No habían pensado en un pequeño detalle cuando organizaron la huida al refugio. El lugar estaba bien. Era ideal para esconderse, porque estaba casi aislado. Eso se traducía en que los pocos caminos que había en la zona estaban en mal estado. Y la ruta que comunicaba directamente con el sitio no era un camino exactamente. Lo único que tenía en común con un camino es que, de vez en cuanto, había algún cartel, pero era ir como campo a través del bosque. Kara por sí sola habría podido llegar en un día como mucho, pero cruzar esa zona con una mujer embarazada que no puede hacer esfuerzos y dos príncipes que habían tocado el bosque cinco minutos en toda su vida era un reto. Tardaron tres días al final.
El primer día, Kara robó un pequeño carro que arrastraba ella misma con Lena y todos sus objectos encima por una pequeña senda abandonada y en mal estado. El pequeño Levi se ponía con ella y la intentaba ayudar cosa que por lo menos era graciosa, aunque no servía de mucho. Lars, en cambio, se divertía viéndola sufrir caminando al lado de su madre. El resto de días se dedicó a llevar ella misma a Lena en sus brazos porque el carro era inútil para el resto del camino.
A la rubia le gustaba pensar que ella también les estaba enseñando a cazar y sobrevivir en el bosque, pero lo cierto es que era Lena quien sabía más. Llegó un punto en que los chicos se dieron cuenta de que era su madre, y no su tía, quien sabía moverse en el bosque para sorpresa de los niños, así que cada vez que tenían que escuchar los consejos de una de ellas, prácticamente ignoraban a Kara.
Durante la primera noche, se habían colocado para dormir Kara junto a Lena a un lado de una pequeña fogata y Lars y Levi, al otro lado. Después de cinco gritos de los niños por cualquier ruido que viniera del bosque, acabaron durmiendo entre ellas dos con Lars abrazado a su madre y Levi, a Kara. La noche siguiente ya no hubo dudas de cómo iban a dormir. Los dos se colocaron directamente entre ellas. Kara se consoló que, por lo menos, no pasaría frío mientras tenía Levi agarrado a ella como si le fuera la vida en ello. El único "pero" es que el niño daba patadas mientras dormía. Así que la rubia se despertaba a mitad de la noche por sus golpes.
Kara estaba maravillada cuando llegaron al refugio por dos motivos: el lugar era precioso y ya no tendría que aguantar esa aventura por el bosque.
Escondido en un valle muy estrecho y de poca profundidad, había un pequeño lago. En el centro de este, había un templo dorado que se conectaba a la costa por una pequeña pasarela hecha de grandes rocas. Había tres o cuatro casas de madera pintadas de blanco en mal estado. Estaban escondidas entre el bosque cerca del agua. El suelo era tierra negra y había diferentes caminos hechos con trozos de madera que comunicaban los edificios entre ellos.
Descender hasta el lago fue bastante complicado. Era un camino de rocas afiladas y, cargando a Lena, fue todo un desafío. Lograron llegar hasta abajo intactos. Un hombre mayor y otra mujer los recibieron sorprendidos. Un hombre de más o menos de misma edad que Lena y Kara apareció poco después del bosque. Por lo visto, nadie los visitaba. Lo que había provocado que la poca gente de la aldea se fuera y solo quedara esa familia. Todavía se acordaban de Lena a pesar que hacía casi veinte años de la última vez que la vieron. No tenían ni idea de quienes eran Kara, Levi o Lars.
Lena y Levi se quedaron con los mayores, mientras Lars y Kara ayudaron al otro hombre a preparar una de las casas vacías para que ellos pudieran instalarse allí. Solo entrar, se encontraron con parte del techo que había caído encima de lo que suponían que una vez había sido la sala del comedor y la cocina a juzgar por los diferentes muebles que había. El aire exterior se colaba por el agujero enfriando u humedeciendo el sitio. Las paredes estaban sucias y cubiertas por hiedras. Había dos puertas que conducían a una habitación y una especie de baño. Era más parecido a una especie de terma therana en miniatura que cualquier cosa que los kryptonianos hubieran llevado a Thera. Tenía una gran tina cuadrada excavada en la piedra de metro y medio de profundidad y con una especie de escalones para sentarse en el interior. Como mínimo allí cabían los siete y no faltaría espacio. A un lado de la puerta del baño había una escalera que conducía a una especie de buhardilla encima de esas dos salas donde había otra cama.
- Bien, chico. Tenemos mucho trabajo por hacer. Espero que estos días durmiendo en el bosque te hayan servido para valorar esto. - dijo Kara divertida golpeando el hombro del crío
- Hemos vivido muy bien en un palacio, ¿no? - suspiró Lars.
- No te lo puedes ni imaginar. - rio la rubia.
Kara y el otro hombre escalaron hasta el tejado. Con algunas maderas, ramas y hojas consiguieron tapar el agujero del techo. Si había una gran tormenta no iba a servir de mucho, pero era lo mejor que podían conseguir en ese momento. Lars se dedicó a sacar los escombros del interior del edificio. Kara miraba orgullosa desde las alturas como poco a poco los entrenamientos habían conseguido fortalecerlo. Parecía todo un kryptoniano moviendo todo aquello casi sin esfuerzo.
Kara encendió la chimenea de la casa. Con un poco de suerte, el calor podría llegar a todos los rincones. Por lo menos, quitaría la humedad y el frío que se había pegado a las paredes.
Intentaron acondicionar lo que sería la cama de Lena en la habitación de la planta baja. El colchón de paja estaba podrido, así que tendrían que improvisar algo. El hombre se ofreció a dejarles unas pieles que, con un poco de hojas y ramas secas debajo, conseguiría emular un colchón decente. No sería lo mismo que un colchón, pero algo haría. Como condición, Kara prometió conseguirle nuevas. Lars y Levi dormirían en el piso superior. Como la mayoría de pieles iban a ser para Lena, ellos tendrían que conformarse con una y una manta.
