¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Este capítulo va dedicado a A.R Tendo ya que hoy 19 de mayo es su cumpleaños. ¡Muchas felicidades hermosura! Disfruta mucho tu día con tus seres queridos y toma mucha tarta que una vez al año no hace daño. ¡Espero que este capítulo te guste y tómalo como mi regalo de cumpleaños!
Se que he estado un poco desconectada pero entre que mi trabajo me tiene ocupada y que la historia cada vez se complica mas me veo forzada a espaciar las actualizaciones ya que quiero que cuando haga una actualización sea PERFECTA. Agradecer a todos mis precios s lector s incluido mis chicas del grupo de Facebook que siempre está por aquí dejándome sus preciosos mensajes. Espero que este capítulo os encante y que haya merecido la pena la espera. Me alegráis el corazón con vuestros mensajes.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo.
Sin mas os dejo leer.
Los siguientes días fueron grises y lluviosos, como si los dioses lloraran por lo que pronto se avecinaría tanto en la casa de los Saotome como en el país. Mi entrenamiento seguía según lo planeado ya que esperaba que pronto, Nodoka-sama escribiera al consejo para que pusieran fecha a mi examen.
Ukyo y Ryoga estaban planeando su inminente boda y aunque no me parecía lógico casarse tan joven y más por imposición de otros, verles tan sonrientes me alegraba. Ryoga estaba exultante, sonreía siempre y aunque según Mizuno sensei la organización de un enlace es cosa de la novia, Ryoga-kun quería participar en todo lo que pudiera – es mi boda también – nos repetía a Mousse y a mi cada vez que se nos unía porque Ukyo le había echado a patadas.
En cuanto a Ranma, se la pasaba persiguiéndome como un perro sin amo llegando a cansarme. En más de una ocasión tuve que quejarme a Nodoka-sama para que le frenara los pies. Mousse también colaboraba ya que cada vez que veía que se acercaba a mi intentaba alejarle.
- Es agotador – dije tumbándome en el dojo.
- Quiere que le hagas caso – respondió Mousse secándose el sudor con un trapo – está acostumbrado a que siempre le perdones.
- Pues esta vez se va a quedar con las ganas – Mousse soltó una risita.
- Espero que sí.
Di un largo sorbo de agua mientras meditaba en todo lo que había cambiado mi vida en algunos años. Había vivido un huracán de sentimientos y situaciones que me habían hecho la mujer que era ahora, una mujer que no pensaba rendirse ante ningún hombre, aunque ese hombre fuera Ranma.
- ¿Cuándo tienes el examen de Protectora? – me preguntó Mousse sentándose a mi lado alargando la mano para que le pasara la cantimplora.
- No lo se, pero espero que pronto.
- ¿Antes de la boda de Ukyo y Ryoga?
Negué levemente con la cabeza – No lo creo, están a un paso de casarse, por mucho que se aceleren las cosas supongo que se casarán antes.
- Ese tipo está loco – murmuró Mousse bebiendo un largo trago – casarse con una niñata como Ukyo.
- Bueno, tu querías casarte con una niñata como Shampoo – le piqué, más me arrepentí al segundo ya que la mirada de mi mejor amigo se oscureció levemente – Yo… Mousse… lo siento.
- No importa – me cortó bebiendo de nuevo terminándose el agua con un deje de furia – al final Nodoka-sama tiene razón, la vida no es justa. Y menos para la gente como nosotros.
- ¿Cómo nosotros? – pregunté curiosa.
Mousse me lanzó una apenada mirada que me estremeció – Mujeres, criados, gente pobre… nunca hay justicia en el mundo para ellos, en cambio para los que tienen dinero y poder… para ellos siempre hay alegría… aunque esta sea falsa.
Pensé un momento las palabras de Mousse, tenía mucha razón. Para los ricos todo era mucho más fácil, llevarse arroz a la boca, tener ropa limpia cada día, no pasar frío. no tener que esforzarse en nada… en cambio los que habíamos nacido en la base de la pirámide debíamos luchar cada día para sobrevivir.
- Aunque tampoco nos va tan mal – dijo Mousse – tú vas a ser Protectora y yo serviré a Nodoka-sama, no es mal plan de vida. Al menos tendré techo y comida de por vida.
- Pero no a la mujer que amas – dije seria.
- No… pero ya no importa. Si ella es feliz viviendo una mentira, allá ella, será una amargada toda su vida por aferrarse a alguien que no la quiere, por mucho que ambos se empeñen en casarse.
- ¿Crees que Ranma no la quiere? – me mordí la lengua nada más formular la pregunta. ¿Qué me importaba a mí si Ranma quería o no a Shampoo? ¿Qué más me daba a mí si se casaban o no? Ranma no era importante en mi vida, era un cero a la izquierda.
Mousse pensó unos minutos que decirme para luego soltar un largo suspiro – No sé por qué pero a pesar de todas las tonterías que soltaba cuando estábamos en el servicio y todo el daño gratuito que te ha hecho… no sé, no creo que ame a Shampoo como ella se merece.
- Ósea, que solo es deseo.
Mousse se encogió de hombros – No lo sé y no soy quien para meterme en la vida del futuro señor de la casa y su prometida – luego me lanzó una rápida mirada, dura como una piedra y con voz dura dijo – Y tú tampoco.
Fruncí el ceño, no iba a permitir que Mousse me regañara como a una niña pequeña, sabía muy bien cual era mi lugar – Lo se Mousse, no soy idiota.
- Lo sé – susurró – pero solo de pensar que vuelvas a caer… si te vuelve a hacer daño yo…
- No lo hará – respondí firme sorprendiéndole – Ya no soy una niña estúpida que se cree todo lo que le cuentan. Como bien has dicho la vida no es justa y los hombres son ingratos – frunció levemente el ceño ofendido por mis palabras – la inmensa mayoría.
Mousse se levantó y temí por un momento que se hubiera enfadado pero cuando se giró a mirarme con una sonrisa burlona y revolvió mi pelo me tranquilicé – Eres una marimacho muy lista.
- Cállate – le respondí con falsa molestia haciéndole reír.
Le vi estirarse y soltar el aire que se acumulaba en sus pulmones con parsimonia. No pude evitar pensar que Mousse era guapo, muy guapo, mas no podía enamorarme de él, no era capaz. Le veía como mi mejor amigo, como un hermano mayor que siempre está para apoyarte y eso me ponía de muy mal humor ya que si me hubiera enamorado desde un principio de Mousse, a lo mejor las cosas serían diferentes.
- Debo irme – habló entonces mi amigo.
- ¿A dónde vas?
- Debo acompañar a Ryoga a Edo a comprar no sé, ordenes de su madre.
- ¿La señora Hibiki? – Pregunté sorprendida – Nunca he visto a los padres de Ryoga, desde que llegué parece que fueran inexistentes.
- Pues están muy vivos y ansiosos por la boda. No conocen personalmente a Ukyo pero se han escrito varias veces a lo largo de los años. El padre de Ryoga es un alto cargo del emperador así que anda de aquí para allá sin un hogar fijo, por eso le enviaron aquí, no solo para que se formara en las artes sino para que no fuera un nómada.
- Vaya – susurré sorprendida. No podía creer que a pesar de los años que conocía a Ryoga no supiera nada acerca de su vida familiar – ¿y qué opinan de Ukyo?
- ¿¡Que van a opinar de la sobrina de Genma Saotome!? – casi me atraganto con mi propia saliva al escuchar la palabra "sobrina". Mousse no tenía ni la menor idea del parentesco familiar que les unía, el al igual que todos pensaba que Ukyo era la sobrina de Genma, si todos supieran que en realidad era hija de una fulana y el hombre panda… seguro que los señores Hibiki no estarían tan contentos de casar a su hijo con la bastarda del señor Saotome – están encantados por la posición social que tendrán.
- Es entendible – hablé rápida intentando cambiar de tema – creo que deberías irte ya, sino Ryoga se pondrá furioso.
Mousse alzó una ceja – ¿Me estás echando?
- No es eso – dije – solo miro por tu bien, Ryoga está histérico con el tema de su boda y como algo salga mal te echará la culpa a ti seguro.
Mousse soltó una risita asintiendo levemente – tienes razón, creo que debería irme. Te veo luego.
Salió del dojo dejándome sola y solté un suspiro de alivio. Me tumbé en el suelo del dojo y cerré los ojos. ¿Cómo se tomaría Mousse saber que en realidad Rama, Ukyo y el son hermanos de padre? Seguro que pondría el grito en el cielo, no solo el, los otros dos seguro que aullarían como fieras.
Me sobé la cara con las manos y restregué mis ojos con fuerza. De repente sentí un horrible calor y alcé la tela de mi hakama dejando las piernas al aire, hice lo mismo con las mangas de la parte de arriba d mi traje y me dediqué a sentir el frescor de la madera.
Cerré mis ojos y me relajé al instante, pero entonces la puerta del dojo abriéndose me alertó. Sonreí de medio lado pensando que era Mousse que había vuelto – ¿Qué pasa Mousse te ha regañado Ryoga? – pregunté aun con los ojos cerrados.
