Harry Potter NO me pertenece ni sus personajes, es de la propiedad de JK Rowling.

Capítulo II: Frío caminar (Editado)

Herms:

No sabes lo mucho que nos haces falta. Aquí en el cuartel, nos echarías una buena mano con esto de resolver casos y misterios. A Ron ya mi se nos da bien, pero sabemos que a ti te iría de maravilla ... no por nada ha sido siempre la más brillante de nuestra generación.

El cuartel de aurores es tan ... inquieto. Todo está en constante movimiento; creo que lo odiarías, no se parece en nada a la biblioteca. Hay muchos papeles, sí, pero nada de silencio.

Por ahora, nos están impartiendo disciplina y fortaleza mental: legeremancia, oclumancia. No me está yendo muy bien ... pero si practico sé que lo conseguiré.

Cuéntame cómo están las cosas en Hogwarts, qué tan cambiado está ... y de paso también cómo te está yendo en la convivencia con Malfoy.

Debo irme, en quince minutos entro y encima debo llevar esto a la lechucería ... creo que va siendo hora de conseguirme una nueva lechuza personal, a veces pienso en lo que ocurrió con Hedwig y me veo incapaz, pero de verdad que lo necesito .

Ah, lo olvidaba ... mañana entraremos a una expedición lejos del cuartel para la investigación de un nuevo misterio. Estaremos fuera alrededor de tres días, así que si nos escribes manda las lechuzas a mi casa o a la de Ron, allí estaremos cuando regresemos.

Cuídate, y espero tu respuesta.

Harry.

Hermione dejó la carta sobre la mesa, mordiéndose los labios en un intento por amortiguar sus ansias. La segunda carta que recibía de sus amigos.

Habían pactado, antes de tomar por caminos distintos ese año, que se escribirían cada una semana. Ron, como siempre, terminaba escribiendo a última hora... pero eso a ella no le importaba, porque estaba feliz de obtener una vez cada siete días un pedacito de lo que ella podía decir que era su familia. Harry y Ron eran su familia.

En realidad, ella podría ahora estar junto a ellos si lo hubiera querido. La oferta de ingresar al Ministerio de Magia directamente después de la guerra, les llegó a los tres por igual; al mismo tiempo en que también les llegó la carta de Hogwarts. El resultado era el actual: Harry y Ron quisieron ingresar al cuerpo de aurores, y Hermione decidió terminar sus estudios mágicos.

Se preguntó qué hubiera sido de ella si a lo mejor decidía ingresar al Ministerio cuando se lo propusieron. Tal vez le sería más fácil escapar de sus recuerdos, entre sus dos amigos; tal vez le sería menos doloroso pensar en ciertas cosas...

Pero no estaba ahí, y tenía que fijarse en su presente: se hallaba en Hogwarts, y era el último año que estaba allí.

Con la mirada perdida, contempló las afueras de la biblioteca por la ventana.


1960-1998

En memoria a Severus Snape, director del colegio

Por su valentía, coraje y lealtad a Hogwarts y sus estudiantes a pesar de las circunstancias

Su alma estará entre nosotros,

Siempre

Draco dejó asomar sus labios a través de la fina bufanda de Slytherin que tenía enroscada cual serpiente alrededor de su cuello; si bien no había pasado ni un mes desde que había llegado al colegio, ya se empezaba a sentir el aire fresco y ventoso que, de a poco, traería el invierno.

Un remolino de hojas se generó con debilidad justo al lado del monumento que hicieron ese año en honor a su padrino. Las hojas se enredaron entre los pastos amarillentos, mientras más atrás la copa de los árboles se agitaba con pereza, haciendo rechinar la madera vieja de los troncos.

Habían colocado el homenaje cerca de la entrada al Bosque Prohibido, de espaldas al castillo, como si Snape estaba a la espera de que algo saliera de entre los árboles. Aquella estatua, te invitaba a mirarla por el misterio que generaba. Era perfecto... representaba a Snape en toda su extensión.

No sabía cuánto tiempo llevaba en ese sitio de pie, contemplando cada detalle del monumento. El tallado era tan exacto, que se podría creer que petrificaron a Snape para luego pintarlo de gris y dejarlo ahí, con una capa ondeante y su rostro tan impasible como lo recordaba. Draco miraba fascinado la varita de piedra en su mano, apuntando hacia la espesura del bosque. Daba la impresión de que Severus estaba a punto de atacar a cualquiera que se atreviera a meterse en Hogwarts con malas intenciones.

