¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

Mis queridas y queridos lectores se que muchos estáis sufriendo por la relación de Ranma y Akane, teméis que los separe y os digo, aun queda mucha historia así que no os preocupéis, habrá muchos enredos, lágrimas y alegría pero hasta aquí puedo leer. Espero que el capítulo de hoy os guste y lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.

Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo.

Sin mas os dejo leer.


1860

Los años pasaron y de repente sin darme cuenta llevaba cuatro años entrenando con mi señora para convertirme en su Protectora. Varias veces a lo largo de esos años le imploré que me llevara a hacer el examen al templo pero nunca recibí una afirmación por su parte, según ella nunca estaba lo suficientemente preparada. Me ofuscaba terriblemente el verla negarse con cada petición, era como si estuviera alargando mi entrenamiento a propósito, como si estuviera esperando algo de mí, lo cual me frustraba enormemente ya que nunca llegaba a encontrar ese algo que la hiciera cambiar de opinión.

Sonará pretencioso pero sabía que había mejorado y que era mejor guerrero que muchos hombres de alta alcurnia que nos rodeaban. Mis reflejos eran buenos, era ágil (no tanto como Sasuke que se había convertido con el paso del tiempo en un asombroso ninja, todo gracias a su empeño en proteger a Momo-chan que por cierto volvía a estar embarazada) además de que era habilidosa con las armas, en montar a caballo, en el combate cuerpo a cuerpo y en la estrategia en las batallas.

Mi señora decía que era inteligente y me enseñó a como planear los ataques defensivos y ofensivos en batalla, me sorprendí al ver lo astuta que era y la capacidad que tenía a la hora de crear emboscadas – Necesitarás tener estos conocimientos si un día atacan nuestro hogar, deberás saber cómo defenderte y atacar.

Las cosas en la casa los últimos años fueron bastante tensas. Sasuke se la pasaba yendo y viniendo de la casa de Momoha. No había novedades salvo el nuevo bebé pero mi amigo sospechaba que Taro sabía que le vigilábamos. Ukyo era toda una señorita, ya poco quedaba de la niña que conocí al llegar a esa casa aunque su pasión por ser toda una buena esposa para Ryoga seguía viva en ella. Apenas nos dirigíamos la palabra pero no me importaba mucho ya que yo tenía cosas más importantes que hacer y pensar.

Con Shampoo la convivencia se tornó insoportable, como predijo mi señora la china se pasó esos cuatro años buscándome las cosquillas ya que no tenía pasatiempo favorito que leer en voz alta por toda la casa las cartas que intercambiaba con su prometido. Muchas veces desee darle su merecido pero como mi señora me había enseñado – Un Protector protege, no ataca al que no se sabe defender – malditas sabias y honorables palabras, no tenéis ni idea de las ganas que tenía de que Shampoo supiera usar aunque fuera una katana…

Y hablando de Ranma, su desprecio y humillación seguía latente en el fondo de mi pecho pero ya no me dolía. El tiempo que pasé entrenando me ayudó para darme cuenta de que no era una mujer como otra cualquiera, que mi destino era diferente, mi destino era ser alguien y valerme por mi misma, no ser una mantenida siempre. ¿Estaba nerviosa por verle? No, no estaba nerviosa y no tenía ninguna gana. Con el entrenamiento de mi señora había aprendido a ponerme una coraza de indiferencia y frialdad con las personas que no me gustaban y con Ranma no fue diferente. Con mis amigos y conocidos era la Akane de siempre, dulce y amable pero con aquellos que me han hecho daño a mí o a mis seres queridos era todo lo contrario.

A mis diecinueve años mi cuerpo había cambiado y había pegado el estirón que Shampoo y Ukyo habían dado tiempo atrás. Había crecido lo suficiente para pasar a Shampoo pero Ukyo seguía siendo un poco más alta – Maldita sea niña – me regañó una tarde Kimiko mientras me remendaba el Hakama – como sigas creciendo me vas a dar mucho trabajo extra.

Gracias al entrenamiento también había crecido en musculatura, nada exagerado pero mi cuerpo se tonificó y varios atributos de mi cuerpo crecieron con lo cual Nodoka-sama quedó encantada – Un trasero y unos pechos bonitos son más eficientes en algunas ocasiones que una espada – me había dicho una tarde mi señora cuando un joven teniente de la guardia del emperador, de unos veinticinco años se había presentado ante mi señora para cortejarme. Lastimosamente para él, tanto mi respuesta como la de mi señora fue la misma. No.

Mi pelo seguía siendo corto lo cual ahora me encantaba. Era cómodo, rápido de lavar y secar; Además me hacía lucir diferente ya que la mayoría de las chicas de mi edad (al menos las no casadas) lucían todas largas melenas brillantes y lisas. Por lo visto este cambio atraía a los hombres como la miel a las abejas ya que todos me comentaban lo hermosa que me veía. Mi señora tenía razón, los hombres a veces eran débiles y patéticos.

Una mañana de primavera, tras cuatro años de espera mi señora se removía inquieta en su sitio ante la inminente llegada de su esposo e hijo a casa. Shampoo y Ukyo estaban en sus habitaciones poniéndose lo más hermosas posible ya que querían darle una buena imagen a sus prometidos. Los criados de la casa corrían arriba y abajo adecentando el lugar y preparando un banquete digno de la ocasión. Todos, incluso mi señora parecían entusiasmados, menos yo. Yo no quería que volvieran, no quería volver a ver la cara del hombre que más daño me había hecho en el mundo, no quería volver a mirar esos ojos azules. Pero no tenía alternativa.

- ¿Estas bien? – me preguntó Sayuri tomándome por sorpresa.

Me giré para observarla y puse una falsa sonrisa en el rostro – Todo bien Sayuri, no te preocupes.

Mi amiga dio un leve asentimiento y me tendió un kimono limpio. No quería ponérmelo, me resultaban incómodos ya que los últimos cuatro años el hakama era prácticamente mi única prenda de vestir, pero la ocasión era "especial"… ¡Cuentos! Lo único bueno que tenía todo aquello era que Ryoga y Mousse volverían a casa, esos años de ausencia los pasé carteándome con ellos, sobre todo cuando Ranma me dio la patada y me cambio por la china, tal vez por eso Ukyo no podía ni verme.

Di un largo suspiro y me coloqué el kimono. Era de un color azul oscuro con flores blancas. El obi era de un color rojo intenso, esta combinación resaltaba la blancura de mi piel. Me miré en un pequeño espejo de mano y vi con pesar que mis ojos habían perdido una cosa muy importante: el brillo de la inocencia. Ya no era una niña, mis facciones se habían modificado para dar paso a los rasgos de los adultos, mis ojos ya no eran vivarachos y curiosos, ahora lo miraban todo con desconfianza, todo menos a mi señora y Sasuke, ellos nunca me traicionarían.

La puerta corredera se abrió y mi señora apareció en el umbral. Su rostro parecía algo contrariado pero no podía disimular la felicidad en sus ojos, era entendible ya que por mucho cariño que tuviera por mí y que lo que su hijo me hubiera hecho la hubiera decepcionado, Ranma no dejaba de ser su único vástago, lo llevó en su vientre nueve meses… era natural que estuviera feliz de volver a verle.

- Akane – habló con calma – ¿Estás bien?

Rodé los ojos algo molesta mientras me acomodaba bien el obi – ¿Qué os ha dado a todos por preguntarme eso?

- Es algo natural – contestó ayudándome – mi hijo te hizo mucho daño y…

- Eso ya es pasado – le corté seria – usted me enseñó estos cuatro años que una mujer no llora ni se aferra a un imposible, que el pasado es pasado y mi futuro es usted.

Nodoka-sama me miró con una ligera sonrisa en la cara y acarició mi rostro con delicadeza – Definitivamente, eres toda una guerrera.

- Usted me ha convertido en lo que soy – hablé firme – todo lo que tengo y todo en lo que me he convertido se lo debo a usted. No estoy feliz de volver a ver a su hijo, pero es el heredero y primogénito de la mujer por la que daría la vida por lo tanto estaré a su disposición y servicio si usted así lo decide, pero no espere que sea amable con él.

- Jamás te pediría algo así, no después de lo que has sufrido.

- Su hijo es pasado, ahora ya no soy una niña de dieciséis años. Tengo diecinueve, soy una mujer y cuando usted lo crea conveniente seré su Protectora. Es lo que he decidido y lo que quiero ser.

Nodoka-sama se acercó a mi armario que estaba abierto y lo cerró con parsimonia, como si estuviera pensando que decirme en aquel momento. La observé sin perder detalle, llevaba un kimono verde pistacho con nenúfares dibujados, un obi blanco completaba el atuendo y para mi sorpresa vi que llevaba un pequeño adorno en el pelo con forma de flor – Aun estoy esperando ver algo importante, algo que me dirá que definitivamente ha concluido tu entrenamiento.

- ¿Y qué es? – pregunté con ansiedad.

Se giró para mirarme de manera lenta y con el gesto burlón que la caracterizaba cada vez que molestaba a alguien – Pronto lo sabrás.

Hinché mis mejillas de una forma un poco cómica y mi señora se echó a reír. Iba a pedirle que me dijera de una vez que era eso que buscaba en mi cuando la puerta se abrió de par en par – Señora, ya están a punto de llegar.

Miré a Nara quien observaba al suelo algo avergonzada, sus palabras habían conseguido que en la boca de mi estómago se formara un nudo de odio y que mi cara se crispara sin poder evitarlo. Otra vez le vería la cara, otra vez lo tendría frente a mí… pero esta vez no sería una idiota maleable en sus manos, le enseñaría quien es Akane Tendo.

