¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
¡PIDO MIL PERDONES POR LA TARDANZA! He estado meses desconectada de internet y redes sociales, ni siquiera tiempo para leer historias tengo. Voy mirando cada día la pagina rapidamente y apuntando las nuevas historias que salen para poder leerlas en cuanto tenga hueco.
Mi vida es un caos últimamente, pero no para mal, me han mejorado las condiciones de trabajo lo que lleva aun aumento de horario y con ello de sueldo que me viene muy bien, la única pega es que no tengo casi tiempo para actualizar. Como la anterior actualización me quedó un poco corta me dije a mi misma: Vamos ha hacer un capítulo intensito y largo, y ahora temo haberme pasado de intensa (mil perdones jeje)
Espero de corazón que la espera mereciera la pena, se que algunos ven que la historia está estancada y puede que tengan razón, este tiempo también me ha ayudado a reflexionar y a modificar algunas cosas en la historia y reforzar otras, creo que este capítulo gustara a muchos y volverá locos a otros. Espero que esta última parte del capítulo os guste y que me dejéis un review para hacerme saber que tal. Espero no tardar de nuevo tanto tiempo en actualizar.
Muchas gracias por todos y cada uno de los mensajes, tanto los privados como los reviews que cada poco me mandabais preguntando por la historia. Siento mucho no poder contestarlos a todos, simplemente MIL GRACIAS DE CORAZÓN POR EL APOYO Y EL CARIÑO. No sabéis lo feliz que me pone ver lo mucho que os gusta mi historia.
Prometo volver pronto pero no se cuando, lo que podéis tener por seguro es que Protectora no va a ser abandonada nunca y que cada huequito que tengo, aunque sean cinco minutos al día lo uso para escribir. MIL PERDONES también si se me cuela alguna falta de ortografía pero tras releer y releer siento que se me caen los ojos por lo que si veis algo que no esté bien me lo comentáis por favor con un mesajito y lo solucionaré cuanto antes.
Una vez mas mil disculpas por la tardanza.
Sin mas a leer.
Capítulo treinta y uno. Parte 2
Pasaron los días y A-chan poco a poco fue acostumbrándose al cambio que había supuesto en su vida vivir con los Saotome. Cada mañana entrenaba un poquito conmigo, pero no mucho quizás veinte minutos justo antes de desayunar, ya que luego debía empezar las clases con Nodoka-sama.
Mi pobre señora no tenía suficientes horas en el día para llevar a cabo su trabajo. Bien temprano se ocupaba de mi entrenamiento cada vez más duro y exhaustivo, luego desayuno y preparación de las clases de A-chan que le ocupaban el resto de la mañana e incluso parte de la tarde, luego debía como buena ama de casa darse a sus compromisos sociales, charlas, reuniones de mujeres o simplemente dejarse ver por Edo, esto no ocurría todos los días por fortuna, casi al caer la noche de nuevo entrenamiento conmigo, cenar, dormir y vuelta a empezar.
A pesar de que mi señora solo me entrenaba dos veces al día me había exigido que yo debía entrenar aunque fuera sola en el bosque, mejorando mi velocidad y precisión – incluso entrenar a A-chan puede ser un buen entrenamiento – me dijo una mañana.
Cada día que entrenaba a la pequeña Akane notaba los ojos de alguien observarme intensamente, desde las sombras, y aunque el muy idiota pensaba que no me daba cuenta, sabía perfectamente que Ranma nos espiaba todos los días.
Además el pasar de los días hicieron crecer los nervios de mi señora, poco a poco notaba como su impaciencia iba en aumento, aunque siempre intentaba que no me diera cuenta. Todas las mañanas corría a la puerta cuando el pobre cartero llegaba, arrancándole de cuajo las misivas de las manos y poniendo cara de decepción cuando no encontraba lo que le interesaba.
Yo no era tonta, sabía que mi señora buscaba la respuesta del consejo, pero no me comentaba nada para no ponerme nerviosa a mí. Yo también estaba cada día más histérica al ver que la carta no llegaba ¿tal vez se habían arrepentido? A lo mejor habían cambiado de opinión, tal vez pensaron bien que una mujer no debería ser Protectora…
Cada mañana en la que la carta no llegaba mis esperanzas iban decayendo poco a poco, pero eso no significaba que dejara de entrenar, de eso nada. Mi deber era cuidar a mi señora y mi ahijada, con título de Protectora o sin él, poco me importaba que un grupo de viejos me vieran válida o no, lo importante para mí era que Nodoka-sama y la pequeña A-chan estuvieran a salvo.
Con el pasar de otra semana ya apenas creía tener contestación, pero una mañana todo cambió. Mientras desayunábamos el señor panda comentó a Nodoka-sama que algo se estaba cuajando y que no era nada bueno.
- Hay mucha inconformidad en las calles, todo alimentado por el mal estar que hay desde hace tiempo.
- ¿Siguen las peleas? – Preguntó mi señora – Pensé que la cosa se había calmado.
Genma soltó una risa maliciosa – La calma antes de la tormenta, si seguimos así en menos de lo que pensamos este país estallará en una guerra civil.
- ¿Tan mal está la cosa? – la voz de Nodoka-sama se escuchaba dudosa.
- Peor de lo que pensamos madre – dijo Ranma quien últimamente estaba desaparecido de la casa. Como si no quisiera pasar tiempo en esas cuatro paredes – cada día hay pequeños asesinatos entre unos y otros.
- Los seguidores del shogun… son unos locos fanáticos – dijo Genma – no se dan cuenta que el mundo cambia, que hay que avanzar y abrirse al mundo. No podemos pudrirnos en esta isla.
- Bueno, los extranjeros que vienen son bienvenidos pero lo que no pueden pretender es inculcarnos sus costumbres y ropas – hablo mi señora.
El hombre panda torció la boca – Nodoka, asúmelo el shogunato está muerto, el emperador está siendo muy benévolo con ellos, pero tarde o temprano la situación será tan tensa que no quedará otra salida más que la guerra.
Ukyo dejó caer los palillos, estaba pálida y su labio temblaba levemente – ¿y tendréis que uniros? – Miró a su esposo quien asintió levemente – ¡No puede ser! Debe existir otro camino.
- No lo hay – habló Mousse por primera vez – se ha intentado hablar pero nadie atiende a razones, y el ser humano es muy básico, lo que no sabemos arreglar con la lengua lo arreglamos con sangre… una pena.
Pensé unos segundos las palabras que había dicho Mousse, era cierto padre también me decía eso cuando era pequeña, que el hombre nace para luchar y matarse el uno al otro. Miré a la pequeña A-chan quien tomaba su sopa de miso sin prestar atención a lo que se comentaba en la mesa. Era tan pequeña y tan inocente que no tenía ni idea de lo que iba a pasar y de las horribles consecuencias que traería, en cambio, haciendo un rápido barrido por la mesa, en la cara de los adultos pude encontrar leves gestos de ira, rabia e incluso miedo. Hasta en la cara de Ranma encontré un pequeño rastro de debilidad y un ligero temblor en el labio.
Era un hecho, si había una guerra tanto el cómo Mousse y Ryoga irían al frente, puede que incluso el hombre panda, Sasuke, Tomoe y Daisuke… ellos que no tenían ni idea del arte pero que su condición de hombre les otorgaba la penitencia de pelear hasta la muerte porque dos hombres a los que ni siquiera conocían mantuvieran el poder de un país.
Era inaudito.
Poco a poco mi hambre disminuyó y lancé una mirada a mi señora quien removía la comida con sus palillos. Nos mantuvimos en silencio pensando en nuestros propios miedos e inquietudes. Posiblemente Ukyo, quien temblaba y se aferraba al antebrazo de Ryoga impidiéndole comer pensaba que en cualquier momento llamarían a su marido para luchar y que podría morir. Ranma, Mousse y el propio Ryoga estarían bastante preocupados ya que podían perder la vida a tan temprana edad y aunque sabía que todos ellos, acatarían órdenes con gusto y honor, también sabía que temían a la muerte, como los niños que aún eran.
¿En el señor panda que veía? Egoísmo, puro egoísmo, temor de ser enviado al frente, temor de morir pero sobretodo temor de que en la futura guerra todos sus negocios se vieran truncados. Ya se sabe lo que se dice en la guerra todo el mundo pierde, el pobre se hace rico y el rico cae en la miseria.
Mi señora y Shampoo miraban a Ranma con pavor en sus ojos, ambas pensando que podrían perderle pronto, y yo… yo simplemente no paraba de darle vueltas a la cabeza acerca de qué hacer si había una guerra ¿quedarme en casa? ¿Ir al frente a proteger? Temía sobretodo no ser capaz de proteger a Nodoka-sama y a A-chan ¿y Momoha? ¿Y Uzumi? ¿Y la señora Ashikawa? Ellas se quedarían solas en aquel pueblo pues seguramente Taro también sería reclutado, ¿Cómo iba a protegerlas a ellas estando lejos? ¿Traerlas hasta aquí? ¿Y sasuke? ¿Cómo iba a sobrevivir mi amigo una guerra? ¿Cómo iba a proteger también a Sasuke si me quedaba en casa cuidando a todas las mujeres?
Sentí un nudo en el estómago al darme cuenta de que si me quedaba aquí dejaría desprotegido a gente que quiero pero si me iba a trincheras también dejaría solas a las personas que jure cuidar hasta mi muerte. Empecé a sentir nauseas…
- Esto ser horrible – dijo Shampoo rompiendo el silencio – ¿Pero ser inevitable verdad? – Genma asintió levemente mientras bebía un poco de té.
- ¿Cuánto tiempo queda más o menos? – pregunté
- ¿Para que todo esto explote? No se sabe, puede ser mañana, puede ser dentro de diez años… no lo sabemos – explicó Mousse.
- Pero de que habrá guerra de eso no hay duda – dijo Genma Saotome.
Me removí incomoda en mi asiento y mis ojos viajaron de nuevo a la cara de Ranma quien para mi sorpresa también me observaba a mí. En sus ojos pude ver miedo pero un miedo diferente, no un miedo egoísta y superficial por conservar tu propia cabeza en los hombros, miedo de verdad, miedo de perder algo que valoras… parecía que temiera perderme a mí… Por un momento fue como volver a aquellos años en los que éramos solo él y yo contra el mundo.
Suspiré y baje mi vista, mi cuerpo reaccionó solo y se ocultó de aquellos ojos azules que podían exprimirte el alma, igual que los de su madre. Shampoo debió notar eso porque acto seguido y para sorpresa de todos carraspeó y con el ceño fruncido dijo:
- Pues Shampoo no piensa quedarse esperando para luego perder todo y no tener nada.
Nodoka-sama la miró alzando una ceja – ¿A qué te refieres?
- Pues que Shampoo acaba de tomar decisión – la china cuadro su espalda y puso un rostro firme y serio, sus felinos ojos me miraron fijamente y con una mueca ladeada dijo - Shampoo harta de esperar, ya esperar mucho tiempo y no permitir que guerra dejarme viuda antes de casarme.
Genma escondió una sonrisa tras el vaso de té – ¿Y qué planeas querida nuera?
- Muy simple suegro – una vez más mi estómago se revolvió ante la acida voz de la china quien ni en un segundo aparto su mirada de mi – Shampoo decidir adelantar boda, en tres semanas yo ser futura señora Saotome.
- ¿Y quién eres tú para decidir eso? – Dijo ofendida mi señora quien fulminaba a shampoo con la mirada – eso también es decisión de Ranma.
- Prometido aceptar encantado ¿verdad que si? – habló con una melosa y chillona voz la china. Ranma apretó los dientes observando a su flamante prometida con ojos oscuros. Me quedé inmóvil esperando la respuesta de Ranma. Dentro de mí una parte muy pequeña gritaba y suplicaba porque el joven señor dijera un rotundo no, pero yo sabía que eso no sería posible ya que Ranma era un hombre de honor y palabra y el muy imbécil ya se había comprometido con ella.
