En poco más de un par de semanas, Kara había tenido tiempo de reorganizar los impuestos del reino y las leyes más importantes que regulaban cualquier tipo de actividad económica. No estaban centradas en ningún negocio en especial. En realidad, las leyes estaban diseñadas para solapar los negocios de los diferentes gremios. Habían pasado de ser diferentes grupos perfectamente delimitados a ser grupos con gran libertad de movimientos. Básicamente, de la noche al día, todos habían pasado a ser la competencia de todos y cualquiera podía meter las narices en negocios de otros. Explicó al consejo que eran un intento de parar los pies a las mafias y enfrentarlas entre ellos. También había metido diferentes trampas legales que usaría cuando fuera el momento adecuado.
A parte, también tuvo tiempo a decretar un censo obligatorio para todo Thera. Todo habitante debía ser registrado. Contrató a un grupo de gente con su propio dinero y los mandó a recorrerse todo el territorio menos el norte. La rubia quería reunirse con Edge y Lex antes de presionarlos con nada.
Esa mañana, Kara y Nyssa se habían reunido a solas antes de la reunión del consejo.
- ¿Qué te parece? De momento, no nos podemos quejar. Todo va sobre ruedas. - dijo Nyssa desperezándose. Acababa de entregar a Kara unos documentos de los cambios que estaba realizando en el ejército.
- Eso parece. - respondió Kara mientras los revisaba vestida impecablemente con su uniforme kryptoniano.
- ¿Esas dos no te han vuelto a molestar? - preguntó curiosa Nyssa.
- Con un poco de suerte, habrán tenido suficiente para una temporada. ¿Tú has detectado que hayan hecho algo raro? - le preguntó levantando la mirada del papel.
- No. De momento, todo está limpio. ¿Se te ocurre algún otro sitio donde podrían estar ocultando cosas? - respondió Nyssa cruzándose de brazos.
- Ni idea. Evito el contacto con ellas tanto como puedo. - respondió Kara encogiéndose de hombros.
- Pero tienes que hablar con la Luthor. ¿O cómo te vas a reunir con su hermano? - la interrogó Nyssa.
- Tiempo al tiempo. Primero, necesito reunir más información. - la calmó Kara.
- ¿Y estás trabajando en ello? - insistió.
- Sí, sabes que tengo mis métodos. Además, he descubierto un filón interesante. - se defendió Kara.
- ¿De dónde lo has sacado?
- De la taberna.
Nyssa empezó a reírse a carcajadas.
- ¿Esa es tu excusa para ir noche sí, noche también?
- No te voy a negar que no saque otras cosas buenas de allí. - rio Kara. - Pero se reúnen muchos norteños allí. La mayoría forman parte de las mafias. Creo que he identificado a algunos de los más importantes.
- ¿Y ellos no desconfían de ti? - preguntó desconfiada.
- Solo soy una borracha que se pelea por dinero y que les ha regalado toda la libertad del mundo. Se divierten viéndome pelear. Pobres ilusos. - se burló Kara.
- Perfecto. ¿Crees que una vez eliminadas las mafias podremos hacernos con el norte?
- Las mafias no son la única frontera. No va a ser fácil. Son muy orgullosos. Separarlos de su esencia va a requerir más que eliminar a unos delincuentes. Tenemos que ser más listas que Jor-El. - respondió Kara pensativa apoyándose en la mesa.
- Ese hombre era un incompetente.
- Sí, no pudo hacer peor su trabajo. - rio Kara. - Pero, ¿para eso estamos aquí no? No te preocupes, para final de año, habré eliminado cualquier forma de rebeldía de Thera. Dejará de ser un dolor de cabeza para Krypton. - aseguró.
Llamaron a la puerta. Kara dio permiso para el paso y entró William.
- Buenos días, Kara. ¿Querías verme? - preguntó el hombre.
- Sí, claro. Ven, William. Tengo que pedirte que empieces con un proyecto nuevo. - le explicó mientras sacaba unos papeles de uno de sus cajones y se levantaba para acercarse a él.
- Yo ya estoy. Os dejo solos. - se despidió Nyssa saliendo por la puerta.
- Hasta ahora, Nyssa. - se despidió Kara.
William y Kara se quedaron a solas.
- ¿De qué se trata el proyecto? - preguntó con curiosidad.
- Necesito que inspecciones los terrenos que rodean la capital en un radio de veinte quilómetros. Vamos a construir la base militar central de Thera. Estas son las especificaciones. - dijo entregándole los papeles. - Planea también la construcción. Ponte a ello discretamente. Lo haremos oficial cuando lo tengas todo listo.
- Como ordenes, Kara. - respondió William haciendo una reverencia.
*/*/*/*
Durante la reunión de ese mismo día, Kara informó a todo el consejo que volvería a enviar un médico, un guardián y un profesor al norte para que tuvieran los mismos derechos que tenían los del sur. Evidentemente, pudo ver en la cara de Lena que eso le había dolido directamente en el orgullo.
Lo comprobó cuando la morena llegó enfadada a su despacho al acabar la reunión. Kara y William estaban concentrados trabajando cuando los interrumpió.
- ¿Es que quieres que los vuelvan a matar? - preguntó Lena alterada.
- Evitar eso, Lena, es tu faena. - expuso Kara tranquilamente.
- Lex lo verá como un ataque directo a nuestras tradiciones.
