- ¡Kara! Dichosos los ojos. ¿Qué te trae por un lugar tan alejado de tu habitación? - bromeó Alex cuando se la encontró a los pies de la escalinata principal.
- Me han dado un empujón para salir de mi habitación. - dijo Kara sin encontrarle la gracia al comentario de Alex. - ¿Tú de dónde vienes? ¿A qué hueles?
- Pues como no te dignabas a ir a la reapertura de los baños como negocio legal, he tenido que ir yo. - explicó la mayor cruzándose de brazos.
- ¿Has ido a los baños? - preguntó Kara confundida.
- Horrible, no te lo recomiendo. - aseguró Alex.
- Yo ya he ido.
- ¿Tú? ¿Cuándo? - preguntó sorprendida la Danvers.
- Mientras estuvo en el escondite de los Luthor. - respondió Sam apareciendo por detrás de Alex. - ¿Qué haces aquí abajo, Kara? ¿Se nos ha acabado el vino?
- Digamos que una de tus sirvientas necesita un aumento de suelo. - dijo Lena que apareció por detrás de Kara y se colgó del brazo de la rubia.
- ¿Aquella mujer mayor te ha empujado fuera de la habitación? - preguntó alarmada Alex.
- Era un empujón metafórico, Alex. - aclaró Kara. - Solo espero no necesitar más.
- Date más crédito, amor. - susurró Lena acariciando la mejilla de la rubia y dejando un beso en sus labios. Lena se extrañó cuando notó que Kara no se lo devolvía.
Sam salió huyendo tan rápido como pudo rumbo a cualquier otro sitio del palacio.
Alex empezó a seguirla.
- ¿Qué pasa?
- ¿Cómo soportas a esas dos todo el tiempo?
- Te lo aseguro, es mejor así que cuando están peleadas. Eso sí que es insoportable.
- Estaría encantada de oírlo. Lena nunca me cuenta lo interesante. - sonrió divertida.
*/*/*/*
- Buenas noches. - se despidió Lena parándose en la puerta de su habitación. Iba acompañada solo por Kara.
- Lena, quería hablar contigo a solas. - dijo haciendo un puchero, pero mirando al suelo.
- Vaya… eso no lo esperaba. Has estado algo distante estos días.
- Lo sé. ¿Podemos subir arriba? Me siento más cómoda no teniendo la habitación de tu hermano pegada a mí. - le suplicó.
- Claro, ve subiendo tú. Me visto para dormir y vengo. - asintió Lena.
- Hasta ahora. - se despidió Kara.
Subió las escaleras sola con tranquilidad, ordenando sus pensamientos. A penas la rubia había tenido tiempo de llegar a su habitación y quitarse la camisa cuando Lena había llegado ya con la ropa de cama puesta.
- Eso ha sido rápido. - dijo Kara sorprendida mientras continuaba con lo que estaba haciendo.
- Las escaleras son más fáciles de subir cuando te acostumbras. - explicaba la morena. - ¿Qué querías? - le preguntó cuando la rubia ya estaba lista.
Kara se acercó hasta ella. Le agarró de la mano y tiró de Lena hasta que quedaron las dos sentadas a los pies de la cama.
- Siento todo lo que ha pasado. No he llevado bien darme cuenta del daño que había causado. - se disculpó Kara.
- No puedes volver a hacer esto, Kara. No puedes apartarnos así y encerrarte a beber. - respondió Lena apretando la mano que tenía agarrada.
- Sé que no ha estado bien, Lena. No insistas. - bufó Kara apartando la mirada hacia el suelo. - No quiero hablar del tema.
- Pero yo sí que quiero, Kara. - dijo colocando la mano sobre la mejilla de la rubia y girando la cabeza para que volviera a mirarla, pero Kara seguía desviando sus ojos de ella. - Alex y yo estamos a tu lado, apoyándote. Y nos preocupamos por ti. Ha sido duro verte estos días en este estado.
- No vale la pena, Lena. - contestó derrotada.
- ¿Qué no vale la pena?
- Que os preocupéis por mí después de todo lo que he hecho. -murmuró soltándose del agarre de Lena y enterrando la cabeza en sus manos.
