He intentado tratar el tema con el máximo respeto posible. Si alguien se siente ofendido, pido perdón de antemano.
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Alex y Kal fueron a buscar a Kara a la celda por la mañana cuando les avisaron de que la iban a liberar. Entre los dos la arrastraron hasta su habitación y Alex curó las heridas de la rubia. Estaba tan débil que apenas había soportado el camino consciente.
Sin embargo, al llegar a su habitación y no encontrar a Lena, no dejó de preguntar por ella y se negaba a descansar hasta verla. Alex no tuvo más remedio que darle unas hierbas para que se quedara profundamente dormida.
Kal se quedó con ella mientras Alex bajaba de nuevo con la morena que se había quedado descansando en la misma habitación en la que pasó la noche después de discutir con Kara.
- ¿Cómo está? - le preguntó cuando la vio llegar desde la cama donde llevaba estirada desde que había llegado de madrugada. Alex era la única que sabía el trato completo. La había ayudado a limpiarse y había cuidado de los golpes que la morena había recibido durante la noche.
- Dormida, se recuperará. Ha preguntado por ti. No quería dormir hasta no verte, así que la he drogado. - contestó seria Alex mirando a Lena que rio como respuesta, pero el movimiento le provocó dolor y soltó un quejido. - ¿Por qué lo has hecho?
- ¿Tenía opción?
- ¿Has visto cómo te ha dejado? ¿Cómo has podido dejar que te pusiera las manos encima?
- Iba a matar a tu hermana si no lo hacía.
- No sé cuál de las dos tiene peor aspecto. Cuando Kara se entere, va a perder los papeles.
- Por ese motivo no lo va a saber nunca.
- ¿Y cómo pretendes esconderlo? No puedes ponerte de pie.
- No puede verme hasta que no esté mejor. Le diremos que la liberaron a cambio de que trabajara en el laboratorio y que no me dejan salir hasta que no acabe lo que ellos quieren. Ganaremos el suficiente tiempo como para que esté mejor.
- Lo tienes todo planeado.
- No voy a dejar que todo esto haya sido en vano. Quieres protegerla tanto como yo. Sabes que es lo mejor.
Al cabo de un par de semanas, Kara estaba ansiosa por ver a Lena. Se había recuperado relativamente rápido y no podía aguantar sin ver a la morena. Había ido un par de veces a ver a Lena al laboratorio, pero la habían echado de allí sin decirle nada.
Pero Lena no estaba allí, seguía encerrada en su habitación. Algunos moratones y cortes habían tardado bastante en desaparecer y no quería arriesgarse a que la rubia los viera. Además, no llevaba bien el contacto físico con otras personas. Soportaba con dificultad el de Alex porque era la que la había ayudado cuando llegó.
En su cuerpo aún podía sentir las manos de ese hombre, sus golpes, todo, ... Se sentía asqueada y se lavaba cada pocas horas intentando borrar esos recuerdos de su piel.
- No puedes estar por siempre aquí escondida.
- Lo sé, pero no estoy lista para encontrarme con ella aún.
- Entiendo, ¿no sabes si soportarás que te toque?
- Sí, tengo miedo a pasar mucho rato a solas con ella. No sé si estoy lista.
- Tengo una idea. Antes de que Kara se fuera a Gimina, solíamos cenar en el patio de la pequeña carpa. Podríamos retomar la tradición. Después puedes decirle que estás muy cansada o algo por el estilo.
- Me parece bien, pero seguiré durmiendo aquí. Podemos decirle que es por su bien o algo por el estilo.
- Eso hará que se enfade.
- Me da igual ahora mismo.
- Como veas, voy a avisar a Kal para que venga a cenar hoy.
- ¿Kal? ¿Hoy?
- Necesitas salir, Lena. Ya no hay marcas físicas en tu cuerpo.
- ¿Y qué sabe Kal de todo esto? No se lo habrás contado, ¿verdad?
