Kara se despertó con un horrible dolor de cabeza y una fuerte luz entraba por sus ojos. Tardó unos instantes en acomodar la vista y poder ver dónde estaba. Eso no era la residencia de los Danvers. Volvía a estar en los calabozos de la fortaleza. ¿Qué hacía allí?
Se incorporó rápidamente lo que le provocó un fuerte pinchazo en la cabeza.
- Tranquila. Relájate, mi niña. - le decía Eliza Danvers.
- ¡Eliza! ¿Qué está pasando? - preguntó alertada.
- Son los daxamitas. Han conquistado la fortaleza.
- ¿Cómo es eso posible? ¿Cuándo ha pasado?
- Han entrado en la madrugada. No sabemos cómo.
- ¿Dónde está el resto? ¿Alex? ¿Lena? ¿Kal?
- Kal está ahí, inconsciente. - dijo señalando a un lado donde estaba el hombre dormido. En aquella celda no solo estaban ellos tres, había más miembros del consejo y científicos. - Alex, no lo sé. Por lo visto, os encontraron a vosotros dos en el patio inconscientes y os arrastraron hasta aquí.
- ¿Y Lena?
- Kara, cariño, los Luthor llegaron con los daxamitas. Lena está con ellos.
Y Kara sintió una parte de ella romperse. ¿Tendría Lena algo que ver con eso?
- ¿Y papá?
- Salió a enfrentarlos cuando entraron. No lo he vuelto a ver. - dijo triste Eliza.
- Seguro que está bien. - la intentó reconfortar.
- No, no lo está. - dijo apareciendo una mujer por la puerta de los calabozos.
- Lillian Luthor... - gruñó Eliza.
- Cuánto tiempo, Eliza. Qué de vueltas da la vida, mira cómo estás. - se burló la Luthor.
- ¿Dónde está mi marido?
- Muerto. Vengo a buscar al principito, pero parece que sigue sin despertar. Parece que Lena se pasó con las drogas.
Lena los había drogado para que no lucharan. Los había dejado inconscientes y a merced del enemigo. La había traicionado.
- ¡¿Dónde está Lena?! - gritó Kara rabiosa.
- Está bien. Tranquila. - rio Lillian. - Es una chica muy lista, ¿no crees? Ha sido de gran ayuda.
- Lena jamás os ayudaría.
- ¿Por qué? ¿Por qué te ama? ¿Por qué estáis juntas? ¿Crees que te elegiría a ti por delante de su propia familia? ¿Lo harías tú? En fin, me voy a ir. No me sirve hasta que no esté despierto. - dijo señalando a Kal.
Lena se paseaba por los corredores del edificio de las oficinas reales. Había mucha tarea por hacer. Necesitaban organizarlo todo para tomar la ciudad una vez lo habían hecho con la fortaleza. Ella debía encargarse de mantener los suministros y recursos en la fortaleza controlados.
Después de tantos años de lucha, por fin habían logrado capturar a los usurpadores y podrían ponerle fin a esa estúpida guerra. Por fin, habría paz. Lena llevaba años soñando con ese momento, con ver a la gente salir a la calle sin temor, a rezar a sus dioses sin miedo y vivir la vida como ellos querían. La tiranía de la Casa de El estaba a punto de acabar.
- Dame una razón para no matarte. - dijo la voz de Alex a sus espaldas mientras notaba un cuchillo en su cuello.
- Para no ser hermanas de sangre, decís las mismas frases o parecidas. - dijo tranquila Lena frenando en seco.
- Nos drogaste. - gruñó Alex enfadada.
- Os protegí. - dijo Lena forzando a Alex para que la soltara y se giró para encararla. - Si hubierais salido a defender la fortaleza como tu padre, habríais muerto los tres.
- ¿Y ahora me tengo que creer que nos estabas protegiendo?
