¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Primero de todo desear feliz año a todos, un poco bastante tarde pero la última vez subí el capítulo tan rápido que ni caí en la cuenta de que ya estamos a 2019. Este capítulo es bastante largo por lo que espero que no os aburra a la mitad y lo dejéis. Ya vamos viendo a unos adolescentes revolucionados pero que tienen varios baches en su camino que deben superar. Akane esta vez se enfrentará a un enemigo que jamás espero y no saldrá bien parada. Pronto volverá un personaje que la gente aprecia mucho, estoy pensando en hacer partícipe de la historia a Momoha y no dejarla como una historia en el aire aunque aun no lo tengo muy claro, dejadme vuestras opiniones sobre esto :)

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme y saber que nuevos escritores se animan a subir sus historias gracias a mi fanfic me hace sentirme muy especial, sois geniales, no tengáis miedo de escribir, si al principio sale mal pues que salga, fallar es la única forma de aprender y rectificar.

Sin mas os dejo leer.


1857

Había cumplido los dieciséis años. Corría el año 1857 y en mi vida no cabía mayor preocupación que en apenas unas semanas me separaría de Ranma por cuatro años. Los jóvenes de dieciséis años que quisieran entrar en las filas del emperador debían estar cuatro años de servicio militar.

Muchos jóvenes partidarios del shogun no iban al servicio militar, pero los hijos de los fieles al emperador no tenían más remedio que partir. Y este era el caso de Ranma.

Habíamos pasado un año duro pero maravilloso. Duro porque no podíamos mostrarnos cariñosos y debíamos andar escondiéndonos para que nadie se enterara de nuestra relación. Maravilloso porque durante ese año me enamore aún más de Ranma, si es que eso era posible.

Seguía siendo un creído insufrible y bocazas pero también era un novio atento y romántico. El día de mi cumpleaños dieciséis me regaló un enorme ramo de camelias – nuestro secreto – me había escrito en una nota entre las flores.

Nodoka-sama nos cubría las espaldas con muchísima habilidad, como si llevara toda la vida ocultando secretos, aunque si nos paramos a pensar, Nodoka-sama vivía en una mentira constante, una vida de apariencias.

Al igual que yo, mi señora estaba apenada porque su hijo partiría lejos de ella. Por orden expresa de los altos cargos del emperador, los hombres que participan en el servicio militar no tenían vacaciones, no podían volver a casa hasta que han terminado sus obligaciones para con el país y monarca. Aunque a mí me dolía pensar que estaría cuatro años lejos de Ranma, mi señora era un alma en pena. Ranma era su motor, su alegría por eso no verle durante tanto tiempo la hundiría. Por suerte me tendría a mí, nos consolaríamos mutuamente.

- El golpe más alto, panda de inútiles – dijo la gruesa voz del hombre panda. Fruncí el ceño al observar su mirada. A pesar de que fuera un insulto lanzado al aire sabía perfectamente que el principal receptor éramos Sasuke y yo.

Miré por el rabillo del ojo a Ranma que estaba tenso. Había crecido pero no mucho más, seguía teniendo ese aire de niño aunque se notaba cada vez más musculado y su voz ya era grave, como todo un hombre.

Si algo bueno tenía el servicio militar es que Genma Saotome había decidido nombrarse voluntario como entrenador y estaría lejos de casa. Nodoka-sama se alegró enormemente cuando descubrió que no vería la cara de su marido en mucho tiempo aunque por otra parte temió que el tiempo que estuvieran de servicio, Genma intentara algo para que Ranma eligiera a Shampoo.

- Tranquila señora – le había dicho una tarde – Ranma no lo permitiría.

Escuché otro gruñido del hombre panda y me tensé. Me había pillado en otro mundo y no dudé ni un minuto en que tendría un castigo. Seguí entrenando las patadas laterales pero antes de que pudiera acabar una tanda de diez el hombre panda me puso a hacer flexiones.

- Así aprenderás a prestar atención – escupió al pasar por mi lado – deberías estar agradecida de que te acepte a ti y a ese lerdo de Sasuke en mi clase.

Pegué un puñetazo al suelo y me levanté rauda para asombro de todos. Podía permitir que me insultara o que me castigara injustamente, incluso podía permitir que me humillara si así podía entrenar, pero lo que no iba a tolerar era que se metiera con Sasuke.

- ¿Debería estar agradecida por ir varias lecciones por detrás del resto de la clase?

Genma permaneció impasible aunque el breve temblor de su ceja izquierda le delató. Estaba sorprendido por mi reacción – Pues sí, este no es tu sitio, te lo llevo repitiendo dese que entraste por esa puerta creyéndote un guerrero cuando no eres más que una insignificante mujer.

- Una mujer con más valentía que usted – escupí con veneno.

Genma frunció el ceño y me tomó de la pechera del traje de entrenamiento – ¡Se acabó, fuera!

Escuché varias risas y un par de reproches por parte de Ranma pero eso no frenó al señor de la casa, abrió con sus gordas manos la puerta del dojo y me lanzó contra el suelo – Así aprenderás de una vez, mocosa estúpida.

Luego se giró hacía Sasuke y le señaló haciendo a mi amigo temblar – ¡Tú! ¡Fuera también, inútil!

Mi amigo salió corriendo de la sala mientras el grupo de jóvenes se reía de él. Yo me había levantado con dificultad, al caer me había hecho daño en la cadera. Le lancé una mirada furiosa que él me devolvió para luego cerrar la puerta dando un golpe bestial – ¿¡Que estáis mirando!? ¡Seguid! – le escuche gritar en el interior del dojo.

- Gordo estúpido – murmuré sobándome la zona afectada.

- Onee-chan, ¿estás bien?

Me giré para observar el preocupado rostro de mi amigo. Sonreí para tranquilizarle – Sí, no te preocupes Sasuke, solo ha sido un golpe.

Sasuke asistió – Creo que no deberíamos volver más, onee-chan.

-¡Eso nunca! – Grité haciendo a mi amigo pegar un bote – ese hombre no me va a arruinar lo único que me gusta.

- Pero Akane…

- No Sasuke, no podemos rendirnos ante el – le corté – es lo que quiere, que nos rindamos.

Sasuke guardó silencio un momento pero luego asintió – No se puede contigo Onee-chan.

Sonreí pasando mi mano por su pelada cabeza. Sasuke tenía problemas capilares desde los dieciocho. Aunque tenía abundante pelo le salían calvas por distintas partes de la cabeza por eso una tarde de verano decidió cortárselo y dejárselo rapado, casi como un monje budista.

Me gustaba pasar la mano por la cabeza rapada de mi amigo, era una sensación extraña pero divertida. Cuando pasaba la mano por la cabeza de Sasuke notaba la suavidad del pelo pero también pinchaba en algunas zonas y me hacía cosquillas.

- Venga vamos – le dije – aprovechemos el tiempo adelantando algo de tu trabajo.

- No hace falta, puedo ir yo solo.

Me encogí de hombros mientras agitaba la cabeza – No tengo nada mejor que hacer. La señora está ocupada en una reunión y no terminará hasta tarde.

- Pero Akane ¿no prefieres pasar el tiempo leyendo?

- No, puedo ayudarte. No soy una inútil – coloqué las manos en mis caderas en un gesto tosco que hizo reír a mi amigo – además si te ayudo acabaremos antes y tu tendrás tiempo libre por la tarde.

Sasuke se rascó la cabeza buscando alguna otra excusa para evitarme trabajar pero al no encontrarla no le quedó otra más que aceptar – está bien, vamos.

- ¡Genial! – Dije siguiéndole – ¿Qué tenemos que hacer?

Ojalá no le hubiera ofrecido mi ayuda a Sasuke. Le tocaba limpiar la madera de la casa, pulirla y dejarla impecable. Era un trabajo de chinos, válgame la comparación. A mi señora le gustaba tener la casa impoluta, sobre todo las partes de madera. Sasuke era el mejor, era rápido en ello y por eso era el encargado de limpiar y pulir la madera de toda la casa una vez al mes. Es un trabajo agotador pues los pequeños huecos de la madera se limpiaban con pequeños cepillos del tamaño y grosos de una ramita. Había que levantar los tatamis para el suelo, limpiar, pulir con cera y volver a colocar el tatami.

En las puertas más de lo mismo, teniendo mucho cuidado de no destrozar la zona que era de papel. Había que limpiar tanto la parte de arriba como la de abajo, la parte interior y exterior, vigas y muebles.

A última hora tenía un dolor de brazo y de riñones horrible – esto es peor que una tortura.

Sasuke soltó una carcajada ante mi queja. A él se le veía bastante fresco pero claro, estaba más que acostumbrado – yo ya no tengo ni ca… calambres, onee-chan. Es la costumbre.

- Es horrible – murmuré moviendo mis brazos lentamente sintiéndolos doloridos – al menos ya está todo reluciente, incluso las pérgolas y el puente del jardín están impecables.

- Sí – contestó Sasuke quitándose el sudor de la frente – hemos hecho un gran… gran trabajo – la sonrisa de mi amigo me ablandó el corazón. A Sasuke le faltaban un par de dientes y el resto estaban torcidos pero en su cara se veía la amabilidad y bondad cada vez que sonreía. Dentro de mi sabía que era muy difícil que alguien amara a Sasuke como el merecía pero de verdad suplicaba a los dioses que algún día apareciera una mujer que amara a Sasuke por cómo era y no se fijara solo en el físico. Alguien que no fuera la pequeña Nara que andaba detrás de mi amigo como un perrito faldero a pesar de las negaciones de Sasuke. Suspiré levemente al recordar las declaraciones de amor de la pequeña Nara – el amor infantil – pensé.

- Akane – dijo una voz que reconocí. Me giré para encontrarme con Mousse – ¿estás bien?

- Sí claro – contesté curiosa – ¿Por qué lo preguntas?

- Cuando el señor Saotome te lanzó fuera pareció que te habías hecho daño.

- ¡Ah eso! Tranquilo – aclaré restándole importancia – fue solo un golpe.

- me alegro – contestó aliviado – vaya habéis dejado la madera reluciente, puedo incluso mirarme en ella.

-Sí – contesté orgullosa – me siento como si me hubiera pasado un carro por encima pero estoy satisfecha, ¿verdad Sasuke? – Mi amigo asintió – somos un gran equipo.

- Sin duda – notaba algo raro en Mousse, estaba algo decaído últimamente, supongo que por las contantes negativas de Shampoo.

- ¿Tú estas bien? – Pregunté intentando sacarle información de la manera más disimulada que pude – se te ve cansado.

- Ha sido un entrenamiento duro – explicó – como pronto la mayoría partiremos a las filas del emperador el señor Saotome quiere que sus alumnos sean los mejores.

- Lo seréis sin duda – sonreí – al menos Ranma, Ryoga y tú.

Mousse bajó la vista un momento para luego alzarla con una gran sonrisa – seguro que si – me quedé muy sorprendida ante el cambio de humor de mi amigo pero no dije nada más. No porque no quisiera, sino porque no tuve oportunidad – Bueno, me tengo que ir. Luego nos vemos.

Sasuke y yo le vimos desaparecer perplejos. Nos miramos y luego volvimos a observar por donde se había ido – ¿Qué le pasa? – preguntó Sasuke.

- Ni idea – contesté.

Decidí no pensar mucho en ello, Mousse era un chico bastante peculiar, nunca había sido muy expresivo con sus sentimientos pero siempre dejaba claro si te tenía en estima o no. Ese cambio abrupto de humor me había dejado un poco descolocada pero por mi salud mental decidí dejarlo pasar. El sabría.

- Onee-chan, tengo que ir al jardín a cortar un par de maderas, ¿te veo luego?

- Claro – contesté. Sasuke salió al jardín dejándome sola en aquella sala. Suspiré y me agaché para recoger un par de trapos que había en el suelo. Estaba tan ensimismada que no escuché como alguien entraba en la sala sigiloso como un felino. Estaba concentrada doblando los pañuelos que casi me muero de un infarto cuando dos dedos puntiagudos de clavaron en mi cintura.

