Nota de autor: Advertencia de violencia leve.
Capítulo 3
Hotch cruzó la pasarela y entró en la sala de conferencias, donde el equipo estaba reunido. Todos lo miraron cuando entró.
-Tenemos otra mujer secuestrada. Es…Strauss.
-¡¿Qué?! -preguntaron todos a la vez.
-Su secretaria me ha traído una caja con su reloj, Anderson acaba de mandarla al laboratorio por si encontramos algo. Lisa me ha dicho que la ha llamado y no ha contestado el teléfono.
-¿Pero sabemos cuándo y dónde desapareció? -preguntó Morgan.
-García, rastrea su teléfono. Y el personal también. Tal vez sepamos dónde se la llevó -ordenó Hotch.
García se puso a ello, y en un par de minutos, tenía la información.
-He encontrado sus teléfonos y su coche también, señor. Está en una tienda en Arlington, a pocos kilómetros de su casa.
-¿Tienen grabaciones? -preguntó Reid.
-Creo que sí. Lo miraré.
-Está claro que Strauss entra en el perfil del sujeto, ¿pero podemos suponer también que ella sea su objetivo? -Morgan soltó su observación al aire.
-O no. Ella tiene un puesto de poder, que es lo que parecía atraer al sudes, no tiene porqué ser algo personal contra ella -JJ también hizo su conjetura.
-Tenemos que investigar si tiene algún enemigo que quisiera hacerle daño. Strauss lleva mucho tiempo trabajando en el FBI, y seguramente ha enfadado a más de uno.
-¿Strauss? Según es, me extraña que siga viva -todos miraron a Rossi con seriedad -. Lo siento, no ha tenido gracia.
-Señor, he encontrado las grabaciones de la tienda.
García puso en pantalla el vídeo, donde se veía un aparcamiento prácticamente lleno, y en el sitio más apartado, llegar el coche de Strauss. Eran las 19:25 de la tarde cuando se bajó del coche, y unos metros más adelante, de una furgoneta, se bajaba alguien, la golpeaba fuertemente en la cabeza, la metía en la parte de atrás y desaparecía unos minutos después.
-No creo que fuera una víctima al azar. El sudes la estaba esperando -Prentiss rompió el silencio después de ver el vídeo varias veces.
-Y conocía el aparcamiento bastante bien. Aparcó en un sitio donde apenas se le ve, y puede salir rápidamente después -terminó JJ.
-Morgan y Prentiss, quiero que vayáis a la tienda y habléis con los empleados, haber si han visto u oído algo -ordenó Hotch.
Los dos agentes asintieron y se fueron. Hotch se apartó hacia la pizarra donde tenían toda la información del caso, y donde debían colocar también la foto de su jefa. Rossi se dio cuenta que algo preocupaba a su amigo y se acercó a él.
-¿Qué estás pensando, Aaron?
-Una hora antes estaba hablando por teléfono con ella, Dave. Todavía estaba aquí…
-No me digas que te sientes culpable, porque no tienes culpa de nada. Estamos ante un sádico sexual, que probablemente la conozca, así que tenemos que averiguar de qué y porqué está haciendo esto.
-Lo sé. ¿Pero te puedes creer que cuando vi las fotos de las primeras víctimas pensé en ella? Puede que Strauss sea un dolor de cabeza constante, pero no se merece…
-Lo sé, Aaron. La encontraremos a tiempo.
Erin estaba acurrucada contra la pared, en la esquina más alejada del sótano. Había un pequeñísimo ventanal, por el que se filtraban unos pocos rayos de luz. No sabía cuánto tiempo llevaba allí metida, pero cuando se despertó era de noche, y ahora entraba algo de claridad.
Temblaba de frío, y de miedo. Tenía las muñecas y los tobillos en carne viva, por el tiempo que pasó atada a la cama de tortura. Y los cortes de los brazos, aunque poco profundos, dejaban un rastro de sangre por todo su cuerpo.
