¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

¡PIDO MIL PERDONES POR LA TARDANZA! Se que no tengo perdón de Dios pero esta historia me lleva bastante mas tiempo ya que no me gusta escribir y ya, investigo mucho acerca de la historia de japón y todo lo relacionado con el fin de la era samurai. Es un fic que crea controversia lo se, y a veces me tomo amplios respiros porque tengo muchas ideas y poco tiempo así que la actualización es mas lenta. Es una historia a la que le tengo muchísimo cariño y se que mucha gente también y eso es lo que me motiva a seguir investigando y escribiendo, recibo miles de mensajes diciéndome que amáis esta historia, contándome vuestras teorías y creedme que lo disfruto muchísimo, ver que la gente ama esta historia como yo.

Espero de corazón que la espera mereciera la pena, algunos lectores me han expresado su desagrado con los capítulos anteriores, algunos incluso han tirado la toalla con la historia y una parte de mí está bastante apenada pero otra piensa: vaya, puede que esos sentimientos de tristeza y desesperación que intento plasmar de verdad están siendo plasmados. Se que esta historia no es muy feliz que digamos pero sobretodo lo que intento plasmar es una relación tóxica, una relación de amor odio que tanta gente en su día a día tiene y que no puede dejar por más daño que nos que esta última parte del capítulo os guste y que me dejéis un review para hacerme saber que tal. Espero no tardar de nuevo tanto tiempo en actualizar.

Muchas gracias por todos y cada uno de los mensajes, tanto los privados como los reviews que cada poco me mandabais preguntando por la historia. Siento mucho no poder contestarlos a todos, simplemente MIL GRACIAS DE CORAZÓN POR EL APOYO Y EL CARIÑO. No sabéis lo feliz que me pone ver lo mucho que os gusta mi historia.

Prometo volver pronto pero no se cuando, lo que podéis tener por seguro es que Protectora no va a ser abandonada nunca y que cada huequito que tengo, aunque sean cinco minutos al día lo uso para escribir. MIL PERDONES también si se me cuela alguna falta de ortografía pero tras releer y releer siento que se me caen los ojos por lo que si veis algo que no esté bien me lo comentáis por favor con un mesajito y lo solucionaré cuanto antes.

Una vez mas mil disculpas por la tardanza.

Sin mas a leer.


Capítulo treinta y tres.

Habían pasado varios días desde que había roto toda relación con Ranma. Estaba profundamente herida y sentí que todo lo que había llegado a sentir por él había muerto. Nuestro orgullo y nuestros errores habían matado aquel amor lentamente.

Lo que no permití que nadie viera en mi fue la debilidad en mí, por mucho que me estuviera matando aquella situación no iba a permitir que Ranma me viera sufrir por ello. Yo era una guerrera digna, una guerrera que se había ganado su puesto como Protectora con esfuerzo y dedicación y había estado a punto de tirarlo todo por la borda por un hombre que no merecía la pena.

Me había quedado claro la noche en que todo había terminado.

Ranma se había ido a Kioto por orden del emperador, así que por suerte no tuve que verle mucho tiempo. Según me dijo Ryoga, el emperador tenía una importante proposición para Ranma que podía darle muy buena posición en la corte.

— Tal vez pasemos un tiempo sin verlo – había dicho Ryoga mientras comíamos.

Shampoo estaba que se subía por las paredes ante la partida de su marido, buscando cualquier excusa para salir a Edo con su amiga la señora Ryugenzawa. Para mi muchísimo mejor, si además de librarme de Ranma podía librarme de la china sería como matar dos pájaros de un tiro.

Mi principal preocupación en aquel momento era recuperar la confianza de mi señora quien me miraba con resentimiento. Apenas me dirigía la palabra y si lo hacía era para darme ordenes, por lo demás nada. El más absoluto de los silencios.

— Parece que ya no eres la favorita de la señora ¿verdad Akane? – me dijo Ukyo burlonamente una tarde.

Decidí acabar con aquello, no quería que mi señora me despreciara, Nodoka Saotome era lo más importante en mi vida, era mi sustento por lo que debía apechugar con las consecuencias de mis actos. Prefería la muerte a su odio.

Sabía que había cometido la peor de las traiciones, que si en el consejo se enteraban mi cabeza ya no estaría sobre mis hombros y que había sido una pésima guerrera. Había destrozado mi honor, tirándolo al fango y pisoteándolo por gusto, por eso debía arreglarlo como diera lugar.

Una tarde subí las escaleras de la casa Saotome con firmeza, dispuesta a enfrentarme por fin a la ira de mi señora. Iba dispuesta a recuperar mi honor aunque fuera muriendo en sus manos, no me importaba hacerlo si era el pago por su perdón.

Cuando llegue a su habitación abrí la puerta lentamente y la encontré leyendo un pergamino con rostro serio. Carraspee un poco para llamar su atención, consiguiendo que esos fieros ojos azules se clavaran en los míos con ira.

— ¿Qué haces aquí? ¿No tienes que entrenar?

No conteste, cerré la puerta lentamente y me acerque cabizbaja a ella. Notaba sus ojos escudriñarme con curiosidad y sin más me deje caer frente a ella en una profunda inclinación mostrándole la parte trasera de mi cuello.

— ¿Qué haces? – como respuesta quite la katana de mi cadera y se la extendí.

— Quiero que sepa que todo lo que pasó fue un terrible error. Usted no se merecía una traición así por mi parte, por eso estoy dispuesta a limpiar mi honor y el suyo.

Mi voz sonó tan firme que me sentí orgullosa de mi misma. La sala se quedó en silencio lo cual me puso muy nerviosa. Una parte de mi tenía la esperanza de que Nodoka-sama me perdonara sin la necesidad de llevarse mi vida por delante, pero tanto silencio era malo… empecé a pensar que estaba decidiendo si me daría una muerte rápida o agónica.

Para mi suerte no fue ninguna de las dos.

Soltó un chasquido con su lengua y me pegó un golpecito en la cabeza — Deja de ser tan melodramática – me regaño haciendo que levantara mi vista enfocándola en sus ojos.

— Señora…

— No pienso matarte – dijo con burla – me ha costado mucho convertirte en esta excepcional máquina de luchar, sería un desperdicio acabar contigo tan rápido. Aunque ganas no me faltan.

Trague duro y apreté con fuerza la katana entre mis manos — Pero debo limpiar mi honor señora, debo recibir un castigo por mis actos.

— Oh querida, por supuesto que lo recibirás, diría que ya lo estas recibiendo…

— No comprendo.

Nodoka-sama me miro suspirando – No te negare que cuando me entere sentí deseos de rebanarte la cabeza de un golpe – Una vez más trague saliva con dificultad, bien sabía que si quisiera podría hacerlo – Pero luego pensando fríamente me dije: ha renunciado a topo por mí, su castigo es perder lo que más ama por sus actos por eso decidí ignorarte. Creo que eso es más que suficiente…

— Mi señora – mis ojos comenzaron a aguarse – Si hay algo que puedo hacer, cualquier cosa…

— Solo te pido que no me vuelvas a traicionar – toda tranquilidad quedó atrás cuando Nodoka-sama me taladro con ojos fríos y subiendo un dedo con severidad apunto a mi nariz – una traición más Akane, y rodaran cabezas y puedo asegurar que no será la mía.

— No volverá a ocurrir mi señora, lo mío con su hijo es pasado. Nunca más volveré a caer ante él lo juro, él está casado y debo respetar su unión.

Nodoka-sama me miró alzando una ceja – Su unión me importa muy poco Akane, quiero que entiendas una cosa muy clara, si estaba muy enfadada no es porque te hubieras metido en medio del matrimonio de mi hijo, sino por tu falta de amor propio.

Me quede pasmada ante sus palabras. Bien sabía que si estaba enfadada era por haber roto mi promesa como Protectora pero también supuse que temió que el honor de la familia Saotome quedara manchado por haberme metido en medio de un matrimonio… por lo visto no era así.

— Sabes muy bien que me dio muchísimo miedo que alguien más supiera de vuestra relación Akane, si el consejo se entera… ¡estas muerta! – Inconscientemente lleve mi mano derecha a mi garganta – pero lo que menos me importo fue el honor Saotome porque querida con el marido que tengo debes entender que para mí los hombres Saotome carecen de honor, incluido mi propio hijo.

