Y empieza la última parte de la historia…
*/*/*/*
Lena no solía navegar. De hecho, que ella recordara, nunca se había subido a un barco. Pero, después de cinco días en el mar, podía confirmar sin ninguna duda que lo odiaba con toda su alma.
No estaba acostumbrada a que el suelo se moviera y balanceara bajo sus pies. No había ni un momento de tranquilidad, ni silencio, ni espacio propio para respirar en paz. Además, solo se podía ver agua y la fina línea de la costa a lo lejos y, si no fuera por su situación, se aburriría en exceso.
El caso es que no podía relajarse ni un segundo. Kara no se separaba ni un segundo de ella y Alex había prohibido a cualquier soldado ponerle las manos encima, pero eso no evitaba que los soldados la insultarán cada vez que se cruzaran con ella o la miraran de forma lasciva o cargada de odio. No sabía qué odiaba más.
Alex llegó al refugio de los Luthor con un gran ejército para rescatar a Kara. Sus guardias pudieron contener el ataque el suficiente tiempo como para que la mayoría de civiles huyeran, pero los que quedaron allí fueron ejecutados por traición, excepto ella. Ella era más valiosa viva. La hicieron prisionera y la arrastraron hasta un barco. Ahora, navegaba hacia la capital acompañada de Kara, Alex y el ejército de esta última.
Su único consuelo es que, por lo menos, tenía un camarote que compartía con Kara del cual evitaba salir para no tener que soportar al resto. La versión dada a los demás fue que Lena estaba encerrada como una prisionera en una celda bajo la vigilancia de Kara. Pobres ilusos.
Lena se había quedado sola en el camarote un momento mientras Kara había salido a dar una vuelta por el barco. La morena pasaba el rato tumbada en la cama contando las nubes mirando por una pequeña ventana que había en el camarote
En realidad, Alex había pedido a su hermana hablar a solas, o todo lo a solas que se podía allí. Estaba en el exterior, en la popa del barco, en la parte más alejada de los marineros que trabajaban a esa hora en la cubierta, esperando a que Kara llegara.
- ¿De qué querías hablar? - preguntó directamente Kara tan solo llegar. No le gustaba la idea de dejar a Lena sola allí, así que quería acabar cuanto antes posible para volver con ella.
- Hola a ti también. - contestó claramente enfadada Alex.
- Lo siento, hola. ¿Cómo has estado?
- Hasta ahora pensaba que mejor que tú, pero no lo tengo tan claro.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Qué relación tienes con Luthor, Kara? No te has separado de ella desde que te rescaté. Estás siendo muy protectora con ella teniendo en cuenta quién es.
- Ella cuidó de mí mientras era su prisionera. Es justo que ahora yo haga lo mismo.
- ¿Te estás oyendo, Kara? ¿No has encontrado una excusa más mala?
- ¿Qué quieres que te diga entonces? ¿Me has llamado solo para echarme en cara cómo me comporto con Lena?
- Te he llamado porque me preocupas. No olvides quién es la prisionera, Kara. ¿Has olvidado a todos tus hombres que ella ha matado? ¿Has olvidado que mató a tu mejor amigo?
- Ella no tuvo nada que ver con la muerte de James.
- ¿Cómo estás tan segura?
- Pondría la mano en el fuego por ella.
Alex no respondió y se limitó a apoyarse sobre la baranda del barco. Kara suspiró. Entendía la desconfianza de Alex. Ella solía ser así. Estuvieron un rato en silencio mirando la costa.
- ¿Cómo está Kelly?
- Su hermano murió quemado vivo a manos de una prisionera que ahora va de camino a la capital. ¿Cómo crees que está? Ha pedido irse con las tropas de los Lane. También ha ido Winn con ellos.
- ¿Ha pasado algo?
- Se han visto muchos barcos de los daxamitas concentrarse en los puertos cercanos a la frontera. Han ido con una flota a confirmar que no pretenden nada y a llevar una advertencia del rey.
- Daxam no hará nada. Si intentara atacar Terha, tendría todas las tropas terhanas y kryptonianas encima antes de llegar a pisar suelo terhano.
- El rey ha pedido una reunión con ellos para aclarar el asunto, así que pronto podremos descubrir sus intenciones. ¿De verdad crees que estás haciendo lo correcto con Lena?
- Lena cuidó de mí, me curó y me protegió. Confío en ella.
- ¿Qué te ha pasado estos meses, Kara? Antes, el único motivo por el que te acercarías a un Luthor era para rebanarle el cuello.
- Supongo que he empezado a ver las cosas desde otra perspectiva.
- Espero que esa perspectiva no te convierta en una traidora. No querría ver a mi hermana colgada de la horca.
- Soy fiel al rey y a la Casa de El. Eso no cambiará nunca. Solo he madurado y he visto la guerra desde otro punto de vista.
- ¿El de los Luthor?
- El de Lena. Ella solo quiere proteger y cuidar de la gente como nosotras. No somos tan distintas.
- Yo de ti me callaría esas palabras.
- ¿Es una amenaza?
- Es una advertencia. Soy tu hermana y tengo la esperanza de que recapacites, pero no todos en la capital serán tan comprensivos como yo.
Lena oyó el tintineo de unas llaves y el cerrojo de la puerta abrirse. Kara entró acompañada de Alex.
Lena apenas recordaba una niña pequeña de cinco años. Esa era su edad la última vez que se habían visto. Ahora esa niña era general de las fuerzas de la corona y prácticamente no le había dirigido la palabra desde que la capturó.
- Espero que vosotras dos sepáis lo que estáis haciendo. - dijo Alex antes de irse de nuevo cerrando la puerta detrás de ella.
