La fortaleza no tenía un gran muelle donde amarrar los barcos. Solo tenía pequeñas pasarelas con amarres para botes y pequeños barcos que comunicaban con las cuatro puertas en las murallas.
Lena y sus hijos junto con Alex, Kelly y su hijo esperaban en el muelle principal a que Kara desembarcara. El barco de la rubia se había parado a algo de distancia de la fortaleza y un bote se había desprendido de él y venía en su dirección. Era media tarde a principios de primavera. El calor en la capital volvía a renacer y el mar volvía a ser pacífico después del invierno.
La morena podía distinguir la cabellera rubia a lo lejos. Hacía catorce años que no la veía. ¿Habría cambiado mucho? ¿Continuaría siendo la idiota de siempre o habría madurado? ¿Se habría casado? ¿Tendría hijos? Lena no sabía nada de la vida de Kara desde que se fue. La rubia se aseguró de que eso fuera así.
Ella le había rogado para que no se casara con Kal, pero Lena creía que no tenía más remedio. Kara llegó a amenazar con contar a todo Thera lo que había pasado con sus padres, pero la morena aceptó la boda y Kara zarpó en cuanto la noticia se hizo oficial en todo el reino sin dar más guerra. No se despidió de nadie. Simplemente dejó una nota atrás diciendo que aquel ya no era su hogar.
Ahora allí estaba Lena esperando la vuelta de la rubia junto a los hijos que había tenido con Kal: dos chicos. El primero se llamaba Lars, era un alto chico y delgado de trece años, y el segundo, Levi, de cinco. Ambos habían heredado el pelo oscuro y ojos claros de sus padres, aunque Levi había heredado el ligero tono marrón de él. ¿Kara sabría de su existencia?
A unos metros de distancia del muelle ya se podía distinguir perfectamente a los pasajeros del bote. Kara estaba tranquilamente sentada mirando en dirección a la fortaleza. A Lena le chocó verla con el pelo recogido. Parecía que llevaba una larga trenza que colgaba sobre uno de sus hombros. Hablaba tranquilamente con los remeros. Entonces dirigió su mirada hacia ellos, los pasó de largo y volvió a observar la isla como si no hubiera visto a nadie. Parecía más mayor, más madura que la última vez que la había visto. Bueno, al final habían pasado catorce años. Seguro que ella parecía mayor también.
Los segundos que tardó Kara en llegar se le hicieron eternos. Empezaron a amarrar el bote de costado al muelle unos metros delante de su posición, pero la rubia no hizo ademán de levantarse. Ni tan siquiera los miró. Cuando el bote estuvo perfectamente asegurado, Kara se levantó. Lena se dio cuenta que hasta parecía que se había vuelto más fuerte. Iba impecablemente vestida con un uniforme militar. Era oscuro, casi negro, y constaba de una casaca gruesa decorada con símbolos kryptonianos y unos pantalones a conjunto.
Con agilidad, Kara saltó del bote para poner los pies sobre el muelle. Anduvo hacia ellos, acercándose a la fortaleza, y los pasó de largo sin siquiera dirigirles una mirada.
- Mamá, ¿qué le pasa a la tía Kara? - preguntó triste el pequeño Levi. Era demasiado joven para comprender lo que estaba pasando allí.
- Tranquilo, cariño. A veces, tu tía puede ser un poco así. - le consoló Lena poniéndose de rodillas a su altura. - No te preocupes. Vamos a volver a casa, ¿vale?
El pequeño solo asintió.
Lena lo envolvió con sus brazos y lo levantó con ella. Se puso en marcha en dirección al palacio real. Kara ya no estaba cerca. Realmente, se había dado prisa para perderlos de vista. Lars los seguía serio sin decir nada. Detrás, iban Alex y su familia.
Llegaron al palacio, cruzaron toda la planta principal hasta los grandes jardines traseros donde dejó el niño en el suelo.
- Lars, ¿te podrás encargar de tu hermano mientras hablo con vuestra tía Kara? - le preguntó Lena girándose hacia el muchacho. Prácticamente estaba a punto de igualar la altura de su madre pese a ser tan joven. Había crecido mucho el último año.
- De acuerdo, mamá. Pero, ¿vas a tardar mucho? - preguntó el chico preocupado.
- No lo sé. Sabes cómo son los asuntos del reino. No sé cuánto tiempo querrá dedicarle hoy vuestra tía. - le respondió acariciando el pelo del mayor.
- ¿No debería estar yo entonces? Como papá ya no está… - dijo el muchacho. Las lágrimas empezaron a escaparse de sus ojos.
Lena paró en seco y lo abrazó.
- Lo que necesitas ahora es descansar. - lo consoló Lena. - No te preocupes por estas cosas. Aún es demasiado pronto para ti.
El chico se abrazó a ella con fuerza y lo oyó sollozar contra su cuello.
- Vamos, cariño. Te dejo al mando. - dijo Lena separándose de él y emprendiendo el paso de nuevo.
Se cruzó con las otras dos mujeres en la entrada del edificio. Alex y Kelly se ofrecieron a cuidar de ellos mientras ella iba a hablar con Kara.
- ¿Seguro que quieres ir sola? - le preguntó Alex preocupada.
- Es mi deber como reina, Alex. Iré a ver dónde se ha metido. - contestó decidida.
- Suerte. - le deseó Kelly con una media sonrisa.
- Gracias. - respondió Lena imitando el gesto.
No fue difícil de encontrar la rubia. Solo con preguntar a un par de trabajadores de la fortaleza descubrió que había ido directa al despacho del rey. Cuando entró, se la encontró tranquilamente sentada en la mesa de Kal.
- Hubiera estado bien que, como mínimo, te hubieras presentado a tus sobrinos. - le recriminó Lena. - Estaban ansiosos por conocer a su tía y más después de lo que ha pasado.
- Lena, no me vengas con estas tonterías a estas alturas. - respondió Kara con desprecio.
- ¿Tonterías? Esos niños acaban de perder a su padre y tú no has tenido ni la dignidad de ir a su entierro. Has pasado por nuestro lado como si nada. ¿Cómo has podido?
- Si fuera por mí, no hubiera vuelto a pisar esta isla, Lena. - respondió Kara apoyándose con tranquilidad contra el respaldo de su silla. -Pero Krypton considera que debe haber un kryptoniano en el trono hasta que uno de esos mocosos sea lo suficientemente mayor. No me interesa saber ni sus nombres. En cuanto pueda, no me vais a volver a ver el pelo.
