Los días pasaron con lentitud. Lena poco a poco iba aceptando el contacto de Kara, aunque aún no habían tenido sexo ni nada por el estilo. Algunas noches, Lena se despertaba alterada. Pesadillas con ese hombre se repetían a menudo y Kara la intentaba calmar y la cuidaba.
Durante el día, Kara había centrado sus esfuerzos en ganarse la confianza de nuevo del consejo. Había estado trabajando duro con Jeremiah y había aprendido más en esos días que en los últimos meses.
- Es que sigo sin comprenderlo. Alex reza a las dos religiones. Hay sitios dónde las combinan. ¿Por qué estamos en una guerra religiosa? - se quejaba Kara.
Durante las cenas, había vuelto a surgir el tema de la guerra. Cada vez se preguntaban más los cuatro por qué estaban peleando y si no sería posible una convivencia pacífica.
- No creo que la Voz de Rao tolerara que hubiera otros cultos a parte del de Rao. - decía Kal.
- A mí, la Voz de Rao me da igual. ¿Por qué el rey parece hacer todo lo que él mande? - respondió Kara.
- Porque es el nexo entre la corona y el pueblo. - explicó Alex. - Si el rey quiere ejecutar a alguien y él dice que Rao lo ha bendecido, la gente estará de acuerdo. Lo mismo si pasa al revés. Tiene más poder sobre la gente de la que te piensas.
- Y perdería poder si hubiera otros dioses. Pensadlo. Los dioses antiguos y sus sacerdotes serían un problema, una molestia. - añadió Lena.
- ¿Crees que serían capaces de ejecutar tanta gente solo por eso? - preguntó confundida Kara.
- Si la ayuda y dinero que llega de Krypton depende de ello... - respondió Lena encogiéndose de hombros.
- Krypton no envía dinero a Terha ni nada por el estilo. - contestó a la defensiva Kal.
- Eso no es posible. - dijo Lena extrañada.
- ¿Por qué? - preguntó Kara.
- Porque no salen las cuentas. ¿De verdad que habéis podido pagar a la gente escuelas, médicos y otras cosas sin dinero de fuera?
- Con impuestos. - respondió Alex.
- ¿Impuestos?
- Sí, todo el territorio de Terha tiene que pagar impuestos. Estos son los que pagan todo eso. - explicó Kal.
- Pero el norte no paga nada. - respondió Lena.
- El norte no tiene nada. - contestó Kal.
- Porque nos negamos a ceder ante Rao. Y siguen sin salirme las cuentas. Tendríais que ahogar a la gente a impuestos.
La tensión empezaba a crecer en el aire entre la Luthor y Kal así que Kara decidió intervenir.
- ¿De verdad crees que no sería posible que las dos religiones convivieran?
- No lo sé. Que haya funcionado en un sitio no significa que funcione en todas partes. Depende de la gente y, sobre todo, depende de los que mandan. - dijo Kal rascándose la nuca.
- Pero el problema es que los que mandan no quieren dar su brazo a torcer. - le respondió Kara.
- ¿Estás insinuando lo que estás insinuando, Kara?
- A pesar de todo, sigo siendo fiel al rey, Kal. Quizá solo hay que convencerlo de que lo intente.
Lena llevaba días dándole vueltas a las conversaciones que habían tenido los cuatro amigos durante las cenas. Pensó en sus padres y en Lex. La verdad es que nunca habían sido los más devotos. Ellos se limitaban a acudir a las celebraciones más importantes y le dejaban todo lo que tenía que ver con los dioses a ella, por eso habían aceptado que se convirtiera en sacerdotisa.
Si le sumaba su matrimonio concertado,... Su supuesto prometido ni siquiera era terhano, no conocía sus tradiciones ni tenía el más mínimo interés en ellas igual que en toda su gente. Sin embargo, estaban dispuestos a entrar en una guerra solo por ellas.
Lo mismo pasaba con los Danvers. Trabajaban y eran los cómplices de gente que perseguía una religión que ellos mismos practicaban. No se podía ser más hipócrita.
Aprovechó un momento libre en el laboratorio y pidió ir a la biblioteca con la excusa de consultar unos documentos. Desde que la Voz de Rao se la encontró allí, le había prohibido el acceso sola, pero esta vez había conseguida escabullirse.
Después de asegurarse de que no había nadie más allí, se coló en la sala escondida donde había lo visto entrar.
Allí había de todo, pero sobre todo eran papeles administrativos. ¿De qué sería todo aquello?
Empezó a leer documentos contables: parecía que alguien estaba desviando dinero de los impuestos a diferentes templos. Siguió el rastro del dinero, todo iba a parar a la Voz de Rao. Así que de esa manera se pagaba su lujosa vida.
