¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

En el capítulo de hoy vamos a reencontrarnos con un personaje muy querido que muchos me habéis pedido que vuelva, advierto además que el capítulo contiene varias sorpresas. Ha sido el capítulo mas largo que he escrito hasta ahora así que espero que no os aburra u os decepcione.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo.

Sin mas os dejo leer.


Me encontraba corriendo de arriba abajo por todo el salón, mis pies se movían tan rápido que podría cruzar el país de punta a punta y estar en casa para la cena, pero es que ese día era muy especial ya que mi mejor amiga, Momo-chan, vendría a vernos.

Estaba muy contenta ya que no la veía desde que se había casado con el malnacido de Taro. La ansiedad y las preguntas me tenían al borde del colapso ¿estará bien? ¿Será realmente feliz como dice en sus cartas? ¿La tratará Taro como merece? ¿La golpeará? ¿Se habría resignado mi amiga a una vida infeliz o estaría dándole guerra a su marido? Pronto lo descubría.

- Akane, querida para un poco que vas a hacer un agujero en el suelo – me regañó mi señora.

- Gomen ne – suspiré derrotada, con pasos lentos me senté a su lado en la sala – pero es que soy muy feliz.

- Lo se querida – contestó mi señora brindándome una sonrisa – yo también lo estoy pero no te dejes llevar por tu ansia o terminaras agotada antes de que llegue.

Di un leve asentimiento, mi señora tenía razón. No había parado en todo el día para asegurarme que la llegada de mi amiga a la casa le resultaba cómoda y agradable. Había ayudado a mis compañeros a limpiar, ordenar y preparar dulces (en esta última tarea solo me permitieron ir pasando los ingredientes) además de colocar la mesa.

- Ese es nuestro trabajo – me regañó Sayuri cuando me puse a ayudar a Sasuke a pulir los cuencos.

Sé que no debería hacerlo ya que es quitarles trabajo a ellos, esa era su forma de vida y entendía que aunque agradecían mi ayuda muchas veces les molestara que participara en las tareas pues temían que mi señora pensara que yo hacía el trabajo en vez de ellos y les quitara el jornal y aunque Nodoka-sama jamás haría eso sus temores eran entendibles, por eso al tercer regaño de mis amigos en vez de dedicarme a las tareas del hogar me dedique a caminar pasillo arriba y pasillo abajo.

- ¿Dónde está Sasuke? – preguntó de repente mi señora.

- En el jardín, podando los bonsáis, como siempre.

Nodoka-sama soltó un bufido – Este chico ¿es que piensa aparecer sucio delante de Momoha?

Abrí los ojos sorprendida ante las palabras de mi señora – ¿es que él también está invitado?

- Por supuesto – aclaró Nodoka-sama – él también es muy querido para Momoha, seguro que se alegrará de verle.

- Es usted muy amable señora – sonreí agradecida – voy a avisarle.

Me dirigí veloz hacia la salida que daba al jardín para ir a buscar a mi amigo que seguro pegaría saltos de emoción al saberse invitado. Antes de desaparecer por el jardín escuché la voz de mi señora gritar – ¡Que se dé un agua antes de venir! No puede presentarse ante Momoha lleno de barro.

- ¡Si señora! – contesté de vuelta alejándome a paso apresurado. Pasé el puentecito de madera sobre el lago donde las carpas koi de vez en cuando saltaban. Cruce recto por el camino de sakuras y deje a la izquierda la zona del banquito donde me gusta leer. Un par de pasos más por el inmenso jardín y la visión de Sasuke concentrado en podar un pequeño bonsái apareció ante mí.

- Sasuke-kun – le llamé captando su atención – deja eso te tienes que lavar.

Mi amigo me miró enarcando una ceja – Aun no he terminado ¿es que mi señora necesita que salga?

Negué varias veces como una loca y supongo que Sasuke pensó que de verdad se me había ido el juicio ya que me miraba con sus ojos de huevo abiertos de par en par y con un rictus de miedo que solo me hizo soltar una carcajada. Le arranqué las tijeritas de podar de las manos y le arrastré por el brazo riendo como una desquiciada.

Eso solo logró asustarlo aún más – Pero… pero… onee-chan, ¿Qué te pasa?

Frené en seco haciendo que mi regordete amigo chocara contra mi espalda, me giré y tomando sus manos fuertemente dije – Nodoka-sama quiere que te unas a nosotras en la visita de Momo-chan.

Los ojitos de mi amigo se iluminaron como dos soles en pleno verano – ¿de verdad?

- Te lo juro – hice una cruz a la altura de mi corazón para dar convicción a mis palabras – es por eso que te tienes que lavar ¿no querrás que Momo-chan te vea lleno de tierra?

Y antes de que pudiera reaccionar Sasuke salió corriendo hacia el interior de la casa dejándome sola en el jardín. No pude evitar sentir ternura por él ya que no solo mi señora y yo sentíamos la pérdida de mi amiga, Sasuke también la echaba muchísimo de menos…

Me dirigí dando ligeros saltitos hacia el salón donde Nodoka-sama esperaba pacientemente - ¿Ya está avisado? – me preguntó cuándo me vio entrar.

- Sí, se ha puesto muy contento – contesté sentándome de nuevo a su lado – no me extraña, Momo-chan era muy importante para él.

- Es cierto, además de ti ella era la única que le trataba con cariño en esta casa.

- El resto de los criados también le quieren.

- Pero no es lo mismo – contestó Nodoka-sama mirando con nostalgia el jardín – ellos le aprecian sí, pero le miran con lástima, como si fuera un ser inferior, un niño grande… en cambio Momoha y tú le miráis como a un igual.

- Es que él no es diferente – afirmé muy seria – solo necesita que alguien le explique las cosas bien.

Nodoka-sama puso una débil sonrisa en su cara – estoy de acuerdo, Sasuke-kun es más listo de lo que todos piensan.

Entonces el sonido de la puerta me alertó, veloz me puse en pie sin siquiera esperar a mi señora y salí por la puerta cruzándome con Yuka – Momoha-san está aquí.

Aparté a mi amiga levemente y salí corriendo hacia la gran puerta de madera para encontrarme con Momo-chan. Quería verla, tocarla, abrazarla… mi corazón iba a mil por hora a medida que me acercaba a ella. Distinguí su figura en la lejanía junto al portón, me daba la espalda mientras hablaba con un mozo que supongo sería su escolta y sentí la necesidad de que se girara, de que me mirara a los ojos, mirarla a los suyos después de tanto tiempo.

- ¡Momo-chan! – ante mi grito mi mejor amiga se giró para mirarme con una enorme sonrisa. No había cambiado nada, seguía teniendo la cara redondita y los ojos pequeños, además de que su sonrisa seguía siendo cálida. Era mi Momo-chan de siempre ¿o no?

Frené en seco y mi sonrisa se borró de golpe cuando vi el abultado vientre de mi amiga. Alcé una ceja observando esa parte de su cuerpo que sobresalía, una de dos: o había engordado mucho o estaba embarazada.

Abrí la boca levemente y me llevé las manos al pecho, no podía ser cierto, no podía ser lo que estaba pensando, debía existir una explicación lógica, Momo-chan no podría llevar en su vientre el hijo de Taro… Supongo que mi expresión la preocupó ya que se acercó a mi levemente como si temiera asustarme – Akane-chan… ¿estás bien?

Ante su débil tono alcé en los ojos enfocándolos en su cara pudiendo ver ahora que realmente si había cambiado, estaba más alta, su piel era más lisa y brillante, sus ojos no parecían tan pequeños y su pelo había crecido lo suficiente para hacerse un elegante recogido de casada. Su cuerpo era más voluminoso que antes supongo que fruto del niño que llevaba en su vientre. Mi escrutinio pareció incomodarla hasta tal punto de bajar la vista avergonzada. La vi llevarse la temblorosa mano a su vientre y acariciarlo, sentí un nudo en la garganta.

Este no era el reencuentro que esperaba y por supuesto no deseaba para nada incomodarla, al contrario quería verla reírse como la Momoha que recuerdo, pero tenía tantas dudas ¿se habría entregado voluntariamente a Taro o la habría forzado? ¿Era ese niño deseado? Tantas preguntas tan poco correctas que deseaba formular…

- Akane, por favor dime algo – dijo con la voz cortada.

- ¿Eres feliz con…? – no pude continuar pero dejé claras mis intenciones al desviar mis ojos hacia su vientre.

Momo-chan puso una tierna sonrisa en su rostro y acarició una vez más su abultado vientre – Lo soy, es un regalo para mí el poder ser madre.

- ¿De verdad? – pregunté de nuevo intentando buscar un ápice de mentira en ella.

Para mi sorpresa alzó su rostro muy seria, poniendo un gesto tan convincente y seguro que pude ver un leve parecido con mi señora – Akane, Taro no me ha forzado a nada, el hijo que tengo en mi vientre ha sido decisión mía.

Esas palabras me relajaron levemente y entonces la realidad me golpeó en toda la cara. Mi amiga, mi querida Momo-chan, la chica alegre y despreocupada que conocía iba a ser madre, la madre de un pequeñín o pequeñina que tendría la mayor suerte del mundo al tenerla como progenitora y al que yo ya adoraba solo por el hecho de ser el hijo de mi mejor amiga.

Las lágrimas inundaron mis ojos y me lancé a sus brazos fundiéndonos en un abrazo que tanto añoraba desde que se fue. Nos pusimos a llorar como dos niñas pequeñas y aunque su enorme barriga molestaba un poquito a la hora de fundirnos en ese abrazo no me importó. Reímos como dos niñas a la par que llorábamos sintiendo un huracán de emociones. Al separarnos levemente noté su mano limpiando mis lágrimas.

- Estas preciosa Akane-chan, eres toda una mujer.

- Lo mismo digo – coloqué mis manos en su barriga – hola, soy tu tía Akane – noté una patadita y pegué un gritito de alegría – ¡Momo-chan! ¡Me reconoció!

- Pues claro que si – rio mi amiga – Siempre le hablo de su tía Akane.

Me sentía tan dichosa, era como si volviera a ser una niña de nuevo. Pegué un pequeño saltito y volví a abrazarla pero esta vez no había lágrimas, tan solo risas.

- Estoy tan contenta de que estés aquí.

- Y yo también – habló una voz a mi espalda.

Nos giramos y la cara de Momoha volvió a deformarse en un adorable puchero al ver a mi señora parada frente a nosotras. Nodoka-sama sonrió levemente y abrió sus brazos invitando a mi amiga a acercarse, cosa que hizo veloz como un rayo. Se hundió en los brazos de mi señora como una niña llorando de alegría – No llores Momoha querida, no es bueno para el bebe.

- Pero es que estoy tan contenta de estar de nuevo en su casa.

Nodoka-sama alzó la barbilla de Momo-chan para clavar sus ojos en los de ella – Tu casa, Momoha. Esta también es tu casa.

- Señora… - una vez más berreó hundiéndose entre los brazos de mi señora quien la acunó como a una niña. Me daba tanta felicidad ser espectadora de esa escena, de ver a mi amiga de nuevo en casa ¡y con un sobrino en camino! Jamás me lo habría esperado.

Nodoka-sama se separó de Momo-chan – Creo que es mejor que vayamos a la sala para que descanses, con esa barriga debes estar agotada por el camino tan largo que has hecho.

- Sin duda – dijo Momoha mientras nos dirigíamos a la sala. De camino Momo-chan iba saludando a todos los habitantes del hogar Saotome quienes la recibían con gran cariño y deseándole lo mejor para ella y su bebe.

Una vez dentro Sayuri nos sirvió las tazas de té y Momoha dio un largo sorbo lanzando un sonidito de gusto – Por Kami, lo necesitaba.

- No deberías haber venido en tu estado – le dije mirando su vientre preocupada – podría ser peligroso para él bebe.

- Tonterías – dijo Momo-chan moviendo la mano para quitarle hierro al asunto – las mujeres toda la vida han trabajado en el campo embarazadas y no ha pasado nada – solté una risita ante su comparación – además tanto yo como mi bebé somos muy fuertes.

- Eso sin duda – sonrió Nodoka-sama tocando levemente la tripa de mi amiga.