- Así que esa es tu postura. - murmuró Lena cruzándose de brazos. Eso le había dolido.
- Gobernaré Thera el tiempo que deba. Es una pena que el barco de los Lane en el que viajaba Kal se hundiera en el fondo del mar. Pero hay mucho trabajo que hacer. Espero contar con tu perfecta colaboración. - pronunció Kara con una mueca perversa en el rostro. - Quiero que convoques una reunión del consejo para dentro de una hora y que avises a los miembros que después me querré reunir con ellos uno por uno.
- No soy tu secretaria, Kara. No puedes darme órdenes. - respondió Lena sin moverse de sitio.
Kara se levantó de la silla y se acercó como un depredador acechando a su presa. Seguía teniendo esa expresión en el rostro. Lena tuvo que frenar el impulso de retroceder ante el avance de la rubia.
- Oh, Lena. Sí tienes que obedecerme. - sonrió Kara. - A partir de ahora, yo mandó aquí. A partir de ahora, vas cumplir cualquier cosa que te ordene. ¿Sabes por qué, Lena? - dijo invadiendo el espacio de la morena que no quiso ceder ante la rubia amenazante. - Estoy aquí en nombre de Krypton y dudo mucho que quieras desobedecerles, ¿verdad? Ahora yo gobierno Thera y tú vas a actuar en consecuencia. ¿No querrás empezar una guerra que no puedes ganar? Piensa en tus pobres hijos. - se mofó Kara separándose de nuevo. - Avisa al consejo. Ahora, Lena. - le ordenó volviéndose a sentar en la silla.
Lena solo asintió y dio media vuelta. En la puerta se cruzó con otra rubia alta que entraba al despacho. Esa mujer iba vestida con el mismo uniforme que el que llevaba Kara. Lena se aseguró cerrar bien la puerta cuando salió. No quería saber nada de ningún kryptoniano.
- Eso ha sido divertido. - rio Nyssa-Vex una vez estuvieron a solas ella y Kara. - Pero, ¿no crees que ha sido un poco excesivo amenazar a tu futuro rey?
- Es una Luthor. Solo entran en razón con amenazas. - respondió tranquilamente Kara acomodándose en la silla. - ¿Ya te has situado?
- No, Kara. Claro que no. - se mofó Nyssa. - Acabamos de llegar. Aunque veo que tú sí. No hay nada como estar en casa, ¿no?
Kara bufó.
- Créeme cuando te digo que estoy deseando irme. - se quejó.
- ¿Va a ser esa mi mesa? - preguntó Nyssa divertida paseándose por la sala hasta otra mesa que había allí.
El despacho del rey estaba situado en el primer piso del edificio de oficinas de la fortaleza. Sus grandes puertas se abrían a una terraza con el patio central a sus pies. Dentro, en la pared contraria a la de la entrada, había una gran ventana que prácticamente ocupaba toda la pared. Por allí entraba una gran cantidad de luz que iluminaba la estancia. Justo delante de la puerta, estaba la gran mesa del rey, la que hasta ese momento había sido de Kal-El. Unos metros a su derecha, había una más discreta arrinconada. Kara no recordaba que estuviera allí la última vez. De hecho, juraría que la mesa del rey estaba completamente centrada en la sala, en vez de echada a un lado. Supuso que habrían hecho espacio para la otra. Las paredes del interior tenían ese color amarillento que dominaba en la fortaleza y había diferentes frescos azulados que decoraban todas las paredes.
- No, Nyssa. - le respondió Kara. - Tú vas a estar en la planta baja.
- Vaya, me vas a abandonar en estas tierras salvajes. ¿Qué va a ser de mí? - bromeó la otra rubia.
- Creo que deberían estar más asustados los theranos de ti que tú, de ellos. - se rio Kara.
- Eso no te lo voy a negar. - rio de acuerdo con la otra. - ¿Empezaremos pronto? - preguntó ahora seria Nyssa.
- Sí, tenemos una reunión en una hora.
*/*/*/*
Kara se sentó ocupando el lugar del rey presidiendo la mesa del consejo. Nyssa se puso detrás de ella a un lado. Lena se sentó en el extremo opuesto de la mesa, presidiéndola también. El resto de miembros del consejo, incluida su hermana, se sentaron a los lados. William se sentó justo a su derecha, el lugar que solía ocupar la mano derecha del rey. Ese rol pasó a ocuparlo el moreno cuando ella se fue. El hombre vestía cubierto de oro, como solía hacer cualquier Voz de Rao. Kara pensó divertida que con un poco más de brillo encima y conseguiría deslumbrar a todos los presentes.
- Bien, como todos sabréis, Krypton me ha mandado aquí para que tome las riendas de Thera mientras alguno de los hijos de Kal es lo suficientemente mayor. Eso quiere decir que a partir de ahora mis poderes pasan a ser los mismo que tenía Kal. A efectos prácticos, mis decisiones son las decisiones de un rey de Thera de pleno derecho.
- ¿Y Lena qué? Ella sigue siendo la reina. - se quejó Alex.
- Lena era la reina consorte hasta que mi primo murió. Ni te atrevas a compararlo. - gruñó Kara enfadada. - Krypton me ha asignado para ocupar este papel. ¿Alguien que quiera oponerse a ello?
- Queremos pruebas. - intervino William. - ¿No esperaras que aceptemos, así como así, tu llegada después de tantos años y que te dejemos tomar el poder?
- Claro. ¿Nyssa? - llamó Kara a su compañera. - Os la presentó. Es hija de Daron-Vex, creo que todos lo recordareis. Está aquí para ayudarme con los trámites.
Nyssa ofreció un documento a William. Este lo leyó en voz alta delante de toda la sala. Básicamente, decía que, vistas las circunstancias, Krypton insistía en recomendar que Kara tomara el trono de forma provisional hasta que un heredero estuviera listo. En otras palabras, Krypton ordenaba que Kara pasara a gobernar.
- Bien, superado este escollo, tengo que decir que, pese a esperar que mi estada aquí sea corta, tengo muchos planes previstos. Kal dejó un país al borde de la ruina y el caos. Las mafias han tomado la capital, los grupos radicales campan a sus anchas y la corona está prácticamente arruinada. Esto va a acabarse. Esta tarde me voy a reunir con cada uno de vosotros, por separado, para deciros lo que espero de vosotros. También me gustaría añadir que también voy a tomar las riendas de la educación de los hijos de Kal. A partir de ahora, yo decido qué van a estudiar y con quién.
