Durante el resto de horas hasta el amanecer, Kara había estado despierta atenta por si se acercaba alguien más a ayudar a Lena. Por suerte, nadie más había aparecido.
Revisó las provisiones que les quedaban. Apenas un poco pan y queso. Era prácticamente la comida de un día solo. Tendría que cazar. Kara suspiró. Había cogido las suficientes provisiones para llegar al otro lado de las montañas al sur donde podría comprar más, pero eso la obligaba a cambiar sus planes.
Lena tampoco había dormido nada esa noche, esperando que alguien más apareciera para ayudarla. Cuando Kara desmontó el campamento, Lena se negó a subir a su caballo y Kara prácticamente la tuvo que subir a la fuerza encima.
Lena no se rindió tan fácilmente y se tiró del caballo.
- O te subes por las buenas o te ato al caballo, Luthor. Y no será en una postura cómoda. - la amenazó Kara. Lena, después de quejarse e insultarla un poco, cedió y se subió al caballo.
Continuaron dirección oeste hasta llegar al camino el cual no tuvieron más remedio que seguir un trozo hasta poder ir campo a través de nuevo.
Cada vez que se cruzaban con alguien, Kara se ponía en tensión. Preparaba su revólver y esperaba a ver la reacción de los otros viajeros. La mayoría no les prestaba atención. Simplemente, pasaban de largo sin ni siquiera mirarlas. Otros se fijaban en la cadena que colgaba entre Lena y Kara, pero no parecía que ni tan solo las reconocieran.
Justo cuando estaban a punto de salir del camino de nuevo, se cruzaron con un par de soldados reales. Ellos se detuvieron de inmediato al ver a una mujer atada a otra. Cuando se acercaron a las dos, reconocieron de inmediato quién eran, la princesa Kara y la traidora Lena Luthor. Se mostraron más que dispuestos a acompañarlas y Kara no tuvo otro remedio que aceptar su compañía aplazando sus planes de ir campo a través.
Se pasaron todo lo que quedaba de día acompañadas de esos dos hombres. Cuando llegó la hora de acampar por la noche, los hombres agarraron a la Luthor para llevarla tras unos arbustos para pasar un buen rato. Kara se temía que eso fuera a pasar por lo que estaba preparada. En el momento en que los dos bajaron la guardia para ir a por Lena, Kara les disparó por la espalda matándolos. Kara volvió a subir a Lena y a ella en los caballos y se alejaron tan rápido como pudieron de los cadáveres.
Fueron campo a través subiendo y bajando algunas pequeñas colinas y, después de un rato a ese ritmo, los caballos necesitaron descansar así que aminoraron el ritmo.
- ¿Te parece una locura ahora que quisiera viajar solas? - le preguntó Kara a Lena desde el caballo. Estaban cabalgando en paralelo una al lado de lado.
- Me gusta que tengas esa confianza en tus propios soldados como para prever lo que me iban a intentar a hacer.
- No los culpo. Los Luthor no sois muy queridos en el sur.
- Después del lavado de cerebro que les habéis hecho a los sureños, no me extraña.
- Querrás decir después de la cantidad de inocentes que los Luthor habéis matado, ¿verdad? ¿O te piensas que los de Gimina eran los primeros? Tú te merecías más esas balas que ellos dos.
Lena no respondió nada, se sabía de sobra los pecados que su propia familia había cometido.
Hacía horas que era de noche y las dos mujeres llevaban todo el día viajando y necesitaban descansar. A duras penas, habían dormido la noche anterior. Kara empezaba a dar cabezadas sobre el caballo. En una ocasión, Lena tuvo que acercarse a Kara y agarrarla para evitar que cayera del caballo.
- Deberíamos parar, princesa. A este paso, ni tú súper cuerpo kryptoniano va a evitar que te abras la cabeza contra el suelo.
- No me vuelvas a llamar "princesa", no lo soporto. - se quejó Kara medio adormecida.
- ¿No es lo que eres? ¿Prefieres que te llame "usurpadora"?
- Mientras no me llames "princesa". - dijo Kara encogiéndose de hombros.
- Como quieras, usurpadora, tenemos que parar a descansar. Conozco una zona donde parar a descansar más o menos segura.
