¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Me da mucha pena escribir este capítulo porque sella el destino de uno de mis personajes favoritos que es Momoha, pero a partir de aquí los chicos comienzan a darse cuenta de que la vida es seria y que están entrando en una edad bastante complicada donde los sentimientos te juegan malas pasadas y tus acciones sellan tu camino.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.

Sin mas os dejo leer.


Unos leves toques me despertaron. Gemí molesta y me revolví entre las sábanas del futón – Vamos Akane, se hace tarde.

Abrí poco a poco los ojos y ante mi apareció la cara de Nodoka-sama. Me incorporé rápidamente avergonzada – Señora, yo… gomen ne no sabía que era usted, yo…

- Tranquila – me contestó con una sonrisa – pero es hora de que te levantes. Debemos prepararnos.

Me froté los ojos con el dorso de las manos para poder enfocar bien. Echando un vistazo a la habitación me di cuenta de que estábamos solas – ¿Dónde está Momo-chan?

- Bañándose, mientras tanto debemos prepararlo todo, la boda será por la tarde pero queda mucho que preparar.

Asentí y me levanté del futón, deseaba horriblemente desperezarme pero no podía hacerlo delante de Nodoka-sama. Mi señora me pasó una toalla – en cuanto salga Momoha, entras tú.

- Sí señora.

Nos miramos en silencio, tras unos segundos mi señora me dio una leve sonrisa para luego acariciar mi mentón – hagámosle pasar el día lo más tranquila posible ¿vale? – asentí levemente.

La puerta se abrió y por ella entró Momo-chan seguida de Sayuri. La futura novia tenía cara de velatorio, lo cual era entendible, en unas horas ataría su vida para siempre al peor hombre que me había echado en la cara.

- Buenos días Akane-chan – me saludó mi amiga con voz apagada.

- Ohayou

Las cuatro nos quedamos incómodamente en silencio. Ninguna sabía que decir, solo sentía la necesidad de salir de allí por lo que apretando la toalla en mis manos di un carraspeo y avancé hacia la puerta – me voy a bañar, en cuanto termine vengo a ayudarte.

Salí presurosa sin darles tiempo a contestar. Corrí dirección al baño y me encerré. Di un largo suspiro y me miré los pies descalzos, aquel día a mi parecer sería horrible y agotador. Me fui quitando la ropa poco a poco y entré en el agua. Di una muda exclamación al notar que estaba caliente, mi piel normalmente blanca comenzó a enrojecer y mis mejillas se encendieron por el calor y el vapor. Me pasé un trapo por el cuello levemente. Mi piel se erizaba ante el contacto con el agua pero no me importaba nada. Solo quería hundirme en el agua y quedarme allí todo el día para no tener que ser testigo del enlace de Momo-chan con ese hombre.

¿Por qué la vida era tan injusta? ¿Por qué una buena chica como Momoha era condenada así? ¿Por qué Sasuke que era oro molido, tenía esos problemas que le hacían diferente y por ende la burla de todos? ¿Por qué mi señora se había casado con un hombre como el señor panda? ¿Por qué Shampoo era tan hermosa por fuera si estaba podrida por dentro? ¿Por qué yo estaba viviendo aquella realidad en vez de ser feliz en mi casita de madera con mis padres? No lo sabía y nunca lo supe, pero con el tiempo, a medida que me hacía mayor aprendí que la vida no es justa y que tú escribes tu propio camino con tus acciones.

Me quedé un rato en el agua caliente notando mis músculos relajarse, pero mi deber era ayudar a Momo-chan, era su amiga e iba a estar con ella. Me levanté lentamente del agua y puse los pies en el suelo dando un gritito por lo frio que estaba. Busqué rápida con la mirada la toalla para cubrirme con rapidez y la encontré a dos pasos. Caminé dispuesta a agarrarla sin darme cuenta de que alguien estaba abriendo la puerta. Cuando tenía la toalla en la mano dispuesta a enrollarla sobre mi cuerpo un grito ahogado me llamó la atención.

Allí, justo delante de mí, listo para tomar un baño estaba mi joven señor, Ranma. Me quedé estática un momento sin saber qué hacer, él tampoco se movió, solo me miraba con los ojos abiertos de par en par y la boca apretada. No fui consciente de que mi señor me estaba viendo como Kami me trajo al mundo hasta que pegó un grito y se tapó los ojos.

Gritando yo también me tapé rápida con la toalla – ¿¡Qué demonios haces aquí!?

- ¡Lo siento, lo siento! – Gritaba rojo tapándose los ojos – ¡Juro que no he visto nada!

- ¡Lárgate! ¡Pervertido! – le lancé el pequeño balde de madera que servía para aclararnos – ¡Fuera!

Como pudo esquivó el proyectil y salió del baño gritando una disculpa. Cuando me quedé sola cerré rápidamente la puerta y comencé a hiperventilar. Mi rostro se notaba caliente, pero no por calor del baño, sino por la vergüenza que acababa de pasar, mi señor me acababa de ver desnuda y yo solo quería que se me tragara la tierra.

Ahogué otro grito con mis manos temblorosas y salí de allí. No sabía qué hacer cuando volviera a verle ¿darle una paliza? ¿Fingir que no había pasado nada? Estaba confusa solo podía esperar a ver su reacción, si hacía como que nada había pasado yo haría igual, si se burlaba se ganaría una paliza.

Caminé rápida hasta la habitación tras haberme vestido de nuevo. Mi rostro seguía rojo y en mi cara se pintaba una expresión de vergüenza absoluta que mis compañeras no pasaron desapercibidas – ¿Estas bien Akane? – preguntó Yuka quien peinaba a Momo-chan.

- Estoy bien – aclaré mientras tomaba los accesorios del pelo de la novia – todo perfecto.

Mi amiga se giró para mirarme – ¿Por qué estás tan roja? – miré a Momo-chan asustada temiendo que supiera lo que había pasado en el baño, pero era imposible, ella estaba en la habitación… ¿Cómo iba a saberlo? ¿Y si Ranma se lo dijo? Imposible.

- No sé de hablas – dije restándole importancia.

Me lanzó una mirada confundida y luego se encogió de hombros. Suspiré agradecida de que Momoha estuviera concentrada en su enlace y no tuviera tiempo en pensar en mí. Me sentí mal por pensar aquello pero en cierta forma agradecía la situación, si el incidente hubiera sucedido un día cualquiera, Momo-chan me habría sacado la verdad.

La puerta se abrió y por ella entro mi señora. Me sorprendí al ver lo sobriamente vestida que iba. El kimono no era el más lujoso del mundo pero era bonito y llevaba un sencillo moño en su pelo.

- Chicas, por favor salid quiero hablar con Momoha.

Nos levantamos rápidamente dejando a un lado nuestros quehaceres y cuando estaba dispuesta a salir de allí la voz de mi señora me frenó – No, tu no Akane. Necesitaré tu ayuda.

Mis compañeras me miraron un segundo y luego desaparecieron cerrando lentamente la puerta. Me ubiqué de nuevo en mi puesto y comencé a decorar el pelo de mi amiga. Nodoka-sama abrió el armario y sacó una enorme caja de papel marrón.

- Este es mi regalo de bodas, Momoha – dijo mi señora abriendo la caja. Abrí los ojos sorprendida al ver un precioso Shiramuko rojo.

- Señora, no tengo palabras para agradecerle este regalo – habló Momoha con voz apagada.

- Es lo mínimo que puedo hacer.

- No, no piense que la odio, señora – la voz de mi amiga se notaba muy triste pero en su tono había un toque de agradecimiento – siempre ha velado por mi bien y sé que esto lo hace por mí y mi seguridad.

Nodoka-sama suspiró un momento y comenzó a sacar el Shiramuko con cuidado. Me quedé impactada con la suavidad de la tela cuando tuve que ayudar a mi señora a sacarlo. Estaba segura de que era de las más finísimas telas y que seguramente había costado una fortuna.

- Señora, ¿Por qué rojo? – pregunté débilmente refiriéndome al color del traje.

- Es el color de la pasión, del amor y puesto que mi querida Momoha tendrá poco de eso en su matrimonio quiero que recuerde que, su señora, la ama.

Cuando hablaba aunque sus palabras iban dirigidas a mi persona, Nodoka-sama miraba a mi amiga quien soltó un débil sollozo. Yo no dije más, no quería decir nada que entristeciera más el día de Momo-chan.

- Creo que mejor empiezas vistiéndote tú, Akane, así me ayudaras con Momoha – asentí rápidamente abriendo el armario. Saqué de allí el Kimono que días atrás mi señora había elegido para mí. Era de color azul oscuro, casi negro y tenía exquisitos detalles de flores en color blanco y rosado.

Me coloqué las capas del kimono con ayuda de Nodoka-sama. Momoha mientras tanto me miraba con una débil sonrisa en el rostro. Le devolví la sonrisa para hacerle ver que yo estaba allí con ella, que pasara lo que pasará siempre estaría ahí.