- ¡Sorpresa! – gritó la voz de Ranma haciéndome botar mientras pegaba un grito.

Me giré para mirarle enfadada. Ranma se moría de risa doblado sobre sí mismo. Supongo que al señorito le hacía mucha gracia que casi me agarrara al techo del susto. Fruncí el ceño y comencé a golpearle con los pañuelos que aunque no dejaban de ser tela, si los meneabas con la suficiente fuerza podían pegar latigazos mortales.

- Idiota, idiota, idiota – repetía entre golpe y golpe mientras él no se dejaba de reír – casi me matas.

- Lo siento – se quitó una lagrimita producida por el ataque de risa que sufrió. Tomaba grandes bocanadas de aire aunque de vez en cuando soltaba una carcajada espontanea – No lo pude evitar.

- Te odio – gruñí cruzándome de brazos.

- Mentirosa – contestó sonriendo ladinamente mientras se acercaba a mí.

- No te acerques a mí, cretino – con cada paso que avanzaba el, yo me alejaba – estoy muy enfadada.

- No te enfades, solo quería darte una sorpresa.

Acabamos chocando contra la pared, estaba atrapada y no me podía mover pero no pensaba rendirme. No obtendría nada de mí, por imbécil.

- Aléjate – dije moviendo los pañuelos frente a su cara – eres un idiota y además apestas a sudor.

Ranma me miró curioso y alzó un brazo para oler. Puso un gesto de desagrado y soltó un bufido – huelo a hombre.

- Sí claro – reí – hasta tú mismo te has apestado.

Ranma torció de nuevo su gesto en una sonrisa y entrecerró los ojos. De nuevo se acercó a mí sabiéndome acorralada. Con sus manos tomó mi cadera y me acercó a el – Vamos Akane, sabes perfectamente que no te molesta para nada el olor de mi sudor.

Me puse nerviosa. No por su cercanía pues después de un año estaba acostumbrada a tenerle cerca. No me malinterpretéis, no habíamos hecho nada indebido pero casi siempre estábamos cerca el uno del otro, si esteba nerviosa era porque estábamos pegados, solos y a plena luz del día.

Miré a todas partes nerviosa intentando alejarle con mis manos en su pecho – aléjate, alguien podría vernos insensato.

- No hay nadie cerca – dijo con voz cantarina besando mi mandíbula – Ryoga y Ukyo están camino a Edo, los criados están muy ocupados con la comida y arreglando el desván, Shampoo está fuera desde bien temprano y Mousse está encerrado en el dojo otra vez.

- ¿Cómo estás tan seguro? – pregunté dejándome llevar por sus muestras de afecto.

- Porque me he asegurado de ello antes de venir – afirmó separándose de mi cara con una pedante sonrisa – no quería interrupciones.

Me puse del color del farol pero no pude evitar sonreír – entonces ¿querías que estuviéramos solos?

- Por supuesto – contestó Ranma – dentro de poco tiempo me tendré que ir por cuatro años. Cuatro malditos años lejos de ti – dijo dándome un lento beso en los labios – de tu sonrisa – volvió a besarme – lejos de tus besos…

Mi corazón estaba latiendo como si hubiera corrido por todo el país. Notaba esas mariposas traviesas dentro de mi estómago. Siempre me pasaba con Ranma. Había oído que estas solo aparecen al principio de la relación y que luego se van evaporando, pero con Ranma no desaparecían, sino que se multiplicaban.

Le tomé con fuerza de la cara y le besé profundamente notando su inmediata respuesta. Me abrazó de forma posesiva y nos convertimos en un nudo humano. No había un hueco entre nosotros, nuestros cuerpos encajaban perfectamente, como si estuviéramos hechos el uno para el otro.

Iba a echarle tanto de menos, cuatro años sonaban a eternidad para mí. Cuatro años era mucho tiempo, pero no me importaba, le esperaría, le esperaría toda la vida si hacía falta. Porque le amaba.

Cuando nos separamos lentamente una sonrisa se instauró en nuestras caras. Ese simple gesto era una de mis cosas favoritas en mi relación con Ranma. Siempre que nos mirábamos, sonreíamos. Cuando nos besábamos sonreíamos, incluso entre besos. Cuando estábamos a solas, simplemente en silencio abrazados, disfrutando de nuestra mutua compañía, sonreíamos.

Cuando estábamos juntos era inevitable sonreír.

- No quiero que te vayas – susurré rozando mi nariz con la suya.

- Ni yo quiero irme – contestó de la misma forma – pero es mi deber.

Cerré los ojos con pesar soltando el aire de mis pulmones. Si había algo que pesaba horriblemente en la espalda del heredero Saotome, era el sentimiento del honor y el deber. Yo podía llegar a entenderle pues un guerrero solo poseía su honor y su sentido del deber pero a veces me parecía una carga excesiva sobre sus hombros.

- Lo sé – susurré mirándole a los ojos. Sentí mi estómago estremecerse al enfocar mi mirada en la suya. Sus ojos, sus preciosos ojos azules me miraban con tanta resignación y tristeza que me hizo añicos el alma.

Sabía que le dolía irse, le dolía a horrores pero como bien dije antes, su honor y sentido del deber podían con cualquier otro sentimiento. No voy a ser una ególatra y decir que Ranma solo estaba apenado por alejarse de mí porque estaría mintiendo. En sus ojos no había solo tristeza por nuestra separación, también la había porque tendría que alejarse de la mujer a la que más quería en el mundo, más incluso que a mí. Su madre.

Ranma siempre había estado muy apegado a Nodoka-sama y saber que estaría tanto tiempo lejos de ella le destrozaba, pero claro, Ranma era un hombre y un hombre no podía dejarse llevar por sentimentalismos. Al menos no en público.

Me encantaba que Ranma dejara salir sus sentimientos estando conmigo. Jamás verías a Ranma Saotome con esos ojos de cordero degollado en medio de un acto social, nunca. Pero en cambio, cuando estábamos juntos y solos, Ranma dejaba salir de dentro aquello que la sociedad le tenía prohibido. El amor, la tristeza, la compasión...

- Prométeme que estarás bien – me dijo apretando nuestro abrazo – prométeme que no me olvidarás.

- Ranma – tomé su cara entre mis manos mirándole fijamente – nunca, jamás te olvidaría. Te amo y siempre lo haré.

Le vi fruncir los labios y morderse el interior de las mejillas y sentí el calorcito de la ternura. Se estaba aguantando el derramar un par de lágrimas. Rápidamente bajo su cabeza hasta mi cuello y escondió allí su rostro donde le escuché sorberse la nariz. Sonreí sin poder evitarlo. Una cosa era mostrarme sus sentimientos y otra muy diferente dejarme que le viera llorar.

Para intentar animarle decidí romper un poco el hielo soltando una broma – Creo que serás tú quien encontrarás a una chica hermosa y me olvidarás.

Se alejó de mi cuello como un rayo asustándome un poco. Su mirada estaba encendida, ya no había rastro de esas traicioneras lágrimas que tenía en sus ojos unos segundos antes, ahora solo había enfado y me preocupó que mi broma fuera demasiado pesada.

- No digas tonterías – me dijo con la mandíbula tensa – jamás haría algo así, y lo sabes.

- Lo sé – contesté acariciándole la mejilla – solo quería suavizar el ambiente.

- Pues podrías haber dicho algo mejor.

- Lo siento – dije – no era mi intención enfadarte – lentamente pase mis manos tras su cuello y acaricie la parte trasera de este levemente jugando un poco con su trenza. Le vi tensarse y girar su cabeza de manera infantil.

- No me gustan esas bromas – sonreí como un gato al darme cuenta de que aunque quería estar enfadado su cuerpo le delataba. Sus manos aferradas de nuevo en mi cadera se movían levemente. Su pulgar subía y bajaba de manera casi imperceptible.

- No las volveré a hacer, lo juro – dije en voz baja apegándome aún más a él si eso era posible logrando ponerle nervioso. Lentamente pasé mis labios por su cuello y me sentí victoriosa cuando noté su nuez subir y bajar un par de veces. Sí, definitivamente estaba nervioso.

- Estate quieta – susurró intentando alejar su cuello de mis labios pero sin soltarme – Akane.

Su protesta entre suspiros no hizo más que incrementar mi necedad. No entendía porque estaba haciendo aquello. Normalmente esos avances siempre venían por parte de Ranma pero esa vez algo extraño se apodero de mi cuerpo y aunque me daba algo de vergüenza, escuchar sus suspiros me gustaba.

Toqué levemente la piel de su cuello con mi lengua, apenas un leve toque ascendente pero sirvió para que soltara un bufido y me apretara contra su pecho para mi disfrute – Estas jugando con fuego y luego te quejas – susurró con la voz entrecortada.

Sonreí contra su cuello cuando su mano hizo un puño agarrando la tela de mi hakama de entrenamiento. Me gustaba pensar que Ranma estaba disfrutando tanto como yo – ¿quejarme yo? – susurré débilmente combinando una caricia en la parte de atrás de cuello y un beso con lametón incluido bajo su nuez.

Ese gesto pudo con su paciencia – te lo buscaste – dijo moviendo su cuello lejos de mi cara y agarrando mi mentón con su mano izquierda mientras la derecha seguía aferrada a mi cadera. Alzó mi cara en el momento que estampó un húmedo beso contra mi boca. En un primer momento me asusté pues jamás había visto a Ranma así. No era la primera vez que nos besábamos de esa forma pero esta vez no solo había pasión, había hambre, hambre que para mí sorpresa yo también tenía.

Me aferré a sus brazos apretando su camisa de entrenamiento, pellizcándola con mis dedos y clavando mis uñas en ellos. Me estampó contra la pared de forma brusca aunque lejos de molestarme consiguió que un cosquilleo recorriera mi cuerpo. Le escuchaba respirar con fuerza mientras nos besábamos, su cabeza moviéndose frenética de un lado a otro mientras una conocida intrusa recorría mi boca.

Éramos la viva imagen de la pasión en aquel momento. Las hormonas alborotadas típicas de los dieciséis años estaban en todo su esplendor en aquel momento. Sus manos se aferraron con más fuerza a mí y mi cabeza se hecho hacia atrás intentando buscar aire.

Intento varias veces besarme de nuevo pero yo entre risas nerviosas le separaba – necesito respirar bobo.

- Lo siento – susurró con la respiración entrecortada. Miré su cara. Estaba roja pero tenían una sombra de satisfacción que sin duda también iluminaba la mía.

- Tranquilo – contesté dando una fuerte bocanada de aire – necesitaba esto.

Ranma puso una pervertida mirada y le di un leve golpe en la cabeza – me refería al aire, pervertido.

- Creo que ha quedado claro que la pervertida aquí – susurró acercándose de nuevo a mi cara – es otra – y me beso de nuevo, pero esta vez de forma lenta.

No pude contestar a esa burla porque en cierta forma tenía razón. Aquel beso tan fogoso había sucedido por mi culpa, por haber jugado con fuego al tentarle, pero no me arrepentía, seguro que se burlaría de mí el resto de nuestra vida pero no importaba.

- Antes de que todo esto se convirtiera en fuego – alcé una ceja ante su comparación – venía a acerté una proposición.

Supongo que por culpa de las hormonas revolucionadas y el momento que acabábamos de vivir mi cabeza se volvió un torbellino y a mi mente llego una imagen de lo más comprometedora haciéndome boquear como un pez fuera del agua. Le vi carcajearse en mi cara sabiendo lo que pensaba – no me refería a nada indecente – subió un dedo y golpeó levemente mi frente – pervertida.

Me quejé sobándome la zona golpeada con el ceño fruncido. Ranma se había separado de mi dándonos un poco de espacio propio y notando por primera vez desde que llegó la brisa en la parte delantera de mi cuerpo – idiota.

- Pervertida – canturreó de nuevo.

- ¡No soy una pervertida! – Me quejé dando una patada al suelo – eres tú que dice las cosas con tonos poco decentes.

Ranma soltó una carcajada de nuevo y colocó con cuidado un mechón tras mi oreja – estas hecha un desastre, marimacho.

- Es lo que pasa cuando trabajas – me burlé - claro, eso tu nunca lo sabrás.

