¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Mil perdones por la tardanza, pero estas fechas son horribles para mi. Este capítulo es un poco mas corto que los últimos pero es necesario que así fuera. A partir de este capítulo veremos a nuestros personajes mas maduros y comenzaremos una etapa de descubrimiento en nuestros personajes, muchos enredos y mas problemas para nuestra protagonista.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme y saber que nuevos escritores se animan a subir sus historias gracias a mi fanfic me hace sentirme muy especial, sois geniales, no tengáis miedo de escribir, si al principio sale mal pues que salga, fallar es la única forma de aprender y rectificar.
Sin mas os dejo leer.
No sé a ciencia cierta cuanto tiempo pasamos besándonos en el jardín, pero cuando recuperé la noción del tiempo nuestros labios estaban rojos e hinchados y el cielo estaba oscuro. Alcé la vista para buscar las estrellas que brillaban sobre nosotros y sonreí al ver una muy brillante junto a otra más pequeña que también tintineaba.
Estaba segura de que eran mis padres, allí arriba mirándome, seguramente madre era la pequeña tintineante, dando saltos allí arriba por ver a su pequeña "marimacho" hecha una señorita y con un posible novio. La más grande que estaba tan brillante sin duda era padre, un poco molesto por ver a su hija haciendo esas cosas con un chico, pero al mismo tiempo orgulloso de que no hubiera abandonado todo aquello que amaba.
Sonreí tristemente al darme cuenta que daba a padre por muerto. Hacía años que no tenía noticias de mi familia y las que había recibido no eran muy buenas. Si padre estaba tan mal como Kasumi me contaba en esa carta, seguramente a estas alturas estuviera en las estrellas con madre, o quizás siguiera vivo y sin acordarse de mí.
Torcí los labios levemente, prefería pensarle muerto y cuidándome que vivo e ignorante de mi paradero y destino.
Una mano apretó levemente mi cintura y me sacó de mis pensamientos. Enfoqué mis ojos en Ranma quien me miraba con curiosidad. Sonreí levemente y acaricié su cara.
- ¿Qué pensabas? – me pregunto
Me quedé un momento callada y dirigí otra rápida mirada al cielo antes de contestar – en mis padres.
- ¿Sabes algo de ellos? – su agarre se apretó pero no de manera ruda, era como si me estuviera dando todo su apoyo.
- Nada, hace años que no sé nada de mi padre. Supongo… que está muerto. Como mi madre.
- Tal vez siga vivo – me dijo en un intento de animarme.
- No lo creo – apoyé mi cabeza en su pecho y cerré los ojos – y prefiero que no sea así, porque si está vivo y bien y no ha hecho el mínimo esfuerzo en buscarme… me dolería como mil espadas en la espalda.
Me dio un beso rápido en la frente y apoyó su mejilla en lo alto de mi cabeza. Ranma era un bocazas a veces por lo que notaba el esfuerzo que hacía en no soltar algo que sin quererlo me hiciera daño. Me pareció un gesto muy dulce.
- ¿Sabes? Si está vivo y no te busca se lo agradezco.
Me separé de su pecho para mirarle curiosa – ¿Por qué?
- Porque si viniera por ti podría llevarte de nuevo con el – susurró acariciando levemente mi cara mientras acercaba la suya – y no podría permitirlo.
- Idiota – susurré con una sonrisa para luego recibir sus labios con ternura.
No fue un beso apasionado como aquellos que nos habíamos dado horas antes, este era un beso tranquilo, apenas perceptible, lento pero fugaz. Nos miramos a los ojos y pude ver en sus pupilas todas aquellas palabras de amor que me había dicho y todas las que aún no estaba preparado para decir pero que me intentaba transmitir.
Sonreí como una idiota intentando transmitirle yo también todas aquellas palabras de amor que me daba tanta vergüenza expresar. No porque no las sintiera, sino porque no dejaba de ser una niña aprendiendo en esto del amor.
Solté una risa cuando su nariz rozó la mía – Me pasaría el resto de la noche besándote – dijo – pero creo que la cena estará lista enseguida.
- Sí – contesté separándome levemente de el – es raro que Nodoka-sama no haya vuelto ya, es tarde.
- ¿Quién dice que no ha vuelto? – preguntó Ranma cruzándose de brazos con una burlona sonrisa en la cara – que yo sepa no has estado muy atenta porque estábamos ocupados en otras cosas.
Ahogué un grito ante su descaro y tomando el libro que horas atrás había quedado tirado y olvidado en el suelo le golpeé en el brazo – eres un sinvergüenza.
- ¿Qué te pasa? – Preguntó burlón – ¿ahora tienes vergüenza?
-¡Claro que no! – exclamé con las mejillas tan rojas como un farol.
La sonrisa en la cara de Ranma se amplió aún más y quise estamparle el libro tan fuerte como pudiera pero no debía hacer eso ahora que habíamos arreglado las cosas, aunque si seguía burlándose así olvidaría las horas anteriores y le daría su merecido.
- Te da vergüenza ¡no me lo creo! – me picó en la mejilla con su dedo indicé.
- Eres un idiota – bufé molesta – me largo, no te aguanto.
Cuando me giraba escuché su cantarina risa y noté su mano apresar mi muñeca y girarme para luego estampar sus labios contra los míos. Intenté resistirme todo lo que pude pero al final mi corazón pudo más que mi orgullo y acabé cayendo ante aquellos labios tan suaves.
Cuando nos separamos le di un juguetón golpe en el brazo – idiota.
