Hacía casi un mes y medio que había huido y no había vuelto a ver a Kara. Y ahora la tenía delante de ella, encadenada a un muro de piedras en una de las celdas del escondite de los Luthor.

Dos de las cadenas colgaban del techo y, atadas a las muñecas, mantenían los brazos de Kara alzados mientras estaba sentada en el suelo; otras dos salían del suelo y estaban atadas a sus tobillos. La habitación era oscura con una pequeña ventana alta por la que entraba algo de luz del exterior.

Cuando Kara la vio, se levantó directa hacia Lena furiosa.

- Te mataré. - gruñía Kara revolviéndose entre las cadenas e intentando llegar hasta Lena.

La morena se la miraba con los brazos cruzados y una ceja levantada desde una posición a la distancia suficiente de la rubia para que no la alcanzara.

- ¿Cómo se te ocurre llegar hasta aquí? - le preguntó Lena llevándose la mano al puente de la nariz. Habían encontrado a Kara merodeando los alrededores del escondite.

- ¿Cómo pudiste irte así? - le recriminó Kara tirando con fuerza de las cadenas.

- ¿Qué?

- ¿Cómo pudiste ir después de... de...? - decía dolida Kara.

- ¿Por eso estás aquí? ¿Por qué me fui después de que nos acostáramos? ¿Estás loca? - exclamó Lena sorprendida. Lo último que esperaba es que Kara la siguiera hasta tan lejos y sola. La rubia tiraba con fuerza de las cadenas para llegar hasta ella. - Por cierto, no vas a romperlas. Están hechas a prueba de kryptonianos. - dijo señalándolas.

- ¿Cómo pudiste caer tan bajo? ¿No se te ocurrió un plan más rebuscando que seducirme y después abandonarme? Eres una maldita...

- ¡Eh! Aquí nadie sedujo a nadie. Por lo menos, no apropósito. - se defendió Lena.

- Es lo que hiciste.

- Nunca fue mi intención que las cosas salieran de esa manera.

- Seguro que fue muy divertido verme caer como una idiota.

- ¡Por los dioses, Kara! Sí, me fui. Por la mañana nos metíamos en un barco directo a la capital. ¿Querías que cavara mi propia tumba?

- Y no había momento mejor que después de... - dijo Kara sin acabar la frase bajando la mirada y dejando de pelearse con las cadenas.

- De acostarnos. Ya te lo he dicho: no quería que las cosas pasaran así. - dijo acercándose un poco a la rubia y suspiró. - Lo siento, nunca fue mi intención herirte. - continuó sincera Lena.

- ¿Cómo has pasado la noche? Supongo que con esas cadenas no muy cómoda. - dijo Lena entrando a la celda cargada con una jarra y un vaso. No recibió ni una respuesta de Kara. Ni siquiera la estaba mirando. - Traigo agua. Lex dice que no te vamos a dar nada de comer. Quiere debilitarte. Por lo menos, ha aceptado que te traiga agua, pero con esas cadenas creo que necesitarás ayuda.

Lena llenó el vaso de agua y se acercó a la rubia que estaba sentada con la espalda contra la pared a la que estaba encadenada. La morena intentó girarle el rostro a Kara para que la mirara, pero Kara lanzó un mordisco. Lena pudo retroceder lo suficientemente rápido y separarse de la rubia que volvía lanzarse sobre ella.

- Supongo que no estarás tan sedienta. Nos vemos mañana. Te dejo el agua por aquí. Con un poco de suerte, a lo mejor llegas hasta ella. - dijo colocando los objectos en el suelo. Kara no llegaría al agua, pero, en el estado en el que estaba la rubia, no iba a acercarse a ella.

Cuando entró al día siguiente Lena se encontró la jarra tumbada en el suelo. Seguramente Kara, al intentar alcanzarla, la tumbó. Kara estaba sentada en la misma posición que el día anterior.

