Aaagh, debéis de odiarme profundamente, ¿verdad? ;_; Yo también lo haría. ¡Pero ya estoy aquí, con más ganas de escribir que nunca! :D

Este capítulo ha sido un poco duro de escribir, por lo menos para mí. Hay ciertas escenas que me han costado y que me han parecido un poco crueles. Yo aviso :'D Pero esta vez el que sufre no es Eren, solo digo eso ~~

La recuperación de Eren (si es que se le podía llamar así) estaba resultando confusa y, sobretodo, agotadora. Podía pasarse perfectamente un día entero mirando un punto muerto de la ventana, sin fuerzas siquiera para levantarse, y, al despertar al día siguiente, estar totalmente inquieto, utilizando las pocas fuerzas que le quedaban para huir de Levi. De lo único que estaba seguro era que, desde que despertó y pronunció a duras penas el nombre del mayor, no había vuelto a escuchar una palabra de sus labios. El único hecho que demostraba que seguía teniendo voz eran los gritos que emitía durante sus pesadillas de medianoche. Según Hanji, todo aquello era una fase post-traumática de todo lo que había vivido. Es como si hubiera estado aguantando todo el sufrimiento y toda la tensión de aquellos dos meses y que finalmente terminara eclosionando. Era un verdadero alivio poder ver que Eren ya no seguía en coma, pero por otra parte era un auténtico infierno verlo tan muerto en vida.

Levi no podía evitar culparse siempre que lo veía así, por eso estaba intentando con todas sus fuerzas darle el cariño y la comprensión que en todo aquel tiempo no le había dado.

Lo único que parecía reconfortar al muchacho era aquella canción en una lengua extraña que Levi le cantó antes de despertar y que, de nuevo, le tuvo que volver a cantar en una noche que Eren había despertado, gritando debido a las pesadillas. Aquella canción era como un anestesiante para el chico. El pelinegro no tardó en darse cuenta y los nuevos tranquilizantes pasaron de ser pastillas y jeringuillas a una dulce canción. Podía comprobar que aquello le daba un poco de fuerzas para seguir. Por poco que fuera, ya se trataba de un logro. Y es que Eren se estaba comenzando a esforzar por seguir adelante. Intentaba repetirse para sus adentros lo que sus labios ya no podían emitir.

"Vamos, Eren. Tienes que ponerte en pie y caminar".

"Vamos, Eren. Tienes que comer".

"Vamos, Eren. Tienes que vivir".

Y, entonces, al poco Eren escuchó una historia que no olvidaría jamás.

Fue un día en el que la salud del chico estaba especialmente delicada. Lo poco que comía al poco lo devolvía y a penas se movía de la cama. Entonces Levi habló.

-Entiendo que sientas angustia y vomites. De hecho, a mí también me ocurrió mientras estuve encerrado. Pero debes esforzarte por comer.

-¿…?

La mirada de sorpresa de Eren fue como una pregunta no verbal que el mayor entendió claramente. ¿Encerrado dónde? ¿Cuándo? ¿Quién lo encerró? Bien es cierto que el castaño ya comenzaba a tener sospechas de que Levi había tenido un pasado oscuro ya que, cuando se encontraba a solas con Hanji, esta siempre le pedía que comprendiera al noble, que su vida había sido muy dura. Aún así, todavía mantenía las distancias con él. Aún mantenía guardada en la retina la imagen de aquel esqueleto del sótano.

-Sé lo que me quieres preguntar- Levi soltó un largo y cansado suspiro-. Supongo que tienes derecho a saber el porqué de todo esto si quiero que confíes en mí. Me refiero a mi historia.

Supongo que pensarás que he vivido toda mi vida en Rose, dentro de los muros. Pues si piensas eso, estás equivocado. Nací y viví hasta los 10 años en un pueblo de Francia, casi en la frontera con Alemania, de modo que manejo a la perfección el francés y el alemán. Es más, esa canción que tanto te gusta está en alemán. Me la cantaba mi madre cuando tenía pesadillas y no podía dormir. Mi pobre madre…

A lo que iba. En aquel pueblo también vivía Hanji, así que ella también es francesa, como yo. No teníamos mucho dinero, pero éramos felices, hasta que un día estalló la guerra. No sabía exactamente contra quién luchaba nuestro país. Me enteré el día en el que unos soldados destruyeron nuestro pueblo y, a los que no mataron al instante, los llevaron como rehenes a una ciudad envuelta de muros.

