Vaya, se ha adelantado...
*/*/*/*
- Vamos, va a ser divertido. - decía Kara arrastrando a Lena escaleras abajo hasta el patio de entrenamiento.
Kara había llegado al mediodía a su habitación pues había reunión del consejo y, otra vez, la habían echado y se había encontrado con Lena sentada en el escritorio haciendo algunos cálculos.
La verdad es que Kara necesitaba distraerse y qué mejor manera que hacerlo con Lena. Empezaba a estar harta de que la echaran de las reuniones del consejo. No era una niña. Aunque su consuelo era que, esta vez, hasta habían echado a Alex y Kal de la reunión.
Una brillante idea para ella y una muy mala para Lena se le había pasado por la cabeza. Quería que la morena entrenara con ella un rato.
- Divertido para ti. - se quejaba Lena.
- Venga, es para hacer algo juntas. Últimamente, nos pasamos el día cada una con sus cosas y casi no nos vemos ni pasamos el rato juntas.
- Eso díselo a tu hermana. Estoy segura de que no está de acuerdo contigo. - respondió mordaz Lena.
- No vuelvas a sacar el tema, por favor. Aún no soy capaz de mirar a mi hermana a la cara. - contestó algo sonrojada Kara.
- Tampoco es para tanto.
- ¿Recuerdas lo cerrados que somos los raoistas con ese tema?
- Cierto, sois unos santurrones. - dijo metiéndose con ella.
- ¡Oye! Aquí podemos todos meternos los unos con los otros. - dijo Kara medio ofendida, medio en broma.
- Vale, vale, …
- Solo un ratito, por favor. Y, después, te enseño algo que seguro que te gusta. - ofreció Kara y como respuesta recibió una pícara sonrisa de la morena. - Lena, no me refería a eso.
- Pues es una pena.
Al final, Lena cedió más por curiosidad de saber a lo qué se refería Kara que por ganas de entrenar.
Resultó que cada una tenía diferentes técnicas para casi todo: desde posiciones defensivas hasta maneras de atacar. Para Kara, a quién le gustaba aprender nuevas formas de luchar, fue realmente interesante pues, al no haber visto nunca la forma de pelear de la morena, le era difícil de prever sus movimientos y le puso las cosas difíciles. Más de una vez estuvo cerca de llevarse un buen golpe de Lena.
- Por todos los dioses, Kara. No puedo más. - dijo Lena sentándose sobre una pila de paja.
- ¿Este es el aguante de los Luthor? ¿Cómo llevamos veinte años en guerra? - se burló Kara.
- Aquí hay quién gana batallas con su cerebro, no su músculo.
- Vamos, no llevamos ni una hora.
- A este ritmo, voy a tocar la cama y me voy a quedar dormida. Tú verás. - la amenazó.
- Está bien. - cedió Kara.
Mientras Lena recuperaba el aliento sentada, Kara se acercó a algunos sirvientes que había cerca y les dio algunas órdenes que Lena no llegó a oír. Cuando volvió junto a Lena, se dejó caer a su lado.
- ¿Y eso? - preguntó Lena señalando al sirviente que se alejaba a cumplir con lo que Kara le había pedido.
- Es lo que te quería enseñar. Tardará unos minutos en estar listo.
- Miedo me das.
- Solo intento ser una buena anfitriona.
- ¿Qué quiere decir eso? - preguntó Lena confundida.
- Es una sorpresa. - dijo acercándose a darle un beso que la morena recibió encantada.
Cuando el mismo sirviente se acercó y le dijo a Kara que estaba todo listo. Se levantaron y la rubia las guio hasta el sótano de la casa.
Allí junto a la zona para lavarse, había colocada una gran bañera de madera llena de agua humeante. Lena no podía creer lo que veían sus ojos. Por fin podría tomarse un baño decente.
- Es lo más parecido que he podido encontrar por aquí a tus baños.
- Es perfecto. - respondió Lena dándole un beso de agradecimiento.
Se limpiaron el sudor y se metieron en la bañera quedando Kara entre las piernas de la morena y apoyada contra su pecho con su cabeza descansando cerca del hombro de Lena.
- Muchas gracias, lo echaba de menos. - decía Lena mientras acariciaba los brazos que Kara tenía apoyados sobre sus rodillas dobladas.
- Solo quiero que te sientas a gusto. No sabes lo feliz que me estoy sintiendo estos días aquí y contigo. Hay momentos en los que consigo olvidar esta porquería de guerra. No soporto tener que estar sufriendo cada día por ti. - contestaba calmada Kara.
- Es lo que nos ha tocado vivir. - respondió Lena dejando un beso sobre los cabellos rubios.
- Siento que lo vivimos como si fuera el último día.
- Porque quizá lo es. Nunca sabemos si a los de tu consejo se les va a ir la cabeza y van a pedir mi cuello. - bromeó Lena.
- Yo no le veo la gracia. - respondió Kara seria.