- Kara, no vuelvas ahí. Otra vez, no. Mírame. - le contestó agarrándole las manos para que la mirara. - Estoy aquí a tu lado. Y no veo ningún monstruo. ¿O te crees que habría ido detrás de ti durante meses si pensara que lo fueras? ¿Sabes la de dinero que me habría ahorrado en flores? - acabó Lena escapándosele la risa.
- Eres idiota. - rio la rubia también.
- Tú sí que eres una idiota. - dijo la morena haciendo una pausa para respirar. - Kara, te quiero. Y voy a ayudarte en todo lo que me dejes. Pero necesito que me dejes. Me duele verte así y no poder ayudarte.
- Lo siento.
- Ya sé que lo sientes. Pero prométeme que no vas a volver a hacerlo.
Kara se mostró dubitativa y no contestó.
- Kara, por favor…
- No valgo la pena. - volvió a decir Kara.
- Eso lo voy a decidir yo. ¿Queda claro?
Kara asintió mirando el suelo. Lena aprovechó para sentarse sobre su falda y la besó, pero la rubia no reaccionó. La morena volvió a besarla sin respuesta y después bajó por su cuello donde mordió y chupó hasta estar segura que había dejado marca. Sonrió sobre la piel de Kara cuando la oyó suspirar y notó como se relajaba debajo de ella.
La rubia la agarró por las caderas y la apretó contra ella.
- ¿Vamos a la cama? - sonrió Kara sugerentemente.
- ¿Ahora me vienes con estas? - rio Lena.
- Hace semanas desde la última vez y después de esto... No soy de piedra. ¿O aun estás incómoda con ello? - preguntó Kara preocupada.
- Solo porque parece que tus ánimos han mejorado.
- Tú siempre sabes cómo alegrarme el ánimo. - respondió Kara besándola.
*/*/*/*
Lena estaba ayudando a Kara a acabar de colocar bien el peto de cuero de su armadura ligera. Después de eso, solo faltó colocarse el cinturón donde colgaba su espada y su revólver descargado.
Había pedido a Sam que convocará en la plaza de la ciudad una reunión para los habitantes de Gimina. Iba a salir del palacio y dar la cara. Kara iba a pedir disculpas públicamente y pedir una oportunidad.
Lex se había mofado de ella, pero la dejó seguir con su plan.
La plaza estaba abarrotada alrededor del palacio. Lena se colocó a su lado derecho y le sonrió dando su apoyo. Miró a su lado izquierdo y estaba Alex. Ellas tampoco confiaban mucho en el plan, pero era un inicio.
Los sirvientes abrieron las puertas del palacio y Kara salió hasta el descansillo de las escaleras principales. Lena y Alex la acompañaron colocándose detrás de ella.
Los insultos no se hicieron escuchar.
- Gente de Gimina, el motivo por el que estoy aquí como princesa de Thera es para…
- Tú no eres princesa de nada, usurpadora. - se oyó una voz entre la multitud que la interrumpió.
- Para ayudar a Gimina y a su gente… - retomó Kara.
- Tú fuiste quien provocó esto, zorra. - la interrumpieron de nuevo.
Esta vez, después del grito, una piedra salió volando directa a su cabeza. La logró esquivar por poco. Por suerte, tampoco había golpeado a Alex o Lena. Pero después de esa piedra, vino otra. Y después, otra más. Volvieron a refugiarse dentro de los muros del palacio.
- Bueno, había ese riesgo. - dijo Sam que las esperaba en el interior. - No iba a ser tan fácil.
Kara subió furiosa a su habitación. Cerró la puerta con fuerza cuando estuvo dentro.
Se quitó el cinturón y lo lanzó contra la pared. Después de eso vino su peto, sus botas y cualquier equipaje que llevaba encima.
Ela estaba entrando por la puerta cuando volaban sus espinilleras.
- Mi señora, ¿necesitáis algo? - preguntó la mujer tan servicial como siempre.
- ¿Qué hago, Ela? ¿Qué hago? No puedo ni salir a la calle. ¿Cómo se supone que os voy a ayudar? - preguntó Kara desesperada.
- Primero de todo, no causa una buena impresión que salgáis a hacer un discurso de paz vestida para la batalla. - contestó la mujer señalando todo el equipaje que había lanzado por toda la habitación. - Segundo, ya os dije que no necesitamos nuestra ayuda. Pero no tenemos los recursos básicos porque usted los destruyó.
