¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.

¡PIDO MIL PERDONES POR LA TARDANZA! Se que no tengo perdón de Dios pero esta historia me lleva bastante mas tiempo ya que no me gusta escribir y ya, investigo mucho acerca de la historia de japón y todo lo relacionado con el fin de la era samurai. Es un fic que crea controversia lo se, y a veces me tomo amplios respiros porque tengo muchas ideas y poco tiempo así que la actualización es mas lenta. Es una historia a la que le tengo muchísimo cariño y se que mucha gente también y eso es lo que me motiva a seguir investigando y escribiendo, recibo miles de mensajes diciéndome que amáis esta historia, contándome vuestras teorías y creedme que lo disfruto muchísimo, ver que la gente ama esta historia como yo.

Espero de corazón que la espera mereciera la pena, algunos lectores me han expresado su desagrado con los capítulos anteriores, algunos incluso han tirado la toalla con la historia y una parte de mí está bastante apenada pero otra piensa: vaya, puede que esos sentimientos de tristeza y desesperación que intento plasmar de verdad están siendo plasmados. Se que esta historia no es muy feliz que digamos pero sobretodo lo que intento plasmar es una relación tóxica, una relación de amor odio que tanta gente en su día a día tiene y que no puede dejar por más daño que nos que esta última parte del capítulo os guste y que me dejéis un review para hacerme saber que tal. Espero no tardar de nuevo tanto tiempo en actualizar.

Muchas gracias por todos y cada uno de los mensajes, tanto los privados como los reviews que cada poco me mandabais preguntando por la historia. Siento mucho no poder contestarlos a todos, simplemente MIL GRACIAS DE CORAZÓN POR EL APOYO Y EL CARIÑO. No sabéis lo feliz que me pone ver lo mucho que os gusta mi historia.

Prometo volver pronto pero no se cuando, lo que podéis tener por seguro es que Protectora no va a ser abandonada nunca y que cada huequito que tengo, aunque sean cinco minutos al día lo uso para escribir. MIL PERDONES también si se me cuela alguna falta de ortografía pero tras releer y releer siento que se me caen los ojos por lo que si veis algo que no esté bien me lo comentáis por favor con un mesajito y lo solucionaré cuanto antes.

Una vez mas mil disculpas por la tardanza.

Sin mas a leer.


Capítulo treinta y cuatro.

El día que había ido a buscar a Taro para matarle como era de esperar recibí un castigo por parte de Nodoka-sama. Me metió en una bañera de agua helada durante horas incluso por la noche, estuve exactamente 35 horas metida en agua helada, no se me permitió salir de allí para comer o dormir.

— Estoy harta de decirte que debes controlar tus impulsos — me decía Nodoka-sama mientras metía más hielo en la bañera — si esta es la única forma que aprendas a tener la cabeza fría pues que así sea.

No tuvo piedad de mí, ni siquiera cuando temblaba fuertemente, ni cuando mi piel se tornó azul, ni cuando deje de sentir los dedos… tampoco yo dije nada, me merecía aquel castigo. Cuando por fin me dejó salir Nodoka-sama hizo que Sayuri mi sirviera una sopa de miso bien caliente.

— Eso que hiciste ayer fue estúpido — me recriminó muy seria.

Acerque el recipiente a mis labios y bebí encantada la sopa, sintiendo un maravilloso estremecimiento al notar aquella fuente de calor en mi congelado cuerpo – Lo sé – murmuré.

— Pudiste meter a Momoha en un lio, uno muy grave, y todo por tu estupidez.

— No pude controlarme — gemí frustrada apretando el cuenco entre mis manos disfrutando de su calor — se merecía morir.

— No debes tomarte la justicia por tu mano — no contesté pues mi señora tenía toda la razón — menos mal que siempre voy dos pasos por delante querida sino ahora mismo Momoha estaría muerta por una paliza de ese cerdo.

Cerré los ojos con furia ante la escalofriante visión de mi mejor amiga siendo golpeada por Taro. Cuando llegué a casa me encontré a uno de los mercenarios de Sasuke hablando con mi señora, tenía un papel en las manos y cuando me vieron salió de la sala rápidamente.

Momo-chan dormía en un futón con sus dos hijos. Nodoka-sama me explicó que desde hacía un tiempo Ranma estaba abogando por ellas ante el emperador para anular aquel matrimonio. Estaba esperando el momento oportuno para poder dar una evidencia de que Momoha estaba siendo maltratada y esa oportunidad por fin había llegado. Si todos salía bien Momoha sería libre y por mi impulsividad casi destrozo la última esperanza de mi mejor amiga.

— Que no vuelva a ocurrir Akane — me dijo con seriedad Nodoka-sama.

— Si señora — murmuré sin aliento ya que estaba agotada — Uzumi… ¿también vivirá aquí?

Mi señora asintió levemente — Tiene sitio de sobra en vuestra habitación, ella, Momoha y los niños dormirán juntos.

Miré extrañada a mi señora. Si además de Sayuri y Yuka iban a dormir Uzumi, Momoha y los niños en nuestra habitación, apenas quedaría espacio para mi ¿es que tenía pensado echarme de la casa? ¿Qué durmiera en otro sitio?

— No empieces a pensar tonterías Akane — habló con aburrimiento poniendo los ojos en blanco — a partir de ahora tu dormirás en el antiguo cuarto de Ryoga. Es una tontería tener una habitación vacía.

— ¿En el piso de arriba?

— ¿Dónde más? — Mi señora se levantó solemne y me apuró — termina eso, vamos a cambiar tus cosas de sitio.

— ¿Y si el emperador no da su permiso y no anula el matrimonio de Momoha? — era una duda que me atormentaba desde que conocí el plan de mi señora. ¿Qué pasaría si el emperador no tomaba en serio aquello y no les concedía la anulación? La familia de Taro era muy allegada al emperador…

Nodoka-sama alzó una ceja — ¿Acaso dudas de mi capacidad?