- ¿De cuánto estas? – pregunté.

- De siete meses.

- ¿Solo? Pensé que estabas casi para parir, con se barrigón.

Momo-chan frunció levemente el ceño – Vaya gracias por llamarme gorda.

-¡Eso no es malo! – Dije intentando que no tomara a mal mi comentario – solo quiere decir que el niño es fuerte y sano.

- Sí claro – murmuró Momo-chan – intenta arreglarlo.

Sonreí ampliamente ya que sabía de sobra que Momoha no estaba enfadada conmigo. Mi señora comenzó a contarle cosas sobre embarazos de las cuales yo no entendía nada, le daba consejos y le explicó cuan doloroso es un parto pero la pena que merece ya que luego tienes a tu hijo en brazos. Escucharla hablar sobre ese momento me puso la piel de gallina y a día de hoy todavía no tengo claro si Nodoka-sama intentaba animarla o traumatizarla de por vida.

- ¿Y dónde está Sasuke? – preguntó Momo-chan un poco pálida por culpa de la charla anterior sobre como su cuerpo se partiría al salir el bebé.

Unos apresurados pasos resonaron por todo el salón haciéndonos sonreír – Creo que ahí viene – apuntó mi señora.

La puerta corredera se abrió de par en par y ante nosotras un reluciente Sasuke vestido con un kimono elegante y negro que parecía de Tomoe ya que le quedaba un poco grande hizo acto de presencia.

- Momo-chan – gritó contento Sasuke lanzándose a los brazos de mi amiga.

- ¡Sasuke-kun! ¡Que guapo estás! – le tomó el rostro examinándolo bien – Vaya, vaya seguro que tienes un montón de novias.

La cara de Sasuke se tornó de un rojo intenso – No… yo… no digas esas cosas…

Momoha soltó una carcajada y volvió a abrazarle – siempre tan tímido Sasuke.

Mi amigo se acomodó entre sus brazos pero al notar que le costaba abarcarla se separó con la ceja alzada buscando que era eso que le impedía abrazarla con comodidad. Cuando vio la barriga de Momoha, Sasuke palideció.

- Momo-chan…

- Sasuke, no te asustes – dijo Momoha acercándose a el – no es nada malo, yo estoy feliz.

El pobrecito tenía la boca abierta y temblaba como una hoja, le entendí perfectamente ya que yo también me había quedado con esa expresión al ver la sorpresa que Momoha tenía para nosotros.

- Momo-chan – repitió en un susurro – estas… ¿estas...?

- Sí, lo estoy.

Sasuke alzó sus ojillos y vi que pequeñas lagrimas se acumulaban en ellos – ¿vas a ser mama?

Momoha sonrió cálidamente acariciando el mentón de Sasuke – Así es, voy a ser mamá.

Sasuke se removió inquieto en su sitio mientras jugueteaba con sus dedos, podía notar que se encontraba incómodo, Momo-chan también lo notó por lo que tomó sus manos entre las suyas para darle un leve apretón. Sasuke dio un leve respigo – ¿Pasa algo Sasuke-kun?

Mi amigo se removió una vez más y con voz temblorosa comenzó a balbucear – Antes cuando… te… te abra… ¡te abrace! – me puso muy nerviosa verle tartamudear de nuevo de aquella forma, hacía mucho que Sasuke se comunicaba bien sin tartamudear, solo en ocasiones que se ponía nervioso y levemente, pero en ese momento apenas podía pronunciar una palabra coherente.

Miré a mi señora preocupada quien estaba igual que yo, me acerqué levemente con un vaso de té en la mano y se lo tendí mientras le sobaba la espalda – tranquilo Sasuke, no pasa nada.

Sasuke cerró los ojos varias veces y apretó el vaso entre sus manos. Me preocupé mucho porque para mí era como un hermano y verle tan asustado y pasándolo tan mal me daba mucha tristeza. Tras darle un leve sorbo al te e inhalar fuertemente por la nariz para tranquilizarse, Sasuke enfocó su mirada en la de Momo-chan – ¿Cuándo te abrace dañé al bebé?

Tanto Momo-chan como mi señora y yo sonreímos levemente con ternura. Sasuke no estaba asustado por el embarazo de mi amiga, al menos no era la causa principal de su ansiedad, su preocupación era que ante su efusividad hubiera dañado a la criatura.

Momoha tomó el rostro de Sasuke entre sus manos para tranquilizarle – por supuesto que no, además seguro que al escuchar tu voz se ha puesto muy contento, le hablo mucho de su tío Sasuke.

- ¿De verdad? – preguntó Sasuke-kun con los ojos brillantes, más un segundo después volvieron a ponerse sombríos – no era mi intención dañarle Momo-chan.

- No le has hecho ningún daño – dijo firme mi señora intentando apartar las inseguridades de mi amigo – no has hecho nada malo Sasuke, ha sido un abrazo, Momoha y él bebe están perfectamente, no te preocupes ¿verdad querida?

Momo-chan asintió un par de veces pero eso no dejó del todo satisfecho a Sasuke quien miraba preocupado el vientre de mi amiga, como si buscara algún golpe o abolladura – ¿quieres sentir al bebe? – preguntó Momo-chan.

Sasuke se atraganto con su saliva y se arrastró hasta colocarse tímidamente tras mi espalda – ¿Qué haces? – Me giré para mirarle – No pasará nada.

- Podría… podría hacerle… daño y no quiero.

- No seas bobo – dije arrastrándole de nuevo hacia Momo-chan quien se acariciaba la barriga con ternura.

- Akane tiene razón Sasuke-kun – habló mi señora – si lo haces con delicadeza no pasará nada.

Sasuke observaba la barriga de Momo-chan como si fuera un monstruo maligno que fuera a devorarlo si se acercaba. Temblaba y sudaba además de que sus facciones eran de puro terror. Bufé frustrada y sin darle tiempo a huir tomé la mano de Sasuke y la coloqué en el vientre de Momoha.

Sasuke ahogó un gritito cuando notó la tela del kimono bajo sus manos, intentó zafarse varias veces pero al intuir que yo no daría mi brazo a torcer se fue calmando, tanto el cómo su postura.

- ¿Ves? No pasa nada.

Momo-chan sonrió complacida ante la cara de mi amigo – Háblale, seguro que te contesta.

Sasuke enrojeció levemente y con la voz más suave que le hubiera escuchado jamás dijo – Ho… hola, soy Sasuke.

Nodoka-sonrió ampliamente al ver la tierna escena – Cuéntale un poco más, los bebes adoran que les hablen.

Sasuke alzó una ceja como diciendo: ¿en serio le estoy hablando a una barriga? Pero como fiel sirviente obedeció a su señora. Con la mano que le quedaba libre se rasco la pelada cabeza y una vez más habló – No sé bien… no se bien que decir pero si antes te he hecho daño… no era mi intención ¿me… me perdonas?

Un gritito de dolor de Momo-chan y uno de sorpresa de Sasuke inundaron la sala. Por lo visto él bebe había pegado una fuerte patada – ¡Él bebe se movió! – Gritó conmovida Nodoka-sama – Es un niño muy listo.

- Creo que eso es un sí Sasuke – dije dándole unas palmaditas en la espalda – te ha perdonado.

- Se movió…

- Sí, es un niño inquieto – contestó Momoha – a veces me deja dolorida.

- Eso es bueno – dijo mi señora que se había acercado para tocarle el vientre ella también – eso significa que será un bebe fuerte y espabilado.

- Se movió – repitió Sasuke una vez más causando mi risa.

- Es su forma de comunicarse con el exterior – Los ojillos de huevo de mi amigo me observaron abiertos de par en par – es su forma de decirte que está bien y que no le has hecho daño.

Sasuke esta vez colocó ambas manos en la tripa de mi amiga – Quiero… quiero que sepas que jamás permitiré que te hagan daño, ni se rían de ti.

- Eso es muy amable por tu parte Sasuke-kun – habló mi señora.

- No esperaba menos por parte de su tío favorito – dijo Momo-chan – seguro que le encantará jugar contigo.

Sasuke sonrió ampliamente y en toda la velada no separó sus manos del vientre de mi amiga y mucho menos dejó de hablarle al bebé.

- ¿Y Taro cómo está? – preguntó mi señora haciendo que tanto yo como Momo-chan nos tensáramos.

Mi amiga tomó su taza de té y se la llevó a los labios levemente, la conocía bien y sabía que aquella pregunta la había incomodado y sobretodo que no la quería responder. Su vista se perdió levemente, como si estuviera buscando entre sus recuerdos para luego soltar un rápido – bien.

Nodoka-sama me miró de reojo, ella también conocía muy bien a mi amiga y tanto ella como yo sabíamos que nos ocultaba algo, Sasuke también lo notó porque alzó la vista levemente para mirar a los ojos a Momoha, pero esta simplemente le ignoró.

Yo no iba a permitir que Momoha nos mintiera en la cara. La quería mucho, era mi mejor amiga y sabía que hablar de ello podía causarle dolor pero no podía quedarme con aquella duda, si ese idiota la estaba maltratando no podía quedar impune.

- Momo-chan – hablé seria captando su atención – No nos mientas.

- No miento – se apresuró a contestar. Nodoka-sama y yo nos miramos levemente y Momoha solo pudo rendirse. Dio un largo suspiro y por fin para mi suerte, comenzó a hablar – No es que le vea mucho, lo cual agradezco.

- ¿Pasa mucho tiempo fuera de casa? – preguntó Nodoka-sama.

- Así es, según el trabajando, pero se dé buena tinta que tiene una amante en un pueblo cerca de aquí.

Apreté los puños con rabia – ese maldito…

Momo-chan se encogió de hombros – No me importa mucho la verdad, es más se lo agradezco ya que cuanto más tiempo pasa con ella menos le veo yo.

- ¿Te trata bien? – pregunté. Momoha se quedó callada unos segundos y desvió su mirada hacia su taza de té lo que me molestó aún más que el saber que ese cerdo tenía una amante. Con la voz más dura que encontré repetí mi pregunta – ¿Te trata bien?

- A ratos – contestó tras un leve mutismo – cuando llega lo suficientemente borracho se tira en el futón y duerme hasta el día siguiente, pero si viene sereno…

- Dime que no te golpea – dijo Nodoka-sama.

- No me golpea – se apresuró a contestar Momo-chan – gracias a la madre de Taro.

- ¿¡Se ha atrevido a ponerte la mano encima!? – grité furiosa poniéndome en pie.

- No, no me malinterpretes – dijo Momoha rápidamente moviendo sus manos – Lo intentó una vez antes de quedarme embarazada pero según su madre si me golpeaba antes o durante mi embarazo podría provocar que no tuviera hijos y Taro desea enormemente un heredero.

- Osea, que no te pega porque quiere un heredero ¿pero qué pasará cuando lo tenga? ¿Vas a dejar que te acribille?

Momo-chan bajó la vista y acarició una vez más su vientre – Tengo la esperanza de que se enamore de su amante y nos deje en paz a mi niño y a mí.

- ¿¡Pero y si no pasa!? – Pregunté furiosa – ¿y si un día te golpea? ¡Juro por Kami que como eso pase y no me digas nada…!

- ¿Qué podrías hacer tu? – Preguntó con pesar mi amiga – sé que lo dices porque me quieres y quieres protegerme, pero seamos sinceros Akane, ¿Qué puede hacer una sola mujer contra un hombre? Además de uno poderoso como Taro, mi marido conoce a gente importante.

- Me da igual, como te ponga una mano encima le daré una paliza que ni su mamaíta le va a reconocer.

Sasuke asintió levemente corroborando mis palabras – Yo también le golpearé – dijo firme – no dejaré que haga daño a Momo-chan ni a mi sobrino.

- Chicos…

- Tienen razón Momoha, querida – habló esta vez mi señora muy seria – puede que el conozca a gente importante, pero un maltratador no está bien visto, ni siquiera en esta sociedad machista. Si algún día se sobrepasa, coge a tu hijo y vuelve a casa.

- Él tiene derechos sobre mí.

Nodoka-sama se quedó varios segundos en silencio y es que Momoha tenía razón, desde que había dicho que si quería casarse con Taro frente al monje, él se había convertido en su dueño y señor tanto de su persona, como de sus decisiones y su vida… ¡era tan injusto!

