo esto – iba a protestar pero alzó la mano para frenarme al igual que hacía Nodoka-sama. Digno hijo de su madre – no quiero reproches, anda ve.
- Sí – dije dándome por vencida. No sabía qué hacer, dar una inclinación agradecida, darle la mano o incluso lanzarme y darle un beso… la mejor opción en mi cabeza era irme sin más, pero eso quedaría muy grosero. Tomando valor de donde no tenía me acerqué a él y bese rápidamente su mejilla dejándole quiero y tieso, supongo que no se lo esperaba – Arigatou, Ranma.
Y salí de allí veloz sin poder mirarle si quiera a la cara. Aquel día fue agotador, acabé harta de tantos tipos, colores y olores de flores ¿Qué más daban? Termine con un dolor de cabeza terrible y un cansancio abrumador, pero todo valía la pena si podía ayudar a mi amiga.
Los días pasaron y con ellas las semanas y los meses. La boda de Momoha se aproximaba a pasos agigantados, era como si algún dios del tiempo hubiera decidido acelerarlo de manera bestial. Entre ensayos y preparativos llego la víspera de la boda de mi mejor amiga. Andaba como un alma en pena. Parecía un cuerpo sin vida, su rostro expresaba tristeza y sobretodo aceptación. Momoha había aceptado su destino aunque eso le causara dolor.
Recuerdo aun de forma nítida sus sollozos los días antes de su unión. Cada noche lloraba pensando que todas dormíamos, pero yo seguía despierta y la escuchaba llorar hasta que caía rendida. Lo que ella nunca supo es que en silencio, yo lloraba con ella.
El día antes de la boda de mi amiga, Nodoka-sama me permitió acompañarla junto con Mousse a Edo. Nodoka-sama sabía que Momo-chan tenía una amiga especial en la ciudad, yo también lo sabía pero jamás la había visto, las veces que Momoha se podía reunir con ella era Nodoka-sama quien la acompañaba, supongo que no quería que nadie en la casa se metiera en ese tema.
Como esa mañana mi señora estaba atareada con la elección de kimonos me pidió a mí que la acompañara ero le pidió a Mousse que nos acompañara ya que últimamente la ciudad era un poco peligrosa. Fuimos hasta Edo en silencio, en los ojos de Momo-chan se podía apreciar el brillo de la ilusión pero estaba velado por el dolor de saber que nunca más volvería a estar con Asuka, ese era el nombre de la muchacha.
La amiga de Momo-chan también estaba prometida pero para suerte de la muchacha, su prometido era un joven doctor bastante amable a que conocía, era el ayudante del médico de los Saotome, me recordaba a mi cuñado Tofu. Una vez llegamos a Edo, los ojos de mi amiga brillaron al ver a la chica esperándola.
Me sorprendió ver lo bonita que era, alta y de largo pelo negro liso, delgada y con unos enormes ojos marrones. Se saludaron de manera amable pero a mí no me engañaron, podía intuir perfectamente las ganas que tenían ambas de abrazarse. Me dio mucha lastima presenciar el definitivo adiós de Momoha y Asuka, nunca me había imaginado ver una pareja del mismo sexo, aunque estas lo disimularan, y para mi sorpresa hacían una pareja excepcional, era una pena que se tuvieran que separar de forma tan injusta solo porque el mundo no veía bien su amor.
- Akane-chan, Mousse-kun, si no os molesta, ¿nos podéis dejar a solas?
- Por supuesto – contestó sereno Mousse – Nos veremos aquí en la caída del sol, tened cuidado.
Las chicas nos sonrieron con agradecimiento y desaparecieron entre las calles de Edo. Me quedé a solas con Mousse y decidimos pasar el día paseando por la ciudad. Paramos en varios puestos, la mayoría de armas. Había muchos hombres alrededor y yo era la única chica por lo que los hombres me miraban como un bicho raro.
Pasamos por un puesto de mochis y nos compramos algunos para luego sentarnos cerca del rio. Allí comenzamos a hablar de todo un poco, entrenamiento, clases, política, la boda Momo-chan… me gustaba Mousse porque te daba confianza, podías hablar con el de todo, dar tu opinión y no sentirte mal por ello.
Todo iba bien hasta que Mousse se puso extrañamente serio, tras preguntarle que le pasaba me miró con gesto duro y dijo – Me sorprende lo bien que te llevas de nuevo con Ranma.
Me mordí el labio inferior avergonzada. No me pillaba por sorpresa el regaño de Mousse, era algo que se veía venir pero tampoco podía decirme nada, seguía siendo el perrito faldero de Shampoo – Tu tampoco eres inocente.
- Pero yo admito que la amo – dijo encogiéndose de hombros – tu solo te llenas la boca de negaciones para luego huir y ser una llorona.
- ¡Oye! ¡No soy una llorona! – me ofendí por el comentario de Mousse, se supone que era mi amigo ¿no?
Soltó una risita y lanzó una piedra al rio – Sí que lo eres, pero eso no es malo, llorar… no es malo.
- Lo sé, todos lloramos incluso tú.