A hablar de Ranma noté los ojos de Nodoka-sama oscurecerse de pena – usted le crio sabiamente mi señora, hizo todo lo posible por él y ahora es un gran guerrero y miembro de la corte imperial. Fue una gran maestra para el – dije intentando animarle obviando todo el rencor que sentía hacia Ranma.

— ¿De qué me sirve eso si mi hijo no es capaz de luchar por lo que quiere? – dio un largo suspiro y se miró las uñas con ansiedad – lo importante no es eso Akane, si me enfade como lo hice fue porque veía como te ibas apagando poco a poco, porque veía que la niña rebelde que llegó a mi casa se estaba arrastrando como un gusano por un hombre que no la merece.

— Yo no estaba haciendo eso – me atreví a contradecirla. Mala idea.

— ¡Por supuesto que sí! Y yo no podía hacer nada, solo ver impotente como perdías tu dignidad por un hombre que te estaba usando. ¿Qué había sido de la niña que miraba a los ojos a todos? Incluso a los que se creían superior a ella.

— Señora…

— ¿Dónde estaba esa niña que peleaba con todos aquellos los que se burlaban de ella, que golpeaba a la vida que injustamente la había golpeado a ella? Se estaba marchitando por un hombre ¡un hombre! – Gritaba mi señora fuera de si – esa niña a la que yo admiraba porque no quería ser solo la esposa de alguien estaba humillándose a sí misma por la atención de mi hijo… ¿Cómo no iba a enfadarme? Te estabas perdiendo a ti misma frente a mis ojos y yo no podía hacer nada…

Apreté con brusquedad los puños y cerré mis ojos con dolor. Tenía razón, Nodoka-sama me escupía la verdad a la cara sin miramientos, me decía todo lo que mi conciencia me estaba gritando desde hacía tiempo sin yo hacerle el menor caso… me había perdido a mí misma por Ranma Saotome… y eso era muy triste.

– Le pido el más profundo de los perdones, señora.

Nodoka-sama me miró con seriedad – No es a mí a quien deberías pedir perdón Akane, sino a ti misma.

Asentí levemente y alcé la mirada buscando sus ojos. Los marrones irises de mi señora me observaban con tristeza, como si fuera su propia hija, para mi Nodoka-sama era mi segunda madre, una que no me había traído al mundo pero me había enseñado lo dura e injusta que era la vida, le debía todo y todo se lo iba a dar si me permitía servirla de nuevo.

– Si usted me lo permite, volveré a servirla fielmente, volveré a ser yo misma, la misma que era cuando llegué a esta casa. He aprendido la lección de una vez.

– ¿Y qué has aprendido? – me preguntó.

– Que una nace sola y muere sola – conteste con firmeza – que no puedo entregar el corazón ciegamente y que mi vida es mía y de nadie más, mi vida la vivo como yo elijo vivirla y quiero servirle, hasta que una de las dos se vaya de este mundo.

Nodoka-sama me observo en silencio, no parecía impresionada y no lo estaba. La conocía bien, me llevaría mucho tiempo conseguir su absoluto perdón, pero Edo no se construyó en un día. Poco a poco se movió acercándose ligeramente a mí, tomo mis manos entre las suyas y las apretó.

– El mundo que conocemos está a punto de resquebrajarse querida – me dijo con tensión – mi hijo está en Kioto por una razón de peso, es el mejor guerrero que tiene el emperador y le quiere cerca.

– ¿Por qué? – Pregunté con curiosidad – ¿Hay revueltas en Kioto?

– En todo Japón, llevamos años de tensos enfrentamientos entre los partidarios del shogun y los del emperador, la llama del odio está siendo avivada cada vez con más fuerza y explotara pronto.

– Una guerra…

Nodoka-sama asintió levemente – Ranma ha sido nombrado guarda del emperador por el miedo que tiene este a los partidarios del shogun, quiere tener a sus mejores guerreros cerca por eso ha partido a la capital. Puede que pasen años y no podré ver a mi hijo, tal vez no lo vuelva a ver con vida si la guerra explota y es mandado al frente…

– Ranma es un gran guerrero, aunque haya una guerra no morirá – dije intentando frenar su miedo. Por muy enfadada que mi señora estuviera con su hijo, Ranma era todo para Nodoka-sama, su razón de vivir.

– Ryoga será llamado pronto también, Mousse… no estoy tan segura.

– ¿Y eso por qué? Mousse es uno de los mejores guerreros que hay en Japón.

– Mousse no ha hecho buenas migas con los altos cargos del emperador por lo que le costara más ascender, aunque he de decir que egoístamente me alegro – los ojos de mi señora se tiñeron de una oscura tristeza – a pesar de su origen, de ser quien es, le he criado desde niño y para mi es… como un hijo.

– El la aprecia mucho también – y no era mentira. Sabía bien que Mousse a pesar de ser callado y solitario apreciaba a mi señora, le había dado cobijo, comida y estudios, gracias a Nodoka-sama tenía una buena vida y eso el chino se lo agradecía.

– Tal vez la guerra venga de golpe o poco a poco pero tendremos conflicto y morirá muchísima gente… necesito que estés preparada.

– Entrenaré duramente señora – dije con firmeza – es mi deber, me he preparado desde muy pequeña para servirla y protegerla, entrenaré duramente para que cuando llegue el momento nadie en esta casa sufra el menor daño.

Nodoka-sama asintió y me estrechó con fuerza entre sus brazos. Me paralice por completo pues hacía tanto tiempo que no recibía el más mínimo gesto de mi señora que aquel abrazo fue como si me abrazaran por primera vez.

Mi pecho sufrió un tirón desgarrador y tuve que aguantar las ganas de llorar, no quería ser de nuevo una mujer débil, debía aguantar la tristeza y ser fuerte, por ella y por mí. La abracé con fuerza pidiéndole perdón en aquella muestra de cariño, ambas nos fundimos en ese abrazo intentando perdonar y ser perdonadas, haciendo promesas de futuro e intentando volver a poner la confianza en esa relación señora-protectora.

Con paciencia lo lograríamos.

1863

Los siguientes años me los pasé entrenando como nunca antes había entrenado. Tenía 22 años y mi nombre empezaba a ser conocido tanto en Edo como fuera de él. Decían de mí que era una guerrera poderosa, la primera mujer en ser protectora, algunos me apoyaban y mostraban sus respetos cada vez que caminaba por la ciudad, otros me lanzaban burlas e incluso alguno quiso pelear conmigo, la mayoría hombres, samuráis venidos a menos que intentaban mostrar su poder peleándose conmigo.

Nunca acepte ninguno de sus desafíos.

– Corazón de hielo Akane – me repetía una y otra vez cada vez que algún hombre intentaba burlarse o me retaba – nunca pierdas la compostura.

Mi señora volvió a recuperar su confianza en mí, ella se quedó al cuidado de mi ahijada, a la que daba los estudios que cualquier niña de buena familia debía tener. De vez en cuando la llevábamos a casa de Momoha para que viera a su madre y a su hermano pequeño. Lastimosamente la criada de Momo-chan, la señora Ashikawa falleció hacía un par de meses debido a la edad, se fue una noche feliz mientras dormía.

– Esos cerdos, se merecen una patada – reí ante las palabras de Mousse, mi fiel compañero. Como bien había dicho Nodoka-sama, Mousse no fue llamado a la corte imperial como Ranma o Ryoga que iba cada cierto tiempo a Kioto.

Nunca le afectó y si lo hizo no dejó ver esa frustración, creo que en cierta parte fue incluso un alivio para él no ser llamado a servicio del emperador, demasiado trabajo por un hombre que no le caía demasiado bien – me gusta que quiera abrirse al mundo, pero como persona… no es de mi agrado – había dicho una noche que Sasuke le preguntó cómo era el emperador.

Sasuke, otro de mis fieles apoyos seguía siendo el fiel guardián de Momo-chan y si Mousse era mi mano derecha, Sasuke era la izquierda. Su entrenamiento había dado sus frutos y era un guerrero letal y silencioso, un aliado a tener en cuenta en una batalla. Los tres hacíamos un equipo perfecto a ojos de Nodoka-sama.

