¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Mis queridas y queridos lectores espero que se os haya sanado un poquito el corazón desde la actualización anterior. Se que a muchos les ha parecido que Akane se dejó engañar muy fácil pero como veréis en este capítulo, nuestra Akane no es tonta y va a buscar respuestas claras ¿las encontrará? Este capítulo pone fin a una etapa en la vida de Akane así que espero que este capítulo os guste y sobretodo os entretenga porque no sabéis lo feliz que me hacen todos y cada uno de vuestros comentarios.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo.
Sin mas os dejo leer.
Me levanté a la mañana siguiente con un terrible dolor de cabeza y la garganta seca. Me dolía todo el cuerpo, como si me hubiera pasado una carreta por encima y tras espabilarme recordé el porqué de mi malestar.
El día anterior había sido horrible y deseaba que todo fuera una vil pesadilla, pero los recuerdos se agolparon en mi mente y tras observarme las manos y observar las heridas producidas cuando arranqué la hierba de cuajo corroboré que el día de ayer había sido un infierno real.
Me incorporé despacio y di un largo suspiro mirando a mí alrededor, la habitación estaba en silencio y vacía como si no hubiera dormido allí nadie más que yo. Me refregué los ojos con furia queriendo borrar de mi mente los horribles recuerdos del día anterior pero no podía, una y otra vez se agolpaban en mi mente imágenes de la cara de Shampoo y la dichosa carta.
Esa carta… ¿Cómo había podido Rama hacerme eso? Él, que había jurado y perjurado amarme… debía ser un terrible error, no podía ser así de cruel, mi Rama… mi Rama no era un monstruo, me negaba a creer que me había humillado de aquella forma.
Sentí la determinación llenarme el cuerpo y corrí rápida hacia el armario donde guardaba una cajita en la que guardaba mi material de escritura. Saqué el pincel y un trozo de papel y me dispuse a fabricar un poco de tinta para escribirle una carta a Rama pidiéndole explicaciones.
Confiaba en él, todo se trataba de un mal entendido o incluso una trampa de Genma, tal vez el hombre panda había imitado su horrible caligrafía o le había obligado a escribirla… cualquier cosa menos creer que me había traicionado.
Cuando preparé la tinta le escribí una extensa carta donde le pedía que fuera sincero conmigo, que me dijera el porqué de su cambio y le pedía que si aquello era una broma de mal gusto no siguiera con ello. También le recordé lo mucho que le quería y que si Shampoo y Genma estaban detrás de esto nosotros podíamos pelear contra ellos, porque nos amábamos.
Fue la carta más larga que he escrito nunca y en ella dejé plasmada mi confianza en él además de todo el amor que tenía para darle. Debía enviarla lo más pronto posible así que me vestí con un cómodo Hakama y bajé veloz para salir a las caballerizas y montarme en Kaze.
Salí al galope destino a Edo y le entregué al mensajero la carta dejando claro la urgencia que requería su entrega a Rama. El hombre me prometió que se la entregaría a escape y volví a casa con un deje de esperanza en mi corazón.
Al llegar a casa me encontré a mi señora en el pasillo – Akane ¿de dónde vienes?
- Vengo de Edo, he ido a enviarle una carta a Rama.
Mi señora puso un gesto de sorpresa en su cara – ¿Le has escrito una carta? ¿Después de lo de ayer?
- Sé que le parecerá extraño pero algo me dice que no debo desconfiar de el – dije bajando la cabeza levemente – Yo le quiero y confío en él, sé que esto es todo un mal entendido, seguro.
Note que mi señora se acercaba lentamente a mí y que me alzaba el rostro para enfocar su mirada en la mía. Me miraba con mucho cariño pero también con algo que detestaba, con pena – Espero que así sea querida.
- ¿No confía en su hijo? – pregunté recelosa alejándome levemente de su toque.
Se mantuvo unos segundos quieta para luego, tras soltar un leve bufido decir – No creo en los hombres Saotome, por muy hijo mío que sea.
Me sorprendió escuchar la dureza con la que Nodoka-sama hablaba sobre su amado hijo mas no le hice caso ya que yo creía en el amor que Rama me profesaba, no estaba dispuesta a dejarme vencer tan fácilmente y sabía que el tampoco. Todo debía ser una trampa.
- Confío en su hijo señora y hasta que él no me dé a mí directamente las explicaciones pertinentes, no tengo porque desconfiar de él.
- Espero que no vuelvas a sufrir – me dijo en un murmullo – de verdad lo espero.
Me pasé el resto del día ausente, mordiéndome las uñas y entrenando como una loca hasta que mis fuerzas no dieron más de sí. Estaba agotada, mental y físicamente pero no perdía la esperanza, no podía perder la esperanza porque sabía que todo era un error.
Me sentí una estúpida por haberme comportado de manera tan impulsiva el día anterior, por haberme dejado llevar por mis miedos e inseguridades y no pensar fríamente que quizás, como mi señora me había dicho en el salón todo era obra de Genma Saotome.
Al final del día me tumbé en el futón pensando en Rama, estaba segura de que pronto tendría noticias suyas, noticias buenas en las que todo se arreglaría y volveríamos a ser felices.
Que idiota era.
Pasó un día y otro y otro más y no tenía noticias de Rama. Al pasar el tiempo y no recibir respuesta incluso me dirigí hasta Edo para preguntarle al mensajero si había habido algún problema con la entrega, pero como él me dijo la carta fue entregada al día siguiente de yo mandarla ¿Qué había podido pasar entonces? ¿Por qué no me contestaba?
En mi mente enamorada y en esa maldita esperanza que había en mi interior pensaba que quizás el hombre panda había interceptado mi carta y la había destruido. No quería pensar que Rama me había ignorado, por eso decidí jugar una última baza, escribirle a la persona a la que confiaría mi vida después del joven Saotome, Mousse.
Una vez más escribí una extensa carta dirigida a mi amigo, seguro que él no estaría vigilado por el hombre panda así que le escribí una directa misiva donde le pedía que me contara qué diablos estaba pasando con Rama. Quería saber la verdad por muy dolorosa que fuera y estaba segura de que Mousse me la diría.
Esta vez sí tuve una respuesta y fue una respuesta que desee no haber recibido jamás ya que en su carta Mousse me destrozó un poco más el corazón.
Querida Akane – comenzaba – Siento tener que ser yo quien te cuenta tan amargas noticias pero Rama nos la ha jugado. Desde un par de días antes de su cumpleaños alardeaba con sus amigos sobre la hermosa mujer que tenía en casa y con la que se casaría pronto. En un principio pensé que se trataba de ti pero ver al señor Saotome tan contento con sus palabras me hizo sospechar.
El día de su cumpleaños Rama anunció a todos que se casaría con Shampoo, imagínate mi cara y la de Ryoga ya que aunque vosotros os negarais a admitirlo, ambos sabíamos que tenías una relación, no sois tan discretos como pensáis.
Como es lógico tanto Ryoga como yo le pedimos explicaciones pero el simplemente nos dijo que habías sido un entretenimiento para él, una mujer válida para cumplir su objetivo para con su familia, entregarle un heredero. Siento tener que decirte estas cosas querida Akane, pero es la verdad. No creas que no sé lo que sientes ya que yo mismo comparto tu dolor al saber perdida a la mujer que más quiero, pero este tiempo aquí me ha servido para pensar muchas cosas y quiero que sepas que en mí siempre tendrás un amigo y confidente.
Por favor, escríbeme de vez en cuando, cuídate y sana las heridas. No te dejes vencer Akane ya que el idiota de Rama no te merece. Por favor intenta ser feliz y olvídate de él. Si no me crees escríbele a Ryoga, preséntate tú misma aquí pero verás lo mismo que yo te estoy contando, que el Rama que conocías no es lo que parece.
Espero noticias tuyas y una vez más, cuídate que yo también lo haré.
Tu amigo, Mousse.
Apreté con furia la carta entre mis manos, no sabía que pensar o que creer en ese momento, solo quería ir a filas y romperle la cara a alguien. Noté una solitaria lagrima caer sobre mi mejilla y la quité bruscamente, la noche antes había prometido no llorar nunca más por Rama y mi promesa sería firme.
- Sabía que no podía confiar en los hombres – murmuré apretando con furia el papel haciendo una bola – no volveré a ser una estúpida.
Me encaminé hacia la puerta para dirigirme al dojo pero al abrirla me encontré la figura de Nodoka-sama.
- Señora, si me disculpa voy al dojo.
- Están los chicos – me dijo rápidamente frenando todo intento de huida. Miró disimuladamente el papel arrugado en el suelo y entró cerrando la puerta tras de si – ¿Es una carta de Rama?
Negué con la cabeza y la recogí del suelo para tendérsela a mi señora – No, es de Mousse – desdobló la carta y se puso a leerla – De Rama no he tenido más noticias… ni las espero.
- Akane – murmuró Nodoka-sama – lo siento tanto.
- No lo sienta, no es su culpa – dije firme – Yo fui la estúpida y la crédula, debí saber que todos los hombres son iguales.
- No todos – me corrigió mi señora y alzó la carta – Mousse y Ryoga están a tu lado, son tus amigos además de Sasuke.
