La cara de Kara y Alex debió ser un cuadro esa noche. Apareció una muchacha rubia de la ciudad en el palacio y Lex la presentó como su prometida. Eve Teschmacher se llamaba la chica.
Sam también parecía sorprendida. De hecho, la única que parecía saberlo era Lena.
- Por fin. Ya pensaba que mi hermano te iba a esconder para siempre. - bromeó Lena mientras le daba un abrazo a la nueva rubia.
Esa noche, Kara no pudo escaparse de cenar con el resto. Por lo visto, la cena formaba parte de la presentación formal. Por suerte, Lex estaba demasiado ensimismado con su prometida como para prestarle atención. Esa noche se ahorró las pullas del hombre.
Así que matrimonio… Alex le había comentado que quería pedirle matrimonio a Kelly. ¿Todavía pensaba hacerlo? Tenía que preguntárselo.
Cuando acabaron de cenar, Lex se marchó con Eve bajo su brazo en dirección a su habitación. Guiñó un ojo a Lena que bufó. Kara no sabía que significaba eso. Lena sufría por la venganza que podía sufrir por parte de su hermano. Iba a ser una noche larga y ruidosa. Se planteó dormir en el sofá al cual se dirigió sin pensarlo. Cuando se sentó estaba sola en la sala. Se llevó las manos a la cara y se recostó contra el respaldo.
Ver a su hermano con Eve había traído con fuerza un montón de pensamientos a su mente. Kara y Sam tenían razón. Ella no podía soportar estar con la rubia de esa manera. La amaba demasiado para soportar que la rubia se torturara a sí misma. Se había estado engañando a sí misma hasta la noche en la que Kara y Alex se habían peleado. Había querido creer que Kara volvía a estar dispuesta a estar con ella de verdad, pero esta le quitó la ilusión de un plumazo. Si Kara no quería luchar por ella y por su relación, ¿por qué debería hacerlo ella?
Para su sorpresa, el sofá se hundió a su lado. Kara puso una mano sobre su vientre y apoyó su cabeza contra su hombro.
- Esta cena ha sido rara. - murmuró la rubia.
- ¿Por qué lo dices? - preguntó Lena bajando los brazos y rodeando a Kara. La morena se quedó mirando el fuego concentrada.
- No lo sé. Ha sido raro ver a tu hermano así de… enamorado. - dijo contrariada Kara.
- No es la primera persona de la que se enamora Lex. - explicaba Lena. - La primera fue cuando tenía dieciséis años creo. La segunda, tenía veintiuno. Eve es la tercera.
- ¿Qué pasó con las otras dos? - preguntó Kara con curiosidad.
- No funcionó simplemente. - contestó Lena mordiéndose el labio inferior. Qué irónico estar hablando eso con Kara. Notó las lágrimas acumularse en sus ojos y se le hizo un nudo en la garganta. Giró la cara para que la rubia no la viera. - A Lex, se le rompió el corazón cada vez.
- Lena, tranquila. - la consoló Kara malentendiendo sus reacciones. - Seguro que esta vez todo va bien. Se los veía muy emocionados.
- Eso supongo. - suspiró Lena. - Es la única vez que se ha prometido. Supongo que después de tres intentos, ha encontrado la definitiva.
- No será por falta de intentos. - rio Kara.
- No son tantos, Kara. Hay gente con suerte y hay gente que tiene que intentarlo muchas veces. - murmuró Lena.
- ¿Cuántas veces has estado enamorada? - preguntó Kara con curiosidad otra vez.
- Creo que dos, aunque una ha sido mucho más intensa que la otra. - admitió Lena.
- Ya veo. - dijo Kara simplemente. La verdad es que se moría de ganas de preguntar más al respecto. Pero no iba a hurgar más en algo que seguro que dolía a Lena. - ¿Vienes a la cama? - preguntó Kara incorporándose de nuevo y separándose de la morena.
- Kara, no estoy de humor para nada ahora mismo. - se negó Lena.
- No te estaba pidiendo nada. Tengo sueño. ¿Vienes o no? - insistió Kara que ya estaba levantada y ofreciéndole la mano a Lena para ayudarla.
- No, Kara. - volvió a negar Lena. Bajó la cabeza e ignoró la mano de Kara.
- ¿Sigues enfadada? - preguntó Kara preocupada.
- No estoy enfadada, Kara. - respondió Lena. Se mordió el pensamiento de su mente. Solo estaba cansada de todo aquello.
- Como digas. - bufó Kara. - Buenas noches.
- Buenas noches, Kara.
La rubia se fue sin más. Le dolía ver así a Lena por su culpa. Llegó hasta su habitación. Quizá le debía otra disculpa. Dio media vuelta y volvió tras sus pasos hasta los sofás.
Se encontró a Lena tumbada en uno de ellos tapada con una manta.
- ¿Vas a dormir aquí? - preguntó Kara ofendida ahora.
- Voy a pasar mejor noche aquí que en mi habitación. - explicó Lena simplemente cerrando los ojos.
