Naruto Y Hinata en:
EL CASTILLO DE LA NIEBLA
«Epílogo»
Clareaba ya cuando Hinata bostezó, saciada de caricias. La mirada glotona de Naruto se deleitó en su cuerpo desnudo. Había estado a un paso de perderla y aún se desbocaba su corazón cada vez que volvía a él su imagen colgando en el vacío. Acaso otra mujer hubiera sucumbido, pero no su esposa. No su duquesa. La mujer que le había robado el ser e incluso el alma, un carácter como el pedernal.
No le perdonaba que le hubiera mantenido al margen de sus sospechas cuando creyó que podía estar siendo drogada pero, dada su personalidad, tendría que acostumbrarse a que no contara con él en todo aquello que pudiera afrontar por sí misma. En realidad, se enorgullecía de que hubiera puesto manos a la obra en el desenredo del misterio, a pesar de pecar de imprudente.
— Mañana quiero ir a ver a Katsuyu — murmuró ella, adormilada, distrayendo el hilo de sus pensamientos.
— Querrás decir hoy, está amaneciendo, mi amor.
— El bebé está a punto de llegar y quiero que sepan por nosotros todo lo que aquí ha sucedido.
— Faltan unos días, ya tendremos tiempo de explicaciones. Duerme.
Hinata acomodó su postura sobre su amplio pecho suspirando agradecida al ser arropada.
— ¿Por qué no te confiaste a mí? — preguntó él sin más.
— Siempre confié en ti — contestó con un bostezo— . Al menos, desde que supe que me había enamorado del duque más arrogante de Inglaterra. — Se acurrucó a su calor— . Lo que pasa es que no podía tolerar amar a un asesino. ¿Cómo iba a permanecer sin dar un paso al frente?
— Pero no me contaste todos tus temores, salvo que una vez creíste ver extrañas alucinaciones. ¿Por qué lo mantuviste en secreto?
— No quería alarmarte, ya sabes que me atraen los misterios. Desenmarañar esos fenómenos ocultos siempre será un reto demasiado fuerte para mí.
— Ya. Todo eso está muy bien, si no fuera porque casi te lleva a la muerte — repuso él— . Y yo me hubiera vuelto loco sin remedio.
— ¿Porque me amas?
— Porque no puedo ni quiero vivir sin ti, mi pequeña mujer — enfatizó besando sus labios. Ella le respondió parsimoniosa y vehementemente abocando a Naruto a un apetito carnal que regresaba vigoroso.
— Prometo no mantener ningún otro secreto… — decía, desplazando la mano en círculos que bajaban hacia su pelvis— , si tú no me ocultas los tuyos.
— Yo no tengo secretos, mi amor.
Lo decía con el convencimiento de quien sabía que no existía más mujer que ella, por la que bebía los vientos, que obnubilaba sus sentidos, cuyo cuerpo lo transportaba al borde del éxtasis.
Ella jugaba con él como una gatita mimosa, pero sacó las uñas al afirmar:
— Sí, claro que lo tienes. Mucho más perverso que el mío. Yo te evitaba preocupaciones silenciando mis dudas y tú, deliberadamente, me escondías otro ego, por más que hablamos de ello en varias ocasiones, dejando que elucubrara sobre un supuesto falso. ¿Cómo se te ha ocurrido mantenerme a oscuras todo este tiempo sobre tu afición literaria? Tu secreto me va a costar una buena suma de dinero en LadyMask, si alguna vez se sabe la verdad; eso sin contar con que las presuntas dotes femeninas del autor, que yo defendía, han quedado por los suelos. Me lo vas a pagar dejando que sea la primera en leer Noche sin luna.
El formidable cuerpo del duque se removió y sus ojos se cruzaron con los de Hinata que, ahora, ya no mostraba atisbo de sueño.
— Esa apuesta ha sido absurda desde el principio, señora mía. Nadie va a ganarla y nadie tendrá que pagar porque no pienso sacar nada a la luz. Más valdría que donen ese dinero para alguna obra de caridad. ¿Desde cuándo sabes que escribo con el seudónimo de M. Jutsu?
— ¿Qué más da? Lo único importante es que soy la mujer de un hombre maravilloso, un poco estirado tal vez, que se disfraza de escritor para ocultar su faceta de benefactor. Que lo amo con locura y que voy a demostrárselo esta noche, una vez más, puesto que se empeña en no dejarme dormir.
Naruto Uzumaki, duque de Konohagakure, se dejó caer sobre los almohadones, puso los brazos bajo la cabeza y no ofreció resistencia.
— No puedo oponerme a los deseos de mi dama, que ha conseguido desterrar la niebla de Uzumaki House para siempre.
FIN
Es el final, la historia se llama originalmente "Brumas" de la Autora española Nieves Hidalgo.
Nos presenta a:
- Clifford Ellis, duque de Ormond es Naruto Uzumaki, duque de Konohagakure
- Eleanor McKenna es Hinata Hyûga
gracias a quienes me siguen y leen las historias que traigo. un abrazo a todos
nos leemos en la próxima.
saludos Luz :)