Kara estuvo unos instantes perdida en sus pensamientos de pie en medio de la habitación asimilando lo que Ela le acababa de decir. Pareció calmarse.
- Ya veo. - dijo al fin. Se dirigió hasta la puerta de la habitación y volvió a salir.
- ¿A dónde vais, señora? - preguntó Ela siguiéndola hasta las escaleras.
La rubia no le respondió y siguió su camino.
Cuando Kara llegó a la puerta, Lena, Alex, Sam y Lex todavía estaban allí.
La rubia miraba decidida la puerta principal.
- ¿Kara? - llamó su atención Alex.
- Abrid las puertas. - ordenó Kara.
- ¿Estás loca? Te matarán. - intervino Sam.
- Abrid las puertas. - Kara ordenó lenta y amenazadoramente.
Sam asintió y les ordenó a los sirvientes que las abrieran.
- Quedaos dentro. Esto es cosa mía. - se despidió Kara. Volvió a salir hasta el descansillo.
Afortunadamente, la gente ya no estaba tirando piedras cuando volvió a estar en la calle. Pero los insultos arrancaron de nuevo rápidamente.
- He sido una idiota. - gritó Kara por encima de ellos. Esperó a que la gente esta vez la escuchara. Poco a poco todos se fueron silenciando. - Me he presentado ante vosotros vestida como la princesa, como el monstruo que destruyó vuestro hogar. Yo no quiero volver a ser esa persona. No ha habido día desde que he llegado aquí en el cual no me haya retorcido de dolor por el arrepentimiento. No os merecías lo que os hice. No estoy aquí para salvaros, ni para deciros qué hacer. He conocido a suficiente gente del norte para saber que no necesitáis ayuda para eso. Menos si viene de una kryptoniana. Solo quiero colaborar para arreglar lo que destruí. Juro por Rao… y los antiguos dioses que solo quiero pagar mis errores trabajando para que vosotros podáis volver a vivir en las condiciones que yo destruí.
Se hizo un silencio total en la plaza. Un murmullo tomó el relevo del silencio, pero no se convirtieron en insultos. La gente simplemente se dio media vuelta y se fue de la plaza. Poco a poco la multitud se fue disolviendo por sí misma.
Kara entró de nuevo en el palacio. Una vez se cerraron las puertas se apoyó en ellas y se dejó caer hasta el suelo.
- ¿Se puede saber en qué estabas pensando? - la riñó Alex.
- Ahórrate el sermón. Parece que podré salir a la calle por un tiempo. - suspiró Kara.
*/*/*/*
- ¿Por qué hace tanto frío? - se quejó Kara.
A esas alturas del año, ya necesitaba tener encendida la chimenea de su habitación todo el día. Además, en lo alto de la torre, hacía más frío que en el resto de pisos. Quizá el plan de Lex era matarla de frío.
- Mi señora, ni siquiera estamos cerca del invierno. - rio Ela.
- Lo sé. Pero hace más frío aquí ahora que en el invierno de la capital.
- ¿Cómo es? - preguntó la mujer con curiosidad.
Estaba ordenando la ropa limpia de Kara y cambiando las sábanas de su cama, mientras la rubia se ponía al día con unos documentos que había encima de su mesa.
- ¿El qué? ¿La capital? ¿No has estado nunca? - respondió Kara sorprendida.
- ¿Recordáis que la gente como yo allí no está bien vista? - contestó Ella señalando los tatuajes que le cubrían manos y brazos.
- Cierto. - asintió la rubia. - Pues verás…
Kara empezó a describir la ciudad. Estuvo horas así. Cada vez que creía que estaba cerca de acabar, recordaba otro nuevo rincón para describirle a Ela. Parecía que sería incapaz de parar.
Lena entró a la habitación más tarde, cuando la rubia le estaba describiendo cómo era el mercado de la ciudad.
- Lo siento, Ela. Tiene morriña del sur. - rio Lena acercándose hasta Kara y colocó su mano sobre el hombro de la rubia.
- Tranquila, señora. Es agradable conocer otros lugares, aunque sea por boca de otra persona. A mi edad, no me quedan muchas energías para viajar tan lejos.
- No digas eso muy alto. Te podría tener horas describiéndote el sur. - la advirtió Lena divertida.