- Si te aprieta mucho, me avisas – dijo mi señora mientras me colocaba el obi. Noté varios tirones cuando Nodoka-sama hizo el nudo pero nada que no pudiera aguantar. El kimono pesaba bastante pero era precioso.

- Bien, estoy lista – dije con una sonrisa – ahora a vestirte Momo-chan.

- No, aun no – dijo Momo-chan – tenemos que comer y no quiero estropear el traje.

Me pegué un golpe en la frente al darme cuenta de que aún no habíamos comido y yo ya estaba vestida. Posiblemente acabaría destrozando el kimono pero antes de que pudiera decir nada Nodoka-sama alzó una mano – tranquila Akane, comerás onigiris, no tendremos una gran comida hoy, lo dejaremos para la ceremonia.

Parpadeé asombrada y asentí – pero señora, usted…

- Yo me quedaré con Momoha hasta que llegue el momento, por lo cual tu estarás al cargo de lo que suceda en casa.

Abrí los ojos de par en par. La responsabilidad que me daba mi señora era muy grande, debía encargarme de todo, de ordenar a mis compañeros sus tareas, de recibir a los invitados, de acomodarlos, de… ¡todo! Sentí que me mareaba.

- Señora, creo que no es conveniente… yo no estoy capacitada.

- Tonterías – dijo restándole importancia – eres mi mano derecha Akane.

- Pero, yo no puedo darle órdenes a Kimiko o a los demás.

- Están todos avisados desde ayer que el día de hoy hasta que se celebre la boda tú estarás al mando. Los chicos también están avisados al igual que Genma. Hoy mandas tú, Akane.

Me sorprendí ante las palabras de mi señora ¿iba a estar al cargo de todo, por encima incluso de Shampoo, Ukyo o del mismísimo hombre panda y estos no habían dicho nada?

- ¿Ellos están conformes?

Mi señora se encogió de hombros – no importa lo que ellos opinen, ahora mismo solo quiero que este día salga perfecto y sé que tú eres la indicada para ayudarme.

- Espero poder estar a la altura, señora – me incliné ante ella profundamente y me dio una sonrisa.

- Lo estarás, ahora por favor, pídele a las chicas que traigan un poco de té, es bueno beber algo para rebajar los nervios.

Asentí y salí corriendo de la habitación en dirección a las cocinas. Aun no me creía que estaba al mando pero aunque en el fondo estaba asustada, me gustaba que mi señora confiara tanto en mí. Doblé una esquina para rodear las escaleras cuando me choqué contra el cuerpo de alguien.

- ¿Qué demonios hacer? Maldita torpe.

Alcé mi vista y pude ver a Shampoo aun con su yukata de dormir puesto. Por las toallas que llevaba en la mano iba directa a bañarse.

- Lo siento, no te vi.

- Eso ser obvio – me dijo mordaz para luego darme un empujón – apartarte de mi camino.

Si no fuera porque un par de brazos me tomaron al vuelo me habría ido de bruces contra el escalón. Abrí los ojos para toparme con unos orbes marrones muy preocupados.

- Akane ¿estás bien? ¿Te has hecho daño?

- Hai – respondí levemente – Arigatou, Ryoga-kun.

Mi amigo me sonrió. Iba con un elegante Kimono color tierra y verde, estaba muy guapo y el parecía pensar lo mismo de mi pues me miraba de arriba abajo, aunque claro, mi yo de quince años no lo vio de la misma forma.

- ¿Qué pasa? – Pregunté alarmada al verle mirarme como si hubiera visto a un fantasma – ¡dime que no se ha roto el kimono! – grité observándome con miedo.

- No, no, nada de eso simplemente – Ryoga se sonrojó terriblemente y bajó la mirada. Comenzó a jugar con sus dedos índices, algo muy propio de él cuándo está nervioso – es que estás muy guapa.

- ¡Ah! ¡Es eso! Menos mal – suspiré aliviada – tú también estas genial ¿es el traje para la boda?

- Así es.

- Muy guapo – sonreí levemente y Ryoga comenzó a tartamudear. Le miré curiosa y quise preguntarle qué diablos le pasaba pero ver salir a Sasuke de la cocina con un par de bandejas hacia el jardín me hizo recordar que hacía allí.

- Ryoga, luego hablamos, debo hacer un mandado de mi señora.

Ryoga me miró levemente y asintió. Caminé hacia la cocina donde se oían un montón de voces rozando la histeria. Cuando entre me sorprendí al ver la cantidad de gente que cabía en aquella abarrotada cocina.

- Por favor, Nara, lleva esto – le dijo Meiko a la niña que tomó una bandeja que se veía muy pesada – y por Kami, que no se te caiga.

- Tranquila, puedo con ello – la vi caminar con pasos seguros y cuando me miró sonrió de oreja a oreja – ¡Hola A-chan!

- Hola Nara.

- ¡Akane! – Gritó Yuri al verme en la cocina – ¿Qué haces aquí así vestida? ¡Podrías ensuciarte!

- Vengo por orden de mi señora – dije rápida. Estaba segura de que Yuri estaba a punto de expulsarme de la cocina.

- ¿Qué desea Nodoka-sama?

- Un par de tés, para ella y Momo-chan.

- No tengo tiempo para hacer un té – dijo removiendo una enorme olla. Iba a decirle que yo me encargaría pero me frenó en seco – y ni pensar en hacerlo tú, llevas un kimono muy caro y podrías estropearlo.

- No es tan difícil hacer un té – protesté.

- Querida, tus habilidades en la cocina no son las mejores – me dijo sin mirarme. Fruncí el ceño dispuesta a protestar cuando Daisuke apareció frente a mí.

- ¡Vaya Akane! Estas divina.

- Gracias, Daisuke.

- ¡Daisuke! Milagro que estés aquí – dijo Meiko que a pesar de que parecía ajena a todo había escuchado la conversación – necesitamos que hagas un té para la señora y Momoha.

- Marchando un té – dijo con voz servicial mientras se remangaba el kimono – ¿le ponemos un poco de veneno y así salvamos a Momoha de esta tontería?

Yuri se giró para darle con los palillos de madera con los que cocinaba en la cabeza – No bromees con esas cosas.

- Gomen, gomen – susurró mi compañero sobándose la zona afectada mientras calentaba agua.

No pude evitar sonreír. Me senté en la mesa de la cocina viendo como todos mis compañeros trabajaban en perfecta armonía a pesar del nerviosismo y el desastre que había en aquella sala de la casa.

Iba a apoyar los brazos en la mesa cuando la voz de Kimiko me hizo pegar un bote – ¡Akane cuidado!

- ¿¡Qué!? – pregunté asustada.

- ¿No ves que está sucio? – dijo limpiando con un trapo la mesa.

- No me había fijado – mi compañera me miró seria mientras me tendía una bandeja – lleva esto al jardín con mucho cuidado. No te ensucies y…

- Sí ya lo sé tranquilas, no soy Nara tengo ya una edad.

Kimiko me sonrió y me dispuse a salir por la puerta de la cocina para dirigirme al jardín. Para mi desgracia en medio del pasillo me encontré a Ukyo que vestía un elegante kimono amarillo y naranja. Parecía una puesta de sol.

- Cuidado, que mancho – le dije recibiendo un bufido.

- Al fin vuelves al lugar que te pertenece – me dijo con veneno.

Me giré para mirarla con curiosidad y me devolvió una mirada fría para luego girarse con la cabeza alta. Me quedé quieta en el sitio pensando en lo que me acababa de pasar. Era cierto que mi relación con Ukyo no era buena después del malentendido con Ryoga, pero desde hacía un tiempo simplemente teníamos un trato cordial. Por lo visto había hecho o dicho algo que había vuelto a cabrear a la prometida Hibiki.

Me encogí de hombros y salí al jardín, no tenía ganas ni tiempo en pensar que había molestado a Ukyo. Llegué a la zona del jardín donde se celebraría la unión, era un parte llena de cerezos y flores cerca del lago de las carpas. Había varias mesas colocadas en el jardín y varios farolillos colgaban en los árboles.

- Akane – dijo Sasuke al verme – hola.

- Hola Sasuke-kun – me tendió los brazos y le pasé la bandeja.

- ¿Cómo esta… Mom… Momo-chan?

- Está bien – dije con pesar – todo lo bien que se puede estar.

Le vi mirarme sonrojado y girarse veloz para colocar la bandeja en la mesa – ¿Qué te pasa?

- Nada – dijo tembloroso – esta guapa.

- ¡oh! Gracias – dije acercándome a el quien comenzó a temblar. Le miré curiosa pero me encogí de hombros – ¿Cómo va todo por aquí?

- Bien… todo controlado – dijo echando un vistazo a nuestros compañeros que trabajaban en la decoración del lugar.