Cargó a Lena hasta su nueva cama. La morena no paraba de quejarse defendiendo que podía caminar los cinco metros que separaban las dos viviendas.
A Lena, no le costó ni un minuto instalarse allí. Parecía extremadamente cómoda. Y, efectivamente, no duró mucho tiempo en la cama. Cogió una silla de la casa y la llevó hasta la puerta. Se sentó allí observando el paisaje, el lago y el bosque que las rodeaba.
Kara la imitó y acabaron las dos sentadas la una al lado de la otra mientras Lars y Levi daban una vuelta para explorar el lugar.
La morena parecía hipnotizada observando el paisaje.
- ¿Lo echabas de menos? - le preguntó la rubia que la miraba con media sonrisa.
- No te puedes imaginar cuánto, Kara. He estado tantos años viviendo en la capital que no recordaba la paz que me da la montaña. - dijo Lena emocionada disfrutando del aire fresco que golpeaba su cara.
La rubia le agarró la mano y se la apretó con cariño. Estuvieron un rato así en silencio hasta que los niños volvieron diciendo que tenían hambre y querían cenar. Lars lanzó una mirada asesina a Kara cuando vio que tenía la mano de su madre cogida. La rubia aprovechó para burlarse de él y decirle que le quedaban muchos entrenamientos por delante para enfrentarse a ella. Levi, totalmente convencido de que su hermano no lo iba a conseguir nunca, se ofreció a ser él quien se enfrentara a la rubia si le llagaba a hacer daño a Lena.
Cenaron junto a la otra familia. Ofrecieron las provisiones que habían logrado acumular por el bosque como agradecimiento por la acogida que tuvieron.
Llegó la hora de dormir y cada uno fue a su cama.
Kara tenía frío durante la noche. La chimenea no daba para calentar toda la casa y menos en esa época del año acercándose el invierno. Lena y Lars tendrían que pensar en alguna manera para calentar las habitaciones.
Lena estaba tumbada sobre su costado a su lado e irradiaba calor.
- ¿Puedo abrazarte? - susurró Kara.
- ¿Qué? - le preguntó Lena extrañada.
- Es que tengo frío.
- Vamos, ni que fuera para tanto. - se burló la morena.
- Lena, estoy temblando. -aseguró la rubia.
- Es broma, ¿no? - dijo colocando la mano sobre el muslo de la otra que estaba temblando. - ¿Lo estáis haciendo tú o de verdad tienes tanto frío?
- Odio el frío, lo sabes. - se defendió. - Por favor, ¿puedes compartir un poco de tu calor corporal conmigo?
- Solo si te dejas de quejar. - suspiró Lena.
- Gracias. - respondió Kara rápido.
Se colocó de costado contra Lena y apoyó la cabeza en el hombro de la morena. Al principio, intentó envolver la cintura de la morena, pero acabó colocando su mano sobre el vientre dibujando caricias sobre él. Observaba como su mano se iba moviendo sobre el bulto.
- Ha dado una patada. - rio la rubia sin despegar sus ojos.
- Ha estado intranquila desde que salimos del barco. Parece que está contenta de estar en el bosque. - decía con una sonrisa.
- Sigues convencida de que es una niña.
- Sí, lo será. Y le gustará tanto como a mí estar en el bosque.
- No como a Lars y Levi. Parece que les hemos sometido a una tortura. Todavía no sé cómo han conseguido llegar hasta aquí. - reía Kara.
- Tendría que haberlos traído antes. Casi me ha ofendido que mis hijos no se supieran mover por las montañas. - bufó Lena.
- Tienen tiempo para aprender mientras estemos aquí. - dijo Kara encogiéndose de hombros.
- Eso espero. - suspiró la morena.
- ¿Sabes? Lars ha sido capaz de mover un montón de escombros hoy. Cada vez está más fuerte. - sonrió Kara.
- ¿Ahora te enorgulleces de él? - rio Lena.
- A ver, sigue siendo un negado para luchar, pero por lo menos es más fuerte. Sí, me siento muy orgullosa de ello. -asintió la rubia. - Mi suplicio tiene recompensa.
- Tú disfrutas enseñándoles a luchar. No lo niegues.
- Para nada. - rio Kara.
- Sí que lo haces, lo adoras. - la picó Lena. - Tendrías que verte cuando estás con ellos.
- ¿Cómo estoy? - preguntó Kara mirándola confundida.
- Te brillan los ojos, Kara. Tienes ese brillo que tenías hace años. - le explicó tranquila Lena.
- Al final, he acabado cogiendo cariño a los dos mocosos. - murmuró Kara volviendo a mirar el vientre de la morena.
- Se hacen querer. - asintió Lena divertida. - ¿Sabes? Ellos también te han cogido mucho cariño.
Kara se incorporó para mirar sorprendida a Lena. Ella le respondió besándola suavemente. Lena se separó sorprendida por lo que ella misma acababa de hacer. La rubia escondió su rostro en el cuello de la morena.
Kara pudo sentir como se le hacía un nudo en la garganta y las lágrimas crecían en sus ojos. Empezó a respirar entrecortadamente. No quería llorar. De verdad, que no quería soltar ninguna lágrima. Aspiró con fuerza el olor que desprendía Lena. Intentó calmarse, pero pudo notar como una gota se escapó de sus ojos. Se centró en la Luthor a su lado y apartó el dolor de dentro de ella. Al final, se quedó dormida con su mente llena de la morena.
*/*/*/*
Kara y Lars se habían ido hasta el templo en el centro del lago. Estaba dedicado a Amate. Había estatuas del dios por todas partes. El interior era oscuro y la luz solo entraba en el interior a través de agujeros en las representaciones del dios. Era poético contando que era el dios del fuego.