- Si no te hacía enfadar sería raro en nosotros – contestó encogiéndose de hombros – me gustas en todas tus facetas, pero no sabes lo guapa que te pones enfadada – sonreí ampliamente ante sus palabras. Soltó una risa ahogada – aunque, así – dijo señalando mi sonrisa – es como más me gustas.
Me sonrojé de nuevo y bajé la mirada. Por mucho que me gustara escucharle decirme esas cosas me sentía rara. No sabía que opinaría mi señora de esta relación, en un principio pensé que se pondría alegre pues me apreciaba y ella misma me había comprometido con su hijo, pero luego pensé que, Nodoka-sama no dejaba de ser una señora de alta cuna al igual que Ranma, y yo, una simple criada de un pueblo del interior que su marido había comprado por un poco de oro.
- ¿Qué te pasa? – preguntó Ranma al ver mi cara.
- Pensaba en mi señora.
- ¿Qué pasa con mi madre? – preguntó
Empecé a retorcer mis manos con nerviosismo y alternaba mi mirada entre sus ojos y el suelo – creo… que no deberíamos decirle lo que pasó, al menos por ahora.
Ranma se tensó un momento – ¿es que te avergüenzas de estar conmigo?
- ¡No! – me apresuré a aclarar – pero temo lo que ella piense.
- Estará feliz, te adora y esto adelanta sus planes de quitarse a Shampoo de encima ¿Qué más puede pedir?
- Pero… ¡no todo es tan sencillo! – me llevé las manos a la cabeza en un gesto de agobio. Mis pies comenzaron a moverse nerviosos – tal vez, en realidad no le haga gracia. Nodoka-sama te comprometió conmigo para librarse de Shampoo pero luego tu elegirías con quien casarte y lo nuestro terminaría y…
- ¡Akane! – me dijo agarrándome por los hombros frenando mi inminente ataque de histeria. Me estaba poniendo nerviosa y no por mi relación con el señor, sino porque en mi cabeza había traicionado la confianza de mi señora y eso era imperdonable.
- Ranma, mi señora puede pensar que la he traicionado y…
- ¡No digas estupideces! – Me cortó – está bien, tranquila, guardaremos el secreto. Por ahora.
No pude evitar relajarme ante sus palabras, mi joven señor tenía ese poder en mí, podía enervarme en segundos y tranquilizarme con la misma eficiencia.
- Gracias.
Ranma sonrió con dulzura y besó mi frente con cariño. Sin decir una palabra más comenzamos a caminar en dirección a la casa. Íbamos separados pero nuestras manos se rozaban de vez en cuando.
Cuando estábamos girando para enfocar la puerta de la casa la cara de Sasuke apareció en nuestro campo de visión. Frenamos en seco y mis ojos y los de Sasuke estaban abiertos de par en par. Ranma, por el contrario, se mantenía impasible.
Los ojillos de huevo de mi amigo reflejaron sorpresa unos segundos para luego brillar en ellos la sombra del enfado. Por lo visto nuestra discusión seguía estando muy presente en él.
- Sasuke, ¿Qué haces aquí a estas horas? – preguntó Ranma.
- La señora me pidió que los buscara – dijo con la mandíbula tensa mi amigo – la cena estará pronto.
Me lanzó una dura mirada que me hizo temblar, como si supiera lo que habíamos estado haciendo, pero era imposible pues habíamos estado completamente solos en el jardín. Ranma era un artista marcial muy bueno y por muy distraído que estuviera habría notado la presencia de alguien más. Suspiré un momento para intentar calmarme, quizás Sasuke, solamente siguiera enfadado.
Cuando se dispuso a darse la vuelta Ranma le frenó. En su mirada había un gesto fiero que hizo temblar a mi amigo – No digas que nos has encontrado juntos – Sasuke abrió los ojos y asintió levemente – si te preguntan yo estaba en el dojo y Akane en el jardín.
- Sí señor – dio una reverencia y tras lanzarme otra rápida mirada se fue.
Me quedé estática un momento pero luego moviendo ligeramente mi cabeza aparté todo mal pensamiento.
- ¿Qué os ha pasado?
Me encogí de hombros y seguí caminando haciéndome la desentendida – No sé de qué hablas.
- Akane – su tono me hizo frenar y mirarle – no soy estúpido.
Di un largo suspiro y le expliqué mi discusión omitiendo, claro está, las opiniones que tenían sobre el los criados – eso fue lo que pasó, Sasuke descubrió mis sentimientos por ti y me dijo que no debería acercarme.
- Se preocupa por ti – me dijo Ranma – no me confundas, no me hace gracia que quiera que te alejes de mí, pero en cierta forma le entiendo. Te quiere mucho y se preocupa por ti, no quiere que nadie te haga daño.
- Lo sé.
Ranma colocó su mano sobre mi cabeza y me revolvió levemente el pelo haciéndome gruñir – habla con él y arréglalo.
- No creo que quiera hablarme en mucho tiempo, le dije cosas muy malas.
- Seguro que te perdona – me dijo – ahora mueve ese cuerpecito hacia casa, yo iré en cinco minutos.
Me quedé un poco perpleja ante sus palabras pero luego entendí que Ranma quería disimular. Si llegábamos juntos a casa la gente podría sospechar, por eso lo mejor sería entrar por separado. Le di una rápida sonrisa y entré rápida a la casa.
