Llevaba dos días sin ver a Lena, sin saber nada de ella. La comida se la había estado trayendo algún guardia y cuando preguntaba por Lena nadie le respondía.
Hasta que ese día fue la morena la que abrió la puerta. Kara, cuando la vio, se lanzó a sus brazos, pero Lena la apartó sin ni siquiera mirarla.
- ¿Qué ha pasado?
- Mis padres y Lex acaban de irse en misión diplomática. Me han dejado al cargo.
- ¿Qué? ¿Cómo?
- Te dejaré libre, pero irás siempre acompañada de unos guardias.
Dicho esto, se fue dejando a Kara con dos mujeres que la miraban con algo de rencor y desprecio. ¿Qué acababa de pasar? Lena ni se había dignado a mirarla.
Después del shock inicial, Kara salió tras Lena. Cuando llegó a la plaza la vio meterse en un edificio flanqueado por dos guardias. Intentó seguirla al interior, pero no la dejaron pasar. Insistió, pero lo único que consiguió fue cuatro armas apuntándole a la cabeza.
Resoplando cedió. Estaba en medio de la plaza y no tenía ni idea de qué hacer. Lena la había dejado medio libre y no tenía ni idea de nada. Estuvo dando vueltas pensando que hacer y recordó el pequeño altar que habían colocado a Rao en el claro del bosque y decidió que podría ser una buena idea ir a rezar un rato. Tenía muchos pecados a expiar.
Pero nunca llegó al claro porque se encontró con Sam. La morena la dejó acompañarla mientras realizaba algunos encargos. Por lo que veía, Sam se ocupaba de organizar y distribuir los recursos entre la gente. Aquello parecía una pequeña ciudad escondida entre viejas ruinas. Le recordaba un poco a su hogar.
Después de repartir algunos permisos, Kara y Sam entraron en lo que parecían unos aposentos. Había una gran sala de recepción con una gran mesa llena de papeles y un par de habitaciones conectadas. Ruby estaba jugando en la sala con el caballo que le había regalado Kara cuando entraron. Sam la mandó a jugar a su habitación mientras las mayores hablaban.
- ¿Qué ha pasado? - le preguntó cuando estuvieron solas.
- ¿A qué te refieres? - respondió Sam mientras se sentaba en una silla delante de los papeles.
- Lillian nos pilló.
- Eso me han contado. Se ve que no fuisteis excesivamente discretas. - dijo e hizo una pausa. - Si lo que me preguntas es qué pasó después de eso, te diré que no sé nada. Encerraron a Lena en el despacho de Lex con sus padres durante horas. Desde que salió de allí, no ha cruzado una palabra conmigo. Después se fueron dejándola al mando. No tiene mucho sentido la verdad.
- Quiero hablar con ella.
- ¿Para qué? Suficientes problemas le has provocado ya. Déjala en paz.
- No es una opción.
- No te voy a ayudar.
- El edificio que hay vigilado por unos guardias es donde están los despachos de los Luthor, ¿verdad? Es donde está Lena trabajando ahora.
- Sí, pero no te van a dejar entrar.
- No tengo nada que hacer. Puedo esperar a que salga. - respondió encogiéndose de hombros.
Y dicho esto, salió de los aposentos de Sam y rezó para no perderse en aquel laberinto de pasillos. Al final, logró salir de nuevo a la plaza, aunque juraría que no por la puerta por la que había entrado. Interesante, así que los edificios estaban conectados entre sí. Quizá podría encontrar alguna manera de colarse dentro del edificio donde estaba Lena, pero, con sus dos guardianes siguiéndola por todas partes, no creía que fuera muy viable.
Fue hasta la puerta del edificio vigilado y se sentó en un lado de las escaleras que había en frente con la espalda contra la barandilla. En esa posición, podía ver si salía alguien del edificio.
Estaba anocheciendo cuando Lena salió del edificio y se sorprendió por encontrársela allí, pero no le dijo nada. Solo pasó por su lado.
Kara corrió tras ella y cuando la alcanzó la agarró del brazo acercándola a ella. Al instante, pudo notar las armas de sus guardianes en su nuca. Lena les mandó bajar las armas.
- ¿Ahora me ignoras?
- Kara, suéltame. - dijo Lena mientras hacía un gesto para zafarse de la rubia. Después, se separó de Kara y se giró hacia un lado para no tener que mirarla.
- ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? - intentó acercarse Kara de nuevo a Lena, pero esta se volvió a separar.
- Sí, todo está bien.
- No me lo parece.
- Tú misma lo has dicho muchas veces. Solo somos enemigas en plena guerra. Así que o mantienes la distancia conmigo o te vuelvo a encerrar en una celda.
- ¿A qué viene esto ahora? ¿Qué ha pasado, Lena? Sam me ha dicho que tus padres te encerraron con ellos durante horas. ¿Qué te hicieron? - dijo mientras intentaba acercarse a acariciar el rostro de Lena, pero de un manotazo le apartó la mano y la encaró.
- Me hicieron ver la realidad y Lex me dio una última oportunidad. No le voy a fallar. Guardias, escoltad a la prisionera a sus aposentos.
- ¿Dónde puedo comer algo?
- ¿Perdón?
- He estado todo el día ahí sentada esperando que salieras. Tengo hambre.
- Mandaré a alguien para que te lleve comida. Largo de mi vista.
Los guardias la cogieron de los brazos y la arrastraron por el templo hasta el interior de una sala mientras ellos montaban guardia fuera.
El lugar no estaba mal. La habitación era muy pequeña y apenas cabía la pequeña cama, pero era más cómoda que esa celda oscura.
Pero la prioridad ahora era descubrir qué demonios le había pasado a Lena.
Cuando se despertó la mañana siguiente, seguía sin saber qué hacer allí así que se levantó y se volvió a sentar en las escaleras igual que el día anterior.
Hasta el anochecer Lena no salió del edificio y, cuando la vio en las escaleras otra vez, se llevó las manos a la cara.
- ¿Te has vuelto a pasar el día aquí?
- Sí. - dijo mientras se levantaba a hablar con Lena.
- Eres muy pesada cuando quieres. - contestó mientras bajaba las escaleras.
- Fue a hablar. - respondía Kara mientras la seguía.
- Normalmente, la situación es al revés.
- Sí, normalmente soy yo la que no quiere hablar contigo y tú me persigues hasta que lo consigues. Se necesita mucha paciencia, ¿verdad? - bromeaba Kara.
- Sí y estás agotando la mía. Kara, vete a otra parte a hacer lo que sea y déjame en paz. - decía claramente molesta Lena y se detuvo en medio de la plaza.
- No tengo mucho que hacer la verdad.
- Tranquila, me encargaré de darte alguna tarea, aunque sea picar piedras.
- Entonces las picaré rápido y volveré aquí a esperar a que salgas.
- Por los dioses, Kara. ¿Qué quieres?
- Hablar contigo.
- Ya estamos hablando.
- Hablar contigo de verdad y en privado a poder ser.
- ¿Desea algo más la princesita? - gruñó Lena. Kara se llevaba el premio a la mujer más terca que había conocido nunca. - Está bien, a ver si me dejas en paz de una vez.
Lena le indicó que la siguiera y fueron hasta los aposentos de la morena. Kara no les había prestado mucha atención la última vez que estuvo allí. Los guardias se quedaron montando guardia mientras ellas cerraban la puerta después de entrar.
Kara se dedicó a pasearse curioseando por la sala. Las paredes estaban llenas de bonitos frescos con imágenes de los antiguos dioses, dedujo. Un carraspeo llamó su atención. Lena estaba con los brazos cruzados esperando que dijera algo.
- ¿Qué pasó con tus padres?
- Ya te lo dije.
- Lena, te conozco lo suficiente como para saber que no cambiarías de opinión de la noche al día.
- Me conoces desde hace unos meses. No sabes nada de mí.
- Quizás. - insistió Kara. Si no conseguía que la morena se abriera por las buenas, lo haría por las malas. - Te encerrabas durante horas conmigo en una celda para que te perdonara y ahora me evitas. ¿A qué juegas? - le reprochó la rubia.
- Yo no juego a nada.
- Pues a mí me parece que has vuelto a conseguir tu capricho y me vuelves a abandonar como hiciste la primera vez. - le echó en cara la rubia, aunque sabía de sobras que aquello no era cierto, pero necesitaba que la morena reaccionara como fuera. - Seguro que en el fondo lo tenías todo planeado. Nunca debí haberte creído. -escupió con rabia fingida.