- Haz lo que quieras. Como continúes aquí mucho rato, te van a encontrar y a encerrarte con tu hermana y tu madre. Yo de ti, huiría de la fortaleza en cuanto pudiera.
- No voy a abandonar a mi familia.
Las voces de Lex y más gente resonaron entre los pasillos.
- Largo antes de que te vea alguien. - le ordenó Lena y Alex no tuvo más remedio que huir a dónde fuera que se estuviera escondiendo.
Al cabo de unos segundos, Lex apareció girando una esquina.
- Lena, te estaba buscando. Tenemos reunión. - la llamó. Lena emprendió la marcha y lo siguió hasta lo que parecía la sala del trono.
La morena nunca había estado allí. Era una habitación pequeña sin ninguna ventana que diera al exterior. Apoyada contra una pared, en el centro, decorada con grandes frescos había el trono, una silla de madera con bonitas decoraciones en el respaldo, y a su alrededor, pegados también a la pared, había simples bancos de madera. Era todo lo contrario a una pretenciosa sala del trono. Era pequeña y modesta.
Allí estaba toda la familia Luthor reunida y sus generales junto a la reina daxamita y el príncipe Mon-El.
- Por fin, hija. Te estábamos esperando. - la riñó Lillian.
- Lo siento, madre. Aún no me acostumbro a la situación. Han sido unas semanas muy largas como prisionera. - se disculpó Lena.
- Vamos a empezar la reunión. Tomad asiento. - ordenó Lionel sentándose en el trono. - Bien, hay que organizar la ejecución pública del rey, el resto de kryptonianos y sus cómplices. ¿Hay señales de la hija de los Danvers?
- Estamos buscando en todas partes, pero parece que se ha esfumado. - informó uno de los hombres de Lionel.
- Eso no se puede tolerar. Hay que mostrar que pasa con los raoistas y sus aliados. La Casa de El y los Danvers servirán de ejemplo y deben ser ejecutados todos juntos lo más pronto posible.
- Así será, mi señor. Si me lo permite, me retiro para empezar su búsqueda.
- Está bien. Cuando te vuelva a ver, más te vale que vengas con buenas noticias. - lo despidió. El soldado hizo una reverencia y se fue. - Hay otro tema que debemos tratar. Mi coronación tendrá lugar con sus cadáveres delante aún calientes. El mensaje debe ser claro: o la gente se arrodilla ante su nuevo rey o son ejecutados por traidores. Todas las políticas que estaban desarrollado serán eliminadas. Además, todo culto a Rao y sus templos debe desaparecer. A partir de ahora, los raoistas pasarán a estar perseguidos y aniquilados.
- ¿Vamos a empezar otra matanza, padre? - preguntó indignada Lena poniéndose en pie. Se suponía que esa guerra la habían empezado para proteger a la gente, no para empezar otra caza de brujas.
- Espero que no te hayas ablandado en estos meses con esa puta tuya. No olvides por qué estás luchando. No olvides lo que esta gente le ha hecho a Terha.
- Lucho por la gente de Terha, para que tengan una vida mejor. No para empezar otra carnicería.
- No digas tonterías. Luchas por tu familia y para devolver el trono a los terhanos. Más te vale callar y obedecer. Tu boda con el príncipe Mon-El tendrá lugar justo después de la coronación y abandonarás Terha para no volver jamás.
- Ya he dicho mil veces que no me pienso casar con él. - respondió cruzándose de brazos.
- Harás lo que debes o te encerraremos hasta que recapacites.
- Nada de lo que puedas hacer puede cambiar mi opinión.
- Estoy segura de que Lena solo necesita la motivación adecuada, Lionel. Siempre has sido una sentimental. Sería una pena que la muerte de la princesa fuera lenta y agonizante. - amenazó Lillian.
Lena la miró furiosa. No tenía ningún derecho de meter a Kara en medio.
- Siéntate, Lena. - ordenó su padre y Lena obedeció.
