Espero que sea de su agrado!
Siéntate conmigo
Capítulo 1 de 3 [¡Aquí!]
…
Era una cálida tarde en la capital, el viento otoñal calaba las mejillas y los manos de quien se atreviera a salir de casa sin un atuendo para cubrir el fresco del viernes. Templado y con el sol aún asomándose por las montañas, cubriendo de amarillo la carretera y el horizonte, dicha escena no podía poner más melancólica a una Uraraka Ochaco que conducía una vieja minivan que había pertenecido a sus padres unos años atrás. Miraba en una triste ensoñación como los rayos de luz otoñales se movían en el camino por las sombras de los muros de contención. Suspiró con cierto pesar, que rápido pasan los meses, los días y las horas.
Sólo hace unas horas se había levantado para preparar el desayuno para su pequeña familia, había conducido a sus hijos a la escuela y después conducido a su trabajo. Hace años había dejado la licencia de héroe, nunca más buscó renovarla ni mucho menos entrar en agencias que la explotaban tanto laboral como comercialmente. Su tonta idea de ser héroe para ganar dinero había sido un sueño ridículo. Ya lo podía decir sin vergüenza, como mujer de 47 años, sus errores la habían formado y enseñado. Era una trabajadora incansable como sus padres. El dinero ya no era la cuestión, era el deseo más puro de un padre de querer darle a sus hijos un techo seguro, buena comida, estudios, consentirlos y sobre todo, estar allí para darles amor.
Sonrió con tristeza, las cosas nunca salían como uno quiere, pero aún a su edad hacía todo lo que sus fuerzas le permitían o hasta más, dar el plus ultra.
Fuera de su letargo, Uraraka tomó con fuerza el volante y pisó el acelerador. Sus hijos salían de sus clubes escolares en media hora. No se permitía llegar tarde, amaba ver a sus dos vástagos salir con el uniforme y escuchar el cómo les había ido en las prácticas o escuela.
Como tradición, ella salía a las 4:15 de su servicio en el departamento de Rescate en caso de Siniestros y desastres naturales. Sí, ahora era una empleada del gobierno, con horas estrictas de entrada y salida, protocolos, juntas y capacitación obligatorias, vacaciones pagadas, bonos, seguro médico tanto para ella y sus hijos así como un seguro de defunción. Vaya, un trabajo estable. Después del trabajo, cogía su minivan y conducía por media hora a la cafetería más cercano de la escuela de sus hijos. Ellos le habían pedido que no los esperara en la entrada, ya saben, por vergüenza de que sus amiguitos vieran que iban por ellos como niños pequeños, así que Uraraka accedió esperarlos en una cafetería a unas tres cuadras del plantel educativo mientras tomaba un café irlandés.
Una vez que llegó, estacionó el coche, tomó su bolso y cerró la puerta con su cadera. Era el momento que más esperaba del día. Disfrutar en calma un café y después comer un aperitivo con sus hijos ahí, contándole nimiedades adolescentes por media hora hasta llevarlos a uno a sus clases particulares mientras que a la otra a sus cursos de karate. Ella iba a casa, cocinaba la cena e iba por ellos para cenar, hacer el aseo y mandarlos a hacer la tarea para después mandarlos a bañar y después a dormir. Una rutina que aprendió amar.
Caminó lento y empujo la puerta de la entrada, el tintineo de las campanas avisó de su entrada a los trabajadores del local que ya la conocían y le sonrieron con educación. Atravesó todo el local para sentarse en una mesita en medio, dejó caer el bolso en la silla cercana y se sentó con cansancio. Ser madre y rescatista era cansado como los cojones. Exhaló elevando sus pequeñas cejas. De seguro se veía fatal, por culpa de su hija menor había salido al trabajo sin maquillaje. A la pequeña se le había olvidado qué día debía llevar bento y Uraraka no estaba lista para preparar algo tan temprano. Tomó de su bolso un pequeño espejo y se miró con tristeza, los años no pasaban en vano, las arrugas y las canas empezaban a aparecer, aunque, sonrió coqueta, los años la habían vuelto una mujer muy atractiva.
