Nunca un día se le había hecho tan largo. Había rebuscado por todos los rincones del camarote donde estaba encarrada para ver si encontraba algo que llevarse a la boca. Allí solo había recambios de piezas del barco y cuerdas. Ni quiera había tenido un lugar cómodo para dormir durante la noche.

Para el mediodía, había estado realmente tentada a salir fuera a buscar algo para comer. Para la noche, tenía tanta hambre que no era consciente de que había salido del camarote hasta que la brisa la golpeó en cubierta.

- Vaya, creía que podías aguantar semanas sin comer. - bromeó Lena. Cuando la Luthor la había visto aparecer en cubierta, había ido a recibirla.

- Puedo, pero no quiero. - contestó Kara cruzando los brazos.

- Seguro. - se burló la Luthor.

- ¿Qué hay de comer?

- No, no. - rio Lena. - No va ser tan fácil conseguir comida. Tengo algunas condiciones. Primera, cenaremos juntas en el camarote que tenía preparado para ti. Segunda, aceptarás que por lo menos pasemos cinco horas de cada día juntas mientras estemos en Sonokym.

- Dos. - regateó Kara.

- Tres. - devolvió Lena.

- Dos y medio. - insistió Kara. Cuanto menos tiempo ganara Lena, mejor.

- Cuatro. - contestó confiada Lena.

- Está bien. Tres. - cedió Kara dando la batalla por perdida. Tenía hambre. No le venía de media hora.

- Hecho. Tercera, aceptarás comportarte como una adulta durante esas horas.

- ¡Si has sido tú quien me ha secuestrado!

- Cuatro. Pasaremos la semana las dos en la casa de los Danvers.

- Oye, entonces no van a ser solo tres horas juntas.

- ¿Trato?

- No me puedo creer esto. - bufó exasperada Kara.

- No te oigo. ¿Qué dices? Creo que hace un rato que el cocinero ha dicho que la cena estaba lista. Si tardas mucho, los marineros se lo habrán comido todo. -se burló Lena.

- Está bien, está bien. Tú ganas. ¿Tardaremos mucho en cenar?

- En unos minutos nos lo traen. ¿Vamos? Esta vez no te vas a quedar sola. - dijo Lena empezando a caminar dejando atrás a la rubia.

Kara solo suspiró y siguió a Lena de vuelta al que representaba que era su camarote. Allí Lena empezó a preparar una pequeña mesa auxiliar para cenar. Buscó algo para iluminarse mientras comían y lo colocó lo suficientemente cerca para ver algo, pero lo suficientemente lejos para no deslumbrarse. La rubia, mientras tanto, se sentó en una mesa que había en el centro de la estancia donde había desperdigados documentos de navegación. Empezó a leerlos como si entendiera algo de ahí.

Después de dos minutos mirando la espalda de Kara, Lena carraspeó.

- ¿Vas a estar así hasta que llegue la comida?

- Solo estoy leyendo. - contestó Kara sin levantar la mirada de las hojas.

- Has dicho que te comportarías.

- Y lo estoy haciendo.

- Eso no es verdad. - la riñó Lena.

Kara bufó y echó la espalda para atrás apoyándose en el respaldo de la silla. Se quedó mirando el techo unos instantes. Cogió aire y suspiró. Finalmente, se levantó y se sentó delante de Lena en la mesa auxiliar. Lena la miraba fijamente. Kara no podía descifrar esa mirada, pero se la devolvió. La cena no tardó en llegar cortando ese momento. La rubia agradeció ver que ella tenía como el doble de ración que Lena o cualquier otra persona. Realmente estaba muy hambrienta.

Kara no despegó los ojos del plato en toda la cena. Podía ver como la morena hacía ademanes de decir algo, pero nunca acababa de hablar. "Mejor" pensaba la rubia, cuanto antes acabaran mejor.

Kara acabó de comer y levantó la vista para encontrarse con que Lena apenas había tocado la comida. La morena seguía sin separar los ojos de ella.

- ¿Es tan horrible pasar tiempo conmigo? - preguntó Lena totalmente seria.

