Durante días, siguieron la línea de la costa en dirección sur. A penas intercambiaron un par de palabras en esos dos días. Lena viajó todo el camino encadenada como lo hizo al salir de Gimina. Después de todo, parecía que para Kara habían vuelto al punto de partida.
Al mediodía del tercer día, ante ellas apareció una ciudad. No era la capital, no tenía ni la mitad de su tamaño. Pero era lo suficientemente grande como para llegar a tener más de diez mil habitantes. Iban justas de provisiones y Kara quiso acercarse al mercado para conseguir algo.
Quitó las cadenas a Lena para no llamar la atención y se metieron entre el gentío. Desde Gimina que no estaban rodeadas de tanta gente. De pronto un hombre se paró en frente de Kara impidiéndole avanzar.
- Princesa. - dijo el hombre mientras hacía una reverencia hacia Kara.
- ¿Sabéis quién soy?
- Por supuesto, mi señora. Permitidme que me presente: me llamó Maxwell Lord. Fiel súbdito del rey y gobernante de la región de Midvale. A sus servicios. ¿Puedo hacer algo por vos? - preguntó analizando a la rubia que a esas alturas del viaje tenía bastante mala pinta.
- Estoy de paso en dirección a la capital. Está siendo un viaje duro.
- Si me permitís el honor, os podría acoger a usted y su acompañante en mi hogar. Seguro que es más cómodo que cualquier otro lugar.
- Le estaríamos muy agradecidas.
- Síganme. ¿Han comido ya?
- La verdad es que estábamos buscando algo para comer en el mercado.
- ¡Perfecto! Yo me dirigía a mi palacio a comer. Pediré al cocinero que preparé comida para dos invitadas más. Le puedo asegurar que es el mejor cocinero que podrán encontrar en todo Midvale.
- Estoy segura de que sí.
El palacio de Lord era grande con bonitos frescos que decoraban todas las paredes. Tenía un gran patio central cuadrado con una grande fuente de la que brotaba agua que se repartía por las plantas del patio a partir de pequeños canales cavados en la piedra del suelo. Siguieron al hombre por diferentes pasillos y escaleras hasta llegar a una terraza con una gran mesa con vistas al puerto de la ciudad. Indicó a sus criados que preparan la mesa para un par de invitadas más. Mantuvieron conversaciones ligeras. Maxwell comentó nuevas noticias sobre el reino, nada de excepcional importancia, y comieron con tranquilidad.
Cuando Maxwell preguntó por quién era el acompañante de Kara, ella respondió que era algo delicado de contar y le dio un nombre falso.
Maxwell era un importante comerciante con flotas de barcos a sus órdenes para transportar las mercancías. Ofreció prepararles un barco directo hacia la capital para la mañana siguiente sin ningún problema. Aunque les pidió un favor a cambio: que asistieran al banquete que tenía previsto celebrar esa noche. ¿Qué mejor invitada que la mismísima princesa? Él se encargaría de todo, ropa, joyas, ...
Kara accedió encantada. Por fin, veía el final a ese largo viaje. Conseguiría llevar a Lena hasta la capital. El premio estaba tan cerca. Pero, ahora que por fin casi podía saborearlo, tenía un regusto más amargo de lo que esperaba.
Maxwell hizo preparar una habitación para las invitadas y les informó que en unas horas vendrían unas modistas para preparar las ropas para el banquete.
Evidentemente, la habitación tenía una sola cama, aunque esta vez era doble. Lena quería dormir. Estaba cansada física y mentalmente. Ya estaba. En cuanto se subiera a ese barco tenía dos opciones: morir tirándose por la borda o morir en la capital. No sabía cuál era peor.
Empezó a rebuscar por toda la habitación alguna cosa para no tener que dormir directamente en el suelo.
- ¿Qué haces? - preguntó Kara mirándola trasteando la sala.
- Buscar algo para usar como colchón. - informó Lena esperando que Kara sintiera compasión de ella y la dejara dormir en la cama, pero la rubia solo encogió los hombros y se tumbó cerrando los ojos. Por la respiración, pudo notar que no tardó mucho en quedarse dormida.
Después de diez minutos buscando por toda la habitación, no encontró nada decente. ¿Y si se escapaba ahora? ¿Cuánto tardaría la rubia encontrarla? ¿Conseguiría las suficientes horas de ventaja mientras Kara dormía? No, no lo haría. Solo conseguiría que todo fuera a peor si era posible.
- ¿Qué le vamos a hacer? - pensó en voz alta dirigiéndose al espacio vacío de la cama al lado de Kara y se tumbó.
Cuando Lena se despertó al cabo de un par de horas, Kara no estaba a su lado. Bueno, por lo menos, no la había matado por dormir a su lado. ¿Eso era un avance? Qué más daba, en unos días estaría muerta. Suspiró.
Alguien llamó a la puerta y Lena se levantó a abrir.