Tener dos hijos habían ensanchado sus caderas y sus senos crecieron de tamaño, nunca fue una mujer esbelta pero mantenía una cintura que contrastaba con sus caderas, y además, aún se ejercitaba así que los músculos de sus piernas y brazos se habían hecho más robustos. Se sentía orgullosa de su cuerpo, además, el cabello corto le favorecía para resaltar sus ojos y mejillas.
Oh diablos, se sentía guapa aun sin maquillaje.
¿Por qué no tenía novio? Siempre se lo preguntaba pero en cuestión de segundos encontraba la respuesta: No tenía tiempo y sus amados diablitos habían ahuyentado a todos sus prospectos. Esos desgraciados. Era una mujer y necesita un hombre que mínimo la mime u otra cosa...
Río con picardía, esos años de aventuras y amoríos se habían acabado. Ahora sólo necesitaba dedicarse al 100% de sus hijos y trabajo. La campana sonó, y por reflejo dirigió su mirada hacia el nuevo cliente, iba a volver su vista al espejo cuando unos cabellos color trigo y ojos escarlata la miraron de reojo.
Dejó escapar una genuina exclamación de sorpresa. Era Bakugou Katsuki, el héroe número 1 de la temporada, su ex-compañero.
Uraraka al momento de percatarse de ello guardó silencio y levantó su mano ligeramente, haciéndole señas de que se viniera a sentar con ella. Nunca fueron amigos ni colegas, pero siempre se habían tenido un mutuo respeto y ya eran muy grandes como para no atreverse a invitar a un conocido a sentarse. No pudo evitar imaginarse haciendo eso de joven, o él la ignoraría o ella simplemente lo dejaría pasar, dejándole tranquilo. Qué inmaduro.
Bakugou, al ver su señal, bajó más su gorra negra cubriendo sus cabellos, no quería llamar la atención y traer molestos fans. Además, para despistar, Bakugou optaba siempre ir con una chaqueta de cuero negro, unos pantalones oscuros y botas industriales cuando salía a la calle en sus días de descanso. Un motociclista rudo, maduro y cascarrabias.
Se acercó rápidamente a la mesa de Uraraka, cogió una silla y se sentó de golpe enfrente de ella, cruzándose de brazos. Él también estaba sorprendido y, siendo sincero, ya era alguien mayor como para rechazar una invitación así. Si bien no había ganado tacto con el pasar de los años, sí había desarrollado un sentido agudo de cordialidad.
Ambos se miraron a los ojos en silencio. Como saludo Uraraka sonrió suavemente, Bakugou elevó una ceja con una sonrisa de medio lado, respondiendo relajando sus brazos para tomar el menú de la mesa.
—¿Qué vas a pedir? —preguntó el rubio, sin apartar la vista del menú. —¿Me recomiendas el expresso?
—El moka de aquí es muy bueno. Pero el doble expresso va más contigo. —respondió Uraraka.
—Entonces tomo el moka, me gusta tomar sólo mejor. —dijo llevando su vista a Uraraka quien llevó su mano al aire para llamar a la mesera que tomó sus ordenes.
—¿Un café irlandés? Pensé que tomarías más un macchiato, va más contigo. —dijo con argucia.
—No, Bakugou, a esta edad lo único que mi cuerpo pide es alcohol y cafeína. —al terminar comenzó a reírse por debajo, Bakugou se le unió con un "también". Lo miró a los ojos con tranquilidad, extrañamente feliz de encontrarse con un viejo rostro.
—¿Siempre vienes a este cafetería? —inició Bakugou, algo que años atrás la hubiera sorprendido pero hoy era lo más normal. Bakugou también maduró, lo podía ver en aquellos ojos escarlatas, ya no irradiaban furia y ambición, ahora eran unos ojos fuertes y templados.
—Sí, de lunes a viernes d de la tarde, por si quieres que te recomiende lo mejor de esta cafetería. - elevó su pulgar hacia arriba.