La reunión continuó sin que Lena volviera a abrir la boca, pero cada palabra que salía de la boca de su padre le provocaba más y más rabia. Se suponía que ellos luchaban por la libertad de Terha, pero su padre solo hablaba de matar y requisar.
Más unas horas más tarde, Lena se encontraba en uno de los corredores que daban a la plaza observando el horroroso espectáculo que allí tenía lugar. Habían colocado un pequeño banco de madera en el centro. Demos fue arrastrado por soldados de Daxam hasta arrodillarlo delante del banco y pusieron su cabeza sobre él. Un hombre a su lado levantó una gran hacha y la dejó caer sobre su cuello.
Bien, si su padre quería tener una ejecución pública de los Danvers y la Casa de El al completo, ella iba a encargarse de que nunca lo tuviera.
Lena tenía muy claro sus motivos para luchar.
En cuanto tuvo la oportunidad, durante la noche, buscó a Alex en los almacenes de la fortaleza, hasta el último rincón de ese laberinto subterráneo. Si Alex se había escondido en algún lugar, seguro que sería por allí. Quizá su padre tenía más hombres, pero Lena había pasado suficiente tiempo allí como para ser más eficiente que todos ellos juntos.
Cuando notó un golpe en sus costillas, supo que había acertado.
- Vengo a ayudar. - dijo defendiéndose de Alex.
- ¿Y por qué tengo que creerte?
- No tienes porqué, pero los soldados daxamitas y los de los Luthor están removiendo cada centímetro de este lugar. Es cuestión de tiempo que te encuentren.
- ¿Y se supone que tú conoces un lugar más adecuado para esconderme?
- Te lo creas o no, así es. En la biblioteca, hay una sala secreta. Lo he preparado todo para que te puedas instalar allí.
- ¿Por qué me ayudas?
- Porque mi padre planea ejecutarte junto con el resto. Quiere que sea todos al mismo tiempo. Después planea hacer lo mismo que hicisteis vosotros. No lo voy a permitir.
- ¿Ahora estás de nuestro lado?
- No, sigo estando en el mismo bando de siempre. Ha resultado que este no es el de mi familia.
- ¿Y cuál es?
- El de la gente. No dejaré que el miedo vuelva a invadir Terha, aunque tenga que pasar por encima de mi propio padre.
Pareció que esa respuesta bastó a Alex porque la siguió. Lena siempre iba delante vigilando los pasillos y cubriendo los pasos de Alex. La llevó hasta la biblioteca y le mostró el mecanismo que abría la sala secreta. Entraron y cerraron la puerta tras ellas. Lena había llenado la habitación con mantas y comida para mantener a Alex escondida allí.
- ¿Qué es este lugar?
- Os quería hablar de él, pero llegó mi familia. Vi a la Voz de Rao y a otro hombre entrando aquí un día. Estoy segura de que encuentras estos documentos de lo más interesantes.
- ¿Qué son?
- Las pruebas de lo corrupto que es el reino ahora mismo y como el rey lo tolera.
- Eso es imposible. Eliminamos las mafias. - respondió a la defensiva.
- Míralo por ti misma. Yo me tengo que ir. - dijo dejando a Alex sola allí.
Después de estar trabajando, o fingir que seguía trabajando para sus padres, Lena fue a buscar a Lex. Quería pedirle explicaciones sobre lo que había pasado en la reunión del día anterior. Se suponía que Lex pensaba como ella, pero no había abierto la boca en todo el rato.
Lo encontró saliendo de la sala del trono junto con los daxamitas y sus padres.
- ¿Qué está pasando aquí? - preguntó confundida.
- Lena, te has perdido la reunión. - le respondió Lex.
- ¿Qué reunión?
- No estabas invitada. Hasta que no aprendas a comportarte, no tendrás lugar entre nosotros. Os dije que seguía sin estar lista. - dijo su madre mirándola por encima del hombro. Lena solo la miró con una rabia profunda.