Caminé por los pasillos donde me encontré a Nara quien me dio un rápido asentimiento mientras corría hacia una habitación con una caja de madera en sus manos. Suspiré para luego llevarme las manos a las sienes. Me apresuré a dejar el libro en mi habitación y luego fui directa al salón, Ranma ya estaba sentado con gesto impasible, ni siquiera me miró.
Fruncí levemente el ceño pero me contuve, supuestamente debíamos disimular, yo misma se lo había pedido, así que no podía enfadarme por su indiferencia.
- Llegas tarde – dijo Nodoka-sama con voz seria pero sin reproche, en su mirada había un deje de curiosidad que me pareció bastante extraño.
- Lo siento – contesté sentándome en mi sitio – me entretuve leyendo.
Mi señora asintió con la cabeza y no dijo más. Agaché la cabeza levemente y esperé a que nos sirvieran la cena. Una vez más Yuka me sirvió con cara de enfado.
- Señora – habló Ukyo con voz temblorosa – tal vez podría quedarme esta noche en la sala para ensayar.
- No – respondió tajante Nodoka-sama – has tenido mucho tiempo para ensayar y que la pieza te saliera perfecta, si no lo aprovechaste entonces no es mi culpa.
- Pero señora – intentó protestar más una mirada de Nodoka-sama valió para que callara.
Yo no estaba muy pendiente de las conversaciones que surgían en la mesa, mi cabeza estaba puesta en la tarde que había pasado con mi señor. Intentaba evitar a toda costa que una mueca de tonta se me coloreara en la cara pero era muy difícil, solo de pensar en los besos que nos habíamos dado me hacía sonreír.
- ¿Qué tanto reírse marimacho tonta? – escuché la voz de Shampoo quejarse. Alcé la vista de mi plato y la enfoqué en la china frente a mí.
- Perdona ¿Qué? – contesté intentando enterarme de que había pasado.
- Parece que hacerte gracia lo que yo estar contando – dijo Shampoo enfadada – ¿acaso hacerte gracia que cuerdas de Shamisen casi dejar sin dedos a Shampoo?
- No, en absoluto – contesté rápido. Notaba las miradas de todos los comensales en mi persona, incluida la de Ranma quien tenía una burlona sonrisa en la cara. Fruncí el ceño al saber lo que el muy ególatra seguramente pensaba, que estaba distraída pensando en el… y el muy imbécil no se equivocaba.
- ¡Mentir!
- Shampoo – habló Mousse – creo que AKane no estaba prestando atención a tu historia.
- ¿Entonces de que reírse? – preguntó de nuevo. Me enfadé al ver la insistencia de la china en que mi señora me reprendiera o simplemente de dejarme mal ante la gente. Era agotador aguantarla.
Pero, si lo pensaba en frio, podría reírme de ella en su cara y no sentir pena ya que mi señor, el objeto de afecto de la china, me había elegido a mí y no a ella como su pareja. A mí, la marimacho de la que siempre se burlaba… sería tan maravilloso poder estamparle la verdad en la cara… pero no debía, al menos no ahora.
- No te importa – le corté – estaba distraída pensando en mis cosas y me reí.
- ¿No reírte de Shampoo? – me preguntó mirándome con los ojos entrecerrados, como si no me creyera. Eso era otra cosa que odiaba de Shampoo, su egocentrismo, siempre pensando que era el centro del mundo.
- Pues no, aunque no te lo creas Shampoo el mundo no gira a tu alrededor y no todo el mundo está pendiente de lo que hagas – dije metiendo un trozo de arroz en la boca – es más, a algunos nos da tremendamente igual lo que hagas.
La cara de la chinita se puso de un rojo intenso y comenzó a apretar fuertemente los palillos en sus manos pero una advertencia de Nodoka-sama acabó con la discusión en un segundo – ¡Ya está bien Shampoo! ¿Es que no podemos tener una cena tranquila y sin discutir?
Tras las palabras de mi señora la mesa se quedó en silencio, silencio roto de vez en cuando por algún comentario del hombre panda o de Ryoga y mi señora. Yo seguí comiendo como si nada hubiera pasado pero de vez en cuando lanzaba miradas a mi señor quien me las devolvía. Pasamos toda la cena hablándonos levemente con la mirada y no sabéis lo feliz que fui.
A la hora de dormir me fui a dar un baño para relajarme, había sido un día largo. Agradable, pero largo. La casa estaba en penumbras y silenciosa, supongo que todos estaban ya en la cama. Me seque bien y me puse mi yukata para dormir dejando mi pelo suelto.
Salí a paso lento del baño intentando no hacer ruido para no despertar a nadie. Estaba a punto de llegar a mi habitación cuando unos brazos me agarraron. Quise pegar un grito pero una mano se posó sobre la mía y noté un olor que conocía bien. Me relajé al saber quién era mi secuestrador.
- Mira que eres asustadiza – me dijo Ranma soltándome cuando se dio cuenta de que le había reconocido.
Le pegué un fuerte empujo – idiota, casi me matas del susto.
Sonrió ladinamente y puso su dedo en su boca. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad pude ver su silueta y levemente su cara. Iba vestido con su traje para dormir y algo despeinado, estaba muy guapo.
- No hables tan fuerte o nos descubrirás – susurro.
- ¿Por qué me has secuestrado? – pregunté. Me había arrastrado a un hueco que había entre las escaleras.
- Quería darte las buenas noches – susurró agarrándome de la cintura. Miles de mariposas volaron por mi estómago. Sonreí cuando sus labios se posaron en los míos y me aferré a su cuello. Comenzamos otra sesión de besos siendo amparados por la oscuridad de la noche.
