¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
¡PIDO MIL PERDONES POR LA TARDANZA! He estado meses desconectada de internet y redes sociales, ni siquiera tiempo para leer historias tengo. Voy mirando cada día la pagina rapidamente y apuntando las nuevas historias que salen para poder leerlas en cuanto tenga hueco.
Mi vida es un caos últimamente, pero no para mal, me han mejorado las condiciones de trabajo lo que lleva aun aumento de horario y con ello de sueldo que me viene muy bien, la única pega es que no tengo casi tiempo para actualizar. Como la anterior actualización me quedó un poco corta me dije a mi misma: Vamos ha hacer un capítulo intensito y largo, y ahora temo haberme pasado de intensa (mil perdones jeje)
Espero de corazón que la espera mereciera la pena, algunos lectores me han expresado su desagrado con el capítulo anterior, algunos incluso han tirado la toalla con la historia y una parte de mí está bastante apenada pero otra piensa: vaya, puede que esos sentimientos de tristeza y desesperacion que intento plasmar de verdad están siendo plasmados. Se que esta historia no es muy feliz que digamos pero sobretodo lo que intento plasmar es una relación tóxica, una relación de amor odio que tanta gente en su día a día tiene y que no puede dejar por más daño que nos haga.Espero que esta última parte del capítulo os guste y que me dejéis un review para hacerme saber que tal. Espero no tardar de nuevo tanto tiempo en actualizar.
Muchas gracias por todos y cada uno de los mensajes, tanto los privados como los reviews que cada poco me mandabais preguntando por la historia. Siento mucho no poder contestarlos a todos, simplemente MIL GRACIAS DE CORAZÓN POR EL APOYO Y EL CARIÑO. No sabéis lo feliz que me pone ver lo mucho que os gusta mi historia.
Prometo volver pronto pero no se cuando, lo que podéis tener por seguro es que Protectora no va a ser abandonada nunca y que cada huequito que tengo, aunque sean cinco minutos al día lo uso para escribir. MIL PERDONES también si se me cuela alguna falta de ortografía pero tras releer y releer siento que se me caen los ojos por lo que si veis algo que no esté bien me lo comentáis por favor con un mesajito y lo solucionaré cuanto antes.
Una vez mas mil disculpas por la tardanza.
Sin mas a leer.
Capítulo treinta y dos.
A la mañana siguiente los rayos del sol me despertaron, no eran fuertes rayos que sobresaltaran, apenas era un haz de luz haciéndome notar que casi estaba amaneciendo.
Mi cuerpo tumbado boca abajo se notaba pesado, estaba cómoda y caliente bajo aquel grueso futon llevándome a un estado de sopor que me tenía medio dormida y medio despierta.
Me levante sobresaltada al darme cuenta la situación en la que estaba. A mi lado Ranma dormitaba tranquilo, su rostro apacible y despreocupado, su brazo por encima de mi cuerpo... todo en nosotros gritaba la palabra DESHONOR, debía despertarle antes de que alguien nos viera.
— Ranma, despierta — le moví con suavidad.
Su rostro se arrugó y se acurrucó un poco más — Cinco minutos más madre — murmuró.
Me contuve de soltar una carcajada. Aunque una parte de mí estaba furiosa por haber echado todos mis esfuerzos y mi orgullo de mujer a perder por una noche entre sus brazos, la parte enamorada de mí no podía evitar adorar la imagen frente a mis ojos, pero no, debía sacarle de allí. Por su bien y por el mío.
— Ranma, arriba tienes que irte.
Sus ojos se abrieron levemente y el azul de su iris se puso de un tono más oscuro. Unas leves cosquillas se acumularon en la boca de mi estómago. Era muy guapo. Demasiado.
Observe su perfil mientras se desperezaba, sus ojos me miraban con cariño y una leve sonrisa surcó su rostro haciéndome temblar.
Me daba mucha rabia el pensar que me había entregado a él sin rechistar, dejando claro que todo lo que había hecho para alejarle, mi orgullo y mi dignidad se habían quedado en un segundo plano solo con uno de sus besos. Quizás no era tan fuerte como pensaba.
— Buenos días — murmuré con una semi sonrisa.
Su rostro entonces se transformó en una mueca de pavor. Se levantó quedando sentado sobre el futon y se llevó las manos a la cabeza.
— No puede ser... no puede ser ¡maldiga sea! — gritó con rabia.
— Baja la voz — le reñí sin entender el porqué estaba tan alterado, la que debería estar así era yo que había traicionado a mi señora y a la promesa que hice con los protectores, ¿ por qué demonios estaba él así si fue él quien me buscó?
— Maldita sea Akane ¿que hemos hecho?
Fruncí el ceño y me crucé de brazos — ¿De verdad tengo que explicártelo?
— No te atrevas a bromear Akane Tendo — dijo levantándose y poniéndose la parte de abajo de su traje — esto que hemos hecho es una locura.
Le imite y tome mi yukata del suelo, atándolo de mala forma, simplemente evitando que mi desnudez fuera visible — Que yo sepa fuiste tú quien vino a mi cuarto en la noche sin buenas intenciones.
— No debí hacerlo, y tú no debiste permitírmelo.
La rabia comenzó a crecer en mi interior al igual que una tormenta de verano. Le veía caminar de arriba abajo por toda mi habitación despeinando sus ya de por sí despeinados cabellos y murmurando cosas tales como "no debí" "soy un imbecil" o "como se me ocurrió maldita sea".
