¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Bien este capítulo creo que va a contentar a mas de alguno. Se que muchas me decís que os cae mal Ranma y que os agota, sinceramente a mi a veces también pero debemos recordar que Ranma es un niño que se ha criado en un hogar sin amor y que no sabe expresar sus emociones si no es peleando. Muchos me decís que amáis a Mousse y sinceramente, yo también pues es un amigo incondicional para Akane. Algunos incluso me comentáis que pensáis que Mousse está intentando separar a Ranma y Akane por orden de Shampoo lo cual ya os digo yo, no, eso no pasará nunca. Otra cosa importante, a partir de este capítulo vais a ver un cambio en los personajes especialmente en Ranma.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme y saber que nuevos escritores se animan a subir sus historias gracias a mi fanfic me hace sentirme muy especial, sois geniales, no tengáis miedo de escribir, si al principio sale mal pues que salga, fallar es la única forma de aprender y rectificar.
Sin mas os dejo leer.
Habían pasado casi dos meses desde la boda de Momoha. Lo único que sabía de ella era que estaba bien y que su casa era muy bonita. Momo-chan apenas escribía y cuando lo hacía era contando tonterías absurdas sobre lo cómoda que era su vida con Taro, como si fuera una tonta que no supiera la verdad.
Mi señora también estaba preocupada por ella pero como solía decirme – si Momoha solo quiere contarnos esto, debemos dejarla.
Me frustraba que Nodoka-sama me dijera ese tipo de cosas porque ambas sabíamos que si mi amiga solo escribía cosas buenas era precisamente para no preocuparnos. A veces tenía ganas de investigar la dirección de su casa e ir a buscarla, la echaba de menos. La habitación se notaba fría y vacía sin la presencia de Momo-chan.
La casa no era lo mismo si no estaba ella, siempre alegre y ayudando a todos. Siempre dispuesta a socorrer a quien lo necesitara... y no era la única que echaba de menos a Momo-chan, Sasuke se veía terriblemente abatido y mis compañeros también.
Momo-chan, era una persona muy especial.
Como dije antes, los dos meses pasaron sin más contratiempos que el dolor de no tener a Momoha en casa. Poco a poco fui superando esa ansiedad de no saberme a su lado para protegerla y comencé a hacer mi vida como si nada hubiera pasado. Siempre pensaba en mi amiga, pero no podía encerrarme en mi misma.
Las clases con mi señora seguían tan monótonas y aburridas como siempre y mis clases en el dojo se fueron espaciando. Genma estaba preparando fervientemente a los chicos pues en un año, en cuanto cumplieran los dieciséis deberían irse con él al servicio del emperador durante dos años.
Bufé frustrada al saber que yo no tendría ni siquiera la opción de decidir si quería o no quería ir a entrenar con el ejército del emperador. Según el hombre panda ese no era el sitio de una mujer y estaba terminantemente prohibido que las mujeres se unieran. Según el sería una pérdida de tiempo. Tonterías, yo podía perfectamente alistarme y hacer lo mismo que todos los chicos que allí estuvieran, incluidos mis amigos, pero no, por ser mujer mi deber era quedarme en mi casa y parir muchos niños.
Pegué una patada a una piedra que salió volando un par de metros. Un silbido de admiración me asustó y me giré para mirar a quien me había asustado. Ranma estaba apoyado en una estatua de piedra con forma de dragón que decoraba el jardín.
- ¿Qué haces aquí? – pregunté
- Lo mismo puedo preguntar yo ¿no se supone que tienes clases con mi madre?
- ¿No se supone que tienes entrenamiento con tu padre? – contrataqué.
Ranma soltó una risita y caminó hacia mi lentamente – Tocado y hundido – no pude evitar sonreír ante sus palabras. Se colocó junto a mí y se sentó en el suelo mirando al cielo y juntando sus manos a la altura de sus rodillas.
Me senté lentamente junto a él sin apartar mi vista de su cara. Hacía tiempo que mi relación con mi señor era muy extraña. No estábamos enfadados pero tampoco éramos los mejores amigos. Me daba pena alejarme de el pues a pesar de lo que sentía por el heredero Saotome, desde que llegué a esta casa lo consideraba mi amigo. Uno pesado e insufrible a veces, pero amigo.
- ¿Dónde has dejado a tu prometida?
- No empieces con eso – gruñó – ya sabes que gracias a mi madre, eso ya no es oficial.
- No es lo que dice ella – y bajando la mirada murmuré muy bajo – ni lo que dijiste tú.
Le escuché suspirar profundamente y tumbarse boca arriba apoyando su cabeza en sus manos – estaba enfadado.
- Sí, me fije – me giré para mirarle sorprendiéndome al descubrir que no miraba las nubes como yo pensaba, sino que su vista estaba clavada en mi – ¿Por qué estabas tan furioso?
Sus mejillas se pusieron algo rojas y desvió sus pupilas hacia otra dirección – Tonterías.
- Parecía que estuvieras celoso.
Para mi asombro no contestó, simplemente me tomó de la mano y me tumbó junto a él. No puse ninguna resistencia simplemente me dejé llevar por su cálida mano. Me encontraba de lado mirando su perfil y podía jurar que en mi cara había una sonrisa estúpida. No podía evitarlo, cada vez que Ranma y yo teníamos momentos de paz era muy feliz.
- Ranma, ¿te gusta Shampoo? – pregunté. No pude evitarlo. Verle ahí, a mi lado con sus ojos clavados en las nubes, sus largas pestañas y su nariz algo picuda y esos labios que siempre parecían estar secos… no podía evitarlo, necesitaba saber que había en el escurridizo corazón de mi joven señor.
- No – dijo firme.
- No te creo.
- No me creas – dijo simplemente – es tu problema.
Fruncí levemente el ceño pero no dije nada más. Si me ponía pesada con el tema el comenzaría a enfadar y a gritar y por ende yo también me enfadaría y gritaría y acabaríamos en una terrible batalla campal que no tenía ganas de tener.
Cerré levemente los ojos y respiré hondamente. Su perfume llegó a mis fosas nasales, olía a tierra después de llover y a él, me gustaba el olor de Ranma, me daba paz.
A mis oídos llegaban varios sonidos, el piar de los pájaros, el sonido de las hojas mecidas por el viento, el chapoteo lejano de las carpas saltando en el lago… esa tranquilidad sumado al olor de mi joven señor me dejaron en un total estado de relajación. Comenzaba a sentir esa pesadez tan agradable que se siente cuando te quedas dormido, pero entonces, la voz de Ranma, que se había puesto más grave de lo que estaba acostumbrada, habló.
- Akane, ¿te gusta Mousse?
- No – contesté rápidamente pero firme.
- No te creo.
Sonreí al darme cuenta de que estaba usando mis propias palabras contra mí.
- No me creas – dije repitiendo lo mismo que me había dicho el – es tu problema.
Soltó una carcajada y giró la cara para mirarme. No sé porque pero el corazón comenzó a acelerarse en mi pecho. Había algo en sus ojos, en su mirada que me decían que había algo que debía entender.
Su cara estaba muy cerca, notaba su pelo rozar el mío. Estaba tranquilo, algo sonrojado, pero tranquilo. En sus ojos había un brillo especial que le daba un toque tierno y que conseguía que mis tripas se revolvieran nerviosas y su sonrisa… su sonrisa, apenas notable en su cara le daban un tono muy dulce.
No entendía que pasaba pero mi cuerpo empezó a temblar ligeramente, mis tripas se enredaron entre ellas aún más cuando lentamente, subió su brazo y acarició con un dedo mi mejilla, muy lentamente, como si fuera una vasija de la porcelana más fina y temiera romperme. Sentí unas terribles cosquillas en la zona de mi estómago ante el toque de su dedo apenas superficial.
Recorrió con extrema delicadeza mi mejilla hasta que llegó a mi mandíbula. Justo cuando pensé que apartaría su mano de mí acarició levemente esa zona y luego cesó de hacerlo, mas no quitó la mano. Su dedo índice seguía apoyado en la zona baja de mi mandíbula.
- Ranma – murmuré apenas perceptiblemente, no sabía que pasaba pero no iba a ser una hipócrita, no pensaba mover un musculo, no pensaba romper nuestra burbuja y destrozar aquel momento que estábamos viviendo.
- Akane, ¿de verdad no sabes quién me gusta? – preguntó con la voz muy baja.
Temblé un poco más y bajé la vista avergonzada. Le noté girarse y ponerse en la misma posición que yo. Estábamos cara a cara, muy juntos.
- Contéstame.
- Yo, no – me costaba hablar, me costaba pensar, me costaba respirar. Solo suplicaba a Kami que este momento durara para siempre – No lo sé.
Ranma se mantuvo unos segundos en silencio. Yo no había levantado la mirada, mis ojos se enfocaban en el espacio vacío que nos separaba. Noté entonces su mano posarse bajó mi mandíbula y alzarla, mis ojos chocaron con los suyos los cuales brillaban.
Mis temblores se hicieron más fuertes pero no era solo yo la nerviosa, su mano temblaba levemente también y no pude evitar sonreír. Estos momentos eran los que me hacían pensar que Ranma quizás sentía algo por mí, puede que algo minúsculo e insignificante, pero algo.
Luego lastimosamente para mí todo se destruía en segundos.
- Pues debería saberlo – dijo en un susurró que apenas escuché. Su mano tomó mi rostro y se fue acercando levemente a mí, poco a poco, como si me diera tiempo para rechazarle, pero ni loca lo haría.
Fui cerrando levemente los ojos a medida que nuestros labios se acercaban. Por fin sabría si eran secos o por el contrario eran suaves. Notaba su aliento en mi cara, su mano cada vez temblaba más y nuestras narices se rozaron.