Solté una amarga sonrisa – Señora, usted entiende lo que quiero decir.
Nodoka-sama me miró comprensiva y colocó su mano en mi hombro – Akane querida, si necesitas desahogarte quiero que sepas que estoy aquí.
- Gracias señora, pero estoy bien.
- ¿De verdad?
Afirmé firmemente mientras apretaba los puños – No voy a negar que tengo el corazón hecho trizas pero no pienso volver a llorar por un hombre y menos por su hijo.
- Eres muy fuerte – me dijo Nodoka-sama de repente sorprendiéndome. La miré incrédula y esta vez no encontré pena en sus ojos, solo encontré admiración – Te lo digo en serio Akane, no cualquiera soportaría el dolor de esta forma. Ojalá yo hubiera sido igual que tú.
- Créame señora, ahora mismo solo deseo ir al dojo y dejar salir mi rabia y dolor de una forma que no sean las lágrimas, ya he derramado demasiadas en mi vida.
- Estoy de acuerdo querida, pero ahora mismo tenemos problemas más graves que resolver.
La miré enarcando una ceja – ¿Ocurre algo señora? ¿Está todo bien? ¿Necesita mi ayuda para algo? – una horrible idea llegó a mi cabeza – ¿¡Le ocurrió algo a Momo-chan!?
- No tranquila, ella y la pequeña Akane están bien – dijo moviendo sus manos restándole importancia – pero la que ahora necesita ayuda eres tú.
- ¿Yo? – Pregunté – de verdad señora le agradezco su apoyo pero estoy bien… todo lo bien que se puede estar con un corazón roto.
- No lo entiendes querida – habló apresuradamente – tenemos un gran problema y ese problema se llama Shampoo.
Bufé frustrada ante la mención de la china – ¿Qué pasa con ella? Debería estar contenta, su querido prometido al fin la toma en cuenta.
- Ese es el problema, que Rama la toma en cuenta – me dijo sentándose – Está dispuesta a expulsarte de casa en cuanto Rama y ella se den el sí quiero y como la muy…. – quise sonreír al verla morderse la lengua para evitar soltar un improperio contra la china, pero no era el momento – como ella bien sabe, Genma y yo firmamos un contrato que expresa que en cuanto Rama se case él y su mujer serán los señores de la casa, claro que yo lo firmé pensando que lo hacía por él y su futuro, lo que no sabía es que el muy sinvergüenza tenía ese trato con los chinos.
- ¿Entonces está diciendo que en cuanto Rama se case tendré que irme de aquí? – pregunté con cierto tono de miedo. Aquella casa era mi hogar, con el pasar del tiempo había encontrado en el dojo Saotome el calor de una familia después de tanto tiempo… no podían separarme de ellos ni de mi señora.
- No, porque no lo voy a permitir.
- ¿Qué tiene pensado? – la ansiedad era palpable en mi voz al igual que el nerviosismo en mi señora.
- Verás, hay una opción… es diminuta y muy complicada de ejecutar, pero si sale bien… si sale bien te garantiza un sitio en esta casa para siempre.
- ¿Qué opción es esa señora?
Nodoka-sama bajó la mirada un momento para luego subirla y mirarme con una intensa mirada que me dio escalofríos – La única opción es que te conviertas en Protectora.
Me quedé paralizada unos segundos, había oído hablar muy vagamente de esos guerreros que dan su vida por proteger a las grandes familias de samuráis. Hacía años que prácticamente el oficio de protector estaba extinguido pero había un punto aún más importante, hasta lo que yo sabía ninguna mujer había sido Protector nunca.
- Señora – hablé cuando me recuperé del asombro – pero solo los hombres pueden ser Protectores ¿no?
Nodoka-sama negó levemente – No hay nada escrito, simplemente no se ha dado el caso nunca.
- Pero señora he escuchado que los Protectores son grandes guerreros y yo no sé si sabría estar a su altura.
- Es cierto que para poder ser Protectora de mi familia debes pasar una prueba ante el consejo pero con un duro entrenamiento podrás conseguirlo.
Pensé un momento lo que mi señora me había propuesto, era una locura. ¿Yo? ¿Protectora de la familia Saotome? Ese era un gran honor que no estaba segura poder desempeñar. Nodoka-sama debió observar mis dudas y se apresuró a hablar.
- Escúchame Akane, es la única salida si no quieres que Shampoo te ponga de patitas en la calle cuando se case con Rama – dijo muy seria – un Protector pasa a ser propiedad de la familia, algo así como una herencia. Si tú te conviertes en mi Protectora, Shampoo no podrá expulsarte porque para hacerlo necesitaría mi consentimiento ya que tú eres de mi propiedad y serás legada a mi heredo.
- Pero ¿y si Rama decide expulsarme?
- Eso solo podrá pasar el día que yo deje este mundo ya que el vínculo es de por vida, para cuando eso ocurra espero que ya tengas tu propia vida arreglada y no debas subsistir por la caridad de mi hijo.
Me rasqué la cabeza curiosa, dándole vueltas a la disparatada idea de mi señora en la cabeza ¿Podría hacerlo? ¿Una simple muchacha de pueblo podría convertirse en la primera mujer Protectora de Japón?
- Sé que podrás hacerlo, pero debemos entrenar exhaustivamente tanto el cuerpo como el alma.
Medité unos segundos para luego alzar mis ojos hacia mi señora – ¿En qué consistiría mi tarea?
- En mi protección y la de mi familia. Los Protectores crean un vínculo irrompible con sus señores, se entregan a ellos completamente dando incluso su vida si fuera necesario, tú has demostrado varias veces que estás dispuesta a ello.
- Por supuesto que si – no sé si fue por recordar los momentos en los que me había visto con un pie en el hoyo o simplemente que dio la mera casualidad pero en ese momento sentí un cosquilleo en las cicatrices que tenía tanto en la pierna cuando casi me caigo del tejado, como la que tenía fruto de la puñalada que recibí.
- Si aceptas Akane, tendrás una vida llena de sacrificios. La gente te observara y posiblemente no te tendrán en cuenta, pensarán que has hecho algo, un pago o quizás… algo peor, con los miembros del consejo para poder entrar, simplemente por el hecho de ser mujer. Deberás estar bajo la presión de guardar mi seguridad y la de mi familia además de tener que aguantar las habladurías de los demás por ser algo que a un hombre le aterra: una mujer con poder.
- Estoy acostumbrada a eso señora – dije sin sentimientos en la voz.
- Ya lo sé – sonrió con pesar mi señora – Hay otra cosa más y esta es muy importante que la entiendas Akane, porque de ella depende tu honor y tu vida.
- Dígame.
Nodoka-sama me miró fijamente a los ojos consiguiendo incomodarme levemente y dijo – Un Protector puede tener familia, casarse y tener hijos, no están obligados a cumplir un rígido celibato; pero si hay una norma crucial: Los matrimonios se harán dentro del círculo familiar pero nunca con un señor o sus descendientes. Si eso pasara el pecado se paga con la muerte ¿entiendes?
Tragué fuerte la saliva que se había atascado en mi garganta. Ante esa última frase entendí por qué mi señora buscaba hacerme su Protectora. No era solo para que Shampoo no me echara de la casa, era también un seguro para que su hijo y yo no volviéramos a intimar nunca más, porque si así lo hiciera me separarían la cabeza del cuerpo.
Nodoka-sama era una mujer astuta y no se le escapaba nada, no sabía si no quería que me acercara más a su hijo porque él había mostrado firmemente su rechazo hacia mi o para que yo no sufriera más por Rama. Quise y quiero pensar que fue más bien la segunda opción.
- Entonces, Akane – habló sacándome de mis pensamientos – ¿estas dispuesta a sacrificarte de esa forma?
Medité unos segundos pensando todo aquello que ganaba y perdía si aceptaba y aunque en aquel momento me tomó un tiempo decidirme ,a día de hoy puedo afirmar que lo tenía claro desde el segundo uno. Tras darle vueltas en la cabeza entendí que no había mayor honor para mí que poder ser la Protectora de mi señora y servirla fielmente hasta que la muerte se nos llevara a ambas, por eso clavando mis ojos en los suyos de manera firme abrí la boca y con el tono más seguro que he tenido nunca dije la palabra que sellaría mi destino – Acepto.
Nodoka-sama sonrió y asintió con la cabeza – Sea.
Los siguientes días pasaron en calma sin recibir noticias de los que estaban en el servicio militar. Shampoo sí que tenía noticias cada cierto tiempo de su prometido y no paraba de refregármelas en la cara haciendo que ese sentimiento oscuro que se había instalado en mi pecho desde que recibí la maldita carta creciera cada vez más y más.
- No le hagas caso – me dijo Sayuri una tarde que había tenido una confrontación con Shampoo.
Me encontraba leyendo en el salón cuando ella llegó a increparme, lanzándome una carta de Rama donde reafirmaba su compromiso. Ni siquiera puse gesto alguno en mi cara aunque por dentro mi corazón sangraba, pero esto no pareció contentar a la china cuyo principal objetivo era hacerme daño.