- No vamos a permitir que te haga daño – dije firme – somos tu familia y por muchos derechos que tenga sobre ti no voy a permitir que te dañe.

Momoha soltó un par de lágrimas que limpio con rapidez – Os lo agradezco, de corazón.

- No estás sola querida – dijo mi señora acariciando su espalda con cariño – siempre estaremos a tu lado.

Pasamos el resto de la tarde hablando sobre temas triviales y sobre mi entrenamiento, no queríamos que ese bonito día de reencuentros se viera ensuciado por la mancha de tristeza y oscuridad que provocaba Taro. Al final de la tarde, antes de que empezar a oscurecer Momoha tuvo que irse ya que Nodoka-sama no quería que se fuera de noche. Desde la casa de los Saotome a la de Momo-chan había un largo trecho y no era seguro hacer el camino una vez caída la noche, por mucha escolta que Taro le hubiera puesto a mi amiga.

Dicen que las despedidas son amargas y vaya si es verdad. Cuando nos despedimos en la puerta la abracé muy fuerte, no me quería despedir pero la promesa de volver en cuanto naciera él bebe me llenó de alegría. La próxima vez que viera a Momo-chan vendría con mi sobrino y esperaba que fuera pronto.

Mientras veía el carro de Momo-chan alejarse una nueva promesa nació en mí: iba a proteger a Momo-chan y a ese niño con mi vida si fuera necesario. Tras darle una leve mirada a Sasuke, supe que esa misma promesa se la había hecho el también.


Los meses pasaron y mi señora y yo nos encontrábamos en el dojo tras un entrenamiento exhaustivo. Desde la visita de Momoha el tiempo pasó veloz y sin apenas darme cuenta apenas quedaban un par de semanas para que mi amiga saliera de cuentas y mi precioso sobrino naciera.

Esos dos meses mi señora se encargó de enseñarme a montar a caballo. La ventaja de vivir a las afueras, alejada de la gran ciudad es que te permite tener campo de sobra para practicar con el animal. Mi señora me había regalado una hermosa yegua negra con el pelo brillante, según ella cuando el sol daba en las crines del animal el negro se tornaba en un azul oscuro – igual que tu pelo, Akane – había dicho mi señora cuando me la regalo.

La bauticé como Kaze, es decir viento. Si yo era el río y era el agua, Kaze sería el viento que le impulsa para crear grandes olas. Congeniamos pronto y yo me convertí en mejor amazona de lo que jamás creí llegar a ser. Cuando iba a Edo en caballo por algún recado las señoras se escandalizaban porque iba sentada como un hombre con las piernas abiertas, a mí me hacía bastante gracia y las ignoraba pero me convertí en la comidilla de las señoras durante una larga temporada, supongo que hasta que encontraron otra pobre victima a la que criticar.

Como dije antes me encontraba en el dojo con mi señora. Estaba recogiendo el material que Sasuke y yo habíamos utilizado mientras Nodoka-sama descansaba sentada en el suelo. Estaba leyendo la última carta de Ranma en la que comentaba que era el mejor de la clase y que nos echaba de menos.

Apenas quedaba un par de semanas para que el hijo de Momoha naciera y para que Ranma cumpliera diecisiete años ¿podría la vida sonreírme más?

- Me dice también que te diga que ojala estuvieras allí – leyó Nodoka-sama con una enorme sonrisa en la cara – Mi niño es todo un hombre.

- Lo es – murmuré levemente sonrojada al recordar la última noche que pasamos – aun no me creo que quede tan poco para su cumpleaños.

Nodoka-sama asintió levemente – Me apena no tenerle conmigo ese día pero me hace muy feliz saber que por fin podrá decidir por el mismo y al fin seréis felices.

- A mi también me hace feliz, mi señora.

Una vez recogí todo nos dirigimos hacia la casa donde Nodoka-sama le pidió a Meiko que nos preparara un té. Nos sentamos en la sala esperando a que nos sirvieran la bebida – Ay Akane – suspiró – soy tan feliz.

- ¿Y eso porque mi señora?

En ese momento mi amiga entró con las humeantes tazas y nos las sirvió. Nodoka-sama se había quedado en silencio cuando la vio entrar por lo que supuse que lo que la tenía tan contenta era algo relacionado con Ranma y conmigo. Agradecí a mi amiga con una sonrisa y desapareció tras la puerta de nuevo.

Cerciorándose de que Meiko se había alejado lo suficiente, Nodoka-sama volvió a hablar – me alegro muchísimo de que al fin la vida nos sonríe.

- ¿Qué quiere decir?

- ¿No está claro? – Preguntó – Genma está lejos de casa y no me molesta, Shampoo aún no sangra y Ranma está a punto de cumplir los diecisiete ¿no es maravillosa la vida?

- No cante victoria tan rápido señora – dije prudente – Aun queda tiempo para que Shampoo sangre.

Nodoka-sama se encogió de hombros – no creo que lo haga, ya tiene dieciséis años y una mujer con dieciséis años lleva tiempo sangrando. Está claro que tiene algún problema y que no es su destino tener hijos.

- Bueno, tampoco es para alegrarse por ello, es su ilusión en la vida – por muy mal que me cayera Shampoo jamás me alegraría de algo como eso. La meta en la vida de la china era ser esposa y madre, y si no podía tener hijos pocos hombres estarían dispuestos a casarse con ella. Solo conocía a uno y la china le repudiaba.

- No me alegro del mal ajeno – me corrigió – pero me alegra saber que si Shampoo no sangra en cuanto Ranma cumpla los diecisiete y quiera formalizar vuestra relación Genma no podrá decir nada porque Shampoo no podrá darle herederos. No será ni siquiera una opción y por eso no podrá negarse si decidís casaros.

Me quedé en silencio y me sonrojé levemente ante las últimas palabras de mi señora. El hablar de matrimonio me aceleró el corazón ya que mi señora aun no sabía que mi relación con Ranma no era solo un noviazgo escondido, sino que estábamos prometidos en matrimonio.

Mi señora me miró con la ceja alzada al observar mi nerviosismo. Me conocía bien y sabía que había algo que no le había contado – Akane ¿tienes algo que contarme?

Me atraganté con el té que estaba bebiendo. Me había pillado. La miré con gesto de preocupación temiendo que estuviera enfadada, pero lo único que vi fue el rostro de mi señora con una expresión de: empieza ya a cantar, por lo que no me quedó otra que obedecer.

- Señora, hay algo que usted no sabe y juro por mi vida y la de su hijo que no es que quisiéramos ocultárselo, solo pensamos que lo mejor era mantenerlo en secreto hasta que Ranma al fin estuviera libre de el señor Saotome.

- Al grano – me dijo seria.

Di un largo suspiro y comencé a jugar con la taza de té – Verá, antes de irse Ranma y yo nos hicimos una promesa, una promesa que espero cumplamos en cuanto pasen los cuatro años de servicio militar.

- ¿Una promesa? ¿Qué promesa? – preguntó mi señora con ansiedad. Una vez más mi nerviosismo me llevó a sonrojarme y bajé la mirada avergonzada. Parece que ese gesto fue suficiente para que mi astuta señora supiera de lo que hablaba. En un gesto de asombro se llevó las manos a la boca y dijo – Akane, no me digas que te ha pedido matrimonio.

Asentí aun sin mirarla a los ojos, temía que se enfadara por guardarle el secreto, necesitaba que entendiera que si se lo habíamos ocultado era por un bien mayor – El día antes de su partida Ranma me pidió que me casara con el cuándo finalizara el servicio militar… y le dije que sí.

Esperé un montón de gritos y amenazas por haberle ocultado algo así pero en cambio lo que recibí fue un gritito de alegría y un enorme abrazo que me dejó patidifusa – ¡Por Kami Akane, que contenta estoy!

- ¿No está enfadada por ocultárselo? – pregunté asombrada.

- Bueno me molesta un poco que no me tengáis confianza, pero sin duda esta alegría es mejor que todos los males del universo.

Sonreí levemente – esa frase no tiene sentido señora.

Nodoka-sama lanzó un sonidito y movió las manos para quitar hierro al asunto – que más dará, lo importante es que estáis prometidos.

- ¿De verdad se alegra señora?

- Por supuesto que si – la alegría en su voz era más que obvia por lo que alejé todos mis temores y me relaje completamente disfrutando yo también del momento - ya sabes que para mí eres mi nuera y mi hija.

- Usted también es como una madre señora – la abracé con alegría y fui recibida de igual forma. Esa noche mi señora pidió a las cocineras que hicieran una gran cena. Cuando Ukyo preguntó que celebrábamos Nodoka-sama se inventó que había cerrado un buen negocio con un tendero de telas en Edo. Celebramos las cuatro mujeres de la casa mi compromiso con Ranma aunque a ojos de los demás era un simple descuento de por vida en telas. Fue una cena amena para las cuatro, incluida Shampoo aunque esta se veía bastante recelosa y porque no decirlo, molesta, como si no se creyera la historia. Esa noche mi señora y yo nos fuimos a dormir con la barriga y el corazón plenos.

Al día siguiente nos encontrábamos en la mesa mi señora, Ukyo y yo. A Shampoo por lo visto se le habían pegado las sábanas y eso tenía a mi señora de muy mal humor.

- La pereza es el peor de los defectos – solía decir.

- Podemos ir empezando sin ella – protestó Ukyo – el resto tenemos hambre y si Shampoo no sabe lo que es la educación pues es su problema.

- Por primera vez estoy de acuerdo contigo Ukyo – habló Nodoka-sama consiguiendo que el pecho de la castaña se hinchara.

Mi señora dio la orden a Sayuri de que sirviera el desayuno y nos dispusimos a comer – ¿y qué sabes de tu prometido? – preguntó mi señora.

- Me dice que está muy bien pero que echa de menos esto y a sus… amigos – esto último lo escupió casi con veneno mirándome letal – pero que sobretodo me extraña a mi más que a nadie.

- es natural – respondí – eres su prometida.

- Lo soy – dijo seria – y me casaré con el cuándo vuelva.

- Me alegro mucho de que os llevéis tan bien – dijo Nodoka-sama degustando su arroz. Aunque por fuera parecía calmada sabía muy bien por lo tensos que estaban sus dedos sobre el cuenco que mi señora estaba de mal humor por la falta de educación de la china.

Sentí pena por ella ya que estaba segura de que en cuanto pusiera un pie en la sala mi señora se la comería viva, pero de una manera muy elegante, tal y como ella era. Por mi cabeza pasaron varias situaciones macabras donde Nodoka-sama colgaba a shampoo de los tobillos sobre el lago del jardín o la obligaba a ir medio desnuda a Edo y pasearse por allí. Sin poder evitarlo una sonrisa se dibujó en mi cara, sonrisa que se borró cuando la puerta de la sala se abrió de par en par.

- Señora – era Shampoo a quien se le veía muy agitada y sonriente – Shampoo tener grandes noticias.

- Espero que esas grandes noticias sean las causantes de tu falta de educación al no aparecer a desayunar cuando te toca.

A pesar del regaño la sonrisa de Shampoo no se borró de su cara lo que me hizo sospechar. Normalmente la china siempre buscaba la aprobación de mi señora y a pesar de su altanería, cada vez que Nodoka-sama la regañaba se volvía chiquitita, callaba y pedía perdón.

- Señora, ser grandes noticias – entró a la sala y mostró una carta a mi señora.

- ¿Qué es eso? – Preguntó de malas formas – ¿me estás diciendo que llegas tarde al desayuno por escribir una carta? ¿Es que no tienes tiempo más tarde?

- Ser carta muy importante, ser para prometido – ese comentario me llamó terriblemente la atención. No era raro que Shampoo escribiera cartas a Ranma, es más lo hacía a menudo a pesar de no recibir contestación alguna, lo raro era que estuviera dispuesta a llevarse un regaño por parte de Nodoka-sama solo por una misiva… allí había gato encerrado.

- ¿Y qué le cuentas en esa carta? – Preguntó Ukyo – sabes que para Nodoka-sama la puntualidad es importante, fuera lo que fuera podía esperar a después.