Esta vez nada me detendría, no podía quedarme con la duda, y si esto se quedaba solo en un beso, pues bienvenido fuera, me lo llevaría en secreto a la tumba si así él lo deseaba, pero por lo menos, esos labios habrían sido míos una vez.
Las mariposas en el estómago revolotearon furiosas cuando noté por primera vez sus labios rozar los míos. Y justo cuando nuestras bocas iban a chocar…
- ¡Ranma! ¡Ranma donde estás! – la voz del hombre panda nos hizo separarnos.
Me levanté velozmente, alejándome de el quien se quedó en el suelo con un gesto de enfado. La voz del señor Saotome resonaba por el jardín llamando a su hijo.
- Maldito viejo – le escuché murmurar mientras se ponía en pie.
Ni siquiera podía mirarle a la cara, supongo que temía que si le miraba directamente a esos ojos azules encontrara en ellos que lo que acababa de pasar había sido un error. Y Kami sabía que me moriría si volvía a aplastar mis sentimientos una vez más.
- Akane – le escuché llamarme, pero seguí con mi cabeza baja y mis manos a la altura de mi pecho – Akane, mírame por favor.
Alcé lentamente mi vista y me encontré con esas lagunas azules que tanto amaba. En su mirada no había burla ni arrepentimiento, solo un brillo especial que me removió el alma.
- Creo que deberías irte – murmuré cuando la voz de Genma resonó una vez más.
Ranma miró en dirección opuesta a mí y luego giró la cabeza de nuevo. Hizo ese gesto un par de veces para luego bufar frustrado – está bien, iré.
Le di una leve sonrisa para hacerle ver que entre nosotros todo estaba bien. Mi pecho tenía un calorcito agradable que se incrementó por cien cuando en un movimiento rápido, me apresó por la parte trasera del cuello y me acercó a él, besando mi frente con un gesto de rabia.
- Luego te busco, tenemos una conversación pendiente.
Con las mejillas sonrojadas asentí y le vi partir al encuentro de su padre. Una vez estuve sola mis piernas fallaron y caí de rodillas en la hierba, con un enorme sonrojo en mis mejillas y la mano en el corazón.
Cerré los ojos y di un largo suspiro para justo después darme cuenta de que una alegre sonrisa iluminaba mi cara. Empecé a reír débilmente y a medida que mi risa se hacía más alta mi corazón latía más fuerte. Lo que acababa de pasar había sido extraño e inexplicable, pero no por ello menos agradable. No había nada que pudiera estropear mi buen humor ese día.
- ¡Akane te quiero! – me gritó Ryoga-kun dejándome de piedra.
Esa tarde tras el encuentro con Ranma había ido al dojo a entrenar un poco ya que el señor panda se había llevado a Ranma a Edo y había suspendido las clases. El dojo me daba paz, en los pocos momentos en los que podía disfrutar del vacío sentía que el dojo era mi lugar natural, que había nacido para estar allí.
Me gustaba entrar y entrenar con tranquilidad, sin nadie a mi lado entorpeciendo mi camino y sin el hombre panda gritándome en la oreja lo inútil y torpe que era.
Aquel día estaba tan contenta por mi encuentro con Ranma que al llegar al centro del dojo me deje caer totalmente estirada en el suelo, con las piernas y los brazos extendidos. Cerré los ojos rememorando en mi cabeza una y otra vez la escena vivida en el jardín.
Solté de nuevo una risita tonta y Kami sabe que estaba a punto de ponerme a brincar y patalear de alegría cuando escuché la puerta del dojo abrirse. Me giré rápidamente poniéndome en pie encarando al intruso. Cuando vi quien era me relajé.
- Ryoga, por Kami que susto.
- Lo siento – murmuró.
- Tranquilo, estaba distraída – le sonreí. Entró a paso lento y cerró la puerta tras de él, alcé una ceja al ver el estado en el que se encontraba. Parecía nervioso, no, más bien aterrado. Sus manos temblaban y su cara estaba más roja que un farol.
- ¿Te pasa algo? – Le vi negar – ¿Por qué estás tan nervioso?
Caminó sin contestarme. No me miraba a la cara y tenía los puños cerrados. Mi curiosidad aumentó al ver su reacción ¿Qué diablos le pasaba?
- Ryoga…
- Akane-chan, he venido para… decirte algo ¡algo importante!
Parpadeé asombrada varias veces por su tono de voz – Claro, cuéntame, ¿ha pasado algo con los chicos?
Negó con la cabeza y le vi cerrar los ojos, como si se estuviera dando valor. Me empecé a impacientar pues temía que de verdad le hubiera pasado algo malo ¿quizás el hombre panda le había expulsado? ¿Tendría que irse de la casa? ¿Les habría pasado algo a sus padres? Sin poder contenerme dije.
- Por Kami Ryoga, habla ya.
Dio un gruñidito bajo que me preocupó pero entonces, alzó la vista, consiguiendo asustarme debido a la determinación que en ellos había. Los marrones ojos de Ryoga estaban oscuros y casi podía jurar, haber visto llamas en su interior.
- ¡Akane, te quiero! – y aquí estamos de nuevo, como dije antes, esta afirmación me dejó de piedra.
Mi corazón dejó de latir y mis ojos se abrieron tanto que casi se me salen de las cuencas. Mi boca entre abierta comenzó a boquear debido a la sorpresa, no sabía que decir ni que hacer, no podía creerme que Ryoga, mi querido Ryoga-kun, se me hubiera declarado.
- ¿Cómo… como dices? – pregunté asombrada.
- Te quiero – repitió de nuevo – eres la mujer más hermosa y más inteligente que he visto nunca.
- Ryoga…
No me podía creer lo que estaba pasando. Mi amigo me estaba confesando su amor. Un amor que me tomaba totalmente por sorpresa, ¿Cuándo paso esto? Nunca me había percatado de sus sentimientos, Ryoga-kun siempre era amable conmigo, me cuidaba y defendía pero… ¿quererme? ¿Amarme? ¡Eso era una locura!
- Nunca pensé que tú… sintieras algo por mí – dije con nerviosismo.
Soltó una risita – Por Kami Akane, te escribí una poesía, te protejo y defiendo, te cuido…
- Eso hacen los amigos – le corté. Sabía por dónde iba, intentaba hacerme a mí la culpable de esta situación. Intentaba echarme la culpa de su amor, poniéndome a mí como responsable de ello por recibir las muestras de afecto y devolvérselas, y no me parecía bien.
- Los amigos se cuidan si – dijo serio – pero si te escribo un poema…
- Ya hablamos de eso cuando el incidente Ryoga – le corté seria – y me dejaste claro que lo hiciste por amistad y admiración.
- Pues te mentí – contestó – lo hice por amor.
Me quedé callada un momento, mi cabeza era un torbellino. De todos los que allí vivían, del último que esperaba que se declarara ante mí, era Ryoga. Era cierto que siempre fue enamoradizo pero ¡tenía una prometida!
- ¿Y qué pasa con Ukyo?
- Ukyo ya lo sabe – dijo en voz baja – se lo he dicho hace tiempo.
- ¡Por eso se comporta así! – dije uniendo cabos en mi cabeza – Ryoga, esto no…
- ¡Por favor! Sé que no me amas pero, puedo conseguir que lo hagas, puedo enamorarte.
Miré con pena el rostro de mi amigo. Se veía tan nervioso, tan asustado, tan esperanzado… que cuando vi en sus ojos el brillo de la esperanza supe que debía cortar aquello de raíz antes de que se hiciera más grande.
- Ryoga, te quiero – su rostro se adornó con una gran sonrisa, no había entendido mis palabras por lo que tuve que explicarme mejor – como un amigo, un buen amigo.
- Akane – susurró. Sentí un pinchazo en el pecho al ver su tristeza.
- No dudes que te quiero mucho, pero como se puede querer a un hermano.
- ¿No puedes darme ni siquiera una oportunidad? – me preguntó desesperado.
Con todo el pesar de mi corazón negué con la cabeza – No, lo siento.
- Bueno, no te niego que me lo esperaba – contestó apesadumbrado bajando la mirada.
Me dio mucha pena verle tan derrotado. Ryoga había demostrado ser muy valiente, no era fácil llenarse de valor y decirle tus sentimientos a alguien y más si no sabes si esa persona siente lo mismo.
Quise apoyarle, darle mi cariño por lo que me acerqué a él lentamente y tomé sus manos. Me miró sorprendido y le di una tenue sonrisa – aunque no pueda amarte de esa forma, eres mi amigo, un gran amigo que espero no perder.
Suspiró levemente – Nunca me perderás Akane. Pase lo que pase, siempre seremos amigos.
Apreté sus manos levemente – Me alegro oírlo, no me gustaría que nuestra relación cambiara. Me gusta entrenar contigo, charlar de todo, ir a comprar dangos al pueblo y gastarle bromas a Tomoe.
Ryoga soltó una carcajada recordando todas las travesuras que hacíamos juntos desde pequeños, pero me dolió el corazón ver que a pesar de que en sus labios había una sonrisa, esta no llegaba a sus ojos.
- Ukyo te quiere – dije firme – te adora.
- Pero yo a ella no la amo de esa forma.
- Sé que la quieres – le vi ponerse rojo. Sabía bien que Ukyo no le era del todo indiferente pero supongo que en su tozudez infantil, no estaba dispuesto a aceptar un matrimonio impuesto.
- Puede que no me moleste mucho… que sea mi prometida – dijo mi amigo.
Apreté de nuevo nuestra unión – Sé que no debe ser fácil que te impongan un matrimonio. Sé que no es fácil pero también sé que de todos los matrimonios arreglados del mundo, el vuestro puede llegar a buen puerto.