- Enseguida salimos – habló mi señora con la voz un poco más aguda de lo normal. Cuando la niña (que ya no era tan niña pues con trece años empezaba a convertirse en una jovencita) salió dejándonos nuevamente solas, mi señora se acercó a mí y puso su mano en mi hombro – Si quieres puedes…

- No voy a huir – dije firme sabiendo sus intenciones. Mi señora iba a decirme que si no quería estar presente en cuanto llegaran que por ella estaba bien, pero no iba a huir como una rata cobarde, yo era una mujer hecha y derecha y no huía de los problemas, aunque estos se llamaran Ranma Saotome.

Nodoka-sama apretó levemente mi hombro y salió de la estancia. La seguí muy de cerca por el pasillo, mi mirada era severa y seguramente infundiría terror, estaba enfadada. Podía notar mi ceño levemente fruncido en una mueca de asco, una muy parecida a la de Mizuno-sensei, que se encontraba en la entrada de la casa acompañando a sus aprendices.

Estaba seria y estirada como un palo, cada poco tiempo regañaba a las chicas por dar pequeños saltitos de impaciencia – Decoro muchachas, que vuestros hombres no os vean ansiosas, eso no es atractivo – dijo con esa voz que te atravesaba los tímpanos.

Puse los ojos en blanco, esa mujer era la superficialidad hecha persona. A diferencia de mi señora que siempre resaltaba de mis cualidades mi alma guerrera, Mizuno-sensei les reclamaba por no llevar el pelo perfectamente arreglado – A ningún marido le gusta ver a su mujer hecha una zarrapastrosa al llegar a casa.

Mi señora se acercó a ellas y sonreí disimuladamente al ver como volvía a colocarse una vez más la coraza de frialdad que la caracterizaba en público. Mi señora se colocó al lado de Mizuno-sensei y le dio una mirada que congelaría los infiernos. Arqueó una ceja al verse relegada hacia la izquierda cuando ella era la señora del hogar. Mizuno-sensei se dio cuenta y tomando a sus aprendices se colocó un paso por detrás de Nodoka-sama quien estiró el cuello y cuadro sus hombros mirando el horizonte.

Yo en cambio me quedé atrás a la espalda de Shampoo y Ukyo, casi a la entrada de la casa. No quería recibir al hombre panda ni a Ranma como héroes de guerra. Al igual que mi señora estiré el cuello, cuadré los hombros y enredé mis manos al frente. A mi lado Sasuke vestido completamente de negro me miraba con pesar.

- Estoy bien – me apresuré a hablar sin apartar la vista del horizonte donde unas pequeñas manchas negras se hacían cada vez más visibles – y ni se te ocurra mirarme con lastima.

- Jamás te miraría con lastima onee-chan – dijo Sasuke quien me llegaba por debajo del hombro – a quien miraré con lastima será a él.

Sonreí levemente ante las palabras de mi amigo pero a medida que ya distinguía las formas de los cuatro hombres de la casa acercarse a la puerta principal, la sonrisa se fue borrando para dar paso a una mueca de odio. Sasuke imitó mi gesto y me dio un leve empujón de ánimo que yo no devolví. Estaba muy concentrada en morderme la lengua.

El corazón me iba a mil, ¿recordáis que os dije que no estaba nerviosa? Bien, pues no lo estaba hasta que vi entrando por la puerta la imponente figura de Ranma a lomos de su caballo. Había crecido sin duda, ya no era aquel adolescente que recordaba. Su pecho y espalda se había ensanchado, bajo los pliegues de la parte de arriba del kimono se dejaba entrever un cuello ancho y fuerte y se le veía más hombre: sus piernas más fuertes, sus brazos más musculados, incluso su cara se había cuadrado y afilado dándole un toque salvaje, pero sus ojos… su malditos y estúpidos ojos seguían siendo los mismos.

- ¡Ranma! – escuché a mi señora gritar a los pies del caballo de su hijo.

- Hola madre – respondió el con una potente voz bajándose del animal. Ahogué un grito al ver la altura que tenía, mi señora apenas le llegaba al pecho y cuando la envolvió entre sus brazos mi señora casi desapareció. Definitivamente el entrenamiento le había hecho un hombre fuerte. Una de mis manos apretó mi muñeca mientras la otra se cerró en un puño, fruncí el ceño tanto que mis cejas se juntarían en una sola… debía controlarme, no debía dejar entrever mis sentimientos, mi señora siempre me lo recordaba.

- Nodoka, querida, que guapa estas – dijo con ironía Genma bajándose el también del caballo.

- Genma – contestó con aburrimiento mi señora alejándose levemente de su hijo.

- Querida, que recibimiento más frío.

Nodoka-sama le fulminó con la mirada – Si esperabas carteles y flores de bienvenida a tus pies, me conoces menos de lo que pensaba.

El hombre panda bufó y lanzó su casco a un mozo que iba a su lado – Espero que me esté esperando un banquete como merezco.

- No lo dudes – dijo Nodoka-sama para luego girar la vista hacia su hijo – Cariño estas muy guapo, eres todo un hombre.

Un gritito de alegría y un par de risas cortaron todo intento de Ranma de hablar pues Ukyo se había lanzado a los brazos de Ryoga. Sonreí levemente al ver a mi amigo, también había cambiado, estaba más alto y musculado al igual que Ranma, pero su rostro seguía siendo dulce y aniñado.

- Ukyo-san – le riñó Mizuno-sensei.

- Déjala, es normal – dijo mi señora observando a la pareja – a fin de cuentas es su prometida – la última palabra la dijo con un retintín que me enervo. Sabía que disimuladamente Nodoka-sama le estaba pidiendo explicaciones a su hijo quien bajó la vista avergonzado ante la fría mirada de su madre.

- Mamá Nodoka tener razón – habló Shampoo acercándose a Ranma y colgándose de su cuello – mi amor, Shampoo extrañarte tanto.

Suspiré levemente al ver como la vena de la sien de mi señora se hinchaba, definitivamente Shampoo era idiota – ¡¿Cómo me has llamado?!

Ranma quien tenía sus manos en el aire lanzó una rápida mirada hacia su madre pero luego, tras dar un ligero suspiro, dio un par de palmaditas en la espalda de la china y dijo – Hola Shampoo.

- ¿Ranma también extrañarme?

Los ojos de Ranma bailaban alrededor del rostro de Shampoo. Había algo raro en esa cara, una especia de sentimiento de pena… me quedé quieta, sin apenas respirar y esperé su respuesta. Una parte de mi quería oírla, quería escuchar con mis propios oídos que Ranma en realidad amaba a la china y por eso me había abandonado. Necesitaba oírselo de su boca…

Pero antes de que respondiera, sus ojos se alzaron y se enfocaron en mi mirada abriéndose de par en par. Sentí un pequeño escalofrío en la espalda pero no dejé que lo notara, puse mi mejor cara de indiferencia y le observé sin sentimiento alguno. Su boca estaba semi abierta y con movimientos rígidos se separó de la china quien intercalaba sus ojos entre Ranma y yo.

A pesar de mi odio hacia ellos, no pude evitar sentirme orgullosa de la reacción de Ranma ante mi nueva yo, al parecer no era la única sorprendida con su cambio físico. Con movimientos lentos se separó de la china y avanzo hacia mí, con los brazos a ambos lados de su cuerpo y los hombros caídos, una clara señal de sumisión. Mordí la parte interior de mis mejillas para controlar las ganas de golpearle al ver su cara de bobo observarme, esos ojos azules mirándome como si nada hubiera pasado entre nosotros, como si siguiéramos enamorados el uno del otro, como si esperara que me lanzara a sus brazos. El muy estúpido.

Todas las miradas estaban sobre nosotros, caminó lentamente sin apartar la vista de mí así como yo tampoco la aparté de la suya. Tenía tantas ganas de lanzarme a él y darle la paliza de su vida… tenía tantas dudas sin resolver y todas ellas empezaban de la misma forma: ¿Por qué?

Cuando estuvo a penas dos pasos de mi invadiendo claramente mi espacio personal suspiró. Sus ojos recorrieron mi rostro con pena, supongo que buscando en mi cara un deje de alegría por volverlo a ver, pero lo único que encontró fue indiferencia.

- Akane – dijo con voz ronca, por primera vez en cuatro años volvía a escuchar mi nombre saliendo de sus labios y para mi sorpresa dolió, dolió como un demonio pero no estaba dispuesta a hacérselo saber.

- Ranma – contesté con sarcasmo y un deje de burla en mi rostro. Intenté calmarme, no podía hacerle ver que suscitaba algún tipo de sentimiento en mí, no quería que supiera que su presencia me enfadaba o dolía, quería que pensara que me era indiferente, quería que sufriera en sus carnes lo mismo que yo sentí al saber que no sentía nada por mí.

Ante el tono de mi voz cerró los ojos con fuerza y mordió su labio inferior para luego bajar la vista levemente. Sabía que le había dolido.

- Estas… estás cambiada.

- He cambiado – contesté firme cruzándome de brazos y alzando la barbilla.

- Ya lo veo – dijo mirándome con pena y ternura. Alzó la mano levemente intentando tocar mi pelo pero eché la cabeza levemente hacia atrás impidiéndoselo. Puso una triste sonrisa en el rostro ante mi rechazo.

Iba a darme la vuelta y entrar en casa pues no quería seguir dando un espectáculo entre los presentes, pero entonces una figura alta y de larguísimo pelo negro se bajó de un caballo a las puertas de la casa. Sin poder contenerlo sonreí de oreja a oreja y corrí pasando al lado de Ranma sin siquiera mirarle, frente a mi Mousse me sonreía y abría sus brazos para recibirme.

Me aferré a su cuello y sentí como mis pies se despegaban levemente del suelo. Reímos como niños y cuando me depositó de nuevo en tierra me alejé de el levemente para verle – Mousse, que alegría verte ¡Estas muy cambiado!

- Tu también – contestó con una sonrisa.

