¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
¡PIDO MIL PERDONES POR LA TARDANZA! He estado meses desconectada de internet y redes sociales, ni siquiera tiempo para leer historias tengo. Voy mirando cada día la pagina rapidamente y apuntando las nuevas historias que salen para poder leerlas en cuanto tenga hueco.
Mi vida es un caos últimamente, pero no para mal, me han mejorado las condiciones de trabajo lo que lleva aun aumento de horario y con ello de sueldo que me viene muy bien, la única pega es que no tengo casi tiempo para actualizar. A finales de Agosto pensé que para Septiembre habría podido actualizar y no fue así. Este capítulo se basa en dos partes porque no quiero estar tanto tiempo sin actualizar, mis queridas y queridos lectores no se lo merecen, por eso he llegado con mucho esfuerzo a terminar la primera parte del capítulo treinta y uno. En la segunda parte será el desenlace de esta época "pacífica" en Japón y comenzara la guerra, tanto social como en el corazón de nuestra querida Akane.
Espero de corazón que la espera mereciera la pena, se que algunos ven que la historia está estancada y puede que tengan razón, este tiempo también me ha ayudado a reflexionar y a modificar algunas cosas en la historia y reforzar otras. Espero que esta primera parte del capítulo os guste y que me dejéis un review para hacerme saber que tal. Espero no tardar de nuevo tanto tiempo en actualizar.
Muchas gracias por todos y cada uno de los mensajes, tanto los privados como los reviews que cada poco me mandabais preguntando por la historia. Siento mucho no poder contestarlos a todos, simplemente MIL GRACIAS DE CORAZÓN POR EL APOYO Y EL CARIÑO. No sabéis lo feliz que me pone ver lo mucho que os gusta mi historia.
Prometo volver pronto pero no se cuando, lo que podéis tener por seguro es que Protectora no va a ser abandonada nunca y que cada huequito que tengo, aunque sean cinco minutos al día lo uso para escribir.
Una vez mas mil disculpas por la tardanza.
Sin mas a leer.
Capítulo treinta y uno. Parte 1
Tras la boda de Ryoga y Ukyo agradecí a los cielos que el joven matrimonio Hibiki siguiera en la casa Saotome. La decisión había sido acordada entre el hombre panda y el señor Hibiki quienes habían decidido que lo mejor para mi amigo y su esposa eran permanecer bajo el techo de los Saotome ya que allí había vivido prácticamente toda su vida y allí se encontraba su sensei y mentor.
Ryoga se alegró enormemente pero no así a Ukyo quien iba con cara de amargor por toda la casa (los pocos ratos en los que sonreía eran cuando hablaba con Shampoo de lo masculino que era Ryoga).
En cuanto a mí, se puede decir que me pasé los días con monotonía: Despertarme, entrenar, comer, entrenar, cenar y volver a entrenar. Según mi señora mi examen estaba muy cerca y no me daba tregua – No puedes fallar – me repetía una y otra vez mientras me atacaba con su filosa katana.
Me pasaba horas y horas meditando y ejercitando tanto el cuerpo como el alma hasta prácticamente desfallecer de agotamiento. Mi señora me obligaba a practicar hasta que me sangraban los pies y los nudillos e incluso una fría tarde me obligó a bañarme en agua helada – Debes endurecerte – me repetía mientras metía cada vez más hielo en el agua. Aguanté tanto tiempo que mi piel se amorató, pero me importó muy poco ver mis brazos, piernas y manos de color violeta, lo realmente importante era que cada día que pasaba me hacía más fuerte.
- ¡Akane! – me llamó Sasuke una mañana muy temprano mientras meditaba en el jardín– ¡Akane!
- ¿Qué pasa? – pregunté asustada al verle allí. Sasuke se pasaba días y semanas en el pueblo de Momo-chan, siempre guardándola en las sombras sin que nadie notara su presencia. Raras eran las veces que pasaba por casa, si aparecía era para dar parte de la situación cada dos fines de semana y ese día no tocaba revisión por lo que temí lo peor – ¿Taro le ha hecho algo a Momo-chan?
- No, no es Taro, es el bebé – dijo Sasuke con una gran sonrisa – ¡Ya está aquí!
Mi corazón bombeó fuertemente al saber que mi segundo sobrino ya estaba en el mundo. Caminé apresurada hacia la salida seguida de Sasuke que apenas me seguía el paso – ¿Por qué no me avisasteis antes?
- Fue muy rápido – contestó Sasuke mientras entrabamos en las caballerizas – El pequeño tenía prisa en salir.
- ¿Es un niño? – pregunté preparando a Kaze.
Sasuke asintió con una gran sonrisa – ¡Muy grande y rechoncho! - alzó las manos midiendo con ellas lo que aproximadamente medía el bebe, dándome una ligera muestra del tamaño de pequeño.
- Debo ir con ella – dije montando en mi yegua. Una vez fuera de la caballeriza miré al cielo, de un inmenso color azul – Llegaré antes del almuerzo, ¡Avisa a la señora y prepárale un carro! – y sin dejar que me contestara azuce a Kaze quien salió al galope del hogar Saotome.
En la puerta el pobre repartidor de arroz tuvo que apartarse de un salto para no ser embestido por mi animal. Escuche en la lejanía sus gritos e insultos pero no les hice ni caso, mi único pensamiento era llegar cuanto antes a la casa de Momo-chan para conocer a mi pequeño sobrino. Nada me importaba en aquel momento, ni el entrenamiento, ni el examen, nada... lo único que tenía en mi cabeza era llegar rápido y estar junto a Momo-chan y su pequeño.
Galopé y galopé recorriendo los caminos que había recorrido años antes para conocer a mi ahijada. Tenía la misma sensación de alegría y angustia en el pecho que hace cuatro años cuando la pequeña Akane llegó al mundo. Ni siquiera me detuve a observar el paisaje, ni siquiera prestaba atención a la gente que me cruzaba el camino ¿que importaban ellos cuando mi amiga acababa de dar a luz? Azucé a Kaze cuando a lo lejos divisé el pueblo de mi amiga, mi pobre animal respiraba fuertemente y tuve la idea de parar a descansar pero ya quedaba muy poco, podría descansar cuando llegáramos a casa de Momo-chan.
- Aguanta un poco pequeña - le dije al oido - pronto llegaremos.
Poco a poco la silueta del pueblo iba creciendo y las casas se hacían cada vez mas claras. Cuando llegué al pueblo de mi amiga y traspasé las puertas de la pequeña muralla de madera frené un poco la velocidad de Kaze temiendo que algún niño o viandante se cruzara por mi camino y le hiciera daño.
- Ha vuelto la Hone-onna – escuché murmurar a una chica.
- Seguro que la joven Momoha ha dado a luz ya – dijo una anciana – solo aparece por aquí por el nacimiento de los hijos de Momoha.
- Es hermosa – murmuró un muchacho en la tienda de pollos.
- Es una Hone-onna, Takeo – refunfuñó la muchacha que le acompañaba, aparentemente celosa.