En la casa de los Saotome todo seguía normal con Ranma y Ryoga a caballo entre la capital y Edo apenas le había visto en esos tres años. Shampoo y Ukyo eran mujeres fieles y devotas que esperaban a sus maridos en casa cuando ellos estaban fuera, pero había una diferencia entre ambas: cuando Ryoga estaba en casa no se despegaba de su mujer en un intento de "fabricar bebes" como él le decía. Ranma por el contrario se acercaba a su mujer lo justo que vivía en un constante mal humor.

Genma Saotome se codeaba con la alta estirpe de la ciudad a pesar de ser un gran partidario del emperador y que Edo estaba repleta de fanáticos del shogun, esto no evitaba que el hombre panda con sus artimañas y tejemanejes consiguiera siempre un trato favorable que no se merecía.

Según iba caminando por la ciudad con mi traje de Protectora y la katana de los Saotome en mi cadera, los murmullos me atravesaban las orejas como flechas. No era muy normal ver a una mujer vestida para el combate y siendo custodiada por dos hombres que también portaban sus armas listos para la batalla.

– Ohayou Akane-san – una niña hija del pescadero local me hizo una profunda reverencia y me sonrió mostrándome la falta de uno de sus dientes – ¿Cómo se encuentra hoy?

– Hola Shizuko, estoy muy bien.

La sonrisa de la niña se amplió aún más – ¿Ha peleado hoy con alguien Akane-san? – solté una carcajada ante la ocurrencia de la pequeña.

– No, con nadie, todo tranquilo.

La pequeña Shizuko hizo otra reverencia y entro en el puesto de sus padres. La observe alejarse con una sonrisa, los niños eran seres de luz, puros e inocentes que no se dejan dominar por los prejuicios. Esa revoltosa siempre era amable conmigo y podía incluso decirse que se veía tremendamente animada cuando me veía.

– Parece que tienes una admiradora –dijo Mousse con burla mordiendo un melocotón.

– ¿De dónde has sacado eso? – le preguntó con los ojos entrecerrados.

Sin mediar palabra apuntó a un grupo de jovencitas quien murmuraba entre risas en una esquina. Al mirarlas pegaron un brinco y salieron huyendo de allí – ¿Qué les pasa?

– Hombre, puedo intuir que les pasa – dijo limpiándose las manos en el hakama – pero no creo que te haga gracia.

– Escúpelo ya – dije con rabia mirándole pasar frente a mí con pose egocéntrica. Sasuke a mi lado le miraba negando con la cabeza – ¿Tu sabes algo? – le pregunté mirándole furica consiguiendo que el pobre Sasuke temblara.

– Yo no sé nada onee-chan…

– Deja al pobre Sasuke – dijo Mousse mientras observaba una tienda de Katanas con interés – ¿Qué culpa tiene el de que asustes a las mujeres?

Me crucé de brazos con gesto indignado – Yo no asusto a las mujeres.

Mousse me miró alzando una ceja – Por supuesto que sí, mira – con la cabeza apunto hacia mi espalda. Cuando me giré el grupo de maikos que nos observaban dieron un gritito y una vez más salieron huyendo. No sabía cómo sentirme hacia eso.

– Pero… ¿Qué diablos les pasa?

– Tu fama te precede – explicó mi amigo tranquilamente mientras seguíamos caminando – no solo impones a las mujeres, algunos hombres también te tienen miedo.

– No tiene sentido que me teman, nunca le he hecho daño a nadie – me queje.

Sasuke me dio una leve palmadita en el brazo intentando hacerme sentir mejor – Es por los rumores Akane, todo el mundo sabe que pasa ser Protector de una gran familia tienes que ser prácticamente un arma de matar, además desde pequeña eres famosa por estos lares, no sé porque te sorprende – explicó Mousse sentándose en un banco de piedra a la orilla del rio.

– No me conocen – gruñí molesta sentándome a su lado sacando de un pañuelo un par de ciruelas para luego ofrecérselas.

– Ni falta que te hace – dijo Sasuke tomando la fruta y comiéndosela de un bocado – además hoy en día viviendo en esta ciudad, es mejor que te teman.

Mousse apuntó a Sasuke con un dedo dándole en silencio la razón. Mientras comía la fruta con calma me puse a pensar en las palabras de mi amigo. Desde que los extranjeros atracaban en los puertos de Japón, era muy común ver en Edo a ingleses o rusos comerciando, lo cual encendía la mecha del odio entre los samuráis que los veían como los precursores de la pérdida de identidad del país.

A mi parecer me hacían bastante gracia con esos trajes y esos ojos tan grandes y azules en medio de la cara, pálidos y con barbas extravagantes… pero la presencia de estos extranjeros era una bomba a punto de explotar. Todos los sabíamos aunque quisiéramos negarlo.

– Ni siquiera el clan Aizu quiere cruzarse contigo – dijo Sasuke sacándome de mis pensamientos.

– No me hables del clan Aizu por favor – dio Mousse con rabia, más de una vez había tenido que frenar una pelea entre mi amigo y algún miembro del clan samurái – son todos unos egocéntricos que se creen mejor que los demás.

Solté un bufido – La culpa es tuya por seguirles la corriente.

– ¿Qué debería hacer? ¿Ignorar sus insultos?

– Pues sí, es lo que deberías hacer – contesté poniéndome en pie – no es solo tu honor el que está en juego, sino el de toda la familia. No puedo permitir que por tonterías de machos alfa se manche el nombre de Nodoka-sama.

Mousse gruñó poniéndose también en pie – Es solo una pelea de taberna.

Ignorando completamente a Mousse entre en el centro de Edo buscando una tienda donde mi señora compraba él te matcha que tanto le gustaba. Antes de llegar a mi destino una pelea en medio de la calle nos frenó.

Unos hombres estaban increpando a un pobre tabernero – por favor mis señores, páguenme – el pobre dueño de la taberna parecía tembloroso y asustado ante los dos hombres frente a el – páguenme y no les molestare más.

– No pienso pagar por ese asqueroso sake que nos has dado – dijo el más bajito de todos dándole un empujón al pobre tabernero que cayó al suelo.

– Ya empezamos – murmuró Mousse en mi oído – estos dos siempre están igual.

– ¿Los conoces? – le pregunte en un susurro evitando que la gente que se había aglomerado a nuestro alrededor nos escuchara.

– Son dos samuráis sin señor, guerreros venidos a menos que ahora solo saben beber y dar problemas – fruncí el ceño mientras observaba al pobre tabernero suplicar desde el suelo – esto terminara muy mal.

El pobre hombre temblaba como una hoja mientras los otros dos le increpaban y le insultaban – Por favor mis señores, piedad.

– ¿Piedad? – Grito de nuevo el más bajo – nos has hecho pasar mucha vergüenza poniéndonos en evidencia frente a toda esta gente.

– No era… mi intención – sentí muchísima pena por aquel hombre que sollozaba en el suelo. Debía hacer algo, lo que fuera por salvar a aquel inocente tabernero de una muerte segura.

– ¡Déjate de suplicar como una mujer! – gritó entonces el más alto desenvainando su espada.

La gente que observaba la escena ahogo un grito y Sasuke me tocó la muñeca debido a la tensión – Onee-chan… lo va a matar.

– Sobre mi cadáver – murmure antes de abrirme paso entre la gente a gran velocidad.

– Pagaras por ello – el hombre alzo su katana dispuesto a darle un golpe mortal al pobre tabernero que se encogió en su sitio. Rápida como un rayo desenvaine mi katana y justo cuando iba a dar el golpe final crucé mi espada consiguiendo así frenar el ataque.

El samurái me miró con rabia a los ojos – ¿Quién diablos eres tú?

Con rabia hice un giro lanzando la katana del hombre lejos de su alcance – Eso no te incumbe – me giré para observar al pobre tabernero quien me miraba con un gesto de asombro en su asustada cara – ¿está bien? – como respuesta solo obtuve un ligero asentimiento.

– ¡Estúpida mujer! ¿Quién te has creído? – el bajito se lanzó hacia mi dispuesto a cortarme la cabeza, pero gracias a mi entrenamiento lo esquivé fácilmente haciéndole caer sobre su tripa para luego pisar su espalda.

– Ya entiendo porque no tenéis señor, sois unos lentos a la hora de pelear – apunté con mi katana al otro hombre frente a mí y la gente comenzó a murmurar.