— ¡No señora! — Aclaré rápidamente — pero la familia de Taro es muy importante en las altas esferas y…

— Dirás que era — me corto — la fama de Taro ha traspasado las murallas de Edo y al emperador no le gusta mucho las noticias que llegan acerca de la vida de esa pequeña rata — Antes de continuar me miró pensativa como si no estuviera segura de decir lo siguiente, pero aun así siguió hablando — además Ranma está abogando por ella, y el emperador le tiene en alta estima.

— Entiendo…

A pesar de que todo parecían ventajas no pude evitar removerme inquieta. Taro era un cerdo con suerte, parecía que tenía a una divinidad pegaba a su espalda ya que siempre salía impune de todo, no podía evitar preocuparme.

La mano de mi señora se posó sobre mi hombro y me dio una palmadita tranquilizadora —Todo saldrá bien… venga termina eso debemos hacer hueco para nuestros nuevos huéspedes.

Con rapidez me termine mi sopa recuperando un poco del calor corporal que había perdido. Esa tarde la pasamos sacando kimonos, hakamas, corazas de cuero, complementos, futones, zapatos… lo poco que tenía salió del cuarto de las criadas para entrar en la antigua habitación de Ryoga.

Terminamos tarde aquella noche, justo cuando Uzumi llegaba con el resto de las cosas de Momoha, del niño y las pocas propiedades que tenía ella. Genma puso el grito en el cielo cuando se enteró de los planes de su mujer pero poco más pudo objetar cuando Ryoga le comentó la mala fama que tenía Taro entre los altos mandos del emperador.

— Ese chico está destrozando el honor de la familia — mascullo tragando su bola de pulpo casi sin masticarla. Luego apunto a Momoha con ella — no te creas que estarás aquí de gratis.

— No tenía pensado señor Saotome.

Genma gruño tragando otra bola de pulpo — desde que naciste lo hiciste para ser criada, uno nace abajo y muere abajo y quien nace arriba arriba se queda hasta que la muerte venga q por el — me lanzó una leve mirada que me fulminó un instante — por mucho que intentes escalar en la sociedad.

— Permíteme discrepar Genma — habló mi señora con firmeza — aquí a tu mesa tenemos varios ejemplos de lo que es nacer en la pobreza y terminar siendo alguien.

— ¿Lo dices por Akane?

Nodoka-sama me miró unos segundos y asintió consiguiendo que Genma estallara en carcajadas — Puede que sea la primera mujer que alcanza el puesto de un Protector pero solo es un título que un par de viejos verdes le dieron por ser bonita y dar un par de patadas firmes al aire — apreté con rabia mis palillos ante las palabras de desprecio que recibí del hombre panda — cuando salte la guerra ya veremos de lo que es capaz doña guerrera.

— Doña guerrera casi le rompe la nariz una vez — dije retadoramente — que no se le olvide.

— Yo gané aquel combate.

— Haciendo trampa — conteste al instante. Nos miramos retándonos, estaba segura de que si fuera por el hombre panda comenzaría una pelea que estaría encantada de aceptar, pero estaba lo suficientemente borracho como para perder fácilmente así que simplemente gruñó y bebió su sake.

— Momoha, mañana vuelves a la cocina.

— Sí señor.

— Ya veremos lo que hacemos — dijo Nodoka-sama comiendo un trozo de pescado. Genma abrió la boca dispuesto a rebatir a su mujer pero esta fue más rápida — yo decido que hacer con las mujeres de esta casa. Los criados y las mujeres son cosa mía, los hombres y los aprendices cosa tuya ¿recuerdas?

Genma miró a Nodoka-sama con resentimiento pero no dijo nada, solo siguió tragando como el cerdo que era. Cada vez estaba más gordo, solo sabía comer y beber, incluso su técnica de combate había empeorado ¡suerte que los alumnos tenían a Mousse quien echaba una mano en el dojo de vez en cuando!

Los siguientes tres días pasaron tranquilos. Momoha no volvió a servir, pero de vez en cuando echaba una mano en las tareas del hogar. Acompañaba a mi señora a todos los lados y recibía lecciones de ceremonia del té y de floristería.

Momo-chan se convirtió en algo así como la dama de compañía de mi señora. Yo estaba encantada de tenerla de nuevo en casa, Sasuke estaba entrenando fuera en el bosque pues había decidido autocastigarse de esa forma por sus descuidos.

Cada día esperábamos ansiosas la misiva del emperador para saber cuál era su decisión. Esperamos pacientemente hasta que al cuarto día recibimos noticias. Bien temprano por la mañana un emisario de palacio llamó a la puerta de los Saotome.

Era un chico joven con gesto amable — Buenos días señora Saotome, mi nombre es Keita Sumire y soy emisario del emperador, vengo para tratar el tema de la anulación del matrimonio del señor Taro y la señora Momoha.

— Pase por favor — el emisario entró haciendo una reverencia y se sentó frente a mi señora. Junto a ella estaban Momoha y los niños — ¿Desea un té? — preguntó mi señora.

— Por favor.

Nodoka-sama asintió y miró a Sayuri que estaba colocada a mi lado justo en un lateral de la puerta. En menos de lo que dura un suspiro una humeante taza de té verde fue colocada frente al emisario quien bebió con gusto.

— Bien, el emperador me ha enviado porque ha reportado varios casos de maltrato hacia la señorita y su hijo ¿es correcto?

— Así es — hablo mi señora tocando levemente el hombro de Momo-chan — no sabía que más hacer, esta muchacha y su hijo pequeño son duramente golpeados sin ningún otro motivos más que la aversión que ese hombre sufre hacia ellos.

— ¿Seguro que es por eso? — preguntó el emisario mirando directamente a Momoha quien bajo la vista avergonzada — Puede que esas agresiones sean fruto de algún error que cometió para con su marido ¿le sirve usted cómo debe?