No pude evitar sonreír al escuchar los murmullos de la gente del pueblo a medida que avanzaba a la casa de mi amiga. A pesar de que hacía mucho tiempo que no iba recordaba a la perfección el camino. Avancé despacio por el pueblo, no lenta pero si a una velocidad moderada, lo suficientemente rápida para llegar cuanto antes a casa de mi amiga pero también lo sificientemente lento para reaccionar en caso de que alguien se cruzara.
Una vez llegué a la puerta de la casa de Momoha, dejé a Kaze atada y entré sin avisar, no había tiempo para cortesías. La casa de mi amiga estaba igual que la última vez que estuve allí. Quizás algún mueble nuevo pero poco más, parecía que el tiempo no había pasado en el hogar de Momoha, salvo por un pequeño ser que corría a mis brazos por el largo pasillo.
- ¡Madrina! – la pequeña Akane se abalanzó sobre mi con una enorme sonrisa. No pude evitar darme cuenta de que físicamente era la viva imagen de su padre, pero había algo claro que le diferenciaba del monstruo de su progenitor, era ese aura de calidez y dulzura que la rodeaba, igualita que la de su madre.
- ¡A-chan! – la arrullé entre mis brazos sintiendo su pequeño cuerpecito aferrarse a mí. La alcé notando que ya pesaba un poco, pero nada que no pudiera soportar – ¡Cuánto has crecido!
- Claro madrina – me dijo con una gran sonrisa mostrándome cuatro deditos – ya tengo estos años.
Sonreí enternecida – Ya eres muy grande – A-chan aumentó su sonrisa mostrando esos graciosos paletos separados que tenía – ¿Y tu madre? ¿Está bien? ¿Sabes algo?
- Está con Uzumi y mi hermanito – contestó la pequeña – ¡se llama Takoyaki!
Miré a mi ahijada con gesto de asombro ¿Takoyaki? ¿Cómo iban a llamar al pequeño bebé bolita de pulpo? ¿Sería tal vez un apodo cariñoso y A-chan lo habría mal interpretado?
- ¿Estas segura A-chan?
- ¡Por supuesto madrina! – me dijo ofendida como si la boba de las dos fuera yo por dudar de su palabra.
- ¡Akane! – ambas nos volteamos aludidas mirando a la nueva integrante de la conversación, era Uzumi quien llegaba con el pelo revuelto y el ceño fruncido. La pequeña se aferró a mí y puso un gesto altanero muy digno de su padre mientras la amiga y sirvienta de Momo-chan se acercaba a nosotras dando pasos de elefante – ¿Cómo se te ocurre salir así? ¡Sin avisar!
- Vine a ver a mi madrina Uzumi-san – contestó con suficiencia - Por la ventana vi como llegaba en el caballo y bajé a saludarla.
Uzumi me miró por primera vez y dio una larga reverencia – Bienvenida Akane-san.
- Hola Uzumi – salude dejando a la niña en el suelo que dio un gruñido disconforme – Perdona por entrar sin avisar, ¿Cómo está Momo-chan?
- Bien, la señora Ashikawa está revisando al niño.
- ¿Paso algo? – pregunté preocupada.
Uzumi negó con la cabeza levemente – No, nada importante pero la señora Ashikawa se fijó en un dedito del pie – Uzumi sonrió con dulzura – lo tiene un poquito torcido, quiere ver que no sea nada irreversible.
- Esperemos que así sea – contesté tomando otra vez a mi ahijada en brazos que durante toda la conversación no había parado quieta, tirando de mi ropa intentando llamar mi atención – ¿Cuándo podré verles?
- Ahora mismo si gustas – dijo la señora Ashikawa que salía con una gran sonrisa – ese dedito regordete está perfecto, solo hay que vendarlo bien un par de días y se recolocará solo.
- ¡Que alegría! – dijo Uzumi entrando veloz a la habitación. La seguí en silencio con mi ahijada en brazos y salude a la señora Ashikawa – Que alegría volver a verla.
- Lo mismo te digo querida, estas preciosa – avancé hacia la habitación y vi a Momo-chan alimentando a un bebe enorme y tremendamente regordete. Tenía muy poquito pelo pero el que se veía era de un color castaño claro, podría jurar que había incluso destellos rubios dada la claridad. Momoha alzó la vista y me sonrió – Akane, que bien que estés aquí. Pensé que no llegarías hoy, como ha sido todo tan precipitado...
- Sasuke me aviso – dije arrodillándome a su lado para besar su sien, luego acaricie despacio la cabeza del bebe – ojala hubiera llegado antes.
Momo-chan le restó importancia al asunto – No es culpa de nadie – luego dirigió su vista al pequeño quien se aferraba al pecho como si su vida dependiera de ello – Mi pequeño Masaki tenía gana de llegar al mundo.
- Fue un parto rápido – dijo orgullosa de su señora Uzumi - dicen que el segundo hijo siempre es mas fácil de traer al mundo que el primero.
Parpadee varias veces mirando al bebe y luego a la pequeña Akane quien observaba a su hermanito como si fuera un ser de otro mundo, luego solté una carcajada que resonó por la habitación llamando la atención de las presentes.
- ¿Qué pasa? – preguntó curiosa mi mejor amiga.
No podía parar de reírme, por eso entre hipidos y con cierta dificultas dije – Es que A-chan me dijo que su hermanito se llamaba Takoyaki.
- ¿¡Takoyaki!? – la voz de sorpresa de mi amiga me hizo tanta gracia que de nuevo solté una carcajada, creo que llegué a contagiar a las demás porque poco a poco todas nos fuimos sumando a las risas, a excepción de mi pequeña ahijada que nos miraba sin entender – De donde habrá sacado eso esta niña.
- Masaki y Takoyaki suenan muy parecido – explicó la señora Ashikawa – puede que la pequeña Akane confundiera los nombres.
- Bolita de pulpo – dijo Uzumi con dulzura mirando al bebe que seguía comiendo con hambre voraz del pecho de su madre – pues sí que es una pequeña bolita.
- Sí – suspiro agotada Momoha – El parto fue mas rápido pero el dolor... pensé que me desgarraría en dos. En comparación con el, Akane era muy pequeña.
-¡Yo no soy pequeña! – Protestó mi ahijada frunciendo el ceño y estirando cuatro deditos a su madre – ¡Ttengo estos años!
Momoha sonrió con ternura a su hija y beso su frente – Eso es cierto, eres mi niñita fuerte y valiente.
Ante esas palabras A-chan sonrió encantada y no pude evitar sonreír con ella. Mi pequeña ahijada era una niña muy especial, incluso Momo-chan me había escrito para contarme alguna de sus aventuras por el pueblo y siempre me repetía que a veces parecía más hija mía que suya, sobretodo cuando las vecinas iban a su casa a exigir una disculpa porque A-chan había golpeado a sus hijos.
Vi como mi mejor amiga soltaba un bostezo, debía estar agotada, dar a luz no debía ser algo fácil y mucho menos si él bebe era del tamaño del pequeño Masaki quien en ese momento dormitaba tranquilo pues había llenado bien la barriga.