- Mi intención no es nada del estilo, Lena. Tú viste el bien que hacía en el sur tener todo eso. Solo quiero que los norteños puedan contar con eso también. - se defendió Kara.
- Eso no cambia que vas a mandar a profesor al norte a enseñar tus tradiciones y tu religión como si fuera lo correcto.
- Nada más lejos de la realidad, Lena. Solo me preocupo por el norte del reino. Hay que debilitar a las mafias y para hacer eso hay que eliminar la desesperación de la gente. ¿No fuiste tú quien me dijo eso?
- Propongo que no vaya un profesor del sur, que sea un sacerdote de Iza.
Kara se echó a reír.
- Vamos, Lena. Eso es lo mismo que no mandar a nadie. Te ofrezco uno tuyo y uno mío. Pero tendréis que cubrir los gastos de los sacerdotes vosotros mismos. Supongo que el culto de Iza tendrá los recursos para eso, ¿no?
- Tendría que negociarlo con Lex y Edge.
Kara asintió complacida.
- Hablando de ellos. Quiero que prepares una reunión con ellos. Debería presentar mi nuevo rol, ¿no crees? Además, el censo también se tiene que realizar en el norte.
- Con Edge será fácil. Suele bajar a hacer sus negocios a la capital. Pero a Lex no lo sacarás del norte.
- Qué remedio. Pues prepara una reunión con Edge para la próxima vez que venga al sur.
- De acuerdo. Hablaré con tu secretario para ver cuando te va mejor. - dijo Lena con desprecio señalando a William. Dio media vuelta y se fue sin decir nada más.
William y Kara volvieron a quedarse solos en silencio.
- Veo que Lena te tiene mucho cariño. - rio Kara.
- La relación se ha vuelto algo tensa con el paso de los años. - explicó William.
- ¿Y eso a qué se debe? - preguntó Kara con curiosidad.
- Supongo que está relacionado en que yo, como Voz de Rao, defiendo los intereses de los raoistas y ella defiende los de su religión.
- Seguro. - asintió Kara.
- Por ejemplo, ahora: ha conseguido que aceptes expandir el alcance de los sacerdotes de Iza. Ha remado a su favor y ha salido ganando.
- ¿Crees que no debería aceptarlo, William? - preguntó Kara con curiosidad.
- Exactamente.
- Lo tendré en cuenta. - asintió Kara divertida.
*/*/*/*
Lena se sentía triunfante. Había conseguido engañar al maldito profesor kryptoniano y había rescatado a sus hijos de las clases. No se sentía culpable por haberlo hecho. Estaba casi anocheciendo y a los pequeños todavía les quedaría otra hora de clase. Había pasado un mes desde que Kara había llegado y les había obligado a hacer ese horario. Y desde entonces no había podido pasar algo de tiempo de calidad con ellos.
Lars y Lena estaban charlando sentados en las alfombras mientras el pequeño Levi jugaba cerca de ellos. Tenía el suelo lleno de diferentes objetos con los que había estado jugando.
- Mamá, no te puedes llegar a imaginar lo insoportable que es ese hombre. - se quejó Lars.
- Y da mucho miedo. - intervino Levi que rápidamente volvió su atención a sus juguetes.
- Cierto. El otro día no conseguía memorizar no sé qué parte de la historia de Krypton y creo que estuvo a punto de arrancarme la cabeza. - bufó el mayor.
- No seas exagerado, Lars. - lo riñó Lena.
- Que sí, mamá. Que estaba muy enfadado. - se defendió Lars. - Pero es que estoy muy cansado. Todo lo que hacemos Levi y yo es estudiar y dormir. Hace días que no puedo ni ir a la ciudad. Vivo encerrado entre cuatro paredes.
- Lo siento, pequeño. - le contestó acariciándole la cabeza.
- ¿No has conseguido que la tía nos quite horas? - lloriqueó Lars.
- Tu tía sigue convencida que está haciendo lo correcto.
- ¿Y no puedes convencerla, mamá? - le suplicó Lars. - Solo quiero tener un poco de tiempo libre con Levi.
- Kara es una persona muy… muy cabezona. Cuando cree que está haciendo lo correcto, cuesta que cambie de opinión.
- Es horrible. ¿Por qué nos hace esto después de lo de papá? - dijo Lars a punto de llorar. Se acercó a su madre para abrazarla, pero una voz lo detuvo.
- Porque eres su heredero. Compórtate como tal. - ordenó Kara desde la entrada de la sala.
Los tres se giraron rápidamente para ver a la rubia apoyada contra el marco de la puerta de brazos cruzados.
- ¿Qué haces aquí tan temprano? - gruñó Lena poniéndose en pie.
- Me han avisado que los niños se estaban escaqueando de sus clases. Como suponía, estaban contigo. - respondió la rubia claramente enfadada.
- Lárgate a hacer tus cosas, Kara. Déjanos en paz. - se defendió Lena colocándose entre sus hijos y la rubia.
- Que sea la última vez que haces algo similar, Lena. - le dijo amenazadoramente acercándose a ella.
Un empujón detuvo su avance. Lars se había colocado delante de Lena y había echado a Kara unos pasos para atrás. El muchacho respiraba entrecortadamente.
- ¿O qué? ¿Qué le harás a mi madre? - la desafió Lars. - Eres tú la que deberías obedecerla y no al revés.
- Lars, apártate de ahí. - le ordenó Lena colocando una mano sobre su hombro.