- ¿Mi habitación ya no es una opción? - preguntó Kara. Entendía que estaban mal, pero dormir en aquellos sofás incómodos le parecía una exageración. ¿Tan horrible era pasar tiempo con ella? Realmente esperaba una respuesta, pero Lena no parecía querer dársela. - ¿Me puedes decir de una vez qué te pasa?
- ¿Y a ti qué te importa? De verdad, Kara. ¿Qué más te da? - se quejó Lena incorporándose para mirar a la rubia.
- ¿No puedo preocuparme por ti? - preguntó Kara dolida.
- No. Yo no me puedo preocupar por ti, tú no te puedes preocupar por mí. Déjame en paz, Kara. - la echó Lena volviéndose a tumbar esta vez dándole la espalda.
- Es que no entiendo que tiene que ver eso con que duermas o no conmigo. - respondió Kara cruzándose de brazos.
- ¿Para qué quieres que duerma contigo? - respondió cansada Lena.
- Pues porque no es cómodo dormir aquí. - respondió Kara como si fuera obvio.
Lena se incorporó harta.
- Mira, la verdad es que no quiero pasar tiempo contigo ahora mismo, Kara. Tú tienes derecho a echarme de tu lado cuando te place. Ahora lo hago yo. - la despidió la morena.
Lena podía ver como Kara la miraba fijamente. Respiraba enfadada y tensaba la mandíbula. Lena esperó y esperó a que explotara. Quizá así conseguía que reaccionara. Finalmente, la rubia solamente bajó la cabeza.
- Si es así como lo ves… Entiendo que no quieras dormir conmigo. Buenas noches. - se despidió antes de dejarla sola de nuevo.
- Buenas noches. - murmuró Lena soltando unas lágrimas cuando volvió a estar sola.
*/*/*/*
- Tienes mala cara, Lena. - dijo Sam cuando entró al despacho y se encontró con la morena sentada en su escritorio trabajando.
- He dormido en el sofá. - explicó Lena incómoda.
La noche le había dejado la espalda llena de contracturas. Había dormido francamente poco entre una cosa y la otra.
- ¿Por qué? - preguntó Sam preocupada. Se sentó a su lado.
- Necesito una habitación que no esté pared con pared con la de Lex. - confesó Lena con media sonrisa.
- Entiendo, pero me lo podrías haber dicho anoche y habríamos preparado otra o podrías haber ido con Kara. - razonó Sam.
- No iba a darle esa victoria a mi hermano. Y no voy a ir a dormir con Kara. - respondió Lena al borde de las lágrimas.
- Lena… ¿ha pasado algo? - dijo Sam abrazándola.
- No puedo más, Sam. Tenías razón. - lloró Lena. - Voy a parar lo que sea que esté pasando con Kara.
- ¿Ha pasado algo?
- Es que no puedo más. - lloró Lena con dolor. - La quiero tanto, Sam. Pero ella no hace nada por salvar lo nuestro. Sigue regodeándose en su dolor y justificando todo en que es demasiado poco para mí. Yo ya no sé cómo hacerle entender que ella me hace feliz sin importarme lo que haya podido hacer.
Sam se arrodilló delante de ella y empezó a limpiarle las lágrimas con cuidado.
- Tranquila, cariño. Respira. ¿Por qué no te vas de la ciudad unos días y tomas un poco de aire? Quizá así refrescas las ideas y puedes tomar una decisión. Sabes que tienes que tomarla.
Lena asintió dándole la razón. Tenía que plantearse seriamente acabar con Kara definitivamente.
- ¿A dónde puedo ir? - respondió Lena con respiraciones entre cortadas.
- Donde sea, Lena. Necesitas alejarte de ella.
- No, Sam. Hay mucho trabajo por hacer. - negó con la cabeza Lena sin mirarla. - Tengo que ayudarte con Edge.
- Lena, no vendrá de unos días. Puedo cubrirte con cualquier excusa tonta. Vete al bosque. Desconecta allí. Olvídate de Kara. - le dijo Sam buscando la mirada de la Luthor.
*/*/*/*
Kara llegó feliz esa noche después de la taberna. Por fin tenían un techo y cuatro paredes. Y había empezado a tocar un grupo de música. Por un momento se sintió tan a gusto como en Kandor. Hasta habían cantado la canción de Eram. Había sido un espectáculo ver a todos los borrachos intentando acertar una nota de la melodía.
Subió a su habitación y se quitó la suciedad del día. Ela no tardó en llegar con la cena para una sola persona. Kara no se iba a molestar en llamar a Lena. Si la morena quería esto, era lo mejor para las dos. La rubia no iba a irle detrás. Quizá esa última discusión serviría para que Lena se diera cuenta de que ella no valía la pena.
Estaba cansada del día y de haber dado muchas vueltas en la cama la noche anterior. Se fue a dormir tan pronto como Ela recogió los platos sucios.
Esa noche no pudo evitar dar también muchas vueltas, pero el agotamiento pudo con ella antes de que fuera muy entrada la madrugada.
La mañana siguiente no se cruzó con Lena tampoco. Suponía que estaría ocupada con lo que fuera.
Al tercer día de no verla, se empezó a preocupar. Era de noche cuando se encontró a su hermana en el vestíbulo que volvía de trabajar.
