Algunos días después de viaje, Kara y Lena llegaron a la cima de una gran colina una mañana.
Desde del día de la fuente, Lena había encontrado como pasatiempo favorito hacer sonrojar a la princesa de las maneras más imaginativas posibles. Era gracioso ver lo fuerte y decidida que pretendía aparentar ser y lo tímida que era en realidad. Se podría pasar todo el día haciéndolo.
Desde allí arriba, bajo sus pies, se extendía un gran valle cubierto por una niebla espesa.
- No estemos mucho tiempo por aquí. - dijo Lena seria.
- ¿Por qué?
- No es seguro. - contestó simplemente Lena. Kara solo encogió los hombros como respuesta.
Tomaron un pequeño descanso allí mismo. Bajaron de sus caballos y les dieron agua para beber, aunque estos estaban un poco intranquilos. Kara se dio cuenta que Lena también lo estaba. ¿Sería porque de pronto había empezado a hacer mucho frío?
Emprendieron la marcha de nuevo y fueron poco a poco bajando hasta el valle. A medida que se adentraban en la niebla, la luz del Sol desaparecía más y más y el frío era más intenso. La niebla era tan cerrada que apenas veían un metro por delante de ellas. Pusieron los caballos uno al lado del otro y avanzaron separadas por apenas un palmo de distancia. Lena estaba sobre el caballo en tensión como si esperara que en cualquier momento alguien le fuera a atacar. Kara pensó que, por lo menos, fuera lo que fuera lo que hiciera que ese lugar fuese peligroso, no se iba a aliar con la morena. Algo que le pareció extraño a la rubia era el absoluto silencio que había en ese lugar. Solo se oía el ruido que hacían los caballos al andar y las respiraciones de los cuatros.
Después de estar unas horas a través de esa niebla, Kara tuvo una rampa muy fuerte en su pierna derecha y necesitó bajar.
- Ni de broma. Te aguantas. - a Lena la idea de parar la horrorizaba.
- Déjame estirar la pierna un poco. Son dos minutos. - dijo Kara mientras de bajaba del caballo y cogía la cadena de Lena.
- No te alejes. - le pidió Lena.
- Tranquila, - dijo levantando la cadena. - no te pienso perder.
Para cuando Kara se había alejado dos pasos del caballo hacia el frente, Lena ya no la veía. Sólo podía intuir donde estaba la princesa por la cadena que las unía. Kara, por su lado, estaba estirando un poco su pierna y flexionándola para hacer desaparecer el dolor que la estaba matando. A unos metros de ella, la niebla pareció hacerse un poco menos espesa y logró ver a una niña corriendo. Parecía que solo estaba jugando.
- ¡Ey! - gritó Kara a la niña para saludarla, pero pareció que no la había oído porque volvió a meterse entre la niebla densa y desapareció de la vista de la rubia.
- ¿Qué? - preguntó Lena de respuesta. Kara, que ya se encontraba mejor, volvió a los caballos y se subió en el suyo.
- Nada, no estaba hablando contigo. - como respuesta de Lena solo recibió una mueca de terror. - ¿Me vas a contar qué te tiene tan tensa?
- No es nada, viejas historias.
- Como digas.
Continuaron avanzando hasta casi chocar contra un muro que se levantó delante de ellas. Lena pareció tensarse aún más. Intentaron rodear el muro que resultó ser la pared de una gran casa. Kara pensó que la niña que había visto debía vivir por allí.
Cuando llegaron a la esquina de la casa, ante ellas, se abrió la niebla y les permitió ver una gran avenida de un pueblo con casas a los dos lados de la calle. Los edificios eran de gran tamaño. En su momento debieron ser muy hermosos, pero ahora solo eran un montón de ruinas. El pueblo parecía totalmente abandonado.
Kara sentía curiosidad por explorar aquel lugar así que dirigió el caballo hacía la calle, pero Lena frenó en seco el suyo. Kara se giró enfadada y se encontró a Lena totalmente aterrada.