- Si me dejas acercarme, te dejo el agua lo suficientemente cerca como para que puedas cogerla por ti misma. - intentó conciliar con Kara. La rubia no respondió nada, solo la miraba con odio. ¿Sería eso un avance? Lena suspiró.

Dejó la nueva jarra de agua que llevaba en un agujero en la pared donde estaba atada Kara y volvió a alejarse. Se sentó en el muro opuesto de la celda y se quedó mirando a la rubia que la miraba interrogante claramente aún enfadada.

- Puedes beber, prometo que no la he envenenado. Eres más valiosa viva, ya lo sabes. Lex tiene alguna especie de plan que te incluye. Supongo que planea usarte como moneda de cambio, así que puedes estar tranquila: nadie te va a matar o a hacer algo. No lo voy a permitir. - decía Lena. Por la expresión de Kara entendía que la rubia no pensaba soltar una sola palabra. - Aunque no te lo creas, lo siento. Si lo hubiera sabido, si hubiera sabido que te iba a herir tanto, no lo hubiera hecho. A ver, sí me hubiera escapado. Pero no en ese momento. Supongo que debes pensar que tengo una mente retorcida... No te culpo.

Lena estuvo un rato más en la celda hablando sola ya que Kara se negaba a decir nada y, al cabo de unas horas, se fue.

Los siguientes días fueron parecidos a ese: Lena llegaba con más agua para Kara, se quedaba con ella un rato en la celda contándole su día a día intentando que Kara le dijera una sola palabra, disculpándose por herirla, pero la rubia seguía con la misma actitud.

Casi había pasado una semana y Kara había perdido ya bastante peso. Los huesos empezaban a notarse en su piel y las cadenas habían dejado marcas en sus muñecas y tobillos. Lena empezaba a preocuparse por la salud de la rubia, pero esta seguía igual. A penas la miraba, solo para lanzarle miradas de rencor y no había vuelto a pronunciar palabra desde el primer día.

En aquel momento, Lena se encontraba sentada en el suelo mirando a Kara en silencio. Le había contado una anécdota del día anterior que incluía gallinas, huevos y un sacerdote de Nai, dios de la tierra. Lena se reía solo de recordarlo.

- ¿Cómo lo lograste? - preguntó Kara al final. Lena la miró sorprendida. Kara podía ser muy terca y, al fin, había vuelto a hablar, pero no entendía la pregunta así que esperó que continuara. - ¿Cómo me sacaste tanta ventaja? Cuando me desperté, salí en tu búsqueda, pero no conseguí nada. Simplemente te desvaneciste.

- Resulta que no todo el sur es tan fiel a la corona como crees. ¿Sabías que Maxwell era un tirano con su gente? Abusaba de ellos y los trataba como si no fueran más que objectos para su disfrute. Las modistas habían sufrido mucho en sus manos. Ellas me reconocieron y me ayudaron y un montón de gente más. Me escondieron y me sacaron y se aseguraron de que no pudieras encontrarme.

- Ya veo...

- ¿Te duelen las cadenas? - preguntó preocupada.

- No te equivoques, sigo enfadada contigo. Lo único que quiero de ti es tu muerte. - gruñó Kara.

- Un encanto, como siempre que te pones así. Al menos sabemos que aún sabes hablar.

Lena llevaba días preocupada por el estado de Kara. Como mínimo llevaba diez días sin probar bocado y su cuerpo estaba muy débil. Hacía días que ni se intentaba levantar y apenas levantaba la mirada del suelo. La morena estaba tremendamente preocupada.

Sí, la abandonó en su momento. Pero eso no significaba que no se preocupara por ella, que no prefiriera que estuviera sana y salva en cualquier otro lugar, aunque estuviera lejos de ella. No la había seducido como parte de un plan maléfico. Simplemente pasó. Y no se sentía orgullosa del momento que había elegido para huir.

Después de la conversación que habían tenido días atrás, Kara no había vuelto a abrir la boca.