- No soy Mousse – la voz de Ranma me puso alerta. Rápidamente abrí los ojos y me puse en pie para observarle. Llevaba un traje de entrenamiento rojo y negro y la mirada que me regalaba era molesta.
- ¿Qué haces aquí?
- Venía a entrenar – contestó cerrando la puerta tras de si – y a hablar contigo.
- Mira que eres pesado – protesté – ¿Cuántas veces tengo que decirte que no quiero tus estúpidas explicaciones?
- No vengo a dártelas – me contestó sereno acercándose a mí – me ha quedado claro que no te interesan.
Me crucé de brazos alzando una ceja – Vaya, al fin lo has entendido.
- Sí, me ha costado pero por fin entiendo que fui un imbécil, que te hice mucho daño y que una explicación tarde y mal no arregla el daño de cuatro años.
- Vaya, que genialidad. Ranma sabe usar la lógica – me burlé de el con crueldad. Me miró con furia y sonreí más ampliamente relajando levemente mi postura – Bueno, pues puesto que yo ya he terminado y tú quieres entrenar te dejo el dojo para ti solito.
- Espera – me frenó cuando me dispuse a pasar por su lado – Antes quiero proponerte algo.
- No me interesa nada que venga de ti gracias – contesté con ironía.
- No iba a proponerte nada indecente – protestó – solo entrenar, como antes.
Pensé unos segundos su propuesta, le miré con recelo de arriba abajo entrecerrando los ojos, buscando en él un deje de mentira o burla pero no encontré nada, asentí levemente y me coloqué frente a él en posición de defensa.
Me otorgó una dulce sonrisa y sus ojos brillaron – gracias – sentí mis tripas saltar por lo que solté un bufido.
- Déjate de idioteces, es solo entrenamiento, me vendrá bien.
Ranma asintió y comenzamos a pelear. A diferencia de la última vez que peleamos esta vez para mi alegría, Ranma estaba peleando en serio. Dando golpes y defendiéndose como si luchara por fin con alguien a quien consideraba su igual.
Fue una pelea rápida y llena de técnicas perfectas, un golpe en el costado por parte de Ranma que nunca llego a tocarme, un codazo regalo de mi parte bien defendido… todo era perfecto en aquella pelea que parecía más bien una danza, pues la sincronía que había entre los dos hacían parecer a aquel enredo de golpes una obra teatral.
Una vez finalizado el encuentro intentamos recuperar el aliento levemente. Ranma apoyando sus manos en sus rodillas me miró con una sonrisa – has mejorado mucho.
- No tenía nada mejor que hacer estos últimos cuatro años – respondí estirando los músculos.
- ¿Ha estado muy aburrida la cosa por aquí?
- Mucho, demasiado – contesté con una leve sonrisa – pero Nodoka-sama me entrenó duramente y he aquí el resultado.
- Inmejorable – dijo Ranma con orgullo.
Alcé una ceja ante las palabras del joven señor y solté una cantarina risa – No me puedo creer que estés haciéndome la pelota de una forma tan descarada.
Ranma frunció el ceño y apretó los puños – Contigo no se puede entablar una conversación normal.
- Tampoco es para enfadarse – dije aun entre risas – Te conozco Ranma, tantos halagos no son normales, ¿Qué quieres?
El joven señor abrió la boca un par de veces intentando formular una frase pero al no lograrlo soltó un suspiro y bajó su mirada – Esta bien, tu ganas – le miré esperando una respuesta – quería pedirte otro favor.
- No creo que estés en posición de pedirme favores – contesté llevando mis manos a las caderas – pero soy una mujer buena por lo que voy a escucharte.
Ranma me miró esperanzado – Quiero que volvamos a ser amigos.
- ¿¡Como!? – pregunté con sorpresa. De todas las peticiones del mundo, jamás esperé que Ranma me pidiera eso.
- Quiero que volvamos a ser amigos. Sé que ya nada será como antes pero… quiero volver a tener la buena relación que teníamos, que me mires sin fruncir el ceño, que entrenemos juntos, que…
- Para, para, para – le frené alzando las manos – creo que te estás confundiendo – puso un gesto de duda en su rostro y me apresuré a ponerme de nuevo esa coraza de frialdad – Que haya entrenado contigo no quiere decir que seamos amigos, que te haya hablado con amabilidad no quiere decir que te haya perdonado, que no te parta la cara cada vez que te cruzas en mi cabeza no quiere decir que no desee hacerlo. No te confundas Ranma.
- Pero… pensé que tu…
- Pues pensaste mal – dije seca – No volveremos a ser amigos Ranma, nunca. Lo que acaba de pasar ha sido… la despedida que nunca tuvimos por así decirlo, el fin de nuestra amistad de manera cordial.
- ¡No puedes hablar enserio! – me gritó con molesta.
- ¡No me grites! – Le vi dar un pequeño bote en el sitio – Te repito Ranma que nada nos une, ¡Nada! Tú eres el hijo de mi señora, y yo su sirviente, si hay algo que nos une es una relación profesional y nada más.
Ranma me miró serio, clavando su azulina mirada en la mía – ¿Eso es lo que quieres?
- Sí – contesté firme.
Apretó levemente los puños y se mordió el labio con rabia – Sea – escupió para luego girarse y salir del dojo como un huracán. Miré su espalda desaparecer por la puerta y pegué una patada al suelo intentando disipar mi frustración. Ranma Saotome iba a volverla loca.
Harta de esa estúpida situación salí del dojo directa hacia el baño, necesitaba con urgencia relajar mis músculos en agua caliente. Caminé veloz hasta entrar en la casa y lo primero que escuché fueron los aullidos de Shampoo.
- ¿Qué diablos le pasa? – pregunté a Nara que pasaba cargando un montón de ropa.
- La señora Mizuno está enseñándola a peinarse como una mujer casada.
Un nuevo alarido de dolor resonó en la casa – Pues parece que le está arrancando los pelos uno a uno… en fin, voy a darme un baño.
Nara se despidió de mí y seguí mi camino hacia el baño, una vez dentro me despojé de mi ropa y lavé mi cuerpo a conciencia limpiando cualquier resto de sudor. Una vez estuve limpia entre en la bañera y solté un suspiro de alivio al notar mis músculos destensarse.
Tomé un poco de agua entre mis manos y mojé mi cara, necesitaba despejarme. Había tenido un grave momento de debilidad ante Ranma que no podía volver a pasar. No podía darme el lujo de caer de nuevo en su trampa, en su falsa amabilidad… esos momentos amenos que pasamos entrenando en el dojo solo eran una encerrona barata para lograr mi perdón… no podía dejarme enredar de nuevo. Me quedé un rato a remojo pensando en todo y a la vez en nada hasta que noté mis dedos arrugados, era hora de salir.
Una vez me vestí con ropa limpia me dirigí a las caballerizas y decidí salir a dar un paseo hasta Edo. Con un poco de suerte me encontraba a Ryoga y Mousse y podía pasar un poco de mi tiempo con ellos.
Monté en mi yegua y salí al galope camino a la ciudad. Gracias a la rapidez de Kaze llegué en poco tiempo, la até a un poste al lado del abrevadero y busqué con la mirada alguno de mis amigos. Caminé por la ciudad barriendo con mis ojos cada puesto y bar. Los mercaderes gritaban ofreciéndome sus productos, incluso alguno llamó mi atención pero mi meta no era comprar, sino encontrar a mis amigos.
Vagabundee por las calles principales sin encontrarlos. Bufé molesta, dispuesta a volver a casa cuando la voz de Mousse llamó mi atención. Me giré para encontrarle y le vi parado con gesto de aburrimiento en un puesto de kimonos. Caminé rápida y cuando estuve a pocos metros alcé una mano llamándole.
- Mousse – mi amigo se giró sorprendido pero me otorgó una sonrisa.
- Akane, que alegría – su voz sonaba aliviada – pensé que iba a morir de aburrimiento.
- ¿Akane? – preguntó Ryoga tras una cortina. La cabeza de mi amigo salió de entre la tela y me sonrió – ¡Qué bien que estés aquí! Así tendré más opiniones.
- ¿Cuánto lleváis aquí? – pregunté al ver la mueca que ponía Mousse en la cara mientras Ryoga desaparecía de nuevo entre la tela.
- Pues como una hora o más – bufó molesto – no para de probarse cosas. Parece una mujer.
Le di un golpe cariñoso en la parte de atrás de la nuca – No seas antiguo.
Mousse se sobó el golpe dispuesto a protestar pero en ese momento Ryoga salió vestido con un elegante kimono negro, perfecto para su boda. Abrí la boca sorprendida ante lo guapo que se veía. Ryoga siempre había sido el más vivaracho e infantil de los tres, siempre alegre, siempre con un aire inocente y despistado que le hacía especial, pero verle enfundado en ese montsuki a punto de casarse… parecía más adulto que nunca.
- ¿Qué os parece? – preguntó luciéndose.
- Igual que los otros veinte – dijo Mousse con aburrimiento haciendo que el futuro marido frunciera el ceño.
- No te vuelvo a pedir un favor, amargado – Mousse rodó los ojos con aburrimiento y Ryoga se giró para mirarme con ojos de cordero degollado – Akane ¿tú que piensas?
