Al día siguiente, Lena llegó cargada con la comida y lo necesario para curar a Kara. La rubia estaba sentada donde lo había estado normalmente al estar atada mirándola fijamente. Lena se acercó y le ofreció la comida. Kara la agarró con ansias y la devoró entera. Lena se preguntaba cómo podía comerse aquello con tantas ganas. Durante esos días, le habían estado dando las sobras que nadie quería de animales, frutas, plantas o lo que fuera. Eran los desperdicios de la comida y, definitivamente, no tenían buen aspecto.
Lena se esperó paciente a que la rubia acabara de comer de pie enfrente de ella. Kara le devolvió el plato una vez estuvo vacío, pero Lena negó con la cabeza.
- No, déjalo en el suelo. Te tengo que curar. - dijo mientras se arrodillaba delante de ella.
- No, gracias. - contestó apartándose de Lena y arrastrándose por el suelo. Todavía estaba demasiado débil para levantarse.
- Eres como una niña pequeña. - suspiró Lena poniéndose en pie persiguiendo a Kara. - ¿Tengo que pedir a alguien que te inmovilice?
Empezaron una pequeña persecución dando vueltas a la pequeña celda.
- No te me acerques.
- La última vez no te quejaste cuando estuve muy cerca de ti. - rio Lena parando. Kara paró también y le lanzó una mirada de odio. - ¿Demasiado pronto?
- Sí.
- Por favor, te curo y me voy. No te molesto más. - suplicó Lena. Kara pareció pensarlo.
- Está bien. - accedió Kara y apoyó su cuerpo contra la pared más cercana que encontró. Era la primera que sabía que la capa de pus que cubría la carne donde antes habían estado las cadenas no era buena señal.
Lena se acercó y empezó a limpiar las heridas de los tobillos. Le quedarían unas buenas cicatrices a la rubia. Aplicó un ungüento y tapó las heridas con unas vendas.
- Tengo la sensación que esto ya lo he vivido. ¿Tú no? - rompió el silencio la morena.
- De tenerte curándome unas heridas que tú me has hecho. Sí, yo también. - gruñó Kara cruzada de brazos.
Lena rio.
-Supongo que me lo merezco. ¿Me dejas? - dijo señalando las manos de Kara y sentándose junto a ella.
La rubia asintió y acercó las manos a Lena. La morena cogió una de las dos dejando caer la otra sobre su cintura y comenzó con el tratamiento.
- Sé que me has dicho que me crees, pero quiero explicarte mi versión ahora que parece que estás más receptiva.
- Te la puedes quedar para ti.
- Prefiero contártela, la verdad. - contestó la morena y, sin hacer caso a las quejas de la rubia, continuó hablando mientras se concentraba en curar las muñecas de Kara. - ¿Recuerdas cuando te conté que los dioses me habían mandado una señal para que cuidara de ti? Pues quizá mentí un poco.
- ¿Te inventaste que tus dioses te habían mandado una señal? ¿Eso no es pecado en tu religión? - le preguntó confundida.
- No era una mentira literalmente. Solo interpreté algo que pasó como quise para no tener que afrontar una realidad que me asustaba.
- ¿Qué realidad?
- Que no te quería abandonar. Yo te había dejado en ese estado y estábamos en mitad de tierra de bandidos. Dejarte allí hubiera sido lo mismo que matarte con mis propias manos.
- Soy tu enemiga. Eso deberías haber hecho. De hecho, deberías haberme rematado.
- ¿Aún piensas que sólo somos enemigas? - le preguntó Lena mirándola a los ojos fijamente. Había acabado con la primera mano y empezó con la siguiente.
- Lo que pasó nunca debería haber pasado. - contestó al cabo de unos segundos Kara.
- Pero pasó.
- ¿En el desfiladero no me considerabas tu enemiga?
- No lo sé. Sí y no. En ese momento, no quería darle vueltas a lo que estaba pasando.
- ¿Y ahora?