—Bien, con ese entusiasmo un día volveré.
—Oh, ¿en serio? - preguntó alegre la castaña
—Por qué no, siempre es bueno verte de nuevo, mejillas.
—Lo mismo digo, número 1. —Katsuki sonrió con petulancia ante el halago. Sobre todo cuando Uraraka tomó su celular y notó que el case protector del mismo era mercancía de él, Ground Zero. Uraraka sólo se disculpó apenada. —Lo siento, responderé un mensaje, estoy esperando a mis hijos.
Bakugou sólo vio cómo Uraraka respondía el mensaje con diligencia. La mesera llegó con sus pedidos y tomó de su moka que resultó ser un muy buen moka.
—Perdón, Bakugou, los adolescentes… ¡Ahg!... son un caos. —dijo agobiada, tomando su café.
—Me agradan, no siguen las reglas y están en contra de todo. Me agrada ese espíritu rebelde.
—Lo dices porque no tienes hijos y de joven fuiste un cabrón de primera.
—Todos deberían ser rebeldes de jóvenes, no unos niños buenos y cobardes.
—¡Ah! —se levantó de la silla ofendida, apuntándole con el dedo. —¡Tú no conoces a mis dos engendros! Tú no eras nada a comparación de Hiiro, ese demonio sí es un maldito dolor en el trasero.
—No creo que sea más rebelde que yo.
—Oh, deberías, ese bastardo te adora desde los 5 y ahora a sus 17 te ha superado con creces.
—No puede ser, es hijo de Deku. ¿No debería tener a su padre en el pedestal? Aunque claro, reconozco sus buenos gustos de tu hijo, lo has hecho bien Uraraka, inculcarle las mejores cosas a tus hijos. —dijo con más petulancia, sorbiendo de su moka.
—Bueno, Bakugou, el divorcio fue más difícil para ellos que para mi. —dijo sentándose y con una voz seria. Todo el mundo o al menos su generación lo sabía. Hace 7 años Uraraka y Midoriya habían terminado su matrimonio por diferencias y muchos problemas. —Izuku era un buen padre, ausente pero no dudo que los ame.
—Esas son patrañas Uraraka, deja de inventarte placebos mentales. Deku era un inútil como padre y esposo, de no ser así, estaría contigo esperando a sus hijos después de la escuela. Tus hijos lo saben, los jóvenes no son estúpidos. —respondió molesto, dejando su taza en la mesa para cruzarse de brazos. —No supo manejar su vida de héroe y de padre. Tuvo que escoger, y no lo culpo, escogió lo que más anhelaba. Yo hice lo mismo, escogí mi carrera sobre formar una familia, aunque claro, no formé una familia para después dejarla atrás. —Escupió con sinceridad.
—Ya, basta, lo sé. —rugió con molestia, callandolo. Todo lo que dice Bakugou, ella ya lo sabía y no necesitaba que se lo recordase. —Dejemos de hablar de él, por favor. Mejor hablame de ti, mira, que mis hijos se volverán locos cuando te vean aquí, ¿podrías tomarte unas fotos con ellos?
—Disculpa Uraraka, me excedí. —dijo acompañado de un gran suspiro. —Mira, me tomaré las fotos que quieran y si quieres, hasta les doy un aventón a cada uno en mi motocicleta. —se ofreció señalando con el pulgar la motocicleta negra customizada de la entrada. Uraraka abrió los ojos sorprendida por semejante máquina. ¿Cuánto le habrá costado? Ah, los beneficios de ser famoso.
—Bakugou, por cierto, te has dejado crecer mucho el cabello. —añadió ella, sintiéndose tonta por no haberlo notado antes. Bakugou parecía un estereotipo de motociclista salvaje, con el cabello amarrado en una pequeña coleta y una barba de candado pronunciada. —Luces muy bien, muchas chicas de seguro andan tras de ti. De mi solo anda detrás el tipo castroso del departamento 06 de Narita, qué bastardo.
—¿Quieres que le de una advertencia? —se ofreció con una sonrisa maliciosa en el rostro. Amaba patear traseros, de villanos, acosadores y cabrones que no entienden el no.
