Empezaba el cuarto día de la semana. Era el ecuador de las vacaciones y Lena solo había conseguido volver prácticamente al punto previo a secuestrar a la rubia. Tenía que ponerse las pilas si no quería volver a la capital con las manos vacías.

Se levantó temprano para preparar el desayuno de ambas. Una vez lo tuvo encima de la mesa fue a despertar a la rubia que dormía en su habitación.

Kara parecía dormir profundamente sobre un costado. Con cualquier otra persona hubiera recurrido a métodos como el zarandeo y llamarla por su nombre, pero era Kara. Se tumbó a su lado mirándola de frente. Primero, le dejó un beso en la frente. Bajó hasta la nariz dejando cortos besos. La rubia solo arrugó un poco la nariz, pero seguía durmiendo. Continuó por su mejilla hasta llegar al límite de su cara. Entonces bajó recorriendo su mandíbula. Nada, la rubia seguía dormida. La morena apartó el cabello rubio de su camino y colocó su mano sobre la cintura de Kara para mantener el equilibrio y siguió bajando por su cuello. Encontró un punto sensible porque la rubia dejó ir un suspiro y la agarró del brazo.

Entonces Kara la soltó y empezó a girarse para quedarse boca arriba. Se llevó la mano a la cara a la vez que empezaba a estirarse.

- Buenos días. - susurró Lena en su oído.

- ¿Por qué no me sorprende que te hayas colado en mi cama? - murmuró Kara con la voz ronca del sueño.

- El desayuno está listo. ¿Vienes?

- Un momento. Por lo menos, déjame abrir los ojos. - se quejó la rubia.

- Todo el tiempo que quieras. - asintió la morena sin moverse de su sitio.

- ¿Sabes que esto forma parte de las tres horas? No estamos ni desayunando, ni almorzando, ni cenando.

- Me parece bien gastar tiempo así. - contestó Lena mirándola fijamente.

- ¿Y tienes que mirarme así mientras me despierto?

- Estás un poco quejica esta mañana.

- Es lo que tiene levantarte con tu secuestradora encima.

- La peor experiencia de tu vida. - rio Lena.

- ¿Puedes ir yendo, por favor? - le rogó Kara. - Ahora vengo yo.

- Está bien, pero solo porque me lo pides por favor.

Lena la dejó sola, cosa que permitió que Kara lograra recuperar la consciencia más o menos. Su mente estaba sumergida en la sensación de despertarse con Lena acariciándola.

Pasaron el desayuno charlando animadamente. Kara entrenaría durante esa mañana. Lena decidió que buscaría un refugio del Sol entre las rocas de la cala para leer.

Kara seguía empeñada en lograr aprender movimientos con las dos espadas. Estaba un poco frustrada por su falta de coordinación. Y para compensarlo, empezó a golpear con más fuerza el árbol. En uno de sus golpes, no calculó bien la distancia y la espada pasó de largo sin golpear el objetivo. Pudo oír perfectamente como crujía su espalda. Intentó volver a la posición inicial y toda su espalda volvió a crujir. Del dolor que la recorrió, le costó coger aire. Prácticamente no podía mover la espalda. Y para acabar de mejorar el conjunto, las dichosas costillas que se rompió también se dolieron del movimiento.

- ¡Rao! - gritó de dolor.

Intentó levantar uno de sus brazos, pero notó fuertes pinchazos en la espalda y no pudo. Rendida volvió a dejar caer el brazo.

- Supongo que esto será todo por hoy. - suspiró la rubia. - Seguro que Lena tiene un remedio de los suyos milagrosos.

Kara soltó tan delicadamente como pudo las espadas en el suelo. Se dirigió a la playa en búsqueda de Lena. Fue toda una aventura bajar por allí con limitación de movimientos y sin poder mirar siquiera el suelo que pisaba.

Afortunadamente, Lena no se había escondido mucho y la encontró fácilmente. La encontró no es sinónimo de llegar hasta ella. La morena estaba en un rinconcito concentrada leyendo. Para llegar hasta allí tenía que trepar por las rocas del acantilado. No era una opción que valorara ahora mismo. Se acercó tanto como pudo a la Luthor manteniéndose en su campo de visión y empezó a gritar su nombre.