- Alex, ¿has visto a Lena? - le preguntó la rubia.
Alex la miró confundida frunciendo el ceño.
- Se fue hace días, Kara. ¿De verdad no te has dado cuenta hasta ahora?
- ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Cuándo volverá? - preguntó Kara de carrerilla.
- A caballo. Hace tres días. A cumplir no sé qué recado de parte de Sam. Cuando acabe. ¿Tienes tus respuestas? - bufó Alex cansada.
- Bueno… - dijo Kara intranquila.
- ¿Qué pasa, Kara? ¿Qué has hecho ya? - la riñó Alex.
- Discutimos la última vez que nos vimos. - explicó Kara encogiéndose de hombros.
- Kara, no estoy de humor para esto. - se quejó Alex. - Ha sido un día muy largo. Acompáñame a mi habitación que quiero descansar.
Alex pasó de largo a su lado con dirección a la escalinata. Efectivamente, la rubia se fue con ella. Llegaron a la habitación de la mayor que empezó a desnudarse para limpiarse nada más entrar.
- ¡Alex! - se quejó Kara tapándose los ojos.
- ¿Qué? Ni que no hubieras ido a los baños ya. A estas alturas, deberías estar acostumbrada. - dijo ya desnuda Alex. Había dejado su ropa tirada en mitad de su habitación. Entró con calma al baño seguida de la rubia. Dentro, le esperaba una tina humeante.
- Demasiadas veces has ido tú. - murmuró Kara.
- Kara, volvamos al tema en cuestión. - la riñó Alex.
- La última vez que vi a Lena discutimos.
- No me sorprende. ¿Ya se ha hartado de ti? - suspiró la mayor.
- No tiene gracia, Alex.
- No lo digo en broma, Kara. Cualquier otra persona te hubiera mandado a paseo a finales de verano. No sé cómo te aguanta tanto. Mira que la has tratado mal estos días. Hasta me dolía a mí ver como la despreciabas una vez tras otra. Tiene que estar muy enamorada de ti. - dijo Alex entrando a la tina humeante. Se tumbó dentro soltando un suspiro de alivio. - Por fin.
- Pues entonces estará mejor sin mí. - respondió Kara encogiéndose de hombros.
- Lo que hay que oír. - murmuró Alex para ella misma, aunque la rubia logró oírla. - Pues estoy de acuerdo. Lena debería dejarte ya de una vez. Lo mejor que podría hacer ahora mismo es irse con el prometido ese que le ha buscado Lex. Si no se enamora de él, seguro que puede buscarse un o una amante que la haga olvidarte.
Kara sintió una patada en el estómago cuando pasó por su mente la imagen de Lena con el principito ese.
- No. - gruñó Kara enfadada.
- No, ¿qué?
- Lena no va a casarse con nadie. - repitió Kara furiosa.
- Lex está prometido. Yo planeo pedírselo a Kelly. Tú no tienes ninguna intención de luchar por nada, ni por ella, ni por ti. ¿Por qué no debería buscarse alguien mejor?
- ¡Porque estoy yo!
- ¿Entonces en qué quedamos, Kara? ¿Debe estar contigo o no? Mientras estamos hablando ahora mismo, puede ser que Lena haya viajado hasta Daxam para casarse con ese príncipe. Y tú no tienes ningún derecho a decir nada después de estas semanas.
- No, Lena no va a estar con nadie que no sea… - empezó a decir la frase Kara, pero no la acabó.
- Que no sea ¿quién?
- Déjame en paz, Alex. - contestó Kara dando media vuelta.
- No, ahora me vas a escuchar. Has hecho muchísimo daño a Lena estos últimos meses. No he dicho nada hasta ahora porque eres mi hermana. Pero ya está bien, Kara. Lena no es tu juguete al que puedes torturar a placer.
- Yo solo me estaba intentando torturar a mí. - se defendió la rubia.
- Pues por el camino has hecho lo mismo o peor con ella.
Kara no contestó. Se fue de la habitación cerrando de golpe la puerta.
Fue directamente hasta su habitación. Se echó sobre su cama y enterró la cabeza en su almohada. Llevaba llorando desde que había salido de la habitación de su hermana.
Por primera vez desde que estaba allí, Kara desfogó todo el dolor que tenía acumulado en el pecho. Todo el dolor que empezó a sentir el día que llegó a Gimina: la culpa, la pérdida de James, el odio de la gente, todo lo que había pasado con Lena… Lloró y lloró durante una eternidad.
Se volvió a imaginar a Lena con ese tal Mon-El. Sintió otra patada en el estómago. Podía sentir náuseas del dolor. No quería ver a Lena con nadie más que no fuera ella. Lena debía estar con ella. Pero Kara no se la merecía.
Quería que todo aquel dolor se terminara. ¿Qué tenía que hacer?
Ela entró al cabo de un rato con la cena y se la encontró en esa posición.
- Majestad, ¿qué sucede? - preguntó la mujer preocupada sentándose al lado de la rubia y acariciándole la cabeza.
