Nota de autor: Advertencia de violencia leve.

Capítulo 4

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba sola en la sala de tortura. Le dolía todo el cuerpo, estaba pegajosa por su propia sangre y sus lágrimas. No había querido llorar, no quería parecer débil, pero lo que le estaba haciendo no lo podía soportar nadie. Intentó incorporarse, pero seguía atada.

Le dolía el pecho de intentar respirar, apretaba tan fuerte que cada vez le costaba más aguantar. Tal vez la próxima vez dejaría de luchar. Estaba perdiendo las fuerzas y la fe en que alguien la encontrara.

Y cada vez que la tocaba sentía náuseas. Tenía cortes y golpes por todo el cuerpo, pero parecía no importarle. Se estremecía cada vez que lo veía.

Aunque era católica, no era practicante, pero desde que estaba encerrada rezaba y rezaba esperando un milagro. Quería volver a casa, con sus hijos, y que esto se quedara como una horrible pesadilla.


-¿Has hablado con su familia? -Rossi se acercó a Hotch.

-Sí. He hablado con su ex marido hace un rato. Sus hijos estaban con él esta semana. Lo llamaré cuando tengamos novedades.

-Señor, creo que tengo algo -todo el equipo se acercó a García-. A ver, sabemos que Strauss supervisa varios equipos aparte de la UAC. Hace tres años, el equipo Alpha de Crímenes Violentos, tuvo un caso en Knoxville, Tenesse, con las mismas características que nuestro caso, pero con distinta victimología. En este caso, las víctimas eran hombres y mujeres entre veinte y treinta y cinco años, y de distinta clase social.

-¿Era todo igual, García?

-No tengas prisa, genio. Todo igual, excepto las violaciones. Esas víctimas no eran violadas.

-Lo cual nos indica que sí es algo personal -murmuró Prentiss.

-Nunca cogieron al sudes. Pero aquí está lo interesante. El agente Barry Green, que formaba parte del equipo, desapareció durante la investigación. Estuvieron buscándolo durante nueve días mientras investigaban, pero Strauss ordenó que volvieran, y la policía de Knoxville se hizo cargo de su búsqueda.

-Recuerdo haber oído algo. El resto del equipo estaba furioso por haber sido apartado y no poder seguir buscando a su compañero -contó Morgan.

-Así es. Pero todavía no he terminado. Un mes después, Alec Kerrintong, el jefe de Unidad, dejó el trabajo y desapareció del mapa. Al parecer, fue el que peor se tomó la decisión de Strauss.

-Reid y Morgan, quiero que bajéis a la tercera planta y habléis con el equipo de Kerrintong. Averiguad si alguien sabe algo de él o lo han visto en los últimos tres años.

-García, ¿encontraron al agente Green? -preguntó JJ.

-No, nunca apar…Oh, espera mi dulce rubia. Hace dos semanas, encontraron en el fondo de un río los restos de un hombre. El ADN indicó que se trata del agente Barry Green.

-Ese fue el desencadenante -indicó Rossi.

-¿Strauss lo sabía? -preguntó Hotch.

-Yo diría que sí. Fue ella la que informó al subdirector, y este Lunes, se le hará un pequeño homenaje al agente Green.

-De acuerdo, vamos a recapitular. El equipo de Kerrintong está investigando un caso, uno de los suyos desaparece, lo buscan durante nueve días y Strauss los obliga a volver. Kerrintong se va por voluntad propia un mes después. Hace dos semanas el cuerpo del agente Green aparece, y poco después, comienzan nuestros asesinatos. Yo diría que ya tenemos un sospechoso -Prentiss miró a sus compañeros.

-¿Y cómo y porqué eligió a las otras víctimas en vez de venir directo a Strauss? -preguntó JJ.

-Porque se delataría él mismo con un poco de investigación. Y las otras víctimas salieron en la prensa debido a su profesión. El sudes veía en ellas a la mujer que más odia-respondió Rossi.

En ese momento, Morgan y Reid entraron por la puerta.

-El equipo de Kerrintong no lo ha visto ni hablado con él desde que se fue. Nadie sabe nada -informó Reid.

-García, ¿dónde está Kerrintong ahora? -quiso saber Hotch.

-Pues desaparecido totalmente. No ha habido movimiento en sus tarjetas en tres años, dejó su casa, tampoco hay una multa de tráfico ni nada que nos indique dónde pueda estar. Es como si la tierra se lo hubiera tragado, y eso me pone muy nerviosa -García aporreó el teclado.

-¿Pero eso es posible hoy en día? -preguntó Morgan incrédulo.

-Si tiene suficiente dinero en efectivo, sí.

-Busca alguna propiedad a su nombre, de sus padres o hermanos.

-Sí señor.

Mientras esperaban, todos se miraban unos a otros. Estaban cerca, y esperaban que el desenlace para Strauss fuera mejor que para las otras mujeres.

