Kara sintió un leve cosquilleo en su rostro que hizo que poco a poco fuera recuperando la consciencia. A través de sus párpados cerrados, llegaba una buena cantidad de luz. Ya debía ser por la mañana.

Intentó moverse un poco, estaba tumbada sobre su costado bueno, pero empezaba a estar un poco incómoda. Intentó mover su brazo izquierdo, pero lo tenía atrapado. Abrió los ojos poco a poco y se encontró con una maraña de pelos oscuros delante. Su brazo parecía estar rodeando la cintura de esa persona que dormía de espaldas a ella. ¿Quién era? ¡Ah, sí! Lena. Recordó que ayer pidió a la morena que durmiera con ella. Y también recordó como acabó tumbada prácticamente encima de ella y cómo removió cosas que no tocaba. Intentó separarse de ella. Entonces se dio cuenta que la morena tenía agarrada la mano izquierda de Kara y la rubia no podía quitarla de allí.

Con delicadeza, intentó deshacerse del agarre de Lena que parecía que todavía estaba dormida pero solo consiguió que se hiciera más fuerte. La morena se removió un poco y juntó sus cuerpos de manera que no había nada de distancia entre ellas dejando el su cuerpo totalmente apoyado en el de Kara. Con el movimiento, la camiseta de Lena se había levantado un poco y Kara ahora tenía la mano atrapada entre la mano de Lena y la piel de su abdomen. ¿No empezaba a hacer demasiado calor?

Kara no pudo aguantar mucho más y de un movimiento rápido se separó totalmente de la morena y se levantó de la cama. Cuando vio que Lena se giraba hacia ella y abría los ojos buscándola, Kara balbuceó unas palabras que ni ella misma sabía cuáles eran y se metió en el baño.

Lena no pudo evitar echarse a reír cuando vio a la rubia salir corriendo sonrojada hacia el baño. La verdad es que ella ya llevaba rato despierta. De hecho, había podido notar como Kara se despertaba y cuando notó que la rubia había intentado separarse de ella, decidió jugar un poco.

¿Por qué lo había hecho? No quería pensar en ello. Despertarse con el brazo de Kara alrededor de su cintura se había sentido demasiado agradable. Si lo combinaba con lo que casi había la noche anterior, lo que había querido hacer… No quería pensar en ello.

Al cabo de cinco minutos, la rubia salió del baño con la cara mojada y se encontró con Lena sentada en la mesa mirando los papeles en los que había estado trabajando el día anterior.

- Buenos días. - dijo Kara pasando rápido para tumbarse de nuevo en la cama. Cogió un libro y fingió leerlo.

- Buenos días. ¿Has dormido bien? - dijo Lena divertida.

- Sí, aunque me está empezando a doler otra vez el costado. ¿Tienes más medicina? - le contestó sin levantar la mirada.

- Después de ver cómo te pusiste ayer, no sé yo si dártela. - rio Lena.

- No puedes quitarle lo que sea que me provocara eso.

- ¿Eso? - rio Lena - Preparar medicinas no es como cocinar un guiso. No puedo poner y quitar ingredientes como me apetezca.

- Me da igual. Te doy permiso para amordazarme si me pongo muy pesada. El dolor empieza a ser insoportable. - le suplicó Kara a lo que Lena se echó a reír aún más.

- Prometo no usar como arma lo que hagas mientras estás drogada si a cambio me dejas salir esta tarde al pueblo.

- ¿Para qué?

- Cosas mías. - le contestó Lena. Kara se la quedó mirando esperando algo más. No estaban allí para que Lena hiciera turismo por el pueblo. - Quizá encuentro algo que no te provoque efectos secundarios. - ofreció Lena.

Kara resopló.

- Está bien. Pero que te acompañe alguien y esposada.

- Perfecto. - le dijo contenta Lena mientras se giraba de vuelta a los papeles. - Toma la medicina. - le dijo Lena ofreciendo un vaso con el brebaje que Kara se tomó entre muecas de asco.