— Si señor — dijo con voz queda mi amiga.

— ¿Seguro? — Inquirió — Un hombre que llega del trabajo cansado no necesita que le hablen más de la cuenta ¿Está usted segura que cuando su marido la golpeo no fue debido a un parloteo innecesario?

Apreté los puños según el hombre soltaba aquellas estúpidas preguntas ¿pero cómo osaba preguntar aquellas cosas? ¿Cómo podía culpar a Momoha de ser la diana de los golpes de su marido?

— No señor, ni siquiera le hablaba — susurró Momoha temblando al borde de las lágrimas.

— Entonces quizás fue por falta de atención ¿le prestaba la suficiente atención? ¿Accedía a sus deseos maritales? A lo mejor una noche usted se negó y le enfado.

— ¡Pero bueno! — Grite sin poder evitarlo — ¿Qué insinúa? ¿Qué es culpa de ella que su marido la golpe?

El emisario me miro levemente avergonzado — No claro que no, pero debemos investigar que esa… reprimenda no se deba a algún error que cometió la señora Momoha, los hombres son temperamentales y…

— ¿Y qué? ¿Qué insinúa? ¿Que si un día no te apetece dormir con tu marido es normal que te muela a palos?

— No pero…

— No debo evitar estar muy de acuerdo con mi Protectora — dijo Nodoka-sama terriblemente seria. Sus ojos estaban oscuros fruto de la indignación que ella también estaba sintiendo — Parece que más que buscar indicios de maltrato está intentando buscar una excusa para normalizar el abuso al que esta joven es sometida.

El hombre se removió inquieto en su sitio — No es eso pero es el protocolo a seguir, un golpe a tu esposa no es motivo para dar la nulidad de un matrimonio.

— No es solo un golpe, son palizas que le dejan moretones terribles.

— Es muy común que esto pase pero no pienso que sea algo normal no me malinterprete.

Ese hombre me estaba enfadando por lo que di un paso adelante, me acerque al pequeño Misaki y le baje el kimono mostrando la horrible marca que aún permanecía en su hombro. El niño se estremeció y el emisario abrió los ojos con horror al ver la enorme mancha violácea y amarilla en aquel pequeño cuerpo.

— ¿Qué excusa encuentra a esto? — Pregunté con rabia — ¿Qué excusa puede haber para que un hombre adulto provoque esto en un niño tan pequeño? ¿Es esto normal?

— No, por supuesto que no, es inaceptable.

— Tiene muchas más por todo el cuerpo ¿quiere verlas? — El hombre negó rápidamente — ¿Quiere ver los que tiene ella en las piernas y el costado? ¿Quiere ver la marca que le dejan las patadas en el abdomen?

– No, no hace falta, teníamos una idea de lo que podía encontrarme pero nunca esperé semejante salvajada, con esas evidencias es más que suficiente — dijo el hombre apuntando algo en un pergamino amarillento — es un caso bastante serio por lo que a mi parecer se podría recibir la nulidad matrimonial.

Momoha y mi señora se miraron muy contentas mientras yo abrazaba a Misaki quien se acurruco en mi regazo. A pesar de que era una buena noticia yo no estaba para nada conforme ya que el emisario del emperador solo hizo algo cuando vio las marcas del pequeño Misaki ¿Por qué las de él valían y las de Momo-chan no? No me mal interpretéis, alguien que maltrata a una criatura es el peor de los monstruos y debe tener un castigo severo pero lo que me quedó claro es que si una mujer decía que su marido la golpeaba la primera pregunta que te hacían era ¿Qué hiciste? ¿Por qué le provocaste?

No era justo para ninguna mujer ser cuestionada de esa forma, no era justo que una mujer fuera juzgada por ser maltratada cuando el que debería ser juzgado y castigado era el hombre que las golpeaba.

Era muy injusto.

El emisario se levantó y dio una ligera reverencia antes de salir. Nodoka-sama le acompaño hasta la puerta como buena anfitriona. Yo me coloque cerca para escuchar sin ser vista.

— Le diré al emperador mi decisión y pronto recibirán la anulación.

— Esta bien, espero noticias pronto.

El hombre se rascó la mejilla con nerviosismo — Vera una mujer como ella, con dos niños… soltera no es…

— Yo me haré cargo de ella — le cortó Nodoka-sama rápidamente — si necesito tramitar algo, cualquier cosa, firmare encantada.

— No hace falta, simplemente cuando llegue el papel de la nulidad le enviaré también uno que decrete que a partir de ese momento usted está a cargo de la señorita Momoha y sus hijos, solo debe poner su sello y será legal.

— Así lo haré — dio una profunda reverencia que el emisario imitó —muchas gracias por su visita y ayuda.

Cuando el hombre desapareció Nodoka-sama se quedó un rato mirando la puerta cerrada de la casa. Observe como tomaba aire profundamente en sus pulmones y tras expulsarlo se giró con una gran sonrisa en su rostro.

— ¡Preparemos un gran almuerzo para hoy! — Gritó con alegría asomándose a la cocina — ¡hoy es un día de celebración, no escatiméis en nada! Debemos celebrar este día por todo lo alto.

Pasó un corto periodo de tiempo cuando al hogar Saotome llegó la noticia de que el emperador había otorgado a Momoha la anulación de su matrimonio. Taro no recibió castigo alguno salvo una advertencia para la familia, ellos debían encargarse de él y mi señora debía hacerse cargo de Momo-chan y los niños.

— Esto es una gran noticia — decía mi señora cortando un par de flores en el jardín. A su lado Momoha le pasaba algunos materiales mientras yo vigilaba bajo la sombra de un árbol tomando un jugoso melocotón.