Y Lena le soltó una bofetada que giró la cara de Kara del golpe. Lena agarró su rostro y lo volvió para que la mirara.
- Sabes de sobra que las cosas no son así. - gruñó iracunda.
- Sí, lo sé. - dijo Kara llevándose la mano a la cara. Vaya fuerza tenía la morena. - ¿Por qué te niegas a aceptarlo tú ahora?
- No lo niego. Pero esto tiene que acabar. - contestó soltando a la rubia y ganando algo de distancia.
- ¿Por qué?
- Porque estamos en guerra. - respondió dándose media vuelta y alejándose todavía más de la rubia.
Kara suspiró. No iba a conseguir mucho más ese día.
- Tú era la que quería ignorar eso. Tú eras la que insistía en esto. - dijo señalándolas a ambas. - Ahora no pienso volver allí. No voy a dejar que te alejes de mí. - añadió Kara antes de irse.
Cuando al día siguiente Lena salió del edificio y se encontró con Kara esperándola allí, ni siquiera se molestó en decirle algo o mirarla. Siguió su camino hacia su habitación notando como Kara iba tras ella. Entró en sus aposentos, pero antes de cerrar la puerta, Kara puso el pie y entró tras ella.
La rubia se sentó en uno de los sillones de la sala y se la quedó mirando con una sonrisa de suficiencia. Lena no podía creer lo que veía.
Lena necesitaba distanciarse de Kara. Y la rubia no la dejaba en paz.
- ¿Te crees que puedes entrar, así como si nada aquí? Que yo sepa, no te he invitado a entrar.
- No me habías ni saludado. Ahora que ya me has dirigido la palabra me puedo ir. - dijo Kara y se fue dejando a Lena sola y desconcertada.
Lena llevaba horas entre papeles intentando encontrar una alternativa a la ruta que usaban con los Graves. Después de que esa maldita rubia descubriera toda la organización, debía encontrar alguna manera de hacer llegar los recursos o no tardarían en quedarse sin.
De la plaza empezó a llegar un gran jaleo. Lena se levantó y miró por la ventana para ver que se había formado un círculo en el centro de la plaza con dos personas en el interior peleándose a puñetazos. Una de ellas era Kara.
- ¿Es que no puede estarse quietecita ni cinco minutos?
Lena salió corriendo del despacho y se abrió paso entre la multitud para ver a Kara en posición defensiva contra Vázquez, una de las guardias que se suponía que estaba vigilándola.
- Cuando lanzas el gancho por la derecha, abres demasiado tu guardia. Tienes que ir con cuidado. - explicaba la rubia a la guardia.
- ¿Qué demonios está pasando aquí? - levantó la voz Lena para llamar la atención de todos los presentes.
- Me aburría y le he pedido entrenar, sin armas claro. - respondió simplemente la rubia encogiéndose de hombros.
Lena no se lo podía creer. ¿En qué estaba pensando Kara? ¿En qué estaba pensando Vázquez?
- ¿Ahora te dedicas a entrenar con el ejército enemigo?
- Es que me aburro. Deberías darme las gracias. Os estoy ayudando.
- Mientras no mates a nadie, haz lo que quieras.
Lena volvió a su despacho y continuó trabajando. Si Kara intentaba llamar su atención, no lo iba a conseguir.
Después de una hora sin poder avanzar nada, se rindió y decidió salir a dar una vuelta a airearse. Kara seguía en el centro de la plaza. Cada vez había más y más gente entrenando o mirando el espectáculo.
Lena se sentó en las mismas escaleras donde se solía sentar Kara y se unió a los espectadores.
Lex le había dado una última oportunidad y no pensaba fallarle. Le había contado parte de un plan que les iba a hacer ganar la guerra. Y allí entraba en conflicto con lo que sentía por la rubia. No podía seguir a su lado mientras conociera y formara parte del plan de Lex. Sentiría que estaba usando a Kara, mintiéndole, y ella no era así. Por ese motivo, la había querido mantener alejada, pero la rubia se lo estaba poniendo difícil. No lo iba a negar, pero era entretenido ver a Kara hacer esfuerzos para llamar su atención. Aunque sus métodos eran algo particulares.
En ese momento, Kara estaba intentando luchar contra tres rivales al mismo tiempo. Lena podría apostar que sus soldados estaban disfrutando dándole una paliza a la rubia. Sería mejor que interviniera si no quería que Kara acabara demasiado magullada.
