Kara estaba apoyada contra la barandilla del barco disfrutando de la brisa del mar. Estaba amarrado en el puerto más sureño de Thera. No hacía tanto frío allí como lo hacía en el lago, pero igualmente echaba de menos estar con Lena y los niños.
- ¿Todo bien por aquí? - se acercó Alex por detrás y se colocó a su lado con media sonrisa.
- Sí, solo estaba pensando. - asintió Kara.
- ¿En ellos?
- Sí. - suspiró. - ¿Tú no tendrías que estar en una reunión?
- Han aceptado que comandes los ejércitos, Kara. A partir de ahora, tú mandas. - le anunció.
Kara sonrió aliviada.
- Bien. Tenemos un Luthor al que cazar. Es como en los viejos tiempos.
- Tiempos muy viejos, Kara. - rio Alex.
*/*/*/*
Tres victorias seguidas y habían conseguido expulsar a Lex totalmente de las provincias más sureñas de Thera. También eran las provincias donde tenía una presencia más débil. Quedaban bajo su poder todavía la mitad del reino, incluida la capital. Pero por lo menos tenían algo con lo que empezar.
Habían convertido la base militar más grande de la zona en su centro de operaciones. Estaba pegada al mar. Estaban allí mientras planeaban los siguientes ataques que les permitirían aislar la capital para recuperarla.
El solsticio de invierno había pasado hacía una semana. No había sido una gran fiesta. No era el momento para ello. Además, la rubia no tenía cerca a las personas con las que de verdad quería celebrarlo.
Kara estaba tumbada en una hamaca tomando el Sol invernal relajada cuando llegó Alex con una sonrisa y un trozo de papel en la mano.
- Sorpréndeme. Lex se rinde y nos devuelve Thera. - rio Kara.
- No exactamente. Es un mensaje de Lena. El bebé ha nacido. Dice que es una niña y se llama Lisha. Dice que están todos muy bien. - le contó Alex feliz.
- ¿De verdad? - preguntó Kara dando un bote y poniéndose de pie.
Se acercó hasta Alex que le entregó la nota. Leyó las buenas noticias. Kara sonrió como hacía tiempo que no lo hacía. La invadió la tranquilidad de saber que todo había ido bien y a la vez estaba repleta de euforia. Miró a su hermana que la observaba atenta.
- ¿Quieres celebrarlo con algo de vino? - le propuso su hermana.
- No, gracias. No voy a probar una gota hasta que acabe todo esto. Dioses, Alex. No me lo puedo creer. - empezó a reír Kara. - Me muero de ganas de verla.
- Me lo imagino. ¿Dónde vas? - le preguntó Alex al ver que Kara salía corriendo de pronto.
- Necesito quemar energía. Voy a entrenar un rato. - gritó Kara mientras se alejaba.
*/*/*/*
Kara paseaba por la playa feliz. Ya hacía rato que había acabado de entrenar. No quedaba nadie en todo el lugar que pudiera seguirle el ritmo. Se sentía francamente excitada. Solo podía pensar en volver al lago con ellos y conocer a la pequeña que tantas veces había sentido dar patadas en el interior de Lena.
Al final, la morena tenía razón. Había tenido una niña. ¿Estarían contentos Lars y Levi? ¿El pequeño pasaría todo el día entrenando para poder cuidar de su hermana? ¿Y Lars? ¿Estaría aguantando todas esas horas con Levi sin quejarse o lo habría abandonado a su suerte?
Kara se sentó en la arena y empezó a jugar con ella mientras se los imaginaba a los cuatros en el lago pasando el tiempo juntos. ¿Cómo habrían celebrado el solsticio? ¿La niña habría nacido antes, durante o después?
La rubia tomó un gran sopló de aire marino e intentó relajar su interior que quemaba de la alegría contenida.
*/*/*/*
Kara no sabía cómo esa mujer había acabado allí. Ese día se les había unido un nuevo regimiento. Tenía a Vázquez delante de ella ofreciéndole entrenar.
No la había vuelto a ver desde el escondite de los Luthor y se acababa de enterar que era coronel del ejército real.
- Te aviso que no te lo voy a poner tan fácil como la última vez. - reía Kara mientras se dirigían al campo de entrenamiento.
- Conozco tus tácticas ya. - decía segura la otra mujer. - No me vas a pillar por sorpresa como al resto de desgraciados de este lugar. Parece que tienen miedo de entrenar contigo.
- Últimamente me lo estoy tomando en serio. - respondió Kara encogiendo los hombros.
La verdad es que después de la primera semana, no había una sola alma en toda la base que estuviera dispuesta a entrenar con ella. Empezaba a apreciar el esfuerzo que hacían Lars y Levi aguantándola cada día.
Entraron al recinto de entrenamiento y fueron a la plaza reservada para las luchas cuerpo a cuerpo. Estaba bastante llena. Se pusieron en una esquina las dos solas.
- Bien, veamos si eso es cierto. - respondió Vázquez tomando posición.
Kara, en frente de ella, también tomo su posición. Y empezaron a pelear.
Al cabo de un par de horas, acabaron las dos tiradas en el suelo satisfechas.
- ¡Por fin alguien que me sigue el ritmo! - exclamó la rubia feliz y agotada.
*/*/*/*
Estaban en el barco de camino al último puerto cercano a la capital que quedaba fuera de su poder. Era el último punto que les quedaba para tener la capital rodeada y a su merced. Por lo que sabían, Lex ya la había dado por perdida y la había abandonado dejando pocas tropas atrás.
Esa batalla en concreto fue corta. Fue tan corta que nunca sucedió. El puerto estaba protegido solo con un par de cañones situados en las murallas de un castillo al lado del mar. Cuando vieron al ejército de Kara, solo los usaron para lanzar tres disparos en señal de rendición.
Mientras el ejército desembarcaba, Alex y Kara amarraron su nave a unos islotes cerca de la costa alertas por si Lex decidía atacarles desde el mar.
Las dos hermanas charlaban tranquilamente cuando llegó un bote con un soldado cargando con un papel que entregó a Alex. Era noticias urgentes. Él se retiró rápidamente dejando a las dos hermanas solas.
Alex leyó el papel quedándose completamente seria.
- Dime que esta vez sí que es Lex rindiéndose. - bromeó Kara.
Pero su hermana no siguió la broma. Estaba completamente seria mirando el papel en sus manos. Casi parecía que se había puesto pálida.
- Kara, baja del barco ahora mismo. - le dijo cuando levantó la mirada.
- ¿Qué dices, Alex? ¿Cómo quieres que baje del barco ahora? - le preguntó confundida la rubia sin entender lo que estaba pasando.
- Baja al maldito islote ahora mismo, Kara. - le ordenó, casi gritó, su hermana otra vez.
- ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? - le respondió Kara cruzándose de brazos.
- ¡Ve! - acabó gritando Alex.
- Está bien. -aceptó levantando los brazos en señal de rendición.