- ¿Me vas a contar ya que te tiene así?
- Solo son viejas historias. - repitió Lena mirando hacia todos lados.
- Claramente, no. ¿Qué pueblo es este?
- No sé su nombre. - contestó Lena. Kara la miró esperando que le dijera algo más y Lena continuó. - Se dice que hace muchos años esta ciudad competía en riqueza con Gimina. Hay quién dice que Gimina a su lado era un pequeño pueblo sin importancia. La ciudad estaba gobernada por dos familias rivales. Se dice que una noche, mientras sonaban las campanas de medianoche, una de las familias masacró a la otra sin dejar ni tan siquiera a los niños vivos. La noche siguiente, cuando volvieron a sonar las campanas, la familia que los había matado murió en extrañas circunstancias. No quedó ni uno. Se dijo que los muertos se habían cobrado su venganza. Después, una espesa niebla lo cubrió todo y la gente, atemorizada, abandonó el pueblo. Muchos saqueadores vinieron a robar las riquezas que la gente había dejado atrás. Ninguno volvió. Desde entonces nadie viene por aquí. Este sitio es tan tabú que hasta se ha perdido su nombre.
- Eso es imposible. Yo antes he visto una niña jugando por aquí. - dijo Kara despreocupada, pero Lena pegó un salto y la miró aterrorizada.
- Kara, absolutamente nadie viene aquí.
- Vamos, Lena. Me dirás que ahora te creerás… - pero Kara no acabó su frase porque unas campanadas la interrumpieron. Eso tenía que tener una explicación lógica, ¿verdad? Unos susurros inundaron el lugar.
- Hora de irnos. - dijo Lena antes de empezar el galopar tan rápido como pudo seguida de Kara en dirección opuesta a las ruinas.
Media hora después de ir a ese ritmo y lograron salir de la niebla espesa. Era de noche, ¿ya? Kara calculaba que no habían estado más de mediodía dentro de la niebla. Unas nubes cubrían todo el cielo y una luz resplandeció cerca seguida de un fuerte trueno. Una cortina de agua les empezó a caer encima mientras los relámpagos iluminaban el bosque. Necesitaban refugiarse de la tormenta.
Tuvieron suerte y encontraron una gran cueva. Entraron junto con los caballos. Estaban todos empapados. Dentro de la cueva había ramas y madera seca, así que Kara encendió un fuego mientras Lena ataba a los caballos al fondo de la cueva. Estaban alterados después del día que habían pasado y la tormenta. Tuvo que estar un rato con ellos intentando tranquilizarlos. Afortunadamente, los colchones y la manta que llevaban en los caballos parecían bastante secos.
Lena desató la cadena de la silla de Kara y los cargó y los colocó cerca del fuego que ya había encendido la princesa. Ella la miró con una ceja levantada mirando el extremo de la cadena que Lena había dejado colgando apoyada en su hombro.
- ¿Qué? Ni que me fuera a escapar ahora. - dijo señalando al exterior donde se veía la lluvia caer en grandes cantidades. Kara resopló y se levantó a buscar algo de comida en los caballos. También les preparó un recipiente con agua y comida.
Cuando se giró de vuelta al fuego, se encontró alguna ropa de Lena esparcida por el suelo y ella cubierta por una manta.
- ¿Podrías dejar de desnudarte constantemente? - preguntó exasperada Kara. Debía ser la cuarta vez que aquella mujer se desnudaba delante de ella desde que viajaban juntas.
- La ropa está mojada. Tú también tendrías que hacerlo si no quieres enfermar.
- Ya te gustaría a ti que me desnudara.
Lena rio ante la respuesta de Kara. Tampoco lo iba a negar.
- Si tanto te molesta que te vea desnuda, me puedo girar y tienes mantas para taparte.
Kara se lo pensó. La ropa empapada y fría no era lo más ideal para dormir en pleno invierno.
- Media vuelta. Y como te gires, te vas a enterar.