- Lex, ¿podemos hablar a solas? - dijo ignorando al resto.
- Claro, vamos. - respondió él llevándose a Lena.
Llegaron hasta una pequeña sala apartado del ajetreo de soldados.
- ¿Qué pasa? - le preguntó Lex cuando estuvieron seguros que nadie podía oírlos.
- ¿Tú sabías lo que tramaba padre? - le preguntó enfadada.
- ¿A qué te refieres, Lena?
- A todo lo que tiene planeado hacerle a Terha.
- Solo intenta controlar la situación cuando antes y evitar revueltas. Sería una desgracia si el reino se levantara en su contra.
- ¿Estás de acuerdo con sus métodos? - respondió indignada.
- No hay mejor manera. - dijo intentando hacer entrar en razón a su hermana.
- ¿Seguro? Porque matar a miles de inocentes no me lo parece.
- No seas dramática, Lena. Solo morirán los que se opongan a él.
- Claro, porque la gente estará quieta cuando le quiten el derecho a un médico que siempre ha estado allí para cuidarlos.
- ¿Y qué propones, Lena?
- No hace falta ser tan radicales. Tiene que haber un punto medio.
- ¿Punto medio? ¿Entre los kryptonianos y los terhanos? No me hagas reír. Somos como el agua y el aceite. No podemos llevarnos bien.
- Pues bien que eras amigo de Kal.
- Éramos niños. Eso está en el pasado.
- Pues ellos me han ayudado, he convivido con ellos y te sorprenderá saber que los Danvers aún rezan a los antiguos dioses. Se puede encontrar un punto medio.
- ¿Y por qué no lo han hecho ya? Lena, has perdido la perspectiva por culpa de lo que sientes por la princesa y te recomiendo que la empieces a olvidar ya. Búscate una sustituta rápido. - le aconsejó.
- ¿Por qué?
- Padre ha decidido que continuará con la ejecución sin Alex. No quiere perder más tiempo. En unos días, durante la coronación, ejecutará a todos los kryptonianos y a Eliza Danvers.
- No, tienes que estar de broma.
- Es la verdad, Lena. Tienes que olvidarte de ella. Era solo una usurpadora. No tenía ningún derecho de tomar todo lo que ha tomado. Recuerda lo que le hizo a Gimina.
- No hables de ella en pasado. Todavía está viva.
- Pero no por mucho tiempo. Ve y despídete de ella. Te ayudará a pasar página. - dijo Lex despidiéndose de Lena antes de desaparecer de la habitación.
- Lo lleváis claro si esperáis que me quede quieta viendo como la matáis. - murmuró enfadada.
- Hombre, mira quién tiene el placer de honrarnos con su presencia. - dijo cínica Kara cuando vio aparecer a Lena en la habitación dónde estaban Kal y ella encadenados. Después de que Kal despertara y de que, entre los dos, casi rompieran las paredes de su celda, los encerraron en ese agujero y los encadenaron.
- Entiendo que estéis enfadados conmigo, pero vengo a sacaros de aquí. - respondió mostrando las llaves de las cadenas.
- Sí, primero nos drogas y después esperas que vengamos contigo. - contestó enfadado Kal.
- Van a ejecutaros en un par de días. Vengo a sacaros de aquí y a llevaros con Alex a un lugar seguro.
- ¿Alex está bien? - preguntó aliviada Kara.
- Sí, venid conmigo y comprobadlo vosotros mismos. Literalmente, no tenéis nada que perder.
- Está bien. - respondió Kal.
Kara y Kal la siguieron por los pasillos mientras Lena les contaba los planes de su padre. Por poco no los pillan un par de veces, pero Lena fue lo suficientemente rápida para evitarlo. No quedaba mucho para llegar a la biblioteca cuando se toparon de cara con un Lex sorprendido.