Kara contrariada bajó por unas escaleras hasta un bote que la llevó a ella y a Alex al islote que no era más que unas cuantas rocas con cuatro árboles mal repartidos. Alex estaba seria leyendo una vez y otra el papel. La rubia había intentado adivinar de qué se trataba la noticia, pero Alex no le decía nada.
La primera en bajar del bote fue la mayor. Se adentró en la isla dejando atrás a Kara que estaba empezando a perder la paciencia. La siguió. Justo cuando fue a reprocharle a Alex su actitud, esta se giró para encararla.
- Kara, Lex ha enviado una noticia a todo el reino. Dice que encontró a Lena y a sus hijos escondidos entre las montañas que separan el norte y el sur del reino. Los ha ejecutado por traidores y, como último Luthor, defiende que el trono solo le pertenece a él.
Kara sintió como si golpearan con fuerza su pecho. No estaba entrando aire en sus pulmones y se le empezaba a hacer un nudo en la garganta.
- No, Alex. Esta broma no tiene gracia. - dijo entrecortadamente.
- Toma. Léelo tú misma. - dijo Alex dándole la nota.
Kara se apartó como si le estuviera ofreciendo un hierro al rojo vivo.
- No, Alex. No es verdad. Lex miente. No puede haberlos matado.
- Te dejaremos sola para que asimiles la noticia. - dijo colocando una mano sobre su hombro.
Alex pasó a su lado y se fue.
Kara notaba como sus rodillas se doblan bajo su peso. No tenía fuerzas para sostenerse. Fue tambaleándose hasta agarrarse al árbol más cercano. Vomitó todo lo que tenía en el estómago.
Casi no podía respirar. Golpeó con fuerza el árbol al que se estaba agarrando y gritó. Gritó hasta que le empezó a doler el cuello. Las lágrimas cayeron de sus ojos.
No podía ser cierto. No podían estar muertos. Lars y Levi no podían estar muertos. Lena no podía estar muerta. Después de todo por lo que habían pasado, no podía estar muerta. Lex no podría haber matado a su hermana. Kara iba a volver a verla. Iba a volver a verla como cuando volvió de Krypton. Todo iba a estar bien. No podían haberlos matado.
Golpeó de nuevo el árbol. Iba a matar a Lex. Iba a matarlo con sus propias manos y se iba a asegurar que pagaba por lo que había hecho. Volvió a golpear el árbol una y otra vez hasta que este cayó al suelo. Luego siguió con el siguiente y cuando ese también cayó, continuó con otro hasta que no quedó un solo árbol en pie en el maldito islote.
*/*/*/*
El día en el que tuvieron que tomar la capital llegó. Kara bajó la primera delante de las tropas. Se decía que había arrasado con todo lo que se encontró por delante fuera lo que fuera, fuera quién fuera.
Lo cierto es que Alex tuvo que separarla del cadáver de uno de los generales de Lex al cual había estado torturando durante horas en las mazmorras de la fortaleza.
- Kara, por favor, tienes que calmarte.
- ¡No! Me calmaré el día que tenga la cabeza de Lex en mis manos. - gruñó mientras salía corriendo.
*/*/*/*
Se instalaron en la capital, en el antiguo palacio real, en el que hacía años había vivido Lena. La fortaleza había sido arrasada por Lex. No era más que un montón de ruinas encima de una pequeña isla.
Kara se paseaba de arriba abajo con la mirada perdida todos los días. Si la querías encontrar, solía estar en la fuente detrás de los jardines o en la antigua habitación de Lena.
Estaban a mitades de invierno y cada vez tenían más arrinconado el ejército de Lex donde era más fuerte, en el norte. La rubia solo hablaba de ir a por él y matarlo cuando no estaba murmurando el nombre de "Lena" con la mirada perdida. Alex se pasó todo el invierno intentando que no mandara a los soldados a una muerte segura solo para vengar a la morena. Cada vez, Kara la miraba con rabia y se iba para estar sola.
Esa vez llegó al límite. Se había prometido no probar una gota de alcohol hasta que acabara la guerra, pero necesitaba adormecer su mente. Recorrió las calles de la ciudad en la oscuridad. Daba pena. Había quedado todo destrozado por el paso de Lex. Había edificios caídos, edificios quemados, monumentos destrozados. A Kara se le caía el alma a los pies a la vez que ardía de rabia.
Llegó hasta Kandor que, afortunadamente, seguía en pie y abierta, aunque también había sufrido desperfectos. Dentro estaba vacío. Era la primera vez que lo veía así. Ni tan solo había nadie encima del escenario.
Kara se sentó en la mesa más arrinconada. Barry, apareciendo de la parte de atrás del local, se acercó a ella con un par de jarras de cerveza y se sentó a su lado.
- ¿Cómo estás? - le preguntó preocupado.
Menuda cara debía llevar si eso era la primera cosa que le decía el moreno.
- No quiero hablar de ello. Solo quiero beber. - dijo dando el primer largo trago.
- Kara, no me voy a quejar por tener un cliente en estos tiempos. Pero sea lo que sea lo que haya pasado, esta no es la mejor solución.
- ¡No hay una mierda de solución, Barry! - le gritó. - Déjame en paz. Solo te quiero cerca para llenarme la jarra.
- Solo me preocupaba por una amiga. - le respondió el hombre.
- Solo eres un camarero de una taberna de mala muerte. Cumple con tu trabajo.
Barry enfadado se alejó de ella.
Kara lo ignoró y se bebió lo que quedaba de su jarra de un trago. Cogió la que el otro había dejado abandonada y también se la bebió.
Dicho y hecho, él solo se acercó para irle rellenando la jarra una y otra vez.
Por fin, logró que su mente se volviera a nublar. Por primera vez en semanas, podía notar como flotaba. Su mente viajó a los momentos que compartió con ellos tres. Cada vez que el efecto del alcohol se iba, bebía más y más. Cuánto más pudiera hundirse en esos recuerdos, mejor.
Llegó un momento en el que, tan metida estaba en ese estado, que todo le empezó a dar vueltas. Ya no era capaz de ver nada más allá de su jarra. Empezó a estar terriblemente mareada y su mente no era capaz de juntar dos pensamientos. Tuvo que dejar caer todo su peso sobre la mesa para no caer al suelo. Sabía qué le estaba pasando, pero eso no la iba a hacer parar de beber. Mejor si era así.
Entre la neblina, de lejos, le pareció oír la voz de Barry y su hermana hablar.
Lo siguiente de lo que fue consciente fue de estar en los jardines del palacio vomitando todo lo que tenía en su estómago. Alex la tenía agarrada para que no cayera de bruces al suelo y le iba dando agua para que se hidratara, mientras le decía palabras que Kara no lograba descifrar.
Después de eso, recordaba llegar a su habitación con la ayuda de la otra y tumbarse en la cama abrazada a una jarra llena de agua. Esa noche logró quedarse dormida sin soltar una sola lágrima.