- ¿Qué quieres decir? - respondió confundida Kara.

- Sabes perfectamente qué quiero decir. No te entiendo, Kara. Me dijiste que aun sentías algo. Me devolviste el beso. - dijo frustrada Lena bajando todas sus defensas. Llegar hasta la rubia se le estaba llevando toda su energía. ¿Qué más podía hacer? ¿Por qué siempre tenía que cerrarse así en banda?

- Sí, y también te dije que no quería volver contigo.

- No quieres saber nada de mí. - afirmó Lena.

- No es tan rotundo. Al final, te necesitamos para sacar Thera adelante. Pero no te quiero en mi vida después de todo. No de ese modo.

- Kara, solo estaba cumpliendo con mi deber. Tú accediste a estar conmigo a pesar de la situación. Y la situación te estalló en la cara. Fuiste tú quien me persiguió para estar juntas. ¿O es que no te acuerdas?

- Era una ilusa. Me manipulaste para conseguir lo que necesitabas.

- Y me moría por dentro por hacerte eso. Estuve tan cerca de abandonar a mi familia. No te puedes imaginar cuánto. Pero pasaron cosas, la Voz de Rao te atrapó y mi hermano empezó a enviar más y más mensajes. Tenía miedo de que, si no les contaba como infiltrarse, atacaran de frente. No quería una batalla en las puertas de la ciudad.

- Ya… No me parece suficiente. ¿Es que acaso te pensabas que no íbamos a poder con ellos?

- ¡No quería una batalla de mi hermano contra ti! - gritó Lena exasperada. - ¿Es que no lo entiendes? No quería tener que sufrir por las dos personas que más quiero.

- Y elegiste traicionarme. - le reprochó Kara.

- No te puedes hacer a la idea de lo mucho que me duele haberlo hecho. - lamentó Lena.

- Tomaste tu decisión. Ahora yo tomo la mía. Y no la respetas. Me has secuestrado.

- No la respeto porque te hace tanto daño a ti como a mí. - se defendió la morena.

- Me da igual.

- Kara, ¿puedes tragarte el orgullo por una vez y dejar de herirnos a las dos? ¿Qué es lo que te molesta? ¿Qué te engañara durante semanas y no te dieras cuenta?

- No es eso.

- ¿Entonces qué es?

- Me siento una idiota. Por haberme enamorado de ti, estuve ciega y no vi lo evidente. Eso es lo que me pasa. No quiero volver a estar tan idiotizada por amor. Amar es una estupidez.

- Siento ser la causa de que pienses eso. - respondió Lena dejándose caer contra la silla.

- Tarde. - acabó Kara levantándose. Se dirigió hasta la puerta y la abrió para la morena. - Si no te importa, quiero dormir.

Lena se la quedó mirando y asintió derrotada.

- Qué descanses. - le contestó y se marchó con la cabeza gacha.

*/*/*/*

Cuando Lena dijo que por la mañana iban a llegar a Sonokym, no mintió. La isla había aparecido durante la noche en el horizonte. A media mañana ya podrían desembarcar.

Kara estaba en cubierta cuando amaneció apoyada contra el mástil. Otra vez había pasado otra noche en vela. Aun recordaba las noches en vela en Gimina. Desde entonces, de una forma o de otra, Lena estaba cerca cuando dormía. Hasta que llegó la invasión de los Luthor y ella la echó.

Se había pasado la noche dando vueltas en la cama sin parar de pensar en la conversación que había tenido con la morena. Lena tenía razón. La echaba muchísimo de menos. Cuando Alex le había dicho que la Luthor haría de intermediario entre la corona y el norte, una parte de ella saltó de alegría. Se quedaría en la ciudad. Pero seguía doliendo. Dolía como un demonio. Y, encima, Lena no dejaba de perseguirla, de intentar recuperarla.

- Rao…- gruñó Kara desperezándose. Estaba agotada.

- Bonitas vistas. - oyó la voz de Lena detrás de ella.

- Sí, hacía mucho que no venía aquí.

- No me refería a la isla.

- ¿Desde cuando eres un cliché andante? - bromeó Kara.