- Se ha ido, Ela. - lloró Kara sin levantar la cabeza de la almohada.
- ¿La señorita Luthor?
- Sí. - asintió con la cabeza enterrada.
- Pero volverá en unos días. No hace falta que se ponga así. - la intentó tranquilizar la mujer.
- ¿Y si no vuelve?
- ¿Qué queréis decir? - preguntó Ela confundida.
- Su prometido.
Ela se echó a reír.
- Dudo mucho que la señorita Lena acepte ese matrimonio. Creo que antes se queda soltera hasta la muerte.
- Le he hecho mucho daño, Ela. Lo hacía por su bien, no quería que sufriera. Pero he conseguido lo contrario.
- Estáis locamente enamorada de ella. ¿Por qué no actuáis en consecuencia?
- Porque no lo merezco. No después de todo el daño que he hecho. Merezco quedarme sola para toda la eternidad.
- Señora, nadie merece eso. - la consoló.
*/*/*/*
Lena desmontó dolorida de su caballo después de noches durmiendo en el suelo del bosque. Esos días le habían ido fenomenal para olvidarse de todo, sobre todo de Kara. Estaba preparada para enfrentarla, para decirle que lo suyo iba a acabar ese día.
Todavía faltaba un poco para el atardecer así que supuso que la rubia todavía iba a tardar en llegar de trabajar.
Pidió que le prepararan un baño mientras Sam le contaba las últimas novedades. La semana siguiente sería el solsticio de invierno. Parecía que por lo menos iba a ser un solsticio de invierno más o menos feliz en Gimina. El primero en paz después de muchos años y con la mayor parte del daño causado por Kara arreglado. Iban a celebrar la ceremonia en el gran templo que la misma rubia había ayudado a construir.
Cuando acabó con Sam, se limpió y se preparó para encarar a la kryptoniana. Se sentó en un sofá mirando fijamente las llamas del fuego. Un sirviente la avisó de que Kara estaba ya en la plaza de vuelta. Salió disparada. Cuando llegó al vestíbulo, Kara acababa de cruzar la puerta de entrada.
- Lena… - susurró Kara sorprendida de verla allí. La rubia no tenía buena cara.
Lena no pudo evitar preocuparse. Quizá debería dejarlo para otro día que Kara estuviera mejor.
No, no podía alargarlo más.
- Buenas noches, Kara. - la saludó. - ¿Podemos hablar?
- Claro. - asintió la rubia con el corazón en un puño. - ¿Te importa si voy a limpiarme un poco?
- No va a ser muy largo. ¿Podemos ir a tu cuarto? - preguntó Lena señalando las escaleras.
- De acuerdo. - asintió triste.
Kara y Lena subieron en silencio. Kara cerró la puerta una vez las dos habían entrado y se sentó en una de las sillas. Lena prefirió quedarse en pie.
- ¿Qué pasa, Lena? - preguntó Kara preocupada.
- No sé qué excusa te ha dado Sam, pero estoy segura que no te ha dicho la verdad sobre mi ausencia.
- No fue muy convincente. - respondió Kara negando con la cabeza.
Lena notaba su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Lo mismo sentía Kara temiendo las peores noticias.
La morena cogió aire.
- Después de estos días, he llegado a una conclusión. No podemos volver a estar juntas. Tenías razón. Esto no funciona. - Lena lo dijo de carrerilla con dolor. No creía que fuera capaz de decirlo si no era de esa manera porque la verdad es que había llegado a esa conclusión por el desgaste de las últimas semanas. Ella no quería rendirse.
- ¿Es por qué has aceptado casarte con el daxamita? - preguntó Kara dolida.
Lena la miró interrogante. ¿A qué venía eso ahora?
- No, Kara. Sabes que no me casaría con nadie por conveniencia. Si quiero acabar con lo nuestro es porque no puedo seguir viéndote en este estado y sin intentar mejorar. Te amo demasiado. - dijo Lena antes de echarse a llorar.
- Lena, lo siento. - dijo Kara levantándose. - Lo siento de verdad. - dijo acercándose para abrazarla.
- No me toques, por favor. - contestó Lena mientras la empujaba. Si dejaba que la tocara, no creía que fuera capaz de rechazarla.
- Lena, sé que no tengo ningún derecho a decir esto. - respondió Kara atrapando las manos de la morena. Tiró de ella para acercarla. La rubia subió las manos hasta enmarcar la cara de Lena. Buscó su mirada y no dijo nada hasta que la encontró. De los ojos verdes de Lena todavía caían lágrimas. - Te quiero, te amo, muchísimo. Sé que no he actuado como si lo hiciera. Pero lo hago. Lena, no puedo vivir sin ti. Mi pesadilla es que estés con cualquier otra persona que no sea yo. Cuando Alex me dijo que Lex seguía queriendo que te casaras con Mon-El, creí que iba a matar a tu hermano de la rabia.
Lena odiaba como esas simples palabras podían tener tanto efecto en ella. Sentía un cosquilleo en su pecho.
- Kara, no puedo más. Ahora me dices esto y luego haces otra cosa. - se quejó la morena intentando separarse de ella, pero la rubia no la dejó.