Cuando nos separamos cogimos una fuerte bocanada de aire y apoyamos nuestras frentes la una en la otra – Necesitaba esto – dijo Ranma.
Sonreí de nuevo ¿Cuántas veces lo había hecho ese día ya? Ranma tenía razón, sabía lo que sentía, esa necesidad de probar sus labios una y otra vez hasta gastarlos, era como una obsesión que tenía desde hace tiempo y que se había multiplicado desde que los probé por primera vez.
- Deberíamos ir a dormir – le dije en un susurro. Amaba estar entre sus brazos pero no debíamos arriesgarnos o alguien podría vernos y decírselo a mi señora.
- Sí, deberíamos.
Salimos con sigilo del hueco de la escalera y nos dirigimos a la escalera. Allí nos quedamos unos segundos mirándonos como si volviéramos a ser dos niños de diez años. Ranma jugaba con sus manos en un gesto tan tierno que me hizo suspirar – me voy a la cama.
Ranma asintió levemente – yo también debería subir – no sé porque la vergüenza nos atacó de una forma tan voraz en aquel momento, era ridículo. Habíamos pasado casi todo el día jugando los besos y hace unos minutos nos comíamos el uno al otro en señal de buenas noches, era estúpido sentir vergüenza por esa situación en aquel momento. Pero bueno, así éramos nosotros.
Me rasqué el cuello en señal de nerviosismo – Bueno, buenas noches Ranma.
Antes de que me diera cuenta me tomó rápidamente la cara y estampó sus labios de forma brusca en los míos – Buenas noche, Akane.
Y subió corriendo las escaleras subiendo los peldaños de dos en dos. Yo me quedé estática en la parte de abajo mirando a todos los lados para cerciorarme de que nadie nos había visto. Cuando reaccioné me giré para lanzarle una mirada de reproche pero ya había desaparecido.
- Idiota – murmuré con felicidad. A paso lento caminé hacia la habitación que compartía con Sayuri y Yuka quienes estaban dormidas. Me coloqué dentro del futón y me tapé. Esa noche sentí que mi vida iba a mejorar y que sería divertido llevar esa relación en secreto, como si fuera un juego.
Lo que no sabía era que un par de ojos habían visto mi encuentro nocturno con mi joven señor.
A la mañana siguiente me levanté temprano. Había dormido muy poco esa noche y lo que había dormido lo había pasado soñando con mi joven señor. Terminaba de atarme mi obi cuando me crucé en el pasillo al hombre panda y a los tres chicos.
- Buenos días Akane-chan – me dijo Ryoga con una sonrisa.
- Buenos días – lancé una mirada a Ranma quien me guiñó el ojo de forma disimulada haciéndome sonrojar – ¿vais al dojo?
- A casa de Matsura – gruñó el hombre panda – volveremos para comer.
- Avisaré a mi señora – contesté.
Mousse me sonrió levemente y siguió al hombre panda. Ranma se quedó atrás unos momentos – no sabes las ganas que tengo de besarte – susurró muy bajo.
Me puse nerviosa por si alguien le hubiera escuchado, miré a todas partes buscando algún oyente pero no encontré a nadie – No digas eso, te podrían escuchar o vernos.
- Lo sé, por eso no te beso – volvió a susurrar – me tengo que ir – dijo esta vez en tono normal – nos vemos en la comida.
Le vi salir tras su padre y sus compañeros. Suspiré como una boba enamorada y me encaminé a la sala donde esperaba mi señora. Ese día haríamos una lección de caligrafía. Me gustaba la caligrafía, escribir era una forma muy bonita de liberarse, de contar historias y entretener al resto del mundo.
Cuando me senté mi señora estaba terriblemente seria – Buenos días señora.
- Prepara la tinta – contestó seca haciendo que me preocupara.
- ¿Se encuentra bien señora?
Nodoka-sama me lanzó una fría mirada y asintió. Sentí mi corazón pararse. Esa mirada no me la había dado nuca, ni siquiera cuando se enfada conmigo. Era la clase de miradas que le daba a su marido o a la señora Ryugenzawa, era la clase de miradas que mi señora le daba a la gente que odiaba y me asusté.
Mis compañeras llegaron y la clase comenzó. Ese día no hice nada bien, el temor que tenía hacía que mis manos temblaran y la letra saliera movida y fea. Nodoka-sama me regaño muchas veces esa mañana para alegría de mis compañeras.
Tenía tanta tensión que deseaba llorar. ¿Por qué Nodoka-sama me miraba así? ¿Por qué me trataba tan mal? ¿Es que sabía lo de Ranma? Abrí mis ojos de par en par, tenía que ser eso… ¡lo sabía! No podía ser de otra forma.
Sentí un terrible deseo de salir corriendo y no volver nunca más. Esa mirada de odio… solo podía ser porque mi señora conocía mi traición. Me odiaba, era obvio que me mataría o algo peor.
La clase terminó tarde y cuando estábamos recogiendo la fría voz de mi señora dijo – Akane, quédate un momento.
Temblé de pies a cabeza y asentí. Shampoo y Ukyo me miraron con sonrisas burlonas en su cara pero no hice ni dije nada, no tenía fuerzas.
Cuando salieron esperé a que mi señora hablara, pero simplemente permanecía callada con las manos en el regazo y la espala muy tiesa. A su lado su inseparable katana en su impecable funda me saludaba a lo lejos. Era seguro, me rebanaría la cabeza y con razón. Había traicionado su confianza y eso solo podía pagarse con sangre.