Lena levantó la cabeza de su libro y la saludó cuando la vio. Pero volvió la vista a su libro. Kara volvió a gritar su nombre. La morena volvió a levantar la cabeza interrogante.

- ¿Puedes venir? - gritó Kara.

- Ven tú. - gritó Lena de vuelta.

- No puedo.

- ¿Por qué?

- Ven.

Kara pudo ver como Lena soltaba un suspiro y se levantó. La morena iba vestida con una especie de camisa ancha que le llegaba a la altura de medio muslo. Lo suficiente larga para esconder un poco las cicatrices que tenía allí. Recogió algunas cosas que tenía por allí. Con agilidad bajó por las rocas hasta la pequeña playa donde la esperaba Kara.

- ¿Qué pasa? - le preguntó preocupada.

- No me puedo mover. - confesó la rubia.

- ¿Cómo? - preguntó sorprendida.

- He hecho un mal gesto entrenando y no puedo mover la espalda.

Lena estalló en carcajadas al instante.

- ¿Podrías dejar de reírte y hacer algo para ayudarme? - se quejó la rubia.

- ¿Y yo qué quieres que haga?

- No sé. ¿No tienes alguna de tus medicinas?

- No. No contaba con que te fueras a hacer daño en mitad de una isla desierta, Kara. Lo tuyo tiene mérito.

- Sí, muy gracioso. Pero sigo sin poder moverme.

- No tengo ninguna medicina, Kara. Pero quizá un masaje te ayude. - propuso la morena.

- Si tú lo dices. - dijo algo insegura.

- Espera que coloco esto por aquí. - dijo colocando una tela sobre la arena. - Quítate la camisa y túmbate boca abajo.

- No. No me voy a quitar la camisa.

Lena volvió a estallar en risas.

- Tu verás. No hay nada allí que no haya visto ya. - dijo señalando el torso de la rubia. - Y no soy yo la que tiene el problema.

- ¿No puedes darme el masaje por encima de la camisa?

- Poder, podría. Pero será igual de útil que no darte ningún masaje. Así que, si no quieres el masaje, voy recogiendo. - dijo señalando la tela.

- Está bien, está bien. - contestó Kara, pero cuando subió los brazos para soltar los botones de su camisa le volvió a dar un pinchazo. Era incapaz de desnudarse por sí misma. - No me puedo creer lo que voy a decir. Lena, ¿me puedes ayudar a quitarme la camisa?

- Vaya y yo que pensaba que iba a costar muchísimo más llegar a esta fase. - bromeó Lena.

- Lena, en serio. Me duele mucho.

Lena levantó las manos en señal de rendición. Con una sonrisa divertida en los labios, se acercó mucho más de lo necesario a Kara y empezó a desabotonar los botones de la camisa. Kara prácticamente podía notar el aliento de la morena contra sus labios.

- Lena, no juegues. - bufó Kara levantando la cabeza para mirar hacia el cielo lejos de Lena.

- No sé a qué te refieres.

Una vez tuvo todos los botones desabrochados, Lena subió sus manos hasta la altura de las clavículas de Kara. Resiguiendo la línea de los hombros de la rubia fue bajando la tela. Cuando llegó a los brazos, continuó su camino hasta llegar a las manos. La camisa prácticamente cayó por su propio peso al suelo.

Lena podía oír como se había acelerado la respiración de Kara.

- ¿Abusas así de todos tus enfermos? - se quejó la rubia.

- Kara, ya te he dicho que no sé a qué te refieres. Date media vuelta que te quito el sujetador.

La rubia se dio media vuelta dándole la espalda a la morena. Lena volvió a acariciar la piel de Kara en su camino hasta el cierre del sujetador. Se fue encontrando las marcas tiernas de los latigazos que había recibido la rubia no hacía tanto. Soltó el cierre. Subió las manos por sus omoplatos hasta las tiras de la prenda y la arrastró hasta que cayeron de sus hombros. La prenda cayó haciéndole compañía a la camisa.