Sentí una terrible gana de golpearle hasta dejarle sin conocimiento ¿como se atrevía? ¿Como era capaz de mostrar sin pudor que estaba arrepentido de lo que habías hecho cuando debía ser yo quien estuviera como un león enjaulado? Había pisoteado yo misma mi dignidad de mujer por él aquella noche y no iba a permitir que la pisoteara el esa mañana.
Me crucé de brazos y alce mi barbilla con altanería, mirándole como si fuera el más inferior e insignificante de los insectos y con la voz más burlona que pude poner dije — Vaya, pobre Ranma, se siente mal por serle infiel a su linda esposa.
Deje que mis celos hablaran, una mujer celosa y despechada era terriblemente peligrosa y más si como yo te sientes decepcionada contigo misma por lo que fui a dar donde más daño sabía que haría.
Y parece ser que funciono ya que su rostro giro hacia mí con tal brusquedad que juraría que pude escuchar su cuello crujir.
— ¿De que diablos hablas Akane?
A pesar de que sus ojos me decían que estaba andando por terreno pantanoso yo como la muner cabezota que soy no tuve problema en entrar a la zona de guerra una vez más.
— Estas muy alterado, ¿quizás al saber que tu esposa está arriba y tú aquí con una mujer medio desnuda? — negué varias veces con la cabeza y solté unos sonidos con la boca como pequeños chasquidos reprobatorios — Pobre Ranma ¿remordimientos de conciencia?
Se acercó a mi hecho una furia — Deja de decir idioteces — dijo con la mandíbula tensa — siempre pensando lo peor de mi.
— ¿Por qué será? — pregunte con ironía.
— Si estoy como estoy es por ti, maldita cabezota — soltó con rabia apuntándome con el dedo con severidad — ¿no te das cuenta de que pude meterte en un problema grave?
— Pues claro que soy consciente — dije sin dejarme alterar por su severidad — Se perfectamente que mi cuello corre peligro por el simple echo de acostarme contigo, pero no le importo porque esto que he hecho es una forma de cerrar este estupido capítulo que hemos vivido juntos y que jamás debió ocurrir.
Podréis pensar que soy idiota, una incongruente o que no sabía lo que quería y si, tenéis razón en todo pero también es verdad que en aquella época estaba confundida, era una niña que estaba viviendo la vida de un hombre adulto y cuyo corazón estaba tan destrozado que confiar y amar era un tema que no se me daba muy bien, además de que era y soy una mujer muy impulsiva que se deja llevar por lo que siente y piensa en el momento, aunque mi señora me hubiera entrenado para no hacerlo. Pobrecita, fracaso en eso.
A día de hoy no se me da muy bien eso de hacer las cosas con cabeza.
— ¿Cerrar un capítulo? ¿Hablas de nosotros? ¿Eso soy para ti? — preguntó con rabia.
— ¿ Y que quieres ser Ranma? Fuiste tú quien me convertiste en esto, fuiste tú quien me hizo desconfiar de los hombres y fuiste tú quien rompió toda historia que hubo entre nosotros — Sus ojos me miraban con una mezcla entre la rabia, el miedo y la sorpresa, estoy segura de que no me entendía y que decir que yo tampoco lo hacía.
Era consciente de que estaba entrando en un bucle enfermizo del que no podía salir. Era consciente de que debía alejarme del joven señor, era consciente de que debía enterrar todo ese amor y era consciente de que aunque en mi cabeza todo sonara tan bien a la hora de la verdad volvía a caer como una estupida adolescente enamorada. Y eso me ponía enferma.
— ¿Es que acaso pensanbas que algo iba a cambiar entre nosotros? — escupí con rabia retándome con la mirada, reto que para mí sorpresa me devolvió.
— No pienso caer de nuevo en tu juego de provocación Akane. Te conozco más de lo que crees y se lo que intentas.
— ¿Y según tu que intento?
— Ponerme nervioso, arrinconarme para que recule y escape — tuve que disimular para que no viera en mi rostro la sorpresa — pero no lo haré Akane Tendo. No está vez.
— Te crees muy seguro de ti mismo.
— Lo estoy — susurró acercándose a mi rostro — A ver cuando entiendes de una maldita vez que todo lo que hago es por ti, que si hay algo que me hace arrepentirme de esta noche es el pensar que sinte descubren eres mujer muerta.
— Si tú no dices nada y yo no digo nada no tiene porque saberlo nadie — le dije con seguridad.
— ¡Pues claro que no diré nada! No quiero que mueras.
— Entonces ya puedes irte — le digo pasando a su lado para acercarme a la puerta — dado que ambos sabemos los riesgos que esto lleva es mejor que guardemos el secreto y que esto no vuelva a pasar. Nunca.
La firmeza de mis palabras le trastocó, su mandíbula se tensó y en menos de un segundo ya me tenía apresada entre sus brazos y la pared.
— ¿Qué diablos haces? — le pregunté con rabia.
— No voy a permitir que te alejes de mí, no de nuevo.
Intente alejarme de él pero sus brazos me apresaron con fuerza — Por las que luches, por más que intentes evitarlo, sabes tan bien como yo que quieres estar conmigo.