- Yo soy también un llorón – dijo con una triste voz – me molesta ¿sabes? Verte sufrir por ese idiota para que luego con un par de palabras bonitas le perdones.
- Bueno, Shampoo se porta fatal contigo y tú le profesas tu amor – Mousse era un chico silencioso pero muy sentimental. Se veía a la legua como miraba a Shampoo pero nunca había hecho un alboroto para demostrarle su amor, mi amigo mostraba su afecto con pequeños detalles hacia la china, pequeños regalos o alguna carta que ella siempre tiraba. Me fastidiaba mucho el rechazo de la china hacia Mousse, no se merecía el amor de mi amigo.
- Lo sé, pero bueno, en el corazón no se manda – dijo mirando el cielo que comenzaba a tornarse naranja – aunque últimamente, tengo muchas dudas…
- ¿Dudas? – pregunté curiosa. Se giró para mirarme con una dulce sonrisa. Algo había cambiado en Mousse y yo no me daba cuenta de que era, ya no era un niño, obviamente había crecido, como todos, pero había algo más y yo no caía en que era.
- Dejémoslo, son solo tonterías – se levantó del banco con una alegría que me pareció bastante falsa – Venga, vamos se hace tarde.
Me quedé perpleja sentada en mi sitio, viéndole caminar dándome la espalda. Se le veía apesadumbrado, como si guardara algo que le quemaba. Me sentí un poco mal al no poder ayudarle, pero le dejaría claro que era su amiga y que podía contar conmigo.
- ¡Mousse! – le llamé. Se giró para mirarme y me acerqué a él. Toqué su hombro y le regale una sonrisa que para mi asombro le hizo sonrojar – ¿sabes que estoy ahí para lo que quieras… verdad?
Pareció sorprenderse un momento pero luego su rostro se relajó y me regalo una dulce sonrisa mientras posaba su mano sobre la mía – Sí, lo sé.
Sin decir más nos encaminamos al punto de encuentro con Momo-chan. Allí estaba ella y su amiga, Asuka. Se les notaba terriblemente tristes al acercarnos vi sus ojos, estaban rojos e hinchados, se debieron pasar un buen rato llorando. Nos despedimos todos y al subir al carro Asuka se acercó a Momoha para darle un colgante.
- Acuérdate siempre de mi – dijo la jovencita comenzando a llorar.
- Siempre estarás en mi corazón, Asuka-chan.
La joven echó a correr por Edo dejándonos atrás. Esa fue la última vez que la vi. El camino a casa fue silencioso y deprimente. Momoha solo lloraba apretando en su puño el regalo de Asuka. Mousse se notaba incómodo y yo solo apretaba los puños mientras abrazaba a mi amiga, dándole consuelo.
Una vez en la casa Momoha le pidió permiso a mi señora para irse a la cama. Nodoka-sama la dejó ir.
- Descansa querida, mañana será un día largo.
Momoha asintió decaída y se encerró en la habitación. Taro se presentó esa noche a cenar pero al ver que su futura esposa no estaba presente supongo que no vio motivo de estar allí, así que comió y se fue alegando que debía descansar para estar perfecto en su boda. Me pasé toda la cena deseando clavarle el palillo en el ojo.
Nodoka-sama habló con Mousse pues él no sabía nada de la situación con Momoha y se había quedado un poco sorprendido al ver la escena de la despedida. Nodoka-sama se inventó una historia digna de una novela donde le explicaba a mi amigo que Momo-chan y esa chica se conocían desde niñas y ahora que se iban a casar no podrían verse. Mousse comprendió medio, medio la historia y no preguntó más.
Ya era bien entrada la noche y estaba agotada, pero como Momo-chan se había ido a la cama tuve que encargarme de limpiar la cocina y la sala. Nodoka-sama me había dicho que no hacía falta que lo podía hacer cualquier otra criada pero al ver la extenuación en la mirada de mis compañeras y amigas me negué en rotundo.
Y allí estaba, limpiando con un trapo la mesa del salón. Una vez terminé me asomé por la puerta que daba al jardín mientras me secaba el sudor con la manga del kimono. La luna brillaba en todo lo alto, era muy tarde y todos en la casa dormían, o eso pensaba.
Al salir de la sala, dispuesta a irme a la cama me topé con la figura de Shampoo parada en medio del pasillo. Al principio pegué un bote pues por la oscuridad no pude diferenciarla bien, pero cuando me fijé en quien era no pude evitar bufar frustrada.
- ¿Qué diablos quieres Shampoo? – pregunté de mala gana. Sabía que la china buscaba guerra, sino no estaría despierta a esas horas de la noche esperándome.
- Advertir.
Suspire agotada, Shampoo me parecía terriblemente agotadora y repetitiva – ¿Y qué me quieres advertir según tú?
- Shampoo casarse con airen, el amarme, demostrarlo en el jardín.
- Me alegro – respondí desafiante – que seáis muy felices, ahora, quítate de ahí – la aparté de un empujón a un lado y la escuché maldecir.