Kara se sorprendió de que Lena no se quejara por las cadenas. La estuvo mirando mientras trabajaba. Hacía tiempo que se había dado cuenta de que le gustaba mirar a la morena cuando ella estaba concentrada. No era la primera ni sería la última vez que lo hacía. Pero hasta ese momento no se había dado cuenta de que Lena llevaba la misma ropa de viaje mientras ella estaba en ropa cómoda y limpia. Tenía que pedir a Nia algo de ropa para Lena también.

Cuando Nia subió con el desayuno para las dos, Kara aprovechó para pedirle si podía acompañar a Lena por la tarde y le podía dejar ropa limpia. Evidentemente, Lena tuvo que volver a dar de comer a Kara.

Al rato, Nia volvió con una camisa y unos pantalones. Lena le dio las gracias y se fue al baño que quedaba a las espaldas de la cama de manera que Kara no la veía si estaba estirada. Una vez entró, dejó la puerta abierta puesto que Kara había empezado a hablar.

- Después de verte días y días desnuda, ¿ahora te vas a cambiar al baño? - preguntó Kara que notaba como las drogas comenzaban a hacer efecto en ella.

- Kara, ya sé que te mueres de ganas de verme desnuda, pero me voy a limpiar. Ya sé que los raoistas no tenéis el mismo concepto de higiene que nosotros, pero a mí me gusta no ir oliendo a sudor.

- ¿Me estás diciendo que huelo mal? - le preguntó Kara oliéndose a sí misma. Pudo escuchar la risa de Lena desde dentro.

- Entiéndelo como quieras.

Kara pudo escuchar el ruido del agua que salía del interior del baño. Quizá estaría bien que ella también se tomara un baño. La verdad es que no recordaba la última vez que se había tomado uno. Por Rao, debía oler muy mal.

Lena salió al cabo de un rato con el pelo suelto y la ropa limpia puesta. La verdad es que, con esa ropa, la temperatura del sur era bastante más soportable. Además, era liberador sentirse limpia y fresca de nuevo después de tantos días de viaje. Cuando miró a Kara se la encontró con la boca abierta, mirándola. Lena la miró interrogante con una ceja levantada.

- Es que nunca te había visto con el pelo suelto. Siempre lo llevas recogido.

- Kara, te están empezando a hacer efecto las medicinas otra vez. Si no quieres decir algo que te avergüence después, ponte a leer.

Kara obedeció y cogió el primer libro que encontró y empezó a leer. Lena se sentó y continuó trabajando en los papeles.

Kara calculó que pudo estar concentrada en el libro un total de diez segundos antes de que sus ojos viajaran de nuevo a Lena. La morena parecía totalmente absorta del mundo dedicada únicamente a lo que fuera que hubiera en esos papeles. Kara tenía envidia de ellos en ese momento. Ella también quería tener toda la atención de Lena. Veía cómo la morena paseaba el grafito por el papel dibujando algo y soñó en cómo sería sentirlas en su cuerpo. Oh, las drogas. Kara intentó desviar sus pensamientos de allí y volvió a centrar su mirada en el libro.

Esta vez aguantó doce segundos.

Parecía que mirar el perfil de Lena era lo más interesante y adictivo del mundo: esos ojos verdes que se movían resiguiendo los papeles, esos labios que tan cerca había tenido la noche anterior, esa mandíbula que tantas ganas tenía Kara de probar. Espera, ¿qué? Kara, en ese momento, se planteó seriamente dejar de tomar la medicina con tal de sacar esos pensamientos de la cabeza. ¿Qué narices le había dado Lena?

- Kara, por favor, deja de mirarme tan fijamente. - pidió Lena separando su vista del papel y mirándola directamente a los ojos. Lena hubiera jurado que nunca había visto a la rubia tan sonrojada como lo estaba ahora. Kara no dijo nada y volvió su vista al libro muriéndose de vergüenza por haber sido pillada in fraganti. Por lo menos, Lena no podía saber lo que se le estaba pasando por la cabeza, ¿verdad?