- Creo que debes descansar un rato – dije tomando al bebe en brazos mientras Uzumi y la señora Ashikawa la ayudaban a acomodarse en el futón – Duerme, nosotras cuidaremos de los niños.
- ¿Seguras? – preguntó mi amiga.
Asentí varias veces – Además Nodoka-sama llegará pronto – vi como la adormilada cara de mi amiga se iluminaba ante mis palabras – cuando despiertes estará aquí.
Momo-chan asintió levemente mientras cerraba sus ojos y se quedaba profundamente dormida. Uzumi acarició el pelo de su señora y suspiró lo cual me hizo removerme inquieta en el sitio, algo pasaba.
- Señora Ashikawa, ¿puede llevarse a Akane a jugar?
La anciana asintió pero mi pequeña ahijada frunció el ceño – ¡Pero yo quiero quedarme aquí y estar con madrina!
Le pasé él bebe a la señora Ashikawa y me acerqué a la pequeña que en ese momento estaba sentada cruzada de brazos y haciendo un puchero adorable. Tomé su carita entre mis manos obligándola a mirarme – Necesito hablar una cosa de adultos con Uzumi, pero prometo que en cuanto termine saldré a jugar contigo al jardín.
- ¿Prometes que me enseñaras a pelear con la espada? - preguntó algo desconforme.
Sonreí ampliamente ante la pregunta de la pequeña, sin duda se parecía a mí, Momo-chan no mentía. Bese su cabeza y asentí – Te prometo que cuando termine practicaremos, incluso tendemos un combate.
Los ojos de mi ahijada brillaron y salió dando brinquitos de alegría. La vi desaparecer tras la puerta y luego me giré para mirar a Uzumi quien acariciaba con cariño el rostro de Momoha. No quise interrumpir aquel momento, me pareció un sacrilegio incluso, por lo que permanecí callada y quieta, siendo una mera observadora del amor que Uzumi-san le tenía a mi querida amiga.
- Taro… es decir… el señor, no es un gran marido.
- ¿Aun la maltrata? – Pregunté muy seria – Sasuke ha estado vigilándole de cerca ¡¿como es posible de que la siga golpeando?!
- No, ya no la golpea como antes pero… la machaca con las palabras – explicó Uzumi – todos los días la veja, a ella y a la pequeña A-chan.
Notaba mi furia crispar mis nervios, la voz de Uzumi se quebraba así como mi calma, apreté los puños con furia y mordí mis labios para evitar soltar la mayor grosería que se me ocurrió en aquel momento.
- Les dice que no son nada, que son basura… que… no puedo ni siquiera repetirlo todo sin enfurecer o llorar de rabia – mientras hablaba, Uzumi miraba con dolor el rostro tranquilo de Momoha – hay veces que no puedo evitarlo y salgo en su defensa, es entonces cuando me da una bofetada o algún golpe que recibo con gusto, ya que si soy yo quien los recibe, mi señora y mi pequeña niña estarán a salvo.
- ¡No puedes tolerar eso, ni tu ni Momo-chan! - dije alterada.
- Ella no lo hace – me dijo – Pero entonces Taro le recuerda que es suya y que puede hacer con su vida y la de su hija lo que quiere – Quise levantarme y buscar a ese malnacido. No era idiota, tanto yo como Uzumi y seguramente Momoha sabían la velada amenaza que recaía sobre la pequeña Akane y no iba a tolerar que esa sanguijuela mal parida le hiciera daño a esa niña ni a nadie – No ama a su hija, la odia, la detesta por el simple hecho de ser una niña, temo que cuando crezca incluso… la venda.
- ¡Jamás permitiré tal cosa! – grité con rabia golpeando con mi puño en el suelo. Nunca iba a permitir que mi ahijada viviera lo mismo que yo. Compartíamos nombre, pero jamás permitiría que también compartiéramos destino. Juré proteger la vida de mi ahijada e iba a hacerlo hasta que muriera – Primero mato a ese desgraciado.
Uzumi me miró con tristeza – Solo hay una opción Akane-san, pero prefiero que sea mi señora quien hable con usted.
Asentí lentamente y en una muda conversación decidimos que lo mejor era dejar a Momo-chan descansar. Me levanté sin apenas hacer ruido y abandoné la habitación no sin antes girarme a mirar a mi mejor amiga quien dormía plácidamente, envuelta en un mundo en el que nadie podía hacerle daño, un mundo onírico en el que tenía la paz que no encontraba en la vida real. Un mundo sin Taro.
Salí de la habitación dejando a Uzumi dentro, sabía que por mucho que lo intentara, la joven sirvienta no dejaría de velar el sueño de mi amiga, por lo que ni siquiera le pregunté si quería acompañarme al jardín, simplemente las dejé allí a ambas con la certeza de que Momo-chan estaba bien atendida.
Caminé por el pasillo en silencio, solo roto por el sonido de los pasos de alguna criada y por el sonido de la tela de mi Hakama al rozarse cuando daba algún paso. Busqué a la pequeña Akane y la encontré en el jardín con un boken de madera. Me quedé mirándola con una boba sonrisa en la cara y no pude evitar transportarme al pasado, a mi pequeña casita de madera.
- Mi pequeña Kawa – mi padre estaba frente a mí con una dulce sonrisa mientras yo entrenaba con mi pequeño boken – Lo haces muy bien.
- Seré una gran guerrera ¿verdad padre?
Mi viejo padre soltó una ahogada sonrisa al aire haciéndome reír a mi también – Por supuesto que si mi niña tú serás la encargada de proteger la casa si algún día falto.
- No digas eso – protesté tirando el boken al suelo y lanzándome a sus brazos – siempre estarás conmigo, promételo.
- Te lo prometo mi pequeña Kawa, siempre estaré contigo – me dijo envolviéndome en sus brazos.
- Akane – oí como me llamaba una dulce voz, una voz que conocía bien – Akane – la voz de mi madre, llamándome.
- ¡Akane! – Abrí los ojos para observar como la señora Ashikawa estaba frente a mí con cara de preocupación – al fin reaccionas querida.
- Madrina, ¿Qué te ha pasado? Estabas como dormida.
Miré a ambos lados un poco desconcertada. Acababa de sufrir una terrible alucinación ¿o era un recuerdo? Ya ni siquiera estaba segura de lo que había vivido, tantos años habían pasado ya…
Mi pequeña ahijada me miraba con miedo así que sonreí un poco y le acaricie el pelo – Perdonadme, pero estoy algo cansada, mucho entrenamiento.
La señora Ashikawa alzó una ceja pero no dijo nada más, simplemente asintió levemente, carraspee un segundo, algo incomoda por la situación - ¿Necesita algo? – pregunté, intentando que olvidaran el tema.
- ¡Oh, sí casi lo olvido! – dijo la anciana golpeándose levemente la frente – Venía a preguntarle cual es el plato favorito de su señora, según he entendido tiene la intención de unírsenos hoy.
