RECIÉN CASADOS
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el topic ¡Duelos entre Potterhead! del foro "Hogwarts a través de los años"
Dani H. Danvers me ha retado a escribir un fic sobre Arthur y Molly de recién casados. ¡Allá voy!
Arthur se tumbó boca arriba en la cama y miró el techo de la habitación. Molly y él estaban en un hotel de mala muerte. Acababan de casarse, habían tenido su noche de bodas y, sinceramente, se sentía bastante decepcionado.
—Así que esto es el… ¡Ejem!
No pronunció la última palabra. Se acababa de poner rojo hasta las orejas y, con disimulo, se atrevió a mirar a Molly. Ella también observaba el techo y no tenía pinta de sentirse más feliz que él.
—Eso parece.
Arthur se quedó callado, repleto de dudas. En Hogwarts, a sus compañeros de habitación les había encantado dedicarse a las actividades carnales. Decían que uno se sentía genial mientras practicaba, pero a él no le parecía que fuera la gran cosa. A lo mejor es que era torpe y tonto.
—Molly. ¿Crees que lo he hecho bien?
Ella también giró la cabeza para mirarlo. Estaba tan colorada como él. Se encogió de hombros y no respondió. Permanecieron callados un buen rato. Arthur cogió la mano de su flamante esposa y siguió dándole vueltas al asunto.
—Siempre he pensado que sería mejor. A la gente le gusta mucho.
—Tal vez necesitamos practicar.
—¿Quieres que lo intente de nuevo?
Arthur se apoyó en los codos, dispuesto para colocarse sobre Molly, pero ella negó con la cabeza.
—Ahora no.
Arthur se mordió el labio. Se puso de medio lado y se atrevió a acariciarle la cara. La verdad es que le daba un poco de vergüenza después de su ridículo papel de antes. Molly parecía triste y él pensó en algo que pudiera hacerla feliz. Y soltó la primera tontería que se le pasó por la cabeza.
—Espero que al menos sirva para tener hijos.
Molly le miró como si no entendiera ni una palabra. Arthur carraspeó y buscó una postura un poco más cómoda.
—Quiero decir que espero que te quedes embarazada. Y todo eso.
Molly entornó los ojos. Arthur no sabía si estaba enfadada o si tenía ganas de reírse.
—Pero si nos acabamos de casar. ¿A qué viene tanta prisa?
—No sé. ¿No quieres hijos?
—No hoy.
Molly también le acarició a él. Bien. Eso era bueno. Arthur se puso boca arriba otra vez y comenzó a quedarse dormido. Antes de sucumbir ante el sueño, hizo una última pregunta.
—Entonces, ¿no te ha gustado?
No escuchó la respuesta de Molly. Esa noche soñó con una casa retorcida y un montón de niños pelirrojos. Molly le daba con una sartén en la cabeza y los hermanos Prewett preparaban el instrumental necesario para castrarlo. Cuando se despertó, estaba sudando y solo en la cama.
Al principio, temió que Molly hubiera decidido abandonarlo. Lo de casarse había sido un impulso bastante tonto, auspiciado por la guerra y el miedo a la muerte. Arthur no se arrepentía de lo que había hecho, pero a lo mejor Molly había comprendido que todo aquello era un error garrafal y se había marchado.
Arthur se incorporó en la cama y echó un vistazo a su alrededor. La habitación era bastante fea. ¿Qué clase de patán pasaba su noche de bodas en un sitio así? A veces era un chico bastante impulsivo. Su madre siempre se lo repetía. Y los profesores de Hogwarts. Incluso el señor Pringle se lo susurró al oído mientras le colgaba por los pulgares y le echaba su fétido aliento en la cara.
—¡Al fin te despiertas!
Molly acababa de salir del pequeño cuarto de baño. Ya estaba vestida y tenía el pelo húmedo y encrespado. Arthur la miró desde la cama, un poco decepcionado. Había pensado en intercambiar caricias mañaneras con ella, pero ya no sería posible. Molly comenzó a recoger sus cosas como si tuviera prisa.
—¡Vamos! Tenemos que regresar cuanto antes o mis padres se morirán de la preocupación.
Arthur quiso protestar. Sin embargo, algo en el tono de voz de su esposa le hizo obedecer. Se levantó, plantando sus pies enormes y blanquecinos en el suelo. Estaba totalmente desnudo y le dio un poco de vergüenza tener que levantarse. No estaba seguro de que Molly hubiera observado su cuerpo la noche anterior. Era demasiado flaco y paliducho para gustarle. O eso pensaba a menudo, cuando se preguntaba por qué era su novia.
Tú eres tonto, chaval.
Se había casado con Molly. El día anterior, se había presentado en su casa bien temprano, la había agarrado por la muñeca y prácticamente la había secuestrado. Se apareció con ella en lo alto de un acantilado y le explicó por qué debían casarse. Y ella había aceptado, pese a su falta de romanticismo y a su forma de hacer las cosas, totalmente inadecuada. Si había hecho eso, seguramente no le preocupaban ni su cuerpo larguirucho ni los cuatro pelos rojos y feísimos que le salían en la barbilla, sustituyendo a la mítica barba Weasley de su padre.
—¿Qué haces ahí parado, Arthur? —Molly tenía lo brazos en jarra y le miraba con los ojos entornados—. ¡Es tardísimo!