- No prometo ser la mejor persona, ni no volverte a hacer daño nunca más, Lena. Pero te necesito. No saber dónde estabas ha sido horrible. Te amo, Lena. Por favor, dame otra oportunidad. Voy a cuidar tan bien de ti como pueda esta vez.
¿Cómo iba a poderse negar a eso? Kara la estaba mirando de forma tan entregada, tan viva. Hacía semanas que la rubia no la miraba así.
- Por favor. - volvió a rogar Kara.
Lena asintió. Y Kara la besó. Era un beso salado. La kryptoniana se dio cuenta que ella también estaba llorando.
La rubia se limpió las lágrimas intentando ocultarla, pero Lena la agarró de las manos.
- No, Kara. Llora. Desahógate, por favor.
- Es que lo siento tanto. Hice tanto daño.
- Kara, mira la ciudad. - respondió Lena llevándola hasta el ventanal. - Dime, ¿qué es lo que ves?
- La ciudad que casi destruyo.
- Mírala bien, Kara. ¿No ves cómo se está levantando de sus cenizas? ¿No ves cómo vuelve a la vida? Amor, cuenta los edificios que has ayudado a construir.
- No son los mismo que destruí.
- Pero pronto serán iguales, Kara.
- Tengo miedo, Lena. Tengo miedo de solo ser un monstruo. - dijo Kara echándose a llorar por completo.
- No lo eres, amor. Tienes tus defectos, sí. Pero eres una buena persona.
- Solo dices eso para que deje de llorar.
- No, Kara. Tienes que llorar todo eso que llevas dentro. Vamos a la cama y lloras más cómoda abrazada a mí.
*/*/*/*
Durante el día del solsticio, Kara y Alex debían dedicarle la mañana a Rao entre rezos y oraciones. Se les dio el espacio necesario para que pudieran realizar sus rituales en paz. Tampoco fueron las únicas de la ciudad en realizarlos.
Después, Kara y Alex salieron de la ciudad. El día anterior había nevado y estaba toda Gimina y sus alrededores cubiertos de un manto blanco.
Kara tenía una sorpresa preparada para Lena. Sentía que le debía demasiado y quería compensarla de alguna forma. Desde la noche en que se reconciliaron, todos los días Kara había estado llorando hasta quedarse dormida siendo consolada con Lena, poco a poco recuperándose.
Alex se había ofrecido a ayudarla con su sorpresa. Para la ceremonia de solsticio de invierno, cada persona debía colocar sobre el altar una rama de olivo con una hoja por cada dios antiguo. Alex y Kara habían ido a las afueras de la ciudad para buscar la suya, una para cada una.
Cuando volvieron estaba anocheciendo y fueron directamente hacia el lugar donde iba a tener lugar la celebración. El templo donde iba a tener lugar la ceremonia estaba situado delante del gran mercado de Gimina. Habían liberado todo el espacio. Los sacerdotes de Amate se habían encargado de la iluminación. Repartidos por aquel lugar, Lena y otros sacerdotes de Iza se habían dedicado a contar pequeñas historias de los dioses a los más pequeños. De hecho, cuando Kara llegó a la plaza, se encontró con Lena sentada en un banco rodeada de pequeños, incluso tenía uno sentado en su regazo. Todos los niños escuchaban atentos lo que la Luthor decía. La morena tenía una sonrisa pintada en los labios. Kara se preguntó si Lena querría tener hijos.
- Kara, se te cae la baba. - bromeó Alex a su lado.
- Cállate y vamos rápido. - respondió Kara notando el calor en sus mejillas.
Había sacerdotes de todos los dioses repartidos por todas partes. Todos ellos diferenciados por las túnicas de los rituales, cada dios tenía su color, como el día del solsticio de verano.
Kara llevaba su rama oculta, pero era difícil no romperla mientras la cubría. Quería llegar cuanto antes dentro del templo donde estaría más tranquila y podría esconderla en un lugar seguro.
La ceremonia no tardó en empezar. Primero, pasaron los diferentes grupos de sacerdotes a hacer las ofrendas de cada culto. Lena estaba en el grupo de los sacerdotes de Iza. Lex, Eve, Alex, Sam y Kara esperaban a un lado del altar principal. Kara había escondido su rama debajo de un pequeño armario que había cerca.
Después de los sacerdotes, la gente del pueblo se acercó a dejar su ofrenda. Durante esta fase, Lena volvió a su lado. Le sonrió y la cogió de la mano entrelazando sus dedos. Cuando acabaron, era el turno de su grupo. Eran los últimos en ofrecer su ofrenda. Lena le soltó la mano para acercarse al altar sin ella. La morena tenía asumido que la rubia, como siempre, iba a mantenerse al margen de estos rituales. Ese momento fue el que Kara aprovechó para correr en busca de su rama. Volvió a tiempo de llegar junto a Lena al altar. Colocó su mano en la cintura de la morena para llamar su atención. Esta la miró confundida. Kara le enseñó su rama y Lena la miró con sorpresa. Colocaron la rama juntas. Se alejaron de nuevo del altar. Los sacerdotes de Amate prendieron fuego a las ofrendas para hacerlas llegar a los dioses. Ahí se acabó la ceremonia religiosa.
