Debido a temas personales, mañana viernes es muy probable que no pueda colgar el capítulo, así que lo adelanto. ¡Hasta el martes!
*/*/*/*
Siguieron el curso del río abajo esperando encontrar un pueblo. Kara había echado de menos el sur, el paisaje, el calor. Durante las noches seguían encendiendo el fuego por protección, pero ya no necesitaban tanto su calor. Eso hizo que su carácter y su humor se suavizaran. Empezaba a sentirse en casa. Lena, en cambio, lo estaba pasando mal. A ella, le gustaba el frío y disfrutaba de la temperatura que las altas montañas le daban al norte. Además, ir con ropas para el frío en un sitio donde hacía calor no era lo mejor. Casi no había árboles allí para dar algo de sombra a la morena, apenas unos pinos delgados cerca de la riba del río.
Así que la morena decidió tener como costumbre bañarse cada noche en el río. El primer día pudo oír desde el agua las maldiciones de la rubia por haberse desnudado otra vez, cosa que le provocó unas buenas risas. Cuando volvió a la orilla, se encontró a la rubia tumbada de espaldas a ella enfurruñada. Para el segundo día, Kara parecía resignada a los baños de Lena y ni siquiera se giró para no verla. Un leve sonrojo teñía las mejillas de la rubia a veces y Lena creyó pillar a la rubia mirándola de reojo en alguna ocasión. Pero quizás solo eran imaginaciones suyas.
Era tentador provocar a la princesa. Sus insultos y su enfado parecían haberse reducido. Quizá era mejor no jugársela y que la rubia volviera a su mal humor. De hecho, esos días, Kara se había dejado cuidar por Lena sin quejarse ni rechistar.
La verdad es que, superado el enfado de los primeros días, Kara resultó estar más relajada y simpática que como de costumbre. Incluso habían podido tener más de una conversación que no había acabado en una discusión. Era agradable esta versión de Kara. Sí, ya llevaban tiempo acostumbradas a la compañía de la otra y Lena no podía evitar a sentir algo de afecto, quizás, por la rubia.
Durante dos días no tuvieron suerte, pero a la mañana del tercero, cuando ya veían el mar, un pequeño pueblo pesquero apareció en su vista. Las casas de las cuales debía haber un centenar, estaban cubiertas de un blanco inmaculado, igual que el templo coronado por el símbolo de Rao. Las calles, sin embargo, eran de tierra que, para cuando el pueblo se encontraba con la playa, ya estaban cubiertas de arena.
Lena tenía que ayudar a caminar a Kara cuando llegaron al pueblo. Un par de mujeres que pasaban por la calle se alertaron al ver las condiciones en las que llegaban Kara y Lena. Se acercaron a ayudarlas. Kara les pidió si podían avisar al guardián o guardiana del pueblo, necesitaba hablar con quién fuera. Una de las mujeres se fue corriendo a buscarla mientras la otra las acompañó a buscar un sitio dónde Kara pudiera sentarse a descansar. Maggie llegó y se encontró a Kara sentada en un pequeño taburete de madera con Lena y la otra mujer a los lados.
- Buenos días, forasteras. ¿Qué les trae por aquí? - preguntó algo desconfiada. Kara la analizó y vio el símbolo de la guardia de la corona en el pecho de la mujer. Agarró la muñeca de Lena y sacó una pequeña pieza de metal que tenía en el bolsillo que dio a Maggie.
- Mi nombre es Lauren Haley, soy soldado de la corona y esta es mi prisionera. - anunció Kara, dando un nombre falso para evitar más problemas de lo normal. - Necesito que la vigile hasta que me recupere y podamos continuar nuestro viaje a la capital. Es una prisionera de gran importancia.
La cara de Lena fue un poema a medida que Kara iba soltando las palabras: primero, sorpresa; después, enfado. Además, después de todo por lo que habían pasado, ¿y Kara no había perdido aquella piececita?
Maggie analizó la pieza de metal: era una insignia que solo los soldados de alto rango tenían. Kara debía ser alguien importante si la tenía. Maggie la obedeció y esposó a Lena y la arrastró a su cuartel donde había una pequeña celda y la encerró en su interior.