- Estás genial – dije con una sonrisa – Ukyo seguro que estará encantada.
Los ojos de mi amigo brillaron como dos soles – ¿De verdad? – Tras recibir un asentimiento de mi parte se miró desde todos los ángulos posibles – la verdad es que este es el que más me gusta y en el que más cómodo estoy.
- Le queda perfecto joven – dijo el dueño de la tienda.
- Pero también es el más caro – murmuró Ryoga con un deje de duda.
- Es tu boda – me apresuré a decir consiguiendo la atención de mi amigo – te casaras una vez en la vida, haz que sea especial y gástate lo que quieras. No mires precios, guíate por el corazón.
Ryoga meditó un segundo mis palabras viéndose de nuevo pero a los poco tiempo puso una enorme sonrisa en su cara y asintió firmemente – Tienes razón Akane, me lo quedo.
El vendedor puso una mueca de alegría y le acompañó a cambiarse de ropa. Mousse me abrazó de manera dramática y con voz teatral dijo – eres mi nueva diosa.
- ¿Qué dices? – pregunté algo sonrojada.
- Has conseguido en dos minutos lo que yo llevo intentando dos horas – fingió que se limpiaba una lagrimita y no pude evitar soltar una carcajada – Que Kami te proteja.
- ¡Cállate! – gritó la voz de Ryoga.
Una vez fuera de la tienda mis amigos fueron a una taberna a tomar un poco de sake. No era una bebedora ni mucho menos pero supuse que un vasito no me haría mucho daño. Cuando entramos noté varias miradas y cuchicheos sobre nosotros. Di un rápido vistazo al bar y comprobé que no había ninguna joven de mi edad, las mujeres que allí había me observaban perplejas desde la cocina.
Sin darle importancia me senté en la mesa de madera gastada junto a mis amigos quienes también estaban alerta ya que al igual que yo habían notado las miradas de los presentes sobre nosotros.
Un hombre corpulento, con un uniforme blanco sucio y gastado se colocó frente a nosotros. Ryoga con amabilidad le ordenó traer una botella de sake y algo para picar, pero el camarero no se movió de allí, siguió mirándome fijamente casi sin pestañear.
Fruncí el ceño y le devolví la mirada furiosa. Mousse carraspeó un momento llamando la atención del hombre – Está con nosotros.
- Este no es lugar para una mujer – gruñó mirándome de nuevo.
- ¿Entonces qué haces tú aquí? – pregunté con rabia haciendo a Ryoga reírse.
El hombre frunció el ceño y apretó los puños – deberás respetarme, este es mi local.
- Y ella un cliente – dijo firme Mousse levantándose y encarándose al hombre. Mi amigo le sacaba un par de centímetros lo que hizo que el dueño del local tuviera que alzar levemente la vista – y si no nos sirves con amabilidad el pedido nos iremos de aquí y le diremos a los Saotome y sus conocidos que no pisen este antro de mala muerte nunca más.
Ante la mención de los Saotome el hombre palideció ya que Genma se gastaba unos buenos cuartos en aquel sitio con sus amigotes por lo que supongo tembló al pensar en que los beneficios que le daba el hombre panda caerían en picado si no iba nunca más. Dio una rápida reverencia y se dio la vuelta gritando el pedido. Mousse se sentó de nuevo bufando y Ryoga aplaudió – Así se defiende a una dama.
- Yo no soy una dama – me apresuré a decir – Nunca lo he sido.
- Para mí siempre serás mi dulce y querida Akane-chan – dijo de forma melodramática Ryoga haciéndome reír.
A los pocos segundos el hombre apareció con una botella de sake, tres vasitos y unos trozos de calamar cortado en dados – El calamar corre de mi cuenta, disfruten – y tras hacer otra profunda reverencia se alejó de nosotros.
- ¡Bien! Comida gratis – dijo Ryoga sirviéndonos el sake.
- Gracias a mí – puntualicé tomando un sorbito de mi copa. Puse cara de asco pues no estaba acostumbrada al sabor.
- Te acostumbraras – dijo Mousse al ver mi cara – El primer trago es asqueroso, el segundo solo desagradable, el tercero tolerable y al cuarto ya te va gustando.
Ryoga asintió levemente tomando un trozo de calamar - ¿Y eso lo aprendisteis en el ejército? – pregunté con interés.
- Correcto – dijo Mousse – según los senseis ya éramos hombres y como hombres debíamos empezar a experimentar este tipo de cosas.
- Fue divertido en algunos aspectos, otros ya no tanto…
- ¿Cómo qué? – pregunté con interés dando otro sorbito notando como poco a poco el asco menguaba.
- Nada – habló rápidamente Mousse.
Ryoga y Mousse se lanzaron una rápida mirada que me hizo desconfiar, algo ocultaban y debía sacárselo aunque fuera a la fuerza. Miré a Ryoga con la ceja enarcada y lo noté ponerse nervioso, sonreí internamente porque sabía que mi amigo no podría con la presión y terminaría cantando como un pajarito una mañana soleada. Solo necesitaba tres segundos más de contacto visual y sería mío.
Ryoga temblaba levemente buscando a Mousse con la mirada que bebía su sake. Sus ojos marrones se cruzaron con los míos y reafirmé mi mirada, como si estuviera leyéndole el alma. Lo tenía donde quería.
- ¡Está bien! ¡Te lo contaré pero no me mires así!
- ¡Ryoga! – le riñó Mousse pero recibió una mirada reprobatoria de mi parte y cerró el pico.
- Es increíble el temor que das con una sola mirada – dijo Ryoga haciéndome sonreír orgullosa – Te contaremos pero debes prometerme que no dirás nada.
- ¿Qué diablos os mandaban hacer en ese sitio? ¿Robar? – pregunté con curiosidad.
Ryoga negó levemente y bajó la mirada jugando con sus dedos de manera tímida – Al principio solo eran fiestas con mucho alcohol y alguna que otra geisha…
- Bueno es algo normal – dije – es común entre los soldados ir a casas del té, no tiene nada de malo.
- No – habló de repente Mousse – las geishas estaban bien, no tenían nada de malo. El problema es lo que vino después.
- Nos llevaban a burdeles – dijo rápidamente Ryoga dando un largo sorbo de sake – Mi Ukyo, si ella llegara a enterarse…
- ¿¡Que hicisteis que!? – pregunté escandalizada ganándome alguna que otra nueva mirada. Me quedé impactada ante lo que me contaban ¿les habían obligado a dormir con prostitutas? ¿Para qué? ¿Para hacerse hombres? ¿Cómo era posible que los hombres tuvieran pensamientos tan arcaicos?
- No todos lo hicimos – dijo Ryoga muy bajo – Muchos de los chicos se lanzaron de cabeza a esa "aventura" pero yo… yo no pude… mi querida Ukyo.
Lancé una mirada a Mousse que escondía sus ojos de mí. Le tomé la cara con una mano y le giré la cara obligándole a mirarme pero una vez más apartaba su mirada. Fruncí el ceño levemente y zarandee su barbilla obligándole a mirarme sin palabras.
Poco a poco alzó sus ojos, brillantes y temblorosos y los clavó en mí. Estaban tristes y avergonzados, señal inequívoca de que el si había hecho lo que Kami vaya a saber.
- ¿Lo hiciste, verdad? – pregunté muy seria.
Mousse me miró sin parpadear unos segundos y poco a poco se soltó de mi agarre para luego, susurrar – Necesitaba olvidarme de ella.
Se me secó la garganta, no podía creerme que Mousse hubiera jugado con la vida y la integridad de una mujer por su beneficio personal. Odiaba a los hombres que se iban a los burdeles no solo por ser unos malditos infieles, sino por ser unos pervertidos que no pensaban en la integridad de aquellas chicas, algunas incluso niñas, que trabajaban allí no por gusto, sino por obligación.
- Fue una vez – dijo Ryoga.
- Me importa muy poco si fue una vez o un millón de veces, esas chicas no son objetos con los que desfogarse, son seres humanos - estaba muy enfadada, no sabía si con Mousse o con los cerdos que les habían arrastrado allí, quizás con todos a la vez.
- Cobran por ello – dijo Mousse avergonzado.
Lancé una fiera mirada a mi mejor amigo y lo vi dar un respingo – Sí, cobrar cobran por ello, pero ellas no ganan nada. Todo va para el cerdo o la… ¡bruja! Que las tiene allí encerradas.
- Algunas están por voluntad propia…
- ¡Por qué no tienen otra opción! – dije frustrada – Porque es una forma rápida y fácil de ganar dinero, pero ¿alguna vez las habéis visto sonreír realmente? ¿Con verdadera felicidad?
Mousse y Ryoga se miraron pero no dijeron nada – Por Kami, ¡muchas incluso son niñas! Esto es un escándalo.
- No te enfades con el Akane – dijo Ryoga débilmente – el solo lo hizo una vez, en un momento de debilidad, otros muchos iban y venían todos los días, ellos son los cerdos aquí.
- No estoy enfadada, estoy ofendida – quería gritar, pegarle una paliza a todos los hombres que encontrara en el barrio rojo, quería destrozar algo. Una vez mas miré a Mousse y mi corazón se estrujó al ver la mueca de vergüenza y disgusto que tenía mi amigo.