- Sigo sin tener la respuesta. Seguimos en guerra. Pero no te odio y, sinceramente, no creo que ahora mismo fuera capaz de matarte llegado el momento.
- Yo sí.
- Porque estás enfadada conmigo.
- Y porque es mi deber. Eres una Luthor.
Lena había acabado con la segunda mano, pero no se movió de su sitio. Miró con una media sonrisa a Kara.
- Repites una y otra vez lo mismo. Parece que estés intentando convencerte a ti misma de ello, pero no lo consigues.
- ¿Tú qué sabrás? - contestó molesta Kara mirando en otra dirección que no fuera Lena.
- Me protegiste muchas veces. En el sur, ocultaste siempre quién era para que nadie intentara hacerme daño.
- Eras más útil viva.
- Las dos sabemos que lo que me hubieran hecho no me habría matado. Lo hiciste porque no querías que me hicieran daño.
- Eso está en el pasado.
- No para mí.
- ¿Qué quiere decir eso? - preguntó Kara mirando de nuevo a Lena.
- Que el vínculo que cree contigo no ha desaparecido para mí. - suspiró sincera Lena mientras empezaba a recoger todo lo que había llevado. - Entiendo que estés enfadada. Yo también me sentiría traicionada si las cosas hubieran pasado al revés. - continuó y se levantó yendo hacia la puerta. - Tendré que revisarlo cada día. Tiene bastante mala pinta. Sería una desgracia para el reino si su princesa acabara sin manos y pies por unas cadenas. - bromeó.
- Bien felices que estarían los Luthor.
- No todos. - contestó Lena antes de cerrar la puerta.
El resto de días fueron bastante parecidos. Lena llegaba con comida y material para curar a Kara que se dejaba sin oponer mucha resistencia. No habían vuelto a tener una conversación tan larga como la última, pero, por lo menos, Kara empezaba a responder de vez en cuando a Lena o hacía alguna pregunta.
Lena se había limitado a contarle historias a Kara sobre su día a día o recuerdos de palacio o de su vida en las montañas. Kara aprendió mucho del pasado y presente de Lena durante esos días:
Para Lena, Lex era algo parecido a lo que para ella era Alex. Lo idolatraba.
Se pasaba los días entre pergaminos o paseando por el bosque. La morena disfrutaba perderse en el bosque en solitario, para ella era lo más parecido a la libertad y paz que podía lograr allí. No tenía muchos amigos o gente en la que confiara. También descubrió la historia de cómo se había hecho las cicatrices de los muslos que incluía rocas afiladas y un precipicio por el cuál casi cae cuando tenía unos quince años.
No lo iba a decir en voz alta, pero Kara no podía evitar que le gustara saber todas esas cosas de la morena, cosas que ahora ella una de las pocas privilegiadas en saber.
Descubrió que estaban en un antiguo templo, una especie de monasterio, dedicado a los antiguos dioses que habían abandonado décadas antes de la llegada de los kryptonianos. Por eso, no lo conocían. Aprendió que los cuatro gigantes de madera del pueblo donde estuvieron representaban a cuatro divinidades importantes, aunque no preguntó mucho sobre ellos. La verdad es que apenas sabía algo de la religión de Lena.
También descubrió que Sam y Ruby estaban allí. Era donde se habían refugiado después de huir de Gimina.
Con los días, las heridas empezaban a tener buen aspecto. La infección prácticamente había desaparecido. Además, aunque Kara todavía estaba débil, podía levantarse e, incluso, andar unos pasos.
- ¿Por qué cuidas de mí? - preguntó Kara mientras Lena la curaba. La rubia estaba sentada apoyada en una pared, mientras la morena estaba sentada a su lado.