Me sacó la lengua de forma burlona – no sé porque te quiero tanto si eres una borde.

- Porque soy irresistible – contesté con una sonrisa petulante más propia de él que de mi misma.

- Creo que pasas demasiado tiempo conmigo – dijo con falsa sorpresa – se te están pegando mis hábitos.

- Solo los malos – contesté.

- Boba – susurró – pues ya no te invito a Edo esta tarde, ala, por lista – se cruzó de brazos poniendo una pose digna esperando mi suplica.

- ¿venias a invitarme a Edo?

- Claro, queda poco para irme así que quiero pasar tiempo contigo.

- Pero… en Edo hay mucha gente y podrían vernos…

- Por eso le he pedido a mi madre que nos acompañe – se apresuró a aclarar.

Le miré con la ceja alzada cruzándome yo de brazos ahora – ¿Cuándo?

- Ayer – contestó simplemente.

Abrí la boca intentando recomponerme de lo que acababa de decir – ¿Ayer? ¡Ni siquiera me habías pedido ir contigo y ya metes a Nodoka-sama! ¿Tan convencido estabas de que te iba a decir que si?

- Bueno – dijo encogiéndose de hombros – eres mi novia.

Me quedé clavada en el sitio por sus palabras. Abrí la boca para protestar pero en ningún momento salió nada de mi boca, el muy idiota sabía descolocarme con cuatro palabras y encima dejarme contenta.

Pegué un bufido – Está bien, iré contigo.

- ¡Perfecto! – Exclamó con alegría – nos iremos después de comer. Madre está avisada.

Asentí levemente con una sonrisa. Definitivamente, Ranma hacía conmigo lo que quería y más. Aunque no podíamos negar que yo también hacía con el lo que quería.

Tras una breve conversación sobre el entrenamiento y el enfado de Ranma por como su padre me había tratad horas antes nos separamos intentando disimular. Era increíble que después de tanto tiempo nadie nos hubiera pillado juntos, pero gracias a Kami, alguien ahí arriba nos protegía y cuidaba.

Supongo que era madre. Si siguiera viva daría saltos de alegría al verme con novio. Aunque no lo dijera siempre supe que su mayor temor es que su hija menor fuera una solterona. Sí, definitivamente era ella quien nos cuidaba.


Tras comer Nodoka-sama anunció que Ranma, ella y yo íbamos a partir a Edo. Shampoo preguntó si podía unírsenos y Nodoka-sama se negó.

- No ser justo, yo tener derecho a ir con Ranma – protestó la china.

- Deberías estar practicando el Shamisen – espetó Nodoka-sama con voz dura – que falta te hace.

La china frunció el ceño pero no dijo nada más, era inútil discutir con mi señora. Por si a Shampoo se le ocurría seguirnos le dejó claro que como se enterara que salía de su cuarto en toda la tarde tendría un severo castigo – quiero verte los dedos en carne viva cuando llegue – había dicho.

Me había cambiado por una ropa más apropiada. Un kimono azul oscuro y dorado con un obi en color blanco. Esperaba que a Ranma le gustara. Salí de la habitación en dirección a la puerta principal donde seguramente Ranma ya me esperaba. Caminé por el pasillo y al cruzar por el hueco de la escalera noté unos pasos apresurados acercarse a mí.

- Shampoo por favor te lo suplico – decía la desesperada voz de Mousse. Rápidamente me escondí en el hueco intentando no ser vista.

- Mousse dejar en paz a Shampoo.

- Por favor – les escuché pararse cerca de mi escondite – escúchame, déjalo. Es peligroso.

Me quedé perpleja ante lo dicho por Mousse ¿peligroso? ¿Qué era peligroso? ¿Qué estaba haciendo Shampoo que tuviera tan nervioso a mi amigo?

- Shampoo tener que hacerlo, medico decir que muchas chicas tomar remedio y sangrar en poco tiempo.

Con que era eso – me dije a mi misma – Shampoo había estado viendo a un médico para sangrar. Por eso esas salidas hacia la ciudad. Entendía la desesperación de Shampoo por desarrollarse, si no sangraba no podría reclamar a Ranma para ella porque eso significaba que no podría traer herederos al mundo.

- Ese matasanos no es de fiar – decía la asustada voz de mi amigo.

- No tener ni idea de lo que hablar – escuché decir a Shampoo en tono cortante – ser recomendación de señora Ryugenzawa.

- Shampoo por favor, si te pasa algo yo me muero.

Sentí lastima de mi amigo, era tal la desesperación en su voz que llegó a enternecerme un poco. No entendía como alguien tan puro como Mousse amaba a alguien como Shampoo, a veces la vida es muy curiosa.

- A Shampoo no pasarle nada, y poco importarle lo que pasarle a Mousse – desee salir a darle un buen golpe ante la crueldad de sus palabras, más me contuve. No podía delatar mi presencia allí.

- No es necesaria esta locura…

- ¡Claro que ser necesaria! – Gritó con una voz aguda y quebrada – ¿No entender idiota? Si Shammpoo no sangrar la bruja de Nodoka haber ganado y no estar dispuesta a ello. Shampoo amar a Ranma y casarse con el – escuchaba desde mi escondite la voz de la china rasgarse, como si estuviera desesperada – y cuando hacerlo, Shampoo darle herederos fuertes a marido.

- ¿No entiendes que Ranma no se quiere casar?

- ¡Mientes! El amarme, pero esa estúpida de Akane tenerle embrujado – rodé los ojos ante las palabras de la china – ser cuestión de tiempo que Ranma entender que yo ser mujer de verdad y no esa marimacho estúpida.

- Pero Shampoo…

-¡Dejarme en paz! Tiempo agotarse y Shampoo hará cualquier cosa por casarse con Ranma – se formó un breve silencio que me dejó el alma en vilo, no sabía que pasaba. Desde mi posición no podía verles – ser deber de mujer dar hijos a su marido.

Escuché un leve sollozo. Shampoo estaba llorando y aunque suene cruel esta vez no me daba ninguna pena. El Karma se llama eso que estaba viviendo, ser tan malvada tenía consecuencias. Bastante generoso era Kami poniendo en el camino de la chinita a alguien que la amara tanto como Mousse.

- Pero es peligroso Shampoo – intentaba hacerla entrar en razón Mousse – ese hombre puede envenenarte o algo peor…

- Ranma querer hijos y si yo no poder dárselo casarse con Akane ¡y no poder tolerarlo!

- Yo te amaré igual Shampoo, toda mi vida, por favor – suplicaba mi amigo. Quise golpearme a mí misma ante tal humillación propia. No era plato de buen gusto para mí ver a mi amigo arrastrarse como un gusano por una mujer como Shampoo.

- Cásate conmigo Shampoo – pidió Mousse. Escuché un ruido sordo, como de alguien cayendo al suelo y recé a Kami porque Mousse no se hubiera arrodillado ante ella – te lo suplico de rodillas. Yo puedo hacerte feliz, más que Ranma, además yo no necesito tener hijos, con que me ames es más que suficiente.

De nuevo un desesperante silencio reinó la sala que fue interrumpido por una risita burlona de la china – Ser patético.

Escuché un par de pasos – Nunca, escucharme bien, nunca tendrás a Shampoo. Yo amar a Ranma, no a alguien tan inútil como Mousse.

- Pero yo te amo Shampoo.

- Lástima – dijo la china con crueldad – Mousse entender, Shampoo ser mucha mujer para ti. Shampoo ser mujer para alguien como Ranma. Tu tener que conformarte con alguien como marimacho.

Apreté los puños con fuerza y en más de una ocasión me tuve que dar fuerzas mentales para no salir de mi escondite y emprenderla a golpes con esa desgraciada que como broche de oro dijo – Asimilarlo Mousse. Shampoo nunca casarse contigo. Dejar de humíllate, ser patético.

Me encogí sobre mi misma al escuchar a la china alejarse a paso veloz de allí, dejando a Mousse solo y abatido. Escuché un leve sollozo de mi amigo y debatí mentalmente si quedarme allí o salir y consolarle. Le escuché ponerse en pie y subir las escaleras arrastrando los pies. Esperé unos minutos para cerciorarme de que no había nadie y salí del hueco de la escalera.

Tomé una gran bocanada de aire intentando tranquilizarme, me estaba costando a horrores no subir las escalera y arrancarle la lengua a Shampoo y pegarle la paliza del siglo a Mousse, por idiota.

Decidí que lo mejor era hacer como que no había escuchado nada, esa información era valiosa y si Shampoo se enteraba de que la había escuchado podría ser malo por lo que fingiendo normalidad salí al encuentro de mis señores. Estaban en la puerta esperándome a los pies de la carreta que nos llevaría a Edo.

- ¿Dónde estabas? – me preguntó Ranma.

- Lo siento, me retrasé – Nodoka-sama me lanzó una muda pregunta – estuve ayudando a Sayuri a doblar la ropa y no me di cuenta de la hora. Lo siento.

-No importa – contestó mi señora – ahora vamos, se hace tarde.

En la carreta de camino a Edo la señora Nodoka nos explicaba que debíamos guardar las apariencias – si alguien os pregunta yo estoy en una reunión y te he pedido que acompañes a Akane para que no esté sola.

- Ya lo sé madre – contestó ranma cansado jugando con un pequeño puñal que llevaba siempre con el – me lo has repetido cien veces.

- Es para asegurarme – sonreí al ver la cara de desaprobación de Nodoka-sama al ver a su hijo jugar con el arma – y deja de juguetear con eso, puedes sacarle un ojo a alguien.

- Lo tengo controlado madre – en ese momento la carreta dio un bote provocando que el arma que Ranma había lanzado quedara clavado en el suelo del carro a un milímetro de su pie. Al siguiente segundo Ranma había sido golpeado con el pequeño bolso limosnera de mi señora.

- Te dije que te harías daño.

- Gomen, gomen – contestó Ranma sobándose la zona afectada.

Me asomé por el borde del carro y pude distinguir las puertas de la ciudad. Estábamos prontos a llegar. Nodoka-sama también se dio cuenta – Bien chicos, una última cosa, nada de demostraciones de afecto.

Nos pusimos rojos y asentimos – tranquila señora, sabemos que debemos disimular.

- Eso espero – dijo con una sonrisa ladeada – no quiero enterarme de que algún tendero cotilla os vea en pleno besuqueo.

- ¡Madre! – gritó Ranma rojo mientras yo me tapaba la cara con las manos. Nodoka-sama no contestó, solo soltó una sonora carcajada.

Al llegar a Edo quedamos en vernos en el mismo punto cuando el sol comenzara a caer. Nodoka-sama aprovecharía para hacer una visita y unas compras y Ranma y yo podríamos pasar tiempo a solas.

Caminamos por el centro de la ciudad que cada vez era más ruidoso. Con el paso del tiempo Edo había crecido muchísimo y las calles ya de por si abarrotadas estaban más llenas si era posible. En los bares había varias peleas y los pobres dueños solo podían suplicar porque su establecimiento no saliera muy mal parado.

A medida que pasábamos por los puestos los tenderos nos llamaban para que observáramos sus nuevos productos. El día estaba agradable y Ranma y yo disfrutábamos de nuestra mutua compañía aunque no podíamos ser cariñosos el uno con el otro no nos hacía falta.

- Me muero por tomarte de la mano – me susurró tras la oreja cuando estábamos viendo una tienda de armas. Me puse colorada y observé disimuladamente al dependiente quien estaba muy entretenido limpiando una naginata.

- No deberías decir eso – le respondí en igual tono de voz. Ranma soltó una risita y pegué un respingo al notar un pellizco en el trasero. Me giré para observar a todos los lados buscando un posible espectador pero no encontré a nadie.

Le di un golpe en el brazo mientras se reía – eres un descarado.

Caminé a paso apresurado para alejarme de el quien me seguía muy de cerca – Vamos Akane, no ha sido para tanto.

- ¿Qué no ha sido para tanto? – le encaré – cualquiera podía habernos visto y Nodoka-sama dejó muy claro que si alguien nos ve nos rebanará el cuello.