- Lo he hecho.
- Te pedí que no lo hicieras.
- ¿Cómo te piensas que Kara no sospecha nada raro? Kal te ha estado cubriendo todos estos días. Le dijo a Kara que estabas encerrada en el laboratorio y no le ha dado acceso cada vez que ha ido allí a buscarte. Como mínimo tenía que saber el motivo para hacer todo eso.
- A nadie más.
- Prometido.
Kara no estaba de humor. Otra vez la estaba echando del laboratorio sin decirle nada sobre Lena. Estaba empezando a perder la paciencia y estaba valorando seriamente abrirse paso a golpes, pero afortunadamente Kal pasó por allí y se la llevó con él.
- ¿Por qué no te relajas?
- ¿Cómo quieres que me calme?
- Lena está bien. Ya la verás.
- No, no lo entiendes. Necesito verla.
- Sí, Kara. Lo entiendo perfectamente. Me lo contaron todo, así que, si no quieres buscaros más problemas a las dos, te vas a calmar.
- Estoy preocupada.
- ¿Alex no te ha dicho nada?
- No, ¿sobre qué?
- Está noche tenemos cena en tu casa. Alex calcula que Lena ya podrá salir del laboratorio. Celebraremos que ya es libre otra vez, relativamente claro.
- ¿Celebrar? ¿Vosotros? ¿Qué mosca os ha picado? La única celebración sobre los Luthor que esperaba de vosotros era por su muerte.
- Bueno, al final, estás libre gracias a Lena. Si no hubiera aceptado encerrarse en el laboratorio, seguramente tú estarías colgando del cuello. Supongo que se ha ganado algo de nuestra confianza. Además, yo nunca he dicho que odiara a los Luthor.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Hagamos un trato. Te comportas hasta esta noche y te lo cuento mientras cenamos.
Kara bufó. Tenía que buscarse una distracción o no aguantaría hasta esa noche. ¿Qué podía hacer?
- ¿Qué es todo esto, Kara? - preguntó Alex alarmada cuando vio la cantidad de pescados, cangrejos y almejas que traía la rubia con ella.
- No era capaz de estar quieta hasta esta noche, así que fui a buscar comida entre las rocas. - respondió Kara. Se había pasado todo el día nadando entre las rocas del islote pescando. Era la manera más fácil de quemar energía y mantener su mente lo suficientemente distraída.
- ¿Por qué no me sorprende? Llévalo a la cocina, a ver si nos sirve para la cena.
- ¿Cuándo vendrá Lena?
- Pronto, pero vete a quitar la capa de sal antes de cenar.
- Sí, mamá... Por cierto, gracias por no entregar a Lena.
- Al final, se entregó ella sola para salvarte.
Alex soltó un profundo suspiro y vio desaparecer a Kara en dirección a la zona de la cocina. Cuando la perdió de vista, se dirigió hacia los jardines donde Lena se había refugiado ese día.
La morena, ante la perspectiva de volver a estar rodeada de gente, decidió que era buena idea empezar a airearse en los jardines de la casa. Alex se la encontró alimentando algunas palomas.
- Ahora entiendo por qué hay tantas palomas últimamente. - bromeó Alex. - Si Etón es incapaz de volar por sobrepeso, será todo culpa tuya.
- No es culpa mía que tu pajarito sea un glotón. - rio Lena de vuelta.
- Kara ya ha llegado. Se ha pasado el día pescando así que hoy tendremos pescado fresco. Tiene ganas de verte.
- Yo también tengo ganas de verla. Solo espero que todo vaya bien.
- Tranquila. Kal y yo te cubrimos.
- Gracias.
Las dos se dirigieron de vuelta al interior. Kal ya había llegado. Los tres juntos se fueron al pequeño patio con la carpa. Debajo de esta, había una cómoda alfombra con una mesa baja en el centro. Se sentaron en el suelo alrededor de esta y estuvieron un rato charlando mientras esperaban que Kara y la cena estuvieran listas.