—Nah, ya me encargué de eso. —Ochaco elevó sus brazos y los flexiono para mostrar sus bíceps. —Estos bebés necesitan entrenar. —Con eso último, Bakugou terminó riéndose a carcajadas, quitándose la gorra de la cabeza para rascarse la cabeza con ánimos.
—Ya sé porqué el puñetas de Deku no llegaba a la casa. —empezó mirando a Uraraka con fiereza y picardía. - De seguro lo agarrabas de bolsa de boxeo todas las noches.
—¡Ah…! —se puso roja, escandalizada de lo que decía Bakugou sin pensar el sentido pervertido en que lo dirigía. —¡Pero qué cosas dices, cla-claro que no! ¿Estás demente? —miró alrededor con vergüenza a todos los clientes que los veían molestos por lo ruidosos que eran. —Mis hijos pueden aparecer y si te escuchan, no dejarán de joderme para que les de explicaciones. ¡Ay dios! —casi se cae del espanto cuando escucha la campana de la puerta repicar.
Dos adolescentes entraban al local buscando con la mirada a su madre y al verla, ambos hermanos se vieron de reojo.
—¡Bakugou, no toques el tema de Deku y no digas nada vergonzoso! —demandó por debajo, tomando una servilleta para cubrirse parte del sonrojo. Sus hijos se acercaron lentamente, extrañados por el hombre que estaba con su madre. Ambos fruncieron el entrecejo.
—Mamá. —saludó la menor una vez al pie de la mesa. Bakugou volvió la mirada a la adolescente quien con una mirada de asco y repudio lo saludó.
—¿Quién ese vejete? —dijo como una cuchillada el mayor de los hijos de Uraraka. Lo miró a los ojos con furia. Ochaco sólo suspiró mortificada, Bakugou nunca se había sentido tan amenazado. ¿Los adolescentes eran así de terroríficos? Genial.
- Primero se saluda. - Se levantó de la mesa e hizo una señal para que se sentaran. Con la misma expresión en sus rostros, los dos hermanos tomaron asiento sin apartar su mirada de la de Bakugou que sonreía alegre, cosa que sacaba más de quicio a los dos adolescentes.
- Bakugou, - llamó Uraraka apenada, - mis hijos... - dijo con resignación. ¿De dónde habían sacado ese carácter? - Saluden. - les ordenó.
La más joven que estaba del lado izquierdo torció los labios irritada pero con un leve suspiro por la nariz, calmó su expresión. - Mi nombre es Midori. Un gusto… creo.
- Tu edad y curso. - exigió Uraraka.
- 14 años y voy en el último año de escuela media. - Llevó sus manos a la nuca, mirando fastidiada a su madre. Katsuki miró en silencio a la jovencita, se parecía tanto a Uraraka. Tenía el mismo tono de piel, las mejillas rosadas, el cabello castaño pero tampoco podía decir que no era hija de su rival Deku pues tenía el cabello ondulado y muy largo, seguramente como la abuela Inko. Además, tenía las pupilas de un verde esmeralda.
- Qué hay. - respondió el héroe, tomando el resto de moka que quedaba en su taza. La adolescente sólo abrió los ojos molesta.
—Ahora tú, Hiiro. —espetó Uraraka dándole un suave golpecito con el codo a su hijo que había tomado asiento de su lado derecho. El joven sólo protestó con fastidio sin intenciones de obedecer.
Hiiro aunque físicamente se parecía a Deku, era más alto y fornido justo como lo era el papá de Ochaco. Con sólo 17 años, el adolescente medía ya 1.80 cm.
—Hiiro, el sábado tienes un partido importante, ¿no es así? —el joven asintió con la cabeza. —Pues si no me puedes hacer el favor de presentarte a un conocido mío, yo no podré pagarte los viáticos.
