Espero y sea de su agrado~
Siéntate conmigo
capítulo 3 de 3 [Platica conmigo]
…
Su pecho saltó lleno de emoción y la culpa invadió la boca de su estómago. Katsuki, aquel que conoció como un muchacho de furia incontrolable y espíritu volátil había sufrido el pasar de los años tal como ella. Lo observó cubriéndose la boca, tal vez por temor a decir algo indebido o para ocultar los labios que le jugaron sucio en la vil travesura de una Uraraka de 17 años que había probado por primera vez el encanto de un beso con sabor a vino de mesa que ella y las chicas compraron a escondidas para introducirlo a la fiesta de graduación.
Una locura adolescente, pensó ella días después de rodear con sus manos al rubio por el cuello y darle un besito que él nunca rechazó. Sólo duró 5 segundos.
Sólo 5 puñeteros segundos.
Un fuego recorría las entrañas de la castaña, sus manos estaban calientes y la conmoción se acumulaba en su entrepierna. Uraraka se separó lentamente y un aguijón de culpa le picó el alma cuando vio los ojos rojos de Katsuki que... ¿suplicaban por más? La castaña dio un paso atrás.
Bakugo dio un paso adelante.
Entonces, Uraraka, que presumía sus 47 años vividos, reconoció por primera vez que si no se hubiese asustado de su travesura, se hubiera quedado allí con él, entrado a su habitación para besarse como en las películas americanas. Deleitados por lo prohibido, por la pasión de la noche y el fragor del vino dulce que en realidad sólo era una excusa.
Uraraka lo miró con una sonrisa tonta y le dijo que la perdonara, que realmente no lo pensó. Que no sabía porque lo hizo y que si quería matarla como él siempre amenazaba, ella aceptaría su castigo por jugar con él de esa manera. Sin embargo Bakugou sólo la vio en completo silencio, el rictus facial denotaba su completa inseguridad de no saber, por primera vez en su vida, cómo responder a una situación excepcional, a dicho beso.
Era como darle esperanza a un desahuciado que tan pronto como apareció una promesa de vida futura para segundos después desaparecer.
Su primer amor le sabía a confusión, aunque claramente él no era ni su primer ni su posible segundo amor.
Ochaco salió corriendo. Era una heroína recién licenciada, pero la vida y las hormonas juveniles eran mucho más intimidantes que los villanos mismos. Gritó un fuerte "perdón" mientras salía de los dormitorios, corriendo como loca en los pasillos con dirección al estadio donde se celebraba la fiesta.
Bakugou la vio entrar al estadio desde lo lejos con los ojos brillantes y rojizos, amenazando con llorar o explotar de ira y odio dirigido a la castaña que lo acosaba en sus sueños más húmedos y en lo más hondo del corazón. Se había enamorado de la novia de su amigo-rival y aunque había hecho todo lo posible para no acercarse a ella para caer en ese circulo vicioso de pensarla, imaginarla y quererla más, ella siempre se acercaba a él para joderle el leal camino que había escogido para él y para con sus amigos en general. Que si ella se acercaba para decirle que fuera mejor persona con Deku, que si la ayudaba a entrenar, que si cómo se sentía después de la misión, que si la ayudaba a preparar el desayuno, que si había visto a 'X' persona.
Uraraka no era malintencionada ni lo hacía buscando algo más, sólo era ella siendo esa muchachita de regordetas mejillas despistada y con muchas pelotas. Ella sólo era amable y sincera y eso lo molestaba mucho.
—¡Llegamos! —Anunció Midori con una profusa alegría saltando de un lado a otro. Tenía ese lado enérgico y burbujeante como su madre. Puso las frituras en la manta y se sentó al lado de su hermano que antes le entregó la billetera y el permiso de Bakugou. El mayor agradeció y guardó la billetera en su bolsillo, suspirando emocionalmente agotado.