Ranma rodó los ojos y puso sus manos tras su cabeza, en ese gesto tan suyo que siempre ponía cuando algo le aburría – vamos, no había nadie mirando, todo el mundo en esta ciudad está muy ocupado con sus propios asuntos y viven la vida tan deprisa que ni siquiera son conscientes de lo que pasa a su alrededor.

No pude objetar nada, en cierta parte Ranma tenía razón. En la ciudad la vida era muy diferente al campo. En el campo todos se conocen y están pendientes de la vida de los demás, buscando el último chisme de la semana para tener una víctima que despellejar hasta que aparezca otra nueva y empezar de cero. En la ciudad las cosas eran muy distintas, las únicas con el tiempo suficiente para cotillear eran las señoras y estas no paseaban por la zona del mercado en la que nos encontrábamos. Por allí solo pasaban algunos hombres despistados o lo suficientemente borrachos para no ver más allá de sus narices o algunos criados con demasiada prisa como para pararse a observar al resto del mudo.

Di un suspiro – vale, está bien pero por favor para la próxima contente.

- Es muy difícil teniendo una novia tan bonita – soltó poniendo una sonrisa pomposa en su rostro.

- No seas adulador.

Ranma me sacó la lengua de forma juguetona – te invito a unos mochis – mis ojos se iluminaron como soles y asentí rápidamente – como te conozco – dio un golpecito con su dedo índice en mi frente y dijo – venga vamos.

Le seguí de cerca y nos metimos por una callejuela hasta llegar a la zona donde estaban la mayoría de los puestos de comida. En esa zona ya debíamos disimular un poco más, allí las jóvenes señoritas paseaban y prácticamente se mostraban al mundo con sus mejores galas con la esperanza de que algún muchacho de buena familia la viera y se quedara prendado de ellas.

Pasamos al lado de un puesto de kimonos y un grupito de chicas de más o menos nuestra edad miraron a Ranma como si fuera un melocotón en medio de la hambruna. Algunas soltaban risillas y se tapaban la cara con las mangas de su kimono.

Sentí un poco de celos al ver como unas chicas bonitas, altas y de buena familia miraban con ojos gatunos a Ranma y lo peor de todo es que yo no podía hacer nada ya que teóricamente, en aquel momento yo era una sirvienta acompañando a un señor y si esas mujeres se acercaban a coquetear con Ranma yo no podría hacer nada, por mucho que deseara moler a palos a todo el mundo.

Pero para mi satisfacción Ranma las ignoró y siguió su camino hasta el puesto de mochis – ¿vienes o qué? – me preguntó desde el puesto. Sin darme cuenta me había quedado rezagada así que corrí en su dirección poniéndome a su lado – ¿Qué tanto hacías?

- Lo siento, pensaba en mis cosas.

- ¿Qué cosas? – preguntó insistente.

- Cosas – contesté con la mandíbula tensa.

- ¿Seguro que no era en una forma de matar a aquel grupo de muchachas que nos sigue desde el puesto de kimonos? – me giré para observar como el grupo de chicas caminaba entre risas y tropiezos y se colocaba tras nosotros. Inflé mis mejillas y apreté los puños. Una nueva oleada de celos se apoderó de cuerpo.

- Con que era eso – dijo con tono burlón Ranma mirándome muy cerca.

- En tus sueños imbécil – Ranma soltó una carcajada y me juré a mí misma que como dijera algo fuera de lugar le haría besar el suelo.

- ¿Entonces no son celos? – susurró pues las chicas se habían acercado quedándose prácticamente pegadas a nosotros. Negué repetidamente con la cabeza aunque estaba segura que mi semblante tiraba por tierra mis intentos de negar lo evidente – bien entonces no son celos.

- ¡ya te dije que no! – grité. Para mi sorpresa Ranma se había girado con una bonita sonrisa y se agachaba para recoger el pañuelo de seda que alguna de esas chicas había tirado a posta en el suelo.

- Disculpe, creo que esto es suyo.

Una hermosa chica de nuestra edad con un larguísimo y liso pelo negro y brillante enfundada en un kimono bastante ostentoso (y seguramente caro) sonrió recogiendo el pañuelo con coquetería – Arigatou gozaimasu – me giré para no seguir viendo tan absurdo espectáculo aunque notaba que una vena en mi frente comenzaba a hincharse y mis puños se apretaban con tanta fuerza que me clave las uñas en las palmas de las manos.

- Me llamo Miyo, Miyo Uzaya – dijo con voz de pito la muchacha.

- Yo soy Ranma Saotome, un placer – sin poder evitarlo hice una muda burla de la conversación de esos dos moviendo la cabeza de un lado a otro. Me crucé de brazos para reprimir la gana de liarme a puñetazos con ese descarado.

- Me preguntaba si le gustaría unirse a nosotras en un paseo – esa frase me hizo girarme como un rayo, llegando incluso a hacerme daño en el cuello. Sentí el fuego de la ira arder en mi cuando vi una prepotente mirada posada en mí. Ranma me miraba con egocentrismo y estaba a menos de un segundo de mándale a volar de una patada. Pero la gota que rebasó el vaso fueron las siguientes palabras – No creo que a tu sirviente le moleste ¿verdad bonita?

Esa frase junto con el tono usado, un tono cantarín e infantil, como si fuera una niña de seis años mermó mi paciencia. Miré a Ranma quien seguía con el mismo gesto prepotente y decidí hacerle probar su propia medicina. Nadie se mete con Akane Tendo y sale vivo de ello.

Poniendo una dulce sonrisa me dirigí a las muchachas – para nada señoras, mi señor puede hacer lo que quiera – las chicas sonrieron ampliamente y me dirigí a Ranma que me miraba con la ceja alzada – yo iré a comprar el dulce mi señor, usted quédese con sus amigas si así quiere.

Me giré sin mediar palabra dejándole atrás con gesto de sorpresa. Quería agarrar cualquier cosa y rompérsela en la cabeza al muy idiota pero tomé aire y decidí seguir adelante con mi venganza. Ignorando las vocecitas y risas de las muchachas que le decían a Ranma que las siguieran me acerqué al mozo de los mochis quien se giró con amabilidad.

- Buenas tardes señorita ¿en qué puedo servirle?

Puse mi mejor gesto de inocencia y me agaché levemente para ver la variedad de dulces que vendía – vengo a por unos mochis pero realmente no se cual escoger, hay tantos.

Escuché al chico balbucear y alcé la mirada para luego poner una tímida sonrisa y alejar de nuevo mis ojos de él. Sonreí interiormente al escuchar los furiosos pasos de Ranma acercarse a mí. Sin duda siempre agradeceré las clases de seducción y feminidad de mi señora. En momentos así resultan verdaderamente útiles y divertidos.

- Yo… le recomiendo el de Sakura, es… delicioso – tartamudeaba el mozo sonrojado.

- Pues deme dos de ellos – el chico asintió varias veces y se tropezó otras tantas antes de coger el pedido con manos temblorosas. Cuando los estaba colocando en la bolsa para llevármelos escuché un carraspeo. Me giré con la misma sonrisa para enfocar mi mirada en Ranma quien tenía cara de pocos amigos.

- Dígame mi señor ¿desea algo?

- Déjate de idioteces Akane.

Me hice la inocente y llevé mi dedo índice a mis labios – No sé de qué habla el señor, pareciera que está celoso, además, ¿Dónde dejo a sus amigas? – El rostro de Ranma se deformo en una mueca graciosa y con una sonrisa sibilina me giré para mirar al mozo y tomar el pedido - muchas gracias, es usted muy amable, pasaré muy a menudo por aquí.

- Y yo se lo agradezco – decía entre tartamudeos el hombre – es usted bienvenida cuando quiera.

- Gracias, aquí tiene el pago.

-¡No! ¡Por favor! – Me cortó el mozo negando con las manos – invita la casa, no todos los días tenemos clientas tan amables y hermosas.

Solté una estúpida sonrisa propia de Shampoo y el chico rio conmigo de forma idiota. Me divertí de lo lindo, jugar con los hombres a veces era muy sencillo – Pues muchas gracias.

Antes de que pudiera decir algo más una mano estampó varias moneadas en el mostrador del hombre. Ranma estaba rojo y en su cuello una vena hinchada palpitaba mientras que las aletas de su nariz se movían furiosas– cóbrese aquí.

El pobre mozo asintió asustado y tomó las monedas con manos temblorosas. Solo pude sonreír de manera inocente mientras Ranma se acercaba a mí y me tomaba de la manga del kimono – Nos vamos.

Me giré para despedirme del pobre chico que seguía asustado por el golpe que Ranma había dado en la mesa – Volveré pronto.

- No, no lo harás – gruñó Ranma sacándome de la tienda donde el grupo de muchachas seguía esperando. La líder del grupo se acercó a nosotros llamando a Ranma con esa insufrible voz de pito pero Ranma las ignoró, haciéndolas a un lado pasó por el medio del grupo arrastrándome con él.

En otras circunstancias le habría dado un buen puñetazo. No me gustaba que me trataran como si fuera un objeto o posesión pero en ese momento me sentía ganadora. Me giré para mirar a las muchachas quien nos observaban asombradas y no pude evitar lanzarles una sonrisa de victoria. Me dejé guiar por un muy enfadado Ranma hasta una zona apartada de la ciudad. Me soltó y se giró para encararme.

- ¿Qué ha sido todo eso?

No contesté de inmediato. Con la vista busque un banco y encontré uno de piedra un par de pasos más allá. Camine tranquila hasta el siendo seguida por Ranma. Me senté y con calma saqué un mochi y empecé a comérmelo.

- Akane – protestó Ranma frente a mí con los brazos cruzados.

- Tú empezaste – contesté simplemente.

- Lo mío era una broma, lo tuyo fue maldad.

- No, lo mío se llama venganza – le di un mordisco al mochi y me llevé la mano a la mejilla – delicioso. Ese chico tenía razón.

Al escucharme nombrar de nuevo al pobre mozo Ranma gruñó y arrebató el resto del mochi comiéndoselo de un bocado. Le vi tragar con dificultad el dulce y darse golpecitos en el pecho para que bajara – egoísta.

- No soy egoísta – se quejó sentándose a mi lado – no me ha gustado la forma en que te miraba, como si fueras…

- ¿Una mujer deseable? – Pregunté para molestarle, frunció el ceño y note como se tensaba – bueno, tu amiga me trató como una niña de seis años, creo que estamos en paz.

Ranma suspiró y se sobó el puente de la nariz – Lo siento, no debí empezar ese juego absurdo de los celos.

- Hasta que al fin te disculpas – dije con voz serena – No me lo creo, debes de estar enfermo – me lanzó una enfadada mirada que se dulcifico cuando vio mi sonrisa – te perdono, idiota.

Saqué el segundo mochi y lo partí a la mitad ofreciéndoselo, con un movimiento de cabeza negó la oferta. Me encogí de hombros y devoré el postre. Noté la tímida mano de Ranma posarse sobre la mía con cariño. Lancé una rápida mirada, no había nadie cerca.

Apreté el agarre y tomando de forma rápida su cara le di un fugaz beso en los labios. Ranma intentó alagar el beso pero yo me negué – No, puede vernos alguien y ya nos hemos arriesgado demasiado.

Soltó un suspiro y apoyó su frente en mi hombro – aguafiestas.

- Ese es mi segundo nombre – lo escuché reírse y darme un rápido beso en el cuello para luego levantarse de un salto – ¿seguimos nuestro paseo?

Asentí levantándome – con una condición.

- Dime.

Me cruce de brazos y acerqué mi cara a la suya con un gesto de enfado – Nada de chicas.

Ranma soltó una risa ahogada y alzó su mano derecha – te lo prometo.

Caminamos de forma lenta por la ciudad. En un momento nos cruzamos con el grupo de chicas de antes y bufé molesta. Ranma se hizo el desentendido cuando la tal Miyo volvió a entablar conversación con el – Lo siento, tengo cosas que hacer – había dicho sin parar de caminar.