Las mujeres ayudaron a Kara a llegar a la pequeña posada que había en el pueblo. Allí, no tuvieron ningún problema en acoger a la rubia en una de las habitaciones y, después de acomodarla en la cama, se fueron a buscar al médico.
- Es un milagro que en este estado hayáis podido moveros. Tenéis que hacer reposo absoluto durante unos días. Nada de levantarse, ni sentarse. - le dijo la mujer a Kara después de inspeccionarla. Kara suspiró. Aquello iba a ser muy aburrido. Tenía que buscarse alguna distracción y ya se le había pasado por la mente una.
- ¿Tenéis alguna cosa para el dolor? - le preguntó a la médica. El efecto de las hierbas que Lena le había preparado esa mañana estaba desapareciendo y el costado la estaba matando.
- ¿Por eso habéis aguantado el viaje? ¿Qué os tomasteis? - le preguntó con curiosidad. Kara encogió los hombros. No le había preguntado a Lena qué le estaba dando. Ella con notar que el dolor desaparecía, tenía suficiente información.
- Me las daba la mujer que me acompañaba.
- ¿Esa mujer no era vuestra prisionera? - le preguntó alarmada. Kara asintió como respuesta. - ¿Habéis dejado que vuestra prisionera os diera unas hierbas que no sabíais qué eran?
Ante la alarma de la mujer, Kara entendió la locura que acababa de contar, sobre todo teniendo en cuenta su historial.
- Es complicado. ¿Podéis avisar a la guardiana? No sé su nombre. Quiero hablar con ella si no le importa.
- Ahora voy. Vais a necesitar ayuda y alguien que cuide de vos estos días, señora. Puedo pedir a alguien del pueblo que lo haga.
- No se preocupe, tengo a alguien en mente. - le contestó Kara pensando en Lena. Si ya había cuidado de ella estos días porque sus dioses se lo habían ordenado, no le importaría hacerlo un poco más. Aunque no sabía cuál sería el humor de la morena después de encerrarla en una celda.
Cuando Maggie llegó, Kara le pidió que trajera a Lena de vuelta junto con todo lo que cargaba la morena. Iba a necesitar a alguien que cuidara de ella y quién mejor que la prisionera le dijo. Evidentemente, Maggie no entendió la lógica de Kara. Pero, de todas maneras, obedeció sus órdenes.
- A ver si lo entiendo, ¿primero me haces encarcelar y ahora tengo que ser tú enfermera? ¿Me tomas el pelo? - le preguntó indignada Lena nada más cruzar la puerta seguida de Maggie que se quedó callada sorprendida por las interacciones que tenían las dos mujeres en frente de ella.
- Si prefieres volver a la celda, por mí ningún problema. Seguro que estás muy a gusto. - le contestó Kara desde la cama. Lena suspiró.
- De acuerdo. Pero sin manillas. - dijo levantando las manos.
- Guardiana, ¿la habitación se puede cerrar con llave? - preguntó a la tercera mujer.
- Sí, claro.
- Perfecto. ¿Podría liberarla y acercarme la llave de la habitación? - le pidió Kara. Maggie simplemente obedeció porque ya hacía rato que no entendía nada de lo que estaba pasando allí.
Cuando acabó, dio las manillas a Kara por si las necesitaba, se despidió y se fue.
- Cierra la puerta y, por Rao, dime que aún te quedan de esas hierbas.
- ¿Qué soy, también tu criada, ahora? - le contestó cruzando los brazos Lena sin ademán de moverse un centímetro. Kara solo se la quedó mirando como respuesta ofreciéndole la llave. - Lo pillo, lo pillo. O criada o celda. Encima que te ayudo a llegar hasta aquí…
Lena cogió la llave, cerró la puerta y se acercó a la pequeña mesa a preparar la medicina para Kara. Cuando acabó, se la dio a Kara que se la bebió de un solo trago.
- La llave.
- Por supuesto, princesa. - ironizó Lena mientras le daba el metal. - Por cierto, ya que me quieres encerrar aquí contigo, te aviso que solo me quedan hierbas para una dosis más de medicina. Así que o me dejas salir a buscar más o te quedas sin.