- Si así lo quieres – dijo Ranma en un murmullo – pero tú te harás cargo de todo.
Shampoo dio un gritito de alegría mientras saltaba en su sitio – No preocuparse querido, yo encargarme de todo tener muchas amigas en la casa de té, en tres semanas todo listo y ser marido y mujer.
Genma alzó su taza de té – Pues felicidades, pronto tendremos boda.
Ryoga y Ukyo imitaron el gesto pero el resto de la mesa nos quedamos quietos como las estatuas de piedra del jardín. Mi poca hambre se había evaporado del todo hasta el hecho de tener gana de vomitar. Esta situación me superó pero mi parte racional y gélida se mantuvieron firmes e impasibles haciendo ver a todos que el pronto enlace de la pareja me era totalmente indiferente.
Mousse por el contrario se levantó de la mesa sin decir palabra y desapareció del salón. No se le vio el resto del día. Nodoka-sama al igual que Mousse se levantó de la mesa observando con ojos gélidos a su hijo quien alejó su mirada de la de su madre.
- Akane, vamos.
- ¿Cuál de las dos? – pregunté por inercia ya que tanto yo como mi ahijada la habíamos mirado.
- La pequeña, la Akane adulta ya sabe que hacer – no necesité más explicación. A-chan soltó su cuenco y corrió veloz tras mi señora quien cerró la puerta con un golpe seco. Me levanté despacio de la mesa, con calma, no queriendo que ninguno de los presentes notara mi malestar por la buena nueva.
Abrí la puerta lentamente y me giré para cerrarla de nuevo no sin antes lanzar una indiferente mirada a Shampoo quien me observaba con una torcida sonrisa en los labios. La muy tonta pensaba que había ganado.
Avancé hasta el dojo con paso firme, me crucé a Tomoe por el pasillo pero no me soltó alguno de sus comentarios jocosos como siempre hacía, sino que se apartó como si fuera un oni mal humorado y me dejó pasar.
Cuando llegué al dojo tomé una diana y la coloqué en la otra punta del dojo, tomé mi Yumi y lo preparé, tomé unas cuantas flechas y me puse en posición. Coloqué una flecha en mi arco y lo levanté lentamente estirando todo lo que mi brazo daba la cuerda. Enfoqué el punto rojo central de la diana y solté.
La flecha voló silbando en el aire y dio de lleno en el centro. No pude ni sentir satisfacción, estaba mal humorada, dolida, harta… harta de seguir siendo débil. Tomé rápidamente otra flecha y veloz la coloqué en el arco, volví a estirar la cuerda y una vez más solté. Tras otro silbido la flecha volvió a dar en la diana.
Luego vino otra flecha, y otra y otra más, llegué a acumular en el centro de la diana unas cincuenta flechas, dejando más que claro mi puntería pero mostrando también lo frustrada que me encontraba pues no iba si quiera a la diana a recuperarlas, simplemente buscaba más y más y más flechas para lanzar y así liberar frustración.
Cuando eché la mano para buscar otra flecha y solo encontré aire di un suspiro. Solté el arco y busqué con la mirada pero no encontré más flechas disponibles todas estaban en la diana, amontonadas, algunas incluso torcidas o rotas por el impacto de la posterior lanzada.
Me acerqué a paso lento para retirarlas y guardarlas cuando la voz de mi señora resonó a mi espalda.
- Esas flechas no son baratas – dijo cuándo me vio sacar una astillada.
- Lo siento mucho mi señora – hablé solemne – no sé qué me ha pasado.
Nodoka-sama se acercó lentamente y retiró otra, esta prácticamente partida – Yo si – dijo jugando con ella, balanceándola entre los dedos – estas rabiosa porque Ranma va a casarse con Shampoo.
- No piense lo que no es – me apresuré a aclarar – me molesta el hecho de que ella piense que la ha vencido, que su hijo o no se case, discúlpeme me da bastante igual.
Nodoka-sama me miró seria – Lo que digas.
De repente sentí un escalofrío, los ojos de mi señora eran como puñales abriéndote en canal. Rápidamente retiré el resto de las flechas y las guarde. Acto seguido tomé el Yumi y lo coloqué en su sitio. En todo momento noté la mirada de mi señora en mi nuca pero hice como que no me incomodaba, que me daba igual que me mirara. Aunque la realidad era muy diferente.
- Estoy preocupada, Akane – habló de repente Nodoka-sama dejándome helada. Me giré para mirarla y pude ver en su rostro la sombra del ¿miedo? Nunca había visto un gesto así en el rostro de mi señora, no era miedo por tu vida o por la vida de otro, no era un sentimiento fácil de describir ya que tampoco era de completa preocupación… era como mi señora estuviera perdida, muy perdida.
- ¿A qué se debe esa preocupación mi señora?
- Por ti – me dijo, note que su voz se quebraba – la carta aun no llega y esa arpía ha adelantado la boda, si esa carta no llega antes de que se casen tu estancia aquí corre grave peligro.
- No se preocupe señora – intenté tranquilizarla, intenté que sus miedos y preocupaciones se fueran pero no podía evitar que mi voz sonara temblorosa pues yo también estaba bastante intranquila – Pase lo que pase no la dejaré sola, así tenga que pelear con todos los integrantes de esta casa y morir en el intento.
Nodoka-sama frunció el ceño – no digas eso ni de broma, aquí lo menos importante soy yo y mi integridad física, lo que importa ahora eres tú.
- Para mí usted y su integridad siempre estarán por encima de todo, mi señora.
Los ojos de Nodoka-sama se cristalizaron un segundo, pero como siempre su cara cambio a un tempano de hielo. Asintió levemente y con su cabeza me señalo la naginata colgada en la pared – Voy a seguir con las clases de A-chan, la he dejado leyendo unos manuscritos, tú entrena con la naginata, más tarde te veré.
- Sí mi señora – tras darle una profunda reverencia, mi señora se retiró de la sala dejándome sola. Pasé parte de la tarde entrenando y no voy a negar que cuanto más tiempo pasaba más crecía mi desesperanza.
No quería admitirlo pero una parte de mi temblaba ante la idea de que el consejo a última hora hubiera decidido rechazarme. Temía que cuando Shampoo y Ranma se casaran la china tuviera la potestad de expulsarme de mi casa, porque si, el hogar de los Saotome se había convertido en mi casa, el sitio donde crecí y donde fui muy feliz. Si la carta no llegaba y el joven señor se casaba con Shampoo sería mi fin. Me daba miedo dejar el lugar, me daba miedo alejarme de las personas que más quería, alejarme de mis amigos, de no tener donde ir… pero más temía alejarme de mi señora y de mi ahijada, no podría protegerlas…
Comencé a notar que mis latidos se aceleraban, no solo por los movimientos que estaba realizando con mi poderosa arma, sino por el miedo que sentí al verme alejada de ellas. Frené en seco y me tambalee lentamente. Solté mi arma y me puse en cuclillas agarrándome la cabeza, de repente la sien me dolía horrores.
Alcé los ojos y miré por la ventana ya era prácticamente medio día y tocaría comer. Limpie el sudor de mi frente con la manga de mi traje y coloqué de nuevo la naginata en su sitio. Giré mis pasos y cerré el dojo bien, lo que menos quería era que cuando Genma diera las clases de la tarde montara en cólera por encontrar el dojo abierto o desordenado. Seguro que me tocaría aguantar sus gritos por la pérdida de algunas flechas…
Cuando salí estaba dispuesta a darme un baño, caminé por el caminito de tierra y piedra moviendo mis brazos y hombros de forma circular. Notaba gran parte de mi cuerpo entumecido, bien por el entrenamiento o la tensión.
Iba a entrar por la puerta de la casa cuando escuche como un hombre me llamaba – Señorita, disculpe señorita – me giré para verle, era un hombre joven con pelo negro, se le veía cansado y llevaba un trozo de papel en la mano – traigo una carta urgente para Nodoka Saotome ¿estará en casa?
Me acerqué rápidamente al muchacho y observe el papel que me extendió, era amarillento y tenía un sello, un sello que no conocía pero que a la vez era terriblemente familiar, un sello con un enorme dragón enroscado.
Mi corazón saltó en mi pecho – Un segundo, voy a buscarla – salí corriendo dejando al muchacho esperando en la puerta. Entre como un tornado y subí de dos en dos las escaleras que llevaban a la planta de arriba. Cuando llegué a la puerta de mi señora la abrí de par en par – ¡Mi señora!
Nodoka-sama y A-chan dieron un salto en el suelo debido al susto que les di – Por Kami Akane – me riñó mi señora llevándose la mano en el pecho – ¿A qué se debe esas carreras? Parecía que un elefante se acercaba por el pasillo.
- ¡La carta! – le dije sin dejarla terminar de reñirme – el chico, abajo...
-¡Por Kami vocaliza! – me gritó mi señora.
- ¡Hay un chico abajo con una carta! – Solté alzando la voz más de lo que debería – Tiene el sello del consejo.
Nodoka-sama abrió los ojos de par en par y se levantó veloz como un rayo – ¿¡Y por qué no lo dices antes!? – corrió por el pasillo empujándome levemente. Ni siquiera proteste la seguí casi pisándole los talones. Bajamos prácticamente corriendo los escalones y en menos de lo que canta un gallo estábamos frente al pobre muchacho quien nos miraba asustado.
- Carta para la señora Nodoka Saotome – dijo con voz temblorosa mostrándole el papel.
- Soy yo – y como si su mano fuera una garra de ave de presa agarro el papel y lo rasgo para abrir el sello y leer su contenido. Nodoka-sama paseo sus ojos por las líneas mientras murmuraba lo escrito, yo solo podía dar leves saltitos de impaciencia.
Cuando termino de leer arrugó el papel entre sus manos y cerró los ojos. Un irracional miedo me envolvió el alma y mi estómago dio un salto ¿serian malas noticias? Puse una mano encima del hombro de mi señora quien me miró a los ojos muy seria. Me temí lo peor y me preparé mentalmente para el estrepitoso rechazo más, cuando mi señora comenzó a reír y poco a poco esa tímida risa se convirtió en carcajada comencé a tener esperanzas de nuevo.
- Ya está, ya está – dijo mostrándome la carta – ¡En dos semanas será tu examen!
- ¿Dos semanas? – Nodoka-sama asintió mientras seguía riendo – ¡Dos semanas! ¡Dos semanas!
Chille de emoción y comencé a saltar en el sitio, Nodoka-sama incluso me imitó. El pobre cartero nos miraba como si estuviéramos mal de la cabeza, y era entendible. En apenas unos minutos pasamos del miedo, la tristeza y el nerviosismo, a la dicha más plena. Mientras seguíamos saltando el pobre muchacho se fue alejando de nosotras despacio y nos dejó solas en nuestra alegría.
- Por fin, por fin – dijo Nodoka-sama cuando nos relajamos un poco – ciertamente temí que este momento no llegaría.
- Yo también – afirmé – pero ya está, ya lo tenemos.
- Aun no – dijo mi señora firme – ahora sí que debes entrenar como si no hubiera un mañana, día y noche, saltarte comidas y noches de dormir si es necesario, no podemos fallar Akane, estamos a un paso de lograrlo.
Escuché atenta y algo preocupada las palabras de mi señora, siempre me había dejado claro que llegar a ser Protectora no sería fácil, que muchos hombres, algunos grandes maestros y guerreros habían fallado estrepitosamente y eso les había llevado a la desesperación y la locura. No podía confiarme, debía trabajar y entrenar hasta que mi cuerpo dijera basta.
- No le fallaré, señora – dije firme.
- No me cabe la menor duda.
Ese día empezó mal, horriblemente mal pero gracias a los dioses, se arregló y de la mejor manera posible, iba a tener mi examen, iba a convertirme en protectora de mi señora y ya nada me separaría de ella, ni Shampoo, ni el hombre panda, solo la misma muerte.