- ¿Lena? - sonó la voz de Kara detrás de la morena. Lena se giró y vio a la rubia parada en la entrada del patio con una inmensa sonrisa. - No sabes lo preocupada que estaba.
Kara se empezó a acercar hasta ella y se paró delante de ella. Lena no sabía que hacer se había quedado parada sin saber cómo reaccionar con la rubia. Una fuerza en su interior tiraba lejos de Kara con miedo a su contacto físico. Kara al no ver reacción en Lena se sorprendió. Se arrodilló para quedar a su altura y la rodeó con sus brazos. Lena estaba muy tensa y, durante los pocos segundos que duró el abrazo, no movió ni un músculo. Kara se separó extrañada y la miró interrogante. Abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpida por los sirvientes que traían la comida. Cuando miró a Alex y Kal, se dio cuenta que estos las estaban mirando atentamente en tensión. ¿Qué demonios estaba pasando allí?
Se sentó al lado de Lena. Está seguía en tensión, así que decidió darle algo de espacio. Estuvieron cenando entre animada conversación. Aunque Lena no estaba muy habladora, le sorprendió la familiaridad con la que se relacionaba con Alex y Kal.
- ¿Desde cuándo os lleváis tan bien vosotros tres? - preguntó Kara en algún punto de la noche.
- Hemos pasado mucho rato en el laboratorio juntos últimamente. - mintió Alex.
- ¿Tú también Kal? - preguntó Kara sorprendida.
- Alguien tenía que vigilarla. - respondió encogiéndose de hombres.
- Se suponía que estaba bajo mi cuidado. - murmuró algo dolida Kara.
- Tú situación es delicada. Han retirado los cargos, pero la voz está corriendo por toda la fortaleza. - explicó Kal intentado hacer que Kara comprendiera la situación.
- Qué bien...
Lena sintió la necesidad de darle su apoyo a Kara. Poco a poco acercó su mano a la mano que Kara tenía sobre la mesa y la estrechó con cariño. De momento, aquello era todo lo que podía darle. Kara la miró a los ojos y le estrechó la suya de vuelta. Se quedaron en esa postura, cogidas de la mano, mientras la conversación continuó.
- Por cierto, tú tenías que contarme algo. - cambió de tema Kara señalando a Kal. - ¿Qué querías decir con que tú no odiabas a los Luthor?
- En realidad, no tiene importancia. Tú no solías tener recuerdos agradables con ellos, así que para ti solo eran un blanco.
- ¿Y para ti no? - preguntó sorprendida Kara.
- ¿Es por Lex? - interrumpió Lena.
Kal asintió.
- Aquí donde me veis, Lex fue mi mejor amigo hasta que os fuisteis. Bueno, éramos amigos y rivales. Siempre compitiendo entre nosotros y, a la vez, cuidando el uno del otro. Siempre íbamos juntos a todas partes. Éramos inseparables. Cuando vuestros padres intentaron matar a mi padre, se me rompió el corazón por tener que separarme de él. Los primeros años tuve la esperanza de que un día apareciera, explicara que él no tenía nada que ver con ello y pudiéramos retomar nuestra amistad. Los años pasaron y simplemente acepté que estábamos en bandos opuestos. Nunca he podido odiarlo por muchas cosas que hayan pasado. - explicó Kal con la mirada perdida y una sonrisa nostálgica. Kara estaba confundida por la confesión de su primo. Ella creía que él los odiaba a muerte.
- Creo que él se siente un poco igual. Es muy cerrado respecto a ello, pero creo que guarda con cariño sus recuerdos aquí. A veces hablamos de nuestros recuerdos en la capital. - añadió Lena.
- ¿Cómo cuando Kara decidió darse un chapuzón en la fuente? - rio Alex.
- Por ejemplo. - rio de vuelta Lena y Kal se unió a sus risas rememorando ese día.