- ¿Estas segura? – preguntó con esperanza en la voz.
Cuando me miró directamente a los ojos, entendí perfectamente que le pasaba a Ryoga. Tenía miedo. No entendía que sentía y le daba terror el pensar que en un par de años ya sería un adulto y debería cumplir su misión de casarse y tener hijos. Le aterraba pensar que su matrimonio fracasara ya que de todos era sabido, que Ryoga era un romántico.
Entendí que para Ryoga yo era un salvavidas en medio del mar y por eso se aferró a esos sentimientos que tenía por mí. No era amor aquello que Ryoga sentía, estaba segura, estaba confundiendo el amor de amigos con el amor de pareja.
- Ella a veces es – cayó un momento buscando la palabra adecuada – asfixiante.
Solté una risita – Sé que Ukyo puede ser algo pesada pero es simplemente que está celosa.
- Me gusta que esté celosa pero a veces, es excesivo. Ni siquiera puedo hablar con las jóvenes dependientas del mercado – dijo con tono triste.
Alcé una ceja y puse mis manos en las caderas – depende el tono que uses – me miró fingiendo no saber de qué hablaba – ah no, Ryoga Hibiki, no te hagas el tonto, sabes muy bien que a veces eres muy empalagoso con las chicas.
- Es mi forma de ser pero juro que no hay nada más.
- Y te creo, se cuándo te gusta alguien de verdad – me sentí incomoda diciendo esa frase ya que hace unos segundos mi amigo se me había declarado – pero hay que entender que a Ukyo no le guste.
- Es solo un juego.
Fruncí el ceño levemente – ¿Qué harías tu si la vieras en actitud coqueta con un chico?
- Ella siempre abraza a Ranma y no digo nada.
Me tensé levemente ante lo dicho pero no porque me diera celos, sino porque recordé la verdadera relación de Ranma, Ukyo y Mousse. Dudaba mucho que en esa casa se supiera que en realidad esos tres eran hermanos, solo lo sabía yo y porque mi señora me lo había contado, es más, podía jurar un brazo y no perderlo, que el señor panda ni siquiera se imaginaba que supiera su pequeño secreto.
- No es lo mismo, se han criado juntos y son como hermano – o hermanos reales, pensé.
- Lo sé – dijo en voz baja.
Nos mantuvimos un momento en silencio pero entonces no pude evitar abrazarle. Le vi tan asustado que quise que supiera que yo estaría a su lado.
- Dale una oportunidad, intenta centrarte en ella y ver su lado bueno que estoy segura que tiene – rio ante mi ocurrencia – ahora en serio. Inténtalo y deja de coquetear con todo lo que tenga pechos. No es agradable para la otra persona y más si está tan enamorada como lo Ukyo está de ti.
- Lo haré – dijo firme.
Le brindé una sonrisa y le dije – siempre estaré a tu lado, como tu amiga – recalqué bien la última palabra para que no se llevara a engaños.
- Lo sé, lo mismo te digo – a pesar de haber terminado bien parecía algo incómodo por lo que dio un par de pasos hacia atrás – bueno, me voy a ir con Ukyo, la invitaré a pasear por el jardín e intentaré ganarme su perdón. Está cabreada desde que le dije que… bueno… te quería.
- Me parece bien, seguro que te perdona, simplemente, mímala mucho.
Asintió levemente y se giró para salir del dojo. Antes de cruzar el umbral de la puerta se giró con una débil sonrisa y dijo – espero que tú también consigas ser feliz con él.
Me paralicé un momento viéndole salir del dojo ¿Qué había querido decir? ¿Es que sabía lo de Ranma? Imposible, nadie estaba en el jardín y dudaba mucho que hubiera notado mis sentimientos ¿o sí?
Respiré un par de veces para tranquilizarme. Mejor dejarlo pasar, quizás lo había dicho para molestar. Sí, tenía que ser eso.
El resto del día paso sin contratiempos, Genma había mandado un aviso de que él y Ranma llegarían tarde esa noche por lo que nos dispusimos a cenar. En la mesa Nodoka se veía molesta, supongo que no estaba muy contenta con la decisión de su marido. Shampoo estaba igual de molesta y Mousse simplemente comía a su lado, sereno. La diferencia la marcaba Ukyo quien sonreía de oreja a oreja al lado de Ryoga mientras de vez en cuando me lanzaba miradas triunfales.
Supongo que pensaba que había ganado la batalla por el amor del chico, lo que la pobre no sabía es que yo me había retirado voluntariamente desde el principio. Esa noche me fui a la cama con una extraña mezcla de sentimientos.
A la mañana siguiente me levanté con una extraña sensación, como que algo en el ambiente me avisaba de que debía estar alerta. Sacudí la cabeza varias veces alejando esos pensamientos. Estaba demasiado feliz como para dejar que el pesimismo me invadiera.
A paso rápido me levante y tomé mi ropa para salir directa al baño. Tomé un largo baño, dándome tiempo para mí misma, dejándome embargar por la paz y el calor del vapor. Di un largo suspiro cuando un par de ojos azules aparecieron en mi mente.
Sonreí como una boba. No había tenido oportunidad de verle desde nuestro encuentro en el jardín, pero algo me decía que hoy hablaríamos. En mi mente solo podía plantearme preguntas tales como ¿quedará en el olvido? ¿Me pedirá que lo olvidemos? ¿Reiterará los hechos? ¿Lo intentará de nuevo? ¿Y qué pasa si nadie interrumpe esta vez? En mi cara se formó una sonrisa boba y pegué un gritito para luego hundirme por completo en el agua. Al salir pegue un grito mas potente por culpa del dolor que había sentido al meter mi cara en aquel agua caliente.
Salí rápidamente para luego vestirme y buscar algún quehacer. Sabía bien que Ranma no se levantaría hasta tarde esa mañana ya que había llegado muy tarde anoche y Nodoka-sama le dejaría descansar.
Caminé por el pasillo donde me encontré a Kimiko cargando un montón de kimonos – ¿Quieres que te ayude? – pregunté.
Mi compañera me miró como pudo por encima de aquella enorme cantidad de telas y sonrió – Te lo gradecería de corazón Akane-chan – tomé unos cuantos kimonos y caminé con ella hasta la sala de costuras, allí Satsu bufaba molesta mirando con rabia un delicado kimono naranja entre sus manos.
- Déjalo por aquí Akane – me indicó Kimiko.
- Os prestaría mi ayuda, pero creo recordar que la última vez fue un desastre – comenté con gracia recordando cuando al poco de llegar al hogar Saotome destroce un par de kimonos de Shampoo.
- Te lo agradecemos querida – dijo Satsu sin mirarme – pero me gustaría conservar mi trabajo.
Solté una risa viendo como Kimiko se ponía a coser un kimono negro y dorado muy bonito. Me dio mucha rabia ver la cantidad de trabajo que tenían y saber que no podía ayudarlas porque era un peligro con la aguja.
- ¿De quién es toda esa ropa?
- En su mayoría de la joven Shampoo – bufó Satsu – Kima ha tenido que ir hasta Edo a buscar más hilo y seda, no sé qué diablos hace esa chiquilla que siempre acaba con algún roto.
- Luego la torpe soy yo – sonreí.
Satsu asintió varias veces con fuerza – tú al menos nunca nos das una tonelada de ropa para arreglar – la vi fruncir el ceño llegando casi a conseguir que sus cejas se juntaran – tiene más ropa que neuronas.
- ¡Satsu! La riñó Kimiko aunque yo no pude evitar soltar una carcajada – no debes hablar así de una señora.
Mi compañera hizo una burla con la cara como restándole importancia al estatus de Shampoo – es una niña cualquiera que tuvo suerte de ser adoptada por alguien tan buena como lo es mi señora, si en vez de encontrarla ella la encuentra otro ahora sería carne de burdel.
- Bueno, pero tú no tienes que opinar sobre eso – dijo Kimiko cosiendo el kimono – si Kami decidió que Shampoo encontrara a mi señora en su camino por algo sería.
- La suerte de los tontos – comenté yo ganándome una mirada reprobatoria de Kimiko y una sonrisa de Satsu.
- ¿No tienes clases que dar Akane? – me preguntó mi compañera.
Negué con la cabeza – hoy Nodoka-sama nos ha dado el día libre – ese día tampoco habría entrenamiento, Genma estaría durmiendo hasta tarde y luego posiblemente volvería a irse de farra con sus amigotes. Según había oído por Edo, el emperador cada vez tenía más adeptos y las filas del shogun estaban cada vez más débiles por lo que Genma Saotome y los partidarios del emperador estaban más que contentos. Si había una guerra posiblemente ganarían, o eso decían ellos.
- Bueno, pues busca a Sasuke que el seguro si tiene trabajo y le puedes ayudar.
- Hai – dije con tono aburrido alargando la "a". Kimiko me dio una mirada de reproche por lo que mejor sonreía y salía de allí dejándolas solas. Pasé por la cocina donde como siempre había un alboroto enorme. Asome levemente la cabeza y vi a Meiko y a Yuri preparando algo en una enorme olla. A su lado Sayuri tomaba un tazón de arroz y un par de verduras.
Entré firme recibiendo los buenos días de parte de todas. Meiko me ofreció un desayuno ligero que acepté rápidamente. Hacía mucho tiempo que no compartía una comida con mis compañeros, siempre desayunaba, comía o cenaba con los señores por lo que no me negué a aquel ofrecimiento.
Al poco rato llegaron los hombres y Yuka que había salido al jardín un momento. Desayunamos todos entre charlas y risas. Nara quien había entrado cagando una enorme calabaza miraba a Sasuke con ojos soñadores y sonreí. Sí amigos, el primer amor de la pequeña Nara era mi amigo Sasuke. Aunque era muy mayor para ella y durante años sufrimos los suspiros de una niña enamorada poco a poco Nara entró en razón y dejó a un lado ese amor infantil por mi amigo. Aunque tuvieron que pasar muchos años para ello.