No mentía, Mousse también había cambiado. Al igual que el resto había crecido y su cuerpo se había musculado, noté como su rostro se había afilado, era el menos voluminoso de los tres pero se veía bien con ese traje blanco. Su pelo, larguísimo ya no era una melenita, ahora le llegaba por la cadera y se veía tremendamente masculino a pesar de ello.

Tomé su pelo entre mis dedos y con gracia dije – Parece que hemos intercambiado roles.

- Ser uno para el otro – habló la viperina Shampoo. Fruncí el ceño y me giré para observarla, iba a contestarle cuando Mousse para mi sorpresa aclaró su garganta y dijo:

- Hola Shampoo, me alegro de verte, pero creo que no está bien meterte en conversaciones ajenas.

La china abrió los ojos desmesuradamente y solo pude sonreír. Sin poder evitarlo volví a abrazarlo con fuerza, me había hecho tanta falta. Mousse era lo más parecido a un hermano, junto con Sasuke claro. Era una persona tremendamente importante en mi vida por eso tenerle nuevamente a mi lado me tenía extremadamente feliz.

- No te vuelvas a ir tanto tiempo – le dije con falso tono de reproche.

- Tranquila, a partir de este momento no volveré a irme, a no ser que sea estrictamente necesario – dijo sobándose el cuello dando a entender que solo se iría si fuera de vida o muerte.

Nos echamos a reír y Ryoga se acercó tímidamente jugando con sus dedos – Akane-chan, hola.

- ¡Ryoga! ¡Qué alegría! – al igual que con Mousse nos fundimos en un abrazo, este más rápido y recatado pues la llameante mirada de Ukyo tenía a mi pobre amigo un poco nervioso.

Notaba la mirada de Ranma a mi espalda, Nodoka-sama carraspeó y mi atención se centró en ella, me observaba con la ceja alzada y una sonrisa torcida en el rostro. El hombre panda por el contrario me observaba como si hubiera visto a un fantasma, no sé si porque mi cambio lo dejó asombrado o porque se esperaba que hubiera montado una escena a su hijo, nunca lo supe y nunca lo sabré.

Ukyo agarró del brazo a su prometido con el ceño fruncido y dijo con la voz gruesa – Vamos tienes que comer, estarás agotado.

- La verdad es que tienes razón – habló Ryoga rascándose la parte trasera de la cabeza y dándome una mirada de disculpa.

Shampoo se acercó a grandes zancadas a su prometido e intentó tomarle del brazo pero Ranma se apartó de ella sorprendiéndola. Mousse miró la escena indiferente y me miró con seriedad – Debemos entrar – asentí y caminamos juntos hacia la entrada de la casa.

Cuando pasé al lado de Ranma este me tomó del antebrazo sorprendiéndome – Akane – me solté de un manotazo y le fulminé con la mirada. El solo pudo suspirar – Estás dolida, lo entiendo.

Esa afirmación me subió la bilis a la garganta, ¿Qué estaba dolida? Por supuesto que estaba dolida, y rabiosa. Deseaba con todas mis fuerzas estamparle contra la pared de un guantazo pero como me había enseñado mi señora en nuestro entrenamiento, la indiferencia es el mayor castigo y por eso puse mi mejor gesto de aburrimiento, lancé una ahogada risa al aire y seguí caminando.

- Vamos Mousse.

Entré en la casa seguida de mi amigo quien me miraba de reojo, notaba su risa burlona y orgullosa en la cara pero no estaba de humor para seguir con el juego, solo quería desayunar rápido y entrenar. Ese día posiblemente entrenaría en el bosque sola ya que no tenía gana de hablar ni ver a nadie y mucho menos a Ranma.

Durante la comida se habló de todo lo que los chicos habían vivido durante los últimos cuatro años. Como Ranma había conseguido convertirse en el primero de la clase, como Ryoga había mejorado el uso del arco, como Mousse se había vuelto un experto en armas, como el hombre panda había cerrado acuerdos con otros grandes senseis y miembros de familias poderosas… Nodoka-sama escuchaba atentamente todas las noticias pero yo era otro cantar.

Aunque mi cuerpo estaba presente mi mente estaba muy lejos de allí, estaba en un bosque tranquilo y solitario, en una burbuja donde nadie podía tocarme y hacerme daño y mucho menos…

- ¡Ranma! – Habló el señor Saotome – dile a tu prometida a quien has conocido.

Ranma se quedó tieso en su sitio y me mandó una rápida mirada que yo ignoré. Dio un largo suspiro y dijo – Al emperador.

- ¡Al mismísimo emperador querida!

Los ojos de Shampoo brillaron como dos soles – ¿Y que pensar su alteza? ¿Ver lo buen guerrero que ser?

- Por supuesto – festejó Genma alzando su copa de sake – le ofreció incluso un puesto en la corte, pero el muy idiota de mi hijo dijo que se lo pensaría.

- No tengo nada que hacer en Kioto, ni me interesa – dijo Ranma muy serio – tengo cosas importantes que hacer aquí.

Shampoo sonrió de oreja a oreja – Ser cierto, ahora deber centrarnos en boda, Shampoo pensar que mejor fecha ser primavera, con cerezos en flor o principios de verano, querer que hacer calor ya que Shampoo no querer que boda estropearse por fuertes lluvias ¿tú que opinar Ranma?

- Me da igual – contestó secamente – lo que tú quieras está bien.

Apreté los palillos fuertemente entre mis manos. No quería que esos dos notaran mi incomodidad, ni mucho menos que una llama se había propagado por mis entrañas ¿era necesario hablar de ese tema en aquel momento? ¿Es que a pesar de todo Ranma no me tenía ni un poquito de respeto?

Tomé aire profundamente llenando mis pulmones y expulsando el aire lentamente para intentar tranquilizarme. Nodoka-sama y Mousse me miraban casi sin pestañear, al igual que el hombre panda que me lanzaba fugaces miradas y escondía su sonrisa torcida tras su copa de sake, una sonrisa que decía claramente "He ganado".

No aguantaba un segundo más allí, debía entrenar y descargar la frustración y la ira que recorría mi cuerpo. Terminé la sopa de miso y tras agradecer la comida me levanté dispuesta a irme.

- Con permiso – dijo mirando a mi señora – debo ir al dojo un rato.

- Ve querida.

Tras dar una leve inclinación Salí de allí y entré a mi habitación para cambiarme rápidamente. Una vez con el hakama puesto salí de la habitación, caminé por el pasillo y me dispuse a salir por la puerta trasera para ir al dojo pero antes de poder abrir la puerta noté que alguien me tomaba del brazo. Suspiré con rabia al saber quién era.

- Akane, por favor – de un movimiento brusco conseguí soltarme y me giré para encararle.

- ¿Qué diablos quieres ahora?

- Solo quiero hablar contigo – me dijo con cabezonería.

- No tenemos nada de qué hablar, todo quedó claro entre nosotros.

- Estas hermosa – soltó de repente descolocándome por completo. Me quedé tan sorprendida que no pude evitar que tocara mi pelo con cariño – te queda mejor el pelo corto, estas mucho más bonita que antes.

Mi corazón dio un salto tan grande que incluso me dolió, fue entonces cuando reaccioné. Me aparte de él y fruncí el ceño – No te tomes tantas libertades conmigo – escupí con rabia fulminándole con la mirada. Sus ojos se volvieron opacos y mordió su labio inferior levemente como si le hubieran dolido mis palabras – yo solo soy la sirvienta de tu madre y como ello te exijo respeto, por mí y por tu prometida.

- Por favor Akane, sé que es mi culpa pero debes escucharme – suplicó tomándome por los brazos – por favor escúchame.

Una vez más puse la máscara de la frialdad y la indiferencia en mi rostro y con una leve mirada a sus manos le pedí que me soltara. Puso una mueca de dolor en su rostro pero me fue soltando hasta que el contacto fue inexistente.

Una vez más di dos pasos hacia atrás y con la voz más firme que encontré dije – Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Hace años quedó zanjado todo lo que nos unía.

- No es lo que…

- ¡No! – Le corté firme – te envié cartas pidiéndote una explicación, una explicación que nunca llegó y que me destrozó el corazón. Ahora soy yo la que no las quiere – bajó su rostro y apretó los puños, parecía impotente y frustrado – Solo te pido que me respetes.

Alzó el rostro pero esquivé su mirada. Me giré para salir y dirigirme al dojo dejándole allí plantado. Caminé presurosa y entre al único lugar que me daba una paz completa. El dojo era mi lugar favorito en la casa sin duda alguna.

Comencé a luchar con un ser invisible, haciendo una complicada kata que mi señora me había enseñado y prácticamente obligado a dominar a la perfección. Entrené como si no hubiera un mañana, mis respiraciones era fuertes, mis movimientos fluidos y en cada paso me imaginaba un adversario habilidoso y sin rostro. Estaba muy enfadada, estaba colérica.

No solo estaba enfadada porque Ranma había vuelto, también estaba enfadada conmigo misma por haber tenido varios momentos de debilidad ante el cuándo debería odiarle con todas mis fuerzas. No podía verle atractivo, no podía perderme en sus malditos ojos, debía odiarle, odiarle con todas mis fuerzas.

De repente el adversario sin rostro se transformó en alguien muy conocido para mí, en la cara sombreada aparecieron dos ojos azules que conocía, una nariz afilada y unos labios masculinos que como siempre parecían resecos. Su maldita cara se dibujó en mi imaginación y mi adversario sin rostro pasó a convertirse en Ranma. Fruncí aún más el ceño y lancé un grito a la par que soltaba un firme puñetazo, el Ranma de mi mente se movió a la derecha y yo con el bloqueando su golpe y respondiendo con una patada.

Estuve un largo tiempo enfrentándome a mi propia imaginación, realicé un par de katas más y me dejé caer en el suelo del dojo sudada y agotada. Estiré mis extremidades y toqué la fría madera para luego cerrar los ojos y lanzar un suspiro al aire. Me concentré en escuchar todo a mí alrededor, el crujir natural de la madera, los pájaros fuera en los árboles, unos pasos acercándose… ¡unos pasos acercándose! Me levanté rápidamente y encaré la puerta poniéndome ligeramente en guardia, cuando la puerta corredera se abrió aparecieron Ryoga y Mousse.