- Túmbate boca abajo. - le ordenó Lena.

Kara obedeció. Con algo de dificultad y algún que otro pinchazo, lo logró. Lena entonces se sentó encima de su trasero. Apartó el cabello de la rubia a un lado y observó su espalda. Seguía teniendo los músculos de la espalda igual de marcados o más. No más de una decena de cicatrices se repartían de forma puntual por la espalda. Lena sintió el impulso de acariciar cada una de ellas con sus manos, con sus labios.

- ¿No tenías otro sitio donde sentarte? - se quejó la rubia.

- Desde aquí es más cómodo.

- Seguro.

- ¿Dónde te duele exactamente?

- En la espalda baja, alrededor de las costillas y debajo de los hombros.

- Déjame tocarte a ver si encuentro de donde viene el dolor exactamente. - le contestó Lena. Empezó a la altura de los hombros y fue bajando poco a poco. - Dime cuando llegue.

Para cuando la mano había pasado la altura de los omoplatos, Kara le indicó que era allí.

- Vale, creo que puedo solucionarlo. Pero quizá duele un poco.

- Peor que lo que duele ahora no será.

Lena empezó trabajando la parte superior. Al principio, intentaba no hacer mucha fuerza para no hacerle más daño.

Kara notaba las suaves manos de Lena pasearse por su espalda. No pudo evitar que la piel se le erizará ante cada roce de la morena. Empezaba a sentir su corazón acelerarse y le costaba respirar. Cada vez tenía más calor. Estaba segura que debía estar empezando a sonrojarse. Intentó esconder su cabeza hundiéndola en la arena. Podía sentir como el dolor de su espalda empezaba a desaparecer gracias a las caricias. Allí donde pasaba Lena, la piel le ardía.

Y cada vez las manos de Lena se movían más seguras, más firmes.

- ¿Va bien?

- Sí, no pares. - dijo la rubia entrecortadamente.

Lena notaba como Kara se iba relajando bajo sus manos. La morena reseguía con su mirada la curva del cuello de la rubia. Reseguía los músculos que tenía debajo las manos. Se moría por volver a poner los labios encima otra vez.

Podía notar las diferentes partes donde los músculos de la rubia se habían vuelto piedras. A medida de suaves pasadas, los nudos se fueron aflojando y decidió apretar más. Solo con la fuerza de sus brazos no logró aplicar suficiente fuerza. Aplicó la fuerza de todo su cuerpo balanceándose, pero no calculó que en esa posición su cadera iba a chocar con la de la rubia.

Kara y Lena gimieron a la vez. Las dos se quedaron paradas.

- Perdona. - dijo Lena.

- Culpa mía. - murmuró Kara con la cabeza escondida.

Lena volvió a repetir el movimiento intentando evitar la colisión. Pero solo consiguió reducirla. Volvió a notar como su cadera se frotaba contra de la otra. Para esas alturas Lena tenía tanto calor que paró para quitarse su camisa.

Lena cambió de zona y empezó a centrarse en la espalda baja de la rubia. Inconscientemente, Kara se arqueó buscando las manos de la morena. Lena retomó el masaje.

Kara estaba completamente excitada. Lo sabía perfectamente. Notaba como su entrepierna ardía y necesitaba ser tocada. Cada vez que las manos de la morena se acercaban a sus costados, notaba como sus caderas intentaban buscar las de Lena. También notaba como la morena también se estaba excitando por cómo se movía su cuerpo contra el suyo.

La morena pasó justo por un punto que la estaba matando. El placer provocó que su cuerpo se moviera solo. Sus caderas fueron a buscar el choque con las de Lena y ambas gimieron ante el contacto.

- Lena, creo que deberíamos parar. - dijo Kara.

- Como quieras. - contestó Lena levantándose y saliendo de encima de la rubia. - Voy a darme un baño. - dijo Lena antes de desaparecer en el agua.

Kara se quedó tumbada en la arena intentando ordenar sus pensamientos. Solo sentía un agobiante calor. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ir detrás de Lena.