La rubia decidió que allí iba a ser el lugar donde se iba a dedicar a planificar los siguientes pasos. Había conseguido que el capitán del barco le cediera algunos mapas que habían llevado hasta el edificio. Pero la prioridad era conseguir que la casa fuera adecuada para mantener a Lena y al bebé sanos en el interior. Lars se ofreció a empezar a pensar en algo para calentar la casa mientras ella analizaba las rutas que comunicaban el lago con el resto de territorio.
Cerca del mediodía, Lars y Kara volvieron para conseguir la comida que tenía que servirles para lo que quedaba de día. Kara y Levi se fueron a pescar, mientras Lars y Lena montaban diferentes trampas. La otra familia les señaló donde podrían conseguir ambos grupos más presas y se separaron.
Y llegaron a un acuerdo con la otra familia. Ellos cuatro se encargarían de cazar a los animales, mientras los otros tres se encargarían de las verduras y cereales ya que ellos tenían un huerto y, con la vejez de los padres, el hijo no daba abasto para encargarse de todo. Las pieles de los animales muertos serían para la otra familia para compensar las que les habían regalado.
No fue una gran pesca, pero tendrían para pasar un par de días mientras las presas caían en las trampas de Lena y Lars.
Por la tarde, Lars y Kara, con el apoyo psicológico de los sentados en sillas Levi y Lena, se dedicaron a reparar más partes de la casa. Quitaron parte de las plantas de las paredes y buscaron mejores maderas para reparar el tejado para evitar que el frío entrara por allí.
Por la noche, cenaron juntos en el comedor de la casa tranquilamente.
Volvió a hacer frío mientras dormían, así que Kara volvió a dormir abrazada a Lena.
*/*/*/*
Los días pasaron y la casa empezó a ser un lugar más o menos habitable. Lars y Lena diseñaron una especie de sistema que permitía hacer pasar agua caliente por diferentes zonas de la casa dejando calor a su paso. Kara estuvo cerca de llorar de alegría cuando dejó de tener frío a todas horas.
Habían acabado de cenar. Los niños ya se habían ido a dormir y se habían quedado solas en el comedor. Kara se levantó y empezó a recoger y limpiar todo lo que habían ensuciado, mientras Lena la observaba tranquila sentada.
- ¿Hoy tampoco me vas a dejar ayudarte? - se quejó la morena.
- Ya has hecho más esfuerzo del necesario con todo esto, Lena. Ahora toca descansar.
- No tengo mucho sueño hoy. - pensó en voz alta la morena. - ¿Te queda mucho?
- No, casi estoy. ¿Por qué? ¿Necesitas algo? - respondió la rubia girándose para mirarla secándose las manos.
- Quiero dar una vuelta por el lago. ¿Me acompañas?
- Es peligroso moverse por el bosque a estar horas y en tu estado. _ la advirtió.
- Kara, estoy cansada de no hacer nada. Necesito moverme un poco.
Kara suspiró. No iba a quitarle esa idea de la cabeza. Había notado como Lena estaba ansiosa por salir fuera y moverse por el bosque desde el día que llegaron, pero siempre había uno de ellos tres que la detenía.
- Es por tu bien y el del bebé.
- Andar hasta la orilla del lago no me va a hacer daño. Tú te has podido mover, pero no sabes que es estar encerrada desde hace meses entre cuatro paredes. Quiero respirar aire fresco.
Kara se la quedó mirando unos instantes seria. Al final, acabó bajando la cabeza asintiendo.
- Está bien. Déjame recoger esto y te acompaño. Pero no vamos a alejarnos mucho.
- Como quieras. - celebró Lena feliz por su pequeña victoria.
Kara guardó los platos y cubiertos en los viejos armarios. Habían hurgado entre las diferentes casas abandonadas y habían encontrado una buena cantidad de utensilios que la gente había dejado atrás cuando se habían ido. Con ellos, habían tenido una vida muy fácil desde que habían llegado.
La rubia agarró con cuidado uno de los trozos de leña en la chimenea como si fuera una antorcha. Se acercó hasta la morena y se paró a su lado.
- ¿Vamos?
Lena asintió y se levantó. Se agarró del brazo de Kara y se dirigieron juntas hacia el exterior.
La paz reinaba fuera. A penas se oían a algunos animales escondidos en la oscuridad. La luna, entre las montañas, iluminaba el lago con el templo tomando colores plateados reflejando su luz. Bajaron con cuidado hasta él. En mayor parte, la orilla del lago estaba cubierta por hierbas altas, pero de vez en cuanto se habría un claro que permitía acceder a él.
Kara las guio hasta el rincón donde solía pescar con Levi. Era un pequeño entrante del lago de poca profundidad libre de vegetación. Había algunas rocas que la morena usó para sentarse. Kara clavó la antorcha en el barro.
- Tengo tanta envidia de vosotros que podéis disfrutar de todo esto. - suspiró Lena mirando el lago hipnotizada.
- Piensa que no es para siempre. - le respondió Kara que estaba de espaldas a ella justo al borde del agua mirando el templo. - En menos de dos meses podrás enseñarle a tu nuevo hijo lo que es el bosque.
- Tengo ganas de conocerlo. - dijo la morena acariciando su vientre triste. Hizo una pausa antes de continuar intentando ordenar sus pensamientos. - Pero tengo miedo, Kara. No está siendo un embarazo fácil. Tengo miedo de que no nazca sano.
Kara, oyendo la voz desconsolada de Lena, dio media vuelta y llegó hasta ella.
- ¡Ey! Tranquila, va a estar todo bien. - la consoló Kara sentándose a su lado y rodeándola con su brazo. - Este pequeño es un luchador. Solo hace falta ver las patadas que da. - bromeó.
- ¡Qué me vas a contar! - bufó Lena medio riéndose y volviendo su vista al lago. - Me ha molido las costillas.