A partir de ahí mi vida dio un giro completo. Todo cambió, hasta mi nombre. No lo sabes, pero mi nombre real es Rivaille. Me lo cambiaron.

Durante el ataque murieron los padres de Hanji, así que la tuvimos que acoger en nuestra familia. Se convirtió en mi hermana adoptiva, como le pasó a Mikasa contigo. Al llevarnos como rehenes a Rose, nos tocó la única opción posible para alguien como nosotros: ser esclavos. Nos pasábamos el día entero trabajando para luego ganar una miseria, lo justo para poder comer. De un modo u otro nos las apañábamos para seguir adelante. Pero cuando mi padre enfermó y murió poco después, la situación llegó a ser tan extrema que Hanji y yo tuvimos que comenzar a robar para sobrevivir.

Ojalá nunca hubiera robado. Si no lo hubiera hecho, jamás habría conocido al origen de mis pesadillas.

Entramos a coger pan, pero el panadero nos acabó pillando y fue directo a golpearnos. Resulta que había un hombre en la tienda que vio lo desesperados que estábamos y acudió en nuestra ayuda.

No te dejes engañar por lo que te digo, Eren. El hombre que nos "ayudó" era el mal. El diablo tenía nombre y cara: Erwin Smith, uno de los nobles más adinerados de Rose.

Le contamos nuestra situación, de modo que movió hilos en los altos mandos para intentar liberarnos de nuestra esclavitud. Al final, la única opción que le permitieron fue liberar solo a uno de la familia: Hanji, mi madre o yo. El hombre nos propuso un trato: podía ser liberado, pero a cambio me tenía que convertir en su hijo adoptivo, incluso cambiar mi nombre para así adquirir una identidad nueva. A partir de ahí comencé a llamarme "Levi" en vez de "Rivaille". Me aseguró que podría seguir visitando mi antigua casa y que les pasaría dinero todas las semanas para que así no tuvieran que trabajar tanto. Me prometió que me daría una educación para llegar a tener una buena posición y así poder liberar en un futuro a Hanji y a mi madre. Por aquel entonces yo tenía solo 16 años, era muy ingenuo y me creí todo a pies juntillas, de modo que tardé poco en mudarme a esta mansión en la que vivimos ahora. Me prometí trabajar duro para sacar a Hanji y a mi madre de aquella situación.

Pero la realidad siempre es diferente, Eren, siempre…

Al principio todo era perfecto: retomé los estudios, visitaba todos los días mi antigua casa y mi relación con Erwin era buena, tan buena que terminé enamorándome de él. Al principio creía que solo era un sentimiento de gratitud hacia él, pero conforme pasaban los días ese sentimiento se hacía cada vez más fuerte e intenso, y él no tardó en percatarse de ello. Y comenzó a provocarme, a despertar unos instintos antes dormidos en mí; a introducirme en el vasto y placentero mundo del sexo. Pero no se trataba de unos actos de cariño, sino más bien de actos violentos y brutos. Todas las noches me amarraba contra los barrotes de la cama y practicaba cosas en mí que jamás en mi vida pensé que se podían hacer; utilizaba unos aparatos que pasaban de enloquecedoramente excitantes a enloquecedoramente dolorosos. Sin duda alguna mi madre no mentía cuando me advertía que tuviera cuidado con los nobles, que tienen demasiado tiempo libre y eso solo puede derivar en algo malo. No se equivocaba…

La verdad es que yo nunca me quejé de lo que me hacía; de alguna enfermiza manera conseguía disfrutar de aquellos actos de violación. Llegué a pensar que aquello podía ser una manera de "pagar" mi liberación. Llegué a convencerme de que, de alguna extraña manera, él me amaba.

Pero a los tres meses de estar allí comprendí de una espantosa manera que nunca había sido liberado.

En todo aquel tiempo había aprendido a disfrutar de aquel dolor, de terminar entregándome completamente a él. De algún modo comencé a sospechar que él no quería que yo disfrutara de aquellas sesiones, que mi disfrute suponía una molestia para él, sobretodo porque estuvo una semana entera sin tocarme. Una semana que a mí se me hizo eterna, pues ya estaba acostumbrado a que me tomara todas las noches. Un día ya no pude aguantarlo más y, por una vez, fui yo el que se lanzó. Intenté aprisionar aquel gran cuerpo contra la pared con mi pequeña estatura y recibí como respuesta un soberbio puñetazo que me lanzó al suelo fulminado. Entonces me agarró de los pelos y me susurró la cruda verdad.