— ¿Qué diablos quieres Ranma? Me vas a volver loca — dije con desesperacion — primero te arrepientes, luego me reclamas y me dices que temes por mi vida y ahora no quieres que me aleje ¿a qué diablos juegas?
— ¡No lo se! — gritó con rabia haciéndome pegar un bote — Lo único que se es que quiero protegerte de todo y la única forma es alejándome — a medida que hablaba su voz bajaba de intensidad y sus brazos dejaban de usar la fuerza convirtiéndose en una leve caricia — pero sólo de pensar en tenerte lejos... me mata... no se que hacer, si dejarte ir o apresarte entre mis brazos para siempre.
Me estremecí ante sus palabras, tan dulces, tan dolorosas... estábamos en una rueda sin salida donde queríamos alejarnos pero no podíamos, era doloroso y cruel...
Debia elegir entre el deber y el honor o cometer una locura y dejarlo todo atrás. Sopese todas las ideas en mi cabeza y por un ligero momento paso por mi cabeza la idea de fugarnos juntos, alejarnos de todos y vivir felices, pero esa no era la solución ya que tarde o temprano los problemas volverían duplicados, nos echaríamos la culpa el uno al otro de lo malo que nos pasará y acabaríamos separados u odiándonos.
Debía ser yo quien pusiera en orden todo aquello.
— Ranma por el bien de los dos, debemos alejarnos.
— No puedo — volvió a afianzar el agarre haciendo que me estemeciera.
— Debemos hacerlo, esto ha sido... bonito pero no se volverá a repetir. Tú estás casado y yo...
— No me importa — me corto — te amo y se que tú también me amas.
— Eso no es cierto — dije en un vano intento de que se rindiera de una vez — te ame pero ya no.
Soltó una débil risa y me miro con una dulce burla en sus ojos — Mientes, me amas como yo te amo a ti, sino no te hubieras entregado a mí como lo hiciste anoche.
— Eres un idiota egocéntrico— murmuré entre la burla y la indignacion de que me conociera tan bien.
— Pero me amas y si no déjame demostrártelo — y sin que pudiera hacer nada me beso con rudeza. Nos devoramos mutuamente de nuevo como habíamos hecho horas atrás.
Una vez más nos entregamos a nuestros deseos más oscuros sin importarnos nada más que nosotros y nuestro amor.
Porque si, aunque me lo negara un millón de veces, aunque intentara negarlo y me autoflagelara por ello, no puedo negar lo que sentía y siento por ese hombre. Por mucho que me doliera lo que yo sentía por Ranma era amor, un amor enfermizo y obsesivo que me podría llevar a la tumba, pero demonios si estar entre sus brazos valía la pena.
Tras la boda del joven señor las cosas empeoraron en la casa de los Saotome ya que las constantes negativas de Ranma en cuanto a dormir con Shampoo tenían a la china de un humor de perros.
— ¿Que clase de joven recién casada no es capaz de mantener en su lecho a su marido? — le había dicho Mizuno-sensei a Shampoo aquella mañana consiguiendo que la china explotara increpando a su flamante esposo.
— ¿Donde estar toda la noche? Shampoo quedarse esperando.
A lo que Ranma encogiéndose de hombros respondió — Por ahí.
La china explotó en mil maldiciones azotando su cuenco con rabia y saliendo del salón.
— ¿No pasaste la noche con tu esposa? — preguntó Gemma con reproche.
— Que me casará con ella no significa que deba cumplir como marido.
— Eres un imbecil, cualquiera en tus pantalones estaría aullando por tener una mujer como Shampoo.
— No me interesa — dijo Ranma con la mandíbula tensa.
— Hijo— habló Nodoka-sama por primera vez — Sabes que Shampoo no es de mi agrado, pero ahora estáis casados os debéis el uno al otro y debes traer al mundo al heredero Saotome... aunque sea con ella.
— No pienso tocar a esa mujer, ni hoy ni nunca.
— Ingrato — gruñó Gemma — No es honorífico buscar fuera lo que tú esposa te proporciona.
— Y se lo dices tú — pensé mirando a Ukyo quien comía junto a Ryoga sin levantar la vista del plato. Si Ranma solo supiera que Ukyo y Mousse son sus hermanos... Mousse ¿estaría bien? No había vuelto desde la boda y por lo que parecía no tenía intención en volver pronto.
— Lo que haga o deje de hacer no es de tu incumbencia — dijo Ranma con severidad para luego darle una ligera mirada y bajar los ojos con rapidez.
Aunque me hice la desentendida note la mirada que me lanzo Nodoka-sama, y como a esa mujer no se le escapa una temí que se diera cuenta de lo que había sucedido entre su hijo y yo.
¿Y si lo descubría? ¿Me delataría ante el consejo o guardaría el secreto? ¿Verdugo o cómplice? No quise ni pensarlo.
Los dias pasaron y Mousse volvió pero no era el Mousse de siempre, estaba apagado apenas hablaba y solo le veía cuando entrenaba en él dojo y me unía a él y diréis, ahí es un buen momento para hablar. Si lo era pero Mousse no soltaba prenda. Cada vez que buscaba entablar una conversación con él me ignoraba o me decía que no podía perder la concentración.
Recuerdo estar muy triste ya que sentía que había perdido a mi mejor amigo, Mousse estaba muerto en vida y eso también me mataba a mi.