– ¿Vas a matarnos? – Me preguntó el hombre con burla – adelante… hazlo.

Sin moverme un centímetro me mantuve en silencio, con la katana en alto apuntando directamente al pecho de aquel hombre. Se le notaba tenso pero en su mirada también podía ver el desafío directo, estaba retándome a matarles…

Con cuidado bajé la katana unos centímetros y el rostro del hombre se transformó en una mueca divertida, se estaba burlando de mi – ¿Qué pasa preciosa? ¿Te da miedo matarme o es que...?

No le di tiempo a terminar de hablar, de un rápido y certero golpe corte la pequeña bolsa que colgaba de su cadera haciendo que varias monedas rodaran por el suelo. El hombre que se había puesto pálido comenzó a temblar.

– Yo no mato por puro placer – dije con voz grabe mirando a aquel canalla directamente a los ojos en un claro desafía – y aunque merezcáis estar bajo tierra, primero debéis pagar la deuda con este hombre.

Quitando mi pie del otro samurái me agache tranquilamente a su lado tomando cinco monedas para luego entregárselas al tabernero – ¿Con esto es suficiente?

Ha… hai.

Le di una tenue sonrisa y con un gesto con la cabeza le ordene que se fuera. Luego mire a los dos samuráis que de nuevo estaban en pie con gesto enfadado – Vosotros dos, largaos de esta ciudad.

– No eres quien para ordenarnos tal cosa estúpida.

– Ella no, pero yo si – dijo una voz de repente. La gente se abrió hacia los lados dejándonos así ver al dueño de aquella potente orden. Era un hombre de unos cuarenta años, un samurái Aizu que acompañaba a dos mujeres muy bien vestidas, también miembros del clan.

– No podéis montar estas escenas frente a gente de bien – dijo refiriéndose claramente a las mujeres – largaos de aquí y no volváis.

Los hombres se miraron entre ellos y recogieron sus armas del suelo. Uno de ellos, el más grande, se acercó a mí con una mirada de total desprecio y dijo – Nos veremos pronto.

– Sin duda – conteste. Cuando pasaron a mi lado el más bajito choco su hombro con el mío de forma brusca pero no hice nada, simplemente lo deje pasar. La gente que se había acercado se dispersó levemente ante las órdenes del samurái Aizu.

– Eso ha sido impresionante – dijo Mousse que se había colocado a mi lado.

– No lo suficiente por lo visto – el samurái de los Aizu me observaba con un gesto de desconcierto, no era secreto alguno que para el clan que yo fuera la protectora de Nodoka-sama era una especie de insulto hacia ellos y su honor samurái, pero como el consejo había dado su beneplácito no les quedaba otra que acatar las órdenes y respetarme, al igual que yo debía respetarlos a ellos. Una joven que estaba justo detrás del samurái me dio una ligera inclinación que yo devolví.

– Son bastante hipócritas – murmuro Mousse viendo a los Aizu alejarse.

– ¿Por qué lo dices?

Mousse se encogió de hombros – No les gusta que tú seas la protectora del hogar Saotome porque "no es cosa de mujeres" – hizo unas pronunciadas comillas con sus dedos mientras ponía gesto burlón – pero ellos entrenan a las suyas en el arte ¿no es un sin sentido?

– Dicen por ahí que la joven Takeko es una gran guerrera – dijo Sasuke con seriedad – pero nunca será tan buena como tu onee-chan.

Fruncí el ceño y guarde mi katana con furia – esto no es una competición Sasuke, cada una tiene un deber para con su familia – mi pequeño amigo se encogió en su sitio fruto de la vergüenza por mi regaño – ahora vámonos de una vez a comprar el té de Nodoka-sama. No podemos llegar tarde a casa.

Mousse se golpeó la frente – Are… ¡hoy llega Ryoga! – asentí levemente mientras caminaba rumbo a la tienda frente a mí y entraba por la puerta seguida por mis amigos – Ya me parecía a mí que Ukyo palo en el culo tenía muy buena cara… sabe que hoy fabricará bebes.

– ¡Mousse! – el rostro del pobre Sasuke era un poema, rojo como un farolillo podría incluso jurar que le salía humo por las orejas.

Solté una risita mientras esperaba que el vendedor preparara mi pedido – No te pongas así Sasuke, no ha mentido.

– No se deben hablar de esos temas tan a la ligera…

Mousse le dio una palmadita en el hombro – Amigo, creo que es hora de que conozcas las mieles del amor – el pobre Sasuke se puso aún más rojo – a lo mejor debemos hacer una visita al barrio rojo.

– ¡Eso ni pensarlo! – grité haciéndolos saltar en el sitio.

– Solo era una broma – dijo Mousse alzando las manos en señal de rendición – que carácter.

Bufé molesta para girarme hacia el vendedor quien ataba bien con un nudo el saco donde iba el té – Aquí lo tiene señora, el precio de siempre.

Asentí para luego buscar en un saco de cuero un par de monedad pero Sasuke me frenó. Sacó una moneda de oro y la puso en el mostrador – Quédese la vuelta.

El hombre se inclinó agradecido y siguió con sus quehaceres. Alcé una ceja ante la juguetona mirada de mi amigo – ¿de dónde has sacado eso?

Sasuke se encogió de hombros – Dos idiotas me lo regalaron. Se les rompió el saco.

Mousse salió de la tienda riendo a carcajadas, era obvio que Sasuke había aprovechado su velocidad para tomar un par de las monedas que habían caído al suelo cuando raje el saco de esos dos malnacidos.

Mi amigo tenía una cara de inocencia pura que no pude evitar reír yo también – Bueno, pues muchas gracias por la invitación.

Guarde él te y agarre de los hombros a Sasuke saliendo de la tienda con la camaradería que nos caracterizaba. Sí, había tensión en Edo, sí, los grandes intelectuales del país avecinaban una guerra en unos cinco o seis años como mucho, si era cierto que mi vida era un completo lio pero tenía a esos dos bobos para amenizar el camino que había elegido.

Y daba gracias a Kami por ello.

Cuando llegamos a casa los gritos de alegría de Ukyo me taladraron la oreja – Maridito está aquí – dijo con burla Mousse entrando en la casa.

Nara, que ya era toda una mujercita, nos recibió en la entrada y nos comunicó que Ryoga había vuelto – ¿No me digas? – preguntó Mousse con ironía debido a los gritos de Ukyo. Nara se sonrojo hasta las orejas por la burla de mi amigo por lo que le di un capón en señal de regaño.

Entramos en la sala donde Nodoka-sama observaba divertida la escena de una empalagosa Ukyo aferrándose al cuello de su marido zarandeándole debido a su alegría. La cara de Ryoga era digna de admirar, una mezcla entre vergüenza y hastío.

Shampoo por el contrario observaba la escena como si fuera una visión de lo más desagradable. Era entendible, su marido apenas pasaba tiempo en casa, ya llevaba cerca de año y medio en Kioto y cuando volvía estaba casi todo el tiempo en Edo trabajando y creando alianzas…

Yo también estaría de mal humor al ver aquella escena frente a mí.

– Por dios, te van a ahorcar – Ryoga observó hacia la puerta para mirarnos. Puso una gran sonrisa en su rostro y se alejó de su esposa quien dio un gruñido de reproche.

– Amigos míos, que alegría veros – nos abrazó uno a uno. Cuando fue mi turno noté la fulminante mirada de Ukyo sobre mí, incluso tosió disimuladamente para que me soltara. Ante el gesto de su mujer Ryoga puso los ojos en blanco haciéndome reír levemente pero aumentando el enfado de Ukyo.

– ¿Qué tal por la capital? ¿Mucho trabajo?

– Una locura – gimió Ryoga sentándose de nuevo junto a Ukyo quien le agarro el brazo con furia – entrenamos día y noche y cuando no entrenamos estamos haciendo guardias…

– Un aburrimiento vamos – dijo Mousse tomando él te que le servía Sayuri.

Ryoga asintió levemente. Nodoka-sama le paso un cuenco de galletas al recién llegado siendo gratamente recibidas – Deberías descansar un rato querido, el viaje ha sido largo.

– Sí, creo que iré a dormir un poco – los ojos de Ukyo se iluminaron haciendo a Ryoga sonrojarse hasta las orejas. Mousse y yo nos lanzamos una leve mirada y nos echamos a reír.