— Todo gracias a usted mi señora — habló Momoha. Unas risitas nos hicieron voltear pues los niños estaban agachados junto al pequeño riachuelo echándose agua — A-chan ten cuidado que tu hermano no se caiga.

— Si mami.

— Tienen mucha energía — dijo mi señora mirándolos con dulzura — serán unos jovencitos de armas tomar, sobretodo la pequeña Akane.

— Alguien la ha criado a su imagen y semejanza — dijo Momoha mirándome de reojo con una sonrisa a lo que yo solo pude hacerme la desentendida. Desde que el emperador había anulado su matrimonio la veía más contenta, sonreía más y volvía a tener aquel brillo en la mirada.

Taro había soltado un par de rumores sobre ella pero no crearon gran impacto y pasaron desapercibidos. Edo era un hervidero aquellos años, con la llegada de cada vez más extranjeros a la ciudad los cotilleos locales pasaron a un segundo plano para suerte de Momo-chan y de mi paz mental.

Como si hubiera leído mi mente, Nodoka-sama se secó el sudor con el antebrazo y dijo — La ciudad últimamente es un hervidero ¿verdad?

— Hay mucha tensión en las calles debido a esos hombres extranjeros — comentó Momoha mirándome — ellos se sienten fascinados por nosotros y nosotros por ellos, uno te paró el otro día en el puesto de fruta ¿verdad A-chan?

— Así es — asentí dándole un último mordisco al melocotón — le parecía extraño la forma en la que vestía, me dijo algo así como preparada para la guerra, su acento era horrible.

Nodoka-sama rio —es normal, desde hace años que estamos cerrados en banda, la imagen que tienen de nosotros es de un pueblo anclado en el pasado.

— Y no se equivocan.

— No, por eso les sorprende verte así vestida, tu ropa es diferente al del resto de mujeres, tú forma de actuar, de mirar, de hablar… les choca.

— A los propios japoneses les choca — apuntilló Momoha — no hay día que se escuchen murmullos sobre ti en las esquinas de la ciudad.

— Incluso en Kioto saben de ti — justo al terminar de decir aquella frase Nodoka-sama se tapó la boca de forma rápida abriendo los ojos de par en par. Me miró levemente como quien busca saber si ha metido la pata.

Al contrario de lo que supongo esperaba encontrar en mí, permanecí con el rostro sereno — ¿Y eso?

—Bueno... mi hijo me ha comentado que a oídos del emperador ha llegado que en la familia Saotome tienen a la primera mujer en todo el imperio que se ha convertido en Protectora.

— No sé si eso es bueno o malo.

— ¡Es genial Akane! — Me gritó Momoha mientras anudaba las flores que le pasaba mi señora — todo el mundo sabe tu nombre y tu fuerza.

Permanecí callada cruzada de brazos. Me apoyé en el tronco del árbol y cerré los ojos dejando que la brisa acariciara mi rostro. No quería o no sabía seguir con aquella conversación así que ese simple gesto era una clara muestra de que por mi aquella conversación estaba más que zanjada. Por lo visto ambas entendieron mi indirecta ya que ni mi señora ni Momo-chan continuaron con ella, simplemente empezaron una poco entretenida conversación sobre el arte de las flores.

Aspiré profundamente y dejé que mis oídos se inundaran de los sonidos que me rodeaban. El aire pasando entre las ramas de los árboles, los sonidos del agua corriendo por el pequeño riachuelo, el sonido que hacían las tijeras de mi señora al cortar los tallos, la risa de los niños…

— ¡Suegra! ¿¡Suegra donde estar!? — la chillona voz de Shampoo.

Abrí los ojos aspirando una profunda bocanada de aire. Aquella voz había roto con la paz que me rodeaba. La china se acercaba a grandes zancadas hacia mi señora que la miraban con aburrimiento.

— ¿Qué te ocurre querida? — preguntó con falsa amabilidad.

— ¿Qué ser eso? — le tendió un trozo de papel amarillento. Mi señora lo tomó entre sus manos y lo leyó rápidamente.

— Es una carta de mi hijo.

— ¡MI esposo! — dijo haciendo hincapié en la última palabra — escribirme para decirme que estar otros seis meses fuera de casa, que el emperador así pedirlo y que suegra estar conforme ¿ser cierto?

Nodoka-sama rodó los ojos y siguió con su labor — si mi hijo te lo ha escrito pues será verdad, siempre fuiste de comprensión lectora lenta pero no pensaba que tanto.

No pude evitar colocar una discreta sonrisa ante la burla de mi señora. La cara de la china pasó del asombro a la indignación en cuestión de segundos — ¿Por qué alentarle a quedarse en capital? Shampoo llevar mucho tiempo sin ver a esposo, tener ganas de verlo.

— Tiene un deber Shampoo…

— ¡Su primer deber ser con su esposa! —Gritó pegando una patada en el suelo como una niña pequeña — Llevar mucho tiempo casados y aun no tener hijos, ¿no decir suegra que Ranma deber traer herederos al mundo?

— Y lo es, pero por lo visto mi hijo eso lo ve como algo secundario — contestó tranquilamente pasándole a Momoha más flores.

— Deber escribirle carta y exigirle que vuelva a casa, a mí no hacerme caso.

Nodoka-sama giró su rostro para mirar a la china con desdén — ¿y te sorprende? Le ataste a ti con triquiñuelas y engaños — Shampoo abrió los ojos de par en par — mi marido y tú os pusisteis de acuerdo para hacer a saber qué cosa y aprovecharse de mi hijo, algo le hiciste para que aceptara semejante estupidez.

— Shampoo no hacer nada Ranma amarme.

— Se nota — dijo Nodoka-sama con ironía levantándose para ponerse a la altura de Shampoo — era lo que querías ¿no Shampoo? Casarte con mi hijo, ser su esposa… no te importó nada ni nadie, no miraste por los sentimientos de los que tenías a tu alrededor y egoístamente conseguiste atarlo a ti, pero en el fondo sigues tan sola como hace años.