La noticia cayó como un balde de agua fría al señor de la casa y su flamante nuera pero lo disimularon muy bien. Mientras Ryoga y parte de los criados me felicitaban, las únicas palabras que recibí del hombre pansa fueron – Aun no has aprobado el examen. Y no creo que lo logres.
Shampoo por el contrario me deseo buena suerte seguido de un elocuente – la necesitarás, inútil.
Esas palabras de desprecio me valieron más que cualquier otra motivación para entrenar duramente esas dos semanas que tenía antes de examinarme. Ranma no me dijo nada, ni algo bueno ni algo malo, solo me miró con unos ojos vacíos y oscuros. Pero poco me importaba lo que él quisiera o pensara, lo único que me motivó esas dos semanas restantes hasta mi examen era convertirme en Protectora de mi señora, pero sobretodo darle una lección al hombre panda y a Shampoo, iba a enseñarles quien era yo, que era una mujer fuerte y que nunca más volverían a verme débil o humillarme, porque si me convertía en Protectora de mi señora sería una herencia familiar de la que no podrían deshacerse, y sería una poética forma de dejarle claro a Shampoo y a Genma Saotome que jamás se iban a deshacer de mí, que iba a estar siempre tras ellos, siendo su sombra, protegiendo a mi señora y recordándoles con mi presencia de que nadie puede con Akane Tendo.
Iba a enseñarles a esos dos que yo era una gran guerrera y que ellos no habían ganado.
Esos siguientes días el dojo Saotome fue una completa locura. Shampoo no paraba de salir y entrar de la casa con decoraciones, comida para probar y miles de objetos que yo no entendía para que servían pero que harían de la boda de los futuros señores una explosión hortera de flores y color.
Genma había empezado de nuevo a dar clases en el dojo y gracias a las buenas recomendaciones del emperador a sus allegados, hombres de buenas familias llegaron en manada, nunca ese viejo dojo había tenido tanta afluencia, y aunque Genma creía que era por sus propios méritos todos sabíamos que en realidad el emperador con quien estaba encantado era con Ranma, Ryoga y Mousse y no con aquel vago gordinflón.
Como aquella casa estaba tan concurrida tanto por la boda como por los estudiantes no me quedó otra que salir a entrenar duramente al bosque para mi examen. Entrené hasta que prácticamente me quede sin fuerzas y mis manos y pies quedaron en carne viva. No iba a fallar, no iba a suspender, me convertiría en Protectora y estaría siempre velando por mi señora A-chan, y nadie iba a impedirlo.
Cuando la mañana del examen llegó mi señora me despertó con cuidado – Akane, es hora.
Me levanté sin decir nada asegurándome que mi ahijada no se había despertado. Me puse un hakama negro, la parte de arriba del kimono era del mismo color y me preparé mentalmente para lo que iba a pasar. Debido a la poca luz que había en la habitación pude darme cuenta de que ni siquiera había amanecido, además mi piel se puso de gallina debido al frío que hacía.
Salí al pasillo no sin antes mirar una vez más a la pequeña Akane y me acerqué a mi señora que me esperaba muy seria a las puertas del hogar. Cuando me miró pude ver en ella un sentimiento de confianza y decisión, el reflejo de lo que yo misma llevaba escrito en mi mirada – ¿Lista? – me preguntó antes de salir de casa.
- Lista – conteste levemente. Mi señora abrió la puerta de casa y una corriente de aire frio me caló hasta los huesos. Un hombre esperaba a mi señora a las puertas del dojo, era el conductor del carro que al verla salir hizo una enorme reverencia y la acompañó hasta el transporte.
Lloviznaba un poco, no era lluvia que te cala los huesos, era como un manto de agua, muy pequeño, tan minúsculo que era apenas imperceptible en la ropa. No era lluvia era más bien como si la niebla y el frío se hubieran transformado en una pequeña capa de agua que caía sobre nosotras. Definitivamente era muy temprano.
Llegue a la caballeriza y tomé a Kaze quien me esperaba despierta. Acaricie el lomo del animal quien dio un pequeño relincho – Ya es la hora – murmure.
Me monté en mi animal y salí de la caballeriza a paso lento, no quería agitar a Kaze y que hiciera ruido, era demasiado pronto para molestar a los habitantes del dojo. Cruce el camino y me coloqué a la par de mi señora, fuera de la propiedad, una vez más nos miramos y con una leve señal le dio orden al mozo para que emprendiéramos el viaje.
El camino pasó lento, no íbamos muy deprisa ya que mi señora había decidido madrugar para llegar con tiempo y no ir agitados. Pasamos al lado de Edo y me sorprendió como una ciudad tan enorme podía estar tan silenciosa y tranquila, era como si el tiempo se hubiera pasado en la gran Edo y solo corría para nosotras.
Lo mismo pasó en el camino hacia el templo, el bosque estaba silencioso, tranquilo y oscuro. No era seguro pasar por allí a esas horas, incluso el pobre mozo que llevaba el carro se veía tembloroso y asustado. Rodé los ojos con aburrimiento – Hombres…
- ¿Necesitas descansar? – preguntó mi señora mirando a mi yegua quien respiraba agitada.
- Creo que si – dijo acariciando a Kaze – llevamos ya un buen rato andando y aunque el paso es lento ya está cansada.
Nodoka-sama asintió y se giró para mirar al hombre – En un par de metros hay un lago, pararemos ahí.
- ¿Parar? – preguntó atemorizado el hombre mirando al cielo – pero aún queda un par de horas para que amanezca, es peligroso podría salir un jabalí, un lobo… ¡O un espíritu malvado del bosque!
Nodoka-sama y yo miramos al joven sin poder creérnoslo y luego nos lanzamos una rápida mirada – Hombres… - volvimos a murmurar esta vez al mismo tiempo. Era increíble como aquellos seres, grandes, fuertes y supuestamente superiores a una mujer (o eso era lo que se decía y pensaba en aquella época) temblaban como niños cuando algo no les daba confianza.
- Kaze necesita descansar – dije adelantándome – serán solo unos minutos.
El hombre no dijo nada, tragó fuerte la saliva acumulada en su boca y me siguió hasta el lago donde desmonte a Kaze y la dejé descansar. Sonreí al ver como mi precioso animal avanzaba feliz hasta el agua donde bebió con gana.
- Parece que alguien necesitaba urgentemente descansar – habló Nodoka-sama quien se había colocado a mi lado.
- Es un bello animal – contesté sentándome en el césped que estaba algo húmedo – y muy noble.
- Animales y dueños comparte dones – dijo mi señora amablemente haciéndome sonreír. Nos mantuvimos en silencio unos minutos, respirando la paz del lugar. Poco a poco el cielo comenzaba a clarear, estaba amaneciendo.
- ¿Estas nerviosa? – preguntó de repente Nodoka-sama.
Medité unos segundos mi respuesta – No, la verdad es que no. He entrenado duramente y es lo que más deseo conseguir.
- No quiero que te confíes.
- No estoy confiada – conteste firme – pero sé que puedo lograrlo, me he esforzado mucho.
- Eso es cierto – dijo Nodoka-sama para luego girarse levemente hacia el mozo quien agarraba fuertemente la fusta y miraba a todos los lados con miedo. Nodoka-sama resoplo – creo que deberíamos seguir o a este hombre le va a dar un ataque.
Solté una risita y asentí. Llame a Kaze con un silbido y como el más fiel perrito domado se acercó a mí. Me encantaba ese animal era tan fuerte, tan noble… algún día quisiera tener el espíritu de Kaze. Tal vez cuando muera.
De nuevo y para alegría del mozo nos pusimos en marcha, cada vez había más claridad en el ambiente signo inequívoco de que ya estaba amaneciendo. Reconocía el terreno, ya quedaba poco para llegar al templo, quedaba poco para convertirme en Protectora de mi señora… no podía fallar.
Por fin divisamos el caminito que llevaba al templo y para mi sorpresa empecé a ponerme nerviosa. La paz y tranquilidad que tenía horas antes desapareció de mi cuerpo dando paso a un torbellino de intranquilidad que removió mis tripas. Cada paso que avanzábamos más nerviosa me ponía y cuando a lo lejos divisamos la enorme casona mi estómago dio un salto.
- Akane – habló de repente mi señora – tranquila.
La miré sorprendida, era increíble la capacidad que tenía esa mujer para leerme, esos ojos eran como dagas que te atravesaban y sacaban todo lo que llevabas dentro. Asentí levemente y di un par de largas respiraciones – Recuérdalo siempre Akane – dijo mi señora solemne – se un tempano de hielo. Siempre.
- Siempre – repetí y entonces canalice todos mis nervios y los transforme en decisión. Estaba decidida en lograrlo, no pensaba fallar por algo tan banal como eran los nervios. Solté el aire de mis pulmones y avance firme hasta la puerta de la casa. Un vez más la imponente estatua del dragón dorado apareció frente a mi llenándome de decisión y valentía.
- ¿Quiénes sois? – preguntó un hombre armado a la puerta. Estaba viviendo un deja vu, la misma situación vivida hace tiempo se repetía pero en este caso no saldría de allí con una promesa, saldría de allí siendo la Protectora de mi señora, como que me llamaba Akane Tendo.
- Soy Nodoka Saotome y ella es Akane Tendo, el consejo nos espera.
El hombre asintió y se apartó dejándonos pasar. Al instante otros dos hombres nos ayudaron a guardar a los animales y llevaron al mozo a un sitio donde estuviera resguardado y pudiera comer algo.
Nos escoltaron hasta el interior de la enorme casa y observe disimuladamente todo a mí alrededor, apenas había cambiado nada. El templo seguía siendo grande, luminoso y pacífico. El dorado y la madera daban un toque suntuoso y la sala del consejo estaba igual que la última vez. Un hombre nos abrió la puerta y vimos la enorme sala vacía.
- Mi querida niña – Takamura-sensei estaba a mi espalda. Me giré para observarle, se veía un poco más viejo que la última vez pero con la misma malicia y vitalidad en sus ojos – que alegría verte.
- Takamura-sensei – caí al suelo haciendo una perfecta inclinación, mostrando mi total y absoluto respeto.
- Levántate niña, pronto serás de la familia y tales muestras de respeto deberán dársete a ti – me levante veloz del suelo y el hombrecillo saludo – Nodoka, querida.
- Sensei – dijo Nodoka-sama – supongo que yo si debo saludar como merece – el hombre asintió con una pequeña sonrisa y mi señora se inclinó prácticamente tocando con su frente en el suelo.
La puerta volvió a abrirse y un grupo de hombres apareció por la puerta, los reconocí a todos pero faltaba alguien el hombre de la nariz torcida. Le busqué una y otra vez con la mirada pero no lo encontré.
- Hojo-sensei nos ha dejado querida – dijo Takemura-sensei. Le miré con sorpresa – ¿es a él a quien buscabas no?
- No sé su nombre – contesté – solo que tenía la nariz torcida.
- Eres muy observadora – hablo el anciano – eso es bueno.
- ¿Ha fallecido? – preguntó Nodoka-sama.
El anciano asintió levemente – hace algo más de seis meses, unas horribles fiebres.
- Lamento su perdida – dije con seriedad.
- Era un gran guerrero – hablo Takemura-sensei – como lo era tu padre y como lo serás tú.
Ante la mención de mi padre mi rostro se desfiguró, no recordaba que Takemura-sensei conocía a mi padre al menos de oídas. El anciano sonrió levemente pero mi cara se transformó rápidamente en un gesto estoico, puse un muro de frialdad e indiferencia como mi señora me había enseñado.
- ¿Sabes niña? Mostrar los sentimientos no es malo, siempre y cuando no los muestres en batalla o al enemigo.
- Takemura-sensei – hablo el hombre con cara de bonachón, el que tenía una cicatriz en la mejilla – la joven Tendo debe hacer su examen, ya casi es la hora.