- No, Lena. Déjalo. - intervino Kara apartando la mano de la morena. - Por lo menos, demuestra tener más carácter que su padre. Será la sangre Luthor. - dijo divertida Kara mirando por encima del hombro del chico hacia la otra. De golpe, Kara agarró a Lars de la camisa y lo estampó contra la pared más cercana. Lo agarró por el cuello y apretó un poco, lo suficiente para que el chico se agobiara. Lena jadeó del susto y el pequeño Levi se escondió detrás del primer mueble que se encontró. - Escúchame, chaval. Por si tu madre no te lo ha dejado claro, quien manda en Thera soy yo. Ni tú, ni tu madre podéis hacer nada al respecto.
- Cuando sea rey, te voy a matar. - le gruñó Lars.
- Todavía te falta mucho para poder hacer eso. Eres tan débil que podría aplastarte con los ojos cerrados. - sonrió perversa Kara. Lena se le echó encima intentando separarla de Lars. No consiguió que se moviera un solo centímetro y Kara la lanzó al suelo. La Luthor sintió un pinchazo en su vientre. No intentó levantarse de nuevo. La morena fue a hablar, pero la rubia le hizo un gesto para que callara. Volvió su atención a Lars. - Si quieres ser lo suficientemente fuerte para matarme, tienes que ir a todas tus clases sin excepción. No querrás ser un rey tan patético como tu padre, ¿no?
Kara soltó al chico que cayó como un peso muerto al suelo.
- Por hoy, no voy a volver a las oficinas. Que nadie suba a mi ala, ¿queda claro? - les preguntó Kara.
Lena y Lars asintieron desde sus posiciones. Pareció que, con esa respuesta por su parte, Kara había quedado más que contenta.
- ¿Levi? - preguntó Kara mirando al más pequeño.
Él asintió asustado todavía desde su escondite.
- Bien. Buenas noches. - rio la rubia antes de irse por donde había llegado.
El silencio invadió la sala.
Lena suspiró algo más tranquila cuando el ruido de Kara se hubo alejado lo suficiente. Lars la miraba con los ojos llorosos y respiración entrecortada. Podía ver en la cara de su hijo el miedo que acababa de pasar. Ella se sentía igual. Levi salió corriendo de su escondite y se tiró encima de la mujer. Escondió la cara en su pecho y empezó a llorar.
- Es una mujer mala, mamá. Sácala de casa. - suplicó el pequeño.
Lena lo envolvió en sus brazos y dejó besos en la coronilla del niño intentándolo consolar. Era todo lo que podía hacer porque no podía sacar a Kara de allí.
Lars se limpió las lágrimas que estaban asomando de sus ojos otra vez. Tenía un gesto de rabia pintado en la cara. Era igual que el de Kal y Kara. Decidido, se levantó y caminó hacia la salida.
- ¿A dónde vas? - le preguntó Lena.
- Voy a pedirle a la tía Alex que me entrene.
*/*/*/*
Al final, Lena y Levi habían seguido a Lars hasta la residencia de los Danvers.
El mayor había suplicado a su tía que le entrenara porque necesitaba hacerse más fuerte. Alex no entendía qué estaba pasando de pronto. Lars no había demostrado nunca un gran interés en luchar. De hecho, que ella supiera, no había entrenado nunca. Con gestos, Lena le indicó a Alex que luego se lo explicaría.
Fueron al patio donde tantas veces había visto entrenar a Kara años atrás. Parte ahora estaba invadido por juguetes del pequeño James. A Lena le hizo gracia el contraste entre los maniquís de entrenamiento y los muñecos que el niño Danvers-Olsen utilizaba para jugar.
Lena y Levi se sentaron en el mismo sitio desde donde la morena había pasado horas observando a la rubia muchos años atrás. Parecía que había pasado toda una vida. El pequeño todavía estaba temblando. Lena lo apretó contra ella hasta que se calmó.
Alex no le podía enseñar nada mucho más complicado a Lars que las bases. El chico no había golpeado nada en su vida.
Al cabo de un rato, Levi se aburrió y pidió ir a jugar con los juguetes de James. Alex le dio permiso, pero lo colocó a una distancia segura de ellos.
Kelly y James no tardaron en llegar. Los dos niños se pusieron a jugar juntos, mientras Kelly se sentaba al lado de Lena y la abrazaba.
Llegó la hora de cenar. Kelly les ofreció que se quedaran a cenar con ellos. Lena aceptó encantada. No quería volver a su casa y quedarse a solas con sus hijos y Kara otra vez, aunque ella estuviera encerrada en su ala.
Lars y Levi casi se dormían encima de los platos. Estaban agotados del día a día y, encima, había que sumarle lo que había pasado esa tarde. No tardaron en volver al palacio real. Lena los acompañó hasta sus habitaciones. Tuvo que tumbarse junto al más pequeño para que se quedara dormido. Decía que tenía miedo de que viniera la mujer mala.
Una vez dormidos los dos, Lena volvió con Kelly y Alex. Les contó lo que había pasado con Kara.
- No sé qué se le pasa por la cabeza a mi hermana. - suspiró Alex. - ¿Y dices que se ha encerrado en su ala?
- Eso ha dicho. Alex, no lo he ido a comprobar. No quiero volver a verla en una buena temporada. - respondió Lena empezando a temblar.
- Lo entendemos, Lena. Tranquila. - la consoló Kelly. - Sabes que tienes que calmarte por tu bien.
- He pasado mucho miedo. Temía tanto por Lars. - decía entrecortadamente Lena echándose a llorar.