La rubia, al cabo de un rato, había vuelto a la casa sola. Dudaba mucho de que, si volvía a ver a Lena desnuda en el mar en el estado que estaba, iba a poder resistirse. Preparó algo de comida para las dos y se fue a dar un baño bien frío en la planta baja.

Cuando Lena volvió, comieron en silencio medio avergonzadas, medio acaloradas.

- ¿Dónde vas? - preguntó Lena a Kara una vez ya lo habían llevado todo de vuelta al piso de abajo. La rubia estaba saliendo al exterior de la casa.

- Voy a descansar un rato en la hamaca. - dijo señalándola sin mirar a Lena de vuelta.

- Siento si te he hecho sentir incómoda. No era mi intención. - respondió la morena antes de que Kara se fuera.

- Tranquila, he sido yo la que te ha pedido el masaje.

Kara no dijo nada más, pero continuaba agarrada al marco de la puerta sin moverse.

- Entonces, ¿puedo venir contigo? - pidió Lena.

- Está bien. Pero las manos quietecitas. - bromeó Kara.

La rubia salió por la puerta seguida de la morena.

La primero en tumbarse fue la kryptoniana que todavía estaba algo dolorida de la espalda. Intentando no hacerle daño, Lena se tumbó a su lado. Apoyó la cabeza en su hombro y rodeó la cadera de la rubia con su brazo. Kara la rodeó con el brazo y la apretó contra ella.

- No intentaba que pasara lo que ha pasado. - se disculpaba la morena otra vez. - Te lo prometo. Nunca abusaría así.

Kara no dijo nada. Parecía pensar en algo.

- Eres como un maldito imán, Lena. Intento alejarme de ti, pero, cuando me doy cuenta, vuelvo a ti. Lo odio.

- ¿Por qué lo odias?

- Porque me has hecho muchísimo daño. Porque nunca en mi vida creí que me pudiera sentir así de traicionada.

- Kara, no sabes cuánto lo siento. Mis padres, Lex… Creía que tenía que demostrarles lo que valía. Creía que estaba haciendo lo correcto. Esos últimos días, en nuestro refugio en las montañas, no quería volver contigo. No quería porque sabía que iba a jugar contigo. Lex me había ordenado jugar contigo. Kara, te quería tanto ya entonces, te quiero tanto aún, que era incapaz de hacerte eso. Y también era incapaz de decirte que no. Lo siento tantísimo.

- Te creo, Lena. - suspiró. - Pero, necesito tiempo para ordenar todo, mis pensamientos, mis emociones.

- Te daré todo el tiempo que necesites. - prometió Lena. - Voy a estar aquí para cuando estés lista.

Kara no contestó. Solo suspiró.

- Vamos a dormir un rato.

Lena asintió y acabó de ponerse cómoda sobre el pecho de la rubia. Kara respiraba con tranquilidad debajo de ella. Se concentró en ella, en su calor, en su respiración, en su olor. Cerró los ojos y volvió a dormir en casa.

*/*/*/*

Kara no había conseguido dormir ni un segundo en toda la tarde. Notar el cuerpo de Lena en su costado, después de lo que había pasado esa mañana… en fin, después de todo lo que había pasado entre ellas.

Lena la quería. No era nada que la morena no le hubiera dicho antes. ¿Y ella la quería de vuelta? Por supuesto que sí.

Al final, siempre estaba en su cabeza, aunque fuera en un pequeño rincón. Siempre estaba allí. Suspiró. Por mucho que hubiera intentado convencerse, ni tan si quiera en Kandor, cuando lo podía olvidar todo, lograba sacarse del todo a Lena de la cabeza.

¿Podía volver a confiar en ella? No lo tenía muy claro. Quizá con el tiempo…

A esas alturas ya se había dado cuenta que no podía vivir sin ella. Su propio cuerpo, sus propias cicatrices, le recordaban quien era Lena para ella. Iba a estar marcada de por vida.

Seguramente no habían pasado más de treinta minutos desde que Lena se había quedado dormida. Kara necesitaba aire. Se levantó como pudo para no despertar a la morena y bajó hasta la playa.

Se desnudó y se metió en el agua. En principio, solo había ido allí para refrescarse. Se hundió completamente y dejó que el agua fría la rodeara por completo.