- Me quedo sin recursos. - rio Lena.

- Vaya. Te tenía por una persona más creativa.

- Y yo creía que no querías saber nada de mí.

- Las tres horas ya están empezando a contar.

- Pues habrá que aprovechar.

*/*/*/*

En la isla apenas había un pequeño muelle para desembarcar, así que tuvieron que llegar con un bote.

Encima de un pequeño turón en el fondo de la isla, había la famosa residencia de los Danvers solitaria rodeada por altas verjas que habían perdido la mayor parte de las maderas que la debieron formar años atrás. Kara, sin esperar a Lena, empezó andar en esa dirección. La morena mientras tanto se quedó a dar las últimas instrucciones a los marineros. Cuando quiso darse cuenta, Kara ya estaba a mitad de camino.

La Luthor aceleró el paso para intentar alcanzarla, pero de todos modos la rubia llegó antes que ella. Desde luego, Kara seguía teniendo más resistencia y velocidad que ella, porque ella llegó ahogada a la cima.

Allí arriba, al lado de la casa, entendió perfectamente porque los Danvers habían construido su residencia en un lugar tan remoto. A sus pies se abría una estrecha cala con una pequeña playa de arena de apenas dos metros de ancho. Un pequeño camino tallado en el acantilado que separaba la casa de la playa era el único acceso.

Cuando recuperó el aliento, dio media vuelta hacia la residencia. Era apenas una casa no muy grande de tres pisos incluyendo la planta baja. El estilo le recordaba mucho a la fortaleza. Las paredes eran de color ocre con cenefas azules y rojas.

Entró por la pequeña y única puerta de la casa. En la planta baja, estaban la cocina, una especie de baño y una sala para limpiarse parecida a la que tenían en la capital. También había lo que parecía la despensa vacía. No tardarían en traerles la comida que iban a necesitar esos días. Las escaleras estaban al fondo. Kara no parecía estar en esa planta así que subió al primer piso. Allí había una gran sala de estar que servía también de comedor a juzgar por la mesa baja que había. Una puerta conducía a una habitación con un pequeño balcón. Allí tampoco estaba Kara. Solo quedaba un piso más.

En el último piso encontró una pequeña habitación que parecía un desván por la cantidad de trastos que había dentro. El resto del piso era una gran habitación con una terraza del mismo tamaño. La rubia había movido una de las dos camas que había allí y la había colocado en el exterior. Estaba tumbada encima con los brazos detrás de la cabeza mirando el cielo.

- ¿Por qué no me sorprende que estés aquí fuera tumbada? - sonrió algo nostálgica Lena.

- Quizá sí que me vendrán bien estás vacaciones. - contestó inspirando fuerte Kara. - Veintiuna horas al día para desconectar. ¿Qué más puedo pedir?

- ¿Las que pases conmigo no cuentan?

- Es un sacrificio que hago para un bien mayor. Por cierto, yo me quedo esta habitación. Tú tienes la de abajo.

- Aquí hay dos camas.

- Me da igual. Tú duermes en la habitación de Jeremiah y Eliza. Yo me quedo esta.

- ¿Alex y tú dormíais aquí? - preguntó Lena con curiosidad.

- Alex dormía allí y yo aquí. - contestó Kara señalando primero la cama interior y después la que tenía debajo. - También vamos a repartirnos turnos para ir a la playa.

- ¿Cómo?

- Solo podemos pasar tres horas juntas al día. Yo pienso pasar mucho rato allí abajo. Por tanto, cuando se cumplan las tres horas, te tendrás que ir.

- Para empezar, ¿por qué me tengo que ir yo? Segundo, no hace falta ser tan estrictas con las tres horas, ¿no crees?

- A tu primera pregunta, me gusta más el mar que a ti y estoy aquí secuestrada por ti. Tengo preferencia. Segundo, lo de las tres horas se seguirá al pie de la letra. Hoy llevas una hora y media. Te queda la mitad.

- Eres de lo que no hay. - se quejó Lena.

- ¿Vas a malgastar tus preciadas horas en esto?

- No, nos vemos para la hora de comer. Qué descanses. - se despidió Lena.