- Señorita, nos manda el señor Lord. - respondió una de las dos mujeres que tenía delante. Iban cargadas con telas y ropas.
- ¿Por qué?
- Somos las modistas.
- Claro, pasad. - dijo Lena abriendo la puerta del todo para que pudieran entrar. - ¿Sabéis dónde está la princesa?
- Está reunida con el señor. Nuestros compañeros ya se han encargado de su ropa. - explicó la otra mujer mientras las dos empezaban a mostrar telas, vestidos y ropas de todo tipo. - ¿Prefiere traje o vestido?
Kara se había despertado con el rostro de Lena a un palmo de distancia y, del bote que había dado para atrás, cayó de la cama. Lena no reaccionó, supuso que no se había despertado a pesar del ruido.
Tenía que salir de allí. Cuanto más lejos se pudiera mantener de Lena, más fácil sería cumplir la misión.
Después de que las modistas tomaran sus medidas y una aburrida conversación con Maxwell, regresó a la habitación a tiempo de ver salir unas mujeres de dentro cargando con diferentes ropas.
Cuando entró, se encontró con Lena desnuda de cintura para arriba.
- ¡Por Rao! ¿Vuelves a estar desnuda? - exclamó Kara cerrando la puerta y mirando el suelo.
- Iba a darme un baño. Ya que tengo que tragarme mi orgullo Luthor y salir ahí como si nada, quiero estar limpia. - explicó Lena mientras se desnudaba del todo.
- Con un poco de suerte, nadie te va a reconocer. Sabes que si descubren quién eres, sería peor. - contestó Kara que aún no había levantado la mirada del suelo y se tumbó sobre la cama mirando el techo.
- ¿Peor que andar hasta mi tumba? No sé yo. - finalizó Lena cerrando la puerta del baño tras ella.
Kara resopló. Esperaba que a Lena no se le ocurriera cualquier locura para esa noche. Igualmente, para estar segura, había pedido a Lord que la avisara si sus guardias veían a Lena hacer algo raro.
Lena estaba tardando muchísimo a salir del baño. Tanto que Kara estaba dudando en si entrar o no a ver cómo estaba. En ello estaba pensando cuando se abrió la puerta dando paso a una Lena envuelta en una fina tela blanca de ropa que debía haber usado para secarse.
- Has tardado mucho.
- Quería aprovechar el posiblemente último baño que me doy.
- Estás muy pesada. Mejor me voy. - dijo Kara saltando de la cama y cruzando la puerta para salir cuando oyó la respuesta de Lena:
- Perdón por quejarme porque me estés entregando a mi muerte.
Había decidido que era mejor prepararse para la cena por separado de Lena. No quería oír a la morena constantemente recordándole lo que estaba haciendo.
Así que allí estaba ella, en el patio central del palacio, donde iban llegando los invitados de Lord, esperando a Lena. El banquete iba a realizarse allí, bajo algunos árboles, donde habían colocado largas mesas. En las esquinas del patio, servían vino y fue allí a buscar una copa. Ya que tenía que aguantar todo ese paripé, no se estaría de nada. Cada vez estaba más y más lleno de gente que entablaba conversaciones los unos con los otros. ¿A cuánta gente había invitado ese hombre?
Iba por la tercera copa, cuando se fijó que los hombres y mujeres que había cerca de las escaleras miraban fijamente al piso de arriba sin decir nada. Por curiosidad, Kara se acercó al lugar para mirar que había allí y se encontró con una imagen que le quitó la respiración.
Lena bajaba por las escaleras ayudada por algunas criadas para que no pisara o se tropezara con el vestido que llevaba. Y qué vestido... Era una tela de seda granate que se amoldaba a su cuerpo y en todas y cada una de sus curvas, un gran cinturón dorado se adaptaba a su cintura casi como un corsé y le resaltaba las caderas y llevaba los hombros descubiertos lo justo para no mostrar sus tatuajes. Kara la había visto desnuda y no sabía qué visión le gustaba más. En realidad, sí lo sabía.
Tenía el pelo recogido de forma que resaltaba sus facciones y decorado con joyas doradas que brillaban sobre su melena oscura. Llevaba un simple maquillaje que hacía destacar esos ojos verdes.
Cuando se dio cuenta, Kara había subido las escaleras hacia Lena que ya estaba en frente de ella y le ofrecía la mano para que se la cogiera.
- Cierra la boca, princesa. No es muy elegante. - bromeó susurrándoselo al oído cuando estuvo lo suficientemente cerca.
Kara pudo notar el calor subiéndole a las mejillas y cerró la boca en un golpe seco. Suficiente vino por esa noche. Kara le ofreció el brazo y Lena se agarró a él. La llevó hasta el patio. A medida que avanzaban pudo notar las miradas de envidia de la gente a su alrededor. Se sentía la persona más afortunada del mundo.