Kara resopló. El dolor de su costado era lo suficientemente insoportable como para pensar aquello como una opción viable.
- ¿Cuánto queda para que el efecto de lo que queda desaparezca?
- Para la noche, podrás experimentar el maravilloso dolor de unas costillas rotas en su máximo esplendor. - bromeó Lena.
- Por la tarde entonces saldrás.
- Tampoco te prometo que aquí vaya a encontrar lo que necesito. Ya no estamos en el norte.
- Sería una pena para ti verme retorcer de dolor, ¿verdad? - rio Kara.
- No te lo puedes ni imaginar.
- Bien, ahora descansar. Hacía siglos que no dormía en una cama decente. - dijo Kara mientras colocaba la llave debajo de la almohada y se acomodaba para dormir.
- ¡Eh! ¿Y yo qué? - dijo Lena mirando a su alrededor.
La habitación era algo oscura lo que ayudaba a bajar la temperatura y solo estaba iluminada por la luz que entraba por una ventana con las persianas casi cerradas. Era bastante grande, aunque estaba muy vacía. Los únicos muebles que había allí era la cama individual donde estaba tumbada Kara, una mesa contra la pared con su silla que quedaba de espaldas a la cama y un armario empotrado. Kara se limitó a señalar la silla como respuesta y no tardó en quedarse dormida.
Lena suspiró. Aquella silla no era precisamente cómoda, prefería tumbarse en el suelo. Abrió los armarios en busca de algo que poner en el suelo y encontró algunas mantas bastante gruesas que olían a humedad. Eso tendría que servir. Mejor que el duro suelo era.
Colocó las mantas delante del armario en el suelo y se tumbó encima. Estaba tan cansada y llevaba tantos días durmiendo directamente en el suelo que no tardó nada en quedarse dormida.
Unos golpes en la puerta las despertaron a las dos al cabo de unas horas. Lena, algo aturdida se levantó y fue hasta la puerta. Una voz desde el otro lado dijo que les traía comida. Por la luz que entraba por la ventana ya debía ser el mediodía.
Lena, después de coger la llave que tenía Kara, abrió la puerta y dejó pasar a una chica joven al interior de la habitación. Les dejó una bandeja con dos platos de comida encima de la mesa.
- Esta tarde, necesito que ella vaya a buscar unas hierbas. ¿Podrías buscar a alguien para que la acompañe? - dijo Kara a la muchacha antes de que se fuera.
- Puedo ir yo sola si me dice lo que necesita. - le respondió la chica.
- Necesito que vaya ella. ¿Me podrías hacer el favor? Irá esposada, en el fondo es totalmente inofensiva. Te lo juro por Rao. - le contestó intentando convencer a la chica. Lena puso los brazos en jarra con indignación. - ¿Verdad? - dijo mirando a Lena directamente. Tuvieron una lucha de miradas durante unos instantes que Lena perdió.
- Está bien. - se rindió. - Prometo por los antiguos dioses que me portaré bien. - contestó con una sonrisa pícara. Kara se echó a reír mientras que la chica miraba horrorizada a Lena. ¿Acababa de jurar por los dioses prohibidos?
Quedaron que a media tarde la chica subiría a por Lena. La morena cerró la puerta y se sentó a comer.
- ¡Eh! Yo también quiero comer. - dijo Kara desde la cama.
- Pues levántate y come. - le contestó Lena como si fuera una obviedad.
- La médica me ha dicho que no me puedo mover de la cama, ni sentarme. Necesito que me des de comer.
- Kara, llevas días comiendo por ti misma. Llevas días caminando.
- Órdenes de la médica.
- Porque tú te caracterizas por obedecer órdenes en vez de darlas. - ironizó Lena.
- Vamos, Lena. Los primeros días ya me diste de comer.
- Los primeros días no te podías mover de verdad.
- Estás aquí para eso. - le dijo Kara haciendo un puchero. Lena solo rio negando con la cabeza.
- Bien, princesita. Tú ganas, pero te esperas a que yo acabe de comer. - cedió Lena, aunque Kara soltó algunas leves quejas, pero se esperó pacientemente a que Lena acabara.