Una vez terminamos de desayunar salí al jardín con Sasuke, debía cortar las malas hierbas y como él solo tardaría un siglo, ya que Tomoe y Jiro siempre ponían alguna excusa para no ayudar a Sasuke en esa tarea, aunque todos sabíamos que en realidad eran unos vagos que no querían doblar el espinazo.
- No tienes por qué ayudarme – me dijo Sasuke viéndome arrodillarme en el suelo.
- No digas tonterías – me remangué las mangas del Kimono y comencé a arrancar las malas hierbas dejándolas en un recipiente de madera – no tengo nada que hacer y tú necesitas ayuda.
Sasuke imitó mi acción – Arigatou, onee-chan.
- Para eso estoy – sonreí. Arrancar hierbas no era un pasatiempo que recomiendo, se cansa muchísimo y la espalda y las manos te duelen a horrores, era tedioso sobretodo en un jardín tan enorme como el de mi señora.
No llevábamos ni diez minutos y ya me estaban matando los riñones. Observe de reojo a Sasuke quien arrancaba trozo de hierba con una rapidez abrumadora – Sasuke, eres genial.
- ¿Por qué? – me preguntó mirándome con curiosidad.
- Esto es agotador y tú lo haces como si fuera fácil.
- Estoy acostumbrado – contestó encogiéndose de hombros – las primeras veces cuesta, luego ya te sale solo.
- Sigo diciendo que eres increíble – se sonrojó un poco y bajó la cabeza.
- No digas eso.
- Es que lo eres – dije segura – No solo cumples con tus deberes para con los señores, también entrenas a diario como el que más y estudias lectura y caligrafía conmigo en tu tiempo libre.
Sasuke se encogió de hombros – me gusta aprender, así la gente no me puede llamar tonto aunque tenga cara de ello.
- ¡No digas eso ni en broma! – Sasuke me miró con sus ojillos de huevo dispuesto a argumentarme pero no le dejé, gracias a Kami el que Sasuke fuera algo diferente le impedí a pensar una respuesta con rapidez – me enfado Sasuke.
- Lo siento – susurró bajando la vista avergonzado – No lo diré más.
- Mas te vale – comenté algo enfadada levantándome para avanzar hacia la siguiente zona. Seguimos un rato arrancando las malas hierbas en silencio, recorriendo prácticamente de rodillas el inmenso jardín de los Saotome.
En un principio nos mantuvimos callados pero no podía estar enfadada con Sasuke más de cinco minutos por lo que empezamos a hablar de trivialidades. Él me contó que cada vez es más rápido subiendo a los árboles y más silencioso, cosa de la que yo daba fe, Sasuke tenía la habilidad de ser silencioso como un gato, en más de una ocasión me había pegado un susto de muerte por tal sigilo.
Yo le comentaba sobre mis clases y lo frustrante que era a veces el entrenamiento con el hombre panda pues apenas me tomaba en serio a pesar de los reproches de Nodoka-sama. Me preguntó por mi pelea con Shampoo, sobre si sabía algo de Momo-chan y sobre Ranma. Cuando tocamos el tema de mi joven señor me tensé y comencé a sonrojarme furiosamente.
- Akane, no deberías meterte en esas cosas.
Le miré sin comprender – No sé de qué me hablas.
- Si lo sabes – me dijo muy serio, tan serio que incluso me recordó a mi padre cuando me regañaba siendo pequeña – estás jugando con fuego Akane.
- Sigo sin comprender – dije haciéndome un poco la tonta.
- Hablo de tu relación con el joven señor, no puedes caer, no debes, no es tu sitio.
Fruncí un poco el ceño al escuchar esa última frase. Ya estábamos de nuevo con el deber y el sitio. Con un poco de brusquedad le miré fijamente incomodándole y pregunté – ¿y cuál es mi lugar según tú?
Sasuke se puso nervioso, comenzó a balbucear y a trastabillar – No… no pienses… onee-chan.
- Contesta – dije seria.
- Solo… yo… no quiero que te… te – el terrible tartamudeo me dejó saber que Sasuke estaba muy nervioso por lo que comenzó a darme un poco de pena, pero no podía dejarlo pasar, debía aprender que no iba a pasárselo todo – no quiero que sufras.
- ¿Por qué iba a sufrir? – Pregunté – solo somos amigos.
- No es verdad – me contestó negando levemente y bajando la mirada – se cómo os miráis.
- ¿Y cómo nos miramos según tú?
- Tu le miras como si no existiera nada más y el… - me miró un momento, supongo que buscando las palabras adecuadas – él es un señor Akane, para el… eres un juguete.
Me enfadé ante las palabras de Sasuke, estaba prácticamente diciendo que Ranma era un cerdo aprovechado que me utilizaría y yo sabía que él no era así. No podía permitir que Sasuke tirara por el suelo el honor de Ranma, por muy amigo mío que fuera.
- Te equivocas – contesté firme – solo nos une una amistad.
- Nodoka-sama os comprometió.
- Es una tapadera Sasuke – me quité el sudor de la frente e hice crujir mi cuello – no hay compromiso alguno, solo ocurrirá en caso de que el joven Ranma no quiera casarse con Shampoo y este compromiso se quedará en nada cuando el señor se enamore.
- O te haces la ciega o en verdad eres como el resto y piensas que soy tonto – me contestó Sasuke con un tono tan enfadado que me sorprendió. Tiró al suelo con rabia un pequeño trapo con el que se secaba el sudor y se puso en pie. No me miraba a los ojos pero tenía los hombros tensos y los puños cerrados.
- Sasuke…
- ¡No onee-chan! – Gritó asustándome, ya que Sasuke nunca me había alzado la voz – ¡No finjas que no sabes! ¡No finjas que no, que no... que ves! ¡No finjas que no si sientes! ¡Todos en esta casa lo saben! ¿Es que no... no... oyes los cuchicheos? ¡Todos sa, saben que entre tú y el joven señor hay algo! ¡Y tú también lo sabes! ¡Pero eres tan… inocente de creer que el siente algo, solo está jugando contigo! Te utilizará y luego te desechará.
Mis ojos estaban abiertos de par en par y mi boca formaba una perfecta "o". No sabía que decir, estaba completamente asombrada y ¿por qué no decirlo? Abatida también. Me dolía que mi amigo me dijera eras cosas.
Sasuke me estaba escupiendo en la cara verdades como puños y como decía mi madre, quien dice las verdades pierde las amistades. Me puse furiosa, en parte con él, en parte conmigo misma.
Furiosa de no haberme dado cuenta o de no haber querido darme cuenta de que todos los habitantes de esa casa murmuraban sobre mi relación con mi joven señor. En más de una ocasión había pillado a Sayuri y Yuka cuchichear sobre ello o a Kimiko con el resto de las costureras o a las cocineras… ¡incluso Tomoe, Jiro y Daisuke! Pero yo me hacía la tonta pues en mi cabeza resultaba imposible pensar que ellos supieran lo que y tan fervientemente negaba.
Además me enfurecía que para todos en aquella casa yo fuera un juguetito en manos de Ranma, una tonta criada enamorada que haría lo que él quisiera, como si fuera una niñata estúpida. Pues estaban equivocados. Yo sabía que Ranma jamás me haría eso, sabía que él me apreciaba de veras y no por ser la sirvienta de su madre, sino por ser yo misma, Akane Tendo y me ponía enferma que las personas que creía mis amigos se burlaran de mí.
Me levanté encarándole, a pesar de que me sacaba un par de años su estatura era más baja que la mía pero Sasuke no se dejó amedrentar.
- ¡No eres nadie para meterte en esto Sasuke! – Escupí con rabia – ¡Se cuál es mi lugar! ¡Sé que no debo sentir lo que siento! ¡Sé que está mal! ¡Pero no necesito que me lo recuerdes! ¡No necesito que nadie me diga que no soy suficiente para un señor!
Los ojos de Sasuke se abrieron con sorpresa y en su mirada pude divisar un poquito de dolor, el dolor que le causaron mis gritos y mis palabras hirientes – ¡Yo decido sobre mi vida! ¡Yo decido que contar o que no contar! ¿Qué ganáis todos con que yo grite mis estúpidos sentimientos? – Sasuke abrió la boca intentando decir algo pero no le dejé – ¡Todos habláis a mis espaldas! ¿No? ¿Eso me estás diciendo? ¡Pues me da igual! ¡Hablad lo que queráis, no pienso admitir nada! ¡El joven señor es lo que es y yo soy lo que soy! ¡Estoy harta! ¡Lo que yo sienta o no es mi problema y vosotros no sois nadie para opinar! ¡Y menos aún de hablar mal del joven señor haciéndole pasar por un hombre aprovechado! ¿Qué crees que hará Nodoka-sama si supiera lo que habláis de su hijo?
Los ojos de mi amigo estaban apagados, su rostro estaba abatido, mis palabras le habían dolido. En aquel momento no sentí deseos de disculparme porque realmente estaba muy enfadada, más que eso, estaba dolida.
- Solo… queremos lo mejor para ti. Nada más – y sin dirigirme la palabra, se fue.
Le vi alejarse, dejándome sola en medio del jardín. Me quedé un momento quieta en el sitio, temblaba de pies a cabeza, de rabia, de dolor, de frustración, temblaba como si un terremoto sacudiera la casa de los Saotome. Mis piernas fallaron un momento y me dejé caer derrotada dando un largo suspiro.