Me sobé el puente de la nariz y solté un largo suspiro. Yo no era nadie para meterme en sus asuntos, Mousse era un buen hombre y nunca haría daño a nadie. Si había aceptado hacer lo que hizo sería por algo, por una buena razón… aunque para mí el intentar olvidar a Shampoo con una prostituta me parecía una idiotez.
- Lo siento Mousse no estoy enfadada contigo, solo que… pensar que esas chicas tienen que acostarse con hombres solo porque estos piensan que así son más machos que ninguno me pone enferma.
- No pasa nada – dijo Mousse débilmente.
Nos dimos una leve sonrisa y dejamos el tema a un lado aunque a mí había algo que me estaba matando desde que sacó la conversación ¿Habría Ranma dormido con alguna prostituta? ¿Cuántas veces? ¿Lo hizo antes de dejarme o después? ¿Se habría negado? Miles de dudas pasaban por mi mente, dudas que me estaban matando y estrujando el corazón.
- Ranma no hizo nada – la voz de Ryoga me sacó de mis pensamientos. Sus ojos marrones me miraban con ternura, como si hubiera leído mi mente.
Me sonrojé enormemente al verme pillada y di un largo sorbo de sake intentando aplacar mi vergüenza. Ryoga soltó una risa ahogada y dijo – No hace falta que te pongas nerviosa.
- ¡No estoy nerviosa! – Escupí con rabia dando un puñetazo a la mesa – me da igual lo que ese idiota haga con su vida. Desde hace cuatro años no es nadie para mí.
Mousse me observo pero ignoré su mirada, no quería saber nada de Ranma, no me interesaba para nada su vida… ¿verdad?
- Sé que te mueres por saberlo – dijo Mousse medio divertido.
- No, no me interesa.
- Solo como dato – empezó Mousse – Genma pensaba que su hijo y heredero era demasiado importante como para mezclarse con… ¿Cómo las llamaba?
- Putas de tres al cuarto – puntualizó Ryoga comiéndose el ultimo taquito de calamar.
Mousse le apuntó con el dedo en señal de agradecimiento – Eso, para Genma su hijo era demasiado importante como para mezclarse con putas de tres al cuarto y por eso a él lo llevaba a la casa de té todas las noches con la esperanza de que Ranma eligiera a alguna joven geisha como su favorita.
No dije nada, es más, fingí no prestar la más mínima atención pero en el fondo de mi corazón deseaba saber si al final eligió a alguna Geisha. Mousse me pico la mejilla con el dedo – Sé que me estás escuchando – fruncí el ceño levemente y me crucé de brazos como una niña ofendida – Nunca eligió a ninguna, es más ni después de dejarte estuvo con ninguna.
- Y es raro porque había una preciosísima tras de él, pero nada. Ranma nunca la miró.
Un calorcito dentro de mi corazón me alertó de que algo estaba mal. No debía sentir alivio y mucho menos felicidad al saber que Ranma no había estado con ninguna mujer. No debía importarme porque no era mi problema, ahora era el prometido de Shampoo así que si hubiera hecho algo con esa preciosísima geisha sería problema de la china, no mío.
Me golpee internamente por mi debilidad, por mis ganas de saber que había hecho Ranma y que no. No podía permitir que mis amigos supieran lo que había provocado en mí aquella noticia así que poniendo una cara neutra y alzando otra vez mis defensas creando un muro de contención entre ellos y yo dije con voz muy seria mirándoles a ambos a los ojos:
- Una vez más os digo que no me importa – me levanté veloz ante la sorprendida mirada de ambos – creo que es hora de irse, yo tengo entrenamiento y tú vas a casarte en breve así que debes estar con tu prometida y no aquí.
Puse con fuerza dos monedas en la mesa y salí del bar escuchando como mis amigos me llamaban a mi espalda, pero hice caso omiso. Apreté el paso y me dirigí hacia donde había dejado atada a Kaze quien permanecía tranquila. La desaté y me monté en mi fiel compañera saliendo al galope de la ciudad.
Estaba furiosa, pero no con mis amigos sino conmigo misma, por esa maldita debilidad de la que no podía desprenderme. Apreté los dientes con rabia mientras azuzaba a Kaze para que apretara el paso. Iba a olvidarme de Ranma Saotome de una vez por todas aunque para ello tuviera que arrancarme el corazón de cuajo.
La boda de mi amigo llego y con ella un enfado monumental por parte de mi señora. Días antes del enlace la señora Hibiki se presentó en la casa. Fue la primera y última vez que la vi.
La señora Hibiki era una mujer guapa y elegante, se parecía a mi señora aunque se veía que su carácter era más agrio, como el de alguien que no está acostumbrado a que le den un no por respuesta.
Esa mañana mi señora estaba reunida con la madre de Ryoga quien parecía muy incómodo ante la presencia de su progenitora. Por más que Mousse y yo intentáramos sacarle información no pudimos ya que Ryoga se encerró en su cuarto y no quiso ser molestado.
- ¿Qué crees que pasa? – pregunté curiosa.
- Espero que no sea nada grave.
Una pequeña idea se formó en mi cabeza y palidecí, quizás la señora Hibiki se había enterado del verdadero origen de Ukyo y estaba dispuesta a romper toda amistad con los Saotome. Tomé el brazo de Mousse y lo zarandee preocupada, si la señora Hibiki rompía el compromiso de Ukyo y Ryoga mi amigo lo pasaría fatal ya que estaba profundamente enamorado de su prometida.
- ¿No crees que romperá el compromiso de Ryoga y Ukyo verdad?
Mousse alzó una ceja y se rascó la cabeza pensando la opción. Tragué saliva con dificultad pero el rostro sereno de Mousse me calmó – No creo que sea eso, cuando llego la señora Hibiki saludó muy amablemente a Ukyo.
- ¿De verdad? – pregunté.
- Sí, no creo que sea eso, a lo mejor están hablando sobre donde vivirán los chicos cuando se casen.
Me quedé pensativa ante las palabras de Mousse. No había caído en la cuenta de que, en cuanto Ryoga y Ukyo se casaran mi mejor amigo podría irse de la casa. Me dio mucha pena pensar en despertarme por la mañana y no ver el sonriente y amable rostro de Ryoga.
Unos gritos salieron de la sala donde estaba mi señora y la madre de Ryoga y me giré sorprendida. Parecía una acalorada discusión que estaba yendo a más. Mousse me miró asustado y me dispuse a entrar en la sala para ver qué diablos pasaba cuando la puerta se abrió de par en par y la señora Hibiki apareció frente a mí mirándome con ojos de hielo.
- Apártate muchacha – me dio un empujón y salió de la casa hecha una furia. Ukyo que pasaba por allí la intercepto.
- Suegra, ¿Qué le ocurre?
- Nunca, en toda mi vida me habían hecho un feo como este – retoricaba la mujer calzándose sus geta – Porque mi hijo y tú os amáis y el nombre Saotome sigue siendo importante sino este matrimonio estaría disuelto.
Ukyo palideció y salió tras la mujer suplicándole que la esperara. Tanto Mousse como yo nos quedamos impactados por lo que acabábamos de presenciar y oír ¿Qué tanto había pasado con mi señora y la señora Hibiki? ¿Por qué había salido de esa forma de la casa?
- Akane – sonó la voz de mi señora – entra debemos hablar.
Miré a Mousse quien se despidió con la cabeza y entré a la sala donde mi señora esperaba sentada tranquila, como si nada hubiera pasado. Cerré la puerta tras de mí y caminé para colocarme frente ella.
- Supongo que has oído todo.
- Casi todo – puntualicé.
Nodoka-sama sonrió levemente – Y supongo que tienes curiosidad por saber que ha pasado.
- Supone bien, señora.
Nodoka-sama me miró con un juguetón brillo en los ojos y me ofreció un dulce que había en la mesa. Lo rechacé con educación esperando la explicación de mi señora – Bueno querida, como sabes la boda de Ukyo y Ryoga está al caer.
- Lo sé, pero ¿Qué ha pasado? ¿Es que la señora Hibiki sabe acerca del origen de Ukyo?
- No – dijo rápidamente mi señora – pero sí que hay algo que no la tiene contenta.
- ¿Y que es, mi señora? – pregunté con curiosidad.
Nodoka-sama se mantuvo unos segundos en silencio, mirándome fijamente y con la voz seria dijo – tú.
- ¿Yo? – Pregunté asombrada – ¿Qué he hecho yo que pudiera ofenderla? Si ni siquiera la conozco.
- Ese es el problema, que no te conoce pero tiene prejuicios contra ti, prejuicios que le ha metido en la cabeza Ukyo.
Me quedé de piedra ante las palabras de Nodoka-sama ¿es que Ukyo le había hablado mal de mí a la madre de Ryoga? – No… no entiendo señora.
- Yo te explicaré querida – dijo serena – el problema es que Ukyo le ha dicho que pasas mucho tiempo con su hijo, que hace algún tiempo él estaba enamorado de ti y que teme que intestes robarle su amor y que Ryoga vuelva a tener sentimientos hacia a ti.