Cuando vio por primera vez aquel tributo a su padrino, de casualidad cuando caminaba aburridamente a clases de Criaturas Mágicas, no pudo evitar saltarse la asignatura y quedarse toda la hora ahí, mirando con asombro la estatua. No sabía muy bien por qué, pero leyendo el grabado en el pedestal que estaba debajo de los pies de piedra, sintió ganas huir... pero de forma contrariada, también una extraña paz aflorar en su interior. Aquel hombre había sido uno de sus mejores ejemplos a seguir para él, adoraba las clases que impartía y todo lo que le consentía.

Nunca se había imaginado que Snape estaba en contra del Señor Tenebroso, y cuando se enteró, no se lo pudo creer hasta que comenzó a unir un montón de piezas en su cabeza con los días. Con el tiempo también fue descubriendo nuevas cosas... cosas que no quería ni pensar.

―Señor Malfoy. ―el aludido despegó sus ojos del pedazo inmenso de piedra, y los posó sobre su nueva directora, que había aparecido de la nada a su lado. Draco esperó a que siguiera hablando, sin responder ―Seguramente ya sabrá que debería estar en clase en este momento.

―Si. ―confirmó él aburridamente, regresando su mirada hacia su padrino. Hubo un silencio aplastante en el aire, mientras que el viento empezaba a soplar más fuerte que antes. Oyó a McGonagall suspirar a su lado.

―Es la novena vez que se salta Pociones desde que el curso inició hace quince días. ―comentó, también ahora contemplando el monumento.

―Lo sé. ―admitió, sin arrepentimiento alguno en su tono de voz. Sabía que si pudiera retroceder en el tiempo e iniciar las clases otra vez, volvería a hacer lo mismo... no quería entrar a Pociones y ver a cualquier inadaptado arruinando su asignatura favorita de toda la vida. Le era impensable.

―Malfoy. ―la voz severa de la mujer cambió drásticamente, y Draco se sintió incómodo cuando vio que la directora se quitaba su sombrero puntiagudo y le miraba sin su acostumbrado ceño fruncido ―Entiendo perfectamente por lo que debe estar pasando, pero por favor, usted es muy capaz y brillante en Pociones. Además, debe mantener una buena imagen, pues es uno de los Premios Anuales.

El rubio sintió un peso creciendo en su pecho, como si algo se estaba acumulando, y quiso soltarlo todo. Quiso decirle que ella no entendía una mierda, y que en realidad nadie le entendería nunca. Que quería que lo dejasen en paz.

Aguardó unos instantes más, le dio la espalda y comenzó a caminar hacia el colegio, dejando a McGonagall en soledad junto con el monumento de Snape.


Chupó con frenesí la punta de la pluma, arrugando el entrecejo mientras que buscaba una velocidad considerable alguna palabra clave en aquel libro de Pociones que le diera la oportunidad de alargar más de lo necesario su informe para la clase. Era para entregarlo en dos semanas, pero ella lo quería tener listo para el lunes, como siempre: entregar las cosas antes de tiempo era crucial para quitarse los trabajos de encima y, además, ganarse los elogios de los profesores.

¿Amortentia? ―una carcajada despectiva se dejó oír ―Qué pérdida de tiempo

Dio un salto sobre la silla, moviéndola y generando un ruidoso chillido que hizo temblar la ventana delante de ella. La voz de Malfoy había sonado tan cerca de su oreja, que sintió incluso su aliento chocando contra su nuca, haciéndole cosquillas. Rápidamente se giró para mirarlo a la cara.

―No tienes derecho a opinar cuando ni siquiera te presentas a clase. ―contestó, más a la defensiva de lo que esperaba: su cercanía la intranquilizaba.

Draco rodó los ojos, recordando la escena que había tenido horas atrás en el patio con la directora McGonagall.

«Granger del futuro» pensó con malicia, y por un momento se sintió un poco mejor... esa sensación de molestar a alguien para obtener satisfacción.

―Presentarme a clase es innecesario cuando con las excelentes notas de mis tareas alcanza y sobra. ―estaba mintiendo descaradamente sobre eso, pero ella no tenía forma de saberlo ―No como tú, que tienes que saltar sobre la silla cada vez que se hace una jodida pregunta al aire.