- Chicos, me habéis asustado – dije relajando mi postura.

Ryoga sonrió levemente – ¿Quién pensabas que éramos? ¿Ranma? – Mi rostro debió cambiar ya que el pobre Ryoga trastabilló y se puso pálido – Lo siento Akane, no quería…

- No importa – dije restándole importancia – ¿Qué hacéis aquí?

- El desayuno ha terminado y nos aburríamos – habló Mousse mirando el dojo – esto no ha cambiado nada.

Solté una leve risita – ¿Por qué iba a cambiar? Habéis estado fuera cuatro años, no veinte.

- Las personas cambian en menos tiempo – Dijo muy serio Mousse.

Bajé la vista levemente y puse una mueca en la cara que se suponía era una sonrisa, pero no pude engañarles. Ryoga se sentó en el suelo del dojo y comenzó a jugar con sus dedos – Akane, intenté hacerle cambiar de opinión, con todas mis ganas pero el…

- No quiero saber nada – le corté rápidamente – el pasado, pasado está.

- Pero no es justo para ti – protestó.

- La vida no es justa, deberías saberlo ya – mis palabras le sorprendieron, y mucho. Supongo que no se esperaba tal crudeza en mi voz, seguramente se esperaba encontrarme sufriendo y con el corazón roto pero antes muerta que verme humillada públicamente. Su rostro algo avergonzado me dio cierta ternura, no quería que Ryoga pensara que estaba enfadada con él o algo parecido por lo que le lancé un pequeño puñal de madera al regazo – estoy bien. No te preocupes.

Mousse tomó el boken que había en una esquina y se acercó a mí con una sonrisa, Ryoga le imitó poniéndose en pie y entendí lo que pretendían. Me crucé de brazos de forma altanera – ¿Tenéis el valor de enfrentaros a mí?

- Como en los viejos tiempos – dijo Mousse – espero que no estés muy oxidada.

Solté una risa potente que les contagio – Sois unos aficionados – dije pomposa mientras me colocaba en guardia.

Ryoga codeó a Mousse en broma – Creo que nuestra querida Akane nos está retando.

- Definitivamente – respondí – Es más os daré ventaja.

Antes de que pudieran responder la puerta volvió a abrirse descolocándonos a todos. Al girarme y ver al nuevo intruso no pude evitar que mi en mi cara se formara una mueca de odio. Genma entraba observando el dojo con una estúpida sonrisa en el rostro, Ranma a su espalda en cambio no apartaba su vista de mí y los chicos.

El hombre panda caminó al centro ignorando totalmente nuestra presencia y no pude evitar saltar – ¿Qué hace aquí?

Los ojos del hombre panda me miraron asombrados. Su cara se veía mucho más gorda que la última vez que le vi, en realidad todo él estaba más gordo – ¿Es que tengo que pedirte permiso para entrar en mi dojo?

- El dojo de mi señora.

- No querida niña, te equivocas – contestó como si estuviera explicándole una situación estúpida a un infante – el cabeza de familia soy yo, por tanto todo lo que aquí hay y habita es mío, incluida tú.

Solté una risa burlona y le fulminé con la mirada – En sus sueños.

El hombre panda enarcó una ceja pero ignoró mis palabras, pareciera que no quería pelea. Solté un bufido y lancé una rápida mirada a Ranma quien seguía en la entrada con cara de pena.

- ¿Vas a entrar o te vas a quedar ahí todo el día como un imbécil? – pregunté con rudeza.

Ranma pegó un pequeño bote en su sitio y se apresuró a acercarse a nosotros. Pude observar las feas miradas que le regalaban mis amigos, como si la vieja camaradería que había entre ellos ya no existiera. Me fijé sin quererlo en el leve parecido físico que presentaban Ranma y Mousse, era tan iguales pero a la vez tan diferentes…

- ¿Ibais a entrenar? – preguntó Ranma mirando las armas de madera.

- Sí – contesté seca – ¿Quieres unirte?

- ¿Puedo? – preguntó ansioso. Miré a Mousse y Ryoga quienes se encogieron de hombros levemente, luego me giré para tomar otro boken de madera y se lo lancé. El objeto fue rápidamente tomado en el aire con gran agilidad, sin duda Ranma tenía buenos reflejos.

El hombre panda se había quedado quieto en una esquina mirándonos con los brazos cruzados y una asquerosa sonrisa burlona en la cara. Me puse en posición al igual que los chicos pero antes de empezar Ranma cayó en la cuenta de una cosa.

- ¿No coges un arma?

Negué levemente – Os daré esa pequeña ventaja.

- Me niego – dijo Ranma quitando la posición de ataque – no sería un combate justo.

- Pues lárgate – abrió los ojos sorprendido ante mi respuesta.

- Vamos hijo – dijo Genma Saotome – Dale el gusto. Al menos ese.

Me tensé al entender las dobles intenciones en las palabras del hombre panda. Apreté los puños aguantándome las ganas de retorcerle el cuello pero una vez más usé la técnica que mi señora me había enseñado y canalicé mis impulsos convirtiéndolo poco a poco en calma.

Ranma miró a su padre con el ceño fruncido pero tras unos segundos se puso de nuevo en posición. Coloqué una disimulada sonrisa en mi rostro y el grito de Ryoga me dijo que iba a atacar. Alzó el cuchillo de madera pero le bloquee y tras arrebatarle el arma le retorcí el brazo a la par que esquivaba a Mousse que me había atacado.

De una patada mandé a Ryoga al suelo dejándole fuera de combate. Rápidamente esquivé el ataque de Ranma y golpee a Mousse en la cara haciéndole soltar el boken y recogerlo yo. Le di otra patada dejándole fuera de la pelea justo cuando Ranma me atacaba por la espalda. Gire sobre mi misma y alcé la espada de madera para que chocara con la de Ranma. Nos miramos a los ojos, ambos mostrábamos la misma furia y pasión al pelear, pero en los ojos de Ranma había otro sentimiento, ¿sorpresa tal vez?

Dimos dos pasos hacia atrás y descubrí que Ranma estaba dejando grandes huecos, sin duda lo hacía a propósito, conocía su poder y sus habilidades y a diferencia de mis compañeros que se habían esforzado realmente, Ranma estaba siendo más suave conmigo, el muy idiota me infravaloraba, siempre lo hizo.

Me enfurecí al darme cuenta de aquello, por lo que me lancé rápida hacia él, iba a terminar esa tontería y demostrarle que no era ninguna niña indefensa. Lance un golpe hacia su costado, había dejado un hueco enorme y quería que cayera en mi trampa. Tapo el hueco y me devolvió el golpe, sonreí levemente al verle caer en mis redes como un ratoncito indefenso. Una vez más me lancé a su hueco y de un golpe me hizo soltar el boken. Le vi sonreír petulante pero yo me mantenía serena, seguro que pensaba que me iba a vencer pero el muy idiota no sabía que estaba justo donde yo le quería.

Lanzó varios golpes que esquivé y justo cuando me iba a dar el golpe de gracia me agaché levemente, tomé tu muñeca y la giré haciéndole aflojar su fuerza en el mango. Abrió los ojos de par en par y entonces di el golpe de gracia. Me giré sobre mis talones aun con su muñeca sujeta y le di un codazo en el pecho haciendo que soltara del todo el arma, momento que aproveche para tomarla en el aire y girarme con toda mi fuerza a la par que pegaba un grito de batalla y colocaba el filo del arma de madera en su cuello.

Ranma frenó en seco y me miró fijamente, respiraba con dificultad y su cuello estaba estirado como si temiera que de verdad le rebanara la cabeza. Fijé mis ojos en los suyos y poco a poco me relaje aun sin apartar el boken de su piel. El poco a poco también se relajó aunque su cuello seguía estirado y tras unos leves segundos en los que ambos apenas parpadeamos dije con voz dura – Muerto.

Ranma respiró fuertemente varias de veces recobrando el aliento y yo bajé el arma. Mousse y Ryoga comenzaron a aplaudir preguntándome como y donde había aprendido a pelear así. Me acribillaron a halagos y preguntas que no me dio tiempo a responder pues unos pasos como de elefante resonaron en el dojo.

- ¡Maldita mocosa estúpida!

Genma iba a atacarme por la espalda como un maldito cobarde pero antes de que pudiera si quiera rozarme de un salto me coloqué a su lado dándole un rodillazo en el estómago dejándole de rodillas, justo en el momento en el que su cabeza dio hacia delante coloqué el filo del boken en la parte trasera de su cuello.

En el dojo se ahogó un grito de sorpresa y no pude sentirme más orgullosa de mi misma. La cara del hombre panda cuando aparté el arma de madera de su cuello y le deje alzar la cabeza estaba totalmente descompuesta. Puse esa mascara de hielo que había aprendido a la perfección y me alejé un par de pasos de ese gordo cuerpo que aún seguía de rodillas.

Lancé el boken junto enfrente de él y dije – Si esto hubiera sido una pelea real, su cabeza estaría rodando por el suelo.

- No habrías sido capaz – dijo el hombre panda con voz temblorosa.

Puse una torcida sonrisa que le hizo tragar seco – No me conoce.

- Akane – dijo la voz de mi señora quien estaba de pie en la entrada. Sus ojos mostraban orgullo, me miraban como si por fin hubiera pasado la prueba que tanto había esperado. A paso lento se acercó a nosotros poniendo un gesto de burla cuando miró a su esposo quien se ponía en pie con dificultad.

- Ya que estáis aquí reunidos y que habéis descubierto las nuevas habilidades de Akane – empezó a hablar – tengo algo que deciros.