Hizo entrar a Kara a su despacho. La rubia apenas podía andar y se llevaba la mano a las costillas izquierdas, las que se había roto hacía tan poco tiempo.
- ¿Cómo se te ocurre? - le preguntaba Lena mientras curaba los cortes que tenía en la cara. Kara se había sentado en la silla del despacho mientras Lena estaba encima de la mesa.
- Quizá tenía la esperanza de que tuvieras piedad de mí y me curaras las heridas. - bromeó Kara.
- Así que te has dejado dar una paliza para que te cuide. - confirmó Lena divertida.
- Sé que se te da bien. Además, por primera vez, no me tienes que curar heridas que me has hecho tú. - rio Kara.
- ¿Estás echándome la culpa de las cadenas? Fuiste tú solita la que se metió en la boca del lobo. - reía Lena.
- Pero te perseguía a ti.
- Y por eso es culpa mía. - ironizó Lena. Acabó de curar a Kara y dejó el material encima de la mesa y se levantó, pero Kara se levantó también y la atrapó contra la mesa.
- Evidentemente. Es tu culpa que viniera hasta aquí.
- Kara, para. Ya te he dicho que esto tiene que acabar. - decía Lena mientras empujaba a la rubia.
- Y yo ya te he dicho que no pienso rendirme. - afirmó Kara, pero dejó que Lena la separara de ella. - ¿Qué ha cambiado en dos días?
Lena se separó de Kara dándole la espalda.
- Estamos en guerra.
- Sí y antes, también. - se acercó Kara y pasó los brazos alrededor de la cintura de Lena. La morena dejó caer el peso sobre el cuerpo de la rubia y se agarró sus brazos. Se quedaron quietas en esa posición sintiendo el calor del cuerpo de la otra.
- Pero ahora todo es diferente.
- ¿En qué sentido? - preguntó Kara apoyando la cabeza sobre el hombro de Lena.
- No te lo puedo explicar.
- ¿Tiene algo que ver con el hecho que todos los Luthor se hayan ido dejándote al mando y el plan de Lex?
- Sí, no te voy a contar nada.
- No te lo estoy pidiendo, pero si quieres decirme cómo pensáis ganar la guerra, me harías un favor. - bromeó Kara.
- Muy graciosa. Cuando mi madre nos encontró, mis padres pensaban ejecutarme por traidora. Pero Lex les convenció de que podía ser muy útil en su gran plan. No me contó los detalles, solo lo que tenía que hacer. Por eso, me han dejado al mando. No puedo cumplir con mi familia y estar contigo al mismo tiempo, Kara. Siento que estoy jugando contigo y no es justo.
Kara se separó levemente de Lena y la hizo girar entre sus brazos.
- No me puedo creer que vaya a decir esto, pero me da igual. - dijo Kara sorprendiendo totalmente a Lena.
- ¿Qué? ¿Doña "tengo que cumplir con mi deber" está diciendo lo que acabo de escuchar? - rio Lena mientras pasaba los brazos alrededor de la cabeza de Kara.
- Estamos en guerra, sí. Cada una tiene sus planes y sus misiones, pero no tiene por qué ser un impedimento a lo nuestro.
- Kara, no es como si compitiéramos por quién corre más rápido. Nuestras misiones incluyen que nos matemos mutuamente.
- Yo no soy capaz de matarte y tú, a mí, tampoco. ¿Con eso no te vale?
- Pero no solo somos nosotras.
- Me da igual. Lena, por favor. Odio tenerte delante y no poder tocarte, acariciarte. ¿No te sientes igual?
- Sí, claro.
Kara rompió el poco espacio que quedaba entre ellas y le dejó un beso en los labios. Se alejó y esperó a que Lena reaccionara. La morena la miró fijamente a los ojos. Dentro de ella estaba teniendo lugar un gran debate entre hacer lo correcto o dejarse llevar.
- Esto no va acabar bien.
- Ten fe.
El debate acabó y Lena se acercó a besar a Kara. El beso no tardó en subir y subir de intensidad. Kara alzó a la morena por la cintura y esta envolvió a la rubia con sus piernas.