- Ya ha pasado. Respira. - le dijo esta vez Kelly abrazándola.
Lena tardó un rato a volver en sí. Alex y Kelly se esforzaron en buscar temas de conversación para distraerla, pero no pudieron evitar volver a hablar de trabajo, es decir, las mafias que atestaban Thera.
- Cada vez la presencia de las mafias se hace notar más, Lena. No sé si es como respuesta a lo que está haciendo Kara. - explicaba Kelly. - Ahora ya ni se esconden. ¿Te puedes creer que las putas del burdel ya se pasean por el puerto a plena luz del día?
- Esas mujeres no tienen la culpa de nada, Kelly. Créeme. - suspiró Lena. - La mayoría deben estar obligadas a estar allí.
- ¿Qué monstruo puede hacer algo así? - gruñó Alex.
- Se me ocurren unos cuantos. Edge tiene una buena plantilla bajo su mando. - murmuró Lena.
- ¿Y Sam cómo lo lleva? ¿Cómo están las cosas en el norte? - preguntó Alex preocupada.
- Bueno, desde que su marido volvió de Krypton, ha ganado algo de fuerza. Antes de su vuelta, estaba a punto de rendirse. Es un gran apoyo para ella y para Ruby.
- Algo bueno que ha hecho Kara. - suspiró Alex.
- No se lo podemos negar. - estuvo de acuerdo Kelly. - Oye, Lena, ¿crees que podríamos hacer algo contra el burdel?
- ¿Qué quieres hacer, Kelly? - preguntó desesperanzada. - Sabes los trucos sucios que utilizan para escabullirse.
- Vamos, Lena. Anímate. Necesitas tener tu mente ocupada con algo. ¿Y qué mejor que ayudando a esas pobres chicas?
- Yo os ayudaría encantada, pero la lapa de Nyssa no me deja respirar ni un segundo en paz. - se quejó Alex.
- Tranquila, amor. Lena y yo lo tenemos controlado, ¿verdad? - sonrió Kelly.
*/*/*/*
Lena, Levi y Lars se acababan de sentar alrededor de la mesa para desayunar. Los chicos parecían más tranquilos que la noche anterior, pero ninguno de los tres parecía haber dormido mucho. Los dos pequeños tenían ojeras que casi les llegaban a las mejillas. No tenían ni fuerzas para quejarse de las clases como cada mañana. Aunque Lars estaba arrasando con toda la comida. Ella en cambio solo se estaba bebiendo un zumo. No tenía el cuerpo como para comer nada por la mañana.
- Lars, come más despacio. Te vas a atragantar. - le riñó Lena.
- Es que tengo poco tiempo, mamá. Tengo que comer. La tía Alex me dijo ayer que necesitaba comer mucho más si quería ganar a Kara.
Lena negó con la cabeza divertida. Había que ver qué ideas le metía Alex en la cabeza.
Una risa interrumpió la paz de la sala. Kara entraba tan tranquila en la habitación. Pasó de largo a los niños y Lena y se sentó en el puesto más alejado de la mesa. La morena identificó un olor extraño en Kara. Era dulzón. No era el primer día que notaba ese olor en la rubia desde que había vuelto. Pero Lena no era capaz de identificar qué era. De todas maneras, estaba demasiado ocupada lanzando miradas asesinas a Kara que se estaba empezando a servir la comida.
Lena notó que la rubia estaba a medio vestir solo con una camisa blanca fina y los pantalones del uniforme. No había ni rastro de su casaca. Eso sí, su pelo volvía a estar perfectamente recogido en una trenza. Con los movimientos que estaba haciendo la rubia para coger la comida, se le subieron las mangas lo suficiente para que Lena pudiera comprobar que las cicatrices seguían allí. Eran las cicatrices que se había hecho en el escondite de los Luthor.
- ¿Qué pasa? - preguntó inocentemente Kara.
- ¿Qué haces aquí? - gruñó Lena incómoda.
- Desayunar. - respondió tranquilamente ignorando la actitud de los otros tres que la observaban completamente en tensión.
- ¿Y tiene que ser hoy precisamente el primer día que te dignas a comer con nosotros?
Era la verdad. Kara en todo el tiempo que había pasado desde que había vuelto de Thera, había hecho esfuerzos para evitarlos. Ni una comida, desayuno o cena habían compartido los cuatro en semanas. Esa era la primera vez que veían a la rubia pisar esa sala con ellos dentro.
Kara podía ver como Lars agarraba fuerte el cuchillo, mientras Levi se acercaba asustado a Lena. La rubia miró divertida al mayor.
- ¿Y por qué desayunas aquí abajo, Kara? - preguntó Lena volviendo a llamar la atención de la rubia. - Vuélvete a tu ala.
- Porque se me ha hecho tarde. Entre que suben y no suben el desayuno, pasará demasiado tiempo. Aquí acabaré antes. Tranquilos, no os molestaré mucho. He quedado con William antes de la reunión del consejo. - respondió Kara encogiéndose de hombros y dando el primer bocado a su comida.
- Bien, ya que estás aquí te informaré, Kelly y yo vamos a ir detrás del burdel. Kelly dice que la situación es insostenible.
- No lo vais a hacer. - ordenó secamente Kara parando en seco de comer.
- Son parte de las mafias que tanto quieres destruir. ¿Por qué no?
- Porque os lo ordeno yo, Lena. No toques al burdel. Las mafias y cualquier cosa relacionada con ellas son cosa mía. - respondió Kara. La tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo.