Tomé valor de donde no había y me dispuse a hablar para dar mi explicación antes de que me matara pero entonces su voz resonó por la sala.
- Hiroshi – el hombre apareció momentos después en la puerta – llama a mi hijo, hace tiempo que les escuché regresar y necesito hablar con el – mi compañero asintió y salió por la puerta.
Con esa frase temblé, era un hecho, lo sabía, lo sabía todo y me iba a matar en presencia de Ranma para hacernos pagar nuestro descaro y traición. Apreté la mandíbula fuertemente pues no estaba dispuesta a llorar de miedo, mi padre me había enseñado que yo era el rio y el rio nunca se deja vencer. Debía morir con honor, esas fueron las principales enseñanzas de padre.
- Madre – dijo la voz de Ranma cuando entró por la puerta – ¿me has mandado llamar?
- Siéntate – la voz seca de mi señora le alertó, pude notarlo en sus hombros que se tensaron. Yo tenía la cabeza gacha por lo que no podía verle, pero intuía todo lo que hacía, todos sus movimientos, sus reacciones… como si fuéramos uno solo.
- ¿Pasa algo?
- Dímelo tu – contestó seca.
- No sé de qué hablas – dijo Ranma serio intentando disimular.
- ¿No? Quizás Akane lo sepa ¿no Akane? – apreté mis ojos fuertemente y negué con la cabeza sin mirarla a la cara. No podía, mi honor no me lo permitía, era una traidora.
- Madre, déjate de juegos.
- Akane – dijo Nodoka-sama ignorando a su hijo – mírame.
Debía obedecer. Con las pocas fuerzas que me quedaban alcé mi rostro y clave mis pupilas en las suyas. Sus ojos me miraban enfadados, oscuros, sin ese cariño con el que siempre me observaban.
- Señora – susurré.
- Dime Akane, ¿crees que soy idiota?
- No señora – contesté rápidamente.
Nodoka-sama volteó para mirar a su hijo quien seguía en tensión – ¿y tú Ranma? ¿Crees que soy idiota, hijo?
- Sabes que no, madre.
- ¡Entonces porque me tratáis como a una! – Gritó con rabia haciéndonos botar – ¿Creéis que no lo sé?
- No sé de qué hablas madre.
- ¡Déjate de idioteces Ranma! – Gritó mi señora – ¡Os vi anoche!
Sentí unas terribles ganas de vomitar. Nos había visto y estaba enfada muy enfadada. Busqué con mis ojos llenos de terror la mirada de Ranma quien observaba serio a su madre. Temblé como una hoja en otoño cuando Ranma bajó la vista derrotado.
- ¿No diréis nada? ¡Ranma! ¿Cómo pudiste?
- No le eche la culpa a el señora – hablé rápidamente llamando la atención de los Saotome – la culpa es mía, si debe castigar a alguien que sea a mí.
- Akane – susurró Ranma.
- Explícate.
Baje un segundo la mirada enfocándola en mis manos agarradas la una a la otra, como dándose fuerza. Me costaba respirar, tenía miedo, por mí, por Ranma. Sabía que Nodoka-sama jamás dañaría físicamente a su hijo pero era capaz de llevarle muy lejos o peor aún, prohibirle practicar las artes. Debía protegerle, no importaba que pasara conmigo, pero no podía permitir que Ranma sufriera por mi culpa.
- Yo le pedí a Ranma silencio señora. Él quería contarlo pero yo se lo prohibí.
- ¿Por qué hiciste tal cosa? ¡Soy tu señora y su madre! ¡Tenía derecho a saberlo!
- Lo se señora – dije alzando la vista y clavando mis ojos de nuevo en los suyos – pero no estaba preparada para contárselo, la traicioné de la peor forma, con el corazón de su hijo y merezco un castigo, pero por favor deje a Ranma a un lado.
- Akane no digas tonterías – me recriminó mi joven señor – Madre, yo acepté mantener el secreto, si debes castigarnos castiganos a ambos.
- No, solo yo soy la culpable.
- ¡Basta los dos! – Nos riñó – ¿es que no entendéis el verdadero motivo por el cual estoy furiosa?
Ranma y yo nos miramos unos segundos confusos – ¿por tener una relación? – pregunté con voz temblorosa.
- Akane, creía que me conocías mejor – dijo con pesar – No me molesta que andéis en amores, lo que me molesta es que no tengáis la suficiente confianza para contármelo, que me tenga que enterar como una vil ladrona espiándoos entre las sombras.
- Madre, ¿Cómo lo supiste?
Nodoka-sama soltó una risa – No sois muy discretos y yo soy muy observadora. Por suerte en esta casa la gente está más pendiente de sus intereses y su propia nariz – meditó unos momentos y se puso seria – Menos Mousse, él es también bastante observador.
- ¿Entonces no estás enfadada porque esté con Akane?
- Por supuesto que no.
- Pero señora – dije – yo soy una criada y él es su hijo.
- ¿Y qué? Repito Akane, pensé que me conocías mejor. Te quiero como una hija y no puedo imaginar mejor esposa para mi hijo que tu – Ranma busco mi mirada y sonrió tranquilizándome levemente – pero me siento traicionada.
- Lo siento – dijimos Ranma y yo al unísono haciendo una reverencia profunda. Habíamos faltado gravemente a mi señora y por lo menos se merecía una disculpa sincera.