Resto de la noche se le hizo más agradable a Kara. Estuvo toda la noche bromeando y tonteando con Lena como solían hacer. El vino que las dos se estaban tomando ayudaba bastante. De vez en cuando, la gente se les acercaba para hablar con ellas. Algunas parecían más interesadas en Kara, otras en Lena. Pero estaban tan concentradas la una en la otra que no solían darse cuenta de la gente que iba y venía.
Cuando casi todos los invitados se fueron, Kara y Lena agradecieron la cena a Maxwell y subieron ayudándose la una a la otra hasta la habitación. Estaban tan borrachas que hacía rato que no sabían de por qué reían, pero el caso es que todavía no habían parado.
- ¿Sabes me gusta más esta Kara? - dijo Lena una vez cruzaron la puerta de la habitación.
- ¿Qué Kara? - rio la rubia.
- La que no me ignora y no es una borde. - contestó Lena hinchando sus mejillas lo que provocó más risas en Kara.
- Oye, más respeto que estás hablando con una princesa. - dijo Kara hinchando el pecho intentando aparentar ¿entereza?
- Una princesa que ha estado a punto de acabarse las reservas de vino de toda Terha. - bromeó Lena golpeando suavemente el pecho de Kara y provocando que perdiera el equilibrio y se separara un par de pasos de ella.
- Y tú no me has ayudado para nada, ¿verdad?
- No, para nada... - le contestó Lena acercándose al tocador que había en la habitación y se dejaba caer sobre la silla de enfrente. Kara solo atinó a mirar embobada el movimiento de la morena. - ¿Me ayudas?
- ¿A qué?
- A quitarme todas estas piezas. - dijo señalando la decoración que llevaba en el pelo.
Kara se acercó y se arrodilló detrás de Lena y empezó a sacar con toda la delicadeza que su estado le permitía todas aquellas piezas. Eran pequeñas y delgadas pinzas con forma de ramas con algunas flores y hojas a lo largo. Poco a poco todo el cabello de la morena fue liberado y fue cayendo sobre sus hombros. Cada pieza que sacaba la iba colocando sobre el tocador. Mientras tanto, las dos se mantenían en completo silencio. Lena aprovechaba para mirar a Kara a través del espejo.
Una vez Kara acabó con el pelo, Lena se levantó y, siguiendo de espaldas a ella, le señaló la parte posterior del cinturón que llevaba. También se tenía que desatar desde atrás. La rubia con algo de dificultad se lo quitó, pero, a pesar de haber lo conseguido, seguía con las manos sobre la cintura de la morena. Echó el cuerpo ligeramente sobre el de Lena y apoyándose un poco en ella dejó el cinturón junto a las piezas que había sacado.
Devolvió su cuerpo para atrás en la posición anterior. Miró al espejo y se encontró con la mirada de Lena fija en ella. Llevó su mano a la clavícula de la morena y empezó a pasear la mano por allí en una ligera caricia. Separó su mirada de la de Lena y fijó su mirada en la espalda de Lena. Apartó el cabello de Lena a un lado y dejó un beso en la piel que acababa de descubrir. Miró de nuevo al espejo y vio a Lena tragar saliva. La morena tenía los labios ligeramente abiertos.
Kara devolvió su mirada al vestido para encontrar el cierre de este. Lo abrió y fue deslizando el vestido de Lena descubriendo lentamente su cuerpo hasta caer al suelo. Se quedó mirando los tatuajes que tenía en la espalda y el costado. Empezó a dibujar con sus yemas el patrón y los símbolos. Nunca le habían parecido tan preciosos. Buscó de nuevo la mirada de la morena, pero Lena tenía los ojos cerrados concentrada en las caricias de Kara.
La rubia dio un paso para atrás. Estaba volviendo a perder el control. Tenía que alejarse de Lena.
Cuando la morena notó que Kara se separaba de ella, abrió los ojos y se giró buscado sus ojos. No dejaría que volviera a huir. Colocó su mano sobre el hombro de Kara y se acercó de nuevo a ella. La rubia no se echó para atrás y dejó a Lena acercarse a ella. Colocó la mano que tenía libre sobre la mejilla de Kara y se acercó a dejar un beso sobre los labios de esta que no reaccionó al contacto.
Cuando se separaron, Lena pudo leer el deseo en los ojos azules. Solo le faltaba un empujón para caer. Cogió las manos de Kara y las colocó sobre sus caderas sin separar sus miradas. Rodeó el cuello de Kara con sus brazos y la volvió a besar. Esta vez la rubia le devolvió el beso y apretó el cuerpo de Lena contra el suyo. El beso fue subiendo de intensidad y la ropa de Kara no tardó en caer al suelo junto a la de Lena.
Cuando Kara despertó desnuda con un dolor de cabeza horrible, buscó el contacto con Lena. Buscaba abrazarla, pero solo se encontró un espacio vacío.
Levantó la cabeza confundida y encontró un pequeño papel doblado sobre la cama. Lo abrió y leyó lo que ponía en él:
"Lo siento"
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Próximo capítulo el martes:
- Te mataré.