En aquel momento estaban cruzando una planicie con pocos árboles, pero con altas hierbas. Era difícil para los caballos moverse por allí y el ritmo de avance era muy lento.
- Sí, claro. ¿Te das cuenta de la cantidad de truquitos que has utilizado desde que nos conocemos?
- Mira, Kara. - dijo Lena haciendo énfasis en su nombre. - Es de noche, no vemos nada, no hemos dormido nada en los dos últimos días y nos queda un largo viaje por delante. Agradecería no caerme por un precipicio que no hayamos visto por viajar de noche o ir dormidas encima del caballo.
Kara sabía que la morena tenía razón, pero no iba a seguirla hasta ningún lugar para que le pusiera otra trampa. Decidió acampar allí mismo y las hizo bajar del caballo.
- Esto es muy mala idea, usurpadora. - se quejó Lena.
- ¿Quieres dejar de quejarte por un momento, por favor? - pidió agotada Kara.
- ¿Y tú podrías dejar de hacer estupideces como ir campo a través para después perderte? ¿O meterte en unos túneles sola? ¿O…
- He pillado el concepto. Ahora cállate y ponte a dormir.
- Ni de coña. Estamos en tierra de lobos, Kara.
- ¿Cómo? - preguntó sorprendida Kara a la vez que se oyó un aullido cerca entre las hierbas que las rodeaban. - ¿Y no me lo podrías haber dicho antes?
- Porque me estabas escuchando mucho. - ironizó Lena.
Kara y Lena subieron rápidamente en sus caballos y emprendieron tan rápido como pudieron el galope alejándose de la zona.
No quedaba mucho para el amanecer y seguían sin haber dormido nada en toda la noche. No tardaron mucho en volver a reducir el ritmo.
- ¿Ahora me podrías hacer algo de caso, usurpadora?
- ¿Qué quieres ahora?
- Dormir. - Lena dijo seria. Kara solo resopló como respuesta. Ella también quería dormir, pero la noche se les estaba haciendo cuesta arriba. - Kara, por favor, escúchame. Me conozco este lugar mejor que tú. Cerca hay un río y remontando su curso hay una pequeña fuente rodeada de pequeñas cuevas. Cualquiera de ellas nos podría servir para dormir. No pasa nadie por allí porque se tiene que cruzar tierra de lobos para llegar. Podrás estar tranquila.
Evidentemente, Kara aún no confiaba en la morena, pero estaba demasiado cansada como para pensar con claridad. Así que dejó que la morena las dirigiera donde sea que fueran.
Estaba empezando a aparecer la luz del Sol cuando llegaron a una pequeña fuente que brotaba de las rocas. La pasaron de largo y llegaron a una pequeña gruta que se abría entre el relieve.
Ataron los caballos, soltaron sus colchones contra el suelo y se tiraron encima cayendo dormidas casi al instante. Claro que Kara siempre sujetando la cadena que Lena llevaba colgando.
Lena se despertó la primera. Lo primero que vio al abrir sus ojos fue la cara de la princesa usurpadora a un metro de ella. Aún tenía la cadena entre sus manos, así que si quería escapar tenía que encontrar las llaves.
Se levantó intentando hacer el mínimo ruido posible y se acercó a la rubia. Después de buscar en ella y sus alrededores por las llaves de las manillas, no las encontró. Debían estar en el caballo de Kara que se encontraba fuera del agujero donde se habían metido a dormir.
Por la luz que entraba, debía ser medio día ya. Habían dormido toda la mañana.
Intentó sacar la cadena de entre las manos de Kara, pero la tenía cogida con ganas incluso en sueños. Al tirar un poco de ellas con más fuerza, la princesa se había removido. No la iba a poder sacar de allí sin despertarla. Pensó en coger sus armas y acabar con ella allí mismo, pero para su mala suerte la princesa se había quedado dormida sobre el costado donde las llevaba y Lena no las podía coger.
Lena se resignó. Aquel no era un buen momento para escapar. Debería esperar para una mejor oportunidad. Por lo menos ahora se había ganado parte de confianza de la princesa, podría aprovechar eso. Se sentó un rato contra la roca de cara al exterior con la mirada perdida, pensativa.