- No tienes ningún derecho sobre mis hijos, Kara. - intervino Lena poniéndose en pie y golpeando la mesa con sus manos.
- Uno de ellos va a ser el próximo rey de Thera, Lena. - respondió Kara manteniéndose tranquila en su sitio. - Van a ser educados como es necesario para que cumplen correctamente con su rol como un rey de Thera leal a Krypton. ¿Queda claro?
- No lo voy a permitir. - gruñó la morena.
- No tienes ningún poder para evitarlo, Lena. Deja de ponerte en ridículo. - respondió Kara sin alterarse todavía.
El resto de los presentes bajó la cabeza. Nadie iba a ayudar a Lena. La morena se rindió y volvió a sentarse en silencio vencida.
- Como veis, tenemos mucha faena por delante. Por eso, a partir de ahora, a primera hora, tendremos reunión del consejo cada día sin excepciones. Y, varios días a la semana, también por la tarde. - anunció Kara.
*/*/*/*
Lena y Alex estaban juntas en el edificio de la biblioteca y los talleres en un balcón del primer piso mirando preocupadas en dirección a las puertas del ahora despacho de Kara. Lena estaba apoyada con las manos contra la baranda de madera rojiza mientras, la Danvers había dejado caer su peso contra una columna.
- ¿Cuántos van? - preguntó Lena derrotada.
- De momento, van cuatro de diez. Kara está haciendo una buena limpieza del consejo. Me gustaría saber que hay en esa cabeza estúpida.
- No lo sé, Alex. - suspiró Lena.
- Ahí va el quinto. - dijo Alex cuando vio salir a un hombre del despacho llorando. - Se tiene que decir que tiene estilo despidiendo gente. Van tres lloros, un puñetazo a la pared y un desmayo. Apuesto lo que quieras a que esa mano está rota ahora.
- Los entiendo. Te aseguro que no quieres hablar a solas con esta Kara. Ha sido perturbador.
- Tan mal, ¿eh?
*/*/*/*
Fue el turno de William. El moreno entró temeroso al despacho. Kara estaba sentada en el sitio de Kal tranquila. Nyssa se había sentado encima de la mesa secundaria de la habitación.
- Majestad. - la saludó William haciendo una reverencia.
- No hacen falta estos formalismos, William, a estas alturas. - lo saludó alegre Kara.
- Solo sigo el código, majestad. - le respondió el hombre sorprendido por su cambio de actitud.
- Déjate de códigos. Tú y yo hemos compartido suficiente para olvidarlos. ¿Cuántos años llevas siendo la mano derecha del rey?
- Catorce años, Kara. Cuando por desgracia nos dejaste, Kal me pidió que ocupara tu lugar. - explicó tímido, casi pidiendo perdón.
- Ya veo. ¿Y cómo te has visto en este rol desde entonces?
- He intentado dar lo mejor de mí cada día de cada año. - aseguró.
- Estoy segura de eso. - sonrió Kara. - Al final, sabes bien que eres de las pocas personas en la que puedo confiar en este lugar.
- Me siento honrado de que me digas eso, Kara. - respondió con alivio.
- Mi plan es que continúes siendo la mano derecha de lo que sea que se pueda llamar lo que soy ahora mismo. ¿Reina en funciones, Nyssa?
- Sí, yo lo llamaría así. - respondió la otra rubia que estaba atenta a toda la interacción.
- Bien, ¿qué te parece ser la mano derecha de la reina en funciones, William? - le ofreció Kara.
- Estaría encantado, Kara. Daré lo mejor de mí. - le prometió.
- Eso me gusta oír. Quiero que traslades tu despacho a este. Te quiero cerca. Tenemos mucho trabajo por hacer. Esa será tu mesa. - anunció Kara señalando el lugar donde Nyssa estaba sentada.
- Pero esa es la mesa de Lena. - explicó él.
- No te preocupes. Ya le daré yo la noticia. Mañana quiero reunirme contigo antes de la reunión de consejo. ¿Bien?
- Por supuesto. ¿Quieres algo más?
- No, William, gracias. Puedes irte. Y, por favor, pide a mi hermana que entre.
El moreno asintió y, después de dar una reverencia, se fue. Estando solas otra vez, Nyssa se levantó y se acercó a Kara.
- ¿Quieres que os deje solas para esta reunión? - le preguntó divertida Nyssa.
- No, prefiero que estés aquí presente. Nos va a ahorrar mucho tiempo. - respondió Kara seria sin despegar los ojos de la puerta.
Kara se sorprendió por ver a alguien entrando tan segura a su despacho. Todos los del consejo habían entrado asustados como animales al matadero. Parecía que su hermana estaba muy segura de enfrentarse a ella.
- Hola, Kara. Cuánto tiempo. - la saludó Alex cuadrándose delante de Kara.
- Bastante, no te lo voy a negar. - respondió Kara con una sonrisa. Se levantó a coger una jarra que había encima de algún mueble junto a unos vasos. Se sirvió y dio un pequeño trago. Era vino del norte. - Veo que al final sí que te casaste con Kelly. Hasta tenéis un hijo. - dijo Kara girándose en dirección a Alex y apoyándose en el mueble. - Supongo que no sabe lo que pasó en Gimina con Sam.
- Sí que lo sabe, Kara. Ahórrate las amenazas. - le contestó a la defensiva Alex. - Y sí, estoy casada con ella y tenemos a nuestro fantástico hijo llamado James. Todo esto lo sabrías si te hubieras dignado a venir en algún momento. - respondió Alex cargada de rencor.
- Estaba ocupada, Alex. - contestó Kara encogiéndose de hombros.
- ¿Tan ocupada estabas como para no venir a la boda de tu hermana? - preguntó Alex indignada.
- El ritmo de Krypton es absorbente. Todo es muy distinto allí. - respondió Kara mirando pensativa por la ventana de su ahora despacho. - De hecho, por eso te he hecho llamar. - explicó Kara dando otro trago.
La rubia había olvidado lo bueno que estaba el vino therano.
- ¿Me vas a echar a mí también?