- Levantaos que tenemos que hablar seriamente – le hicimos caso y nos erguimos frente a ella quien seguía con esa postura firme y elegante que tanto la caracterizaba.
- ¿Permites que esté con Akane madre?
Nodoka-sama nos miró profundamente en silencio unos minutos y luego asintió – Sí, lo permito – Ranma y yo sonreímos ampliamente pero Nodoka-sama alzó su mano frenando nuestra alegría – pero debo poner un par de condiciones.
- Lo que usted desee señora – dije.
Ranma frunció levemente el ceño y se cruzó de brazos. Nodoka-sama alzó una ceja mirando a su hijo pero sonrió levemente – tranquilo hijo, no serán condiciones difíciles de cumplir.
- ¿Qué desea señora? – pregunté impaciente.
- Primero de todo quiero tu palabra hijo – Ranma le miró curioso, no entendiendo que quería decir su madre – quiero que me prometas que no utilizarás a Akane en tu beneficio, si estás haciendo esto para librarte de Shampoo ya puedes dejar el teatro.
- Me ofendes madre – se quejó dando un golpe al suelo con el puño cerrado – jamás le haría eso a Akane.
- Por eso quiero tu palabra y no la de Saotome que esa no vale nada para mí – escupió mi señora con rabia – quiero tu palabra de guerrero de que en verdad amas a Akane y quiero que prometas que si en algún momento dejas de amarla se lo dirás a la cara antes de encamarte con cualquier otra mujer.
- ¡Doy mi palabra de guerrero y de hombre! – Dijo con rabia Ranma – Me decepcionas madre, creía que me conocías bien y que sabías que no jugaría nunca con los sentimientos de Akane. Que sea hijo de Genma no significa que sea igual que él.
Nodoka-sama puso gesto de asombro en su cara al igual que yo. Ranma jamás le había hablado así a su madre por muy enfadado que estuviera. Esperaba una reacción violenta de parte de Nodoka-sama, un regaño o un castigo pero Ranma solo obtuvo una sonrisa triste – lo se hijo. Solo quiero asegurarme.
Ranma gruñó y se cruzó de brazos.
- Lo siguiente que quiero es que por ahora lo mantengáis en secreto.
Ranma y yo nos miramos perplejos ¿guardar el secreto? ¿Nos pedía que no dijéramos nada? ¿No se había enfadado con nosotros precisamente por eso?
- Pero señora, si usted…
- Sé que esto que os pido es confuso pero como bien os dije antes no me enfadé porque escondierais vuestro noviazgo, es más, esa me parece una idea muy inteligente – alcé la ceja curiosa ante sus palabras – me enfadé porque no me tenéis confianza y porque como yo me di cuenta cualquiera habría podido y por ende ahora mismo estarías separados – miró a Ranma duramente – tú en un campamento militar en Sapporo como muy cerca – y luego me miró a mí – y tu muerta, o lo que es peor, de prostituta en un burdel de la ciudad.
- Señora, si usted quiere que quede entre nosotros, así será.
- Eso espero – dijo firme – nadie puede enterarse por ahora, ni Genma, ni los chicos, ni los criados, ni siquiera Sasuke – dijo mirándome.
- Así se hará señora.
- ¿Por qué? – Preguntó tozudo Ranma – es lo que querías madre, que me enamorara de alguien que no fuera Shampoo, ahora que lo he hecho me pides silencio, no lo entiendo.
Nodoka-sama sacó un pañuelo de seda de la manga de su kimono y comenzó a jugar con él entre sus manos – Ranma ¿no lo entiendes? Si Genma se entera de que en estos momentos estás con Akane de manera formal hará lo que sea por separaros. Moverá cielo y tierra para evitar que os caséis. Que estés con Akane significa un fracaso en sus planes y no lo toleraría.
- No le permitiría dañar a Akane.
- Ranma, tu padre aunque no es muy inteligente tiene muy buenas amistades, amistades poderosas – dijo mi señora con calma – ahora mismo tiene la esperanza de que con sus encantos de mujer, Shampoo acabe conquistándote tarde o temprano. El muy idiota piensa que un par de pechos grandes te van a enamorar – dijo con un tono que dejaba entrever asco – piensa el ladrón que todos son de su condición.
- Eso es estúpido, Shampoo puede tener la cara y el cuerpo más perfecto de todos que jamás me interesaría en ella.
- Lo sé, pero tu padre es un ser muy simple. Se mueve por el deseo y el egoísmo. Gracias a Kami, tú has salido a mí.
Ranma se quedó un momento en silencio. Se llevó la mano izquierda bajo el mentón, un gesto que hacía siempre que pensaba las cosas de forma seria – Entonces debemos guardar el secreto, ¿pero cuánto tiempo?
- Hasta que cumplas los diecisiete.
- ¡Eso es mucho tiempo! – Se quejó el heredero Saotome – el pacto con padre termina cuando tengamos dieciséis.
- El pacto termina a los dieciséis, Shampoo tiene hasta ese momento para sangrar y enamorarte, si no lo consigue eres libre. Por eso, en cuanto llegue tú cumpleaños diecisiete podréis decirles a todos sobre vuestro noviazgo.
- Pero señora – dije cortando levemente la conversación que tenían madre e hijo – recuerde que durante ese tiempo Ranma estará con el emperador.
- Razón de más para esperar hasta esa edad. Con Ranma lejos Shampoo no tendrá oportunidad de enamorarlo por lo que Genma estará intranquilo. En cuanto cumpla los diecisiete Ranma dejará claro que te quiere como esposa y mi marido no tendrá más que aceptarlo.