- Bien, espero que los músicos lleguen pronto – Sasuke asintió y siguió a lo suyo por lo que me despedí de el – me tengo que ir a por el té de mi señora.

- Nos vemos luego, onee-chan.

Le dije adiós con la mano y entré de nuevo a la casa. Por suerte esta vez no había nadie a los pies de la escalera. Cuando entre en la cocina Daisuke ya tenía él te listo. Tome la bandeja y salí hacia la habitación con paso lento.

Cuando llegué a la puerta me dispuse a abrirla pero escuché un sollozo que me dejó estática. Al principio pensé que era de Momoha pero luego, la voz entrecortada de Nodoka-sama me reveló que en realidad era ella quien lloraba.

- Perdóname, por hacerte esto…

- Señora, ya hemos hablado de ello.

La voz de Momoha también se notaba temblorosa. Quería entrar y consolarlas a ambas pero algo dentro de mí me tenía paralizada. No estaba bien escuchar detrás de las puertas pero no podía moverme.

- Si esa bestia te hace algo, si se atreve a tocarte, no lo aguantes, vuelve.

- La ley se pondrá de su parte y me obligaran a regresar.

- Pero Taro sabrá que no estás sola.

Un débil sollozo se escuchó y sentí mi corazón encogerse – le temo, señora, me aterra pensar que esta noche el podrá hacer conmigo y mi cuerpo lo que quiera.

Apreté el agarre que tenía en la bandeja y fruncí el ceño. Ya no era una niña, sabía perfectamente que conllevaba la noche de bodas de un matrimonio, por lo que me hervía la sangre al pensar en mi amiga bajo las zarpas de ese asqueroso.

- Puedes negarte pero ambas sabemos que no valdrá de nada – escuché el pesar en la voz de mi señora – por muy asqueroso que te resulte, no te resistas, sino será peor.

- Jamás le amare.

- No tienes que hacerlo – contestó firme mi señora – simplemente déjate hacer, si Taro ve que te resistes lo obtendrá por la fuerza y será más doloroso.

- Tengo miedo – dijo débilmente mi amiga.

- Es comprensible, pero tú eres una chica fuerte, puedes con eso y más y recuerda, cualquier problema que tengas, vuelve a casa, a esta casa… a tu casa.

- Mi señora…

- ¿Qué haces ahí? – escuché la voz de Ranma y pegué un bote. Me giré tan rápido que casi tiro el contenido de los vasos.

- Casi me matas de un infarto – susurré. Ranma me miró con curiosidad pero luego se sonrojo furiosamente y se giró veloz para salir de allí. Me pregunté qué diablos le pasaba, primero se acercaba silencioso como una serpiente y luego tras casi matarme de un ataque al corazón se larga con cara de idiota ¿Qué diablos les pasaba hoy a los hombres?

Entonces recordé el incidente en el baño y yo también me sonroje hasta las orejas. Sí, seguro recordó aquello y prefirió huir a enfrentarse a mí el muy cobarde.

Con un bufido me giré y comencé a abrir la puerta lentamente. Mi señora y Momoha me miraron con los ojos rojos debido al llanto. Entre sin hablar y coloqué las tazas frente a ellas esperando que no se hubieran dado cuenta de que les había espiado.

- Señora la decoración en el jardín está casi terminada – dije intentando quitar tensión al momento.

- Muy bien – me dijo seria.

- Momo-chan, si quieres puedo traerte algo de comer

Momo-chan me sonrió – no gracias, no tengo hambre.

- Pero…

- No, de verdad, te agradezco de corazón pero tengo el estómago cerrado.

Baje la mirada avergonzada pues lo último que quería era incomodar a mi amiga – entonces, si no necesitáis nada más me gustaría ir a ayudar y a supervisar que todo esté bien.

- Claro, me parece perfecto Akane – dijo mi señora – pero ten cuidado de no ensuciarte.

- Si señora – me levanté para salir de la habitación. Hubiera preferido mil veces quedarme allí con ellas pero el ambiente era tan extraño que sentí la necesidad de salir corriendo.

- Por cierto Akane – me giré para mirarla – no está bien espiar las conversaciones tras una puerta.

Me quedé de piedra y me agaché para disculparme – no volverá a pasar señora.

- Lo sé – me contestó con burla. Sin mirarlas a los ojos salí de la habitación veloz. No sabía qué hacer, en la cocina todo parecía bajo control, en el jardín también, para cuando fuera la ceremonia estaría todo perfecto.

Suspiré y caminé por el pasillo un poco decaída cuando una mano me agarro de la muñeca. Alcé mi vista para encontrarme con la cara de Mousse quien me mandó callar con un dedo en su boca. Miró a todos los lados y salimos de la casa para meternos en el dojo.

- Mousse ¿Qué hacemos aquí?

- Necesitaba alejarme, y por tu cara, tú también – me contestó sereno caminando hasta una pared donde se sentó.

Lancé un suspiro profundo y caminé hasta colocarme a su lado. Nos mantuvimos en silencio un par de minutos, cada uno perdido en sus pensamientos. Por el rabillo del ojo pude observar el perfil de mi amigo. Nunca me había fijado que tenía una nariz algo larga y puntiaguda, Ranma por el contrario la tenía terriblemente ordinaria.

Me fijé en que llevaba un elegante kimono blanco y negro. Parecía un cisne – Vaya Mousse, estás muy guapo.

- Según Shampoo, parezco la novia – dijo con pesar.

- Shampoo es idiota – bufé enfadada.

Mousse soltó una risita y volvió a quedarse callado. Le vi crujirse los dedos de las manos y estirar las piernas. Este silencio no me incomodaba, cuando estaba con Mousse no necesitaba hablar, simplemente su compañía, el saber que estaba allí me llenaba de paz.

- Estas guapa – soltó de repente ganándose una mirada curiosa – el kimono, te sienta bien.

- Nodoka-sama y los demás están histéricos porque piensan que lo voy a manchar antes de la boda.

- Bueno, siempre has sido un poco torpe – me giré para lanzarle una mirada de enfado pero en vez de acobardarse comenzó a reír.

Su risa, dulce y pacífica me contagio las ganas de reír con él por lo que poco a poco empecé a sonreír para acabar estallando en carcajadas. Al cabo de unos minutos ambos reíamos con toda la capacidad de nuestros pulmones. La tripa me dolía y me lloraban los ojos al igual que el que estaba encorvado hacia delante.

Poco a poco nuestra risa se fue calmando y tras tomas una bocanada de aire dije – Gracias, necesitaba esto.

- ¿El qué? ¿Reírte?

Asentí levemente – Parecerá estúpido pero, llevo un par de días tan tensa y sin ganas de nada que… necesitaba reírme.

- De nada – contestó simplemente.

Volví a mirar su perfil y pude ver que en su mejilla había una marca roja apenas imperceptible. Toqué la zona afectada y el dio un respingo alejándose de mi levemente.

- ¿Qué es eso?

- Nada – me contestó seco llevando su mano a la zona.

- No, no me mientas, se nota que es una bofetada ¿Quién? – Mousse apartó sus ojos de los míos con un brillo de vergüenza en su cara entonces supe quien había sido – Shampoo.

- Fue mi culpa – dijo rápido.

- ¡No intentes exculparla! – Grité frustrada – ¿Por qué te ha golpeado?

- Le dije que estaba preciosa y que seguía amándola – contestó en voz baja – que nunca dejaría de hacerlo.

- Esa no es razón para pegarte.

- Le dije además – dijo cortando mi posible discurso – que Ranma jamás la amaría como yo la amo, que perseguía un imposible y que estaba ciega. Un segundo después me había cruzado la cara.

Me quedé observando fijamente el semblante de mi amigo con los puños fuertemente apretados – sigo diciendo que no es motivo suficiente.

- Me lo merecía

- ¡No! – Grité poniéndome en pie – ¡Ella se ha merecido la paliza que le voy a dar!

Intenté salir del dojo con una meta en la mente, golpear hasta el cansancio a esa china pretenciosa. Me tenía harta, no podía más tenía que descargar mi frustración y si era con ella pues mira, mejor que mejor. Con el paso de los años había visto los desplantes de la china hacia mi amigo pero como él siempre decía que la amaba y la protegía decidí no meterme, pero esto ya era inaudito, le había golpeado y no pensaba tolerarlo.

- Akane espera – me frenó Mousse agarrándome del brazo – no merece la pena.

- Mousse, esa mujer tiene que aprender una buena lección.

- Por favor, quédate conmigo, necesito compañía.

- Mousse…

- Por favor – me miró con unos ojos tan vacíos, tan tristes, que me tocaron el corazón. Me acerqué a él lentamente y apoyó su frente contra mi vientre. Me rodeó por la cintura con sus brazos y suspiró. Me quedé quieta como una estatua, no sabía que hacer pero mi amigo me necesitaba.