- No sé. Depende de lo que tengas en mente, quizá me apetece. - insinuó Lena con un gracioso movimiento de cejas antes de girarse a mirar a la pared que había en dirección opuesta a la rubia. Kara solo alcanzó a balbucear cosas ininteligibles y sonrojarse. Empezaba a convertirse en una adicción provocar aquello en la rubia.
Después de desnudarse y colocar la ropa en una posición similar a la de Lena, se tapó con otra manta y se sentó en su colchón y le indicó a la morena que ya se podía girar. Lena se decepcionó al ver a la princesa totalmente cubierta. Quería ver el cuerpo de un kryptoniano, claramente por curiosidad científica, nada más.
- Necesito que me ayudes con algo. - le dijo la morena poniéndose a su lado. Kara bufó.
- ¿Con qué?
- Con las manillas no me he podido quitar toda la ropa. - le contestó Lena mostrando que debajo de la manta aún tenía prendas de ropa puestas. Kara no pareció por la labor de querer ayudarla. - Voy a enfermar si no me quito esto. O me quitas las manillas o me desnudas tú.
En realidad, Lena era perfectamente capaz de quitarse el resto de ropa por ella misma, pero le apetecía jugar un poco más con la princesa.
- Está bien. Voy a buscar las llaves. Pero nunca has tenido ningún problema para desnudarte tú solita. - se apresuró a levantarse la rubia sonrojada otra vez y alejándose de Lena. La morena se lo estaba pasando en grande.
Kara volvió con las llaves y quitó las esposas a Lena que nada más sentir el metal liberarla se quitó la manta y el resto de ropa sin darle tiempo a Kara para alejarse o girarse. El color rojo que tenía la cara de Kara competía con el rojo del fuego.
- ¡Por Rao! - exclamó Kara indignada girándose para no ver a la morena desnuda.
- Ni que no me hayas visto desnuda ya. El otro día echaste un buen vistazo. - bromeó Lena que ya volvía a estar tapada con la manta y se había sentado en su colchón. Kara, al oír el movimiento, se giró de vuelta y se acercó a la morena con las cadenas. Lena levantó las manos haciendo que parte de la manta cayera y parte de su cuerpo volviera a estar descubierto. Kara apartó la mirada rápido a las manos de Lena y, sonrojada, le puso las manillas y volvió a su posición. Lena no podía parar de reír.
- No le veo la gracia.
- Pues yo sí. Solo es un cuerpo desnudo. ¿Cómo puedes matar gente sin temblar y te pones tan nerviosa por ver a alguien más desnudo? - rio Lena, pero Kara solo le lanzó una mirada cargada de rabia. Lena levantó las manos en señal de rendición y paró de reír.
Estuvieron comiendo en silencio un rato, hasta que Kara le preguntó algo que hacía días que le rondaba la cabeza.
- Los tatuajes que llevas, ¿qué significan?
- La mayoría son de protección. - contestó Lena, pero Kara la miró confundida sin entender nada. Así que Lena se descubrió los que llevaba en la espalda y empezó a señalar diferentes tatuajes y a indicar a qué dios estaban dedicados cada uno.
Kara parecía escucharla con genuina curiosidad. Lena decidió dejar a la princesa en paz un rato y solo le habló de los de los costados, sin enseñárselos. Sabía que, si le mostraba esa parte de su cuerpo a Kara, volvería a sonrojarse y a darse media vuelta. Lena rio de solo pensarlo y Kara la miró confundida.
- Solo pensaba en lo nerviosa que te pones por verme desnuda. - le dijo Lena a lo que Kara solo atinó a hacer un puchero y a sonrojarse otra vez. - Me pregunto qué vida debes tener en palacio, princesa.
- Seguro que no es como te piensas. - le contestó a Lena que la escuchaba atenta. - Soy kryptoniana, pero fui criada por terhanos. La mayoría en la corte me desprecian y me ven como un posible peligro para Kal. No tengo ni voz ni voto en la capital.
