CON TODO ARRASA

Lore- chan


Fue violento, fue de esos amores que se cuentan entre lágrimas con una copa en la mano, de esos que se explican en casi un susurro porque si alzas la voz sientes que se va a quebrar el corazón pedazo a pedazo, de eso imposibles posibles, de esos que te dan una alegría que quieres bailar por las calles mientras el vestido largo se pega a las piernas por el viento cuando al mismo tiempo, por dentro, quieres gritar de dolor.

Así fueron los años junto a Yamato Ishida.

Lo veo en el portal de mi casa, con el cabello mojado, la chaqueta negra de cuero estilando y ensombreciendo el choapino de la entrada de mi departamento.

Se queda callado mientras sus ojos azules inspeccionan mi figura.

Hoy es de esas noches sofocantes y húmedas de verano; de las que no te dejan dormir porque sientes que todo se te pega a la piel. El aire acondicionado es un amigo que parece estar enojado contigo, porque entre más bajas la temperatura, más calor parece hacer.

Me tapo el cuerpo un poco incómoda con la bata blanca de tela muy delgada, siento que estoy desnuda ante él, pero no desnudez de cuerpo, sino de alma.

Y eso, con él, es peligroso.

-¿Puedo… - carraspea para aclarar su voz, sin conseguirlo con mucha eficiencia - … Puedo quedarme hoy, aquí?

Su pregunta me molesta casi en la fibra de mi ser.

¿Acaso yo no había pedido lo mismo, cuando más lo necesitaba, y él me lo negó?

.

.

.

Junto a su pregunta, y mi molestia, retrocedí en el tiempo.

Yamato ya no tenia 33 años, tenía tan solo 23 y me miraba desde el umbral de su puerta con la boca torcida, una mano afirmando la puerta como si frente a él hubiese un delincuente que en cualquier momento se pudiese inmiscuir a su intimidad y la otra sostenía un libro.

-Perdí el último tren – dije despacio avergonzada-

Sora no estaba en Odaiba y Taichi había ido a visitar a sus abuelos junto con Hikari por el fin de semana.

¿Yo?, yo estaba celebrando que mi página web se había lanzado con éxito ese día viernes. El problema fue que con la emoción, había dejado una de las llaves de mi oficina, en la oficina y junto con ella mi billetera. Lo noté cuando íbamos a pagar la cuenta. Tenia poco más de 500 yenes metidos en el bolsillo trasero de mis jeans. Obviamente, eso no alcanzaba para un taxi y por la hora…

Bueno, basta de excusas. Como estaba a tan solo unas cuadras del departamento del rubio me pareció "buena idea" pedirle alojamiento o que me prestara para el taxi si no aceptaba.

-Son las 3 de la mañana, creo que perdiste el tren hace bastante tiempo atrás - soltó con voz apagada.

-¿Me puedes prestar, entonces, 10.000 yenes para el taxi? - Pregunté porque ya me sentía bastante incómoda.

El resopló cansado, tenia unas leves ojeras debido a la lectura a poca luz.

Yo esperé y esperé por segundos eternos hasta que soltó la postura inflexible y me abrió un pequeño espacio en la entrada.

-Supongo que Taichi me mataría si le cuentas…

Pasé dando una risita caprichosa.

Dentro estaba todo ordenado de forma casi maniática. Si no supiera que Yamato vivía allí pensaría que estaba en esos departamentos piloto donde todo está perfectamente acomodado para su venta.

La luz era tenue brillando desde una lámpara sobre un cómodo sillón, pensé en preguntarle donde lo había comprado. Si iba a dormir allí, estaba bien.

-Lamento la hora - susurré – quería…

-¿Quieres tomar algo? – interrumpió abriendo el refrigerador y metiendo la cabeza dentro.

-Ya estoy tomada… - quise bromear, pero los ojos azules del rubio de asomaron por el borde de la puerta y supe que no había sido muy gracioso para él - agua, por favor.

Me tomé el vaso de un sopetón en cuanto lo tuve entre mis manos. Sentada desde el cómodo sillón observaba como Yamato se movía desde su habitación al baño y a la sala.