*/*/*/*
Acabó el invierno y Kara iba a peor cada día. Cuando entendió que no la iban a dejar ir a por Lex a las bravas, dejó de prestar atención a las reuniones. Solo estaba allí de cuerpo presente, pero tenía la mirada perdida en cualquier punto de la sala. No daba ninguna respuesta, aunque le preguntaran directamente.
Alex estaba preocupada por ella. La rubia lo notaba, pero no iba a hacer nada al respecto. Solo podía pensar en Lena y los niños y en las diferentes maneras con las que podría torturar a Lex.
Se sentó en el césped contra el árbol desde el que una vez había estado observando a los otros tres durante el solsticio de verano. Ya hacía un año desde que había vuelto allí y solo le había servido para sentir tanto dolor que pensaba que se iba a morir de tristeza y rabia.
Alex se paró a su lado.
- Kara, hemos vuelto a recuperar Midvale. Brainy y Nia están bien y a salvo. - le anunció.
- No como Lena. - respondió Kara sin mirarla.
Kara observaba las palomas que bebían de la fuente. Esos malditos animales habían vuelto a la capital.
Un momento, esos animales habían vuelto a la ciudad.
- Hay una paloma, Alex. - dijo Kara de pronto incorporándose alerta.
- Sí, Kara. Al final, voy a tener que poner a dieta otra vez a Etón.
- No, Alex. Hay una paloma. - dijo mirándola y señalando al pájaro en cuestión.
- ¿Has perdido totalmente ya la cabeza? - le preguntó con el ceño fruncido.
De pronto, la rubia salió corriendo detrás de uno de los pájaros. Lo persiguió por todas partes. Acabó metiéndose en la fuente y arrastrándose por la hierba. Finalmente lo agarró y fue corriendo hasta Alex.
- ¡Es una paloma, Alex! - gritó feliz mostrándosela.
Kara se fue corriendo hacia el interior del edificio. Alex fue detrás de ella persiguiéndola por todo el palacio hasta que llegaron a su despacho.
- Cierra la puerta. Asegúrate que todas las ventas estén cerradas. Que no se escape. - le ordenó la rubia mientras se sentaba y dejaba el animal con cuidado sobre la mesa. Lo empezó a examinar.
- ¿Me puedes contar qué diablos te pasa? - le preguntó Alex cruzándose de brazos.
- Creo que nunca te conté como Lena consiguió meter a los Luthor en la fortaleza. - dijo Kara mientras toqueteaba la pata de la paloma.
- No. ¿Qué tiene eso que ver con este pobre animal?
- Lena y Lex se comunicaban con las palomas que llevaban anillas como esta. - respondió la rubia enseñándole el metal en la palma de su mano. Era una anilla parecida a la que años atrás Kara había visto usar a Lena.
- No lo entiendo. - contestó Alex arrugando el ceño y dejando caer su peso contra el armario del despacho.
Kara se levantó soltando el animal que fue a volar a la esquina más alejada de la habitación.
- Apártate. - la empujó Kara, mientras empezaba a remover cajones. - ¿Dónde está la tinta? Necesito un papel.
Alex abrió la puerta superior del armario y sacó lo que estaba buscando la rubia. Se lo ofreció.
- Gracias. - le dijo Kara, mientras cogía el material y se sentaba de nuevo. - Este método de comunicación solo lo usan ellos dos y Lena es la única que sabe que yo sé descifrarlo.
- No sé dónde quieres llegar.
A Kara le temblaban las manos de los nervios. Puso tinta en la anilla como vio a Lena hacerlo. Acabó más manchada ella que el metal.
- ¿Por qué iban Lex y Lena a mandarse mensajes, Alex? ¿No se supone que Lena está muerta? - le preguntó concentrada en su tarea.
- ¿Crees que es Lena comunicándose contigo?
Kara cogió el papel y rodó el metal encima. Luego sonrió sintiendo como por primera vez en meses el aire entraba en sus pulmones. Suspiró y se dejó caer contra la silla.
- Sí. Mira lo que pone: "Sonokym". Están vivos, Alex. Están vivos y en Sonokym. - dijo ofreciéndole el papel manchado.
Alex lo agarró y lo leyó.
- Kara, esto podría ser una trampa. Podría ser un mensaje de Lex para capturarte.
- Él no sabe que yo sé hacer esto. - prometió Kara.
- ¿Estás segura de ello? Es una jugada muy arriesgada por parte de Lena. Podría haber sido Lex quien lo encontrara. - dudó la mayor.
- Alex, es un mensaje de Lena. Voy a ir a Sonokym. Y si es una trampa de Lex, por lo menos voy a poder vengarlos.
*/*/*/*
Kara y Alex con Etón sobre el hombro cogieron un barco pequeño. Ellas solas lo podían tripular y se lanzaron al mar.
Alex seguía insistiendo en que aquello era una locura y que las iban a matar.
La rubia solo pensaba en ir hasta Sonokym a solas para que nadie descubriera que Lena estaba viva y que siguieran a salvo. Estaba convencida de que había sido la morena quién había enviado el mensaje. Tenía que serlo.
*/*/*/*
La isla apareció ante sus ojos durante el atardecer.
Poco a poco se fueron acercando hasta ella.
Para cuando ya fue de noche, estaban tan cerca que se podía distinguir bajo la luz de la luna llena la figura de una mujer morena con un bebé en brazos y dos chicos morenos a cada lado al final del muelle.
Alex tuvo que agarrar a Kara para que no saltara del barco para llegar antes a la costa. La rubia no era capaz de separar los ojos de lo que estaba viendo. Quedaban veinte metros para llegar y ya podía empezar a distinguir el rostro de Lena, Lars y Levi.
No aguantaba más.
Se acercaban demasiado lentas para su gusto. No estaba segura de llegar hasta el muelle si saltaba en ese momento, pero le dio igual. Saltó con el suficiente empuje para colocarse encima por los pelos. Estuvo a punto de perder el equilibrio y caer al agua, pero se estabilizó. Giró hacia las figuras que la esperaban. Corrió hacia ellos y Lars y Levi empezaron a correr hacia ella.
- ¡Tía! - gritaron los pequeños echándosele encima a medio camino. Kara los estrechó contra ella. No se podía creer que lo estuviera haciendo. Podía sentir lágrimas de alivio correr por sus mejillas.
- Pequeños, ¿cómo estáis? - dijo arrodillándose para quedar a la altura de Levi y alternando la miranda entre los dos.
- Bien, pero Lisha llora mucho. No nos deja dormir. - se quejó Levi cruzándose de brazos.
Kara se echó a reír a carcajadas. Levantó la mirada hasta Lena que se había empezado a acercar a paso calmado.
La rubia se levantó alzando a Levi con ella y, seguida de Lars, empezó andar hasta Lena.