―Buena esa. Lástima que ya no tenemos once años. ―se atajó la fémina ―Me pregunto quién será el desafortunado que se ve obligado a darte los deberes como si fueras un niñito enfermo.

―Más bien parece hasta feliz de los favores que le ofrezco a cambio. ―disfrutó al verla empalidecer, entendiendo que ella no estaba acostumbrada a navegar por ese terreno en las discusiones. Satisfecho, decidió que tenía que sacarle el máximo provecho ―Pero claro, tú no puedes saber de algo como eso.

―Eres un... asqueroso. ―soltó ella, dándole la espalda con obvias ganas de dispar cualquier sonrojo de su cara.

―Es más. ―hizo como si Granger no hubiera dicho nada, con voz intencionalmente alta y caminando hasta quedar del otro lado de la mesa, enfrentándola ―Es como un dos por uno: recibo tarea sin hacerla y, al mismo tiempo, un plus en relación a lo sexual.

―Eso explicaría la creciente alegría de Nott. ―contra todo pronóstico, un gorgoteo brotó de su garganta, como si quisiera detener una risotada.

―Ah, Granger, no tenía idea de que tus fantasías eran tan... escabrosas...

―Ya déjame trabajar, Malfoy. ―rechinó los dientes, contando del uno al diez ida y vuelta mentalmente para no estampar su platinada cabellera contra el ventanal.

«La violencia no es la manera, Hermione. Inhala paz, exhala estrés...»

―Me recuerda a Potty ya la comadreja ―la ignoró, dibujando la sonrisa más malvada que pudo ―Quiero decir, ¿no eras tú quien les hacía la tarea? ―se frotó la barbilla, y de pronto abrió los ojos exageradamente ―Vaya, ¿acabo de descubrir algo que no debería haber descubierto?

La muchacha entrecerró los párpados, subiendo el libro hasta taparse la cara y apartar a Malfoy de su área visual. Así fue como pasó un minuto de silencio, en el que Hermione pensó que a lo mejor se había dado por vencido.

―Eso me pone a pensar... ―la segunda vez que se sobresaltaba, y el libro cayó sobre la mesa de madera en un golpe seco.

―Válgame Merlín, ¿tú pensando? ―preguntó al recomponerse, perspicaz ―¿De casualidad tus pensamientos se relacionan con dejarme en paz?

―Longbottom también ha recibido ayuda de tu parte en múltiples ocasiones... y aquella vez que organizaste ese ridículo grupo de estudio en cuarto curso...

―No todos hacemos las cosas con segundas intenciones como tú, Malf...

―De todas formas... ―la cortó en una tercera oportunidad, como si hablara con la pared ―, y siendo honesto, tienes pésimo gusto.

Hermione contuvo un gruñido de exasperación, empezando a valorar el hecho de largarse a la biblioteca.

―¿Terminaste con tu nefasto monólogo?

―Podría ser gentil, y dejar que hagas mi tarea para saber lo que es "devolver el favor" de verdad... ―se estremeció falsamente ―, olvídalo.

La castaña demoró un par de segundos, pero terminó por echarse a reír. Draco se detuvo un ínfimo instante para admirar la forma en la que sonaban las carcajadas de su compañera de torre.

―Es de no creer que siquiera hayas considerado la opción de plantear que gastaría de mi tiempo para hacer un ensayo tuyo.

Él sonrió torcidamente. La tenía.

―No pareces tener queja alguna con el cumplimiento de la otra parte del trato. Pero debo declinar tus deseos, Granger, ya que es más que evidente que no estás a mi nivel. ―Hermione boqueó, incrédula ante sus palabras. Le llevó unos segundos de más armar una respuesta, y fue a rebatirle cuando, de la nada, un proyectil con plumas impactó contra la mesa ante ambos, barriendo pergamino, libros y útiles.

Lo que provocó que de la boca de Draco se escapara una sarta de tacos irrepetibles y se alejara casi un metro de ella, fue que el tintero saliera volando y lo salpicara de tinta por doquier.

―¿Es que acaso esa maldita ave no muere jamás? ―farfulló, sacando un pañuelo de un bolsillo y pasándoselo por las manchas de su rostro ―Apuesto que el pobretón ya tendrá dinero a esta altura de la vida, ¿qué rayos le cuesta comprarse una jodida lechuza?