- Akane, ¿ya haber pensado donde vivir?
- Te aceleras mucho – contesté siguiendo mi lectura sin mirarla si quiera – aun te quedan varios años para aguantarme.
Shampoo atusó su larga melena en un gesto coqueto y sentí ganas de vomitar – Eso no importar, cuanto antes tu encontrar casa para servir mejor – rodé los ojos ante su estupidez – También decirte que Shampoo hablar muy mal de ti a señoras de Edo y si ya Akane caerles mal y pensar que ser rara, con comentarios de Shampoo tu no encontrar casa en Edo ni en cien vidas, tener que largarte lejos de Rama y Shampoo.
Alcé los ojos lanzándole una mirada fulminante que pareció no importarle. En su cara podía ver la burla y sus ganas de humillarme, pero no lo iba a permitir.
- Me importa un bledo lo que tú y Rama hagáis con vuestra vida – me levanté y me coloqué a su altura mirándola fríamente. Esta vez sí que se desestabilizó un poco y vi un ligero temblor en su labio, apenas imperceptible – pero como siempre todos tus planes saldrán al revés.
- ¿Cómo estar tan segura? – preguntó Shampoo con un ligero temblor que intentó disimular – Shampoo haber atado todo muy bien para no tener que ver fea cara de cerdito nunca más.
Solté una carcajada al aire que le crispó los nervios ya que frunció el ceño arrugando sus bonitas facciones de forma graciosa – Porque el Karma existe y a ti te lo va a devolver todo.
- Tu no asustarme – dijo fiera – tu nunca ganar a Shampoo, ser pobretona de pueblo que ni su propia familia querer, ellos venderte.
- Pues igual que a ti – hablé con malicia. El rostro de Shampoo se puso pálido y una temblorina recorrió su cuerpo – Y ahora si me permite la futura señora – le di un tremendo empujón que la hizo caer sobre su trasero provocando un terrible sonido – tengo cosas que hacer.
La dejé atrás gritando y soltando lágrimas de cocodrilo acusándome de salvaje. No me importó ni un poquito sus alaridos ya que sentí un tremendo bienestar en el momento que le di el empujón. No era bueno usar la violencia contra personas que no se saben defender pero con Shampoo no pude aguántame más ¡y bien buena había sido! Habían sido años de humillaciones e insultos lo que tragué así que un ligero empujón y un moratón en el trasero no había sido para tanto.
Tras el incidente me encontré con Sayuri que había presenciado la escena desde el pasillo – Te has pasado.
- Ha empezado ella – le contesté para dirigirme a buscar a mi señora – siempre me busca.
- No le hagas caso - solté un bufido molesto y pasé de largo.
Tras alejarme de Sayuri y con un humor de perros salí al encuentro de mi señora que estaba en el portón esperándome – Akane ¿Dónde estabas?
- Cazando ratas – contesté de malas formas montándome en Kaze.
Nodoka-sama alzó una ceja pero no preguntó por mi extraña respuesta – ¿No vendrás conmigo en el carro?
- Iré a su lado, pero prefiero ir con Kaze – argumenté. No recibí reproche alguno, mi señora y yo nos dirigimos hacia Edo y de allí a un templo en las montañas. Era un viaje largo por lo que tuvimos que parar en varias ocasiones a descansar.
- ¿Cómo es que estos hombres están tan lejos de la civilización? ¿Y cómo es que no están en Kioto si son samuráis? Todo el mundo sabe que Kioto es la ciudad samurái por excelencia.
- Se alejaron de las grandes familias hace casi un siglo, por lo visto muchas familias de bajo rango les atormentaban mandándoles miles de muchachos para ser sus protectores sin que ninguno diera la talla, por eso decidieron retirarse lejos de esa ciudad, los que de verdad estuvieran interesados en tal honor y no solo por aparentar están dispuestos a hacer tal viaje. Al parecer funcionó.
Escuché atenta la explicación de mi señora mientras comía un trozo de Mikan. Tomé un gajo y me lo llevé a la boca mientras mi señora seguía explicando la historia de estos hombres – Varias familias de rango menor hicieron el viaje en varias ocasiones pero como les costaba mucho dinero y nunca salían satisfechos poco a poco fueron menguando. Supongo que ahora se arrepiente d haber rechazado a tantos.
- ¿Por qué? – pregunté después de tragar.
- Porque ahora quedan a penas cincuenta y disminuyendo, la mayoría son viejos.
- ¿Entonces yo sería la primera mujer Protectora? – Pregunté interesada – ¿crees que no pondrán pegas?
Nodoka-sama soltó una risita – Por supuesto que te pondrán pegas, siempre lo hacen y más si eres una mujer, pero tú déjame hablar a mí y demuestra lo que vales. Les impresionarás simplemente con tu físico.
- ¿Con mi físico? – pregunté curiosa ¿es que me estaba diciendo que era tan fea que se asustarían?
- Eres preciosa y ellos son hombres encerrados que no han visto a una mujer en décadas, solo por eso una parte de su mente te dará su aprobación – dijo mi señora despejando mis dudas – ya verás que todo saldrá bien.
Una vez hubiéramos descansado bien volvimos a ponernos en marcha, quedaba poco ya que a lo lejos ya se divisaba entre los arboles un camino más claro, como si alguien hubiera hecho alguna obra para hacerlo más cómodo.
Anduvimos por el camino pasando por el bosque y a lo lejos divise una enorme casa de color rojo y negro con algunos detalles dorados, como el gran dragón que había a la entrada. Mi corazón se paralizó unos instantes al ver la estatua dorada.
- ¿Estás viendo lo mismo que yo Akane? – habló mi señora desde el carro.
- Es un dragón de oro – dije con la voz entrecortada.
Nodoka-sama me lanzó una dulce mirada – Al parecer nos equivocábamos y el dragón no era una persona – dijo haciendo referencia a la profecía que le habían dado a mi padre – los oráculos siempre saben confundirnos.
Asentí levemente sin apartar la vista del dragón a medida que pasábamos a su altura. Nodoka-sama al igual que yo observaba extasiada la belleza del lugar, era como si aquel templo estuviera allí de forma natural, como si hubiera emanado de las mismísimas entrañas de la tierra dándonos una sensación de bienestar y paz.
- ¿Quiénes sois? – preguntó un hombre armado a la puerta.
- Soy Nodoka Saotome, de soltera Uesugi – el hombre trastabillo cuando mi señora nombró el apellido de su familia – necesito reunirme con el consejo.
- Enseguida – el hombre salió corriendo hacia el interior de la casa mientras otros dos nos ayudaban a guardar a Kaze y nos escoltaban dentro del templo.
Era una casa grande, amplia y luminosa. Dentro el dorado y la madera predominaban, parecía una casa de cuentos que me contaba madre de pequeña, olía a incienso y había varios kanjis colgados en la pared. Al poco tiempo el hombre que nos había recibido volvió y nos hizo pasar – el consejo las espera.
Nos guió por la casa hacia un largo pasillo, al final de este una gran puerta de madera estaba abierta de par en par – pasen, por favor.
- Gracias – dijo mi señora entrando con el rostro en alto, en un gesto altivo que me pareció muy curioso en Nodoka-sama, no porque no lo pusiera a menudo sino porque no esperaba que se comportara de esa forma frente a los hombres de los que dependía mi destino en aquel momento.
Pasamos a la habitación, era entera de madera, luminosa y muy sobria con apenas decoración, solo un gran altar al final decorado con incienso y otra enorme estatua dorada de un dragón con flores blancas y velas a su alrededor.
Justo enfrente de ese pequeño altar había arrodillados cinco hombres vestidos elegantemente con Hakamas negros y con peinados samuráis, salvo un anciano que ocupaba la parte central. Era calvo con una larga barba blanca, tenía los ojos cerrados como si estuviera meditando.
Me asusté un poco al principio pero ver la seguridad con la que mi señora andaba me infundió valor. Llegamos en silencio frente a ellos y Nodoka-sama se arrodilló dando una amplia reverencia que yo imité.
Justo cuando nos alzábamos de nuevo el viejo abrió los ojos y puso una ligera sonrisa en la cara – Con que Nodoka Saotome ¿eh?
- Buenos días Takamura-sensei – habló mi señora seria – hace mucho que no le veía.
- Desde que dejaste tu hogar – dijo el hombre – tu padre no se recuperó después de eso.
Nodoka-sama lanzó un bufido y cuadró sus hombros haciendo que la sonrisa del viejo se ampliara un poco más – No he venido para hablar del pasado Takamura-sensei.
- ¿No? – Preguntó lentamente el hombre lanzándome una rápida mirada – ¿y a que se debe tu visita?
- Quiero que Akane se convierta en la Protectora de mi familia.
Los hombres que rodeaban a Takamura-sensei ahogaron un grito e incluso uno se atrevió a blasfemar. Nodoka-sama permaneció impasible a la ola de comentarios que sonaron en la sala. El único que no hablaba era Takamura-sensei quien me miraba fijamente, observándome de arriba abajo como si buscara algo.