Me dolía el pecho y la cabeza, mis hombros estaban tensos y necesitaba descargar mi rabia y frustración. Caminé hacia el dojo y cuando entré gracias a Kami estaba vacío. Me coloqué en el centro y comencé un intenso kata. Me imaginé dos enormes enemigos frente a mí atacándome. No tenían rostro pero atacaban con rapidez y yo debía esquivar y defender. Patada recta, esquivar con la mano derecha y golpe de codo hacia la izquierda.
Entre en una especie de bucle que me hizo perder la noción del tiempo. En mi cabeza solo tenía en mente acabar con esas dos figuras oscuras. Sudaba a chorros y de mi nariz salía sonidos sordos cuando expulsaba el aire con rabia. Di dos pasos y coloqué mis manos, ataqué un puño, patada y puño. Pegué un grito agudo y rabioso. Abrí los ojos lentamente y me puse en posición relajada. Saludé y me apoyé en mis rodillas mientras intentaba recuperar el aire, estaba agotada.
Un par de aplausos lentos me sacaron de mi mente. Me giré rápida para observar a Mousse, estaba sentado cerca de la entrada – Mousse, ¿Cuándo has llegado?
- Hace un rato – contestó poniéndose en pie acercándose a mí – estabas tan concentrada que no quise molestar.
Me pasó una toalla que había a un lado de la sala y me sequé el sudor de la frente y el cuello. Notaba mi piel caliente por lo que el frio de la tela me relajaba un poco. Aun me costaba respirar por lo que mis respiraciones eran profundas.
- ¿Necesitas algo? – pregunté una vez me recupere un poco.
- No, solo me pasaba a saludar – dijo tranquilo.
Se movió por el dojo como si buscara algo, miraba entre los diferentes artefactos que teníamos allí, los examinaba y volvía a caminar. Me rasqué la cabeza con curiosidad pero justo cuando iba a preguntarle qué demonios estaba haciendo soltó un gritito de alegría y tomó dos boken en sus manos.
- Aquí están – se giró hacia mí y me lanzó la espada de madera que agarré con dificultad – piensa rápido.
- ¿Qué haces? – le pregunté.
- Nada – contestó simplemente para luego colocar una leve sonrisa – ¿entrenamos?
Alcé una ceja viéndole ponerse en posición con el boken en sus manos, dirigí una mirada rápida a la espada de mi mano y no pude evitar alegrarme de la proposición de Mousse, la luya con espadas era mi favorita pero normalmente el hombre panda no me dejaba participar en esos entrenamientos por lo que entrenar un rato con Mousse, el cual era bastante bueno con el boken, me hizo saltar de alegría.
Me coloqué en posición yo también haciendo que la sonrisa de mi amigo se ensanchara – no te haré daño – me dijo burlón.
- Lo mismo te digo – contesté de igual manera.
Con la espada de madera firmemente apretada entre mis manos comenzamos a caminar en círculos. Los ojos de Mousse me examinaban buscando algún hueco en mi defensa, cuando lo vio se lanzó rápido a golpearme pero de un rápido movimientos lo defendí.
Comenzamos una serie de ataques veloces con sus respectivas defensas. Caminábamos por todo el dojo, alejándonos para volver a lanzarnos el uno contra el otro. Cuando vi una apertura en el hombro de mi amigo me lancé hacia el dándole un certero golpe que rápidamente desvió con su mano en mi muñeca para luego agacharse y tocar levemente mi estómago.
- Muerta – dijo Mousse con burla.
Bufé frustrada por haber perdido el encuentro. El verle carcajearse en mi cara me cabreo por lo que tiré el boken al suelo con rabia – No es justo.
- ¿Cómo qué no? Ha sido una pelea justa.
- El hombre panda no me deja entrenar con los boken, llevabas ventaja.
Mousse soltó una risita y se sentó en el suelo jugando con la espada de madera entre sus manos – Bueno, para lo poco que entrenas no ha estado mal, me has dado más pelea que alguno de los aprendices del señor Saotome.
- ¿De verdad? – pregunté con alegría
Mousse asintió, le notaba extraño, estaba como de muy buen humor y eso solo podía significar una cosa – ¿te ha pasado algo con Shampoo?
- No.
- ¿Entonces? – Pregunté desconfiada mientras me sentaba a su lado – ¿a qué se debe el buen humor?
Se encogió de hombros y dejó el boken a un lado para luego abrazar sus piernas – He estado pensando un poco, estos días me han servido para conocerme a mí mismo y hacer auto critica.
- ¿Y qué has averiguado?
- Muchas cosas – dijo solemne. Me quedé observándole fijamente, no iba a dejar que aquella conversación se quedara a medias, no podía permitirle dejarme la miel en los labios. Una idea pasó por mi mente ¿¡y si ya no amaba a Shampoo!? Eso sería buenísimo para mi amigo y su salud mental. Debía averiguarlo.
Le di un leve codazo llamando su atención – venga dime. No me hagas suplicar.
Mousse soltó una risita y colocó un mechón de mi pelo tras mi oreja haciéndome enrojecer. Mousse normalmente no hacía esas cosas…
- Está bien, cotilla – dijo con una risita haciéndome fruncir el ceño – el otro día vi a Shampoo con Ranma.
Sentí mi corazón saltar en el pecho ¿Qué había visto Mousse? ¿Los habría visto besarse? Si era así su confesión me iba a doler y mucho. Desde lo sucedido con Ranma en el jardín el día anterior mi corazón había albergado un sentimiento que aunque intentara desechar se hacía cada vez más grande. Esperanza.
Si la confesión de Mousse trataba sobe un momento romántico de Ranma y la china mi esperanza se moriría y me partiría el corazón pues Sasuke tendría razón, Ranma solo jugaba conmigo y eso me destrozaría.
- ¿Qué viste? – pregunté dejándome llevar por la ansiedad.
- Shampoo, como siempre estaba colgada de su brazo – apreté los puños con rabia al imaginarme a la chinita intentando acercarse a mi joven señor – pero como no, el la rechazó.
Un calorcito se instauró en mi pecho al escuchar las palabras de Mousse por lo que no pude evitar sonreír – Bueno, no es nada nuevo – le lancé una mirada enfadada – seguro que luego fuiste a consolarla.
- Pues no – contestó – porque antes de que pudiera ir se puso a llorar y a decirle que ella era la indicada y que tú eras una marimacho estúpida a la que jamás un hombre vería como mujer – fruncí el ceño ofendida por lo que escuchaba ¿¡cómo se atrevía!? – ah y luego dijo que eras una torpe y una gorda y se fue.
- ¡¿Qué?! – Grité poniéndome en pie furiosa – ¡¿Pero cómo se atreve?! ¡Le voy a dar su merecido a esa estúpida!
Antes de que diera dos pasos la mano de Mousse tomó la mía y me obligó a sentarme de nuevo – déjala, no es su culpa.
- ¡No la defiendas! – le grité en la cara fuera de mi misma, estaba harta de que Mousse defendiera todo lo que hacía o decía esa boba.
- No la defiendo, solo digo que no es totalmente su culpa. Te odia porque Ranma no quiere casarse con ella.
Parpadee varias veces intentando gestionar lo que había escuchado, al no encontrar respuesta en mi cabeza dije – ¿Qué culpa tengo yo de que esté loca y por eso Ranma la rechace?
- Ninguna – dijo Mousse con parsimonia.
- ¿Entonces? – me estaba sacando de mis casillas y por la mirada que le lancé Mousse se dio cuenta de que mejor dejarse de rodeos e ir directamente al grano.
- A ver Akane ¿De verdad no te das cuenta de nada? ¿O no quieres darte cuenta? – Al solo recibir mi silencio, continuó – Shampoo siente celos de ti.
Solté una enorme carcajada – si claro – ¿Cómo la gran y hermosa Shampoo iba a sentir celos de mí? ¿Celos de qué? Si siempre estaba recalcando lo poca cosa que era a su lado.
- Akane, no te hagas la idiota, no conmigo. Es obvio que a pesar de que te ve como alguien inferior a ella siempre consigues la atención de los demás, sobre todo la del objeto de su afecto. Da igual lo que ella haga, Ranma siempre se fija en ti antes que en ella.
- Pero… eso es ridículo, si Ranma no quiere casarse con ella es porque es una acosadora.
- Antes de que tu llegaras Ranma se veía agotado con el tema del compromiso sí, pero… nunca dio señales de querer romperlo.
- ¿Insinúas que ella cree que es mi culpa que Ranma la rechace?
- No es la única, todos los creen. Incluso tú lo sabes aunque no quieras admitirlo. Ranma siente algo por ti.
Me quedé callada un momento. Otra vez esa maldita conversación, ya la había tenido con Sasuke y acabo en una pelea, no quería pelearme también con Mousse por negar aquello que por lo visto todos veían. Pensé un momento y me sonrojé al recordar el momento en el jardín, si, era cierto que tenía la sospecha de que Ranma sentía algo por mí pero… ¿y si era un juego? ¿Y si era su forma de rebelarse?
- Lo que sienta el joven señor, es cosa suya, somos buenos amigos y…
- Akane, no tienes que poner escusas, todos vemos lo que hay entre vosotros, aunque seáis los propios protagonistas los únicos ciegos que no se dan cuenta o al menos fingen no darse cuenta.
- Mousse…
- No te estoy regañando solo estoy intentando hacerte ver la realidad. No es tu culpa enamorarle Akane en el corazón no se manda y tu – se quedó callado un momento, bajó la vista algo avergonzado para luego alzarla y mirándome fijamente a los ojos decir – eres alguien de quien es fácil enamorarse.