- No, Alex. - negó Kara. Devolvió el vaso vacío a su sitio original. - Al final, no creo que haya alguien más competente en toda Thera que tú para cuidar de los ejércitos. Sin embargo, Nyssa tomará el mando de forma provisional. Tenemos un ejército de la edad de piedra. Es necesario modernizarlo. Mientras esto suceda, tú superior directa será ella. - dijo señalando a la aludida que seguía de pie al lado de la mesa de la nueva gobernante de Thera.
- ¿Es necesario que una kryptoniana tome el mando de los ejércitos theranos? - se quejó Alex.
- Sí, para este proyecto, lo es, Alex. - contestó serena Kara. - Ella tiene los conocimientos que tú nunca has estado cerca de tener. Así que espero de ti una obediencia plena.
- ¿Y si me niego? - respondió Alex cruzándose de brazos.
- Entonces quizá Nyssa se quedará para siempre al mando de los ejércitos. ¿Qué te parece? - preguntó Kara divertida a la otra rubia.
- Pues que tengo mejores lugares donde estar, Kara. - respondió burlona. - Pero supongo que por Krypton podría hacer ese sacrificio.
- ¿Alex? - insistió Kara.
Alex se la quedó mirando unos instantes enfadada.
- Está bien. Obedeceré a Nyssa. - cedió Alex.
- Bien. A partir de mañana, se instalará en tu despacho. Ordena que lo preparen todo.
- A sus órdenes, majestad. - respondió secamente Alex. - ¿Sabes? Tenía previsto proponerte de cenar esta noche en familia después de tanto tiempo. Supongo que eso está fuera de la mesa, ¿no?
- Me espera una noche de trabajo muy larga, Alex. - bufó Kara volviéndose a su sitio.
La Danvers hizo una reverencia y se fue dejando a las dos rubias solas.
- ¿Por qué no vas con ella y te aseguras que no haga nada raro? - dijo Kara viendo como Alex abandonaba enfadada la sala.
- ¿Quieres que te deje sola con la Luthor? - rio Nyssa.
- Puedo con ella, tranquila. Prefiero asegurarme que la general de los ejércitos no haga nada raro. - respondió con suficiencia.
- ¿La misma que has rechazado porque prefieres pasar la noche en la taberna? - rio Nyssa. - El amor entre hermanas ha brillado por su ausencia.
- Los lazos se rompen después de tanto tiempo. Ve a echarle un ojo, Nyssa. - ordenó Kara mientras se levantaba para volver a llenar el vaso.
- Bien, como veas. ¿Nos vemos mañana, entonces?
- Sí, hasta mañana. - la despidió Kara después de beberse de un trago el vaso. Se quedó unos instantes sola en el despacho. Volvió a su mesa. Cuando casi estaba llegando, Lena entró. Claramente, había entrado con la misma actitud de Alex. Incluso, podía percibir la furia saliendo de ella a metros de distancia. La morena cerró la puerta de un golpe y se acercó a su mesa. La reunión del Consejo había sido una humillación.
Kara se sentó en el que ahora era su sitio. Lena cogió otra silla y se sentó en el lado opuesto de la mesa de cara a la rubia.
- ¿Quieres regodearte más en tu poder, Kara? Prácticamente, no has dejado enfriar el cuerpo de tu primo para tomar el poder. - le echó en cara.
- No vengas con estos dramatismos, Lena. Tengo mucho trabajo por hacer. - bufó casi riéndose Kara.
- Ya somos dos.
- Aquí te equivocas, Lena. Quedas relegada de todas las funciones que Kal te asignó como reina. A partir de ahora, volverás a ser simplemente el enlace entre Lex y la Corona. - dijo Kara con media sonrisa. Se quedó unos instantes en silencio y luego volvió a Hablar. - Bueno, como muestra de buena voluntad, si quieres, también te puedes encargar de los cultos de los antiguos dioses. Me da igual. Haz lo que quieras.
- Lex no lo aceptará. El trato de paz era que como reina tuviera ciertas funciones, Kara. - se defendió la morena.
- Me da igual lo que diga tu hermano, Lena. Si quiere guerra, lo aplastaremos sin problema. Verás, la diferencia entre Kal y yo es que yo cuento con todo el apoyo de Krypton. Si tengo que traer su ejército hasta aquí para aplastar a tu hermano, lo voy a hacer.
- ¿Vas a ser como Jor-El? - preguntó Lena furiosa. Podía notar que de la rabia acumulada estaba a punto de ponerse a llorar allí mismo.
- Jor-El era un cobarde corrupto. Kal-El solo fue un cobarde. Sabes tan bien como yo que esa rama de la Casa de El nunca debió estar en el trono. - explicó Kara tranquilamente cosa que frustraba todavía más a Lena. La rubia estaba actuando como si nada mientras la humillaba una vez tras otra.
- ¿Así que va sobre esto todo lo que estás montando? ¿Quieres reclamar tu lugar en el trono?
- Mi intención es cuidar de Thera. Siempre lo ha sido y siempre lo será, Lena. Y haré lo que sea necesario para conseguirlo.
- Lex no lo va a aceptar.
- ¡Suficiente! - gritó Kara mostrando la primera emoción real desde que había llegado. - He intentado hacer las cosas por las buenas, Lena. He estado leyendo el estado de las mafias del norte. ¿Has visto lo que tu gente está haciendo aquí? Dime, ¿lo estás haciendo aposta o es que sigues tan desesperada por complacer a tu hermano como siempre?
- No sé a qué te refieres.
- Lo sabes perfectamente. - respondió Kara notando como poco a poco el enfado que había estado conteniendo empezaba a explotar. - Desde que nos conocemos no has hecho más que buscar cumplir con las expectativas de Lex: traicionarme para infiltrarlos en la fortaleza, aceptar este matrimonio... Respóndeme a algo. ¿Cuántas veces te has enfrentado a él? ¿Una? ¿Cuándo te diste cuenta que tu padre era igual que Jor-El? Siempre has estado buscando su aprobación. Y tu hermano te ha usado para conseguir poder en el sur y es algo que no voy a tolerar. Tu ineptitud para frenarlos ha sido lo que me ha motivado a quitarte tus funciones. Tu hermano se ha estado riendo en vuestra cara y Kal y tú lo habéis permitido. Esto se acaba hoy.
- No es justo lo que estás diciendo, Kara. - se quejó Lena bajando el tono. Eso había sido un golpe bajo. - Kal y yo nos hemos dejado la piel para mantener la paz.
- Lo que digas. - contestó con desdén Kara relajándose otra vez. - Por cierto, también pienso instalarme a vivir en el palacio real de la fortaleza. Deberías organizar todo para que tus hijos duerman en la misma ala que tú y yo me iré a la de los herederos.