No era una situación muy cómoda y estaba segura de que si alguien nos veía pensaría lo peor, pero no me importaba, Mousse necesitaba mi ayuda y la iba a tener.

Con mis manos le acaricia la cabeza lentamente, intentando relajarle, hacer que ese dolor que había en sus ojos desapareciera. Nos quedamos en silencio de vez en cuando interrumpido por un suspiro de mi amigo hasta que un carraspeo nos hizo alzar la vista asustados.

Abrí mis ojos de par en par al encontrarme la enfadada mirada de Ranma. Estaba de pie en la puerta del dojo, sus cejas estaban fruncidas y sus puños apretados. La boca se me secó y mi corazón comenzó a latir furioso.

- Ranma…

- Mi madre te busca – soltó con dureza dándose la vuelta sin dejarnos contestar.

Mousse me miró y me dijo que me fuera en un susurro. Dudé unos segundos pero luego salí corriendo del dojo buscando con la mirada a mi joven señor. Por el rabillo del ojo vi su espalda desaparecer dentro de la casa y corrí para alcanzarlo. Para mi mala suerte cuando entré, no estaba solo.

- Shampoo arreglarse para prometido ¿gustarle? – preguntaba melosa exhibiéndose ante él.

Ranma que me había visto entrar tras él sonrió de forma ladeada y colocó con delicadeza un mechón del largo pelo de Shampoo tras su oreja haciendo a la chinita sonrojarse – estas… muy guapa.

Shampoo sonrió de oreja a oreja y se lanzó a abrazarle. Ranma no contestó al abrazo pero tampoco hacía nada para apartarla. Sentí el nudo del enfado en mi garganta, apreté los puños al ver la mirada victoriosa que me daba Shampoo por encima del hombro de Ranma.

Recogiendo mi dignidad alcé el rostro y pasé a su lado sin decirles nada. No iba a dejar que me afectara, no iba a tolerar que esos dos me hicieran sentir mal.

- Akane – dijo la chillona voz de Shampoo haciéndome frenar aun dándoles la espalda – Espero que lo que ver, dejarte claro cuál ser tu lugar.

Me giré para mirarla con una mirada filosas que podría congelar los desiertos. Me tuve que controlar mucho para no emprenderla a los golpes con ella, no solo por sus palabras, sino por el recuerdo de la bofetada que le dio a Mousse. Conté hasta cien deseando borrar esa sonrisa petulante de su cara y vaya que si lo haría.

- Claro que se cuál es mi lugar.

- ¿A si? Pues no parecerlo – la vi agarrar el brazo de Ranma y enterrarlo entre sus pechos haciéndole sonrojar mas no deje que me afectara. Puse una mirada seria y una sonrisa torcida mientras me acercaba lentamente a ellos. Noté como Shampoo tensaba el agarre en el brazo de Ranma y sonreí más ampliamente.

Cuando estaba a un par de centímetro de ella me incline levemente y dije – Se muy bien cuál es mi lugar. El mío ser la mano derecha de Nodoka Saotome, señora de esta casa, el tuyo, ser el perrito faldero de Ranma.

Abrió los ojos de par en par – ¡Yo no ser el perrito de nadie!

- Tienes razón, eres más bien un gusano – escupí con maldad – me das asco.

Me giré sin darle tiempo a que me contestara pero antes de desaparecer de su vista me giré para lanzarle una última advertencia – Y te lo advierto, como vuelvas a tocar a Mousse, te las veras conmigo.

- No amenazar a Shampoo – dijo con voz ruda pero algo temblorosa.

- No es una amenaza, es una advertencia.

- Déjala Shampoo – habló por primera vez Ranma – está celosa de tu belleza, no te dejes pisotear.

- Ranma mi amor – la oí decir en un suspiro enamorado que me dio ganas de vomitar. Me giré levemente para mirar a mi joven señor por encima del hombro. Tenía una mirada furiosa que y le devolví, no me iba a amedrantar ante nadie.

- Me das pena – le dije con la mandíbula tensa. Pareció sorprenderse pero me dio igual, con paso digno me dirigí a la habitación de Nodoka-sama sin mirar atrás.

Caminé pisando fuerte pues tenía el humor de un perro hambriento, abrí la puerta y dentro de la sala Momoha tenía la cara blanca debido a un ungüento que le hecho mi señora. Me quedé de piedra pero no pude evitar empezar a reír. Mi amiga me miró curiosa pero no podía parar de reírme.

- Momo-chan, estas muy graciosa.

Momoha pareció entender el porqué de mi risa y empezó a reír conmigo. No me había dado ni cuenta que mi señora no estaba hasta que su voz sonó a mi espalda – ¿de qué os reis?

Ambas pegamos un saltito y nos giramos para mirarla. En sus manos llevaba un cuenco de madera con agua caliente y un trapo. Su ceja morena estaba enarcada y Momo-chan y yo nos enviamos una mirada juguetona.

- Es que me sorprendí al ver a Momo-chan así – dije apuntando la cara de mi amiga.

- No me he visto pero seguro que parezco un onigiri.

Asentí y volví a reír. Mi señora dobló su boca en una mueca que quería ser una sonrisa pero esta no llegó a sus ojos – Me da alegría veros reíros.

Se sentí junto a Momoha y mojó un trapo en el agua caliente. Con cuidado le quitó poco a poco el ungüento dejando su piel un poco roja debido a la temperatura del agua – esto es para que su piel brille – habló mi señora sacándome de toda duda que pudiera tener. Sudé un poco, definitivamente mi señora leía las mentes.

- El joven señor me ha dicho que me buscaba – hable.

- Así es – dijo sin dejar su tarea – necesito que traigas nuestro almuerzo.

- Señora ya le he dicho…

- ¡Tienes que comer! – dijo firme mi señora consiguiendo que Momoha bajara la vista. Luego me miró a mí – ¿ya has comido?

- No señora, aun no.

- Bien pues en cuanto nos traigas el almuerzo comerás tú también, me tienes que ayudar a vestirla y luego deberás cumplir tu misión.

- Si señora – contesté sin protestar. No es que tuviera mucha opción.

Salí de nuevo de la habitación y bufé cansada. Ese día había dado más vueltas que un perro mordiéndose su propia cola. Fui a la cocina donde Nara me sonrió ampliamente. Les pedí la comida a mis compañeras y estas me extendieron cuatro onigiris. Los tomé y salí corriendo de la cocina. A los pies de las escaleras divisé a los prometidos de la casa entrar los cuatro juntos en el salón. Las chicas iban agarradas como lapas a los brazos de Ryoga y Ranma. Rodé los ojos con aburrimiento y me fui sin que me vieran.

- Aquí está la comida señora – dije dejando los onigiris a sus pies – creo que son de pollo.

- Arigatou, Akane-chan – me dijo Momoha con una sonrisa tomando uno en su mano. Nodoka-sama la imitó y comenzó a comer en silencio.

- Vete a por tu comida, puedes tomarlos aquí con nosotras si quieres.

Me pensé su ofrecimiento pero entonces recordé que Mousse estaba solo y deprimido en el dojo, seguro que ni siquiera había comido – No gracias señora, pero comeré con Mousse, hoy no se encuentra bien.

- ¿Está enfermo? – preguntó Nodoka-sama.

- No, solo… no tiene un buen día – le di una mirada que mi señora entendió perfectamente.

- Bueno, pues no deberías dejarle solo – me dio una débil sonrisa – anda ve.

- Sí, señora – hice una reverencia y antes de salir les informé de que estaríamos en el dojo para que supiera donde mandarme buscar cuando me necesitara. Tras entrar de nuevo en la cocina y tomar mi almuerzo y el de Mousse corrí rauda al dojo. Le encontré sentado con la cara hundida en sus rodillas.

- Mousse – se sobresaltó y me miró con los ojos abiertos. Noté como apartaba algo de su cara con su antebrazo y sentí mi pecho hundirse, Mousse estaba llorando.

- Akane, hola – me dijo con voz nasal sorbiéndose la nariz – ¿no estabas con Nodoka-sama?

- Me dio tiempo para comer – me senté a su lado y puse la comida entre los dos. De la manga de mi kimono saqué un pañuelo y se lo tendí. No dijo nada, solo lo tomó.

- No tengo hambre.

- Pues tienes que comer, hoy será un día largo – negó repetidamente con la cabeza por lo que me enfurecí. Tomé un onigiri y lo abrí plantándoselo en la cara – No me obligues a cebarte como a un bebe.

- Sí mama – contestó con un suspiro cansado. Solo pude reír.

Comimos en silencio pero en mi cabeza pensaba una y otra vez en las lágrimas de Mousse. Algo muy gordo había pasado aparte de la bofetada y no me lo quería decir, pero se lo sacaría.

- Mousse ¿estás seguro de que no tienes nada más que contarme?

- No – contestó simplemente.

Fruncí el ceño tras darle un mordisco a mi arroz – ¿seguro? – pregunté tras tragar.

