Capítulo 2

Hotch se bajó del SUV casi al mismo tiempo que Morgan y Prentiss bajaban del suyo. Los tres se dirigieron rápidamente al edificio ya acordonado por la policía. Entraron en el edificio y notaron el calor que desprendía la calefacción, casi demasiado asfixiante.

Hotch le indicó a Morgan con un gesto de cabeza que fuera a hablar con la policía.

-¿Señor Bailey? Agente Hotchner, ella es la agente Prentiss. FBI -ambos agentes enseñaron su placa-. Nos gustaría hacerle algunas preguntas.

-Claro. Por supuesto. Lo que sea para que Barb vuelva a casa -respondió el hombre, rascándose la frente con nerviosismo.

-¿Nos puede contar exactamente qué ha pasado?

-Ehh, pues Barb y yo habíamos salido a tomar un café. Necesitábamos tomar el aire, por eso salimos a la cafetería del final de la calle, en vez de tomarlo en la sala de descanso. Tardamos como cuarenta minutos en volver, y estábamos llegando cuando escuchamos un ruido fuerte detrás de nosotros. Me di la vuelta un segundo, estaba por detrás de ella, y algo me golpeó. Caí al suelo, aunque no llegué a perder el conocimiento del todo, y sentí como Barb luchaba y a alguien que la arrastraba.

-¿Pudo verle la cara? -preguntó Prentiss.

-No. Lo siento. Estaba demasiado aturdido, intenté mantener los ojos abiertos pero…

-¿Pudo escuchar algo? Una voz, el ruido de un motor…

-Si, se la llevaron en un coche. De eso estoy seguro.

-¿Se le ocurre alguien que quisiera hacerle daño a la señora Schuster?

-Noo, para nada. Somos abogados, y Barb es de lo mejor, y aunque ha encerrado a mucha gente, no creo que nadie quisiera hacerle daño.

-Está bien, muchas gracias, señor Bailey. Si recuerda algo más, por favor, llámeme -Hotch le dio la tarjeta al hombre.

Los tres agentes se reunieron a la puerta del edificio.

-Bárbara Schuster entra perfectamente en el perfil. Socia fundadora de un bufete de abogados, 48 años, características físicas igual que las otras víctimas… -Prentiss miró a sus compañeros.

-También es la primera vez que secuestra delante de otra persona. Creo que el sudes está acelerando -habló Morgan.

-Así es. Volvamos a la oficina. Debemos adelantarnos al siguiente paso.


Dos horas después, Joseph Bailey recibió una cajita con una pulsera de oro de su compañera. Y siete horas después de su secuestro, el cuerpo de Bárbara Schuster fue encontrado en el aparcamiento de un centro comercial. Nadie vio nada. Y el sudes era demasiado listo para dejarse ver en las cámaras de seguridad. Lo que indicaba que lo tenía todo estudiado.

-Esto es frustrante, el sudes va degenerando por momentos. Ya no se conforma con tres días, ahora tiene a sus víctimas siete horas -Morgan tiró frustrado su archivo en la mesa.

-Y lo peor es que las heridas son las mismas. Las ahoga, las golpea, las corta, las viola…-JJ dejó que sus palabras se fueran apagando poco a poco mientras miraba a sus compañeros.

-Y todo lo que hacía en tres días, ahora lo hace en siete horas -Rossi fue el siguiente en hablar.

-Está claro que ha degenerado, y que a nosotros se nos termina el tiempo. Pero son casi las diez de la noche y necesitamos descansar. Mañana seguiremos con esto, con la mente fresca después de una noche de descanso -Hotch ordenó a su equipo.

Ninguno quería irse a casa, querían encontrar al sudes antes de que volviera a atacar, pero Hotch tenía razón, necesitaban descansar para poder ayudar al resto. Uno a uno, fueron saliendo de la sala de conferencias. Rossi fue el último en salir.

-Toma nota de tu propio consejo Aaron. Vete a casa.

-Si, por supuesto. Enseguida -Hotch lo miró brevemente antes de volver al archivo.

Rossi sacudió la cabeza y sonrió. Aaron Hotchner era una persona terca, y siempre se preocupaba del resto, pero pocas veces se preocupaba de él mismo.


Pasaban casi dos horas de la hora habitual de salida, pero Strauss seguía en su despacho. En realidad, pocas veces salía a su hora. Le gustaba estar informada de todos los pasos que daban sus equipos durante los casos, y en este momento, tenía a tres equipos trabajando fuera. El equipo Alpha de la UAC tenía un caso local, y Hotchner acababa de informarla de cómo iba el caso. Una mala sensación se instaló en su pecho.