Se quedaron unos instantes en silencio disfrutando del silencio. La rubia observaba a la morena. Tenía el lago y la luna de fondo. Era casi mágico. Y volvió a despertar un remolino en su interior. Empezó a notar pinchazos en su interior en lugares donde hacía tiempo que no había nada, donde durante años había habido un absoluto vacío. Bajó la cabeza y apoyó su frente contra el cabello negro de la otra.
Lena notó el cambio en Kara. Dejó que la rubia la apretara contra ella. Agarró la mano de la rubia que la rodeaba y la apretó. Luego entrelazó sus dedos con los de ella.
No lo había dicho, pero también tenía miedo de ella. Tenía miedo de que Kara volviera a jugar con ella. Pero no lo iba a decir porque la tenía a su lado en ese momento y con eso le bastaba.
- Siento curiosidad Kara, no lo voy a preguntar con ánimos de ofenderte. ¿Hubo alguien en tu vida mientras estuviste fuera, a parte de las putas? - preguntó Lena separándose para girarse a mirarla.
Kara la observaba en silencio seria. Suspiró y dirigió su mirada al lago.
- Sinceramente, sí. _ asintió pensativa. _ De hecho, estuve a punto de casarme con un kryptoniano. Eso fue antes de ir a Daxam y todas las putas.
Lena la miraba con sorpresa.
- ¿Y qué paso?
- Que al final, aunque él hacía el esfuerzo para cambiarlo, solo me veía como una bestia therana. Rompí el enlace. Lo que hizo que todavía me menospreciaran más. - respondió con una sonrisa triste todavía con la vista centrada en el lago.
- Lo siento. - dijo Lena quedándose en silencio. - ¿Lo amabas?
- Nunca me enamoré de él como me enamoré de ti. - respondió mirándola fijamente esta vez.
Lena apartó la mirada y volvió a su anterior posición enterrada en el abrazo de la rubia.
Las dos se quedaron en silencio sumidas en sus pensamientos, pero Kara no tardó en romperlo.
- ¿De verdad que no hubo nadie más en catorce años, Lena?
La morena suspiró.
- No, realmente. Hubo una mujer con la que me llevaba muy bien. Ella sabía el trato que tenía con Kal. Estuvimos a punto de tener algo, pero realmente no llegó a pasar nada. No podía evitar compararla contigo constantemente. No eras tú.
La rubia asintió como respuesta, pensativa.
No se movieron en un buen rato.
Pero Kara no tardó en empezar a temblar de frío.
- ¿Quieres volver? - le propuso Lena preocupada.
- Da igual, puedo aguantar un poco más si quieres.
- No, volvamos. El lago no se va a ir a ninguna parte. Prefiero que no enfermes. - sonrió la morena poniéndose en pie. - Pero te aviso que vamos a volver.
Kara asintió riéndose como respuesta.
La rubia se puso de pie a su lado y le ofreció el brazo para que volviera a colgarse de él. Lena se entrelazó a ella y volvieron tranquilamente.
Ya dentro, Kara fue a devolver la leña a la chimenea mientras Lena se adelantaba a la cama. Cuando ella llegó a la habitación, la morena ya se había tumbado lista para dormir, así que la imitó tumbándose a su lado y abrazándola como hacía cada noche.
Pero con el problema del frío solucionado, dejaba de tener una excusa para dormir abrazada a Lena. Sobre todo, cuando se dio cuenta de que, al cabo de un rato, tenía calor. No quería separarse de ella, pero no quería que Lena estuviera incómoda por estar ella pegada.
Suspirando se separó y se tumbó boca arriba a su lado.
- ¿Qué pasa? - le preguntó Lena.
- Nada, que ahora tengo calor. - murmuró Kara.
- ¿Te estás quejando después de lo que nos ha costado a Lars y a mí construirte esto? - le reprochó la morena mirándola con una ceja levantada.
- No, creo… Has preguntado tú. - se defendió la rubia.
- Descansa, Kara.
- Qué remedio… - bufó. - Ahora soy yo la que no tiene sueño…
*/*/*/*
La luz de una nueva mañana se filtraba entre la ventana cerrada de la casa despertando a Kara. Se removió intentando evitar que el Sol la golpeara directamente. Volvía a hacer frío esa mañana. Hacía días que se habían dado cuenta que el calor que conseguían por la noche no duraba hasta la mañana. Sin todavía abrir los ojos, buscó a la morena en la cama. No estaba muy lejos, la rodeó con los brazos y se abrazó fuerte contra ella. Ahora hacía muchísimo menos frío.
- Buenos días. - murmuró Lena.
- Buenos días.
- ¿Vuelves a tener frío?
- Ahora ya no.
La morena rio. La rodeó con sus brazos y dejó que Kara quedara perfectamente pegada a su cuerpo.
- No es por interrumpir el momento, pero te recuerdo que nos hemos quedado sin carne ni pescado. Dijiste que iríamos temprano por la mañana.
- Pero hace mucho frío, Lena. - lloriqueó Kara. - Déjame disfrutar un poco de este momento.
- No tienes remedio. - negó Lena riendo. - Yo me voy a ir levantando.
La morena soltó a Kara y empezó a separarse de ella.
- No. Cinco minutitos más. - suplicó la rubia.
- Kara, hay que despertar a los chicos.
- Te prometo que voy a ir yo. Déjame dormir un poco más. - dijo golpeando el espacio que la morena acababa de abandonar.
- Está bien. - cedió Lena. Volvió a la posición que había abandonado al lado de Kara.
Cuando la rubia volvió a empezar a respirar profundamente, la morena se dio cuenta que no iban a ser cinco minutos solo. Se había quedado profundamente dormida a su lado. Con cuidado, se separó de ella y salió de la cama.
Subió las escaleras con cuidado de no hacer un esfuerzo de más y llegó hasta la habitación de los chicos. Levi estaba tumbado en horizontal con la cabeza clavada contra las costillas de su hermano. Lars huyendo de él estaba dormido en el canto de lo que se suponía que era una cama.
