Katsuki odiaba muchas cosas, los dulces, la derrota y los gritos de sus fans. Suspiró, ya casi era la hora. Le dio una ojeada a su reloj, aún faltaban unos cuantos minutos. Arrugó la nariz, ¿Qué era ese ruido? Caminó lentamente y se situó al frente de una llamativa puerta. Pintada de amarillo y rebosante de detalles negros y blancos. Chasqueó la lengua y se dispuso a tocar. Golpeó la madera una y otra vez, restándole importancia a los chillidos provenientes del interior. La cerradura hizo clic y la cabellera rubia de su compañero se dejó ver. Alzó una ceja, esperando por una explicación. Katsuki también odiaba los chillidos de emoción de Kaminari. Eran irritantes e innecesarios.
— ¿Me dejas disfrutar la puta paz que merezco? — Le preguntó con molestia. Kaminari sonrió nervioso. Katsuki analizó el panorama, mejillas sonrosadas, ojos brillantes y manos temblorosas. Segundos más tarde lo entendió, Denki estaba emocionado por la respuesta de su chico "Soñado" Como él lo llamaba, ¿Qué esperaba? Esta era la personalidad del chico. Con pesar, recordó la forma en la que lo conoció. En el pasillo silencioso de la escuela. Kaminari gritó y le rogó para que le dejase probar su valía y tal vez realizar una audición y formar parte de la banda. Katsuki y sus pocos amigos habían formado una banda musical. Razón por la cual gozaba su vida se había convertido en un show.
— ¡Encontré sus redes sociales, Bakugo! — Sonrió y se abalanzó sobre él. Katsuki lo golpeó y carraspeó. Al principio, fue difícil congeniar con los demás integrantes. Después de la graduación, la fama llegó a ellos y los lanzó al estrellato. Su mejor amigo en cambio, era más llevadero. Paciente y calmado, eso le agradaba. Kirishima era una de las personas más valiosas en su vida y lo aceptaba con gusto. Al inicio, era difícil decirlo en voz alta. Pero con el pasar de los años, fue su deber reconocerlo y dejar una brecha para los otros miembros — Después les contaré, es hora de concierto.
— ¿Qué esperan? — Jirou la bajista los señaló y les lanzó una mirada afilada. Detrás de ella apareció Kirishima el baterista y Bakugo era el guitarrista y vocalista principal. Sin decir una palabra se encaminaron al escenario y la música inundó el lugar. Esta sería una noche centelleante y sorpresa a para Katsuki. Al mismo tiempo, un chico de cabellos verdosos se abría camino entre la marea de gente. Sin pensarlo y después de la primera canción, tuvo la intención de levantar un serie de carteles. Sin embargo, sus músculos atrofiados se lo impidieron. Déjame hacer esto, maldita enfermedad, masculló.
Chasqueó la lengua, tenía que poder. El peliverde era bajo, pero pegar varas de madera en la parte trasera de las pancartas, fue de gran ayuda. De esa forma, conseguiría más altura. De repente, alguien le arrebató con delicadeza los cartones. Se volvió lentamente y se topó con la mirada amable de su mejor amigo. Arrugó la nariz, pese a que se había esforzado mucho en la terapia física, comprendió que no podría hacerlo solo. Según la palabras de la doctora, aún podría correr y caminar. De igual forma, no sería tan rápido y tan fácil. Pero, ¿Por qué levantar cosas eran tan difícil? ¿Los músculos de sus brazos se atrofiaban más rápido? La voz de su amigo lo sacó del trance.
— Yo los levanto y tú te pones al frente, así si tienes suerte, solo te verá a ti. Izuku, ¿Por qué tenías que venir tú solo y cargar esto? — Decidió ignorar la pregunta y centrarse en la banda. Los carteles fueron alzados uno a uno y el aire abandonó los pulmones de Izuku. Confesar estas cosas, pese a ser pequeñas, para él eran un mundo feliz y rebosante de ternura. Inhaló y exhaló, era ahora o nunca. No tenía tiempo y sacar estos sentimientos harían que su pecho sintiese más liviano. Por un instante, perdió la coordinación y se sujetó del brazo de su amigo. Negó, debía hacer esto. Aún podía moverse y ver el mundo.
Esta era su forma de resignación, de cumplir el deseo ardiente que ardía en su corazón. Partir en paz y con tranquilidad era su segundo mayor anhelo. Adiós, tu presencia lejana me hizo feliz. Adiós precioso Kacchan, susurró — Un mundo sin mí, ¿Cómo sería? De todos modos, no estaré aquí para saberlo — Dijo en voz baja. De súbito, un mensaje captó la atención de Katsuki. Parpadeó repetidas veces y a través de señas, le indicó a Jirou que continuará la canción. Ladeó la cabeza y leyó el primer cartel, "Hola, te amo, ¿Sabes? Tus ojos son muy bonitos" y el segundo, "Te he amado desde que estábamos en la preparatoria" El tercero, "Gracias por existir" Y finalmente, el cuarto, "Sé feliz, por favor" Pese a la poca luz y gracias a la cercanía, tuvo la suerte de ver el rostro del chico. Enormes ojos verdes, semejantes al color de una esmeralda. Cabello igual de verde y una sonrisa encantadora. Sorprendido, lo observó alejarse, coger el brazo de otro chico y correr.
El corazón de Katsuki empezó a palpitar veloz. No, no podía ser él. No podía ser el nerd — No, no puedes ser tú — Las letras de los carteles tenían un sabor amargo y al mismo tiempo dulce, ¿Por qué tenía la sensación de que era una despedida? Cerró los ojos, la curiosidad y el nerviosismo habían empezado a devorar sus entrañas.