- Sí – dijo en el mismo tono.

- Que conversación tan profunda – dije con un quejido. Le vi sonreír levemente y me alegré de ver eso.

- Lo siento, hoy es un día raro.

- dímelo a mí – dije con pesar – hoy debería estar al lado de Momo-chan, apoyándola pero Nodoka-sama no se despega de ella.

- Quizás tenga sus razones.

- Pero yo quiero apoyarla, que sepa que estoy ahí para ella.

- Eso ya lo sabe, Akane – me dijo con voz profunda mirándome a los ojos – siempre estás ahí para todo el mundo. Eres una chica muy buena y muy dulce. Quizás hoy Nodoka-sama necesité estar con Momoha a solas y… pedir perdón.

- ¿Pedir perdón?

Mousse se encogió de hombros levemente – Bueno, si no me equivoco fue ella quien la comprometió con Taro.

Pensé un momento en la posibilidad de que fuera eso pero, no entendía el porque nos alejaba a todos, incluido a mí. Era injusto – Pero Momoha también es mi amiga.

Mousse no contestó simplemente terminó su almuerzo y se apoyó en la pared cerrando los ojos. Acabé de comer e imité a mi amigo intentando alejar de mi cabeza cualquier pensamiento horrible. Yo quería estar con Momo-chan y por Kami que lo iba a estar.

Me levanté veloz y tomé de la mano a Mousse quien abrió los ojos mirándome curioso mientras lo levantaba del suelo – ¿Qué haces?

- Tu iras con Sasuke y yo iré con Momoha.

- ¿Con Sasuke? ¿Qué voy a hacer yo con Sasuke?

- Yo que sé, ayudar, hablar, no se algo se le ocurrirá – hablé arrastrándole – pero hoy Momo-chan me necesita, tú también por lo que no puedo dejarte solo – pasamos por delante del comedor de la mano y las parejas que había ahí dentro nos miraron curiosos.

- ¿Paseando con tu novio Akane? – me preguntó Ranma burlón.

Ni le miré, seguí caminando sin dirigirle la palabra, Mousse me seguía sin rechistar pero pude escuchar a lo lejos una maldición y justo después la risita de Mousse. Cuando llegamos con Sasuke lo encontramos dormitando a la sombra de un árbol. Tenía un onigiri a medio comer en la mano y dormía con la boca abierta. Sonreí enternecida, el pobre debía estar agotado.

- Sasuke – le susurré moviéndolo. Dio un gruñido y siguió durmiendo. Volví a moverle levemente – Sasuke.

Nada, seguía roncando como un oso en invierno. Bufé molesta y soltando a Mousse comencé a zarandearle – ¡Sasuke despierta!

- ¡Estoy… es… estoy des… despierto! – gritó nervioso aumentando así su tartamudeo. Sasuke había hecho grandes progresos, solo se notaba diferente por ciertos rasgos de su cara y algo extraño en su tono de voz, pero por lo demás era un chico normal, salvo cuando se ponía nervioso.

- Sasuke, necesito que me hagas un favor – hablé con tono dulce dándole una amplia sonrisa. Esa que le poníamos a los hombres del mercado las chicas y yo cuando queríamos una rebaja. No fallaba nunca.

Mi amigo se sonrojó levemente y asintió – Necesito que hagas compañía a Mousse ¿vale?

- Claro onee-chan – Mousse le sonrió agradecido y se sentó a su lado. Satisfecha por verles entablar una conversación me di la vuelta para ir al cuarto de mi señora. Volví a pasar frente al salón y vi como las cabezas de Ukyo y Shampoo se escondían rápido, seguro estaban intentando espiar.

- Sois patéticas – murmuré cuando entré a la casa por el salón. Sin dirigir una mirada o una palabra a Ranma salí al pasillo y me encaminé a casa de mi señora. Piqué a la madera del borde y la voz de mi señora me dio permiso para entrar.

Cuando me vieron en la puerta parecieron sorprenderse – Akane, ¿Qué haces aquí? Aun no te he mandado avisar.

- Quiero estar aquí, con Momo-chan.

- Pero Mousse…

- Está en buenas manos – la corté – y hoy mi mejor amiga me necesita.

Nodoka-sama lanzó una mirada a Momoha que comenzó a poner un delicado puchero en su cara. Me acerqué a ella lentamente y limpié una lágrima que caía por su mejilla. Luego dirigí una mirada a mi señora – Por favor, déjeme estar con ella.

Mi señora asintió y sonreí agradecida. Pasamos unas horas encantadoras donde Momoha nos explicó sus miedos y pensamientos. Cuando tocaban algún tema delicado como el tema sexual me sonrojaba hasta las orejas y Nodoka me miraba con unos ojos que gritaban "por estas cosas no deberías estar aún presente" pero no me importaba traumatizarme si con ello daba mi apoyo a mi amiga.

- Estoy nerviosa – dijo entre susurros jugando con sus dedos – falta poco y… no estoy preparada.

- Estas más que preparada Momo-chan – dije firme – eres una gran mujer, muy fuerte y Taro no podrá contigo – tomé su mano y la apreté levemente para darle ánimos – y si te hace algo me avisas y le daré la paliza de su vida.

Momo-chan soltó una carcajada y me apretó el agarre – Gracias por ser mi amiga.

Nodoka-sama carraspeó un momento captando nuestra atención. Temía que estuviera enfadada pero su rostro era pacifico – Queridas, creo que es hora de vestirse.

Asentimos lentamente y mi amiga me miró de arriba abajo – increíble Akane, no te has ensuciado ni roto el kimono.

- Pero lo ha arrugado – dijo con reproche mi señora. Lancé una mirada al bajo de mi traje y vi un par de arrugas.

- Señora, es imposible que esto esté liso – Momo-chan soltó una débil risa y aunque al principio mi señora me miró mal, luego rio con gracia.

- Que haré contigo, Akane – sonreí ampliamente y ayude a mi señora a ir poniendo poco a poco las capas del kimono de mi amiga. Nunca me había parado a pensar lo tedioso que era vestirse de novia, posiblemente ese traje pesara más que yo.

Una vez terminamos de vestirla Nodoka-sama la miró con los ojos brillantes, al igual que yo. Estaba preciosa, su cuerpo regordete encajaba perfectamente en ese traje, como si estuviera hecho para ella.

- Pareces una princesa Momo-chan.

- Gracias, Akane, pero lastimosamente para mí, yo no me casaré con el príncipe – dijo con pesar – a mí me va a devorar el oni.

- Pero tienes un escudero que pateará el trasero del oni si se atreve a hacerte algo – contesté segura haciéndola sonreír.

- ¿Estas cómoda querida? – preguntó Nodoka-sama.

- Pesa un poco, pero sí.

- Bien – caminó lentamente y sacó una cajita de madera del armario. Estaba delicadamente decorada y cuando la abrió sacó una especie de concha de playa. La miré curiosa abrirla y cuando lo hizo observé que dentro había una especie de pigmento rojo. Con un pincel pintó el labio inferior de Momoha, pero no el superior.

- Ahora sí, estas perfecta.

Sonreí ampliamente al verla. Escuchaba como el alboroto del pasillo crecía por momentos y se escuchaban pasos apresurados. Mi señora abrió la puerta levemente y se giró para mirarme – Akane, está llegando el novio – noté a Momoha tensarse al igual que yo – deberías ir saliendo.

- Sí señora – abracé levemente a mi amiga susurrándole una vez más que estaba preciosa y salí de la habitación.

- Confío en ti, Akane – había dicho mi señora antes de que cerrara la puerta. Suspiré profundamente encaminándome a la puerta principal. A lo lejos divisé al futuro marido llegar con sus padres y el señor Panda quien ya se tambaleaba levemente. Puse una mueca de asco cuando los ojos de Taro se toparon con los míos. Llevaba un Montsuki negro y no pude evitar pensar que, al menos físicamente, era atractivo. Lástima que por dentro estuviera podrido.

- Vaya pero que tenemos aquí – dijo con un tono dulzón que me dio ganas de vomitar – mi princesa guerrera.

- Taro – dijo la tenue voz de la madre del muchacho. Lancé una rápida vista hacia la mujer que estaba junto al padre del futuro marido de mi amiga – no deberías hablar así.

Era una mujer bajita y delgada, muy delgada, rozaba la demacre. Sus pómulos y sus ojos se hundían en su cara y tenía las manos huesudas. Abrí los ojos sorprendida por el físico de esa mujer pues sus rasgos dejaban ver a una mujer hermosa, si no fuera porque estaba consumida.

- Madre, esta es Akane, la mano derecha de Nodoka-sama.

Me incliné ante a mujer que también dio una leve inclinación. Tenía un fino pelo castaño que se veía extremadamente delicado ¿estaría enferma? Luego un gruñido me hizo girarme para observar a Taiki, el padre de Taro. Llevaba un kimono también negro al igual que el señor panda quien me miraba con su gorda cara deformada en una mueca de desagrado.