Shampoo se quedó totalmente sorprendida, yo también estaba petrificada ante las palabras de mi señora — Mi hijo tiene un deber con la nación y el emperador, me ha pedido consejo y yo como madre sabiamente le he recomendado seguir en Kioto para que se convierta en un gran guerrero.

— Lo hizo para que no estuviera cerca de Shampoo… — dijo entre dientes la china.

Mi señora la miró por unos segundos a los ojos y luego puso una sonrisa torcida en su rostro — Yo no tengo que hacer nada para que mi hijo no te mire ni te toque ¿verdad querida? — Noté de repente como el aura de la china comenzaba a aumentar, se estaba enfadando, sus bonitos ojos estaban oscuros y sus puños se cerraron. Me puse alerta temiendo que explotara e intentara dañar a mi señora.

— Shampoo, querida deberías estar feliz, estas casada con mi hijo, ya has cumplido tu meta ¿Qué pena que los dos seáis tan estúpidos no?

— Porque suegra decir eso…

Nodoka-sama ladeo la cabeza mirando a la china con pena — Tu pecaste de tonta pensando que estar casada con mi hijo significaba tenerle a tu lado, y él fue estúpido al caer en la trampa que tú y el idiota de su padre le pusieron. Ahora ninguno es feliz.

— Yo ser muy feliz siendo esposa de Ranma.

— ¿De qué te sirve ser su esposa de nombre cuando en su corazón no lo eres? — Shampoo comenzó a temblar de rabia por lo que me separe del tronco del árbol esperando no tener que entrometerme en una pelea entre ellas — este es el castigo que te ha dado la vida por caprichosa.

La china dio un paso al frente y levantó su puño levemente — Ni se te ocurra Shampoo — le advertí viendo sus intenciones.

Me miró desafiante sin alejarse ni un milímetro de Nodoka-sama — ¿y qué harás sino? — me preguntó con burla.

— Tengo mucha tensión acumulada y muchas cuentas sin saldar contigo — dije haciendo crujir mis nudillos mientras me acercaba a ella a paso lento — no puedo cobrarte todo lo que me has hecho desde que llegue aquí por nada, pero dame una razón, ataca a mi señora y en un segundo te haré polvo.

La china mantuvo su mirada unos segundos pero luego la apartó. Tomó con rabia el pergamino de la mano de Nodoka-sama y se giró para salir dando grandes zancadas del jardín. Gemí frustrada pues una parte de mi había deseado que se hubiera lanzado para atacar a mi señora y así poder destrozarla de una vez con mis propias manos. La parte más racional me decía que no, que no entrara al trapo.

Últimamente mi parte más salvaje me estaba dominando, solo quería golpear a la gente.

— ¿Qué ha sido eso? — preguntó Momoha que se había mantenido al margen.

— Eso querida ha sido la imagen de una mujer desesperada — dijo Nodoka-sama agachándose de nuevo. Siguió cortando las flores despreocupadamente pero yo no podía quitarme de la cabeza la cara de Shampoo.

— En cierta parte la entiendo — dije volviendo a mi lugar bajo la sombra del árbol — su marido se pasa más tiempo fuera de casa que dentro de ella.

— ¿Qué esperaba? ¿Qué mi hijo se quedara siendo perro domestico? — Soltó un bufido de desacuerdo — desde hace milenios los hombres pasaban largas temporadas fuera de casa luchando en las innumerables guerras que había en nuestro país. Las mujeres nos quedábamos en casa aguardando impacientes hasta que aparecían, podían pasar años sin noticias pero sabían que era una situación normal.

— Ya, pero ella…

— Ella en su cabeza pensaba que yo no iba a permitirle a Ranma estar tanto tiempo fuera, sabía que tener lejos a mi hijo me causaría dolor y por lo tanto intentaría evitarlo — dijo firme sin dejar de cortar flores, aunque esta vez sus movimientos eran más toscos — pero le ha salido mal a la princesita.

No dije más, conocía lo suficientemente bien mi señora para saber que aquella conversación había llegado a su fin. Pasaron un par de horas hasta que mi señora decidió dejarme ir a descansar un rato. Esa noche sería ajetreada pues Genma había invitado a un par de hombres que venían directamente desde la capital.

Decidí darme un baño para quitar el sudor de mi cuerpo por lo que tomé una toalla y caminé por el pasillo hacia el baño. Antes de que pudiera llegar Shampoo me interceptó bloqueándome el camino.

— ¿Qué quieres?

— Ser un ser despreciable.

Alce una ceja en señal de confusión. No podía negar que la china tenía agallas pues era de las pocas personas que se atrevía a enfrentarse directamente conmigo y no a mis espaldas. Aunque la odiara con toda mi alma no podía negar que ante eso Shampoo tenía mi respeto.

— Apártate no tengo tiempo para tonterías — intente avanzar pero estiro los brazos bloqueando el paso — Shampoo.

— ¿Creerte muy dura verdad? — me retó.

— No me lo creo, lo soy.

Shampoo soltó una risita burlona — Ser una mujer muy baja, dar asco a Shampoo.

— ¿Me puedes explicar qué diablos te he hecho ahora? — pregunté frustrada. Llevaba años ignorándola, interactuando ella lo justo y necesario como el momento vivido en el jardín ¿Qué diablos tenía que reprocharme?

— Tu ser la culpable de que Ranma no yacer con Shampoo.

— ¿Qué dices? Si desde que se largó a Kioto no le he visto, cada vez que sé que está encasa desaparezco, ¿Qué culpa tengo yo de que a tu marido le enferme tu presencia?

Shampoo puso un gesto de sorpresa en su bonito rostro, mi comentario le había dolido. No puedo mentir, iba con esa intención pues era una forma de vengarme de manera velada, mi posición de Protectora me prohibía atacarla de manera física pero nadie decía nada del ataque verbal.