- ¡Eso es ridículo! – Dije con rabia – Ryoga y yo somos buenos amigos, él no me ama.
- Pero lo hizo.
- ¡Cuando éramos unos críos! – gemí frustrada y me sobe el puente de la nariz con hastío ¿hasta dónde iban a llegar los celos enfermizos de Ukyo? – y por eso su madre me odia ¿Por qué piensa que soy una rompe hogares?
Nodoka-sama se encogió de hombros – Más o menos, además Ukyo le ha comentado tus gustos "masculinos" y eso a una señora tan tradicional como la señora Hibiki le parece por lo menos demencial.
- No me lo creo – dije impactada. Comencé a mover las manos y la boca de manera exagerada, como si estuviera loca – ¡No es justo! ¿No le habré dado problemas a Ryoga-kun verdad?
- Tú no le has dado problemas, el problema se lo ha dado su prometida hablando de más y exagerando las cosas por sus celos infantiles.
Me mordí la uña de manera inquieta mientras mi cabeza era un remolino de sentimientos ¿y si por mi culpa Ryoga y Ukyo no se casaban? Temía enormemente ser la culpable del sufrimiento de mi amigo y todo por malentendidos estúpidos.
- Se casaran ¿verdad? – pregunté con cierto miedo.
- En cinco días como estaba previsto – di un largo suspiro de alivio – pero tú no puedes asistir.
Miré a mi señora asombrada pero en cierta parte era entendible. Si su madre no se fiaba de mi por culpa de Ukyo no debía esperar ser invitada al enlace – Me da mucha pena pero… si con eso el matrimonio llega a buen puerto, me quedaré al margen.
- Ryoga ha insistido mucho a su madre, igual que yo pero no hay manera de hacerle cambiar de opinión. Ukyo ha esparcido mucho veneno en tu contra.
- Esa estúpida niñata celosa – bufé con rabia – No entiendo porque Ryoga está enamorado de ella.
- El amor es ciego – habló mi señora con una leve sonrisa.
Me daba mucha tristeza no poder estar al lado de mi amigo el día más importante de su vida, pero tampoco iba a pelear por estar en su boda. Mi mayor deseo era que Ryoga fuera muy feliz, aunque estuviera casado con una infantil como Ukyo, así que si para eso debía alejarme el día de la boda lo haría.
- Solo le pido que cuando se case le transmita mi enhorabuena – hablé con tristeza.
- Pues eso deberás encargárselo a otro, porque yo tampoco iré.
Abrí los ojos de par en par ante las palabras de Nodoka-sama – ¿¡Qué!? ¡¿Cómo que no irá?!
- Lo que has oído – dijo firme – si tú no estás invitada yo tampoco iré.
- Pero… pero señora usted es la matriarca Saotome y la responsable de Ukyo, debe estar ahí.
- No pienso estar en un sitio donde hay gente prejuiciosa y sin personalidad – dijo firme Nodoka-sama – si tú no estás invitada yo tampoco lo estoy y así se lo he transmitido a la señora Hibiki.
- ¿Por eso los gritos? – Pregunté recibiendo un asentimiento por parte de mi señora – ¿Esta segura?
- Segurísima, tu eres mi mano derecha, mis dos ojos y mis oídos, serás mi Protectora muy pronto, parte de mi familia y de mí. Si esos idiotas te desprecian entonces me desprecian a mí.
Sentí un calorcito formarse en mi pecho, a pesar de no ser más que una sirvienta y dentro de poco pasaría a ser prácticamente un objeto heredable para los Saotome, mi señora me trataba con muchísimo cariño, como si fuera su propia hija, por eso estaba dispuesta a renunciar a todo y dar mi vida por ella, porque Nodoka-sama era el pilar más importante de mi vida en aquellos momentos. Ella me recogió de la calle, me cuido y alimentó, me entrenó y lo más importante, me convirtió en la mujer fuerte que era en ese momento y que sigo siendo, aunque esto suene muy ególatra.
- Arigatou gozaimasu, Nodoka-sama – di una amplia reverencia hasta que mi frente tocó el tatami. Mi señora se merecía esa muestra de respeto y mucho más.
Con el transcurso delos días la boda de mi amigo y Ukyo llego. Se llevaría a cabo en la casa hasta la tarde por lo que Nodoka-sama y yo nos dispusimos a irnos a Edo a pasar el día.
Desde que mi señora había declinado la invitación Ukyo le suplicaba día y noche que por favor asistiera a su boda, que para ella era como una madre y que la necesitaba a su lado, pero Nodoka-sama fue firme.
Por eso allí estaba, en la caballeriza preparando a Kaze para irme junto con mi señora que esperaba en la puerta al carro que la llevaría a la ciudad. Estaba tan concentrada preparando las riendas de mi yegua que no noté que alguien se me había unido.
- Akane – me giré para encontrarme a Ryoga, elegantemente vestido con el montsuki que había comprado gracias a mí.
Sonreí dulcemente a mi amigo y terminé de arreglar a Kaze – Hola Ryoga. Estás muy guapo.
- Gracias – susurró avergonzado bajando la vista. Me dio mucha ternura verle así, desde la visita de su madre andaba decaído, me pedía perdón a todas horas y me suplicaba que no hiciera caso a su madre y asistiera a su boda – Lo siento mucho Akane.
- No te preocupes – dije acercándome a el – Lo importante ahora eres tú, que seas muy feliz y que te cases con la mujer que amas.
- Estoy muy enfadado con Ukyo, Akane – dijo con rabia – por su culpa no puedo tener a mi mejor amiga conmigo el día de mi boda.
Tomé su cara entre sus manos y la alcé hasta que nuestras miradas se cruzaron. Pude ver la sombra de la vergüenza y la tristeza, así como también pude ver que estaba terriblemente enfadado – No tienes por qué enfadarte, me da mucha pena no poder estar contigo físicamente este día, pero estaré en un lugar mejor – llevé mi mano a su corazón y le di dos golpecitos leves – aquí, y de aquí nadie podrá echarme nunca.
Ryoga dio un par de respiraciones y me abrazó con fuerza – Siempre serás mi hermana.
- Y tú siempre serás mi hermano – contesté devolviéndole el abrazo. Nos abrazamos varios segundos con fuerza, el disculpándose en silencio, yo reconfortándole. Cuando nos separamos le regalé una brillante sonrisa que me devolvió – Ahora entra en la casa, termina de prepararte y cásate con la mujer que amas.
Ryoga me dio un beso en la frente y salió corriendo más animado. Solo esperaba que antes de la boda Ukyo cerrara el pico o mi amigo la mandaría a paseo. Solté un largo suspiro y saqué a Kaze de la caballeriza. Al pasar por el jardín vi a Ranma siendo atosigado por Shampoo. No habíamos hablado mucho desde el incidente del dojo pero de vez en cuando notaba su mirada buscarme.
Una vez más sus ojos hicieron contacto con los míos unos segundos. Me miraba como un cachorrito abandonado en la lluvia pero de nuevo puse mi muralla de hielo y tras rodar los ojos con aburrimiento seguí mi camino sin mirarle. La casa Saotome estaba decorada con gusto, desde mi posición podía ver el enorme jardín decorado con faroles y mucha comida.
Seguí caminando viendo como mi señora se subía en el carro, tiré de las riendas de Kaze y me dirigí a la salida pero una violenta y enfadada Ukyo se puso en medio haciéndome frenar en seco provocando que Kaze se asustara.
Ukyo pego un grito de terror y se apartó al ver que mi yegua se alzaba sobre sus patas traseras y relinchaba. Tiré de las riendas con fuerza y acaricie su hocico hasta calmarla.
- Debería hacer filetes de esa bestia – habló con ira Ukyo.
Me giré para fulminarla con la mirada – A lo mejor debería hacer filetes de ti.
Ukyo dio un gritito ahogado mirando de reojo mi daga y dio otro pasito hacia atrás. Sonreí burlona al ver el miedo en sus pupilas cosa que la enfadó. Frunció el ceño y pego una patada al suelo haciendo bambolearse su impecable shiramuko blanco y rojo.
- Has destrozado el día de mi boda.
Alcé una ceja curiosa ante sus palabras – ¿Pero qué idiotez estás diciendo?
- Por tu culpa Nodoka-sama no asistirá a mi boda – dijo con voz lastimera – ella es como una madre para mí, me crio como a una hija y por tu culpa ahora estaré sola el día más importante de mi vida.
- Tú te lo buscaste – contesté con enfado – tú fuiste la que le contó mentiras sobre mí a la señora Hibiki.
- ¡Y por tu culpa Ryoga está enfadado conmigo!
- Por mi culpa no – la corté – por la tuya, por ser una niñata insegura que ve cosas donde no las hay – se quedó perpleja ante mis palabras. Me estaba cabreando y no os podéis imaginar las ganas que tenía de lanzar un trozo de tierra en aquel blanco kimono, más me contuve ya que destrozar (de verdad) la boda de Ukyo llevaría a destrozar a Ryoga también, y por muy enfadada que estuviera con la muchacha por Ryoga me contraloría.