Uraraka se sentó en la manta y ayudó a sacar las frituras y las cervezas. Los chicos se habían comprado una bebida que asemejaba el sabor del alcohol sólo para sentirse en "onda" como su madre y superhéroe favorito que tomaban cerveza como si se tratara de agua.
Hiiro preguntó en voz alta. —Entonces, ¿cómo conociste a mi papá? —Midori secundó con un frenético asentimiento de cabeza mientras bebía de su bebida alcohólica falsa imitando a las chicas de sus dramas coreanos.
Bakugou y Uraraka, se habían distanciado lo más posible pero se dirigieron una mirada rápida, incómoda y un poco avergonzada. Hace unos segundos hablaban de cómo Bakugou había sentido una atracción hacia la ex-esposa de su "amigo" y el cómo Uraraka tuvo su primer beso con él y no con el padre de sus hijos. Se sentía algo extraño aunque de ese pequeño y hasta patético beso no pasó a más. Bakugou tosió, aligerando la atmósfera y porque los adolescentes son todo menos tontos.
—En realidad vivíamos en el mismo vecindario, por lo tanto asistimos al mismo preescolar, escuela primaria y secundaria. —dijo como si nada. Al tener la misma edad se tuvieron que encontrar en preescolar e iniciar una amistad que duraría hasta mediados de primaria. Midoriya no tenía una particularidad y Bakugou lo humilló y acosó a raíz de ello.
Hiiro y Midori conocían el secreto de su padre y su gran responsabilidad, sabían del duro pasado de su padre con el ahora héroe que ellos mismos idolatraban. Hiiro se había abrazado así mismo, consciente de las burlas y desprecios de sus compañeros por pasar por lo mismo que su padre: No tener una peculiaridad.
Uraraka trató de intervenir, pero Bakugou tomó la cabeza de Hiiro y lo acarició despacio, inseguro de cómo reconfortar a un menor, pero aún así quiso tranquilizarlo, viéndolo a los ojos.
—Fuí un gran pendejo. —se sinceró con un genuino arrepentimiento. —Su padre me lo hizo ver cuando limpió el suelo conmigo en nuestra última pelea. Eramos unos niñatos, y yo era uno muy idiota.
A día de hoy, Bakugou se daba de topes con la cabeza por ser tan tonto y ridículo. Reconocía que su odio era sólo ignorancia y temor a lo "otro", pero a lo largo de su vida como estudiante, héroe y ciudadano descubrió que los que no tienen particularidad tienen algo más: Habilidades y personalidades únicas que funcionan como un engranaje en la sociedad y como héroe, aprendió a valorar cada individuo porque trabajaba y vivía para ellos y si se requiere, moriría por ellos. Salvar a los demás. Las palabras de All Might se fundieron en su corazón. Les explicó a los jovencitos que si bien él no era el mejor de los héroes y tenía defectos como todos, pero hacía lo mejor para cuidar de todos.
—Además, romper culos fue algo que siempre me gustó. —finalizó con el puño a la altura del mentón. Los dos jóvenes rieron y aprovecharon para contarle a Ground Zero sobre las hazañas que habían marcado su carrera. Eran todos unos frikis como Deku, pero se dejó bombardear por las preguntas hasta que Midori, que era un poco más a su madre de directa, le preguntó por qué nunca se casó.
Uraraka que escuchaba más relajada y reía con las constantes preguntas de sus hijos, escupió la cerveza y regañó a Midori al instante por andar metiéndose en la vida privada de Bakugou y no de éste como héroe. Midori sólo infló sus mejillas molesta con su madre, ¡dios! Era su oportunidad de saber más de su héroe favorito y su madre siempre entrometiéndose. —¡Mamá! —chilló la adolescente para después mirar con ojos de cachorro a Bakugou.
—Bakugou, si no quieres responder no lo hagas, estos niños son unos metiches. —se acercó a él y lo tomó del brazo. Se miraron por el rabillo de los ojos fugazmente.