- Seguro. - acabó Kara desperezándose. Cerró los ojos y se relajó oyendo como Lena salía de la habitación. Quizá allí iba a ser capaz de dormir algunas horas.

*/*/*/*

Cuando Lena subió al cabo de un par de horas, se encontró a Kara durmiendo tranquilamente donde la había dejado. La última vez que la había visto durmiendo tan profundamente fue mientras estaba enferma. Un escalofrío recorrió su espalda. Mejor no pensar en ello.

Después de intentar despertar a la rubia unas cuantas veces, se dio por vencida. Parecía que no iban a comer juntas. Bajó de nuevo y comió sola pensando en que haría con la hora y media que le quedaba con la rubia ese día.

Una vez se había acabado su comida, le entró algo de sueño. Se levantó para ir a la que sería su habitación, pero paró en seco en la puerta. Cogió la ropa de Kara que Alex le había dado y la subió a la habitación de arriba.

Podría aprovechar que Kara dormía tan profundamente. Estaba tumbada boca arriba. Lena se acercó silenciosamente y se estiró apoyando parte de su cuerpo en el costado de Kara y su cabeza en su hombro. Después de estar en esa posición un rato, notó como la rubia rodeaba su cintura. Se quedó dormida allí.

*/*/*/*

Kara no sabía cuánto rato había dormido, pero tenía muchísima hambre. Por el cielo podría decir que era media tarde. Empezó a desperezarse cuando notó un peso sobre su lado. Giró la cabeza para encontrarse a Lena tumbada allí. Rápidamente apartó a Lena de su lado haciendo que se despertara.

- Has hecho trampas. - la acusó.

- No sé de qué me hablas. - respondió Lena haciéndose la inocente.

- Te has pasado del tiempo.

- Yo acabo de llegar.

- No es verdad. Estabas totalmente dormida.

- Eras tú la que estaba totalmente dormida. Yo acababa de llegar. De hecho, calculo que solo he pasado diez minutos aquí.

- Estoy segura de que eso no es verdad.

- ¿Tienes alguna prueba?

- No.

- Pues entonces no puedes acusarme de nada. Me queda una hora y veinte minutos aún. Me voy a la playa. - dijo la morena levantándose tranquilamente y abandonando la habitación. - Queda algo de comida encima la mesa por si tienes hambre.

Kara gruñó enfadada. Estaba segura que Lena la estaba timando, pero no podía probarlo. Pero primero, iba a ocuparse del hambre que tenía. Bajó al comedor y se encontró con algún plato variado y una bandeja de fruta. Se comió todo rápidamente. Se tumbó al lado de la mesa y se dedicó a mirar el techo. Podría ir a la playa, gastar la hora y veinte que le quedaba con Lena y olvidarse de ella por lo que quedaba de día. Eso iba a hacer.

Y ese era el plan. Ya estaba a mitad de las escaleras que bajaban hasta la playa cuando se dio cuenta que Lena se estaba bañando desnuda para variar. Sonrojada, dio media vuelta y volvió sobre sus pasos sin mirar atrás. Necesitaba un plan B y los recursos allí eran limitados. Decidió pasear por el resto de la isla. Mala opción. Después de tres rugidos de diferentes animales salvajes pasada la verja decidió que prefería quedarse en la residencia. Lena estaba entrando cuando llegó.

- ¿Ya has acabado? - dijo Kara señalando la playa.

- Toda tuya. Yo voy a quitarme la sal.

Kara se encogió de hombros y, sin decir nada más, salió disparada a la playa. Apenas, tocar la arena se había quitado la ropa y había entrado en el mar. Casi se pone a llorar de lo mucho que lo había echado de menos. Notaba las olas moverse a su alrededor mientras el agua la envolvía por completo. Se tumbó en el agua y se relajó flotando en la superficie.

El Sol estaba empezando a ponerse así que el cielo tenía tonos naranjas. En esa posición el agua le cubría las orejas y no escuchaba nada. Estaba totalmente aislada de todo lo que no fuera el mar y estaba disfrutando de cada segundo.