- Era mi deber, no podía permitir que me robaras su amor – me dijo con rabia – pero una vez más Ryoga y Nodoka-sama te antepusieron a todo.
- ¿Y de qué sirve? – Pregunté hastiada – Has ganado, te vas a casar con Ryoga y yo no estaré allí para molestarte ¿Qué más quieres?
- ¡Que te largues de aquí para siempre y nos dejes en paz, todos hablan de nosotros por tu culpa! – gritó con rabia.
Me quedé quieta mirándola muy seria. No entendía porque esa mujer me odiaba tanto, jamás me había metido con Ukyo, nunca habíamos tenido problemas (al menos cuando llegue a la casa) pero a medida que pasaba el tiempo Ukyo empezó a odiarme y a día de hoy no entiendo bien por qué lo hacía, supongo que los celos la envenenaron.
- Mira – dije cansada – que te quede claro una cosa. No amo a Ryoga, le quiero sí, pero como a un hermano, y él te ama a ti, aunque no entiendo muy bien porque – Ukyo frunció el ceño ante mis palabras – Solo te deseo un feliz matrimonio y te recomiendo que te relajes un poco ya que Ryoga está bastante enfadado contigo – me subí a lomos de Kaze mirándola desde lo alto – así que ten cuidado y no digas nada malo de mi porque a lo mejor, no te casas.
Azucé a Kaze quien comenzó a caminar lentamente pasando al lado de Ukyo quien se había quedado con la boca abierta. Escuché un grito de rabia a mi espalda y rodé los ojos. Ukyo no cambiaría nunca. Cuando llegué a la altura de mi señora enarcó una ceja.
- No ha sido nada – dije adelantándome.
- Bien – con una orden muda el conductor del carro hecho a andar. Yo seguía a mi señora muy de cerca a lomos de mi yegua y el camino se me hizo eterno y silencioso. Una vez en Edo pasamos un día ameno, paseamos por los puestos e incluso mi señora hizo un par de compras.
Aunque mi cuerpo estaba junto a mi señora mi cabeza estaba en la casa, junto con mi amigo. Mientras Nodoka-sama charlaba con una mujer que no conocía miré al cielo, su color azul estaba bastante apagado señal inequívoca de que empezaba a caer la tarde.
Di un largo suspiro, seguramente Ryoga a esas horas ya era un hombre casado. Apreté los puños con rabia ya que cuando llegara a la casa mi mejor amigo no estaría allí, posiblemente cuando pusiera un pie en la casa Saotome el estaría en la habitación con Ukyo… me sonrojé al imaginarme esa penosa situación.
Me golpee las mejillas un momento intentando alejar esos pensamientos, justo cuando Nodoka-sama se colocó a mi lado y me miró como si estuviera loca.
- Akane, ¿Qué haces?
- Nada mi señora – hablé rápido llevando mis manos a la espalda – sentí algo en mi cara y temí que fuera un bicho.
Mi señora enarcó una ceja y tragué seco. Estaba segura de que no me había creído nada pero para mi suerte no me preguntó – ¿Tienes hambre? – Di un leve asentimiento – vayamos a comer algo ¿te apetece ramen?
- Sería fantástico, mi señora.
Seguí a Nodoka-sama por las calles de Edo sin mediar palabra. En algunos momentos escuchaba los cuchicheos de algunas personas pero hice caso omiso. Cuando llegamos al restaurante de ramen, una mujer regordeta y muy amable nos dirigió a una mesa apartada. Pedimos nuestra orden y la mujer puso ante nosotras dos tazas de té.
Cuando se fue para preparar el pedido Nodoka-sama jugó con un adorno que había en la mesa – Seguro que has escuchado los murmullos ¿verdad?
- Sí pero no me importa mucho, nunca me ha importado que piensen de mí y lo sabe.
Nodoka-sama puso una tenue sonrisa dejando a un lado el adorno – Lo se…
La mujer llegó con los dos tazones de ramen y nos deseó buen provecho. Comimos en silencio y casi sin mirarnos, el ramen estaba muy bueno y yo estaba hambrienta.
- Akane – habló de repente mi señora llamando mi atención – estoy algo preocupada.
Mastique rápidamente mi comida y trague con dificultad – ¿Qué ocurre señora?
Nodoka-sama jugó un momento con los palillos dentro del ramen – He enviado ya la carta al consejo, estoy esperando su respuesta.
Casi me atraganto con el té ante sus palabras. Tosí con fuerza asustando a mi señora quien se levantó a darme unas palmaditas en la espalda. Incluso algunos comensales se habían girado a mirarme preocupados.
Poco a poco la tos cesó y recogí todo el aire que pude en mis pulmones. Miré con pánico a mi señora. No es que me diera miedo el examen, llevaba esperándolo mucho tiempo pero que me soltara, así de sopetón que ya había mandado la carta me pareció sino menos sorprendente.
- ¿Por qué ahora señora? – pregunté.
Nodoka-sama se encogió de hombros volviendo a su sitio – Es justo el momento.
- Pero… ¿Por qué ahora? No he aprendido nada nuevo, en nuestros entrenamientos solo nos hemos dedicado a repetir lo ya aprendido.
- Bueno, no te puedo mentir querida – habló mi señora – llevo un tiempo sabiéndote preparada pero necesitaba ver con mis propios ojos cual sería tu reacción.
- ¿Mi reacción? – Pregunté curiosa – Mi reacción sobre qué.
- Tu reacción al ver a Ranma, al volver a convivir con el – me miró a los ojos de una forma calmada, nada de seriedad o indiferencia, no intentaba imponerse como hacía otras veces, esta vez mi señora me había hablado con calma e incluso ternura.
Me quedé perpleja ante sus palabras – entonces… toda esta espera ¿ha sido solo para ver cuál era mi reacción ante su hijo?
Nodoka-sama asintió – Era necesario. Te lo dije muchas veces Akane, eras demasiado impulsiva, te dejabas llevar por los sentimientos de una forma peligrosa, por eso necesitaba comprobar que había dominado la técnica del corazón helado de manera eficiente.
- ¿Y qué opina?
- Que lo has hecho de maravilla – sentí el pecho hinchárseme de orgullo ante las palabras de Nodoka-sama. Por fin, por fin mi meta y mi sueño se cumplirían. Era un sueño reciente pero por el que había luchado y me había esforzado hasta caer rendida. Di gracias a Kami que Nodoka-sama no me hubiera pillado en mis momentos de debilidad, soy humana a fin de cuentas, pero si de algo estaba segura era de que a partir de ese momento, en el que tenía la total y absoluta confianza de mi señora, nunca más me dejaría llevar por mis impulsos y mis sentimientos más primarios. Debía hacerlo por ella y por mí.
- Gracias mi señora. Muchas gracias.
- No Akane – me dijo muy seria – gracias a ti.
Sonreí para luego devorar lo que quedaba de ramen con premura. Estaba demasiado feliz, aquella noticia había opacado incluso la pena que sentía por perderme el matrimonio de Ryoga. Recordé entonces una frase que me decía mi hermana Kasumi cuando era pequeña y lloraba porque algo no me salía como quería – Pequeña Akane, Kami te puede cerrar una puerta, pero te acabará abriendo una ventana.
Qué razón tenía mi hermana.
- Creo que es hora de irnos – comentó mi señora llamando a la camarera para pagar la comida. Nos levantamos y pusimos rumbo a casa. Por el camino varios hombres andaban dando tumbos, señal inequívoca de que iban bebidos.
- Esto es inaudito, ni siquiera es completamente de noche – dijo mi señora con desprecio viendo a un hombre medio desmallado en la calle.
- Son soldados mi señora, han visto morir a muchos y han matado a otros tantos, de alguna forma tienen que olvidar – en ese momento un hombre gordo y a medio vestir pasaba abrazado a una jovencita que sin duda era una prostituta del barrio rojo. Fruncí el ceño con asco al verles entrar entre risas en una casa – aunque no pueda negar que varios de ellos solamente sean unos borrachos asquerosos.
Caminé alerta todo el camino escoltando a mi señora en todo momento. Una vez llegamos a donde el carro y Kaze nos esperaban la ayude a subirse para luego montar a lomos de mi yegua quien estaba algo inquieta.
- Va a llover – dije ojeando el cielo que se teñía de un morado oscuro – debemos irnos pronto.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó con curiosidad mi señora ojeando ella también el cielo.
- Kaze está inquieta – contesté – siempre le pasa, siente que viene una tormenta y se pone nerviosa.
Nodoka-sama observó como mi normalmente manso animal se removía inquieta y soltaba débiles relinchos – en ese caso será mejor que partamos cuanto antes.
El conductor del carro se subió veloz y dio un latigazo a los caballos para que se movieran. El camino se me hizo muy largo, notaba que los caballos que tiraban del carro estaban igual de asustados que Kaze por lo que íbamos más lentos de lo normal. Lo menos que quería era que nos cayera la tormenta encima por lo que rasgué con fuerza las mangas de mi kimono e improvisé una venda para los ojos de los animales.
Hice que el conductor frenara y privé a los caballos de visión mientras les acariciaba con cuidado el lomo.
- ¿Qué hace señorita? – preguntó curioso el conductor.