El resto de la noche incluyo música y vino. Kara, divertida, empezaba a ver un patrón en todas estas celebraciones.
Kara y Lena estaban sentadas en un banco solas admirando el espectáculo. La morena se había dejado caer ligeramente sobre el costado de la rubia y ésta la había rodeado con su brazo. La rubia se relajaba después de que la gente de la ciudad la hubiera obligado a bailar con ellos.
- Creo que se va a hablar durante días de ti por Gimina. - bromeó Lena.
- Como si no llevara meses pasando. - bufó Kara medio sonrojada.
- Eres la primera kryptoniana que hace una ofrenda a los dioses antiguos.
- ¡Por Rao! ¿Qué me harán? ¿Crees que me prohibirán entrar en Krypton para siempre jamás? - rio Kara y Lena la acompaño. - No es algo que me preocupe.
- ¿Por qué lo has hecho? - le preguntó mirándola a los ojos intensamente.
- ¿Por qué no? Es religión de Thera como lo es el Raoismo. ¿Por qué no debería hacerlo? Y es importante para ti. - explicó Kara completamente roja y desvió la mirada.
- Eso háblalo con William. - bufó Lena.
- Hasta donde yo sé, no han excomulgado a Alex.
- Ella es therana. - le recordó Lena.
Kara se quedó unos instantes en silencio pensando.
- Yo nací en Thera como Alex y como tú. Me siento más therana que kryptoniana.
- Ven aquí. - dijo Lena para darle un beso en los labios. - ¿Volvemos al palacio?
Kara asintió con una sonrisa tonta.
*/*/*/*
Tenían previsto volver a la capital en tres días. Parecía que Edge estaba haciendo la cuenta atrás porque cada vez estaba presionando más. Las reuniones con los líderes eran directamente una reunión con él. El resto de líderes solo asentían cada vez que él hablaba. Hasta Lex parecía empezar a estar de acuerdo con sus exigencias.
Volvía a insistir en que se autorizara a los gremios a comerciar directamente con el sur donde estaban vetados y, además, había entregado una lista de prisioneros que según él no habían vuelto todavía de las prisiones del sur.
Kara, Lena y Alex se habían reunido en la habitación de la última para hablar de lo último en cuanto acabó la última reunión.
- ¿Dónde creéis que están? - preguntó Alex preocupada.
- No lo sé, Alex. Quizá fueron ejecutados y no se registró. - respondió Kara pensativa.
- Creo que las tres sabemos dónde están. ¿Hace falta decirlo? - contestó Lena algo ofendida.
- Son esclavos en Krypton. - asintió Kara. - Habrá que sacarlos de allí.
*/*/*/*
A falta de un día para su marcha a la capital todo explotó.
Lex convocó una reunión urgente con Edge y las tres.
Lena podía ver en la cara de su hermano lo furioso que estaba. Estaba sentado en su silla con un Edge tranquilo a su espalda.
- Nuestra gente es esclava en Krypton. ¿No era una información suficientemente importante para contarme, Lena? - empezó Lex extrañamente tranquilo.
- Era algo que estábamos en proceso de solucionar. - se intentó defender Lena.
- ¿Por eso lo manteníais en secreto esperando que nadie se diera cuenta? Lex, seguro que no tenían ninguna intención de arreglar nada. Esperaban que nos olvidáramos del tema. - intervino Edge.
- Eso no es verdad. Estuvimos negociando con el embajador de Krypton para eso. - respondió Kara.
- ¿Y qué trato conseguisteis? ¿Krypton nos los va a devolver? - respondió Edge.
- No. - negó la rubia bajando la cabeza.
- Ja. ¿Lo ves, Lex? No ha cambiado nada. Estos kryptonianos se creen que nos pueden pisotear y nosotros, tontos, hemos aceptado una tregua falsa. Kal-El es igual que su padre. - insistió Edge.
- ¡Eso no es verdad! Lex, tú sabes que eso no es verdad. Mira lo que hemos hecho aquí. - dijo Kara abriendo los brazos.
- ¿Qué habéis venido a hacer aquí? ¿Coronaros como las salvadoras para que os adoremos, para que os demos las gracias? - se mofó Edge.
- No, hemos venido aquí para ayudar. No queremos nada más. Lex, no lo escuches. - rogó Alex esta vez.
- Debería declararos la guerra de nuevo, Kara. - le habló directamente a ella. - Habéis traicionado la gente de Thera. Nos habéis mentido y nos habéis traicionado. Pero, por el cariño que le guardo a Kal, le daré una oportunidad para explicarse. Mañana partiremos como estaba previsto a la capital. Tú, Lena, también. No confío en ti para dejar el norte bajo tu cuidado.
- ¿Y a quién dejarás?
- A madre.
*/*/*/*
Llegaron a la capital en tiempo récord. Nunca se había realizado ese trayecto tan rápido. Hubo un momento en que Lena pensó que los caballos iban a morir agotados.