Uraraka sintió el calor subir por sus mejillas y se alejó lo más pronto posible, pero antes de hacerlo, Bakugou la tomó del hombro y sonrió malvadamente. Los dos jóvenes dieron un respingo al ver la escena.
—Nunca me casé porque las esposas y madres son unas brujas.
Midori dejó caer su quijada, no creía lo que acababa de decir, Hiiro cambió su expresión de sorpresa por una de miedo total. ¡¿LE HABÍA DICHO BRUJA A SU MAMÁ?!
Lo último que vio Bakugou fue a los niños correr despavoridos.
Silencio.
Volvió la mirada hacia la castaña que tomaba de los hombros, comenzaban a temblar.
La miró, pero la mirada color chocolate ya lo esperaba.
Aquellos ojos chocolates perfilados, su rostro contraído por la ira. Ahí estaba, esa terrorífica mirada que le dio cuando se enfrentaban en el torneo deportivo de primer año. A pesar de que sus facciones habían cambiado por el peso de los años y el estrés de cuidar a dos hijos hizo que Bakugou sintiera miedo mezclada de admiración.
Ochaco seguía siendo esa pequeña y valiente chica de la cual se había sentido fuertemente atraído.
Él había estado con muchas mujeres, mujeres que le trajeron dichas y hermosos momentos en cada etapa de su vida hasta ahora, pero el primer amor nunca se compararía. Se sentía tan ligero y audaz como en sus primeros años de entrenamiento, como un jovenzuelo.
Sin embargo, cabe decir, que si se sentía ligero era porque Uraraka activó su peculiaridad con él y lo tomó del brazo; y usando una llave de judo lo derribó al suelo. Su espalda golpeó duro el suelo. Uraraka lo trenzó con sus piernas del torso a los pies, sus manos lo sujetaron de los brazos. En el último momento ella amenazó con darle un fuerte cabezazo, pero se detuvo.
—¿Entonces las mujeres casadas y las madres son brujas, eh? —dijo con desprecio.
—Sí, por supuesto. —retó con una socarrona sonrisa de lado. —Pero no me malinterpretes, cara redonda. Me encantan las brujas. Me gustan las mujeres malas y juguetonas, aquellas que saben patearle el culo a los chulitos como yo y que además les dan falsas esperanzas y los hechizan a pesar de los años.
Uraraka soltó el agarre, pudo ver a sus hijos correr ahora con dirección a ellos, gritando que lo dejara; no obstante, estaba atenta a lo que decía casi entre dientes el rubio que la miraba con los ojos perdiendo intensidad.
—Cara redonda. —Uraraka lo vio cubrirse los ojos con el dorso de su brazo. —Nunca lo olvidaré.
Su voz, ronca y profunda se convirtió en un hilo de voz. Katsuki no era bueno lidiando con el alcohol y menos con las emociones que arrastraba desde la academia. Aun la quería, aún sentía una fuerte atracción hacia ella y que jamás se atrevería a decir que la amaba.
Ciertamente, la observaba con recelo desde su asiento en clases, cuando ella y nadie más lo notaba. Sólo fueron unas cuantas veces cuando ella lo atrapó mirándola. Ella sólo sonrió y hacía un ademán de que si sucedía algo. Él sólo desviaba la mirada y fingía volver su atención a la clase.
Todos e incluso él sabían que Uraraka quería a Deku.
Verla sonrojarse por el usuario del One For All tenía un efecto que Bakugou desconocía: La envidia. Nunca sintió envidia de nadie porque él lo tenía todo: buenos padres (a pesar que su madre era una vieja gritona), buena casa, nunca faltó el dinero, los mejores lugares académicos, una destreza física y mental sorprendentes para un muchacho de 17 años, una increíble particularidad, confianza y una voluntad de hierro que lo llevarían a donde está hoy plantadocon fama y admiración de muchos. Lo tenía todo, y lo que no tuvo supo anteponerse a ello, de hecho, nunca sintió envidia de que fue Deku fue el elegido por el héroe que más admiró en su juventud. Le molestaba que no lo eligiera, se sentía menospreciado, sin embargo jamás deseo el poder que Deku heredó. Él era Bakugou, y su nombre sobresaldrá por méritos propios… y así fue. Pero, sí, pero…
Sólo envidió una cosa.