- ¿Cómo quieres que me lo tome? Podría pasarme todos los días amargada y quejándome, pero creo que no sería agradable para ninguna de las dos. Prefiero aprovechar el tiempo contigo. - se justificó Lena y bajó sus caricias hasta las muñecas de Kara resiguiendo las marcas que tenía allí. - Menudas cicatrices te han quedado.
- Supongo que acabe como acabe esto, siempre te voy a recordar. - dijo Kara.
Nunca en su vida había estado enamorada, así que no sabía que era lo que se suponía que se tenía que sentir. Pero después de todo ese tiempo con la morena podía asegurar que estaba enamorada de ella. Y estaba aterrada, por la situación, por la guerra y, sobre todo, por no ser correspondida.
Lena estaba trabajando en la habitación de Kara esa tarde. Por lo visto alguien importante había llegado a la fortaleza y la habían echado de la biblioteca y encerrado allí sola. Demos amablemente le había traído algunos libros que necesitaba, mientras Alex y Kara se habían ido para la recepción.
Realmente esa persona debía ser alguien importante porque ambas hermanas se habían ido vestidas para la ocasión: Kara se había puesto una especie de mono completamente negro salvo el escudo de su familia en grande y dorado en su pecho y algunas vetas doradas que recorrían toda la ropa. Como adorno, también llevaba una larga capa dorada. La verdad es que la morena no podía recordar la ropa que llevaba Alex porque quedó demasiado impresionada con Kara como para prestarle atención a la otra mujer. Kara, vestida de esa forma, parecía mucho más madura, segura y poderosa y, desde luego, le favorecía mucho el conjunto.
Debía haber pasado la media tarde cuando se escuchó mucho ruido en el exterior y, después, en el interior del edificio de los Danvers. Lena se preguntaba qué debía estar pasado y si ir o no a mirar. Al poco tiempo, Alex apareció cargando a una Kara magullada.
- ¡¿Qué ha pasado?! - exclamó Lena asustada viendo a Kara en ese estado.
- Que es idiota. - contestó Alex mientras Lena examinaba a la rubia. Tenía cortes en la espalda y algún corte en la cara. No parecía nada grave en comparación a todas las heridas posibles que le había dado tiempo a Lena a imaginar en pocos segundos.
- Bueno, eso no es ninguna novedad. - respondió Lena.
- Estoy aquí, gracias. - gruñó Kara dolorida. Lena la ayudó a quitarse los restos de camisa que llevaba pegada al cuerpo por la sangre mientras Alex iba a buscar algo para hacerle las curas.
- Esto se está convirtiendo en una mala costumbre. ¿Qué has hecho ahora?
- Insultar a la Voz de Rao. - respondió Alex por Kara entrando de nuevo a la habitación.
- ¡¿Cómo se te ocurre?! - exclamó sorprendida Lena.
- Es idiota, te lo he dicho. - respondió Alex.
- Ha venido exigiendo que subamos los impuestos porque le falta dinero y yo le he dicho que venda la máscara de oro o alguna de las tantas joyas que lleva puestas. - explicó Kara haciendo muecas de dolor mientras Lena acababa de quitar los restos de tela negra de la espalda y limpiaba las heridas.
- Lo ha visto como una ofensa y ha mandado azotar a Kara. Después le han dado unos cuantos golpes para acabar. - añadió Alex.
- No sé si echarme a reír o pegarte yo también por idiota. - contestó Lena. - Ya estás en la cuerda floja por mi culpa como para que añadas más leña al fuego.
- Pero es que no tiene ningún derecho a pedir más de la gente cuando él tiene de sobras. Y, encima, el rey parecía dispuesto a dárselo. - decía furiosa Kara.
- Obviamente, es la Voz de Rao. ¿Qué esperabas? ¿Que se negara? - la riñó Alex. - La próxima vez cierra la boca si quieres conservar la cabeza. No tienes el suficiente poder aquí como para andar haciendo estas cosas. Kal y yo no te podemos proteger siempre.
- ¡Ya lo sé! Pero no me iba a quedar callada.
- ¿Tienes el ungüento? - Lena, que ya había acabado de limpiar las heridas, preguntó a Alex.
- Toma. - respondió dándole el bote a Lena y siguió la conversación con Kara. - Pues tendrás que aprender a hacerlo. Cuando estéis, ya bajaréis todo esto. - dijo enfadada señalando todas las cosas que había subido para curar a Kara y se fue.
- Sabes que Alex tiene razón. - dijo Lena una vez hubo acabado con todo, incluidos los cortes de la cara.
- Tú eres la primera que se queja de las riquezas que acumula. ¿O es que ahora te da igual?
- Lo que no voy a hacer es ir y decírselo a cara y pintarme una diana en la frente. Suficiente tengo con la que tengo ya. Deberías escuchar a tu hermana.
Kara estaba harta: harta de que la trataran como a una niña, de que la menospreciaran en el consejo, de las dudas que cada vez crecían más en su cabeza respecto a los kryptonianos, de soportar las broncas de su hermana y de la complicidad que parecían tener cada día más las dos que no hacía más que sentir como una amenaza.