La rubia las llevó hasta delante de la mesa y dejó allí a Lena. Fue quitándole poco a poco la ropa mientras repartía caricias sobre la piel que iba descubriendo. Cuando acabó, dejó de nuevo un beso sobre sus labios y bajó dejando un rastro de besos desde su cuello pasando por sus pechos hasta llegar sobre el tatuaje que tenía en el costado. Resiguió la tinta negra con besos y continuó bajando hasta hundirse en la morena.
Después de aquel asalto, Lena pensó que era mejor idea continuar en su habitación así que allí estaban las dos.
Lena tenía a Kara entre sus brazos con la cabeza escondida en su cuello mientras estaban tiradas en la cama. La rubia hacía un rato que se había quedado dormida después de acabar exhausta. Solo hacía unos días que Kara estaba desnutrida y débil y, ahora, la morena se sorprendía con la resistencia que demostraba tener la rubia. No quería imaginar lo que un cuerpo kryptoniano podía pedir en condiciones normales.
Notó como Kara empezaba a dejar besos en su cuello y sus manos se movían juguetonas por su cuerpo.
- Por los dioses, Kara. Estoy agotada. - gimió Lena.
- ¿Ya? - gimoteó la rubia. - Yo quiero más.
- Después de seis asaltos no puedo más. No todos tenemos un cuerpo kryptoniano. Siempre tendremos tiempo para más.
- ¿Me prometes que no volverás a separarte de mí?
- Te lo prometo. ¿Y tú?
- También te lo prometo. Siempre te protegeré.
Pasaron un par de días en los cuáles su rutina consistía en que Kara entrenaba mientras Lena trabajaba. A media tarde la rubia la visitaba en su despacho y la observaba mientras estaba concentrada, solo hasta que se cansaba de solo mirar.
Lena tenía amenazados tanto a Kara como a los soldados para que ninguno acabara excesivamente magullado. No quería tener que estar cada día con la enfermería llena curando a idiotas que no tenían como pasar el tiempo. Por el momento, parecía que todos se estaban comportando.
Kara se había pasado los últimos días feliz. No podía evitar disfrutar de cada segundo que pasaba con Lena, de lo divertida que le parecía su expresión cuando llegaba con algún corte o herida que la morena tuviera que curar. Quizá, solo quizá, se dejaba hacer esos cortes para tener la excusa para dejar que Lena la cuidara.
Lena, por otra parte, a pesar de haber cedido a estar con Kara o lo que fuera aquello, sabía que llegado el momento la rubia la odiaría. Así que se concentró en disfrutar mientras tanto.
Lena estaba guardando una paloma en la jaula de su despacho cuando Kara entró sudada después de estar entrenando todo el día. Se acercó a la morena y dejó un beso en los labios.
- Kara, ya sé que nunca hemos tenido esta conversación y que no estás acostumbrada a ello, pero, por favor, por mi bien, límpiate cada vez que acabes de hacer ejercicio.
- ¿Qué? - preguntó confundida la rubia mirándose.
- Apestas.
- Vaya, lo siento mucho. - le contestó apenada.
- Tranquila, ya sé que los raoistas no tenéis por costumbre limpiaros muy a menudo. - bromeó Lena mientras cogía la anilla que le había quitado al animal y la mojaba en tinta.
- ¡Oye! ¡Qué nos limpiamos una vez a la semana! - contestó indignada Kara.
- ¿Y eso te parece suficiente? - rio Lena que ahora se había sentado en su silla y pasaba la anilla por el papel dejando un rastro de tinta.
- ¿Sí? - contestó algo dudosa.
- Después te voy a enseñar una de nuestras fantásticas tradiciones ancestrales.
- ¿Quieres corromperme ahora?
- ¿Ahora? - bromeó Lena mientras cogía una lente y la pasaba con encima de la tinta.
- ¡Por Rao! Si la Voz de Rao se entera de lo que hice durante el solsticio, me excomulga. - exclamó Kara dejándose caer sobre una de las sillas llevándose las manos a la cara. Lena se reía de la expresión de horror de la rubia. - ¡Oye! Sacerdotisa de Iza, yo no le veo la gracia.
- Perdón, perdón. - dijo Lena levantando las manos ligeramente y volvió a concentrarse en el papel.
- ¿Qué estás haciendo?
- Lex me ha enviado un mensaje y lo estoy leyendo.
- ¿Cómo te ha mandado el mensaje?
- Con la paloma.
- ¿Usáis palomas?
- Sí, ¿vosotros?