-¡Ah cierto! – El anciano echó a andar – seguidme todos.
Sin mediar palabra seguimos a Takemura-sensei quien nos hizo pasar por un largo y dorado pasillo lleno de Kanjis colgados y alguna que otra imagen de dragones y antiguas leyendas. Camine firme por aquel templo, siguiendo de cerca los pasos de aquel hombre quien nos dirigió a una enorme sala llena de armas.
- Bienvenida a nuestro dojo.
Me quede maravillada por lo que veía, era de madera, luminoso y enorme. En las paredes colgaban miles de armas relucientes, además de equipamientos y uniformes samuráis. En el fondo en la pared una enorme imagen de un dragón dorado igual que el que vigilaba la puerta del templo.
- Puedes elegir el arma que quieras durante el examen, no hay límite de cambios – explico uno de los hombres que acompañaban al anciano – la única regla es luchar hasta que apruebes o tu cuerpo caiga.
Asentí levemente a la explicación de aquel hombre y tome una hermosa katana que colgaba de la pared, me quede embelesada viendo su belleza y el brillo de la filosa hoja, estaba segura de que podía cercenar algún brazo solo rozándolo. Veía el reflejo de mis ojos en él y me entre en una especie de trance, pero de repente un estrangulamiento en mi estómago llamo mi atención, me gire para observar como uno de los hombres del consejo alzaba un puñal a espaldas de mi señora.
Abrí los ojos y tan rápido como pude lance un pequeño Kaiken en dirección a la mano del hombre, chocando con el arma que sujetaba y desestabilizándolo unos segundos, segundos que aproveche para acercarme corriendo a proteger a mi señora que estaba en shock.
- ¿¡Qué demonios hace!? – grité fúrica apuntando al hombre con la Katana.
Antes de poder reclamar otro hombre grito a mi derecha dispuesto a atacar a mi señora con otro puñal, pero con destreza alce mi espada para frenar el ataque. El hombre tenía una fuerza brutal y mis brazos temblaron un momento pero no podía dejar que dañaran a Nodoka-sama, con un grito de guerra hice un movimiento circular tirando el kaiken del hombre y luego le di una patada en el estómago doblándole.
- ¿Están locos? – pregunté cubriendo a mi señora y mirando a todos los lados buscando un nuevo atacante.
- Esto es el examen niña, un Protector protege – habló el anciano sujetando un arco y preparando una flecha – debes demostrar que puedes proteger a tu señora.
Palidecí al ver a Takemura-sensei lanzar la flecha en dirección a mi señora. Con un movimiento de la katana corte una flecha mientras que con mi cuerpo tapaba a mi señora y con el codo goleaba a otro hombre que se acercaba a nosotras por detrás de mí.
- ¡Están locos! – grite partiendo otra flecha.
- Esto es a lo que te deben enfrentar si alguien ataca a tu señora – dijo Takemura-sensei preparando otra flecha.
Crují los dientes con rabia y sin pensarlo tome a mi señora del brazo y la arrastre a la izquierda esquivando la flecha que se incrustó en la pared mientras peleaba con el hombre de cara afable quien golpeaba mi katana con la suya una y otra vez, produciendo ruidos metálicos y sin darme tregua.
No podía seguir usando la espada, no me daba suficiente margen para defender a mi señora, a mí misma y esquivar flechas. Debía buscar algo más largo… Mientras peleaba con los hombres dando espadazos y algún que otro golpe, un brillo en la pared llamo mi atención.
- La naginata – murmure.
Agarre con fuerza el mango de la katana y pegue un grito de guerra atacando sin piedad al hombre bonachón que comenzó a retroceder. Cuando conseguí desarmarle le di una patada que le mando a volar, y al girarme frene en seco el ataque de otro de los hombres del consejo quien me ataco por la espalda. Una vez más di varios golpes certeros con mi katana y luego mande a volar al hombre que se estrelló en la pared, teniendo siempre un ojo en mi señora que era apuntada con la punta de una flecha.
Dando la carrera más rápida de mi vida y tirando a mi señora al suelo de un barrido justo cuando otra flecha amenazaba su cuerpo. Agarre la larga naginata de la pared y le di varias vueltas cortando otras dos flechas que iban en mi dirección.
Me acerque a mi señora y la puse tras de mí, mientras otros dos hombres me atacaban sin piedad, moví la Naginata con destreza hacia los pies de los hombres que tuvieron que saltar si no querían que sus tobillos fueran cortados por la filosa hoja. Momento que aproveche para girar entre mis manos el arma y golpear a los hombres con el mango sacándoles el aire y tirándoles al suelo.
Otro silbido sonó en el aire y rápidamente gire mi arma golpeando la flecha dirigida a mí, otro silbido y otra flecha también cortada. Un hombre ataco a mi señora con una katana que hábilmente frene de su cometido, para luego agachar mi cuerpo escuchando al instante el crujir de la madera, señal inequívoca de que el arma había impactado en la pared.
Sudaba, jadeaba, temblaba… miles de pensamientos cruzaban mi cabeza pero mi mente estaba enfocada en un solo objetivo, proteger a Nodoka-sama fuera como fuese. No iba a permitir que su cuerpo sufriera el más mínimo rasguño.
Un hombre lanzo un shuriken en nuestra dirección y tras dar un salto en el aire y blandir mi naginata para defender a mi señora una vez más, el arma voladora se clavó en la pared donde descansaban miles de flechas que habían sobrevivido a mi arma.
Uno a uno los hombres del consejo iban cayendo así como mis energías, pero no podía dejarme vencer, no podía caer de rodillas y sufrir la cruel humillación de no ser merecedora de ser la Protectora de Nodoka-sama.
Miré a Takemura sensei que era el único que seguía en pie, mirándome con una leve sonrisa en la cara, quedaba poco, lo intuía. Debía de dar lo mejor de mí, un último esfuerzo que sería la recompensa de tantos años de sufrimiento y humillaciones. El hombre alzo su arco una vez más y fruncí el ceño. Tire la naginata y volví a tomar una katana que descansaba en el suelo.
Con paso firme camine hacia el hombre que sonrió soltando la cuerda tensa del arco haciendo que una enorme flecha volara en mi dirección silbando. De un solo golpe de espada la corte y volví a caminar acercándome. Takemura-sensei una vez más coloco la flecha y tenso el arco, mas no pare de caminar con los ojos inyectados en fuego. El silbido de la flecha sonó y el crujir de la madera cuando se corta también resonó en el aire junto con el de la madera rebotando en el suelo.
Takemura-sensei sonrió y alzo el arco preparándose para lanzar pero yo ya estaba justo delante, di un grito de guerra y alce la espada para cortar el arco de las manos del anciano que soltó la madera rota y dio dos pasos hacia atrás sujetando una katana resplandeciente.
Nos miramos fijamente, yo con ira en los ojos, el con una irónica y despectiva burla que no hizo más que encender mi furia, mas no podía perder el control. Como mi señora siempre me decía debía dejar a un lado mi impulsividad y estudiar a mi objetivo. Debía convertir esos impulsos en energía y soltarla en cada golpe, y era lo que iba a hacer.
Ataque firmemente al anciano quien se defendió y en un segundo movimiento me ataco con la filosa hoja. Me gire a un lado y choque mi katana con la suya, una y otra y otra vez. No era una pelea norma, Takemura-sensei era de los mejores guerreros que había visto jamás, solo recordaba uno que estaba muy cerca de ser mejor… Ranma.
Fruncí el ceño y el rostro del anciano desprecio, su arrugado rostro se convirtió en uno juvenil y burlón, sus pequeños ojos se volvieron más grandes y azules, y esa piel caída del cuello y la mandíbula se estiro y se convirtió en una cuadrada y firme.
Pegué un grito bestial y ataque sin compasión haciendo al anciano retroceder, mas no se desconcentro ni un momento, con un movimiento certero me desarmo. No me inestabilicé, mi mente estaba enfocada en mi enemigo, por lo que me puse en posición de defensa ya que las armas estaban muy lejos de nosotros.
El anciano sonrió y comenzó a atacarme con la katana, a duras penas podía esquivarlo pero por suerte mi señora había puesto mucho empeño en que mejorara mis reflejos y mi velocidad y viendo lo visto tantos años de duro trabajo estaban dando sus frutos.
La hoja no me toco ni una sola vez, a pesar de que un ojo estuviera puesto siempre en mi señora quien permanecía apartada mirando junto con el resto de los miembros del consejo. En un extraño despiste de Takemura-sensei, agarre su muñeca y la gire haciendo que soltara la espada, pateándola lejos de él. Ahora estábamos en igualdad de condiciones… sonreí victoriosa pensando que un viejo no tendría nada que hacer contra mí en un combate cuerpo a cuerpo, pero me equivoque pues un codazo sacó todo el aire de mis pulmones doblándome.
Ese acto fue tan rápido que apenas pude esquivar un certero golpe en mi mejilla que me tiro por los suelos. Me sentí un poco descuadrada, intenté reaccionar rápido, justo cuando el anciano se acercaba para golpear de nuevo, di un impulso y me puse de pie y de nuevo coloqué una férrea defensa que hizo al anciano sonreír.
- ¿Te rindes ya querida?
Fruncí el ceño – Ni lo piense, anciano – y dando un salto para esquivar su patada me coloque tras de él haciéndole un barrido que a duras penas esquivo, pero que me sirvió para colocar un golpe justo en la parque baja de su mandíbula desestabilizando al anciano.
Otro golpe me impacto en el labio y por primera vez noté el sabor a hierro tan característico que tiene la sangre. Me limpie con el dorso de la mano tras escupir en el suelo de brillante madera, justo cuando el anciano iba a darme otro golpe.
Dando un giro me coloqué de espaldas y le di un codazo en el rostro, para luego girarme y darle otro golpe, y otro y otro más hasta que en un intento de defensa le agarre por el brazo gire sobre mi misma y tiré al anciano al suelo colocando mi rodilla en su espalda.
Un silencio sepulcral lleno el dojo, lo único que podía escuchar eran mis respiraciones erráticas, igual que las de Takemura-sensei, vencido en el suelo.
- Buen trabajo hija – habló entre risas el anciano – has aprobado.
La sangre cayó a plomo hasta mis pies, no me había dado cuenta hasta aquel momento que el haber conseguido tumbar a Takemura-sensei me había otorgado la victoria del combate y con ello había conseguido ser la primera mujer Protectora de la historia.
El grito de alegría de mi señora retumbo en el dojo, pero yo seguía en un estado catártico que no me permitía reaccionar. Había aprobado…
- Hija, si no es mucha molestia… ¿podrías soltarme? Mis viejos músculos empiezan a doler.
-¡Disculpe! – grité soltándole de golpe y ayudándole a ponerse en pie.
El anciano sonrió gratamente – tienes una fuerza bestial querida Akane, serás una digna Protectora para Nodoka.
- Es lo que más anhelo – dije con una leve sonrisa.
El resto de los miembros del consejo me felicitaron de manera muy estoica, pero no así mi señora, quien me agarro con fuerza y me estrechó entre sus brazos – Mi querida niña, has estado sublime.
- Aun no eres una protectora completa Akane, ahora tienes que hacerte el sello.
- ¿El sello? – pregunté mirando con curiosidad a mi señora quien se había puesto seria de repente.
- Todos los protectores tienen un sello – dijo un miembro del consejo – es un símbolo que se marca en la espalda de cada uno de nosotros.
Abrí los ojos asustada – ¿Cómo si fuéramos ganado? – mi voz salió más chillona de lo que hubiera deseado, pero es que tan solo imaginar que un hierro ardiendo se iba aposar en mi piel me daba escalofríos.
Takemura-sensei rio – No querida, no vamos a quemarte como a una vaca, pero si debes ser marcada como una de nosotros… debes tatuarte el gran dragón.