No pude evitar mirarles con satisfacción. Recorrimos varios puestos de la ciudad, algunos bastante curiosos. En algunos puestos los mercaderes nos saludaban, a Ranma por ser hijo de la gran Nodoka Saotome y a mí por ser su sirvienta.

- Joven Saotome mire, mire que hermosos colgantes tengo hoy – dijo un hombrecillo medio calvo con un desgastado kimono marrón – seguro que a la joven Shampoo le encantarán.

Sentí mi estómago encogerse ante las palabras de aquel hombre, Ranma también se tensó pero puso un falso gesto de amabilidad en su cara – seguro que sí pero ahora mismo no soy el más indicado para obsequiarle nada.

- ¿Por qué joven Saotome? – Preguntó curioso – No me diga que están peleados ¡el amor juvenil!

Ranma volvió a tensarse un poco más y tuve que darle un ligero codazo para que disimulara su cara de malas pulgas – No señor, no estamos peleados. Nuestro compromiso está roto por el momento.

El hombre se puso pálido. Comenzó a temblar y a balbucear como si estuviera frente a la mismísima muerte. Sentí un poco de lástima por el pobre mercader – Lo siento, lo siento muchísimo señor Saotome, no quería inmiscuirse en sus asuntos – dijo atropelladamente haciendo varias reverencias – soy un idiota y un bocazas. Le suplico perdón.

- Tranquilo – contestó Ranma – no es para tanto.

- Por favor, llévese este colgante como pago por mi estupidez.

Ranma movió las manos ligeramente negando con la cabeza – No hace falta, de verdad.

- Por favor, seguro que a Nodoka-sama le gustará.

- Pues… quizás tenga razón – dijo Ranma tomando el colgante frente a el – pero de verdad no es necesario, puedo pagarlo.

- No por favor, le ruego que acepte.

Ranma me miró confuso por lo que solo pude encogerme de hombros. Si el hombre quería regalarle el collar que así fuera, sería de muy mala educación no aceptar el regalo y más un colgante tan bonito.

Seguimos caminando mientras Ranma observaba el collar en sus manos. Era muy simple, una cadena de cuero con el kanji de la palabra amor – Seguro que a Nodoka-sama le encanta.

Pegó un bote asustado – ¿Qué? ¿Qué dices?

Negué varias veces ante su idiotez – De verdad que a veces estás en las nubes – frunció ligeramente el ceño pero ignoré su gesto – que digo, que el collar alegrará mucho a mi señora.

- No se… si sería correcto.

- ¿Y porque no? – Pregunté curiosa – es un regalo muy bonito.

- Bueno… es que es mi madre – se rascó la nuca mientras observaba el colgante como si fuera un objeto divino o de otro mundo.

Rodé los ojos ante su comentario – entiendo que no es un obsequio caro pero…

- ¡No! ¡No es por su valor! – Me cortó – el problema es su significado.

- ¿Qué pasa con él? – pregunté inspeccionando la pieza.

- Ya sabes – buscó mi mirada intentando encontrar comprensión pero suspiró al solo encontrar dudas – es el kanji del amor Akane.

- ¿Y qué?

- Pues que es raro – dijo desesperado – ¿Cómo voy a darle algo así a mi madre? Debería dárselo a mi pareja – de pronto sus mejillas se colorearon y con voz muy bajita dijo mientras bajaba la mirada – debería entregártelo a ti.

Parpadeé curiosa sin entender muy bien el problema hasta que me di cuenta de lo que había querido decir. Solté un suspiro largo para luego sonreír. Ranma podía ser un hombre de dieciséis años, pero en el fondo seguía siendo un niño.

- Ranma, no es indebido o extraño regalarle ese objeto a una madre – sus preciosos ojos azules me miraron con una muda pregunta en ellos – Una madre es el más absoluto grado de amor que hay en el mundo. Una madre nos lleva dentro durante nueve meses para luego traernos al mundo y cuidarnos y amarnos hasta que nos abandonan para irse a un lugar mejor.

No pude evitar recordar a mi madre y emocionarme. Era cierto que nunca nos habíamos llevado especialmente bien, pero recordar sus últimas palabras, donde me dejaba claro que por mucho que hubiéramos discutido me amaba con todo su corazón me hacía querer llorar. Pero no podía hacerlo y menos allí en medio de la ciudad, por lo que me tragué mis sentimientos e intenté explicarle mi punto a Ranma.

- Una madre te querrá toda su vida, por muchas veces que caigas o falles, ellas siempre estarán ahí para levantarnos y perdonarnos, pero sobretodo amarnos. Que le regales ese collar a Nodoka-sama es un claro gesto de que tú correspondes su amor y se lo devuelves de manera humilde.

- ¿De verdad crees eso?

Asentí levemente – Nunca podremos corresponder el amor de una madre como se merece, porque para mí la representación de la palabra amor, es una madre. Por eso, seguro que se pone muy contenta cuando vea que agradeces todo su esfuerzo en criarte y que sobretodo lo valoras.

Ranma se quedó en silencio varios segundos pero luego apretó el colgante en su mano y lo guardo entre los pliegues de su kimono – tienes razón, madre se lo merece.

- Por supuesto que si – sonreí – tenemos la mala costumbre de agenciar a la palabra amor la imagen de la pareja romántica, pero hay muchas clases de amor y mucho más fuertes, el amor de familia, el de los amigos e incluso el amor por los animales, es más seguro que tú tienes otro claro ejemplo de amor que no tiene nada que ver con el romanticismo.

Me miró un poco confuso – No sé a qué te refieres.

- Ya sabes, el amor por las artes marciales. Amas entrenar ¿no?

Su cara se iluminó en un hermoso gesto que grabé en mi memoria como si me lo hubieran colocado en el cuerpo con fuego. Aun a día de hoy veo en mi anciana cabeza la imagen nítida de ese Ranma de dieciséis años, con los ojos soñadores y una enorme sonrisa en su rostro.

- Tienes razón Akane – dijo con una voz muy suave – no sé qué haría sin ti.

- Aburrirte y ser menos inteligente – comenté intentando quitar hierro al asunto. Estábamos teniendo un momento excesivamente tierno en medio de Edo, donde cualquiera podría vernos y pensar mal – venga vamos, pronto llegará la hora de irse y yo necesito mirar unas telas.

- Adelántate – me dijo de repente sorprendiéndome – no me mires así, he recordado que tengo una cosa que hacer y si vamos juntos a todos los lados no nos dará tiempo.

- Está bien – mi tono dejaba entrever un poco de sospecha. Ranma se acercó a mí y me revolvió el pelo dejándolo despeinado y loco. Pegué un grito de horror y lo escuché reírse – ¿Qué haces idiota?

- Te veo en diez minutos en el banco de piedra frente al rio.

Salió corriendo antes de que pudiera reprochar. Mientras me intentaba peinar el desastre que había hecho me preguntaba a donde iba tan repentinamente, no era normal en el ¿Qué era eso que tenía que hacer? Y si tan importante era ¿Por qué no lo hizo antes?

Todo olía a chamusquina pero decidí dejar a un lado mis sospechas y caminar hacia el puesto de telas. Debía confiar en Ranma, era mi pareja y nunca me había dado motivos para desconfiar de él. Fuera lo que fuera seguramente me lo contaría después.

Entré en la tienda de las telas donde la señora Kiyama me dio la bienvenida. Era una mujer entrada en años y algo regordeta con un humor maravilloso. Siempre era amable con las clientas, sobre todo con Nodoka-sama, aunque su exceso de amabilidad con mi señora a lo mejor se debía a que siempre se dejaba buenas monedas en aquel lugar.

Le comenté que tenía pensado enviarle un regalo a Momo-chan y tras una leve conversación donde me preguntó sobre el paradero de mi amiga me ayudó a escoger las telas con las que luego confeccionaría el yukata que tenía pensado regalarle.

Por supuesto esa idea fue obra de mi señora para tener una excusa de ver a Momo-chan. Me pareció terriblemente inteligente por lo que accedí a que ella pusiera las monedas y yo el gusto en el tejido.

Acabé pronto pues la señora Kiyama me enseñó una pequeña variedad de telas que me encantaron. Al final me decanté por una verde pistacho con flores rosadas. Dejé el encargo pendiente y salí de la tienda en dirección al banco donde había quedado con Ranma.

Miré al cielo observando que el azul que me coronaba la cabeza horas antes se estaba tornando naranja, pronto nos tocaría volver. Alcé los ojos y vi a Ranma sentado en el banco esperándome.

Alcé la mano para alertarle de que estaba llegando y el me devolvió el gesto por lo que aceleré el paso para llegar a su lado cuanto antes – ya estoy aquí ¿tarde mucho?

- Nada, acabo de llegar yo también – me hizo un gesto con la cabeza para que me sentara a su lado – ¿ya has hecho tu encargo?

- Así es – contesté – ¿y tú el tuyo?

- Todo en orden.

Entrecerré los ojos ante su escueta respuesta. Estaba raro. Normalmente si tenía que hacer algo rápido luego me contaba con todo lujo de detalles, pero esta vez había dado una simple respuesta y nada más.

Supe que algo iba mal cuando le vi crujirse el cuello y jugar con sus dedos. Cuando intenté conectar nuestras miradas me esquivó y entonces no pude aguantar más la incertidumbre – Ya basta Ranma ¿Qué has hecho?

- ¿Yo? Nada – alcé una ceja dejándole claro con mi gesto que no le creía nada. Una gota de sudor cayó por su sien y se puso colorado. Definitivamente algo pasaba.

- Ranma – use un tono tan frio como el que usaba mi señora cuando algo no le gustaba. Algo me ocultaba y quería saber que era. Quizás había estado con otra ¿y si ha ido a ver a esas chicas que le seguían? ¿Y si fue a visitar a alguna hija de algún tendero? Siempre le ponían ojitos… ¿quizás estaba metido en algún lio? ¿Debía dinero a alguien? ¿Y si se le habían pegado las malas manías de su padre? Debía enterarme de que diablos le pasaba y rápido.

Tomé el cuello de su kimono y le giré para que me mirara – Ranma Saotome exijo saber que me ocultas ¡ya!

Le vi tragar en seco y se apartó a duras penas – Tampoco hace falta ponerse así.

Fruncí el ceño un segundo pero luego me relajé al verle buscar algo entre los pliegues de su ropa. Sus cejas se juntaron y sacó la punta de la lengua entre sus labios de una forma muy graciosa. Cuando por fin dio con lo que estaba buscando dio un gritito bajo de satisfacción y de entre sus ropas sacó una cinta de pelo azul.

La cogió de un extremo y la tendió frente a mí - ¿Qué es eso? – pregunté curiosa.

- Es una cinta para el pelo.

- ¡Eso es obvio! – Grité exaltada – ¿pero de quién?

No podía creer que el descarado me estaba mostrando un trofeo que había conseguido de alguna chica por ahí ¿Quién se creía?

- ¿Cómo que de quién? – preguntó sin saber a qué me refería – pues tuya, claro. La compré para ti.

Abrí mis ojos de par en par y me sentí ridícula y estúpida. No sabía cómo podía haber dudado de Ranma – ¿de verdad es para mí? – pregunté tomando con cariño ese trozo alargado de tela azul.

- Por supuesto, ¿Qué te pensabas? – no contesté y bajé la mirada avergonzada – espera, pensabas que se lo iba a regalar a otra ¿verdad?

- Por supuesto que no – intenté excusarme.

- Ya claro… mentirosa – dijo entrecerrando sus ojos – como no puedo regalarte cosas bonitas ya que sería exponernos demasiado, te regalo esto. Cada vez que te recojas el pelo cuando yo no esté contigo, me sentirás cerca y yo me quedaré una tuya para sentirte cerca de ti.

Quise llorar de alegría ante sus palabras. Ese pequeño gesto me pareció el mayor gesto de amor que jamás nadie hubiera tenido conmigo. Quise abrazarle, besarle, comérmelo entero, pero no podía.

- es preciosa, gracias.

Sonrió levemente y me giré para darle la espalda. Notaba sus ojos clavados en mí y eche mi pelo hacia atrás – ¿me la pones por favor?