Una persona.
Pero él… no era Deku. No tenía oportunidad aunque lo intentase.
...
Los niños estaban ya en la cama, soñando y descansando después de tanta emoción y pretensión de seguir el ritmo de los dos adultos que bebían de la cerveza como si de su cordura dependiera de los niveles de alcohol soportados.
Bakugou había aceptado que el pequeño picnic de celebración por la victoria de Hiiro se transformara en una pequeña cena para conmemorar el inicio de una nueva época para el hijo de Uraraka y Deku, para conocer más a la familia Midoriya aunque la madre ya no tenía el apellido. Bakugou se metió en su cocina y preparó un manjar con las sobras que había en el frigo, además de maravillar a la familia que se había acostumbrado a la sencilla comida de Uraraka que también se comía con poco entusiasmo.
Lo vieron usar sus lentes de lectura que guardaba en el bolsillo de su chaqueta, además de usar guantes para lavar los trastes.
Uraraka se burló por lo bajo, Bakugou era demasiado doméstico aunque tenía la apariencia de un motero descontrolado de la mediana edad.
Abrieron la botella de vino que Uraraka guardaba religiosamente en su alacena para beber de ella cada fin de mes mientras hacía los cálculos de la hipoteca, colegiaturas, cursos, despensas, recibos de luz, agua y otros servicios.
Se sirvieron en las dos copas mientras reían al recordar las locuras de sus años en la academia. Bakugou era alguien pasivo en las charlas y se dedicaba a escuchar y hacer preguntas y anotaciones puntuales, Uraraka hablaba y hablaba, imitando a quienes mencionaba, sobreactuando enardecida por el calor del vino, pero a pesar de ello notó que la risa de Bakugou era un poco inusual. Bakugou reía y reía feamente, todos sus dientes salían a la vista así como sus encías, estirando su rostro. Uraraka sólo se reía más fuerte al verlo reír, no recordaba haberlo visto reír así en la academia y le gustó esa risa grave y pausada de Bakugou, era sincera y se sentía bien verlo feliz.
Uraraka le confesó que después de su divorcio fue a un café con hosters en Ikebukuro porque estaba desesperada por amor, Bakugou sólo rió más fea y fuertemente, burlándose de ella hasta el punto de tirarse el vino encima. Ochako que estaba un poco ebria y un poco desinhibida se acercó a él con un pañuelo para limpiar la mancha de su camisa anaranjada, a repegandose un poco al pecho de Bakugou que si bien lo tomó por sorpresa, ya no se sentía ansioso por la situación como lo habría hecho hace 30 años atrás.
No, ahora sólo le preocupaba que esa mano que él colocó en la cadera de ella le molestara, pero Uraraka sólo esgrimió una sonrisa con una ceja levantada.
Se vieron a los ojos por unos instantes.
Después de ser unos adultos de casi 50 años, el tener tan cerca el cuerpo de una mujer o un hombre no era una novedad, sin embargo tener a Uraraka tan cerca era tal vez lo que menos esperaba de este picnic, pero no tenía ninguna queja. Ver a la dueña de esas grandes y redondas mejillas atenderlo era un pequeño placer que saboreó hasta que Uraraka, con una gran sonrisa le decía que se preparara para otra copa.
Sin vino para beber, se sentaron en la mesa del comedor para platicar y observarse mutuamente.