Por la tarde, Lena se tuvo que poner las manillas a sí misma quejándose de lo humillante que era aquello cuando la chica llegó a buscarla y se fueron. Había cogido algunas monedas por si tenía suerte y vendían allí algo de lo que necesitaba.
- ¿Tenéis algún sitio donde vendan hierbas o algo por el estilo? - preguntaba Lena a la chica mientras cruzaban la puerta de la calle. El olor a brisa marina la golpeó.
- Sí, claro. En la botica. ¿Qué necesitas? - le preguntó con curiosidad la chica guiándolas a las dos entre las calles.
- Unas hierbas para preparar una medicina.
- ¿Le preparas la medicina tú? ¿No le ha dado nada la médica?
- Por lo visto, no. No creo que tampoco conozca lo que voy a preparar.
- ¿Es un remedio de tu tierra?
- ¿Perdón?
- Bueno, antes has jurado por los antiguos dioses y eres una prisionera. Supongo que eres del norte.
- Vaya, eres bastante inteligente. ¿Cómo te llamas? - preguntó interesada Lena.
- Nia Nal. ¿Y tú? - le preguntó de vuelta Lena. Y ahora, ¿qué le decía? No podía dar su nombre real si no quería que la lincharan allí mismo. Se inventó un nombre jugando con el nombre de Kara. Seguro que a la rubia le no haría gracia, pero ella lo encontraba divertido.
- Kiera.
- ¡Qué nombre tan raro! - exclamó Nia.
- En el norte es bastante común. - dijo como pudo Lena aguantándose la risa.
- ¿Y para qué es la medicina?
- Para el dolor. Y también la ayuda curarse más rápido.
- Interesante… Quizá me podrías enseñar a prepararlo. - le pidió muy interesada Nia.
- ¿Te das cuentas de que no te deberías fiar de mí?
- Si ella lo hace, por algo será. - respondió Nia refiriéndose a Kara.
Llegaron a la botica y, para sorpresa de Lena, tenían la mayoría de ingredientes que necesitaba. Incluso tenían cosas que, por el clima, solo se encontraban en el norte. Nia le contó que, gracias a conocimientos que trajo la casa de El, habían aprendido a cultivarlas en el sur.
Como siempre, Lena no evitó acusar a la Casa de El de invasores y usurpadores. Nia aceptó que al principio para todo el mundo había sido difícil de aceptar la religión y las nuevas normas que habían traído los kryptonianos. Mucha gente fue condenada, se los llevaron y nunca más volvieron a saber de ellos. Suponían que habían sido ejecutados. Pero, cuando se rindieron, todo fue incluso mejor que antes de que llegaran los kryptonianos. Al ser un pueblo costero, siempre vivían con miedo a piratas, pero desde que los kryptonianos gobernaban ya casi no habían recibido ataques. Además, tenían un médico y la guardiana siempre cuidando de ellos y nadie pasaba hambre. En el fondo estaban agradecidos por lo que habían traído y habían aprendido a adaptarse a los nuevos reyes.
Lena pidió a Nia que la acompañara a buscar lo que le faltaba. Imaginaba que cerca del mar podría encontrar algo parecido.
La joven la guio hasta el puerto que consistía en unos pequeños muelles y una alta estructura de madera que estaba rodeada de algunas personas cargadas con materiales y herramientas. Nia le contó a Lena que era la grúa del puerto que utilizaban para descargar los peces de los barcos, pero que un temporal en el invierno la había roto y aún no la habían conseguido reparar.
Dejaron atrás el lugar y Lena se acercó a un grupo de rocas que sobresalían del agua. Inspeccionó las algas y vegetación que estaba creciendo allí y encontró lo que buscaba.
Para cuando llegaron a la habitación, Kara ya estaba suplicando por más medicina. Nia Nal se fue dejándolas solas de nuevo, aunque Lena le pidió algo para escribir antes de que se fuera. Lena se sentó de nuevo en la mesa y preparó más medicina con los ingredientes que había preparado.