—Uraraka, no hace falta. —Intervino por fin Katsuki, no sabía si este ambiente familiar le resultaba divertido o muy problemático, pero tampoco quería arruinarle el partido al chico. Así que enderezandose de su asiento, Bakugou puso sus hombros en una posición de ataque, posición que usaba siempre en sus entradas heroicas. —Bakugou Katsuki, Ground Zero para ustedes dos cabrones.
Uraraka se llevó una mano al rostro. Había olvidado lo ridículo que eran las poses de héroe.
Midori y Hiiro se miraron el uno al otro para después ver a su madre y después mirar al señor que se decía Ground Zero. Lo observaron durante varios segundos, imaginando a ese hombre con el antifaz y traje de su héroe favorito.
—¡Ah! - chilló Midori que se levantó de golpe de su asiento sacando el móvil del bolsillo de su uniforme.
—¡No jodas! ¡Mamá conoces a Ground Zero! —puso sus manos en la mesa sorprendido y con la boca bien abierta, nunca había estado tan feliz en su vida. —¡Por dios mamá! ¡Es Ground Zero!
Katsuki dejó escapar unas risas, ese lado fanático era muy Deku. Ochaco sólo sonrió alegre al ver los rostros emocionados de sus hijos.
—¡Soy tu fan número 1! —dijeron ambos al mismo tiempo, abalanzándose sobre él.
—¡Cállate pendejo, la fan número 1 soy yo! —vociferó Midori contra su hermano.
—¡Tú deberías callarte, mocosa, que sin mi tú no lo conocerías! —replicó Hiiro. En efecto, cuando apenas y podía mantenerse de pie, Hiiro le había puesto en televisión el canal que recopila las grandes hazañas del explosivo héroe.
La gente de la cafetería los miraba curiosos pero Ochaco con una respetuosa inclinación les pedía perdón.
—Niños, silencio. Haganle cualquier pregunta pero no hagan mucho ruido.
—Tus niños me adoran. - dijo orgulloso. No sabía cómo expresarlo, pero ser querido y respetado por los hijos de su rival era algo que se sumaba en su lista de victorias. —Siéntense. —y los menores se sentaron, arrastrando sus sillas más a su lado. —Pidan lo que quieran del menú. —dijo dadivoso.
—¿En serio? ¡WOW! Eres más cool de lo que pensaba. —Dijo Hiiro con gran ilusión. Midori sólo se lanzó a los brazos de Bakugou, abrazandolo.
—Haz crecido mucho Hiiro. —le dijo con una gran sonrisa, colocando su mano izquierda en la cabeza, revolviendo los cabellos verduzcos del joven que sonreía. Ochaco sólo observó en silencio, sus hijos lo adoraban y Bakugou parece no haber mentido diciendo que le gustan los adolescente, conectaba muy rápido con ellos.
—¿Nos conocimos antes? —preguntó Hiiro una vez que terminó el mimo.
—Más bien te conocí, eras muy pequeño para recordarme.
—Mamá, ¿por qué nunca me lo dijiste? —recriminó el joven.
—¿Y a mi? ¿Me conociste a mi? —dijo Midori alegre sin soltar el musculoso brazo de su héroe.
—No realmente, aunque llegué a sentir tus patadas cuando aún estabas en el estómago de Uraraka.
—Ah! Es el destino. —aulló ilusionada. —¡Mis amigas querrán ver esto! —y soltando su brazo tomó el celular y comenzó a grabar insta-historias, hablando al teléfono llena de emoción.
Uraraka lo vio a los ojos, esa respuesta, ¿en serio Bakugou la había tocado cuando estaba embarazada de Midori? Katsuki se dio cuenta de la confusión. Claramente ella no se acordaba.
—¿Ya saben qué pedir? —les preguntó y ambos negaron con la cabeza. —Vayan a pedir lo que quieran al mostrador. A mi tráiganme un americano con carga de avellana. —Sacó de su billetera una tarjeta dorada y se la entregó a Hiiro quien la recibió como si fuera su primer gran misión, ambos se pusieron de insofacto corrieron al mostrador.
—Gracias por poner el orden. En serio, te necesito en mi casa. —dijo con cansancio la castaña. - Les falta una figura de autoridad.