Por el contrario con Ranma las cosas iban de forma extraña. Por el día apenas hablábamos por los deberes que ambos teníamos, pero al caer la noche cuando todos estaban dormidos nos escapábamos y dábamos rienda a nuestro amor prohibido. Lo que más me sorprendía es que Shampoo no le hubiera seguido nunca, a lo mejor su amor por Ranma era tan grande que no quería darse de golpe con la realidad de que su marido estaba con otra, o tal vez era su amor propio más grande que una montaña lo que la hacía tener la esperanza cada noche de que Ranma acabaría yendo con ella. Nunca lo supe ni nunca lo sabré pero sinceramente, poco importa ya que yo estaba viviendo una realidad agridulce con la que estaba conforme y feliz.
Por el día dos extraños, un señor y su criada, por la noche los más apasionados amantes.
¿Por que luchar contra los sentimientos? ¿Como iba a estar mal aquello que se sentía tan bien?
Pasamos una semana maravillosa de encuentros furtivos y en mi cabeza no me entraba la idea de que alguien que no fuéramos Ranma y yo supiera nuestro romance, pero como dije antes a Nodoka-sama no se le escapaba nada.
Una tarde estábamos en su habitación, acabábamos de llegar de Edo y estaba ayudándola a guardar todo lo comprado aquel día. Como su Protectora era mi deber estar con mi señora y acompañarla cuando ella y donde ella quisiera. No me molestaba ni ponía objeción pero desde un par de días que notaba su mirada sobre mi nuca, una mirada vigilante como la de un halcón en el cielo vigilando a un despistado ratón.
Nunca decía nada y aparentaba normalidad pero la conocía bien y sabía que mi señora estaba alerta.
— Akane — habló con seriedad mientras doblaba un kimono.
— Dígame mi señora.
— ¿Estas con mi hijo? — me soltó de sopetón haciendo que frenara en seco lo que estaba haciendo.
La mire con los ojos muy abiertos debido a la sorpresa ¿como lo había sabido? ¿Sería solo un farol o de verdad nos había pillado?
En su rostro no había ápice de duda, sus ojos me miraban entre cerrados, fijos y oscuros como si fuera un ladrón rastrero, sus labios se cerraban con fuerza creando a penas una delgada línea rosácea. Sus cejas, su ceño, sus hombros y manos, todo en mi señora exudaba rabia y crispación.
— ¿Me vas a contestas? — me pregunto con rabia.
Sabía que siempre podía mentir, negarlo todo firmemente y evitar así una confrontación pero sería inútil ya que Nodoka-sama sabía leerme como cualquiera por lo que sería la mentira más breve del mundo.
Comencé a temblar, no podía negárselo, no a ella, no a la mujer que me lo había dado todo y a la que yo había traicionado por rendirme a las más bajas pasiones, por lo que bajando la cabeza apenada asentí levemente.
La escuché suspirar pero no me atreví a verla a la cara, estuve mucho tiempo sin mirarla a la cara fijamente en realidad. Mi señora no se merecía esa tradición por mi parte.
— ¿Es que no has aprendido nada?
— Mi señora...
— No — No me grito, no alzo la voz ni un ápice pero su tono fue tan firme, tan severo que me estremeció de tal forma que me puse a temblar como una hoja — Ahora me vas a escuchar, ¿es que esos cuatro años de dolor incertidumbre no te han enseñado nada? ¿Es que no tienes amor propio?
No dije nada, Nodoka-sama no buscaba una respuesta por lo que me mantuve en silencio y aguante el chaparrón — Me avergüenzas, tú, que se te llena la boca diciendo que eres una mujer independiente, que desde que eres una niña sabes que no estás echa para ser solo una esposa... ahora a que te rebajas ¿a ser la puta privada de mi hijo?
Esas palabras me dolieron como mil puñales y más viniendo de ella — No me puedo creer que hayas sido tan estupida como para ponerte en riesgo de esa forma y todo ¿para que? ¿Por venganza a Shampoo? ¿Por venganza a mi hijo? ¿Para demostrarte a ti algo? ¿¡Por que!?
Cada que el tono de voz de Nodoka-sama subía yo me encogía cada vez más en mi sitio. Sentí unas lagrimas acumularse en mis ojos pero no las deje salir, no podía ser una niña llorona, había errado como mujer y aguantaría la reprimenda como una.
— Contéstame — pidió firme
Me mantuve unos segundos en silencio pensando en las palabras de mi señora ¿de verdad creía que era por vengarme de Shampoo o de Ranma? Jamás haría algo así y me dolía que lo pensara, yo no era ese tipo de mujeres, ella me había enseñado bien, debería saber que si había hecho lo que había echo era precisamente por amor y no por venganza.
— Primero de todo mi señora quiero pedirle disculpas, no merece una tradición tal, usted me lo dio todo y yo le pago de esta forma — dije con voz temblorosa — tiene razón, tiene razón en muchas cosas como que soy una Boba ilusa o que apenas tengo amor propio por rendirme a los brazos de un hombre que tanto daño me ha hecho — temblé ligeramente y apreté mis ojos para evitar que esas malditas lagrimas que amenazaban con salir corrieran por mis mejillas — pero la verdad es esta, amo a su hijo, le amo desde que llegue a esta casa y me miro, le amo con toda mi alma y corazón, es un amor doloroso, desgarrador y cruel ya que nunca podrá ser mío, pero también es un amor puro y verdadero, de esos que solo te pasan una vez en la vida y te vuelven una idiota sin cabeza.