- Mamá, ¿qué es un burdel? – las interrumpió Levi con curiosidad.
*/*/*/*
Kara llegó bufando al despacho. No había podido ni desayunar tranquila. Había acabado discutiendo con Lena por lo del burdel. Maldita Luthor. No podía dejar de meter las narices donde no tocaba.
William ya la estaba esperando dentro.
- Espero que me des buenas noticias, William. Las necesito. - suspiró Kara dejándose caer en su silla.
- ¿Qué ha pasado?
- Lena. No se puede convivir con esa mujer. - se quejó.
- La podrías enviar al antiguo palacio real de la ciudad. Ella ya ha vivido allí. La he oído quejarse de tener que vivir contigo. Seguro que estáis todos más a gusto. - propuso él.
- Es una buena idea, William. - asintió Kara. - ¿Tienes lo que te pedí?
- Sí, aquí tienes los documentos del proyecto de la base militar. Hay tres opciones diferentes que pueden ser válidas. Te las dejo para que decidas cual prefieres. Yo personalmente prefiero esta. Cumple perfectamente con tus especificaciones y se podrían aprovechar algunos edificios que ya hay.
- Gracias, William. Gran trabajo. - lo felicitó Kara. - Tengo otro gran proyecto para ti. Como siempre, será secreto.
- Dime, Kara. Daré lo mejor de mí.
- A partir de hoy, empezarán a llegar los censos. El primero creo que ya ha llegado. Quiero que estudies cuantos efectivos ganaríamos si obligáramos a que una persona por familia y generación se enrolara en el ejército.
- ¿Quieres obligar a la gente a meterse en el ejército? - preguntó sorprendido.
- Durante estos años de paz, nuestro ejército se ha reducido a niveles críticos, William. Hay que solucionarlo. ¿Puedo contar contigo? - insistió Kara.
- Claro. ¿Pero cuándo lo vas a anunciar al consejo?
- Primero, acaba los cálculos. Cuando consiga los censos del norte, también deberás incluirlos.
*/*/*/*
Por la ventana entraba la suave brisa del mar. Ya habían quitado las protecciones que colocaban cada año llegado el invierno. El clima del sur de Thera ya estaba haciendo llegar el calor del verano a falta de un mes para el solsticio.
Esa mañana, un sirviente había ido a buscar a Lena a su habitación. Ella todavía estaba dormida. Era muy temprano, mucho más temprano de la hora en la que la morena se solía levantar. Tampoco es que hubiera podido tener algo de descanso de calidad en los últimos dos meses. Meses en los cuales Kara había hecho y deshecho su vida como había querido. Ni Lars, ni Levi, ni Lena se movían con comodidad por su propio hogar. Odiaba cada segundo que tenía que pasar con ella.
Por lo menos, no había vuelto a amenazar a Lars. Tampoco ninguno de los tres se había atrevido a volver a desafiarla.
Le avisaron que algo grave había pasado en la capital. Se había convocado una reunión del consejo urgente.
Lena apenas tuvo tiempo de levantarse y vestirse. El desayuno ya lo dejaría para más tarde si se tenía hambre.
Cuando llegó a la sala del consejo, Kara ya estaba sentada en su sitio junto con un par o tres más de miembros. Lena se preguntaba cuando dormía la rubia. La noche anterior también debería haber llegado entrada la madrugada porque no habían sabido nada de ella. Aunque la morena se había dado cuenta que últimamente por lo menos un día a la semana Kara volvía temprano. Era llamativo porque los días siguientes siempre se levantaba más… más relajada. Sería que tal vez el mal humor le venía de dormir poco. Debía tomarse unas hierbas o algo por el olor dulzón que desprendía siempre las mañanas siguientes.
Lena notó que Kara había abandonado su aspecto impecable que llevaba desde que volvió. Tenía los ropajes de Krypton abiertos y mal colocados. Lo que más la cubría era una camisa blanca que llevaba debajo. Estaba inclinada sobre la mesa con la cara oculta en sus manos.
- ¿Pues ir poniéndome al día? Ya que nos has sacado de la cama a estas horas. - la interrogó Lena.
- Lena, no estoy de humor para aguantar esto hoy. - murmuró la rubia.
- ¿Qué ha pasado?
- Ha habido disturbios en la ciudad. Ahora lo contaré.
- ¿Y a ti qué te ha pasado? - preguntó Lena levantando una ceja.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Kara confundida levantando la cabeza para mirarla.
- ¿Te has visto?
- Ah, sí. No he podido dormir todavía. Estaba… trabajando cuando empezaron los problemas. - suspiró Kara.
Lena solo asintió. Se quedaron en silencio mientras uno a uno, con cara de dormidos, iban llegando el resto de miembros. En algún momento, Kara se había ido y había vuelto otra vez vestida impecablemente. Ni rastro había de su aspecto anterior, ni agotada parecía.
Cuando llegó el último de los miembros, Kara empezó a hablar.
- Bien. Os he convocado aquí hoy porque esta noche ha habido unos altercados en la ciudad. No es nada grave, pero habrá que realizar un seguido de medidas para controlar las consecuencias. Como esperábamos, nuestras trampas están empezando a poner en aprietos a las mafias. Esta noche ha habido una batalla entre una de las ramas de Edge contra una rama del gremio de los mercaderes. Casi todos los últimos han sido asesinados. Hemos podido detener a la mayoría de los supervivientes de ambos bandos. Necesito que cada uno de vosotros se ocupe de las funciones que Nyssa ahora os entregará con urgencia. Si todos realizamos bien nuestra faena, podremos provocar que las mafias entren en una guerra total.