La Gryffindor hizo caso omiso al insulto que le dedicó Malfoy a su mejor amigo, y masticó un insulto dirigido a Ron de acuerdo con Draco -aunque él no tenía por qué saberlo-. El pulcro pergamino en donde había estado trabajando minutos atrás, ahora se veía cubierto de tinta y polvos de colores.

―Maldita sea...

Antes de escuchar a sus espaldas el sonido del retrato de la entrada cerrándose, un chasquido enfadado desde el blondo se presentó en el aire. Echando un suspiro de alivio por fin en su soledad, contempló el desastre que había provocado Errol -el cual continuaba aún tirado sobre la mesa, como si estuviese muerto-, por lo que Hermione sacudió su varita en un simple hechizo que lo limpió todo.

Decidió calmarse un poco tomándose un par de minutos: cuando su genio se transformaba, Draco podía convertirse de un momento a otro en un jodido niño insufrible y caprichoso que sólo obtenía satisfacción molestándola a ella.

Al final, tomó la correspondencia de la pata de la lechuza y abrió la carta.

Hermione:

Espero que Errol haya llegado a Hogwarts, ¿no es sorprendente? Puede que tenga problemas al aterrizar, al comer, al dormir, y al levantar vuelo... ¡pero qué lechuza tan duradera!

Hoy me toca tarde libre, porque mañana nos embarcaremos todos a investigar sobre un nuevo caso al otro lado de Inglaterra y no podremos contactarnos con nadie durante tres días. Estoy que no doy más de ansiedad, ¡nuestra primera exploración lejos del cuartel!

Dejemos de hablar de eso, seguramente Harry ya te ha dado lujo de detalles sobre cómo es el cuartel y qué hemos hecho. Quisiera que me contaras cómo van las cosas en Hogwarts. Me ha dicho Ginny que hay muchas cosas nuevas, pasillos nuevos o algo así, y que hicieron monumentos en honor a varios y muchas leyendas por las paredes que tienen que ver con la guerra. Debe ser horrible para ti... y para muchos más. Para mí lo sería... supongo que es para que nuevas generaciones que vayan llegando, sepan lo que sucedió y Hogwarts cuente la historia por sí sola.

No estoy de acuerdo, repito.

Si Malfoy te ha molestado, respirado cerca o incluso mirado, juro que estaré ahí en menos de lo que se dice "quidditch" y le patearé el trasero. Así que puedes ir informándome.

Y bueno, sabes que por estos lados se nota tu ausencia. Esperaré tu respuesta.

Ron

Sin darse cuenta, estuvo mirando la carta solitaria sobre la mesa durante los próximos quince minutos, manteniendo su mente casi en blanco. Lo que la llevó a sacarla de sus ensoñaciones, fue la figura moribunda de Errol, que se removió casi a rastras sobre el escritorio en busca de qué alimentarse. La castaña se levantó a buscar algo para darle, y cuando se lo dejó a su lado, contempló con la mirada perdida a la lechuza que tragaba trabajosamente su comida.

Sus dos amigos parecían tan... emocionados. Habían dicho que la extrañaban -Ron, como siempre, indirectamente-, pero después de eso sólo se encuentra escrito para contarle lo que eran felices y lo emocionante que iban sus vidas sin ella. Le supo egoísta pensar así.

«No...» se dijo, cerrando los ojos «Ellos se preocupan por mí, hasta me preguntan si va todo bien con Malfoy y conmigo... sólo es mi mente»

Para cuando volvió a abrir sus párpados, sus orbes dieron con un objeto que se salía de lo habitual sobre su mesa. Un trozo de tela arrugado y empapado en tinta se doblaba desenfadadamente en una esquina apartada del mueble. Frunció el ceño, preguntándose de dónde había salido, y lo tomó, aplanándolo para presenciar varios trazos de tinta por aquí y allá. Era como la seda, de color verde botella en su totalidad, y tenía un bordado plateado alrededor. No necesitó nada de tiempo para darse cuenta de quién era aquello.

Hermione lo limpió con un hechizo, y casi como si estaba cometiendo un delito, lo guardó con recelo dentro de uno de los bolsillos de su jersey.


¡Buenas tardes!

Estoy resubiendo el fic después de sopesar esta idea durante bastante tiempo... releerla me generó cierta incomodidad, debido a escenas muy sentimentalistas e irreales.

Por ahora no estoy modificando la gran cosa, pero espero que les guste :)

¡Nos vemos en la próxima!

Mayqui