La biblioteca consistía en un par de salas en la planta más alta del edificio de los talleres. No era muy grande, pero estaba abarrotada de estanterías llenas de libros que formaban estrechos pasillos. Un amable chico llamado Demos era el encargado de cuidar de todo aquello y las había ayudado a encontrar lo que necesitaban.
Después de estarse moviendo por la fortaleza, Lena se dio cuenta de que casi todas las paredes estaban pintadas de ese amarillo arenoso y cubiertas por bonitos frescos. Había algunos que representaban escenas del mar, como los que tenía Kara en su habitación, pero también había otros con escenas de comercio, banquetes y batallas. Podía pasarse horas solo para apreciar todas esas pinturas.
Después de dos horas buscando en los archivos, Kara no logró encontrar nada referente a sus padres. Lena, en cambio, encontró diferentes libros que hablaban de la ciencia kryptoniana, sus máquinas y sus métodos matemáticos. Parecía una niña pequeña a la cual le habían hecho el mejor regalo del mundo.
Cuando llegó la hora de que Kara se fuera con Jeremiah, le dio pena sacar a Lena de allí. Avisó a la morena y a Demos y la dejó con los guardias que siempre la acompañaban por la fortaleza cuando salía de la residencia de los Danvers.
Al cabo de unas horas, Kara lamentó haber llevado a Lena a la biblioteca. No la había visto desde que se había sumergido entre los libros. Por lo que sabía, ni siquiera había comido ese día. Cuando la volvió a ver era de noche en su habitación.
- ¿Entretenido el día? - saludó Kara a Lena desde su mesa donde había estado trabajando en unos papeles que le había dado Jeremiah. Kal le había reclamado que se tomará más en serio aquello si realmente un día quería ser su mano derecha y Kara había decidido hacerle caso.
- Muy interesante. Es verdad que en medicina no sabéis tanto como nosotros, pero realmente es fascinante la tecnología que habéis desarrollado. El estudio sobre los intercambios de calor y energía que suceden como consecuencia de la cremación de combustibles para generar industria que no necesite la fuerza animal está a años de distancia de nuestros conocimientos. - le contestó ilusionada Lena.
- No he entendido la mitad de las palabras que has dicho. - le dijo cara con cara de circunstancias.
- Quemáis carbón para que las máquinas de las fabricas se muevan solas. - le aclaró Lena de forma simplificada mientras colocaba al lado de los papeles de Kara algunos libros que había sacado de la biblioteca.
- ¡Ah! Sí. ¿Qué tiene de especial?
- Que a nosotros no se nos había ocurrido y eso hace que seáis capaces de fabricar más rápido.
- Bueno aún no ha llegado aquí del todo. Están trabajando en ello, pero todo esto viene de Krypton y no está precisamente aquí al lado. ¿Tan interesante te parece?
- Sí, aunque he encontrado algunos errores que se tendrían que revisar.
- Bueno, ya has encontrado con que distraerte. Últimamente, te veía muy aburrida. - dijo levantándose y rodeando el cuello de la morena con sus brazos.
- Por mucho que disfrute las vistas de verte entrenando, me aburría. Es cierto. - rio Lena mientras pasaba sus manos por la cintura de la rubia.
- ¿Crees que podrías enseñar todo eso a los científicos de la corte?
- ¿Por qué?
- Porque es posible que el trato para sacarte de prisión incluyera que te sacara información de los Luthor. Poco después de que te despertaras, me presionaron para que empezaras a soltar información, pero con las medicinas que le diste a Alex se calmaron. Y supongo que no tardarán a volver a presionarme.
- Veré qué puedo hacer, pero no prometo nada, Kara. Son cosas nuevas para mí.
- Estoy segura de que puedes con ello. - la animó y dejó un beso en los labios de la morena.
- Sin presión, solo mi cuello depende de ello. - ironizó Lena.
Al cabo de unas horas, Kara estaba estirada con la cabeza apoyada sobre el abdomen desnudo de Lena en la terraza. La morena acariciaba el cabello rubio, mientras la rubia acariciaba el gran tatuaje del costado de Lena.
- ¿Me recuerdas de quién eran estos tatuajes?
- De Iza, diosa del conocimiento.
- Esa era la diosa de la que eras sacerdotisa. - afirmó Kara.
- Sí.
- ¿Todos los sacerdotes tenéis tatuajes así? - preguntó curiosa.
- En general, cada uno, no hace falta que sea sacerdote, se tatúa los símbolos de los dioses a los que se siente más unido.
- Para nosotros está mal visto porque son antiguas tradiciones terhanas.
- Lo sé. A veces, ha llegado gente a nuestro refugio que han sido desterrados de sus hogares solo por tener tatuajes.
- Vaya... - Kara respondió quedándose callada un rato.
Empezaba a tener hambre y no habían cenado. Se levantó y comprobó que alguien había dejado una bandeja con comida en el rellano de las escaleras. Esperaba que no hubiera sido Alex con todo el ruido que habían hecho. Realmente no sabía cómo llevaba el tema Alex. No solían hablar de ello porque nunca lo habían hecho y no sabía cómo hablar de ello con su hermana.
Cogió la comida sin salir mucho de la habitación ya que seguía desnuda y volvió con Lena que no había separado sus ojos de las magníficas vistas de las que estaba disfrutando. Empezaba a refrescar y se colocó una camiseta que había quedado abandonada en el suelo provocando un puchero en Kara. La rubia cogió también algo para taparse y se sentó en el sofá dejando la bandeja en la pequeña mesa. Lena se sentó a su lado apoyando parte de su peso en ella y se pusieron a comer.