No pasó mucho rato cuando el aire frío golpeó la parte de su cuerpo que no estaba cubierta por agua. Debería ir saliendo ya. Tenía muchos días para volver.

Siguió la misma rutina que Lena y lo primero que hizo al llegar a la casa fue quitarse la sal. Fuera, ya prácticamente era de noche así que se acercaba la hora de cenar. De momento, la morena se había comportado respectando las horas. Si era cierto lo que decía, les quedaban juntas una hora y veinte. Supuso, y no se equivocó, que Lena las querría gastar mientras cenaban.

- Parece que el baño te ha ido bien. Pareces más relajada. - dijo Lena cuando Kara se sentó delante de ella.

- Lo estoy, la verdad. Por cierto, pasar de las verjas no es una opción. Parece que la fauna se ha vuelta algo agresiva.

- ¿Ha pasado algo? - preguntó preocupada Lena.

- No, pero no tentaría la suerte.

- Tampoco hay nada que me interese allí. Toda mi atención está aquí. - contestó Lena mientras acercaba su mano a acariciar la de Kara que la apartó rápido.

- No toques. Suficiente has tenido antes.

- No sé a qué te refieres. - contestó Lena fingiendo inocencia.

- Lo sabes perfectamente. Estoy segura que has hecho trampas. - la acusó.

- ¿Quién sabe? - rio Lena.

- ¿Eso es una confesión?

- No.

Pasaron el resto de comida hablando un poco de todo y de nada. Cuando la hora y veinte minutos había pasado, Kara se levantó deseándole las buenas noches a Lena y se fue a dormir.

*/*/*/*

A pesar de haber dormido la mayor parte del día anterior, esa noche Kara pudo dormir relajadamente.

Todo estuvo extrañamente y solitario. De hecho, incluso despertó y desayunó sola esa mañana. ¿Dónde estaba Lena?

Intentó no darle más vueltas a la absencia de la morena y buscó algo con que entretenerse. Dado que no había planeado ese viaje, no había traído nada para pasar las horas muertas. Echó un vistazo al desván. Si no recordaba mal, debería haber alguna cosa con la que solía entrenar cuando era pequeña. Estaba llena de energía de nuevo y quería sacarle partido.

Efectivamente, encontró un par de espadas de madera. Una era de Alex y la otra, suya. Encontró un muñeco de entrenamiento, pero era para niños así que no le iba a servir de mucho. Cogió el par de espadas, algunas protecciones y salió de la casa.

Había algunos pocos pinos alrededor de la casa. Eran árboles estrechos de corteza marrón rojizo con densas y altas copas redondeadas llenas de hojas. Había gente que decía que esos árboles tenían forma de setas. Aprovechándolos, Kara colocó las protecciones en uno de ellos y se dispuso a golpearlo. Primero, entrenó movimientos de lucha cuerpo a cuerpo. Después, lucha con una espada. Y, para acabar, entrenó algunos movimientos que Alex le había enseñado para la lucha con dos espadas. Se le daba realmente mal coordinar el movimiento de las dos armas.

Para cuando el Sol estaba prácticamente brillando en lo alto, Kara caía rendida al suelo agotada.

El tiempo estaba loco. En teoría, no quedaba mucho para que empezara a llegar el frío. Había días en que se notaba y necesitaba usar algo más de ropa. Otros, hacía tanto calor como en verano. Ese era uno de esos días así que decidió ir a la playa a refrescarse un rato.

El agua fría la ayudó a relajar la musculatura cansada. Se sentó en la arena dentro del agua justo antes del lugar donde rompían las olas. El agua le llegaba a la altura de la barbilla. Desde esa posición podía relajarse hundida totalmente en el agua mirando el paisaje. Cuando empezaba a sentir algo de calor en la cabeza, se sumergía completamente unos segundos y volvía a salir totalmente refrescada.

Después de la quinta o la sexta vez de repetir ese ritual, pudo ver a Lena bajando las escaleras. Siguió su recorrido con la mirada hasta que llegó a la arena. La morena dio un par de pasos en su dirección y paró en seco. Se empezó a sacar la ropa lentamente. Kara apartó la mirada rápido, solo para después sentirse tentada a volver a mirar. Hundió la cabeza de nuevo en el agua intentando apartar sus pensamientos de la morena.