Me rasqué la cabeza confusa – No lo entiendo.
Nodoka-sama se masajeó el puente de la sien – Akane, querida, para mi marido no eres competencia para Shampoo, está convencido de que antes de que se vayan Ranma caerá en sus encantos, pero lo que él no sabe es que vosotros estáis juntos por vuestra propia decisión. Con ellos lejos Shampoo y tu estaréis en igualdad de condiciones ya que si damos la noticia antes de que partan a las filas del emperador, Genma puede pensar que todo es idea mía para echar a Shampoo, romperá el trato y hará cualquier cosa porque Ranma y Shampoo se casen.
- Creo que lo entiendo – dije levemente.
- Es muy simple, con ellos lejos y tú y Shampoo en casa, cuando Genma reciba la noticia de que Ranma quiere estar contigo no le quedará otro remedio que aceptar ya que la decisión viene del corazón de su hijo como ambos habíamos pactado. Como vosotras dos estaréis lejos, ninguna de las dos tendrá oportunidad para cortejarle, por tanto Ranma elegirá en función de lo que el sienta por cada una de vosotras y Genma habrá perdido.
- Es decir – dijo Ranma intentando aclararse – debo esperar dos años y estar lejos de Akane para explicarle a padre que es a ella a quien quiero como esposa para que no piense que es un plan orquestado por ti.
- Sí, más o menos.
- Es una idiotez – se quejó Ranma – ahora mismo podría ir a hablar con él y decirle que quiero estar con Akane y que me importa muy poco lo que el piense, además no le permitiría dañarnos, es mi vida.
- Pero es tu padre y hasta que no pases los dieciséis y seas un hombre tu padre tiene poder sobre ti. Solo te pido paciencia, no os estoy negando la relación, solo os pido paciencia y disimulo – por primera vez en toda la conversación, Nodoka-sama se cruzó de brazos – disimulo que no tenéis.
Me puse roja asimilando entonces todo lo que acababa de vivir. Con tanto nerviosismo no me había dado cuenta de una cosa importante ¡Nodoka-sama me había visto besando a su hijo! ¡Besarnos y abrazarnos! Mis mejillas ardieron furiosamente y sentí que me mareaba, síntoma claro de la vergüenza.
Miré de reojo a Ranma que estaba igual que yo, por lo visto había caído en la cuenta también de que su madre nos había visto en situaciones comprometidas. Quería que me tragara la tierra.
- Vaya que ahora os sonrojáis.
- ¡Madre por favor! – Dijo Ranma – ya basta.
Nodoka-sama soltó una risita – no es culpa mía, la culpa es vuestra por ser tan evidentes.
- Creíamos que habíamos disimulado bien – dije roja de vergüenza.
- Para los despistados puede, para mí, ni hablar. Esas miraditas y risas os delatan.
Definitivamente quería enterrarme bajo tierra – Señora, lamento que haya visto eso.
- Tranquila no importa, solo os pido que la próxima vez me tengáis confianza y me contéis las cosas.
- Madre, piensa que hay cosas que me da vergüenza contarte – dijo Ranma bajando la cara.
- Lo sé y lo entiendo, no os pido que me contéis vuestras intimidades – otra vez, ahí estaba de nuevo ese golpe de vergüenza dándome en toda la cara. Estaba segura de que me acercabas a la cara una taza de agua el calor de mis mejillas acabaría haciéndola hervir – solamente os pido que cuando tengáis problemas o dudas vengáis a mí.
- Así lo haremos, señora.
Nodoka-sama sonrió levemente – Ah y Akane – alcé mi rostro para mirarla – arregla las cosas con Sasuke.
Me quedé sin habla, esa mujer era peligrosa sin duda, tenía ojos y oídos en toda la cosa o era un ente que podía estar en todos los lados como un dios. Asentí varias veces – aunque no os lo creáis os conozco bien, sobre todo a ti – señaló a Ranma – que te llevé nueve meses en mi vientre y luego te parí. A mí no podéis engañarme.
- Nunca más lo haremos señora.
- Eso espero.
Allí quedó zanjada la conversación. Esa mañana decidimos llevar nuestra relación en secreto hasta que cumpliéramos los diecisiete. Sería duro, no por el hecho de esperar dos años, sino por la tensión de tener que escondernos para demostrarnos nuestro amor. Sería difícil pero se lo prometí a mi señora y por Kami que lo iba a cumplir.
Las semanas pasaron y Ranma y yo nos escabullíamos cada vez que podíamos por algún escondite de la casa para dejarnos llevar por nuestro amor. No había nada indebido solo algunos besos y algún que otro tocamiento por su parte que siempre acababa en un buen bofetón y más besos de reconciliación.
Era duro pues muchas veces acabábamos con el corazón en la boca ya que siempre aparecía un sirviente o algún miembro de la casa por donde estábamos por lo que debíamos o bien disimular o bien escondernos mejor. Era una tensión constante pero no podía negar que era divertido. Era un subidón de adrenalina para mí estar en una situación romántica con Ranma y que en cualquier momento pudiera llegar alguien y vernos.
- Es como jugar con fuego – había dicho Ranma una vez que casi somos descubiertos por Ryoga en el dojo. Por suerte pudimos disimular y todo quedó en un susto.