Di una pequeña pausa buscando alguna palabra o reacción por su parte, pero solo recibí silencio — Se que amo a su hijo pero también se cual es mi lugar. Se cuales son los riesgos a los que me enfrento si alguien más se llega a enterar de esto, le pido perdón por mi imprudencia y torpeza pero no se preocupe mi señora que yo sé bien cual es mi lugar.
Nodoka-sama se levantó furiosa y sin poder evitarlo me moví unos centímetros hacia atrás, es increíble el poder que tenía esa mujer a la hora de imponer respeto. Cerré los ojos esperando una bofetada que nunca llego, al menos la física.
— No me parece que sepas muy bien cuál es tu lugar, Akane. En realidad creo que no lo sabes — Esa bofetada verbal dolió más que si hubiera estrellado su firme y blanca mano en mi mejilla — Ahora mismo no quiero verte, lárgate de aquí, vete a entrenar o al bosque o a donde te dé la gana, pero no te me cruces en un tiempo prudencial.
Me levante con rapidez y la cabeza gacha, hui como un perro con el rabo entre las piernas sin atreverme a replicar porque aunque me doliera reconocerlo mi señora tenía razón en lo que me había dicho, me había saltado todas las normas que había jurado además de sumar que había traicionado su confianza ¿merecería algún día su perdón?
Mis pies me llevaron veloces hasta el dojo que se encontraba vacío, ni siquiera pare ante el llamado de mi ahijada quien me hablaba preocupada.
— Ahora no, Akane — la severidad con la que hable a la pequeña A-chan me recordó a cuando yo tenía su edad y mi madre me regañaba.
Me arrepentí después de hablarle así a la pobre A-chan que no tenía culpa de nada pero en aquel momento solo quería encerrarme a llorar o a destrozar todo lo que encontraba a mi paso. Cualquier opción era bienvenida.
Cuando llegue al dojo cerré las puertas con rabia y comencé a hiperventilación, me lleve las manos a la cabeza y me apreté las sienes con rabia. Camine como una leona enjaulada intentando asimilar las palabras de mi señora.
Me habían dolido, no podía mentir. Hubiera preferido una katana en el abdomen a sus duras palabras y lo peor de todo es que tenía razón, por eso me había dolido tanto porque en mi alma y corazón sabía que mi señora me había escupido la verdad en la cara.
No solo le había mentido también le había decepcionado y eso era lo que más rabia me daba.
Debía tomar una decisión: debía cortar cualquier relación con Ranma y recuperar la confianza de mi señora o seguir con esta locura tan maravillosa y perder todo aquello que había conseguido con esfuerzo y lágrimas.
Había varios finales posibles, por ejemplo, si dejaba a Ranma eso no significaba que mi señora volviera a confiar en mí, ¿y si decidía seguir con Ranma y nos pillaban? Mi cabeza rodaría por el suelo.
Podía seguir con él y pedir clemencia a mi señora o simplemente dejarle marchar y esperar a que en un tiempo Nodoka-sama me perdonara.
Frote mis ojos con rabia notando de nuevo las lágrimas acumularse ¿por que demonios era todo tan complicado? ¿Por que no podía la vida ser más simple como cuando somos pequeños? ¿Por que Kami me odiaba tanto?
— ¿Que? ¿Otra vez llorando?
La voz de Mousse me sobresaltó, me encontré sentada en el suelo apoyada en la pared con mi cara entre mis rodillas. Su figura estaba difuminada por mia lágrimas y mi puchero aumentó.
Mousse sonrió levemente — en el fondo eres una blandita.
— Baka — susurre intentando frenar mis hipidos, pero fracase estrepitosamente.
Se acercó a mí a paso lento y se sentó a mi lado apoyando su espalda en la pared. Observe su perfil, sus ojos cerrados y su rostro pacifico. Suspiro con fuerza y abrio los ojos mirándome fijamente.
— ¿Hasta cuando vas a llorar por el?
Abrí los ojos con sorpresa — No entiendo a que te refieres — dije con nerviosismo.
— Sabes de lo que hablo.
— Te equivocas — le corregí con rapidez frunciendo el ceño.
Alzó una ceja con curiosidad como si no entendiera mi insistencia en negar lo que le estaba diciendo — ¿Entonces no estás llorando por Ranma?
—¡No! — grite atropelladamente.
Se quedó unos segundos en silencio, mirándome fijamente y muy serio. Sus ojos azules me hicieron temblar, tenían un brillo raro, me miraban con una mirada reprobatoria pero también había algo que identifique como... pereza.
—¿Entonces por qué lloras? — preguntó de repente.
Pensé un rápido momento que podía contestarte, mi cerebro trabajo a toda velocidad buscando una respuesta lo suficientemente convincente.
— No consigo dominar una técnica, me frustre y deje salir la frustración de esta forma.
Mousse puso un gesto cómico en su cara y negó con la cabeza — ¿Me tomas por imbecil?
— ¿Enserio tengo que contestar a eso? — intente picarle y que olvidara esta estupida e incómoda conversación. Con un poco de suerte acabaríamos discutiendo y olvidaría el tema, como hacía con Ranma...
Pero obviamente Mousse, no era Ranma.