- Akane, tu no ser nada para airen, el quedarse con Shampoo, ser mejor esposa, más bella y…
- ¿Es que no tienes otra cosa que decir? – Pregunté con tono de burla – te repites, Shampoo ser bella, Shampoo quedarse con airen, Shampoo amar a airen, Airen casarse con Shampoo porque ser más hermosa… deberías buscar otros argumentos u otras armas, la belleza no lo es todo.
- Akane no tener nada que hacer contra Shampoo, airen verla como un hombre.
Me encogí de hombros de forma tranquila. Si me enfada ella ganaría, era lo que buscaba, desquiciarme, hacerme enfadar. Verme celosa la llenaba de júbilo por lo que no iba a permitir que me ganara – Ranma y yo somos amigos.
- ¡Mentira! ¡Tú amarle!
- No, te equivocas.
- No mentir, la noche que tu vernos, salir huyendo porque dolerte ver la realidad – dijo con una voz burlona – Shampoo quedarse con airen porque ella si saber satisfacer a un hombre.
Apreté los puños con rabia pero no se lo haría saber. Gracias a Kami la oscuridad disimulaba mi enfado. Tome aire para relajarme unos minutos y a mi cerebro llegó una salida para acabar con esa estúpida discusión. Sonreí con suficiencia y cruzándome de brazos dije – Sí, salí huyendo porque me asqueaba verte arrastrarte como un gusano por su atención.
La escuché ahogar un grito. Se había ofendido – eso… ¡eso no ser verdad!
- Te arrastraste, admítelo. Eres una gata en celo, tuviste que obligarle a tocarte porque si no él no hubiera hecho nada. Sí, es verdad, hui de allí pero porque no podía soportar ver a una mujer caer tan bajo.
- Airen desear a Shampoo – dijo con rabia. Aunque no pudiera verla bien en la oscuridad, pude distinguir que su tono de voz se quebraba como si fuera a llorar.
- Sí tú lo dices – respondí – pero dime una cosa Shampoo, cuando yo hui ¿a quién siguió Ranma? – La escuché sollozar – ¿a quién buscó al día siguiente? ¿A ti o a mí? – otro sollozo se hizo presente en la oscuridad y sonreí victoriosa. No me gustaba hacer sufrir a nadie, ni siquiera a alguien como Shampoo pero no iba a permitir más humillaciones por parte de la china.
- Shampoo aprender mucho de señora Ryugenzawa – dijo entre suspiros intentando frenar sus lágrimas – enseñarla a ser deseable para los hombres, enseñarla a complacer y enseñarla a fabricar fuertes afrodisiacos, con eso sumado a belleza natural de Shampoo, airen olvidar a chica violenta para siempre y amar a Shampoo.
Solté una sonora carcajada y caminé por el pasillo dejándola plantada allí. Antes de entrar a mi habitación me giré y dije – Pues buena suerte, la necesitarás. Gracias a Kami, a Ranma le interesa algo más que un cuerpo bonito, pero si quieres seguir suplicando por su amor… allá tú. Yo no pienso pelearme por un hombre, ante todo tengo dignidad. Buenas noches.
Sin dejarla responder entré en la habitación y tras cerrar la puerta di un largo suspiro. De verdad que Shampoo me hartaba, siempre hablaba de las mismas tonterías, su belleza, su pelo, su cuerpo, sus buenos modales, sus habilidades como esposa… ¿Qué importaba eso? ¿De qué le servía saber hacer hermosos ramos de flores o tocar el shamisen de forma armoniosa si luego perdía la dignidad suplicándole a un hombre que la había rechazado de forma directa tantas veces? ¿De qué te vale ser hermosa si el hombre que quieres no te ama?
Me puse mi yukata para dormir y entré en el futón, bostecé largamente para mirar a mi izquierda y luego a mi derecha. Mis compañeras dormían profundamente, incluso Momo-chan dormía tranquila. La miré con lastima en la oscuridad. Al día siguiente mi mejor amiga se casaría, sería condenada a una vida oscura y asquerosa, todo por quedar bien ante la sociedad. Iba a casarse con un monstruo para que gente que ni siquiera conocía de forma personal no la criticara. Comencé a plantearme el mundo en el que vivíamos y no me gustaba, pero poco podía hacer yo, solo era una adolescente de quince años.
Solté otro bostezo y me acomodé en el futón, con suerte dormiría un par de horas.
Aclaraciones:
Té matcha: Es un té verde molido empleado en la ceremonia japonesa del té.
Hai: Sí
Gomen ne: Lo siento
Nani: Forma de decir "¿Qué?" o "¿Qué pasa?"
Kuso: Mierda
Ne: Forma de llamar a alguien, es como decir "Eh", "Oye"
Ie: No
Shamisen: Es un instrumento musical japonés derivado del chino sānxián (tres cuerdas), el cual apareció en China durante la dinastía Yuan del siglo XIII. El sānxián chino fue introducido a las islas Ryukyu (Okinawa, principalmente), suroeste de Japón, desde donde llegó a Sakai (Prefectura de Osaka) alrededor del año 1562 y de allí se extendió por todo el país.