No sabía qué decirle.

Le comenté en el momento que me pasaba una de sus camisetas que había lanzado, al fin, mi página web, pareció asombrado y me regaló una sonrisa – vamos si el tipo no es un ogro, solo que son las 3 de la mañana y yo estoy a segundos de quitarle su cama.

-Puedes dormir en mi cama, yo tengo que leer aun – me alzó el libro que había sostenido minutos atrás mientras me inspeccionaba en la entrada de su hogar.

-Creí que era una broma cuando Taichi me dijo que habías aplicado a Ingeniería y habías abandonado Artes.

-Yo también lo creí así – me confesó y le sonreí de vuelta.

-Aunque, siempre podrás cantar, ¿no?

-Voy perdiendo ya la practica – Yamato se acomodó en el lugar del sillón donde yo había estado y abrió su libro casi en la mitad.

Yo caminé por el corto pasillo hacia su dormitorio, no es que no hubiese estado ahí antes, una que otra vez nos habíamos reunido en el lugar, por lo que ya sabía donde estaban las cosas, pero esta vez me sorprendió el orden que en esa ocasión no estaba.

-Cuando eres bueno en algo, nunca lo olvidas como hacer – le dije parando a medio camino – y tu eres realmente bueno.

-Tu también, Mimi.

-¿Cómo? – giré para poder mirarlo.

-¿Qué duermas bien tu también, Mimi? – consultó alzando una de sus cejas sin entender.

Tiempo después él mismo me había dicho que sí escuchó ese día, pero que sintió vergüenza.

.

.

.

-¿Quieres algo?

Observé como este Yamato adulto se sacaba la chaqueta y la dejaba reposar en una de las sillas de mi pintoresco comedor.

-Agua, por favor - se quedó callado unos segundos, pero algo parecía estar molestándole - ¿No te fastidia que esté aquí?

-Me fastidia que… - toqué su mano al entregarle el vaso y esa corriente eléctrica que me bajaba hasta la parte baja de mi estómago, esa que sólo él hacia pulsar, me hizo tiritar - Me fastidia que… ¿Sabes qué? – lo miré mordiéndome el labio, quería decirle muchas cosas, pero no era ni la hora ni el momento – Te traeré algo para que te seques… Lluvia con este calor, lo que faltaba.

-Es como si dijera algo, ¿no?

"Desubicado" así tal cual había sido su comentario.

.

.

.

Cuando tuve que terminar mi relación con Taichi, por culpa de mi relación paralela con Yamato, este último no parecía tomarle el peso a la situación.

Llevaba tan solo un año con el moreno, y allá va una a meterse entre las sábanas de su más cercano. No sé si no haberle contado la verdad, fue mejor que tener que haber mentido, pero tanto la una como la otra se sintieron como un puñal – como mil puñales en realidad.

Yamato ya no parecía ser ese chico cercano al Yagami, al contrario, ambos iban ya por caminos separados, Koushirou se había convertido, o siempre lo había sido, muy cercano al moreno y el rubio, con sus estudios y su mundo aparte, se había ido, aunque no tanto como para no probar algo probado por, su antes, amigo.

Cuando trato de recordar cómo comenzó todo, tengo dudas. Pudo haber comenzado en tantos lugares y escenarios posibles que me confunden. Quizás fue cuando, al día siguiente, de haberme quedado en su departamento lo abrigué con su misma chaqueta, le quité el libro de las manos y acaricié su cabello. Quizás comenzó cuando semanas después lo invité a un karaoke, del que asombrosamente, dijo que sí. Quizás comenzó cuando me confesó porqué se había cambiado de Artes a Ingeniería o quizás… solo quizás fue esa noche en que lo besé pillándolo desprevenido o solo, solo quizás cuando me hizo suya en ese maravilloso sillón cuando se suponía debía estar cenando con Taichi. Quizás… muchos quizás en esta historia y nada fijo.