— Ranma amar a Shampoo ¡el problema ser que Ranma tener a puta en casa!

— ¿Hablas de mí? — pregunté ganándome una mirada de desprecio de la china.

— Siempre estar presente en mente de mi marido incluso cuando no estar presente, haberle embrujado. Tu decir que no verle más pero no creerte ¡si no Ranma ya estar en brazos de Shampoo y no estarlo!

Me sobé el puente de la nariz cansada de tanta tontería. Hay un dicho que dice, válgame la redundancia, que no hay peor ciego que el que no quiere ver y Shampoo era la definición perfecta para ese dicho.

— Mira, si tu marido las pocas veces que está en casa no te toca no es mi problema ni mi culpa, ya te lo he dicho, siempre que Ranma está en casa yo desaparezco, a lo mejor el problema está en Kioto.

— ¿Qué querer decir? — preguntó con voz temblorosa.

Puse una mirada fría y altiva, de esas que mi señora ponía tan a menudo — ¿Sabes? Dicen que en Kioto, en el barrio de Gion hay una maikos preciosas… — los ojos de Shampoo brillaron con dolor, había captado bien mi indirecta.

Por un leve momento sentí lastima por la china, pero fue muy breve. Con rabia empujé el hombro de Shampoo para pasar por su lado pero antes, me incliné sobre su oído y susurré — Ya me tienes harta, aprende a cerrar la boca porque quizás algún día no la puedas abrir nunca más.

Noté como se estremecía, seguía caminando dejando atrás la figura de la china y entré al baño cerrando tranquilamente la puerta. Ahora resulta que la culpa del fracaso matrimonial de Shampoo y Ranma también era mía. Negué lentamente mientras me despojaba de mi ropa y frotaba mi cuerpo con jabón quitando los restos de suciedad.

Una vez limpia me metí en la bañera disfrutando de la calidez del agua. Saque mis brazos y eche mi cabeza hacia atrás en una pose de relajación absoluta. Me importaba muy poco lo que acababa de suceder, me importaba muy poco lo que pensara Shampoo y me importaba muy poco lo que hacía Ranma.

En aquel tiempo había cambiado, me había convertido en una especie de espantapájaros vacío, mis preocupaciones bailaban entre el bienestar de mi señora y de mis más allegados ¿los demás? Podían irse al infierno.

Solté un suspiro al pensar en la cena de esa noche. Sería agotadora y estaba segura de que debería escuchar miles de tonterías que encenderían la mecha de mi mal humor, pero debía controlarme por el bien de todos y el mío propio. O al menos debía intentarlo.

La noche llegó y con ella los invitados de Genma Saotome. Eran dos hombres de avanzada edad, bastante brabucones y ruidosos. Comían con ansia y eran bastante mal educados, tenían un comportamiento bajo pero no era lo peor que había entrado en aquella casa de mano del hombre panda. Al menos estos respetaban a los criados y agradecían la atención.

Nodoka-sama comía en silencio observando la escena frente a ella. A su lado Ukyo y Ryoga se removían incomodos por lo que supe que pronto pondrían una vaga excusa y se retirarían a dormir, igual que Shampoo quien apenas había probado su cena. Mousse la observaba fijamente con el ceño fruncido y de vez en cuando me lanzaba miradas con veladas preguntas, mas yo nunca devolvía el gesto. No era mi problema velar por los sentimientos de Shampoo.

Me encontraba de pie plantada como un bonsái en una esquina de la sala, vestida con un traje negro, enfundada en mi armadura de cuero y con mi Katana colgada en la cadera lista para cualquier ataque.

– Oye, oye Saotome – habló uno de los hombres que se notaba algo pasado de copas. Me apuntó con los palillos medio tambaleándose – ¿Cómo es posible que tengas una protectora? ¡Además mujer! ¡Has debido de pagar una fortuna para que hicieran la vista gorda y la aceptaran dentro de esa mafia samurái que tienen montada!

Fruncí el ceño mirando con asco a los tres hombres que estallaron en carcajadas – Eso ha sido cosa de mi mujer, si fuera por mi estaría de patitas en la calle hace mucho tiempo, la peor inversión de mi vida.

– ¿La compraste? – preguntó el otro hombre.

– En un pueblucho, su hermana y su esposo me la vendieron.

Los hombres volvieron a reírse, seguían hablando de mí como si yo no estuviera en la sala – Ni sus padres la querían, debía ser una mocosa caprichosa.

– Si llego a saber cómo saldría no hubiera pagado tantas monedas por ella, ahora pertenece a mi mujer.

– Debiste venderla a alguna dueña de las casas de placer del barrio rojo – me miró con descaro de arriba abajo y sentí mis tripas revolverse – aunque lleve toda esa ropa de hombre es bella, se distingue una buena figura te habrían pagado mucho.

– Mi señora esposa se encariñó con ella – balbuceó Genma bebiendo su sake. Apreté con rabia la empuñadura de mi katana en un intento de frenar las ganas que tenía de rebanarles el cuello ¿Qué no eran tan malos como los anteriores? Patrañas.

– Genma ya está bien – dijo Nodoka-sama mirando con severidad a los invitados de su marido quienes bajaron la vista avergonzados – Akane es mi Protectora, y esta es mi casa, me deben un respeto y a ella también.

– Disculpe señora Saotome – murmuraron los hombres.

Genma por el contrario retó con la mirada a mi señora. Lancé una rápida mirada para observar el ambiente. Ryoga y Ukyo ni siquiera levantaban la cabeza del plato, Mousse observaba ceñudo a aquellos hombres y Shampoo, bueno ella era una mezcla de tristeza y satisfacción, seguro que estaba disfrutando el que no me pudiera defender de aquellos ataques.

– Nodoka, querida… no decíamos ninguna mentira.