— Muy bien — dijo con cansancio levantándose — sigue engañándote a ti misma y a los que te quieren. Sigue perdiendo la dignidad por una fantasía. Lo estás haciendo muy bien.
Sus palabras me dejaron un poco flasheada. Veía su espalda cada vez más lejos de mí, de verdad estaba dispuesto a largarse y dejarme como una cobarde.
— Mousse — susurre levantándome. El freno sus pasos y se giró levemente para mirarme. Mi labio inferior comenzó a temblar y solo pude correr a sus brazos.
Escondí mi cara en su pecho y comencé a sollozar. Con delicadeza me acuno entre sus brazos y acaricio mi espalda con cariño.
No podía mentirle, no podía mentir a nadie, ni siquiera a mí misma. Lo que estaba viviendo con Ranma era algo maravilloso que me hacía feliz, pero no era más que un espejismo, una fantasía pasajera.
Yo no era más que su amante, la mujer con la que dormía cuando su esposa se iba a descansar, pero nada más. Yo no sería nunca su esposa, no llevaría su apellido ni sería la madre de sus hijos. Jamás pasearía de mi brazo ni le presentaría a sus conocidos. Nunca sería nada más que la Protectora de su familia, una simple criada cuidando su espalda. Sería una sombra.
Solloce más fuerte y mi mejor amigo beso mi sien.
— Déjalo salir — susurró con cariño.
Aspire su aroma a medida que mi llanto se tranquilizaba. Apreté mi cara contra su pecho y caía en la cuenta de que hacía mucho tiempo que no recibía un abrazo de Mousse, un abrazo sincero de un amigo que quiere tu felicidad.
Hacía mucho tiempo que Mousse no era más que una sombra de tristeza, un alma en pena que no volvería a sanar jamás.
Incluso me había echo a la idea de que había perdido a mi mejor amigo pero con ese abrazo lo había recuperado. Su olor como a incienso y a flores de cerezo inundó mis fosas nasales y me llevo a lejanos recuerdos donde éramos unos crios y entrenábamos a escondidas. Donde no había decepciones ni dolor, una época en la que fui feliz.
No me había dado cuenta lo mucho que había echado de menos a Mousse hasta que le dio ese abrazo.
— Estoy muy perdida Mousse — susurre con pesar.
— Yo muy bien se lo que es no poder sacarte del alma y del corazón a quien piensas la persona más maravillosa del mundo — me separo de él levemente y me miro a los ojos, pero esta vez no había regaños sino mucho cariño — pero tienes que darte cuenta Akane de que ahora, tú destino está sellado. Decidiste tú camino, el camino del honor y casi lo destruyes por un hombre que te dio la espalda sin ninguna explicación.
Mordí mi labio levemente intentando frenar su temblorina — No quiero que llores más por el Akane. No quiero que llores por nadie. No pierdas más tu dignidad por alguien que no lo merece. Yo sé bien lo que es arrastrarte por el barro por migajas. No quiero que pases por lo mismo.
— No es fácil, le amo...
— Lo se — me dijo — pero este es mi consejo Akane, nunca debes amar a alguien más que a ti misma. Tú eres tú prioridad, y si amar a alguien te lleva a perder la dignidad... perdona que te lo diga pero entonces esa persona no te merece la pena. Tú eres Akane Tendo hija de Soun Tendo, tú eres el maldito río y no puedes permitir que una presa te frene. Tú no has nacido para ser como las demás, tú eres diferente, recuérdalo siempre.
Sus palabras me llenaron el corazón y el alma de calor. Hacía mucho tiempo que me sentía perdida, casi había olvidado quien era. Pero como siempre Mousse me sacaba de los apuros como una bocanada de aire fresco.
— Muchas gracias Mousse, prometo que arreglaré esto.
— Cuídate y haz lo que te pida el corazón, siempre y cuando no atente contra tu dignidad y seguridad.
Me dio un tierno beso en la frente, un beso cálido que me recordó a los que mi padre me daba. Sin decir más salió por la puerta dejándome sola.
Me toque con delicadeza el lugar besado por mi mejor amigo y solté un largo suspiro. Debía hacer algo.
Si había algo que me ayudaría a tomar una decisión era entrenar por lo que me puse en posición de combate y comencé a ejecutar un complicado kata que me había enseñado Nodoka-sama hacía un tiempo.
Doble sobre mis pies y alce un brazo colocando el otro a la altura de mi cadera.
Luego otro giro y una patada alta.
Aunque pueda parecer una estupidez entrenar me calmaba tanto que llegaba un momento en el que podía jurar que volaba.
Debía decidir que hacer, debía pensar con la cabeza y no con el corazón, era lo que siempre le había enseñado mi señora, no debía dejarme llevar por mis sentimientos, debía pensar con aquello que me hace fuerte y diferente, debía pensar con la cabeza y priorizar.
¿Seguir adelante con Ranma o mantener mi honor? ¿Mi señora o mi joven señor? ¿La lealtad de Nodoka-sama o el frágil amor de Ranma? ¿Acaso mi señora no me mostraba también su amor cada día?
Gire un par de veces más y mis golpes se hicieron más contundentes a medida que la lucidez aparecía en mi cabeza.
Nodoka-sama había estado a mi lado siempre, brindándome su amor, su lealtad y su confianza. Había puesto su vida en mis manos y no le había temblado el pulso. Había sido cariñosa y también severa, como una madre.