- ¿Tatu… tatuarme? – pregunté temblorosa. Había oído hablar de ello, de gente que mete tinta en su piel a golpe de afiladas agujas, pero me sonaba a algo muy exótico, algo que solo pasaba en lejanas tierras donde los habitantes vivían en tribus… no esperaba para nada que aquí en Japón se hiciera.
- No te dolerá, al menos no mucho – me dijo Takemura-sensei – si quieres ser la protectora de tu señora, debes hacerlo Akane.
Pensé unos segundos las palabras del anciano. Me quedaría marcada de por vida, todo aquel que me viera podría observar en mi aquella marca distintiva d los protectores. Si me hacía el dragón ya nunca más tendría una vida normal… ¿merecía la pena?
La respuesta era si, si lo merecía, mi señora valía la pena. Me había entrenado muy duramente para conseguir aquello y no iba a renunciar a todo por no querer dibujar mi piel. Miré firme al anciano y con un asentimiento de cabeza acepté.
Takemura-sensei me hizo seguirlo hasta una zona apartada de la casona donde un viejo hombre lleno de tinta en su cuerpo me esperaba con dos palos con una aguja en ella y un montón de botes de tinta.
- Túmbate y quítate la parte de arriba del kimono – abrí los ojos d par en par sin entender lo que me habían pedido ¿Por qué debía desnudarme?
- No malinterpretes querida – se apresuró a aclarar el hombre – no debes hacer nada indecoroso y Nodoka-sama estará contigo, solo necesitamos que dejes tu espalda desnuda, el tatuaje ocupara su totalidad.
Miré a Nodoka sama quien entraba con un trapo largo y oscuro, me tapo con él y me retire la parte de arriba del kimono, luego mi señora coloco el trapo de tal forma que solo dejaba al descubierto mi espalda.
- Túmbate – dijo el hombre mojando la aguja con tinta – esto llevara tiempo.
Con lentitud me tumbe en el futón que había frente al hombre y espere nerviosa a que empezara. Me tranquilizaba tener a mi señora justo a mi lado, velando y cuidando de mí como siempre hizo y como yo haría a partir de aquel momento.
Peque un respingo cuando note la pequeña aguja impactar sobre mi piel la primera vez, y luego otra y otra más. Era como si me estuvieran rascando la piel con un cepillo de púas muy afiladas. En algunos momentos dolía, en otras no tanto, pero fue un momento largo, tan largo que incluso nos paramos varias veces a descansar. Pero todo merecía la pena. Al cabo de más de seis horas, cuando casi empezaba la tarde y las lágrimas se acumulaban en mis ojos porque el dolor de mi espalda ya se hacía insoportable, Nodoka-sama suspiro y toco mi hombro.
- Ya está querida.
Me levante con cuidado notando un horrible resquemor cuando el hombre paso un trapo algo húmedo por mi espalda – deberá curarle el tatuaje un par de días, gasas con agua limpia, todos los días cada tres o cuatro horas…
- Así lo haré…
El hombre que había dibujado en mi piel sonrió por primera vez mirándome – has sido muy valiente, normalmente los hombres a las dos horas están lloriqueando suplicando parar.
Sonreí agradecida por las palabras de aquel hombre, en cierto modo yo había deseado gritar de dolor pero claro, no podía demostrar lo mucho que me dolía y quedar como una débil. Primero muerta.
- ¿Quieres verlo? – me preguntó Takemura-sensei quien cargaba junto con el hombre de rostro amable un enorme espejo.
Asentí y me acerqué lentamente. Miré con la ceja alzada a Takemura-sensei – No podré verlo bien – dije – si me giro mi cuello no dará mucho más, solo veré una pequeña parte.
- Esta todo pensado – dijo el tatuador sacando d un cofre un pequeño espejo, era más grande que uno de mano pero no tan grande como el que llevaba Takemura sensei – sujeta con los codos el trapo y agarra el espejo.
Hice lo que me dijo sin rechistar y lo primero que vi en el reflejo fue el reflejo d mi hombro en el otro espejo. Sin que tuviera que explicarme más alce un poco el espejo entre mis manos buscando mi espalda. Cuando la encontré mis piernas casi me fallan y mi rostro se convirtió en uno de sorpresa.
Mi espalda, era una mezcla entre rojo y negro, como si me hubieran dado de latigazos o hubiera dormido en un futón de púas, se veía terriblemente irritado y sucio debido a los restos de tinta negra que se habían quedado en mi piel.
Pero allí entre tanto dolor, sobresalía un precioso y enorme dragón, enredado en mi espalda con un gesto furioso, un gesto que helaría la sangre de cualquiera. Solté una pequeña exclamación debido a la belleza del dibujo, era totalmente realista, cada escama, cada bigote, cada enredo de su cuerpo… todo era perfecto.
- Es… maravilloso – dije sorprendida. No podía creer que tal obra de arte estuviera en mi cuerpo, y para siempre.
- Ahora si querida – habló solemne Takemura-sensei mientras se ponía en fila con el resto de los miembros del consejo – ahora si eres una de nosotros – y sin más ni más dio una profunda inclinación que fue imitada por mis nuevos compañero.
Ya lo había logrado, ahora era protectora de mi señora. Durante el resto de mi vida.
- Akane – me llamo de repente mi señora. Al girarme la vi con una funda alargada en sus manos, una funda que yo conocía muy bien. Era la katana de los Saotome, el arma que con tanto mimo cuidaba mi señora.
- Dígame.
- Quiero regalarte esto – me dijo muy seria entregándome el arma – es el símbolo de mi confianza en ti.
Me sorprendió enormemente ese gesto, no me esperaba que Nodoka-sama me entregara algo tan valioso para ella como el su katana – Mi señora, no sé si pueda aceptarlo, es algo muy importante para usted.
- Por eso mismo – me reclamo – esta espada ha estado conmigo desde que me case, es un emblema de la familia, familia a la que tú ahora perteneces y debes guardar hasta tu muerte.
Mire la espada de mi señora y con manos temblorosas la recibí, di una larga inclinación hacia mi señora y coloqué la katana a un lado de mi cadera – es un honor para mí, mi señora.
Nodoka-sama sonrió – Ya está hecho mi niña – Sí, ya estaba hecho, ya era su protectora y lo sería siempre hasta el día en que muriera.
La vuelta a casa fue terriblemente larga. Nodoka-sama parloteaba sin parar, no sé si hablaba conmigo o consigo misma pero la felicidad que la embargaba hacía imposible que guardara silencio. Yo no participaba de aquella alegría, estaba feliz, obviamente pues al fin había conseguido mi principal objetivo que era ser la protectora de mi señora, mas no tenía ánimos para gritar de alegría ni mucho menos para charlar.
No sabía por qué, pero el mutismo era lo único que salía de mí. No me preguntéis el porqué de mi apatía, a día de hoy no sabría responder.
Cuando llegamos al hogar Saotome, mi señora mandó preparar un gran festín debido a mi nuevo e importante título. Todos en la casa me felicitaron, incluso Ukyo que pasaba por allí del brazo de su marido quien fue de los más dichosos.
- Omedetou Akane-chan – me dijo sincero – sabía que lo conseguirías.
- Arigatou, Ryoga – una débil sonrisa salió de mis labios, no es que no estuviera feliz por todo lo que había conseguido horas atrás, sino que tenía una especie de nube de melancolía y miedo encima, el miedo a lo desconocido, la típica pregunta de ¿y ahora qué? ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Proteger a mi señora de por vida? Eso lo llevo haciendo desde que pise esa casa ¿era tan necesario un título?
Estaba desvariando por lo que me retiré un momento al jardín, el sitio que más paz me daba en aquella casa después del dojo, mi rinconcito secreto, aunque de secreto no tuviera nada.
Llegue al banco de piedra y me senté bajando la cabeza y respirando levemente. Por un momento pensé en Mousse, no estaba en la casa ¿se alegraría por mí? Obviamente que lo haría aunque en el fondo el chino no estuviera de acuerdo en que dedicara mi vida a proteger a otros.
- He escuchado la noticia, felicidades – una ronca voz me sobresalto. Alcé la mirada y me crucé con esos ojos azules que tanto dolor y tanta rabia me causaba.
- Gracias, joven señor – conteste muy seria.
Ranma se acercó a mí lentamente y me pidió permiso con la mirada para sentarse a mi lado. Me moví levemente a la izquierda para dejarle hueco y se sentó pegado a mí.
- De verdad, estoy muy contento por ti, has conseguido lo que más querías.
- Llevo muchos años esforzándome para conseguirlo, al final el sacrificio ha dado sus frutos.
- No había duda de ello, eres una gran guerrera.
No respondí a aquel halago, simplemente permanecí callada, disfrutando de su compañía por primera vez en mucho tiempo. Ranma se removió incomodo un momento y carraspeó.
- Ya veo que mi madre te ha entregado la katana de los Saotome.
- Sí, es un símbolo de confianza que el señor entrega a su protector – dije mirando con cariño el arma a mi lado – le estoy muy agradecida por su confianza y cariño.
Ranma soltó una risita y junto sus manos frente a él frotándolas levemente, nervioso – No es difícil quererte, Akane.
Bufé molesta viendo el camino que estaba tomando aquella conversación – Hoy en día es muy difícil encontrar verdadero afecto.
- ¿Lo dices por mí? – preguntó entre molesto y sorprendido.
- No lo sé – contesté seca mirándole – respóndeme tu.
Ranma me devolvió el gesto, y por un momento vi furia en su mirada, pero poco a poco esa rabia se disolvió y su cara se transformó en un gesto de tristeza. Alzo su mano y con delicadeza aparto mi corto pelo y lo coloco levemente tras mi oreja otorgándome una delicada caricia que me hizo temblar.
- Sabes que todo lo que hice, lo hice por ti y que pasaran mil malditos años, aunque me odies, aunque no quieras verme nunca más… no me importa porque yo voy a seguir amándote como el primer día que pisaste esta maldita casa.
Mi corazón se paró y aparte mi cara de su cálida mano. Me levante rápida alejándome unos pasos de él, con el corazón latiendo a mil por hora. Quería llorar, quería gritarle y abofetearle, quería… quería…
- Explícamelo – dije con la voz entre cortada – es la última oportunidad que te doy para que me expliques porque nos hiciste eso.
- Akane por favor…
- ¡No! – Le corte al borde del llanto – ya no hay vuelta atrás Ranma, ahora soy la Protectora de tu familia por lo que cualquier lazo emocional o romántico entre nosotros es imposible… ya no hay ningún impedimento para que me digas porque me rompiste el corazón tan cruelmente.
Ranma se levantó también, en silencio y nuevamente alzo la mano limpiando una solitaria lagrima que cayó de mi mejilla. No pude evitar cerrar los ojos, viéndome sobrepasada por todo lo vivido en tan pocas horas. Quería que me abrazara, que no me soltara nunca pero también quería molerle a golpes.
- No puedo Akane, de verdad que no puedo – gemí levemente sintiendo un pinchazo en el corazón derramando un par de lágrimas más que Ranma borro con sus pulgares sujetando mi rostro con el mismo dolor que el mío – Pero no dudes ni por un momento, que si lo hice lo hice por ti… por protegerte.
Fruncí el ceño e intente soltarme de su agarre pero no lo permitió. Tome sus muñecas entre mis manos forcejeando con fiereza, pero nada podía hacer contra esa masa de músculos. Era tan bobo, tan estúpidamente idiota. Estuve tentada a decirle que no debía temer por mí, que quien de verdad corría peligro al lado de Genma Saotome era su madre, pero me mordí la lengua. Le prometí a Nodoka-sama no revelar la verdad a su hijo, y no lo haría.
Pero juro que me mordí la lengua fuertemente para no escupirle toda la verdad en la cara.
- Por última vez Ranma ¿Qué te han dicho? ¿Te amenazaron con matarme? ¿Qué ha sido eso tan duro que te han dicho para que me destrozaras de esa forma? ¿De verdad mereció la pena?
- Akane, no importa.