Mi corazón frenó en seco, ¿Qué me intentaba decir Mousse? No podía estar declarándose, no el, no quería otra situación como la de Ryoga, no quería. Le vi sonreírme con cariño para luego acariciar mi mejilla. Asustada di un bote y me aleje levemente – Mousse ¿Qué quieres decir?
- Lo que quiero decir es que… el otro día cuando vi la escena de Ranma y Shampoo me dolió sí, pero no tanto como antes – cogió aire fuertemente y tras expulsarla volvió a clavar sus azules ojos en los míos – lo que quiero decir es que me gustas Akane.
- Mousse – mi voz salió débil, mis ojos estaban abiertos de par en par y me costaba respirar. No podía ser real, era imposible que mi amigo acabara de confesarme aquello.
- Tranquila, no hace falta que me lo digas, sé que tú me quieres pero como a un amigo.
La pena en su voz hizo que mi estómago se encogiera. Por eso odiaba esos momentos, odiaba tener que rechazar los sentimientos de mis amigos porque les quería muchísimo y el ser rechazado por la persona a la que quieres es un dolor inmenso que yo no quería provocar en nadie y menos en Mousse.
- Yo no sé qué decir.
- No digas nada – contestó Mousse tomándome de las manos – no te voy a decir que te amo y que me quiero casar contigo – tras esas palabras sentí un débil alivio – pero quiero dejar claro que me gustas.
- Mousse yo, me siento halagada.
Bajé mis ojos un momento, no deseaba decir ese "pero" que se atoraba en mi garganta. Aunque él me hubiera dicho que no era su deseo casarse y que sus sentimientos aun no eran tan fuertes eso no quitaba para nada mi pena.
- Akane, no digo esto para que te sientas mal, yo amo a Shampoo pero quiero que sepas que si al final, los dos salimos heridos de esta situación sentimental tan extraña que vivimos… yo estaré ahí y me esforzaré porque mis sentimientos crezcan y se conviertan en amor, si así lo deseas.
- Gracias – dije débil, era lo único que podía decir, estaba asustada y sorprendida. Una parte de mi agradeció sus palabras porque sabía que Mousse en el fondo decía esas cosas porque estaba confundido con sus sentimientos pero, otra parte de mi estaba dolida pues mi amigo daba por hecho que posiblemente Ranma me haría daño, si es que alguna vez llegábamos a algo más.
- Quiero que por favor esto que te he dicho no interfiera en nuestra amistad – me pidió con una suplicante mirada – ante todo, eres mi mejor amiga Akane.
Puse una débil sonrisa en el rostro y le abracé – Por supuesto, Mousse. Gracias.
Nos quedamos en el dojo abrazados un rato más sin ser conscientes de que alguien había escuchado parte de nuestra conversación.
Cuando llegó la hora de la comida me senté en la mesa en mi sitio de siempre, a la derecha de mi señora. El ambiente se sentía tenso. Desde que Momoha se había casado su puesto había sido encargado a Yuka quien me lanzaba una miradas un poco duras, supuse que Sasuke le había contado nuestro altercado.
Giré los ojos mientras recibía los alimentos, entendía el enfado de mi amigo pero yo también tenía derecho a estar enfadada pues prácticamente había dicho que era una muñeca maleable en las manos de Ranma.
Y hablando de Ranma, se le veía muy serio, no me dirigía casi miradas y cuando lo hacía parecía que quería fulminarme. Sentí un tirón en la boca del estómago ¿Qué había hecho para enfadarle? Si ni siquiera nos habíamos visto desde el incidente del jardín ¿es que acaso se había molestado conmigo por no esperarle la noche anterior? ¡Era una estupidez! ¿Por qué se ponía así conmigo?
Me encogí de hombros y decidí dejarlo pasar, estaba ya un poco harta de ese carácter tan infantil de mi joven señor, su inmadurez era su peor defecto. Si no quería hablarme su problema, yo no iba a ir detrás como un perrito, para eso tenía a Shampoo.
- Akane – habló mi señora llamando mi atención – hoy tendré que ir a Edo con las chicas por lo que te dejo al cargo de la casa.
- Sí señora – contesté.
- ¿Para qué tenéis que ir a Edo? – preguntó el señor Saotome engullendo su plato de ramen.
La señora Nodoka puso un gesto de asco en sus facciones – dentro de un par de semanas tienen un importante acto social donde darán una demostración de sus habilidades con el shamisen, necesitamos un par de cuerdas y ayuda profesional – lazó una escueta mirada a Ukyo que bajó la vista avergonzada – rozan el desastre.
- ¿Y porque Akane no va? ¿Ella no participará? – preguntó de nuevo.
- No, Akane no da clases de Shamisen.
- Ser causa perdida – dijo Shampoo. Puse los ojos en blanco ante sus palabras, no era raro que la china aprovechara cada oportunidad para meterse conmigo.
- Bueno, cada quien tiene sus habilidades – contestó mi señora – y si Akane no toca el shamisen es porque estoy potenciando sus otras habilidades.
- ¿Y cuáles son?
El hombre panda seguía engullendo mientras esperaba la respuesta de su mujer – La capitanía, la oratoria, argumentación, escritura y la historia.
- ¿y eso de que le va a servir cuando se case?
- Bueno, al menos su marido tendrá algo más que una mujer florero – contestó mi señora mirando a su hijo quien siguió comiendo sin darse por aludido.
El señor panda comenzó a toser y dio un largo sorbo de sake para poder pasar la comida que atascaba su garganta. Puse un gesto de asco en mis facciones, ese hombre era peor que los cerdos.
- Si tú lo dices.
La comida pasó tranquila y a la hora del postre Yuka nos sirvió unos dangos pero Ukyo y Shampoo cedieron los suyos a Ranma y Ryoga.
- No quiero coger kilos de más – dijo Ukyo cebando a mi amigo que se veía bastante feliz ante las atenciones de su prometida. Y luego decía que no le gustaba.
- Deberías comer – le dije devorando mi dango – estar delgada está muy bien pero ser un palo flaco no es bonito.
- Esas ser palabras de gorda - escupió Shampoo con veneno.
Me encogí de hombros - Cada uno es como es y si un hombre te quiere de verdad te querrá con cualquier aspecto - le di otro bocado a mi dulce - la belleza está en el ojo del que la mira.
- Y tú que sabrás de belleza – me contestó con rabia Ukyo – tú no le gustarías a nadie.
Me molestó el tono que usó, yo no le había hecho nada, en cierta forma hasta me caía bien pero desde hacía aun tiempo Ukyo era una bruja con ínfulas, supongo que pasaba demasiado tiempo con Shampoo, eso sumado a que el bocazas de Ryoga le había dicho que sentía algo por mi había incrementado su antipatía hacia mi.
Dispuesta a no dejarme insultar por nadie dije – ¿estas segura?
Ukyo puso una expresión de horror en sus facciones y Ryoga se atragantó. Comenzó a toser y Ukyo le dio unas palmaditas en la espalda – ¿estás bien mi amor? – preguntó melosa haciéndome reír. Me fulminó con la mirada y solo pude ensanchar mi sonrisa – eres una… ¡estúpida!
- Bueno, me han llamado cosas peores – contesté encogiéndome de hombros una vez mas.
Nodoka-sama me miraba con orgullo haciendo que mi pecho se hinchara aún más. Ukyo comenzó un aluvión de insultos y desprecios principalmente dirigidos a mi físico. Me aburrían esos ataques verbales, siempre se metían con mi apariencia y ya me cansaba, eran repetitivas y agotadoras.
- Nunca te casarás con nadie – me dijo con veneno. Por el rabillo del ojo vi a Shampoo reír con maldad.
Sin ser consciente, como si fuera una reacción natural, rodé los ojos con aburrimiento – creo que tienes el cerebro de un mosquito, ya he dicho varias veces que no deseo casarme con nadie, pero si quisiera creo que… podría elegir.
- Ser una vaca gorda, nadie amarte.
- ¿Segura? – pregunté de nuevo en un tono bajo intentando hacer daño. Shampoo apretó los puños y lanzó una mirada a Ranma quien seguía a lo suyo, como si estuviera sordo o metido en una burbuja que le separaba del resto de los comensales.
- Estar muy segura, dar tiempo a Shampoo – contestó apretando la mandíbula – en cuanto casarme con Ranma, Shampoo expulsarte para siempre.
- no te tengo miedo y créeme que si fuera por belleza posiblemente ganarías pero, una buena personalidad… contra eso no tienes nada que hacer.
- Tu personalidad no te ayudará a encontrar marido – dijo Ukyo pegándose a Ryoga – te quedarás solterona.
- Y dale, que manía ¿es que no tenéis otros argumentos? – la china y Ukyo se miraron entre ellas fugazmente. Puse una sonrisa en la cara – supongo que no.
- A mí me parece que Akane podría casarse con quien quisiera – habló Mousse haciendo que todos en la mesa volteáramos a verle asombrados. Incluso Ranma.
Era sorprendente escuchar la voz de Mousse en las comidas, nunca hablaba en la mesa, si ya de por si era bastante callado en la mesa era una tumba. Raramente hablaba o daba su opinión, prefería quedarse al margen de las discusiones a la mesa por eso el que hubiera lanzado una frase más o menos larga nos dejó a todos de piedra.
En especial a una persona. Shampoo se crispó como un gato a punto de atacar y le encaró – ¿Qué estar diciendo Mousse?
- Bueno, Akane es una chica bonita e inteligente, si no ha conseguido novio es porque ella no ha querido.
- ¡Eso ser ridículo! ¿Quién va a querer estar con ella?
Mousse se rascó la cabeza levemente – Shinnosuke estaba muy interesado.
- No ser ridículo, ser mucho para tan poca mujer – dijo con veneno Shampoo.