-No encuentro nada, señor. Es hijo único, ha crecido con una vida ejemplar y sus padres viven en Chicago, en una especie de mansión. Y no tiene mucho sentido que la tenga allí porque…

-García, ¿qué relación tenían el agente Kerrintong y el agente Green? -preguntó Reid-. Es mucha ira y rabia acumulada sólo por no poder seguir buscando ¿no creéis?

Todos lo pensaron un momento. Tal vez Reid tenía razón, y Kerrintong tenía una razón oculta para tanto odio hacia su jefa.

-Pues no encuentro nad..Oh espera..¡Kerrintong y Green eran amantes!

García puso en la pantalla diversas imágenes y mensajes que se habían enviado entre los dos agentes. Ahora todo empezaba a encajar.

-Busca entonces propiedades a nombre de Barry Green, probablemente se haya escondido allí durante este tiempo, y ahí tiene a Strauss.

-Nada a su nombre, señor.

-¿Y al de sus padres, García? -indicó Prentiss.

-Bingo. Los padres de Green tienen una casa aislada y abandonada, a las afueras de Montclair, cerca de aquí.

-¡Lo tenemos!


Erin trató una vez más de respirar, de coger aire, pero la presión de sus manos en su cuello era tan fuerte, que creyó que ésta sería la última vez. Pero de repente, Kerrintong la soltó, y ella pudo por fin respirar. Ni siquiera tenía fuerzas para pelear. Esta vez estaban en el sótano, y la tenía apoyada contra la pared. Cuando la soltó, le estrelló la cabeza contra la pared, sintiendo cómo su visión se nublaba por el dolor. Por alguna razón que Erin desconocía, Kerrintong parecía estar más enfadado que de costumbre, o simplemente estaba llegando al punto álgido del maltrato y le quedaba poco tiempo. Cada vez que la golpeaba, la cortaba o la maltrataba, Kerrintong le echaba en cara la muerte de Green, y la culpaba también por haber tenido que matar también a las otras mujeres.

La arrastró por el suelo del sótano camino a la puerta, y Erin estaba tan exhausta que ya no suplicó ni se quejó. De repente, se escucharon unas sirenas a lo lejos, y Erin volvió a creer. Kerrintong la soltó, le pateó fuertemente en el estómago y la cabeza y salió corriendo.


Los SUV del FBI se aproximaron a toda velocidad a la casa, y casi antes de que el coche se detuviera, Morgan saltó de uno de ellos.

-Prentiss y Rossi, con Morgan por detrás. Reid y JJ, conmigo -gritó Hotch mientras se bajaba del otro coche y el equipo se dispersaba. Otros dos coches de refuerzo pararon detrás de ellos y los siguieron.

Morgan vio una figura salir de la casa hacia el bosque, y lo siguió. Sus compañeros detrás de ellos. Consiguieron rodearlo justo al entrar en el bosque.

-Kerrintong, es mejor que te entregues, no tienes escapatoria -dijo Morgan apuntando al hombre.

-Eso es lo que te gustaría ¿verdad? Deberías dejar que acabara con ella. El mundo estaría mejor sin gente como Erin Strauss -Kerrintong miró entre los tres agentes, sonriendo burlonamente.

-Si te entregas ahora, podemos hablar a tu favor ante el tribunal -indicó Prentiss.

-¿Pero os creéis que soy tonto? Que yo también era como vosotros, y sé perfectamente lo que me pasará. Así que…yo ya he escogido mi destino.

Todo pasó a cámara lenta. Kerrintong tenía las manos en alto mientras hablaba, y al segundo siguiente, metió la mano en su chaqueta sacando un arma. Apuntó a Prentiss, que la tenía enfrente, pero antes de que pudiera apretar el gatillo, estaba muerto en el suelo. Rossi disparó antes de que él pudiera hacerlo. Los tres se acercaron a él con cautela, comprobaron que estaba muerto, pero también con una sonrisa en su cara.

En la casa, Reid, JJ y Hotch se dispersaron al entrar para comprobar cada habitación. Hotch escuchó como cada uno de sus compañeros declaraban vacías las habitaciones. Él estaba en la cocina, cuando vio la puerta al sótano. Justo cuando la abría, Morgan informó por el micro que Kerrintong estaba muerto. Bajó con cautela al sótano, y allí, en el medio de la habitación, se encontró a su jefa, encogida sobre sí misma. Estaba tan quieta que al principio pensó que estaba muerta, luego notó como su pecho se movía arriba y abajo lentamente. Pidió rápidamente que entraran los técnicos de la ambulancia mientras informaba que la había encontrado. Se acercó despacio a ella, y la tapó con la chaqueta del FBI que llevaba puesta. La abrazó con cuidado contra su pecho, mientras ella rompió a llorar, aferrándose a él como un salvavidas.

-Aaron, él…-murmuró con la voz rota.

-Shh, tranquila Erin, Kerrintong está muerto.

Ella sólo asintió, mientras seguía temblando en sus brazos, y Hotch se preguntó si algún día podría olvidar lo que le había ocurrido en ese sótano.

Continuará…