Lex pidió una reunión con Kal y el consejo real nada más llegar. Kara casi no tuvo tiempo de contarles que había pasado en el norte. Menos mal que Alex había enviado a Etón por adelantado.
Prácticamente la mitad del consejo era nuevo. Era gente en la cual Kara sabía que Kal confiaba. Incluso William había tomado un puesto. Estaban todos sentados alrededor de la mesa presidida por Kal y Lex, cada uno en un lado. Lex estaba flanqueado por Edge, mientras Kara ocupaba esa posición detrás de Kal.
- Quiero una explicación, Kal. - exigió Lex.
- Estamos tan metidos en esto como tú, Lex. No tenemos ningún poder de decisión. - se defendió Kal.
- Seguro que… - empezó a hablar Edge.
- Calla, Edge. - ordenó Lex. El otro hombre cerró la boca con un sonoro golpe y bajó avergonzado la cabeza.
- Krypton es militarmente superior a Thera. - explicó el rey. - Si decidiera invadir de nuevo Thera, se nos llevaría a Kara y a mí por delante igual que a vosotros.
- Pues luchamos, Kal. - respondió Lex como si fuera obvio.
- Ya te he dicho que es una guerra perdida, Lex. - insistió Kal.
- La nuestra también era una guerra perdida y os tuvimos contra las cuerdas.
- Lex, créeme cuando te digo que no es lo mismo. ¿Cuánto aguantó Thera la última vez? Krypton arrasó con Thera.
- Porque los Danvers nos traicionaron. - gruñó Lex entre dientes mirando a Alex.
- Los Danvers salvaron muchas vidas, Lex. Krypton tuvo piedad porque ellos cedieron y vosotros, los Luthor, detrás de ellos. Tenían a Thera bajo su control y no hacía falta más matanzas.
- Eso díselo a tu padre. - se mofó Lex.
- Mi padre recolectaba esclavos para mandarlos a Krypton. Son el precio a pagar para que nos dejen en paz.
- "Son". Entiendo que todavía hay que enviar más. - aclaró Lex.
- Sí, nos piden un número anual. Por lo menos, Kara y yo conseguimos reducir el número a pagar.
- ¿De dónde los sacarás, Kal? - se mofó el Luthor. - ¿Vas a esclavizar a más de nuestra gente?
- No, Lex. Serán prisioneros condenados por ciertos delitos.
- ¿Y cuándo se acaben, Kal?
- Hay margen para pensar en una solución. - aseguró.
- Ya te la digo yo, Kal. Manda esos hombres a luchar contra Krypton en vez de entregarlos como esclavos.
- Lex, la guerra no es una opción. - bufó rendido el kryptoniano.
- Tu reinado no presenta ninguna garantía para mí o mi gente, Kal-El. Si no declaras la guerra junto a mí, la declararás contra mí. Te doy un día para que reconsideres tu respuesta. - dijo Lex levantándose de su silla y saliendo de la habitación.
Lex seguido de Edge se fueron de la sala del consejo.
- ¡Maldita sea! - gritó Kara y golpeando la mesa.
Lena salió tras Lex. Lo atrapó casi llegando a sus aposentos en la fortaleza. Le pidió si podían hablar en privado.
- Lex, tienes que pensar en el bien de Thera. - le rogaba Lena. - No puedes empezar otra guerra.
- ¿Y qué hago, Lena? ¿Rezo a todos los dioses que, una vez se acaben los prisioneros, no vuelvan a enviar a nuestra gente?
- Kal no haría eso.
- Kal es un cobarde sentado en un trono.
- Kal es lo suficientemente valiente para aceptar que no tiene el poder de decidir y que empezar una guerra con Krypton es una locura. Lex, he estudiado sus libros, he visto sus nuevas armas. Su tecnología está muchísimo más adelantada que la nuestra. No tenemos nada que hacer.
- El reinado de Kal no presenta una garantía para nuestra gente, Lena. No es un rey digno de Thera.
- ¿Y quién lo es, Lex? ¿Tú?
*/*/*/*
Kal, Kara, Lena, Alex y William estaban cenando en la casa de las dos hermanas. Estaban en el comedor interior rodeando la mesa del suelo.
- Lex no cree que vayas a cuidar de Thera, Kal. – explicaba Lena. - Cree que eres un cobarde.
- Tan mal encaminado no va. - suspiró Kal. - Al final, Kara y yo no hicimos otra cosa que rendirnos cuando Daron-Vex nos amenazó.
- Hicisteis lo correcto. No podemos entrar en guerra contra Krypton. - lo apoyó la Luthor. - No conseguiríamos nada.
- ¿Qué proponéis? - preguntó Kal al grupo. - Lex parece muy dispuesto a luchar sea contra quien sea.
- Hay que conseguir que confíe en este reinado. - respondió William.
- Pues cómo no tengáis una varita mágica. - dijo irónicamente Kal derrotado.
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Ya pasada la hora de dormir, Kara y Lena estaban en la habitación de la primera en la residencia de los Danvers. Lena no estaba de humor para volver al antiguo palacio ella sola.