- Echo de menos mi hogar. ¿Tan malo es eso? - se quejó Kara con un puchero.
- No, amor. De hecho, es muy, pero que muy tierno.
- Ajá, ¿ahora soy tierna?
- En general sueles serlo. Excepto cuando te enfadas. Entonces, eres de todo menos tierna.
- Estamos graciosas hoy. - rio Kara poniéndose de pie y rodeando la cintura de la morena. La besó.
- Señoras, si no me necesitan para nada me iré. - dijo Ela antes de desaparecer rápido por la puerta sin esperar respuesta.
Kara y Lena rieron.
*/*/*/*
Kara estaba tumbada boca arriba recuperando el aliento. Podía notar los labios de Lena repartiendo besos por su bajo vientre. Estaba volviendo a subir pasando por su ombligo, sus pechos, su cuello, hasta que llegó a la altura del rostro de la rubia y besó sus labios.
- ¿Qué tal?
- Genial, como siempre, Lena. - suspiró Kara.
Lena se tumbó a su lado acariciando su brazo mientras la rubia se recuperaba.
Kara notaba las cosquillas en su brazo y sintió su cuerpo acabarse de relajar.
Se tumbó sobre uno de sus lados. Delante de ella, se abrían las ventanas con la ciudad a sus pies. Volvió a repasar los agujeros que ya había memorizado. Otra vez volvió el dolor de culpa a su pecho.
Notó como Lena la rodeaba por la cintura y se abrazaba a su espalda. La morena dejó un beso sobre su hombro.
- ¿Dónde está tu mente? - murmuró la Luthor contra su hombro.
- En ningún sitio. - mintió la rubia.
- Kara…
- Déjalo, Lena. - respondió Kara.
Cogió la mano de la otra y la apartó de su cuerpo y se levantó de la cama dejando a Lena sola.
*/*/*/*
Era la primera vez que Kara iba a salir del palacio de Sam. Decir que no tenía miedo sería mentir, pero debía salir. Tenía que cumplir su promesa. ¿De qué serviría su palabra si no lo hacía? Lena iba con ella. Iba a ser su guía por Gimina.
La gente en la ciudad parecía tolerar su presencia por decirlo de alguna manera. Le lanzaban miradas de desprecio y llegó a los oídos de Kara más de un insulto. Pero parecía seguro moverse por las calles.
Claro, Kara ya había estado allí. Conocía las calles de la ciudad, pero desconocía el significado de símbolos, costumbres… Lena le iba explicando una por una todas ellas.
Pasaron por el mercado que una vez Kara había visto rebosante de vida. Ahora no era ni la mitad de lo que había sido. Y era culpa suya. Soltó un suspiro. Podía ver de reojo como Lena la miraba preocupada. Poco después se adentraron por las callejuelas de la ciudad. Llegaron hasta el palacio del gremio de la alquimia a juzgar por el símbolo en los muros. Kara recordó que los palacios de Gimina, excepto el de Sam, tenían un banco pegado a la pared que rodeaba el edificio. Esa mañana había mucha gente sentada. Nunca había visto el sitio tan abarrotado.
- ¿Me explicas como funciona exactamente lo de los gremios? - preguntó Kara a la morena.
- No hay mucho que explicar. Creo que ya sabes lo básico. Los oficios más importantes se agrupan alrededor de los gremios. La mayoría de ellos están formados por las diferentes familias que se dedican a ello. El líder del gremio es el líder de la familia más rica. Cada gremio tiene su sede central que siempre debe estar en manos de la familia dominante. - explicaba la morena.
- ¿Y si una familia pierde su rol dominante pero no quiere ceder el palacio? - preguntó Kara con curiosidad.
- Lo cede, Kara. - aseguró seria la morena. - Es lo que más le conviene si no quiere acabar en la ruina absoluta. Se considera una traición al gremio comportarse así.
- Ya veo. ¿Y esa gente que espera? - dijo señalando la rubia a la gente sentada.
- Esa es la parte negativa de los gremios, Kara. Pero será mejor irse de aquí para que te lo cuente. - contestó agarrando la mano de la rubia y llevándola por los callejones lejos del palacio de Edge.
- ¿Dónde me llevas? - preguntó Kara soltándose y parándose en seco. Lena siguió andando y la rubia volvió a emprender la marcha.