- Mi señora me ha mandado recibirlos – dije seria – por favor síganme – me giré para dirigirlos a una salita apartada que era donde Nodoka-sama o el hombre panda tenían reuniones serias. Abrí la puerta y les hice pasar, una vez estuvieron acomodados me dispuse a salir, no quería verle un minuto más la cara a aquel cerdo – Enseguida vendrán a ofrecerles un té.

- Gracias – dijo la madre de Taro – muy amable.

- Por favor, disfruten y no duden en pedir cualquier cosa al servicio – y cerré la puerta alejándome de allí. Pasé por la cocina para avisar a mis compañeras de que el novio y sus padres estaban en la salita y que fueran a servirles un té. Satsu fue quien se hizo cargo pues no queríamos que Sayuri estuviera cerca de aquel hombre.

Me pasé las siguientes horas recibiendo invitados y llevándoles al salón principal donde mis compañeras les servían té y controlando que todo estaba perfecto. Cuando todo estaba listo para la ceremonia en el jardín fui avisando a los invitados para que se colocaran, eran unas cuarenta personas más o menos entre amigos y familiares, todos por parte del novio ya que los de la parte de la novia se encontraban sirviendo.

Taro pasó a mi lado y se colocó frente al monje que bendeciría la unión de Momoha con aquel hombre y me guiñó el ojo. Fruncí el ceño y me giré para avisar a mi señora que todo estaba listo y dispuesto.

- Sasuke, iré a avisar a mi señora, quedas a cargo – Sasuke abrió los ojos y miró a Mousse que estaba sentado ya en su sitio – No busques ayuda, sé que lo harás bien, confío en ti.

Me miró un poco preocupado pero asintió con una leve sonrisa – como digas, onee-chan.

Iba derecha hacia la casa cuando me topé con las parejitas felices. Me tensé un poco pero pasé a su lado sin mirarles si quiera, Escuché a mi espalda la risita burlona de Shampoo pero me importaba muy poco, mi deber ahora era ir a por mi amiga y llevarla derechita a una pena de muerte en vida. Que gran amiga era.

Cuando entré por la puerta mi amiga se giró con gesto de pánico agarrándose al brazo de mi señora quien bajó la vista apenada.

- Momo-chan, llegó la hora – dio un largo suspiro y soltó a mi señora poniéndose lentamente en pie. Se colocó bien las mangas de su traje de novia y caminó lentamente hacia la puerta. A pesar de que su rostro era sereno en sus ojos podía apreciarse la desesperación.

Cuando llegó a mi lado no pude evitar saltar a sus brazos. La abracé como si quisiera retenerla conmigo, no quería soltarla porque sabía que en cuanto diera el sí quiero, perdería a Momoha para siempre. Ella me devolvió el abrazo de forma débil, como sin fuerzas. Me partió el corazón verla así de abatida.

- Niñas, debemos bajar – dijo con tristeza Nodoka-sama. Se acercó a paso lento y tomó a Momoha por los brazos – ya te lo he dicho y lo reafirmo con Akane delante, eres parte de esta familia y no estás sola, esta es tu casa, siempre será tu casa – de los ojos de Momo-chan salieron un par de lágrimas – si algún día necesitas escapar, ven a casa.

- Lo haré, mi señora – Nodoka-sama puso una mueca que me sorprendió muchísimo, estaba llorando. Me di cuenta de que yo también lloraba, las tres llorábamos porque sabíamos a lo que se debería enfrentar nuestra querida Momo-chan.

Mi señora la abrazó fuertemente y luego la soltó – Adelante.

Salimos las tres en dirección al jardín. Momo-chan caminó hasta su marido y se arrodillo a su lado, tensa. Yo iba a permanecer de pie, junto al resto de los criados a los lados, pero Nodoka-sama me hizo sentarme a su lado casi por obligación.

No prestaba atención a la ceremonia, solo podía observar vagamente la cara de satisfacción de Taro a medida que el monje hablaba y como Momo-chan se hundía. Pasé mi vista por los presentes disimuladamente y pude observar a Shampoo agarrada a Ranma con una enorme sonrisa en su cara. Fruncí el ceño y cuando menos lo esperé los ojos de Ranma se toparon con los míos. Fríos, vacíos, enfadados… así nos mirábamos mi señor y yo.

- Que esta unión sea bendecida – dijo de repente el monje haciéndome caer de nuevo a la tierra. Me giré para ver como Taro besaba la mejilla de mi amiga quien se encogía sobre sí misma. Ya estaba hecho, Momo-chan era la mujer de Taro.

Me levanté cuando el resto lo hacía para acercarse a la pareja. Yo, por el contrario me quedé atrás con mi señora quien tenía la mirada perdida. Sabía que por dentro se estaba martirizando y no podía tolerar que mi señora sufriera.

Puse una mano en su antebrazo – ha hecho lo que era correcto, señora.

- Lo sé – contestó solemne sin apartar sus ojos del recién matrimonio – pero eso no quita que duela.

Asentí levemente pero no dije nada. Mi señora se encaminó hacia la pareja y abrazó a mi compañera y amiga. No podía acercarme, simplemente no podía porque si me acercaba a ellos acabaría dándole una patada a aquel cerdo.

Me alejé lentamente de la multitud, necesitaba respirar, el kimono me ahogaba y tenía mucho calor. Caminé a paso rápido hasta el puente de madera que cruza el lago de las carpas y me apoyé en él, mirando mi reflejo en el agua.

Me daba mucha pena mi amiga pero también me daba pena a mí misma, acababa de perder a mi mejor amiga a uno de mis mayores apoyos en aquella casa. Solté un débil sollozo y una lágrima cayó por mis ojos hasta mi nariz para perderse en el agua del lago.

Luego calló otra y otra más hasta que las lágrimas se convirtieron en un profundo llanto. No pude aguantarme más, debía dejar fluir las frustraciones del día. El no poder salvar a Momoha, el no poder consolar a mi señora, el no poder apoyar a Mousse, el ver a Ranma con Shampoo… había sido un día intenso.

- No deberías llorar, te pondrás horrible – dijo una voz. Me giré rápido para toparme frente a frente con Ranma quien me miraba preocupado.

- Que te importa – contesté con furia mientras secaba mis ojos con las mangas del kimono.

- Me importas – dio un paso y se colocó a mi lado, apoyado el también en el canal – aunque pienses que no.

- No te confundas Ranma. Yo solo soy una criada.

- ¿Y eso que tiene que ver? – preguntó mirándome. Sin poder evitarlo solté otro sollozo y una solitaria lágrima cayó por mi mejilla pero nunca llego al final de mi cara pues un dedo la frenó.

- Deja de ser una llorona, sé que Taro no es una joya pero al menos tu amiga vivirá bien.

Me giré para mirarle furiosa – ¿bien? ¿Vivir con ese monstruo es vivir bien? ¡No digas tonterías!

- Solo intentaba ser amable ¡marimacho!

Apreté los puños con rabia – ¡No me insultes! ¡Quedamos en que no me volverías a ofender!

- ¿Antes o después de que te pusieras a los novios con Mousse? – preguntó con resentimiento.

Arqueé una ceja, no entendía a que venía ese reproche, no tenía nada que ver con lo que estábamos hablando, además ¿de qué iba todo aquello?

- No sé de qué hablas, pero no me importa, tengo cosas más importantes en las que pensar que en discutir contigo.

- Claro, como en Mousse.

Le miré con fiereza y no pude controlarme, le di un empujón que casi lo tumba – ¡Pues no imbécil! ¡Me preocupo porque mi mejor amiga está casada con un psicópata que disfruta hacer sufrir a la gente! ¡Eso es lo que me preocupa!

Sus ojos se abrieron sorprendidos e intentó disculparse, lo vi en sus ojos, pero yo estaba tan cegada por la rabia que no le dejé – ¡Y claro que me preocupo por Mousse! ¡Pero no de la forma que tú crees! ¡Es mi amigo y está sufriendo porque tu prometida solo sabe humillarle!

- Es un idiota, le he dicho mil veces que no pierda su tiempo – dijo Ranma.

- No puedes evitar enamorarte, quizás tu sepas dominar tu corazón, pero el no, el la ama y ella no se lo merece.

Le vi fruncir el ceño y supe que algo de mi comentario le había enfadado – Claro, él no se merece a Shampoo, se merece a alguien mejor.

- Pues sí, por supuesto que sí.

Sus ojos se tornaron oscuros y se cruzó de brazos. Temblé al ver una mueca de diversión en su cara y supe que las próximas palabras que salieran de su boca me iban a hacer daño – entonces a quien se merece ¿a alguien como tú? Si, sinceramente puedo veros juntos. Una pareja de torpes.