Kara se había despertado después del primer tirón de Lena, pero había fingido estar dormida para ver qué hacía la Luthor. Cuando se dio cuenta que se había alejado de ella y se había quedado quieta, Kara abrió los ojos poco a poco para encontrársela en aquella postura. Estuvo mirando ese rostro que tantas veces se le había aparecido en sus sueños.
- ¿Te gusta lo que ves? - bromeó Lena girando su rostro hacia Kara. Kara se limitó a resoplar mientras se incorporaba.
- ¿Desde cuándo sabes que estoy despierta?
- ¿Desde qué has abierto los ojos? - respondió sarcástica. - Es lo que uno suele hacer cuando se despierta.
Kara se desperezó y, con el movimiento, no pudo evitar que le sonaran las tripas. Lena solo la miró con una ceja levantada y media sonrisa.
- No me juzgues. Ayer no pudimos comer con todo lo que pasó. Voy a buscar algo de comida. - dijo Kara antes de levantarse y soltar la cadena de Lena. Salió al exterior y cogió de su caballo la poca comida que les quedaba. Entró de nuevo a la cueva y se encontró con Lena en la misma postura que la había dejado, pero con cara de sorpresa. - Tampoco podrías escapar de mí. - le contestó Kara adivinando lo que Lena estaba pensando y le pasó la mitad de comida que tenían.
- Te lo tienes muy creído.
- Tú misma lo dijiste. Mi cuerpo es mejor que el tuyo, soy más rápida y más fuerte. No llegarías muy lejos antes de que te volviera a atrapar.
- Las únicas veces que me has atrapado ha sido pura suerte. La próxima vez que esté libre, te voy a capturar yo a ti.
- Ni en tus mejores sueños.
- Quizá en los tuyos, sí. - le insinuó Lena moviendo las cejas arriba y abajo. Kara solo alcanzó a atragantarse con la comida que tenía en la boca.
- No sé de qué me hablas.
- ¡Oh, vamos! Sé perfectamente que sueñas conmigo. Hablas en sueños.
- Hoy no he soñado contigo.
- ¿Hoy?
- En general no suelo soñar contigo. A ver si la que se lo tiene creído eres tú, Luthor. De todas maneras, ¿cómo lo sabes?
- Sam me dijo que habías murmurado mi nombre mientras te pegabas una siesta en su despacho. - al instante Lena cayó en que acababa de delatar a su amiga.
- Así que Sam… Ella era Reign, ¿verdad? ¡Qué idiota he sido!
- Si te sirve de consuelo, Sam siempre estuvo en contra de atacaros. – Lena intentó proteger a su amiga. Kara la miró confundida. - El primer golpe, el de la explosión, lo planeamos el consejo y yo, aunque Sam se oponía. El segundo, el incendio en la taberna, fue cosa de un par de idiotas del consejo. Sam los ejecutó así que no hace falta que pierdas el tiempo buscando venganza.
- ¿Tú planeaste la explosión?
- Y aquí estoy. - dijo Lena señalando las cadenas. - Si me preguntas, no me arrepiento de haber matado a tus hombres. Tú tampoco te arrepientes de lo de los Graves. Esto es una guerra.
- Vosotros sois traidores y asesinos. Heriste a gente inocente. - gruñó Kara.
- Nunca fue mi intención. La carga estaba calculada para matar solo a tus soldados y que nadie más saliera herido. Pero el idiota de Lockwood la manipuló y aumentó su potencia.
- ¿Y dónde está ahora ese tipo?
- Muerto. Fue uno de los que inició el fuego en la taberna.
- ¿Cómo estás tan segura de que fue él el que provocó el incendio?
- Porque lo intenté impedir, aunque es evidente que no lo conseguí. Intenté por lo menos sacar a tanta gente como pude de dentro hasta que llegaste tú.
- Tú eras la mujer que nadie vio salir del edificio, la que daban por muerta. - afirmó Kara. Lena solo se limitó a asentir. Estuvieron en silencio un poco más. Kara tenía mucha información para procesar.
Kara sabía que necesitaban comida o no llegarían muy lejos. Por lo menos, tenían agua. La rubia cogió la cadena y se levantó.