- Tu no entenderlo, en esta carta Shampoo contarle algo muy importante y que sellará compromiso con prometido.

- ¿A sí? – Preguntó Ukyo cruzándose de brazos – ¿y que le cuentas? ¿Qué ya tienes el traje de novia que nunca te pondrás?

Shampoo le lanzó una felina mirada que me causó escalofríos. Luego se giró hacia mi dirección y sonrió mostrando todos sus blancos y perfectos dientes – Shampoo al fin ser mujer, hoy por la mañana sangrar.

La sala se quedó en silencio unos segundos solo roto por el ruido que hizo Ukyo al atragantarse con el arroz. Lancé una mirada recelosa a mi señora la cual estaba muy quieta, apenas pestañeaba mientras escudriñaba el rostro de Shampoo la cual lucía una sonrisa de vencedora.

- Shampoo ¿es eso cierto? – preguntó mi señora.

- Así ser señora, Shampoo esta mañana al fin ser mujer.

Nodoka-sama enarcó una ceja – ¿no estarás mintiendo verdad?

- No señora, arriba Shampoo tener prueba en el futón – contestó con una gran sonrisa – ser grandes noticias ya que al fin Shampoo poder darle heredero a Ranma, ahora sí que compromiso poder formalizarse.

- Esa es decisión de Ranma – dijo muy seria mi señora – es cierto que Genma y yo hicimos el trato de que debías sangrar para convertirte en una posible opción de Ranma, pero al final el que escogerá su mujer será el.

- Ranma amarme – dijo Shampoo muy tensa. Las palabras de mi señora habían borrado momentáneamente su sonrisa pero entonces dirigió de nuevo su mirada hacia mí y volvió a poner ese gesto burlón – y cuando el elegirme marimacho saber cuál ser su lugar, siempre la sombra de Shampoo tu ser.

Ignoré el comentario dañino de la china y me dispuse a seguir mi desayuno. No me creía que Shampoo hubiera sangrado y en caso de que verdaderamente lo hubiera hecho poco me importaba porque yo sabía que Ranma me amaba a mí y que jamás las escogería a ella. Shampoo no era una rival para mí.

- Lo que tú digas – contesté simplemente.

El que la ignorara completamente pareció molestarle pero no dijo más, pidiendo permiso salió de la sala supongo que dispuesta a ir rumbo a Edo para mandar la carta. Pasamos el resto del desayuno en silencio ya que la noticia nos había impactado de manera diferente a cada una: Ukyo parecía sorprendida, Nodoka-sama un poco recelosa y yo simplemente pensaba que Shampoo era una necia que no veía más allá de su propia nariz.

Al terminar el desayuno Nodoka-sama se levantó rápida y salió corriendo hacia el cuarto de la china. La seguí de cerca y cuando llegamos a la habitación de Shampoo un fuerte olor a melocotón me golpeó la nariz. El cuarto de la china era una mezcla entre el caos y lo femenino.

- Muchacha desordenada – murmuró Nodoka-sama al ver la pila de productos y adornos para el pelo desperdigados sin cuidado en una pequeña mesa de madera.

- Luego soy yo la torpe – dije cuando me di cuenta de lo mal doblado que estaba el yukata dentro del armario empotrado, era como si lo hubiera doblado un niño.

- No me importa si su cuarto es una pocilga – habló duramente mi señora acercándose al desordenado futón que había en mitad del cuarto – quiero saber si nos ha mentido.

- Si lo ha dejado sin recoger posiblemente sea cierto – dije mirando las joyas que tenía esparcidas por el suelo – es su forma de presumir su victoria.

Nodoka-sama tomó el edredón del futón y tiró de el para destapar una pequeña pero brillante mancha de color rojo. No estaba del todo seca por lo que era fresca, pero me llamó la atención el tamaño que tenía. Recuerdo la primera vez que sangré, lo que me asuste ante la mancha tan enorme que dejé en mi cama, al lado de esa yo me había desangrado.

- ¿No es muy poca sangre? – pregunté.

- Quisiera pensar lo mismo – hablo mi señora lanzando con rabia el edredón – pero supongo que su cuerpo es diferente, si tardó tanto en sangrar quizás su cuerpo no tenga mucho que ofrecer cada mes y apenas manche.

Mi señora se veía contrariada, estaba tensa y la mandíbula le temblaba mientras observaba aquel pequeño círculo de sangre, lo miraba con ira como si esa mancha fuera su peor enemigo

– No se preocupe señora – intenté calmarla, a mí me preocupaba muy poco si Shampoo sangraba una gota o como una fuente, estaba segura de que eso no cambiaría nada, que Ranma me elegiría a mí – sé que a Ranma le dará igual lo que diga esa carta y sobre todo lo que diga el hombre panda.

Nodoka-sama se quedó pensativa con su mirada algo perdida, miraba en mi dirección pero sus ojos no enfocaban, como si estuviera perdida en sus pensamientos. Sabía que mi señora temía que Genma Saotome intentara engañar a su hijo o que le comiera la cabeza para que eligiera a Shampoo antes que a mí como esposa. Sabía bien el interés que tenía el hombre panda de que eso sucediera pero también sabía que Ranma me amaba tanto como yo a él y que jamás le obedecería si le obliga a casarse con ella.

- Tienes razón – susurró Nodoka-sama segundos después – perdóname querida, se que los sentimientos de mi hijo son verdaderos, pero esta situación me ha descolocado un poco… jamás creí que esto fuera a pasar.

- No se preocupe señora – dije quitándole hierro el asunto – ayer lo hablamos, dentro de unas semanas Ranma cumplirá los diecisiete y será libre de elegir sin que Genma Saotome ponga pega alguna. Todo saldrá bien.

- Lo se querida – dijo Nodoka-sama tomando mi mano y dándole un fuerte apretón – ahora vamos abajo, tenemos trabajo que hacer.

El resto del día paso tranquilo, bueno, en cierta medida. Cuando Shampoo llegó de la ciudad se dedicó toda la tarde a molestarme pero como no le hacía el menor caso a sus burlas e insinuaciones se dio por vencida y se encerró en su cuarto, supongo que a venerar esa mancha como si fuera una deidad, y es que en cierta parte esa pequeña mancha que para mí era indiferente y minúscula significaban el mundo entero para Shampoo. Yo solo espero que hubiera tirado el futón a lavar esa noche…

Pasaron los días y una mañana en la que me encontraba entrenando con mi señora en el dojo un ahogado Sasuke llegó con una carta en la mano.

- ¡Onee-chan! ¡Señora! – Gritaba como un loco y movía el papel con rapidez ante mi cara – ¡Onee-chan!

- ¿Qué pasa Sasuke? ¿Qué es eso? – pregunté asustada. Estaba muy rojo, sudaba copiosamente y respiraba con dificultad.

Nodoka-sama le tendió una cantimplora con agua – Tranquilo muchacho, dinos que pasa.

Sasuke inhalo y exhalo un par de veces aire y me tendió la carta mientras se desplomaba en el suelo agotado – Momo-chan… él bebe.

- ¿¡Que ha pasado con Momo-chan!? – con fuerza rompí el sello de la carta y me dispuse a leerla. Mi corazón iba a mil por hora, temía que les hubiera pasado algo o que el cerdo de Taro hubiera hecho algo malo y estuvieran en peligro.

Leí las líneas, era una carta corta y clara que me paró el corazón. No podía ser posible…

- Akane ¿Qué pasa? – preguntó mi señora asustada.

- Momo-chan…

Nodoka-sama me sacudió el hombro con desesperación – ¿Qué le pasa a Momoha? ¡Contesta Akane!

Con ese profundo grito salí de mi estupor y comencé a sonreír como una loca mientras daba saltitos sobre mi misma. Sasuke y mi señora me miraron como si me hubiera vuelto loca de remate pero mi felicidad tenía una razón y no podía esperar más para comunicarles la buena nueva.

- Señora… Momo-chan esta de parto.

Los ojos de Nodoka-sama se abrieron de par en par y una enorme sonrisa se formó en su rostro – oh querida, eso es magnífico.

Asentí varias veces releyendo de nuevo la nota: La señorita Momoha está de parto, mi señora quiere comunicarles la buena nueva y espera verlas pronto.

La firmaba la criada de Momo-chan, una tal Uzumi que según mi amiga se parecía a mí. Algo dentro de mí me alertó, era como una especie de sexto sentido, una vocecita que me decía que debía ir con ella para estar a su lado, que estaba sola…

Una angustia creció en mi pecho al imaginar a mi amiga sola con la criada y la matrona, no podía permitir eso, Momo-chan debería estar rodeada de gente que la quisiera y yo no me iba a quedar en casa a esperar nuevas noticias.

- Me voy – dije firme saliendo del Dojo para buscar a Kaze.

- ¡Akane! – me llamó mi señora saliendo tras de mi – ¿A dónde vas?

- Me voy con ella – dije entrando a una pequeña caballeriza que había en la parte posterior del dojo donde mi preciosa yegua me esperaba impaciente, como si notara que algo en mi andaba mal y quisiera ayudarme – tengo un mal presentimiento, algo me dice que debo ir con ella.

Nodoka-sama me observo montar a Kaze con gesto de pánico – ¿estas segura? Akane, la casa de Momoha está lejos ¡no puedes ir tu sola!

- Tranquila señora, se defenderme – afirmé segura – además no puedo dejarla a su suerte, es mi amiga, es mi familia.

Ante mis palabras mi señora cesó sus intentos de frenarme. Puso una pequeña sonrisa en la cara y se apartó de Kaze – Está bien, ve.

- Entiéndalo señora yo…

- No te estoy reprendiendo Akane, te estoy dando permiso. Momoha es parte de nuestra familia y en nuestra familia jamás nos abandonamos. Si sales ya con un poco de suerte el niño no habrá nacido.

- Eso espero señora – dije impaciente. Cuando Nodoka-sama dio un paso atrás azucé las riendas de Kaze que relinchó y salió al galope. Me llevaría un tiempo llegar a casa de mi amiga pero debía hacerlo, no podría perdonarme no estar con ella en un momento tan importante.

Para mi suerte Kaze era una yegua veloz, cada vez que la azuzaba aumentaba su rapidez y cuando pasaba por alguna granja escuchaba los grititos de los niños llamando a su madre porque una mujer loca a caballo pasó a su lado como una flecha.

Tuve que parar a descansar ya que aunque quisiera con locura a mi amiga, tampoco quería que Kaze sufriera algún daño, por lo que tras dejarla descansar y que bebiera en un riachuelo volví a ponerme en marcha. Pasé por distintos tipos de zonas, desde los cultivos de las granjas, hasta los descampados y praderas perfectos para hacer un picnic. Era casi la hora de comer cuando divisé a lo lejos un pequeño pueblo. Agité con fuerza las riendas de Kaze y aceleré el paso entrando en el pueblo asustando a un par de personas que caminaban por allí.

Los habitantes me miraban extrañados y cuchicheaban entre sí, supongo que no todos los días se ve a una mujer en Hakama montando una yegua como si fuera un hombre.

- ¿Qué la trae por nuestro pueblo? – preguntó un muchacho alto y de tez clara.

- Busco la casa de Taro y su esposa Momoha ¿los conocen?

- Está al final – me contestó serio – ¿Por qué los buscas?

- Soy una amiga de la señora Momoha y me han dicho que estaba de parto, vengo cabalgando desde Edo porque quiero estar a su lado en un momento tan importante como la llegada de su heredero.

- Eso es de admirar – habló el hombre – siga por aquí recto y cuando llegue al templo a la derecha, verá la casa a lo lejos.

Agradecí dando un leve movimiento de cabeza e hice a Kaze avanzar dejando tras de mí una pequeña multitud que me observaba fijamente. Tiempo después Momo-chan me confesaría que en su pueblo se me conocería como la Honne-ona de fiera mirada. No sé si sentirme halagada o enfadarme.

Tras seguir las indicaciones del muchacho llegué a la casa de Momoha, no me costó encontrarle ya que era un pueblecito pequeño y pintoresco. No entendía como un hombre con el dinero y poder que poseía Taro viviera en un sitio así, tan humilde y lejos del lujo y la lujuria de la gran ciudad que a el tanto le gustaban.