Lena entró e intercambió las jarras de agua. Pero, esta vez, en lugar de separarse de Kara se arrodilló delante de ella. Le tomó el pulso. Era débil. Necesitaba algo de comida con urgencia. La rubia no había hecho ni un solo gesto en contra de Lena. Deducía que estaba demasiado débil para hacer algo. Examinó las heridas que las cadenas le estaban haciendo en las muñecas y tobillos. Se le estaban infectado.

Lena cogió la jarra vacía y se fue.

Volvió a entrar al cabo de un rato cargando algo de comida, lo suficiente para que Kara no fuera a peor, y material para hacerle las curas a Kara.

- Bien, he conseguido convencer a Lex para traerte algo de comida y curarte las heridas. Ahora, te soltaré y te portarás bien. ¿De acuerdo? - explicó Lena, pero Kara no dijo nada.

Lena suspiró. Dejó todo lo que cargaba en el suelo y se acercó a Kara con las llaves de las cadenas. Al oír el tintineo de las llaves, Kara levantó la cabeza y observó en silencio como Lena la iba liberando poco a poco. Primero quitó las cadenas que tenía en los tobillos y continuó con las de sus muñecas.

Cuando Kara se sitió libre, se abalanzó sobre Lena y la atrapó debajo de ella. Llevó sus manos al cuello de la morena y apretó. Pero la morena se revolvió y casi sin dificultad intercambio las posiciones colocándose a horcajadas sobre Kara y sujetaba las muñecas a cada lado de la cabeza de Kara, aunque esta se intentaba zafar sin mucho éxito.

- Estate quieta. ¿No ves que estás muy débil? - gritaba Lena encima de ella.

- Eres una maldita zorra mentirosa. - gruñía la rubia mirándola furiosa.

- Estoy harta de tus rabietas. Llevas días sentada ahí sin decir nada y estoy perdiendo la paciencia. ¿Cuántas veces te tengo que decir que lo siento? No era mi intención herirte de esta manera. Necesitas comida y que alguien cure tus heridas. - decía enfadada Lena. No soportaba cuando Kara se ponía así.

- Antes muerta que aceptar nada de ti, manipuladora.

- Como quieras.

Lena se levantó de encima de Kara y fue hasta las cosas que había dejado a un lado. Kara intentó levantarse y seguirla, pero su cuerpo no tenía suficiente fuerza y cayó de nuevo al suelo. Lena cogió el plato de comida y se giró de nuevo hacia Kara. Mirándole a los ojos que la observaban desde el suelo giró el plato y volcó su contenido que cayó al suelo.

- Hasta que no me creas. - añadió y salió de la habitación.

- Antes muerta de hambre que caer en otro de tus trucos. - gritó Kara a la puerta que se cerraba detrás de Lena.

Al día siguiente, Lena no encontró la comida que había tirado al suelo, Kara se la debía haber comido. La rubia la miraba atenta desde un rincón encogida.

- ¿Me crees?

- Nunca

- Bien. - respondió Lena y tiró de nuevo la comida que le traía al suelo. Y sin decir nada más salió de la habitación.

Esa misma escena se fue repitiendo cada día. Lo único que cambiaba era la posición de Kara en la celda: a veces estaba estirada en medio de la celda, otras se la encontraba jugando con las cadenas o se la encontraba en la única parte donde el Sol tocaba en la habitación disfrutando de su luz.

- ¿Me crees? - preguntó nuevamente Lena el quinto día que llegaba con comida.

- Sí, pero no te perdono. - le contestó Kara mientras tomaba el Sol. Ni siquiera la miró cuando le contestó.

- Algo es algo. - contestó Lena. Se agachó y dejó el plato de comida en el suelo. Antes de irse de nuevo, añadió: - Mañana te curaré esas heridas.

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Próximo capítulo el jueves:

- La última vez no te quejaste cuando estuve muy cerca de ti.