Cuando estuvo frente a ella, la rodeó con el brazo que tenía libre. La morena la imitó quedando los dos niños atrapados entre ellas.
- Nos estáis aplastando. - dijo Levi pegado a su pecho. Las dos se separaron riéndose y Kara se acercó a ella hasta besarla. - ¡Qué asco!
Kara solo volvió a reír y dejó su frente apoyada en la de Lena mientras observaba esos ojos que pensaba que nunca más iba a volver a ver.
Levi se revolvió de su agarre y acabó bajando él solo. Ella aprovechó el espacio libre y agarró a la morena por la cintura para colocarse suavemente contra ella y el bebé que sujetaba.
- Has dejado a tu hermana tirada con el barco. - rio Lena.
- Me pensaba que habíais muerto. - susurró Kara.
Lena subió una mano hasta su mejilla y limpió sus lágrimas que habían continuado cayendo.
- Lo sé. Lo siento. Era difícil ponerse en contacto.
- No te preocupes. Lo importante es que los cuatro estáis a salvo. - dijo mirando en dirección a la bebé atrapada entre las dos. - Al final, es una niña.
- Te dije que estaba segura de ello.
- Lisha, Lisha Kal-El. Soy tu tía Kara. - la saludó Kara con una sonrisa. - No lo entiendo. ¿Qué ha pasado? - le preguntó Kara con los ojos brillantes.
- Luego te lo cuento. Ve a ayudar a tu hermana antes de que alguien acabe empapado. - le respondió Lena señalando el muelle.
Kara se giró y se encontró con Alex, Lars y Levi forcejeando con las cuerdas para conseguir amarrar el barco.
- Ahora vuelvo. - dijo girándose de nuevo hacia Lena y dejando un corto beso en sus labios.
Salió corriendo para ayudarles lo antes posible. Consiguieron amarrar el bote sin que nadie acabara en el mar.
Los seis subieron hasta la colina donde estaba la casa de verano de los Danvers. Llegaron hasta las verjas que delimitaban el terreno de la casa. Dentro, había montado un campamento de soldados Luthor.
Kara miró asustada a Lena.
- No te preocupes, amor. - le dijo agarrando su mano. - Seguidme.
Lena los llevó hasta la carpa más grande del campamento. Allí dentro estaba Lillian Luthor sentada en una silla bebiendo tranquilamente de una copa de vino.
- Vaya, veo que al final sí que has conseguido traer a tu tonta kryptoniana. - se quejó nada más verla.
- ¿Qué está pasando? - preguntó Kara alternando la mirada entre Lena y su madre.
- Que algo he hecho mal para criar a dos hijos tan idiotas. - bufó Lillian tomando otro sorbo de la copa.
Lars se cuadró al lado de Lena y su hermano pequeño lo imitó.
- Mamá no es idiota. - la defendió Levi.
- Por lo menos, una dio a luz a los príncipes de Thera. Era más de lo que esperaba de ella.
- Siempre tan amable, madre. - contestó Lena haciendo una mueca mientras acomodaba a la niña en su pecho. Kara y Alex seguían en shock mirándolas a las dos. - Mi madre nos salvó cuando Lex fue a por nosotros en el valle. Nos sacó de allí la noche antes de que él llegara. Como nos escapamos delante de sus narices y por culpa de nuestra madre, fingió que nos había matado.
- ¿Por qué los salvaste? - preguntó Alex desconfiada.
- Los Luthor nunca jamás deben atacar miembros de la familia sean quienes sean. - gruñó Lillian enfadada. - Además, Lex hace años que solo es un títere de Edge. Por lo menos, salvando a Lars, los Luthor conseguirán gobernar Thera de forma legítima. Es una pena que tenga sangre kryptoniana, pero supongo que es un sacrificio aceptable.
- Mamá, me cae muy mal la abuela. - dijo Levi intentado que fuera un susurro a Lena.
- Tranquilo, pequeño. No eres el único. - respondió Kara riendo. - Pero supongo que es un sacrificio aceptable tener que soportarla si os ha salvado la vida.
- Lo que hay que oír. - se quejó Lillian acabándose el vino. - ¿Queréis algo en particular o habéis venido a molestar?
- Ya nos vamos, madre. Buenas noches. - dijo Lena mientras empujaba al resto del grupo hacia la salida.
En la casa, la cena los estaba esperando. Comieron todos juntos alrededor de la misma mesa.
Por lo visto, Lars y Levi habían estado durmiendo en el piso de arriba, en la antigua habitación de Kara y Alex. A Lars le había gustado dormir al raso en el bosque y había acabado colocando su cama en la terraza para dormir bajo las estrellas como solía hacer Kara, mientras la cama de Levi estaba dentro de la sala. Lena había dormido en la antigua habitación de Eliza y Jeremiah. Hasta habían construido una pequeña cuna para Lisha que estaba colocada al lado de la cama de la morena.
Levi había estado practicando su capacidad de pescar durante ese tiempo, cosa que le costó un resfriado por meterse en el mar en pleno invierno. Lars se había dedicado a aprender todo lo que podía y empezó a diseñar con Lena una manera de pescar peces más rápido para poder competir contra Levi y Kara.
Kara reía a carcajadas. Sentía su pecho lleno mientras escuchaba sus historias. Acabó la cena con el brazo alrededor del hombro de Lena y la morena abrazada contra su costado.
Todos se fueron a dormir a sus habitaciones, menos Alex que prefirió dormir en el comedor antes que compartir la habitación con los niños o con Lena y Kara. Según ella, ya había oído suficiente en su vida de ellas dos. No quería tener que verlo.
Ya a solas, Lena se sentó en una silla en el pequeño balcón de su habitación para dar de comer a Lisha. Kara se sentó a sus pies y apoyó la cabeza sobre sus piernas mientras las miraba.
- ¿Qué pasa? - le preguntó Lena mirándola relajada.
- Te quiero.
Lena se quedó con la boca abierta sorprendida. Luego sonrió.
- Yo también te quiero, Kara. - dijo acariciando su mejilla.
Kara la abrazó rodeando sus piernas y empezó a llorar contra ella.
- No te puedes llevar a imaginar cómo me destrozó pensar que habíais muerto. Cuando llegó la noticia de vuestra muerte, casi muero yo. No lo podía soportar. No podía soportar la idea de no volver a veros nunca más.
- Ya ha pasado, amor. - respondió Lena acariciando su cabello.
Kara continuó un rato más en esa posición, desahogándose contra ella, mientras Lena la acariciaba.
Acabó de alimentar a Lisha. Lena las hizo levantarse a ambas y se encargó de que la pequeña eructara antes de meterla en su cuna. Kara las miraba hipnotizada como si estuviera viendo la cosa más maravillosa del mundo.
La morena, al final, dejó a la pequeña en la cama junto a un juguete y se acercó hasta Kara de nuevo, pero la pasó de largo y se acercó al balcón de nuevo.
- ¿Has visto algo que te guste? - sonrió Lena de espaldas a ella.