Pensé que comportarme de forma tímida y delicada no ayudaría a convencerles de que era una guerrera merecedora de ser la Protectora de los Saotome por lo que imité a mi señora cuadrándome en mi sitio y poniendo una fría mirada, fingiendo que aquel escrutinio no había puesto mis nervios a flor de piel.
Takamura-sensei acarició su barba mientras abría su sonrisa mostrando sus amarillos dientes – Vaya, eso sí que es una sorpresa.
- Sé que nunca se ha visto una mujer Protectora…
- Eso es inaudito – la cortó un hombre que estaba en la esquina izquierda con su abanico cerrado en la mano, parecía muy contrariado con que estuviéramos allí – Nunca una mujer ha sido parte de nuestro honorable grupo.
- Ya es hora de que exista una – contestó mi señora.
- Eso es imposible – habló otro que tenía la nariz torcida dándole un toque fiero – No está permitido.
- ¿Dónde está escrito que una mujer no pueda ser protectora? – preguntó mi señora recibiendo varios murmullos como respuesta – Akane es mi fiel servidora desde que tiene diez años, ha entrenado duramente con los hombres a los que entrena mi marido hasta que este partió a filas con mi hijo y varios alumnos más, desde ese momento su entrenamiento a recaído sobre mí y como sabrás – lanzó una mirada al viejo quien se la devolvió – a mí me entrenaron los mejores por lo que estoy capacitada para entrenarla más a fondo cuando ustedes den su aprobación.
Takemura-sensei siguió acariciando su barba y alzó una ceja en dirección a Nodoka-sama – Si, todo lo que has dicho es cierto, en ningún lugar de las escrituras pone que una mujer no puede ser un Protector, pero ¿estás segura de que quieres que una mujer te proteja? No quiero sonar desafortunado pero una mujer no tiene las mismas capacidades físicas que un hombre.
- Muy segura – contestó firme mi señora.
Los hombres hablaron entre ellos aunque Takemura-sensei no pronunció palabra alguna, simplemente volvió a cerrar los ojos. Un hombre bajito con cara de bonachón pero una enorme cicatriz en la mejilla alzó la voz – No será fácil niña – dijo dirigiéndose a mí – debes estar dispuesta a dar tu vida por tu señora, arrancarte el corazón de cuajo y dárselo en una bandeja si así te lo requiere ¿entiendes eso?
- Lo entiendo y lo acepto, no sería la primera vez que doy mi vida por Nodoka-sama - hablé con seriedad.
Takamura-sensei abrió los ojos ante mis palabras y enfocó su mirada en mí cuando el hombre de la nariz torcida volvió a hablar – ¿Cómo es eso niña?
Fruncí el ceño levemente por su forma de llamarme niña, yo no era una niña y se lo demostraría a ellos o al mismísimo emperador si hacía falta – En dos ocasiones estuve a punto de entregar la pelleja por mi señora – comencé a relatar – una vez casi me caigo del tejado por vigilar que ningún intruso extranjero ocupara nuestro hogar tras el bombardeo a las murallas de Edo – veía con satisfacción como los cinco miembros del consejo me escuchaban atentamente, incluso Takemura-sensei – y en otra ocasión me pelee con un borracho que la estaba acosando recibiendo una puñalada como regalo – abrieron los ojos de par en par y alguno me miró con incredulidad – tengo las cicatrices si quieren verlas.
Hice un amago de abrirme la parte de arriba del kimono para mostrarles la marca en mi costado pero me frenaron de un grito. Curiosa observé como tres de ellos se tapaban la cara con sus abanicos, el bonachón estaba sonrojado mirando al suelo y Takemura-sensei simplemente sonreía al igual que mi señora.
- Es una chica peculiar, sin duda – habló el anciano.
- Es una gran guerrera, combate con todo tipo de armas, es muy buena con el arco y es una gran amazona.
- No es seguro que una mujer vaya a caballo a una batalla – habló el de la nariz torcida.
Nodoka-sama le miró fieramente y sonreí disimuladamente al ver como la mirada de mi señora le había hecho estremecer – Akane cabalga como los hombres, por eso no hay problema.
- Muchos hablaran de ti – habló Takemura-sensei – incluso muchos hombres no querrán casarse contigo porque te tendrán miedo, no es natural que su mujer sea más fuerte que él.
- Lo entiendo y no me importa – dije muy seria – Mi padre me decía que yo no había nacido para ser madre y esposa, que mi destino era ser alguien grande. Una leyenda.
- Tienes mucho agua en tu personalidad – habló el anciano – ¿Cómo se llamaba tu padre?
- Soun Tendo señor. Happosai-sensei fue su maestro.
- Ah, me suena su nombre, Happi le llamaba el diamante en bruto.
- ¿Conoció al entrenador de mi padre? – pregunté con ilusión. Mis ojos brillaron ante el recuerdo de mi progenitor, si me viera ahora seguro que estaría orgulloso, mi pobre madre seguro que se estaría revolviendo en la tumba, pobrecita no ganaba para disgusto ni viva, ni muerta.
- Éramos buenos amigos – dijo Takemura-sensei – y por lo que me contó tu padre era un gran guerrero que lanzó por la borda su futuro por una mujer.
Fruncí el ceño al oír como ese viejo hablaba sobre mi querido padre pero el rostro de Takemura-sensei se relajó mirándome como un abuelo a su nieta – Por lo visto hizo bien en casarse ya que trajo al mundo a una muchacha como tú.
Nodoka-sama me miró orgullosa y sentí mi pecho hincharse, sobre todo cuando Takemura-sensei dijo – Yo no veo el problema en que sea tu protectora, pero sabes que debe pasar el examen como todos, es un examen que casi nadie ha pasado en los últimos cien años, mediremos tus capacidades en batalla y solo tendrás una oportunidad ¿lo entiendes?
- ¿Cuánto tiempo tenemos para entrenar? - preguntó mi señora con interés.
- Lo que tu creas necesario – contestó Takemura-sensei – no importa si son cuatro días o cuatro milenios, es tu decisión como su señora entrenarla y decidir cuando está lista para el examen.
- Bien ¿entonces tengo su permiso para entrenarla?
Takemura-sensei se giró levemente buscando la mirada de sus compañeros pero ninguno puso objeción, es mas todos bajaron la cabeza cuando el viejo les miró – No veo que nadie ponga pegas. Tienes nuestro permiso, pero recuerda Nodoka querida, tiene que pasar el examen, con el sí de todos los miembros.
- Lo pasará – habló contenta mi señora dándome una gran sonrisa.
Estábamos dispuestas a irnos cuando Takemura-sensei alzó una mano – todavía no hemos terminado.
Nodoka-sama y yo nos colocamos de nuevo de rodillas frente al consejo quienes nos miraban muy serios. Takamura-sensei una vez más se acarició la barba.
- Para que Akane pueda ser tu Protectora debe hacerte na ofrenda frente al consejo, algo importante para ella que la una a ti y a tu familia el resto de vuestras vidas.
Nodoka-sama pareció algo contrariada – Sentimos decir que Akane no ha triado nada salvo el kaiken que le entregué como muestra de mi afecto.
- No – le corté de repente sorprendiéndolos a todos – si tengo algo que ofrecerle, no es mucho ni mucho menos valioso pero significa mucho para mí.
- ¿Y qué es? – preguntó el hombre con la nariz torcida.
Con gesto lento tome la cola baja y la puse hacia delante. Miré mi pelo con cariño pero era hora de decirle adiós al pasado y centrarme en el presente y el futuro que sería mi señora y nada más.
- Mi pelo.
El consejo pareció contrariado – ¿tu pelo?
- Así es – respondí – para mí, mi pelo es muy importante, no por el hecho de ser mujer sino porque… es una promesa que le di a mi difunta madre, una promesa que me ata a un pasado doloroso y que debo superar. Cortándome el pelo y entregándoselo a mi señora, dejo mi pasado atrás y deposito mi vida en sus manos al igual que ella deposita la suya en las mías.
Nodoka-sama tenía las manos en el pecho y los ojos aguados – Akane, no es necesario, es un precioso recuerdo de tu madre y…
- Es pelo – dije muy seria – es mi manera de avanzar y dejar atrás toda vida anterior porque a partir de ahora usted será mi vida, mi señora.
La sala se volvió silenciosa y Takamura-sensei miró a mi señora que parecía totalmente tocada en el corazón por mi gesto. Me daba mucha pena pensar que allí donde estuviera madre no estaría conforme pero debía pasar página, debía crecer y avanzar, cambiar, mudar de piel, convertirme en una mujer dejando atrás a la niña.
- Nunca mas podrás llevar el pelo largo mientras le pertenezcas a Nodoka y los Saotome ¿estas conforme? - asentí segura, el anciano se giró entonces para mirar a mi señora - Bueno, ¿Aceptas su ofrenda? – preguntó el anciano.
Nodoka-sama me miró con un gesto de cariño en el rostro – Por supuesto que sí, es todo un honor.
Le di una vaga sonrisa mientras Nodoka-sama desenvainaba la katana que siempre llevaba con ella, era su bien más preciado después de su hijo. Los hombres del consejo se levantaron y se pusieron a nuestro alrededor mientras un vasallo entraba quemando incienso rodeándonos en círculo. Los miembros del consejo comenzaron una especie de rezo que duró unos minutos y luego se quedaron totalmente quietos mirándonos fijamente. Takemura-sensei era el único en pie ya que este era el oficiaba la ceremonia.