Había estado ahí cuando los demás no confiaban en mí, me rendía su mano y me levantaba del fango una y otra vez. Fue quien me convirtió en la guerrera que era, la que había puesto su plena confianza y fe en mi potencial, me había defendido de todo y de todos sin dudar enemistando incluso con varias e importantes mujeres de la alta sociedad japonesa.
Otro giro y mi celó se frunció con rabia cuando conectaba un codazo y me defendía de un imaginario golpe.
Nodoka-sama siempre había apostado por mí y yo le había traicionado. A ella, quien me lo había otorgado todo. ¿Por que lo hice? Por un amor apenas existible, ¿amor? No, en Ranma no había amor para mí, ni para Shampoo ni para nadie, solo para sí mismo...
Si me hubiera amado de verdad no había arrastrado mi dignidad por el barro.
Los recuerdos de los cuarto años pasados me sorprendieron haciéndome trastabillar. Que rápido había olvidado el dolor y las lagrimas vertidas... que rápido había sucumbido ante aquel hombre...
Di dos pasos a la derecha y alce mi mano para luego bajarla lentamente y dar un gran salto.
Era una estupida, una estupida sin amor propio... la culpa no era de Ranma, la culpa era mía y solo mia por no tener ni una pizca de amor propio... debía recomponer los pedazos de mi dignidad y volver a tener la absoluta confianza de mi señora. Aunque hacerlo desgarrara una parte de mi alma.
Tome todo el aire que mis pulmones pudieron acumular y lo solté con delicadeza preparándome para el movimiento final, giré mi pie y con el impulso de mi propia cadera lleve el brazo hacia atrás con la mano abierta.
Abrí los ojos con sorpresa cuando una gran mano frenó mi golpe.
— Estas distraída — Ranma me miraba con gracia aún con mi mano entre la suya — pensé que me escucharías entrar.
— Estaba distraída — conteste simplemente alejando mi mano, cosa que pareció sorprenderle.
— Bueno — puso sus manos en su nuca, gesto que hace cuando se siente nervioso e incómodo y comenzó a pasearse por el dojo — ¿entrenando un rato?
Asentí levemente observando en silencio su perfil. Era guapo, muy guapo. Posiblemente el hombre más guapo de todo Japón y me atrevería a decir que del mundo entero. Además tenía una fuerza tanto interior como exterior que le hacían un excelente guerrero. A mis ojos Ranma Saotome era todo lo que me gustaba en un hombre.
— ¿Necesitas compañía? — la torcida sonrisa que puso en su rostro me estremeció. Sabía a lo que venía, lo que andaba buscando. Lo que siempre buscaba en mi...
Era el momento de poner fin a aquella locura.
— Creo que mejor hablamos — alzo una ceja y se rascó la nuca con confusión.
— Claro pero... ¿de que?
Nos miramos unos segundos en silencio, el preguntándome que me pasaba, yo intentando hacerle ver que aquello no era correcto. Mis labios no eran capaces de expresar lo que quería decir así que intente con todas mis fuerzas que entendiera lo que mis ojos querían expresar. Que todo se había terminado. Y esta vez para siempre.
— Habla — me pidió ya nervioso — ¿te ha pasado algo? ¿Es algo del consejo?
— No, no para nada — negué intentando que se calmara — pero... es importante.
— Pues habla de una vez me estás desesperando con tanto secretismo.
Frungi el ceño y por un momento deseé estamparle un puñetazo en la cara. Si ya de por si me era difícil expresarle mis pensamientos e inquietudes con su infantil y caprichosa actitud se me hacía casi imposible.
— ¡Akane!
Su paciencia tenía un límite, lo sabía y entendía, yo nunca había sido una persona que sabe esperar. Era ahora o nunca.
— Esto es un error — solté de repente.
Me miro con curiosidad sin llegar a entender del todo mi mensaje. Me sobe las sienes un momento intentando bajar mis nervios y frustración. Casi se me olvida que Ranma era buen guerrero pero a veces llegaba a ser bastante "corto"
— Me refiero a esto — hable señalándonos con las manos — Nuestra relación, si es que se le puede llamar así... no está bien.
—¿Por que dices eso? — el tono de su voz se volvió duro y grave. Sus cejas se juntaron en el centro de su frente y su nariz se arrugó en una expresión de enfado y congoja — ¿a que viene eso ahora?
— Tú madre lo sabe.
Se puso blanco y sus ojos se abrieron de par en par. Casi noté un imperceptible temblor en sus hombros pero no dijo nada. Estaba realmente sorprendido.
— Me ha dicho que... que lo sabe y me ha hecho ver que esto es un error, mi vida está en juego Ranma... y mi dignidad también.
— ¿Ti dignidad? ¿Que tiene que ver tu dignidad en esto?
— Porque el estar contigo me ha llevado a pisotear mi orgullo y mi dignidad. Me he arrojado a tus brazos sin pensar en las consecuencias y mucho menos el daño que me hiciste.
— Creí que eso estaba olvidado.
— Pues creíste mal — dije con firmeza — Nunca se va a borrar ese dolor Ranma, siempre va a estar presente. Si ahora soy la protectora de tu familia es por la decisión que tomaste hace cuatro años. Y no voy a renunciar a todo lo que soy ahora por un par de revolcones contigo.