- Te aviso que quizá sabe algo diferente. - le dijo Lena acercando el vaso con la medicina a la rubia.
- ¿Qué quiere decir eso? - preguntó Kara un poco recelosa.
- Digamos que hasta ahora has probado la receta de montaña y hoy vas a probar la de mar.
- No me estarás envenenado, ¿verdad?
- Claro, porque ahora, que estoy prisionera otra vez, con gente vigilándome por todo el pueblo, es el momento ideal para matarte con veneno. - ironizó Lena a lo que Kara rio como respuesta.
- Supongo que tiene sentido.
- Anda, Kara, bébetelo. - insistió Lena dándole el vaso. La rubia se incorporó un poco y lo cogió con algo de miedo y olió el contenido. Cuando levantó la mirada, se encontró a Lena con los brazos en jarra y mirándola con una ceja levantada. Kara sonrió inocente y se bebió el contenido del vaso de un golpe haciendo una mueca de asco.
- ¡Por Rao! Está saladísimo. ¿Le has echado un bote de sal? - exclamó dándole de vuelta el vaso a Lena y volviéndose a tumbar.
- He tenido que sacar uno de los ingredientes del mar. Por eso está tan salado. ¡Qué pena verte poner esa cara cuando te lo tomas! - bromeó Lena.
- ¿Y no puedes rebajar el gusto o algo?
- Ahora me pongo a pensar en cómo cambiar el gusto de una medicina para que le sepa mejor a la princesita que no aguanta el dolor. - dijo del tirón casi quedándose sin aire.
- Muy graciosa.
Al cabo de un rato que habían pasado en silencio, Nia Nal apareció con unos papeles y un poco de grafito para Lena. Les dijo que en un par de horas les traería la cena.
- ¿Para qué quieres eso? - preguntó curiosa Kara.
- Cosas mías. - respondió Lena simplemente, mientras se sentaba de vuelta en la silla y dejaba el material sobre la mesa. Parecía que se iba a girar a trabajar, pero se quedó mirando a Kara pensativa.
- ¿Qué? - le preguntó Kara ante la mirada fija de Lena en ella.
- Antes he estado hablando con Nia.
- ¿Nia?
- La chica que trabaja aquí.
- ¡Ah! ¿Y qué?
- Me ha contado cosas.
- ¿Sobre qué? Estás extraña desde que has llegado.
- Sobre la Casa de El.
- Por Rao, no por favor. No estoy de humor para discutir otra vez contigo. No somos los monstruos que a ti te gusta creer. - suplicó Kara llevándose las manos a la cara exasperada.
- Lo sé.
- ¿Cómo? - preguntó Kara mirándola con sorpresa.
- Es decir, sigo pensando que sois unos invasores, usurpadores, represores y… - explicaba Lena antes de ser interrumpida por Kara.
- Me ha quedado claro. ¿Cuál es el punto?
- Nia me ha dicho que la corona paga a médicos y guardias para cuidar de todo el mundo, incluso pagan para que todo el mundo pueda aprender a leer, escribir, ... ¿Por qué no en el norte?
- ¿Qué quieres decir?
- En el norte, cada uno se lo tiene que pagar. La corona no paga nada a nadie. No existen escuelas para todos. ¿Por qué? - le preguntó Lena. Kara se giró para quedar cara a cara con la morena.
- Los había o, al menos, se intentó que los hubiera. Pero después de que los Luthor huyerais al norte nos mandaron carros con las cabezas de la mayoría. Algunos lograron sobrevivir a la matanza y escaparon de vuelta al sur. Desde entonces, ningún médico o maestro ha querido ir al norte. El mensaje era claro. También se decidió aumentar el castigo por herejía y traición para intentar controlar la situación. Si fuera por nosotros, en el norte tendrían lo mismo que aquí. Dices que luchas por tu gente, pero vosotros sois los primeros que les robáis.
- Defendemos nuestra identidad, nuestros dioses, nuestra cultura, nuestras costumbres, ...
- ¿A qué precio?
- ¿Según tú, lo mejor sería doblegarnos, convertirnos en lo que vosotros queréis que seamos, perder lo que nos hace terhanos a cambio de limosna? ¿Tú renunciarías a Rao por lo mismo?