- Bien, entonces Nodoka Saotome ¿estas segura de entregarle a esta mujer tu seguridad y la de tu familia?
- Lo estoy – contestó Nodoka-sama mirándome a los ojos.
- Y tu Akane, ¿estas dispuesta a entregar tu vida por esta mujer y su familia?
- Lo estoy – dije firme.
Takemura-sensei alzó la espada de mi señora presentándosela al enorme dragón de oro y luego se la devolvió – Nodoka, haz los honores.
Me giré lentamente dejando mi pelo y mi cuello en las manos de Nodoka-sama. Noté como tomaba la coleta entre sus manos y tensaba un poco. Sentí un escalofrío recorrerme cuando la hoja de la katana tocó mi pelo y de un rápido y potente tajo cortó mi melena mostrando a los presentes cuan afilada tenía mi señora aquel arma.
Abrí los ojos lentamente, sin estar segura de en qué momento los había cerrado y automáticamente me llevé la mano hacia atrás buscando mi melena, pero ya no estaba. En su lugar encontré solo aire y vacío.
Lentamente me giré para mirar a mi señora quien tenía en su mano mi pelo. Lo miré con tristeza pero sentí que me había desprendido de una carga muy grande, sentí mis hombros liberados del peso de todos esos años de niñez robada, ahora era una nueva Akane.
- Bien, ahora deberéis sellar vuestra unión bebiendo sake – otro de los hombres me acercó una copita con sake e hizo lo mismo con mi señora. Alzamos la tacita en alto y luego la bebimos de un trago, con esa pequeña ceremonia estábamos unidas para siempre.
Takamura-sensei sonrió amablemente – A partir de ahora tu deber es entrenarla duramente y traerla ante nosotros cuando esté preparada.
- Lo haré Takamura-sensei – nos pusimos en pie y el anciano nos acompañó a la puerta – Akane es una mujer muy especial y no podría encontrar mejor Protectora que ella.
- Estoy seguro de que hará grandes cosas – contestó el anciano poniendo su mano en mi hombro – Puedo ver una gran determinación en tu mirada, serás una gran Protectora.
- Confíe en mi – habló Nodoka-sama – pronto la tendrá aquí haciendo su examen.
- Espero verlo – nos despedimos en la puerta y tras montar sobre Kaze y mi señora subirse al carro nos dispusimos a volver a casa.
Tenía una sensación extraña, como si algo dentro de mí hubiera cambiado. Ahora tenía una gran responsabilidad para con mi señora y no podía decepcionarla, me esforzaría al máximo para lograr hacer ese examen y pasarlo, no podía permitir que los esfuerzos de mi señora fueran en vano.
- ¿Cómo te sientes querida? – me preguntó mi señora sacándome de mis pensamientos.
Alce los ojos para observarla sentada cómodamente dentro del carro – Bien, diferente.
- ¿No te arrepientes de tu ofrenda?
- No – contesté pero no pude evitar tocar mi nuca – No niego que se siente extraño, no suelo notar el viento en mi cuello a menudo, pero puedo acostumbrarme.
Nodoka-sama me miró con serenidad – Ha sido una ofrenda preciosa, me ha emocionado.
- Le debo mucho señora – contesté seria – solo quiero devolverle lo que me da.
Me adelanté levemente azuzando las riendas de Kaze. El resto del camino lo pasamos prácticamente en silencio, solo roto por el relinchar de los caballos y alguna que otra conversación pero por lo demás fue una vuelta a casa tranquila y silenciosa. Cuando llegamos al hogar Saotome horas más tarde todos en la casa se quedaron sorprendidos ante mi cambio.
- Estas muy guapa onee-chan – dijo Sasuke sonrojado.
- Gracias – le ofrecí una cálida sonrisa y su sonrojo aumento, salió corriendo haciéndome reír, Sasuke nunca cambiaría.
Ukyo se quedó de piedra cuando me vio pero no dijo nada, solo bufó y siguió peinándose la larga melena. Todos los integrantes del hogar Saotome se deshacían en halagos, que si me quedaba mejor el pelo corto, que si me hacía más mujer, que si era un corte salvaje para una mujer salvaje, que si rompería corazones, que si realzaba mis ojos… todo alabanzas hacia mi nuevo corte, pero claro cuando la china hizo acto de presencia su cruel risa atormentó mis oídos el resto del día.
- ¿Es que Akane querer facilitarme trabajo? – preguntó mordaz bloqueando el pasillo para no dejarme ir a la habitación.
- ¿De qué hablas?
Shampoo puso una felina sonrisa y se cruzó de brazos – Con ese pelo solo conseguir que Ranma y la gente reírse más de ti ¿es que tener pensado hacerte pasar por hombre? ¿O es que tu querer ser uno?
- ¡Déjame en paz! – no podía más, no podía aguantar más a Shampoo por eso sin poder evitarlo me lancé sobre ella haciéndonos caer al suelo y liándome a los golpes con ella. La china se cubría con sus brazos como podía y gritaba por auxilio.
Unos rápidos pasos se acercaron a nosotras y unos brazos me tomaron levantándome para alejarme de Shampoo que apenas tenía algún golpe serio ya que era tal mi ira que simplemente lancé golpes sin ton ni son. Tan solo tenía una mejilla roja.
- ¡Akane por Kami! – gritó Hiro tras separare dela china quien era ayudada por Kimiko y Yuri. Apartó las manos de mis amigas con rabia y se puso en pie sobando su mejilla mientras Nodoka-sama se acercaba apresurada.
- ¿Qué pasa aquí? – preguntó entre gritos mi señora.
- ¡Akane atacarme! ¡Desfigurarme cara!
Gruñí intentando soltarme del agarre que Hiro tenía sobre mí – ¡Ya me tienes harta!
- ¡Solo decirte la verdad! – Gritó Shampoo acercándose a mí – ¡Ser una estúpida gorda y fea marimacho a la que ningún hombre querer nunca! ¡Y mucho menos Ranma! ¡El enterarse de esto!
Intenté lanzarme de nuevo hacia ella haciéndola retroceder pero el firme agarre de Hiro no me lo permitió. Nodoka-sama la tomó por el cuello del ordinario kimono rosa chillón que llevaba y la empujó hacia las escaleras – Tu y yo ya hablaremos, estoy muy cansada de que insultes a Akane.
- Pero señora – protestó Shampoo al verse reprendida – ella ser la que atacarme.
- También recibirá castigo pero tú no eres inocente, no protestes lo que te buscas, ¡vete a tu cuarto!
- No ser una niña.
- ¡Ahora! – le gritó Nodoka-sama haciéndola pegar un bote. Frunció el ceño y subió apresurada las escaleras para encerrarse en su habitación no sin antes gritar - ¡Esto no quedar así!
Minutos más tarde me encontraba siendo duramente reprendida por Nodoka-sama en mi habitación – ¡No puedes dejarte llevar así por tus impulsos, no es honorable golpear a alguien que no sabe defenderse!
- Ella empezó – protesté sin mirarla directamente a la cara.
- ¡Me importa muy poco! ¿¡Crees que no se bien que esa niña te busca siempre para que hagas precisamente lo que has hecho y dejarte a ti como la bruta salvaje!? – Me increpó – ¡Y mírame a la cara cuando te hablo!
Apreté los puños con fuerza por el coraje, poco a poco alcé la vista encontrándome con la severa mirada de Nodoka-sama. No dije nada, no tenía valor para hablar.
- Le pedirás disculpas a Shampoo.
- ¡Ni muerta! – protesté encarándome por primera vez con ella. Una cosa era la obediencia absoluta hacia mi señora y otra muy diferente humillarme frente a la china.
- Harás lo que yo te ordene – sentenció firme – ella también se disculpara contigo.
- No quiero su falso perdón – respondí molesta – ambas sabemos que nos odiamos, serán perdones falsos y no dude en que ella seguirá buscándome y me volverá a encontrar, ya me tiene harta.
- No te volverá a encontrar por más que te busque porque yo me encargaré de ello.
Alcé una ceja interrogante – ¿Y qué hará? ¿Meterla en una casa para señoritas?
- No – respondió dejando a un lado mi sarcasmo – Te entrenaré para conseguir que reprimas esos impulsos que te dominan, será parte de tu entrenamiento como Protectora ya que no pasarás el examen si no dominas el corazón de hielo.
Pensé unos segundos lo que mi señora me acababa de explicar, debía entrenar para convertirme en un témpano de hielo, ¿podía hacerlo? Por muy bruta que pareciera por dentro era una chica sensible, no sabía si podría hacerlo.
- No me mires así Akane, podrás hacerlo aunque para conseguirlo… tenga que usar métodos no muy correctos.
Me asusté ante las palabras de mi señora – ¿Qué va a hacerme?
- No, no es nada físico – se apresuró a aclarar Nodoka-sama – pero puede que te haga recordar momentos de tu vida que no te hacen bien.