Solo la rodeaba el silencio. Su interior dejó de ser una tormenta de pensamientos mientras disfrutaba de los sonidos que la rodeaban. Solo estaban el mar y ella. Empezó a adentrarse en el agua con cuidado de no hacerse más daño en la espalda. Exploró las rocas sumergidas. Buceó y buceó. Encontró los escondrijos de diferentes animales. Continuó mar adentro hasta llegar al final de la cala. Delante de ella se habría el inmenso océano. Era abrumador.

Se dirigió de nuevo a las rocas y las siguió explorando. Encontró un par de cueva escondidas y un par de descansillos al borde del mar.

Para cuando se dio cuenta, estaba anocheciendo. Volvió a la playa y se vistió para volver a casa.

Lena estaba empezando a preparar la cena.

- ¿Has traído algo esta vez? - le preguntó cuando la vio llegar.

- No, ¿es que has hecho mal los cálculos de la comida para estos días? - bromeó Kara.

- Era por saber si me ibas a atacar con la cena otra vez. - rio Lena.

Como respuesta, Kara también rio.

- Voy a limpiarme un poco. Ahora vengo a ayudarte.

Dicho y hecho. Kara a los pocos minutos apareció en la cocina y empezó a ayudar a Lena a preparar la comida. Esa noche iban a comer ligero: algo de verduras y fruta. Entre las dos, subieron la comida.

Al contrario de otras noches, Lena se sentó al lado de Kara en vez del lado opuesto. Kara no dijo nada, solo empezó a comer en silencio.

- ¿Y cómo es que hoy has dejado a los peces en paz esta vez?

- No creo que esté en condiciones de pescar nada. Prefiero ahorrarme otro masaje.

- ¿No te ha gustado? - rio Lena.

- A algunas les ha gustado más que a otras…

- No era mi intención. Pero es difícil resistirse cuando estás cerca. No te lo voy a negar.

Lena dejó caer la cabeza sobre el hombro de la rubia.

- Esto es agotador. - suspiró Kara.

- ¿El qué?

- Resistirme a ti. Resistirme a mí.

- Pues no lo hagas.

Lena separó la cabeza del hombro de Kara. Agarró la cara de la rubia y la hizo girar para que la mirara.

Lena dejó un suave beso en los labios de Kara que solo suspiró. Se separó dejando sus frentes pegadas.

- Te amo, Kara. Déjamelo demostrártelo esta vez sin guerras de por medio.

Kara solo asintió, pero no se movió. Fue Lena quien volvió a cortar las distancias y la volvió a besar una y otra vez. Volvía a saborear a Lena y esta vez no iba a detenerse. Colocó sus manos en sus caderas y la apretó contra ella. Pero no tenía suficiente con esa postura.

Las separó de la mesa y volvió a acercar a Lena hasta que estuvo a horcajadas encima de sus caderas. El beso hacía rato que había dejado de ser un suave contacto. Era una lucha de labios, de lenguas.

Kara colocó las manos por debajo de la camiseta de la morena acariciando la espalda. Lena de golpe se separó de ella y la agarró de los brazos. La rubia quedó confundida por el repentino movimiento de la otra.

- ¿Qué pasa?

- Poco a poco, por favor. Necesito que vayas poco a poco.

- ¿Todavía estás mal?

- Sí, lo siento.

- Tranquila. - asintió Kara. - Seguiremos tu ritmo. ¿Quieres parar?

- No, quiero seguir besándote, por favor. Hace demasiado tiempo que no te besaba así.

- Volvamos a la cama.

- ¿Y quién recoge la mesa?

- Mañana.

Lena se levantó primero y ayudó a Kara a ponerse en pie. Subieron a la habitación de la última y se tumbaron en la cama exterior.

Lena se tumbó boca arriba y Kara se colocó entre sus piernas.

- ¿Vas bien? - preguntó Kara preocupada.

- Sí. Bésame.

Kara cerró el espacio y volvió a besar a Lena.

Esa noche no pasaron de besos y acaricias. Acabaron dormidas enredadas la una en la otra.