"Voy a tener que enseñarte a la fuerza una lección: las mascotas nunca intentan sobrepasar a sus amos".

En aquel momento se desveló la horrible realidad: había pasado de ser esclavo del gobierno a ser esclavo de un hombre con demasiado tiempo libre.

Y comenzó la verdadera pesadilla. Mi limpio e iluminado cuarto pasó a ser un oscuro y mugriento sótano. Creo que ya sabrás de qué sótano estoy hablando, y supongo que también viste los instrumentos que había en su interior. Ya no se trataban de unos simples juguetes sexuales; ahora eran unas horribles máquinas de tortura.

No quiero darte muchos detalles. Solo puedo decirte que comparado contigo, tú has tenido una agradable estancia. No estoy quitándole importancia a lo tuyo; solo digo la verdad. Lo único que comencé a sentir durante los dos años que permanecí cerrado fue dolor, tanto física como mentalmente. Un dolor que no sé cómo no me volvió loco. Aunque puede que sí que me haya vuelto loco, lo único es que no me he dado cuenta. Quién sabe…

Ya no volví a ver la luz del día, ya no pude volver a salir y respirar el aire fresco y puro. Aquel cabrón me había encerrado como un pájaro en jaula. Ya no pude ver a mi madre o a Hanji; la única visita que se me tenía permitida era la de aquel odioso hombre para que explorara y torturara mi cuerpo de una manera horrible. Nunca te has fijado porque siempre me has visto desnudo con luz muy escasa, pero mi cuerpo está lleno de marcas que jamás se borrarán, igual que las de mi mente.

Seguro que puedes imaginarte la situación: todos los días iguales, viviendo en la miseria, sin poder sentir otra cosa que no fuera dolor, siendo humillado. Todo aquello durante dos años, dos malditos años… Pero yo era un gilipollas de primera. Después de todo lo que me había hecho, todavía lo seguía amando. Y es que, irónicamente, aquel sentimiento era lo único que me daba fuerzas para seguir adelante, aunque no por mucho tiempo.

El tiempo pasaba y yo me iba consumiendo poco a poco. Hubo un tiempo en el que se cansó de las torturas físicas y pasó a las psicológicas. Aún no sabría decirte cuál de las dos es peor… Los instrumentos de tortura seguían en el sótano como aviso por si intentaba revelarme o algo parecido.

Siempre que pensaba que no podía hacerme algo peor, a los pocos días me "sorprendía" con algo aún más horrible. Hubo un día que bajó un espejo grande y lo colocó delante de mí. "¿Qué es lo que ves?", me preguntó. Yo solo veía un cuerpo desnudo, huesudo y pálido, sin rastro de vitalidad alguna. "¿Te ves bien? Porque yo solo veo a un cuerpo repugnante, grasiento y gordo. Estás gordo, y a mí no me gusta la gente gorda como tú. Eres odioso por ser así de gordo", y cosas peores me decía. Aprovechó que yo le quería para manipular mi mente con esas frases durante una semana. Después estuvo durante tres días dándome como único alimento agua. Pero había una parte de mí que no se quejaba: había jugado con mi mente, la había manipulado tanto que no me habría importado estar una semana sin comer para estar "adecuado" para él. Al cuarto día me trajo dos bandejas llenas de comida. Mi desesperación y hambre eran tan grandes que no pude evitar comer como un cerdo. A los pocos minutos me di cuenta de lo que hice, que resultaría asqueroso para Erwin y… me metí los dedos en la garganta. Vomité a propósito. Comencé a desarrollar un desorden alimenticio que no pude superar hasta pasados unos años. Esta es una muestra del daño que te puede hacer un demonio como él.

Yo no veía la luz, literal y figuradamente. Me sentía como en un túnel sin salida. Al final tuve que sopesar la única opción posible para escapar: Matar a Erwin Smith.

El problema era cómo acabar con él. Erwin era un hombre robusto y fuerte, mientras que yo daba cada vez más señales de muerte que de vida. Entonces una idea me vino a la mente.

Aquel hombre podía tener recogida dentro de su alma toda la maldad del mundo, pero había un placer que para él estaba por encima de cualquier cosa: el de la lectura. Amaba leer y escribir. Podía estar tranquilamente azotándome y a los pocos segundos ponerse a escribir. Según palabras suyas, "yo era su musa". Me despojó de mis ropas y de cualquier bien material; todo excepto un lápiz, un sacapuntas y unas cuantas hojas. Para él era más justo el derecho a poder escribir que tener derecho a un lugar digno donde vivir, según pude comprobar.