Sus temblorosos dedos deshicieron el nudo de la cinta amarilla que recogía mi pelo y colocó en su lugar la que me había regalado. Cuando terminó la tarea me giré con una brillante sonrisa en la cara – quédate tu esa – dije cuando intentó devolverme la cinta – es mi favorita y por eso quiero que te la quedes tú, para que me recuerdes mientras estemos lejos.

- Siempre te tengo en la cabeza – se colocó la cinta alrededor de la muñeca e hizo un nudo – cada vez que esté entrenando y eche de menos besarte, besaré esta cinta.

Suspiré enamorada ante sus palabras, quería besarle pero echando un leve vistazo me cercioré de que había mucha gente a nuestro alrededor y sería peligroso. El debió pensar lo mismo porque le escuché gruñir – en cuanto lleguemos a casa y tengamos un momento, te voy a cubrir a besos.

Me puse de un potente color rojo y sentí mi cuerpo arder – no digas eso, idiota.

Ranma soltó una carcajada y se puso en pie mirando al cielo – creo que deberíamos irnos, se hace tarde.

- Sí, es lo mejor.

Caminamos muy juntos pero sin llegar a rozarnos hasta el sitio donde habíamos quedado con Nodoka-sama quien ya nos estaba esperando en el carro. Tenía cara de malas pulgas pues habíamos tardado unos minutos más de lo estipulado pero todo enfado murió cuando Ranma le entregó su regalo.

Deberíais haber visto su cara de emoción, era como ver a una niña pequeña recibiendo un montón de dangos. El camino de vuelta lo pasamos en silencio, Nodoka-sama admirando el regalo de su hijo, y Ranma y yo rozando nuestras manos casi imperceptiblemente.

Si os estáis preguntando si esa noche Ranma cumplió su promesa de secuestrarme y cubrirme a besos, si, lo hizo.


A la mañana siguiente me encontraba en el dojo, como siempre en la parte trasera, en la última fila junto con Sasuke. Genma estaba más contento de lo normal e incluso nos dejaba participar en la lección del día.

En realidad no sé si lo hacía por amabilidad o para reírse porque debido a nuestro atraso con el resto de la clase no dábamos una al derecha. Tras dos horas entrenando sin parar nos dejó descansar un rato. Ranma, Ryoga y Mousse se acercaron a Sasuke y a mí y se sentaron a nuestro lado bebiendo de su cantimplora.

- Tu padre hoy está verdaderamente motivado – dijo Ryoga con la voz entrecortada debido al cansancio.

- Y que lo digas, me duele el alma – se quejó Mousse moviendo sus brazos – parece que quiere matarnos.

Ranma quien bebía movió levemente la cabeza. Una vez tomó el agua se limpió con la manga de su traje de entrenamiento ganándose mi mirada reprobatoria que ignoró – Por lo visto quiere que estemos al cien por cien cuando nos vayamos y empecemos el entrenamiento con el emperador.

- Pues si sigue así acabará matándonos – protestó Ryoga haciéndome reír.

- ¿Cuándo os vais? – pregunté algo temerosa de la respuesta. Me daba mucha pena alejarme de Ryoga y Mousse, pero lo que más me dolía era no ver a Ranma en tanto tiempo.

- En una semana – contestó Ranma mirándome. Para el resto de los allí presentes no habría nada extraño en sus ojos, pero yo entendí lo que me quería decir con aquella mirada. Ranma, al igual que yo, estaba triste, no quería alejarse de su casa y tampoco de mí.

- Cuatro años pasan rápido – intentó animarles Sasuke – a mi… me gustaría… i…ir

- Entonces sí que me moriría – dije con falsa desesperación – me dejaríais sola y aburrida.

Sasuke sonrió al igual que Ryoga – tranquila Akane-chan, escribiremos.

Ranma y Mousse tenían la mirada gacha. Fruncí los labios levemente al imaginar el porqué de la pena de Mousse. Supongo que no le gustaba nada la idea de alejarse de Shampoo tanto tiempo.

- Voy a echar de menos esto – dijo Ryoga mirando al techo del dojo – y a Ukyo.

- ¿Cuándo volváis os casareis? – pregunté haciendo que mi amigo se atragantara con su propia saliva.

- Tranquilo amigo, el matrimonio no es tan horrible como para suicidarse con tu propia saliva – dijo Ranma con burla.

Ryoga le fulminó con la mirada – Idiota, claro tú lo dices porque estas comprometido con la hermosa Akane, si fuera Shampoo…

- ¡Que buen día hace hoy! ¿Verdad? – pregunté de repente intentando cambiar de tema. Los hombros de Mousse se habían tensado con las palabras de Ryoga por lo que intenté que la chinita no fuera el principal tema de conversación. Mousse me lanzó una mirada de agradecimiento.

- ¿Pero qué dices? – preguntó Ryoga.

- Nada, tonterías – fingí demencia – os voy a echar de menos.

- Y nosotros a ti – dijo Mousse – aunque pasen rápido, cuatro años es mucho tiempo.

Solté un gruñido mientras me abrazaba las piernas, opinaba igual que Mousse. Era muy injusto que me separaran de ellos durante tanto tiempo, sobretodo de Ranma.

- ¿Por qué no… podéis volver? – preguntó Sasuke.

- Por lo visto es un entrenamiento exhaustivo que no debe ser interrumpido por nada – explicó Mousse – lo único que pienso es que quieren tener soldados las veinticuatro horas del día disponibles.

- Sobre todo ahora que las disputas con el shogun han vuelto a emerger – dijo Ranma.

Mi estómago se encogió ante sus palabras. Me moría de miedo al pensar que mientras Ranma y los chicos estuvieran en el servicio estallara una guerra y fueran los primeros en presentarse a filas.

- Prometedme que no so pasara nada – dije con desesperación.

Los tres me miraron curiosos y yo solo pude repetir mi ruego – prometedlo.

Ranma me miró con ojos tristes y una sonrisa vacía – Lo prometo.

- Y yo – dijeron Ryoga y Mousse.

Aunque solo eran promesas dichas en medio de un dojo viejo, para mí esas palabras representaban una vida entera y poder dormir tranquila mientras no estuvieran en casa. Nunca estaría tranquila del todo, pero el pensar que tenían una promesa conmigo quizás me dejara vivir en paz mientras estuvieran fuera.

- Además – dijo Ranma con tono calmado – no tienes que preocuparte, seguro que no estallará ninguna guerra.

- Eso espero – susurré.

- Venga panda de vagos, en pie y en círculo ¡ya! – gritó la voz del hombre panda sacándonos de nuestra pequeña conversación. Rápidamente nos pusimos en pie y nos acercamos al medio del dojo rodeando al señor Saotome quien permanecía en el medio del círculo con los brazos tras la espalda y un duro gesto en su cara.

- Bien, como sabréis la próxima semana comenzaran los entrenamientos en las filas del emperador – solté un bufido que para mi suerte pasó desapercibido por Genma Saotome – no todos estáis capacitados para tal honor y por eso he escrito una lista con los nombres de aquellos que se nos unirán a Ranma y a mí en el entrenamiento.

Varios chicos comenzaron a murmurar y algunos incluso se movían inquietos en su sitio. Los más mayores tenían cara de malas pulgas y los más jóvenes observaban ilusionados el panorama, supongo que deseando crecer para convertirse en uno de los elegidos del hombre panda.

Nunca había entendido porque algunos chicos se iban todos los años al servicio del emperador y otros no. Al principio creía que era porque sus padres eran partidarios del shogun, pero esa idea se me hizo imposible, Genma Saotome no podía soportar a los seguidores de un mandatario tan primario y falto de visión de futuro, como él le llamaba, por lo tanto dudaba que estuviera dispuesto a entrenar a sus hijos.

La respuesta era simple. Genma Saotome elegía a los estudiantes que iban a filas. Los elegidos daban saltos de alegría al saberse superiores a aquellos que no conseguían la aprobación del sensei aunque ninguno se atrevía a replicar a pesar de su descontento.

Miré a Sasuke por un segundo, en su mirada había un deje de esperanza pero ambos sabíamos que su nombre no estaba en la lista, además de que había superado con creces la edad de reclutamiento. El emperador cada año llamaba a sus filas a jóvenes de dieciséis, a veces de quince si eran muy buenos en las artes y les entrenaba con los mejores senseis y en las mejores condiciones que un guerrero podría desear. Se convertían en soldados imperiales a los diecinueve años y en ese momento se convertían en un juguete a manos del emperador. Si explotaba el conflicto, los hombres que habían hecho aquel servicio militar debían ir a filas. Siempre había excepciones, por ejemplo si sus padres pagaban grandes cantidades de dinero o si entregaban a otro soldado de igual valor. Muchos padres evitaban así que sus primogénitos murieran en combate.

- Bien, cuando os nombre dar un paso al frente – dijo el hombre panda sacando de su kimono un rollo de papel. Me sorprendí cuando comenzó a decir los nombres de los chicos, dudaba mucho que ese hombre supiera siquiera leer o escribir.

- Agawa, Eru, Futaba, Hibiki, Harada, Haru… - los nombrados daban un paso al frente con enormes sonrisas como si no creyeran que fueran merecedores de tal honor – Migawa, Taki, Tokugawa – en la otra cara de la moneda estaban aquellos que no eran nombrados quien apesadumbrados bajaban la cabeza e incluso daban leves patada al suelo – Yato, Yamato, Yosida y tu Mousse.

Fueron un total de veintitrés nombres incluido el de Ranma. Los elegidos dieron una larga reverencia en agradecimiento a su sensei por la oportunidad. Una parte de mi deseó haber salido elegida para poder luchar codo con codo con mis amigos y sobre todo para demostrar que una mujer puede ser un gran guerrero, pero era totalmente imposible.

- Se te ve contrariada, Tendo – dijo un chico alto como una torre. Fruncí el ceño cuando puso una sonrisa pedante en su rostro, Kazuo era el nombre de ese idiota con ínfulas – ¿Enfadada porque tus guardaespaldas no estarán por aquí para librarte?

- No sé de qué hablas – dije con los dientes muy apretados.

- Seguro – se burló. Di una rápida mirada a Genma quien observaba la situación con un deje de burla en su cara – es algo natural tranquila. Es normal en una mujer sentir miedo.

- No tengo miedo – escupí – y menos de un inútil como tú.

Kazuo era dos años mayor que yo y tenía el egocentrismo de un rey. Se creía muy importante y un gran guerrero a pesar de que cuando le tocó ir a filas el hombre panda decidió que no estaba al nivel adecuado.

- Déjala en paz – gruñó Ranma poniéndose frente a mí al igual que Mousse y Ryoga.

Kazuo soltó una carcajada y miró por encima de las cabezas de mis amigos buscando mi rostro – ¿ves lo que decía? ¿Qué será ahora de ti sin que estén estos tres para protegerte?

- No la amenaces – Ranma apretaba sus puños y notaba que la parte posterior de su cuello se tensaba.

- No joven Saotome, jamás me atrevería – se burló Kazuo – a las mujeres indefensas hay que protegerlas.

Ese comentario fue más que suficiente para rebasar mi paciencia. No sabía quién se creía aquel niñato pero le iba a bajar esos humos que tenía. Aparté a un lado a Ranma y a Mousse y me puse frente a Kazuo con gesto altanero.

Mi movimiento pareció desestabilizarle un momento por lo que aproveché para soltar mi golpe de gracia – Yo no soy una mujer indefensa y mucho menos necesito que me defienda ningún hombre, puedo defenderme sola, sobretodo de hombres tan patéticos como tú.

- Cuidado con lo que dices – dijo Kazuo con enfado en su voz.

- No tengo que tener cuidado de nada, es hora de que te digan un par de verdades – los ojos del chico se abrieron de par en par y escuché a mi espalda un par de exclamaciones – no sé porque te crees tan importante ni porque te crees superior a mi cuando eres un inútil con ínfulas de guerrero.

- ¡¿Cómo te atreves?!

- No miento, hace dos años el señor Saotome no te eligió para ir a filas porque eres un inútil, un maldito torpe cuyo padre paga una generosa cantidad para estar aquí.