Sopesé sus palabras unos segundos, tal vez me haría recordar a mi familia o incluso a Ranma ¿podría conseguirlo? Recordar a mi joven señor me removió las entrañas una vez más y esta vez no fue para bien sino que el sentimiento que se instauró en mi pecho fue uno muy oscuro ¿tal vez resentimiento? ¿O era odio? Odio eran palabras mayores pero estaba tan herida en aquel momento que posiblemente odiara a Ranma.
- No importa lo que tenga que hacer señora – dije firme – yo me he ofrecido a ser su Protectora, le he entregado mi vida y mi destino así que obedeceré todo lo que usted me ordene, hasta me disculparé con Shampoo.
Nodoka-sama destensionó su rostro y lanzó un largo suspiro – Lo conseguirás Akane, lo hago por tu bien.
- Lo se señora.
Cuando nuestra discusión terminó Nodoka-sama subió al cuarto de la china y la casa Saotome se llenó de gritos entre ambas mujeres. Mi primera reacción al escuchar los gritos de Shampoo a mi señora fue subir y poner firme a aquella mal educada, pero entonces recordé las últimas palabras que me había dedicado mi señora antes de salir de mi cuarto.
- No puedes caer en las trampas de Shampoo, un guerrero tiene temple y no se deja llevar por la ira, mente fría Akane, recuérdalo siempre, un acto impulsivo puede llevarte bajo tierra en batalla.
Mi señora quería protegerme, sabía que Shampoo tenía buenos contactos en Edo ya que era muy amiga de las grandes señora de la ciudad gracias a la señora Ryugenzawa, por lo tanto si me dejaba dominar por mis impulsos podría golpearla y mi deseo de ser Protectora se me escaparía entre los dedos solo por mi mala fama.
- Un Protector protege, no agrede a quien no se sabe defender – me había dicho Nodoka-sama.
Debía reunir toda mi paciencia y aprender la técnica que mi señora me enseñaría para así doblegar mi alma impulsiva, podría hacerlo y lo haría como que me llamaba Akane Tendo. Los gritos siguieron escuchándose por horas hasta que Nodoka-sama bajó con Shampoo fuertemente agarrada del brazo. La plantó frente a mí y nos obligó a pedirnos mutuamente disculpas.
Shampoo murmuró una falsa disculpa apretando los dientes, la mía fue un poco más disimulada pero ambas sabíamos que ninguna lo sentía de verdad y que seguíamos siendo enemigas, esa noche Shampoo no se presentó a cenar.
A partir de aquel día mi vida se convirtió en una montaña rusa. Mi señora había puesto una institutriz a Shampoo y a Ukyo, se llamaba Mizuno-sensei y parecía que llevaba un palo metido por el culo y que todo a su alrededor apestaba ya que tenía siempre el ceño fruncido en una mueca de desagrado.
La primera clase que tuvo con las chicas Ukyo acabó llorando ante la rudeza de la mujer. Era una señora entrada en los cuarenta y muchos, con un apretado moño que estiraba la piel de su cara hacia atrás consiguiendo disimular las arrugas que empezaban a surgir en su rostro. Era muy delgada, tenía una nariz larga y afilada y los ojos muy largos y pequeños, bueno, no sé si eran pequeños o que siempre los llevaba entreabiertos para resaltar su gesto de desagrado constante con la vida.
Lo que más me llamaba la atención era su cuello, largo como el de una grulla y en el que se observaban los tendones a simple vista debido a su delgadez. El kimono le daba el volumen que no tenía y solo se veían sus huesudas manos, con dedos largos y nudados como las ramitas de los árboles. Tenía la boca larga y los labios pequeños, Sasuke siempre decía que parecían dos lombrices.
Mizuno-sensei era una bruja y hacía a Shampoo y Ukyo estudiar como esclavas – Estáis prontas a casaros y aun os comportáis como niños de teta, si seguís así vuestro marido se largará con otra.
Nodoka-sama me explicó en una ocasión que ya que Shampoo y Ukyo tenían tantas ganas de casarse debían aprender de una verdadera profesional en cómo se comporta una mujer: sumisa, callada, siempre perfecta y con un plato de comida recién cocinado. Mi señora les había dado clases anteriormente, pero Mizuno-sensei estaba a otro nivel ya que nunca vi a esas dos tanto tiempo dentro de una cocina para desagrado de ambas – Olerme el pelo a grasa – se quejaba Shampoo cada vez que terminaba su clase de cocina en las que por cierto ambas eran habilidosas.
Mizuno-sensei era un sargento y tenía a mis compañeras entretenidas en el "laborioso" arte de la conversación o en cómo comportarte si tu marido te maltrata – Si vuestro marido llega a casa cansado, no le habléis, si os golpea debéis preguntaros ¿Qué he hecho mal? Porque él lo hace para que aprendas, nadie nace sabiendo… pero hay que ser lista, una buena esposa sabe cuándo su marido viene cansado del trabajo para no sacarle de quicio ¿entendido?
- A mí me pone un hombre la mano encima y se la corto – le dije a mi señora cuando escuché esa conversación camino al dojo haciéndola sonreír.
- Lo mejor de todo es que no está casada, cobra un buen jornal por explicarle a las chicas como ser "buenas esposas" y ella no tiene uno propio.
- Bueno, yo sé cómo sacar leche a una vaca y a mí nunca me han catado.
Mi señora se giró para mirarme asombrada y con las mejillas totalmente rojas. La miré sin entender el porqué de su sorpresa hasta que me di cuenta de lo comprometedor de mis palabras. Sintiendo mis mejillas arder intenté arreglar la situación – No me mal entienda, lo que quiero decir es que con saberse la teoría… Por Kami debí haber escogido otro ejemplo – dije llevándome la manos a la cabeza.
Nodoka-sama tras recuperarse del asombro empezó a carcajearse – No solo eres impulsiva en actos, también en palabras – quise que la tierra me tragara pero antes de que pudiera hablar de nuevo Nodoka-sama me lanzó una afilada katana que agarré a duras penas – Te va a costar mucho dejar de ser impulsiva, pero como que me llamo Nodoka Saotome que tú serás mi Protectora, así me cueste la vida.
Si los entrenamientos de Mizuno-sensei les parecían agotadores a Shampoo y Ukyo no quiero pensar que sentirían si estuvieran en mi lugar. Nodoka-sama siempre había sido una maestra impasible que no se apiadaba de mí hasta que caía derrumbada de cansancio sobre el suelo del dojo, pero esa intensidad se incrementó cuando empecé a entrenar para ser Protectora.
Me entrenó en el noble arte de la naginata – Es un gran arma sobre todo para una mujer de pequeña estatura como tú – me explicó mientras se colocaba tras de mí y guiaba mis movimientos – tienes que ser ligera Akane.
- Si señora – respondía siempre.
- Debes entrenar duramente con las armas pues estas serán tus mejores amigas y aliadas, no importa cual elijas al final como tu compañera – me explicó una mañana mientras me mostraba una gran variedad de armas – arco, katana, puñal, naginata… domínalas todas y elige con la que más cómoda te sientas.
Entrenaba duramente todos los días, me sangraron las manos y los pies de tanto golpear los monigotes de paja y madera que mi señora me había construido con la ayuda de Sasuke – céntrate en el punto débil de tu oponente y hiérele de gravedad en cuanto puedas, ten piedad pero no demasiada, apiádate del débil y termina con aquel que puede terminar contigo - me explicaba ceremoniosa a pesar de la intensidad de los combates que teníamos - eso si, nunca infravalores a nadie.
Cada día, mes tras mes tras terminar mis entrenamientos mi señora me obligaba a tomar baños de agua helada. Mis nudillos estaban despellejados y tenía varios moratones en mi cuerpo ya que mi señora me había inducido también en el combate cuerpo a cuerpo. Nunca esperé que mi señora y yo lucháramos a manos desnudas, nunca espere que tendría el valor para alzarle la mano. Era una mujer rápida, se movía como si flotara, era ágil y rápida y encajaba los golpes de tal manera que me dejaba doblada de dolor.
- Más vale maña que fuerza – me había dicho una vez que me había dejado fuera de combate de un solo golpe en el costado – Las costillas si sabes golpearlas son un punto delicado, un golpe justo y puedes romper tres costillas al hombre más fuerte de Japón.
Día tras día entrenaba duramente, mi cuerpo y mi mente se fortalecían y sin darme cuenta había pasado más de un año desde que había empezado mi entrenamiento como Protectora. Me sentía más poderosa, la masa muscular en mi cuerpo había aumentado sin ser exagerada, dominaba a la perfección la katana y la naginata, el combate cuerpo a cuerpo… pero eso no era suficiente para mi señora.
- Creo que estoy preparada para hacer el examen – dije un día mientras entrenaba con el arco.
Para mi sorpresa, Nodoka-sama me tomó por los hombros y me lanzó por encima suya haciéndome una llave inmovilizándome. Puso su filosa arma en mi cuello y tragué seco.
- No, no lo estás – respondió mi señora mirándome severamente a los ojos – aun eres demasiado confiada.