Me quedé callada un momento pero no contesté, estaba cansada, muy cansada y no tenía ganas de lidiar con el idiota de Ranma. Di un suspiro y me dispuse a irme cuando me agarró por el brazo.

- ¿¡No dices nada!?

- No tengo ganas de discutir – dije cansada – suéltame.

- No, no hasta que me digas la verdad.

Me revolví furiosa – ¿¡Que verdad!?

- ¡Que te gusta Mousse!

Con un fuerte tirón me solté de su agarre y le enfrenté – ¡Pues mira ojala! ¡El al menos es un hombre que sabe lo que quiere!

Se quedó de piedra ante mis palabras. Tuvimos una dura batalla de miradas que ninguno estaba dispuesto a perder, pero entonces la chillona voz de la chinita apareció en el ambiente llamando a Ranma.

- Tu prometida te busca, deberías ir.

- No hemos terminado – dijo con la mandíbula tensa.

- Sí hemos terminado – me giré para caminar lejos de él y unirme a la celebración aunque no tuviera muchas ganas de fiesta. Me acerqué a Momo-chan para recordarle que no estaba sola pero me retire cuando su suegra deseó hablar con ella en privado.

Me acerqué a Mousse quien tomaba un trozo de pescado – Estoy harta de todo.

- Pues ya somos dos – contestó simplemente. Pasamos la velada quejándonos de los gritos, de la gente, de lo maleducados que eran los niños y de lo mala que había sido la interpretación de Shamisen de Ukyo aunque la gente hubiera aplaudido como si no hubiera un mañana.

El cielo comenzaba a oscurecer y me entró ganas de ir al baño por lo que me disculpé con Mousse y entré en la casa sin saber que estaba siendo observada muy de cerca por un par de ojos. La casa estaba en silencio, nunca la había escuchado tan silenciosa y vacía, ni siquiera en las cocinas, que siempre había alboroto, se escuchaba algo. Suspiré aliviada por la paz que transmitían aquellas paredes y me estiré.

Sin darme cuenta alguien había entrado tras de mí y me había agarrado por los hombros. Cerré los ojos debido al golpe que recibí en mi espalda contra la pared. Noté un par de manos aferrarse a mis hombros y un olor conocido llegó a mí. El olor del sake mezclado con un aroma particular.

Cuando supe quién era abrí los ojos para encontrarme con los de Taro quienes me miraban como si fuera agua en el desierto. Intenté alejarme pero su agarre se intensifico.

- ¿Qué diablos crees que haces? – protesté enfrentándole.

Taro soltó una risa cerca de mi cara y pude apreciar el olor a sake multiplicarse en el ambiente – mi querida Akane, mi princesa guerrera, que guapa estás hoy ¿no te han dicho que no puedes ser más bella que una novia?

- Estás borracho – dije retorciéndome.

- No, he bebido algo, pero no estoy borracho, soy muy consciente de lo que hago.

- Eres un cerdo – como pude le empujé y me soltó. Se tambaleó levemente y hoy en día pienso que debería haber echado a correr pero mi impulsividad y mal genio me hizo quedarme y enfrentarme a él.

- Cuando te conocí en aquel carro supe que serías especial, pero ahora veo claramente que eres una mujer exquisita.

- Estas casado.

- ¿Y qué? – Preguntó restándole importancia – todo el mundo tiene relaciones extramatrimoniales.

- No quieras meter en el mismo saco que tú a la gente decente.

Taro soltó una risita y se acercó a mí. Me puse en pose de defensa y pareció gustarle ese gesto pues sus ojos brillaron logrando hacerme temblar. Era como mirar a un demonio a los ojos.

- Me han dicho que sigues soltera – una rápida mano que acarició las mejillas – ¿me das un besito?

- ¡Aparta tus manazas! – Grité alejando su mano de un golpe – me das asco.

- ¡Que grosera! – Dijo fungiendo sentirse herido – y yo que me he alejado de mi querida esposa solo para pasar un rato contigo.

- Pues te vas a quedar con las ganas.

- Eso, eso es precisamente lo que me gusta de ti – le miré fiera sin perderle de vista – que no temes a nadie.

Se acercó poco a poco a mí y me paralicé, no sé porque, pero me paralicé y solo podía dar pasos hacia atrás a medida que él se acercaba. Taro tenía una malvada habilidad y es que era capaz de hacerte temblar cuando te miraba a los ojos. Cuando no tuve escapatoria se acercó a mi oído y susurró:

- Tengo una proposición para ti – temblé al escuchar una malvada risa junto a mi oído – te propongo que hoy te unas a nosotros.

Abrí los ojos de par en par y juro que deseé golpearle, pero mis músculos no respondían, estaba en un estado de asombro enorme. Le escuché reír de nuevo y movió su cara hasta mi otro oído – piénsalo, Momoha lo agradecerá y yo, lo disfrutaré, al igual que tú.

- Eres… eres un cerdo – dije comenzando a ver todo rojo. Apreté mis puños y justo cuando comenzó a lamer mi mejilla me revolví y le pegué un puñetazo en la nariz haciéndole doblarse del dolor. Una vez recuperé mi espacio personal me giré dispuesta a huir pero me agarro del brazo y me pegó una bofetada tan fuerte que me hizo caer al suelo.

Noté el sabor de la sangre en mi boca y cuando le miré tenía la nariz sangrando – Maldita zorra ¡me las pagaras!

Cerré los ojos cuando le vi alzar la pierna pero el impacto nunca llegó – ¡Como vuelvas a tocarla te mataré!

Abrí los ojos al escuchar la voz de Ranma y un golpe seco. Taro estaba en el suelo agarrándose la nariz pero podía observar como su mejilla comenzaba a hincharse, seguramente producto del puñetazo que Ranma le había dado.

Los ojos azules de Ranma me miraron preocupados y se acercó a mi ayudándome a ponerme en pie – ¿estás bien?

- Sí, no ha sido nada.

- Joven Saotome no es…

- ¡No me dirijas la palabra! – Gritó apuntando al marido de mi amiga con el dedo – ¡Y no te acerques a ella!

Escuchamos unos pasos acercarse a nosotros y en un segundo los padres de Taro y mis señores junto con un par de hombres más se acercaron.

- ¡Hijo! – gritó asustada la madre de Taro acercándose a el – ¿Quién te ha hecho esto?

- Ha sido ella – gimió mirándome. La apacible mujer se giró dispuesta a golpearme con el bolsito de tela que llevaba colgado pero entonces Nodoka-sama se puso frente a mí.

- Nodoka – se quejó la mujer parando en seco – exijo un castigo para ella.

- No hasta que sepamos que ha pasado.

- ¿Qué va a pasar? – escupió con rabia el padre de Taro – que ha vuelto a provocarle, como siempre.

- No es cierto ¡él ha sido quien me ha propuesto una indecencia!

- Mientes – dijo entre dientes Taro – solo quería hablar contigo.

Apreté los labios furiosa viendo como el padre de Taro le revisaba – le has roto la nariz ¡desgraciada!

- Se lo merecía – dije furiosa.

- Si por mi fuera te mataría con mis propias manos, mocosa – la voz del hombre sonaba dura y no había ni una pizca de duda en ellas.

Si pensaba que iba a dejarme humillar porque se veía rodeado de hombres que por lo visto eran sus amigos pues me miraban con una sonrisita burlona estaba muy equivocado. Salí de detrás de mi señora y me acerqué varios pasos a él mirándole fijamente – ya se lo dije hace tiempo, no podrías matarme ni aunque lo intentaras cien años. Ni en mil vidas podrías ponerme una mano encima.

- ¡Esto es inaudito! – dijo Genma agarrándome del brazo. Los hombres que acompañaban a mis señores se pusieron tensos y me dieron severas miradas de reproche.

- Genma, suéltala ahora mismo.

- Debe pagar con un castigo – dijo la madre de Taro – es lo justo.

- Yo decidiré que castigo imponerle – respondió severa mi señora – además aún no hemos escuchado su versión ni la de mi hijo.

- ¡No hace falta escuchar sus mentiras! – gritó la mujer.

- El me siguió e intentó propasarse, yo solo me defendí.

- ¡Mientes! – gritó Taro que se limpiaba la nariz como podía.

- No es mentira – contestó Ranma – yo lo vi.

Taiki soltó una gruesa risa – ¿Por qué ese afán en proteger a una criada? ¿Es que duermes con ella?

Apreté los puños furiosa pero antes de que pudiera responder Nodoka-sama salió en nuestra defensa – Ya que su hijo no sabe comportarse con una mujer soltera y decente no acuse al mío de ser igual.

- Nodoka, ya basta – dijo Genma – Akane debe ser castigada.

- Eso lo decidiré yo.

Mis señores entraron en una guerra de miradas que estaba segura mi señora iba a ganar. Aunque pareciera muy fuerte, el hombre panda solo tenía de fiero su porte, por el resto era un cachorrito cobarde. Un carraspeo llamó la atención de los presentes y vi a Mousse entrar a paso lento – yo también vi que pasó.