- Lo leí por ahí, si el caballo no ve es más manso – el caballo dio un relincho y agitó su cabeza – espero que esto funcione y no sea útil solo en caso de fuego.
- Bueno, al menos debemos intentarlo – habló mi señora desde el carro – debemos seguir, queda poco y el cielo está ya muy oscuro – Una vez más el conductor atusó a los caballos y echaron a andar esta vez más tranquilos aunque seguían un poco inquietos. Me subí en Kaze y la hice ir al trote. Desde el carro mi señora me dio una mirada de felicitación.
Justo cuando llegamos a la casa las primeras gotas de lluvia se hicieron presentes. La casa estaba llena de ruido, la sala estaba abarrotads y por lo que oíamos la mayoría de los presentes eran hombres.
Nodoka-sama me miró y me lanzó una muda orden. Afirmé y caminé hasta la cocina donde encontré un panorama desolador. Nara estaba secando platos medio dormida, al igual que Sayuri y Hiroshi que cabeceaban de vez en cuando. Kimiko limpiaba una gran olla con la ayuda de Satsu y las cocineras no paraban de ir de arriba para abajo.
Los hombres entraban y salían del jardín cargando mesas, platos y decoraciones, supongo que para que no se mojaran. Iba a hablar cuando la voz de Yuka hizo presencia – Hola Akane.
Su voz sonaba agotada. Me giré y me encontré a mi amiga demacrada. Se le veía pálida y débil, un poco de sudor hacía que varios mechones sueltos de su pelo se pegaran en su frente. Llevaba una gran bandeja cargada de botellas de sake y platitos sucios.
- ¿Cuánto tiempo lleváis así? – Pegunté con furia – Se supone que la boda ya ha terminado, deberías estar descansando.
- El señor nos ha pedido que sigamos trabajando – dijo Tomoe dejando una enorme caja en el suelo – y debemos cumplirlo si no queremos vernos en la calle.
- Pero… estáis agotados – dije viendo a la pobre Nara dormirse sobre la mesa – Se lo diré ahora mismo a Nodoka-sama.
- No hace falta querida – habló Hiroshi – llevan así un par de horas, desde que los novios se retiraron, supongo que no durara mucho más esa pequeña fiesta.
- Que poco le conoces – escupí con rabia saliendo a toda velocidad. En el pasillo Nodoka-sama me esperaba impaciente – Tiene a los empleados sin dormir.
- Quedamos que en cuanto los novios se retiraran los sirvientes limpiarían y se acabaría su jornada.
- Pues parece que su esposo no tiene planeado terminar la fiesta – unas risas estridentes se escucharon desde el salón y sentí como Nodoka-sama empezaba a tensarse. Apretó los puños con rabia y su mirada se ensombreció. Como un rayo se giró sobre sus talones y se encaminó a toda prisa hacia el salón.
La seguí con premura y por primera vez temí por la integridad del hombre panda. Con una fuerza colosal Nodoka-sama abrió la puerta corrediza haciéndola rebotar. Varias de las personas que había allí pegaron un bote del susto.
- Nodoka esposa mía – dijo Genma con una enorme sonrisa. Su rostro rojo y sus ojos perdidos, además de la torpeza con la que hablaba no dejaba hueco a la duda, el señor Saotome iba de alcohol hasta el culo.
- ¿Qué diablos crees que haces? – dijo firme. Eché una ojeada a los invitados que allí había. Sorprendida observé como un par de geishas acompañadas de sus maikos miraban asustadas al diablo que en aquel momento era mi señora. Varios hombres festejaban con el hombre panda incluido un hombre muy parecido a Ryoga que supongo sería su padre.
Noté como un par de ojos me observaban firmemente, cuando me giré me encontré con unos odiosos ojos verdes que me daban ganas de vomitar. Avancé un par de pasos acercándome al cerdo que me sonreía petulante.
- ¿Qué diablos haces aquí Taro? – el marido de mi mejor amiga me miró indiferente y dio un sorbo a su vasito de sake.
- Celebrando una boda.
- La boda terminó hace dos horas – dijo firme mi señora – mis empleados deberían estar descansando y tu – miró fijamente a Taro quien dio un leve respigo – deberías estar con tu mujer que está a punto de dar a luz.
- Mi mujer – dijo Taro con burla – mi mujercita, esa que está siendo vigilada por ti y tu perrito faldero.
- La protegeré con mi vida – habló mi señora con firmeza – no pienso dejarla indefensa ante un hombre como tú.
- ¡Nodoka! – Riño el hombre panda – ¿Qué es este descaro?
- Debe ser la compañía de esa golfa que va siempre a su lado – dijo Taro mirándome. Desee darle un puñetazo pero me contuve.
- Siempre he sido así Genma, si tu no me conoces después de tantos años casados ya no es culpa mía.
Genma soltó una carcajada y con un movimiento mandó a la maiko que estaba a su lado que le sirviera más saque. La muchacha era bastante joven y se le veía aterrada.
- Nodoka, permítame decirle que me siento muy triste y porque no decirlo, insultado ante su desplante en este día – dijo el hombre igual que Ryoga – mi esposa no está muy contenta.
- Ya le expliqué a su esposa que si insulta a mi Protectora, me insulta a mí.
Una de las geishas, la que parecía más mayor dejó escapar un gritito y me miró asombrada. Algunos hombres se pusieron a cuchichear entre ellos al igual que Taro quien me miraba como si tuviera dos cabezas.
- Mujer, ¿sigues con esa tontería? – preguntó Genma.
- No es ninguna tontería – contestó mi señora – Ya está en trámites, pronto será su examen.
- Nunca lo conseguirá – dijo Genma entre carcajadas – Solo es una mujer.
Nodoka-sama tembló de ira pero antes de que pudiera hacer nada una agotada Yuka entraba con otra enorme bandeja de aperitivos y sake. Sus pasos eran torpes, como si el cuerpo le pesara e iba muy lenta.
En un descuido tropezó y tiró una botella de sake encima de un invitado quien pego un grito y la empujó – ¡estúpida! Mira lo que haces.
Ese gesto, ese mínimo pero importante gesto fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Nodoka-sama. A paso firmé se acercó a las mesitas que había frente a los invitados y las pateó con rabia ante los gritos y miradas asombradas de todos.
- ¡Nodoka! – gritó el hombre panda indignado intentando ponerse en pie – ¡Nodoka basta!
Mi señora se giró y miró a los acompañantes de su marido. Puso una mirada tan glaciar que podría congelar el peor y más potente de los volcanes. Muchos de ellos se estremecieron y se levantaron veloces sin necesidad de que Nodoka-sama dijera una palabra, otros muchos se le quedaron mirando como si fuera una loca.
- ¡Largo de aquí! – Gritó – ¡Todos! ¡Fuera de mi casa!
- ¡Esta también es mi casa! – bufó Genma poniéndose por fin en pie acercándose a mi señora de forma amenazadora mientras el resto de los presentes desaparecía de la sala – ¡Y me está hartando tu actitud! ¡Deja de ponernos en ridículo!
- ¡Tú nos pones en ridículo! – le gritó mi señora de vuelta.
El hombre panda levantó la mano dispuesto a golpear a mi señora por lo que como si me hubieran tocado con un hierro ardiendo avancé hacia ellos pero la mano de mi señor me frenó en seco.
Genma seguía con la mano levantada. Sus ojos casi se le salían de las cuencas y su rostro estaba más rojo que antes, incluso varias venas de la frente se le marcaban con fuerza. Yo estaba inmóvil y mi señora aun levantaba la mano en mi dirección pero no apartaba la vista del rostro frico de su marido.
- ¿Vas a pegarme? – Preguntó mi señora con un tono de burla – vamos pégame, ten valor.
El hombre panda relinchó como un caballo gordo y movió una vez más la mano hacia arriba, pero nunca la bajo. Solamente se dedicaba a fulminar a mi señora con la mirada, supongo que intentaba hacer que se acobardara ante él y su enorme figura, pero si algo me encantaba de mi señora es que no le temía a ningún hombre y jamás se dejaba pisotear por uno y mucho menos por Genma Saotome.
El hombre panda al ver que mi señora no se dejaba amedrentar bajó la mano y se alejó con rabia de ella saliendo de la sala rebuznando como un burro. Mi señora sacó todo el aire de sus pulmones y por fin pude acercarme a ella.
Toqué su brazo con preocupación ya que su rostro se veía abatido y cansado. Apreté mi agarre con preocupación y recibí una cálida caricia en mi brazo.
- Estoy bien.
- ¿Está segura? – pregunté preocupada. Nodoka-sama asintió débilmente – Creo que debe irse a descansar, mande también a los criados a dormir, yo recogeré esto.
- No es necesario…
- Insisto – la corté – Tanto usted como ellos necesitan descansar y yo aún no tengo sueño. Yo me encargo.
Mi señora soltó un suspiro agradecido y salió de la sala mientras yo empezaba a recoger el desastre que había formado. Escuché vagamente como Nodoka-sama daba órdenes a sus empleados y como estos empezaban a desperdigarse por el hogar Saotome.