Cuando llegué a la puerta me recibió una anciana que me recordó terriblemente a Yuna, la vieja pasa que trabajaba en casa de los Saotome cuando llegué, con la gran diferencia de que esta tenía un rostro más amigable.

- Disculpe – dije llamando su atención – soy Akane, la amiga de…

- ¡Por Kami! ¡Eres tú! – Gritó la señora con una chillona voz que me taladró el oído – Ven, ven, la señora se pondrá muy contenta la pobre lleva muchas horas de parto, ese pequeño se niega a salir.

Tomándome de la mano me arrastro dentro de la casa. No era muy grande pero tampoco era pequeña, parecía cómoda, sin duda un buen lugar para vivir. Me arrastró por un pasillo largo decorado con gusto y al pasar por una puerta pude ver a una muchacha de pelo largo y negro hirviendo agua, esa debía ser Uzumi.

Giró un momento y escuché un grito desgarrador, era Momo-chan – queda poco ya para que nazca señora, ha llegado en el momento justo – habló la vieja parándose frente a una puerta cerrada desde donde se oían los gritos – voy a avisar de que está aquí.

- Gracias – la vieja abrió la puerta y la cerró tras de sí dejándome sola. Me dediqué a observar todo a mí alrededor. A diferencia de la casa de los Saotome esta era de una planta pero no era una casa de pobres ni mucho menos, era amplia y sus pasillos se cruzaban entre ellos como laberintos. Estaba pintada en color crema y madera y la decoración era muy tradicional. Sin duda obra de los padres de Taro, que por cierto ¿Dónde estaría? Debería estar allí esperando la llegada de su hijo ¿estaba quizás en una de las tantas habitaciones que habrá en la casa? ¿Estará emborrachándose en algún burdel? Ese pensamiento me hizo enfurecer pero otro desgarrador grito de Momo-chan me sacó de mis cavilaciones.

Mi amiga estaba sufriendo, sus gritos de dolor eran como puñales y aunque según la charla de mi señora era un dolor precioso, para mi Momoha gritaba como si la estuvieran partiendo en dos. La puerta se abrió y salió otra mujer, está más regordeta con una palangana con trapos llenos de sangre.

- Disculpe – dijo simplemente esquivándome.

¿Qué tanto le decía esa vieja a Momo-chan? Ya debería estar dentro con ella, sujetando su mano mientras ella se esforzaba por traer a su hijo al mundo. Me empecé a poner nerviosa y me puse a caminar en círculos. Otro grito, esta vez mas fuerte me asustó de verdad. No podía aguantar más esta espera, iba a entrar como que me llamaba Akane Tendo.

Avancé hasta la puerta dispuesta a abrirla cuando un carraspeó tímido me hizo voltear. Frente a mí se encontraba la chica de la cocina con una humeante olla de agua caliente. Era bajita y delgada con el pelo negro suelto y desordenado, sus ojos marrones miraban al suelo – Disculpe pero debo pasar la señora Momoha necesita esto.

- ¿Eres Uzumi? – pregunté.

La chica asintió varias veces aun sin mirarme – Disculpe pero ¿Quién es usted?

- Soy Akane, una amiga de Momo-chan.

Esa simple frase fue el detonante para que la muchacha me mirara con fuego en la mirada. Di un paso hacia atrás temiendo que me lanzara el agua hirviendo a la cara ¿Qué había dicho para molestarla tanto?

- La SEÑORA Momoha está de parto – el énfasis que hizo en la palabra señora fue claramente una advertencia de que no le gustaba nada la forma tan amigable que había utilizado con Momo-chan.

- Sí lo sé, me envió una carta – dije sacando del Hakama la arrugada nota mostrándosela – quise estar con ella, es un momento importante y no quería que estuviera sola.

- No está sola – me cortó – me tiene a mí y a la señora Ashikawa.

Alcé una ceja ante las duras y serias palabras de la chica. Sin duda le caía mal. Quise quitar hierro al asunto ya que en cierta parte era entendible su enfado, si en algún momento una muchacha de mi edad llega a casa y tratara a mi señora con tanta familiaridad yo también me molestaría.

Le di una sonrisa para que entendiera que venía en son de paz y que no quería quitarle su sitio – Es cierto, perdona. Me he expresado mal – lejos de tranquilizarla la chica frunció más el ceño – sé que está en buenas manos, me habla mucho de ti pero…

Un grito nos hizo pegar un bote y Uzumi se apresuró a entrar empujándome con el codo, no sin antes decir – No necesitamos más ayuda, gracias.

Me cerró la puerta en la cara y todas mis buenas intenciones se fueron al garete. Fruncí el ceño molesta y lleve mis puños a las caderas, esa niña no tenía ni idea de con quien se metía. Claro que entendía que quisiera a Momo-chan pero no podía tratarme así, ¡yo también era su amiga y a mí nadie me dejaba plantada en la puerta como a un predicador no deseado!

Di una leve patada al suelo y abrí la puerta de par en par justo cuando un potente grito salía de la garganta de mi amiga. Casi me desmayo ante la visión de mi amiga con las piernas abiertas, sudorosa y cansada.

- ¡¿Qué haces aquí?! – me recriminó la muchacha que le tomaba la mano a su señora. Se levantó dispuesta a echarme – ¡Fuera de aquí!

Si esa chica quería pelea la tendría, ella no era nadie para expulsarme de allí, ya que, aunque suene mal que lo diga yo, ella era una simple criada que no pintaba nada. Permanecí impasible mientras se acercaba a mí pero un suave murmullo la frenó en seco.

- Akane-chan, estás aquí de verdad – Momoha sonreía complacida a pesar de que su rostro estaba cubierto de lágrimas.

- Claro que si Momo-chan – aparté levemente a Uzumi y me acerqué a ella quien estiró su mano para que la cogiera – ¿Qué amiga sería si te dejo pasar por esto sola?

Momo-chan soltó una débil risa y miró a la anciana que me recibió – No me mentías Ashikawa, de verdad estaba aquí.

La viejita puso una dulce sonrisa en el rostro – se lo dije señora, la vieja Ashikawa nunca miente – luego me dirigió una mirada de disculpa – no pude salir antes ya que debía ayudarla a empujar.

Negué varias veces con una sonrisa – No importa – luego dirigí una leve mirada a Uzumi quien me miraba con rabia, como si quisiera separarme la cabeza del cuello para siempre, pero no me iba a dejar amedrentar. Le devolví la mirada y apreté con fuerza la mano de mi amiga que había vuelto a empujar – tu puedes Momo-chan.

- Señora – dijo Uzumi acercándose a ella también – si necesita que la ayude en algo más, si quiere que la sostenga…

Momo-chan negó con la cabeza y volvió a gritar mientras seguía las directrices de la matrona que le ordenaba apretar. Buscó mis ojos y entre leves sollozos dijo:

- Nodoka-sama miente, este no es un dolor precioso, es un dolor horrible – este comentario me hizo soltar una carcajada y besar su mano dándole apoyo.

- Tu puedes Momo-chan, esto nos nada para ti.

- No puedo, no puedo más – lloraba Momoha agotada – sacadme esta cosa de dentro por Kami.

- Otro empujón más señora – alentó la matrona, ya casi está.

Momo-chan pegó un grito y apretó fuerte alzando la cadera. Yo grité con ella porque me apretó la mano con tal fuerza que temí que me la rompiera. Uzumi me miraba con odio, Momoha con dolor, la vieja Ashikawa con burla y yo no sabía a donde mirar sin marearme.

- Un poco más, está casi fuera.

- No puedo – sollozó Momoha.

- Señora es usted muy fuerte – habló Uzumi acariciando su pelo – Y estoy con usted, no se preocupe un empujón más y estará fuera.

- Akane – me llamó Momo-chan ignorando a la pobre Uzumi – gracias por estar conmigo, te necesitaba.

Le di una sonrisa a mi amiga y una vez más besé su mano – Eres mi mejor amiga Momo-chan y ese niño es mi sobrino, tu puedes, un último empujón y ya estará con nosotros.

- Prométeme que será solo uno – sollozó.

- Lo juro Momo-chan, un último esfuerzo, venga.

Momoha asintió varias veces y cogió aire fuertemente para luego dar un empujón junto con un grito que parecía salido del infierno, un grito que se mezcló con un llanto tan dulce que sentí mi corazón pararse.

- Es una niña – dijo la matrona mostrándonos a un rosado e hinchado bebe que lloraba como si no hubiera un mañana.

- Una niña… tengo una hija – Momoha alargó sus brazos hasta la matrona para que esta le pasara a su bebe. Una vez lo hizo se la colocó en el pecho para que escuchara su corazón – Akane mira, tengo una niña.

- Es preciosa Momo-chan.

Mi amiga sonrió y tocó con cuidado la viscosa cabecita de la niña. Luego miró a la pobre Uzumi quien tenía sobre si un aura de tristeza – Uzumi mira, ¿nos bonita?

- Es preciosa señora – dijo la chica recobrando un poco la alegría – seguro que es tan fuerte como usted.

- Debemos lavarla un poco señora – dijo la señora Ashikawa. Momoha asintió y se la dio a la vieja para que la lavara bien. La matrona inspeccionó y curo a mi amiga mientras le daba varios consejos además de que le explicaba que debía llevar la cuarentena a rajatabla.

Mientras Uzumi y yo nos mirábamos retadoras, yo no le gustaba a ella y ella cada vez me gustaba menos a mí. Al principio me había parecido una chica tímida e incluso agradable pero había sido nombrar a Momo-chan y se había convertido en un Onni salvaje… puede que Momo-chan tuviera razón y se pareciera un poco a mí.

- Creo que ya puede irse – habló Uzumi – ya ve que está bien, ahora yo me encargaré de cuidarla. No debe regresar a su casa tarde el camino es peligroso.

- No gracias, estoy bien.

Uzumi arrugó el entrecejo – Insisto el camino puede estar lleno de bandidos y…

- Se defenderme sola, gracias por tu preocupación.

- Chicas – dijo Momo-chan débilmente – no os peleéis.

- No nos peleamos señora, estaba diciéndole que mejor se iba, el camino es peligroso para que una mujer indefensa vague sola.

Mi amiga soltó una risita – Uzumi querida, Akane es de todo menos una mujer indefensa – en se momento la señora Ashikawa llegó con la niña limpia y envuelta en una manta, se la tendió a Momo-chan que la tomó con cuidado – solo espero que mi niña se parezca un poco a su tía.

- ¿Y cómo la vas a llamar? – pregunté impaciente, quería saber el nombre tendría mi preciosa sobrina.

- Me parece que Sakura es un nombre ideal, señora – dijo Uzumi con una sonrisa – es tan bonita como la flor del cerezo.

Momo-chan me miró con los ojos brillantes y para mi sorpresa y felicidad dijo – Akane, se llamará Akane. Como su tía.

- ¿De verdad? – pregunté sin creérmelo. Que esa pequeña y hermosa criatura llevara mi nombre me llenaba de dicha.

- Pero señora, no creo que sea apropiado… además, ella no es su verdadera tía – dijo Uzumi con pesar – usted no tiene hermanas.

- He criado prácticamente a Akane y ahora quiero que sea ella la que en caso de que me pase algo cuide de mi hija.

- No necesita que nadie la cuide por usted – habló la muchacha molesta – yo daría mi vida por usted y por ella.

- Lo se querida y te lo agradezco pero… me gustaría que Akane fuera la madrina oficial de mi hija y que me diera el permiso de honrarla poniéndole su nombre – el corazón me iba a mil y las lágrimas se acumulaban en mis ojos ¿me estaba pidiendo permiso? ¿En serio? Que mujer más boba, debía de saber ya que el honor de que ese ser tan perfecto sea mi ahijada y de que además llevara mi nombre era mío.

- Momo-chan, no seas boba – dije quitando una lagrima de mi rostro – por supuesto que acepto ser la madrina de esta preciosidad.

Mi amiga sonrió ampliamente a diferencia de Uzumi quien frunció aún más el ceño – ¿quieres cargarla?