Por eso un buen día, harto de sus maltratos físicos y psicológicos, afilé mi lápiz, esperé a pillarlo desprevenido, reuní todas mis fuerzas y… le clavé la punta en la yugular. Una, dos, tres, diez, cincuenta… Para asegurarme de que un hijo de puta así no volvía a abrir los ojos en su vida. Pero incluso nada más morir me seguía atormentando. Murió con los ojos abiertos como platos, pero no de terror; había cierta mueca de complacencia, como un placer mezquino. Una sonrisa que me dio a entender que seguiría disfrutando de mi sufrimiento incluso estando él muerto. Y siguió disfrutando.

Cuando me di cuenta de lo que hice, salí de aquel sótano todo lo que me permitieron mis pies para no volver a entrar nunca más. El tiempo que me costó volver a adaptarme a la luz solar fue el tiempo de espera antes de salir para mi antigua casa. Me quedé de piedra cuando vi la situación: mi madre había muerto haría cosa de un año debido a una enfermedad por falta de higiene y desnutrición y Hanji iba por el mismo camino. Aquel demonio dejó de pasar dinero a mi familia desde hacía mucho tiempo. No lloré. Tampoco grité ni me enfurecí. Una capa de hielo se había apoderado de mí, impidiéndome experimentar algo que no fuera un profundo vacío.

Por aquel entonces yo ya tenía 18 años. Erwin estaba muerto y, puesto que todos los papeles respecto a la "adopción" estaban en orden, me convertí en el heredero de su título nobiliario, su casa y su fortuna. Al fin tuve el poder suficiente de sacar a mi familia; la única persona que quedaba viva en mi familia, al menos. Cuidé de Hanji y le di todas las ayudas para que estudiara medicina. Cuando comenzó a trabajar y a ganar algo de dinero decidió mudarse a otra casa. Ella sabía por todo lo que había pasado en aquella casa y no comprendía cómo podía seguir viviendo en ella. La verdad es que yo tampoco sabía por qué, pero había algo que me impedía despegarme de aquel pasado, algo que me seguía atormentando todas las noches y que me devolvía a los episodios de bulimia. Si pude superar esto último fue gracias a Hanji. De otro modo, habría acabado muerto.

La puerta del sótano quedó cerrada con múltiples candados, con el cuerpo en descomposición de Erwin dentro. No se merecía otra cosa.

Pasaron los meses y los años y mi vida transcurría aparentemente normal. Pero unas voces en mi cabeza me repetían las mismas frases; unas frases que me dijo en su día cierto hombre:

"No podrás amar a nadie, Levi, a nadie. Y si lo haces, solo podrás amar de una forma tan salvaje como yo lo hago contigo. Recuerda esto siempre, pues ya he plantado esa semilla oscura dentro de ti, esa maldición que nunca te permitirá amar sin dañar. Eres mío y, cuando yo no esté, seguirás mis pasos."

Tenía miedo. Tenía mucho miedo. Nunca más me enamoré, nunca más me fijé en nadie, ni siquiera tuve sexo casual con alguien. Aquello quedó vetado para mí.

Hasta que te conocí.

Cuando te vi en aquella panadería, tan desesperado y hambriento, me recordaste a mí. Y no pude evitar fijarme en ti.

No creo que haga falta que te explique más, pues lo siguiente que viene ya forma parte de tu propia historia.

Eren se quedó estático, inmóvil. Permanecía callado, pero su alma entera estaba en una confusión, en un completo caos.

Un frío comenzó a recorrer todo su cuerpo cuando comenzó a transcurrir la información por su cabeza.

Levi, aquel hombre que tanto le había hecho sufrir, que tantas lágrimas había derramado por él… Aquel témpano de hielo que jamás se doblegaba, que creía que jamás había amado…

…no podía creerse que lo que le estaba haciendo pasar era lo mismo que le habían hecho a él años atrás.

Levi ;_; Las que odiabais a Levi, ¿qué tenéis que decir al respecto ahora? D: No era tan malo, aunque está claro que el fin no justifica los medios. Por mucho que haya sufrido, nunca estarán justificadas sus acciones contra Eren.

Supongo que sabréis que Rivaille es la transcripción fonética en japonés del nombre de Levi (sí, los japoneses pronuncian en inglés como les sale de por ahí). Pero he pensado que lo de Rivaille quedaba como más "francés", así que..voilá! Espero que en este capítulo hayan quedado resueltas todas las dudas respecto al pasado de Levi-Love :D