Recogí una botella de sake que estaba tirada en una esquina y comprobé que el tatami no estuviera manchado, por suerte esa estaba vacía, aunque en algunas zonas del suelo se veían manchas del sake o la comida derramada.
Aun no podía creer que hubiera visto a mi señora perder el control de una forma tan explosiva. No sabía muy bien que había molestado tanto a mi señora, si el ver que sus subordinados estaban siendo prácticamente esclavizados o que el hombre panda no respetara ni a ella ni al hogar común y se montara esas juergas con sus amigos.
Recogí una mesita y la puse en pie mientras limpiaba con un trapo los restos de salsa de soja que resbalaban por la madera lacada. Poco a poco fui recogiendo el estropicio que el tifón Nodoka-sama había provocado y cuando estaba a punto de acabar una masculina voz preguntó:
- ¿Qué le ha pasado a tu kimono? – me giré asustada para ver a Mousse en la puerta. Miraba la sala con la ceja alzada, como si no entendiera que diablos había pasado allí – ¿y que es todo este desorden?
- Deberías haberlo visto minutos antes – dije poniéndome en pie y estirando mis músculos – Nodoka-sama encontró la pequeña fiesta que el señor Saotome había montado y no estaba muy contenta.
Mousse entró y me ayudó a recoger los pequeños platitos y vasos de sake que aún quedaban desperdigados por el suelo – Vaya, sabía que no le haría gracia.
Solté un suspiro cansado y seguí recogiendo lo poco que quedaba. Cuando terminamos y lo dejamos todo organizado y más o menos limpio (algunas partes del tatami tuvieron que ser sustituidas ya que las manchas eran imposibles de quitar) me senté a descansar en el suelo siendo acompañada por Mousse.
- ¿Qué tal la boda? – pregunté. Quería saber cómo había sido aquel enlace y lo que me había perdido.
Mousse soltó una pequeña risita – Estuvo bien, Ukyo y la señora Hibiki lloraron toda la ceremonia, Ryoga se trabó tres veces para decir sus votos y Sayuri tiró sin querer té encima de una señora que no paraba de perseguir al pobre Hiroshi. Menos mal que estaba medio frio…
- ¿A Hiroshi? – pregunté riendo obviando el tema de que mi compañera casi hierve a una invitada.
- Deberías verla – rio Mousse – el pobre huía como de una enfermedad mortal. Por lo visto es una vieja viuda de un pueblo cercano, si yo fuera el aprovecharía la oportunidad.
- No creo que esa mujer sea el tipo de Hiroshi – dije haciendo alusión de que mi compañero parecía más interesado en los hombres que en las mujeres.
- Normal, una vieja así por mucho oro que tenga no enamora a nadie.
- No seas cruel – le reñí – puede que sea buena persona.
Mousse me miró con una sonrisa pícara y le di un leve empujón en el hombro. Pasamos un rato ameno charlando, contando que habíamos hecho durante el día. Mousse me contó que la boda había sido amena y amigable pero que se notaba que Ryoga estaba algo incómodo, yo le comenté que mi señora había enviado ya la misiva al consejo y que en breve sería mi examen.
- ¡Felicidades! – Dijo con una gran sonrisa – te lo mereces.
- Gracias – susurré bajando la vista avergonzada. Una vez más un cómodo silencio se instauró entre nosotros, solo roto por el sonido del viento y de algún animal nocturnos. No necesitábamos una profunda conversación para estar cómodos el uno con el otro. Mousse y yo nos entendíamos con una sola mirada y eso me hacía tremendamente feliz.
- Por cierto no me has contestado antes – le miré curiosa sin saber a qué se refería – ¿Qué le ha pasado a tu kimono?
- ¡Ah eso! – bajé la vista para mirar las mangas rotas y mis brazos descubiertos – De camino empezó a llover y los caballos estaban intranquilos así que improvisé una venda, no estuvieron tranquilos del todo pero bueno… al menos fueron más rápido.
- Impresionante – dijo Mousse – eres muy lista.
- ¿Acaso te das cuenta ahora? – pregunté burlonamente.
- No – me contestó muy serio – llevo muchos años pensando que eres una mujer excepcional.
Me sonrojé terriblemente ante el comentario de Mousse, bueno, no por el comentario ya que estaba acostumbrada a ellos sobretodo provenientes de Mousse, Ryoga, Nodoka-sama y Momo-chan, lo que de verdad me dejó sorprendida fue el tono con el que me lo dijo. Un tono profundo con tonos de… ¿tristeza?
No sabía que contestar, me había quedado en blanco mirando los ojos azules de Mousse que me miraban con infinito cariño. Abrí la boca dispuesta a arrancar y sacar un gracias de mi garganta pero entonces un trueno y una ráfaga de viento que se coló por alguna rendija me hizo pegar un respingo y que mi piel se erizara.
- Creo que debemos ir a descansar ya – dijo Mousse poniéndose en pie y ayudándome a levantarme.
- Sí, es tarde – caminamos por la sala y salimos al pasillo. Una vez llegamos a la escalera nos separamos.
Con un pie en la escalera Mousse frenó en seco – Akane, buenas noches.
- Que descanses – contesté con una sonrisa. Mousse me la devolvió y subió las escaleras en silencio, yo hice lo mismo caminando por el pasillo oscuro. Una vez llegué a mi habitación me encontré con mis compañeras profundamente dormidas y mi futón extendido y preparado para dormir al igual que mi ropa de noche, doblada a los pies del futón.
Sonreí agradecida ante el gesto que habían tenido mis compañeras y con mucho cuidado me cambie de ropa y me tumbé. Me acomodé entre las sabanas notándolas un poco frías. Di un largo suspiro y cerré los ojos encogiéndome sobre mi misma deseando que el futón comenzara a calentarse.
Había sido un día largo y pesado, mis músculos pesaban y ya era bastante tarde así que no me costó mucho caer rendida esa noche. Es más, antes de que el futón se calentara del todo yo ya estaba profundamente dormida.
Aclaraciones:
Montsuki: es un kimono de etiqueta negro decorado con el emblema de la familia, llamado kamon. El kimono de boda masculino.
Shiramuko: Traje femenino en la boda tradicional japonesa. Es un kimono blanco con detalles rojos (colores que representan, para la cultura nipona, la pureza y la buena fortuna) que complementará con un wataboshi, una capucha o gorro redondo blanco bastante llamativo
Geisha: es una artista tradicional japonesa cuyas labores consisten en entretener en fiestas, reuniones o banquetes exclusivamente femeninos o masculinos o bien mixtos. Su aprendizaje puede comenzar desde los quince años, o bien desde edades tempranas. Es muy importante destacar que a pesar de lo que mucha gente piensa NO SON PROSTITUTAS. Las geishas son artistas que se dedican al entretenimiento en fiestas privadas, son especialistas en música, baile y narración. Es cierto que en algunos casos un hombre puede "adoptarlas" y nombrarlas su preferida encargándose de su cuidado manteniéndolas económicamente, en esos casos la geisha si puede acostarse con su cliente SOLO SI ELLA ESTÁ DE ACUERDO. En un principio había geishas mujeres y hombres (se vestían como mujeres y hacían la misma labor de entretenimiento) pero las geishas masculinos desaparecieron poco a poco, en el año 1800 las geishas femeninas superaban en numer las masculinas.
Maiko: Es una aprendiz de geisha. Es la maiko, con su blanco maquillaje, peinado y kimono elaborados, quien se ha convertido en el estereotipo de la "geisha" para los occidentales, en lugar de la verdadera geisha. Las diferencias entre el atuendo de una maiko y una geiko son varias. El kimono de una maiko es un furisode, mientras que el de una geiko es un tomesode. El nagajuban es de color rojo con adornos en blanca, plateado o dorado mientras que el de la geiko es rosa claro. El eri (cuello del kimono) es de color rojo con bordados de colores blancos, dorados o plateados mientras que una geiko lo lleva blanco sin bordar. El obi de una maiko es un darari obi colorido que le cuelga hasta los tobillos, mientras que el de la geiko es un fukuro de colores suaves. El obi-age de una maiko es de color rojo y diseños blancos y plateados y se puede ver como sobresale sobre el obi, mientras que el de una geiko es pálido y pasa desapercibido. El obi-jime de una maiko es ancho y brillante y el de una geiko es pálido y liviano. El obi-dome (pocchiri, para la maiko) es pesado y decorado y el de una geiko es opcional y sobrio. El peinado de una maiko se hace con su propio pelo mientras que en la geiko se reconoce la peluca. Los adornos de una maiko son vistosos y pesados, y los de una geiko son pocos y sobrios. El maquillaje de una maiko es más recargado y utilizan más rosa en las mejillas que una geiko, además de agregar el rojo alrededor de los ojos (que las geiko no utilizan) y el calzado de una maiko son los tintineantes okobo y una geiko utiliza los zori y los geta. Las maiko son aprendices de geisha, y esta etapa puede durar años. Las maiko aprenden de sus geishas mentoras y las acompañan a todos sus compromisos. La relación entre una onee-san y su imouto-san (aprendiz) es muy importante. La onee-san de cada maiko le enseña todo sobre su trabajo en el hanamachi, por lo que su enseñanza es vital.
Geta: Zapato de madera.