Asentí con rapidez y tomé con cuidado la niña en brazos notando lo blandita y pequeña que era. Soltaba un calorcito especial, un calorcito que me llenó el pecho y el corazón, a mi nunca me habían llamado la atención los niños antes, pero fue tomar a mi ahijada en mis brazos y notar un sentimiento de protección nacer desde lo mas hondo de mis entrañas. Puse una sonrisa cuando abrió sus pequeños ojitos, eran de color verde como los de su padre pero sin duda se parecía a Momo-chan. Me derretí al verla bostezar y tomé su manita entre mis dedos – Hola pequeña Akane.

La niña me miró como si hubiera reconocido mi voz – Hola bonita, soy tu tía. Ya verás cuando Nodoka-sama te vea, te va a mimar como la princesa que eres.

- Seguro que Nodoka-sama querrá consentirla mucho.

Asentí varias veces – porque se lo merece, pero no solo Nodoka-sama la consentirá, también su madrina y el tío Sasuke. Pasarás los veranos con nosotros y te enseñaré a montar a caballo, pero no como una señorita sino como toda una guerrera, porque seguro que serás muy fuerte.

- Espero que se parezca a ti – dijo Momo-chan – que sea tan fuerte y tan valiente como tú.

Negué con la cabeza – espero que no tenga mi genio y que sea un poco más femenina pero sin duda será buena persona, tendrá un corazón de oro.

La niña puso un puchero en la cara y comenzó a sollozar asustándome un poco. Uzumi se llevó las manos a la cabeza e intentó arrebatarme a la niña de los brazos – ¡Cuidado! ¡Le has hecho daño!

- No digas tonterías – le riñó Momo-chan – es posible que tenga hambre.

- No tiene pinta de que sepa cuidar bebes – bufó Uzumi algo molesta.

Momoha tomó a su hija en sus brazos y comenzó a alimentarla – De eso estoy segura pero no temas Uzumi, con Akane cerca ni a mi niña ni a mi nos pasará nada.

- Siento estar tan paranoica señora, pero es que no la conozco y no sé si puedo fiarme de un desconocido.

Fruncí el ceño y me crucé de brazos ¿Quién se creía esa muchacha que era? Valoraba muchísimo su amor y preocupación por mi amiga y mi ahijada, pero ella no era nadie para tomarme por una intrusa en la vida de mi amiga y menos una desconocida ya que si nos ponemos a pensar yo tengo más derecho a estar allí a su lado que ella.

Estaba dispuesta a ponerla en su lugar cuando la seria voz de Momoha se hizo presente – Uzumi, escúchame y escúchame bien. Aprecio tu fidelidad y tu cariño, pero jamás vuelvas a tratar a Akane como a una invitada no deseada, ella es mi mejor amiga y tiene todo el derecho de estar aquí como tú. Le debo mucho y ella a mí también, llevo años a su lado y como te dije antes prácticamente la crie, así que te pido por favor que le muestres el respeto que merece como mi amiga y madrina de mi hija.

- Sí señora, lo siento señora – Uzumi dio una profunda inclinación a modo de disculpa, las palabras y el duro tono de mi amiga le habían dolido de verdad, podía verlo en su apenado rostro, el mismo que ponía yo cuando mi señora me regañaba – Señorita Akane siento mucho si la he molestado con mis palabras, no volverá a pasar.

- No importa – dije restándole importancia – entiendo tu proceder, yo también soy muy territorial con la gente que me importa, sobre todo con mi señora y Momo-chan.

La chica asintió sonrojada pero no dijo nada más, simplemente se colocó al lado de mi amiga y no se movió de allí el resto del día. En un momento en el que tanto Momo-chan como la niña se habían dormido escribí una rápida carta a Nodoka-sama para decirle que esa noche la pasaría allí velando por mi amiga.

Sabía que estaba en buenas manos pues Uzumi se desvelaba por ella, pero quería estar a su lado y al lado de la niña un poco mas. Entré en la habitación viendo a ambas dormitar tranquilas y di un largo suspiro. La señora Ashikawa me tendió un té y luego hizo lo mismo con Uzumi.

- Me alegro de que se quede con nosotras esta noche – dijo la vieja – mi señora habla mucho de usted y tenía gana de conocerla.

Le regalé una sonrisa amable, la mujer se parecía a la antipática de Yuna solo en lo físico, en su personalidad era un ser bondadoso que emanaba luz. Me caía bien – Lo mismo digo, en sus cartas siempre me cuenta que gracias a vosotras no se siente tan sola.

- Es una gran mujer – murmuro Uzumi sin quitarle los ojos de encima.

- Lo es – afirmé bebiendo un poco, a pesar de ser la casa de Taro aquellas cuatro paredes me daban paz… entonces caí en la cuenta de algo ¿Dónde estaba Taro? Seguro que no le hacía gracia que pasara la noche allí – ¿Dónde está vuestro señor?

La viejecita trastabilló un momento y Uzumi se puso muy tensa, allí pasaba algo y me lo iban a contar como que me llamaba Akane Tendo, aprovecharía que Momo-chan dormía para sacar la información que ella no me daría.

- ¿Qué pasa con Taro? ¿Dónde está ese malnacido? ¿Por qué no ha venido a conocer a su hija?

Las vi mandarse rápidas miradas entre ellas, en una muda conversación, buscando algún argumento creíble para contarme pero no les iba a funcionar, les sacaría lo que quería saber. ¿Cómo era posible que no me hubiera dado cuenta antes? ¿Dónde diablos estaba ese idiota? ¡Debería estar con su mujer y su hija!

- Os he hecho una pregunta – dije con una voz tan fría que mi señora se habría enorgullecido – y no me mintáis.

- Vera… nosotras no debemos inmiscuirnos en la vida del señor – habló con voz temblorosa la vieja.

- Es vuestro deber proteger a Momo-chan y a la niña y el deber de su padre es conocerla.

- El señor no pasa mucho tiempo en casa – dijo Uzumi con el ceño fruncido – es más, lleva dos días sin aparecer por casa a pesar de mandarle múltiples cartas de que la señora se pondría pronto de parto.

- ¡Uzumi! – la riñó la señora.

- No, ha hecho bien en contármelo.

- No es de nuestra incumbencia.

Uzumi apretó fuertemente la taza entre sus manos y miró a Momo-chan y a la niña con dolor – Si es nuestro deber, el señor solo sabe humillar a la señora y ni siquiera está aquí en el nacimiento de su hija – soltó un ligero sollozo y limpio una solitaria lagrima que se había escapado de sus ojos – Por Kami, a saber cómo se pondrá cuando descubra que es una niña.

- Quería un niño a como diera lugar ¿verdad? – ante mi pregunta las mujeres asintieron con pesar, como si sufrieran con solo pensar que Taro volviera a casa.

Viendo sus reacciones estaba segura de que Momo-chan me había mentido, seguro que ese cerdo la maltrataba pero no quería decirme nada para que no fuera a reclamarle… ¡estúpida Momoha, siempre pensando en los demás antes que en ella!

- Le mataré – dije con fiereza asustando a las mujeres – ¡Como se atreva a ponerle la mano encima a Momo-chan o a la niña le mataré!

- Es un hombre poderoso – dijo con pesar la señora Ashikawa.

- Me importa muy poco – la corté – Escuchadme, Momo-chan nunca me contará lo que le pasa porque tiene miedo que enfrente a su marido, no sería la primera vez que lo hago – los ojos de las mujeres me miraban con asombro e incluso en los ojos de la joven Uzumi pude ver un brillo de admiración que me hinchó el pecho – a partir de hoy vosotras seréis mis ojos y oídos en esta casa. Cualquier atentado contra la integridad física de mi amiga o de mi ahijada se me hará saber ¿Entendido?

Las vi dudar un momento, bajando sus miradas y jugando nerviosamente con los dedos. Era entendible ya que prácticamente les estaba pidiendo que espiaran a sus señores, no debía ser fácil.

- Esto quedará entre nosotras, nadie más lo sabrá – dije en un intento de ganarme su confianza.

La vieja Ashikawa miró a Uzumi con duda, estaba segura de que acabarían aceptando, sobretodo la más joven. A leguas podía verse la predilección que le tenía a Momo-chan.

- Está bien – contestó seria – yo acepto.

Le regalé una sonrisa de agradecimiento pero solo recibí un bufido, como si me amenazara sin palabras. Ese bufido fue una clara advertencia de que no tenía su simpatía y que lo hacía por Momo-chan. Luego giré mi rostro hacia la señora Ashikawa quien aún parecía dudar pero tras una mirada hacia su señora dio un largo suspiro y asintió.

El resto de la noche la pasamos prácticamente en vela cuidando a Momoha y a la pequeña Akane. Dentro de mí una llama de odio se había encendido, un odio dirigido hacia el mal nacido de Taro, un odio que solo se incrementó al día siguiente cuando tuve que volver a casa.

Me despedí de mi amiga y de la niña y partí rumbo al hogar de los Saotome, pero a medio camino una nueva intuición se hizo presente en mí, debía ir a Edo antes de pasar por casa. Azuzando a Kaze pasé de largo la casa de los Saotome y me dirigí a Edo. Era como si el viento me indicara la dirección que debía seguir.

Una vez en la ciudad dejé a Kaze atada en un poste al lado de un abrevadero para que descansara y bebiera y me dirigí al barrio rojo de la ciudad. Pasé por las callejuelas de Edo, pasando una zona de restaurantes y giré a la derecha para colarme por unas calles más pequeñas, oscuras y sucias.

A diferencia del centro de la ciudad, la zona en la que estaba era muy solitaria, salvo por las risas y gritos que salían de los diferentes burdeles de la ciudad. Caminé rápidamente por la estrecha calle siendo observada por varias mujeres sentadas en una banqueta a la puerta de las casas que funcionaban como prostíbulos, algunas fumando en una larga pipa y otras contando monedas.

No sabía a donde me dirigía ni que hacía allí, solo me dejaba guiar por mi instinto, un instinto que me decía que siguiera caminando. Un par de muchachos vestidos de soldado me lanzaron un par de improperios pero los ignoré olímpicamente.

Pasé al lado de una niña de no más de quince años que se despedía de un viejo sesentón con una reverencia. Sentí mi estómago estrujarse pero no debía parar, debía seguir caminando. En medio de un cruce me quedé pensativa, ¿hacia dónde ir? ¿Qué hacer? Sentía las miradas de los dueños de los burdeles en mi espalda, posiblemente pensando que una de dos: era una esposa celosa buscando a mi marido o que sería un buen objeto para comercializar, ¡como alguien se me acercara le dejaría hecho una piltrafa!

Miré a todos los lados, buscando algún motivo por el que había ido hasta allí, pero no encontré nada, solo silencio como era natural, a esas horas de la mañana el barrio rojo no estaba concurrido.

Me sentí una tonta y lancé un suspiro para luego girarme y volver sobre mis pasos pero una conocida risa llego hasta mis oídos y me erizo la piel. Giré el cuello tan rápido que incluso me hice daño, buscando como un cazador a su presa.

Y la vi. A lo lejos saliendo de un asqueroso burdel barato y acompañado de dos jovencitas morenas a medio vestir se encontraba el ser que más odiaba en ese momento en el mundo. Avancé rápidamente con los puños apretados dispuesta a darle una paliza de muerte a aquel desgraciado.

Le vi juguetear con el pelo de una de las prostitutas y estas reían tontamente como colegialas enamoradas. Sentí unas terribles ganas de estrangularle, su mujer estaba de parto y él se gastaba el dinero en bebida y jovencitas de mala fama ¡no se lo iba a permitir! Cuando estuve a un par de pasos y las jovencitas estaban a punto de volver a meterle en el burdel grité ese nombre que tanto me resquemaba en la garganta.

- ¡Taro! – las jovencitas dieron un grito y le soltaron como si quemara entrando de nuevo dentro del burdel, supongo que temerían que fuera la esposa de ese mal nacido.

La sonrisa que puso en su asquerosa cara me crispó aún más los nervios. Cuando estuve justo frente a el estiró los brazos y se inclinó hacia delante con galantería.

- Akane, querida princesa que sorpresa verte por aquí.

- Eres un cerdo – espeté.