- ¡Basta! – Gritó el hombre panda cuando Kazuo dio un paso al frente dispuesto a atacarme – Akane, retira lo dicho.

- Jamás – dije – las verdades duelen ¿verdad?

- Soy mejor guerrero de lo que tu jamás serás, porque eres una simple mujer que piensa que sabe dar un puñetazo – los ojos de Kazuo tenían fuego. Había tocado en una tecla dolorosa para él y ahora estaba dispuesto a destrozarme – en verdad lo único que te hace diferente a cualquier mujer es que tú eres un animalillo salvaje que se cree especial porque no sabe hacer un plato de arroz decente, lo cual es vergonzoso en una mujer.

- ¿Vergonzoso? No entiendo porque debería sentir vergüenza en no saber cocinar o coser – me crucé de brazos de forma altanera – Ese es nuestro trabajo porque vosotros los hombres nos habéis relegado a la fuerza a ello, porque teméis que si nos ponemos a vuestra altura os superemos.

- ¡Serás estúpida! – Gritaron algunos de los estudiantes que se ofendieron por mi comentario – ¡no nos llegas ni a la suela! – Dijo uno – ¡Vuelve a la cocina y deja de molestar!

Quise pegarles una paliza a todos pero me contuve, Kazuo parecía que iba a explotar y Genma tenía una ven palpitándole en la sien. Sonreí sabiendo que mi comentario le había dolido incluso a el ya que Genma era el claro ejemplo de un hombre sin talento que tiene a la sombra a su mujer para poder destacar.

Mis ojos se pasearon por el dojo y encontré un par de ojos azules que me miraban con orgullo. Ese par de ojos eran los únicos que me importaban, no me importaba el pensamiento y opinión de nadie, solo la de Ranma y sabía que él me apoyaba en todo lo que hacía.

- ¿Quieres medirte a la altura de un hombre? – Preguntó Genma – Bien, lo harás. Pelearás contra un hombre.

Kazuo me miró con superioridad y ambos dimos un paso al frente. Estaba convencida de que ganaría este asalto ya que aunque fuera bastante más atrasada que el en cuanto a lecciones, la técnica de Kazuo era bastante pobre.

Estábamos listos para enzarzarnos en una pelea cuando la gorda mano de Genma se posó en el hombro de mi contrincante – No, tu no lucharás con ella – dijo con voz de ultratumba mirándome a los ojos – lucharé yo.

El dojo se quedó en silencio unos segundos y yo sentí que me faltaba el aire. Escuché un par de protestas por parte de Ryoga y Mousse pero me recompuse rápidamente. No le tenía miedo a aquel hombre y mucho menos enfrentarme a él. Para mí sería la oportunidad perfecta para cobrarme años de humillaciones, tanto a mí como a Sasuke, pero sobre todo a mi señora.

- Está bien – acepté.

Genma sonrió de forma ladina y se colocó en el centro del círculo. Ranma reaccionó por fin y se acercó a su padre – ¡No puedes decirlo en serio!

- ¡Apártate muchacho! – Le dio un empujón que le hizo trastabillar – es hora de que aprenda un lección.

- ¡No voy a permitirlo! – Gritó Ranma poniéndose frente a mí – No es un combate justo.

Me enterneció levemente la forma en la que me defendía pero una parte de mí se molestó con él. No era una princesa en apuros, no era una taza de porcelana fina, podía aguantar los golpes, lo había demostrado desde bien pequeña por lo que no iba a acobardarme ante un hombre como Genma Saotome.

Toqué el hombro de Ranma quien se giró para mirarme – Quiero hacerlo.

- ¡No! ¡No puedo permitirlo!

- Por favor Ranma – le dije mirándole fijamente a los ojos intentando hacerle ver que quería de verdad batirme en duelo con su padre – confía en mí.

- Te hará daño.

Sonreí levemente – Seguro que recibiré más de un golpe – la cara de Ranma se deformó en una mueca de angustia – pero el también recibirá alguno, no soy manca y según tu tengo un buen derechazo.

Ranma me escudriñó la cara intentando encontrar en mí el menor símbolo de debilidad. Estaba segura de que si pudiera me secuestraría y me alejaría de allí para siempre, para meterme en una cueva donde nadie pudiera dañarme.

Le di una tenue sonrisa para darle confianza y suspiró derrotado – está bien.

- Prométeme que no interferirás – dije entonces muy seria, le conocía y si veía que estaba perdiendo se metería en medio de mi pelea y eso no iba a tolerarlo.

- Pero…

- Promételo – le corte para luego dirigirme a Mousse y Ryoga que también tenían gesto preocupado – todos.

- Venga chica, ¿vas a seguir hablando o vamos a pelear?

Lancé una mirada furiosa al hombre panda pero luego centre mi atención en Ranma – promételo – repetí insistente.

En su mirada había dolor y miedo pero ante mi cabezonería no pudo más que asentir – está bien, pero ten cuidado.

- Lo tendré – me dirigí erguida hacia el centro del circulo donde Genma me esperaba sin mostrar más sentimiento que la burla. Comencé a acumular ira, recordando cada mala palabra, cada mal gesto, cada historia que mi señora me había contado para poder pelear con toda mi rabia.

Los chicos a nuestro alrededor jaleaban la pelea y animaban a su sensei. Un chico mayor hizo de árbitro dio la salida y antes de que pudiera siquiera parpadear me lancé hacia mi adversario dándole una patada en el costado que le dobló.

- ¡Vamos Akane! – gritaba Sasuke.

Mousse aplaudió con todas sus fuerzas cuando esquivé un golpe y le devolví un puñetazo que se encajó en la mandíbula. Ryoga dio un salto y Ranma movía sus puños arriba y abajo en señal de nerviosismo.

La gorda cara del hombre panda se deformó en una mueca de ira – ¿Sorprendido, sensei? – escupí con rabia.

Genma me atacó varias veces y un puñetazo impactó en mi mejilla haciéndome girar mientras trastabillaba aunque conseguí mantenerme en pie. Le escuché dar dos pasos con sus gordos pies y como pude esquivé otro golpe pero una patada impactó también en mi costado doblándome.

Me puse furiosa al escuchar las risas y las burlas de mis compañeros pero con rapidez me puse en pie y le di una patada en las piernas que le hicieron perder el equilibrio y encajé dos puñetazos en su cuerpo, uno en su estómago y otro en su cara.

Se levantó como pudo y entonces vi algo en su mirada que me hizo temblar. Sus pequeños ojos estaban oscuros como si deseara matarme. Comenzó a lanzar golpes y entonces vi la verdadera naturaleza de Genma. Me puso la zancadilla para desestabilizarme, tiraba de mi kimono para poder encajar un golpe en mi cuerpo… Genma Saotome no estaba peleando con honor, era un maldito tramposo.

- ¡¿Qué haces?! – gritaba Ranma al verle retorcerme el brazo y darme una patada en la espalda que me tumbó. El hombre panda no era un hombre ágil, su gordo cuerpo le hacía bastante lento pero sus golpes eran duros y contundente – ¡No estas peleando justamente!

- ¡Cállate! – le gritó Genma a su hijo.

Yo seguía en el suelo dolorida por el golpe en la espalda, pero le escuché llegar. Cuando se agachó para levantarme le di dos codazos que provocaron que su nariz sangrara profusamente y se llevara las manos a la parte dañada, por lo que aproveche para girar sobre mi misma y darle una patada.

Me agarré el costado donde me había golpeado con anterioridad y pude ver que si antes había odio en la mirada del hombre panda ahora solo había un deseo real de verme bajo tierra. Los jaleos se hacían cada vez más sonoro, alguno incluso pedía mi cabeza. Esperaba otro ataque poco honorifico de Genma pero lo que hizo me dejó totalmente descolocada.

Se acercó rápidamente tomándome del cuello con sus gordas manos y comenzó a apretar. Escuché los gritos de Ranma y mis amigos pero antes de que pudieran interceder le di una patada en el estómago que le obligó a soltarme. Caí de rodillas en el suelo intentando recuperar aire por lo que no pude evitar que me tomara del pelo y me levantara. Si antes Genma estaba siendo poco honorifico ahora no lo era nada.

Me dio una bofetada que me tiró al suelo. Noté en mi boca el sabor a hierro de la sangre y antes de poder reaccionar sentí una patada en el estómago que me hizo rodar por el suelo. Las risas y los jaleos, así como los gritos de mis amigos se estaban opacando en mi cabeza. Una vez más Genma me tomó del pelo para alzarme la cabeza y empezar a darme fuertes golpes, uno, dos incluso tres que lograron abrir aún más la herida de mi labio. Me levantó levemente y me dio un puñetazo que me tumbó.

- ¡Ya basta! – escuché la voz lejana de Ranma en mi cabeza pero no lograba enfocar bien. Las caras de mis compañeros estaban borrosas, todo a mí alrededor empezaba a difuminarse pero no podía quedarme inconsciente, eso solo le haría ganador a él.

Estaba por ponerme en pie cuando otra patada impactó en mi estómago. Me quede tumbada boca abajo en el suelo medio encogida. Alcé la cara para mirar a Genma quien se proclamaba vencedor del encuentro.

- ¿Has tenido suficiente? – me pregunto Genma mientras Ranma y Ryoga me ayudaban a levantarme.

- Eso ha sido una pelea injusta – protestó Ranma – has hecho trampas, has peleado como si estuvieras en una taberna.

- Ella quería un combate de verdad y lo ha tenido – dijo acercándose a mí. Ranma se encaró ante su padre sorprendiéndole.

- No la toques.

Antes de que pudiera decir algo me encaminé a paso lento hacia el hombre panda quien me miraba con una sonrisa ladeada en su rostro. Mis compañeros se burlaban de mi aspecto y me lanzaban comentario como "así es la única manera que tenéis de aprender" o "esto es lo que te espera si sigues así" pero no me importó me acerqué a la gorda y sudada cara de Genma Saotome y susurré con voz ahogada.

- Eres despreciable.

Genma se mostró impasible, simplemente bajó su rostro a mi altura levemente y dijo – ¿Ya has aprendido que este no es tu sitio o necesitas un poco más?

Para sorpresa de todos escupí a los pies de Genma toda la sangre que había acumulado en mi boca por culpa de la gran herida que surcaba mi labio – eso es lo que opino de ti, basura.

Genma alzó la mano para darme otro golpe pero Ranma me apartó y frenó su ataque – vuelve a ponerle una mano encima y olvidaré que eres mi padre.

Genma se quedó perplejo ante las palabras de su hijo que nunca le había llevado la contraria. Mi cuerpo se caía, no aguantaba mi propio peso por lo que estaba siendo sujetada por Ryoga y Mousse mientras Sasuke lloraba en un rincón.

Ranma se giró y sin mediar palabra me arrancó de los brazos de mis amigos y me subió en volandas para sacarme de allí. Tenía mucho sueño, sabía que me iba a desmayar pues tenía sudores fríos y la cabeza me daba vueltas por lo que decidí avisar a Ranma antes de que le diera un infarto.

- Ranma – susurré débil aferrándome a él.

- No hables estas débil – daba pasos largos y rápidos intentando llegar a casa cuanto antes.

- Lo sé, por eso me voy a desmayar – Ranma me lanzó una mirada asustada – tranquilo, no pasa nada es normal.

- Akane, por favor aguanta – pero no pude escuchar más pues poco a poco me sumí en una oscuridad total y de la que no me despertaría en un par de horas.

Abrí los ojos lentamente agradeciendo la poca luz que había en la habitación. Me dolía el labio a horrores y el costado izquierdo. Notaba también mi pómulo algo caliente y palpitante. Miré por toda la habitación buscando a alguien que me dijera cuanto tiempo había dormido. Aun no era de noche pero el cielo comenzaba a apagarse.

Pegué un largo suspiro y me intenté poner en pie pero un par de brazos me frenaron – ¡¿Qué haces?!

Pegué un grito debido al susto. Al girarme me encontré con los preocupados ojos de Nodoka-sama. Me llevé la mano al pecho para controlar los latidos de mi corazón – por Kami mi señora, casi me mata.