Uraraka era una mujer hermosa en su propia extensión de la palabra porque no era delgada ni mucho menos alta, era una mujer robusta de anchas caderas y grandes muslos así como unos brazos notablemente fuertes. Bakugou adivinó que la castaña hacía ejercicio antes del trabajo, que dormir más allá de las 12 am. es impensable. Miró más arriba, el busto había crecido también y no es gratuito, el amamantar a dos hijos sólo aumentó el volumen de los pechos redondos y suaves de Uraraka que presumía orgullosa con un escote v largo. Sudó un poco.
¿En qué momento se había quitado el ligero suéter que tenía puesto en el estadio?
Miró a su rostro que estaba sonrojado por el licor, era redondo y aunque las marcas de la edad habían endurecido un poco más su rostro, aún tenía esa adorable mirada. Una mujer amable, redonda y con muchas agallas que nunca se avergonzó de su vida y de sus decisiones. Bakugou sonrió con tristeza, uno al final se da cuenta del valor de una persona cuando ya es tarde hasta para lamentarse de no haber luchado por esa persona.
El tiempo nunca se detiene, no espera a nadie y no perdona.
Ochako quien lo seguía con la mirada notó esa breve expresión de tristeza que se dibujó en el tosco rostro de Bakugou. Ya no era un hombre del cual podía llamársele atractivo o lindo, ya era un hombre embarnecido por la edad, con el rostro más ancho y lleno de vellos por todos lados, Uraraka le sorprendía su elección con la barba ya que en la academia tendía a ser el más preocupado por la higiene personal así que ella siempre pensó que tendría ese mentón descubierto y bien rasurado, pero no era así. Ahora Katsuki se parecía más a su padre, el vello facial, la mirada cansada por el trabajo sin descanso con los párpados marcados.
Pero esos iris rojizos seguían ahí, fulgurantes y altivos.
Ochako sólo miró a sus brazos, llenos de cicatrices y con quemaduras por todo el cuerpo. Incluso miró a sus orejas, allí estaban esas prótesis auditivas, ¿cómo no se había dado cuenta? El trabajo de héroe explosivo terminaría matando a Bakugou en algún punto y Ochaco en tan sólo pensarlo quiso decir algo al respecto pero mejor calló.
El sólo ver las heridas de Bakugou le hicieron recordar las otras miles heridas de Izuku, todas esas noches en las que el teléfono la despertaban para darle la noticia de que su esposo estaba debatiéndose la vida en una camilla rumbo al hospital. Esas heridas que Bakugou presumía como marcas de guerra le recordaron las suyas, heridas que la marcaron como heroína tiempo atrás y que le revelaron que su destino no era ser heroína, no cuando pensaba en sus hijos sin una madre o sin un padre. Cuando vestía su traje de héroe pensaba siempre si llegaría a la noche a acostar en la cama a sus hijos y supervisar que comieran bien antes de ir a dormir.
Muchas heroínas renuncian a su licencia cuando son madres y ella se convirtió en una de ellas. No tiene ningún arrepentimiento sobre su breve vida de heroína, su único arrepentimiento esque ella no pudo decirle a Deku que renunciara a su sueño de ser héroe, de seguir protegiendo a todos incluso a sus hijos de los villanos. Sin embargo, Uraraka era una mujer realista, existen más peligros allá afuera que villanos, organizaciones criminales y delincuentes.
Al nacer Midori, Uraraka sintió el verdadero terror cuando un hombre desconocido la siguió por todo el vecindario, ella cargaba a su tierna bebita en sus brazos y aunque ella pudiera batirse a muerte con ese hombre, ¿qué sería de su hija mientras eso sucedía? ¿Aquel hombre la quería a ella o a su bebé? El pensar que si ella sólo hubiera sido una mujer normal no pudiese contener el ataque, y que le arrebataran a su bebé porque justamente ese día un ciudadano ya no podía contener su enfermiza atracción a los menores y la manera más fácil es sustraer a un menor de los brazos de su madre.
Uraraka se volvió una madre sobreprotectora y un poco paranoica después de ese incidente que no pasó a mayores. Pero una cosa le quedó claro a Ochaco: si alguien se le ocurría tocar indebidamente a sus hijos ella misma prendería fuego a toda la ciudad para encontrar a ese desgraciado.