Pero había otra cosa que sorprendía a Lena. El rey parecía al tanto de todo y daba su aprobación según unas cartas que había encontrado. En algunas aparecía el nombre de Maxwell Lord. Lena descubrió porque la Voz de Rao la había tomado con Kara: Maxwell Lord era uno de los cabecillas en aquella trama y uno de los que más dinero proporcionaba a la Voz. Había sido Kara quién había conseguido detenerlo y había sido ella quién le había plantado cara cuando había llegado pidiendo más dinero. Seguro que lo que quería él era una compensación por el dinero que ya no estaba entrando a través de Lord y, por eso, el rey había aceptado sin problema.
Así que la Voz de Rao tenía totalmente bajo su poder al rey. Pero, ¿cómo y por qué?
Eliminar a la otra religión existente en Terha debía ser una exigencia para acumular más poder. Su gente solo había quedado atrapada entre esa lucha de poderes. La rabia hervía en el interior de Lena.
Se estaba haciendo tarde y no tardarían nada en empezar a sospechar de ella si no aparecía de nuevo en el laboratorio. Dejó todo como estaba y volvió a tiempo para que nadie le dijera nada y siguió trabajando el resto del día. Esa noche contaría a todos lo que había encontrado hasta entonces.
Estaba anocheciendo y Lena no podía parar de dar vueltas a cómo les explicaría a los demás todo lo que había encontrado sin que estos se pusieran a la defensiva. No podía ir y decirles directamente: Oíd, vuestro sumo sacerdote es un corrupto que ahoga la gente a impuestos y alimenta las mafias para tener más dinero y poder. Y lo de perseguir a los antiguos dioses, es solo para eliminar a la competencia.
Aunque claro, Alex y Kal ya tenían claro que la Voz de Rao no era tan bueno como proclamaba ser y Kara no era una gran admiradora que digamos. El problema venía con el rey. Él había aceptado y cedido el poder a la Voz de Rao.
Un fuerte sonido interrumpió sus pensamientos. Estaba en la habitación de Kara, así que se asomó por la ventana y vio a muchos soldados moviéndose arriba y abajo por la plaza.
- Buenas noches. - dijo Kara entrando por la puerta. Vio a Lena asomada por la ventana y fue a mirar el espectáculo de ver las tropas corriendo por el patio. - Parece que se nos ha acabado la paz. Han llegado los daxamitas.
- ¿Cómo? - dijo sorprendida Lena.
- Sus naves han aparecido en el horizonte. Llegaran hacia la madrugada o mañana por la mañana.
- Ya veo... - contestó Lena quedándose pensativa.
- Alex me ha dicho que la cena ya está lista. ¿Vamos?
- Sí, claro. - respondió distraída.
- ¿Te pasa algo?
- No, nada. ¿Te importa ir tirando? Quiero guardar todo eso. - dijo señalando la mesa llena de unos papeles en los que había estado trabajando.
- Vale, te espero abajo. - se despidió de ella con un beso.
Kara bajó tranquilamente las escaleras pensando en toda la tarea que tendría mañana cuando los daxamitas pisaran el islote. Por lo que tenía entendido, la mismísima reina y su príncipe habían venido.
Al llegar abajo, se encontró con su primo que se dirigía al patio.
- ¿Cómo van los preparativos para la llegada de los daxamitas? - le preguntó Kal.
- Es de lo más aburrido. Odio la faena de ser la mano derecha del rey.
- ¡Oye! Se supone que vas a ser la mía. - rio Kal.
- Lo sé, lo sé. Pero aprovecharé mi poder para que cosas como esta se encargue otro.
- ¿Y Lena? - preguntó Alex que se les acababa de unir cuando llegaron al patio.
- Está recogiendo un par de cosas y ahora baja.
- ¿Cómo van las cosas? - le preguntó Alex interesada.
- Van bien. Poco a poco va mejorando.
- ¿Estáis hablando de mí? - dijo Lena que acababa de llegar con ellos.
La cena ocurrió sin ningún incidente extraño. Lena decidió que no era un buen momento con la llegada de los daxamitas explicar al resto lo que había encontrado.
Kal y Kara querían aprovechar los últimos instantes de tranquilidad que les quedaban y decidieron beber una buena cantidad de vino. Alex los acompañó, aunque se contuvo un poco. Lena, en cambio, prefirió beber agua y se justificó diciendo que aún no estaba del todo recuperada.
Ya cuando se estaba acercando la hora de irse a dormir, un profundo sueño se apoderó de Kal, Kara y Alex y cayeron dormidos allí mismo.
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Próximo capítulo:
- ¿Cómo es eso posible? ¿Cuándo ha pasado?