—Son unos excelentes muchachos, sólo tienes que saber ganartelos. —dijo con sinceridad. Se quedaron en silencio viéndose el uno al otro. ¿Desde cuándo no se veían?
—Bakugou, ¿aún te acuerdas de ese día? —preguntó con cuidado
—Sí. —respondió Bakugou sin ninguna duda. —En ese entonces aún eras una heroína y nuestras dos agencias se unieron para una misión que honestamente no recuerdo.
—Jajaja, tienes razón. Ni yo recuerdo qué misión era pero tú estabas en el vestíbulo y yo estaba en una reunión con mi directivo. Hiiro tenía sólo tres años y lloraba tanto que tuve que salir de la reunión buscando a alguna secretaria o empleada que pudiera cuidarlo.
—Recuerdo que no asistía a las reuniones porque mi agente me lo prohibía así que esperé allí. Te vi entrar apresurada y con él en los brazos. Recuerdo muy bien lo que dijiste.
—Jajaja sí, ¿me vi muy aprovechada? —se llevó la mano a la boca, un poco avergonzada.
—Mucho. —se cruzó de brazos. —Saludaste y literalmente me dejaste a tu hijo en el asiento y con una sonrisita tonta me dijiste que lo cuidara por ti 10 minutos. 10 minutos que se transformaron en una hora.
—Sí, pero después de eso te invité una cerveza en agradecimiento y fuimos al restaurante familiar, pague la cuenta y te di de mi postre.
—¡Tú ya no lo querías!
Justo en ese momento aparecieron los jóvenes con el americano de Katsuki, Midori le dio su tarjeta y Hiiro acomodó su taza en la mesa con cuidado. Ambos conscientes que a Ground Zero le gusta todo en orden.
—Ground Zero-san, - comenzó Hiiro, con cierta seriedad y con mucha expectativa, viendo a los ojos a Bakugou que supo captar el ambiente y devolvió el gesto, curioso. Ochaco miró a la mesa, sabía a dónde iba con ese tono. —Yo no tengo una peculiaridad…
Katsuki lo sabía, había escuchado de Kirishima que el hijo de Deku y Uraraka había nacido sin peculiaridad. Bakugou sabía el porqué.
—Yo no quiero ser héroe, pero me gustaría ser el mejor futbolista. - decía, si bien en el deporte, el uso de particularidades era permitido, los que no tenían una habilidad así en el campo eran superados por los que sí —¿Podré llegar a serlo?
Ochaco quiso interrumpir pero Bakugou levantó su mano en señal de que no levantó del asiento y lo tomó por los hombros.
—A mi no me tienes qué decir mierdas por qué yo no lo sé. Mejor preguntatelo a ti mismo, eres el único quien debe creerlo. —y con un ligero coscorrón en la cabeza, Bakugou le sonrió con dureza. Hiiro lo imitó por reflejo y con un gran "tiene razón", se volvió a su madre, una Ochaco que comenzaba a lagrimear de la emoción, ¿desde cuando Bakugou se había vuelto tan... sabio? ¿Qué carajos? Ochaco se limpió una lágrima y cogió la mano de su hijo que emocionado la miraba.
—Bakugou, el próximo sábado tiene un partido. —empezó ella, con esa dulce voz de madre amorosa. —Ven con nosotros, haremos picnic después del partido.
—Gracias mejillas, pero ese día trabajo. - respondió con sinceridad.
—Bien, ni hablar... —resopló Uraraka con resignación, era cierto que quería responder a su franqueza y amistosidad que tuvo con sus hijos, pero era triste saber que tal vez lo vería dentro de otros años nuevamente.
— Pero si termino el patrullaje sin ningún contratiempo, puedo alcanzarlos en el postre. Es una promesa. —dijo tomando el teléfono de Midori, anotando su número telefónico personal. —Para celebrar la victoria. —le devolvió el móvil y acercó a los jóvenes con sus anchos brazos.
—Tomen fotos, que será la única oportunidad que tendrán.