Nyssa fue dejando diferentes documentos con listados delante de cada miembro del consejo. Tenía un papel para todos ellos, excepto para Lena.
- ¿Eso no es peligroso, Kara? Convertirás la ciudad en un campo de batalla. - intervino Alex.
- Léete tu faena, Alex, y verás cómo vamos a evitar que nadie inocente salga herido. Visto que el proyecto respecto a las mafias ya está funcionando perfectamente, os voy a anunciar los nuevos. Se construirá una red de trenes por toda Thera. La primera vía irá de la capital hasta Gimina. Lena, déjame acabar. - dijo la rubia a la morena que ya estaba abriendo la boca para quejarse. - También se va a decretar que una persona por familia y generación debe enrolarse en el ejército en toda Thera. Sí, Lena, incluso en el norte. - explicó Kara antes de que la morena la interrumpiera.
- Estás loca, Kara. Vas a provocar otra guerra. - suspiró Lena rendida llevándose las manos a la cara. ¿Es que la rubia no veía lo que estaba haciendo?
- Bien, con esto, será todo por hoy. - dijo ignorando a Lena. - Es urgente que hagáis todas vuestras tareas. Lena, vienes conmigo. - ordenó Kara mirando a la morena que asintió.
Se dirigieron juntas hasta el despacho de la kryptoniana en silencio. William no las siguió. Parecía que sus tareas hoy lo mantendrían lejos del despacho real.
- Siéntate. - le ordenó Kara.
Lena obedeció y se sentó en una de las sillas frente al escritorio de Kara. La rubia, antes de sentarse, cogió una jarra que había colocada en una estantería junto con un vaso. Se lo llenó y lo vació de un trago. Estaba muerta de sed y de calor. Las temperaturas habían subido y empezaban a apretar a esas alturas de la primavera sobre todo con ese uniforme puesto.
Parecía que se iba a servir otro cuando Lena carraspeó llamando su atención.
- ¿Qué quieres? - le preguntó Kara cuando la miró interrogante.
Lena la miró incrédula. ¿Para qué la había llamado a su despacho? ¿Para verla emborracharse a primera hora de la mañana? La rubia acabó de llenarse el vaso y se volvió para sentarse en su sitio.
- ¿Cuánto crees que tardará Edge en volver a la ciudad? - le preguntó seria.
- Tenía previsto venir en un mes, algunos días antes del solsticio. Pero con la que has liado, no me extrañaría que ya estuviera de camino.
- Bien, necesito que organices una reunión para el primer día de su llegada. - informó Kara.
- Claro, seguro que va a ser su prioridad quedar contigo antes de intentar solucionar lo que has provocado. - se rio Lena.
- Si sabe lo que lo conviene, su primera parada será aquí. - respondió Kara serena sin seguirle en el juego.
- Normalmente, Kal y ellos se reunían en el antiguo palacio. - explicó la morena. - Es terreno neutral.
- Eso no es terreno neutral, Lena. Eso es meterse de lleno en el territorio de las mafias.
- No se van a meter en la fortaleza estando tú al mando y tu séquito de kryptonianos. - se defendió Lena.
- Ya veo. - respondió Kara quedándose pensativa. - Supongo que, entonces, por el bien de todos, lo haremos a vuestra manera.
- Kara, vas a provocar una guerra. - dijo rápido Lena. Tenía que decirlo, que quitárselo de encima. Sufría cada vez que Kara tomaba una decisión respecto al norte.
- Tienes poca fe en mí. - rio la rubia.
- No es falta de fe, Kara. Ni siquiera te has reunido con Edge o Lex. ¿Cómo crees que se tomaran los norteños que les obligues a formar parte de tu ejército? ¿O que invadas su tierra con raoistas y trenes?
- ¿Su tierra, Lena? ¿Ya no es la tuya también? - sonrió divertida Kara.
- Ese no es el tema. ¿Estás escuchando lo que estoy diciendo?
- Te estoy escuchando, Lena. Eres tú la que no me escucha a mí.
*/*/*/*
Esa noche, la taberna estaba a rebosar. Más de dos meses después de su primer combate, Kara ya se había ganado la fama de ser invencible por muchas cervezas que llevara encima. Barry estaba teniendo problemas para mantener la emoción de los combates. Cada día tenía una idea nueva loca para probar a Kara en el escenario. A la vez, los de las mafias solo la veían como su distracción principal la mayoría de noches y una cliente más que importante el resto de días.
La rubia estaba sentada bebiéndose su cuarta ronda preparándose para las batallas de la noche. Se fijó en sus objetivos: el líder de las mafias de Edge en la ciudad y un subordinado muy presuntuoso de la mafia de los herreros. Ninguno de los dos iba a luchar. Pero ella tenía otros motivos para haber estado observando a ambos. Uno era ideal por su posición y el otro, por ir presumiendo de las armas que fabricaba y del elaborado cuchillo que siempre llevaba encima y, además, ser un borracho que siempre acababa tumbado por el alcohol. Kara sonrió divertida. Esto iba a ser tan fácil. Si todo iba como tenía planeado, iba a arrasar con Edge en la reunión del día siguiente.