- Depende las prioridades de cada uno. - dijo encogiendo los hombros como respuesta. - ¿Tanto valor tiene para ti tu religión?
- Por supuesto.
Kara suspiró. No quería acabar enfadada con Lena otra vez por una discusión de política. Pensó que quizá contándole su versión de la historia la morena entendería su punto.
- Siempre me han contado que Terha era un reino donde la gente moría de hambre y los pocos ricos se aprovechaban de ellos hasta que llegamos nosotros. Las mafias y la corrupción campaban a sus anchas.
- Esa es solo una versión de la historia supongo.
- ¿Cuál es tu versión? ¿Es que acaso el reino era rico y justo?
- No, no lo era. No me mires así. - le dijo al ver la cara sorprendida de la rubia. - Leer sirve para mucho más de lo que te crees.
- Explícate.
- Encontré archivos que guardaban mis padres. El reino estaba casi en la quiebra cuando llegasteis. Y sí, la corrupción campaba a sus anchas. Pero, ¿eres consciente de que esa corrupción aún está? Cortasteis las cabezas de la mayoría de corruptos, pero no destruisteis la organización detrás. Solo ha crecido otra cabeza.
- La gente no está de acuerdo contigo. Mira este pueblo. Cambiamos la estructura del reino, todo.
- Y muchos de esos corruptos se adaptaron y sobrevivieron. También trajisteis nuevos con vosotros.
- ¿Cómo cuál?
- Rao.
- Rao es un dios.
- Quiero decir la iglesia de Rao. La voz de Rao viste de oro. Su máscara es de oro. ¿No te has planteado de dónde saca el dinero?
- Del rey.
- ¿Todo?
- Pero la corrupción no tiene la fuerza que tenía antes.
- No, no la tiene. Pero el reino que construisteis no es perfecto.
- Ya, pero, según tú, luchas por tu gente. Pero aquí, en el sur, la gente tiene todo lo que necesita para tener una vida feliz y en paz, ¿no te estás equivocando de bando?
- No negaré que lo que habéis hecho está bien, pero habéis obtenido el poder a base de matar, ejecutar y torturar a la gente. Estoy bien en mi bando la verdad.
- Porque vosotros nunca jamás habéis matado a inocentes, ¿verdad?
- Esa gente no me representa a mí.
- Son de tu propio bando.
Lena se dio media vuelta y se puso a trabajar. Al final, habían acabado discutiendo y enfadándose la una con la otra.
Kara sentía mucha curiosidad por saber qué estaría haciendo la morena, pero su orgullo le impedía preguntárselo. Pasó el rato y la rubia estaba más y más aburrida. Necesitaba ir al baño y se levantó. Aprovechó el viaje para ponerse algo de ropa cómoda que le habían dejado para dormir. Cuando volvió, se encontró con Lena mirándola de forma acusadora.
- ¿Querías que te pidiera ayuda para ir al baño?
- Bien que me has obligado a que te dé de comer porque "no te puedes mover". Además, ni que no lo hubiera tenido que hacer ya.
- Fuiste tú la que me hirió así que estás en la obligación moral de cuidar de mí.
- A eso, yo lo llamó chantaje emocional. - Kara se encogió de hombros y con cuidado se volvió a tumbar en la cama.
Llegó Nia con la cena y una lámpara de aceite para que tuvieran algo de luz. Kara le pidió que si le podía llevar un libro o algo para leer para distraerse. Al cabo del rato, Nia subió con algunos libros que sus padres tenían por la posada junto con otra lámpara de aceite para que cada una tuviera la suya. Kara cada vez se notaba más y más relajada y no sabía por qué.
- ¿Me das de comer? - pidió Kara como si fuera una niña pequeña vocalizando de forma extraña.
- ¿Otra vez?
- Todavía no estoy curada.
- ¡Qué cara dura! Te esperas a que acabe de comer.
- ¡Vale! - dijo con ilusión. Lena se rio como respuesta y negó con la cabeza.
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó Kara cuando las dos ya habían acabado de comer y la morena había vuelto al trabajo.