- ¡Pues claro que importa! – le dije con furia intentando librarme una vez más – Todo habría sido más fácil si me hubieras contado la verdad, lo habríamos solucionado juntos… ¿O es que acaso deseabas hacerme daño?
- ¡Por supuesto que no! – Me gritó – ¿Cómo puedes pensar eso?
- ¡Ya no sé qué pensar Ranma! – Grité con rabia – ¡Ya no sé si lo que sentiste por mí fue real o un simple juego!
Ranma me mira con furia y afloja su agarre, respiro tranquila pensando que me soltara y poder escapar de él y sus malditos ojos pero antes de poder reaccionar me rodea con sus brazos y me pega a su pecho.
Por primera vez en cuatro años vuelvo a sentir su olor muy cerca, vuelvo a sentir ese calor en el pecho que sentía cuando estaba en sus brazos… una vez más siento que el corazón se me quiere salir del pecho al tenerle cerca.
Aferro con fuerza su kimono entre mis brazos y cierro los ojos acomodando mi cara en su pecho, sintiéndome segura de nuevo y sintiendo su agarre férreo en mi cuerpo. Su cabeza se apoya en la mía y entierra su nariz en mi pelo.
- No dudes ni por un momento de que te amo, con todo mi corazón – su voz esta ronca y parece algo entrecortada. Suelto un quejido lastimero – Nunca jamás voy a amar a nadie como te amo a ti, por favor Akane… créeme.
No sabía que decir, solo quería que ese momento durara para siempre. Me aferre aún más fuerte a su ropa y froté mi rostro en su pecho intentando frenar las lágrimas.
- Aunque me case con Shampoo, siempre te voy a amar ¿Me crees verdad?
Mi corazón dejo de latir de nuevo y mis ojos se abrieron de par en par. La maldita boda… esa maldita boda que llevaba dando vueltas en mi cabeza y apretando mis entrañas… era cierto… casi incluso lo había olvidado, Ranma se casaría con Shampoo muy pronto, en apenas una semana.
De nuevo las dudas, el miedo, la rabia y la decepción llenaron mi alma y dando un firme empujón en su pecho me aleje de él haciéndole tambalearse. Me alejé dando lentos pasos hacia atrás y negué varias veces con la cabeza – Lo siento… lo siento Ranma… pero no te creo. No puedo creerte.
Y sin dejarle replicar me di la vuelta y hui veloz de allí, dejándole atrás sin dirigirle una sola mirada. Caminé por el pasillo y me perdí en la casona Saotome. Mi cabeza era un torbellino de sentimientos y aunque una parte de mi quería creerle con todas mis fuerzas, otra parte, la más sensata y rencorosa me decía que no le creyera, que lo hacía para engatusarme de nuevo y que me volvería a traicionar.
- Va a casarse con Shampoo – me repetía una y otra vez agarrando mi cabeza entre mis manos – va a casarse Akane, va a casarse con otra por su decisión. No le creas.
Esa noche Ranma no se presentó a cenar, partió a Edo y no supe más de el en días, exactamente una semana.
Ranma desapareció el resto de los días, solo volvió el día B, como lo llamaba Shampoo, el día de la boda. Esa semana para mi había sido terriblemente rápida y apabulladora. El día que Ranma volvió a casa lo hizo a primera hora de la mañana, yo estaba en el baño ayudando a A-chan a lavarse bien. La puerta estaba cerrada para darle intimidad a mi ahijada pero escuché perfectamente la voz de Ranma anunciando su llegada.
- Tadaima – la voz del futuro esposo era apagada y cansada, el corazón se paró en seco cuando le escuché. De repente una segunda y gruesa voz habló.
- Hijo menos mal que has vuelto – le dijo Genma al recibirle – pensé que tendría que ir a buscarte para traerte a rastras – No podía verles pero conocía tan bien al heredero Saotome que podía jurar que su cara se deformó en una mueca de enfado ante el sarcasmo de su padre. – No has ayudado nada a tu prometida.
- Eso es cosa de mujeres – habló con hastío – además viendo el circo en el que se ha convertido esta casa me queda claro que Shampoo se las ha apañado muy bien sola – Rodé los ojos ante las palabras de Ranma, ya que tenía razón. La casa de los Saotome era un festival de luces y de color. Shampoo supervisaba que todo estuviera perfecto para su boda junto con la señora Ryugenzawa, su mano derecha y su maestra como ella la llamaba. Mizuno-sensei también ayudó al igual que Ukyo quien no se veía tan contenta como el resto.
- Ni siquiera has escogido tu Montsuki – dijo el hombre panda – tuvimos que escoger alguno de tus kimonos y medir tu traje con ellos.
- Si por mi fuera padre, me pondría un kimono totalmente negro.
La burlona risa de Genma resonó en el aire – Ni que estuviéramos haciendo la ceremonia del Nokan.
- Para mí es lo mismo padre… estos días han sido una forma de prepararme para mi muerte.
- Que dramático eres, nunca podrías encontrar una esposa mejor que Shampoo y más entregada ti tampoco.
- Yo no quiero una esposa entregada.
- Yo sé bien lo que tú querías Ranma y te lo he dicho mil veces, esa mugrosa con ínfulas de guerrero jamás se casara contigo. No puedes manchar el honorable nombre de los Saotome de esa forma.
Apreté con fuerza el trapo entre mis manos, una vez más ese viejo seboso hablaba de mi ¿es que estaba obsesionado conmigo? Ya no podía interponerme en el camino de su hijo, mi deber me lo impedía así como el orgullo y la cabezonería del propio Ranma, así que ¿Por qué no me dejaba en paz de una vez?
Sentí un terrible impulso de levantarme y cantarle las cuarenta al hombre panda pero la dulce voz de A-chan me sacó de mis cavilaciones.
- ¿Ranma-sama se va a casar?
Bajé la vista y observé a mi ahijada, sus ojitos mostraban tristeza – Así es.
- ¿Pero con Shampoo? ¿Por qué con ella madrina?
- Porque es un acuerdo entre familias – expliqué escuetamente.
Mi ahijada frunció el ceño y golpeo el agua – No es justo, yo quería que Ranma-sama se casara conmigo. Nodoka-sama dijo que ella estaba de acuerdo cuando se lo confesé.
Solté una pequeña carcajada ante las palabras de la niña. Desde que se habían conocido A-chan había quedado prendada del joven heredero Saotome y he de decir que en los escasos momentos que habían compartido espacio, Ranma había sido terriblemente tierno y encantador con A-chan, acrecentando aún más el infantil enamoramiento de la pequeña.
- Nodoka-sama estaría encantada teniendo una nuera tan bonita como tu pero ¿no es un poco viejo para ti?
- Claro que no madrina – dijo ofuscada – en cuanto cumpla 18 ya podré casarme con él y estoy segura de que Nodoka-sama nos ayudará.
Acaricie el pelo de mi ahijada con mimo – Estoy segura de que Ranma-sama estará encantado de casarse contigo.
- Cuando sea mayor, Ranma dejara a Shampoo y se ira conmigo y seremos muy felices – el entusiasmo en la voz de A-chan era palpable. Podía ver en sus ojitos que sus sueños infantiles eran cien por cien viables en su cabeza – y tú vendrás y cuidaras de nosotros ¿verdad madrina?
- Por supuesto que si – juguetonamente le eche un cazo de agua por encima – ahora a lavarse bien.
- ¡Madrina! – protestó entre risas. Nos dedicamos a jugar un poco pero entonces unos golpes en la puerta nos sacaron de nuestra burbuja.
- ¿Qué tanto hacer ahí? – Grito una chillona voz – Shampoo necesitar asearse bien para boda.
A-chan frunció el ceño pero le hice un gesto con el dedo para que guardara silencio. Tome una toalla y la sequé bien para luego envolverla entera en ella y la tomé en brazos. Shampoo no dejaba de aporrear la puerta con inquina.
Cuando abrí sus chispeantes ojos me fulminaron – ¿Cómo no ibais a ser vosotras? ¡Apartar! – intentó empujarnos pero me tensé en mi sitio haciendo imposible que Shampoo entrara en el baño – ¿Acaso estar sorda? ¡Apartar!
- Se dice por favor – dije seria. Notaba que mi ahijada apretaba mi kimono entre sus manos – deberías desfruncir ese ceño, no querrás que te salgan arrugas.
Y sin dejarla replicar pase a su lado sin mirarla si quiera y frotando levemente el cuerpecito de A-chan con la toalla para que no tuviera frío. Entramos en la habitación y vi el kimono de la pequeña preparado. Era rosa y naranja muy bonito, a su lado descansaba un pequeño broche de florecitas para el pelo.
- Mira madrina que bonito – dijo A-chan.
- Estarás más bonita que la novia – sin más preámbulos me dispuse a vestirla, estaba tan bonita… ojala Momo-chan pudiera verla pero no había sido invitada a la boda. Cuando la estaba peinando A-chan se removió inquieta.
- ¿Qué te pasa?
- ¿Por qué tú no tienes un kimono bonito madrina?
Pare de peinarla un momento y miré el escueto y discreto kimono que habían preparado para mí, era negro y gris, además una pequeña coraza de cuero además de protecciones para los brazos y piernas eran los únicos complementos que llevaba. Los ojos de A-chan me miraban pidiendo una explicación.
- Veras, yo asistiré a la boda pero no como invitada… lo que voy a hacer es proteger a los señores.
- ¿Cómo proteger? ¿De quién?
- De nadie en particular pero mi deber es cuidar de los señores así que si alguien intenta hacerles daño debo estar preparada, por eso no puedo llevar un kimono tan bonito como el tuyo.
- ¿Y estas conforme con eso? – Me quedé un momento en silencio para luego asentir levemente – entonces, supongo que está bien.
Mi ahijada volvió a darme la espalda para que la siguiera peinando. Al poco rato llegó Sayuri y siguió con mi tarea para que yo pudiera prepararme. Mientras me ponía mi traje pensaba en lo que acontecería en unas horas.
Allí en la misma casa, en la planta de arriba, Ranma estaba al igual que yo preparándose para la boda. ¿Sentiría los mismos pellizcos en la tripa cada vez que escuchaba las órdenes del hombre panda? ¿Sentiría el mismo peso que yo cuando se colocaba las prendas sobre su cuerpo? ¿Y qué pasaría en la ceremonia? ¿Sonreiría? ¿Fingiría al igual que yo que esa ceremonia era totalmente indiferente para él? ¿Y Mousse? ¿Qué estaría sintiendo ahora Mousse?
Me quedé helada al recordar a mi amigo. Los últimos días los había pasado encerrado en el dojo, no hablaba con nadie, no comía, no se relacionaba con nadie en la casa… ni siquiera conmigo. Era una sombra, un alma en pena que recorría aquella casa como un fantasma silencioso.
No podía dejarle más solo, y menos aquel día. Rápidamente tomé las protecciones y me las puse para luego salir de la habitación ante la atónita mirada de Sayuri y A-chan.
Corrí por el pasillo esquivando a los criados y a Mizuno-sensei que entraban y salían de la casa al jardín cargados, arriba se escuchaba la estridente risa de Shampoo y la señora Ryugenzawa, seguramente exultantes por la próxima boda, pero me daba igual, lo importante era encontrar a Mousse.
Le busque por toda la casa, en el baño, su habitación, la sala, la cocina, el dojo, el jardín… incluso me interne levemente en el bosque que había tras el hogar Saotome, pero nada… ni rastro de Mousse.
Volví a la casa y me dirigí a las caballerizas, tal vez estaba allí, bien sabía lo mucho que amaba Mousse a los animales, a lo mejor se escondía allí.
Corrí veloz y entre pero nada, ni rastro. Busque el compartimento donde debía estar Ryuma, el caballo de Mousse y lo encontré vacío. Eso significaba que se había marchado, quizás a Edo. Me giré para subirme a Kaze e ir a buscarle pero una voz me frenó en seco.