Desde su perspectiva, Kara veía la silueta de Lena rodeada por la luz blanca de la luna. Sobre el mar, la luna pintaba las olas de color plateado. Eran unas vistas espectaculares.
La morena notó como unas manos la agarraban de la cintura desde detrás y sentía un beso en su hombro. Se giró y rodeó el cuello de la rubia con sus brazos.
- Sí, mucho. - susurró Kara rodeando la cintura de la otra y la besó.
Lena profundizó el beso. Todavía tenía el corazón a mil después de que Kara le dijera que la quería por fin después de tantos años. Quería volverla a sentir junto a ella. Quería volver a disfrutar de su compañía. Colocó sus manos por debajo de la camisa de la rubia, pero ésta la detuvo de golpe.
- ¿Qué pasa? - preguntó Lena confundida.
- Está Lisha aquí. - susurró la rubia nerviosa.
- Es un bebé, Kara. - respondió Lena incrédula.
- ¿Y?
- Que no se va a enterar de nada y mucho menos va a recordarlo.
- Bueno, me sigue pareciendo incómodo.
- ¿En serio, Kara? - rio Lena.
- ¿Qué pasa? No quiero traumatizar a más gente. Alex parece afectada. - se defendió Kara.
- Tú y yo no vamos a traumatizar a Lisha, así que ya me estás llevando a la cama. - afirmó Lena colocando un dedo en el pecho de la rubia y empujándola hacia dentro.
*/*/*/*
Lena se despertó a media noche por los lloros de Lisha. Bufó agotada. Había olvidado lo agotador que era cuidar de un bebé.
- No sé qué hacer. - oyó la voz de Kara rogándole por ayuda.
Levantó la cabeza y se encontró a la rubia cubierta solo con su camisa sentada en el balcón con la pequeña en brazos con expresión de pánico.
Lena sonrió ante la imagen.
- Ven aquí. Veamos qué le pasa. - le dijo Lena ya incorporada.
Kara se acercó hasta la morena y le devolvió a la niña. Se sentó a su lado en la cama mientras Lena le empezaba a explicar todas las cosas que le podrían estar pasando. La Luthor notó en su cara el agobio que estaba pasando la rubia.
- Relájate, Kara. Solo es un bebé. - la tranquilizó Lena y acarició su muslo desnudo.
- No la habremos traumado, ¿no? - preguntó preocupada.
Lena se echó a reír mientras se encargaba de la pequeña. La volvió a dejar en su cuna y volvió con Kara.
- Se nota que tienes más experiencia. - se quejó Kara.
- Es el tercer hijo que tengo, Kara. Algo he aprendido. - razonó Lena.
- Si no te hubieras casado con Kal, ¿habrías querido tenerlos? - preguntó la rubia observándola atentamente.
- ¿Me estás preguntado si alguna vez pensé en tener una familia contigo, Kara? - dijo dejándose caer al lado de la otra.
Pudo ver bajo la luz de la luna como las mejillas de la rubia se enrojecían. Dejó un beso sobre ellas mientras Kara murmuraba algo sin sentido.
- Sí, Kara. Lo quería. - respondió abrazándose a su costado. La rubia la rodeó y la apretó contra ella - ¿Tú?
- Sí, me hubiera gustado. - asintió.
- Sé que ellos tres no son tus hijos, pero estás siendo una gran ayuda para educarlos. Prácticamente te ven como una madre. - murmuró Lena contra su cuello haciéndole cosquillas.
- Si tú lo dices, solo hago lo que me sale. - respondió Kara encogiéndose de hombros.
- Pues con eso está más que bien. Ellos te han cogido mucho cariño en poco tiempo. No paraban de hablar de ti mientras estabas fuera.
- Vaya… - respondió Kara todavía más roja.
- Te estás sonrojando mucho. - dijo divertida Lena.
- No puedo controlarlo, ¿vale? Ojalá alguno de ellos lo herede y sufras por ellos. - se defendió Kara.
- Pues me parecerá muy tierno. - rio Lena.
- Cállate. - se quejó la rubia.
*/*/*/*
Llegó la tarde del día siguiente. Lars y Levi estaban en su habitación. El mayor estaba apoyado contra la pared en la terraza leyendo un libro, mientras el pequeño jugaba con algunos juguetes en el interior.
- Venga, chicos. Tenemos que recuperar los tres meses de vacaciones que habéis tenido. - anunció Kara dando palmadas.
Levi empezó a saltar de alegría, mientras Lars suspiraba y cerraba el libro dejándolo en el suelo.
Kara les dejó un rato para que se prepararan para luchar mientras cogía el material que tenía allí. Los arrastró hasta los árboles cerca de la casa y montó el pequeño campo de entrenamiento. Decidió que, aprovechando que tenía las espadas de madera, empezaría a enseñarles a los niños cómo usarlas. Lars solo se quejaba por tener que aprender a manejar otro objeto más con el que acabaría golpeándose a sí mismo veinte veces esa tarde.
Lena bajó con la pequeña Lisha y se sentó en el suelo cerca de ellos observándolos entrenar.
Lars logró escaparse un momento, mientras Kara estaba concentrada en enseñarle otro nuevo movimiento a Levi.
- Socorro, mamá. - susurró. - No sé qué le pasa a la tía hoy, pero tiene demasiada energía.
- Es que os ha echado de menos. Esta es su forma de decíroslo. - rio Lena.
- Pues podría buscar otra manera. - bufó Lars.
Kara lo llamó para que no se escaqueara del entrenamiento y el chico no tuvo más remedio que volver.
*/*/*/*
Con el paso de los días, Kara y Alex empezaron a mezclarse con los soldados Luthor.
La hermana mayor se mantenía en contacto con el ejército en tierra a través de Etón, mientras Kara había conseguido indicar a Mon-El cómo reunirse. La diminuta isla de Sonokym iba a empezar a quedarse pequeña.
La parte positiva es que los soldados Luthor habían espantado lo suficiente a los animales salvajes como para que no los molestaran y que fuera seguro pasearse por todas partes.
Kara estaba sola reconociendo cada metro de la isla. Respiró profundamente desde los pies de la colina mirando al mar. Sabía que estaba a punto de acabar la guerra y podría poner en marcha su plan de nuevo. Esta vez lo iba a conseguir.
*/*/*/*
Era mediodía. Acababan de comer y Kara y Lena habían vuelto a descansar a su habitación.
Lisha había empezado a llorar nada más ellas tocaron la cama.
La rubia se levantó a buscarla y se sentó con ella en el balcón. En pocos minutos, Lisha volvía a estar dormida en sus brazos.
- Se te empieza a dar mejor. - sonrió Lena desde la cama.
- Supongo que pasados los primeros diez sustos todo se vuelve más fácil. - rio Kara mirando a la pequeña.
- Un poco. - contestó Lena haciendo una mueca feliz.