- ¿Y qué es? – preguntó Genma.

Nodoka-sama le miró en silencio y en apenas un segundo pude ver la mueca de asco que se dibujó en su cara. Fue un gesto tan rápido e imperceptible que dudo mucho que alguien más que yo, que conocía tan bien a Nodoka-sama, lo hubiera notado.

La mano de mi señora se posó en mi hombro y tras darle un leve apretón paseó su mirada entre su marido y su hijo para soltar la noticia – He decidido que Akane se convertirá en mi Protectora.

- ¿¡Qué!? – Gritó Genma Saotome dando un paso hacia adelante – ¿¡Estas bromeando!?

- ¿Me ves cara de bromas? – Escupió con burla – No puedo depositar mi confianza y seguridad en nadie más que Akane, es mi mayor apoyo y la mejor guerrera de esta casa.

- ¡Me niego! – Gritó Genma fuera de si – ¡No pienso permitir tal locura!

- Tú no eres nadie para oponerte a esta decisión – habló firme mi señora – según está estipulado cualquier miembro de la familia puede elegir a su Protector.

Genma soltó un gruñido – ¡Tonterías de viejos y locos tradicionalistas y samuráis!

- ¿Qué tiene de malo? – preguntó mi señora frunciendo el ceño – Por si no lo recuerdas yo vengo de una larga saga de samuráis, lo sabías cuando te casaste conmigo.

- Creí que habíamos quedado en que dejarías atrás esas tonterías – respondió el hombre panda apuntándola con su rechoncho dedo.

- No Genma, ya me has arrebatado muchas cosas, no me vas a arrebatar también esta decisión. Akane será mi Protectora y punto redondo.

La boca del hombre panda se abrió y cerró un par de veces. Le temblaban las cejas, la papada y las extremidades, no sé si de miedo o de rabia pero era gracioso ver como su cuello se movía como si se estuviera derritiendo.

- Esto lo haces por venganza ¿Verdad? – Preguntó con furia el señor de la casa – es tu manera de salirte con la tuya ya que no lo conseguiste anteriormente. Aun no asumes que Ranma no haya elegido a tu perrito faldero como esposa.

-¡Mas respeto Genma! – Gritó mi señora por primera vez desde que iniciaron la conversación – No pienso permitirte que le faltes al respeto. Será mi Protectora, ya está decidido y acordado con el consejo.

La cara del hombre panda se desfiguró y sus ojos se hundieron en su gorda cara – ¿El consejo ha aprobado tu petición? ¿¡Como!? ¿¡Que has hecho para que esta… esta niña, lograra convencerles!?

- Tengo mis métodos – habló Nodoka-sama – y ella también tiene sus armas, has podido comprobarlo en tus carnes ¿no?

El señor panda se quedó sin habla un momento, podía escuchar los engranajes de su cerebro moverse a toda marcha para buscar una respuesta lo suficientemente inteligente como para destrozar los argumentos de mi señora. Pero como era de esperarse no consiguió nada.

Se giró rápidamente y salió hecho una furia del dojo. Nodoka-sama lanzó un largo suspiro y miró a su hijo levemente quien frunció el ceño para sorpresa de su madre.

- ¿Ocurre algo hijo?

- Dime que es una broma – habló serio.

- ¿Por qué debería serlo? – dije metiéndome en la conversación. Los ojos de Ranma me recorrieron de pies a cabeza y sus labios se torcieron en una graciosa mueca.

- ¿Sabes a los peligros que te expondrías? ¿Sabes cómo está Japón últimamente? Estamos al borde de la autodestrucción y tú quieres jugar a los soldados.

Sus palabras encendieron una hoguera en mis tripas. Apreté los puños fuertemente intentando contener las ganas de darle un puñetazo ¿Quién se creía que era? ¿Cómo osaba hablarme así, como si fuera una idiota que no se sabe proteger?

- Se a lo que me expongo y se cuál sería mi deber – respondí muy seria – y tú no eres nadie para recriminarme nada.

- Solo quiero protegerte – habló Ranma dando un paso hacia mí.

- Si quieres protegerme – dije alzando un dedo para que frenara en seco – déjame en paz y aléjate de mí.

Al igual que había hecho el hombre panda intenté salir del dojo pero el enorme cuerpo de Ranma se plantó delante de mí. Bufé molesta e intenté sortearle pero el muy cabezota me impedía el paso. Alcé los ojos llameantes de ira para que se apartara pero por lo visto no era su intención dejarme tranquila.

- ¿¡Te quieres apartar de mi camino!?

- No, debes entender que es peligroso.

- ¡No soy una niña indefensa! ¡Puedo protegerme sola! ¡No te necesito! – escupí con rabia. Su cara se transformó y en sus ojos pude ver un brillo de dolor, su boca se abrió levemente y sus brazos cayeron laxos a ambos lados de su cuerpo.

Ranma era viva imagen de la desolación pero no me dio ni un poquito de pena, creo que en el fondo estaba cobrándome con intereses todo lo que él me había hecho sufrir a mí. No me importó ver su rostro abatido, no me importó ver sus ojos llenos de dolor y mucho menos me importó el temblor que recorrió su cuerpo cuando, tras acercar mi rostro fúrico al suyo con la voz más seria que pude poner le dije:

- Desde hace cuatro años mi vida le pertenece a la dueña y señora de esta casa, si alguien tiene aunque sea la más mínima intención de dañarla rodarán cabezas, no me importa quien sea.

Le aparté de un brusco manotazo y me dirigí a la salida del dojo y para mi sorpresa antes de poner un pie fuera escuché a mi señora decir – Tú te lo has buscado.

Sonreí levemente y salí rumbo a las caballerizas donde me encontré a Kaze tranquila y comiendo. Al escuchar la puerta abrirse mi preciosa yegua centró su atención en mí. Se removió inquieta y comenzó a soltar relinches.

Kaze me conocía bien, sabía cuándo estaba bien y cuando estaba mal, cuando necesitaba un suave paseo y cuando galopar por los campos. Mi amada Kaze siempre fue una compañera excepcional.

Me pasé a lomos de la yegua gran parte del día, ni siquiera me presenté a comer ni a cenar. Estaba segura de que mi señora me recriminaría mi ausencia durante todo el día pero no sería muy severa. Estuve sentada en un claro viendo al animal relinchar y girar sobre la fina hierba algo húmeda ya que el día anterior había llovido levemente. Era mágico ver como un animal disfruta en libertad, libertad... un bien tan preciado como necesario y que por desgracia aun a día de hoy muchas personas no tienen.

Llegué a casa a altas horas de la noche, mi señora estaba durmiendo al igual que el resto de la casa. Suspiré aliviada al pensar que al menos esa noche no me enfrentaría a la ira de mi señora ni a las preguntas de mis amigos. Eran todos demasiado sobreprotectores.

Caminé lentamente por el pasillo para llegar a mi habitación pero justo cuando pasé por el lado del hueco de las escaleras una fuerte mano me agarro por sorpresa. Ahogué un grito cuando mi cuerpo se quedó atrapado entre la pared y un fuerte pecho. No sabía quién era mi captor pero iba a pagar muy caro su osadía.

No me dejaba verle el rostro porque apretaba mi cara contra su pecho, me moví furiosa intentando alejarme y justo cuando iba a dar una patada para soltarme de tan férreo agarre un olor conocido llego a mis fosas nasales haciendo que mi bilis burbujeara rabiosa acumulándose en mi garganta.

Mi captor era nada más y nada menos que Ranma.

Lancé un bufido y dejé de pelear, sabía que con Ranma no sería fácil zafarme aun a los golpes y lo que menos quería era despertar a toda la casa y que pensaran cosas que no eran. Una de las reglas más importantes para ser Protectora era que no debía haber vinculo amoroso alguno entre siervo y señor. Si alguien nos veía así todo se acabaría.

Apoyé derrotada mi cabeza en su pecho y esa acción pareció relajarle ya que poco a poco fue debilitando su agarre. Cuando me vi libre por fin me alejé de el levemente para mirarle a la cara. Estaba despeinado y sus ojos intentaban enfocarme.

Alcé una ceja curiosa al ver como se tambaleaba levemente de un lado a otro ¿Qué diablos le pasaba a ese imbécil?

- ¿Qué diablos crees que haces? – susurré.

Ranma intentó acercarse de nuevo a mí pero planté mis manos en su pecho para que ni pudiera avanzar más. Un leve olor a sake llegó a mis fosas nasales cuando abrió la boca de nuevo.

- ¿Has estado bebiendo? – pregunté empujándole con fuerza.

Dio un ligero traspiés y tuvo que apoyarse en la pared para no irse de bruces contra el suelo. Una vez más intentó enfocar su mirada en la mía – Es la única forma que tengo de olvidar.

- ¿Olvidar? ¿Qué tienes que olvidar? – pregunté llevando mis manos a las caderas.

- Que no te tengo conmigo.

Abrí los ojos de par en par y el corazón se me aceleró. Soltó un leve gruñido que me erizó la piel y sus ojos me miraron como lo hicieron la última vez que nos vimos. Sentí mis piernas temblar y mi garganta volverse seca, debía salir de allí rápido.

- Déjate de idioteces – dije mientras pasaba por su lado para salir al pasillo – no tengo tiempo para esto.

- Akane, sé que esto es mi culpa – dijo con la voz entrecortada.

- ¿No me digas? – pregunté con ironía.

- Sé que merezco tu odio pero todo tiene una explicación…

- Explicación que ya te dije no me interesa – le corté. No podía dejarle hablar, mi orgullo no me lo permitía. Solo quería que me dejara en paz para siempre – Tu prometida está en la planta de arriba, vete con ella y a mi déjame en paz.

Caminé por el pasillo dejándole solo mientras me llamaba, sentí mi corazón estrujarse levemente al escuchar cómo pronunciaba mi nombre. En su voz había desesperación y dolor pero no podía permitirme sentir compasión por él ya que el no sintió compasión por mí.