- Porque no quiero que te pase nada malo. Te lo he dicho muchas veces. Lo último que tenía en la cabeza era en herirte. - rio Lena. Desde luego, no estaba pensando en eso esa noche. - Cuidé de ti en su momento y lo seguiré haciendo mientras me dejes. - dijo acercando su mano para acariciar el rostro de Kara, pero esta la apartó de un golpe. Lena se giró y se apoyó contra la pared sin mirar a la rubia. - Cambiando de tema, Lex me ha contado que está a punto de conseguir un gran trato que a lo mejor nos hace ganar la guerra. ¿Te imaginas que la guerra se acaba mientras tú estás aquí encerrada? - reía Lena mientras volvía de nuevo a su trabajo en las muñecas de Kara.
- ¿Se supone que eso me tiene que parecer gracioso?
- Cierto, supongo que a ti no te hará ni una pizca de gracia.
- Ni un poco.
Lena acabó las curas y se apoyó contra la misma pared y empezó a recoger las cosas. Después se quedó mirando hacia delante como lo estaba haciendo la rubia.
- Dice que me lo contará pasado el solsticio.
- ¿El solsticio? ¿Cuánto queda?
- Es la semana que viene.
- Ya veo... - suspiró triste Kara.
Lena se dio cuenta del tono que había usado la rubia. Había oído lo importante que era el solsticio de verano para los raoistas. Al final, Rao era algo parecido a su dios del Sol.
Al día siguiente, Lena llegó extrañamente feliz a la celda por lo que la rubia se pasó todo el rato mirándola interrogante.
- Tengo una sorpresa para ti. - dijo Lena cuando ya había acabado con las curas de Kara.
- ¡Qué bien! Me muero de ganas de saber qué es. - ironizó Kara.
- Vaya, parece que tu sentido del humor vuelve poco a poco.
- Ve al grano, Lena.
- He convencido a mi hermano que te deje celebrar el solsticio según tus ritos y todo eso.
- ¿Qué? ¿Cómo has conseguido eso?
- Porque tiene un pequeño "pero".
- ¿Y cuál es?
- Tendrás una hora para esos ritos. El resto del día tendrás que pasarlo con nosotros.
- ¿Con vosotros?
- No sois los únicos que celebráis el solsticio. Es posible que haya convencido a Lex de que, si te dejamos celebrar tus ritos y ves los nuestros, quizá conseguimos que nos dejes de ver como al enemigo y te cambies de bando.
- Antes muerta.
- Lo sé, pero él eso no lo sabe.
- ¿Y sabe lo que pasó entre nosotras?
- ¿Que si le he contado que me acosté con la princesa Zor-El? No, evidentemente no se lo he contado. ¿Quieres que me encierren contigo?
- Mira, eso sí que me parecería divertido. Quizá debería tener una charla con él.
- Quizá debería dejarte encerrada aquí todo el solsticio.
- Estaba bromeando, ¿no querías que volviera mi sentido del humor?
Lena estaba sentada en la pared enfrente de la que estaba apoyada Kara mirándola fijamente en silencio.
- ¿Qué? - le preguntó Kara finalmente.
- ¿Ese pueblo pesquero sigue en pie?
- Sí, ¿por qué?
- Me dijiste que, si escapaba, lo ibas a quemar entero.
- Era una forma de hablar.
- Porque no lo has hecho antes con Gimina. - ironizó Lena calmada.
- En ese momento, tenía otras prioridades como encontrar tu rastro. Además, me sentía en deuda con ellos.
- Entonces, ¿no lo ibas a hacer en ningún momento?
- No lo sé. Eran fieles a Rao y buena gente.
- La gente de Gimina también son buenas personas, aunque no te lo creas. Aunque recen a otros dioses.
- No estoy de humor para oír tus discursos, Lena.
Se quedaron un rato en silencio. Lena debía volver fuera. Llevaba horas allí dentro.
- Echo de menos a la Kara que sigue mis bromas, que me trata con cariño. - confesó Lena.
- No haberte ido. Podría haber cuidado de ti en la capital.
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Próximo capítulo el viernes:
- Vuestras cabezas tienen más valor si están unidas a un cuerpo vivo.