Barry por fin la llamó al escenario. Como siempre, se quitó las incómodas ropas de Krypton para quedarse en su camisa y sus pantalones. Esa vez se dio prisa con noquear a sus rivales. Cuánto antes acabara eso, antes podría empezar de verdad su noche.
Tal y como esperaba, cuando acabaron los combates, el borracho se levantó dando tumbos y abandonó la taberna con el resto de presentes. Kara dejó un margen para salir tras él. Después, se dedicó a seguirlo. No había mucha gente en la calle y la mayoría estaban tan borrachos como el hombre que seguía. Nadie se iba a dar cuenta de nada. El hombre se metió en el pequeño callejón que llevaba hasta su casa. Sacó sus llaves y empezó a forcejear con la cerradura para intentar atinar a meter la llave. Kara se acercó por detrás y, de un golpe lo dejó inconsciente. Le robó el cuchillo y lo metió en su casa. Lo dejó tirado por el suelo. Sacó una pequeña bolsa que llevaba llena de sangre y vertió el contenido encima de él, sobre su camisa. Después se fue dejando la puerta abierta y comprobando que nadie la viera salir.
Ahora tocaba la segunda parte del plan. Su segundo objetivo tenía afición por ir al burdel después de los combates. Así que allí se dirigió. Kara no era tan estúpida como para entrar por la puerta principal. Iban a reconocerla. Por suerte, había comprado a una de las chicas para que le abriera una puerta secundaria y la llevara por pasillos secretos del edificio hasta la habitación del sujeto. Eran unos pasillos que servían para espiar a los clientes y moverse por las habitaciones sin ser visto.
El hombre estaba encima de una puta moviéndose sobre ella y chillando como un cerdo. Era una escena ridícula.
Justo después de que su chica le indicara como entrar a la sala desde el pasillo, Kara la mató en silencio con el cuchillo robado. No podía dejar testigos. Entró sin que ninguno de los otros dos se diera cuenta y los mató igual que a la primera. Se aseguró de dejar el puñal clavado en el pecho del hombre.
Se fue triunfante sin que nadie la viera.
*/*/*/*
Kara miraba impaciente el reloj de bolsillo que había sacado de Krypton. A pesar de su noche tan entretenida, había tenido tiempo de sobras de llegar a casa y dormir un rato. Incluso había logrado mantener su aspecto impecable, aunque tenía que aceptar que el uniforme kryptoniano ya era incómodo para el calor de Thera. Desde luego, en Krypton, no sabían lo que era vivir donde de verdad hacía calor.
Estaban en la sala donde iba a tener lugar la reunión con Edge en el antiguo palacio real, pero el hombre llegaba tarde. Impaciente por ver los resultados de su obra, se paseaba por la sala arriba y abajo, mientras Nyssa y Lena estaban sentadas en la mesa y tenían una lucha de miradas.
- Te aseguro que normalmente es puntual. - se disculpó Lena cuando se hubo aburrido de Nyssa.
- Supongo que la muerte del cabecilla de sus mafias a manos de otra, le habrá causado problemas. - dijo Nyssa divertida.
- La verdad es que ha sido muy afortunado este movimiento para vosotras. - sospechó Lena.
- ¿Crees que tenemos algo que ver? - rio Nyssa. - No éramos las únicas que sabíamos que hoy llegaba a la capital. Visto como hemos dejado el ambiente, no me extrañaría que este crimen fuera lo que parece: una simple rencillas entre mafias. Quizá, por fin, los otros gremios se han cansado del poder absoluto de Edge y han pasado al ataque. O consideran que ya no es apto para liderarlos. Cualquier opción es posible.
- Sea como sea, más vale que se presente, Lena. - gruñó Kara.
Tuvieron que esperar algo más de tiempo. Finalmente, el hombre llegó claramente alterado y hecho un desastre. Parecía intranquilo. Kara hizo su mejor esfuerzo para no regodearse en su obra.
La rubia se sentó en su sitio, presidiendo la mesa, con Lena a su izquierda y Nyssa a su derecha. No dijo ni una palabra. Edge captó el mensaje y ocupó el lugar opuesto. Sus ayudantes se colocaron detrás de él.
- Haber esperado hasta ahora ha sido una muestra de buena voluntad por mi parte, Edge. - expuso Kara. - De ahora en adelante, no se volverá a repetir. ¿Queda claro?
- ¿Quién te piensas que eres, niña? - respondió enfadado Edge. - No eras más que una muchacha inútil cuando yo estaba levantando un imperio.
- Por tu aspecto, deduzco que ese imperio se está desmoronando. - sonrió Kara confiada.
- Mis negocios no te importan.
- Sí que lo hacen, Edge. Mueves la mayor parte del dinero del norte. Eres alguien muy importante en el reino. - se defendió Kara.
- Y me tratas con esa falta de respeto.
- Yo soy quien gobierna este reino.
- Lena es nuestra reina. - la contradijo.
- Lena solo era la reina consorte. Ahora es la reina madre. Krypton me ha designado como reina en funciones mientras Lars crece.
- No obedecemos a Krypton. - respondió él ofendido.
- ¿Y si el motivo por el que te he convocado es para proponerte un negocio, Edge? Uno con el que nadie podrá hacerte competencia y ganarás muchísimo dinero.
Se hizo un silencio sepulcral en la sala. Lena la miraba completamente confundida.
- Explícate. – respondió él interesado.
- No sé si has oído a hablar de los trenes.
- Sí, son esas bestias de hierro. ¿Es que quieres construirlos aquí en Thera? - preguntó sorprendido.