– Antes de que tu irte ¿Por qué Ranma no venir?

La sala se quedó en un profundo silencio, se notaba que la tensión había subido al menos dos grados más. Los ojos de mi señora rebanaban a Shampoo de tal forma que si sus ojos cortaran, Shampoo estaría hecha pedazos.

Ryoga me miró levemente antes de contestar pero yo fingí hacerme la desentendida bebiendo mi té, no quería saber nada de Ranma y si por algún motivo recibía noticias suyas, estas no me afectarían. Era una promesa que me había hecho.

– Tiene mucho trabajo, el emperador…

– ¡Shampoo estar harta de ese señor! – Gritó frustrada dando un golpe en la mesa – Deber de Ranma es estar con esposa.

– Te equivocas – dijo Nodoka-sama serena pero con una mirada de desprecio – Ahora mismo, como guerrero que es, su deber es con el emperador.

Shampoo frunció el ceño con rabia y salió del salón ante la atenta mirada de todos. Mousse tenía la cara entristecida pues a pesar de los años y los desprecios Mousse nunca había superado su amor por aquella mujer.

– Tiene permiso pronto pero…

– Voy al jardín – dije levantándome de mi asiento sin querer escuchar más, no me interesaba nada la vida del joven heredero, ya no – Me alegro de que estés de vuelta.

Di una larga reverencia y salí por la puerta que daba al jardín. Una vez fuera inhale todo el aire que mis pulmones aguantaron y los solté de forma suave. Caminé por el jardín escuchando los ruidos de la naturaleza, los pájaros, los insectos, las carpas en el agua…

Todo aquello me daba paz, llegue a rincón preferido, aquel que tenía el banco de piedra que había sido testigo de muchos momentos de mi vida. Me senté con calma y cerré los ojos disfrutando de la brisa en mi cara.

Todo era silencio y paz. De repente mis instintos se encendieron, alguien se acercaba de manera sigilosa. Me tensé en mi sitio preparada para atacar, poco a poco el visitante se acercaba sin percatarse de que había notado su presencia.

Su aura cada vez estaba más cerca y yo más lista para iniciar la pelea. Justo cuando le note lo suficientemente cerca, en menos de un segundo desenvaine mi espada y apunté al intruso.

– ¡Tranquila, tranquila! ¡Soy yo! – gritó Ryoga alzando las manos en señal de rendición.

Suspire y baje mi arma dejando salir toda la tensión de mi cuerpo – Maldita sea, por poco te mato estúpido – guarde mi espada y me volví a sentar en el banco siendo seguida por Ryoga quien ocupo el sitio a mi lado – ¿Qué haces aquí? Deberías estar descansando.

– Me apetecía hablar contigo – respondió – eres mi amiga y hace meses que no te veo.

Sonreí levemente mirando mis pies balanceándose en el aire – Me alegro de que estés en casa, ya se hacía inaguantable la cara de vinagre de Ukyo.

– Ya bueno, es que es un poco…

– Es normal – le corté de repente – te quiere.

Ryoga se sonrojo levemente bajando su mirada. Algo le pasaba, le conocía bien, como si le hubiera parido. Estaba nervioso seguramente quería decirme algo y no sabía cómo hacerlo y si mis instintos no me fallaban tenía que ver con Ranma.

– Escúpelo ya – Ryoga me miró interrogante – eso que me quieres decir, suéltalo ya porque si no vas a explotar.

– ¿Cómo sabes que quiero decirte algo?

Torcí mi rostro poniendo un gesto burlón intentando quitar algo de tensión al momento – Porque te conozco desde que éramos unos críos – Ryoga suspiró derrotado – sea lo que sea, dímelo.

Mi amigo meditó unos momentos antes de hablar, apretaba su boca varias veces, como si buscara las palabras correctas – Es sobre… sobre bueno…

– Ranma, dilo no pasa nada – ante el gesto de asombro de mi amigo le di un ligero codazo – te dije que te conozco bien… ¿Qué pasa?

– Bueno… el… te nombra mucho.

Rodé los ojos en un gesto de fastidio – espero que no sean cosas malas.

Ryoga negó fervientemente con la cabeza – No, nunca, solo tiene palabras buenas hacia ti. Habla más de ti que de Shampoo, pero sin ponerte en riesgo. Siempre alaba tus dotes de artista marcial y de guerrera.

– Me alegra oírlo ¿algo más?

Quería terminar aquella conversación rápidamente, pero no quería ser grosera con mi amigo. Sabía que sus intenciones eran buenas y que lo último que quería era hacerme daño.

– ¿Por qué cada vez que vuelve de permiso tu desapareces de casa?

– ¿Es necesario contestar? – pregunté con ironía.

Ryoga se rascó la cabeza levemente, como si se sintiera estúpido – Sé que no tenéis la mejor de las relaciones, sinceramente no sé qué paso o no paso con vosotros pero lo que si se… es que él te quiere con todo su corazón y si hace lo que hace es por protegerte.

– Eso ya me lo sabía y sinceramente no me interesa – conteste más seca de lo normal.

– Es por eso que apenas vuelve a casa – dijo Ryoga con pesar – tiene permisos para volver pero los rechaza alegando que su deber es estar allí, obviamente el emperador acepta encantado.

– Es bueno para el que el emperador le tenga alta estima, podrá llegar muy alto si sigue así.

– Pero él lo que quiere es verte, aunque sea de lejos – por primera vez en la conversación Ryoga me miró directamente a los ojos. Bufe molesta y negué repetidamente observando el infinito.

No quería seguir aquella conversación inútil ¿Qué Ranma hablaba de mí? ¿Qué andaba lamentándose? Me daba completamente igual, él fue quien decidió nuestro destino sin preguntar, si no le salió como él quería lo sentía mucho pero yo ahora estaba bien, me gustaba mi vida aunque él no estuviera en ella.

– Se le pasara – murmure con una ligera sonrisa.

Ryoga se mantuvo en silencio unos segundos – ¿Sabes? Allí en Kioto a la hora dela cena solemos ir a una casa de té – me tense levemente en el sitio. Las casas de té eran famosas por tener espectáculos de hermosas geishas y maikos dispuestas a entretener a los hombres – Normalmente las mujeres se arrojan a los pies de Ranma pero el solo acepta la oferta de una bonita maiko llamada Asuko.

Noté como se me revolvían las tripas, no sabía muy bien porque pero mi subconsciente quiere creer que era debido a que los hombres, entre ellos Ranma, iban a esos sitios a observar a bellas jovencitas como si fueran objetos. Por mucho que ellas estuvieran conformes no me gustaba la idea de que la figura femenina fuera usada para mantener a los hombres contentos.

– Me alegro por ella. Ranma es un buen hombre y cuando sea el momento de su mizuage

Ryoga soltó una risotada – No quiere estar a solas con ella si quiera va a querer acostarse con ella, tú estás loca – observé asombrada como Ryoga se reía en mi cara ante mi ocurrencia ¿Qué le hacía tanta gracia?

–Ella se lo ofreció pero él lo rechazó cortésmente – explico Ryoga una vez su risa se fue sosegando – Solo quiere su compañía y poco más. Apenas le da conversación, solo se sienta con ella y bebe.

– Es una pena entonces, para ella sería un buen danna – Ryoga se encogió levemente de hombros restándole importancia – ¿Qué tiene esa chica para que Ranma no acepte la compañía de ninguna otra entonces?

– La respuesta es muy simple querida amiga – se giró levemente para enfocar sus ojos en los míos dándole al momento la solemnidad y la seriedad que merecía – Se parece a ti.

Abrí los ojos de par en par ante la respuesta de Ryoga ¿Qué se parecía a mí? ¿Cómo iba parecerse a mí una maiko? Ellas son dulces, delicadas y bonitas. Muy elegantes y recatadas… yo era lo contrario una mujer tosca y bruta que ama el arte y no sabe ni siquiera tocar el shamisen, por mucho que lo hubiera intentado en la infancia ¿Cómo se iba a parecer esa muchacha a mí?

– Se lo que estás pensando, te estas comparando con ella.

Me sonroje levemente al verme atrapada – No es cierto.

– Sí que lo es – comentó Ryoga burlón picando mi mejilla con su dedo índice. Aparte su falange de un manotazo juguetón – No me refería a la forma de ser sino… físicamente.