- ¡Oye! ¿Podéis dejar de reíros de algo que hice cuando tenía dos años? - lloriqueó Kara sonrojada con un puchero.
- Es que tú no recuerdas el caos que organizaste. - reía Alex. - Papá y mamá creían que te habían secuestrado. El rey estuvo a punto de mandar al ejército a registrar cada rincón de la ciudad. Los sirvientes corrían de un lado a otro buscándote. Menos mal que a Lena se le ocurrió buscarte en la fuente porque se acordaba de que siempre ibas detrás del agua.
- ¿Cómo? - preguntó sorprendida a la morena de su lado. - Me dijiste que tú te habías pasado el día en la biblioteca sin buscarme.
- Quizá mentí un poco. En realidad, estuve con Alex buscándote. - dijo algo avergonzada Lena.
- ¿Por qué me mentiste?
- Porque se te sube a la cabeza.
- Era de las que más preocupadas estaba. - añadió Alex. - No recuerdo cuál de las dos era más protectora contigo, si ella o yo.
- Oye, esa no es la versión que me ha llegado a mí. - respondió Kara algo indignada y conmovida por saber aquello. Por aquel momento, Lena tenía un sonrojo que le llegaba hasta las orejas.
- Danvers, ¿por qué no cierras ese pico un rato? O empezamos a sacar trapos sucios de todos. - gruñó divertida.
- ¿Cómo cuál? No tienes nada en mi contra. - dijo confiada Alex cruzando los brazos.
- Ah, ¿no? Entonces, no tendrás problema en responder que ha pasado con la quinta estatua del templo.
- ¿Qué quinta estatua? Solo había cuatro allí. - preguntó sorprendido Kal.
- En la parte superior del templo, sí. - explicó Lena. - Pero hay una pequeña capilla y cripta escondidas justo debajo dedicadas a la diosa de la familia. ¿Sigue todo allí?
- Sí, la Casa de El nunca ha sabido nada de ella. - aceptó Alex.
- ¿Por qué? - preguntó ahora Kara.
- Porque quizá no somos tan raoistas como aparentamos. A veces, vamos allí a rezar a alguno de los antiguos dioses.
- Vaya, vaya... - murmuró Lena.
- Pero, ¿Alex? - exclamó dolida Kara.
- ¿Qué pasa? Eran nuestros dioses, no es tan fácil olvidar lo que eres. Tampoco es como si alguien sospechara algo. Tú llevas veintidós años viviendo con nosotros y te acaba de pillar por sorpresa. - se defendió la mayor.
- Bueno, Kara no se destaca por su perspicacia. - se burló Kal. Las dos mujeres morenas le siguieron la broma, pero la rubia no hacía más que mosquearse.
- ¿Algún secreto más? Me siento estafada. - dijo antes de soltar a Lena y cruzarse de brazos. Ellos tres eran las personas en quien más confiaba ella, pero parecía que aquello no era mutuo.
Se sentía traicionada.
Kal le inculcó el odio a los Luthor, pero le guardaba cariño al que fue su mejor amigo, Lex Luthor. Alex defendía el raoísmo y castigaba a los herejes, pero era la primera que después le iba a rezar a los antiguos dioses.
- Oye, aquí de los tres, la que ha tenido una relación más estrecha, por decirlo de alguna manera, con una Luthor eres tú. - bromeó Kal.
- Pero no lo he mantenido como un secreto ni me he escondido clandestinamente. Ni he sido una hipócrita al respecto.
- ¿Y te das cuenta de los problemas que eso ha provocado?
- Es igual, me voy a dormir. - respondió mientras se levantaba.
- Kara, vamos, no es para tanto... - intentó calmarla Alex.
- Tengo mucho de digerir. - dijo dolida Kara. Le alargó la mano a Lena para ayudarla a levantarse. - ¿Vienes?
- No, prefiero dormir sola si no te importa. - negó Lena causando otra punzada en el corazón de Kara que sentía como su ira se desbordaba sin control. - Quiero estar descansada. Mañana tengo que madrugar y volver al laboratorio.