- Estoy convencida de que tú la escuchas mucho. Seguro que disfrutas muchísimo del tiempo con ella. - gruñó.
Lena esperaba que Kara no estuviera insinuando lo que creía que estaba insinuando, así que prefirió ignorarlo porque le había sentado como una puñalada en el estómago.
- No quiero que te hagan daño. Eso es todo.
-No mientas. Solo eres una Luthor, una asesina a sangre fría y una manipuladora que busca poder. ¿Por qué te ibas a preocupar por mí? - explotó Kara soltando lo primero que se le pasó por la cabeza contra Lena. Sabía que le había dado un golpe muy bajo.
Seguramente, Alex, desde abajo, pudo escuchar la bofetada que le acababa de dar Lena.
- Vete a la mierda. - escupió Lena furiosa y se fue dejando a Kara sola en la habitación.
Kara atacó a lo primero que encontró por delante lanzando todo el material de las curas contra la pared.
Esa fue una mala noche para Kara. Lena no había vuelto a subir y la espalda le había estado doliendo muchísimo sin dejarla dormir. Estuvo dando vueltas en la cama hasta que se hartó y se levantó y se dedicó a mirar al mar. Intentó relajarse, pero no tuvo suerte.
Suspiró furiosa. No entendía como Lena podía estar de acuerdo con Alex. Sentía como los celos corrían por todo su cuerpo.
Era inútil seguir allí. No estaba consiguiendo calmarse. Bajó al patio de entrenamiento y empezó a lanzar golpes a uno de los muñecos que había allí. La espalda le dolía horrores con cada movimiento y podía sentir gotas caerle por la espalda baja, seguramente de sangre, pero tenía demasiada ira acumulada.
- Lena me ha contado lo que ha pasado. - dijo Alex a su espalda.
- Con la de rato que pasáis juntas no me extraña. Seguro que está durmiendo en tu cama, ¿no? Total, con toda la gente con la que se ha acostado, no vendrá de una más.
Kara notó un golpe en sus piernas y cayó de morros al suelo con el tiempo justo de poner las manos para evitar un golpe peor.
- Aquí la única que se acuesta con una Luthor eres tú. Si no fueras mi hermana, te daría una paliza ahora mismo por insultar a Kelly y a mí de esta manera.
- Seguro que te acuerdas mucho de Kelly cuando tienes a Lena delante.
- No voy a seguir esta conversación porque me parece demasiado absurda. Nunca voy a traicionar a Kelly, ni atacarla como has hecho tú con Lena. Si ya te has cansado de tu juguete nuevo, le diré al consejo que ya pueden hacer con ella lo que quieran.
- Ni se te ocurra.
- Suficiente Kara. Nunca te había visto así. Lo mejor será sacar a esa mujer de tu vida. Y, ahora, a dormir.
- Tengo las heridas abiertas.
- Pues tú verás lo que haces. Ni Lena ni yo estamos de humor para ayudarte.
Kara resopló. Prefería dormir ensangrentada que tragarse su orgullo.
Kara apenas había dormido una hora esa noche. El dolor en la espalda no le dejó pegar ojo. Solo logró dormirse cuando el cansancio era demasiado para seguir despierta.
Las palabras de Alex se le habían quedado grabadas a fuego en la mente. Había atacado a Lena adrede para desfogar su rabia cuando la morena solo trataba de cuidar de ella. Recordaba lo que le había soltado a Lena y la cara que había puesto y se le encogió el corazón de culpa.
Alex estaba entrenando en el patio de abajo cuando Kara pasó por ahí. La rubia se acercó a su hermana.
- Siento lo de anoche.
- Tranquila, estoy acostumbrada a tus arrebatos.
- Ya pero no tenía derecho a decir lo que dije de Kelly y de ti. No sé qué me pasa.
- No deberías dejar que los celos te reconcoman tanto. Lena solo tiene ojos para ti. Deberías darte cuenta de cómo te mira.
Kara se quedó callada sin saber que más decir.
- ¿Decías en serio lo de entregarla?
- Sí, esperaré a que la Voz de Rao se vaya. Si yo fuera tú, aprovecharía el tiempo que te queda.
- ¿Hay algo que pueda hacer para que cambies de opinión?
- Lo siento, Kara.
Ahora, con el tiempo contrarreloj, lo único en lo que pensaba Kara era en cómo conseguir que Lena la perdonará. Había sido una idiota con ella. Le había dicho todo aquello porque sabía que era donde más le dolería. Lo dijo porque estaba furiosa e hiriéndola se pensaba que conseguiría reducir esa ira, pero solo que consiguió fue enfadarse consigo misma. Lo único que había impedido que fuera tras Lena fue su estúpido orgullo.
Una vez Alex había aceptado hacerle las curas en la espalda, Kara empezó a planear cómo conseguir que la morena la perdonara.
*/*/*/*
Próximo capítulo:
- Pensaba que los sacerdotes de Rao tenían que mantener el celibato.