Un hombre calvo con una cicatriz en la mejilla dijo – Bien, yo avalo a este muchacho – le colocó una mano en su hombro – le conozco del entrenamiento cuando Genma lleva a los chicos con nosotros y es un hombrecito hecho y derecho.

Mousse se acercó a mí y me dio una tenue sonrisa para luego dirigirse a los adultos – Akane se ausentó un momento y vi como Taro la seguía, no sé por qué su mirada no me di buena espina pero no me metí. Cuando noté que Akane tardaba más de lo normal tuve un mal presentimiento y me acerqué, escuché parte de la conversación donde Taro le hacía proposiciones muy poco correctas, luego vino el sonido del puñetazo y el de la bofetada – todos escuchaban atentos a Mousse – y antes de que pudiera entrar, Ranma defendió a Akane.

- Gracias muchacho – habló el hombre de la cicatriz – creo que ha quedado claro, tres versiones contra una.

- No te creas nada Matsura – habló el padre de Taro – seguro que él también se la trabaja.

- Por si no te has dado cuenta, Taiki – dijo mi señora escupiendo con asco el nombre del señor – mi aprendiz también está herida – y sujetó mi mentón mostrándoles a todos que me había partido el labio – si lo que quieres es que tu hijo no quede como un patético golpeado por una mujer, estamos en paz, pues el también dañó a Akane.

- Se lo merecía – se quejó Taro pues su madre le apretaba un pañuelo de seda en la nariz.

- Creo que esto ya está solucionado – dijo el hombre de la cicatriz mirando a Taiki y al hombre panda – la muchacha le golpeó y el la golpeó a ella, caso cerrado, sigamos con la fiesta.

El resto de presentes asintió pero Taro se levantó furioso y se acercó a mí. Mousse y Ranma se tensaron un momento pero no les permití moverse. No me daba miedo, Taro no me iba a acobardar. Le enfrenté duramente y el pasó por mi lado no sin antes pararse junto a mi oído y susurrar – no importa cuánto luches, ya tengo a tu amiga la desviada, la próxima serás tú.

- En tus sueños – murmuré con los puños y dientes apretados. Cuando pasó por mi lado Taro golpeó mi hombro y me tambalee. Mousse me tomó de los brazos para que no cayera por lo que le di una sonrisa en agradecimiento.

Esto pareció enfadar a Ranma porque le escuché bufar. Sabía que también tenía que darle las gracias, si no fuera por el Taro me habría dado un buen golpe. A medida que los adultos desaparecían hacia la fiesta me acerqué a Ranma quien me miraba con los ojos furiosos.

- Gracias Ranma, si no fuera por ti me habría roto las costillas a patadas.

- Agradéceselo a tu novio – escupió con furia. Fruncí el ceño dispuesta a preguntarle porque demonios estaba de tan mal humor si solo se había agradecido pero el regaño de mi señora solo consiguió agravar más la rabia del heredero Saotome quien dirigiéndome una mirada de desdén dijo – me tengo que ir, mi prometida me espera – y sin más abandono la sala con ese gesto altanero que tan nerviosa me ponía.

Me quedé de piedra ante la actitud del joven señor, no esperaba esa contestación ni tal recalcamiento en la palabra prometida. No voy a negarle, me dolió el corazón cuando llamó a Shampoo su prometida, pero no podía hacer nada, solo tragar una vez más mi ira.

- ¿Qué le pasa a mi hijo? – preguntó sorprendida Nodoka-sama.

- Señora, si me permite – habló Mousse con cautela – creo que su hijo a malinterpretado algunas cosas y ahora… está cometiendo errores absurdos.

- Este niño – se quejó mi señora. Cuando dirigió la mirada a mi cara y se puso seria. Con rapidez lamí los restos de sangre que aún quedaban en mis labios pues sabía que aquello era lo que la había puesto tan tensa – Mousse vuelve a la fiesta – mi amigo me lanzó un rápida mirada pero obedeció sin rechistar – y tú te vienes conmigo, hay que curarte ese golpe.

Me tomó con rapidez de la mano y me llevó hasta su cuarto donde sacó un trapo y un ungüento del cual tenía horribles memorias. Era el mismo apestoso ungüento con el que me había curado la herida de la pierna y la puñalada del costado.

- Ni se te ocurra moverte – dijo al ver como mis ojos buscaban un escape.

Suspiré cansada y me dejé curar soltando algún que otro grito. Esa cosa no solo apestaba, dolía como mil cuchillos ardientes y no podía alejarme pues Nodoka-sama tenía agarrada mi cara como un águila un pescado.

- Sé que duele, pero con esto no se te infectará – guardó rápidamente el ungüento y dejó el trapo a un lado.

Yo me llevé la mano a la boca pues la sentía ardiendo – siento que me palpita el labio.

- Es normal – contestó dando un golpe en mi mano – no lo toques o tendré que volver a ponértelo y no creo que quieras eso ¿o sí? – con esa velada amenaza retiré rápidamente la mano de mi labio herido y bajé la mirada.

Nos mantuvimos en silencio unos segundos y Nodoka-sama habló – Ranma está muy cerca de Shampoo ahora mismo.

- No es mi culpa – dije rápidamente temiendo que mi señora me echara la culpa de ese acercamiento.

- Lo sé – contestó – al menos no de forma premeditada.

- ¿Qué quiere decir? ¿Qué sin darme cuenta hago cosas que molestan al joven señor?

Nodoka-sama me dio una tierna mirada mientras me acariciaba la cabeza – sois unos niños tercos.

No entendí sus palabras pero antes de que pudiera reprochar algo se levantó diciendo que debíamos volver a la fiesta. Sin rechistar la seguí por el pasillo hasta el jardín donde varios invitados rodeaban al novio preguntándole que le había pasado. Algunos otros me miraban como si fuera el peor de los criminales por lo que supuse que ellos ya habían sido informados.

Pasé el resto de la fiesta siendo objeto de todo tipo de burlas y replicas pero eso no me amilanó, a todas y cada una las enfrentaba llevando al final de la boda de mi amiga el apodo de "la fierecilla marimacho" obra, por supuesto de Shampoo, que se lo comentaba a todo aquel con ánimo de escucharla.

Por mi cabeza pasó la idea de que la nariz rota de Taro podría ser una salvación, al menos momentánea de mi amiga. Pero no fue así. Un par de horas después, cuando el cielo ya estaba cubierto de estrellas, los novios abandonaron la celebración para pasar su primera noche juntos.

Todos los criados nos despedimos de Momo-chan uno a uno, entre lágrimas. Yo no quería soltarla. Nos fundimos en un abrazo tan fuerte y largo que Taiki me agarró del cuello del kimono y me separó de su nuera. Caí de sentón ganándome un par de burlas de algunos invitados pero una vez más me levanté dignamente.

- Creo que es hora de que sepas que no tienes permitido hablar con mi nuera – dijo Taiki apartando a Momoha.

Apreté los puños fuertemente – Nunca me va a separar de mi mejor amiga.

- Tu amiga ahora es una señora, y las señoras no se mezclan con el servicio – la mirada de superioridad que le lanzó a mis compañeros solo consiguió ofenderme aún más.

- Créame cuando le digo, que tendrá que torturarme para alejarme de ella – busque la mirada de Momo-chan que me miraba con miedo – no estás sola, Momo-chan, recuérdalo.

Antes de que mi amiga pudiera contestar, Taro la tomó del brazo y la subió en su carro ordenando al mozo avanzar. Cuando los novios se fueron los invitados comenzaron a retirarse también. De aquella noche me quedo con un recuerdo en particular. De cómo mi amiga se alejaba lentamente por el camino de tierra y piedras y de cómo su cabeza, asomada por el filo del carro me lanzaba miradas suplicantes para que la salvara.

Esa noche no pude salarla, pero a día de hoy, estoy tranquila porque su petición fue llevada a cabo, aunque eso lo contaré más adelante.


Aclaraciones:

Hai: Sí

Gomen ne: Lo siento

Shamisen: Es un instrumento musical japonés derivado del chino sānxián (tres cuerdas), el cual apareció en China durante la dinastía Yuan del siglo XIII. El sānxián chino fue introducido a las islas Ryukyu (Okinawa, principalmente), suroeste de Japón, desde donde llegó a Sakai (Prefectura de Osaka) alrededor del año 1562 y de allí se extendió por todo el país.

Shiramuko: Kimono nupcial típico de las bodas sintoístas. Suelen ser de color blanco o rojo.

Onigiris: es un plato japonés que consiste en una bola de arroz rellena o mezclada con otros ingredientes. Suele tener forma triangular u oval, y a veces está envuelta en una pequeña tira de alga nori.

Onee-chan: hermana mayor.

Montsuki: Kimono de gala negro que lleva el novio en la boda tradicional japonesa.