- Si te hubieras molestado en leer mis cartas, sabrías que así ya no se reparte el palacio real.
- ¿Y cómo lo hace? - preguntó Kara confundida.
- Kal y yo teníamos un ala propia para cada uno. Nuestros hijos viven en la parte baja del palacio.
- ¿Kal y tú no compartíais el ala de los reyes? - preguntó Kara sorprendida.
El palacio real de la fortaleza era un edificio decorado como el resto de la fortaleza, paredes ocres y cenefas rojas y azules decorando los alfeizares. También tenía las típicas pasarelas abiertas al exterior o terrazas protegidas por columnas de madera roja. Lo que hacía especial a ese edificio es que las dos primeras plantas eran un conjunto uniforme, pero, a partir del segundo piso, el edificio se dividía en dos. Desde el exterior, parecían dos torres diferentes separadas por un par de metros. Un ala era la que estaba reservada a los reyes y la otra, a los hijos. Al menos así había sido antes de que la rubia se fuera. Por eso, Kara se había sorprendido al saber que Kal y Lena no compartían ala.
- Kal se quedó con esa parte. Como te he dicho, si hubieras leído mis car…
- Lena, basta. Quemé cada una de las cartas que me enviaste. - la interrumpió Kara bruscamente. La rubia suspiró y respondió más tranquila. - Bueno, esta nueva distribución me va a facilitar mucho las cosas. Me instalaré en el ala de Kal. Mandaré que coloquen mis cosas allí.
- Déjame antes quitar las de Kal. Por lo menos, demuestra este respeto por tu primo.
- ¿Cuándo estarán fuera?
- Por la noche ya podrás entrar las tuyas.
- Perfecto.
- ¿Tenemos que contar contigo para las comidas también?
- Por supuesto que no. No tengo ningún interés en mezclarme con tu familia.
- Son tus sobrinos. Ni los has mirado a la cara.
- Técnicamente, no lo son. Solo son los hijos de mi primo.
- Era como un hermano para ti. Tú me lo llegaste a decir.
- Lena, esos niños solo son mocosos a los que tengo que, por desgracia, tutelar. Lo que me lleva al siguiente punto. Toma. - dijo Kara pasándole unos papeles que Lena agarró. - A partir de ahora, esta será la rutina que llevaran a cabo. A parte de los maestros que tenían hasta ahora, he traído conmigo a Dev-Em. Él se encargará de las franjas que he señalado. Serán clases sobre historia y otros temas relacionados con Krypton. Ellos están muy interesados en que reciban una educación adecuada.
- Es decir, está interesado en que sean siervos leales. - dijo Lena sin separar sus ojos de los documentos mientras los analizaba.
- Llámalo como quieras. - contestó la rubia sin más.
- ¿Y cuándo voy a ver a mis hijos, Kara? - se quejó mirándola. Según los papeles que tenía entre las manos, los dos empezarían las clases poco después del amanecer y las acabarían entrada la noche. Hasta tenían las franjas de descanso y comida comprimidas para poder asistir a más lecciones.
- Quizá puedes conseguir alargar la hora de cenar hasta los quince minutos. Yo no lo haría mucho más largo. Tienen que levantarse muy temprano cada día. - se mofó Kara.
- Acaban de perder a su padre. ¿De verdad, vas a separarlos de su madre? - respondió incrédula.
- Lena, te lo he dicho. No creo que seas lo suficientemente buena como reina, imagínate para criar al próximo rey. Este será su nuevo horario. No van a faltar a ninguna de las clases. ¿Queda claro? - preguntó Kara, pero la morena no le contestaba. - Lena, ¿queda claro?
- Eres peor que la Kara que quemó Gimina. - le escupió.
- Si tú lo dices. - respondió encogiéndose de hombros. - En mi defensa diré que no tengo previsto destruir nada. De hecho, estoy aquí para hacer crecer Thera como nunca lo ha hecho.
- Espero que no tardes mucho en toparte de frente con la realidad.
Kara se echó a reir.
- Tranquila, soy muy consciente de cuál es la realidad.
*/*/*/*
Cuando Lena llegó al palacio real ya era de noche. Alex y Kelly estaban allí cuidando de los tres pequeños que jugaban en el jardín. Las dos mayores estaban sentadas en unos bancos hablando. Alex tenía cara de que su reunión con Kara había ido igual que la suya.
- ¿Qué tal? - preguntó Kelly cuando llegó a su lado.
- Me ha destituido de todos mis cargos. Tengo las mismas funciones que cuando me instalé aquí después de la guerra. - respondió Lena dejándose caer al lado de ellas. - ¿Tú, Alex?
- Ha colocado a la arpía que se ha traído al mando de los ejércitos. Ahora es mi superior directa. - bufó Alex enfadada. - ¿Tú estás bien, Lena? - preguntó preocupada.
- Supongo. No esperaba que nuestro reencuentro fuera a ser así, Alex. - suspiró Lena.
- Yo tampoco. - asintió la Danvers.
Las dos bajaron tristes las cabezas.
- ¿Por qué no vamos a dentro y cenamos con calma? - propuso Kelly para intentar animarlas.
- ¿Podéis ir tirando vosotros? Tengo que hablar con Lars y Levi. - les pidió Lena enseñando los papeles que Kara le había dado en su reunión.
Ambas asintieron y se llevaron al pequeño James hacia dentro. La Luthor llamó a sus dos hijos. Levi se sentó en su falda, mientras Lars se sentó a su lado en el banco.
- ¿Tan mal ha ido con la tía? - preguntó Lars serio.
- Vuestra tía ha venido a cuidar del reino. Quizá sus métodos no están siendo los más adecuados. Me gustaría deciros que, después de pasar tanto tiempo con ella al final de la guerra, estoy convencida de que va a recapacitar. Pero, mientras tanto, está tomando decisiones que puede que no nos gusten. A partir de mañana, vais a empezar una nueva rutina. Ha traído un profesor con ella de Krypton que pasará a daros clases también. Toma, Lars. Este es el tuyo. - dijo ofreciéndole un papel.
El chico lo cogió y empezó a leerlo.
- Pero, mamá. ¿Dónde está el tiempo libre? - se quejó el muchacho.
- Ya hablaré con ella para convencerla de que os deje tiempo para descansar. - lo intentó consolar acariciando el cabello negro del mayor.