- No está en Edo – me giré para observar a mi señora quien estaba parada a la entrada de las caballerizas. Vestía un kimono azul marino con detalles plateados y un obi de un azul un poco más claro. Su pelo recogido no estaba adornado, se veía terriblemente sencilla.
- Señora, está… bien.
Nodoka-sama bufó – No me causa ninguna alegría esta farsa por lo que me pareció innecesario llevar un bonito y colorido kimono, esto para mí es como asistir a mi propio funeral - me removí inquieta sin saber que decir, solo quería preguntarle por mi amigo – se ha ido al campo, no sé bien a donde, dijo que necesitaba pensar.
Sabía que se refería a Mousse, suspiré derrotada y triste, no quería imaginar la pena que estaba pasando mi querido amigo y además estaba solo… el me necesitaba a su lado y yo no estaría…
- Estas muy guapa – habló de repente mi señora captando mi atención – no sé qué tiene ese traje de guerrera que te hace terriblemente mortal y bonita.
Sentí mis mejillas arder – Gracias, mi señora…
- No hay por qué darlas – se acercó lentamente a Kaze quien relincho, con delicadeza acaricio la cabeza del animal – Me dijo que te dijera, que necesitaba estar solo, y que estaría bien. Volverá mañana.
- Pero mi señora… yo… solo de pensar como estará sufriendo y no poder ayudarle… me siento impotente.
- Cada uno lleva el dolor a su manera querida – dijo Nodoka-sama sin dejar de mimar a mi yegua – Ryoga es terriblemente sensible y rompe a llorar con facilidad, Ranma se enfada y patalea como un niño de cinco años, tu finges que no te importa y sacas tu frustración cuando estás sola y Mousse simplemente prefiere desahogarse en soledad… debemos respetarlo.
- Pero quizás si estuviera con el…
- No arreglarías nada – me cortó – ¿A ti te va a servir algo estar hoy rodeada de gente que te quiere? ¿Va a quitarte la pena de ver al hombre que amabas casándose con otra? ¿Tener a tu lado a Sasuke, que estoy segura de que no se separara de ti en todo el día, va a evitar que tu corazón sangre?
- No – susurré tras meditar sus palabras.
- Pues ahí tienes tu respuesta. Mousse necesita espacio y tu como su amiga y confidente debes respetar su decisión y darle ese espacio. Mañana podrás hablar con él. Ahora, creo que es hora de prepararse, la boda empezara pronto – Y así, sin decir nada más salió de las caballerizas dejándome una vez más, sin palabras.
Aquel día es un recuerdo lleno de borrones y lagunas en mi mente, fue como si de repente el tiempo fuera tan rápido como una flecha lanzada contra el enemigo. Sin apenas darme cuenta me encontraba a un lado del altar donde se llevaría la ceremonia, en el jardín de los Saotome. Allí de pie me sentía un monigote al que todos observaban. Los invitados se colocaron en sus lugares, muchos sonrientes, otros incomodos, pero todos impacientes de saber el desenlace de aquella ceremonia. Vi a Nodoka-sama junto a A-chan y justo a su lado el hombre panda quien sonreía ampliamente.
Ryoga un poco alejado me observaba curioso al igual que Ukyo quien me miraba con algo parecido a la lastima. Me cuadré en mi sitio y puse un gesto serio en mi cara cuando el futuro marido apareció y se colocó justo del monje budista que iba a unir su vida con la de Shampoo.
No quería mirarlo, parecía que lo hacía pero mi vista estaba fija en el lejano muro de la casa ya que si le miraba nuestras miradas se cruzarían y no sabía que podría pasar si eso ocurría. Notaba sus ojos sobre mí, mirándome fijamente, como si quisiera grabarme bien en su retina, apreté con rabia los labios intentando controlarme, no era posible para mi sentir pena, lastima o algún sentimiento parecido por mí misma, yo era una guerrera y los guerreros no muestran sus sentimientos y mucho menos la debilidad.
- ¿Estas bien? – Sasuke se había colocado a mi lado y miraba el panorama frente a nosotros.
- Cuando esto acabe estaré mucho mejor.
Sus ojillos saltones me miraron con duda – ¿Sigues enamorada de ese cretino?
- No deberías hablar así del señor de la casa, deberías respetarle. Es quien nos brinda techo y comida – dije muy seria.
- No, eso lo hace Genma y cada poco le insultas.
- Porque se lo merece.
- Para mí su hijo también se lo merece – por primera vez baje mi mirada para encontrarme a Sasuke mirándome desafiante – si te hacen daño, no merece mi respeto.
Solté un denso suspiro y luego una leve risita se dibujó en mis labios – Gracias Sasuke, pero estoy bien, lo que haga el joven señor no es mi problema.
- ¿Entonces?
- Me preocupa Mousse – aclaré. Sasuke le buscó con la mirada y puso un gesto confuso cuando no lo encontró – Ni lo intentes, se ha ido.
- ¿Para siempre? – preguntó sorprendido.
- Claro que no – contesté – le ha podido la presión y necesita llevar su dolor solo, o eso me ha dicho Nodoka-sama porque el muy idiota se fue sin decirme nada.
- Porque sabía que o no le dejarías marchar, o te irías con el – alcé mi ceja mirándole con confusión – lo harías, lo sabes. No puedes soportar que la gente que quieres sufra por eso no te dijo nada, porque si lo llegaras a saber te irías con él para no dejarle solo y no cumplirías con tu deber.
- Que tontería – dije en un bufido.
Sasuke sonrió de medio lado viéndose triunfador pero justo cuando iba a reclamarle Shampoo hizo acto de presencia. No pude evitar pensar que se veía bonita, enfundada en un Shiramuko totalmente blanco y escondiendo levemente su rostro en aquel enorme wataboshi, la flamante novia se acero con un falso gesto tímido al que sería su marido.
Las mujeres suspiraban ante la tierna escena y yo solo quise vomitar, no entendía como la gente se tragaba aquella falsa modestia que destilaba la china, a leguas se notaba que estaba encantada con ser el centro de atención. Busque rápidamente a mi señora con la mirada y la encontré tan seria como yo, aunque en su mirada podía verse rabia, rabia y odio.
Los novios se arrodillaron ante el monje que comenzó con la ceremonia que fue bastante rápida aunque para mí fue eterna. En mi mente como un remolino de recuerdos solo podía ver aquellos momentos donde Ranma y yo éramos felices, momentos que en aquel momento se veían muy lejanos y oníricos.
Por primera vez durante la ceremonia, justo cuando Shampoo estaba dando sus palabras de compromiso mis ojos se cruzaron con los de Ranma. Pude ver en ellos la palabra lo siento, pero no había disculpas válidas para mí en aquel momento, solo podía observar como la persona que yo consideraba a mi gran amor se casaba con otra.
Cuando llego el San Sankudo tras las ofrendas a los dioses me tensé, ya que tras ese acto no habría vuelta atrás. Mientras el monje preparaba los vasos de Sake no pude evitar hiperventilar tratando de calmarme, fue un acto involuntario y apenas perceptible, mas Sasuke lo noto y con disimulo colocó su mano en mi brazo dándome fuerzas, cosa que agradecí.
Cuando el monje ofreció el vaso a Ranma, este lo tomo y lo miró con duda como si no estuviera seguro de hacer aquello. El monje le observaba confuso y le animo a beber, pero Ranma no se movía. Apretó el vaso con fuerza y su ceño se frunció para luego girar su rostro hacia mí.
Nos miramos sabiendo que en cuanto bebiera, sería el fin de todo, ya no habría vuelta atrás. Una parte muy dentro de mí gritaba con todas sus fuerzas suplicándole por qué no lo hiciera, que lanzara ese vaso lejos y que huyéramos juntos, pero mi rostro era tan serio y estoico que lo único que pudo ver en mis ojos Ranma fue decepción y rabia. Apreté mis puños con fuerza, apresando en una mano el mango de mi katana hasta que mis nudillos se pusieron blancos.
Mis labios también se apretaron justo cuando Ranma volvió a mirar el vaso y lo alzó levemente. Los invitados, la novia e incluso el monje comenzaron a moverse inquietos. Cuando Ranma volvió a mirarme no pude evitar negar con la cabeza, fue un acto involuntario que no pude evitar. Mis lágrimas comenzaron a llenar mis ojos cuando Ranma susurro un débil – lo siento – y cerrando los ojos bebió con rabia el contenido del vaso en tres veces.
Solté todo el aire que había quedado en mis pulmones, apreté aún más si podía manos y labios, mi cuerpo temblaba de rabia y dolor y para sorpresa de Sasuke una débil y solitaria lágrima cayó por mi mejilla. Solo una, nada más que una. Una lagrimas que cayó justo cuando mi serio rostro se fruncía por el dolor. Pero nadie más la vio. Solo Sasuke, y fue un secreto que se llevó a la tumba. Un secreto suyo y mío.
Después de que ranma bebiera el monje paso su vaso a Shampoo quien también se giró para mirarme pero con ínfulas de victoria y burla, diciéndome con los ojos – he ganado – pero no encontró nada, solo vacío e indiferencia. Una vez más ese muro de frialdad que Nodoka-sama me había enseñado a levantar a mi antojo se cerraba sobre mí, haciéndome parecer una inerte estatua de piedra.
Tras el San Sankudo, la boda finalizo y Ranma y Shampoo eran marido y mujer. Los invitados explotaron en vítores, al menos los que estaban felices con aquella unión. Nodoka-sama a disgusto se acercó a su nuera y salió de la mano de Shampoo, mientras que Genma con la satisfacción pintada en la cara salió con Ranma.
El nuevo matrimonio Saotome fue hasta la casa seguido de sus invitados. En el jardín solo quedábamos Sasuke, yo y los criados quienes preparaban todo para la posterior fiesta. Ninguno me dijo nada, y si me lo dijo no me entere porque seguía quieta en mi lugar, como si la vida se hubiera escapado de mi cuerpo y solo quedara de mi la coraza.
- Akane… - me habló despacio Sasuke – ¿estás bien?
Salí de mi ensimismamiento y asentí – perfectamente. Vamos debemos vigilar que nadie mate a nadie.
- ¿Lo dices por Nodoka-sama? – Le di una graciosa mirada a Sasuke quien soltó una leve risa.
La celebración pasó sin mucho revuelo, solo Genma y sus amistades borrachos como cubas dieron algo de problema por sus comentarios subidos de tono que hacían enrojecer a la más veterana trabajadora del barrio rojo.
Nodoka-sama hablaba con las mujeres pero en su rostro se veía un completo aburrimiento por lo que se retiró pronto a la cama, Ryoga y Ukyo hablaron con los novios y algunos invitados más pero pronto se retiraron también a dormir.
Shampoo no se despegó de Ranma salvo cuando la señora Ryugenzawa la subió arriba para prepararla para la gran noche. Se me revolvió el estómago pensando en lo que harían Ranma y Shampoo aquella noche.
Poco a poco los invitados se fueron retirando, quedando algún que otro amigo del hombre panda desmayado en el suelo de la sala, el lugar hacia donde se había llevado la última ronda de la boda para que el jardín pudiera ser despejado y acondicionado para el día siguiente. Muchos hombres, al igual que el patriarca dormían la borrachera en la sala de estar. Por lo que dando por finalizada la ceremonia y comprobando que todo estuviera cerrado entre en mi habitación dispuesta a descansar de tan agotador día.
Busque con mi mirada a A-chan pero no la encontré, ni a Sayuri ni tampoco a Yuka, supongo que habían ido a dormir a la habitación de las costureras, en un intento de darme mi espacio. Sonreí agradecida el gesto de mis compañeras y comencé a quitarme las corazas y protecciones de cuero. Una vez libre de estas comencé a estirar mi espalda, cuello y brazos, era tal la tensión que tenía encima que notaba el cuerpo entumecido.