Cuando salió fuera a coger aire, se encontró de frente a Lena desnuda mirándola con los brazos en jarra. Calculó mal la distancia que tenía con el agua y, en vez de coger aire, tragó agua casi ahogándose. Kara se levantó tosiendo intentando expulsar el agua de sus pulmones.

- Nunca me cansaré de divertirme por verte hacer eso. - rio Lena.

- ¿El qué? ¿Morir ahogada? - respondió Kara ofendida.

- No, ponerte nerviosa por verme desnuda. Es muy tierno que te pongas así después de haberlo visto todo de muchísimo más cerca. - bromeó Lena cerrando el espacio entre las dos.

- Me voy a bucear. - dijo Kara alejándose rápido al nado.

Lena empezó a reírse viendo la velocidad con la que había huido la rubia. La verdad es que era un alivio ver que aun provocaba aquellas reacciones en Kara.

Después de refrescarse un poco, la morena salió fuera de nuevo. Colocó bien la tela que había traído con ella en la arena y se tumbó boca abajo. Escuchando las olas del mar, le pareció haberse quedado dormida cuando notó algo viscoso y mojado en su espalda. De un salto, se apartó de esa cosa.

Kara empezó a reírse a carcajadas.

- ¿No te gusta la comida? - preguntó la rubia enseñando un pulpo que cargaba en una mano.

- ¡¿Cómo se te ocurre?!

- Llámalo mi pequeña venganza. - dijo Kara cogiendo el pulpo y mirándolo. - ¿Qué te parece? En una horita tengo el almuerzo listo.

- Come tú. Gastaré mis horas en otro momento.

- Como quieras. - respondió Kara encogiéndose de hombros.

*/*/*/*

Después de comer, a Kara le había entrado sueño. Como Lena había dicho, no la había visto mientras comía. Rebuscó en el desván. Si no recordaba mal, allí debería haber algunos libros. No se equivocaba. De hecho, encontró otra cosa que le iría ideal mientras leía. Bajó de nuevo hasta la entrada de la casa. Buscó un par de árboles que le sirvieran. Cerca del lugar donde había entrenado había algunos y ató la hamaca. Se tumbó bajo la sombra de los árboles y se puso a leer tranquilamente.

Lena no tardó en subir de la playa. Le preguntó por la comida y se fue adentro.

Con el suave balanceo de la hamaca y el sonido de las olas, Kara no podía evitar que se le cerraran los ojos. Dejó el libro sobre su pecho y se durmió.

No sabía cuánto rato debería llevar durmiendo cuando notó algo de movimiento extraño. Lena se intentaba subir a la hamaca.

- ¿Qué haces? - preguntaba asustada. - Nos vas a tirar.

- Déjame espacio. Tiene pinta de cómodo. - le decía Lena mientras la empujaba.

- Sí, hombre. Búscate otro sitio. - respondía Kara sin moverse un centímetro.

- He decidido que quiero gastar horas aquí.

- Pero no encima de mí.

- No especificaste como teníamos que pasar las horas. Así que te aguantas. Y ahora muévete.

Kara acabó cediendo y dejó un hueco a Lena. La morena se tumbó de lado apoyando la cabeza en su pecho entre quejas de la rubia. La Luthor también había traído un libro, así que, concentradas las dos cada una en el suyo, estuvieron tranquilas y relajadas un rato.

Quizá deberían llevar unos veinte o treinta minutos cuando Lena apartó su libro y lo soltó en el suelo. Empezó a acariciar el brazo de Kara que tenía más cercano.

- Lena, ¿qué haces? - se quejó la rubia.

- ¿Te molesta?

- Sí.

- Ajá. - contestó de vuelta la morena sin detenerse. - Se te ha erizado la piel. Eso es que te gusta.

- Eso es que me pones nerviosa.

- Vale. - acabó Lena cerrando los ojos y siguiendo con las caricias. Kara solo suspiró y se rindió.