— ¿Eso soy para ti? — me pregunto dolido.
— Por supuesto que no, y lo sabes — conteste sería — sabes muy bien lo que mi corazón siente por ti, pero eso no puede ser. Debo recuperar olla dignidad que perdí por ti, y volver a ser la chica que era antes. La Akane fuerte e independiente que no quería ser solo una esposa y madre. Quiero ser la mujer que siempre quise ser, una guerrera, por eso me convertí en la Protectora de mi señora, a la que por cierto he herido gratamente. Ha perdido su confianza en mí y eso no lo puedo tolerar, ella estuvo ahí cuando tú te habías ido.
Abrió la boca, supongo que para replicar lo mismo de siempre, que lo que había echo lo había echo por mi, por eso no le deje continuar. Rápidamente alce la mano y seguí hablando.
— Ahora soy la Protectora de Nodoka-sama, la Protectora de tu familia y nada más. Cuando Nodoka-sama no esté mi labor será protegerte a ti y a tu familia. No pienso renunciar a aquello que tanto me ha costado lograr. Haré cualquier cosa por conseguir el perdón de tu madre.
— Siempre supe que fue mala idea que hicieras eso que hiciste — protesto Ranma — es una locura, ¿sabes que mi madre te puede obligar a cometer seppuku?
— Lo se, es un riesgo que he de tomar. Y si así lo desea yo no le reclamaré, me iré de este mundo con dignidad y honor.
— Estas loca...
— Es mi deber.
— Tú deber, tú deber — canturreo con burla, estaba furioso conmigo, mis palabras le habían dolido — ¿y si para proteger a la familia tienes que yacer con otros hombres? ¿Lo harías?
No conteste al instante, primero le mire fijamente a los ojos, esos ojos azules que tanto le gustaban temblaban de rabia y de impotencia.
— Si — conteste con seriedad — es mi deber.
Su rostro se deformó en una mueca de enfado, comenzó a hiperventilar furioso y comenzó a golpear las paredes con fuerza. Yo no me moví de mi sitio, ni siquiera me inmuté ante sus gritos y golpes, sabía lo temperamental que era Ranma pero jamás me haría daño, por muy enfadado que estuviera.
— Eres una traidora — escupió con rabia apuntándome con el dedo — ¡maldita sea Akane porque haces esto ahora!
— ¿Yo? ¡¿Yo soy la traidora?! — en aquel momento si que me enfadé de verdad. No queria entender lo que decía y estaba intentando darle la vuelta a la tórtola y quedar el de víctima o de héroe... como siempre hacía. Y no iba a tolerarlo nunca más —¡¿Te recuerdo quien se casó con otra?!
— ¡Me acabas de decir que te acostarías con otros si el deber te lo ordena!
— ¡¿Y que?! ¡Tú estás casado! — grite con frustración — ¡Tu te casaste con Shampoo cuando me habías prometido que te casarías conmigo!
— Ya te lo he dicho, era mi deber, ¡además..!
— Claro tú deber — le corte con sarcasmos — lo único que importa siempre, tú deber ¡tú honor de guerrero! ¡Tú, tú, tú y siempre tú! Eres un maldito egocéntrico que no ve más allá de tu nariz! ¿Y el honor de los demás? ¿Ese no importa? ¿Que pasa con mi honor? ¡¿Acaso no importa!?
— ¡Por supuesto que si! — gritó frustrado — pero no es lo mismo...
Le observe con los puños apretados por la rabia. Era un maldito egoísta, un maldito egolatra que solo pensaba en él y sus intereses. Nunca me había respetado como artista marcial, fingía respeto pero siempre me había visto como la más débil de todos a pesar de que le había mostrado mil veces que podía arreglármelas sola. Yo no era más que una vía de escape para un matrimonio no deseado. Yo no le importaba lo más mínimo, nunca me lo había demostrado y nunca lo haría...
Definitivamente se había terminado todo.
— Creo que está conversación acaba aquí — dije firme alzando mi cabeza — así como nuestra relación... o lo que quiera que sea esto.
Pase a su lado con furia e intento agarras mi brazo pero con un movimiento firme me solté. Bufo con rabia — Muy bien, ¡vete! ¡Lárgate con mi madre!
No conteste pero me giré con la mandíbula alzada y un gesto altanero en mi rostro, uno del que Nodoka-sama se habría sentido muy orgullosa.
— Adiós, joven señor.
Ranma se quedó callado un momento, supongo que sorprendido por la formalidad con la que le había hablado.
— ¡Quien quisiera estar contigo teniendo la hermosa esposa que tengo! ¡Ella si es digna mujer para ser mi esposa y madre de mi heredero!
Esa fue la gota que colmó mi vaso, me había dolido, me había dolido muchísimo. Tanto que incluso note un dolor físico en el corazón, pero no se lo hice notar, simplemente me giré y salí del dojo dando un sonoro portazo haciendo que la puerta corredera rebotara.
Escuche sus gritos y maldiciones dentro del dojo pero no entre. Seguí caminando hasta la salida de la casa Saotome. Salí y pase por el caminito de tierra que llevaba al bosque. Necesitaba pensar, necesitaba recuperarme de las sensaciones vividas, necesitaba llorar mi dolor y mi rabia.
Camine por el caminito hasta que me perdí en el bosque.
Lo que paso en ese bosque prefiero guardármelo para mi.