- ¿Y por qué te enviaron a ti a Gimina?
- Yo lo vi como una oportunidad para demostrar lo que valía, Kal y Alex me ayudaron para convencer al rey. Pero después de ver a J'onn llegar con más de cien soldados cuando, a mí, a duras penas me dieron treinta, me doy cuenta que solo era una trampa para que fracasara. Si no podía controlar Gimina, demostraba que no tenía lo necesario.
- Todo amor por lo que veo. - ironizó Lena. Kara se encogió de hombros.
- Los Danvers siempre me han cuidado y me han querido como a una hija. Kal, también. No me puedo quejar. ¿Qué hay de ti?
- ¿De mí?
- Sí, de tu familia, de donde vives.
- ¿Estás intentando sacarme información? - se rio Lena.
- Solo tenía curiosidad. Yo te he contado cosas. - se defendió Kara. Lena pensó qué contestar.
- Mi hermano Lex es el favorito. Mi padre y mi madre creen ciegamente en su juicio. Y él cree en mí. Así que mis padres no intentan sabotear mis misiones ni nada por el estilo, simplemente me dejan hacer lo que quiera mientras no moleste.
Estuvieron un rato en silencio hasta que un escalofrío recorrió el cuerpo de Kara.
- ¿Tienes frío, princesa? - preguntó divertida Lena. Kara negó con la cabeza.
- Crees que estamos lo suficientemente lejos.
- ¿Lejos de qué?
- Del valle.
- Tienes miedo. - rio Lena.
- Eras tú la que estaba muerta de miedo, te recuerdo.
- Pero ahora ya no.
- ¿Por qué?
- Si algo nos hubiera querido matar allí abajo, ya estaríamos muertas. Nos dejaron ir. Así que no creo que nos tengamos que preocupar.
- Supongo…
- Si quieres, podemos dormir juntas esta noche. Si tanto miedo tienes... - le dijo Lena con una mirada pícara.
- ¿Para qué me mates tú? Estoy bien así, gracias.
- Como quieras. Tampoco tenía eso en mente. - bromeó la morena y, sin decir nada más, se tumbó a dormir y cerró los ojos. No tardó mucho en quedarse dormida.
Debía llevar un par de horas dormida cuando mucho movimiento la despertó. El fuego seguía encendido iluminando la cueva. Fuera todavía era de noche y el agua seguía cayendo. Se incorporó para mirar a su alrededor para buscar de dónde venía el sonido. La princesa no paraba de moverse de un lado a otro dormida. Debía estar teniendo una pesadilla. Lena se volvió a tumbar e intentó continuar durmiendo, pero el movimiento de Kara no la dejaba pegar ojo. Al final, se levantó y se acercó a la rubia para despertarla.
Kara abrió los ojos asustada y miró a todos lados buscando algo.
- Ha sido una pesadilla. Puedes volver a dormir. - le dijo Lena tranquilizándola. Kara asintió y se volvió a tumbar y cerró los ojos. Lena la imitó y volvió a su cama.
Llevaba unos minutos intentando volver a quedarse dormida cuando Kara empezó a moverse como antes. Se había quedado dormida otra vez y volvía a tener pesadillas. Otro punto débil de la señorita, pensó. No soportaba las historias de fantasmas.
Quería dormir y en ese estado Lena no podría pegar ojo. Resignada, se levantó y se tumbó al lado de Kara y la abrazó por detrás como pudo con las manos atadas. Al instante, la rubia pareció relajarse y se quedó quieta. Lena no tardó mucho en quedarse dormida de nuevo.
Al despertarse, Kara se indignó porque Lena se había metido a dormir con ella y le dedicó una gran cantidad de insultos y la acusó de pervertida. Lena solo se reía como respuesta y se burló de ella por las pesadillas que había tenido y cómo se había tranquilizado cuando ella la había abrazado.
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Próximo capítulo:
- No cumpliste la ley, princesa. ¿Te convierte eso también en traidora?