Kara levantó la mirada y se quedó observando el horizonte con el ceño fruncido.
- ¿Pasa algo? - respondió Lena preocupada.
- Los barcos de Mon-El. Más nos vale preparar un buen banquete y sacar el vino bueno para esta noche. - rio Kara.
*/*/*/*
Salieron otra vez de noche del recinto de la casa Kara, Lena, Alex, los niños y la abuela escoltados con un par de soldados cargados con antorchas. Se esperaron al final del muelle a que los tripulantes del bote que se acercaba a la isla desembarcaran.
Mon-El apareció con Imra, su esposa embarazada, colgada de su brazo y un séquito de diez personas. Cuando vio a Kara, pidió con la mirada a Imra que lo soltara y se acercó a abrazarla.
- Cuánto tiempo, sinvergüenza. - rio Kara. - Veo que no has perdido el tiempo. - bromeó mirando en dirección a su esposa.
- Ya lo sabes, cuando conoces a la adecuada, el tiempo no es un problema. - sonrió enamorado mirándola.
- Quién te ha visto y quién te ve. Los burdeles han perdido su mejor cliente.
- Eso ya lo hicieron cuando te fuiste de Daxam. - se la devolvió.
- Supongo que los dos hemos dejado esa vida. - respondió Kara mirando hacia Lena.
- Lena, cuánto tiempo. - la saludó educadamente Mon-El con una reverencia.
- Mucho. Te presento a mis hijos, Lars, Levi y Lisha. - dijo Lena señalando a cada uno de ellos a medida que los iba nombrando.
- Majestad. - saludó Mon-El a Lars haciendo una reverencia.
El chico que quedó parado sin saber qué hacer.
- Mon-El, déjate de formalismos. El chico ni tan solo ha sido coronado. - rio Kara.
- Tengo que causar buena impresión a mi futuro aliado. - dijo Mon-El sonriendo a Lars y guiñándole un ojo.
- No es necesario. - consiguió balbucear Lars completamente sonrojado provocando que todos rieran, menos Lillian que se llevó una mano a la frente negando con la cabeza.
- ¡Eh! Yo sigo sin saber que es un burdel. - se quejó Levi.
- Cuando seas mayor, seguro que lo sabrás. - le dijo Mon-El acariciándole la cabeza. - Tienes unos hijos fantásticos, Lena. Creo que tuvimos suerte en no casarnos al final.
- Seguramente. - rio Lena.
Volvieron a la casa en la colina después de que Mon-El ordenara a su séquito que montaran su campamento allí mismo para poder acomodarse en la isla.
Habían montado una gran mesa llena de comida y vino cerca del límite del acantilado que rodeaba la pequeña cala, al lado de la casa, donde había unas vistas preciosas de la isla con el mar a sus pies.
Tal y como había calculado Kara, el vino faltó al final de la animada noche. La guerra había pasado a ser un problema para el día siguiente.
- Todavía me acuerdo de ese día que te peleaste con ese marinero therano. - reía Mon-El. - Ibais los dos borrachos como cubas.
- Fue una gran noche. - sonrió Kara nostálgica.
- Y qué lo digas. Acabaste con tatuajes a los antiguos dioses.
- Sí, cambiando de tema, ¿cómo está ese hombre? ¿Sigue borracho de taberna en taberna? - preguntó Kara intentando alejar el tema de sus tatuajes de la conversación.
- ¿Os ha contado lo que pasó esa noche? - la ignoró Mon-El dirigiéndose al resto de comensales.
- No, exactamente. Cuéntanos más. - sonrió Lena divertida viendo como Kara se ponía nerviosa por momentos.
- ¿Cómo no se lo has contado, Kara? - rio el rey daxamita. - Aún no sé cómo conseguiste engañar al hombre para que se pensara que te había ganado.
- ¿Te dejaste ganar? - le preguntó Lena sonriendo.
- No, no lo hice. Es que Mon-El iba tan borracho que no se acuerda. ¿Verdad?
- Claro que me acuerdo, si no te parabas de quejar de que echabas de menos Thera ese día. ¡Qué pesada estuviste! Solo te faltó regalarle todas tus cartas al viejo para conseguir los tatuajes.
- Mon-El, ¿por qué no cambiamos de tema? - gruñó Kara entre dientes.
- ¿Por qué? - preguntó el hombre confundido.
- No, Mon-El. Continúa, por favor. - insistió Lena divertida.
*/*/*/*
Kara tenía una resaca horrible el día siguiente. Cómo echaba de menos ser joven y no tener ninguna. Prácticamente rodó hasta la mesa para desayunar con el resto.
Empezaba a hacer el calor de primavera típico de Thera. Quizá debería bañarse en el mar un rato para despertarse antes de la reunión. Era un día importante.
Se reunieron en la carpa del coronel de Lillian.
Estaban de pie alrededor de una mesa donde habían puesto un mapa de Thera con las tropas de Lex, Kara y Mon-El colocadas en sus posiciones.
- Bien, está es la situación actual. - empezó Alex. - Lex está arrinconado contra la frontera entre el norte y el sur, así que prácticamente ha perdido el control sobre el sur. La parte positiva es que tenemos barcos y tropas para rodearlo en el paso de montaña.
- ¿Crees que será tan fácil? - le preguntó Kara. - Hay otra cosa importante. Me ha llegado un mensaje de Krypton. Dicen que me mandan cinco regimientos para ayudarnos a reconquistar Thera.
- No sé si estar feliz de que vengan soldados kryptonianos. - bufó Lena.
- Pueden ser de ayuda, pero van a tardar en llegar. Krypton no está muy cerca precisamente. - añadió Kara encogiéndose de hombros.
- Bien, entonces eso nos deja donde estábamos. - continuó Alex. - Si conseguimos que Lex se quede protegiendo el paso de montaña podríamos conseguir atraparlo allí.
- La cuestión es cómo conseguimos eso. - dijo Mon-El.
- Actualmente solo hay dos motivos por los que mi hijo no se movería de allí: una es porque se lo diga Edge y la otra… - intervino Lillian mirando a Lena y Lars.
- ¿Quieres usarlos cómo cebo? - gruñó Kara.
- Tranquila, kryptoniana. Solo con uno bastará. - respondió Lillian.
- Iré yo. - se ofreció Lars.
- No, hijo. Yo iré. - le dijo Lena colocando una mano sobre el hombro del chico.
- Lena es peligroso. - insistió Kara.
- Me quedé una vez atrás y Lex vino directo a por mis hijos y a por mí. No voy a repetirlo. - aseguró Lena.
- Yo creo que deberían ir los dos. - intervino Mon-El. Kara le lanzó una mirada asesina. - No me mires así. Nos aseguraríamos el tiro. Y Lars debe estar en el campo de batalla si pretende ser el rey de Thera.
Kara suspiró apoyándose contra la mesa pensativa mirando el mapa.