- Lo siento, no quise asustarte – me dijo con pesar. Se colocó a mi lado y pasó la mano por mi pómulo con cuidado – Akane ¿Qué te ha hecho ese desgraciado?

- Yo acepté el reto señora.

- Lo sé, Ranma me lo contó – pegué un bote al escuchar su nombre y sin poder controlarlo mis ojos buscaron su presencia en la habitación – No está, le he obligado a comer algo.

- ¿Comer? ¿Qué hora eso? – pregunté cayendo en la cuenta de que posiblemente había estado inconsciente bastante más tiempo del que pensaba.

- Es casi la hora de cenar, llevas horas dormida – contestó con pesar mi señora – Ranma no se ha movido en todo el día de tu lado, no dejaba que nadie que no fuera el doctor o yo se acercara a ti.

Me sonrojé ante las palabras de Nodoka-sama y bajé la vista algo avergonzada – Señora, yo siento causarle tantos problemas – dije cayendo en la cuenta de que una vez más, por mi culpa, Nodoka-sama debió pagar mucho dinero a su médico.

- Déjate de tonterías, lo principal es que tú estés bien.

Me moví lentamente sintiendo un pinchazo en el costado y agaché con dolor. Nodoka-sama me ayudó a recostarme con cuidado – El medico ha dicho que no tiene nada grave, solo unos cuantos golpes bastante fuertes, un pómulo morado y un labio roto. Según el mañana te encontrarás mejor, al menos podrás moverte.

Asentí levemente mientras cerraba los ojos e inspiraba todo el aire que mis pulmones aceptaban para luego soltarlo con suavidad. Mi señora no se movía de su lado ni apartaba su mirada de mi lo cual agradecí – Akane, Genma me las pagará.

- No señora – hablé rápidamente poniéndome de nuevo en pie ignorando el dolor que me inundó – fue culpa mía.

- No, tu aceptaste una pelea honorable y el al verse acorralado uso sus sucios trucos que… - sus palabras se cortaron y me quedé sorprendida al ver sus ojos aguarse. Mi cabeza comenzó a maquinar el porqué de ese estado y una horrible imagen vino a mi cabeza. Los golpes que me había dado Genma le habían salido muy naturales, casi como si los tuviera estudiados… como si los hubiera proporcionado en más de una ocasión y no en una taberna como dijo Ranma.

- Señora… el alguna vez… ¡no se atrevería!

- No, no, no – negó rápidamente quitando de mi cabeza la imagen de ese gordo seboso golpeando a mi señora – conmigo no ha tenido el valor, pero se bien que su primera esposa y alguna que otra amante no corrieron la misma suerte.

- Ese bastardo.

Nodoka-sama apretó sus puños con fuerza hasta que sus nudillos se pusieron blancos. No me gustaba verla sufrir y menos si en parte era mi culpa por lo que tomé con suavidad su mano entre la mía – No se preocupe señora, estoy bien, solo han sido unos golpes. Puedo con esto y más, soy el rio ¿recuerda? Y al rio nadie le vence.

- Lo sé – contestó mi señora con una sonrisa – pero eso no cambia que deseé matarlo. Por ahora no le quiero en casa en una temporada.

- Señora, en una semana se irá por cuatro años ¿no es suficiente? – pregunté.

- Nunca es suficiente.

Sonreí levemente sabiéndome derrotada. Nodoka-sama era la mujer más cabezona del mundo, más incluso que yo así que pelear contra sus decisiones era como remar a contracorriente. Iba a tumbarme de nuevo cuando la puerta se abrió y por ella entró Ranma quien abrió los ojos de par en par al verme despierta.

- Akane… - cerró la puerta lentamente sin apartar sus ojos de mí, como si estuviera corroborando que verme despista no era un espejismo. Le di una leve sonrisa y entonces reacciono tirándose a mis brazos.

Cruzó la habitación tan rápido que en un parpadeo ya me estaba abrazando como una cría de mono a su madre. Di un leve gruñido de dolor que le hizo apartarse de mí como si quemara.

- lo siento, lo siento, no quería hacerte daño.

- Tranquilo, ha sido una leve molestia – dije intentando tranquilizarle – no es nada.

Su mirada reflejaba una preocupación tan grande que me conmoví. Le acaricie levemente la cara intentando dejarle claro que estaba bien. No me gustaba ver esos ojos tan tristes. Ranma hizo un sonidito gracioso con su garganta y sin que me diera opción a pensar plantó sus labios contra los míos en un tierno beso que por culpa de la herida se transformó en un placer doloroso. Sentí en ese beso el sabor de la sangre reseca pero no pensaba alejarme de él.

Un carraspeo nos sacó de nuestra burbuja. Nos separamos levemente algo avergonzados pero Ranma no soltó mis manos. Nodoka-sama no nos dijo nada, ni un reproche, ni una burla simplemente apartó su mirada y tomó un trozo de tela que empezó a bordar – Haced como que no estoy – sentí mi corazón calentarse.

Madre e hijo no tenían planeado separarse de mí, me lo estaban dejando claro con esos pequeños gestos. Ranma acarició la mano que sujetaba entre las suyas y dijo – Mañana te traeré un ramo de flores.

- No hace falta – contesté – estoy bien de verdad.

- Bien golpeada – protestó. Por un instante sus ojos volvieron a oscurecerse – es mi culpa que estés así, debería haber intervenido, es mi deber cuidarte.

Tomé su rostro entre mis manos para clavar mi mirada en la suya – escúchame bien Ranma Saotome, no es culpa tuya – tragó seco e intentó apartar mis manos de su cara pero no se lo permití – este combate fue también decisión mía tu solo cumpliste tu promesa de no interferir.

- Que clase de novio soy si no puedo evitar que te den una paliza frente a mis ojos.

- Un novio que respeta las decisiones de su novia – aclaré. Por el rabillo del ojo vi como Nodoka-sama más que coses fingía hacerlo. Estaba segura de que estaba más pendiente de nuestra conversación que de su tarea.

Ranma bajó la mirada triste – si algo te pasara… yo… ¡debí intervenir!

- Si hubieras parado el combate no te lo habría perdonado – dije con seriedad – esto me ha dejado claro que confías en mí y en mi capacidad.

- Claro que confío en ti, eres una gran luchadora – sonreí ante sus palabras – aunque jamás peleare contra ti, que te quede claro.

Solté su rostro mientras fruncía el ceño – ¿Por qué no?

- Porque no pienso golpear a una mujer, no está en mi naturaleza. Lo siento. Sé que eres una gran guerrera pero no me pidas que pelee contra ti porque no lo haré.

- Entonces no confías en mis capacidades – protesté cruzándome de brazos.

- Sí, lo hago pero entiende, no podré perdonarme el ponerte una mano encima – susurró acariciando mi nariz con la suya en un intento de hacerme bajar la guardia – por favor entiéndelo.

- No lo entiendo – Ranma bufó frustrado alejando su cara de la mía y antes de que nos enzarzáramos en una pelea absurda en la que ninguno iba a dar su brazo a torcer decidí allanar el terreno – pero lo respeto.

Ranma se quedó helado unos segundos pero luego besó levemente mi cabeza – gracias.

Me apoyé en su hombro unos minutos, reconfortándome entre sus brazos que me rodearon con cuidado. Su olor me encantaba, era un olor que hipnotizaba y me sacaba de onda. Sentí mi cuerpo muy pesado y un cansancio extremo se apoderó de mi cuerpo.

Ranma lo notó y me ayudó a tumbarme – deberías dormir, el medico dijo que es normal que te sientas cansada.

- Sí, creo que descansaré un rato – Nodoka-sama se había acercado a mí con gesto de preocupación – tranquilos, estaré bien, solo necesito dormir y recobrar energía.

Mi señora acarició mi cabeza de manera maternal – deberías cenar algo antes.

- no tengo hambre, señora – contesté – pero usted si debería comer algo.

- Lo haré en cuanto te duermas, Ranma y yo iremos haciendo guardias por si necesitas algo.

Negué con la cabeza – No hace falta de verdad, id, cenad y descansad, mañana estaré mucho mejor.

- Pero Akane – intentó reprochar Ranma pero una sola mirada consiguió que cesara sus argumentos – está bien.

Nodoka-sama soltó una risita burlona – te tiene totalmente dominado, hijo mío – me guiñó el ojo de forma juguetona para luego decir – bien hecho Akane.

Sonreí levemente notando como mis parpados cada vez se hacían más pesados. Di un largo bostezo y sentí unos labios en mi frente. Con esfuerzo abrí los ojos esperando toparme con Ranma pero para mi sorpresa era mi señora la quien tenía tan dulce gesto conmigo.

- Descansa Akane – dijo con voz suave – le diremos a todos que estás mejor, están muy preocupados por ti.

- Es cierto – reiteró Ranma – Sasuke no deja de llorar y Ryoga y Mousse han intentado entrar a verte varias veces.

- Se lo agradezco – di otro largo bostezo – voy a dormir ¿vale?

- Duerme – susurró esta vez Ranma para imitar a su madre y darme un beso en la frente – más tarde pasaré a verte.

Asentí de manera lenta y cerré los ojos. No había caído completamente en la inconsciencia cuando escuché la puerta cerrarse. Me acomodé en el futón y me entregué al mundo de los sueños. No tardé mucho en conseguir dormirme porque estaba agotada y dolorida.


Aclaraciones:

Shogun: Durante el siglo XII hasta 1864 el sogún se constituyó como el gobernante de facto de todo el país. Aunque teóricamente el emperador era el legítimo gobernante, este depositaba la autoridad en el shogun para gobernar en su nombre.

Camelias: Esta flor es conocida como la Rosa del Japón y está relacionada con todo aquello que tiene que ver con la belleza, con el amor y con la seducción.

Onee-chan: Hermana mayor.

Hakama: es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) cuya función principal era proteger las piernas, por lo que originalmente se confeccionaba con telas gruesas y con algún diseño patrón.

Gomen: Forma informal de decir lo siento.

Naginata: es un arma de asta usada por los samurái del Japón feudal, compuesta por una hoja curva al final de un asta larga. A pesar de que en ocasiones se la compara con una alabarda o un archa europea, esta comparación dista mucho de la realidad de los fines para los cuales fueron desarrolladas estas armas, pues la naginata es un arma de corte, mientras que una alabarda o un archa se asemejan más a un hacha con una larga asta y una punta al final. Las dimensiones peso y proporciones de estas armas son tan distintas que no pueden ser equiparadas. Como arma militar la naginata fue muy importante en los campos de batalla, donde en un principio era llevada por la infantería para defenderse de la caballería, aunque en periodos más tardíos de la historia de Japón fue adoptada también por combatientes a caballo. La técnica de combatir con la naginata se llama naginatajutsu y, está presente en muchos estilos de Koryu Budo (o Kobudo). Fue después de la Segunda Guerra Mundial donde surgió el Atarashii Naginata o "nueva naginata" una modalidad marcial moderna ( Gendai Budō ) de cuño deportivo, que se creó con base en el Naginatajutsu, de forma análoga al desarrollo del Kendō (modalidad moderna) a partir del Kenjutsu (forma samurái de combatir con la espada). Este arma solía ser la favorita entre las mujeres samuráis.

Mochis: es un pastel japonés hecho de mochigome, un pequeño grano de arroz glutinoso. El arroz se machaca hasta convertirlo en una pasta y se moldea con la forma deseada. En Japón se hace tradicionalmente en una ceremonia llamada mochitsuki. Aunque se come durante todo el año, el mochi es un alimento tradicional del año nuevo en Japón y se consume más comúnmente durante esa temporada. La versión coreana de este alimento es llamada tteok

Arigatou gozaimasu: Muchas gracias.

Dango: es un dulce tradicional japonés elaborado con mochiko (harina de arroz), y derivado. Se sirve a menudo con té verde. El dango se consume todo el año, pero las diversas variedades se comen tradicionalmente en temporadas concretas. Tres o cuatro dango se sirven a menudo en un pincho. Una variedad originaria de Hokkaidō se elabora con harina de patata y se cocina con shoyu (salsa de soja).

Sensei: maestro, profesor.