Quise levantarme y clavarle un palillo en el ojo pero me contuve por la mirada que me dio mi señora. Los patriarcas de la familia estaban muy callados, Genma Saotome observaba el panorama con interés bebiendo su sake en una cómoda postura.
- Pues tú fuiste testigo de cómo la cortejaba, todos lo fuimos ¿verdad? – Ryoga asintió levemente.
- Además – secundó mi amigo – hay un par de chicos en Edo, mercaderes que siempre le comentan lo bonita que es y le regalan algo.
Mi sonrisa se amplió y les di un ligero movimiento de cabeza a ambos para darles las gracias. Ryoga me sonrió algo tenso pues sabía que al posicionarse a mi favor le iba a costar una discusión con Ukyo. Era un buen amigo.
- Vaya Akane – dijo la rasposa voz de Genma – No sabía que tenías tantos admiradores.
- No los tengo señor, son amables – contesté con voz fría.
- Ya, incluso Mousse, que jamás muestra interés por las mujeres ¡ya creía que era de la otra acera!
Mousse se tensó un momento pero para sorpresa de todos Nodoka-sama salió en su defensa – que no sea un baboso con las mujeres y sea educado no quiere decir que no esté interesado en ellas.
- Ya lo veo, pareces muy interesado en nuestra masculina Akane – la voz del hombre panda era cantarina, burlona, seguro que se creía muy gracioso y más siendo aplaudido por las risas de Shampoo – seguro que te encantaría estar prometido con ella.
- No es mi deseo señor, pero si así fuera no podría impedimento – dijo firme Mousse haciéndome sonrojar. Después de la charla que tuvimos en el dojo me daba algo de vergüenza pensar que Mousse me viera como algo más que su amiga.
La carcajada de Genma resonó por toda la habitación y me pareció muy curioso que Shampoo no riera con él, más bien parecía que le habían arrancado el alma. Estaba impasible mirándole como si se hubiera vuelto loco.
Ryoga también le miraba boquiabierto, intercalaba miradas entre él y yo balbuceando para luego rascarse la cabeza – Mousse ¿estás diciendo que no te importaría estar con Akane?
- Bueno, es bella e inteligente, cualquier hombre estaría encantado de hacerla su esposa.
Un golpe seco nos hizo brincar a todos, incluso a Nodoka-sama que nada la pillaba por sorpresa. Ranma había puesto con brusquedad su vaso de sake en la mesa. A pesar de ser joven el señor panda le obligaba a tomar sake porque según él ya era un hombre y el agua era para los niños.
Se levantó sin decir palabra y me lanzó una mirada furiosa que me hizo estremecer. Nodoka-sama exigió saber que le pasaba pero no contestó, salió de la sala cerrando la puerta con fuerza haciéndola rebotar y que se abriera de nuevo levemente.
- ¿A este crio que le pasa? – Preguntó Genma malhumorado – ah, ya lo entiendo – dijo respondiéndose a sí mismo para dar otro sorbo de sake.
Nodoka-sama me miró curiosa y yo solo pude negar mientras encogía mis hombros. No sabía qué diablos pasaba con Ranma, si estaba furioso por las palabras de Mousse me decepcionaría. Que se enfade con él, no conmigo.
Al poco rato la mesa se dispersó. Nodoka-sama se fue con las chicas a Edo acompañadas de Daisuke. Mousse y Ryoga fueron a sus clases con su profesor de historia y yo me escapé un rato al banco del jardín tras comprobar que todo estaba en orden en la casa.
A diferencia de Yuka que me lanzaba miradas venenosas Kimiko y el resto de los adultos me trataban como siempre por lo que suspiré aliviada. No había rastro de Ranma por ningún lado por lo que supuse que se había largado de nuevo con el señor panda.
Me senté en el banco de piedra con un libro. Me apetecía relajarme, no quería pensar en nada, simplemente dejarme envolver por aquella historia de guerreros que me había prestado mi señora.
El aire era agradable, ni frio ni caliente. Me dispuse a continuar donde me había quedado pero mi cabeza no me permitía desconectar del joven señor. Suspiré frustrada, deseaba y a la vez no deseaba hablar con Ranma, saber qué diablos le pasaba conmigo. Un día era amable y al siguiente un idiota, un día parecía tener interés en mí y al segundo me trataba como basura.
Apreté el libro entre mis manos con furia, ¿y si Sasuke tenía razón? ¿Y si lo que había pasado en el jardín solo era un juego? Mi corazón se apretó en mi pecho y sentí ganas de llorar pero no lo iba a hacer, no señor, no lloraría por un hombre y menos por él. Si estaba enfadado pues ya tenía otra cosa que hacer, enfadarse y desenfadarse.
Yo no movería un dedo, no había hecho nada, si quería hablar conmigo tendría que venir él.
Y como si alguien ahí arriba hubiera escuchado mis pensamientos unos pasos me alertaron. Alcé la mirada para encontrarme con la persona que más deseaba ver. Ranma estaba frente a mí con la cara muy seria, vestido en su traje de entrenamiento se le veía sudado y cansado, sus nudillos estaban rojos por lo que supuse que había estado haciendo el cafre en el dojo.
- Ranma, ¿se te ofrece algo?
- tenemos una conversación pendiente – contestó con una abrumadora seriedad.
Mi corazón comenzó a latir furioso como si hubiera ido desde la casa de los Saotome hasta Edo corriendo a todo lo que daban mis piernas. Llevaba todo el día deseando tener esta conversación, pero ahora que tenía a Ranma frente a mis narices tan serio deseaba meterme en un agujero bajo tierra.
- Claro, siéntate – dije fingiendo tranquilidad. Debía estar calmada, no podía hacerle saber que estaba nerviosa. Di un par de respiraciones para bajar el ritmo de los latidos, yo no era una cobarde, debía enfrentar esa situación con entereza.
- No, prefiero estar de pie.
- Bien – aparté el libro a un lado – tú me dirás.
Le vi bajar la vista y apretar los puños levemente – antes de esto quiero hacerte una pregunta.
- Claro, adelante – contesté algo temblorosa.
- ¿Qué sientes por Mousse? – me preguntó mirándome con rabia a los ojos deshinchando cualquier ilusión que albergara mi corazón respecto a él. Supongo que en mi cara se pintó una mueca de decepción ya que vi como su postura se destensaba un poco.
- ¿Otra vez con esa tontería? – pregunté furiosa poniéndome en pie. Otra vez aquella estúpida situación, siempre igual, siempre reclamándome por todo como si él fuera un santo. Maldito infantil, estaba harta.
- Contéstame.
- No te pienso contestar a nada – dije firme sin despegar mis ojos de los suyos.
- Eso es que le amas – dijo tensándose de nuevo acercándose a mí.
No retrocedí ni un milímetro, si él pensaba que con esa actitud me iba a acobardar estaba muy equivocado, si pensaba que me iba a amilanar, Ranma Saotome no me conocía.
- Eres un imbécil, un inmaduro y un pesado – dije con rabia haciéndole fruncir el ceño – estoy harta de tus estupideces, asúmelo Mousse es mi amigo.
- No es lo que parecía en la comida.
- Fue el quien dijo esas cosas, no yo – comenté harta haciendo aspavientos con las manos – deja de echarme a mi todas las culpas siempre, yo no tengo la culpa de que los hombres sean idiotas o vayan detrás de mi ¡yo nunca les doy alas!
- Yo sí que estoy harto de que todos esos idiotas te persigan.
- Pues díselo a ellos, enfádate con ellos pero a mi déjame al margen – dije con muy mal humor – además no entiendo porque me reclamas tanto, tu y yo no somos nada.
Los ojos de Ranma se encendieron como fuego – No digas eso porque tú y yo sabemos que no es cierto ¿o no recuerdas que paso en el jardín?
- No pasó nada en el jardín – los ojos de Ranma se abrieron de par en par – además si hablamos de tratos tú y Shampoo os besasteis y a ella no le reclamas nunca nada.
-¡Eso no tiene nada que ver! – Gritó fuera de sus casillas – ¡No traigas eso de vuelta cuando ya te dije que fue ella quien me beso!
- ¡Entonces no traigas tú de vuelta lo de Mousse cuando yo te dije que no siento nada por el!
- ¡Pero el por ti sí! – Gritó más fuerte haciéndome pegar un bote – ¡Os vi en el dojo!
Me quedé petrificada en el sitio ¿así que por eso era por lo que estaba tan raro en la comida? ¿Por qué había presenciado la conversación del dojo? Rememoré un momento la escena buscando algo que me hubiera comprometido pero no había dicho nada que pudiera hacerle enfadarse conmigo, había rechazado a Mousse ¿Qué diablos me reclamaba?
- ¿Y qué has visto según tú?
- A ti y a él, abrazados mientras él se te declaraba y tú le comentabas lo halagada que estabas.
- Es mi amigo no puedo rechazarle de malas formas – intenté explicarme.
Se quedó un momento en silencio. Mi cabeza era un torbellino y quise largarme de allí, no soportaba más esa situación. Con Ranma todo era intenso y llevaba las cosas al extremo y eso había minado mi paciencia.
- Pero no le rechazaste – dijo en voz baja. Esa simple frase acabó con mi paciencia. Con brusquedad tomé mi libro y le aparté para pasar por su lado.
- ¿A dónde vas? – preguntó con brusquedad.
- Me largo – contesté – no te aguanto un minuto más.
Me tomó del brazo evitando que avanzara y me giró para mirarme a la cara – ¡No, debemos hablar!
- ¡No me interesa nada que tenga que ver contigo! – Grité intentando soltarme – ¡Me tienes harta con tus celos estúpidos!
- ¿¡Y no te das cuenta porque demonios me pongo así!?
Frené mis aspavientos mirándole con furia – ¡Claro que lo sé! ¡No soportas que otro esté por encima de ti!