Con cuidado, despertó primero a Lars que estuvo a punto de caer cuando se giró para mirarla. Lars murmuró un "buenos días" y se marchó por la puerta medio dormido. Lena se sentó al lado del pequeño. Lo zarandeó suavemente, pero no había manera. Kara apareció por la puerta de la habitación frotándose los ojos.
- Lena, te he dicho que me encargaba yo. - murmuró Kara somnolienta. Era incapaz de abrir los ojos completamente y estaba despeinada. Era todo un cuadro.
- Si fuera por ti, todavía estaríamos en la cama.
- Ajá. - asintió Kara todavía incapaz de formular una respuesta más elaborada. - Ya me encargo yo, Lena. Vuelve a bajo con Lars.
- ¿Segura?
- Ajá. - volvió a repetir Kara.
- ¿No te vas a dormir aquí con Levi? - preguntó Lena desconfiada.
- ¿Tú sabes la tortura que es dormir con tu hijo?
- Podrías dormirte en el suelo ahora mismo.
Kara negó con la cabeza.
- El suelo está demasiado frío.
- Está bien. - suspiró la morena. - Voy a bajo a preparar las cosas.
Lena volvió a la planta baja. Lars estaba sentado en una silla, pero con el cuerpo tumbado totalmente encima de la mesa.
La morena se acercó a acariciarle la cabeza y el chico respondió incorporándose de nuevo.
- ¿Me ayudas a preparar un poco de comida? Creo que nos queda algo de pan y fruta.
- De acuerdo. - asintió el chico y se puso de pie mientras empezaba a preparar el desayuno. - Siéntate mamá, ya lo hago yo.
Arriba se escucharon golpes y gritos. Lars y Lena se miraron entre ellos. Ninguno de los dos hizo ningún gesto por ir a mirar qué estaban haciendo Levi y Kara. Era mejor no saberlo. Al final, bajaron los dos felices cuando Lars ya había servido la poca comida que les quedaba.
- Lars, Levi, esta mañana id a revisar las trampas a ver si ha caído algo. - empezó Kara. - Yo iré a ver si pesco algo.
- Yo iré a vigilar que no te ahogues. En mitad de la montaña, te podría pasar cualquier cosa si te dejamos sola. - añadió la morena riéndose.
- Lena… - se quejó la rubia.
- ¿Alguna vez se ha ahogado en un lago, mamá? - preguntó Levi con curiosidad.
- No, Levi. - respondió Kara ofendida. - Nunca me he ahogado en un lago. Pero a tu madre le gusta burlarse de mí.
Cuando acabaron de desayunar, cada grupo se separó y se dedicaron a sus faenas.
Kara estaba parada cerca de la orilla del lago. El agua le llegaba hasta medio muslo. Tenía una lanza alzada por encima de su cabeza esperando que su presa pasara cerca. Vio un pez despistado dar vueltas cerca de ella. Lo atacó, pero la esquivó.
- ¡Odio pescar así, Lena! - se quejaba la rubia.
La morena se había sentado en las rocas observándola divertida.
- Sigues moviéndote demasiado, Kara. Parece mentira que, catorce años después, tenga que volver a decírtelo. - reía la morena.
- Es que estoy temblando de frío. - lloriqueó. - No puedo evitarlo. Ya me gustaría verte a ti hundida en esta agua helada con el frío que hace.
- Si me dejaras pescar, ya hace rato que tendríamos peces para una semana.
- Sí, lo que digas. Pero tú no vas a hacer ningún esfuerzo. - le respondió señalándola.
- Pues síguete congelando. - respondió Lena encogiéndose de hombros. - Yo estoy cómoda aquí.
Kara le contestó entrecerrando los ojos.
Volvió a prepararse para atacar al siguiente pez, pero las dos empezaron a oír los gritos de los dos niños. Se miraron asustadas entre ellas.
- Tú quédate aquí. - ordenó Kara pasando a la carrera por el lado de Lena.
Todavía se oían los gritos a través del bosque. En su vida se había movido tan rápido por el bosque. Entre los árboles distinguió a los dos niños tirados en el suelo. Levi encima de Lars. Se estaban peleando.
Kara agarró al pequeño a la carrera y lo separó de Lars.
- ¿Se puede saber qué estáis haciendo? - gritó todavía alterada.
- Lars es idiota. - respondió Levi cruzándose de brazos colgando de los brazos de Kara todavía.
- Tú eres el idiota, enano.
- ¡Suficiente! - los riñó. - ¿Qué ha pasado?
- Había un conejo atrapado en la trampa y se ha escapado por culpa de Levi.
- No, ha sido culpa tuya. Tía, decía que no quería matarlo. Ha intentado cogerlo en brazos y se le ha escapado.
- Lars… - respondió Kara girándose para mirarlo.
- ¿De verdad te lo estás creyendo, tía? Claro, es porque Levi es mejor que yo, ¿no? - dijo ofendido Lars levantándose. Empezó a caminar hacia el lago y pasó de largo a su madre que acababa de llegar con ellos.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Lena a Kara.
- ¡Y yo qué sé! - se quejó la rubia que todavía tenía a Levi entre sus manos.
Lena negó con la cabeza y se fue detrás de Lars. Se lo encontró golpeando un árbol a orillas del lago. Tenía que hablar seriamente con Kara sobre qué les estaba enseñando a sus hijos.
- Lars, detente. - le ordenó Lena cruzándose de brazos a su espalda.
- ¡No quiero! - repitió el chico. Con el último puñetazo, su mano empezó a sangrar.
- Detente ahora mismo, Lars. - dijo esta vez agarrándolo de los brazos. - Cálmate.
Lars entonces empezó a llorar y se lanzó a abrazarla.
- ¿Qué pasa, cariño? - le preguntó preocupada. - ¿Qué ha pasado?