Mi comentario pareció hacerle gracia porque soltó una carcajada para luego llevarse la mano al pecho de forma teatral – No me digas eso, me duele el corazón.

- Tú no tienes corazón – le recriminé. Verle allí, con esas jovencitas que apenas se habían desarrollado mientras Momo-chan y su hija estaban en casa solas colmó mi paciencia. Con toda la fuerza que pude reunir le di un empujón que le hizo trastabillar – ¡eres un sinvergüenza!

- Gracias – contestó aumentando su pedante sonrisa.

- ¿Es que no sabes que tu mujer acaba de tener a tu hija? – escupí con rabia.

- Pues claro que lo sé – dijo sacando de su kimono un papel – una niña, Akane ¿verdad? Según pone aquí tu estuviste presente, que gran amiga.

Apreté los puños ante el tono de voz que usaba, como si no le importara el bienestar de ninguna de las dos, como si no le importaba si vivían o morían. No pude evitar que mis instintos me guiaran y tomándole del cuello del kimono lo acerqué a mí con rabia – Eres un maldito animal ¿¡es que no te importa ni siquiera un poco tu hija!? ¿Sabes cómo tiene los ojos? ¿O a quien se parece? ¿Te importa eso acaso? – Ante su silencio mi enfado creció aún más por lo que comencé a zarandearlo – ¡Contéstame mal nacido!

Taro puso una felina sonrisa y sus ojos brillaron, antes de que me diera cuenta tomó mi nuca con fuerza y me acercó a su cara intentando besarme pero me revolví furiosa alejándole de mí. De nuevo intentó acercarse y besarme pero antes de que me pusiera la mano encima le di un puñetazo en la cara que le desestabilizo para luego propinarle una patada en el estómago que le dejo doblado de rodillas.

Le escuché toser pero no me apiadé de él, con rabia me acerqué y tomándole del pelo estiré su cabeza hacia arriba para que clavara sus ojos en los míos y con una voz de ultratumba dije – No te acerques a mí, me das asco, como te atrevas de nuevo a intentar ponerme una mano encima lo pagarás muy caro.

Lejos de amilanarse me lanzó un asqueroso beso. Con rabia le solté la cabeza haciéndole caer al suelo. Desde su posición alzó la mirada y me sonrió cínicamente – Por Kami, no tienes idea de lo que deseo que seas mía ahora mismo.

- En tus sueños, bastardo.

Soltó una ahogada risa y se puso en pie lentamente – No querida, en mis sueños no, te garantizo que serás mía antes de lo que crees.

- Estás loco – dije con rabia.

- Por ti querida, por ti – sentí mi estómago revolverse ante sus palabras, me daba mucho asco, nunca pensé que un hombre me daría tanto asco como me lo daba Taro – desde que te conozco me pareciste una niña fascinante, pero ahora eres toda una mujer, una mujer fiera e indomable que me hace hervir.

Una mueca de disgusto se formó en mi cara – Me das asco, ¿Cómo puedes hacerle esto a tu mujer? ¿Cómo? ¡Tú fuiste el que te empeñaste en arruinarle la vida! ¡Tú la obligaste a casarse y ahora haces esto! ¡Engañarla!

- Me importa un bledo esa desviada o esa niña que acaba de parir, yo no necesito una niña, necesito un hijo. Momoha es una esposa sumisa y fiel que hace lo que digo cuando digo, ya obtuve de ella lo que quería en un principio que era meterla en mi cama y hacerle ver que una mujer jamás le hará disfrutar como solo un hombre puede, ahora solo quiero un varón, en cuanto lo tenga lo que pase con ella me es indiferente.

Una vez más le di un puñetazo en la cara – No te atrevas a hablar así de ella ¡No te consiento que hables así!

- ¿Quieres que tu amiguita tenga una vida plena y feliz? – Preguntó sarcásticamente – tu puedes conseguir eso – alcé una ceja mirándole con curiosidad sin entender a qué diablos se refería. Pasó su lengua por su labio inferior que debido a mi anterior puñetazo se había partido levemente y con una voz lujuriosa que me puso los pelos de punta dijo – Si quieres que tu amiga y esa niña estén a salvo, deberás ser mía.

Abrí los ojos de par en par sin querer creerme la amenaza que me había soltado – No te atreverás.

Taro se encogió de hombros – Ya te he dicho que poco me importan esas dos. Si les pasa algo siempre puedo tomar una dulce y hermosa segunda esposa. Es tu decisión que estén bien, se mía o esas dos pagaran las consecuencias.

- Eres despreciable – apreté los puños con furia y me lancé hacia él. Esquivó mi primer golpe pero no el segundo, ni el tercero. El me lazó un puñetazo que esquivé con facilidad, agarrando el brazo con el que me había atacado le hice una llave inmovilizándolo de rodillas en el suelo. Saqué el Kaiken que mi señora me había regalado y lo puse en su garganta.

Mis ojos ardían como llamas debido al enfado y la ira que recorría mi cuerpo. Era tal el aura oscura que desprendía que por primera vez desde que le encontré noté como Taro se tensaba incomodo, aunque supongo que no debe ser de ningún agrado tener un arma amenazando con rebanarte el cuello.

- Si a Momoha o a la niña les ocurre algo, te mataré – apreté el filo de la navaja contra su cuello y le vi tragar saliva con dificultas – No seré tuya, ni ahora ni nunca. Eres un cerdo y algún día acabaré contigo.

- No serás capaz.

- No me tientes, como bien dices ya no soy la niña que conocías – dije con seriedad – Como me lleguen noticias de que le pones la mano encima a mi amiga o a mi ahijada desearás no haber nacido.

Tras mi amenaza llevé el kaiken hasta la cara externa de su pierna derecha y le hice un corte profundo con furia haciéndole soltar un grito desgarrador que resonó por todo el barrio rojo. Cuando me separé de él le vi llevarse la mano a la herida con dolor para luego recibir varios insultos de su parte.

- Esa es la advertencia, intenta acercarte de nuevo a mí, o ponles una mano encima a ellas y esa herida no será nada comparado con lo que te haré. Estas avisado.

Y sin más me dirigí a la salida de aquel pestilente y asqueroso lugar. El grito de Taro había llamado la atención de algunos jefes y prostitutas de los burdeles, incluso algún cliente se había atrevido a asomarse mas yo no hice caso alguno a sus cuchicheos, guardé el kaiken y salí hacia el centro de la ciudad para montar en Kaze y volver a casa.

Cuando llegue al hogar de los Saotome lo primero que hice fue buscar a mi señora y contarle lo que había pasado. Tras darme una leve (muy leve en realidad) reprimenda por haber agredido a Taro, mando a Sasuke contratar un par de hombres en Edo que junto a él vigilarían a Momoha y la niña.

- Las criadas de Momoha han prometido contarme todo lo que acontezca dentro de la casa.

Nodoka-sama me lanzó una mirada de duda – ¿son de fiar?

- Sin duda – me apresuré a contestar – son muy leales a Momoha, sobretodo la más joven, Uzumi.

- Bien – dijo para luego dirigirse a Sasuke – pues ya sabes que hacer, contrata a los mejores y más sigilosos hombres que encuentres, no importa lo que pidan, dáselo y tráelos ante mí. Tú serás quien les dirija cuando la misión comience.

- Sí señora – habló orgulloso Sasuke saliendo rápidamente en busca de esos hombres que mi señora había pedido.

- ¿Está segura de ordenarle dirigir la misión? – Pregunté con dudas ganándome una mirada de reproche de mi señora – No es que no confié en el, no me fio de los hombres que contrate.

- Un hombre es una maquina simple, le das una mujer bonita y un par de monedas brillantes y serán fieles a ti – explicó con tranquilidad – además Sasuke está más que preparado, su técnica a mejorado muchísimo, es sigiloso y se camufla bien, sería un gran ninja.

- Sin duda, no puedo pensar en nadie mejor para cuidar de Momo-chan.

Nodoka-sama asintió levemente – ¿tu estas bien?

- Sí, aún sigo algo molesta por el encuentro con Taro así que creo que en cuanto la clase de los hombres termine iré a descargar mi ira al dojo.

- Me parece bien, pero por el momento deberías descansar, se te ve agotada – dijo refiriéndose a mis pronunciadas ojeras.

No se equivocaba, estaba molida. El cuerpo me pesaba y los ojos me picaban debido a lo poco que había dormido y el viaje que había hecho, la casa de mi amiga no estaba muy lejos pero no era tampoco un camino precisamente corto.

Pidiendo permiso para tumbarme un rato me dirigí hacia mi habitación, alargué el futón en el suelo y me tumbé como un peso muerto sobre las colchas sin siquiera cambiarme de ropa, estaba demasiado cansada. Di un largo suspiro y cerré los ojos levemente notando como poco a poco el sueño me invadía.


Los días fueron pasando y con ello llegamos al cumpleaños de Ranma. Tanto Nodoka-sama como yo le enviamos una carta felicitándole por sus diecisiete, yo además añadí que le quería y que le echaba de menos, cada vez llegaban menos cartas de Ranma y las que llegaban eran muy escuetas pero yo quería achacar esa falta de noticias a que estaba muy ocupado.

Las cosas en la casa seguían normal, Sasuke se encargaba de vigilar a Taro de cerca mientras que los hombres que había contratado mi señora, tres hombres bajitos pero muy buenos mercenarios, vigilaban de cerca a Momo-chan.

Nodoka-sama había podido conocer por fin a la pequeña Akane pocos días despues de su nacimiento, según ella era igualita que su padre aunque yo no quería sacarle mucho parecido más allá del color de ojos. Después de mi encuentro con Taro las cosas en la casa de mi amiga estaban tranquilas, Taro apenas le dirigía la palabra o miraba a la niña lo cual me enfurecía un poco pero al menos, como me dijo Uzumi en su última carta, no las maltrataba.

El día del cumpleaños de mi señor lo pasé muy rara, con un extraño presentimiento, la noche antes apenas había pegado ojo y según Nodoka-sama eso era porque Ranma estaba soñando conmigo. Estuve todo el día con una extraña sensación en la boca del estómago, mi señora me decía que posiblemente eran nervios, que como al fin seríamos libresme daba un poco de ansiedad, que mi mente intentaba ponerme alerta de cualquier cosa mala que podría suceder pero que solo eran paranoias mentales… ojalá hubiera sido así.

Dos días después del cumpleaños de Ranma estábamos en el comedor almorzando tranquilamente cuando un mensajero llegó a la casa de los Saotome con una carta urgente para mi señora. Yuka entregó la carta a Nodoka-sama que la abrió rápidamente con una amplia sonrisa.

- ¡Es de mi hijo! – comenzó a leer la misiva con ojos rápidos y una enorme sonrisa en la cara, pero poco a poco a medida que iba leyendo su sonrisa se iba borrando.

Mi corazón se frenó en seco cuando vi que mi señora se llevaba la mano a la boca en un gesto de horror, temí que mis temores se hubieran cumplido y que a Ranma le hubiera sucedido algo.

- Señora ¿Qué ocurre? ¿Esta Ranma bien? – pregunté con ansiedad.

Nodoka-sama alzó los ojos de la carta y me miró con un sentimiento que me estremeció, me miraba con lástima. Definitivamente algo muy malo había pasado y necesitaba averiguar que era.

Sin mediar palabra le arranqué la carta de las manos y comencé a leer. Ante mi gesto Nodoka-sama intentó arrebatarme el papel – Akane, por favor vamos a tu cuarto, esto debe llevarse en privado.

Mas no le hice caso, seguí leyendo la carta que Ranma había enviado, la carta que me rompió el corazón. Todavía hoy recuerdo con dolor las escuetas palabras del que yo creía el amor de mi vida.

Madre he decidido aceptar a Shampoo como futura esposa a la vista de que por fin puede darme un heredero. Por favor te pido que le comuniques a Akane mi decisión firme de romper toda relación que teníamos. Espero que pueda rehacer su vida con alguien que la ame de verdad ya que yo no deseó mantener ningún vínculo amoroso con ella, atentamente Ranma Saotome.