El joven carraspeó, asintió nerviosamente y se puso de pie. Molly ni siquiera le miró. Estaba muy ocupada dando vueltas de un lado para otro. Arthur se metió en el baño, que era un lugar angosto y sucísimo, y se dio una buena ducha. El agua templada le ayudó a relajarse y, cinco minutos después, tuvo que volver al dormitorio. En cueros. Se le había olvidado coger la ropa y, esa vez sí, Molly observó sus atributos con interés.
—Lo de anoche —a Arthur le sorprendió que hablara. Al recordar nuevamente su pésimo papel, se puso colorado de nuevo—. Creo que podemos hacer que mejore.
—¿Cómo?
Molly apartó la vista un instante. Arthur se puso la ropa interior a toda velocidad. En un momento dado, cuando estaba apoyado en un solo pie, estuvo a punto de estrellarse contra una ventana.
—Mis hermanos.
Arthur se golpeó el dedo gordo del pie contra la pata de la cama, pero apenas lo notó. Lo que acababa de decir Molly era demencial.
—No pienso preguntar nada a tus hermanos. ¡Son más pequeños que yo!
Molly le observó, pensando tal vez que tanta torpeza no era normal. Al escucharle, tuvo que reírse.
—No digo eso, bobo. Mis hermanos tienen un montón de revistas. Podríamos coger un par de ellas.
—¡Oh, eso! —Arthur se ruborizó aún más. Su cara estaba muchísimo más roja que su cabello—. No hará falta.
—¿No?
—Yo también tengo… Ya sabes.
Molly abrió la boca y terminó por asentir con energía.
—Claro, por supuesto.
Arthur se sentó sobre la cama y empezó a ponerse los calcetines. Molly estaba a su espalda, gracias a Merlín.
—De todas formas, no creo que sirvan de mucho. Lo que hacen es imposible.
Arthur se sintió orgulloso al encontrar esa palabra. Sí. Definía a la perfección lo que había visto.
—¿Imposible?
—Bastante imposible.
Molly se quedó pensativa. No pensaba darse por vencida.
—Podríamos adaptarlo a nosotros, ¿no?
—¿Se puede hacer eso?
Molly se encogió de hombros. Arthur se calzó, convencido de que no serían capaces de hacer tal cosa. En silencio, se pasó la túnica por encima de la cabeza y los dedos por el pelo. Cuando miró a Molly, ella ya tenía todo recogido y estaba junto a la puerta.
—¿Listo?
—Tengo hambre. ¿Por qué no desayunamos antes de irnos?
Molly bufó. Pese a no estar muy conforme con la idea, los recién casados se comieron los peores huevos con bacon de la historia, pagaron por la habitación y salieron al exterior. Hacía un día espléndido. Aquel mes de junio estaba siendo soleado y cálido y a Arthur le encantaba el sol. Cerró los ojos un instante y notó el brazo de Molly en su cintura. Cuando la miró, se sintió más enamorado que nunca.
—Será mejor que vayamos primero a mi casa.
Arthur tragó saliva y pensó en la familia Prewett.
—¿Crees que tu padre querrá matarme?
—¿Por secuestrar a su hija y mancillar su honor?
Arthur dio un respingo.
—¿Mancillar su honor?
Molly soltó una carcajada y se abrazó a él con más fuerza aún.
—A lo mejor está un poco enfadado, pero no podrá hacerte nada porque ya estamos casados. Ahora eres un Prewett.
—En realidad, tú eres una Weasley.
Molly rio de nuevo y se puso de puntillas para darle un beso en los labios. Arthur no se hizo de rogar.
—Yo me preocuparía más por mis hermanos. Ya sabes que te odian.
Arthur pensó en aquellos gemelos del demonio y sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral. Gideon y Fabian ya se habían encargado de hacerle la vida imposible en Hogwarts, persiguiéndole por los pasillos, espiando a Molly e interrumpiendo sus escasos momentos de intimidad. Seguro que no les hacía ninguna gracia un casamiento tan repentino, poco planificado y escaso de romanticismo.
—Promete que te encargarás de ellos.
—Te doy mi palabra.
Molly le dio otro beso. Le miró a los ojos y Arthur se convenció de que no se habían equivocado. Estaban en mitad de una guerra. La gente desaparecía o era asesinada a diario. No sabías cuándo irían a por ti. En esas circunstancias, lo mejor que podían hacer los enamorados era disfrutar y estar juntos. No existía el mañana y Arthur había hecho todo aquello pensando en el presente. Lo único que tenía importancia.
—¿Nos desaparecemos ya?
—Si no queda más remedio.
Molly entrelazó los dedos con los suyos y Arthur se dejó llevar. Confiaba en ella de la misma forma que Molly confió en él el día anterior. Quizá fuera difícil, pero todo saldría bien.
Dani H. Danvers quería que estos dos estuvieran recién casados y más recién casados no pueden estar. Es un fic breve, pero creo que refleja bien lo que fue el inicio de esa relación. Recordemos que Molly y Arthur eran muy jóvenes cuando se casaron (estaban recién salidos de Hogwarts) y yo creo que no habían experimentado nada antes del matrimonio. Molly me parece muy conservadora para ello. Así pues, la primera noche juntos fue un poco desastre, pero con el tiempo mejoraron. Bueno, por lo menos consiguieron hacer niños, que no es poco. Espero que te haya gustado, Dani.
Besetes y hasta la próxima.