Justo cuando iba a quitarme el kimono escuche unos ruidos en la puerta, alguien estaba llamando. Sonreí pensando que mi ahijada había decidido abandonar a sus compañeras de cuarto para dormir abrazada a mi como un oso, cosa que siempre hacía y que a mí no me molestaba, necesitaba a mi pequeña A-chan aquella noche.
Con cuidado caminé hacia la puerta, no veía apenas pues no había encendido las velas y la única luz que había en la habitación era la de la luna que levemente entraba por la ventana. Unos nuevos golpes insistentes me hicieron reír y abrí la puerta esperando encontrarme el adormilado rostro de mi ahijada, pero en vez de eso me encontré una masa de músculos cubierto por un kimono negro.
- ¿Qué haces aquí? – dije furiosa.
- Necesito hablar contigo – La voz de Ranma se notaba ansiosa – déjame pasar por favor.
- Lárgate – intente cerrar la puerta pero la fuerte ano de Ranma me lo impidió – ¿es que estás loco?
- ¡Necesito hablar contigo! – gritó en un susurro.
- Estas loco, esto nos correcto, lárgate de una vez – le dije en el mismo tono mirando a todos los lados, rezando para que ningún oído u ojo indiscreto nos pillara.
- Si me dejas pasar nadie se enterara de esto, por favor.
Medité unos minutos y aunque una parte de mi deseara darle un puñetazo en la cara, al final dando un bufido enfadado le dejé pasar. No podía evitar sentir curiosidad.
Una vez dentro cerré la puerta no sin antes asegurarme de que nadie nos hubiera visto y me gire para encararle – Bien ya has entrado, ¿Qué diablos quieres?
- A ti – dijo con dolor.
Solté una risita burlona – eso es imposible, tu estas casado y yo soy la Protectora de tu familia, toda relación entre nosotros a no ser la profesional está más que prohibida.
- Lo sé, pero eso no cambia mis sentimientos.
- ¿Tus sentimientos? – pregunté con una ironía que le dolió – sentimientos claro… ¿hablas de los tuyos o los míos que pisoteaste?
- Era mi maldito deber casarme con Shampoo, pero bien sabes que no deseaba esto – dijo acercándose a mí y sujetándome con rabia por los brazos – sé que me conoces y sé que si me miras a los ojos puedes ver en ellos el amor que te tengo y la rabia que me produce esta situación.
- Ya lo hemos hablado, te pedí explicaciones muchas veces y no me las diste – escupí con rabia soltándome de su agarre.
- Y a día de hoy si me las vuelves a pedir no puedo dártelas.
Me cruce de brazos y con toda la frialdad que pude acumular dije – y yo ya no las quiero. Tú estás casado y tu mujercita está arriba esperándote.
- No la he tocado – dijo con desesperación.
- Y a mí que me importa lo que hagas o dejes de hacer – espeté furiosa – ¿Para qué diablos has venido? ¿Para decirme que lo sientes? ¿Para marearme de nuevo con un "lo siento Akane no te puedo decir porque te he roto el corazón pero lo hice por ti"? Ya no me interesa Ranma.
El heredero Saotome bajó su rostro y apretó los puños con fuerza, me sorprendí un poco al verle así, no era el guerrero que conocía ahora era un niño, un niño asustado pero me daba igual, ya no había marcha atrás.
Lancé un suspiro al aire y froté mis sienes – ¿Era todo lo que me querías decir?
- Solo vine a recordarte que te amo, y que siempre lo hare.
- Creo que debes irte – dije tras un leve silencio haciéndole reaccionar – Por lo que has dicho aun no has consumado tu matrimonio ¿no? Pues ya sabes, sube y cumple tu deber, es lo que siempre haces.
- Akane…
- Vete, tu deber es estar con tu mujer.
Los ojos de Ranma se tiñeron de un azul oscuro, como el del cielo en un día de tormenta y pude ver como cada musculo de su cuerpo se tensaba. De forma instantánea me puse una pose de defensa pues Ranma era tan inesperado como un volcán, nunca se sabe cuándo entra en erupción y destroza todo lo que encuentra a su paso.
Se acercó a mí con rabia y antes de reaccionar su boca apresaba la mía con rabia, en un beso lleno de ira y pasión. Sus manos de nuevo agarraban mis hombros con fuerza llegando a rozar la brutalidad y causando un poco de dolor.
Intente alejarme pero como no lo conseguía tuve que morderle con rabia el labio inferior en un intento de que me soltara. Pero eso no pareció frenarle, por el contrario me beso con más rabia, una rabia que poco a poco me fue contagiando por lo que me acabe relajando y respondiendo a aquella fiera pelea de labios.
Poco a poco soltó mis brazos pero agarro mi cara evitando que me alejara de él. Mis brazos se aferraron a su cintura y pegue mi cuerpo al suyo, sin dejar espacio. No sé cuánto tiempo estuvimos enzarzados en ese beso solo sé que cuando nos separamos nuestras mejillas estaban rojas y nos costaba respirar.
- ¿Así que mi deber es estar con mi mujer no? – preguntó un poco ahogado. Asentí levemente, nuestras narices jugaban la una con la otra, nuestros ojos, brillantes se miraban con rabia y pasión y nuestras manos se aferraban con fuerza a la piel y ropa del otro – Tu eres mi mujer.
- No – susurre débilmente – Shampoo es tu mujer.
- Te equivocas, Shampoo es mi esposa, tu eres mi mujer – y de nuevo volvió a besarme con pasión y de nuevo le conteste con las mismas ganas. Mis brazos se aferraron a su cuello y las suyas viajaron hasta mi cintura aprisionándome en un férreo abrazo del que no quería escapar.
Nuestros labios jugaban, bailaba, peleaban en una batalla que no estábamos dispuestos a parar. Habían sido cuatro años de dolor, de separación de rabia acumulada que estaba saliendo a borbotones en aquella muestra de amor que nos profesábamos.
Nuestras cabezas se movían con rabia, se acomodaban a un lado y se volvían a mover, era un beso pasional, furico, era un beso en el que nos demostrábamos todo aquello que guardamos y callamos por cuatro años. Era un beso que inevitablemente desencadenó en la noche más apasionada de mi vida.
Entre besos nos arrancamos la ropa con rabia, y nos tumbamos en el futón.
- ¿Qué es esto? – preguntó sorprendido delineando la marca del tatuaje con los dedos.
- Es el dragón, un símbolo que me marca como Protectora – sus ojos estaban fijos en los trazos sobre mi espalda y temí que le repugnara – ¿Te da asco?
- ¿Bromeas? Me parece fascinante – comenzó a besar con cariño el dragón pintado sobre mi pie y yo me retorcí sobre las sabanas – si antes eras terriblemente sensual con esto ni te lo imaginas.
Gemí por la sensación de sus labios sobre mi piel y me enredé en sus brazos para atraerlo de nuevo a mi boca. No podía esperar más, necesitaba que me amara, que me abrazara que me marcara como suya.
Fuimos apasionados, cariñosos, sucios, románticos, fuimos uno aquella noche donde nos demostramos lo que sentíamos el uno por el otro.
Yo descubrí que Ranma tiene cosquillas en el cuello, el que mi primer impulso cuando algo me gusta es arañar como una gata en celo. Nos fundimos, nuestros cuerpo chorreaban de sudor, sus manos me apresaban, mis dientes se incrustaban en su mandíbula cada vez que empujaba sobre mí.
Yo descubrí que tiene una cicatriz en el pecho, el que la cara interna de mi muslo es terriblemente sensible. Yo descubrí que me encanta que me agarre con fuerza las caderas en cada vaivén y el me comentó lo mucho que le gustaba que enterraba mis manos en su pelo cada vez que algo me gustaba. Aprendí que le da vergüenza gemir y mostrar su placer, así como también aprendí que le volvía loco escucharme decir su nombre. Todo eso y más lo aprendí aquella noche, aquella noche donde me convirtió en su mujer.
Solo nos acompañó la luna y el sonido de nuestros cuerpos en unión. Nunca dejo de susurrarme lo mucho que me quería así como yo no podía evitar recordarle lo mucho que lo había echado d menos.
Nos quedamos satisfechos bien entrada la noche, justo cuando me marcó como suya se tumbó sobre mi futón y me acercó a su pecho. No nos miramos, solo observábamos la nada y nos acariciábamos con cariño intentando recuperar el aliento.
Una vez estabilizamos nuestra respiración me alce un poco y le miré, despeinado, rojo, sudado… estaba terriblemente guapo. El peinó mi alborotado cabello y lo colocó tras mi oreja. No pude evitar reír como una niña pequeña, lo mismo hizo él y así de repente nos encontrábamos abrazados, desnudos y riendo nerviosos por lo que acabábamos de hacer, como un par de niños que han hecho una travesura.
Poco a poco nos fue venciendo el sueño, dormimos abrazados toda la noche disfrutando de la mutua compañía, acariciándonos en silencio. No pensamos en las consecuencias que traería aquello, pero francamente no nos importaba. En aquel momento lo único que queríamos era estar en los brazos del otro.
Aclaraciones:
Yumi: arco japonés. Los yumi japoneses se dividen en arcos largos (daikyu) y arcos cortos (hankyu), usados en la práctica del kyudo.
Naginata: es un arma de asta usada por los samurái del Japón feudal, compuesta por una hoja curva al final de un asta larga.
Kanji: son los sinogramas utilizados en la escritura del idioma japonés. Los kanji son uno de los tres sistemas de escritura japoneses junto con los silabarios hiragana y katakana, para los que existen reglas generales a la hora de combinarlos, pues cada uno tiene una función diferente.
Kaiken: Pequeña daga.
Omedetou: significa "Felicidades".
Arigatou: "Gracias"
Tadaima: "Estoy en casa". Es la forma de anunciarse al llegar a casa. Su respuesta es "Okaerinasai" para dar la bienvenida.
Montsuki: Traje tradicional de hombre en las bodas. El montsuki es el kimono de etiqueta negro decorado con el emblema de la familia, o kamon. De hecho, el nombre montsuki significa literalmente "con emblema" y comparte el carácter mon de kamon. Es una prenda de ropa muy formal. Dependiendo del abolengo de la familia y el gusto estético, el montsuki puede llevar uno, tres o cinco emblemas, situados en la espalda, el pecho y los hombros.
Nokan: tradición funeraria nipona. Cuando fallece un familiar comienza un ritual funerario con el objetivo de embellecer al difunto y prepararle para iniciar su camino hacia el más allá.
Ryuma: Significa "caballo esplendido"
Shiramuko: Kimono nupcial tradicional en las bodas sintoístas. Suelen ser blancos y rojos.
Wataboshi: Tocado redondo y blanco que se coloca en la cabeza de las novias en la boda tradicional japonesa.
Boda tradicional y acto del San Sankudo: Los primeros en entrar son los invitados y luego la pareja: la novia entra de la mano de su madre y saldrá, ya casada, de la mano de su suegra. El novio, por el contrario, entra y sale acompañado de su padre. La ceremonia es siempre sencilla y bastante rápida, ya que no dura más de 20 minutos. En ella los novios cumplen un ritual de purificación, se leen palabras de compromiso y se hacen ofrendas a los Kami, que son los dioses sintoístas. Pero el acto más importante de una boda japonesa tradicional es el San sankudo (que significa "tres veces tres a nueve"), un rito que se da luego del intercambio de los anillos y los juzus (una especia de rosarios) a través del cual la pareja hace una promesa de matrimonio ante Gohonzon (un objeto de devoción en el budismo japonés), que consiste en tomar tres vasos de sake (que representan al cielo, la tierra y el hombre) en tres sorbos. Este proceso primero lo hace el novio y luego la novia, y se hace de esta forma ya que el 3 es un numero sagrado que traerá felicidad a la pareja y representa la unión de la misma en cuerpo, mente y espíritu. Al terminar la ceremonia los invitados realizan una procesión detrás de los novios hasta el lugar donde se sacarán la foto familiar.