Y así pasaron la mañana: Kara luchando contra el efecto de las drogas y Lena y la morena intentando estar concentrada en acabar el plano mientras notaba la mirada de Kara fija en ella una vez y otra. Tenía que reducir la dosis de la medicina de Kara porque no podía más con la tensión.

El almuerzo se lo tomó Kara por sí sola. Ni siquiera le pidió a Lena que la ayudara. Como más lejos tuviera a la morena, mejor. Lena se acercó con las medicinas con la dosis reducida. Kara al principio se negó a tomarla por los efectos secundarios a lo que la morena le contestó que había reducido la cantidad a ver si eran más pequeños y Kara cedió y se las tomó.

Kara no quiso saber si era verdad o no si los efectos eran más pequeños. Prefería no arriesgarse. Se tumbó dando la espalda a la morena, cerró los ojos y se quedó dormida. Cuando se despertó ya era entrada la tarde y ni Lena ni las cadenas estaban en la habitación.

¿Dónde estaría? Seguramente estaría fuera, antes se lo había pedido. Miles de pensamientos cruzaban la mente de Kara protagonizados por Lena. ¿Desde cuándo no se podía sacar a la morena de la cabeza? Fácil, desde que la conoció en la posada de los Graves. ¡Qué de vueltas daba la vida! Y pensar que antes la odiaba a muerte y ahora… Por el amor de Rao, era una Luthor. No podía pensar en esas cosas. Aunque sus labios parecían…, ¿cómo sería probarlos? No, aquello seguro que era por culpa de las drogas. Lena era su prisionera. La llevaría hasta la capital y no volvería a verla. Vaya pena sería dejar de ver esos tatuajes, esas cicatrices, ese…

- ¡Por Rao, Kara, ¡céntrate! - exclamó Kara llevándose las manos a la cara.

- ¿Qué te pasa? - preguntó Lena que acababa de entrar a la habitación oyendo a la rubia quejándose. - ¿He reducido demasiado las medicinas? ¿Te han dejado de hacer efecto?

- Ojalá. - suspiró Kara. Lena la miró interrogante. - Digo, no. Todavía no me duele. No me hace falta más medicinas.

- Como digas. - le respondió Lena extrañada por las reacciones de la rubia. Quizá tendría que reducir aún más la dosis.

Lena, feliz, dejó los papeles que hasta ese momento Kara no se había dado cuenta que Lena se había llevado junto con las cadenas y se sentó en la silla.

- ¿Te vas a poner a trabajar otra vez?

- Solo un poco. Tengo que hacer un par de retoques y acabo. ¿Cómo te ha ido la tarde?

- Me la he pasado durmiendo. ¿Y la tuya? Pareces contenta.

- Mejor de lo que me esperaba, la verdad. - dijo Lena antes de girarse a concentrarse de nuevo en los papeles.

Kara cogió de nuevo el libro de esa mañana. Estaba vez consiguió pasar de la primera página. De hecho, le parecía interesante, aunque no sabía de qué iba aún. Al menos, consiguió centrar su atención en él en vez de en la morena.

Estaba tan concentrada en el libro que no notó que Lena se había levantado de la silla y se había sentado en la cama hasta que sitió la cama hundirse por su peso. Kara levantó la mirada encontrándose a Lena demasiado cerca para poder comportarse con normalidad. Hasta pudo notar algo de rubor subiéndole a las mejillas.

- ¿Qué lees? - le preguntó la morena.

- La leyenda de Rakro. - contestó dando gracias a Rao por encontrar su voz y saber hablar.

- ¿De qué va? - preguntó Lena interesada. Kara solo atinó a encoger los hombros. No lo sabía y, con la morena tan cerca, tampoco hubiera sido capaz de explicarlo si lo hubiera sabido. - ¿Me dejas mirar cómo tienes las costillas? - le preguntó Lena señalado el costado de Kara. Kara asintió dándole permiso. Lena levantó con cuidado la camisa de Kara encontrándose que el moratón se había reducido muchísimo. Aquello tenía muy buen aspecto. La morena pudo evitar llevar la mano hasta el lugar y tocarlo con suavidad. Kara pegó un pequeño bote ante el contacto. - Perdón, ¿te he hecho daño?