- Lena, ¿cómo se te ocurre? - la riñó enfadado cuando se dio cuenta de quién acompañaba a su hermana.
- No voy a estar quieta mientras padre hace todo eso. - le respondió ella.
- Lena nos ha contado todo lo que planea hacer tu padre. ¿Estás de acuerdo con él? - interrumpió Kal dando un paso al frente.
- Kal, cuánto tiempo. - lo saludó Lex con una mirada fría.
- Lex ayúdanos a parar esta locura. - le suplicó Kal.
- ¿Por qué debería? Vosotros hicisteis lo mismo.
- Tú sabes que yo nunca estuve de acuerdo con mi padre.
- Pero no dijiste o hiciste nada.
- Era un niño, Lex.
- Y ahora ya es demasiado tarde. - dijo dando por acabada la conversación con Kal. Miró a Lena y añadió: - No te voy a cubrir, Lena. Diré a nuestros padres lo que has hecho.
- Bien, así me ahorro un matrimonio que no quiero. Prefiero estar muerta que amargada.
Lena pasó de largo a Lex y los dos kryptonianos la siguieron. Llegaron hasta la sala y cerraron la puerta tras ellos. Alex los recibió con alegría.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Alex a Lena.
- Mi padre quería seguir adelante con la ejecución. No iba a estar de brazos cruzados.
- Pero ahora tú estás atrapada con nosotros. Si Lex les cuenta a tus padres lo que has hecho y te encuentran, nos harás compañía en la ejecución. - dijo Kal. - Es cuestión de tiempo que encuentren este lugar. ¿Dónde estamos de todos modos?
- En la sala de los horrores. - contestó Alex recibiendo miradas confusas. - Te hice caso, Lena. He estado aprovechando el tiempo aquí. ¿Qué es lo que encontraste?
- La Voz de Rao y otros gobernadores se enriquecen a base de explotar y robar a la gente. ¿Por qué? - respondió Lena acercándose a los papeles que tenía Alex repartidos encima de la mesa.
- Porque esto es solo una pequeña parte. Por ejemplo, he encontrado registro de captura y venta de esclavos. - dijo señalando un puñado de hojas.
- ¡¿Qué?! - exclamaron Kara y Kal a la vez acercándose también.
- Mirad, esto son arrestos de gente acusada de traición o herejía. ¿Veis estos símbolos dibujados? Ahora comparadla con esta lista de venta de mercancías. ¿Lo veis? Coinciden. Algunos condenados han sido vendidos como esclavos a Krypton.
- No puede ser, Alex. Estos documentos están firmados por mi padre. Además, ¿Krypton no prohibió la esclavitud?
- Tú padre es el principal proveedor de esclavos de Krypton que parece que solo tienen prohibida la esclavitud de cara a la galería. Sus habitantes no saben que su economía se sostiene sobre esclavos. He encontrado documentos en los que explica que la única intención de Krypton para invadir Terha era para conseguir materias primas y esclavos. Todo este tiempo, el reino ha estado funcionando con el dinero que nos daban a cambio de ellos.
- ¿Y qué pinta la Voz de Rao entonces?
- Sabe algún secreto del rey que solo ellos dos conocen, pero aún no he encontrado qué es. Le hace chantaje al rey y este lo ayuda para seguir con su nivel de vida.
- Esto es demasiado, nada tiene sentido. - dijo Kal llevándose las manos a la cabeza y sentándose en la primera silla que encontraba. - ¿Qué hacemos ahora?
- Por el momento, tenemos que encargarnos de los Luthor y los daxamitas. Tenemos que echarlos de aquí. - afirmó Alex.
- ¿Qué tienes en mente?
- Kelly y la flota de los Lane no tienen que estar muy lejos. En teoría, acompañaban a los daxamitas. Hay que saber qué ha sido de ellos. Tengo que llegar hasta Etón y mandarles un mensaje, pero necesito una manera de entrar en la fortaleza para que puedan ayudarnos.