- Sí, antes de salir le pedí a Sasuke que preparara un carro para ella – alcé la vista mirando al sol – posiblemente esté al caer.
- Me gustaría honrarla con un buen almuerzo.
Sonreí levemente – No se preocupe, mi señora es fácil de entusiasmar, siempre y cuando tenga sopa de miso mi señora será feliz.
- Sopa de miso – murmuró la anciana llevándose una mano bajo el mentón – bien, puedo preparar algo para acompañar la sopa. ¿Hay algo que su señora odie?
- No, desde bien joven le enseñaron que debe comer de todo, aunque entre usted y yo – me acerqué a la mujer que me imitó para luego susurrarle – mi señora no es muy admiradora del wasabi, el picante no es lo suyo – le guiñé un ojo y recibí a cambio una gran inclinación seguido de una enorme sonrisa que estiró las pequeñas arrugas en la cara de la anciana.
- Nada de wasabi, entendido – y sin decir nada más dejó el jardín.
- Madrina – me llamó la pequeña alzando su boken – ¿entrenamos?
Obviamente, no pude decir que no.
Pasé un rato bastante largo con la pequeña Akane en el jardín, era buena peleando pero era demasiado nerviosa y despistada, debía aprender a controlarse y canalizar el nerviosismo para convertirlo en concentración y fuerza.
- Pequeña revoltosa, es igual que yo – murmuré mientras la pequeña recogía su material.
- ¿A quién me recordara? – me giré rápidamente para ver a mi señora parada en el umbral de la puerta.
- Mi señora – me acerqué rápidamente e hice una amplia inclinación – ¿Por qué no me aviso de que llegaba?
- Iba a hacerlo, pero os vi tan concentradas entrenando que no quise molestar – contestó sin apartar la vista de la pequeña Akane quien limpiaba con mimo la espada de madera con un trapo color azul – es igual que tú, solo que ella es algo más lenta y cuidadosa con el material.
- Con el tiempo aprenderá.
- No lo dudo, pero quizás debería centrarse en otro arma, tiene los dedos demasiado cortos y regordetes para llevar una katana.
- Tal vez la naginata...
- Es buen plan, tú eres buena con ella, podrías enseñarle como dominarla - dijo mi señora - con un poco de practica puede llegar a ser realmente buena.
- Sería un honor, pero creo que su padre no lo permitiría.
Nodoka-sama soltó un gruñido – su padre puede irse a hacer puñetas.
Abrí los ojos ante las palabras de mi señora, normalmente no maldecía pero cuando lo hacía era bastante gracioso y sorprendente ya que lo que menos se espera una es que una mujer, refinada y elegante como mi señora, suelte improperios como aquellos por la boca. No pude evitar soltar una pequeña risa.
- ¡Nodoka-sama! – saludó la pequeña Akane en la distancia levantando su boken y moviéndolo a los lados.
- Hola A-chan – la niña corrió para acercarse a mi señora y se inclinó todo lo que su pequeño cuerpecito se lo permitía. La ultima vez que Nodoka-sama y A-chan se habían visto había sido hace mucho tiempo en una visita relámpago que mi mejor amiga hizo a Edo. Ambas habían hecho buenas migas y sabía de buena tinta que mi señora adoraba a esa niña.
- Mire señora, madrina me ha estado entrenando – dijo enseñándole su pequeño boken.
- Ya lo he visto – habló mis señora con admiración – cuando crezcas serás toda una guerrera.
La pequeña sonrió ampliamente y unos pequeños hoyuelos se marcaron en sus mejillas – ¿cree usted que algún día seré tan buena como mi madrina?
- E incluso mejor – ante las palabras de Nodoka-sama la pequeña dio un gritito de alegría y giró sobre si misma dando saltitos.
- ¿Has oído eso madrina? ¿Lo has oído? ¿Tú también crees eso?
- Por supuesto que si – contesté – pero para ello debes entrenar mucho y tomarte el entrenamiento muy enserio, soy un hueso duro de roer.
- ¡Lo sé, pero cuando crezca tendremos un combate! ¿verdad que si?
- Por supuesto que si – A-chan me dio un ligero abrazo y corrió dentro de la casa, posiblemente a demandar alimento ya que por la posición del sol debía ser la hora de comer.
- ¿Ha visto ya a Momoha? – pregunté mientras entrabamos a la casa.
- No aun no, la señora Ashikawa ha ido a despertarla.
- Señoras – nos interrumpió Uzumi – Momoha quiere verlas, está en la habitación, si no les molesta hoy comerán allí.
- No hay problema – dijo mi señora con amabilidad – es normal que esté adolorida, no es fácil traer un niño al mundo.
Uzumi dio una reverencia y nos guio hasta la habitación. Me fijé que en el rato que habían intercambiado palabras, Uzumi no había mirado a Nodoka-sama a los ojos. Era algo que solía ocurrir con frecuencia, pocos eran los valientes que se atrevían a mirar a mi señora a los ojos ya que esos irises tenían la fuerza del tifón más bravío, incluso yo algunas veces había temblado ante las miradas de Nodoka-sama. Lo que pocos sabían era que en sus ojos, también se guardaba mucho calor y ternura.
Caminamos a paso lento por los pasillos de la casa, podía notar como Nodoka-sama lo observaba todo milimétricamente. Pocos podían observarlo pero yo llevaba tantos años con ella y la conocía tan bien, que aun a pesar de ir tras ella sabía perfectamente lo que estaba haciendo, lo observadora que era...
Cuando llegamos a la habitación de mi mejor amiga y Uzumi abrió las puertas la cara de Momo-chan se iluminó – Nodoka-sama…
- ¡Mi querida niña! – mi señora se acercó rápidamente y abrazó a mi amiga con ternura, la misma que una madre le ofrece a una hija – ¡Que alegría verte! Estas preciosa.
Momoha se sonrojo y se peinó los alborotados cabellos con una mano mientras bajaba la vista al suelo, como una niña tímida – No diga eso, me veo horrible.
- Es normal querida – dijo Nodoka-sama – no puedes pretender traer un niño al mundo y estar perfecta.
Me acerqué silenciosamente a ellas y me senté justo al lado de mi señora mientras la señora Ashikawa servía la comida en pequeñas mesas puestas a nuestros pies y Uzumi cargaba al pequeño para mostrárselo a mi señora.
Los ojos de Nodoka-sama recorrieron al infante que gorgojaba despierto y observaba todo lo que encontraba en la habitación. Era un niño muy espabilado – ¿Puedo? – preguntó mi señora estirando los brazos. Momo-chan asintió y Uzumi le pasó el pequeño – vaya, sí que pesas, serás un niño grande y sano.
- Es una bendición para la casa – dijo Momoha acariciando la cabecita del infante que se acomodó en los brazos de mi señora.
- Parece que le gusta, señora – hablé con una enorme sonrisa en los labios al ver como Masaki se dormía poco a poco en los brazos de Nodoka-sama.
- Es natural, sabe que la tía Nodoka le aprecia enormemente – contestó mi señora sin mirarme – se parece a ti.