– Akane es mi protectora por sus grandes habilidades como guerrera, se ha ganado su puesto a pulso, no como otros…

– ¿Insinúas algo querida?

Nodoka-sama fingió inocencia – Para nada, querido.

Ryoga y Ukyo se levantan rápidamente cortando el tenso momento protagonizado por el matrimonio Saotome.

– Discúlpenos pero debemos irnos, mi esposa está algo cansada.

– Tranquilo Ryoga, ve.

El matrimonio Hibiki da una leve reverencia y salen de la sala sin mirar a nadie. Mousse bebe profundamente su copa de sake y se levanta también alegando cansancio. Antes de salir me lanza una profunda mirada que entendí a la perfección.

En sus azulados ojos el chino me pedía prudencia, sabía que mi paciencia era más bien corta por lo que me pidió sin palabras que aguantara un poco. No sé muy bien porque decidió irse Mousse pero en mi interior creo que no quería saltar en mi defensa, no porque fuera mal amigo sino porque sabía que podía ser un problema para ambos. No lo sé, nunca o sabré.

En la sala nos quedamos entonces el matrimonio Saotome, sus invitados, Shampoo y yo. La conversación dejó de centrarse en mí gracias a los dioses. Los hombres se habían disculpado con mi señora en varias ocasiones pero nunca conmigo, supongo que es algo normal ya que yo solo era una subordinada de mi señora.

Genma de vez en cuando me lanzaba miradas de burla pero no volvió a comentar nada sobre mí.

– Señorita ¿es usted la mujer del joven Ranma no? – preguntó uno de los hombres a Shampoo quien se irguió en su sitio. Clavó sus bonitos ojos en mí antes de contestar.

– Así ser.

– Es usted preciosa, Ranma siempre nos habla de lo bonita que es usted – Shampoo sonrió ampliamente ante las palabras del hombre, lo que pasó por alto fue la cara que puso su compañero, una cara torcida que expresaba que no entendía lo que su amigo estaba diciendo.

– ¿Hablar de mi?

– A menudo – dijo amable – aunque normalmente es muy callado, hay que sacarle las palabras con tenazas.

Genma soltó una carcajada – Mi hijo siempre ha sido extraño, sobretodo en sus gustos ¿verdad Akane?

Me tensé en mi sitio y noté como todas las miradas se posaban en mí. La sonrisa torcida en la cara del hombre panda era una clara burla, me estaba retando abiertamente – No lo sé, señor.

– ¿No lo sabes? No mientas mi hijo y tú erais buenos amigos ¿no?

– Genma ¿A dónde intentas llegar? – preguntó Nodoka-sama con rabia.

– A nada querida, solo le preguntaba a Akane para que entrara en la conversación, debe ser muy aburrido mantenerse al margen de todo.

– Es mi deber, señor tengo que proteger y guardar, no charlar – mi voz sonaba tensa, mis nudillos estaban blancos de apretar con tanta fuerza la empuñadura de mi espada… estaba harta de las burlas, harta de las batallas verbales en aquella casa.

– ¿Saben qué? Akane estar enamorada de esposo de Shampoo – soltó con burla la china consiguiendo que los invitados exclamaran sorprendidos – pero el amar a Shampoo y por eso casarse.

– ¿Estas segura de ello? – preguntó mi señora pero alcé la mano impidiéndole continuar, nadie debía librar mis batallas. Solo yo.

¿Pensaba que me iba a humillar? ¿La muy tonta pensaba que iba a quedarme calladita mientras ella se regocijaba a mi costa? Estaba mal de la cabeza, no iba a permitir una burla más de Shampoo, ni de Genma, ni de Taro ni de nadie, lo había decidido hace tiempo pero al final siempre dejaba que todos me pasaran por encima.

Pero ya no más.

– No me extraña que se casara con usted señorita, es preciosa y muy femenina.

– En realidad se casó con ella porque yo le rechace – hablé firme.

– ¿¡Que decir!? ¡No ser cierto!

Me crucé de brazos en una pose desenfadada. Los invitados de Genma me miraban con la boca abierta, supongo que no se esperaban tal confesión – Ranma y yo estuvimos juntos pero luego me volví protectora y tuvimos que separarnos. Por eso se casó con Shampoo.

– ¡Mentir! Ranma amarme.

Puse una sonrisa cruel en mi rostro – No miento.

– ¿Entonces tuviste una relación con mi hijo no? Eso se paga con la muerte en tu situación querida…

Ahí estaba lo que buscaba Genma, que dijera abiertamente que tuve una relación con Ranma para ponerme la soga al cuello. Le miré con desprecio, su gorda y arrugada cara parecía derretirse, sudaba copiosamente y tenía una mirada sádica, como la de un asesino que ve a su presa acorralada.

Además de desagradable era idiota.

– Creo que no me ha escuchado bien, señor, he dicho que mi relación con su hijo fue antes de tomar mi puesto de Protectora.

– Akane dice la verdad – habló Nodoka-sama – yo sabía de esa relación y de como Akane y Ranma se separaron.

– ¡No ser cierto! ¡Ranma dejarla por mí y luego ella hacerse protectora para que Shampoo no poder expulsarla de la casa!

Me encogí de hombros – Si es lo que quieres creer, pero lo importante aquí es, que si tu estas casada con tu marido es porque yo así lo quiero. Por desgracia para ti con un chasquido de mis dedos Ranma vendrá a mí.

– No puede hacerlo – dijo Genma – si lo haces estas muerta.

– Y no tengo pensado hacerlo, no me interesa tu esposo Shampoo estate tranquila. Mi deber es con mi señora, así lo elegí y así será hasta que muera. Que tu marido se vea con otras mujeres en Kioto es lo que debería preocuparte no mi pasado con él.

Uno de los invitados se atraganto ante mis palabras. Shampoo le miró confundida – ¿Lo ves? Sabe que digo la verdad.