Sentía ganas de llorar, tenía las lágrimas atoradas en la garganta, pero no quería hacerlo. Tenía un umbral del dolor bastante alto (había dado a luz tres hijos, en partos naturales y todos superiores a ocho horas), pero esto era demasiado. Los cortes le escocían, y la cabeza todavía le dolía. También el cuello, notaba la garganta rasposa de gritar, y también por el intento de asfixia.
Llevaba sin comer ni beber nada desde el día anterior, y eso le estaba restando fuerzas. De repente, la puerta se abrió de nuevo, y Erin se encogió más sobre si misma.
-Te he traído algo de comer y beber, no quiero que te mueras antes de tiempo -el hombre soltó una carcajada al tiempo que dejaba a su lado una bandeja y un cubo.
Erin lo miró en silencio. Sus ojos negros estaban llenos de odio y rencor, y se dio cuenta con horror que cuatro mujeres habían muerto por ella, por su culpa, porque el hombre frente a ella la odiaba tanto que había sido capaz de asesinar a otras mujeres antes de secuestrarla para ensayar e infringirle el máximo dolor posible.
-En serio, come, porque más tarde tú y yo nos vamos a divertir. Te aseguro que sí -fue bajando la voz, hasta susurrarle al oído, mientras metió una de sus manos entre sus piernas. Erin cerró los ojos mientras la tocaba.
Cuando se fue, Erin se secó las lágrimas que corrían por su cara, se inclinó sobre el cubo, y vomitó.
Morgan y Prentiss volvieron a la oficina, y lo primero que notaron fue la tensión en el resto del equipo. Reid estaba frente a la pizarra, García con su computadora tecleando frenéticamente, Rossi y JJ sentados a la mesa y Hotch miraba por la ventana.
-¿Qué os han dicho en la tienda? -preguntó Rossi cuando los vio entrar.
-Que no vieron ni escucharon nada. Tienen dos cámaras más dentro de la tienda, pero no da al exterior. Y la del exterior es la que hemos visto aquí -contó Morgan.
-Y hemos visto su coche. Tiene el bolso dentro, junto con el maletín. Probablemente sólo cogió la cartera, dejando el resto en el coche, por eso su móvil está ahí -terminó Prentiss.
-¿Y cómo sabía el sudes que Strauss estaría ahí justo ayer? -preguntó Rossi.
-Yo puedo responder a eso -García se adelantó a hablar-. Según sus cuentas, para en esa misma tienda los Martes y Viernes camino a casa.
-Así que si la siguió durante un par de semanas, sabría dónde estaría. Sabía que tarde o temprano pararía ahí y podría seguir con su plan -habló JJ.
-¿Y no sería más fácil secuestrarla en su casa? Estaba a unos seis kilómetros y no había cámaras -dijo Morgan.
-Sabemos que le gusta el peligro. A las otras víctimas también las secuestró a plena luz del día, y nadie vio nada.
Hotch escuchaba en silencio, pensando en todo lo que su equipo estaba diciendo. Se dio cuenta que Reid estaba muy callado.
-¿En qué estás pensando, Reid?
-El sudes se dio mucha prisa con Bárbara Schuster, apenas siete horas, cuando con las tres primeras víctimas estuvo tres días. A Strauss la secuestró a las 19:25 p.m. pero fijaos en el reloj que nos ha enviado -Reid cogió la foto del reloj y la colocó en el centro de la mesa-. Marca las cinco de la tarde.
-¿Nos estás queriendo decir que tenemos… -Emily miró su reloj-. ¿Menos de seis horas para encontrarla con vida?
-No lo sé, Emily. Pero el sudes modificó el reloj para dejarlo a las cinco. Tal vez sea una pista.
El silencio se instaló en la sala, cada uno sumido en sus pensamientos. Ninguno querría ese desenlace, aunque Strauss no sea santo de su devoción.
-García, quiero que busques cualquier cosa relacionada con Strauss…
-¿Desde qué nació? -preguntó divertida la analista.
-Limítate a su carrera en el FBI, por favor -Hotch puso los ojos en blanco.
-Lástima, podríamos conocer algo más de la fría mujer que dirige la Unidad -Penélope empezó a teclear rápidamente.
Continuará…