La rubia recordó la conversación con Lena en la cueva. No podía estallar contra todos. Estaba tan dolida con ellos. Se sentía tan alejada de aquellas personas a la que quería tanto. Kal y Alex con sus secretos y Lena con su distanciamiento repentino. Después de dos semanas de no verse, el único gesto que le había dedicado la morena era cogerla de la mano. Y ella mientras tanto muriéndose de ganas de verla.
Respiró hondo muchas veces y cerró los ojos intentando calmarse.
Los tres vieron el gesto de Kara y esperaron expectantes a que Kara explotara en cualquier momento.
- Como quieras. - dijo sin más y se fue.
Los tres soltaron el aire que habían estado conteniendo.
Los días pasaron y Kara se mantenía distante a ellos tres. Habían seguido cenando los tres juntos en la residencia de los Danvers, pero Kara no había vuelto a estar con ellos. Tampoco había buscado más a Lena. No iba a perseguirla otra vez. Cuando la morena la quisiera ver, ya la buscaría. Por lo visto, estaba demasiado concentrada en su trabajo.
Y era cierto que Lena se había pasado todo el día encerrada en el laboratorio trabajando. Había empezado al día siguiente después de la cena. Si no fuera porque estaba trabajando en algo que sabía que iba directamente destinado a herir a su gente, estaría disfrutando su trabajo. Además, ver pasar a Kara arriba y abajo con cara mustia y sin dignarse a decirle algo, hacía que todo le doliera aún más. La echaba de menos y quería que estuviera a su lado y ella al suyo apoyándose, pero no sabía cómo acercarse a ella. Así que la estaba evitando. La rubia llevaba unos días de mal humor y ella no estaba muy bien para lidiar con Kara enfadada.
Cuando llegó esa tarde, se la encontró golpeando a un maniquí con fuerza. De un golpe, le arrancó la cabeza, pero parecía que la rubia no tenía suficiente porque siguió con su faena.
- Creo que ya ha perdido. - la interrumpió Lena desde su espalda alejada unos cinco metros.
- ¿Ahora te interesa lo que hago o dejo de hacer? - gruñó furiosa sin mirarla, pero deteniendo los golpes.
- Siempre me interesa lo que haces o dejas de hacer.
- Pues no lo parece. De hecho, parece que huyes de mí. - dijo girándose para mirarla a los ojos.
- Eso no es cierto.
- ¿No lo es? - dijo Kara manteniendo la mirada fija en los ojos verdes. Tuvieron una pequeña lucha de miradas, verdes contra azul, hasta que el verde se rindió.
- Vale, quizás un poco. - murmuró bajando la mirada.
- ¿Por qué?
- Porque te he causado suficientes problemas...
- No empecemos con el mismo discurso, Lena. - la interrumpió harta de escuchar excusas baratas. - Ese no es el motivo. ¿Qué ha pasado estas dos semanas?
Lena suspiró. Kara no dejaría pasar el tema hasta que no le dijera algo. Seguía sin querer contarle la verdad, así que pensó en una mentira convincente. La Voz de Rao hacía días que se había ido. Quizá bastaría con suavizar un poco la realidad.
- ¿Recuerdas el trato que hice para sacarte de la celda? No solo incluía que me metiera en el laboratorio. La Voz de Rao también mandó que me dieran una paliza. Estuve escondida para que no vieras las marcas. Teníamos miedo de lo que pudieras hacer si te enterabas.
- ¿Tú y quién más? - preguntó Kara furiosa con los brazos cruzados.
- Kal y Alex.
- Por eso esa confianza de pronto... ¿Es divertido mantener secretos a mis espaldas? Parece que se os da muy bien.
- Solo lo hicimos para protegerte.
- ¿Guardarme todos esos secretos y engañarme sobre mi vida lo hicisteis para protegerme? Permíteme que me ría. ¿Y por qué me lo cuentas ahora?