- A Levi se le ha escapado el conejo y la tía le ha creído como siempre. Y no puedo más. _ decía entrecortadamente contra su cuello.
- ¿De qué no puedes más? _ respondió Lena acariciando la cabeza del chico.
- ¿Y si no soy un buen rey?
- ¿Por qué dices eso?
- No lo sé. Tengo miedo, mamá. Y la tía Kara no para de decir que Levi es mucho mejor que yo. Le hace mucho más caso que a mí. Quizá debería ser él el rey y no, yo.
- Tranquilo, cariño. _ lo consolaba Lena. _ Tu tía solo dice eso para motivarte. Y, Lars, no dudes sobre ti, cariño. Vas a ser un rey grandioso, el mejor que Thera haya tenido.
*/*/*/*
Kara estaba sentada en la entrada de la casa encargándose de las piezas que habían caído en las trampas. Levi estaba cerca de ella observándola atentamente con una mueca de asco. Lena se acercó hasta ellos. Mandó al pequeño al bosque a buscar leña y se sentó al lado de Kara.
- Tú y yo tenemos que hablar. - le informó Lena.
*/*/*/*
Kara prácticamente había rodeado la mitad del lago. Lena le había dicho que Lars se había ido por allí.
Efectivamente, se lo encontró arrodillado en la orilla limpiándose la sangre de las manos. Kara carraspeó para llamar su atención. Lars levantó la cabeza para mirarla. Después se incorporó y se fue ignorándola.
Kara corrió hasta él y lo agarró del brazo.
- Chaval, a mí nadie me da la espalda. - gruñó en su oído. - Tú y yo tenemos que hablar. - dijo tirando de él y sentándolo en un tronco de un árbol caído. Ella se sentó a su lado. - Tu madre me ha contado lo que habéis hablado.
- ¿Y qué? ¿Me vas a volver a decir que Levi es mucho mejor que yo? ¿Te vas a burlar de mí otra vez?
- No, Lars. No estoy aquí por eso. - suspiró Kara. - Quizá te he estado presionando demasiado. Lo hago porque quiero que seas mejor rey que el que fue tu padre. - se disculpó la rubia. Se quedó unos instantes pensando en cómo continuar. - No me mal entiendas. Levi es mejor que tú luchando, pero solo es mejor en eso. Y si te parece que solo insisto en la lucha, es porque es en lo que más yo os puedo aportar algo. Tú y tu madre sabéis hacer cosas que ni Levi ni yo nunca vamos a ser capaces. Tu hermano y tú sois diferentes al final. Siéntete orgulloso de lo que eres capaz, Lars. Además, créeme cuando te digo que la fuerza bruta no es una buena forma de gobernar.
- Pero tú sí sabes gobernar. - respondió con lágrimas al borde de caer.
- Y nadie confiaba en que lo pudiera hacer antes de que me fuera a Krypton. Si superas las veces que me dejaron al margen de cualquier decisión relacionada con el reino tanto cuando tu abuelo reinaba como cuando lo hacía tu padre… Parte del enfado que tenía con tu madre estaba relacionado con eso. Lars, la verdad es que he tardado más de treinta y seis años en aprender y me he equivocado muchísimo por el camino. Tú solo tienes trece años. Cuando te decimos que tengas paciencia, es por eso. Permíteme decirte que estoy convencida que vas a ser mejor gobernante de lo que yo voy a ser jamás. Levi seguramente siempre va a ser mejor luchando que tú, pero nunca va a ser tan inteligente como lo eres tú.
El chico se estrelló contra ella y empezó a llorar contra su cuello. Kara lo abrazó y lo consoló.
Lena los vio llegar a media mañana. Lars tenía mejor cara. Con algo de vergüenza, le pidió si tenía algo para curar las heridas en sus manos.
*/*/*/*
- Bien, chaval. Hoy toca día intenso. - dijo Kara nada más entrar al templo de Amate. - Hoy vamos a empezar a hablar de la guerra. Tu tío debe llevar un mes removiendo media Thera buscándonos.
- De acuerdo, ¿qué quieres que haga? - dijo Lars poniendo sus manos sobre las caderas.
- Escuchar, de momento. - empezó la rubia. - En un par de días, voy a salir del valle para empezar a reunirme con diferentes personas. Pasaré bastante tiempo fuera y tu deber es proteger a tus hermanos y a tu madre.
- Yo debería ir también. Soy el futuro rey. - razonó el chico.
- Lars, eres el único a parte de mí que puede cuidar mínimamente de tu madre y luchar. Levi es demasiado pequeño. Así que vas a escuchar las rutas que voy a tomar y las estrategias que voy a usar para negociar solo para saber qué está pasando. Y ya está. Pero antes, tengo que hablar contigo de una cosa seria. Tengo que proponerte algo que va a representar una decisión que marcará tu reinado.
- ¿Qué es, tía? - preguntó tenso.
- Sabes que estuve unos años viviendo en Daxam. Allí me hice amiga del entonces príncipe Mon-El, el actual rey. Tengo a medio pactar una alianza con ellos, pero no depende solo de mí esa decisión. Tú deberás respetar esa alianza.
- ¿Quieres que decida si quiero una alianza con Daxam? - preguntó Lars confundido. - ¿No son unos esclavistas como Krypton?
- Ya, no. Con un poco de suerte, Mon-El va a cambiar eso. Lo que quiero es que escuches mis motivos para hacer esa alianza y sigas mis consejos.
- Entonces, ¿por qué me has dicho que es una propuesta? ¿Tengo oportunidad de negarme?
- Solo si consigues rebatir mis argumentos. - sonrió Kara divertida.
*/*/*/*
- ¿Qué le has hecho a Lars? - preguntó Lena cuando volvieron a la habitación después del paseo nocturno hasta el lago ya entrada la noche.
- ¿A qué te refieres? - preguntó Kara sin entender de qué le estaba hablando la otra.