Sonrió un poco, ella mataría a cualquiera que pensara en hacer daño a sus dos hermosos hijos.
—¿Piensas en tus hijos? —preguntó Katsuki, cruzándose de brazos mientras miraba con suma atención las facciones de sorpresa que cambiaron a una cariñosa.
—¿Cómo lo supiste? —preguntó Uraraka volviendo su mirada a los ojos rojizos del rubio canoso.
—Simplemente pusiste esa mirada que todas las madres ponen al pensar en sus hijos. —respondió Bakugou con un poco de obviedad. —Mi madre siempre las hacía cuando no llegaba a casa después de mi primer año como héroe profesional, aunque ella trataba de ocultarlas con una sonrisa y un insulto. —miró al techo. —Esa vieja bruja…
—¿Cómo está tu madre? —no es que la conociera personalmente pero en la academia la vio más de dos veces y siempre le pareció una mujer agradable que sudaba mucho carácter.
—Ella falleció hace dos años. Cáncer de útero, aunque era una mujer fuerte no resistió la quimioterapia. —respondió con naturalidad, no es que no le doliera pero ya había pasado por el dolor de la pérdida y ahora sólo podía recordarla con un poco de cariño y nostalgia. ¿Quién iba a decir que extrañaría a esa mujer tan molesta?
—Lo lamento... pero, supongo que a estas alturas, lo único novedoso que nos puede pasar es morir o que alguien cercano muera. —sonrió agriamente, no quería pensar en la muerte, no después de beber vino. Quería reír y no deprimirse.
—Supongo. —dijo como una exhalación pesada, abatido repentinamente y con los ojos en la mesa, había un pensamiento que siempre le traía ruido y generalmente lo abandonaba porque siempre que se le presentaba era común sentir un poco de miedo. Incluso él, un héroe famoso y valiente, no dejaba de preocuparse por algo tan mundano. Miró a Ochaco que se había levantado de su asiento para pararse detrás de él y poner sus brazos alrededor de su cuello.
—Ya no guardes tus inquietudes sólo para ti. Somos adultos y debemos resistirlo todo. —dijo en el extraño abrazo.
—Me pregunto… —se calló cuando sintió los brazos de Ochaco separarse y colocarse a su lado, mirándolo con una expresión amable pero poco condescendiente. —… ¿Por qué un héroe es quien siempre termina solo?
Sí, nunca se casó y no porque no quiso. Sí, no tuvo hijos y no porque no quisiera ser padre o engendrar y perpetuar su linaje; sí, nunca tuvo una relación más allá del tercer año pero no porque no supiera llevar una vida sentimental separada a la de su trabajo. Pero, siempre pensó: ¿quiero a una mujer que se preocupe por mí cada vez que vaya al trabajo a luchar contra villanos? ¿Quiero que mis hijos crezcan con resentimientos porque no estuve para ellos en esos momentos que más querían su compañía y consejos?
Bakugou sólo no quería tener los mismo problemas que Kirishima y Ashido tenían con su hijo mayor, no quería repetir el error de Sero, que había terminado como un ocupado padre soltero que se partía el alma por sus dos hijas que lo detestaban porque su madre las abandonó. Tampoco le interesaba tener novias por montón como Denki, siempre le conocía una nueva novia en cada reunión y viendo esa expresión de soledad en el rostro de su amigo y por supuesto no quería algo similar a lo que le pasó a la familia Todoroki así como el triste final de Endeavor, un buen héroe pero un terrible padre.