- Tiene los rasgos de su padre, como Akane – dijo Momoha. La miré unos segundos muy seria, no quería que comparara a mis sobrinos con ese desgraciado que tenían por padre – No me mires así Akane, a fin de cuentas son mitad de él.
- No se lo merece – refunfuñé.
- Así es la vida Akane – me riñó mi señora veladamente. Callé de inmediato pues con solo unas palabras mi señora me advirtió de que no era momento de sacar rencores del pasado así que sin mediar palabra me dispuse a comer en silencio.
- Madrina – hablo la pequeña Akane – ¿me puedo sentar a tu lado?
- Por supuesto que si – la ayudé a mover su mesita para colocarla a mi lado. Observe de reojo como mi ahijada observaba todos mis movimientos e intentaba imitarlos.
Momoha soltó una risita – Creo que alguien quiere ser igual que su madrina.
A-chan metió un trozo de comida en su boca mientras asentía – Hoy estuvimos entrenando y la señora Nodoka dijo que si seguía entrenando sería mejor que mi madrina ¿verdad?
- Así es – dijo mi señora quien había dejado a Masaki dormitando en un futón – pero también debes aprender modales querida, no se puede comer con la boca llena.
A-chan se sonrojó profundamente y tragó con dificultad la comida – disculpe.
- Tranquila querida, no sabes lo difícil que fue enseñarle a tu madrina modales y cortesía, con un poco de entrenamiento tu también lo lograrás.
- De eso quería hablarle Nodoka-sama – dijo de repente Momoha quien sostenía débilmente los palillos a mitad de camino. Mi señora y yo nos giramos para mirarla, sus ojos de repente estabas decaídos, tristes como si fuera a darnos una noticia muy dolorosa. Mis alarmas se encendieron porque recordé la pequeña conversación que tuve con Uzumi momentos antes.
- ¿Qué pasa querida? – preguntó preocupada Nodoka-sama.
Momo-chan levantó con dificultad su mirada para posarla en la de mi señora quien tenía un gesto de desconfianza en el rostro. Luego miró a la pequeña Akane que comía feliz y ajena al mundo que le rodeaba y soltó un suspiro – Necesito pedirles un favor. Un gran favor.
- Pide lo que sea querida.
- Sabes que haremos cuanto esté en nuestra mano por ayudarte Momo-chan – hablé con firmeza consiguiendo que mi amiga esbozara una triste sonrisa.
- Quiero… me gustaría que se llevaran a Akane a su casa.
Las palabras de Momoha nos impactaron, mi señora y yo nos miramos unos breves segundos como si intentáramos buscar la una en la otra la confirmación de lo que habíamos escuchado.
- No os lo pediría si no fuera importante para mí y para ella – dijo Momoha con la voz rota – sabe bien que no me gusta molestar y menos a usted mi señora, pero es por el bien de mi pequeña.
- ¿Es Taro? – preguntó Nodoka-sama y entonces por el rostro de mi amiga cayó una débil lagrima.
- No quiero que mi niña crezca en un ambiente como en el que vive, cada vez que se cruza con su padre solo escucha gritos y desprecios, temo que algún día haga algo que la dañe realmente, que la aparte de mi lado de manera definitiva, es por eso que quiero que se la lleve con usted, que le inculque una buena educación que le de las oportunidades que yo no puedo darle.
- Pero Momo-chan – dije afectada al ver a mi amiga llorar a la par que una enorme rabia me inundaba el alma – No podemos hacer eso, yo mejor que nadie se lo doloroso que es separarse de unos padres que amas de manera repentina, A-chan sufrirá.
- Ya lo he hablado con ella y está encantada de irse a vivir con su madrina – dijo Momoha entre lágrimas.
- Pero…
No me dejó terminar, con desesperación se arrojó a los pies de Nodoka mientras una mueca de dolor se formaba en su rostro, supongo que debido a los dolores que aun sufría por el parto – Se lo suplico señora, llévese a mi niña y cuídela. Yo pagaré si es necesario, como sea pero por favor, llévesela con usted.
Nodoka-sama permanecía impasible pero tras unos segundos dio un largo suspiro y la ayudó a levantarse con delicadeza – Tranquila Momoha, sabes perfectamente que no hace falta que pagues nada – giró su rostro para mirar a la pequeña quien observaba la situación entre sorprendida y asustada. Para tranquilizarla le dio una pequeña sonrisa y le preguntó – Querida ¿entonces quieres venir a mi casa con tu madrina?
Los ojos de la pequeña se iluminaron como dos faroles de Matsuri – ¡Sí señora Nodoka!
- Pero pasaras tiempo sin ver a tu madre, ni a tu hermano o a Uzumi…
- No pasa nada – la cortó A-chan – mamá me ha dicho que en cuanto pueda irá a verme y además, estaré con usted y con mi madrina, podré venir a verla cuando quiera y ella a mi ¿verdad?
Asentí con dulzura – Yo te traeré a verla siempre y cuando tu madre y la señora te den permiso. Ahora ya no eres una niña pequeña, ya eres una mujercita y tienes que esforzarte en tus estudios y entrenamiento.
- Lo haré madrina, lo prometo – dijo la pequeña Akane poniéndose en pie.
Nodoka-sama que permanecía consolando a Momoha dijo – Bien, pues por favor Uzumi, ayúdala a recoger sus cosas, hoy nos iremos.
La pequeña Akane chillo de alegría y salió corriendo de la habitación seguida de Uzumi quien tenía el rostro arrugado de tristeza. Miré con melancolía a la pequeña que tarareaba contenta por su partida. Bendita e inocente criatura... no sabía lo que estaba a punto de sucederle. Bien sabía yo en mis propias carnes el dolor y el sufrimiento que trae el perder a una madre de la noche a la mañana. Hoy estaba muy contenta porque lo veía como una aventura, pero luego A-chan lo pasaría terriblemente mal por no poder ver a su madre tantas veces como ella hubiera deseado. Pero esa es otra historia.
El resto del día nos lo pasábamos charlando sobretodo del nuevo protocolo de vigilancia de Taro y sus secuaces que por lo visto no estaba funcionando nada bien. Momo-chan nos pidió que por favor redujéramos el número de vigilantes porque Taro no era tonto y había notado como le seguían y observaban. Nodoka-sama por el contrario se negó en rotundo pero dejó claro que hablaría seriamente con Sasuke pues si bien era cierto que al menos ya no golpeaba a Momo-chan, era intolerable que permitieran que pagara su rabia con Uzumi o alguno otra criada. Durante el resto de la tarde Momoha no soltó a su hija en ningún momento, la abrazaba y besaba a pesar de que la niña quería espacio. Nodoka-sama habló con Uzumi y le dejó claro que cualquier cosa que viera extraña en Taro, por muy mínima que fuera se la hiciera saber a Sasuke.
Casi llegaba la puesta de sol y tuvimos que partir de la casa de Momo-chan. Todas las criadas así como su madre abrazaron a la niña y se vieron envueltas en lágrimas al despedirse de mi ahijada, quien por el contrario, estaba terriblemente animada.