- Lo que nos lleva a cómo vamos a conseguir la paz una vez Lex caiga. - dijo Lillian. - No lo va a tener fácil. No creo que Thera esté dispuesta a aceptarlo como rey viendo el historial de los kryptonianos aquí.
- Bueno, yo tenía un plan cuando volví. Creo que puedo hacerlo funcionar de nuevo. - explicó Kara.
- Estaría bien que nos contaras cuál era tu plan porque a día de hoy seguimos sin saberlo. - se quejó Lena cruzándose de brazos.
- Supongo que esta vez tendré que contároslo. - asintió Kara.
*/*/*/*
Kara y Lena observaban desde sus caballos el campo de batalla en lo alto de un precipicio. Cada uno de los bandos había empezado a mover sus fichas y ellos iban ganando.
Lars, ayudado por Alex y el resto de generales, comandaba las tropas del sur contra el ejército de Lex que los esperaba preparado para recibir el ataque sureño de frente. Y entonces fue cuando los atacaron desde el norte.
Como esperaban, el ejército de Lex se asustó al ver aparecer las tropas de Mon-El y Lillian en su retaguardia. Era un caos. Huyendo de ellos, se habían precipitado contra las tropas del sur que los esperaban con diferentes trampas y algunas armas kryptonianas que habían llegado gracias a Cat Grant o que Lena había logrado replicar. Estaban masacrando a los soldados norteños.
Y, tal y como Lena esperaba, en esa situación desesperada, Lex emprendió su huida con algunos soldados por un pequeño agujero en los precipicios que rodeaban el paso de montaña.
Kara y Lena se miraron entre sí.
- ¿Lista? - le preguntó Kara cargando su escopeta.
La morena asintió y se pusieron en marcha junto a un grupo de veinte soldados más a caballo.
Lex y Edge todavía estaban cruzando el pequeño valle. Los atacaron por los lados sin que se lo esperaran, pero fueron tan cobardes de continuar su huida cabalgando a toda velocidad abandonando a sus hombres que estaban luchando contra sus soldados.
Kara y Lena fueron tras ellos.
Kara sacó su escopeta y empezó a dispararles. Era difícil darles en mitad de la montaña en plena persecución. Llevaban varios minutos a la carrera cuando logró darle a Lex. Él cayó al suelo desde el caballo por una herida en la espalda baja.
- Tú sigue a Edge. Yo me encargo de Lex. - le ordenó Lena.
Kara se la quedó mirando unos instantes dudando, pero luego asintió y se adelantó a ella a toda velocidad.
Lena cabalgó hasta llegar a Lex que se arrastraba por el suelo hasta su revólver que había acabado lejos a causa de la caída.
La Luthor bajó del caballo con calma. Agarró el arma de Lex antes de que él llegara y se la quedó. Se apartó de Lex hasta quedar a unos cuatro metros. Examinó el arma estaba cargada, pero Lex no había llegado a disparar ni una sola bala en mitad de una batalla.
Lena lo miró con asco. Sacó su propia arma y lo apuntó. La amartilló.
- Vamos, Lena, somos hermanos. Por mucho que hayamos tenido nuestras diferencias, no me vas a matar. - la intentó convencer Lex.
Lena disparó dos veces contra el pecho el hombre que la miraba sorprendido mientras se llevaba las manos a sus heridas. Estaban ahora llenas de sangre.
- Dejamos de ser hermanos día que decidiste matar a mis hijos. - dijo con rabia Lena disparando dos veces más a la cabeza de Lex.
Se lo quedó mirando mientras volvía a guardar su arma.
Kara llegó al poco tiempo sobre el caballo. Bajó rápidamente y la abrazó.
- Ya está, amor. - la consoló. - Ya está hecho. Ya han muerto.
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Después de la derrota de Lex y Edge y con el apoyo de Lillian y Sam, tomar el norte completamente fue cuestión de días.
Se habían instalado en Gimina un par de días atrás. Lars se paseaba por las calles descubriendo el norte acompañado de algunos soldados por protección, aunque la morena sospechaba que el chico había descubierto los túneles y se escapaba cuando nadie lo vigilaba. Lena lo había dejado a su aire. A sus catorce años, Lars cada vez quería tomar más responsabilidades y dar la cara ante la gente. Crecía a un ritmo sobrecogedor.
Kara y Lena habían vuelto a ocupar la misma habitación que la rubia ya había tenido tiempo atrás allí. Ela ya no estaba. Murió años atrás. Pero todo continuaba más o menos igual.
Las dos estaban tumbadas en la cama desnudas y abrazadas. Lisha dormía en su cuna tranquila.
Lena tenía la cabeza apoyada sobre el pecho de la rubia con la mano sobre su tatuaje, mientras Kara dejaba caricias sobre su espalda.
- Ha llegado un mensaje de Krypton. En un par de días me iré para recibir a las tropas. Me convertiré en una comandante kryptoniana. - suspiró la rubia.
- Sabes que sigue sin gustarme tu plan, Kara.
- Tienes que aceptar que ha mejorado con el paso del tiempo. - rio Kara.
- Es que era difícil que fuera a peor. - se quejó Lena levantando la cabeza para mirarla.
- Prométeme que lo vas a seguir pase lo que pase, Lena. Prométemelo. - le rogó la rubia.
- Te lo prometo. - asintió Lena triste.
Kara la besó suavemente. Lena volvió a su posición anterior concentrándose en el latido del corazón de la otra que se encontraba bajo su oído queriendo aprovechar el poco tiempo que les quedaba juntas. Otra vez se veía renunciando a su propia felicidad por Thera.
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- Gente de Thera, - empezó un Lars más mayor colocado sobre un escenario en el centro del mercado de la capital. Una multitud lo rodeaba atenta. - ayer logré acabar con la plaga que asolaba el reino. Ayer logré arrancar del trono y ejecutar a la tirana Kara Zor-El. Durante tres años, ella y su séquito de kryptonianos causaron el caos y el dolor en el reino después de la última guerra contra mi tío. Mucha gente fue ejecutada y encarcelada durante su reinado, gente del norte y gente del sur. Todos fuimos víctima de su opresión. Eso nos ha unido como pueblo. Nos ha vuelto uno solo capaz de enfrentar cualquier enemigo. Ya no importa quien sea del norte del sur, rece a los antiguos dioses o a Rao. Lo que importa es luchar contra aquellos que nos pretendan herir. No puedo prometer devolver a la vida los caídos, pero prometo cuidar del reino como nadie lo hizo. Pasaré noches en vela, lucharé en cualquier batalla y defenderé a cualquier persona que lo necesite. Y, sobre todo, renuncio a mi herencia kryptoniana. Mi gente, mi reino, es Thera. Sin vosotros, esto no habría sido posible. Prometo asegurarme de que Thera crece suficientemente fuerte para que nunca jamás ningún país extranjero nos someta a su yugo. A partir de ahora empieza en Thera un nuevo período de paz y riqueza.