- Quiero rememorar viejos recuerdos. - dijo Lena divertida.
Finalmente, la morena se detuvo delante de una puerta.
- Espera un momento. Este lugar… - dijo Kara parándose delante de esa puerta también.
- Es por donde entraste a los túneles cuando te atrapé la primera vez. - rio Lena.
- Viejos recuerdos, ¿eh? - rio Kara también.
- Vamos sígueme. Por aquí llegaremos más rápido al palacio. - dijo Lena abriendo la puerta.
Detrás había unas escaleras que bajaban unos metros. Al pie de las escaleras, había un distribuidor desde donde se abrían diferentes túneles. Era curioso porque cada túnel tenía un azulejo diferente en el suelo justo en la entrada. Todo estaba iluminado por pequeñas lámparas de aceite repartidas cada pocos metros.
- ¿Hay alguien que cuida de los túneles? - preguntó soprendida Kara.
- Claro, aunque cada vez se usan menos. En principio solo nobles y líderes de gremios tienen permiso para moverse por aquí y cada vez lo hacen menos. Vamos y te cuento lo del banco. - respondió Lena metiéndose en uno de los túneles.
- Vale… - contestó la rubia algo desconfiada por tener que meterse por allí.
- Cuando una persona se sienta en uno de esos bancos de los palacios, sea del gremio que sea, significa que necesita un favor del líder. - le explicaba la morena mientras andaban. - El problema es que todo favor tiene un precio y ese precio suele ser muy alto. La gente solo acude a eso cuando está muy desesperada.
- ¿Y por qué estaba tan lleno?
- Porque Gimina es extremadamente pobre ahora. La gente recurre a eso para poder comer. Sam está preocupada. Morgan Edge es el líder que más gente acumula en su puerta. No falta mucho para que acumule la gente suficiente para echarla.
- Sam es la gobernadora de Gimina porque nosotros le hemos adjudicado ese rol.
Lena se echó a reír.
- Eso díselo a la gente de Gimina. Sam gobierna la ciudad porque la ciudad la considera una buena gobernadora. Pero ya te he dicho que los favores tienen precios muy altos. Edge podría cobrarlos tomando el control de Gimina. ¿Recuerdas que me dijiste que las mafias infectaban Thera antes de vuestra llegada? Este es su origen.
- Visto como han resultado las cosas en el sur, creo que tampoco lo hicimos muy bien eliminándolas. - suspiró Kara decepcionada. - ¿Cómo podemos evitarlo?
- Poco podemos hacer por los que ya hayan hecho un trato con él. Podríamos intentar reducir el número de los que todavía esperan. La gente recurre a eso por desesperación. Si tienen un plato sobre la mesa y un techo bajo el que dormir, dejarán de ir.
A penas habían pasado cinco minutos andando por los túneles, cuando Lena había indicado que ya habían llegado al palacio. Unas largas escaleras que nacían en los túneles las llevaron prácticamente hasta el salón de reunión de los gremios.
Era cierto que era más rápido el camino usando los túneles.
Lena y Kara decidieron ir al salón a descansar un poco. Alex y Sam parecían entretenidas hablando en los sofás junto a la chimenea encendida.
- ¿Cómo ha ido? - preguntó Alex cuando las vio.
- Bueno, no me han lanzado ninguna piedra. - respondió Kara. - ¿Alguna novedad?
- ¿Sobre qué? - contestó confundida Alex.
- De la capital.
- No mucho, Kal dice que Brainy y William lo están ayudando con los raoistas. No se han tomado muy bien que se ejecutara a la Voz de Rao. Ven a William como una Voz demasiado conveniente para el rey y los Luthor así que hay que apagar algunos fuegos. Pero parece que les va bien.
- ¿Tenemos fecha prevista de vuelta? - preguntó Kara.
- No, en principio no. ¿Por qué?
- Hay mucho trabajo por hacer aquí. - bufó la rubia dejándose caer en el sofá libre cansada.
- ¿Ahora quieres quedarte aquí? - rio Alex.
- He hecho una promesa por todos los dioses de Thera. Más nos vale que la cumpla. Si no, voy a tener a todo el reino en mi contra.
- Hablando de los dioses… - intervino Lena.
- ¿Qué pasa? - preguntó Alex preocupada.