- ¿Y yo mamá? Déjame mirarlo. - dijo inquieto Levi saltando en su regazo señalando el papel que todavía tenía en sus manos.
- Toma, tranquilo. - rio Lena ofreciéndole el suyo.
- ¿Qué significa esto? - preguntó inocente el más pequeño.
Lena se dedicó a explicarle parte por parte lo que ponía en el papel, mientras Lars se leía el suyo.
- Hay otra cosa que os tengo que contar. Ella va a estar viviendo en el ala de vuestro padre. Si no me equivoco, ya habrán acabado con el traslado.
- ¿A partir de ahora viviremos con la tía? ¿Podremos jugar con ella? - preguntó Levi ilusionado.
- Vuestra tía va a pasar mucho tiempo trabajando. No va tener tiempo, cariño. Ella va a vivir en el mismo edificio, pero casi no la vais a poder ver.
- Pues para eso podría irse al antiguo palacio y dejarnos en paz. - gruñó Lars enfadado. - Es que no entiendo que pinta aquí.
- Lars, ya lo entenderás cuando seas mayor.
- No, mamá. Se supone que voy a ser el rey y no hacéis más que decirme que cuando me haga mayor ya lo entenderé.
- Si quieres hablamos, luego. Ahora es hora de la cena, ¿de acuerdo? - ordenó Lena ahora más seria.
El chico bajó la cabeza y asintió.
- Supongo que la tía Kara no estará, ¿no? - preguntó Lars.
- Lo más seguro es que no esté en ninguna, hijo.
*/*/*/*
Hacía horas que se había hecho de noche cuando Kara logró acabar con la faena de ese día. Instalarse en Thera le iba a tomar más tiempo de lo que esperaba. Menos mal que había estado leyendo informes en su camino de vuelta desde Daxam.
La rubia había vuelto a pisar Thera después de nueve años viviendo en Krypton y cinco en Daxam. No iba a negar que le dejaba un regusto amargo volver a estar en la fortaleza. Así que decidió ir a un lugar donde sabía que iba a alegrarse su ánimo.
Kara volvía a recorrer ese camino después de tantos años. La ciudad parecía y no parecía la misma. Las calles eran las mismas, pero algunos viejos edificios ya no estaban y su lugar estaba ocupado por otros nuevos. Esperaba que Kandor todavía estuviera abierto.
La rubia giró la última esquina y ahí estaba la taberna. Tal y como la recordaba, aunque el cartel estaba algo más desgastado y envejecido. Dentro, el lugar olía a antro cerrado y estaba abarrotado de gente. Había unos músicos tocando alguna música extraña en el escenario. Se acercó a la barra para ver si lograba encontrar a Barry. Allí se encontró con una mujer morena sirviendo la bebida estresada.
Kara se acercó hasta ella y le pidió una jarra de cerveza que no tardó en recibir. Ella ni se dio cuenta de con quien estaba hablando de tan ocupada que estaba. La rubia le agarró del brazo para pararla y llamar su atención. La morena se giró dispuesta a golpearla. Fue entonces cuando la mujer se fijó en ella. Kara casi se pone a reír de la mandíbula desencajada por la sorpresa de la mujer.
- ¿Por casualidad no estará Barry? - preguntó Kara divertida.
- Ahora lo llamo. - dijo la mujer desapareciendo de la barra.
Kara asintió y le dio un trago a su jarra divertida. Barry no tardó en llegar. La recibió con calidez. Se dieron un abrazo y se colocó con una jarra a su lado. Se pusieron a charlar tranquilamente mientras bebían.
- Parece que el negocio va bien. - dijo Kara mirando el lugar.
- No me puedo quejar la verdad. - respondió él encogiendo los hombros. - Los norteños son aficionados a las peleas ilegales y el alcohol. Llenan el negocio. Algo positivo tendrá que estén invadiendo la capital.
- Así que sigues con las peleas, ¿eh? - rio Kara.
- ¿Te has vuelto legal, Kara? ¿Me las vas a cerrar? - preguntó asustado Barry.
- Nada más lejos de mi intención. - respondió Kara. Echó un vistazo a su jarra que ya estaba vacía. - ¿Cómo se llama? - preguntó señalando a la chica de la barra.
- Iris, es mi esposa.
- Iris, ponme otra. - le pidió Kara. La morena se acercó y le llenó el vaso en su mano. - Gracias. De hecho, he venido a hacerte una propuesta. ¿Tienes algún hueco esta noche para otro luchador?
- Bueno, podría programar otro combate. ¿Por qué? ¿Te has traído un luchador de donde sea que vengas? - dijo sorprendido.
- Quiero pelear, Barry. - explicó la rubia.
El moreno explotó en risas. Kara lo miraba seria con una ceja alzada mientras daba otro trago.
- Vamos, Kara. No puedes estar hablando en serio. - decía incrédulo.
- ¿Por qué no?
- Porque eres, bueno, eras la princesa. Unas peleas ilegales no son tu sitio.
- Barry, te prometo que no serán ni las primeras, ni las segundas, ni las terceras peleas en las que me meta. Déjame pelear. - insistió la rubia totalmente seria.
- Kara… - dijo el hombre algo inseguro.
- Si quieres, te lo puedo ordenar. - le dijo encogiéndose de hombros.
- No hace falta. - suspiró Barry. - Solo me preocupo por ti. Además, ya llevas dos jarras encima. - dijo señalando la jarra vacía en la mano de Kara.
- Me caben un par más te lo aseguro. Y más te vale apostar por mí. - rio.
Barry al final se fue a trabajar dejándola sola, mientras ella continuaba bebiendo.
Cuando fue la hora, los músicos abandonaron el escenario. Subieron los dos primeros luchadores. Toda la multitud de la taberna, que había crecido todavía más desde que Kara estaba allí, se volcó sobre el escenario. No fue una pelea excesivamente interesante para ella. Había visto suficientes para no dejarse deslumbrar. Tampoco fue excesivamente larga. El mismo nivel tuvieron la segunda y la tercera, aunque en estas el ganador tardó más en noquear a sus adversarios.