Mi amistad con Sasuke poco a poco se iba recobrando, tras pedirle perdón varias veces e invitarle a dulces otras tantas nuestra amistad volvía a ser la que era. De vez en cuando discutíamos porque Ranma me miraba pero yo apartaba los pensamientos de la cabeza de mi amigo jurándole y perjurándole que entre mi señor y yo no había nada, que él tenía razón y que debía saber cuál era mi lugar. Gracias a Kami que me inspiró le expliqué que la tarde que nos había visto juntos en el jardín Ranma estaba enfadado porque le había rechazado y por eso había pedido disimulo. Era fácil apelar al orgullo de hombre y por suerte una baza creíble porque Sasuke se lo trago de lleno.
En cierta parte me sentía muy mal por mentir a mi mejor amigo, pero por otra me consolaba el pensar que eran órdenes de Nodoka-sama y no había nadie con más autoridad para mí que ella, ni siquiera el mismísimo Kami.
Con el resto de la casa todo seguía igual. Yuka volvía a mirarme bien y a hablar conmigo como si no hubiera pasado nada. De vez en cuando llegaban cartas de Momo-chan que me alegraban el corazón. Con Shampoo y Ukyo la convivencia cada vez era más tensa, la última incluso gruñía cada vez que hablaba con Ryoga.
Según mi amigo por más que le intentó explicar que yo le había rechazado Ukyo no se creía que en realidad yo no estaba interesada en Ryoga – siempre te ronda – la había escuchado decirle en una ocasión mientras ayudaba a Nara y Sayuri a colgar la ropa.
Ukyo no entendía la amistad entre hombres y mujeres, por muy amiga que ella fuera de Ranma no concebía la idea de que las mujeres sintiéramos simpatía por su prometido sin tener ningún tipo de interés amoroso. En cierta parte, la culpa de su desconfianza venía del propio Ryoga por ser un enamoradizo, pero también era cierto que desde hacía un tiempo se le veía más maduro, ya no coqueteaba con cuanta falda se le cruzaba y siempre era muy respetuoso conmigo sin pasar la línea de la amistad.
Si las cosas seguían así Ukyo acabaría loca de la cabeza por culpa de los amores.
Con Mousse todo seguía igual e incluso mejor, hablábamos mucho y solíamos ir a pasear por Edo, aunque esos paseos a Ranma no le gustaran nada. Para sorpresa de mi señora y mío, mi amigo chino no sospechaba el avance de mi relación con mi joven señor. Siempre que estábamos solos me comentaba que Ranma quería tener algo conmigo, que lo veía en sus ojos y que no debía ser tonta y caer ante él. Yo le prometía que no lo haría y cambiábamos de tema. Lo único malo que había en mi relación con Mousse es que había retrocedido todo lo que había ganado en cuanto a su amor por Shampoo. Cada vez era más perrito faldero de la china quien hacía con él lo que quería y más para mi desagrado.
Casi siempre discutíamos porque la defendía a capa y espada y le juraba amor eterno todos los días, sin pensar un poco en su dignidad. A mí eso me enfermaba pues veía en Shampoo como se pavoneaba frente a todos fardando de que todos caían a sus pies, que Mousse era un idiota sin amor propio que la acosaba y que Ranma tarde o temprano caería en sus garras.
Producto de mis discusiones con Mousse, que no eran muchas pues había aprendido a pasar de todo y dejar que aprendiera él solito, venían los celos de Ranma.
Jamás pensé que el joven Saotome fuera tan posesivo. Si discutía con Mousse por culpa de la china Ranma ya se montaba una historia de terror en su cabeza donde yo le abandonaba por el chino y acabábamos discutiendo. En más de una ocasión le di el ultimátum de que o confiaba en mí o lo nuestro terminaría. No soportaba, ni soporto a los hombres celosos y por casualidades del destino acabé en amores con el rey de los celosos.
No niego que verle molesto porque otros hombres coqueteaban conmigo me gustaba pero a veces montaba escenas por tonterías como que el pobre chico que vende el pollo en el mercado había rozado mis dedos al pasarme el pedido.
Claro que seguíamos discutiendo, nuestra vida y forma de querernos era esa. Discutir, pelear por tonterías y luego reconciliarnos. Desde que estábamos juntos Ranma controlaba su boca y yo los golpes pero a veces cuando los chicos del dojo se me quedaban mirando más tiempo de lo que Ranma creía necesario montaba una escena que acababa con una pelea y un golpe en su perfecta cara.
Las reconciliaciones por supuesto no tardaban en llegar a punta de besos.
Desde que empecé mi romance con mi joven señor las cosas se habían calmado. Cada día era una aventura para nosotros donde debíamos amarnos sin que nadie se enterara.
Y así pasaron los meses, llenos de peleas, besos y amor entre las sombras. Fue idílico, puede que incluso aquellos días fueran los más felices de mi vida. Para mi sorpresa me vi a mi misma pensando en mi futuro con Ranma como mi marido y padre de mis hijos. Si mi yo de diez años me viera en ese momento… pero no me importaba, lo importante es que Ranma me quería y que juntos podríamos con todo.
Aclaraciones:
Shamisen: Es un instrumento musical japonés derivado del chino sānxián (tres cuerdas), el cual apareció en China durante la dinastía Yuan del siglo XIII. El sānxián chino fue introducido a las islas Ryukyu (Okinawa, principalmente), suroeste de Japón, desde donde llegó a Sakai (Prefectura de Osaka) alrededor del año 1562 y de allí se extendió por todo el país.
Obi: es el equivalente al cinturón en la ropa tradicional japonesa.