- Andando. - dijo tirando de Lena.
La morena se limitó a levantarse y a seguir a la rubia que se acercó al río a beber algo de agua. Ella la imitó y bebió un poco de agua también.
Kara suspiró. Llevaba rato pensando en cómo cazar algo, una espada, un revólver y un cuchillo no serían de mucha utilidad. A Lena no le pasó desapercibida la preocupación en la cara de Kara.
- ¿Qué pasa, usurpadora?
- No tenemos comida.
- Pues cazamos.
- ¿Con qué?
- ¡Qué cómoda tiene que ser la vida de una princesa!
- ¡Eh!
- Sin ánimos de ofender. - dijo Lena levantando los brazos. - También tenemos cuerdas. Podemos montar unas trampas con ellas. Si vamos rio abajo, seguro que podremos pescar algo.
- ¿Cómo piensas pescar algo con lo que tenemos? ¿Con las manos?
- ¿Quién es ahora la que no deja de quejarse? Vamos a buscar las cuerdas y a ver si conseguimos ramas y piedras que nos sirvan. - Lena se levantó y fue hasta los caballos, pero la cadena tiró de ella y no pudo avanzar más. - ¿Te importa? - dijo Lena levantando las manos.
- No he dicho que estuviera de acuerdo con tu plan.
- Porque el tuyo es mucho mejor. Ah, no. Que no tienes.
Kara resopló. Era verdad, no tenía otro plan. Se levantó y acompañó a Lena hasta los caballos a por las cuerdas. Después, la morena la arrastró por todo el bosque en busca de material para preparar las trampas.
Se sentaron en la orilla del río de nuevo cuando lo tuvieron todo y Lena se dedicó a montarlas mientras Kara la observaba embobada. No podía evitar sentir una mezcla de envidia y curiosidad al ver a la morena concentrada trabajando. Lena había preparado tres trampas y después hizo que la rubia la siguiera de vuelta al bosque a colocarlas.
- Todo esto sería más cómodo si soltaras mi correa, usurpadora.
- En eso mismo estaba pensando ahora, en soltarte en mitad del bosque para que puedas escapar.
- Vigila, usurpadora, se te está pegando mi sentido del humor.
- Ya te gustaría a ti.
- Acepta que, en el fondo, te gusta.
- ¡Ja! Antes muerta.
- Yo puedo ayudar con eso.
- No lo dudo.
Acabaron de colocar las tres trampas. De hecho, Lena acabó, porque Kara se había limitado a mirar. Cogieron una especie de lanzas que Lena había preparado con unas ramas y fueron hasta una zona del rio que parecía bastante mansa y donde se podían ver algunos peces nadar.
Lena se metió dentro bajo la mirada escéptica de Kara que prefirió quedarse fuera. El agua apenas le llegaba hasta las rodillas. Después de estar unos minutos quieta en posición de alerta mirando el agua, Lena lanzó el arma contra el agua. Cuando la sacó, tenía un pez atravesado en el extremo inferior. Kara se quedó con la boca abierta.
- Impresionante, lo sé. Apuesto a que no serías capaz de pescar ni uno.
- Eso ya lo veremos. - respondió la rubia ofendida antes de quitarse las botas, coger una lanza y meterse también en el agua.
Para cuando Lena ya había conseguido tres peces, Kara ni siquiera había conseguido rozar a uno. Lena solo se reía viendo a la rubia frustrada lanzar golpes contra el agua para conseguir nada.
- Por muy divertido que sea esto, creo que ya tenemos suficiente comida. Puedes dejar de maltratar el agua.
- Dices eso porque tienes miedo de que consiga más peces que tú.
- Preocupadísima que estoy. ¿No me ves? - le contestó Lena mientras se sentaba en la orilla. Kara la miró entrecerrando los ojos. Era un golpe directo a su orgullo kryptoniano. - Te mueves demasiado y asustas a los peces, por eso salen huyendo antes de que los alcances.
- No necesito tus consejos. - se quejó Kara.
- Evidentemente.
Kara se odiaba a sí misma por ello, pero decidió hacer caso a los consejos que Lena le iba dando. En cinco minutos, había conseguido pescar media docena de peces.