- ¿Qué hubieras hecho si lo hubieras sabido mientras la Voz de Rao estuviese aquí? Y di la verdad. - dijo Lena acercándose poco a poco a la rubia, pero se detuvo cuando la distancia era de unos dos metros.
- Le habría devuelto el regalo. - respondió dejando caer los brazos e intentó romper el espacio que quedaba entre las dos, pero Lena retrocedió y se cruzó de brazos buscando protección y apartando la mirada.
- Me habían pegado una paliza para protegerte. No iba a dejar que eso te hiciera cometer otra estupidez.
- ¿Y por qué huyes de mí? - dijo mientras se acercaba rápido a Lena de manera que esta no pudo huir y la cogió con suavidad de la mano. Lena, al ver que la rubia no intentaba acercarse más a ella, se relajó un poco.
- Tod... todavía me duelen partes del cuerpo. - respondió nerviosa. - No todos tenemos tu capacidad de curación. No sé hasta qué punto puedo soportar el contacto físico.
- ¿No confías en que lo entienda? - decía acariciándole el dorso de la mano.
- Sí, pero no sabía cómo decírtelo.
- Pues es bastante fácil.
- No quería que te enfadaras con nosotros.
- Pues es justo lo que ha pasado. - contestó Kara y suspiró. - Tendrías que habérmelo contado. Estoy trabajando en mi autocontrol.
- Me di cuenta. Lo estás haciendo muy bien. - sonrió Lena.
- ¿Puedo abrazarte?
- Claro. - asintió la morena y fue ella la que rompió el espacio.
Kara la abrazó con cuidado. No quería hacerle daño o que volviera a huir.
Estuvieron unos instantes así, tranquilas, disfrutando del contacto de la otra que tanto habían añorado. Una voz las sacó del trance. Era la de Alex.
Se separaron, pero se mantuvieron cogidas de la mano.
- La cena ya está lista. ¿Vienes hoy, Kara?
Kara miró a los ojos verdes que tenía su lado y notó un pequeño apretón en su mano.
- Claro. - acabó diciendo con una sonrisa.
Kal ya las estaba esperando sentado en la mesa.
- ¡Kara! Me alegró de ver que hoy vienes con nosotros. - dijo levantándose a saludar. - Quiero pedirte disculpas por haberte escondido estos recuerdos. Entiendo que estés dolida con nosotros.
- Yo también quería disculparme, Kara. – añadió Alex.
- No voy a negar que en su momento me dolió. Fuisteis vosotros dos lo que me enseñasteis a odiarlos, a los Luthor y a los herejes. Siento que no he sido nada más que vuestra marioneta.
- Nunca fue nuestra intención, Kara. - explicó Alex buscando el perdón de su hermana. - No podíamos hacer otra cosa. No esperábamos que fueras tan radical al respecto. Supongo que desde nuestro punto de vista era más fácil ver las cosas.
- ¿Y toda la gente que habéis condenado? - continuó Kara.
- Ninguno de los dos se siente orgulloso de ello, pero es nuestro deber. No podíamos hacer otra cosa. - añadió Kal.
- Está bien. En parte, lo entiendo. No es fácil ver las cosas desde esta perspectiva. - suspiró Kara. - ¿Cenamos? Me muero de hambre.
Todos se sentaron y mantuvieron una charla animada.
- Ya le he contado a Kara que me ayudasteis después de que mediaran la paliza. - dijo Lena causando algo de sorpresa y confusión entre los dos mayores del grupo. - Que no le habíamos dicho la verdad para protegerla.
- Sí, me duele que os penséis que aún soy una niña pequeña. - añadió Kara.
- Está bien, hermanita. La próxima vez te lo contaremos.
- ¿Dónde está Kelly? – cambió de tema Kara.
- Llegará en una semana más o menos. Acompaña a los daxamitas. ¿Te acuerdas de la audiencia que tenían con el rey?