– Lo dudo mucho, estoy segura de que la muchacha es hermosa si no no trabajaría de maiko y yo…

– Tu eres hermosa también Akane, solo que no te das cuenta.

Las palabras de Ryoga martillearon en mi corazón, no estaba acostumbrada a recibir halagos más allá de los que me otorgaban Nodoka-sama y las criadas, por lo que recibir esas palabras de Ryoga me tocó el corazón.

– Gracias por el halago – justo después me levante del banco de piedra para huir, era una decisión cobarde pero era lo más rápido que se me ocurrió para terminar de manera efectiva con aquella estúpida conversación – Ahora debo irme.

Camine un par de pasos pero antes de que me alejara de el Ryoga me llamo – ¡Akane! Aunque sea morena, de piel clara y ojos oscuros su personalidad es completamente diferente a la tuya, por eso apenas le habla.

– ¿Cómo dices?

– Asuko, la elige porque físicamente le recuerda a ti… pero ella tiene una personalidad sumisa que tú no tienes, por eso nunca acepta más que su compañía.

Tome una profunda bocanada de aire intentando tranquilizarme ya que Ryoga me estaba empezando a enfadar. ¿Por qué no podía entender que para mí Ranma era agua pasada? Había pasado muchísimo tiempo y yo ya había superado aquella etapa, Ranma para mí era agua pasada aunque muchos pensaran lo contrario.

Me estaba hartando.

– Escúchame bien Ryoga – hable con seriedad intentando poner de una vez fin a aquella estúpida e innecesaria conversación – Me importa poco que hace o que deja de hacer Ranma en su vida en Kioto, a quien ve y a quien no y sobretodo me da completamente igual que siento o que no siente.

– Pero Akane…

– Para mí Ranma es el pasado, un pasado doloroso que he enterrado de manera definitiva. Si hay alguien por ahí con quien debas a hablar del tema de la maiko, es con su esposa, no conmigo ¿entendido?

Ryoga bajo la vista avergonzado, se le veía incomodo – Si Akane.

– Bien, no quiero tener esta conversación de nuevo Ryoga – me gire para salir de allí – Me alegro de que hayas vuelto.

Caminé por el enorme jardín de los Saotome mascullando entre dientes furiosa. Algunos insultos iban directamente para mi amigo, otros para Ranma y otros para mí misma por no haber frenado aquella conversación antes.

Notaba mi cuerpo tenso, necesitaba descargar la ira y la frustración pero el dojo estaba ocupado así que me desvié por un camino y salí de la propiedad de los Saotome, caminando por aquel camino de tierra que llevaba a la profundidad del bosque, aquel que me había visto en mis peores momentos y que me recogía cada vez que necesitaba estar sola.

Y ese día necesitaba estar completamente sola.

Habían pasado un par de días desde la conversación con Ryoga, me encontraba en la puerta del dojo con la pequeña Akane en brazos, estaba muy contenta porque hoy vendría su madre a verla.

Compartía la felicidad de la pequeña ya que hacía mucho que no veía a Momo-chan ni a mi pequeño sobrino. Desde la conversación con mi amigo andaba un poco tensa y de mal humor y aunque Ryoga me había pedido perdón y jurado y perjurado que no tocaría más el tema, a pesar de haber aceptado sus disculpas seguía molesta pero al enterarme que Momoha vendría a casa había hecho desaparecer de un plumazo mi mal humor.

– Madrina ¿Por qué tarda tanto? – preguntó mi ahijada mirando a lo lejos buscando el carruaje que traería a su madre.

– No te preocupes pronto estarán aquí.

La pequeña asintió levemente y se reacomodo en mis brazos. La verdad era que se estaba haciendo mayor y comenzaba a pesar pero me gustaba tenerla abrazada a mí y así ella tendría un campo de visión más amplio y podría ver antes la llegada de su madre.

Pasaron un par de minutos más y entonces a lo lejos divise un carruaje – Mira A-chan, deben ser ellos.

La niña miró al horizonte con los ojos brillantes – Son ellos, son ellos ¡es mi mama, madrina!

Se revolvió levemente para que la bajara, una vez sus pies tocaron el suelo intentó echar a correr pero la agarre rápidamente del cuello del kimono –Alto ahí jovencita.

– Pero madrina… – protestó.

– Aun no sabemos seguro si son ellos, así que quieta ahí.

Mi ahijada soltó un bufido y se cruzó de brazos ofuscada. No pude evitar sonreír al ver cierto parecido conmigo a su edad. Ambas igual de tozudas y enfurruñonas… estaba haciendo a su ahijada una pequeña copia de ella aunque físicamente fuera igual que Momo-chan en miniatura.

Volví a mirar el carruaje que ya estaba lo suficientemente cerca para ver la figura de una mujer saludando con la mano – ¡A-chan, hija!

– ¡Mama! – mi ahijada saludo con su mano dando un par de saltitos. Giró levemente la cabeza para mirarme suplicante. Puse una sonrisa en mi rostro y solté la parte de atrás del kimono dejándola libre por fin, viéndola salir pitando dirección al carruaje donde la esperaba su madre.

Ser espectadora de aquel reencuentro siempre me alegraba el corazón pues yo bien sabía lo duro que era que te separaran de lo que más quieres, por eso verlas una vez más reunidas me emocionaba. Espere paciente a que el carruaje llegara a la puerta, mi ahijada que se había subido con su madre abrazaba a su hermanito que había crecido muchísimo desde la última vez que lo vi.

– ¡Madrina! Mira que alto está mi hermanito.

– Onee-chan – gimió el niño intentando alejarse del abrazo de oso que la pequeña le proporcionaba,

– Akane, amiga mía – Momo-chan se bajó del carro y me abrazó con fuerza. Nos fundimos en un ansiado abrazo que disfrute como una niña pequeña. Por mucho tiempo que pasara, por muy lejos que estuviéramos la una de la otra, para mi Momoha siempre sería mi mejor amiga.

Mi ahijada se bajó de un salto y entró corriendo a la casa – Voy a avisar a Nodoka-sama.

– Tiene una energía…

– Pues como si madrina – me dijo Momo-chan con gracia. Le saqué la lengua con burla y camine hacia mi sobrino quien estiraba los brazos buscando los míos – Pero Masaki… que alto estás ya eres todo un hombrecito.

El niño se sonrojó y me abrazó con ternura. Ese pequeño era igual que Taro, tenía sus mismos ojos, su pelo, su nariz… todo, era la copia exacta de su progenitor menos por su carácter ya que Masaki era un niño muy dulce y tierno, apenas hablaba y era bastante tímido.

– Vamos adentro, Nodoka-sama tiene ganas de veros.

La velada pasó muy amena, mi señora estaba encantada de tener de nuevo en casa a Momo-chan y al pequeño de quien era una orgullosa madrina, podía ver en los ojos de Nodoka-sama la felicidad, más notaba a Momo-chan un poco callada pero supuse que era por el viaje, quizás estaba muy cansada. Akane y Misaki estaban jugando a nuestro lado cuando mi ahijada tomó el hombro del niño y este pegó un gritito de dolo.

– Ha sido sin querer – dijo asustada al ver a su hermanito llorar sobándose el hombro – solo le agarré.

– No es nada hija, es que… Misaki se ha hecho daño…

Nodoka-sama y yo nos miramos. Momo-chan sobaba con cariño la espalda de su hijo quien sollozaba en su regazo – ¿Qué le ha pasado? - preguntó muy seria mi señora.

Momo-chan bajó el rostro como si estuviera muy avergonzada, ocultaba algo lo sabíamos. Nodoka-sama asintió levemente y con la rapidez que me caracterizaba bajé el kimono del pequeño viendo un enorme moratón en su hombro.

Abrí los ojos horrorizada.

– ¿Qué es eso?

Momo-chan soltó un ligero sollozo, bajando aún más el kimono del pequeño pude observar varios golpes en la espalda del pequeño que parecían más antiguos que el del hombro – Mama, ¿Por qué lloras? – Preguntó asustada mi ahijada – ¿es porque le he hecho daño a mi hermano?

– No cariño, es que estoy muy contenta de volver a veros – dijo Momoha intentando no asustar a su hija mayor.