Bufé frustrada pero no objeté. Mi señora me había dejado muy claro que le importaba muy poco estar años entrenándome, su único objetivo era que pasara la prueba con rapidez – te pondrán muchas trabas Akane, por el simple hecho de ser mujer.
Mi momento de entrenamiento más duro fue cuando mi señora decidió que debía dominar mis impulsos – eres una persona de acción Akane, pero si quieres sobrevivir a la batalla debes pensar la estrategia a seguir – me explicaba una tarde de lluvia. Hacía muchísimo frio fuera ya que era pleno invierno así que lo que menos espere ese día era que mi señora me dejara prácticamente en paños menores y me sacara bajo la lluvia.
- Arrodíllate – me dijo con voz grave.
Aun sorprendida hice lo que me ordenó pendiente de todo lo que me rodeaba ya que lo que menos deseaba es que Sasuke o alguno de los hombres de la casa saliera al jardín y me descubriera casi desnuda.
Mi señora se colocó a mi lado bajo en enorme paraguas de color negro y comenzó a soltar veneno por su boca – Akane, eres una marimacho.
Me giré sorprendida a verla, no esperaba tremendo ataque por su parte, sus ojos estaban oscuros, me miraban con asco y rabia, con la misma mirada que cada día recibía de Shampoo, una mirada que me enfadó.
- No vales nada – siguió hablando mi señora – eres basura, escoria ¡una mujer que quiere ser un hombre! – me gritó mientras me empujaba la cabeza con su mano haciéndome tambalearme.
- Señora ¿Qué diablos hace? – pregunté sorprendida. No entendía que pasaba, estaba allí medio desnuda, congelándome bajo la lluvia. Mis dientes castañeaban y mi piel se erizó debido al frio mientras que la mujer a la quemas idolatraba me trataba peor que aun perro ¡No entendía nada!
- Concéntrate – me dijo severa – que nada te distraiga, corazón de hielo.
Entendí entonces lo que mi señora intentaba, estaba intentando aplacar mis impulsos, me llevaría al límite para que pudiera aprender a controlarme. Se lo agradecía pero ¿era necesario congelarme? Como si me hubiera leído la mente mi señora me dio otro empujón.
- Tienes que endurecer tu cuerpo y tu alma, cuando esto ocurra tu corazón ya no sentirá – explicó dándome otro empujón. Me coloqué bien de rodillas y coloqué mis manos sobre mis muslos mientras bajaba la cabeza buscando concentrarme. Notaba las gotas de la lluvia calarme y el frio entrar hasta mis huesos.
- Eres fea, nunca conseguirás un marido. Marimacho ¿acaso te piensas lo suficiente para mi hijo? No lo eres, Ranma jamás te amo porque no eres más que una niña estúpida con ínfulas de guerrero.
Apreté los puños con fuerza intentando reprimir el enfado que se acumulaba por mi cuerpo. Esas palabras más los empujones que mi señora me daba me llevaban hasta el límite pero juntando toda mi paciencia y apretando mis puños con fuerza pude reprimir esa primera oleada de ira.
- ¿Qué? ¿No vas a defenderte? – Me preguntó Nodoka-sama – ¿Qué pasa? ¿Ahora eres delicada? No me hagas reír todos saben cómo eres en realidad, un animalillo salvaje al que nadie soporta por eso todos a los que amas te abandonan, primero tu familia que no dudo en venderte ¿sabes por qué? Por qué se avergonzaban de tener a alguien como tú en la familia.
Ese golpe fue tremendamente bajo, no me esperaba eso de ella y quería pensar que lo decía por el entrenamiento pero ¿y si era real? ¿Y si mi señora pensaba de esa forma?
- Tu padre no te soportaba Akane, por eso se dio a la bebida cuando tu madre murió.
Tenía los nudillos blancos debido a la presión que ejercí, notaba mis uñas clavarse en la palma de mi mano, empecé a temblar y el frio desapareció, ya no notaba nada más que el calor de la rabia – Basta…
- ¿Qué? ¿Vas a llorar? – Me preguntó con tono cruel mi señora dándome otro empujón – idiota, eres una idiota que se piensa especial, pues créeme no lo eres, no eres nadie Akane Tendo por eso nadie te ama, estás sola y siempre estarás sola.
- Basta… - murmuré de nuevo sintiendo las lágrimas correr por mis mejillas.
Nodoka-sama me dio otro nuevo empujón con rabia – Todos se ríen de ti, sobretodo Ranma que ahora mismo está riéndose con sus compañeros de lo idiota que eres al pensar que te amaba ¿Cómo caíste tan fácil? Nunca te amó Akane, nunca te amo, te usó como quiso para luego abandonarte como a un trapo viejo – sus palabras me dolían, se clavaban como cuchillos ardientes en mi pecho. Me mordí con fuerza el interior de las mejillas y apreté aún más los puños – Eres patética Akane Tendo.
- ¡Basta! – grité dando un fuerte puñetazo al suelo para luego levantarme y encararla. Cuando mis ojos toparon con los suyos me tranquilicé al ver de nuevo esa amorosa mirada en los marrones ojos de mi señora.
- Lo has hecho muy bien – me susurró.
Cuando volví a la realidad sentí de nuevo el frio de la lluvia calarme hasta el alma. Noté también un resquemor en la palma de las manos, cuando las miré me di cuenta de que me había hecho heridas debido a la presión que había ejercido anteriormente. Comencé a respirar profundamente y las lágrimas brotaron de mis ojos.
Nodoka-sama soltó su paraguas y me abrazó con fuerza – Lo siento, lo siento mucho pero era necesario.
Me abracé con fuerza recibiendo un ligero apretón, mi señora me reconfortó, nos quedamos abrazadas bajo la lluvia mientras Nodoka-sama me murmuraba un y otra vez "Lo siento"
Una parte muy pequeña y oscura de mi corazón no la creían, sus palabras habían sonado muy convincentes y reales, como si de verdad Nodoka-sama pensara esas cosas sobre mí. Pero mi parte más racional y mi cariño hacia ella acallaron esa vocecita de la duda, mi señora me amaba como yo a ella sino no se tomaría la molestia de perder su valioso tiempo en mí. Se lo debía todo a Nodoka-sama, mi obediencia y mi confianza.
Esa noche me di un baño ardiendo en el ofuro para quitar el frío del cuerpo pero no sirvió para nada ya que tuve que permanecer varios días enferma en la cama – Aun eres débil de cuerpo – me dijo una vez me recupere y volvió a llevar a cabo el mismo entrenamiento con resultados cada vez más satisfactorios.
A medida que mi señora me entrenaba también sembraba un poquito de despecho en mi corazón ya que siempre me recordaba el tema de Ranma, como si quisiera que le odiara con toda mi ama. Poco a poco mis impulsos fueron menguando y logré controlar mi mal genio, pero controlarlo completamente me llevaría años.
- ¿Te acuerdas una vez hace años que te dije que la mujer tiene un arma entre sus piernas? – me preguntó una tarde mientras entrenaba con el arco.
- Lo recuerdo – contesté lanzando una flecha que dio justo en la diana – ¿Por qué?
- Porque quiero que refresquemos la memoria de ese entrenamiento.
Le lancé una mirada curiosa, no llegaba a entender la necesidad de seducir si mi obligación sería proteger – ¿Y por qué mi señora?
- Una guerrera no solo es diestra en el arte del combate, también en el de la seducción. Una Protectora hace lo que sea por proteger a su familia.
Mis mejillas ardieron ante la insinuación de Nodoka-sama – ¿Me está diciendo que tendré que… que… usted sabe con hombres?
- Solo si es necesario y si así tú lo deseas – contestó tranquilamente como quien dice que va a llover.
- Pero señora yo no…
- He dicho que si así tú lo deseas – reafirmó sus palabras mirándose con seriedad – Un hombre da igual lo fuerte que sea es débil ante los encantos de una mujer, tu eres preciosa Akane, lo que tienes entre las piernas te da el poder absoluto sobre los hombres, tienes el poder.
No sabía que decir, me sentí un poco incómoda con esa conversación además de que yo no me sentía hermosa en absoluto, desde que Ranma me había rechazado mi autoestima había caído en picado – No creo que yo logre controlar a un hombre señora.
- Ya lo has hecho antes – me dijo – y con un entrenamiento más profundo, harás lo que quieras con los hombres.
- ¿está segura? – pregunté un poco dudosa.
Nodoka-sama se acercó a mí y tomó mi rostro con su mano alzándolo para clavar sus fieros ojos en los míos – escúchame Akane, que el idiota de mi hijo te rechazara no significa nada, eres preciosa y te lo demostraré.
El entrenamiento de seducción fue terriblemente vergonzoso. Si hace años sabía cómo seducir a un hombre a la hora de servirle él te, en esta ocasión mi señora me obligaba prácticamente a ir a Edo y conseguir comida o regalos gratis gracias a mi físico. Me sentí una cualquiera además de que los primeros días la vergüenza me recorría el cuerpo cuando me acercaba a algún tendero.
- No seas idiota – me recriminó mi señora cuando una mañana salí huyendo del vendedor de fruta, un hombre galante, guapo y con una bonita dentadura – incluso yo podría hacerlo.