- De aquí poco tenemos una celebración en honor a Nezia. - explicó Sam.
- Cierto, ¿Ditrina era el nombre de la fiesta? - respondió Alex.
- Sí. - asintió Lena.
- ¿Traducción? - pidió Kara.
- Son unas fiestas para celebrar la vendimia del año. Irá bien para distraer a la gente y relajar el ambiente. - explicó Lena.
- ¿Cuándo son? - continuó preguntando la rubia.
- Cuando acaben la vendimia. He hablado hoy con la líder de su gremio. Dice que en una semana más o menos habrán acabado. Así que Lex, tú y yo tenemos trabajo. - respondió Sam.
- ¿Y nosotras no podemos ayudar? - intervino Kara.
- Con todo el cariño Kara, pero por lo menos Alex reza a nuestros dioses. - le contestó Sam.
- He dicho que voy a colaborar y eso haré. ¿Qué puedo hacer?
Sam miró con una ceja levantada hacia Lena que solo se encogió de hombros.
- Está bien. Para empezar y el problema más grave es que quemaste el santuario de Nezia, así que, como mínimo, tenemos que recuperar el altar.
- ¿Por qué? - preguntó Kara sin entender muy bien porque un altar era tan importante.
- La tradición es que se vierta el mosto nuevo en el altar de Nezia, así que lo necesitamos.
- ¿Y dónde está?
- Bajo las ruinas que dejó uno de tus incendios.
- De acuerdo, así que tengo que limpiar las runas para poder acceder. - aclaró Kara.
- Correcto. - asintió Sam.
- Bien. Alex, ¿me ayudarás? - la rubia preguntó a su hermana.
- Qué remedio… - suspiró la aludida.
- Bien, esto ya está solucionado. - añadió Sam. - Del resto, será mejor que nos ocupemos Lena, Lex y yo si no queremos que nadie se ofenda.
*/*/*/*
- ¿Para cuándo dijo Sam que teníamos que acabar esto? - preguntó Kara preocupada.
- Han acordado con la líder del gremio que en ocho días tendrá lugar la celebración. - respondió Alex suspirando.
- Pues tenemos un problema.
Por lo que Sam y Lena les habían contado, el altar estaba situado en un antiguo edificio donde se producía la mayoría del vino de la ciudad. El edificio ocupaba él solo una de las manzanas de casas más grandes de la ciudad entera cerca de la entrada principal. Los soldados de Kara habían encontrado el altar de Nezia en el interior y, al intentar quemar el altar, quemaron la estructura entera. De hecho, aquella bodega era tan importante para Gimina que apenas las otras iban a poder producir el vino de ese año sin ella.
La cantidad de runas que Alex y Kara tenían en frente era gigantesca. Solo una parte de la estructura de dos pisos de altura a un lado se mantenía en pie. Sabían más o menos donde estaba localizado el altar porque Sam les había dado un plano.
Escalaron la montaña de runas y se dirigieron a la zona en cuestión saltando entre las rocas y trozos de madera. Afortunadamente no estaba situada muy adentro de la manzana. La distancia hasta la calle era de unos treinta metros. Una vez tuvieran el altar, tendrían que liberar un pasillo allí si querían sacarlo. La zona donde aproximadamente estaría era de unos veinte metros cuadrados de dos pisos de runas amontonadas. Es decir, les esperaban ocho días muy largos.
- Bien, deberíamos ir retirando los restos más pequeños para cuando llegue la grúa de Lena. - sugirió Alex. Se agachó y cogió una pequeña piedra que lanzó a unos metros de distancia.
- Dijo que para mañana por la mañana estaría aquí. - asintió Kara observándola. - ¿Por dónde empezamos?
- Yo empezaría por encontrar el altar. - explicó Alex. - No sirve de nada abrir un pasillo si no sabemos hasta dónde.
- Propongo dividir la zona en dos mitades y competir para ver quien quita antes las piedras. - dijo Kara divertida encarándola.
- Sí, porque estamos en igualdad de condiciones. - bufó Alex cruzándose de brazos.
- Mala suerte. - rio Kara. La rubia recogió algunos restos de madera que había entre las runas y marco las dos zonas en cuestión. - La última en quitar las runas tendrá que cantar durante las fiestas. - propuso Kara volviendo hasta ella.