- No llores mami – dijo la pequeña limpiando las lágrimas de su madre – Pronto vendré a verte, y tu podrás ir a verme a mi cuando mi hermanito esté más grande.
- Aun así te echare de menos – la pequeña abrazó a su madre quien la estrechó con fuerza entre sus brazos.
Mi ahijada se despidió de todo el mundo e incluso riñó a la señora Ashikawa por soltar unas enormes lágrimas – ¡Que no me voy a morir! – había dicho la pequeña para acto seguido ser rodeada por los arrugados brazos de la viejecita quien no paraba de llorar.
Nodoka-sama ya se había despedido de todos y esperaba pacientemente en el carro, mientras yo abrazaba a mi mejor amiga quien seguía sollozando – Tranquila, la cuidaremos bien.
- Lo sé – contestó – pero es duro dejarla ir.
- Te la traeré tan pronto como pueda – dije limpiándole una lágrima – y tú puedes ir a verla cuando quieras.
- No es tan sencillo – suspiró derrotada – al menos estará lejos de su padre.
- ¿Cuándo vuelve? – pregunté.
- No lo sé – respondió con indiferencia – Supongo que hoy o mañana. Se alegrará enormemente al ver que su pequeño estorbo ya no está en la casa.
Fruncí el ceño al escuchar las palabras de Momo-chan – Algún día le mataré.
- No digas eso Akane – me dijo escandalizada – recuerda que es mi esposo.
- Y tu recuerda mis palabras – la miré a los ojos con seriedad y repetí lo dicho anteriormente – algún día le matare y tu serás libre de vivir con tus hijos.
Momoha se sonrojo pero no dijo nada, volvió a abrazarme. Al separarnos tomé a la pequeña Akane de la mano y caminamos hacia la salida donde mi señora nos esperaba. Dejé las cosas de la pequeña en el suelo del carro y la tome en brazos para sentarla junto a mi señora.
- Yo quiero ir contigo a caballo.
- Aun no, no sabes guardar el equilibrio, pero pronto podrás ir conmigo – la pequeña arrugó un poco el ceño pero no dijo más, simplemente se sentó y comenzó a jugar con una pequeña muñeca de trapo.
Me monté en Kaze quien relinchó levemente, me giré para mirar por última vez a Momo-chan, Uzumi y a la señora Ashikawa. Un horrible viento se levantó de repente y alcé la vista al cielo, si no partíamos ya podría pillarnos la tormenta así que sin mediar palabra le di una ligera señal al mozo quien azuzó a sus bueyes moviendo el carro.
La pequeña Akane le dijo adiós a su madre junto con mi señora. Yo no fui capaz de volver a mirar atrás, a día de hoy aún no sé porque no tuve el valor de mirar de nuevo a esas tres mujeres que se despedían con lágrimas a la puerta de la casa de mi mejor amiga. La siguiente vez que pisé aquella casa y miré a esa puerta solo me recibieron dos mujeres.
Por fortuna llegamos al hogar Saotome justo antes de que las gotas de lluvia empezaran a caer de manera bestial. Fue una lluvia breve, de apenas unos minutos, pero intensa. Era como si algún dios estuviera muy enfadado con los mortales y decidiera mandarles una enorme tormenta.
Tormenta que también cayó dentro del hogar Saotome cuando aparecimos con la pequeña Akane. Nos recibieron Shampoo y Ukyo junto con Genma Saotome a la entrada de la casa, no por gusto obviamente sino porque por casualidades del destino, los tres se encontraban en la entrada en el momento en el que llegamos. Para mi sorpresa el señor panda solo protestó un poco, después de la discusión en la boda de mi amigo, Genma Saotome estaba muy raro, seco y distante con Nodoka-sama, por lo que supuse que la llegada de la pequeña Akane le haría explotar de rabia, más la realidad fue otra: Tras un breve intercambia de palabras miró con desdén a la pequeña que se aferró a mi pierna y dijo – Tu sabrás lo que haces, solo que no pise mi dojo mientras yo esté dentro, bastante tuve que aguantar a esa mocosa y al idiota de su amigo.
Por el contrario quien más se opuso a la llegada de la pequeña fue Shampoo, quien no estaba dispuesta a compartir lecciones con la "hija de una simple criada". No es que Shampoo tuviera algo en contra de Momoha, la simple razón del desagrado de Shampoo era que Akane era mi ahijada y todo lo que viniera de mi le desagradaba enormemente, aunque fuera un buda de oro macizo, para ella sería una basura. Nodoka-sama harta de la china y sus chillidos de foca (como los bautizaría mas tarde A-chan) rodó los ojos y me pidió que me encargara de todo mientras ella se iba a su habitación dejando claro que lo que Shampoo pensara le daba exactamente igual.
Me dolía la cabeza solo al escuchar la chillona voz de la china protestar, me hacía gracia en cierta parte su estúpido y vacío argumento, según ella no toleraba que una hija de una sirvienta compartiera lecciones con ella, era tan simple, tan estupida... se comparaba con una niña de cuatro años ni siquiera tendrían las lecciones a la vez, de su educación se encargaría Nodoka-sama no Mizuno-sensei y aunque lo hiciera, A-chan empezaría por lo básico, obviamente no se juntarían en las clases. Pero claro, lo único que le importaba a la china era protestar y dejar claro que ella era la futura señora de la casa y que tenía poder de decidir. Estúpida ilusa.
Ukyo por el contrario observaba a la niña con curiosidad pero ni un mal gesto o mala palabra salió de sus labios, incluso si miraba bien podía encontrar una pizca de ternura en sus ojos. En Shampoo por el contrario…
- Me niego, no tolerarlo, siempre pensar que esta casa ser para enseñar modales a buenas familias no a pordiosera e hija de criados, Shampoo no consentirlo, cuando futuro esposo se entere…
- Tranquila Shampoo – dije al pasar a su lado – gracias a tu escasa inteligencia A-chan te superara rápidamente y no tendrás que aguantarla más, pronto estará por encima de tu nivel e irá a clases avanzadas que tu no podrás pisar ni en mil años.
La bonita cara de la china se tiñó de rojo y comenzó a gritar insultos contra mi persona. Ignorándola completamente caminé por el pasillo para enseñarle a la pequeña Akane su nuevo hogar.
Le enseñé la habitación que compartiríamos para alegría de la pequeña, luego le enseñé el baño y le presenté a las cocineras, las costureras y el resto de criados. Nara estaba más feliz que ninguna porque por fin no sería la única niña de la casa, ya era casi una mujercita y para ella que A-chan llegara al hogar Saotome le quitaba un peso de encima ya que mi ahijada pasaría a ser "la niña de la casa" y ella podría ser tratada como una adulta. Pobre Nara, siempre fue la niña para todos nosotros incluso cuando ya era toda una mujer…
- Es una casa muy bonita madrina, ¿Qué hay arriba? – preguntó mirando la escalera.