- Depende. - respondió encogiendo los hombros. - Alex, por ejemplo, tiene un halcón como mascota que usa para llevar mensajes. - rio Kara con algo de nostalgia.
- ¿Qué te hace tanta gracia? - le preguntaba Lena mientras se levantaba y se acercaba a Kara.
- Que el pájaro de Alex se desayuna a los tuyos.
- ¿Y eso te parece divertido? - dijo Lena cruzando los brazos y sentándose sobre la mesa cerca de Kara mirándola con expresión divertida.
- Mucho la verdad. - respondió Kara acercándose a Lena.
- ¿Así? - preguntó dejando que Kara se le acercara, pero, cuando la distancia era de apenas medio palmo entre las dos, la apartó. - No, primero te tienes que limpiar.
- Está bien. - suspiró Kara - ¿Dónde?
- En los baños.
- ¿Tenéis baños aquí?
- ¿Te sorprende? Que los prohibierais en todo el reino no significa que hayan desaparecido. El de Gimina estaba en funcionamiento hasta que llegaste tú. - explicó poniendo un ejemplo. - Y no me extrañaría que después de que se vaya J'onn, los vuelvan a abrir. A la gente o, al menos, a los que no somos raoistas, nos gusta ir limpios.
- Los cerramos porque era el lugar donde se solían reunir los corruptos para cerrar tratos. Cada cual se puede limpiar en su casa. - gruñó ofendida Kara.
- Cariño, como se nota que nunca has disfrutado de los placeres de un buen baño. - rio Lena.
Al final, entre quejas de Kara, Lena la arrastró hasta el edificio donde estaban las termas. El lugar consistía en dos salas enormes con unas grandes bañeras con agua a diferentes temperaturas donde se bañaban varias personas a la vez. Una de las salas era para mujeres y la otra, para hombres.
Una vez estuvieron dentro, Lena se desnudó y tuvo que obligar a Kara para que también lo hiciera.
- Ahora entiendo tu faceta exhibicionista. - murmuró Kara muerta de cuando entraron en la sala y se encontró con que todas las mujeres allí dentro iban desnudas sin ningún complejo.
- Por todos los dioses, Kara. No vas a ver nada aquí que no hayas visto ya. - reía Lena.
- No estoy acostumbrada, ¿vale? ¿Y ahora qué? - preguntó esperando a que la morena le diera órdenes.
- Ahora nos limpiamos bien y entramos en una de las bañeras.
- ¿Mientras hay más gente dentro? - preguntó horrorizada Kara.
- Por eso nos limpiamos bien antes de entrar. Tranquila vas a estar a suficiente distancia del resto para que no te sientas incómoda.
- Ya me siento incómoda. - gruñó Kara siguiendo a Lena.
Después de todo, cuando Kara consiguió relajarse en una de las bañeras, tuvo que aceptar que se estaba muy bien allí. Aunque seguía sin acostumbrarse a estar desnuda entre tantas mujeres desnudas.
Al cabo de una hora de sufrimiento, o eso le había dicho a Lena, se fueron a los aposentos de esta a descansar. O, al menos, eso pensaba Lena, pero Kara cada día estaba más recuperada y tenía más energía. Necesitaba tener una conversación con la rubia porque ella necesitaba dormir más de una o dos horas por noche.
Al final, esa noche Lena solo consiguió dormir una horita abrazada a Kara antes de tener que volver a trabajar.
Kara se despertó sola en la cama. Se levantó y se encontró con Lena vistiéndose en la antecámara.
- Buenos días. - la saludó Kara mientras se desperezaba.
- Buenos días. ¿Te he despertado? - preguntó Lena acercándose a la rubia para dejarle un beso en los labios.
- No. - respondió medio dormida aún la rubia. - ¿Ya te vas? - preguntó mientras rodeaba el cuello de la morena con los brazos.
- Tengo mucho trabajo que hacer y hay cierta rubia que viene a distraerme a mi despacho.
- Vaya, tienes que decirme su nombre. Tengo que tener una charla con ella. - bromeó mientras dejaba unos cuantos besos cortos sobre los labios de Lena.
Los besos fueron subiendo de intensidad y parecía que Lena no iba a conseguir llegar temprano ese día cuando las campanas de alerta las interrumpieron.
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Próximo capítulo el martes:
- Ella cuidó de mí mientras era su prisionera. Es justo que ahora yo haga lo mismo.