*/*/*/*

Kara se despertó la primera cuando apenas estaba amaneciendo. Lena dormía a su lado con la cara apoyada en su hombro. Era preciosa. Con la yema de los dedos empezó a acariciar las facciones de la morena. Empezó por la curva de su mandíbula. Resiguió sus labios y subió la nariz. Continuó por el contorno de los ojos para terminar cerca de su oreja y volvió a empezar.

- Me haces cosquillas. - suspiró Lena.

- Perdón. - dijo Kara sin detenerse. Lena sonrió como respuesta y escondió la cara en el cuello de la rubia. Dejó un beso allí. - Buenos días.

- Buenos días.

Se quedaron en silencio un rato abrazadas simplemente disfrutando la una de la otra.

- ¿Qué planes tienes para hoy? ¿Vas a ir a entrenar?

- Creo que eso ya no es una opción. Creo que voy a disfrutar de lo que nos queda de vacaciones. Por cierto, ¿cuánto nos queda?

- Nos viene a buscar pasado mañana por la tarde.

- ¿Tan pronto? - lloriqueó Kara.

- ¿Ahora te quieres quedar? - rio Lena.

- Ahora estoy muy a gusto. - dijo la rubia apretando a Lena contra ella.

- Te he echado de menos.

- Y yo a ti. - dijo Kara besándola.

*/*/*/*

Después de no hacer nada en toda la mañana, cerca del mediodía decidieron bajar de nuevo a la playa. Lena se volvió a desnudar por completo mientras Kara se sonrojaba y se quejaba.

- Kara, ¿tanto tiempo hace que no me ves desnuda que te da tanta vergüenza ahora? Vamos, ayer no estaba tan tímida.

- No es lo mismo. - se quejó Kara cruzándose de brazos y haciendo un puchero.

- ¿Por qué?

- Sabes perfectamente porqué.

- No lo sé. Dímelo tú. - respondió Lena con una sonrisa pícara.

Kara notó como el sonrojo le iba a más. Dio media vuelta para evitar estar de frente a la otra.

- Porque la situación, el contexto, es distinto.

- ¿Sabes que eso tiene fácil solución?

- Qué graciosa. Intento darte espacio.

- Tranquila. Desnúdate y ven. - le sonrió Lena desde dentro del agua. Kara se la quedó mirando unos instantes dubitativa, pero le hizo caso. Se quitó la ropa y se dirigió hacia ella. Poco a poco se acercó buscando qué distancia estaba bien para la morena. - Kara, necesito avanzar despacio, pero necesito avanzar. Ven. - dijo alargando la mano para que se la cogiera la rubia.

Kara se acercó para cogerla. Cuando estuvo lo suficiente cerca, Lena le ofreció la otra. Una vez cogidas de las manos Lena las pegó hasta juntar sus frentes.

- Tienes un tatuaje nuevo. - susurró Kara.

- Gracias por darte cuenta. - rio Lena.

Kara se refería a un tatuaje que nacía en la parte baja de la espalda, rodeaba la cadera de la morena hasta acabar prácticamente encima de su obligo.

- ¿Qué dios es?

- Ichad. Dice la leyenda que sacrificó su alma y su libertad por salvar la de su familia y su gente. Es algo así como un dios protector.

- Ya veo. - respondió la rubia pensativa.

- ¿En qué estás pensando, Kara?

- Puedo abrazarte.

- De acuerdo. - asintió Lena suavemente.

Esa era la primera vez que Lena entraba en contacto con otro cuerpo desnudo desde… bueno desde hacía mucho tiempo. Pudo sentir una parte de ella encogerse, mientras otra se rendía al contacto con la rubia.

- ¿Cómo vas? - susurró la rubia en su oído.

- Bien.

- ¿Seguro?

- Sí, Kara. No soy de cristal. Te lo diría si algo no fuera bien.

- Vale. - contestó Kara dejándole un beso en la frente.

Se separó un poco dejando las manos sobre las caderas de la morena. Lena colocó las manos sobre sus hombros y la besó. Se abrazó por completo para cerrar la distancia con ella y apoyó parte de su cuerpo en la rubia.