- Escúchame bien Akane – dije arrodillándome para ponerme a su altura – arriba están las habitaciones de los señores. Nunca, jamás debes entrar en la habitación de ninguno de ellos, ni aunque te lo pida algún criado y mucho menos en la de Shampoo ¿vale?
Akane me miró con la ceja alzada – ¿Y por qué no?
- Porque no, son normas – dije seria consiguiendo que la cabezonería de mi sobrina saliera a flote.
- Pero dame una razón.
Suspire intentando tranquilizarme y coger un poco de paciencia que como ya sabéis no era mi fuerte ni mucho menos – Escúchame, Shampoo es una chica un poco… especial, ya lo has visto como se puso por tu llegada – la niña asintió – no quiero tener problemas con ella y mucho menos que los tengas tú. Evita el piso de arriba y las habitaciones de los señores, la única que puedes pisar es la de Nodoka-sama y solo si ella te lo permite ¿entendido?
- Si madrina – dijo con pesar. Sonreí aliviada pero mi paz mental se rompió cuando de nuevo, la pequeña se cruzó de brazos y frunció el ceño ligeramente – Pero no entiendo porque no puedo entrar, en mi casa entro en todas las habitaciones que quiero.
- Akane…
Notaba como mi paciencia se estaba evaporando. Nunca pensé que criar a una niña fuera tan difícil y eso que solo llevaba con ella a solas unos minutos, ni siquiera llevaba una hora en la casa y ya me estaba volviendo loca. Intente tranquilizarme y darle una severa respuesta como lo haría mi señora pero unos pasos y una profunda voz nos sacó de nuestra pequeña discusión.
- Vaya, veo que has encontrado a la horma de tu zapato, Akane.
Cerré los ojos y expulsé todo el aire que tenía en mis pulmones con furia. Ranma, como no. Era experto en aparecer en las peores situaciones para molestar. Bufé molesta y me giré a mirarle, no venía solo, Ryoga y otro muchacho que no conocía iban con él. Le observé con el ceño fruncido y fulminé de paso a Ryoga con la mirada quien se reía por lo bajo.
- Señor Saotome.
Ranma sonrió levemente y miró a la pequeña Akane quien le observaba embelesada. Su boquita abierta, sus ojos brillantes y sus mejillas sonrojadas me dieron un terrible escalofrío, no podía creérmelo, mi pequeña ahijada se había enamorado a mi primera vista del joven señor. Que coincidencia más poco agradable.
- ¿Y tú quién eres? – preguntó Ranma con amabilidad a la pequeña que se sonrojo aún más.
- Soy… soy… soy Akane señor – alcé una ceja ante los balbuceos de la pequeña. Mi ahijada era una niña muy fuerte y segura, por lo que verla temblar como un perrito asustado ante Ranma me sorprendió ¿Qué tenía ese hombre que conseguía que todas las mujeres cayeran rendidas a sus pies?
- ¿Akane? ¿La hija de Momoha? – preguntó de nuevo el joven señor.
- Sí señor.
Ryoga se acercó a ella y la examinó – ¿También eres la ahijada de Akane verdad?
La niña asintió y comenzó a arrugar la falda de su kimono con timidez, Ranma la miraba fijamente a los ojos por lo que pegó un brinquito y ocultó sus ojos de los azules de Ranma – Así es señor, yo me llamo Akane en honor a mi madrina.
- Interesante – murmuró Ranma arrodillándose frente a la pequeña quien se encogió más en su sitio. Vi como en el rostro del joven señor se formaba una tierna mueca. Con delicadeza tomo la barbilla de A-chan y alzó la carita de la niña para mirarla de frente – Pues sí que te pareces a tu madrina, eres tan bonita como ella.
Mi ahijada abrió los ojos de par en par y no pude evitar soltar una ligera carcajada ante la escena. Me pareció terriblemente tierna la forma en la que Ranma se dirigía a mi ahijada ,y ella... ¡Por Kami! ¡Era un horno!, su carita estaba tan roja que podría hervir agua en ella.
- Ella es mucho más hermosa, mi señor – dije acariciando la cabecita de la niña quien de repente dejó salir su timidez y se aferró a mi pierna escondiendo su cara entre mi ropa – por dentro y por fuera, como su madre.
Ranma se alzó lentamente mirándome fijamente a los ojos, en una batalla que ni él ni yo íbamos a perder. Nos mantuvimos en silencio, mirándonos a los ojos por unos instantes pero entonces Ranma dio un largo suspiro y dijo – Su madrina también es hermosa, por fuera y por dentro aunque normalmente lleve una coraza de mal humor que la haga terriblemente inalcanzable.
Me quedé sin palabras, no sabía que hacer o decir. Mi señor tampoco dijo más, dio una leve reverencia y se alejó caminando seguido del muchacho al que no conocía. Ryoga por el contrario se quedó a mi lado mirándome con una sonrisa torcida, los ojos entrecerrados y los brazos tras la espalda. Su gesto era la imagen de la burla personificada.
- ¿Qué? – pregunté de malas maneras.
- Nada – canturreó Ryoga alargando la "a" final mientras se acercaba a mí con graciosas y burlescas zancada. Cuando pasó por mi lado afiló su sonrisa llegando a mostrar su característico colmillo, tremendamente puntiagudo y afilado como para pertenecer a un ser humano normal, y me susurró al oído – parece que tu ahijada y tú os parecéis más que en el físico, por lo visto también se enamora rápidamente de sus superiores.
Me giré para mirarle fúrica y le di un golpe en el brazo que no pudo esquivar. Comenzó a carcajearse mientras se frotaba el brazo y se alejaba por el pasillo – Me voy, me voy. Antes de que me des una paliza de muerte.
- Si, mejor vete, idiota – escupí con rabia.
- En el fondo soy tu chico favorito – me sacó la lengua burlonamente y luego agitó la mano – Adiós A-chan, puedes llamarme tío Ryoga.
Mi pequeña ahijada le dijo adiós con la mano tímidamente. Cuando el bobo de Ryoga desapareció de nuestro campo de visión, A-chan, aun sin soltar mi ropa me miró con timidez y con una delgadita línea de voz de dijo – ¿Quiénes eran esos madrina?
- El primero, el de la trenza, es Ranma Saotome hijo de Nodoka-sama y futuro marido de Shampoo.
- ¿De la chica chillona? – preguntó sorprendida.
- Así es, pronto se casaran y heredarán esta casa así que tienes que tener mucho cuidado y no molestarles, de ellos dependerá que te quedes en esta casa mucho tiempo – en realidad dudaba mucho que Nodoka-sama dejara a Shampoo expulsar de casa a la pequeña, estaba segura incluso de que Ranma quien se había comportado con amabilidad, no lo toleraría; Pero esa baza era una buena forma de asegurarme que A-chan no se metiera en líos y no husmeara en la habitación de Shampoo nunca.
- Pues que pena. Él es muy guapo y amable y a ella no se le ve buena.
Solté una débil risita – Bueno, así es la vida A-chan, a veces no es justa.
- ¿y el otro? – Preguntó la niña – al que le pegaste.