- Conozco un camino. - intervino Kara.
Alex fue sola en busca del halcón. Era demasiado arriesgado ir en grupo. Cuanto más fueran, más riesgo corrían de ser encontrados.
Así que allí se quedaron los tres solos. Kal seguía en shock mirando un punto fijo de la pared, mientras Kara se sentó a revisar los documentos que había señalado Alex.
- ¿Tú lo sabías? - preguntó finalmente Kara a Lena.
- Sabía que el reino era corrupto. Te lo dije hace meses. Pero no sabía que estaba tan podrido. A mí también me ha sorprendido todo lo que ha encontrado Alex.
- ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos? No podemos dejar que los Luthor tomen el poder, pero tampoco podemos dejar que el rey continúe con todo esto.
- Quizá podemos hacerle entrar en razón. - intervino Kal.
- Sí, claro. Porque dejará de hacer todo esto porque se lo pidáis "por favor". - contestó Lena.
- Merece el beneficio de la duda. Quizá no sabe nada. Quizá lo han engañado como a nosotros. - respondió Kal.
- Como veáis. Primero tenemos que evitar una batalla y una matanza. - dijo Lena.
- ¿Tienes algún plan? - le preguntó Kal.
- Bueno, no tengo nada en concreto. Podría drogar a los soldados que hay en la fortaleza para cuando llegue la ayuda. Si consigo acceder al agua, no costará mucho. Aún me quedan dosis de la que preparé para vosotros.
- Así que aceptas que nos drogaste. - gruñó Kara dolida.
Desde que Lena había aparecido en su celda, Kara prácticamente no había abierto la boca. Estaba tan furiosa con Lena. Tenía la cara de aparecer y plantarse como si fuera su salvadora cuando era su culpa que estuvieran cómo estaban. Cuando la morena les contó lo que planeaban sus padres, sintió un regocijo en su interior. Más de una vez estuvo a punto de decirle un: "Te lo dije.". Y, después, con las noticias de Alex, volvió el dolor de sentirse traicionada. Sentía asco de lo que había estado haciendo el rey y todo el resto con la gente.
- Lo hice para protegerte, así que no me vengas con rabietas de las tuyas. Si no lo hubiera hecho, estarías muerta.
- Nos podrías haber avisado de las intenciones de los daxamitas.
- Kara, tú y yo estamos en bandos opuestos en esta guerra. Tarde o temprano, tenía que pasar algo parecido y lo sabías. Cuando esto acabe, ya hablaremos con más calma.
- Si para cuando esto acabe alguna de las dos no está muerta. - la amenazó Kara.
- Yo pienso cumplir la promesa que te hice, Kara. Tú haz lo que quieras.
Alex llegando del exterior las interrumpió.
- Está hecho. Ahora hay que esperar, pero tenemos que planear algo para ayudarlos a llegar hasta nosotros. La flota de los daxamitas ha colocado un bloqueo en el puerto.
- Tengo una idea. - dijo Lena y se sentaron todos a la mesa a escuchar lo que proponía la morena.
Era oscuro en la noche cuando una gran cantidad de fuertes explosiones tuvieron lugar en los barcos de la flota de los daxamitas. Esa era la señal para que los Lane se colara entre los barcos y llegarán hasta la fortaleza entre la confusión.
Entrar por la puerta era una misión suicida, las murallas de la fortaleza eran infranqueables y lo sabían. Kara había decidido sacrificar su lugar secreto y les indicó como llegar hasta la cueva marina para colarse dentro. Estaban desembarcando en silencio, no querían alertar a nadie de su presencia, pero había allí una treintena de soldados esperándolos. Sin embargo, parecía que las drogas de Lena habían surgido efecto: apenas se podían mantener de pie y se tambaleaban de un lado a otro. No fue difícil acabar con ellos y subir hasta la plaza donde los cuatro los esperaban.