Hiiro sonrió con confianza, su equipo ganaría ese partido, no quedaría en ridículo con su héroe favorito sin tener nada qué celebrar. Por otra parte, Midori lamentó no haber metido su selfie-stick esta mañana en su mochila, aún así preparó la cámara, y juntándose los tres para caber en el encuadre, sonrieron con una sonrisa a la Ground Zero.
Los tres hicieron sus poses icónicas, alzaron los pulgares y en una de esas Midori aprovechó el momento para darle un ligero beso en la mejilla a Bakugou que miró con espanto el cómo Ochaco lo miró con furia. Las mamás dan miedo.
—Si la van a publicar en redes sociales, sólo póngame un filtro de antifaz. —pidió cansado de la pesada sesión de fotos. Por eso no se tomaba fotos con los fans. Son muy exigentes.
La comida llegó, Bakugou los acompañó con un platillo de la casa y Uraraka aprovechó el hecho que él pagaría así que pidió lo que nunca había pedido porque odiaba las cuentas caras. Katsuki le llamó la atención y ella sólo sonrió, que como es mamá debe comer por dos personas. Él rió sarcástico, llamándola "señora redonda" por tragona, ella a su vez le dijo vejete tacaño. Los adolescentes reían, una porque seguían felices de que su héroe favorito esté en la mesa y porque resulta que su madre y él eran buenos amigos.
Después de la comida, Uraraka checó el móvil y se percató de la hora y de puro espanto cogió su bolsa. Ya eran las 6:20 de la tarde. Sus hijos tenían cursos y ya era tarde.
—Ustedes dos, muestran su agradecimiento con Bakugou-san por la tarde y la comida. —demandó a sus hijos mientras alistaba su corto cabello para después volverse al susodicho. —Bakugou-san, en serio me alegra haberte visto de nuevo. Gracias por la comida y por cómo recibiste a mis hijos. Ojalá puedas ir al picnic el próximo sábado, te estaremos esperando.
Bakugou se levantó de su asiento para permitir que Midori lo abrazara, la jovencita le dijo que el conocerlo fue lo más cool del mundo y que si no podía ir el sábado, fuera a su torneo de karate que sería dentro de un mes. Hiiro tomó su mano y la agitó entusiasmadamente, agradeciendo sus palabras de hace unos minutos. Después, Uraraka se acercó, tomó su gran mano y apretando suavemente para así darle un pequeño abrazo.
—Gracias Bakugou.
—¿Por qué? —preguntó curioso, aceptando el abrazo.
—Por ser el héroe de mis hijos, si ellos te adoran tanto, siento que yo también lo hago. —dijo con pena, acompañada de una risita. —No lo entenderías, cosas de madres.
Se separaron del abrazo y la pequeña familia salió del local no antes sin dar una pequeña reverencia al rubio que miraba el cómo entraban en el vehículo y arrancaba con toda velocidad. Se sentó sin saber qué pensar, con una sensación de calor en el pecho, como si estuviera conmovido.
¿Por qué se sentía así cada vez que la volvía a ver?
Miró la servilleta que Uraraka había usado, una servilleta manchada de su labial color melón. Qué mujer tan extraña, sin embargo, qué alegría volver a verla. Los años pasaban y ella seguía viéndose igual o más preciosa.
Se llevó una mano al rostro, estaba caliente del rostro. Ojalá el sábado sea un día tranquilo aunque odia los días tranquilos, y mucho.
Notas: Bueno, serán sólo 3 caps. así que lo terminaré xD …. espero.
Seamos sinceros, Midoriya es un amor, pero no lo veo con futuro en la crianza, a Bakugou tampoco pero él supo y salió de ese círculo de reproducción. ¿Futuro padrastro? ¿romance con la señora Ochaco? Uhmmm ni yo lo sé. Lo que sí sé es que habrá muchos recuerdos y una tensión sexual devastadora. Los señores de más de 45 años tienen derecho a una vida romántica!
Cualquier observación o crítica, es bienvenida! No he escrito en más de un año y me siento oxidada
Nos vemos a la próxima~