Llegó su turno. Como mínimo se había bebido cuatro jarras de cerveza. La cabeza empezaba a zumbarle y veía nublado. Llegó hasta el escenario. Se quitó la elaborada e incómoda casaca que tenía que llevar por los códigos de Krypton y se quedó con una fina camisa blanca. Llegó la primera al escenario. Estaba ansiosa por soltar los primeros golpes. Una mujer apareció al otro lado. Kara pudo distinguir en la neblina como tenía el cuerpo cubierto de cicatrices y marcas de peleas. Esa mujer tendría experiencia. Bien, esperaba entretenerse esa noche y esa mujer podía darle una buena distracción.
Nada más lejos de la realidad. Kara acabó decepcionada. En un par de minutos, la otra estaba inconsciente en el suelo. Tenía que decir a Barry que necesitaba mejorar el nivel. Quizá ella le podía dar contactos.
*/*/*/*
Lena se sentía insultada otra vez esa mañana. Ayer Kara había hecho una faena excelente para instalar ese sentimiento dentro de ella. Pero esto ya era el colmo. Entró sin llamar al despacho real. William y Kara estaban hablando allí dentro.
- Kara, ¿podrías explicarme por qué me acabo de enterar que mi despacho ya no es este? - Lena se acercó a la mesa donde Kara estaba sentada y golpeó el mueble con las manos. La rubia, como el día anterior, iba impecablemente vestida como toda una kryptoniana con su casaca oscura y el pelo recogido en una cola.
- ¿Cómo? - preguntó Kara confundida.
Lena respondió señalando la mesa que ahora era de William.
- Tampoco la necesitas ahora. - respondió encogiendo los hombros. - Es mejor que la ocupe William. Puedes quedarte con el despacho que te dé la gana de los que han quedado vacíos.
- Podrías haberme avisado ayer. No te venía de dejarme más o menos en ridículo. - gruñó Lena cruzándose de brazos.
- Tampoco hubieras podido hacer nada al respecto.
Lena se fue tal cual entró enfadada y sin decir nada más. Se cruzó con Alex en la puerta que entraba al despacho de Kara.
- ¿Qué quieres tú, Alex? - bufó cansada Kara.
- Quiero que reconsideres tu decisión de colocar a Nyssa al frente de los ejércitos.
- Alex, ya te lo he dicho. Si no quieres acatar mis órdenes, ya sabes donde está la puerta.
- Para que se quede a Thera a vuestra merced. No, gracias.
- Pues vuelve al trabajo. - le ordenó. Alex se fue sin despedirse. ¿Por dónde íbamos? - preguntó Kara al aire. - ¡Ah, sí! Necesito que revises esto. - dijo Kara ofreciéndole unos documentos a William. - Son proyectos de leyes nuevas.
*/*/*/*
Lena y Alex habían parado de trabajar para comer juntas. Estaban en el nuevo despacho de la primera. Se había apropiado del despacho de uno de los consejeros que la rubia había echado. Era el que estaba más cerca del despacho de la Danvers lo que les permitía verse más. Normalmente, Lena aprovechaba ese rato para comer con sus hijos, pero, con los nuevos horarios de Kara, eso ya no era posible.
- ¿Cómo ha ido tu mañana? - preguntó Lena algo mustia.
- Horrible, esa mujer es insoportable. - se quejó desesperada Alex. - No para de despreciarnos de forma constante y de reírse de nuestros métodos. Te juro que la mataría.
- No lo digas muy alto o Kara te condenará por traición. - se mofó Lena. - ¿Tú también lo has notado?
Alex asintió.
- Todo lo que dice y habla es como si Krypton fuera lo mejor del mundo. Los años allí la han vuelto uno de ellos.
- Dice que está aquí para hacer crecer a Thera. - respondió Lena encogiéndose de hombros.
- Claro, tienes que engordar la vaca antes de matarla. Y lo del ejército, tendrías que verlo. Quieren cambiarlo completamente. Se dice que Krypton está a punto de entrar en guerra con Apokolips. No me extrañaría que quieran usar a theranos de carnada. Deberíamos hablar con Kara.
- ¿Y qué quieres decirle, Alex? - se quejó Lena.
Pareció que la otra no la estaba escuchando porque dejó la comida a un lado y se levantó decidida.
- Voy a hablar con ella. - respondió Alex saliendo del despacho de Lena.
La Luthor suspiró. No tenía más remedio que seguirla para evitar que las dos hermanas acabaran a puñetazos. Kara no tenía pinta de estar por la labor de tener esa terapia de hermanas.
La Danvers entró sin llamar al despacho de Kara seguida de Lena. Estaba sola sentada en su mesa haciendo faena. No había ni rastro de William o Nyssa.
- ¿Es que no tenéis trabajo? - bufó Kara parando para mirarlas.
- Queremos hablar contigo. - anunció Alex parándose delante de su mesa. Lena se colocó a su lado.
- Decidme. Soy toda oídos. - sonrió la rubia recostándose en su silla. Otra vez esas dos pasaban por su despacho. Si que la habían echado de menos…
- No podemos tolerar que hagas y deshagas Thera como te da la gana, Kara. - anunció Alex.
- Estoy haciendo esto por el bien de Thera, Alex. - suspiró la rubia.
- No, lo estás haciendo por el bien de Krypton. No puedes parar de hablar como ellos. Mírate como vas vestida. Nos miras por encima del hombro como si fuéramos basura. Das más asco que Daron-Vex cuando llegó exigiendo esclavos.
Kara se levantó hecha una furia encarando a su hermana. Empezaba a perder la paciencia con cualquiera de las dos. ¿Cómo tenían el descaro de enfrentarse a ella una y otra vez después de todo lo que habían hecho? No eran nadie para echarle en cara su forma de gobernar.
- No toleraré esa falta de respeto, Alex. - gruñó Kara enfadada. – Por tercera vez en los dos días que llevo aquí, Alex, si no quieres acatar las órdenes, sabes dónde está la puerta.
- Lo que no quiero acatar son tus intentos por entregar nuestro reino en bandeja de plata a Krypton.