- Akane, por favor.

- ¡Que me dejes en paz! – grité en un susurro para entrar en mi habitación y cerrarle la puerta en la cara. Se quedó al otro lado suplicándome porque le dejara entrar pero no tenía intención de hacer tal cosa.

- ¡Ábreme! – Decía alzando la voz – ¡Tenemos que hablar!

Fruncí el ceño, no sin antes comprobar que mis compañeras de cuarto seguían dormidas. Sayuri y Yuka se removían en sus futones completamente dormidas, suspiré aliviada y abrí de nuevo la puerta para encararle.

- ¿Te quieres callar? Acabaras despertando a todos.

- No me importa, que escuchen – habló alzando los brazos y tambaleándose – me importa todo una mierda.

- Eres un borracho y un cerdo – escupí con rabia – solo te quieres a ti mismo, maldito egoísta.

- Eso no es cierto – me dijo con la misma rabia que había recibido – y lo sabes.

Alcé una ceja y sonreí de manera burlona mientras me cruzaba de brazos – Sí, tienes razón, también amas mucho a tu prometida, no se cansó de refregármelo en la cara los últimos cuatro años.

- ¡Miente! ¡Jamás dije eso! – ante el grito que pegó temí que alguien en la casa se despertara por lo que le tapé la boca con las manos y me quedé quieta agudizando mis sentidos. Por suerte para mí nadie en el hogar Saotome se despertó. Di un largo suspiro de alivio y me dispuse a regañar a Ranma pero entonces el muy descarado besó la palma de mi mano.

Aparté la mano de su boca como si fuera fuego. El ni se inmutó, volvió a mirarme con esa mirada que tanto conocía, esa mirada que me regalaba cuando éramos prometidos… si es que alguna vez fue real.

- No vuelvas a hacer eso – protesté limpiándome su beso – estas prometido con Shampoo y se supone que la amas.

Ranma soltó una risa ahogada – Si la quisiera habría aprovechado todas y cada una de sus insinuaciones de hoy. Hasta me invitó a su cama.

Conocía a Ranma como si le hubiera parido por lo que sabía perfectamente lo que intentaba provocar con ese comentario. Quería ponerme celosa, quería que estallara en contra de la china para así sentirse un machito alfa, un gallo que tiene a todas las gallinitas tras de sí. Iba listo.

Alcé una ceja y puse un gesto de aburrimiento en el rostro – ¿Quieres que te aplauda? Muy bien Ranma eres todo un caballero.

Frunció el ceño levemente, molesto por no conseguir que mis celos despertaran – Pude haber dormido hoy con ella.

- ¿Y porque no lo hiciste? Estáis prometidos.

- Porque ella es la maldita razón por la que mi vida se ha arruinado – dijo con dolor.

- Pobrecito – escupí con burla. Estaba agotada, no quería saber más de Ranma, debía hacerle entrar en razón y que se fuera a su cama a dormir la borrachera. Mañana tendría un día largo y agotador así que lo que menos quería en ese momento era aguantarle – Vete a dormir, anda.

- Quiero estar contigo, esta noche – susurró acercándose peligrosamente a mí.

- En tus sueños – hablé seria alejándome.

- Por favor, solo esta noche.

Me agarró por la cintura de manera posesiva e intentó besarme. Antes de que sus labios toparan con los míos giré mi rostro y sus labios chocaron con mi mejilla. Le escuché suspirar y comenzó un camino de besos por mis mejillas en dirección a mi boca.

Mi enfado crecía por segundos ¿Es que se pensaba que iba a caer en sus brazos como una niña enamorada? ¿Pensaba que cuatro palabras bonitas podrían borrar todo el dolor que me causó? Ranma Saotome iba a enterarse de quien era yo, no iba a dejarle humillarme de nuevo.

Metí las manos entre nuestros cuerpos y los abrí consiguiendo que me soltara. Gracias a la sorpresa de mi movimiento y a que estaba afectado por el sake, no le dio tiempo a esquivar el dorso de mi mano que golpeó un punto de su cuello haciendo caer sin conocimiento al suelo.

Miré a todos los lados para cerciorarme de que no había nadie por allí, tras comprobar de nuevo que nadie nos había visto y oído me agaché para tomarle por los brazos y arrastrarle hasta la sala pero antes de empezar a tirar de el una maligna idea se cruzó por mi mente. Con una sonrisa torcida solté sus brazos dejándole caer de nuevo en el suelo y entré en la habitación.

Le eché una última rápida mirada y cerré la puerta dejándole inconsciente a los pies de mi cuarto. Sé que sonará estúpido e incluso muchos piensen que era una venganza muy tonta pero solo podré decir que escuchar los gritos de rabia de Shampoo y Genma a la mañana siguiente cuando lo vieron desmayado a los pies de mi habitación fue reconfortante. Nunca unos gritos mañaneros me habían dibujado una sonrisa tan grande.


Un par de días después me encontraba en el dojo con mi señora. Habíamos terminado el entrenamiento y estábamos de buen humor ya que según noticias de Sasuke Momo-chan estaba muy bien y llevaba el embarazo de buen humor. No penséis mal, solo de pensar en Taro con mi mejor amiga me ponía de los nervios pero saber que mi pequeña ahijada tendría a alguien más con quien jugar me hacía muy feliz.

Tras el entrenamiento me dediqué a guardar el material utilizado mientras que mi señora se dedicaba a afilar su katana. La observé pulir y cuidar el arma con una delicadeza poco común en el ser humano y no pude evitar recordar la pregunta que llevaba haciéndome en mi cabeza varios días.

Desde que se había enterado de que mi señora me estaba entrenando para ser su Protectora, el hombre panda estaba insoportable. Bebía más, gruñía más, gritaba más y blasfemaba más. No entendía porque alguien como mi señora se había casado con un hombre así y tenía muchísimas ganas de preguntar pero no me atrevía.

- ¿Qué estas maquinando en tu cabecita? – preguntó mi señora sin apartar la vista de su arma. Pegué un pequeño bote en el sitio ante sus palabras. Definitivamente mi señora leía las mentes.

Con paso lento y el rostro enrojecido me acerqué a ella jugando con mis dedos con un poco de vergüenza. Nodoka-sama me miró de reojo y me indicó sin palabra alguna que me sentara a su lado.

- Bien – dijo dejando a un lado su katana – tú me dirás.

Tragué seco y aparté mi mirada de esos inquisidores ojos. Me ponía muy nerviosa la mirada de mi señora, era una mirada que podía atravesarte el alma y hacerte soltar tus más oscuros secretos.

- Verá señora, yo llevo un tiempo preguntándome como… es decir…

Nodoka-sama puso los ojos en blanco – ¿Me vas a decir que te pasa o te vas a pasar el día tartamudeando como una niña pequeña?

- Verá lo que yo preguntaba es que… - su mirada se agudizó y sentí un escalofrío a lo largo de mi columna vertebral. Ya no había marcha atrás, mi señora se enteraría de que soy una cotilla peor que las viejas de Edo.

Siempre podría mentir y salir con otra cosa pero Nodoka-sama era muy lista, se enteraría pronto del engaño. Lo mejor era preguntar directamente y esperar el desenlace. Si me quería contestar perfecto, si no pues también estaba bien, después de todo era su vida.

Solté todo el aire que había en mis pulmones y con voz temblorosa dije – ¿Qué vio en Genma Saotome para casarse con él? – los ojos de señora se abrieron de par en par, por lo visto no se esperaba esa pregunta – es decir… usted es mucho más inteligente y mejor guerrera que el ¿Qué vio en ese hombre? ¿Por qué ha día de hoy le sigue aguantando?

Nodoka-sama se quedó perpleja mirándome sin apenas pestañear. Temí que mi curiosidad la hiciera enfadar por lo que decidí que lo mejor era disculparme y huir, pero antes de poder mover un solo músculo mi señora soltó una leve risa.

- Hay veces en las que el amor nos hace cometer estupideces.

- Pero señora – hablé de nuevo con la confianza repuesta. Si me había contestado una vez podría contestar varias ¿no? – No entiendo como alguien como el señor consiguió enamorar a alguien como usted – puso un gesto pomposo en su cara y me sonrojé enormemente por mis palabras – es decir, no me mal entienda, usted es fuerte y bella y el…

- Tranquila Akane – soltó junto con una carcajada Nodoka-sama – Te he entendido a la primera.

Puso su mano bajo su barbilla y buscó en su mente los motivos por los cuales había caído ante los encantos (los pocos que al menos yo le veía) de un hombre como Genma Saotome – Genma de joven no estaba tan mal conservado, era un muchacho guapo y fuerte pero con el paso del tiempo fue deteriorándose perdiendo pelo y engordando. Menos mal que Ranma ha salido a mí.

- Pero señora, la belleza no lo es todo y por lo que me ha contado de él y he visto a lo largo de los años no es buena persona.

- No, no lo es – habló calmada – pero si algo tiene Genma es que es un profesional vendiendo humo – alcé una ceja con curiosidad – lo que quiero decir es que cuando conocí a Genma, el me vendió una vida maravillosa, llena de aventuras y nuevos mundos. Yo vivía en una familia samurái muy tradicional, vivía aislada prácticamente ya que solo me dejaban relacionarme con otras familias iguales a la nuestra, por eso cuando Genma llegó y me contó todo lo que vivió, todas las aventuras que había hecho y las que planeaba hacer… me pareció maravilloso.

- Se dejó embaucar por falsas promesas de libertad – dije en voz baja.

Nodoka-sama asintió – No me malinterpretes, yo era feliz. Vivía bien, tenía todo lo que pedía pero cuando Genma llego me di cuenta de que vivía en una jaula de oro, yo quería vivir como el, estaba tan fascinada por él y sus historias que sin darme cuenta me enamoré.