Kara se aclaró la garganta y negó con la cabeza. Lena notaba que Kara volvía a estar muy sonrojada.

- No, es que no me lo esperaba.

Lena bajó la camisa de Kara devolviéndola a su sitio. Miró la pila de libros que tenía Kara y cogió uno al azar. Volvió a la silla y se puso a leer.

Kara intentó imitarla y concentrarse de nuevo en el libro, pero le era imposible. Sentía el corazón latiéndole a mil y hacía un calor insoportable.

- ¿Podrías abrir la ventana? - le pidió Kara a Lena.

La ventana quedaba en la misma pared en la que estaba apoyada la mesa, a un lado. Lena se levantó y la abrió del todo dejando que el fresco de la tarde de primavera entrara en la habitación. El olor del mar invadió el lugar. Kara inspiró tan profundo como pudo y dejó ir todo el aire relajándose.

- ¿Te gusta el olor a mar? - le preguntó Lena al ver a la rubia relajarse. Kara asintió.

- Me recuerda a casa.

- ¿Ha cambiado mucho el palacio real? - preguntó Lena con algo de nostalgia.

Kara encogió los hombros.

- ¿Recuerdas el islote de la Soledad? Esa roca enorme que había en la entrada del puerto. - explicó Kara a lo que Lena asintió recordando la roca que había en medio de las puertas del puerto. - Pues construimos una fortaleza en él, la llamamos la Fortaleza de la Soledad. Original, ¿verdad? - rio Kara - Ahora toda la corte vive allí. Creo que el palacio real está abandonado.

Lena pensó en su antiguo hogar. Así que ahora no vivía nadie allí. Era una pena. Tenía bonitos recuerdos de aquel sitio.

Nia no tardó en aparecer con la cena. Comieron disfrutando de la compañía de la otra. Después de cenar, Kara se tomó otra dosis de medicina, aunque podía notar que el dolor era bastante más leve que al principio. No tardaría mucho hasta que pudiera, por fin, dejar de tomarse aquello y todo volviese a la normalidad. Porque todo volvería a la normalidad una vez dejara la maldita medicina.

Y llegó la hora de irse a dormir. Una vez las dos estuvieron vestidas listas para dormir y la ventana de nuevo cerrada, un silencio incómodo invadió la habitación. No sabían cómo continuar a partir de ese momento.

- Puedo dormir en el suelo. No es tan duro como puede parecer.

- No te haré dormir en el suelo cabiendo las dos en la cama. Te hago un hueco. - dijo Kara dejando un espacio para que Lena se tumbara a su derecha.

Lena no iba a negar que la idea de dormir en la cama con Kara era bastante tentadora. Solo porque la cama era más cómoda que un puñado de mantas. O eso le gustaba repetirse. En toda la tarde que estuvo por el pueblo, no había podido quitarse de la cabeza a Kara y las ganas con las que se había quedado la noche anterior.

Lena se tumbó en la cama boca arriba como Kara, aunque no tardó en cambiar la posición y se colocó sobre su costado izquierdo, mirando a Kara. Kara podía sentir la mirada de Lena muy cerca. Se estaba poniendo muy nerviosa. Intentó girarse para dejar a Lena a su espalda, pero se dio cuenta que para hacer eso tenía que tumbarse sobre las costillas rotas, así que esa no era no opción viable.

- Relájate, Kara. - le pidió con un susurro la morena. Lena podía sentir como la tensión que había aparecido entre las dos se podía cortar con un cuchillo. - No te voy a cortar el cuello. Sigues siendo más valiosa viva. - bromeó Lena intentando relajar el ambiente.