No sabía ya ni lo que decía, mi cabeza no me permitía pensar. Después de que Ranma me viniera a reclamar por idioteces y sus estúpidas conclusiones apresuradas yo no soportaba más esa situación. Sasuke tenía razón, el solo estaba jugando conmigo, era eso, me quería volver loca y lo estaba logrando.
- ¿Estás loca?
Una vez más intenté soltarme pero cuanto más luchaba más apretaba el su agarre sin llegar a hacerme daño – suéltame.
- No, no hasta que entiendas.
- ¿Qué diablos tengo que entender? – Pregunté furiosa – estoy harta ¡harta! De tus juegos, de tus celos de… ¡de ti!
Su rostro se deformó en una mueca de enfado – ¿estas harta de mí?
- ¡Sí! ¡Harta de que me confundas todo el tiempo! ¡De que me trates como si fuera la única mujer en el mundo y luego me destroces el corazón por idioteces sin fundamento! ¡Estoy harta! ¡¿Tanto me odias?!
- ¿Crees que te odio? – preguntó tenso apretando la mandíbula.
- Pues sí, a veces pienso que de verdad me detestas – contesté con la voz entrecortada – por favor Ranma, déjame en paz.
Me solté por fin de su agarre pues mis palaras le golpearon duramente haciéndole abrir los ojos de par en par y aflojar su agarre. Me giré para salir de allí antes de romper a llorar frente a él. Prefería ahogarme en el lago a llorar frente a él.
No pude dar ni dos pasos cuando me agarró de nuevo de la muñeca. Iba a girarme para encararle pero ante de que pudiera hacer algo tiro de mí y me besó.
Mi corazón se paró, me quedé totalmente quieta con los ojos abiertos todo lo que daban. Me estaba besando, no era un sueño, era real. Sentía sus labios contra los míos y descubrí por fin que aunque parecieran algo secos eran suaves, cálidos.
Los notaba quietos sobre los míos, no hacía ningún movimiento solo era un choque de labios para luego separarse levemente. Ranma suspiró y apoyó su frente contra la mía y cerró los ojos. Su mano estaba sobre mi muñeca, la otra acaricio desde mi hombro y bajó lentamente hacia la otra que sujetaba temblorosa el libro.
- Por favor Akane, déjame explicar… déjame…
- Ranma – dije con la respiración cortada – ¿Por qué… porque me has?
Ranma alzó sus ojos clavándolos en los míos y a diferencia de momentos atrás ahora estaban de un claro color azul. Tenían un precioso brillo que me dejó el alma en vilo cuando me di cuenta que eran lágrimas.
- No puedo soportarlo, Akane, te quiero.
Me quedé de piedra. El libro que aún tenía en mi mano cayó lentamente de mi mano hasta terminar en el suelo. Comencé a sentir que mis ojos se aguaron ante sus palabras, sonaban tan sinceras…
- Por favor – supliqué – por favor si estás diciendo esto por tu ego.
- ¡No! – Me cortó rápidamente – te quiero, no me había dado cuenta hasta que… ese estúpido de Shinnosuke se dispuso a cortejarte. Y luego parecía que a todos los idiotas les habían salido ojos en la cara y comencé a pensar, en ti y en mi y en lo idiota que estaba siendo.
Fruncí levemente el ceño ¿Qué quería decir con eso? – Solo soy un premio para ti ¿eso es lo que dices?
- No Akane – su voz sonaba desesperada. Sus manos tomaron mis mejillas y me miró a los ojos de forma profunda haciéndome temblar – te juro por mi madre que bien sabes lo que significa ella para mí, que te quiero de verdad. No eres ningún premio Akane.
Quería creerle, de verdad quería creerle, necesitaba hacerlo. Una lágrima cayó por mi mejilla mientras buscaba algún ápice de mentiras en sus ojos. Ante mi silencio Ranma me dio otro rápido beso – He sido un idiota, un niño inmaduro que se esconde de los problemas y no acepta lo que siente y te pido perdón, de corazón.
- Me has hecho daño Ranma, muchas veces.
- Lo sé, pero si lo hacía era porque era tan inmaduro que no era capaz de admitirme a mí mismo que me desgarraba por dentro el no tenerte y verte con otro – dio un largo suspiro y bajó su mirada un momento – me partía el corazón verte con Mousse o con cualquier otro y en vez de tomar el valor y confesarte lo que sentía, me encabronaba y acabábamos discutiendo y alejándonos – otra lagrima bajo por mi mejilla y fue rápidamente borrada por el pulgar de Ranma – pero ya no lo soporto más.
- Ranma, yo quiero que sepas que jamás hubo nada con Shinnosuke o Mousse o… Ryoga – dije muy suavemente – nunca lo hubo.
- Lo sé, y te pido perdón mil veces si hace falta – nuestros rostros estaban tan juntos que su respiración se mezclaba con la mía produciéndome agradables escalofríos.
- Entonces ¿me quieres Ranma? ¿Me quieres de verdad?
- Desde que pisaste esta casa – me dijo mirándome a los ojos – te quiero.
- Yo también, yo también te quiero – dije rompiendo en llanto. Ranma sonrió y apoyó su frente en la mía acariciando mis mejillas con sus pulgares – pero tenía tanto miedo, tanto miedo de parecer débil.
- Ya somos dos bobos entonces – me susurró suavemente jugando con mi nariz con la suya.
Solté una leve risita ante su juego y esta vez fui yo la que me lancé a sus labios. Mis manos fueron a parar a su cintura mientras que mis labios se movían de manera torpe sobre los suyos. Noté como poco a poco el imitaba mis movimientos. Sentí que volaba, como si una enorme ola me envolviera y me azotara contra las rocas del mar… era un rio embravecido por dentro. Sentía mis tripas revolverse de felicidad a medida que nuestros labios perdían la timidez y se conocían cada vez mejor.
Nos separamos levemente cuando nos faltó el aire y nos dimos una fugaz mirada. Ranma puso una débil sonrisa en su rostro que estaba algo sonrojado y con voz queda dijo – Gracias por perdonarme Akane, no te merezco.
- No, la verdad es que no – contesté burlona haciéndole soltar una carcajada. Con fiereza acercó de nuevo su rostro al mío besándome con pasión. Abrí los ojos sorprendida ante el rumbo que llevaba aquel nuevo roce de labios. Sus manos apresaban con fuerza pero delicadamente mi cara, como si no quisiera que nos alejáramos jamás. Contesté el beso con igual fuerza, él podía ser un dragón, pero yo era un río y como padre decía, nadie vence al río por lo que no me dejaría vencer en aquella batalla de bocas.
Le sentí sonreír cuando mordí su labio inferior con fuerza a lo que él contestó con un grave jadeo haciéndome girar mi cabeza en la otra dirección. Pegué un bote cuando sentí algo húmedo en la punta de mi labio superior pero como si alguna extraña voz de mi interior me guiara, abrí levemente los labios dejando a esa intrusa descubrir mi boca.
Estuvimos un rato así, dejándonos llevar por la curiosidad del primer beso y las ganas que teníamos de estar juntos. Cuando nos ahogamos nos separamos lentamente. Nuestras mejillas estaban rojas como faroles y respirábamos con dificultad.
Nos miramos tímidamente pero sin parar de sonreír.
- Vaya, eso ha sido mejor que ganar un combate – dijo Ranma.
Solté un gritito de felicidad y me arroje a sus brazos hundiendo mi cara en su pecho, respirando su perfume natural. Él me recogió entre sus brazos y nos vimos envueltos en un aura de felicidad y tranquilidad, disfrutando de la mutua compañía. Éramos unos niños disfrutando del primer amor, pues aunque teníamos quince años en el fondo ambos seguíamos siendo unos niños.
- Ranma – le llamé, soltó un gruñido para hacerme entender que me escuchaba – como vuelvas a hacerme llorar te mato.
Soltó una carcajada – tranquila, nunca más te haré llorar a no ser que sea de felicidad.
- Más te vale.
- No tendré vida para pedirte perdón por mi inmadurez Akane – me dijo mientras me separaba levemente para verme a la cara – espero poder recompensarte el resto de mi vida porque créeme, quiero pasarla a tu lado.
De nuevo el muy idiota me había hecho llorar, pero como él dijo, estas lágrimas eran de alegría. Escucharle decir eso, esa promesa velada de que en el futuro estaríamos juntos hizo que mi corazón se encabritara aún más y mi cabeza diera vueltas. Por Kami como le quería, como adoraba a ese hombre inmaduro frente a mí.
Me arrojé a sus brazos pasando mis manos tras su cabeza y le besé de nuevo. Sus labios eran una maldita adicción para mí y ahora que los había probado no iba a poder separarme de ellos nunca más.
El me estrechó en sus brazos, abrazándome por la cintura y subiéndome levemente del suelo unos centímetros mientras nos besábamos en la soledad del jardín sellando con aquellos besos la promesa de que siempre estaríamos juntos.
Aclaraciones:
Hai: Sí
Boken: Espada de madera
Shamisen: Es un instrumento musical japonés derivado del chino sānxián (tres cuerdas), el cual apareció en China durante la dinastía Yuan del siglo XIII. El sānxián chino fue introducido a las islas Ryukyu (Okinawa, principalmente), suroeste de Japón, desde donde llegó a Sakai (Prefectura de Osaka) alrededor del año 1562 y de allí se extendió por todo el país.
Onee-chan: hermana mayor.
Shogun: Durante el s XII hasta 1868 el shogun se constituyó como el gobernante de facto de todo el país. Aunque teóricamente el emperador era el legítimo gobernante, este depositaba su autoridad en el shogun quien gobernaba en su nombre.