Miró la hora en el reloj de pared, y decidió que era hora de volver a casa. Se demoró un poco en recoger sus cosas, y durante un segundo, pensó en pasar primero por el bullpen para ver al equipo, aunque finalmente no lo hizo. Entró en el ascensor y pulsó el botón del aparcamiento.

Al salir del ascensor, un escalofrío recorrió su espalda. El aparcamiento estaba en total silencio, algunas luces estaban fundidas (hizo una nota mental para que alguien se ocupara de eso), y el sonido de sus tacones sobre el cemento la estaba poniendo nerviosa. Aceleró el paso hacia su coche cuando le pareció escuchar un ruido. Mientras se acercaba, buscó las llaves en el bolso, que cómo si de una película de terror se tratara, no aparecían.

Su corazón latía a mil por hora cuando por fin las encontró, abrió el coche y entró, con el abrigo puesto y todo.

-No pasa nada, Erin. Simplemente te has sugestionado por lo que te ha contado Hotchner, y los informes que has leído. Respira hondo y sal de aquí -se dijo a sí misma en voz alta. Respiró hondo y arrancó el coche.


Era temprano por la mañana, aunque el equipo llevaba ya un rato trabajando. Hotch estaba en su despacho cuando sonó un suave golpe en la puerta.

-Adelante.

-¿Agente Hotchner? -la secretaria de Strauss se asomó tímidamente.

-¿Lisa? Pasa, por favor.

-No quiero molestar, sé que tienen un caso, pero creo que le ha pasado algo a la Jefa Strauss -Lisa se sentó en la silla frente a Hotch, con timidez.

-¿Por qué crees eso? -preguntó Hotch frunciendo el ceño y temiéndose lo peor.

-Porque esta mañana, cuando he llegado, tenía esto en mi mesa -Lisa le tendió una pequeña caja a Hotch-. Después la he llamado, y no me ha cogido el teléfono. Y si no va a venir a trabajar, o va a llegar tarde, siempre me avisa, para que vuelva a reorganizar su agenda.

Hotch cogió la pequeña caja, y la abrió con cuidado. Dentro estaba el bonito reloj que siempre lleva puesto su jefa (no recuerda haberla visto con otro).

-Es el que siempre lleva. Un recuerdo de su madre, me contó un día -está diciendo Lisa.

-Está bien Lisa, gracias por traer esto y por informarme. Nosotros nos ocuparemos.

-La van a encontrar ¿verdad? Sé que la mayoría de la gente la odia, pero ella no es tan mala ¿sabe? -dijo la mujer con tristeza.

-Haremos lo que esté en nuestra mano para traerla sana y salva.

Lisa asintió y salió de la oficina. Hotch volvió a sentarse pesadamente y suspiró. Esto se estaba complicando por momentos.


Lo primero que sintió fue cómo le palpitaba la cabeza, cómo el dolor era tan fuerte que sentía que le iba a estallar. Intentó llevarse una mano a la sien, para intentar calmar un poco el dolor, pero descubrió que estaba atada. Todavía estaba un poco aturdida, estaba a oscuras en algún lugar dónde hacía un frío infernal. En ese momento, se dio cuenta que estaba en ropa interior y descalza.

Intentó mantener la calma, no recordaba mucho de la noche anterior, salvo salir de la oficina, coger el coche, parar en la tienda a comprar un par de cosas y entonces…

Sintió ganas de llorar, no podía estar pasándole eso. ¿Por qué a ella? Intentó tranquilizarse respirando hondo varias veces, todo iba a salir bien. A estas alturas ya habrían descubierto que no estaba ¿verdad? Aunque no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado. Aún así, la encontrarían, el equipo la encontraría y no le pasaría nada. Pero si era el sudes que estaban buscando…Había leído lo que les había pasado a las otras mujeres, y la última víctima sólo estuvo secuestrada siete horas…

Empezó a luchar por liberarse, notando cómo la cuerda rasgaba la fina piel de sus muñecas y tobillos. Gritó con fuerza, aunque se calló de golpe cuando alguien entró en la habitación, encendiendo una luz.

-Erin Erin Erin. No te molestes. Nadie puede oírte. Estamos tú y yo solos. Y de todas formas, deberías guardar fuerzas para después. Será entonces cuando gritarás, y suplicarás por tu vida.

Erin tragó saliva, e intentó no estremecerse cuando el desconocido se acercó justo frente a su cara. Llevaba un pasamontañas, pero sus fríos ojos le daban escalofríos.

-¿Quién eres? ¿Y qué quieres de mí?

-Qué impaciente eres, no has cambiado nada por lo que veo. Iba a esperar un poco más para desvelártelo, pero…no seré yo el que te estropee la sorpresa.

El hombre se apartó un poco de ella, pero seguía frente a ella. Poco a poco se quitó el pasamontañas, mirándola con una sonrisa cruel en sus labios.

-Tú….

Continuará….