- Exactamente. Y necesito un socio con el dinero y los contactos para montarlo. Tenía pensado construir la primera línea entre la capital y Gimina. Después, ampliarlo al resto del reino. Supongo que ves las posibilidades del negocio. Yo, por mi parte, te aportaré los permisos necesarios y buenos contactos para conseguir la tecnología.
- ¿Dónde está la trampa? - dijo desconfiado.
- Necesito un aliado en el norte, Edge. Tengo grandes proyectos y necesito una voz razonable allí. Estoy segura de que tú podrías ser esa voz.
Edge se quedó callado pensativo. Kara sabía que, en el estado actual de los negocios de Edge, no se podía permitir el lujo de rechazar una oferta como esa. Si conseguía triunfar, iba a salir rico y poderoso del negocio. Eso sí, solo si conseguía que funcionara.
- ¿Cuál sería la inversión inicial? - preguntó Edge.
- Nyssa tiene unos documentos donde se muestra el proyecto. – respondió señalándola. La otra sacó una carpeta con documentos y se los dio a Edge. - Contacté con unos ingenieros para que empezaran a darle forma. Tienes la ruta que seguiría la primera línea y el coste de producción. También las ganancias de los diez primeros años. Si el coste inicial fuera demasiado elevado, yo podría proporcionar parte del capital a cambio de tener un porcentaje de la propiedad de la empresa y sus beneficios.
- ¿A título de la Corona o tuyo? - preguntó Edge con curiosidad.
- Mío. No pienso quedarme en el trono para siempre. - explicó Kara. - Estoy asegurándome el futuro para cuando Lars suba al trono y yo no forme parte de la familia real.
- Es razonable. - asintió Edge pensativo mientras leía los papeles. - Tengo que valorarlo con más calma, pero es un proyecto atractivo para mis intereses. ¿Para qué quieres mi favor en el norte?
- Quiero volver a enviar profesores, médicos y guardianes para el norte como está establecido en el sur. Con Lena, acordamos que iban a haber profesores sureños y sacerdotes de Iza por igual. También quiero realizar un censo de la población y decretar que una persona por familia y generación se enrole al ejército obligatoriamente.
Las cejas de Edge un poco más y se pierden detrás de su pelo de la sorpresa.
- Para eso vas a necesitar mucho más que mi favor, Kara. - rio Edge.
- Vamos, Edge. Tú y yo sabemos que tienes tanto poder en el norte como Lex. ¿Quieres mirar los documentos del proyecto del resto de líneas? Con él, tendrías el poder sobre el transporte de todo el reino. - respondió Kara encogiéndose de hombros. Sonrió preparándose para su último golpe. - Si tu gremio no puede admitir tal proyecto, siempre puedo dividirlo entre los diferentes gremios y que ellos hagan lo que yo te estoy pidiendo, Edge. Yo conseguiría mis objetivos y ellos recuperarían poder.
- No, está bien. - contestó rápido Edge. - Deja que me lo mire. ¿Me los puedo llevar? - preguntó señalando los papeles.
- Claro. Nosotras ya tenemos nuestras copias. - sonrió Kara.
Edge serio se levantó y se fue dejando a las tres mujeres solas otra vez.
Lena se giró rápido en dirección a Kara.
- ¿De verdad vas a darle ese poder, Kara? - preguntó Lena incrédula.
- Lena, por enésima vez, déjame hacer mi trabajo en paz y no te metas.
- Como enlace entre el norte y el sur, te diré que le estás regalando el sur a Edge.
- Como persona enviada a solucionar este caos, te diré que, de eso, ya os estabais encargando Kal y tú.
Lena bufó cruzándose de brazos.
*/*/*/*
- ¡Salud! - brindaron Kara y Nyssa a solas en el despacho real. Era entrada la noche y la habitación estaba iluminada con diferentes lámparas de aceite.
- Por Rao, el vino therano es una delicia. Nunca me cansaré de beberlo. - gimió Nyssa. Kara rio como respuesta. - Tengo que decir que tenía dudas sobre tu plan, Kara. Pero está funcionando mejor de lo esperado.
- Ese hombre es tan ambicioso que no es capaz de ver una trampa a un metro de él. - se mofó Kara.
- Nos está abriendo las puertas del norte solo por dinero. A este ritmo, vas a conseguir que pueda volver a Krypton antes del otoño. - decía feliz Nyssa.
- Te prometí que iba a hacerlo y yo cumplo mis palabras. Sé cuánto odias estar aquí. - la consoló.
- Pues sí, entiendo que es donde naciste y todo eso, pero este sitio es una basura. - se quejó Nyssa. - Estuve tres días deprimida cuando me ordenaron venir a ayudarte.
- Y has sido de gran ayuda, Nyssa. Voy a echarte de menos cuando te vayas. - dijo Kara con una sonrisa agridulce.
- Zalamera. Seguro que eso se lo dices a todas las que pasan por tu cama. - rio Nyssa.
Kara también rio.
- Yo nunca les miento. No me hace falta. - respondió con una sonrisa dando un trago de su vaso.
- En fin, estoy deseando volver. - suspiró Nyssa.
- En cuánto acabes con el tema del ejército podrás irte, Nyssa. Del resto me puedo encargar yo. Como tú has dicho, mi plan está funcionando mejor de lo esperado.
- Me parece bien. Lo tienes todo controlado aquí. - asintió.
- Sin duda. - sonrió Kara.