Katsuki se vanagloriaba por ser inteligente y decidido en no formar una familia, pero a sus 48 años, la idea de morir como un perro sobre el asfalto en un ataque que no podría detener, siempre lo dejaba mudo, ¿quién realmente lloraría por él cuando muera? ¿Quién lamentaría que ya no regrese a casa? ¿A quién realmente tiene como para no querer morir? Si muere defendiendo la ciudad o la sociedad, morirá como un héroe, pero él ya no era un crío que le gustaba jugar a ser un héroe, ES es un héroe no obstante no sólo era un héroe, Ground Zero. También era un hombre con un nombre y una historia detrás.
Ser sólo un héroe con máscara le aterraba… sumando que siempre fue alguien ansioso y temperamental, el golpe de la andropausia tampoco le ayudaba.
—Bakugou, los héroes no están solos y menos tú. —tomó su mano con una gran sonrisa. —Sabes que tienes el amor y admiración de mis hijos y por ello, el amor y admiración mía. —llevó la mano del rubio a su pecho. Bakugou sólo abrió los ojos sorprendido y horrorizado al pensar en los dos adolescentes que dormían un piso arriba.
—Lo siento señora cara redonda, tocar pechos ya no tiene efecto en mi. —dijo él con petulancia pero sin quitar la mano.
—¿O sea antes sí, Bakugou-san? —esgrimió una media sonrisa.
—Sí, y hace 30 años atrás hubiese hecho todo lo que me pidieras sólo por dejarme tocarte una teta. —dijo un poco más tranquilo, Ochaco siempre lo hacía tranquilizarse. Ella siempre fue tan natural con él, tanto que él sólo podía dejarse llevar por su dulce voz, siguiendo cualquier de sus charlas. Además, estaban festejando la victoria de Hiiro, no platicas depresivas de señores de mediana edad, no obstante el rubio dió un gran brinco al sentir la piel caliente del pecho de Uraraka. Miró a la castaña que sonreía triunfante y retadora, había retirado un poco su camiseta para que tocara la piel donde empezaba su seno.
—Uhm. Parece que aún no eres lo suficientemente viejo para no asustarte al tocar la piel de una mujer.
—Sólo no lo esperaba. —se puso de pie sin dejar de tocar. —Ochaco.
Uraraka ahora fue la que dio un pequeño respingo, él nunca la llamaba por su nombre y menos con esa expresión tan apacible en su rostro.
Se sentía como si volvieran al pasado, hace treinta años atrás, en la puerta de la habitación de Bakugou.
Pero ahora ella tiene dos hijos, está divorciada y sin ser tocada por un hombre desde hace 7 años. Y él, bueno, era un hombre de casi 50 años soltero y con dos pugs esperando por su regreso a casa, casualmente un héroe.
Ya no eran adolescentes que se estremecen por el contacto físico del sexo opuesto y aunque nunca fueron los mejores amigos, Uraraka lo admiraba desde la academia y Bakugou se había enamorado de ella.
Un amor que nunca fue correspondido, ya sea porque ella amaba a otro, ya sea porque él nunca intentó más allá de dedicarle unas cuantas miradas furtivas desde el asiento en el salón.
Pero, por mucho que el tiempo pase y no perdone, el tiempo aún no acaba.
Ochaco abrió los brazos, Katsuki la atrapó contra su pecho. Ochaco rodeó su amplia espalda y hundió la nariz en el musculoso pecho de Bakugou que olía a una dulce colonia. Cerró los ojos, abrazada por el calor del cuerpo del rubio que la estrechaba con sus grandes manos desde la cintura y el hombro, hundiendo la frente en la coronilla, los cortos cabellos castaños le picaban suavemente la nariz sin importar que los lentes se le caían del puente. Ambos apretaron dulcemente, cómodos con la cercanía y el calor.
Bakugou suspiró, aliviado y encantado, ¿así se sentía abrazarla? Ojala lo hubiese hecho 30 años atrás, así jamás la hubiera dejado ir o hubiera ido tras ella.
Abrazar a la mujer que más quiso en su adolescencia y a la que nunca pudo olvidar a pesar de que lo intentó, se sentía tan bien.