Al final, con el pasó de los minutos, Kara se relajó tanto que acabó quedándose dormida.

Cuando despertó, el Sol ya se estaba poniendo. Estaba sola otra vez. Encontró una nota encima de ella. Lena le había dejado un mensaje avisándola que ya habían las tres horas y que se verían al día siguiente. Esa noche, Kara volvió a cenar sola.

Al final, ese día no había pasado prácticamente tiempo con Lena. Según la morena lo había pasado dormida. Mejor, así compensaba las horas que la Luthor le había robado.

*/*/*/*

Cuando se despertó por la mañana, lo primero en lo que pensó fue en cuándo vería a Lena ese día: ¿para cenar? ¿en la playa? Se maldijo a sí misma por estar pensando en esas cosas nada más levantarse. Se suponía que tenía que eliminar cualquier esperanza que la morena pudiera tener, no alimentarla.

Para variar, desayunó sola. Bajó a entrenar un rato. No debía llevar mucho tiempo cuando Lena apareció, la saludó y se tumbó en la hamaca que había al lado con un libro en la mano. Lo abrió y empezó a leerlo concentrada. Kara se sentía un poco ignorada. ¿No se suponía que habían ido hasta allí para que Lena la pudiera recuperar? ¿Qué hacía la morena?

- ¿Vas a gastar tus horas así?

- ¿Esto cuenta? - preguntó Lena fingiendo sorpresa.

- Un poco, ¿no crees?

- Pues vaya… no me parece justo.

- Pues ves a otra parte a leer.

- No, estoy cómoda aquí.

- Pues perderás tiempo.

- Pues vale. - respondió encogiendo los hombros.

Y sin decir nada más, Lena volvió a su lectura.

Y así pasaron las tres horas del día. Kara no entendía nada. Enfadada, bajó a la playa a refrescarse. No iba a negar que tenía la esperanza de que la morena la siguiera y, por lo menos, podrían discutir un poco. Pero Lena no se movió de la hamaca.

*/*/*/*

No la había visto en toda la tarde. Había intentado meditar y rezar a Rao, pero había sido incapaz de estar concentrada más de dos minutos. Para la cena, Kara no sabía si subirse por las paredes o empezar a hablar sola. Dos días enteros sin una sola conversación de más de diez palabras. A este paso, iba a olvidarse de cómo hablar.

Empezó una lucha interna dentro de ella. ¿Subir raciones de comida para una o dos personas? No iba a ceder para nada. Si tenía que pasarse una semana aislada sin hablar con nadie, lo haría. Cosas peores le habían pasado. Esto no era nada. Iba a poder con ello, ¿verdad?

Cuando colocó los platos sobre la mesa, se dio cuenta que inconscientemente había llevado la comida para dos personas. Suspiró. Dio media vuelta y golpeó suavemente la puerta de la habitación de Lena. La morena debería estar allí. Nadie contestó. La abrió lentamente. Estaba todo a oscuras. Quizá la morena no estaba allí.

- ¿Qué quieres, Kara? - preguntó de la nada una voz asustando a la rubia. Kara desde fuera no lograba ver de dónde provenía la voz.

- ¿Vienes a cenar? - preguntó a la nada.

- ¿Ya has acabado?

- No. - contestó Kara, pero Lena no respondió. Parecía que esperaba que la rubia dijera algo más. - ¿Quieres cenar conmigo?

- Ya he gastado las tres horas.

- Lo sé.

- No vale gastar horas del día siguiente.

- No te estoy diciendo eso. Solo quiero saber si quieres cenar conmigo.

- ¿Aunque no me queden horas?

- Sí.

- ¿Dónde está la trampa?

- No la hay.

- Entonces, ¿por qué me regalas tiempo?

- Porque sí.

- No lo entiendo.

- ¿Vas venir o no?

- Cuando me digas por qué.

- Por Rao, porque me aburro. Necesito interactuar con alguien. Por favor, Lena. ¿Puedes venir y hacerme algo de compañía? Me voy a volver loca. - explotó al final Kara.

- Ahora sí. - dijo burlonamente levantándose de su escondite. La rubia solo bufó como respuesta.