- Está raro desde esta mañana.
Kara recordó la discusión que había tenido con el muchacho. Evidentemente, no había sido capaz de rebatir uno solo de sus argumentos y había acabado aceptando la alianza. Aunque él lo intentara ocultar, se sentía orgulloso e ilusionado por haber podido participar en algo relacionado con el gobierno del reino.
- ¿Recuerdas la alianza con Daxam? Pues he estado hablando con él del tema. Al final, en pocos años será su responsabilidad.
- ¿Cómo se lo ha tomado? - preguntó Lena con curiosidad.
- Mejor de lo que esperaba. El muchacho ya empieza a tener algo de consciencia. La charla con él del otro día le ha ido bien. - respondió Kara tumbándose en la cama y colocando sus manos detrás de la cabeza relajada. - ¿Qué? - preguntó a Lena que estaba sentada a su lado mirándola con media sonrisa.
- Nada. - respondió.
La morena se inclinó hasta la rubia y la besó. Kara, sorprendida, correspondió el beso cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando. Colocó su mano por detrás del cuello de Lena e intentó profundizar el beso. Acarició los labios de la morena pidiéndole permiso para entrar en su boca, pero la otra se separó.
- Te quiero, Kara. - le dijo Lena.
No esperaba una respuesta. Dio media vuelta y se tumbó a su lado. Cerró los ojos y se dispuso a dormir.
*/*/*/*
- Mamá, ¿ayer discutiste con la tía? - le preguntó susurrando Lars con curiosidad cuando acabaron de comer al mediodía. Vigiló que Kara estuviera lejos para no oírlos.
- No, ¿por qué?
- Porque parece que no haya dormido nada en toda la noche. - explicó el mayor de sus hijos.
Lena se puso a reír a carcajadas.
- ¿Qué le has hecho a la tía, mamá? - preguntó asustado Levi.
- Nada, tranquilos. ¿Por qué no estrenamos el baño ahora que ya está arreglado? - les propuso Lena ilusionada. Habían conseguido arreglar los baños de la casa. Hacía tanto tiempo que no había pisado unas termas y había tenido que aguantarse con los baños kryptonianos. Se moría de ganas de estrenarlo.
- ¡Vale! - gritaron alegres los niños.
- Pero después de entrenar que nos vamos a ensuciar esta tarde. - añadió Lars.
- Está bien. Miraré que esté listo para cuando acabéis de entrenar. - asintió Lena.
- No hagas esfuerzos, mamá.
- No te preocupes y vete a preparar para entrenar antes de que vuelva vuestra tía quejándose de que llegáis tarde.
*/*/*/*
Lena había conseguido encajar perfectamente los tiempos. Para cuando llegaron los tres de entrenar, el baño acababa de estar listo para usar, lleno de agua humeante. Los chicos dejaron la ropa en la misma puerta del baño y entraron corriendo a la habitación. Como nunca habían estado en unas termas, les hacía ilusión estar en algo parecido a ello.
- ¿Vas a venir o no? - le preguntó Lena a la rubia que se había quedado parada en mitad del comedor mirando con miedo la puerta por donde habían desaparecido los niños. - Vamos, Kara. No es para tanto.
- Mira, acepté estar desnuda delante de mujeres desconocidas porque, al final, tenemos lo mismo. Pero no me lo compares con estar desnuda delante de tus hijos.
- Son niños. Kara, ¿de verdad ahora, después de tenerte que arrancar a las putas de encima, te vas a poner así?
- No es lo mismo. - respondió roja como un tomate cruzándose de brazos.
- Tú te lo pierdes. - sonrió Lena mientras se desnudaba delante de ella.
Kara no despegaba los ojos de ella y de su cuerpo. Estaba jugando con ella y estaba disfrutando cada segundo.
Cuando toda su ropa estuvo en el suelo, dio media vuelta y entró en el baño encontrándose a los niños salpicándose agua entre ellos.
- Chicos, comportaos. Los baños son sitios donde uno va a relajarse. ¿O tengo que pedirle a vuestra tía que suba el nivel de los entrenamientos? - los amenazó.
- No, mamá, por favor, ya nos cálmanos. - suplicó Lars agarrando a su hermano y forzando a que se sentara en uno de los lados del cuadrado. Ella se dispuso a entrar con ellos, pero veía que le iba a ser complicado en su estado.
Notó una mano que le agarraba el brazo. Miró a su lado y se encontró con Kara desnuda junto a ella completamente roja de la vergüenza.
- Deja que te ayude. - se ofreció.
Lena asintió y esta vez, con la ayuda de la rubia, no tuvo problemas para entrar. Se sentó en el lado opuesto a sus hijos y Kara, a su lado, con el agua cubriéndoles hasta la altura de los hombros.
- Jolín, tía. Sí que tienes cicatrices. - dijo Levi fascinado. - ¿Son todas de peleas?
- No. - murmuró Kara a media voz.
- ¿Alguna te la ha hecho mamá? - preguntó Lars divertido.
- Sí, alguna. - volvió a murmurar.
Los tres tenían que hacer un esfuerzo para poder oír lo que decía.
- ¿Qué le pasa, mamá? - preguntó Levi confundido por la actitud de Kara.
- Nada, hijo. Que los kryptonianos se toman muy en serio llevar ropa puesta. - se burló Lena.
Los tres con sangre Luthor empezaron a reír a carcajadas.
- Yo no le veo la gracia. - contestó Kara cruzándose de brazos.
- Vamos, tía. Tampoco es para tanto. - insistió Levi nadando hacía ella.
- No. - lo paró la rubia con el pie a medio camino. - Tú, en tu sitio y yo, en el mío.
- Haz caso, Levi. - la acompañó Lena. - Si no, tu tía es capaz de salir corriendo.
- Vale… - aceptó el pequeño.