- Ni en mi estado podrías conmigo, Luthor. No podrías matarme ni aunque rezaras a todos tus dioses juntos. - bromeó de vuelta Kara a lo que Lena se echó a reír.

- No te creas. Son muchos dioses los que me pueden ayudar. No creo que seas capaz de luchar contra todos.

- Siempre puedo pedir ayuda a Rao.

- ¿Pretendes empezar una guerra de dioses?

Entre risas pareció que la tensión había disminuido. Lena se estaba muriendo de ganas de continuar la noche anterior. Pero no quería que todo se fuera al garete, así que intentó hacer lo que creía que menos asustaría a la rubia. Se acercó a ella y colocó su cabeza contra la clavícula y pasó el brazo alrededor de la cintura de Kara.

Pudo notar debajo de ella como Kara se tensaba por un momento, pero al cabo de un rato se relajó de nuevo.

Kara al principio se había querido morir allí mismo por la cantidad de cosas que estaba sintiendo. Su estómago estaba hecho un nudo, su corazón latía con fuerza y era incapaz de respirar con normalidad. Se centró en el olor a mar que aún quedaba en el aire y poco a poco pudo volver a relajarse, aunque sentía su corazón seguir latiendo con fuerza.

La respiración de Lena era profunda y calmada. Parecía dormida. De hecho, en cuánto Lena sintió que Kara se relajaba no tardó en quedarse dormida.

El brazo de la rubia había quedado atrapado debajo de Lena así que con cuidado lo sacó de allí y rodeó a la morena con él. Kara se concentró en la respiración de Lena, intentó sincronizar la suya con la de la morena y poco a poco también se quedó dormida.

Cuando Kara y Lena se despertaron a la mañana siguiente casi a la vez, se dieron cuenta de que ninguna de las dos había cambiado de posición lo que provocaba que tuvieran todo el cuerpo entumecido. Lena se separó un poco de ella tumbada a su lado, liberándola, y estiró todo su cuerpo. Kara agradeció su reciente libertad y también aprovechó para estirarse. Ambas se quedaron calladas boca arriba mirando el techo sumidas en sus propios pensamientos.

Lena se giró dispuesta a decir algo, pero la puerta de la habitación se abrió dejando paso a Nia cargada con la bandeja del desayuno. ¿Se habían olvidado de cerrar la puerta? Kara y Lena se miraron sorprendidas.

Mientras Nia las saludaba y dejaba la comida, Lena se levantó y se sentó en la silla para desayunar y le pasó la comida Kara para que ella también pudiera comer.

- ¿Te importa si esta mañana también voy fuera? - preguntó Lena.

Kara, que en ese momento tenía la boca llena, se encogió de hombros. La rubia solo quería estar sola para aclararse.

Después de desayunar, Lena se marchó de la habitación con Nia y sin manillas. Kara no dijo nada. No quería pensar en Lena ni en nada que tuviera estuviera relacionado.

Esa mañana habían decidido que Kara no se tomara más medicina. El dolor era soportable y Kara no podía más con los "efectos secundarios" que parecía que no se le iban a pasar nunca. Se levantó con cuidado y fue al baño a limpiarse. No quería seguir oliendo a sudor. No estaba totalmente curada, pero esos días de absoluto reposo habían hecho maravillas.

Cuando Lena llegó a la habitación, se encontró a Kara con el pelo húmedo y suelto con la espalda contra el cabezal de la cama leyendo.

- Te has ido sin las manillas. - informó Kara a Lena. No la estaba riñendo, ni era un reproche. Solo fue un comentario.

- Y tú te has limpiado. ¿Cómo te has notado?

- Bien, el dolor es soportable. Creo que me las puedo apañar bastante bien por mí misma.

- Bien.

Y esas fueron todas las palabras que cruzaron hasta que Nia llegó con la comida. Después del almuerzo, Kara se tumbó para dormir un poco más y Lena se puso a leer el libro que había empezado el día anterior.

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Próximo capítulo el jueves:

- ¿Qué está pasando aquí?