- Con una condición, la que no encuentre en su zona el altar le debe un favor a la otra. - respondió Alex con los brazos en jarra.
- ¿Trato? - respondió Kara alargando la mano derecha.
- Trato. - contestó Alex cerrando un apretón de manos.
- A todo esto, ¿dónde dejamos lo que vayamos sacando? - preguntó Kara mirando su zona. Cuando volvió su vista a Alex, vio que ya se había puesto en marcha. - ¡Eh! Todavía no habíamos empezado.
- Déjalas donde no molesten. Total, ahora no vamos a despejar todo el edificio. - respondió Alex encogiéndose de hombros sin detenerse.
Para el medio día, Kara prácticamente había logrado despejar un tercio de su zona cuando Alex llevaba casi un cuarto. Lena y Sam pasaron por allí a traerles algo de comida y agua. La rubia agradecería un descanso porque empezaba a notar dolor en la espalda y sus costillas. Todavía seguía un poco dolorida de Sonokym. Pero parar significaba darle ventaja a Alex.
- ¿Podéis parar un momento, por favor? ¿No tenéis hambre? - gritó Lena a un lado de las runas.
- Muchísima, Lena. Pero parar unos instantes significa que Alex va a poder adelantarme. - respondió Kara mientras se agachaba para recoger una roca de veinte kilos y la movía.
- ¿De qué hablan? - preguntó Sam a Lena confundida.
- Vete tú a saber. - suspiró Lena exasperada.
- ¿Podéis bajar las dos ya de ahí y comer algo antes de desmayaros? - gritó esta vez Sam.
- No, lo sentimos. - respondió Alex.
- A ver si os queda claro a las dos, o bajáis aquí ahora mismo o dormís en el suelo esta noche. - gritó Sam.
- Já, ¿también dejarías a Lena durmiendo en el suelo? - respondió segura Kara.
- No, yo dormiría en la cama y tú, en el suelo. Además, yo tengo más armas con las que castigarte. - sonrió perversa Lena.
- ¿Estás hablando en serio? - la miró Kara preocupada.
- Por supuesto. - asintió Lena.
- Alex, suelta las piedras. Hay que bajar ya. - dijo Kara corriendo hasta ella.
- Ni que fuera la primera vez que vaya a dormir en el suelo. - bufó Alex sin detenerse.
- Alexandra Danvers, baja de ahí ahora mismo. Kara, tendrás premio si arrastras a tu hermana hasta abajo. - gritó Sam.
Kara aprovechó que Alex acababa de soltar la piedra que estaba cargando y la cogió de la cintura y la hizo bajar junto a ella.
- Muy bien. Así sí. No era tan difícil comportaros como adultas. - las riñó Lena.
Kara y Alex cogieron su comida y se sentaron en algunas rocas junto a Lena y Sam. Las cuatro empezaron a comer.
- ¿Se puede saber que mosca os ha picado? - rio Lena.
- Alex y yo hemos hecho una competición para ver quien limpia primero la runa pequeña. - explicó Kara absorbiendo la comida sin masticar. Cuanto antes acabara de comer, antes podría volver al trabajo.
- No puedo permitirme perder ni un segundo contra una kryptoniana. - afirmó Alex imitándola.
- La verdad es que estás un poco en desventaja. - admitió Sam.
- Que no te engañe. La he visto mandar a Kara al suelo más de una vez. - le explicó Lena.
- Ya, pero a fuerza bruta no tengo nada que hacer. - se quejó Alex.
- Tranquila, Alex. Tengo una idea para equilibrar las fuerzas. - aseguró Sam.
- Oye, se supone que esto es entre ella y yo. No puedes ayudarla. - la interrumpió Kara alarmada.
- Prometo que yo no voy a mover una piedra. - aseguró Sam.
- Bien. - respondió Kara más tranquila.
Lena solo se rio como respuesta. Sabía que Sam estaba tramando algo más.
Y Kara no tardó mucho en saber dónde había estado la trampa. Al cabo de una hora después de que las dos amigas se hubieran ido, llegaron tres personas diciendo que tenían órdenes de Sam para ayudar a eliminar la runa pequeña. Kara se alegró por tener algo de ayuda hasta que especificaron que sus órdenes eran de ayudar únicamente a Alex.