- ¡Ah, sí! Entonces en unos días tendremos más visitas. ¡No hay manera de estar tranquilos aquí!
- Porque esto ha estado muy tranquilo últimamente. - bromeó Alex mirando a Lena.
- ¡Y qué lo digas! ¡Cómo odio esta guerra! ¿Tan difícil es que convivan las dos religiones? No es que sea imposible. - se quejaba Kara.
- ¿Qué quieres decir? - le preguntó Kal.
- Cuando nos dirigíamos por primera vez a la capital, llegamos a un pueblo donde convivían. Más o menos.
- ¿Más o menos? - preguntó Alex.
- No adoraban a los dioses antiguos como tal, pero seguían manteniendo sus antiguas tradiciones y sus reliquias. La gente allí se veía feliz.
Ya era tarde en la noche y al día siguiente todos tenían trabajo por hacer así que no duraron mucho más charlando. Se despidieron de Kal que volvió a la residencia del rey. Después llegó la hora de separarse ellas.
- Buenas noches. - se despedía Kara de Lena.
- ¿Te parece bien si duermo contigo hoy?
- ¡Claro! Me encanta la idea.
- Pero sigo necesitando espacio.
- El que necesites.
- Bueno, tortolitos. Yo me voy ya antes de ser testigo de algo peor. Buenas noches. - las interrumpió Alex y se fue a su habitación.
Llegaron arriba, a la habitación de Kara, y cada una se puso la ropa para dormir. Lena fue la primera en tumbarse en la cama del interior. Llevaba días durmiendo bajo techo y le apetecía estar allí. Además, la otra cama era donde dormía normalmente con Kara y no quería empañar los recuerdos allí con su estado actual.
- ¿Quieres que duerma contigo o prefieres que duerma en la otra cama? - preguntó algo indecisa Kara. Quería cuidar de Lena igual que la morena había cuidado de ella cuando estuvo mal, pero se sentía extremadamente torpe.
- Conmigo, por favor. Si no te importa dormir aquí dentro...
- Para nada. - dijo con una sonrisa.
Se tumbó a su lado mirando al techo con Lena de lado dándole la espalda.
Estaba tensa y no lograba relajarse. Lena le había pedido espacio. Kara alguna vez había recibido alguna paliza, pero nunca había acabado sintiéndose tan a la defensiva como sentía que estaba la morena. Estaba preocupada por ella y no quería que se sintiera incómoda con ella. Solo quería cuidar de ella.
- Kara, por favor. Relájate. Estás haciendo que me tense. - pidió Lena dando media vuelta y mirando a Kara.
- Ya estabas tensa antes.
- Lo sé. Lo siento. Quizá no ha sido buena idea.
- No, no digas eso. - respondió girándose para estar frente a Lena. - Quiero estar aquí para ti. Quiero ayudarte, pero necesito que me digas cómo porque esto se me da fatal.
- Me doy cuenta. - rio Lena.
- ¡Eh! - se quejó Kara.
- Solo relájate, ¿vale? Contigo me siento a salvo, no necesitas hacer nada más.
- Vale, creo que podré hacerlo.
- Bien, qué descanses.
- Qué descanses.
Lena cerró los ojos y escondió su cara en el cuello de Kara. Aspiró profundamente el olor de Kara y dejó que ese olor, que se había vuelto tan familiar, la relajara. Kara colocó su mano sobre su cintura, pero al instante Lena se tensó abriendo los ojos. La rubia, al percibirlo, apartó rápido la mano.
- Lo siento.
- Tranquila, es que no lo esperaba.
- ¿Puedo entonces?
Lena movió la cabeza sin sacarla de donde estaba asintiendo. Kara volvió a colocar la mano con suavidad sobre la cadera de la morena y ambas cerraron los ojos quedándose dormidas al cabo de poco rato.
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Próximo capítulo:
- Es que sigo sin comprenderlo.
