Capítulo 5
Una semana después
Hotch paró el coche frente a la bonita casa unifamiliar. Le pidió a García que le buscara la dirección. Cogió el ramo de flores y la caja de bombones y se aproximó a la puerta.
Una chica rubia de pelo largo de aproximadamente dieciséis años le abrió la puerta. Lo miró de arriba abajo con el ceño fruncido. Hotch podría decir fácilmente que era hija de su madre.
-Hola…-no recordaba exactamente el nombre de la chica-. Trabajo con tu madre, y vengo a ver cómo está.
-¿Fuiste uno de los agentes que la rescató? -Hotch asintió, y sin saber muy bien cómo, de repente la chica lo estaba abrazando-. Gracias por traerla de nuevo a casa.
-Por supuesto. ¿Puedo verla?
-Claro. Está en el salón con mi hermana.
Nora le indicó por dónde debía ir. Al entrar, Hotch vio a Erin recostada en el sofá, tapada con una manta mientras a su lado su hija pequeña le leía un libro. Le sonrió fugazmente cuando lo vio.
-Olivia, vamos a dejar que mamá y su amigo hablen tranquilamente. Vamos a ver si Jasper nos deja jugar con su nuevo videojuego.
-Está bien. Luego seguimos leyendo mamá -Olivia besó a su madre en la mejilla antes de levantarse y dirigirse con su hermana hacia las escaleras.
Erin se sentó en el sofá, dejando espacio para que Hotch se sentara a su lado. Lo hizo a una distancia prudencial, pero aún así, lo suficientemente cerca de ella. Hotch dejó las flores y los bombones encima de la mesa, y se fijó en el libro que le leía su hija: "El Mago de Oz" su libro favorito de niña (no estaba muy seguro de cómo sabía eso, simplemente lo sabía).
-Espero que te gusten las flores. Y los bombones. No estaba seguro si podrías comerlos…
-Me encantan, Aaron, gracias. Y no te preocupes, si no me como yo los bombones, mi hijo se encargará de eso -ella sonrió.
Hotch la miró a los ojos. Estaba pálida, con unas profundas ojeras marcadas debajo de los ojos y aunque ya había pasado una semana, todavía tenía marcas moradas alrededor del cuello. Llevaba un jersey amplio, con la manga lo bastante larga como para ocultar los vendajes de sus muñecas.
Hotch recordó cómo en el hospital sufrió un ataque de pánico, y sólo él pudo calmarla antes de que le dieran un calmante suave. Habló con su médico y respetando su privacidad, le contó todo lo que había pasado. A parte de los cortes y las magulladuras, estaba deshidratada, tenía hipotermia y una conmoción cerebral por el golpe contra la pared. Sintió ganas de vomitar, y sino fuera por que ya estaba muerto, él mismo hubiera matado a Kerrintong.
-¿Cómo estás Erin?
-Bien, gracias -no le pasó desapercibido que respondió mirando al suelo, sin hacer contacto visual con él.
-No, Erin. ¡Cómo estás de verdad! -preguntó enérgicamente.
Ella se encogió, y agarró fuertemente los puños del jersey. A Hotch se le encogió el corazón al verla tan vulnerable.
-Yo…no puedo dormir. Cada vez que cierro los ojos vuelvo a estar allí, y si duermo algo me despierto con pesadillas, tengo miedo a quedarme a oscuras y…-empezó a hiperventilar mientras sollozaba.
Hotch se acercó despacio un poco más a ella, y le tocó con cuidado el brazo. No quería asustarla, pero también sabía que tenía cortes en los brazos que tardarían en curar y no quería hacerle daño.
-Está bien, Erin, sólo respira despacio ¿de acuerdo? -sintió cómo ella se tranquilizaba poco a poco. Lo miró a los ojos con la mirada más triste que Hotch nunca le había visto.
-¿Crees que algún día estaré bien? -susurró mientras pequeñas lágrimas brotaban de sus ojos azules.
No quería mentirle. Había visto a muchas víctimas supervivientes, y algunas lo superaban, otras quedaban bastante traumatizadas, pero lo que sí estaba seguro es que ninguna volvía a ser la de antes.
-Intenta pasar día a día, ir paso a paso es lo mejor. Si estás entretenida no pensarás tanto. Y por lo que veo, tus hijas no dejan que te aburras ¿eh? -él sonrió un poco.
-Si, es cierto. Me cuidan muy bien -susurró sonriendo fugazmente.
El silencio se instaló entre ellos, pero era un silencio cómodo. Hotch pensaba en que realmente no creía que ella volviera a ser la misma, pero no le diría eso, aunque con el tiempo se recuperaría, y Erin pensaba prácticamente lo mismo.
-¿Has buscado ya un terapeuta?
-Si, mañana tengo la primera sesión.
-Si necesitas algo, Erin, no dudes en pedírmelo ¿de acuerdo? Estoy aquí para lo que necesites.
Le cogió la mano, pasó su pulgar por el dorso de su mano y notó como ella se relajaba ante su toque.
-¿Puedo hacerte una pregunta, Aaron?
-Por supuesto.
-¿Crees…crees que he sido una mala persona? ¿Que me merecía lo que me ha pasado? -de sus ojos volvieron a brotar lágrimas. Hotch soltó su mano y le limpió las mejillas con suavidad.
-No Erin, ni has sido una mala persona ni te lo merecías. Puede que algunas veces no hayamos estado de acuerdo, pero eso no significa que alguien tenga derecho a hacerte daño. Olvida lo que sea que te dijera Kerrintong, porque no es cierto ¿de acuerdo?
Erin sólo asintió, y sin pensarlo, Hotch la besó con ternura en la frente. Ella se acercó a él, y la abrazó. Hotch sabía que tenía un gran camino por delante, pero estaba seguro que tarde o temprano, Erin se recuperaría.
Fin