- ¿Sus padres nunca lo aprobaron?

- ¡Jamás! – Dijo mi señora – Nunca aceptarían a un hombre abiertamente en contra del shogun y las leyes de cierre de fronteras, por eso mi padre me advirtió de que si me casaba con el yo dejaría de ser hija suya. Genma me convenció de que solo eran palabras vacías, de que nunca haría eso… pero ya ves que se equivocó.

- Su padre la desheredó…

- Así es, cuando puse fecha a mi boda con Genma mi padre me dijo que para él estaba muerta y enterrada – me di cuenta de que la voz de mi señora se había entristecido al igual que su mirada – Para mí mi padre era mi vida, no puedes llegar a entender el vínculo tan fuerte que teníamos.

- Puedo entenderlo, créame.

Nodoka-sama bajó la vista, por supuesto que la entendía. Yo también tenía un vínculo especial con mi padre hasta que todo se torció por culpa de aquel estúpido deseo y esa rana de oro – Si le sirve de consuelo, al menos se casó con el hombre que amaba y le dio un hijo.

- Es lo único bueno que Genma me dio – dijo Nodoka-sama bruscamente – después de nuestro matrimonio, empezó a cambiar. Mi madre a escondidas me dio una pequeña cantidad de dinero y me pidió que no volviera, no vi ni una moneda. Genma se lo quedó todo.

- ¿¡Le robo!? – pregunté furiosa.

- Bueno, éramos un matrimonio, como él dijo "no era robar, era compartir" – fruncí el ceño ante las palabras de mi señora. El hombre panda era un maldito ladrón – un día tras varios días de pensión en pensión llegó con unas llaves y me trajo aquí, con mi dinero había comprado esta casa, no estaba como la ves hoy en día, estaba destartalada y tuvimos que arreglarla pero gracias a varios contactos de Genma pudimos ganar dinero y convertirla en lo que es hoy. Más tarde llegaron los viajes clandestinos que traían más dinero pero menos felicidad. Tras su segundo viaje fuera me di cuenta de que en realidad nunca había tenido intención de llevarme con él, solo quería una esposa de buen nombre que le esperara en casa y que se paseara con él en las reuniones sociales.

- ¿Cree usted que la buscó por su herencia?

- Por supuesto – contestó firme – al principio no quería creerlo pero a medida que él iba desapareciendo y llegaban a mis oídos noticias de nuevas amantes no me quedó ninguna duda. Genma se había casado conmigo pensando en la gran suma de dinero que me dejarían mis padres al morir, lo que él no pensó es que en realidad me desheredarían.

- ¿Y su anterior esposa? También era samurái – pregunté recordando aquella triste historia que hace años me había contado.

Nodoka-sama soltó una triste risa – Pero no podía darle un varón además de que no era hija única, tenía dos hermanos mayores. La pobre muchacha no heredaría nada por eso la repudió.

- Es un desgraciado – murmuré con rabia – pero mi señora, ahora su hijo es mayor ¿Por qué no le cuenta toda la verdad acerca de su esposo? La verdad sobre Shampoo, los viajes, Mousse, Ukyo…

- No puedo Akane – me cortó con la voz rota. Me quedé estática al ver como pequeñas lágrimas luchaban por salir de sus ojos pero mi señora no les permitía caer.

- ¿Por qué no puede?

- Porque si Genma me repudia yo acabaré en la calle, no tengo nada Akane, Genma me lo ha robado todo, incluida mi libertad.

Abrí los ojos ante sus palabras ¿pero cómo era eso posible? – Señora, Ranma nunca la dejará en la calle. Usted me contó que firmó un contrato donde se lo cedía todo a él cuándo se casara. Jamás la dejaría en la calle.

- Hay algo mas – dijo con pesar – en ese contrato había una letra pequeña de la que me enteré más tarde.

Temblé levemente, me daba pavor el pensar que artimaña había usado Genma Saotome con mi señora. Nodoka-sama suspiró levemente y se sobó el puente de la nariz, como dándose fuerza para hablar.

- En el contrato había una clausula, todas las propiedades serán de mi hijo en cuanto se case pero si yo decidía irme mi hijo no podría recogerme ya que yo le seguía perteneciendo a mi marido.

- ¡Usted no es una propiedad!

- Sí que lo soy Akane – habló frustrada mi señora – Y si te casas tú también lo serás, serás de la propiedad de tu marido para siempre a no ser que el te repudie y lo peor de todo es que la ley le ampara, podría molerme a palos y el emperador no movería un dedo si Genma alega que me escapé.

- ¡Eso no es justo! – dije con rabia.

- Te lo he dicho muchas veces Akane, la vida no es justa – apreté los puños con fuerza y me levanté con rabia caminando por el dojo como un león enjaulado. Estaba furiosa con el hombre panda, era un desgraciado que se dedicaba a vivir a cuerpo de rey mediante el engaño y la mentira.

- Debemos hacer algo, decírselo a su hijo…

- Nada podrá cambiar el contrato Akane - me cortó mi señora – Si Genma me expulsa me moriré pobre y abandonada en un camino, o en el barrio rojo y Ranma no podrá hacer nada porque si me recoge me matarán, tanto a el como a mi.

Abrí los ojos y me llevé las manos a la boca, no podía creerme que Genma Saotome fuera tan retorcido – ¿Cómo… como ha dicho?

Nodoka-sama me miró fijamente para luego cerrar los ojos y dar un largo suspiro mientras yo me dejaba caer sin fuerzas a su lado – Por eso no puedo alejarme de él, estoy atada de pies y manos.

- Pero eso… eso es inaudito, podría echarla en cuanto Ranma se case.

- No, porque no le conviene, en el contrato queda estipulado que Ranma se debe hacer cargo de nosotros hasta que muramos. El será el dueño y señor pero nosotros sus invitados – Rodó los ojos levemente – vive de tu mujer hasta que puedas vivir de tu hijo.

- ¿Está segura de ello? – pregunté con temor.

- Por supuesto. Genma sabe lo valioso que es Ranma, le necesita ya que es su único heredero y la llave que abre todas las puertas. Por lo que me ha contado el emperador le tiene en gran estima y quiere tenerlo entre sus filas. Si yo me escapo matará a mi hijo y por eso sabe que yo nunca huiré y si el me repudia y Ranma me recoge me matará a mí y eso Ranma no podría soportarlo. Nos tiene a todos controlados como marionetas.

- ¿Su hijo lo sabe?

- No - contestó serena mi señora - y no debe saberlo.

- Ese hombre… es… es… ¡despreciable! - grité con furia.

- Lo es, por eso yo tenía tantas esperanzas en que te casaras con Ranma. Si tú te casabas con el heredarías la casa junto con mi hijo y todos sus negocios ilegales con los chinos se irían como el viento. No me podría repudiar porque si no perdería a su valioso heredero así que me tocaría aguantarle el resto de mi vida pero él estaría amargado por el fracaso de sus negocios y mi hijo sería feliz a tu lado – bajó la vista con pesar – pero una vez más Genma ha ganado.

- ¿Entonces porque está tan insoportable ultimamente?

Nodoka-sama soltó una leve risa - Tu eres su mayor enemiga ahora mismo, antes incluso que yo ya que eres una amenaza para el. Supongo que teme que mi hijo se arrepienta de su decisión y vuelva contigo, no lo se... tal vez solo te tenga manía - escuchaba atenta las palabras de mi señora intentando comprender y ordenar todo en mi cabeza - si yo no te hubiera nombrado mi Protectora en cuanto Ranma y Shampoo se casaran tu estarías fuera, pero ahora eres de mi propiedad, por tanto serás una herencia y permanecerás en esta casa para siempre. Por eso no soporta que seas mi Potectora, porque una vez seas de mi propiedad de forma legal, por mucho que quiera, ni el, ni Shampoo podrán expulsarte.

- Temo que por mi culpa la repudie y su familia acabe matándose entre ellos - dije con aflicción retorciendo mis manos.

- Ya te he dicho que no le interesa, estate tranquila, antes de proponerte ser mi Protectora pensé e investigue todos los pros y los contras de la situación - explicó muy seria - está todo atado Akane. Tranquila.

- Señora – hablé muy seria tomándole fuertemente de las manos haciendo que levantara su mirada y me mirara a los ojos – le prometo, le juro por mi vida que nunca dejaré que su marido le haga daño.

Sus ojos brillaron emocionados – Akane…

- Si es cierto lo que me dice y está atada de pies y manos a un matrimonio sin amor, le prometo que me encargaré personalmente de protegerla hasta que mi alma abandone mi cuerpo – ver a mi señora contándome esta triste historia, encogida sobre si misma me había despedazado el alma.

Nodoka-sama era una mujer fuerte por fuera pero tenía sus demonios por dentro, unos demonios que estaba segura no la dejaban casi respirar y aunque de puertas afuera mi señora era una mujer fría y sin alma, yo sabía bien que por dentro era de la más frágil porcelana y que en cualquier momento podría quebrarse en manos de ese cerdo que tenía por marido.

- Seré su Protectora, aprobaré ese examen y nunca más permitiré que Genma Saotome le vuelva a hacer daño.

Nodoka-sama intentó hablar pero por lo visto se le hizo un nudo en la garganta ya que a medida que sus ojos brillaban con más fuerza soltaba pequeños gruñidos y gemidos. Soltó un débil sollozo y apretó mis manos, dejando caer dos solitarias lágrimas que rápidamente borró de su rostro.

- Akane – susurró observándome seria – te confío mi vida.

- Y yo la mía, mi señora. Y yo la mía.

Aunque tardé un tiempo en darme cuenta, ese día mi señora y yo cerramos un vínculo que ninguna ceremonia anterior había cerrado. El confiar tan ciegamente la una en la otra fue el principal motivo por el que me hice Protectora, su Protectora.