Otra oleada de soldados apareció, esta vez eran cerca de un centenar. Los soldados de los Lane se quedaron cubriéndolos mientras ellos fueron a los calabozos a sacar a todo el mundo de allí junto con algunos soldados de apoyo.
- Padre. - dijo Kal abrazando al rey. - Venimos a sacaros de aquí.
- Menos mal hijo que estás bien. Estaba preocupado. - le contestó el rey aliviado. - ¿Qué hace la Luthor aquí?
- Nos ha ayudado, su majestad. - respondió Kara. - Tenemos que hablar sobre tráfico de esclavos y corrupción. El reino está podrido.
- ¿De dónde sacas eso? La Luthor te ha comido la cabeza con sus mentiras. - respondió él a la defensiva.
- Hemos encontrado documentos, papá. Están firmados por ti. Tú lo sabes. ¿Cómo has dejado que pasara?
- No voy a tolerar que se ponga en duda mis decisiones. - respondió ofendido. - Ahora no es el momento de hablar de esto. Hay que echar a los Luthor de aquí. - dijo apartando a su hijo que se había puesto en medio para barrarle el paso, pero Kal lo agarró del brazo y lo trajo de vuelta.
- Respóndeme, padre. - dijo sin soltar su brazo. - ¿Por qué?
- Solo son traidores, herejes o vagabundos. ¿Qué más da si acaban quedamos en la hoguera, colgados de la horca o trabajando como esclavos? - gruñó enfadado.
- Espera, ¿vagabundos? ¿no todos eran delincuentes? - preguntó sorprendido Kal.
- Como si pudieras considerar que alguien es un delincuente solo por rezar a un dios que no sea Rao. Basta de esta conversación sin sentido. Tenemos cosas que hacer. - dijo soltándose de Kal.
Volvieron sobre sus pasos y empezaron a subir las escaleras de vuelta a la plaza. Los ruidos de la batalla resonaban a través de las escaleras hasta que un fuerte sonido lo silenció todo. Continuaron subiendo alarmados y encontraron a la mayoría de soldados, tanto los daxamitas como los de los Lane, tumbados en el suelo. El edificio de los talleres tenía un agujero humeante enorme.
- Tengo que felicitarte, Lena. Los explosivos que diseñaste son increíbles. - dijo Lionel apareciendo espada en mano y, a sus espaldas, soldados de los Luthor, Lex y Lillian. - Quizá sí que eras útil después de todo.
- Gracias, padre. Es una pena que solo me vieras como mercancía hasta ahora. ¿Dónde has metido a los daxamitas? - se burló Lena.
- Esos cobardes han huido con el rabo entre las piernas. - gruñó entre dientes.
- Ríndete, Lionel. Estás acabado. - intervino Jor-El.
- No lo tengo muy claro. ¿Quieres apostar? - contestó Lionel levantando la espada en su dirección.
- Que así sea. - dijo tomando la espalda que colgaba de la cintura de Kal que estaba a su lado.
- ¡Lex! - interrumpió Kal la discusión dando un paso al frente.
- ¿Qué quieres ahora, Kal? - dijo Lex dando un paso al frente colocándose al lado de su padre.
- ¿Recuerdas ese día que fuimos a dar una vuelta por el lago? - le preguntó amartillando su revólver y apuntando a Lex. - ¿Recuerdas la promesa que te hice? - continuó mientras Lex amartillaba su revólver también y lo apuntaba de vuelta. - Pues sigo pensando en cumplirla. - sonrió Kal y Lex le sonrió de vuelta.
- ¿Estás seguro de ello, Kal?
- Lo prometo con mi vida. No descansaré hasta que se cumpla.
- Espero que sea verdad.
Los dos se giraron en dirección a sus respectivos padres y apretaron el gatillo. El rey y Lionel Luthor cayeron muertos en el suelo.
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Se acerca el final…