- Nada que una cabeza hueca kryptoniana pueda entender.
- ¡Oye! Pruébame. - dijo con una sonrisa tonta.
- Estás muy charlatana. Espero que no sea un efecto secundario de la medicina… Si lo es, que sepas que te quedas sin. - la amenazó bromeando Lena.
- ¡Por Rao! Si cuando nos conocimos, eras tú la que no paraba de hablar. - exclamó la rubia con mucha efusividad.
- Y me amordazaste.
- ¿Y ahora que te doy la oportunidad de hablar no quieres?
- Por los dioses, ¿no tienes libros con los que distraerte?
- Tú eres muchísimo más interesante. - le contestó sin más la rubia. Lena, que hasta ese momento no había levantado los ojos del papel, giró el cuello y se la quedó mirando sin saber si había oído bien o no.
- Es oficial. La medicina está teniendo efectos secundarios. Hora de dormir. - dijo Lena mientras se levantaba a apagar la lámpara encendida cerca de Kara.
- ¿Estás sonrojada? - rio la rubia cuando vio el leve color rojo que tenía Lena en las mejillas.
- No. - murmuró Lena.
- Victoria. He conseguido hacer sonrojar a la exhibicionista. Kara 1, Lena 0. - celebró la rubia.
- Kara 1, Lena 50 mejor dicho.
- ¿Aceptas entonces que te has sonrojado?
- Suficiente. A dormir o te amordazo yo esta vez.
- Está bien. Buenas noches, Lena.
- Buenas noches, Kara.
- Me gusta que me llames Kara.
- Duerme.
- No puedo con tu luz encendida. Ven a dormir también. Te hago un hueco.
- ¿En la cama?
- Ni que no hubiéramos dormido ya juntas.
- Había más espacio.
- Ahora eres tú la vergonzosa.
- No, soy la que no va drogada.
- Me has drogado tú.
- Kara, por los dioses, vale, me voy a dormir. Pero cállate ya. - dijo exasperada Lena. Esta versión de la rubia la estaba poniendo muy nerviosa. Normalmente, en esas situaciones, era la rubia la que estaba contra la pared, no ella. Apagó la lámpara y se fue al montón de mantas colocadas en el suelo y se tumbó encima provocando algunas quejas de la rubia. Se tumbó de costado, de manera que tenía plena vista de la cama. La verdad es que parecía cómoda.
Después de estar rato dando vueltas en la cama y sin encontrar una posición para poder dormir, se levantó y se acercó a la cama.
- ¿Estás despierta, Kara? - le preguntó a lo que la rubia le contestó con algunos murmullos. - ¿Me dejas un hueco?
- Ahora no quiero. - le contestó la rubia bromeando y ocupando tanto espacio como pudo de la cama. Las dos se miraban divertidas.
- Vale, pues ya me lo haré yo. - le respondió Lena dejándose caer sobre Kara totalmente, cosa que provocó que Kara se asustara sin tiempo para reaccionar y esquivar el choque. Pero la morena había clavado los codos y rodillas en la cama justo el instante antes de que sus cuerpos chocaran.
- ¡Por Rao! Me pensaba que me ibas a romper el resto de costillas. - dijo Kara mientras se recuperaba del susto.
Fue en ese momento en el que se dio cuenta de lo cerca que habían acabado. Sus cuerpos estaban a menos de un centímetro de distancia igual que sus rostros. Hasta podía sentir el aliento de la morena sobre sus labios. No pudo evitar que sus ojos fueran a parar a la boca de la morena. Esta se estaba mordiendo el labio inferior. Regresó la mirada a los ojos verdes y se dio cuenta que Lena también estaba mirando sus labios. Su respiración se estaba haciendo pesada.
- Ya te dejo espacio. - dijo Kara totalmente sonrojada moviéndose para dejarle un hueco a Lena sin ni siquiera mirarla.
Lena tampoco dijo nada más y se tumbó a su lado.
A Kara le costó un buen rato conseguir que su corazón volviera a latir a un ritmo normal. ¿Qué le estaba pasando?
*/*/*/*
Próximo capítulo el martes:
- No, es que no me lo esperaba.