Nodoka-sama tomó a Masaki en brazos y le busco más marcas visibles encontrando alguno n su pierna y en el costado – Mi pobre niño – murmuró mi señora con dolor abrazando al pequeño quien seguía llorando aunque más débilmente.

– ¿Quién ha sido? – pregunté con voz de ultratumba aun sabiendo quien era el que había provocado aquellas marcas en mi sobrino. Momoha soltó otro gemido de angustia y se tapó la cara con las manos – Momoha ¡contesta!

– Akane – me riño mi señora levemente. Me lanzó una severa mirada pidiéndome que me calamara, pero era prácticamente imposible, no podía pedirme sosiego cuando había visto aquellas brutales marcas en el cuerpo del niño.

– ¿Os sigue pegando? – Momoha asintió levemente – ¿y porque no has dicho nada? ¿Para qué diablos esta Sasuke haciendo guardia con esos estúpidos mercenarios?

– No puedo decírselo a nadie, sabe bien como, cuando y donde pegarnos – susurró débilmente mí amiga llorando – después de hacerlo me amenaza con matar a mis hijos si les digo algo a Uzumi o a Sasuke.

– Ese... ese hijo de perra – tomé a mi amiga del brazo y soltó un leve quejido. Alcé la manga del kimono y pude ver la zona enrojecida, seguramente en su cuerpo también tenía más golpes.

– Akane por favor, cálmate, ya veremos cómo arreglaremos esto.

– Sí que lo voy a arreglar, lo voy a arreglar ahora mismo – me levanté con rapidez dispuesta a matar a aquel cobarde que se hacía llamar hombre – ¿Dónde está?

– No lo sé – dijo Momoha asustada, sabía bien cuales eran mis planes, me conocía tanto que sabía que iba a air a buscar a Taro para matarle con mis propias manos, por eso no quería decirme donde estaba, porque quería protegerme para que no hiciera una locura, pero en aquel momento no veía otra solución que rebanarle el cuello a aquel malnacido

– ¿¡Donde esta!? – grité furiosa asustando esta vez a mi ahijada que también se puso a llorar en brazos de mi señora.

– ¡Akane! ¡Ya está bien estas asustando a los niños!

– ¡Es por el bien de esos niños lo que voy a hacer! Por última vez Momo-chan ¿Dónde está?

Momoha lloraba desesperada negando con la cabeza mientras se tapaba los oídos – No lo sé, no lo sé.

– ¡Momoha! – grité ya fuera de mí.

– ¡Esta en Edo! – gritó Momoha también con voz desgarradora. Mi amiga se estremeció y soltó un llanto amargo y profundo inclinándose hacia adelante mientras sus lágrimas fluían sin control. En otro momento me habría conmovido pero en aquel momento un demonio se había apoderado de mí, un demonio que buscaba sangre fresca y que la iba a tener.

– ¿Ves como no ha sido tan difícil? – tome mi katana del suelo y Salí al pasillo sin hacer caso a los gritos de mi señora.

– ¡Akane! ¡Vuelve aquí ahora mismo! ¡Akane!

Los criados observaban asombrados pero sin meterse, mis pasos me llevaron hasta las caballerizas donde me monte en Kaze y Salí al galope dirección a Edo dejando atrás la casa Saotome.

Mi objetivo en aquel momento era Taro, solo él. Iba a buscarle aunque tuviera que mirar debajo de las piedras, aquella rata iba a aparecer y le iba a matar, iba a destruir cada parte de su cuerpo, iba a golpearle como él lo hacía con su mujer y su hijo.

Azucé a Kaze para que acelerara el paso y entré en Edo a toda prisa, algunos transeúntes tenían que apartarse de mi camino para evitar ser arrollados. Por las estrechas calles de Edo la gente me insultaba por ir a toda velocidad pero no me importaba, sabía a donde me dirigía y no podía perder tiempo.

Llegue al barrio rojo y bajé de kaze atándola en un poste. Fui casa por casa gritando su nombre con rabia, algunas de las chicas gritaban asustadas cuando me veían, otras me echaban con cajas destempladas afirmando que Taro no estaba allí.

No me importaba, no iba a aparar hasta encontrarle. Llegue a una enorme casa donde el plato estrella eran jovencitas de entre 16 y 20 años, un lugar concurrido por cerdos que les gusta acostarse con chicas jóvenes y que si fuera por mi quemaría hasta los cimientos.

Estaba allí, podía notarlo, sabía que la rata se escondía ahí dentro, por lo que me coloqué enfrente de la puerta principal y comencé a gritar su nombre.

– ¡Taro! ¡Sal y pelea rata cobarde!

Varios clientes se asomaron asombrados – ¡Vamos sale! ¡Pelea con honor si te queda algo de eso! ¡Deja de esconderte gusano, sé que estás ahí!

De repente la puerta de la enorme casa se abrió y Taro salió con una petulante sonrisa en el rostro, sonrisa que iba a borrar de un puñetazo – Akane, mi hermosa flor que te trae por aquí.

Desenvaine la katana haciendo que los espectadores comenzaran a murmura – Pelea conmigo, ¿no eres tan hombre? Pelea con alguien igual que tú.

Taro soltó una risita – Estoy desarmado princesa no sería una lucha justa.

– Tampoco es justo que golpes a tu mujer y tu hijo y lo haces con frecuencia ¿no? ¿Así te sientes más hombre?

– Así que estas así por eso – soltó una risa que me retorció las entrañas – Esa zorra se lo merecía, y el niño bueno… daños colaterales los llamaos en batalla.

– Eres despreciable.

– Y tu una belleza – ver ese sarcasmo, esa despreocupación y esa soberbia me llevó al límite. Con rabia me lancé hacia el alzando mi katana dispuesta a darle un golpe certero que le llevara al otro mundo pero por suerte para el alguien le lanzo un palo de hierro con el que freno mi ataque – Vaya preciosa, deberías relajarte.

– ¡Cállate y muere cerdo!

– No tengo pensado morir hoy, he pagado un servicio que por tu culpa no se ha completado.

Una vez más golpee con rabia a aquel monstruo frente a mí pero frenaba todos mis ataques con aquella barra de metal. Seguí atacando y atacando buscando un hueco donde asestar el golpe de gracia.

–Te vas a hacer daño – dijo burlón.

Gruñí y con fuerza di un golpe que consiguió tirar el palo con el que se defendía. Por una milésima de segundo pude ver la sorpresa en el rostro de Taro – Ahora sí que eres mío, prepárate para morir rata.

Me miró con ojos oscuros, retándome con la mirada – Si puedes atraparme.

El muy cobarde entonces echo a correr por una callejuela – ¡Vuelve aquí cobarde!

Corrí tras el todo lo rápido que me daban los pies, frente a mi Taro corría mirando de vez en cuando atrás con una burlona sonrisa, lanzando al suelo barriles, faroles… cualquier cosa que me hiciera tropezar para perderle, pero el muy idiota no sabía con quien se metía.

– ¡No huyas!

Seguimos corriendo hasta que Taro giro a la izquierda, tras girar yo también me vi en una calle sin salida. Justo frente a mi Taro sonreía petulante – ¿Quieres pelea de verdad eh?

– Quiero matarte…

– Bien, pues inténtalo pero que sea un combate justo – dijo haciendo referencia a mi katana.

Con rabia clave la espada en el suelo y me acerqué levemente a él y me coloqué en posición de ataque – Sera como tú quieres entonces, mucho mejor para mí, podré matarte con mis propias manos.

– Eso ya lo veremos – dijo imitándome.

En un abrir y cerrar de ojos nos lanzamos el uno hacia el otro golpeándonos y defendiéndonos. Di un golpe rápido hacia abajo buscando golpear su costado pero fue más rápido y adivino mis intenciones.

Patadas, puñetazos, codazos… atacábamos con todo y nos defendíamos con todo – siempre has sido una chica ruda ¿eh Akane?

– ¡No tienes ni idea! – En un rápido movimiento conseguí encajar un golpe en su nariz haciéndole trastabillar – ¿te trae recuerdos esta sensación? – pregunté en una clara referencia al día de su boda.

Aproveché que estaba aturdido para golpear otra vez su rostro, esta vez su mejilla izquierda, luego la derecha, luego la izquierda y luego la derecha de nuevo. Con cada golpe Taro se movía hacia atrás tambaleante.