- Vaya, veo que la cosa ha ido bien. - habló Lena una vez Alex se había ido.
- Podría haber ido peor. - contestó Kara dejándose caer sentada sobre la cama donde Lena estaba tumbada.
- ¿Sabe algo?
- No le he dicho nada, pero lo intuye. La última vez que la vi fue antes de irme a Gimina y supongo que no soy la misma que se fue de la capital. - suspiró Kara.
- ¿Te arrepientes de nosotras ahora que volvemos a tu casa? - le preguntó mientras se incorporaba y acariciaba su cabello.
- No, prometí que siempre te protegería y pienso cumplirlo. - contestó cogiendo la mano de Lena y dejando un beso en ella.
- Kara, ve con cuidado, por favor. Sigo siendo el enemigo.
- Lo tendré, tranquila.
- Me preocupa que vuelvas a tus costumbres de hacer idioteces. - bromeó la morena y la rubia rio.
Kara dejó un beso en los labios de Lena y se tumbó a su lado.
- ¡Kal, quiero hablar contigo un segundo! - dijo Kara mientras perseguía a su primo por los pasillos de la fortaleza.
- Kara, si es para que convenza a mi padre para que saque a la Luthor de la celda, ya te he dicho que no. Una prisión es el sitio que le corresponde. - le contestó exasperado Kal frenando para hablar con ella. La rubia llevaba días sin pronunciar una frase que no contuviera las palabras "Luthor" y "liberar".
- Lleva tres días encerrada allí y apuesto lo que quieras a que no le habéis sacado nada. Déjame que yo me encargue. Dejadla bajo mi custodia y yo le sacaré información.
- ¿Te das cuenta de que nuestro mejor interrogador se está encargando? Por eso, está en la capital y no aquí. ¿Por qué ibas a tener tú más éxito? - le preguntó mientras se frenaba a mirarla.
- Querrás decir torturador. Me he pasado los últimos meses con ella. La conozco.
- Después de lo de Gimina, será complicado que vuelvan a confiarte nada. - respondió emprendiendo la marcha. Kara se adelantó y le cerró el paso.
- Tú sabes tan bien como yo que los recursos que me dieron fueron una miseria. Cualquiera hubiera fracasado.
- Eso no les importa a ellos.
- Si consigo desenmascaran a un corrupto yo sola, ¿crees que tengas lo necesario para ayudarme?
- No te he dicho que el motivo por el cual no te ayude sea que no tenga con qué. Cualquier Luthor es un peligro y tiene que estar encerrado.
- Kal, por favor. ¿Qué daño podría hacerme Lena? Yo me encargaré de que no pueda hacerle nada a nadie y, por experiencia, Lena va a estar más dispuesta a soltar información por las buenas que por las malas.
- Espero que estés en lo cierto. Está bien. Dame algo con lo que trabajar y te ayudaré. - accedió al final Kal.
- ¡Gracias, eres el mejor primo del mundo! - le contestó la rubia abrazándolo feliz. La rubia lo soltó y se fue corriendo.
- Bonitas cicatrices, las de las muñecas. Supongo que eso demuestra lo inofensiva que es. - le gritó mientras se alejaba.
Ahora que había conseguido que Kal la ayudará con la liberación de Lena, solo le quedaba encontrar las pruebas para demostrar de qué tipo de calaña estaba hecho Maxwell Lord. Solo había un problema: no sabía por dónde empezar.
- Alex, necesito que me ayudes. - dijo Kara que llegaba corriendo hasta el jardín de su casa donde Alex estaba cuidando de Etón, su halcón. El animal estaba posado sobre el brazo que Alex tenía levantado.
- Sorpréndeme. - le contestó sin perder de vista el animal.
- Maxwell Lord, el gobernador de Midvale, es un corrupto y quiero demostrarlo.
- ¿Y qué pinto yo? - le preguntó mirándola con una ceja levantada.
- No sé cómo hacerlo. ¿Podrías ayudarme? - dijo poniendo una cara de niña inocente con la que sabía que Alex no podría decirle que no.
Alex intentó resistirse a ello, pero no tuvo éxito.
- Está bien. - suspiró Alex. – Dime al menos, por favor, que no tiene nada que ver con Lena.
- Para nada. - respondió con un tono que Alex identificó en seguida como el que usaba la rubia cuando intentaba mentirle.
- Solo espero que no nos metas en ningún lio. – accedió con desconfianza.
Después de un día encerradas entre papeleo, Alex y Kara encontraron lo necesario para acusar a Lord de corrupto. Enseñaron los documentos al consejo y estos accedieron a aceptar las acusaciones en su contra y a condenarlo. Enviarían a alguien a apresarlo y traerlo a la capital.
Ese mismo día, Kal consiguió convencer al rey para que Kara se encargara de Lena y la rubia pudo ir a la ciudad a buscarla. Lena no estaba en buen estado precisamente. Se pasó todo el camino hasta la fortaleza inconsciente y Kara tuvo que cargarla en sus brazos hasta su hogar.
Durante dos días, Kara estuvo cuidando de ella con la ayuda de Alex. La rubia no tenía ni idea de cómo cuidar de alguien herido. Normalmente, ella era la que estaba herida así que tuvo que suplicarle a Alex por su ayuda. La mayor, al principio, se negó completamente. No quería ni acercarse Lena. Kara, al final, le confesó todo lo que había pasado entre ellas y Alex acabó cediendo.
*/*/*/*
Próximo capítulo el jueves:
- Entonces supongo que quieres hablar conmigo.