En apenas un par de horas más Alex tuvo su zona limpia, mientras a Kara todavía le quedaba otro tercio más. Alex y el resto de trabajadores se sentaron a charlar tranquilamente mientras la rubia seguía moviendo piedras.
- Esto no me parece justo. - gruñó Kara indignada.
- Mala suerte. Has sido tú la que has propuesto la competición. - rio Alex. - He ganado.
- Has hecho trampas. - la acusó Kara.
- En ningún momento has especificado que Sam no podía contratar a tres personas para ayudarme. - se defendió Alex. - Solo has pedido que ella no moviera piedras.
- Creo que era obvio. - bufó la rubia mientras soltaba una piedra especialmente pesada. Empezaba a notar como estaba a nada de distancia de volver a quedarse clavada de la espalda.
- No lo has especificado.
- Lo que digas. - respondió Kara revisando el trozo de biga que tenía entre las manos. Esperaba que no fuera tan pesado como parecía.
- A todo esto, espero no haberos robado tiempo de vuestro trabajo. - dijo Alex al grupo que la había ayudado.
- Solíamos trabajar aquí cuando el edificio estaba entero. Es el primer trabajo que tenemos en semanas. - respondió uno de los trabajadores.
- Vaya, lo siento. - dijo Kara sorprendida parando en seco lo que estaba haciendo.
- Eso ya lo has dicho suficientes veces, usurpadora. Seguimos sin tener trabajo ni comida. - contestó otra.
Kara no respondió. Solo asintió y bajó la cabeza. ¿Qué le iba a decir? Tenía razón.
Ya estaba anocheciendo cuando Kara acabó su parte. Al final, con la charla, se había tomado con más calma el trabajo. En la superficie solo quedaban rocas grandes. Eran demasiado grandes como para intentar moverlas solo con la fuerza de sus cuerpos. Iban a necesitar la grúa para esas. Eran algo más de una cuarentena.
Kara y Alex llegaron arrastrándose hasta el palacio seguidas de los trabajadores. A estos últimos, Sam les entregó comida para una semana y se fueron contentos. Ellas dos llegaron hasta los sofás y cayeron derrotadas encima. Kara se sentó con los brazos y las piernas tan extendidas como pudo. Alex prácticamente había caído tumbada en otro sofá.
- Creo que tenemos que pensar un nuevo plan para mover las runas. Yo no aguanto ocho días a este ritmo. - gruñó Kara completamente dolorida.
- Pues imagínate yo. - se quejó Alex.
- El orgullo de Thera. - rio Sam cuando entró en la sala y las vio así.
- Es muy fácil hablar cuando todo lo que habéis hecho durante el día es estar sentadas. - contestó Alex.
- Venga, va, Danvers. Levántate de ahí que creo que sé que es lo que necesitas. - sonrió Sam algo perversa.
- ¿El qué? - preguntó Alex asustada.
- Un buen descanso en los fantásticos baños de Gimina. - aclaró Sam.
- No, gracias. - dijo Alex horrorizada. Parecía que había recuperado la suficiente energía para salir corriendo.
- No es para tanto. Venga que yo también quiero ir. Me lo debes por lo de esta tarde. - respondió Sam riendo.
- Está bien… - cedió Alex, pero no se levantó.
Sam agarró la mano de Alex y tiró de ella hasta que la Danvers estuvo de pie. Sin soltar sus manos, se fueron de la sala a tiempo de cruzarse con Lena en la entrada.
- ¿Tú también me vas a arrastrar hasta allí? - le preguntó Kara exhausta sin moverse de sitio.
- ¿Qué me he perdido? - preguntó Lena mirando hacia donde habían desaparecido las otras dos.
- Sam ha obligado a Alex a ir a los baños.
- Ya veo… - respondió Lena seria sin cambiar la dirección de su mirada.
- ¿Pasa algo? - preguntó Kara confundida.
- No, nada. ¿Cansada? - contestó Lena sentándose en el sofá al lado de Kara.
Hizo el intento de acercarse a la rubia, pero Kara se encogió y se puso a un lado para dejar espacio entre las dos.
- Muchísimo. Y me vuelve a doler la espalda. - lloriqueó Kara.
- ¿Quieres otro masaje? - contestó Lena con media sonrisa.