- ¡Nuestro reino sigue en pie porque yo me he pasado los últimos catorce años dando la cara ahí fuera! - explotó Kara. - ¿Sabes las horas que he tenido que dedicar a hablar con gente, conseguir aliados, recuperar los esclavos que Jor-El envió? Es más, ¿sabes la cantidad de dinero que tuve que ganar de las peores maneras para evitar que Kal hundiera a Thera en la ruina? ¡Merezco más crédito del que me estáis dando! Te aseguro que evité más de una vez que Krypton volviera a invadiros. ¿U os pensáis que ellos no están al tanto de lo que está haciendo Lex y el resto de norteños? Estoy aquí para proteger Thera de quien sea necesario y preparar al heredero para que sea capaz de hacerlo por sí mismo sin necesitar que le cubran las espaldas constantemente. Y si todo este numerito es porque os estoy quitando poderes, déjame iluminarte. No confío en ninguna de las dos. Me habéis traicionado y mentido a la cara más de una vez. ¿Por qué debería fiarme de que no lo vais a volver a hacer? Os mantengo en vuestros puestos porque es lo correcto para Thera. Si dependiera de mí, nada más llegar os habría echado a patadas de la fortaleza. -escupió con rabia Kara. Colocó bien su ropa y el pelo que se le había desorganizado durante su monólogo. Se sentó con calma otra vez. Esperó a que alguna de las morenas dijera algo, pero ninguna abrió la boca. Ni tan siquiera la miraban a la cara. - Volved al trabajo si no tenéis nada más que decir. - las echó.
*/*/*/*
Lena estaba sentada pensativa en la mesa del comedor del palacio real. Sus hijos habían llegado agotados entrada la noche. Habían cenado un poco y se habían ido a dormir. Nunca había sido tan fácil ponerlos a descansar.
Ella no había cenado. No tenía hambre. Tenía el estómago cerrado desde la discusión con Kara. Colocó los codos sobre la mesa y ocultó su cara en sus manos. Fue entonces cuando se permitió llorar después de días intentando ser fuerte. El estrés acumulado de gobernar, las presiones de Lex, la muerte de Kal, la llegada de Kara, la impotencia que sentía por lo que la rubia estaba haciendo… Todo era un caos en su mente.
Oyó las voces de Alex y Kelly acercarse. Se secó rápido las lágrimas e intentó disimular que estaba llorando. Supo que no lo había conseguido cuando vio las miradas de las otras dos. Lena también se dio cuenta de que Alex también tenía los ojos llorosos. Las dos se sentaron a su lado y la rodearon con sus brazos. Alex y ella empezaron a llorar otra vez.
Lena había perdido la noción del tiempo cuando se volvieron a separar. Le dolía la cabeza de tanto llorar.
- ¿Dónde están los niños? - preguntó Kelly.
- Están durmiendo. Han caído rendidos. Supongo que tengo que empezar a acostumbrarme a esto. - suspiró Lena. - ¿James?
- Dormido, también. Se ha hecho tarde al final. ¿Ha llegado ya? - preguntó Alex refiriéndose a Kara.
- No. Ayer también llegó de madrugada. Me dijo que era porque trabajaba hasta tarde. - explicó Lena encogiéndose de hombros.
- ¿Crees que es cierto? - preguntó Alex algo desconfiada.
- ¿Te refieres a los rumores que llegaron de Daxam? - respondió Lena.
- Sí.
- No lo sé, Alex. No quiero pensar sobre eso. - gimió Lena. Notando que estaba a punto de llorar otra vez. Se abrazó a Kelly y escondió la cabeza en su cuello.
- ¿Habéis hablado? - preguntó esta vez Kelly.
- No mucho. - suspiró Lena. - Lo justo para decirme que no leyó ni una de las cartas que le envié. Me ha dicho que las quemaba sin ni siquiera abrirlas.
- Eso explica por qué nunca contestó. - reflexionó Alex pensativa. - ¿Crees que es cierto todo lo que ha dicho?
- ¿Por qué iba a mentir? La verdad es que las cuentas nunca me cuadraron. Siempre salían demasiado positivas para ser cierto. Supongo que era Kara la que nos mantenía a flote. ¿Soy la única que se siente culpable por lo que hicimos, Alex?
- Hicimos lo que creíamos que era lo correcto, Lena. Pero nos equivocamos. Solo somos culpables de equivocarnos. No te martirices. - la consoló la Danvers.
- Quizá si lo hubiéramos dicho antes, Kara habría sido reina y yo pudiera haber estado con ella. - murmuró Lena al borde de las lágrimas.
- Y podríamos haber provocado una guerra con el norte. No creo que tu hermano la hubiera aceptado en el trono.
- No lo sé, Alex. ¿Cómo salió todo tan mal?
- Piensa que por lo menos tienes a tus hijos.
- Lo único bueno que salió de todo esto.
- Disculpen. - las interrumpió un sirviente. - ¿Majestad? - llamó a Lena que seguía con la cabeza enterrada en el cuello de Kelly. - Ha llegado un paquete para usted y la señora Danvers.
- Tráelo. - asintió Lena.
El muchacho entró, dejó una caja cerrada sobre la mesa y se fue rápidamente sin decir nada más. Alex se estiró para agarrarla.
- ¿Qué es? - preguntó Lena saliendo de su escondite con curiosidad.
- A ver, déjame verlo. Qué extraño. - murmuró Kelly.
- ¿Qué pasa? - le preguntó su esposa.
- Nada. Esta mañana, casi de madrugada, ha llegado un bote a la fortaleza con un paquete similar. Me ha parecido extraño porque los que lo llevaban parecían que se estaba escondiendo de algo. Ábrelo a ver si vemos qué es. - propuso Kelly.
Alex lo abrió y se encontró con un papel escrito por Kara que les ordenaba a Lena y a ella estudiarse esos documentos. También les prohibía hablar de ellos con nadie porque era información confidencial, incluido con ella. Debían fingir que nunca jamás les había dado esos documentos hasta que ella se lo ordenara. Debajo de esa nota, había un montón de papeles arrugados en blanco. Los quitaron y llegaron hasta los documentos. El primero era una nota de una tal Cat Grant. Decía: "Espero que hagas un buen uso de ellos." Las tres se miraron interrogantes. No conocían ese nombre.
Inspeccionaron por encima los documentos. Parecían documentos científicos y planos de máquinas de Krypton.
- ¿Ahora no es capaz de dar la cara para darnos esto? - gruñó Alex.
- Quizá es su manera de pediros perdón. Está confiando en que no se lo contéis a nadie. - intentó razonar Kelly.
- ¡Me vienen ganas de gritarlo a los cuatro vientos! - gritó Alex.
- No, por favor, Alex. No quiero tener que enfrentarme otra vez a Kara. No mientras esté así. - suplicó Lena.
- Está bien. - suspiró la Danvers. - ¿Cómo lo hacemos?
- Coge tú la mitad. Yo me encargo de la otra. Cuando acabemos, los intercambiamos.
- De acuerdo.