- ¡Viva al rey! ¡Muerte a los kryptionanos! ¡Muerte a la tirana! - celebraba la multitud.
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Lena estaba apoyada contra la barandilla del barco disfrutando el suave calor de la primavera. Por fin, después de tantos años podía respirar tranquila. Lisha corría por la cubierta perseguida por Levi que no le quitaba el ojo de encima.
Lars se había quedado en la capital. Era el nuevo rey de Thera y tenía obligaciones que cumplir. Todo era muy reciente, la muerte de la tirana y la llegada de la paz. A penas habían pasado pocos meses de todo aquello, pero Lars había insistido en que se fuera a Sonokym.
La última batalla en la que Kara y todo un ejército entero de krytonianos había caído en su trampa había sido especialmente dura. Se habían pasado tres años otra vez escondidos luchando contra invasores desde su antiguo refugio el norte, pero al final, habían logrado erradicarlos de Thera. Mucha gente había caído en el reino. Las mafias y los corruptos sureños habían sido arrancados de raíz por Kara. El pueblo therano no había dudado ni un instante en apoyar a Lars cuando la kryptoniana empezó a encarcelar a gente inocente y a amenazar con ejecutarlos. Por primera vez en muchos años, Thera entera, con la ayuda de Daxam, había luchado unida contra un mismo objetivo, Kara y Krypton, con Lars encabezando a los theranos.
El plan era que pasara seis meses en la isla cada año. Estaba preocupada por dejar a Lars solo en la capital, pero él contaba con el apoyo de mucha gente de confianza. Sangre fresca capaz de muchas cosas que ella ya no podía hacer. Debería empezar a asumir que ya no era su lugar aquel. Ya no era reina. Era tiempo de relajarse. Había renunciado a suficientes cosas en la vida. No iba a renunciar a esos seis meses. Esperaba que, con el tiempo, pudiera quedarse a vivir allí para siempre.
Desembarcaron a primera hora de la mañana solo los tres en el bote que ella misma se encargó de amarrar al muelle mientras Levi cuidaba de la pequeña Lisha.
Sacaron las cosas del pequeño barco y se dirigieron hasta la antigua casa de los Danvers que había vuelto a ser abandonada durante ese tiempo.
Dejaron las cosas en la puerta. Los niños corrieron escaleras arriba y ella detrás de ellos. Qué extraño. No había nadie.
Cogió a Lisha en brazos y, con Levi, bajaron hasta la playa.
Kara salía empapada del agua con su más reciente captura que todavía se removía en sus manos intentando liberarse.
- ¡Tía! - gritó Levi saliendo corriendo hacia ella. - ¿Qué has capturado? - preguntó con curiosidad.
- Es solo una dorada. - dijo ella riendo.
- Vaya, pierdes facultades. - se burló Levi.
- Y tú te has vuelto un listillo. - rio Kara salpicándolo con agua. Cuando estuvo segura de que estaba lo suficientemente mojado, le tiró el pescado para que se peleara con él y avanzó hasta Lena y Lisha. - Cuánto tiempo. - la saludó Kara. - Al final, han pasado unos cuantos años.
- Demasiados. Ven aquí. - dijo Lena tirando de la mano de la rubia y besándola.
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Estaban tumbadas en la hamaca descansando después de comer. La brisa del mar las balanceaba suavemente. Se respiraba una tranquilidad absoluta.
Lena había vuelto a colocarse sobre el hombro de Kara, disfrutando de la compañía de la otra, mientras la rubia la apretaba contra su costado.
- ¿Estás bien? - le preguntó la morena levantando la cabeza para poder mirarla.
- Sí, claro. - respondió Kara encogiéndose de hombros.
- Kara, una vez me dijiste que no querías pasar a la historia como una asesina y una tirana. Y es exactamente lo que te ha pasado.
- Me da igual, Lena. - sonrió Kara. - Voy a pasar lo que me queda de vida rodeada del mar y sin tener que preocuparme por nada. Esto será el paraíso. Además, lo que importa es el reino. Lars va a poder gobernar un reino limpio de cualquier corrupción y que cree en él ciegamente. No queda nadie vivo que pueda poner en riesgo su reinado. Y después de la fama que les he dado a los kryptonianos, norteños y sureños harán cualquier cosa que él quiera con tal de asegurarse que Krypton no vuelve a atacarnos, incluso llevarse bien entre ellos.
- Sigo sin poderme creer que llegaras a Thera convencida de morir. - bufó Lena volviendo a colocarse completamente sobre Kara.
- Lena, estaba desesperada. Lo único que me mantenía en vida era mi deber con Thera y si tenía que renunciar a vivir por el reino, lo iba a hacer encantada. - dijo la rubia inclinándole la cabeza a Lena para que la mirara. - Lo único que me dolía era hacerte todo el daño que te llegué a hacer. Sentía tanto asco por lo que te estaba haciendo.
- Querías que te odiáramos todos para que te matáramos llegado el momento.
- Sí, creía que así iba a lograrlo. Era parte del plan de la "tirana Kara Zor-El".
- Solo digo que había otras soluciones. - argumentó Lena.
- Tienes que aceptar que esta ha funcionado muy bien. - rio Kara.
- Menos mal que decidiste cambiar esa parte. Me gusta más fingir tu muerte que no tener que matarte de verdad.
- Seguro que en algún momento se te pasó de verdad por la cabeza.
- Por supuesto, idiota. Eras insufrible.
- Tu idiota. - continuó riendo Kara. Se hizo una pausa y la rubia dejó un beso sobre la frente de Lena.
- ¿Cuándo decidiste cambiarlo? - murmuró la morena.
- La última noche en la que discutimos en el barco. Hasta ese entonces, había sido capaz de ignorar lo que provocaba en mí todo lo que te estaba haciendo, pero me mató verte tan destrozada por mi culpa ese día. Aunque tengo que aceptar que ya a mitades de verano se me hacía cada vez más difícil seguirlo. Empecé a encontrar un motivo que hacía que sintiera que no valía la pena sacrificar mi vida.
- Me alegra oír eso, Kara.
- Lo sé. - sonrió la rubia besando suavemente a la morena.
Lena escondió su cabeza en el cuello de Kara respirando tranquilamente.
- ¿Estás segura de que no volverán? - susurró la morena.
- No creo. Están en plena guerra contra Apokolips y ha sido una vergüenza la derrota que han sufrido aquí. Van a estar lo suficiente escarmentados para no volver jamás. Ahora sí que podemos decir que hay paz en Thera.
La puerta de la casa se abrió de golpe y Lisha y Levi corriendo tirándose encima de las dos.
- Nosotros también queremos mimos. - se quejaron los niños.
Lena y Kara hacían malabares para conseguir aguantar el equilibrio y no caerse de la hamaca. Acabaron hechos un nudo entre los cuatro mientras reían.
- ¿Paz decías? - preguntó Lena feliz.
Fin