- ¿Qué significa ser sacerdote para ti? - preguntó Kara retomando la conversación.
- ¿Qué quieres decir?
- Pues que, para nosotros, un sacerdote tiene que mantener un celibato y dedicar todas las horas del día a servir a Rao. Tú no pareces hacer lo mismo.
- Para nosotros, ser sacerdote significa ayudar en el templo y durante las celebraciones y honrarlo con nuestro día a día.
- ¡Ah! Por eso te pasas todo el día entre libros, no es porque te guste. - bromeó Kara.
- Aunque fuera raoista, me pasaría el día entre libros.
- Me gusta.
- ¿Que me pase el día entre libros?
- El tatuaje.
- Si quieres te hago uno a juego. - rio Lena.
- Muy graciosa. El día que tú le reces a Rao.
- Pues lo llevamos claro.
Se echaron a reír las dos.
No tardaron en acabar de cenar y volvieron a la cama a descansar.
Tal y como Kara le había pedido, Lena estuvo trabajando duro en la biblioteca estudiando y aprendiendo todas esas ciencias nuevas para ella con la ayuda de Demos. Había algunas cosas que no entendía y Kara le había dicho que quizá Alex la podría ayudar. Resultaba que la rubia no sabía mucho de esos temas para la no sorpresa de Lena.
Así que ahí estaba Lena, paseando por los jardines de los Danvers en busca de Alex que a esa hora debería estar con Etón. Cuando se los encontró, el pájaro se estaba comiendo una paloma bajo la mirada atenta de Alex.
- ¿Un tentempié? - preguntó Lena a Alex mientras se acercaba.
- Sí, cada vez hay más palomas por aquí. Tendré que empezar a controlar lo que come o será incapaz de volar. - bromeó Alex.
- Siempre puedes encerrarlas.
- ¿A las palomas? No habrá jaulas para tantos pájaros.
Estuvieron un momento en silencio mirando como el ave acababa de apurar los restos del pájaro muerto.
- ¿Te ha dicho Kara lo que estoy haciendo en la biblioteca? - rompió el silencio Lena.
- Sí, me pidió que te ayudará si no entendías algo. ¿Es por eso que estás aquí?
- Sí, hay algo que no entiendo de un tratado sobre movimientos infinitos en cuerpos sólidos. - contestó Lena enseñando unos manuscritos que tenía en la mano.
- Vamos dentro y le echo un vistazo. - dijo Alex haciendo un gesto para que la siguiera.
En el interior, Lena y Alex entraron en lo que parecían los aposentos de esta última. Como Kara, Alex tenía su rincón para las armas. Sin embargo, su mesa era bastante más grande y estaba llena de libros. Además, el cuarto solo constaba de una sola gran ventana que daba al mar como salida al exterior. Las paredes y el techo eran similares a los de la habitación de Kara, pero el suelo estaba hecho con azulejos negros y blancos.
Se situaron encima de la mesa y Lena mostró la parte que no entendía.
- No entiendo por qué usa este teorema. Con este otro que he encontrado, el resultado sería diferente. Prácticamente lo contrario.
- Es que es el segundo el que está bien. Años después de que se hiciera este estudio, se descubrió que había algunas partes que estaban mal desarrolladas por culpa de las bases que había usado. Pero, ¿esto lo has visto tú sola? - le preguntó asombrada.
- Sí, ¿por qué?
- Porque este nivel solo lo tienen unos pocos en toda Terha y suelen tardar años en llegar hasta él. Y tú ¿cuánto llevas? ¿Una semana estudiándolos? Es impresionante.
- Gracias, supongo.
- Es una lástima no haber podido contar contigo. Hay estudios que se han quedado encallados y no son capaces de hacerlos avanzar. Si con tu ayuda fueran capaces de salir adelante, quizá el plan de Kara salga bien.
- ¿No crees que sea un buen plan?
- Hasta ahora no. Era complicado que obtuvieras el conocimiento de años en semanas, pero has superado mis expectativas. El problema es que el consejo te puede ver como una amenaza. En el mejor de los casos, convertirán el centro de ciencias en tu nueva celda.
- Al menos mi cuello seguirá intacto.
- No toda la ciencia que están haciendo sirve para crear cosas buenas. También están desarrollando armas. Ya te puedes imaginar a quién irán destinadas.
- Así que, en el mejor de los casos, estaré atrapada construyendo armas que se usarán contra mi propia gente. Genial.
- No lo habría dicho mejor.
- Vale, gracias por tu ayuda. - contestó agradecida recogiendo todos los papeles que había llevado y preparándose para irse.
- De nada. - se despidió Alex, pero entonces se acordó de algo. - ¡Oye! Antes de que te vayas, tengo un mensaje para Kara y para ti de parte de todos los que vivimos en esta casa. Bajad el volumen, por favor. Las paredes son delgadas y pasáis mucho rato en la terraza.
- Perdón, lo tendremos en cuenta. - dijo rápido Lena antes de salir corriendo avergonzada.
Subió rápido hasta el cuarto de Kara y se encontró a la rubia allí puliendo la daga que habían comprado días atrás.
- ¡Has llegado temprano! ¿Estás sonrojada? ¿Quién lo ha conseguido? ¿Tengo que preocuparme?
- Depende, tengo un mensaje de tu hermana.
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Próximo capítulo el martes:
- ¡¿Cómo se te ocurre?!