Ah… esa inseguridad y preocupación de la soledad se disipó al menos por unos segundos.
Uraraka lo sintió relajarse en sus brazos, dejando caer más su peso sobre ella que lo tomó con más fuerza, nunca supo porqué sólo con Bakugou se podía sentir inspirada, valiente y segura, él nunca la aterrorizó, siempre encontró evidente que él era alguien sensible, muy sensible. De haber sabido que abrazarlo la haría llorar se habría quitado el delineador, pero ya era muy tarde, la mancha en la camisa anaranjada de Katsuki se quitaría difícilmente. También, de haber sabido que abrazarlo la haría pensar en su matrimonio hubiese regresado el tiempo hace 30 años atrás y en vez de correr lejos asustada por lo que sintió e hizo, se hubiera quedado allí, para platicar con él y pedirle perdón, seguro ese fuerte impulso de querer besarlo se traducía en algo que ella nunca afrontó porque era algo recurrente en ella y que sucedía siempre que lo volvía a ver…
Justamente sentía otra vez ese impulso. ¿Era admiración?
El reloj dio la 1 AM.
Ambos se separaron un poco avergonzados, un poco contentos.
—Cara redonda, ¿no hay problema si nos volvemos a ver en esa cafetería para platicar? —dijo él con voz serena.
—¿Problemas? Katsuki-san, me encantaría. —respondió Uraraka con una gran y fea sonrisa, el rímel caído le daba un aspecto un poco espeluznante. Bakugou sólo la imitó y Uraraka sintió su pecho oprimirse, esa sonrisa otra vez. —¿Qué día descansas del trabajo, Katsuki? Porque yo descanso todos los fines de semana.
—Puedo ajustar mi agenda los sábados.
—¡Bien! Los sábados los niños aún van a clases, así que tengo casi todo el día libre, podemos ir a un café que me gusta mucho, ahí venden un delicioso coffee matcha que deberías probar.
—Probaré lo que me recomiendes, por esas mejillas redondas puedo ver que te alimentes con lo mejor. —y comenzó a reír, dándole la espalda a la castaña que empezaba a golpearlo por llamarla tragona aunque nunca dijo eso.
Ochaco preparó algo de café y ambos platicaron sólo un ratito más, nunca rompieron el contacto visual.
...
Cuando Bakugou regresó a su casa, dejó caer el casco al suelo y cargó a sus dos perros pugs para depositarlos en la cama para que descansaran. Luego se quitó los calcetines y el pantalón, y fue frente al espejo donde vio aquella mancha en su camisa. Suspiró dichoso.
Quedándose en calzoncillos, tomó la camisa y la acercó a su rostro, tomando un hondo respiro para así volver a rememorar el aroma de Ochaco mientras sus dos pugs lo miraban curiosos.
Después de todo, sí que era un viejo pervertido.
Al final, los dos tendrán citas y cositas de señores, me he percatado que una relación romántica de personas adultas es muy diferente a la de los jóvenes, y tienden a disfrutar más de la compañía del otro platicando y eso se aprecia. No todo puede ser smut aunque nos encante (estuve tentada pero creo hubiera estado salido de tono), pero supongo que me escribiré un epílogo algo cachondo como muestra de arrepentimiento por actualizar medio año después jejeje
¡Porque Sra. Ochaco cuerpo-de-uva es mi perdición! No me puedo imaginar a una ochaco delgada de mayor, perdón, a Katsuki y a mi nos gustan las mujeres redonditas y con mucha carne para tener qué agarrar, ¡sí señor!
Bueno, me disculpo por tardarme en escribir este cap. Realmente las cosas han ido un poco mal pero me estoy tomando mi tiempo para escribir porque ya lo necesitaba. Aún así, no tengo excusa y sólo me queda decir que GRACIAS POR LEER Y POR LOS BELLOS COMENTARIOS! Cualquier duda, observación, crítica y opinión son agradecidas!
Gracias por su comprensión y hasta luego~