- Venga, usurpadora. Suficiente por hoy. Tenemos comida de sobras.
- ¿Qué te pasa, Luthor? ¿Te da rabia que te haya superado?
- Preciosa, no lo habrías conseguido sin mi ayuda. - dijo Lena guiñándole un ojo. - La diosa del río ya nos ha dado lo que necesitábamos. No hay que abusar de su generosidad.
- Rao es el único dios.
- No voy a empezar una discusión sobre religión, usurpadora.
- Has sacado tú el tema.
- Como sea. Está anocheciendo. Volvamos. - dijo Lena emprendiendo la marcha.
- Aquí la que manda soy yo. - le contestó Kara tirando de la cadena para que Lena se frenara. La morena se paró quieta mirándola fijamente con una ceja levantada. Después de un duelo de miradas, Kara se acercó a los peces y los cargó hacia su refugio seguida de Lena.
Kara montó una pequeña estructura para cocinar los peces donde los colgó y encendió el fuego justo debajo. Había estado tan concentrada en la faena que no se dio cuenta de qué estaba haciendo Lena. Cuando levantó la vista, se la encontró semidesnuda.
- ¡¿Qué haces?! - exclamó sorprendida Kara mientras Lena se quitaba el resto de ropa como podía a través de las manillas. Kara estaba sonrojada y con la vista fija en su cuerpo. Lena solo la miró con media sonrisa y se metió en el agua sin dejar de mirarla provocadora. Se giró cuando finalmente estuvo dentro y empezó a lavarse con el agua de la fuente. No iba a aceptarlo, pero era gracioso ver a la princesa sonrojada.
Kara estuvo un rato observándola fijamente. Lena parecía en forma. Tenía los músculos bien definidos. Supuso que como cualquier persona que estuviera acostumbrada a luchar y moverse por aquellas tierras. Tenía algunos tatuajes por la espalda y los costados y alguna cicatriz en los muslos. Cuando la rubia se dio cuenta de que la llevaba mirando fijamente demasiado rato, se riñó así misma y se concentró en lo que estaba haciendo.
- ¿Ya te has cansado de mirar? - Kara decidió ignorarla y continuar a lo suyo. - Vaya, ya sé qué hacer a partir de ahora si quiero que te calles.
- Muy graciosa.
- Vamos, no te pongas así. Las dos somos mujeres. Ni que no tuviéramos las dos lo mismo.
- No es eso.
- ¿Y qué es? - rio Lena. Kara continuaba sonrojada sin despegar la vista del fuego. ¿Qué hacía que la rubia estuviera tan avergonzada? Lena intentó pensar en algo y probó lo primero que se le pasó por la mente. - ¿Nunca has visto a alguien más desnudo? - Kara no contestó lo que Lena entendió como respuesta y se echó a reír.
- ¡Oye! - respondió ofendida Kara levantando la vista, pero rápidamente la volvió a fijar en el fuego.
- Olvidaba lo santurrones que sois los raoistas.
Kara no contestó. Se limitó a levantarse, atar la cadena al primer árbol que encontró y entrar al refugio, lo que provocó que aumentaran las risas de Lena.
- Sal ya o te enfermaras por el frío. - gritó Kara desde dentro.
- ¿Te preocupas por mi ahora?
- Tú cabeza vale más si estás viva. Y agradecería no ir cargada con un cadáver.
- No te preocupes. Veinte años viviendo en el norte y te parecerá que ahora solo hace un poco de fresquito. - dijo Lena antes de salir del agua de nuevo. Se lo estaba pasando bien torturando a la princesa, pero en realidad estaba empezando a coger algo de frío. Se vistió y se sentó delante del fuego. - Puedes salir de ahí ya. Estoy vestida.
- Ya lo sé. No me había metido allí por eso. - contestó Kara saliendo de la cueva.
- Seguro.
Se comieron la cena en silencio. Cuando acabaron guardaron las sobras dentro de la cueva y se pusieron a dormir.
Al día siguiente, cuando se levantaron se encontraron con presas en las tres trampas. Las cocinaron y las prepararon para viajar. Kara calculaba que prácticamente tenían todo lo necesario para llegar al sur.
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Próximo capítulo:
- Ni de broma. Te aguantas.