- Ese es Ryoga, un buen amigo de la familia y marido de Ukyo, la chica morena que nos recibió por la tarde.
- Ah, esa chica – se rasco la barbilla unos segundos como recordando bien el rostro de la nueva señora Hibiki – es muy guapa pero no se… tiene algo raro ¿no madrina?
- No lo sé A-chan, no nos hablamos mucho.
- ¿Y por qué no?
- Porque el vivir en la misma casa no significa que nos llevemos bien y seamos amigos. Pero eso no significa que tengas que ser desagradable con ella ¿entendido? Mis problemas con Ukyo son míos, tú se amable con todo el mundo.
- Sí madrina.
Sin darle más opción a una nueva replica la tomé de la mano y le enseñé el jardín. La pequeña Akane observaba embelesada la majestuosidad del jardín. De vez en cuando daba algún gritito ahogado de sorpresa o se soltaba de mi mano para corretear por los puentes de madera. Como la noche se acercaba las luciérnagas habían comenzado a salir y A-chan se dedicaba a corretear alrededor gritando de alegría consiguiendo incluso atrapar alguna.
Yo me senté en un banquito a observarla, era tan bonita, tan feliz… me dije a mi misma que debía hacer todo lo que estaba en mi mano para mantener esa inocencia y esa felicidad intacta. Ya no solo tenía que proteger a mi señora, ahora también esa pequeña personita dependía de mí, y por Kami que iba a luchar hasta mi último aliento por mantenerla a salvo.
- Cada vez te pones más peso a la espalda.
Pegué un brinco para observar a Mousse quien observaba tras de mi a la pequeña perseguir las luciérnagas y tirarse a rodar por la hierba.
- Me has asustado – dije llevándome una mano al pecho – eres sigiloso como un lobo cazando.
Mousse sonrió ampliamente y de un salto se sentó a mi lado – No ignores lo que te he dicho.
- No lo hago – contesté seria – A-chan no es un carga para mí, como tampoco lo es mi señora así que no sé de qué me hablas.
- Aunque no te des cuenta, están poniendo sobre tu espalda el peso de una casa entera, además ahora suma la vida y la integridad de esa niña ¿no crees que es demasiado?
- No, es un honor.
- Tienes que vivir tu vida Akane – me dijo Mousse – no hacerte cargo de la de los demás.
La conversación me estaba incomodando en cierto punto, no porque no fuera consciente de lo que Mousse me estaba diciendo, lo era y bastante, sino por la seriedad y calma con la que me lo decía, como si fuera una niña pequeña e indefensa a la que intentaba proteger.
- Me gusta mi vida Mousse, es la que he elegido y no pienso cambiarla – dije firme sin apartar la vista de mi ahijada – Sé que te preocupas por mí pero ten claro una cosa, mi señora y esa niña son mi mayor prioridad ahora mismo, daría mi vida por ellas sin pensármelo.
Mousse, quien tampoco apartaba la vista de la niña lanzo un suspiro al aire – Se parece a ti. Aunque de rasgos sea igual que su padre tiene algo que me recuerda a ti.
- Lo sé, su personalidad es como un caballito desbocado.
- Igual que tu – dijo con una sonrisa. De nuevo nos mantuvimos en silencio mirando como mi ahijada jugaba con las luciérnagas creando una imagen hermosa frente a nosotros – Si es lo que deseas, yo te apoyo, pero sigo pensando que debes ser la dueña de tu vida Akane, de la que tú elijas, no de la que te imponen.
- Tranquilo Mousse, se lo que hago y se lo que quiero.
Mi amigo asintió levemente y sin previo aviso tomó mi mano que descansaba en la fría piedra del banco, le dio un ligero apretón y dijo – Entonces cuenta conmigo para lo que sea. Yo estaré siempre a tu lado. Hasta que muera.
Miré asombrada la unión de nuestras manos pero segundos después devolví el apretón y miré el perfil de mi amigo – Gracias Mousse.
Esa noche ni mi ahijada, ni Mousse, ni mi señora, ni yo fuimos a cenar.
Aclaraciones:
Hone-onna: En la mitología japonesa, Hone-onna es un yōkai, un súcubo japonés. Era una antigua geisha de indescriptible belleza e irresistible encanto para los hombres que vendía globos de papel de seda. Su novio la vendió a un burdel para pagar sus deudas hasta que planeó escapar. Fue entonces cuando su mejor amiga, con la que pensaba escapar, la traicionó e hizo que su amante acabase con su vida. Tiraron su cadáver a un lago, convirtiéndose en el yōkai Hone-Onna capaz de proyectar una especie de ilusión a su alrededor que utiliza para asustar con especial crueldad. A pesar de todo, su éxito con los hombres es considerable, incluso en su papel de diablesa sigue conservando cierta coquetería humana y no soporta que le recuerden su edad (200 años) o que la llamen "señora". Su nombre, "Hone-Onna" literalmente significa Mujer esqueleto y su verdadero nombre es Tsuyu, otras leyendas dicen que hone-onna, puede tomar una apariencia humana de gran belleza y atrae a los hombres a la cama donde revela su verdadera apariencia y se alimenta de su alma.
Boken: O Bokken. Es una espada de madera.
Kawa: Río.
Sopa de miso: La sopa de miso es un plato fácil de hacer y un básico en la dieta japonesa. En Japón se come con casi todas las comidas que van acompañadas también de arroz.
Wasabi: Se emplea como condimento japonés. Se extrae del tallo de la planta del mismo nombre, un rábano picante. Tiene un sabor extremadamente amargo y algo picante, y se utiliza principalmente mezclado con la salsa de soja para mojar el sushi. En general, es usado para decorar los platos de pescado o carne.
Naginata: (Que significa literalmente Sable Largo) es un arma de asta usada por los samurái del Japón feudal, compuesta por una hoja curva al final de un asta larga. A pesar de que en ocasiones se la compara con una alabarda o un archa europea, esta comparación dista mucho de la realidad de los fines para los cuales fueron desarrolladas estas armas, pues la naginata es un arma de corte, mientras que una alabarda o un archa se asemejan más a un hacha con una larga asta y una punta al final. Las dimensiones peso y proporciones de estas armas son tan distintas que no pueden ser equiparadas.
Matsuri: Las fiestas o festivales japoneses son las ocasiones festivas tradicionales de Japón. Algunas fiestas tienen sus raíces en las fiestas tradicionales chinas, si bien han sufrido grandes cambios al mezclarse con las costumbres locales, siendo algunos tan diferentes que no se parecen en nada a los originales a pesar de compartir el mismo nombre y fecha. Hay también diversos festivales locales (por ejemplo el Tobata Gion) que son prácticamente desconocidos fuera de la prefectura en que se celebran. Las fiestas se celebran en torno a uno o dos acontecimientos principales, con puestos de comida, entretenimientos y juegos de carnaval que aportan diversión a los asistentes. Algunas se celebran en torno a templos o altares, otros en torno a flores de fuego (hanabi) y otros incluso en torno a competiciones en las que los participantes llevan atuendos deportivos.