- ¿A si? – Pregunté con ironía – pues hágalo – en realidad no dudaba para nada de las habilidades de seducción de mi señora ya que a pesar de su edad era una mujer hermosa que desprendía elegancia por los cuatro costados, si la reté fue precisamente para verla en acción, me mataba la curiosidad.
Nodoka-sama cayó en mi trampa, poniendo un gesto altivo se estiró todo lo que su espalda y cuello daba y poniendo una falsa sonrisa coqueta pasó por mi lado – mira y aprende.
La observé desde la lejanía, caminar bamboleando las caderas de una forma tan sutil que parecía su forma natural de caminar. Me quedé impresionada al ver como varios hombres se quedaban prendados al verla pasar girando sus cabezas para seguir observándola, incluso un chico de no más de dieciséis años que vendía pollos se quedó boquiabierto al verla pasar.
Reí disimuladamente al verla acercarse al chico de la fruta y soltar todas sus armas de coquetería con el pobre hombre que no sabía muy bien que hacer. Los movimientos de Nodoka-sama eran inocentes, sutiles incluso infantiles. El hombre reía de vez en cuando junto con mi señora y en más de una ocasión le vi mirarla con deseo a pesar de que esta le sacaba sus años.
Vi como Nodoka-sama fingía buscar algo en su kimono y poner cara de perro abandonado consiguiendo que el pobre hombre se pusiera nervioso y le entregara una bolsa. Nodoka-sama sonrió ampliamente y se agachó profundamente haciendo que el hombre hiperventilara y yo sabía muy bien por qué, Nodoka-sama se había agachado lo suficiente como para que el hombre le viera la parte posterior del cuello.
La observé mirarme burlona a medida que se acercaba a mí, el hombre incluso salió de su puesto para verla alejarse. Cuando llego a mi lado alzó la bolsa delante de mí – ¡Conseguido!
Sonreí al ver cómo le brillaban los ojos con ilusión – Ha estado soberbia señora, incluso pensé que el dependiente se iba a desmayar.
- Lo sé, no he perdido facultades – presumió mi señora poniendo una pomposa sonrisa en su cara, la misma sonrisa que ponía Ranma…
- Me toca a mí – dije firme, el pensar en el heredero Saotome y su forma de humillarme había apartado todo sentimiento de vergüenza y había colocado en mi la determinación de seducir a un muchacho a como diera lugar. Tenía que hacerme ver a mi misma que no era fea, que era una mujer hermosa y seductora, que el idiota había sido él.
- Suerte Akane – me dijo devorando la manzana – mira allí, el muchacho del puesto de manju.
Me giré para observar al joven de la tienda de dulces. Era delgado y de estatura media, pero se le veía un rostro afable y atractivo. Me dirigí con paso apresurado pero coqueto, con una sonrisa en mi rostro y la mirada baja, como si me diera vergüenza el simple hecho de caminar. Sonreí con suficiencia al percatarme de que un hombre se había quedado quieto mirándome, pero seguí mi camino sin prestarle más atención.
Cuando llegué al puesto esperé mi turno y el muchacho me atendió con una sonrisa. Desplegué todos mis encantos y las lecciones aprendidas con el pobre muchacho que se puso de un color rojo intenso cuando sonreí de forma estúpida llevándome la mano a la boca al decir que nunca había probado un manju.
- Debería probarlos señorita – me dijo con la voz entrecortada, signo claro de que le ponía nervioso.
Alcé la mano para tocar las puntas de mi pelo dejándole ver mi muñeca desnuda – No tengo dinero, mi señora no me permite comprarme dulces – puse la voz más tierna y triste que encontré por lo que tuve que disimular cuando le vi girarse y tropezar con unas cajas que tenía en el suelo. Tomó varios manju de su puesto y me los entregó.
- Para usted, señorita.
Fingí vergüenza y negué varias veces llevando las manos a mi cara – No, por favor no puedo aceptar su amabilidad.
- Por favor, acéptelos – insistía el muchacho sonrojado – Si le gustan me hará muy feliz.
- ¿De verdad me los regala? – pregunté acercándome un poco más al mostrador con una radiante sonrisa. El pobre muchacho tragó con dificultad y asintió levemente. Tomé con delicadeza la bolsa y rocé levemente sus dedos con los míos haciendo que el dependiente pegara un brinquito.
- No merezco tal honor, prometo que recomendaré su tienda a todos mis conocidos – me incliné igual que había hecho anteriormente mi señora mostrando aquel hueso en la parte posterior de mi cuello que tan bobos volvía a los hombres. Lo escuché jadear y tuve que esconder mi mirada de victoria.
Cuando salí noté como me seguía, me preocupé un poco ya que lo último que quería era un pesado a mí alrededor pero el pobre muchacho no era peligroso ni mucho menos – disculpe, puedo al menos… ¿saber su nombre?
Me giré con una enorme sonrisa y ladee mi cabeza mostrando parte de mi clavícula que se asomaba por el kimono – La próxima vez te lo diré.
El muchacho soltó un suspiro y asintió levemente mientras me alejaba de él. A lo lejos mi señora sonreía y puso un gesto de victoria con sus manos. Cuando llegué a su lado dije – ¿Un manju?
Nodoka-sama rio a carcajadas – Has estado sublime Akane, algo descocada al final pero he de decir que el truco de la clavícula ha sido inmejorable.
Sonreí y nos alejamos tomadas del brazo del centro de la ciudad. Poco a poco me fui convirtiendo en toda una mujer, con el pasar de los días, las semanas y los meses, incluso los años mí técnica fue mejorando, mi señora pensaba que aún no estaba preparada pero que conseguiría ser amazona.
Con el tiempo aprendí a dominar completamente mis impulsos pero tuve que pagar un alto precio por ello, mi señora me recordaba día y noche que Shampoo y Ranma se habían burlado de mí además de que me obligaba a ver el mundo tal cual era.
- En este mundo naces solo y mueres solo – me decía siempre.
Con el pasar de los años me fui convirtiendo en lo que mi señora catalogaba como "el guerrero perfecto" dominando las armas y el cuerpo a la perfección, pero como dije antes el precio fue demasiado alto, comencé a convertirme en una persona fría, apenas sonreía si no era estrictamente necesario… ya no quedaba nada de la pequeña Akane que había llegado al dojo con diez años.
La nueva Akane no se dejaría pisotear, no se dejaría vencer por nada ni nadie sin pelear, como decía mi señora – La vida del protector es matar o morir por su familia – y yo llevé a rajatabla esa doctrino muchos, muchísimos años de mi vida.
El resto de los años hasta que Ranma apareció de nuevo en mi vida los pasé entrenando como si no hubiera un mañana para convertirme en aquello para lo que estaba destinada: En la Protectora de Nodoka Saotome.
Aclaraciones:
Kaze: Viento
Hakama: es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) cuya función principal era proteger las piernas, por lo que originalmente se confeccionaba con telas gruesas y con algún diseño patrón. Posteriormente se convirtió en un símbolo de status o posición, algo que permitía distinguir rápidamente a un samurái, y evolucionó hacia una confección de tela más fina y de color liso oscuro (negro, azul índigo, gris).
Mikan: También conocida como la naranja japonesa. Es un cítrico representativo de la cultura de Japón, y es habitual encontrarlo sobre la mesa en los períodos invernales. Mikan quiere decir "cítrico dulce" en japonés.
Uesugi: Fue un clan samurái japonés descendiente del clan Fujiwara y especialmente destacado por el poder que tuvieron sus miembros durante los períodos Muromachi y Sengoku (aproximadamente durante los siglos XIV al XVII). El clan se dividió en tres ramas principales, los Ōgigayatsu, Inukake y Yamanouchi Uesugi, quienes ganaron una considerable influencia. El clan alcanzó gran fama mediante Uesugi Kenshin (1530-1578), uno de los principales daimyō del período Sengoku.
Naginata: Es un arma de asta usada por los samurái del Japón feudal, compuesta por una hoja curva al final de un asta larga. A pesar de que en ocasiones se la compara con una alabarda o un archa europea, esta comparación dista mucho de la realidad de los fines para los cuales fueron desarrolladas estas armas, pues la naginata es un arma de corte, mientras que una alabarda o un archa se asemejan más a un hacha con una larga asta y una punta al final. Las dimensiones peso y proporciones de estas armas son tan distintas que no pueden ser equiparadas. Como arma militar la naginata fue muy importante en los campos de batalla, donde en un principio era llevada por la infantería para defenderse de la caballería, aunque en periodos más tardíos de la historia de Japón fue adoptada también por combatientes a caballo. La técnica de combatir con la naginata se llama naginatajutsu y, está presente en muchos estilos de Koryu Budo (o Kobudo). Era una de las armas favoritas de las mujeres samurái.
Manju: es un tipo de wagashi (golosina japonesa) tradicional. Hay muchas variedades de manjū, pero la mayoría tiene un exterior hecho de harina, polvo de arroz y alforfón, y un relleno de pan, pasta de judía azuki y azúcar) de la que existen diversas variantes, como koshian, tsubuan y tsubushian.