Cuando iba a golpearle de nuevo tomó un poco de tierra entre sus manos y me la tiró a los ojos el muy tramposo. Pegué un grito y antes de poder hacer algo noté un tremendo golpe en mi mejilla derecha que me hizo caer al suelo.

– ¿Y ahora qué? – preguntó burlón escupiendo un poco de sangre antes de tomarme por el pelo, pero lo que no espero fue que le diera un codazo en le estómago. Debido a esto me soltó por lo que pude girarme y dale una patada que le hizo chocar con la pared.

– ¿Y ahora qué? – repetí burlona.

El rostro de Taro de repente se volvió tétrico, estaba más que furioso – ¡Maldita zorra! – se lanzó hacia mí con rapidez, pero antes de que me golpeara me aparté. Iba a darle otro golpe cuando hizo un barrido con su pie izquierdo haciéndome caer.

Antes de poder reaccionar ya le tenía encima de mí – Eres… eres tan deseable… siempre lo has sido.

– ¡Quítate de encima y pelea! – grité furiosa pataleando intentando quitármelo de encima, pero me era imposible porque tenía mis piernas bloqueadas y mis manos eran sujetadas sobre mi cabeza.

– Siempre has sido una fiera indomable, ni siquiera el pequeño Saotome te pudo montar, pero yo si podré…

– Antes muerta que dejar que me toques.

Taro puso una cínica sonrisa en su rostro – Hagamos una cosa Akane, tú te entregas a mí y yo dejo en paz a Momoha y los niños.

Fruncí el ceño y me revolví de nuevo intentando soltarme, no podía creer que después de tantos años siguiera con esa extraña obsesión conmigo pero ¿de qué me sorprendía? Taro era el típico hombre que se obsesiona con algo hasta que lo tiene, paso con Momo-chan cuando se enteró de que a ella no le gustaban los hombres, no paró hasta que se casó con ella y se demostró a si mismo que podía hacer que una mujer "invertida" cambiara de parecer, lo mismo le pasaba conmigo, veía en mí una especie de trofeo que estaba dispuesto a tener… pero no iba a aceptar nunca.

La cara de Taro se fue acercando levemente a mí, debía hacer algo antes de que me besara por lo que escupí directamente el rostro de aquella bestia consiguiendo que alejara su asquerosa cara de la mía – Eso no ha sido amable princesa.

– Es todo lo que recibirás de mi – gruñí con rabia.

Después de limpiar su rostro me miró con ojos brillantes, llenos de burla y de deseo – Siempre has sido igual princesa, indomable, fuerte como un rio bravo que destruye todo a su paso.

Ante la mención al rio me quedé estática, abrí los ojos de par en par y mi cuerpo entró en una especie de parálisis que Taro aprovecho para abalanzarse sobre mi cuello, fue entonces cuando reaccione de nuevo gritando y pataleando – ¡Suéltame! ¡Déjame ir cerdo asqueroso!

– Cuanto más te resiste más me gusta – noté como paso su áspera lengua por mi mejilla, fue una sensación desagradable, tan desagradable como notar sus manos paseando por mi cuerpo.

Gemí frustrada, por más que pataleaba, no era capaz de quitarme aquel pesado cuerpo de encima. Iba a violarme, podía notarlo en sus pantalones que estaba más que listo para adueñarse de mi cuerpo sin mi permiso ¿a cuantas mujeres indefensas les habría hecho lo mismo? No quería ni pensarlo.

– No seas tan escandalosa – gimió restregándose contra mi cuerpo – cuanto menos peles más rápido será, lo vas a disfrutar princesa.

– ¡Te matare con mis propias manos! – una vez más intente patalear pero no podía. Estaba completamente atrapada, solo me quedaba esperar mi destino y después, cuando me soltara acabar con la vida de ese monstruo.

Note como intentaba deshacerse de la parte de arriba de mi kimono, cerré los ojos con fuerza esperando que pasara el amargo momento pero entonces sentí la liberación y escuche un golpe seco, como de alguien que cae al suelo de golpe.

– Onee-chan…

Abrí los ojos para encontrarme a Sasuke mirándome fijamente, asustado. A su lado Taro estaba tirado en el suelo sangrando abundantemente por la cabeza, Sasuke le había golpeado con un palo de madera que yacía a mi lado.

– Sasuke, retrasado hijo de puta, me las pagaras – se levantó raudo y salió corriendo fuera del callejón. Hice el amago de levantarme para salir tras el pero Sasuke me tomó de los hombros impidiéndomelo.

– ¿Qué haces? Déjame ir, debo ir tras él y matarle.

– ¡No! – Me gritó mi amigo sorprendiéndome – ¡Ya basta! Momo-chan y Nodoka-sama están en casa histéricas. Desobedeciste a mi señora y ahora tendrás un castigo severo.

– No me importa – dije firme levantándome levemente para caminar despacio a recoger mi espada, aun clavada en el suelo. La tome y vi en el reflejo del filo mis ojos y mi mejilla, roja debido a los golpes recibidos, incluso estaba algo hinchada.

Si Sasuke no hubiera aparecido posiblemente Taro estaría violándome, luego le habría matado sí, pero habría vivido el resto de mi vida sintiéndome un ser sucio… un ser manchado.

– Sasuke – hablé a mi amigo que permanecía a mi espalda callado. Me giré levemente para mirarle fijamente a los ojos – Arigatou…

Sasuke negó levemente con la cabeza – Hace años, prometí cuidarte onee-chan, no importa el tiempo, voy a protegerte siempre. Incluso de ti misma.

Sin dejarme contestar salió del callejón, me quede un rato allí, quieta mirando mi reflejo en el filo de mi katana, pensando en la suerte que tuve de que Sasuke hubiera llegado, dándome cuenta de que aunque sea una gran guerrera no puedo hacerlo todo sola, necesito amigos, aliados, me di cuenta de que no era Dios ni un ser invencible y que no era malo.

Suspiré guardando la katana y saliendo del callejón. Me esperaba un castigo severo al llegar a casa.


Aclaraciones:

Clan Aizu: Los gobernantes (daimyō) a lo largo de gran parte del periodo Edo fueron del clan Hoshina, ex altos servidores del clan Takeda. Al comienzo del siglo XVII el principal de la familia, Hoshina Masamitsu, adopta al hijo ilegítimo del segundo shōgun Tokugawa Hidetada, y como resultado la fortuna de la familia Hoshina crece cada vez más. Hoshina Masayuki, el adoptado, aumentó en importancia durante el mandato como shōgun de su medio hermano Tokugawa Iemitsu, incluso actuando como regente durante la minoría de edad del cuarto shōgun Tokugawa Ietsuna. A finales del siglo XVII, la familia Hoshina fue autorizada a usar Tokugawa, la cresta malva Matsudaira y el apellido, y desde entonces fue conocido como el Aizu-Clan Matsudaira, con el nombre Hoshina utilizado solamente para los documentos internos. Aizu fue reconocida por su desarrollo en artes de combate, y mantenía en armas constantemente cerca de 5000 guerreros y firmes normas de conducta en la guerra

Hai: Sí.

Mizuage: En el pasado, la ceremonia que marcaba el paso de maiko a geisha, es decir, el paso a la edad adulta de la joven, se llamaba mizuage o «desfloración ritual», es decir, la venta de la virginidad de la chica. El rito de la desfloración caía en manos de un hombre rico y conocido en el barrio de geishas, que disfrutaba de la confianza de la propietaria de la okiya. Era habitual, no obstante, que después de esa primera relación sexual, la maiko y su patrono de mizuage no mantenían ningún tipo de contacto. De hecho, cuando una maiko era popular, algunos hombres pujaban por el preciado mizuage y un símbolo de la popularidad de la maiko, y de su previsible éxito posterior como geisha, estaba en la suma de dinero ofrecida a la okiya por su mizuage.

Danna: Fue tradicional para las geishas tener un danna, o amante. Un danna era generalmente un hombre adinerado, algunas veces casado, que tenía recursos para financiar los costes del entrenamiento tradicional de la geisha y otros gastos considerables. Aunque una geisha y su danna podrían estar enamorados, la relación está sujeta a la capacidad del danna para entregar algún aporte financiero. Los valores y convenios ligados a este tipo de relaciones no son bien comprendidas, incluso entre los japoneses.

Arigatou: Gracias