Un par de horas más tarde me encontraba en el banquito de piedra mirando al cielo y pensando en la charla que había mantenido con mi señora. Era frustrante para mi saber que una mujer como era mi señora estaba unida a un hombre como Genma Saotome para toda la vida.

Tras tranquilizarse un poco me pidió que pasara lo que pasara esa conversación se quedara entre ella y yo, cosa que juré firmemente. No pensaba hablar del tema con nadie pero por otro lado deseaba buscar al hombre panda y darle la paliza de su vida.

¿Qué hombre tiene tan mal fondo? ¿Cómo es posible que el emperador confié en alguien como Genma Saotome? ¿Tan buen mentiroso es? ¿A cuántas personas había hundido y aplastado por llegar a la posición social en la que estaba?

No me quedaba duda de que el hombre panda había hecho todo lo posible por llegar a donde estaba, si era capaz de firmar en un contrato que mataría a su propio hijo, su descendencia y su mujer, ¿Qué no le haría a los que no eran de su propia sangre?

Suspiré intranquila, debía dejar de pensar en Genma Saotome o me acabaría volviendo loca. Mi señora me había dejado claro que ella estaba tranquila, que sabía cuál era su vida y su destino y que lo aceptaba, que yo debía hacer lo mismo y centrarme en llegar a ser su Protectora – Contigo no hay ninguna cláusula Akane, Genma no te expulsa ahora porque todo el mundo sabe que eres mi mano derecha y que eres de mi propiedad lo cual llevaría aun escándalo que no le conviene para sus relaciones con la flor inata de esta sociedad, pero en cuanto pases a pertenecer a Ranma, Shampoo podrá contigo lo que quiera, a no ser que seas mi Protectora ya que es un vínculo que te une a mi hasta que me muera. Por eso es tan importante que hagas el examen antes de que mi hijo se case.

Solté otro largo suspiro y me masajee las sienes, llevaba un par de días demasiado intensos y sentía que mi cabeza iba a explotar. Notaba en mis dedos las venas de mis sienes hinchadas y pulsantes. Las masajee con cuidado aliviando levemente el dolor.

- ¿Te duele la cabeza?

La voz de Sasuke me sacó de mi burbuja. Alcé los ojos buscándole y le vi sonriente caminando hasta situarse a mi lado.

- Un poco – contesté – ¿Has vuelto de tu vigilancia?

- Sí, hoy Momo-chan estaba cansada y Uzumi me ha dicho que ella se encargaría por hoy.

- Es una buena chica – dije con una sonrisa. Recordé como esa muchacha había protegido a su señora con uñas y dientes ante mi presencia. Aunque lo había negado rotundamente, en el fondo Uzumi sí que se parecía un poco a mí.

- ¿Y Taro? – pregunté seria. El rostro de Sasuke se puso oscuro y le vi apretar los puños.

- Como siempre, de burdel en burdel.

Mi rostro se crispó – Ojala pille una marranada y se le caiga eso que tanto ama.

Sasuke se llevó instintivamente la mano a esa zona y se puso pálido. Solté una carcajada al ver la cara de horror que ponía mi mejor amigo. Gracias a Kami, Sasuke siempre sabía cómo animarme aun sin darse cuenta. No sé qué habría hecho sin él.

- ¿Interrumpo? – habló una voz cortando de raíz mi carcajada. Me giré seria al igual que Sasuke para enfocar mi vista en el intruso.

Frente a nosotros la figura imponente de Ranma nos miraba con una mueca de desagrado en la cara, como si hubiera visto algo que le había enfadado o dado mucho asco. Sasuke se puso en pie como un rayo y de un salto se plantó frente a Ranma que no se inmutó.

- ¿Necesita algo el señor? – Preguntó serio. Sasuke sabía bien lo mal que lo había pasado por Ranma. Esos cuatro años junto con mi señora fue mi paño de lágrimas y mi confidente. Muchas veces había oído de sus labios el tan odiado "te lo dije".

Ranma se cruzó de brazos y le miró burlón enarcando una ceja – Vaya, has cambiado mucho Sasuke.

- Lo sé – respondió firme el hombrecillo sorprendiendo a Ranma. Solté una ligera risita que por fortuna el heredero Saotome no escuchó.

- Necesito hablar con Akane – dijo Ranma con la firmeza de un señor dando una orden a su criado – a solas.

Sasuke apretó los puños y noté como su espalda se curvaba y los hombros se tensaban. Estaba a punto de estallar e increpar a Ranma, conocía bien el temperamento que se gastaba últimamente Sasuke y lo último que quería era que se metiera en problemas con los señores por mi culpa.

El mejorar como artista marcial, el ser considerado por mi señora un gran ninja y ser el capitán de la guardia de Momo-chan habían dado a mi amigo una gran seguridad que era notoria a simple vista y que pilló por sorpresa al joven señor aunque este supo disimularlo bien.

- Sasuke – hablé poniéndome en pie captando la atención de los hombres – déjanos a solas.

Los ojos de huevo de mi amigo se abrieron de par en par mientras que Ranma puso una sonrisa de victoria en el rostro mientras se burlaba con la mirada del pobre Sasuke. Vi como la boca de mi amigo se abría y lanzaba pequeños sonidito que se me hicieron muy graciosos.

- Tranquilo, está bien, ve a casa por favor.

- Ya la has oído – dijo Ranma con prepotencia.

Sasuke volvió a abrir la boca pero al recibir mi mirada pidiéndole que se fuera, bufó molesto y se giró no sin antes lanzar un gruñido a Ranma quien amplió su sonrisa y se apartó para dejarle pasar.

Cuando nos quedamos solos Ranma relajó su postura y se acercó a mí. Su cuerpo grande se acercaba lentamente y sus ojos recorrían mi cuerpo con un brillo especial. Alcé una ceja, una vez más sabía sus intenciones. Intentaba provocarme y seducirme, pero lo que él no sabía era que esos trucos ya no funcionaban conmigo.

Me cruce de brazos y alcé la barbilla cuando se quedó a un paso de mí y con un tono de voz seco pregunté – ¿Qué quieres de mi esta vez?

Ranma movió sus ojos a lo largo de mi rostro y con un leve murmullo dijo – Lo quiero todo.

Solté una carcajada y me alejé de el – Ahora en serio Ranma, déjate de estupideces y dime que quieres.

- Necesito que me escuches – me suplicó.

- ¿Otra vez con eso? – Pregunté mal humorada – Ya te dije que no me interesa escucharte, te di tu oportunidad para decirme la verdad, te escribí suplicándote como una imbécil que me dijeras la verdad y jamás me contestaste.

- Todo tiene una explicación y si me dejaras hablar entenderías todo – dijo dando un paso al frente.

- Una explicación que no me interesa escuchar – dije seca viendo su rostro frustrado – ya no hay nada entre nosotros, si es que alguna vez lo hubo.

- Sí hice lo que hice fue por ti y por mi madre – dijo con angustia en su voz – si voy a unir mi vida a esa mujer es por vuestro bien.

Esas palabras me atravesaron el corazón como flechas ¿Qué diablos quería decir con eso? ¿Es que había recibido algún chantaje por parte de su padre? Miles de preguntas se acumularon en mi mente como un huracán volviendo a despertar sentimientos que había enterrado hace tiempo. Le miré a los ojos y pude ver en ellos la esperanza pero no, no podía, no debía dejarme llevar y tirar por la borda todo el esfuerzo que había puesto en mi entrenamiento los últimos cuatro años.

Una vez más me puse esa coraza de indiferencia y solté un bufido, no podía dejarme llevar por algo que había muerto hace tanto tiempo, algo que el mismo había matado con su silencio. Él había tenido su oportunidad de explicarme las cosas y no quiso, ahora era yo quien no quería saber nada de él.

- Una vez más Ranma Saotome – dije con voz fría acercándome a él y mirándole a los ojos – no me importa nada de lo que me tengas que contar. Lo que hubo entre nosotros tú lo mataste y enterraste hace cuatro años.

Me alejé de él dejándole derrotado, me miraba como si fuera su bien más preciado y se lo estuvieran robando, pero él se lo había buscado. Me giré para salir de allí, no quería verle ni un segundo más, pero antes de desaparecer de su vista me giré para lanzarle una gélida mirada y decirle:

- Céntrate en tu inminente boda y a mi déjame en paz.

Seguí caminando erguida sin mirar atrás feliz conmigo misma. Aún recuerdo esa satisfacción en mi estómago al saberme ganadora de esa batalla, pero si hay algo que recuerdo nítidamente es como resonó el grito de rabia de Ranma en el jardín del hogar Saotome.


Aclaraciones:

Ninja: eran un grupo militar de mercenarios entrenados especialmente en formas no ortodoxas de hacer la guerra, en las que se incluía el asesinato, espionaje, sabotaje, reconocimiento y guerra de guerrillas, con el afán de desestabilizar al ejército enemigo, obtener información vital de la posición de sus tropas o lograr una ventaja importante que pudiera ser decisiva en el campo de batalla. Para sus propósitos utilizaban una amplia gama de armas y artefactos como espadas, shuriken o cadenas, además de ser expertos en la preparación de venenos, pócimas y bombas. Del mismo modo, eran entrenados en el uso del «arte del disfraz», que utilizaban a menudo para pasar desapercibidos dependiendo de la situación imperante en el lugar en el que se tuvieran que introducir, a diferencia de la típica vestimenta con la que hoy día se les identifica.

Rol de las mujeres: En cuanto a la situación en la que se encuentra Nodoka quiero mostrar la sumisión y obediencia total que las mujeres de aquella época (y los años siguientes) debían tener para con sus maridos. La mujer pertenecía al padre hasta el momento en que se casaba que pasaba a pertenecer al marido quien tenía total control y derecho sobre su vida y decisiones. Muchas mujeres eran victimas de malos tratos e incluso de asesinato y el marido era amparado por la ley si alegaba delitos tales como abandono del hogar o adulterio.