Fue una relación sin fin, con intermitencia pero con constancia, era no vernos por mucho tiempo, pero no poder evitar unirnos cada vez que nos veíamos. Era magnético, era loco y al mismo tiempo era estúpido.

Podíamos estar con otras personas, pero nunca el uno sin el otro.

Los años pasaban, mas lo nuestro se mantenía indemne, perenne.

Y cuando lo miraba, en la madrugada, mientras dormía a mi lado; no entendía lo nuestro. ¿En qué lógica cabe que él y yo estemos juntos? Sea lo que se llame "estar juntos".

Puede ser que el ser tan distintos, nos haya atraído o que simplemente existe eso de "pasión desbordante" entre dos personas.

Nunca hablamos de amor, nunca, durante todos los años juntos.

Cuando me casé con Michael, el estaba tan cerca de nuestra mesa que sentí que estaba respirando en mi oído, lo sentía ajeno a todo ese acontecer. Yamato no debía estar allí, ¿Quién lleva al amante a su matrimonio? Solo nosotros, porque cuando él se casó, yo también estuve allí. Bailamos segundos de una canción y nos besamos en un lugar oscuro antes de que se fuese de luna de miel.

No teníamos pudor, mucho menos vergüenza.

Crecimos, tuvimos hijos… y mientras ellos crecían juntos, como amigos, ambos pasábamos horas tocándonos.

Nunca nos aburríamos.

Hasta que una noche llegué a su departamento, donde sabía que estaría solo.

-No puedo atenderte ahora – me dijo tapando toda la puerta con su cuerpo.

Me dolió el corazón, pero al mismo tiempo me decía que no podía ser tan cara dura: Yo, mujer casada con un hijo… escapándome de casa, mintiendo porque mi cuerpo necesitaba estar con él, me rechazaba, por primera vez.

Había alguien con él. Podía oler su perfume, ¿Era el mismo perfume de ella?. ¿En serio?

.

.

.

Este nuevo Yamato, del cual las canas de la edad se mimetizan con su cabello tan rubio, me mira e inspecciona otra vez de pies a cabeza.

-¿Cómo llegamos hasta acá?

-¿Cómo llegamos? … eso es fácil, somos unos insensibles – El Ishida deja su vaso en un mueble cercano y arrasa conmigo. Toma mi cabeza por la nuca y la acerca sin cuidado a la suya, besarlo es recorrer los años desde los niños que éramos hasta los adultos que somos.

Meto mis manos bajo su camiseta húmeda y nos desesperamos. Muerde mi labio y yo rasguño su espalda. Apago la luz con violencia y vamos tanteando camino con nuestros pies desnudos hasta el dormitorio.

Se sienta en el borde de la cama y me acerca con cuidado, levanta mi pijama y besa con cuidado mi vientre.

Nuestra respiración comienza a descender su velocidad y él nuevamente me besa el vientre. Paso mis dedos por su cabello sintiendo que no hoy no hay nadie más en este mundo.

-Lo siento – murmura y levanta la mirada. Sus ojos azules me atraviesan.

-Tenemos que parar esto – digo. No recuerdo cuantas veces hemos dicho esto.

-Se acabó Mimi - Lo miró extrañada esperando una explicación – El día que fuiste a verme… se acabó.

-¿Te vas a separar? – no lo podía creer aún. Su relación era lejos más estable y fuerte que la que yo había tenido con Michael.

Pero él asintió.

Me abrazó con fuerza y yo no atiné a nada más que a corresponderle.

-¿Y ahora qué? – pregunté tan bajo que creí que más que una pregunta había sido un pensamiento.

-Ahora… nosotros – dijo tocando mi estómago al tiempo que suspiraba - no lo sé… seguir siendo tu, seguir siendo yo…

Reí sin querer porque cuando tienes algo, al parecer, para ti… para siempre, sin obstáculos, sin intermediarios no sabes qué hacer. Yo no sabía que hacer. Ya no teníamos 20 años y esto era casi un juego. No. Se había convertido en algo más y ahora no éramos solo los dos.

-No lo sé – repetí casi automáticamente.

.

.

.


Un mimato… de esos complicados que me gustan a mi