No traía nada más, ni una disculpa, ni una explicación, nada. Solo una declaración de intenciones de que tomaría a Shampoo como su futura esposa y no a mí. Quise llorar, quise destrozar la carta en mil pedazos y destrozarle a él, pero no le daría el gusto a la china de verme llorar. Desde que el cartero había llegado con la misiva la sonrisa de la china y su gesto de victoria eran notables, seguro que la muy estúpida ya sabía cuál era la decisión final de Ranma. Seguro que el hombre panda ya la había avisado.

- Akane – murmuró mi señora cuando me quedé inmóvil con la carta entre mis manos.

- Estoy bien – dije débilmente dejando el papel en la mesa.

Nodoka-sama se llevó la mano al pecho y bufó con frustración – Seguro que ha sido Genma, seguro que le ha engañado de alguna forma ¡sabía que no debía fiarme de el!

- ¡No! – dije firme frenando en seco el discurso de mi señora. Estaba destrozada por dentro, solo quería esconderme bajo tierra y no salir nunca más, me sentía tan humillada – Su hijo es adulto y sabe perfectamente lo que debe o no debe hacer, si ésta es su decisión no queda otra más que aceptarla.

Nodoka-sama frunció el ceño y se giró para mirar a Shampoo quien sonreía ampliamente – ¿¡Tú lo sabías!?

- Desde cumpleaños de prometido – contestó con una cantarina voz – Ranma mandarme carta diciéndome que amarme y que querer casarse conmigo, que ahora que Shampoo poder darle heredero no necesitar a marimacho tonta para cumplir misión.

- Mientes – aseguró mi señora – No me lo creo, seguro que mi marido y tú le habéis engañado, él no puede hacer algo así, no te soporta.

- Tener la carta como prueba, poder mostrársela si querer – dijo firme Shampoo cruzándose de brazos – Shampoo no hacer nada, simplemente Ranma darse cuenta de lo que querer en vida y esa no ser Akane.

De nuevo una sensación de asfixia me llenó el cuerpo, no quería creerlo, no podía ser cierto – Y quiero que quedarte claro una cosa Akane – habló Shampoo con malicia consiguiendo que por primera vez alzara la los ojos. La mirada que encontré en los ojos de la china fue una mirada de victoria, de regocijo, estaba disfrutando con mi sufrimiento – Ir contando los días que quedarte en esta casa, porque en cuanto Ranma y Shampoo casarse, ponerte de patitas en la calle.

- ¡No tienes ningún derecho! – grité furiosa, explotando por fin todo mi dolor y frustración – No importa que te cases con Ranma, la dueña y señora de esta casa es Nodoka-sama y hasta que ella muera yo seré su servidora, por ende no tienes ningún derecho a echarme de esta casa pues eres tan invitada como yo.

Shampoo soltó una risita malvada – ¿Es que tú no saberlo?

- ¿Qué es lo que no se?

- Estar estipulado en convenio que señores Saotome hacer cuando Ranma nacer – explicó atusándose su larga melena de forma coqueta – en cuanto Ranma casarse, convertirse en dueño y señor del dojo así que quienes pasar a convertirse en sus huéspedes ser sus padres. Cuando Shampoo casarse con Ranma, convertirse en señora y dueña de la casa. Yo tomar decisiones y primera decisión ser expulsarte para siempre de aquí.

Apreté los puños con fuerza aguantándome la gana de liarme a golpes con ella, faltaba una mínima gota para rebasar mi paciencia.

- Ranma jamás lo permitiría – hablo Nodoka-sama.

- Ranma amarme a mí, no a ella, dejarlo claro en carta. El querer casarse conmigo así que Ranma acatará deseos de Shampoo – dijo muy segura de sí misma – Aceptarlo Akane, tu haber perdido.

Me levanté con furia de la mesa y pedí permiso para irme de allí, estaba a punto de explotar y no quería darle el gusto a Shampoo de verme destrozada por lo que salí destino a la caballeriza y me subí a lomos de Kaze.

Quería huir lo más lejos posible de aquella casa, quería desaparecer. En cuanto me alejé de la residencia de los Saotome di rienda suelta al llanto que me había aguantado desde que leí la maldita carta. No sabía hacia donde me dirigía, simplemente galopaba a gran velocidad a lomos de Kaze, irónico decir que iba hacia donde me llevara el viento.

Lloré todo el camino hasta que mi pobre yegua no dio más de sí y se paró a descansar en un descampado con un pequeño riachuelo. Era un rio muy débil, apenas tenía agua pero allí seguía, vivo. Me bajé de Kaze y me acerqué al rio que bajaba muy despacio, me arrodillé a la orilla y el reflejo que vi me disgustó.

Estaba demacrada, mis ojos rojos de tanto llorar estaban vacíos, no había ningún sentimiento en ellos como si me hubieran arrancado el espíritu, aunque lo que me habían arrancado de cuajo era el corazón.

Tenía que ser una pesadilla, Ranma no podía haberme hecho eso, no podía haberme usado de esa forma tan cruel. No podía haberme dicho todas esas cosas solo para embaucarme por el simple hecho de ser capaz de darle los herederos que Shampoo no podía darle.

Solté otro sollozo a la par que una lágrima cayó por mi mejilla hasta el agua del río. Mi reflejo se deformó y cuando las ondas fueron debilitándose ya no era mi cara la que veía, sino la de Ranma. Abrí los ojos de par en par y me los froté con fuerza deseando desaparecer esa alucinación, pero una vez más miré hacia dentro del río y ahí estaba el.

Me giré buscándole, pero no había nadie allí conmigo simplemente su reflejo, mirándome con esos ojos que tanto me gustaban. Me miraban con lástima, como si fuera una pobre mujer estúpida que había caído en su trampa. Otro débil sollozo salió de mis labios a medida que los recuerdos de todos los momentos que pasamos juntos se agolpaban en mi cabeza.

Pegué un grito desgarrador y me encogí sobre mi misma mientras lloraba. Lloraba de rabia por ser una estúpida, lloraba por vergüenza, lloraba de dolor… mi corazón se había partido en trozos muy pequeños y sangraba. Me dolía el pecho como si tuviera fuego dentro de mí…

Ira, comencé a sentir mucha ira y le di un puñetazo al suelo, luego otro y otro más, daba tantos puñetazos como lagrimas caían de mi rostro. Alcé los ojos y volví a buscar mi reflejo en el rio pero una vez mas no fue mi cara la que vi, sino la suya y la rabia que sentía dentro se incrementó.

- ¡¿Por qué?! – Le grité al reflejo – ¿¡Por qué me has hecho esto!? ¡Maldito infeliz!

Arranqué un trozo de césped y lo lance con furia al agua, y luego otro y otro más, dejando a mi alrededor varias agujeros – ¡Eres un maldito! ¡No quiero verte nunca más! – le gritaba entre lágrimas.

A pesar de que lanzaba la tierra al agua su rostro no desaparecía, en cada honda aparecían sus ojos para destrozarme el corazón de nuevo. Con rabia comencé a golpear el agua con las manos para borrar su maldita imagen.

- ¡Vete! ¡Vete para siempre! ¡Te odio! ¡Te odio Ranma Saotome! – grite con furia. Gritaba sintiendo mi garganta desgarrarse por el dolor y la rabia. Poco a poco mis golpes fueron volviéndose lentos, su reflejo ya no estaba.

Un profundo trueno resonó en el cielo y un par de débiles gotas cayeron sobre mí, no me había dado cuenta de que el cielo comenzaba a encapotarse amenazando con tormenta. Las gotas cayeron una tras otra más hasta convertirse en una fuerte lluvia que lleno el pequeño rio de hondas haciendo imposible verme en él.

Me quedé de rodillas observando mis manos heridas por haber arrancado la tierra. Escuché lejano el relinchar de Kaze pero no me moví de allí, a pesar de estar empapada no quería irme. Cerré los ojos y alcé el rostro hacia al cielo, dejando que mis lágrimas se mezclaran con las gotas de lluvia. Era como si los dioses estuvieran llorando conmigo…

- Ranma… - solté en un sollozo.

Pasé el resto del día allí sola, junto a aquel agonizante rio llorando hasta que no me quedaron más lágrimas que derramar. Me picaba la garganta y notaba los ojos secos, una fuerte brisa de aire frio me erizó la piel y el hocico de Kaze me dio un leve toque cariñoso buscando mi atención como si estuviera preocupada por mi.

Alcé la mano para acariciar a mi fiel compañera y me puse por fin en pie tambaleándome levemente. Abracé al animal y este movió su cabeza en un gesto que quiero creer era de apoyo, como si me estuviera reconfortando. Subiéndome a lomos de Kaze acaricie su cuello – Siento haberte preocupado, vamos a casa.

Kaze echó a andar lentamente y en un rato llegamos a casa. Fui recibida por la mirada preocupada de todos, por lo visto habían estado buscándome. Mi señora me obligó a tomar un baño y me recriminó el preocuparles y venir empapada.

- ¡Podrías haber enfermado! – me regañó – o caerte del caballo ¿y que son esas heridas en las manos?

- Lo siento – susurré débilmente – no quería causar molestias.

Nodoka-sama me miró con dolor, puse una débil sonrisa en mi rostro y avancé hacia el baño – Con su permiso, me daré un baño y me iré a la cama. Estoy muy cansada.

Nadie se opuso, gracias a Kami me dejaron pasar sin preguntarme nada más que si estaba bien. Me bañé para quitarme el frio del cuerpo y me puse el yukata. Con pasos lentos me dirigí a mi cuarto, me tumbé en el futón tapándome completamente y me hice un ovillo dentro de las mantas. Poco a poco noté el calor inundar mi cama y mi cuerpo, di un largo suspiro agotada y una vez más a mi mente llegó la cara de Ranma. Solté un débil sollozo, casi como un maullido y me encogí aún más dejando caer de nuevo dos solitarias lágrimas que aparté con furia.

- No volveré a derramar una lágrima mas por ti Ranma Saotome – murmuré débilmente apretando los puños con fuerza – Nunca más.

Y con esa promesa en la mente caí derrotada.


Aclaraciones:

Onee-chan: Hermana mayor.

Gomen ne: Lo siento

Kaze: Viento

Hakama: es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) cuya función principal era proteger las piernas, por lo que originalmente se confeccionaba con telas gruesas y con algún diseño patrón. Posteriormente se convirtió en un símbolo de status o posición, algo que permitía distinguir rápidamente a un samurái, y evolucionó hacia una confección de tela más fina y de color liso oscuro (negro, azul índigo, gris).

Honne-onna: En la mitología japonesa, Hone-onna es un yōkai, un súcubo japonés. Era una antigua geisha de indescriptible belleza e irresistible encanto para los hombres que vendía globos de papel de seda. Su novio la vendió a un burdel para pagar sus deudas hasta que planeó escapar. Fue entonces cuando su mejor amiga, con la que pensaba escapar, la traicionó e hizo que su amante acabase con su vida. Tiraron su cadáver a un lago, convirtiéndose en el yōkai Hone-Onna capaz de proyectar una especie de ilusión a su alrededor que utiliza para asustar con especial crueldad. A pesar de todo, su éxito con los hombres es considerable, incluso en su papel de diablesa sigue conservando cierta coquetería humana y no soporta que le recuerden su edad (200 años) o que la llamen "señora". Su nombre, "Hone-Onna" literalmente significa Mujer esqueleto y su verdadero nombre es Tsuyu, otras leyendas dicen que hone-onna, puede tomar una apariencia humana de gran belleza y atrae a los hombres a la cama donde revela su verdadera apariencia y se alimenta de su alma. En otras palabras, la gente del pueblo bautizó a Akane la Honne-onna de fiera mirada por su belleza y determinación, por eso dice que no sabe sentirse halagada u ofendida ya que aunque digan que es hermosa, la están llamando demonio atrapa hombres.

Estaba soñando conmigo: Hay una leyenda japonesa que dice que cuando no puedes conciliar el sueño es que estás despierto en los sueños de alguien amado.

Nota final: Sé que con este capítulo alguno querréis colgarme de un campanario por los pulgares pero el desenlace de este capítulo es necesario para la continuidad de la historia ¿no todo iba a ser felicidad no? Pido un poquito de paciencia y pido perdón si os he roto el corazón con este capítulo.