Kara por su parte dejó que Lena marcara el ritmo de sus besos. Solo apretó el agarre en sus caderas para rodearla completamente con sus brazos.

La incomodidad en Lena había desaparecido completamente. Solo quedaba hambre por la rubia y hambre por volver a disfrutar con ella. Todo en lo que podía pensar era en el cuerpo de Kara pegado al suyo: sus manos rodeándola, sus pechos rozándose a causa de sus besos… El calor del día anterior volvía a consumirla. Aumentó el ritmo de los besos, la profundidad, todo lo que podía… Acariariaba cada centímetro de piel que encontraba a su paso. Amaba sentir su cuerpo contra el de Kara. No parecía tener suficiente de la rubia.

- Lena… - dijo Kara cuando se separó sin aliento. - Necesito parar un poco o no voy a poder controlarme.

- Volvamos a casa.

- ¿Estás segura?

- Sí. Confío en ti.

*/*/*/*

Kara y Lena estaban tumbadas desnudas de lado mirándose cuando a la rubia le sonaron las tripas en la cama de la rubia.

- Te acaban de sonar las tripas. - rio Lena.

- Es tarde. - contestó sonrojada Kara.

- Se nos ha hecho un poco tarde.

- ¿Qué hora debe ser? - preguntó Kara frunciendo el ceño.

- Pues debe ser media tarde.

- Tengo hambre. - lloriqueó la rubia.

- Me había dado cuenta. - rio Lena.

- ¿Vamos a hacer la comida? - preguntó ilusionada Kara.

Lena rio.

- Vamos, seguro que tú también tienes hambre. - insistió Kara.

- Sí, pero de otra cosa. - dijo con media sonrisa y empezando a acariciar el vientre de la rubia.

- Lena, en serio, quiero comer. - repitió Kara agarrando la mano de Lena. - Y no quiero otra broma de las tuyas.

- Si a ti también te hacen gracia. ¿Y si subes unas frutas y nos las comemos aquí?

- Está bien. - suspiró Kara. - ¿Algo en especial?

- Sorpréndeme.

- A sus órdenes. ¿Has visto mi ropa?

- Kara, literalmente soy la única persona en kilómetros a la redonda que puede verte. No necesitas ropa. ¿No tenías tanta hambre?

Kara soltó un quejido y se fue desnuda dejando a Lena sola.

La morena se apoyó en la pared pegada a la cama exterior. Tenía una sonrisa tonta en los labios y tenía la mirada perdida en el horizonte y el cielo. Estaba repasando las últimas horas, los últimos días con Kara. Y pensar que ayer se preocupaba por tener que renunciar por siempre a ella.

Kara volvió con un plato con diferentes frutas y se sentó a su lado.

- ¿Tenías pensado ir a la playa esta tarde? - le preguntó Lena mientras escogía la que más le apetecía.

- No lo sé, la verdad. No tenía ningún plan en mente. ¿Por?

- Porque esas nubes de ahí tienen pinta a tormenta. - dijo Lena señalando una zona en el cielo cubierta por nubes negras.

- No… - lloriqueó la rubia. - Pues esta noche tendremos que dormir abajo. Aquí va a hacer mucho frío con la tormenta para dormir desnudas.

- Vaya, entonces sí que tienes plan para esta noche ¿no?

- Tenía un par de cosas en mente. - rio Kara dándole un pico a Lena. - Se tiene que ir a recoger todo lo que hay fuera de casa y bloquear ventanas y puertas para que no entre el agua, así que no te pongas muy cómoda.

Lena soltó un quejido.

*/*/*/*

Se había pasado toda la noche y el día siguiente lloviendo a cántaros. Salir de la casa no era una opción, pero habían tenido formas de entretenerse.

Para cuando dejó de llover ya era el día de vuelta. Lena había dicho que el barco llegaría pasado el mediodía, así que Kara quiso aprovechar las últimas horas que le quedaban en la isla y volvió a la playa a nadar un rato más.

Cuando volvió a la casa ya era mediodía, comió algo con Lena y descansaron estiradas en la cama hasta que llegara el barco.