La habitación de Kara ya estaba protegida del frío. La terraza estaba bloqueada y solo quedaba la cama del interior. Estaban tumbadas con Lena apoyada en el pecho de Kara. Estaban las dos en silencio cada una sumida en sus propios pensamientos.
- Kara, no podemos permitirlo. No podemos dejar que empiece otra guerra. - rogó Lena escondiendo su rostro en el cuello de la rubia. - No podemos volver a ese infierno.
Kara la apretó contra ella.
- Tranquila, amor. No va a pasar. No habrá otra guerra. - la consoló Kara. - No lo vamos a permitir.
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A la mañana siguiente, volvían a estar reunidos Lex, Edge y el consejo real al completo.
Lex seguía convencido de que Kal era un rey débil que acabaría esclavizando a los suyos.
- Abdica. Y yo tomaré el trono. - propuso Lex.
- Venga, Lex. Eso es lo mismo que declarar la guerra a Krypton. - se quejó Kal llevándose las manos a la cara.
- Visto lo visto, es necesario que un Luthor debe estar en el trono. - se mofó Lex. - Tú eres demasiado débil para enfrentarte a tu gente. Es la única manera de proteger a Thera de verdad de vosotros, los kryptonianos.
Se creó un silencio sepulcral en la sala. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Parecía que Lex iba a empezar la guerra allí mismo.
- ¿Y si fuera una Luthor? - intervino William.
Todos en la sala se giraron para mirar al moreno.
- Explícate, Voz. - respondió Lex.
- Lena se podría casar con Kal. - propuso William. - Habría una reina Luthor y un rey kryptoniano. Krypton estaría tranquilo, mientras vosotros protegéis vuestros intereses. Además, el próximo rey legítimo tendría sangre Luthor.
- No. - interrumpió Kara.
- Calla, Kara. - la cortó un miembro del consejo. - ¿Lena? ¿Lex?
- Quiero hablar con mi hermana a solas. - respondió Lex.
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Lena y Lex estaban reunidos en los aposentos de este último. Llevaban casi una hora allí y no había noticias. Kara no se había separado de esa puerta desde que habían entrado los dos hermanos.
Primero, Kara había estado de pie esperando pacientemente sola. Después había empezado a pasearse de un lado a otro de la puerta. Al final, acabó sentada en el suelo con la espalda apoyada contra la pared y con las piernas estiradas. Estaba desesperada por saber de qué estaban hablando allí dentro. Quería saber si Lena había logrado convencer a su hermano de que aquello no tenía ningún sentido.
Finalmente, Lena salió seria al exterior. Kara se puso de pie rápido a su lado.
- ¿Has conseguido convencer a Lex de que este matrimonio es una locura? - le preguntó impaciente.
- No, Kara. Lo he convencido para que confíe en mí como reina de Thera. - contestó Lena con la vista perdida en el mar.
- Me estás tomando el pelo. - contestó Kara seria.
- Lo siento mucho, Kara. - dijo sin todavía mirarla. - Pero siempre has sabido que mi prioridad es Thera.
Kara se acercó hasta ella cargada con furia, pero freno en seco cuando estuvo a unos pocos centímetros de distancia. Dio media vuelta y se fue.
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Kara estaba sentada en las rocas de los acantilados que rodeaban la fortaleza. No esperaba que la siguiente vez que volviera a disfrutar de la brisa sería en esas condiciones. Allí volvía a estar ella con el corazón roto. Lena había aceptado casarse con Kal. Menos mal que le había asegurado no se iba a casar por conveniencia.
William llegó y se sentó a su lado.
- Lo siento, Kara. - se disculpó William. - Cuando he sugerido ese matrimonio, no he caído en vuestra relación. Ha sido la desesperación por evitar una guerra.
- Tranquilo, William. Tú no has sido quien ha aceptado. - suspiró Kara. - Al final, supongo que alguien lo habría sugerido.
- Es una pena que no seas la reina de Thera. Serías tú la que se casara con Lena y no, Kal. Una pena que Jor-El matara a tu padre. - dijo William triste. Kara se giró a mirarlo confundida. - ¿No te lo han dicho? He metido la pata. No he dicho nada, Kara. - dijo asustado William. Intentó levantarse, pero Kara lo atrapó. Lo lanzó contra el suelo y se puso encima de él a horcajadas inmovilizándolo. Lo agarró de la camisa y lo zarandeó.
- Habla, William. Habla o te mato. - le dijo furiosa.
- Zor-El, tu padre, era el que realmente tenía que convertirse en el primer rey kryptoniano de Thera. Jor-El lo asesinó, también a tu madre, poco después de que nacieras. Luego convenció a Krypton de que le entregaran el trono en vez de que pasara a ti. Que Krypton aceptara te salvó la vida. Si no, también estarías muerta. La antigua Voz de Rao era la única que sabía esto y se aprovechaba para hacerle chantaje a Jor-El.
- ¿Quién más sabes esto, William? - preguntó zarandeándolo de nuevo.
- Kal, Brainy, Alex y Lena. Estaba en los documentos encriptados de la antigua Voz.
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Hacía catorce años que Lena no veía ese barco. Era el barco en el que Kara había zarpado rumbo a Krypton.