La cara de la china era un poema épico. Genma apretaba sus dientes con rabia mientras que Shampoo se acercaba desesperada aquellos dos hombres quienes la miraban con algo de pena – ¿Ser eso cierto? Ranma engañar a Shampoo.

– Bueno…

Uno de ellos se rascó la nuca haciéndose el desentendido – Visita frecuentemente una casa de té para visitar a una maiko en concreto ¡Pero eso no es malo! Todos lo hacemos.

Shampoo comenzó a temblar, soltó un ligero sollozo y se levantó a toda prisa saliendo de la sala. La vi pasar a mi lado y sin poder evitarlo sonreí con maldad, si, maldad. Cada día lo tenía más claro, me estaba volviendo fría, violenta y disfrutaba ver cómo la gente que más daño me hacía lo pasaba mal ¿era eso malo? ¿Me hacía un monstruo sentir satisfacción al ver a una de las personas que más daño te ha hecho sufrir? ¿Me hacía un monstruo haber deseado la muerte de Taro, haber deseado matarle?

Y sobre todo ¿me hacía un monstruo no arrepentirme por ello?

Nodoka-sama suspiro y se levantó también – Bien, creo que nosotras nos retiraremos, dejamos intimidad para que podáis charlar sin miramientos – dio una leve reverencia a modo de despedida – Akane, nos vamos.

Seguí a mi señora fuera de la sala y caminamos en silencio, subimos las escaleras y acompañé a mi señora a su habitación. La ayude a acomodar su futón mientras ella se ponía su yukata y se preparaba para dormí.

– Akane – dijo de repente captando mi atención – Lo has hecho bien hoy.

– Gracias – contesté simplemente guardando la ropa de mi señora en el armario.

Nodoka-sama tomo un peine para desenredar su pelo – No dejes que nadie te haga más daño, ahora es tu momento.

– Con lo de hoy se le quitara la gana de meterse conmigo – dije refiriéndome a Shampoo. Tome su peine y me coloque tras ella ayudándola – Y su marido lo mismo.

– Esperemos aunque… debo decirte que si vuelve a las andadas no muestres piedad. Con ninguno me tienen harta.

– Si señora – dije solemne peinando la larga melena de Nodoka-sama.

Nos mantuvimos en silencio mientras seguía peinando a mi señora con cuidado – Genma me ha dicho que… Ranma no volverá en mucho tiempo.

– ¿Por qué?

– El emperador… le quiere allí al menos los próximos dieciocho meses…

Una vez el pelo de mi señora no tenía ni un nudo tome la cinta que me ofrecía y até su pelo en una coleta baja – Es su deber señora.

– Lo sé, pero me duele…

Me levanté y mi señora se acomodó en su futón, notaba el semblante de Nodoka-sama bastante triste pues a pesar de todo el dolor Ranma seguía siendo el niño de sus ojos, el no verle era una tortura, una muerte en vida que acabaría matando a mi señora.

– El tiempo pasara rápido mi señora – dije en un susurro desde la puerta de su habitación – antes de que se dé cuenta lo tendrá consigo.

– El tiempo pasa rápido – repitió – pero a lo mejor el tiempo solo trae desgracia… buenas noche.

– Buenas noches – salí de la habitación sin entender muy bien las palabras de mis señora ¿Qué querría decir con eso? Me dirigí a mi habitación dándole vueltas pero por más que lo intentaba no encontraba ninguna explicación.

Di un largo bostezo, a lo mejor mi cerebro no funcionaba lo bien que debía por culpa del cansancio. Debía ser eso. Mañana lo pensaría mejor cuando estuviera descansada y llegaría al mensaje que me quería transmitir mi señora.

Coloqué mi futón me puse mi yukata para dormir y me tumbé todo lo larga que era. Di un largo suspiro mirando el techo, mi cuerpo pesaba como mil demonios y mis parpados comenzaban a cerrarse.

Mañana sería otro día, un día nuevo que traería nuevas alegrías y nuevas tristezas. Un día al que sucedería otro y otro más y así hasta que pasaran aquellos dieciocho meses que acabarían con la tristeza de mi señora.

El tiempo pasaría rápido y Ranma volvería a casa y todo volvería a estar bien, de nuevo habría paz, viviría a caballo entre el bosque, Edo y el hogar Saotome intentando no cruzarme con Ranma y cuando no quedara otra más que compartir espacio lo haríamos de manera civilizada. Mis ojos se cerraron del todo y caí en un sueño profundo.

Como bien dije llego el día siguiente, y luego otro y otro más, se sucedieron los días, los meses pasaron dieciocho meses y Ranma volvió a casa por tres semanas, tres semanas que pasé entrenando con el consejo con el permiso de mi señora y dejando a Sasuke y Mousse al cuidado de la casa. Pasaron los días y los años, llegó el invierno de 1864, la primavera del 65, verano del 66, pasaron los meses del 67, cada cierto tiempo Ranma volvía a casa corto periodo de tiempo pero yo desaparecía evitando encontrarnos en casi cinco años de nuestra vida, el tiempo siguió pasando sin contratiempos y en enero de 1868 nuestras vidas cambiaron para siempre.

No podía escapar más del destino y Japón no pudo evitar el comienzo de una guerra anunciada. En enero de 1868 todo se desmoronó y las palabras que mi señora me dijo aquella noche cobraron más sentido que nunca.


Aclaraciones:

Maiko: Aprendiz de geisha

Gion: El barrio de geishas de Gion, en Kioto, es uno de los barrios de geishas más conocidos de todo Japón, aunque pocos saben que lo que llamamos típicamente Gion son en realidad dos hanamachi diferentes: por un lado tenemos el pequeño barrio de Gion Higashi (祇園東) y por el otro el más grande y conocido Gion Kobu (祇園甲部).