El niño nadó triste de vuelta a su sitio. Se relajaron unos instantes en silencio. Kara hasta pudo notar como le empezaba a bajar la sangre del rostro hasta que Lars volvió a hablar.
- ¿Y qué cicatrices te hizo mamá?
*/*/*/*
Habían acabado de cenar y los niños ya habían subido para arriba a dormir. Ellas dos se habían quedado un rato hablando a solas en el comedor tranquilamente y, después, habían vuelto a su habitación. Esa noche, Lena había preferido no ir al lago.
- Tampoco ha sido para tanto al final el baño. - dijo Lena entrando delante de Kara que cerraba la puerta detrás de ella.
- Eso es porque no te han preguntado por todas tus cicatrices ni se han burlado porque una kryptoniana tenga tatuajes theranos. - se quejó la rubia volviendo a recuperar el rojo en sus mejillas.
- A mí, me gustan esos tatuajes. - sonrió Lena. Kara hizo una mueca tomándose lo que le había dicho como otra burla. - Lo digo enserio, Kara. Además, creo que son dioses que encajan perfectamente contigo. - afirmó colocando su mano sobre la camisa de Kara en el lugar donde debía estar el tatuaje en su pecho, el dedicado a la diosa del mar. Kara colocó su mano encima de la de Lena.
- Bueno, ya que tenía que hacérmelos, por lo menos que valieran la pena. - suspiró Kara y entrelazó sus dedos con los de la otra. - Mañana me voy a ir ya. Voy a empezar a reagrupar las tropas.
Lena asintió.
- Como me gustaría que esto no se acabara nunca y nos pudiéramos quedar así para siempre. - le dijo Lena mientras la abrazaba.
- A mí, también. - suspiró Kara rodeándola con sus brazos.
Se quedaron unos instantes en silencio sin cambiar de posición disfrutando estando envueltas en el calor de la otra.
- Kara… - suspiró Lena. Se separó lo suficiente de ella para poder mirarla de frente. Luego se acercó a ella y la besó.
La rubia correspondió al beso y volvió a llevar su mano detrás de la cabeza de Lena. Pidió permiso como la noche anterior para poder entrar en la boca de la otra y, esta vez, la morena accedió dejándole el paso libre. Después de meses volvía a disfrutar del sabor de la morena, aunque en realidad lo sentía como si hiciera años que de verdad no volvía a estar allí.
Lo que empezó como un beso suave, rápidamente escaló a un beso desesperado. Kara volvió a notar los pinchazos en su pecho. Pero no eran unos pinchazos desagradables. Los sentía como una caricia, como algo que estaba devolviendo la vida a su interior vacío.
Lena las guio hasta los pies de la cama hasta que las piernas de Kara chocaron contra el mueble y la rubia cayó sentada encima.
Las dos respiraban con dificultad. La rubia tenía las manos sobre su cintura y la acercó hasta ella mirándola desde abajo.
- ¿Estás segura? - le preguntó Kara.
Lena solo asintió.
- Pero esta vez tenemos que vigilar con el ruido. No quiero traumatizar a los niños también.
Las dos empezaron a reír a carcajadas.
*/*/*/*
Kara volvió cuatro días más tarde. No parecía muy animada.
Se sentó junto a Lena y Lars, mientras mandaron a Levi a comprobar las trampas.
- Se niegan a darme apoyo. Creen que la guerra es culpa mía y prefieren tener a Lex en el trono antes que a mí o a Lars. - explicaba Kara.
- ¿Y ahora qué? - preguntó Lars preocupado.
- Era algo que se podía ver venir. Solo son un regimiento. Con un poco de suerte, es algo puntual y el resto acepta. Por otra parte, he logrado encontrar el modo de ponerme en contacto con Mon-El, así que por lo menos vamos a poder contar con su ejército.
- La de vueltas que da la vida. - suspiró Lena pensativa recordando la época en la que sus padres no paraban de insistir en que se casar con él.
Kara asintió entendiéndola.
- Mañana me volveré a ir. Estaré algo más de tiempo fuera porque pasaré por diferentes sitios. Calculo que estaré algo más de una semana fuera. - explicó algo mustia.
- ¿Cómo está el reino, Kara? - preguntó preocupada Lena.
- De momento, hay un poco de caos. Lex no tiene un ejército tan grande como para cubrir todo el territorio y ahora mismo está concentrado en encontrar a Lars y Levi.
*/*/*/*
Era de noche y las dos volvían a estar a solas en su habitación.
- ¿Escucharon algo? - preguntó Kara divertida.
Había abrazado a Lena por detrás y estaba acariciando su vientre mientras dejaba besos en su cuello.
- No han dicho nada. - rio Lena.
- Bien.
Kara se separó un poco de ella y se inclinó hasta besarla suavemente.
- ¿Me has echado de menos? - preguntó a Lena.
- Muchísimo. - sonrió la morena mientras se giraba entre sus brazos para continuar con el beso.
*/*/*/*
Pasó casi un mes con Kara yendo y viniendo.
Lena estaba a pocas semanas de dar a luz. Lars y Levi prácticamente vivían pegados a ella cuidándola mientras la rubia estaba fuera.
Se le habían acabado los paseos nocturnas con ella. Otro motivo más para echarla de menos.
Las noticias con las que llegaba Kara eran siempre las mismas. Los regimientos más cercanos al norte no querían meterse en una guerra contra Lex y a favor de Kara. Pero esa última vez, la rubia había vuelto con algunas buenas noticias. Alex sí que había logrado concentrar las tropas del extremo sur de Thera y le pedía a Kara que se uniera a ella.
Kara no quería abandonarlos. Menos cuando el bebé estaba a punto de nacer. Pero Lars y Lena le aseguraron que ellos estarían bien y que era más necesario que Kara estuviera con el ejército que con ellos escondida.
Así que, a su pesar, los dejó y viajó hasta el sur de incógnito para unirse a Alex.