Las dos fueron a la mesa y se sentaron una enfrente de la otra. Lena fue la primera en empezar a hablar.

- Así que, ¿estás pasando los días entrenando?

- Me tienes atrapada aquí. No tengo mucho que hacer.

- ¿Te has planteado buscar alguna manera de salir de aquí?

- ¿Cómo? ¿Has visto barcos de sobra por aquí?

- Cierto.

- ¿Sabes? Una vez, cuando tenía quince años o así, quería estar con Kal y no estar aquí. - rio Kara. - Así que intenté construir una balsa con algunos troncos, cuerdas y tela. Se destruyó nada más zarpar. No me alejé ni cien metros de la costa. No creo que ahora vaya a tener mucha más suerte.

Ninguna dijo nada más. Se instaló un silencio en la sala mientras comían hasta que Lena volvió a romperlo.

- ¿Entrenas con dos espadas?

- Alex me intentó enseñar antes de ir a Gimina. Es evidente que no lo consiguió. Solo intentó aplicar lo que me explicó.

- No se te da muy bien.

- Es difícil coordinar los movimientos. – se defendió Kara. Lena volvió a no darle respuesta. Se formó un silencio algo incómodo entre las dos que Kara intentó romper. - ¿Y tú que has estado haciendo? No te he visto mucho.

- ¿Querías verme más? - dijo Lena con media sonrisa.

- ¿Por qué lo llevas siempre a lo mismo?

- Porque es lo que dejas intuir. Primero, me pides que cene contigo a pesar de haber gastado ya mis horas. Y, ahora, te quejas de que no me ves.

- No me estaba quejando.

- Seguro.

- No debería haberte pedido cenar juntas. – se lamentó Kara.

- Lo siento, lo siento. Pero es muy divertido picarte. - rio Lena.

- Pues a mí, no me hace gracia.

- Vale. Cambio de tema. Pues he estado trabajando en proyectos y cosas. Tenía cosas atrasadas por todo lo que ha pasado.

- ¿Te has traído trabajo aquí? ¿No se suponía que estábamos de vacaciones?

- Pero tengo mucha faena por hacer.

- Estás de vacaciones. Cuando acabemos de cenar, me das todos los papeles y los guardo yo.

- No, no. Tranquila, ya lo guardo yo.

- Te pondrás a trabajar.

- Te prometo que no.

- Como digas. Si te pillo trabajando, te tiro otro pulpo encima. - bromeó Kara.

- Pobre de ti. - contestó Lena completamente seria, cosa que hizo que la rubia estallara en risas.

Continuaron charlando mientras cenaban, pero al final la comida se acabó. Lena no sabía si ahora la rubia la volvería a echar o la dejaría quedarse un poco más. Kara no dijo nada. Solo se tumbó en su lado de la mesa. Lena se levantó y se tumbó a su lado.

- Ya hemos acabado de cenar. - dijo Lena.

- Sí.

- ¿Me vas a echar?

- No.

- ¿Mañana podemos cenar juntas sin que pierda horas de mi tiempo?

- ¿Todo esto ha sido un truco para que te regalara más horas?

- Solo pregunto. Estoy pensando en cómo distribuir las horas de mañana.

- Está bien.

- ¿Y al medio día?

- No te pases.

- Vamos, me dirás que no te lo has pasado mejor que sola.

- Me duele tener que darte la razón. - reconoció Kara tapándose los ojos con las manos.

- Al final, no soy tan mala compañía. ¿Y para desayunar?

- Te estás pasando.

- ¿Por favor?

- Está bien. - aceptó Kara.

- No me puedo creer que he logrado convencerte de algo. - celebró la morena. - Voy a grabar una placa en el hospital dedicada a este día. Voy a restregárselo a Alex. Este día no quedará en el olvido. - bromeó Lena.

- ¡Oye! ¿Qué insinúas?

- Nada, nada. ¿Dormimos juntas?

- Vaya, te has pasado de la raya. - respondió rápido Kara mientras huía rápido a su habitación antes de que la otra le volviera a convencer de algo. - Me voy a dormir sola. Hasta mañana.